Gratitud verdadera

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

Gratitud verdadera

David P. Murray

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Ha sido un año difícil. Una amiga fue víctima de un abuso sexual serio. El padre de mi esposa, quien tiene noventa años y vive del otro lado del Atlántico, está en un hospicio mientras muere lentamente de cáncer. Hace unos meses, pensé que había matado a mi padre de ochenta años cuando accidentalmente pasé por encima de su pierna con mi carro en la entrada de mi casa. Tres hombres que conocía cometieron suicidio. Y he tenido que lidiar con una cantidad inusual de estrés y de decepciones menores. 

Después de todo esto, Tabletalk me pidió que escribiera sobre “[dar] gracias en todo” (1 Tes 5:18). El Señor sabía que necesitaba esta amonestación, y ahora debo tratar de entender qué significa eso en realidad y cómo se hace. 

Gratitud falsa

Sé que este pasaje no significa que Dios quiere que demos gracias por todas las circunstancias. Recuerdo que un predicador una vez dijo que ese era el significado de 1 Tesalonicenses 5:18, poco después de que un miembro de la congregación perdiera a un hijo debido a un cáncer. Internamente, y por poco de manera audible, grité: “¡No!”. Dios no nos obliga a agradecerle por tales males. Eso es poner una carga demasiado pesada sobre las conciencias de las personas. Suena muy espiritual, pero no es bíblico ni realista. 

Jesucristo sufrió la peor de todas las circunstancias para que yo pudiera disfrutar de las mejores circunstancias por siempre. 

También sé que Dios no nos está mandando a agradecerle por todas las cosas buenas y a simplemente ignorar todas las malas. Escuchamos a los “predicadores de la prosperidad” diciendo cosas como: “Solo enfócate en lo positivo; no pienses en lo negativo”. Pero los Salmos nos dan múltiples ejemplos de creyentes lamentándose en su adoración a Dios. Incluso Jesús se lamentó por Sus sufrimientos y lloró por las miserias de otros (Lc 19:41-4422:41-42Jn 11:35). Negar o ignorar el dolor no es bíblico ni realista. 

Tampoco significa que debemos dar gracias a pesar de nuestras circunstancias. Apretar los dientes y decir unas palabras de agradecimiento a la fuerza sin importar lo que estemos pensando o sintiendo no es nada más que un estoicismo clásico disfrazado de cristianismo. Es una espiritualidad robótica que no tiene sentido ni valor, pues carece de una base racional.

Gratitud verdadera

Así que si no se trata de dar gracias por todas las circunstancias, ni de dar gracias ignorando las circunstancias, ni de dar gracias a pesar de las circunstancias, entonces ¿qué significa 1 Tesalonicenses 5:18? La clave se encuentra en la palabra “en”. Cualquiera que sea la circunstancia en la que nos encontremos, debemos de encontrar algo por lo cual podemos dar gracias. Esto nos permite lamentarnos por el pecado y el sufrimiento, pero al mismo tiempo nos llama a buscar razones para agradecer a Dios. Permíteme darte algunos ejemplos de cómo he intentado practicar el agradecimiento basado en la verdad aun en medio de tiempos difíciles. 

Mientras me lamento por el abuso traumático que experimentó mi amiga, le doy gracias a Dios por la fuerza que Él le ha dado para procurar la justicia y a la vez usar su experiencia para ayudar a otras personas que también están sufriendo. Le doy gracias a Dios por las personas y las organizaciones que Él ha bendecido con la capacidad para ayudar a estas víctimas a recuperarse. 

Mientras me aflijo por la pierna rota de mi padre, le doy gracias a Dios porque la gravedad de ese accidente no fue mayor a pesar de lo horrible que fue la escena durante esos primeros segundos, y porque ya está caminando de nuevo sin dolor. Ahora más que nunca le doy gracias a Dios por mi papá, en especial por lo compasivo y perdonador que fue conmigo aun mientras yacía herido en el suelo. 

Lamento el cáncer terminal de mi suegro, pero le doy gracias a Dios por los cuidados de hospicio, por los analgésicos y por el fiel testimonio cristiano que ha mantenido por más de 60 años. 

Al llorar por los tres suicidios, le doy gracias a Dios por cada día de salud mental y por la esperanza del Evangelio, la cual nos sustenta en medio de las pruebas. Le doy gracias a Dios por cada vida que ha sido salvada y porque, aunque los cristianos también padecen enfermedades mentales, podemos aferrarnos a la esperanza eterna de gozo y paz en el cielo. 

Como cristiano, puedo darle gracias a Dios porque cada circunstancia puede y debería ser peor, porque cada circunstancia es para mi bien, y porque cada circunstancia mejorará cuando finalmente estemos en gloria. Por lo tanto, le doy gracias a Dios por Jesucristo, quien sufrió la peor de todas las circunstancias para que yo pudiera disfrutar de las mejores circunstancias por siempre. 

Una batalla por la gratitud

No estoy diciendo que ya soy experto en la gratitud. Sigo luchando para ser más agradecido. Pero la lucha vale la pena. La ciencia ha demostrado que la gratitud ayuda a reducir el estrés, la ira, la envidia, la avaricia y la ansiedad, a la vez que mejora nuestras relaciones, nuestra energía, nuestro sueño y nuestra salud en general. Dios nos llama a ser agradecidos no solo porque eso le da gloria, sino también porque es bueno para nosotros.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David P. Murray
David P. Murray

El Dr. David P. Murray es profesor de Antiguo Testamento y teología práctica en el Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Michigan, y pastor de Grand Rapids Reformed Church.

Gratitud y merecimiento

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie:Gratitud

Gratitud y merecimiento

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Como pastor de una iglesia local, tengo el privilegio de servir a personas de todas las edades. Llevo casi dos décadas sirviendo a estos hermanos, y muchos de ellos han sido mis amigos casi desde el principio. Aunque soy amigo cercano de hombres en sus treinta y cuarenta años, también soy amigo cercano de hombres en sus sesenta y setenta. A menudo me he preguntado por qué he disfrutado tanto mis amistades con hombres mayores, entre ellos el ya fallecido Dr. R. C. Sproul (quien habría cumplido ochenta este año). Me he dado cuenta de que gran parte de la razón por la que siempre he disfrutado la amistad de hombres mucho mayores que yo es que mi padre era mayor que la mayoría de los padres de los niños de mi edad. Mi padre nació en 1924, y fue mi mejor amigo hasta que falleció en 1992. Mi padre vivió la Gran Depresión, repartió periódicos a la edad de siete años, luchó en la Segunda Guerra Mundial y perdió a su primer hijo en un trágico accidente en 1969. Mi padre aprendió a vivir con poco, y siempre me dijo que aprendiera a vivir con un poco menos. A través de muchas dificultades, mi padre aprendió a ser agradecido. Y mi querida madre, que en muchos sentidos ha experimentado dificultades aún mayores que mi padre, aprendió a ser agradecida. Por sus ejemplos, aprendí el agradecimiento como una forma de vida.

La única forma de tener un agradecimiento permanente, en los tiempos buenos y en los difíciles, es pedirle humildemente a nuestro Padre que nos ayude a ser agradecidos y pedirle diariamente que nos haga aún más agradecidos.

Si bien es cierto que las amistades que tengo con hombres mayores se deben en parte a la amistad que tuve con mi padre, me he dado cuenta de que, independientemente de la edad de mis amigos, una de las características que todos ellos tienen en común es que están profundamente agradecidos por las dificultades que han experimentado. En la providencia de Dios, las dificultades de la vida nos entrenan para ser agradecidos. Y aunque doy gracias por la oportunidad de conocer a muchos jóvenes que están agradecidos por el ejemplo de gratitud en sus hogares y la obra de Dios en sus corazones, en términos generales, cuando veo a las generaciones más jóvenes, me preocupa lo que parece ser una falta generalizada de gratitud y un sentido de merecimiento. El merecimiento es enemigo de la gratitud, pero los amigos más cercanos de la gratitud son la humildad y el contentamiento. La única forma de tener un agradecimiento permanente, en los tiempos buenos y en los difíciles, es pedirle humildemente a nuestro Padre que nos ayude a ser agradecidos y pedirle diariamente que nos haga aún más agradecidos. Mientras hacemos esto, nos conviene recordar que el camino hacia la gratitud constante suele estar lleno de dificultades que libran a nuestros corazones de cualquier sentido de merecimiento. Por la gracia soberana de Dios, las dificultades conducen a la humildad, al contentamiento y a la gratitud, no por lo que tenemos, sino por Aquel a quien tenemos, Aquel que da y quita para que al final podamos proclamar por siempre: “Bendito sea el nombre del SEÑOR” (Job 1:21).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

Esperanza para el sufrimiento y la aflicción

Coalición por el Evangelio

Esperanza para el sufrimiento y la aflicción

BETSY GÓMEZ • ODETTE ARMAZA DE CARRANZA

Betsy Gómez: Nosotros vivimos en un mundo quebrantado por el pecado, de manera que cuando se trata del sufrimiento es solo cuestión de tiempo, ya que eventualmente vamos a sufrir.

Tal vez en estos momentos tienes una aflicción que pesa tanto en el alma, que es como una nube que no te permite ver más allá, e incluso te hace pensar que ya no existe ninguna esperanza. Por eso hoy queremos animarte a no mirar desde el lente de tu aflicción, sino desde el lente de la Palabra de Dios, la cual nos promete esperanza en medio de nuestras aflicciones.

Odette Carranza: Primordialmente debes entender que las preguntas, las dudas, e inquietudes que puedas tener, solo pueden ser respondidas por el Señor. Si tu vida está basada en las verdades de la Biblia, créelas. Porque el único que conoce lo que tú estás sintiendo y viviendo, es Dios. Y todo lo que su Palabra dice puedes, tenerlo como una realidad día a día, pues en su Palabra, Dios ha prometido estar a nuestro lado y nos ha asegurado que nada de lo que nos vaya a acontecer excederá su voluntad.

Conocer estas cosas traerá paz en medio del dolor y de esa incertidumbre de no saber cómo será nuestro día de mañana, ya que tenemos la certeza de que Dios ha preparado un nuevo amanecer, y que sus misericordias y bondades son nuevas cada mañana.

Tal vez en estos momentos veas una tormenta, pero las tormentas pasan, las noches terminan, y tienes un nuevo amanecer que el Señor ha provisto para ti. No te desanimes porque en el tiempo perfecto verás que las cosas vuelven a florecer, y que la prueba, dificultad, y dolor por el que pasaste tenían un propósito. Que lo que tú no fuiste capaz de hacer, Dios lo pudo hacer.

También recuerda que no estás sola, porque eres parte de un cuerpo, de una familia, y lo que estás viviendo ahora no solo es un instrumento de santificación para tu vida, sino también un instrumento de testimonio para los que te rodean. Así que en tu debilidad, confía; en tu tristeza, alientate; y en tu no saber a dónde ir, busca al Señor.

BG: Por último, recuerda el pasaje en el Evangelio de Juan 16:33, “En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo”. En la primera parte tenemos una advertencia de que la aflicción vendrá, pero en la segunda parte, tenemos un ancla que nos sostiene en medio de la tormenta.

Esa es la esperanza que nos sostiene en medio de la prueba. Es allí donde debemos poner nuestros ojos, no en nuestro dolor o nuestra herida, sino en Cristo, el varón de dolores experimentado en quebranto hasta la muerte, el cual resucitó, y por medio de su victoria sabemos que nuestro sufrimiento no va a ser nuestro destino eterno.

Nuestro cuerpo puede desfallecer, pero hemos nacido de nuevo a una esperanza viva, a una herencia que no se marchitará, que es incorruptible, y está reservada para nosotros.

OC: Conocer esto y entender que nuestros días tienen un propósito te va a traer paz, y como dice Betsy, nuestra esperanza no está en lo que tenemos en esta tierra. Aunque existan momentos de oscuridad, nuestra esperanza está en lo que Dios ha prometido para nosotros, una vida eterna.

Así que, aunque cueste creer, deléitate en tu situación. No porque esta sea gratificante, sino porque tu deleite debe ser quien está a tu lado. El deleite en Dios durante el sufrimiento, te hará verlo de una forma diferente, como dijo Job: “de oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven”. Durante el sufrimiento hay verdades espirituales que van a abrir tu mente y tu corazón, y vas a poder descubrir que el Dios a quien tú decías amar, en el que decías confiar, es verdadero y es real. Esta experiencia traerá una perspectiva diferente de tu vida, así que no dejes que los momentos difíciles se te escapen sin haber encontrado su propósito.

Betsy Gómez es ​hija y sierva de Dios por gracia, esposa de Moisés desde el 2005, madre de Josué y Samuel. Posee una gran pasión por ayudar a otras a saborear el Evangelio. Dirige el blog Joven Verdadera y el equipo de Media del ministerio Aviva Nuestros Corazones. Actualmente está cursando una maestría en Ministerio a Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Puedes encontrarla en Twitter.

Odette Armaza viuda de Carranza tiene 35 años en la fe por la gracia de Dios. Estuvo casada por 23 años hasta la partida de su esposo con el Señor. Es madre de Nahir, Michelle, y David, sirve como diaconisa y en el ministerio Ezer de la Iglesia Bautista Internacional.

¿Necesito seguir un patrón al orar?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Necesito seguir un patrón al orar?

Robert Rothwell

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Orar es difícil para mí. No es que no quiera orar, sino que considero que la oración es una práctica difícil. Mi mente tiende a divagar mientras oro. A veces mis oraciones se convierten en una lista variada de cosas que quisiera que Dios me dé a mí o a mis amigos y a mi familia. Por esto, he hecho casi todo lo posible por convertir la oración en una práctica más sencilla. He practicado la oración, he leído libros sobre la oración y he asistido a clases sobre la oración.

Orar a través de los Salmos, sustituyendo mis intereses por las peticiones específicas del salmista según su contexto, me ha ayudado a orar no solo por mis propias necesidades, sino también por los asuntos más amplios del Reino de Dios.

Pero ¿sabes qué es lo que más me ha ayudado? El seguir un patrón de oración.

Mi objetivo es responder la pregunta: “¿Necesito seguir un patrón al orar?”. Después de buscar qué Dios enseña en las Escrituras sobre la oración, debo responder: “No, pero…”.

Considera esto: en la Biblia encontramos muchas oraciones, pero no encontramos ningún texto que diga: “Tienes que orar según este patrón”. Lo más cercano que tenemos a esto es el Padre nuestro. Enseñando a Sus discípulos a orar, nuestro Señor introdujo la oración, diciendo: “Cuando oréis, decid…” (Lc 11:1-4), y: “… orad de esta manera…” (Mt 6:9-13). Durante siglos los cristianos han considerado que esto significa que Jesús dio el Padre nuestro como un patrón, como un ejemplo del tipo de cosas por las que debemos orar. Pero los apóstoles no siempre siguieron este modelo con exactitud. Varias oraciones apostólicas no siguen este patrón, sino que incluyen solo algunos elementos de este (por ejemplo, Ef 3:14-21Jud 24-25). Y cuando vamos al Antiguo Testamento, encontramos diversos tipos de oraciones. Por ejemplo, el libro de los Salmos presenta muchas oraciones distintas, aunque estas pueden agruparse en varias categorías.

Si tuviéramos que seguir un patrón establecido al orar, de seguro en la Palabra de Dios no se hubieran registrado tantos tipos de oraciones. Sin embargo, el hecho de que la Escritura sí contiene muchas oraciones y patrones de oraciones indica que, aunque ninguna de ellas es obligatoria para nosotros, seguir la estructura y los temas de las oraciones bíblicas es una buena práctica.

Personalmente, he comprobado que esto es cierto. Orar a través de los Salmos, sustituyendo mis intereses por las peticiones específicas del salmista según su contexto, me ha ayudado a orar no solo por mis propias necesidades, sino también por los asuntos más amplios del Reino de Dios. Asimismo, me he beneficiado de patrones de oración que son extrabíblicos pero que están basados en la Escritura. El Dr. R.C. Sproul frecuentemente recomendaba el patrón CASA (ACTS en inglés) para que incluyéramos confesión de pecados (C), adoración (A), súplicas (S) y agradecimiento (A) en nuestras oraciones. A Simple Way to Pray [Una manera sencilla de orar] por Martín Lutero nos ayuda a producir oraciones integrales y, al mismo tiempo, nos enseña el Padre nuestro, el Credo Apostólico y los Diez Mandamientos. Podría nombrar muchos ejemplos más.

La cantidad de patrones de oración que podemos seguir es casi innumerable. No estamos obligados a seguir ninguno de ellos, pero sabio es el creyente que utiliza los recursos que Dios ha provisto a Su Iglesia para ayudarnos a orar.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell

Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.

Nada me faltará – Ene 5

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 5 – Nada me faltará

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/nada-me-faltara/

Annamarie Sauter: Tan a menudo andamos de prisa, pero no podemos olvidar que las prioridades requieren tiempo.

Nancy DeMoss Wolgemuth:La prisa no conduce a la piedad. No se parece a Cristo. No nos lleva a relaciones sanas. No nos lleva al crecimiento espiritual. 

La piedad y la intimidad con Dios no se cultivan a la carrera. 

Annamarie:Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Nancy con la continuación de la serie titulada, «El Señor es mi Pastor».

Nancy:Mientras conocemos quién es Dios y cómo es Él, es muy importante que entendamos que cada verdad acerca de Dios, cada verdad acerca de Su carácter tiene implicaciones para nuestras vidas. Necesitamos aprender a vivir nuestras vidas, cada aspecto práctico de cada día, a día a la luz de quién es Dios y de cómo es Él. 

«El SEÑOR es mi Pastor». Ésta es una verdad acerca de Dios. Él es el Pastor, Él tiene un corazón de pastor. 

Entonces la pregunta es, «¿y entonces?» ¿Qué significa esto para mí? ¿Qué significa para nosotras? 

Y el Salmo 23:1,que estamos estudiando esta semana nos da la respuesta: «El SEÑOR es mi Pastor». «¿Y entonces qué?» Nada me faltará. «Nada me faltará» 

Porque el Señor es mi Pastor, nada me faltará. Nunca me va a faltar nada de lo que necesite. Esa es la implicación del hecho de que Él es el Dios Pastor. Él tiene un corazón de pastor; siempre voy a tener todo lo que necesito.

Si el Señor es tu Pastor, nada te va a faltar. Esta mañana estaba leyendo Proverbios 13:25 que dice: «El justo come hasta saciar su alma, pero el vientre de los impíos sufre escasez».

Repito, esta promesa solo aplica a aquellas que tienen una relación de oveja–pastor con el Señor. Si el Señor es tu Pastor, la implicación de esto es que nunca vas a tener necesidad de nada. 

Y esto es porque el pastor asume completa responsabilidad de sus ovejas. Jehová es mi Pastor, Jehová es el dueño de todas las cosas. Si lo tienes a Él, no te hace falta nada. Cada área, cada detalle de tu vida está bajo Su control, bajo Su dirección. 

Hay certeza en la forma en que David se expresa, ¿no es así? «El Señor es mi Pastor, nada me faltará». No es una pregunta. Es una aseveración, afirmación, es un hecho, es algo que David da por sentado. 

Él reconoce que debido a que Dios es mi Pastor, tengo todo lo que necesito y por lo tanto puedo estar satisfecha. Puedo descansar. Puedo dormir por las noches. Puedo estar tranquila, satisfecha, porque el Señor ha prometido suplir mis necesidades, nuestras necesidades. Nada me faltará, ni ahora ni nunca. 

Ahora, normalmente estamos bien en el momento, pero lo que nos deprime es pensar en el futuro. «¿Qué si pasa esto?» «¿Qué si pasa aquello?» «Nada me faltará».

¿Tienes temores acerca del futuro? El Señor es mi Pastor ahora. Él será mi Pastor entonces. Nada me falta ahoranada me faltaráentonces

  • ¿Y qué tal cuando sea anciana? Nada me faltará.
  • ¿Y qué tal si mi esposo muere o me abandona? Nada me faltará. El Señor es mi Pastor.
  • ¿Y qué tal si se acaban mis ahorros del retiro? El Señor es mi Pastor; nada me faltará. 

Pienso en la historia de Elías. Como profeta de Dios, siervo obediente de Dios, pasó un periodo de hambruna y sequía en la tierra como todos los demás. Pero Dios usó maneras asombrosas para cuidar a Su profeta. Usó cuervos para que le trajeran comida. Uso a una viuda sin un centavo para alimentarlo. Le proveyó de las maneras más inesperadas y únicas. 

Si necesita mandar cuervos para alimentarte durante tu retiro, Él lo puede hacer. ¿Crees que Dios solo podía hacerlo en el Antiguo Testamento? Si Dios quiere usar a una viuda sin un centavo para cubrir las necesidades de tu familia, Dios lo puede hacer, porque Él vive en la esfera de lo sobrenatural. No de lo explicable, sino de lo sobrenatural.

Nos quedamos tan enfocadas en lo que podemos ver, en lo que podemos entender, en lo que podemos explicar, en lo que podemos resolver. Y si el dinero no suma y no nos salen las cuentas nos asustamos, nos aterramos. Pero el salmista dice, «yo estoy viviendo en la esfera de lo sobrenatural». «El Señor es mi Pastor; nada me faltará». 

Estaba hablando con una amiga hace unas semanas, que me estaba contando acerca de las circunstancias en las que está viviendo en este momento. Situaciones con las que está realmente batallando, las cosas van de mal en peor.

Circunstancias muy malas. Su hija está tomando decisiones equivocadas y está sufriendo las consecuencias. Su esposo tiene que trabajar muchas horas fuera de casa para cubrir los gastos. Y ella está teniendo que trabajar a tiempo completo en este momento.

Y me dijo, «estaba batallando con este miedo al futuro. ¿Así van a ser las cosas para siempre? ¿Vamos a vivir en esta situación tan desesperada y difícil para siempre?»

Ella me dijo entonces, «tuve que decidir escoger no pensar así, no vivir en el futuro. No estoy ahí. Dios me da gracia para el ahora. El Señor es mi Pastor. No me va a faltar nada ahora. El Señor será mi Pastor en el futuro. No me va a faltar nada entonces. Tendré todo lo que necesito».

Y porque el Señor es mi Pastor, no solamente no me va a faltar nada (todas mis necesidades estarán cubiertas); sino que también significa que porque el Señor es mi Pastor, voy a escoger estar satisfecha, contenta con lo que tengo. Eso quiere decir que si el Señor es mi Pastor y estoy viviendo en esta relación de oveja-pastor con Él, entonces no hay lugar para quejas.

  • No hay lugar para murmuraciones
  • No hay lugar para estar descontenta
  • No hay lugar para la ansiedad
  • No hay lugar para el temor ni la preocupación. 

Todo esto viene naturalmente a nosotras, pero no si estamos viviendo en la esfera de lo sobrenatural. La implicación de este versículo es, voy a escoger estar contenta, satisfecha con lo que tengo, sabiendo que Él es mi Pastor y que Él va a proveer todo lo que necesite mientras permanezca siguiéndolo

Ahora, más vale que te asegures de estar siguiéndolo, porque algunas veces él nos deja experimentar consecuencias, necesidades y carencias, por haber ido en nuestro propio camino. Cuando Él hace eso –cuando Él ve que me estoy desviando y me permite experimentar necesidad– Su meta es, contigo y conmigo, restaurarnos al lugar de seguirle a Él, restaurar esa relación íntima entre la oveja y el pastor. 

Nada me faltará es una declaración de fe. Algunas veces debes decirlo cuando no puedes ver que es verdad. No puedes verlo, pero confías en el Pastor. 

Creo que es muy importante que aprendamos a aconsejar nuestros corazones con la verdad; decir en medio de tu circunstancia, en tu etapa de vida, en tu situación, cualquiera que sea el día de hoy, «el Señor es mi Pastor, nada me faltará». Nada me va a faltar, y voy a estar satisfecha con lo que Dios me ha provisto. 

Estoy a salvo. Estoy segura. Ya sea que lo sientas o no, lo estás si el Señor es tu Pastor. Todas mis necesidades están cubiertas y serán cubiertas por Él. Él me va a dirigir, a proteger.

Dile la verdad a tu corazón, ya sea que lo sientas o no, ya sea que parezca verdad o no, ya sea que tenga sentido o no. Él ha prometido que va a proveer. 

Recuerda estas verdades cuantas veces sea necesario durante el día. Él es capaz de proveer. Nunca ha dejado de proveer para ti ni para nadie más. Él nunca va a fallar. Puedes confiar en Él, y Él ha demostrado lo que es capaz de hacer. 

Entre más camino con el Señor, más me ayuda el recordar todos esos años, porque ahora puedo mirar hacia atrás, unos cincuenta y tantos años de ser su oveja y me doy cuenta de que el Señor nunca me ha fallado

He pasado por tiempos difíciles. He estado en situaciones en las que he pensado, si no supiera que el Señor está en esta barca, tendría muchísimo miedo de estar pasando por esta tormenta. 

Pero nunca nos hemos hundido. La barca nunca se ha hundido. Él nunca me ha fallado. Él nunca ha dejado de proveer. 

Así es que ahora le hablo a mi corazón y le digo: «Sabes, no creo que hoy sea el día en el que el Señor me decepcione. No va a suceder. Nunca me ha fallado ni a mí ni a nadie». 

Ahora, podrías pensar o hasta decir, «pero mis necesidades no están siendo suplidas. No me alcanza para pagar las cuentas. Esta circunstancia en mi matrimonio, en mi vida, es desesperante, no hay esperanza. Mis necesidades no están siendo satisfechas». 

¿Y qué me dices de los cristianos que viven en países del tercer mundo en guerra? ¿Están siendo suplidas sus necesidades? ¿Pueden decir, «el Señor es mi Pastor; nada me faltará»?

¿Y qué me dices del apóstol Pablo? Él dice que tuvo tiempos cuando tuvo hambre y no tenía dinero y estaba sufriendo y en la cárcel. ¿Podía él decir, «el Señor es mi Pastor, nada me faltará»?

Bueno, vamos a escuchar lo que dice Pablo en uno de esos momentos, escrito desde una prisión en Roma, sin las comodidades que tienen las prisiones hoy en día. En Filipenses 4:11, Pablo dice: «No que hable porque tenga escasez». 

Les está agradeciendo a los Filipenses por haberle mandado un pequeño regalo. Él dice, se lo agradezco, pero no hablo porque tenga necesidad, «pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación (tenga o no lo que ustedes han enviado). Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (vv.11-13).

«El Señor es mi Pastor, nada me faltará». He recibido el pago completo y más. Estoy lleno, tengo todo lo que necesito. 

Y continúa diciendo, «y mi Dios proveerá a todas sus necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (v. 19). 

Ahora, es posible que sientas, «estoy en necesidad, el Señor no ha suplido mis necesidades», tal vez necesites redefinir el término necesidad, no de acuerdo al estándar americano y no de acuerdo a nuestros estándares materiales. Porque el hecho es que, si tienes a Cristo, eres rica de la forma que realmente importa para la eternidad. 

Tal vez necesites aprender contentamiento con respecto a lo que tienes. Está bien tener menos que otros a tu alrededor, no solo materialmente sino de otras maneras también. 

Puedes preguntarte, «¿por qué a esa persona le toca tener un matrimonio feliz? ¿Por qué tiene hijos más fáciles de criar?» Dios quiere que aprendamos contentamiento con cualquier cosa que tengamos. 

Tal vez tengas que preguntarte, «¿estoy en esta posición porque no seguí a mi Pastor?» Recibimos correos de personas que están en necesidad, que están en circunstancias desesperantes, terribles y en necesidad.

Pero en muchos casos (no en todos), la razón por la que están en esa situación es porque no han seguido al Pastor. Tomaron decisiones que no fueron bíblicas. Hicieron lo que mejor les pareció. No puedes esperar la protección y la provisión de Dios si no estás siguiendo al Pastor

Y recuerda, si sientes que estás en necesidad, no olvides que Dios puede ver más allá de lo que tú puedes ver. Él sabe lo que se propone hacer y cómo te va a rescatar. 

Hacía referencia hace un momento al profeta Elías y el tiempo de la sequía, cuando la nación sufrió una tremenda sequía debido a su pecado. Elías era un profeta de Dios, pero vivía en la misma nación y le tocó experimentar esa sequía. 

Dice la Escritura en 1 Reyes 17, que Dios mandó a Elías a un arroyo donde lo sostuvo. Pero llegó el día cuando el arroyo se secó. 

Elías pudo haber visto el arroyo y decir, «bueno ¿¡y ahora cómo voy a sobrevivir!? La nación está bajo el juicio de Dios, yo tengo necesidad, ¡se secó el arroyo y no hay agua!» 

Pero los siguientes versículos dicen que el Señor le dice:«Levántate, ve a Sarepta, yo he mandado a una viuda de allí que te sustente» (Parafraseado, vv. 8 y 9).

Ves, Dios sabía desde el principio lo que iba a hacer. Dios había preparado a esa mujer para que de manera sobrenatural satisficiera las necesidades de Elías. Elías no lo sabía. Él no podía ver cuando el arroyo se secó, lo que iba a pasar después. 

Y tal vez tampoco tú alcances a ver (probablemente no puedes) lo que Dios tiene pensado hacer. Pero Él lo tiene en mente. Él sabe, Él lo hará. 

He hecho referencia en varias ocasiones en Aviva Nuestros Corazones, a uno de mis héroes favoritos de la fe: George Mueller. Durante los 1800 en Bristol, Inglaterra, cuidó de cientos y después de miles de huérfanos con nada excepto oración y fe, confiando en que Dios proveería para sus necesidades. 

Y si piensas que tus hijos son demasiadas bocas para alimentar, ¡imaginate alimentar a todas esas bocas! Él nunca estaba preocupado. Él nunca estaba ansioso. Él nunca estaba perturbado. Él simplemente esperaba en Dios y confiaba en que Dios es un buen Pastor y va a proveer. 

Un día un hombre vio a George Mueller caminando y dijo, «de no haber sabido quién era, diría que es un caballero sin una sola preocupación en el mundo, caminaba con tal quietud y tal paz, con un comportamiento ¡tan señorial!, que el Salmo 23 estaba escrito en su cara».

¿No te encantaría que se dijera eso de ti? Que la forma como respondemos a las circunstancias y a las presiones de la vida, a los problemas y al estrés, hace que las personas nos vean y digan, «el Señor es su Pastor, el Salmo 23 está escrito sobre su rostro».

El salmo continúa, veamos lo que dice el versículo 2: «En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce».

El significado literal de esta frase es «me conduce junto a aguas de descanso». Eso me gusta, aguas de descanso. «En lugares de verdes pastos me hace descansar, me conduce junto a aguas de descanso».

Eso no se parece en nada a la cultura apurada, frenética y agitada en que vivimos ¿no es así? Creo que hay algo acerca de la cultura, de la forma como muchas de nosotras vivimos, que simplemente no es lo que Dios quiere para nosotras. Él me lleva junto a aguas de reposo, aguas de descanso, a pastos verdes. 

Creo que este versículo está hablando de cómo Dios da a Sus ovejas ese descanso, ese refrigerio. Y me lleva ahí no una sola vez, sino regularmente. Necesito regresar a esos pastos verdes, a esas aguas de reposo. 

Ahora, como veremos en el resto del Salmo 23, no siempre vivimos en pastos verdes o junto a aguas de reposo. Pero Él me dirige ahí, mi Pastor me lleva una y otra vez ahí. A veces tenemos tiempos donde hay sequía, tiempos frenéticos o con grandes responsabilidades, grandes presiones. 

Pero Dios nos vuelve a dirigir a esos pastos verdes, a esas aguas de descanso. Así que necesitamos seguir Su dirección y regresar a esos lugares de descanso y de refrigerio. 

Antes de que una oveja pueda ser productiva para dar lana o carne, tiene que estar sana. Tiene que ser madura. Tiene que estar bien desarrollada. 

Pero nuestro problema es que tendemos a poner la productividad primero. «El Señor es mi Pastor, me da mucho trabajo que hacer –una familia que cuidar, una clase que enseñar, trabajo que hacer en la iglesia, gente que ganar para Cristo. Me hace ser una buena esposa, una buena madre, me ayuda a terminar todos mis pendientes». 

Eso no es lo que dice este salmo. El Señor es mi Pastor. Primero Él me hace descansar en pastos verdes y me lleva junto a aguas de reposo. 

¿Por qué? Para que podamos nutrirnos. Para que seamos cuidadas. Para que comamos y bebamos. Para que tengamos algo que ofrecer a otros. 

Algunas de nosotras estamos malnutridas espiritualmente. Me reúno con muchas mujeres que tienen esto escrito en todo su rostro. Es evidente en su tono. Está presente en esa mirada llena de pánico. Y demasiado frecuentemente lo veo cuando me veo en el espejo. Esa desnutrición espiritual. 

Tratamos de ser productivas. Tratamos de llenar las necesidades de otras personas, pero nosotras nos estamos cayendo a pedazos –exhaustas, nos extendemos más allá de lo que podemos, estamos sobrecargadas, estamos sobre comprometidas, totalmente estresadas. No tenemos tiempo para conversaciones significativas con otras personas, incluyendo a Dios; siempre andamos apuradas, a la carrera. 

Fíjate, la gente en nuestra cultura se impresiona con nuestro grado de ocupación, qué tan ocupada estás, en cuántas cosas estás involucrada y cuántas cosas logras terminar en el día. Suena muy poco productivo e incluso podría mostrar holgazanería el hablar de reposar en pastos verdes o en aguas tranquilas. 

Swenson dice en su libro Síndrome de la Sobrecarga:

«He pensado profundamente acerca del tema de la velocidad, y he llegado a la conclusión de que es tan responsable del problema de la disfunción personal y social como cualquier otro factor único. Virtualmente todas nuestras relaciones están dañadas por la prisa».

Piensa acerca de esto. 

«Caminamos rápido, hablamos rápido, comemos rápido y después anunciamos, “perdón, me debo ir corriendo”. El problema es que Dios no está corriendo detrás de nosotras. Él sabe que la velocidad no produce devoción. Creo que podría decir con bastante certeza que nuestro sentido de la presencia de Dios es inversamente proporcional al ritmo de vida que llevamos». 

En otras palabras, entre más apuradas andamos, menor será la sensación de la presencia de Dios. La prisa es el enemigo de la intimidad espiritual. Es el enemigo de la intimidad en nuestros matrimonios o en cualquier otra relación. 

¿Te has fijado en los evangelios que Jesús nunca parecía estar apurado? Nunca leemos nada acerca de Él corriendo. Leemos acerca de Él caminando. Leemos de Él sentado junto al pozo en Samaria, sentado enseñando a sus discípulos. Leemos acerca de Él reclinado en las comidas.

Es una forma muy diferente a como lucen la manera de mis comidas—y aún más cuando estaba soltera. A veces comemos paradas en la cocina, en el auto o pasamos por un restaurante de comida rápida. 

Leemos de Jesús reclinándose a la hora de las comidas. Incluso leemos acerca de Jesús durmiendo en la barca en medio de la tormenta y Sus discípulos aterrorizados. 

La prisa no conduce a la piedad. No se parece a Cristo. No nos lleva a relaciones sanas. No nos lleva al crecimiento espiritual. 

La piedad y la intimidad con Dios no se cultivan a la carrera. Requieren tiempo, meditación.

Esas distracciones e interrupciones constantes no son una bendición, cuando estamos tratando de cultivar intimidad con Dios. Las llamadas constantes, los correos electrónicos, los mensajes de WhatsApp, siempre estando al pendientes de todo… Tenemos tantas formas, tantos medios por los cuales pueden llegar a nosotros. Eso no es sano. 

No estoy diciendo que esas cosas son pecado. No estoy diciendo que están mal. Pero lo que digo es que esas cosas pueden controlar nuestras vidas. 

Y creo que sé de lo que estoy hablando porque yo misma batallo con eso en mi trabajo –estar bajo el dominio y el control de todas estas cosas que hacen ruido, llamando mi atención y no tomo el tiempo de estar quieta, en silencio y escuchar a Dios. 

Es más, algunas veces siento mi corazón latiendo tan rápido, mi adrenalina al máximo, mi ritmo tan rápido, que cuando estoy en quietud me cuesta mucho trabajo parar. Algo está mal con esto, viviendo con las revoluciones por minuto en rojo todo el tiempo. No es sano para nuestros cuerpos. 

Esa es la razón por la que tenemos acidez y todas esas cosas. No es sano. No es la forma que Dios diseñó para que viviéramos. 

El problema con las ovejas –y el problema con las personas– es que no sabemos cuándo descansar. Simplemente continuamos hasta que caemos rendidas, exhaustas. Por eso el buen Pastor nos hace descansar en pastos verdes. 

¿Cuándo descansa tu alma? ¿Cuándo alimentas el espíritu? Te quiero decir que si eso no es lo más importante en tu vida, la primera cosa en el día, lo primero en tu lista de cosas que hacer, vas a terminar agotada y frustrada, y con una vida frenética. 

Escucha lo que te digo, algunas de nosotras vamos a mirar al final de nuestros días y diremos, «anduve corriendo como gallina sin cabeza toda mi vida, pero ¿qué logré? ¿Realmente conozco a Dios? ¿Conozco a mi familia? ¿Tengo amigas cercanas? ¿Realmente he amado bien a las personas?

Necesitamos tomar tiempo en los pastos verdes, tomar tiempo junto a esas aguas de descanso. Si tú y yo no nos sentamos a los pies de Jesús y simplemente lo escuchamos hablar, como María lo hizo en su casa, vamos a terminar como Martha –frenética, corriendo por todos lados, dando órdenes, enojada con el mundo y con el Señor, enojadas con Dios (ver Lucas 11).

«Señor, dile a mi hermana que venga y me ayude. Estoy irritada. Estoy frustrada». Todas hemos estado ahí y es porque no tomamos tiempo. 

Ahora, no puedes pasar cada momento que vives a los pies de Jesús. Hay comidas que preparar. No había nada mal con que Martha estuviera trabajando en la cocina. El problema era que ella estaba tratando de ser productiva sin haber pasado tiempo en los pastos verdes y en las aguas de descanso. 

«El SEÑOR es mi Pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce».

Annamarie: ¿Vives afanada y turbada, halada de un lado para otro por el temor y la ansiedad? Te animo a hoy mismo hacer una pausa y tomar el verdadero descanso que Dios te ofrece. Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado hablando acerca de esa paz producto de estar en la presencia de Dios.

Y es que todas buscamos descanso. Quizás te han dicho—o le has dicho a otra persona, «necesitas tomar unas vacaciones». Pero la verdad es que a menos que tomes el descanso que Dios te ofrece, la búsqueda te dejará exhausta. Escucha más acerca de esto mañana aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Génesis capítulos 16 al 18.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Cuando siento temor

Coalición por el Evangelio

Cuando siento temor

LEEAN STILES

He luchado con el temor la mayor parte de mi vida. ‪La ansiedad de separación cuando era una niña pequeña, el temor agobiante de comenzar la escuela, el miedo de dormir en casa de una amiga… mis primeros años fueron atormentantes. ‪A pesar de que superé muchos de mis miedos, otros me atormentan hoy día. ‪Algunos tienen que ver con hablar en público, mientras que otros son del tipo “¿qué pasaría si…?”. ¿Qué pasaría si pierdo mi trabajo? ‪¿Qué pasaría si este avión se estrella? ‪¿Y si hay alguien en mi armario? ‪Mi mente es capaz de evocar innumerables escenarios aterradores.

‪Cuando estaba creciendo, los adultos a menudo trataban de tranquilizarme diciéndome que mis temores nunca se materializarían. ‪Pero yo sabía que nadie podía garantizarme eso. ‪Realmente las cosas improbables ocurren. Una vez mi marido saltó fuera del armario y me asustó profundamente (¡y casi pasa la noche en el sofá!). ‪Las personas sí pierden sus puestos de trabajo, y los aviones a veces chocan. ‪El sufrimiento ocurre. ‪Jesús nos dice que tendremos tribulación en este mundo (Jn. 16:33).

Entonces, ¿no es lógico que me preocupe? ‪Tal vez, pero la ansiedad sin control me paraliza. ‪Controla cómo pienso y actúo. ‪Silencia mi deseo de obedecer a Dios. ‪Así que aunque sienta miedo, no quiero que el miedo o la ansiedad gobiernen mi vida. ‪Si estás leyendo este artículo, sospecho que tú tampoco. ‪Pero, ¿cómo superamos el temor? ‪Aquí tres cosas que me han sido de gran ayuda:

1) ‪Reconoce que tu temor puede ser pecaminoso.

‪Hay varias razones por las que pudiera ofenderme en este punto: mis preocupaciones parecen perfectamente lógicas. ‪No puedo dejar de ser tímida, porque es la forma en la que estoy hecha. Si yo niego que haya algo malo con una respuesta de temor, no voy a tener de qué arrepentirme. ‪Pero mis razonamientos no pueden sostenerse en comparación con el carácter de Dios y su Palabra.

‪¿Son mis temores realmente comprensibles considerando el amor y la soberanía perfecta de Dios? ‪¿Puedo utilizar como una excusa que soy propensa al temor? ‪¡No lo creo! ‪¿No dijo Pablo a Timoteo: “Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio”, 2 Timoteo 2:17? ‪Mientras esté negando que algo anda mal ¿no es posible que me esté engañando a mi misma? (1 Juan 1: 8). ‪Llamar al pecado pecado debilita su control sobre nosotros, porque Cristo ha roto el poder del pecado a través del evangelio.

‪El miedo también puede ser un producto del pecado. ‪Falta de arrepentimiento puede provocar ansiedad porque Dios habla a través de nuestra conciencia. ‪En este caso tenemos que confesar y arrepentirnos. ‪En un nivel más profundo, tal vez en realidad nunca hemos comprendido o creído el evangelio.

‪Su mensaje es sencillo pero profundo. ‪Jesús vivió una vida perfecta que no podemos vivir. ‪Murió la muerte que merecemos para que podamos ser reconciliados con Dios. ‪Si nos arrepentimos y creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador resucitado, seremos liberados de las garras del pecado y del infierno. ‪El evangelio nos libera de lo que debemos temer más: estar de pie ante un Dios santo y justo sin ser perdonados de nuestro pecado.

Cuando los temores mundanos superan nuestro temor de Dios, somos ilusos e incluso rebeldes. ‪Dios es nuestro Creador, Señor, Salvador, Juez, y el que diseñó un plan para nuestras vidas que le traerá gloria. ‪Así que nos rendimos a Él y no a lo que tenemos miedo de que pueda pasar. ‪El temor piadoso nos estimula y nos permite hacer la voluntad del Señor y no rendirnos ante la ansiedad.

‪2) ‪Recuerda las promesas de Dios.

‪Cuando busqué en la Biblia pasajes sobre el temor y el tener miedo, noté un patrón: la Biblia me dice que no lo haga. ‪Esto por sí mismo es suficiente. ‪Pero me llamó la atención que los mandamientos sobre no tener temor están casi siempre seguidos de recordatorios de la gran fidelidad de Dios y a tranquilizadoras promesas de Su presencia.

‪Hace años confesé mi lucha con el temor a un hombre mayor y piadoso, esperando una respuesta favorable. ‪En lugar de eso me reprendió, diciendo que si yo pensaba que el Señor no podía cuidar de mí. ‪Eso me hizo preguntarme si realmente creía en Dios y sus promesas. ‪¿Estoy convencida de que puedo echar mi ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de mí? (1 Pedro 5:7). ‪¿De que Él vela por mi vida? (Salmo 121). ‪¿De que es capaz de guardarme de tropiezos y presentarme sin mancha delante de su gloriosa presencia? (Judas 24).

‪Jesús hace una pregunta conmovedora en Mateo 6: “¿Quién de vosotros podrá con afanarse añadir una sola hora al curso de su vida?”. No puedo. ‪No con preocuparme de que vaya a tener alguna enfermedad que amenace mi vida o con obsesionarme con un plan de escape a un incendio. ‪Dios enumeró mis días y Él es bueno. ‪Él no me promete seguridad en esta vida; más bien Él me promete algo mucho mejor: a Él mismo. ‪Él promete que nunca me dejará ni me abandonará (Deuteronomio 31:6). ‪Él estará conmigo hasta los confines de la tierra (Salmo 139:7-12). ‪Y Él me sostendrá hasta el final (1 Corintios 1:8). ‪‪Sus promesas son verdaderas y confiables sin importar lo que pase.

‪3) ‪Elige actuar conforme a la verdad en vez de conforme a las emociones.

‪Cuando tengo miedo, sentimientos negativos llenan mi corazón. ‪Son fuertes, mandones y persuasivos. ‪Pero no son confiables. ‪Los sentimientos son tan volubles, cambian de un momento a otro. Estoy orgullosa como un pavo real cuando mi hijo me dice que le han ofrecido un buen trabajo, entonces me lleno de temor cuando él me dice que es en Bosnia.

‪Martin Lloyd-Jones dijo: “La mayor parte de tu infelicidad en la vida se debe al hecho de que te estás escuchando a ti mismo en lugar de hablarte a ti mismo”. ‪Entonces, ¿cómo se alinea nuestra respuesta emocional con lo que es verdad? ‪¿Cómo recordar las promesas de Dios mencionadas en el segundo punto?

En lugar de creerle pasivamente a los sentimientos, podemos elegir creer en la verdad de Dios, nuestro fundamento seguro. ‪Jesús dijo: “Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a quién es semejante: es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente rompió contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida”, Lucas 6:47-48.

‪Eso es lo que deseo, ¿tú no? ‪Una vida construida sobre la base firme de Jesús y su evangelio y no construida sobre los temores temblorosos. ‪Dudo seriamente que vayamos a terminar este artículo y tengamos libertad del temor y la ansiedad para siempre. ‪Por lo general, es un proceso; así ha sido conmigo. ‪En ocasiones sigo teniendo temor, ‪pero no con la misma frecuencia o intensidad. En la bondad de Dios, he sido liberada para hacer ministerio en formas (incluso hablar en público) y lugares (como el Medio Oriente) inimaginables. ‪Pido a Dios que esto se haga realidad en tu vida también.

Publicado originalmente el 7 de octubre del 2014 para The Gospel Coalition. Traducido por Patricia Namnún.

Leeann Stiles vive en los Emiratos Arabes con su esposo Mack. Ellos son miembros de la Iglesia  Redimida de Dubai, y ella dedica la mayor parte de su tiempo al discipulado y entrenamiento de mujeres. Ellos tienen 3 hijos adultos y una amorosa nuera.

¿Es mejor orar en voz alta o en silencio?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Es mejor orar en voz alta o en silencio?

Bruce P. Baugus

Nota del editor: Este es el séptimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

La oración es el impulso natural de la fe y la devoción vigilante de la esperanza. Cuando oramos, derramamos los deseos de nuestros corazones ante Dios en adoración, confesión, petición, intercesión y agradecimiento, sometiéndonos a Su voluntad. La oración es una acción apasionada que involucra todo lo que somos y aspiramos ser ante Dios.

Jesús enseñó a los discípulos a orar por medio de Su instrucción y de Su ejemplo.

No es sorprendente, entonces, que todo el alcance y la fuerza de la pasión de nuestra vida forme parte de la oración. Aquellos que andan según el Espíritu demuestran paciencia y dominio propio en todas las cosas, pero los discípulos fieles también depositan su ira, frustración, angustia, confusión e incluso su incredulidad y desesperación ante Dios en oración. Mientras hacemos esto, podríamos encontrarnos clamando al Señor en voz alta o podríamos notar que nuestras palabras nos fallan.

Afortunadamente, no existe ninguna razón bíblica para creer que orar en voz alta sea más o menos eficaz que orar en silencio. Podemos hacer cualquiera de las dos. La Escritura está llena de ejemplos de oraciones públicas expresadas en todo tipo de ocasiones, desde la oración larga de Salomón en la dedicación del templo (1 Re 8) hasta el clamor de agonía (y de esperanza inquebrantable) en las cuatro palabras que Cristo exclamó en la cruz (Mt 27:46). Con todo, Jesús también le enseñó a Sus discípulos que nuestro Padre escucha las oraciones expresadas en silencio o en secreto, y Pablo nos dice que el Espíritu, quien fortalece nuestra fe y esperanza por medio de la oración, también intercede por nosotros con gemidos tan profundos que resultan indecibles (Mt 6:5-6Rom 8:26).

No obstante, hay buenas razones por las cuales nos convendría orar en silencio en algunas ocasiones y en voz alta en otras. Jesús, por ejemplo, advierte a Sus discípulos sobre los hipócritas que aman orar en lugares públicos para ser vistos por los demás. Él afirma que esa apariencia de santidad será la única recompensa que ellos recibirán (Mt 6:5). Los hipócritas no oran en secreto; sin embargo, el que ama a Dios ora continuamente en secreto y está listo para orar en voz alta cuando se presenta una ocasión apropiada.

Y la ocasión se presentará. La oración, como parte esencial de la devoción de la Iglesia (Hch 2:42), no solo es un acto privado de los creyentes individuales, sino una actividad compartida. Una manera de compartir en oración es orando en voz alta con otros por ánimo y edificación mutua. La oración también debe ser enseñada. Jesús enseñó a los discípulos a orar por medio de Su instrucción y de Su ejemplo. De la misma manera, los ministros enseñan a aquellos a quienes sirven, los padres enseñan a sus hijos, y todos nosotros nos enseñamos los unos a los otros al orar juntos. En otras palabras, el amor por los demás nos impulsará no solo a orar por ellos en secreto, sino a veces a orar con ellos en voz alta.

Cualquiera que sea la manera en la que oremos, estamos seguros de que nuestro Dios tiene cuidado de nosotros y siempre escucha las oraciones de Su pueblo.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Bruce P. Baugus
Bruce P. Baugus

El Dr. Bruce P. Baugus es profesor asociado de filosofía y teología en el Reformed Theological Seminary en Jackson, Mississippi, y es un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos. Es autor de Reformed Moral Theology.

Seis versículos poderosos – Ene 4

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Ene 4 – Seis versículos poderosos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/seis-versiculos-poderosos/

Annamarie Sauter:Muchas de nosotras podemos recitar el Salmo 23, pero… ¿realmente lo entendemos?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Hay algo acerca del corazón y el carácter de Dios que se relaciona con cada una de las situaciones de la vida que tú o yo pudiéramos enfrentar. De hecho, creo que si de verdad entendiéramos y viviéramos solo estos seis versículos, tendría un impacto monumental en la forma como vivimos –porque podríamos enfrentar cada momento, cada situación, cada circunstancia de la vida, con paz, gozo, fe, confianza y valor. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Muy a menudo me sucede que cuando leo o escucho un pasaje de la Biblia una y otra vez, me puedo acostumbrar a este y olvidar lo que significa. Puedo recitar el Salmo 23 que nos habla acerca de nuestro Buen Pastor y al mismo tiempo estar preocupada por toda clase de cosas. En la serie a la que damos inicio hoy, Nancy nos ayudará a ver de manera fresca este salmo.

Nancy:Aquellas de ustedes que me han escuchado enseñar anteriormente o que han leído alguno de mis libros, saben que durante mi tiempo a solas con Dios me gusta leer a lo largo de toda la Escritura. He hecho un hábito a través de los años leer consecutivamente la Biblia –y lo hago un par de veces al año. Pero, durante los últimos tres meses, he estado haciendo algo un poco diferente. 

Tengo dos pasajes de la Escritura en los que he estado viviendo los últimos tres meses. Eso no significa que no he leído ninguna otra cosa, pero me he estado empapando en estos dos pasajes de la Escritura, por el lugar donde me encuentro en mi caminar personal con el Señor y en mi peregrinaje con Él.

Uno de esos pasajes es uno de los más conocidos, más amados y más frecuentemente citados de toda la Palabra de Dios. Es el Salmo 23, el Salmo del Pastor. Debo decir que a pesar de haber leído tantas veces el Salmo 23 a través de los años, nunca he meditado en él realmente. Nunca lo había considerado a profundidad. 

Y me puedes preguntar, «¿cómo puedes pasar tres meses meditando en algo tan familiar, tan conocido?» 

Son tan solo seis versículos; es uno de los salmos más cortos. Pero debo decir que este estudio ha sido más que un estudio. He meditado. He tomado frase por frase y la he saboreado y reflexionando en ella durante el día y durante la noche, al acostarme, al levantarme por la mañana. Dios ha usado este pasaje de la Escritura para ministrar a mi corazón de una manera muy rica y profunda. 

Quiero animarlas a que lean el Salmo 23, al menos una vez al día. Vamos solo a rozar la superficie del Salmo 23. Hay mucho más de lo que vamos a alcanzar a ver durante estos siguientes días, pero Dios te dará una mirada fresca y nuevas riquezas de Su Palabra mientras meditas en este pasaje, y mientras lo estudiamos en los próximos programas. 

Este salmo es uno de los salmos favoritos de judíos, ortodoxos, protestantes y muchas personas por igual. Es uno de los pasajes de la Escritura que todo el mundo reconoce, ama y respeta, pero no es un pasaje de la Escritura que frecuentemente se «vive». Estamos más familiarizados con él en nuestras cabezas y en nuestras mentes que en nuestra práctica.

Si has ido a algún funeral, recordarás que este es un pasaje que frecuentemente se cita en los funerales, y por eso la gente piensa que es un salmo acerca de la muerte. 

De hecho, mientras trabajaba con este material, el amigo de una amiga sufrió un accidente y no sabían si iba a sobrevivir. Gracias a Dios sí lo logró. El punto es que un pastor vino a visitarlo al hospital y la esposa estaba como en una salita, y oyó que este pastor comenzó a citar el Salmo 23 y le dijo, «no, no diga eso», porque ella asocia el Salmo 23 con la muerte. Ella pensó que si el pastor citaba el Salmo 23, su esposo no sobreviviría.

En realidad, este salmo no es acerca de la muerte, sino acerca de la vida. Tiene mucho que decir acerca de la forma como vivimos en cada época de nuestras vidas. 

Este es un salmo escrito por David, el rey pastor. No sabemos cuándo lo escribió, a excepción de que fue en sus años postreros, como un hombre mayor. Algunos comentaristas piensan que pudo haber escrito durante el tiempo de la rebeldía de Absalón; cuando su hijo se rebeló en su contra y trató de tomar el control del reino, y David tuvo que huir de su casa. No sabemos esto como un hecho, pero independientemente de cuándo lo escribió, David había vivido muchas cosas a lo largo de su vida. 

Él había experimentado muchas bendiciones y muchas cosas duras, mucho dolor. En algún momento, como un hombre mayor, reflexionando en todo lo que había pasado, todo lo que Dios había hecho por él, y todo lo que Dios había sido para él –esta imagen de la relación que él había tenido con sus ovejas cuando era un joven pastor vino a su mente. Y él dice, «esta es una buena imagen de lo que Dios ha sido para mí, todos estos años». 

David sabía, habiendo sido pastor, cuánto las ovejas necesitan a su pastor. Él sabía cuánto necesitaba un pastor. Él sabía que no podemos pastorearnos a nosotros mismos. Las ovejas son muy tontas, indefensas, sin sentido de orientación para cuidarse solas. Él sabía que somos como esas ovejas. 

Ahora, el Salmo 23 cae en medio de tres salmos que son los que llamamos Salmos mesiánicos. Salmos que apuntan a Cristo el Mesías. Así que, en este salmo, así como en el Salmo 22 y 24, tenemos una imagen preciosa del Señor Jesús y una descripción de Su obra en nuestras vidas y nuestra relación con él. 

  • En el Salmo 22, vemos a Cristo como el Buen Pastor
  • En el Salmo 23, lo vemos como el Gran Pastor
  • En el Salmo 24, lo vemos como el Príncipe de los pastores

Estas son frases que están en el Nuevo Testamento y que encajan con esos salmos. 

  • En el Salmo 22, vemos la imagen de la cruz
  • En el Salmo 23, vemos la imagen de la vida cristiana cuando ya hemos llegado a la cruz.
  • En el Salmo 24, vemos la imagen de Cristo como conquistador absoluto sobre toda la creación y sobre toda la historia. 

En el Salmo 22, vemos la imagen de nuestra justificaciónpasada, donde fuimos liberadas de la paga del pecado. Esa es la imagen del salmo que habla sobre la cruz de Cristo –«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Y a través de la muerte de Cristo en la cruz, somos justificadas; hemos sido liberadas de la paga del pecado. 

En el Salmo 23, el que estudiaremos en estos días, vemos la imagen de nuestra santificaciónpresente mientras somos liberadas –tiempo presente– del poder del pecado, y cómo vivimos una vez que hemos venido a la fe en Cristo, de aquí hasta el momento de llegar al cielo. Es un periodo de tiempo que parece largo pero que en realidad no lo es a la luz de la eternidad. 

Después, en el Salmo 24, vemos la imagen de la futura glorificación, cuando seremos liberadas –gloria al Señor– de la presencia del pecado. 

Así que el Salmo 23 está justo en medio de estos dos salmos, es una imagen de la vida aquí y ahora, la vida real, los problemas reales y lo que Cristo es para nosotras como Pastor en este tiempo. 

Ahora, este es un salmo sumamente personal. Es el testimonio personal de David. «El Señor es mi pastor; nada me faltará» Describe quién es Dios para él y lo que Dios ha hecho por él. Es un salmo que habla de una relación. Es un salmo íntimo, una imagen de una relación rica e íntima con el pastor, de comunión, de unión y de comunicación entre el pastor y una de sus ovejas. 

En los primeros tres versículos, David habla acerca del Señor y es muy personal. «El Señor es mi pastor». Pero luego, en el versículo 4, se vuelve aún más personal. Empieza a hablar no solo acerca del Señor, sino al Señor: «Tú estás conmigo». 

Conocer y confiar en el corazón del pastor, tener esa relación personal con un Dios que se preocupa, hace toda la diferencia del mundo. Sin importar la etapa de la vida en que te encuentres, cambia completamente tu perspectiva del mundo. 

Déjame solo leer el salmo. Hoy solo quiero introducirlo, darte una breve visión general, y empezando mañana, vamos a ir frase por frase a través del salmo. 

Salmo 23: El Señor es mi pastor, nada me faltará.

En lugares de verdes pastos me hace descansar;

Junto a aguas de reposo me conduce.

Él restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de Su nombre (vv. 1-3). 

Por cierto, déjame decir que estos tres primeros versículos son muy importantes, porque si no has estado caminando con el Pastor en esas temporadas de la vida que describen estos tres versículos –donde Él te está llevando a aguas de reposo, a pastos verdes y a senderos de justicia– cuando llegues a las experiencias de la vida que describe el versículo 4, tendrás mucha mayor dificultad para experimentar y confiar en la realidad de Su presencia. 

¿Qué dice el versículo 4? «Aunque pase por el valle de sombra de muerte»— el valle de profunda oscuridad es la traducción literal ahí –«no temeré mal alguno». 

Más vale que conozcas a tu Pastor antes de llegar a ese punto. Y entonces, si lo has conocido en otras temporadas de tu vida, podrás decir como dice David aquí: «No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento».

Y después en los versículos 5 y 6, hay diferencias entre los comentaristas con respecto a que, si esto es una continuación de la imagen del pastor y sus ovejas o si es una imagen diferente, una metáfora de un amable anfitrión. Aunque en realidad creo que no importa porque ambas son preciosas para nosotras.

Dicen los versículos 5 y 6:

«Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; 

has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, 

y en la casa del SEÑOR moraré por largos días».

En este último versículo tenemos una esperanza futura, una esperanza a largo plazo. No solo promesas de Dios para hoy, ricas como son, sino una enorme y grandiosa esperanza para mañana y para el día siguiente y para todos los días futuros; una esperanza eterna, «y en la casa del SEÑOR moraré por largos días».

Al leer este salmo, en una primera lectura puedes ver que tenemos un pastor que está íntima y profundamente interesado en cada detalle de la vida de sus ovejas:

  • Él se interesa
  • Está involucrado
  • Está ahí
  • Está activo
  • Está trabajando en cada situación, en cada época de la vida
  • Está siempre pendiente de Sus ovejas. Nunca están lejos de su vigilancia y su cuidado. 

Esto nos habla a nosotras como hijas de Dios, como ovejas de Dios. Cada época de nuestras vidas está cubierta por este salmo. Desde la conversión, durante las altas y bajas de la vida, a través de tiempos de paz, tiempos de dificultades, en tiempos de prosperidad, en tiempos de adversidad, cuando estamos caminando cerca del Señor, así como cuando estamos lejos y nos hemos alejado de Su lado –este salmo nos cubre hasta la muerte y más allá, hasta la eternidad. 

Durante toda nuestras vidas, nuestras vidas aquí en la tierra y en la eternidad, nuestro Pastor siempre está ahí, siempre trabajando, siempre dirigiendo a Sus hijos, siempre atendiendo nuestras necesidades para nuestro bien y para Su gloria. 

Ahora, habiendo dicho esto, es un salmo con mucha realidad en él. No pasa por alto las cosas difíciles. En este salmo hay referencias a la oscuridad, la muerte, la maldad, los enemigos. Él reconoce la presencia de ellos. 

Mientras preparaba esta serie, fue interesante notar cuántos amigos que quiero han estado pasando a través de situaciones muy difíciles. Algunas sobre las que no tienen ningún control; enfermedad –valle de sombra de muerte. Algunos con asuntos bien grandes de pecado o problemas relacionales o problemas familiares. Y al mirar mi propia vida, yo misma he pasado por ese tipo de circunstancias y seguro vendrán más. 

Pero lo que me ha fortalecido y animado de este pasaje es que todo esto está bajo la bondad, la misericordia y el cuidado amoroso de nuestro Buen Pastor. 

Me he dado cuenta, durante los últimos tres meses, de lo que he meditado en este pasaje y lo he grabado en mi corazón, que Dios ha estado renovando mi mente. Ha profundizado mi confianza en Su soberanía, en Su sabiduría, en Su cuidado, Sus promesas, Su provisión, Su protección y Su presencia. Ha arraigado mi corazón más profundamente en quién es Él –en Su bondad y en Su amor. 

Está cambiando mi perspectiva sobre la vida. Está afectando la forma en que veo los problemas y las presiones. Está afectando la forma en que respondo a ellas. Eso no significa que nunca me frustro o me irrito, pero cada vez es menos porque tengo la perspectiva de quién es Dios, lo que está haciendo y que Él está involucrado. 

Hay algo del corazón y del carácter de Dios que se relaciona con cada una de las situaciones de la vida que tú y yo pudiéramos enfrentar. Veremos esto en este salmo. De hecho, creo que si de verdad entendiéramos estos seis versículos, veríamos un impacto monumental en la forma como vivimos.

Alguien me envió un correo electrónico y me preguntaba, «¿cómo meditas en la Escritura? ¿Me podrías dar algunas claves de cómo lo haces?»

Bueno, no tengo grandes perlas de sabiduría para compartir acerca de esto, pero te puedo compartir lo que he estado haciendo, y es el tomar una frase como: «El SEÑOR es mi pastor» y meditarla– pensar en ella, una y otra y otra vez en mi mente, en mis pensamientos, viéndola desde todo ángulo posible, poniendo énfasis en una palabra a la vez. 

De hecho, vamos a hacerlo con esta frase: «El SEŇOR es mi pastor». 

«El SEŇOR», empezamos con el gran nombre hebreo de Dios: Yahweh, Jehová. Los judíos vivían asombrados de este nombre –como deberíamos estar nosotras también. Y por cierto –tanto que en su caso ni siquiera lo decían en voz alta. Este es el Dios quien es el Creador, el origen, la causa de todas las cosas, el que habita la eternidad, el que reina sobre cielo y tierra. Ese Dios asombroso, infinito, todopoderoso, es Jehová mi Pastor. Tiene un interés personal en mí como Su oveja, ¿no es esto increíble? 

Pienso en Isaías 40. Hemos estudiado ese pasaje antes aquí en Aviva Nuestros Corazones. Es un pasaje que describe el asombroso poder de Dios. Lo muestra como inmenso, infinito, soberano, majestuoso y poderoso. Pero dice, acerca del mismo Dios, en Isaías 40 versículo 11: «Como pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas».

¿No te complace que el todopoderoso Creador y Dios del universo, tenga un corazón tan tierno? Es un Dios relacional que puede ser conocido, que te conoce, en quien puedes confiar, que se relaciona con sus criaturas. Él no solamente puso a girar este planeta y trajo el universo a existencia y los dejó solos para que siguieran funcionando sin Él. Él no solamente se involucra en el mundo como un todo, Él se involucra con nosotros. El Señor tiene esa ternura, ese corazón de pastor. 

Ahora, por supuesto, cuando leemos el Nuevo Testamento, descubrimos que este pasaje es acerca de Jehová, pero también acerca de Cristo. 

Jesús dijo en Juan 10: «Yo soy el buen pastor» (v. 14), que dicho sea de paso, los judíos que le estaban escuchando sabían que Él estaba reclamando ser Dios. «Yo soy el buen pastor». El Salmo 23 dice: «El SEŇOR es mi pastor» –el SEŇOR Jehová– y ahora Jesús dice: «Yo soy el Buen Pastor». Así que los judíos están entendiendo que Él está reclamando ser Dios. Bueno, Él es Dios. Él es el Buen Pastor. 

Este es un salmo acerca de Cristo. Él es el Buen Pastor que da Su vida por Sus ovejas; Él es el Gran Pastor; Él es el Príncipe de los pastores sobre Su iglesia. Él caminó por el valle de sombra de muerte. Él ha enfrentado a cada enemigo. Él enfrentó a Satanás en el desierto. Él conquistó el mal haciéndose pecado en la cruz. Este es un salmo sobre Cristo, el Buen Pastor. 

Ahora, la naturaleza humana, nuestra tendencia –la tuya y la mía– es buscar otras personas u otras cosas para que nos pastoreen. Pero David dice, «EL SEŇOR es mi pastor». Pero nosotras buscamos a otros para que provean para nosotras, para que nos protejan, para que suplan nuestras necesidades. Podemos ver el trabajo como el que provee para nuestras necesidades, pero ¿sabías que tu trabajo no es tu proveedor? El Señor es tu Pastor, el Señor es tu Proveedor. 

Quizás ves a tu esposo como tu pastor, si tienes uno, o si estás soltera, o quisieras tener un esposo para que sea tu pastor, tu protector, tu proveedor. La gente busca consejeros, terapeutas, pastores, líderes espirituales, amigos y hasta a nosotros mismos. Muy fácilmente buscamos a alguien, incluyéndonos a nosotras mismas, o algo, en lugar de buscar a Dios para que sea nuestro Pastor, antes que humillarnos y decir, «Señor, Tú eres mi Pastor».

No hay nada de malo con los amigos, los pastores, los líderes, el trabajo, los consejeros y las personas que nos ayudan y ministran en tiempos de necesidad, pero necesitamos reconocer que todos ellos son limitados. Porque también son ovejas que necesitan un pastor. Y tenemos que reconocer también que podrían guiarnos en una dirección equivocada. Pueden fallarnos, pueden ignorarnos. Si has puesto tus ojos en ellos para que sean tu pastor, ¿qué va a pasar? Vas a terminar muy desilusionada. Nada ni nadie puede tomar el lugar del Señor como tu Pastor. 

Y luego «El SEŇOR es mi pastor» -–tiempo presente. Él es tu Pastor ahora. En cualquier etapa, en cualquier situación que estés viviendo en este momento, Él es tu Pastor en tiempos de paz y de descanso; cuando camines a lo largo de esta vida, como vemos en este salmo, escogiendo diferentes caminos; cuando pasemos por el valle de sombra de muerte; cuando estemos rodeadas de enemigos. En cualquier etapa de la vida y así será cada día de tu vida y por la eternidad, Él te ha prometido Su presencia, Su protección, Su provisión, Su dirección, ser tu guardador, tu compañía…hoy.

Eso será cierto mañana y al siguiente día, y será cierto todos los días de tu vida hasta la eternidad. Él es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 

«El SEŇOR es mi pastor». Esto es más que teología. Quiero decir, es teología, pero es mucho más que un concepto abstracto. Él es mi Pastor. Habla de una relación personal, de cuidado y de atención. 

Y fíjate que no solo es nuestro Pastor, aunque es cierto: «pueblo suyo somos y ovejas de su prado» (Salmo 100:3) Pero Él es mi Pastor. Ahora, ¿quién puede decir eso? ¿Quién tiene el derecho de decir, el Señor es mi pastor? El Señor no es pastor de todos. ¿Cómo puedes saber si Él es tu pastor? 

Juan capítulo 10, nos dice dos formas de cómo lo podemos saber a ciencia cierta si él es mi Pastor. Jesús dice, «mis ovejas» – aquellas que pueden decir, «El SEŇOR es mi Pastor». «Mis ovejas oyen mi voz…y me siguen» (v. 27). «Ellas escuchan mi voz». ¿Escuchas hablar al Señor? ¿Reconoces Su voz? «Y ellas me siguen». ¿Sigues Su liderazgo? Si escuchas Su voz y lo sigues, entonces puedes decir, «El SEŇOR es mi Pastor».

Y déjame decirte que si el Señor no es tu Pastor, entonces este salmo no aplica para ti. Si el Señor no es tu Pastor, si no tienes una relación con Dios a través de Jesucristo, entonces:

  • No esperes guía a través de la vida
  • No esperes que tu alma sea restaurada cuando está cansada y abatida
  • Vas a tener temor del mal
  • No tendrás consuelo cuando pases por el valle de sombra de muerte.
  • No tendrás esperanza –ni para esta vida ni para la futura– si el Señor no es tu Pastor. 

Así que, este salmo es una invitación para recibir a Cristo como tu Pastor, si todavía no lo es. 

Ahora, si el Señor es tu Pastor, entonces:

  • Él conoce tu situación
  • Él conoce los retos que enfrentas
  • Él conoce a tu familia
  • Él conoce tu situación financiera
  • Él conoce tu situación de salud
  • Él conoce tus debilidades, los pecados que te asedian 

Él es el Pastor que necesitas. Es un Pastor hecho a la medida. Está atento a tu necesidad. Él te va a cuidar, va a proveer para lo que necesites, va a cuidarte de los enemigos, a disciplinarte cuando lo necesites, va a llevarte a los pastos que necesites en el tiempo apropiado. 

Él lo hará por ti. Él quiere hacerlo. Él puede hacerlo. Pero necesitas dejar que lo haga. Necesitas seguirlo y cuando lo sigas será evidencia que perteneces a Él. 

No trates de pastorearte tú misma, Él sabe lo que es mejor para ti. Y además, «El SEÑOR es mi Pastor». Como dijimos antes, eso implica que nosotras somos Sus ovejas. Cualquier cosa que leas acerca de las ovejas no va a ser muy alentador porque las ovejas son indefensas, son despistadas y se desorientan fácilmente –¡se parecen a mí! No tienen defensa, son dependientes, tontas, no son inteligentes. Necesitan un pastor. 

Y la Escritura dice en Isaías que «todos nosotros nos descarriamos como ovejas» (Isaías 53:6) Es lo que las ovejas hacen, tienden a divagar, a descarriarse. Esas somos nosotras. 

Así que, si el Señor es mi Pastor, eso es un recordatorio de que soy oveja. Ahora, no es un cumplido para nosotras. Aceptar este salmo es tomar una posición de humildad y decir, «está bien, no soy nada inteligente, no soy nada genial ni tengo dotes especiales. Necesito un pastor».

Y Él es el Buen Pastor. No es un asalariado. Él cuida de Sus ovejas. Nunca las va a abandonar. Y eso es bueno en dos sentidos. Es bueno en el sentido de Su corazón, Su motivación, Sus intenciones, porque Él desea lo mejor. Él es benevolente, bienhechor, es bueno en ese sentido. 

Pero también es bueno en cuanto a Su habilidad, Su capacidad. Él es un pastor capaz. Es capaz de pastorear a Sus ovejas. Él tiene todas las destrezas para pastorear a Sus ovejas.

Los egipcios despreciaban a las ovejas y a los pastores. En el libro de Génesis capitulo 46, vemos que cuando José estaba trayendo a su familia a vivir a Egipto, los egipcios despreciaban a los pastores (v. 34).

En las escrituras, Egipto es una imagen del mundo. ¿No es cierto que el mundo desprecia lo que Dios tiene en alta estima? El mundo rechaza a Cristo. Siempre lo ha hecho, siempre lo hará. Pero para nosotras que somos sus ovejas Él es precioso, de muy alta estima. 

«El SEÑOR es mi Pastor», significa que le pertenezco a Él, que escucho Su voz y lo sigo. Significa que soy Su oveja, que soy Su responsabilidad. Él me cuida. Es Su trabajo cuidarme. 

Si el Señor es tu Pastor, significa que le perteneces, que eres Su responsabilidad. Que en este día –en cualquier situación desesperada en la que pudieras estar– el Señor sea tu Pastor. Su trabajo es cuidarte, así que, permítele ser tu Pastor. 

Annamarie¿Es el Señor tu Pastor? Espero que lo que has escuchado de Nancy DeMoss Wolgemuth te anime a pasar tiempo descansando en Su presencia. Hoy escuchamos acerca de la primera frase del Salmo 23, y mañana continuaremos con la siguiente. 

«Nada me faltará». Esto suena muy bien, pero ¿es cierto—cuando tenemos deudas, pagos pendientes, responsabilidades que cubrir y problemas económicos? Mañana Nancy nos ayudará a profundizar en esto aquí en Aviva Nuestros Corazones. 

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Génesis capítulos 12 al 15.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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La amenaza de la teología liberal

Protestante Digital

La amenaza de la teología liberal

10 características del liberalismo teológico.

WILL GRAHAM

En los últimos dos siglos, la amenaza más grande contra el cristianismo bíblico no ha surgido desde las otras religiones mundiales más destacadas tales como el islam, el budismo, sino dentro de la misma Iglesia.

Es el peligro de la teología liberal, la cual, haciéndose pasar por cristiana, niega prácticamente todo lo que enseña la Palabra de Dios.

La teología liberal vació una gran parte de las iglesias protestantes de Europa a lo largo de los siglos XIX y XX y ahora está haciendo exactamente lo mismo en países como los Estados Unidos.

Si los pastores no estamos preparados ni arraigados en las grandes verdades de las Escrituras, estamos en peligro de permitir que esta teología pervierta y desvíe lo que el Señor está haciendo en nuestra generación, sobre todo en el mundo hispano.

Entonces, aquí hay 10 características de la teología liberal y de los teólogos liberales para que podamos entender mejor este peligro y cómo protegernos de él.

  1. La teología liberal no cree en la infalibilidad bíblica

El punto de partida para la teología liberal no es la voz del Señor tal cual se revela en las Escrituras, sino la razón humana. Por esta razón, los liberales sacrifican cualquier enseñanza que no cuadre con su forma de razonar.

Esta observación explica la razón por la que el alemán Rudolf Bultmann (1884-1976) propuso su método de ‘desmitologización’, mediante el cual negó todos los milagros registrados en la Biblia en el nombre de la racionalidad moderna.

En palabras de Bultmann, “No se puede utilizar la luz eléctrica y la radio, usar medicamentos y medios clínicos modernos en casos de enfermedad, y al mismo tiempo creer en el mundo de espíritus y de los milagros del Nuevo Testamento”.

Para el liberal, en primer lugar está la razón y luego la revelación de Dios. El evangélico, sin embargo, invierte este orden, es decir, primero la revelación, luego la razón.

  1. La teología liberal no hace hincapié en la doctrina

La teología liberal critica el uso de credos, confesiones de fe y catecismos, ya que dichos documentos dan por sentado la importancia de la doctrina. La meta del liberal es tener “una mente abierta” y por lo tanto ataca cualquier sistema que atenta contra su libertad intelectual.

Puesto que la verdad no se puede transmitir mediante palabras, el liberal razona que puede creer lo que bien le da la gana. La doctrina, dicen, es para los “fundamentalistas” o “los que pertenecen a la Edad de Piedra”.

A los liberales no les gustan para nada las declaraciones doctrinales empleadas en las Escrituras (1 Co. 15:3-5; 1 Tim. 3:16, etc.)

  1. La teología liberal se enfoca en la experiencia

Ya que la doctrina no importa, los liberales priorizan la “experiencia” de Dios. El padre de la teología liberal, Friedrich Schleiermacher (1768-1834), definió la teología como el sentimiento de nuestra “absoluta dependencia de Dios”.

A nivel práctico, quiere decir que en vez de empezar con la revelación de Dios según las Escrituras, Schleiermacher arrancó con la subjetividad de la experiencia humana.

Lo más importante en la teología entonces no es hablar sobre Dios sino más bien nuestra experiencia de Él (o de Ella).

El teólogo liberal alemán, Federico Schleiermacher.

Las consecuencias de tal sistema liberal fueron desastrosas. Schleiermacher negó prácticamente todas las doctrinas cardinales del cristianismo (la Trinidad, la doble naturaleza de Cristo, la obra expiatoria del Hijo de Dios, la condenación eterna para los impíos, etc.) y al fin y al cabo, convirtió la teología en antropología.

En vez de someter sus experiencias a las Escrituras, sujetó las Escrituras a su experiencia. Con razón algunos han llamado a Schleiermacher el ‘Judas Iscariote’ de los siglos XVIII y XIX.

  1. La teología liberal solo cree en un Dios de amor

El único atributo de Dios que los liberales mencionan desde el púlpito y en sus círculos académicos es el amor de Dios. No se habla sobre Su santidad, Su justicia y Su ira contra los impíos.

Han creado a otro dios conforme a su imagen y semejanza. Por esta razón los liberales nunca predican sobre el pecado ni el peligro de la condenación eterna.

Dicen que todos somos buenos. Todos somos hijos de Dios. Todos vamos al Cielo. ¿Por qué? Porque Dios es amor, amor, amor.

  1. La teología liberal no predica el evangelio apostólico

Si Dios es amor y todos vamos al Cielo, entonces ¿qué necesidad hay de predicar el evangelio? Según el liberal, el evangelio no tiene nada que ver con la vida eterna ni con el perdón de los pecados sino más bien con la liberación socio-política o el progreso económico.

Dios no está airado contra los pecadores; por lo tanto, el evangelio apostólico que se centra en la sangre del Cordero de Dios derramada para redimir y hacer propiciación por el pueblo de Dios es abiertamente negado (Ro. 3:24-26).

Este mensaje, según el liberalismo, es “arcaico” y ya pasado de moda. Dado el hecho de que no se predica el evangelio bíblico desde los púlpitos liberales, sus ministros se limitan a hablar sobre la ética y la moralidad.

“Hay que ser una buena persona”, “Hay que ayudar a los necesitados”, “Hay que ser amigo de todos”, “Hay que tolerarlo todo”. Es una teología humanista no fundamentada en la gracia salvadora del Dios trino.

  1. La teología liberal convierte a Jesús en un mero hombre

Los liberales no creen en la divinidad de Jesús. Argumentan que era un hombre inspirado e iluminado por Dios; pero de ninguna forma era Dios manifestado en carne (Jn. 1:14).

Consiguientemente, los liberales por un lado niegan que la crucifixión del Hijo de Dios fue una obra expiatoria en el sentido de que Cristo dio Su vida por nuestros pecados; y por el otro, niegan que Jesús resucitó literalmente al tercer día.

Según los teólogos liberales, Jesús resucitó en los corazones de los discípulos; pero no resucitó corporal ni históricamente.

Esto contradice expresamente la declaración apostólica: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Co. 15:14).

En cuanto al tema de la expiación, el liberalismo estipula que Jesús murió para darnos un ejemplo ético a seguir. No estaba efectuando la salvación de los escogidos del Padre en la cruz.

¿Por qué no? Porque era un mero hombre: nada más, nada menos.

El liberalismo niega que Cristo diese su vida en la cruz con el fin de hacer expiación por el pecado.

  1. La teología liberal promueve el movimiento ecuménico

En nuestros días muchos liberales están atacando a los evangélicos conservadores porque no se juntan con el movimiento ecuménico. El ecumenismo está centrado en la unidad eclesiástica a todo costo.

Para formar parte de la corriente, todo lo que hace falta es confesar algún tipo de “experiencia religiosa”.

No obstante, la fe evangélica —como explicó el amado príncipe de los predicadores Charles Spurgeon (1834-92)— cree en la unidad basada en la doctrina del Evangelio de Cristo.

Una unidad no fundamentada en la Palabra de Dios es falsa. “Unidad en el error…”, dijo el predicador inglés, “…es unidad en la perdición”.

El momento que alguien se adhiere al movimiento ecuménico, lo primero que tiene que hacer es olvidarse de todas sus convicciones bíblicas y prostituirse por amor a una unidad falsificada, anti-escritural, y no evangélica.

  1. La teología liberal elogia las demás religiones

Puesto que la base de la teología liberal es el ser humano juntamente con su razón, su experiencia y su afán por el ecumenismo, en las últimas décadas el liberalismo se ha abierto al diálogo interreligioso, alabando las virtudes de las religiones mundiales. ¡Incluso han llegado a participar en la adoración interreligiosa!

A principios del 2016 el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, y los líderes de las religiones musulmana, judía y budista, junto con representantes de diferentes confesiones cristianas, oraron por la paz en el mundo y la convivencia en un acto interreligioso en la Facultad de Teología de Valencia.

Dijo el cardenal, “Las religiones no dividen sino que unen y esta tarde lo hemos podido no solamente experimentar, sino gozar”. En cierto sentido, el cardenal lleva la razón.

Las religiones liberales centradas en la autonomía del hombre sí unen. Pero el evangelio de Jesucristo no trae paz, sino separación.

Proclama el Salvador: “No piensen que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa” (Mt. 10:34-36).

No puede haber paz verdadera entre la fe evangélica y la teología liberal.

  1. La teología liberal no cree en la exclusividad de salvación en Jesucristo

La razón teológica por la que los liberales se abren al movimiento ecuménico y a la adoración interreligiosa es porque ya no creen en la exclusividad de salvación en Jesucristo.

De acuerdo a su sistema filosófico, el apóstol Pedro se equivocó cuando predicó: “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12).

Si Dios es únicamente un Dios de amor, entonces la doctrina del castigo eterno necesariamente tiene que ser falsa.

Por consiguiente, los liberales —al no estar satisfechos con la impecable obra de Jesucristo realizada según el evangelio— van buscando cosas loables en las demás religiones que, en última instancia, esclavizan al ser humano.

Al no creer que solo Cristo salva, los teólogos liberales inventan su propia religión. En palabras de Pablo, “Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios” (Ro. 10:3).

La teología liberal cree que todas las religiones tienen acceso a lo divino.

Imagen de Helena Cuerva.

  1. La teología liberal no cree en nada ofensivo para el hombre natural

En sus exposiciones sobre el Sermón del monte, Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) tomó tiempo para instruir a su congregación en Londres sobre el peligro de los falsos profetas.

Basándose en Mateo 7:15 – “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”— el predicador destacó que la primera característica del falso ministro es que no tiene “puerta estrecha” en él.

Con esto quiso decir que en el teólogo liberal, no hay nada que ofenda al hombre natural. Es el tipo de mensajero que agrada a todos por ende todos hablan bien de él.

No tiene enemigos. Nadie le persigue por sus sermones. Sabe comportarse en cualquier contexto y “se hace todo a todos”. Es carismático, dinámico, popular, agradable a la vista y al oído.

En suma, “Muy consolador, muy tranquilizante; siempre es así el falso profeta, en su vestido de oveja; siempre inofensivo y agradable, siempre invariablemente atractivo”.

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

http://www.pastorwillgraham.com

¿La oración cambia las cosas?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿La oración cambia las cosas?

Fred Greco

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

El tema de la oración al principio le resulta fácil a todo nuevo creyente. Como un niño ante el Padre (Lc 18:17), al llegar a la fe en Cristo, nos damos cuenta, no solo de que tenemos necesidades, sino de que el Señor es el mejor y único proveedor de nuestras necesidades. Por esta razón, vamos rápida y voluntariamente al Señor en oración, presentando todas nuestras preocupaciones ante Él, sabiendo que Él se preocupa por nosotros (1 Pe 5:7).

Debemos orar en el nombre de Jesús, bajo Su autoridad y de acuerdo con la voluntad de Dios.

Pero luego algo le sucede a nuestra sencillez infantil, a medida que estudiamos más la Biblia. Llegamos a una mayor comprensión de la naturaleza de Dios: que Él lo sabe todo (Sal 145:17Jn 16:30) y que Su voluntad no puede ser frustrada por alguna criatura o circunstancia (Sal 46:10Pr 19:21). Estas verdades pueden afectar nuestra visión de la oración. ¿Por qué orar si, después de todo, Dios ya sabe lo que necesitamos? Jesús nos dice en el Sermón del Monte que Dios ya conoce nuestras oraciones incluso antes de que las pidamos (Mt 6:8) y que Él conoce tan bien nuestras circunstancias que incluso los cabellos de nuestras cabezas están contados (Mt 10:30). ¿Por qué orar si no hay ninguna diferencia fundamental, ya que, después de todo, Dios obra todas las cosas según el consejo de Su voluntad (Ef 1:11)?

Necesitamos pensar en la oración menos en términos de cómo obtenemos las cosas que necesitamos de Dios y más en términos de nuestra relación con Dios. Dicho sin rodeos, Dios no necesita la oración. Él no cuenta con nosotros para que le hagamos ver nuestras necesidades, y tampoco está esperando que le pidamos para Él actuar. No, Dios es Dios, y Él es el gobernador soberano del universo. Pero también es nuestro Dios, y ha entrado en una relación con Su pueblo, convirtiendo en hijo Suyo a cada persona que confía en Jesucristo. Dios ha dado la oración como un medio para que podamos acercarnos a Él, confiar en Él y comprender que Él nos ama y se preocupa por nosotros. Podríamos decirlo de esta manera: si la Biblia es la forma en que el Señor se comunica con nosotros, la oración es la forma en que nosotros nos comunicamos con Él. La comunicación es crítica para cualquier relación y esto es verdaderamente cierto en nuestra relación con Dios.

Dios también usa la oración para provocar cambios en nosotros. Debemos orar en el nombre de Jesús, bajo Su autoridad (Jn 14:13) y de acuerdo con la voluntad de Dios (1 Jn 5:14). Seguir este modelo bíblico de oración nos enseña a buscar la voluntad de Dios y a venir al Señor con el deseo de que nuestras vidas reflejen la gloria de Dios y la imagen de Jesucristo. Piensa en esto por un momento: ¿Qué tiene más significado eternamente: que nuestras circunstancias cambien o que seamos más como Jesús? Cuando miramos la oración bajo esta luz, vemos el verdadero poder de la oración. La oración es un medio de gracia que el Señor usa para moldearnos más y más a la imagen de Cristo (ver Rom 8:29).

Finalmente, la oración es también un medio que Dios usa para traer a cumplimiento Su voluntad, no porque Él dependa de la oración, sino porque ha elegido usar la oración para ese fin. Un ejemplo de esto en el Antiguo Testamento es el clamor de los israelitas en Egipto (Éx 2:23-25). El Señor ya había prometido liberar a Su pueblo de la esclavitud (Gén 15:13-14), ya había afirmado esa promesa en Su pacto, y aun así escogió usar las oraciones de Su pueblo para iniciar Su liberación. Recordemos esto cuando estemos desanimados o nos sintamos impotentes. Vayamos al Señor en oración y oremos para que Él cambie tanto nuestras circunstancias como a nosotros mismos.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Fred Greco
Fred Greco

El reverendo Fred Greco es pastor principal de Christ Church (PCA) en Katy, Texas.