La última cuota

Domingo 28 Julio

Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.

1 Pedro 1:18-19

La última cuota

«¡Uf!, me dijo mi joven vecina esta mañana, acabamos de pagar la última cuota. Nos dejamos atrapar sin haber hecho bien los cálculos y estábamos al límite de lo soportable. Mi marido y yo ya no podíamos dormir».

Se sabe bien que el sobreendeudamiento es un verdadero problema. Algunos tienen conciencia de ello, como esta pareja. Otros gastan más de lo que tienen, sin preocuparse por sus obligaciones, por las cuentas en rojo y las advertencias del banco. ¡Situaciones idénticas, pero actitudes muy diferentes!

Pensando en la deuda moral que los hombres tenemos ante Dios, se pueden distinguir dos clases de personas:

1. aquellas que sienten su responsabilidad ante él sin saber cómo liberarse,

2. aquellas para las cuales el peso de sus pecados no tiene importancia, y lo dejan crecer sin hacerse preguntas.

Pero existe una tercera categoría. Ante el peso de la culpa que las agobiaba, aceptaron que el «pasivo del balance» fuera pagado. Pagado, pero no lo pagaron ellas, pues eran incapaces de hacerlo. Alguien pagó la deuda. En la cruz Jesús pagó en su lugar el inmenso precio que las liberó definitivamente por la fe en él.

En el idioma en que fue escrito el Nuevo Testamento, una de las últimas palabras que nuestro Señor pronunció cuando estaba crucificado fue: Tetelestaï, palabra que se escribía al pie de las facturas pagadas, y que es traducida como “consumado es”. Desde lo alto de la cruz, el Hijo de Dios proclamó así que la deuda está pagada. El creyente no le debe nada más a Dios. Incluso es justificado ante él.

1 Crónicas 9 – Lucas 11:1-28 – Salmo 89:7-14 – Proverbios 20:10-11
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El progreso, ¿sinónimo de felicidad?

Viernes 10 Mayo

A las tinieblas (los hombres) ponen término, y examinan todo a la perfección… Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes.

Job 28:3, 12-13

El temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia.

Job 28:28

El progreso, ¿sinónimo de felicidad?

En el año 1930, para la inauguración del Fondo nacional para las ciencias, Jean Perrin, premio Nobel de física, pronunció un discurso en el cual predecía que los hombres «liberados por las ciencias» vivirían «felices y sanos» en una clase de Edén del futuro. 90 años después, estas palabras casi nos hacen reír. Desde luego, los progresos de la ciencia son indiscutibles. Han mejorado mucho la calidad de vida. En muchos países las hambrunas han desaparecido, ha habido grandes progresos en la medicina y los medios de transporte son muy diferentes a los de 1930. Sin embargo, ¿el hombre se liberó realmente? Por medio de sus progresos técnicos, ¿conoce la felicidad predicha por ese científico? ¿Es feliz?

La Biblia también habla de los progresos del conocimiento humano. Sin embargo dice que ese conocimiento no es sinónimo de sabiduría e inteligencia. La energía nuclear, puesta en evidencia por los trabajos de Jean Perrin, produce la electricidad que se utiliza diariamente, pero también sirve para fabricar bombas destructivas. La liberación y la felicidad no se encuentran en los progresos materiales, pues la ciencia no nos dice lo que debemos hacer con el poder que ella nos da. Necesitamos una sabiduría que no dependa de nuestras mentes limitadas. Esta sabiduría se encuentra en el “temor del Señor”, es decir, en el respeto y el conocimiento de Dios nuestro Creador.

Querido lector, ¿lo conoce usted?

1 Reyes 8:1-30 – Marcos 10:1-31 – Salmo 55:16-23 – Proverbios 15:7-8

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La vida centrada en Cristo

La vida centrada en Cristo

6/8/2018

Vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído. (Efesios 4:20-21)

Los cristianos ya no estamos dominados por una mente ególatra; aprendemos de Cristo. Cristo piensa por nosotros, obra por medio de nosotros, ama por medio de nosotros, siente por medio de nosotros y sirve por medio de nosotros. La vida que tenemos no es nuestra, sino que es Cristo viviendo en nosotros (Gá. 2:20).

Filipenses 2:5 dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Un inconverso anda en la vanidad de su mente, pero una persona salva anda conforme a la mente de Cristo.

Dios tiene un plan para el universo, y mientras Cristo esté obrando en nosotros, Él está realizando una parte de ese plan por medio de nosotros. Pablo observó que Él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Ef. 3:20).

Cada día debiera ser una aventura fantástica para nosotros porque estamos en medio del plan de Dios para los siglos

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La luz más allá de la luz

Mayo, 18

La luz más allá de la luz

Devocional por John Piper

Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.(Colosenses 3:1-2)

Jesucristo es refrescante. Apartarse de él y dejarse llevar por los placeres del ocio sin Cristo hace que el alma se reseque.

Quizás al principio uno se sienta más libre y lo pase mejor al escatimar las oraciones y desatender la lectura de la Palabra. Sin embargo, esto luego tiene su precio: superficialidad, impotencia, vulnerabilidad frente al pecado, preocupación excesiva por nimiedades, relaciones frívolas, y una alarmante pérdida de interés por la adoración y las cosas del Espíritu.

No permitamos que el verano haga que nuestra alma se marchite. Dios nos dio ese tiempo de descanso para que fuera un anticipo del cielo, no un sustituto.

Si el cartero le trae una carta de amor de su prometida, no se enamore del cartero. No nos enamoremos del video de preestreno hasta el punto de volvernos incapaces de amar la realidad que se avecina.

Jesucristo es el refrescante centro del verano. Él tiene la preeminencia por sobre todas las cosas (Colosenses 1:18), incluso sobre las vacaciones, los días de campo, las largas caminatas y las comidas y deportes al aire libre. Él nos hace una invitación: «Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28).

La pregunta es: ¿es eso lo que queremos? Cristo se nos ofrece a sí mismo en la medida en que nosotros anhelamos ser refrescados en él. «Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón» (Jeremías 29:13).

Lo que Pedro dice al respecto es lo siguiente: «Arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor» (Hechos 3:19). Arrepentirse no solo implica dar la espalda al pecado, sino también volverse al Señor con el corazón abierto, expectante y sumiso.

¿Qué tipo de actitud veraniega es esta? Es la actitud que describe Colosenses 3:1-2: «Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra».

¡La tierra es de Dios! Es un adelanto de la realidad de lo que el verano eterno será donde «la ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera» (Apocalipsis 21:23).

El sol de verano es un mero destello de luz en comparación con el que ha de ser el sol: la gloria de Dios. El verano nos permite percibir y demostrar esta realidad. ¿Deseamos tener ojos que ven? Señor, haznos ver la luz más allá de la luz.

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El día que encontré un Nuevo Testamento

Lunes 26 Marzo

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.

2 Corintios 5:17-18

El día que encontré un Nuevo Testamento

«Nací en Matamoros (México) hace 42 años. Tuve una infancia llena de ternura y luego fui a la Universidad. Allí me involucré en diferentes actividades políticas. Tenía la ambición de ser juez o abogado. Mis crecientes éxitos profesionales me ofrecieron todo tipo de posibilidades y… pronto caí en el mundo criminal. Mi ascenso profesional se detuvo repentinamente. Para huir de la policía tuve que dejar el país, pero cuando regresé a México algunos años más tarde, me arrestaron.

Entonces pensé que mi vida se había acabado. Pero un día encontré un Nuevo Testamento en la basura de la cárcel. Empecé a leerlo y quedé muy sorprendido; descubrí como una luz que iluminaba mi vida. Esta luz me hacía tomar conciencia de mis errores, pero también me daba una esperanza. Un día me puse de rodillas y le pedí a Dios que me perdonara. Entonces la carga que me agobiaba dio lugar a una paz inesperada, una paz que nunca había experimentado.

Por medio de Jesucristo recibí una vida totalmente nueva. Poco tiempo después, cuando salí libre, busqué a mi familia. A pesar de todo el sufrimiento que les había causado, mis familiares no me rechazaron. Algunos meses más tarde toda mi familia creyó en el Señor Jesucristo. ¡Fue una nueva vida para todos! Y todo comenzó el día en que encontré un Nuevo Testamento en la cárcel».

Federico

Si todavía no posee el evangelio según Juan, escriba al editor y este le enviará uno gratuitamente.

Éxodo 38 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

Armémonos de las promesas

MARZO, 02

Armémonos de las promesas

Devocional por John Piper

Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios. (Mateo 5:8)

Cuando Pablo dice que hagamos morir las obras de la carne «por el Espíritu» (Romanos 8:13), yo entiendo por sus palabras que debemos usar la única arma de la armadura del Espíritu que se usa para matar, es decir, la espada, que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17).

Entonces, cuando el cuerpo está a punto de cometer un acto pecaminoso motivado por miedo o deseo excesivo, debemos tomar la espada del Espíritu y matar ese miedo y ese capricho. En mi propia experiencia, eso significa principalmente cortar la raíz de las promesas del pecado con el poder de una promesa superior.

Por ejemplo: Cuando empiezo a desear algún placer sexual ilícito, el movimiento de la espada que a menudo ha cortado la raíz de la promesa de este placer es: «Bienaventurados los limpios de corazón, pues ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). Traigo a memoria el placer que he saboreado al ver a Dios de manera más clara a partir de una conciencia sin mancha, y me acuerdo de la brevedad y la superficialidad y el regusto de opresión de los placeres del pecado; y con eso, Dios mata el poder conquistador del pecado.

Tener a mano promesas que sean aplicables a la hora de la tentación es una clave para el éxito en la batalla contra el pecado.

Pero habrá momentos cuando no tengamos una palabra de Dios en nuestra mente que se aplique perfectamente a la situación, y no haya tiempo para buscar en la Biblia una promesa adecuada. Por eso, todos necesitamos tener un pequeño arsenal de promesas generales listas para usarse cuando el miedo o los deseos excesivos amenacen con llevarnos por mal camino.

Añadamos constantemente promesas a nuestro arsenal, pero nunca perdamos de vista aquellas pocas promesas escogidas con las que Dios nos ha bendecido en nuestra vida. Estemos siempre listos con las antiguas, y cada mañana busquemos una más para llevar con nosotros durante el día.


Devocional tomado del articulo “Proven Weapons in the Fight for Holiness”

Nuestro siervo Jesús

FEBRERO, 21

Nuestro siervo Jesús

Devocional por John Piper

Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Marcos 10:45)

Él no fue solo siervo de su pueblo mientras vivió en la tierra, sino que también será nuestro siervo cuando regrese. «Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá» (Lucas 12:37).

No solamente eso: él es nuestro siervo ahora. «”Nunca te dejaré ni te desampararé”, de manera que podemos decir confiadamente: “El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?”».

¿Denigra esto al Cristo resucitado —el decir que él fue y es y será para siempre el siervo de su pueblo? Lo haría si siervo significara ‘aquel que recibe órdenes’, o si pensáramos que nosotros somos amos de él. Sí, eso lo deshonraría. Sin embargo, decir que somos débiles y necesitados no lo deshonra.

No lo deshonra que digamos que él es el único que puede servirnos con lo que más necesitamos.

No lo deshonra que digamos que él es una fuente inagotable de amor, y que mientras más nos ayuda y más dependemos de su servicio, más increíbles nos parecen sus recursos. Por lo tanto, podemos decir confiadamente: «¡Jesucristo está vivo para servir!».

Él está vivo para salvar. Él está vivo para dar, y está muy entusiasmado de que así sea.

No está agobiado con nuestras preocupaciones. Él florece al llevar nuestras cargas. Él quiere «obrar a favor de quien espera en él» (Isaías 64:4). Él «favorece a los que… esperan en su misericordia» (Salmos 147:11).«Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo» (2 Crónicas 16:9).

El servicio omnipotente de Jesucristo se desborda para el bien de todo aquel que en él confía.


Devocional tomado del articulo “Jesus Christ Is Alive to Serve!”

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Su presencia admirablemente fiel

lunes 20 noviembre

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.

Salmo 23:4

Su presencia admirablemente fiel

«Desde que tengo memoria de ello, creo en Aquel cuya presencia es admirablemente fiel. Esta presencia que me acompaña a pesar de mis preguntas, mis dudas, mi ingratitud, es la del Dios creador y redentor, del Resucitado vencedor de la muerte.

Lo que la ciencia nos aporta sobre el universo, sobre nuestros cromosomas, no pone en duda mi fe en Jesucristo. Cuanto más leo, cuanto más escucho a aquellos que me ayudan a comprender el mundo, más claro me parece el hecho de que la fe, que comparto con millones de hombres y mujeres de ayer y de hoy, es un regalo de Dios. Creo en Dios porque viví y vivo del gozo que va unido al agradecimiento por sus dones. Ese gozo no pone trabas a la conciencia de mi debilidad. Mi confianza reside en la compasión y en la fidelidad del Redentor. Sin embargo, cuanto más creo en la fidelidad divina, menos digna me creo de ella. Mi fe a menudo es tan pequeña… Tengo la impresión de dar a Dios tan solo un consentimiento en migajas…

Creo que he podido confiar totalmente en Dios solo en medio del sufrimiento. Sufrimiento agudo ante el dolor de aquellos a quienes amamos, sin poder ayudarles. Entonces, toda sabiduría humana es irrisoria. En esos momentos solo podemos hallar la paz en el amor de Cristo, al aceptar seguirlo allí donde nos precede.

¡Señor, abre mi corazón al verdadero amor, y hágase según tu voluntad!».

Michèle M.

“El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré” (Salmo 28:7).

Job 24 – Hebreos 10:1-18 – Salmo 129 – Proverbios 28:5-6

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La Crianza de los Hijos

La Crianza de los Hijos

Marcos Peña

Marcos Peña fue llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos.

Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

EL GOZO DE PABLO

EL GOZO DE PABLO

11/4/2017

Hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía. (Filipenses 4:1)

El gozo del apóstol Pablo venía de los demás creyentes. El versículo de hoy dice que los creyentes de Filipos eran su “gozo y corona”. A los creyentes tesalónicos igualmente les dijo: “¿Cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo” (1 Ts. 2:19-20).

Pablo se regocijaba en la salvación y en el crecimiento espiritual de la iglesia, que está representada por la palabra corona. El término se refiere a una corona de laurel, algo que un deportista recibía en los tiempos bíblicos por ganar un torneo (1 Co. 9:25). Pero un deportista no era el único que recibía tal corona de laurel. Si alguien era agasajado por sus compañeros, también recibiría una como invitado de honor al gran banquete. De modo que la corona simbolizaba el éxito o una vida provechosa. Los creyentes de Filipos eran el galardón de Pablo; prueba del éxito de sus esfuerzos. Cuando usted sirva con sus dones, Dios quiera que sienta el gozo que sentía Pablo.

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