Por qué Jesús no bajó de la cruz para evitar Su muerte | Matías Peletay

Por qué Jesús no bajó de la cruz para evitar Su muerte

De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de Él, decían: «A otros salvó; a Él mismo no puede salvarse. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él» (Mt 27:41-42).

Cuando Jesús estaba clavado en la cruz, en el momento de Su agonía, los principales sacerdotes y ancianos del pueblo le ofrecieron un trato tentador: si se bajaba de la cruz, es decir, si se liberaba de una manera milagrosa, ellos estarían dispuestos a creer que Él era el Cristo. La propuesta era atractiva, pues significaba evitar el dolor y conseguir que muchas personas creyeran en Él. Pero Jesús decidió quedarse en la cruz.

Para entender mejor esta oferta de último momento de parte de los líderes espirituales de Israel, podemos hacer un breve repaso de sus interacciones con Jesús.

Una generación incrédula
Los sacerdotes y líderes del pueblo se veían a sí mismos como los pastores del pueblo de la nación, eran los instructores que guiaban a los demás a través de sus enseñanzas. No estaban del todo equivocados. Pero el deseo de poder y la corrupción del corazón humano habían hecho que estos pastores se desviaran y desviaran al resto del pueblo con ellos. La corrupción de estos líderes espirituales se había acumulado por tanto tiempo que Dios había decidió arrebatarles su posición y pastorear Él mismo a Su rebaño (Ez 34:11-16). Dios mismo sería el pastor que los líderes debían ser, pero que no fueron.

Esta fue una de las promesas que Jesús, el buen pastor, vino a cumplir. Cuando comenzó a enseñar, los oyentes sabían que era distinto a los escribas, sacerdotes y demás líderes (Mr 1:22). Mientras más conocido era Jesús, más despertaba la envidia de los líderes espirituales de la nación. Luego del milagro tremendo de multiplicar los panes, unos fariseos se acercaron a Jesús para discutir con Él. Estos maestros de la ley exigían una señal del cielo (Mr 8:11-13). Actuaban como los jueces de la fe, como los únicos capaces de certificar si este hombre, que decía ser Dios, era realmente un enviado del cielo. Esta actitud arrogante les impedía ver las obras de Jesús a la luz del Antiguo Testamento, para entender que las promesas de Dios se estaban cumpliendo en Él.

Jesús se quedó en la cruz no por falta de poder, sino por el poder de Su amor

Cuando Jesús se dirigió a Jerusalén para llevar a cabo Su plan como el Mesías de Dios, Sus palabras expresaban claramente que este plan incluía ser rechazado por los sacerdotes y principales del pueblo (Mr 8:31-32). En la ciudad de Jerusalén, Jesús fue recibido por la multitud como el rey esperado, una aclamación popular que fácilmente podría haber aumentado el resentimiento de los líderes de la ciudad. ¡Cuánto más luego de que Jesús echó a los mercaderes del templo! El escándalo era público, la autoridad de los sacerdotes y escribas era desafiada y la figura de Jesús crecía.

Por eso los sacerdotes, escribas y ancianos le salieron al encuentro para demandar explicaciones: «¿Con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio autoridad para hacer esto?» (Mr 11:28). Pero Jesús no les respondió. La pregunta solo tenía el propósito de censurar, de castigar y prohibir que Él siguiera enseñando y modificando las costumbres. Los líderes no estaban dispuestos a aprender o a escuchar alguna explicación de parte de Jesús.

Las señales estaban a la vista: los ciegos veían, los cojos andaban, los muertos eran resucitados y el evangelio era anunciado a los pobres (Mt 11:5-6). Las promesas de Dios, escritas por los profetas, se estaban cumpliendo ante los ojos de los escribas y fariseos, pero su corrupción no les permitía verlas. Su deseo de mantener el poder y su orgullo les impedía reconocer las señales. Una generación perversa y adúltera que exigía señales, pero que no era capaz de entender los tiempos acordes a las Escrituras.

Tal era la ceguera de su pecado, que cuando este liderazgo finalmente logró llevar a Jesús a la cruz, seguía pidiéndole señales a este hombre moribundo. Claro que lo hacían para burlarse, como lo hacía el resto de las personas que pasaban por allí, pero aún así se atrevieron a asegurar que ellos estarían dispuestos a creer que Jesús era el Mesías, si demostraba una señal poderosa y se bajaba de la cruz. ¿Puedes imaginarlo? Jesús liberándose de los clavos ante la multitud, recomponiendo Su cuerpo maltratado y castigado hasta el cansancio y revirtiendo todo Su sufrimiento para bajarse sano y sin un rasguño. Esa sí que sería una señal tremenda a ojos humanos.

¿No era esa invitación de los líderes del pueblo una buena oportunidad para demostrar que Jesús era el verdadero Hijo de Dios? ¿No se hubieran convertido los líderes de la nación y tras ellos, el resto del pueblo? A muchos de nosotros nos gustaría pensar que sí, porque es el tipo de señal y manifestación que nos gusta buscar.

Nos puede ayudar recordar la conocida parábola de Lázaro y el hombre rico (Lc 16:19-31), donde Jesús contó que el personaje rico aseguraba que si alguien de entre los muertos se levantaba y anunciaba la verdad a sus familiares, entonces se arrepentirían y serían salvos. Parece lógico. ¿Quién no creería si ve a un muerto resucitar para transmitirle un mensaje? Pero la respuesta de Abraham en la parábola fue: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguien se levanta de entre los muertos» (v. 31). Si no creen por el testimonio de las Escrituras, la Palabra de Dios, no creerán, aunque se levanten los muertos delante de sus propios ojos. Otro Lázaro, el amigo de Jesús, fue resucitado ante la vista de muchos, pero no todos los testigos creyeron (Jn 11:45-46).

Jesús no se bajó de la cruz, sino que se quedó por amor hasta que Su obra fue consumada

Esto mismo podríamos decir de los principales sacerdotes y escribas que miraban a Cristo en la cruz. Aunque Jesús se hubiera bajado en una manifestación de poder ante sus ojos, sus corazones habrían seguido endurecidos. ¿Cuántos milagros había hecho Jesús antes y no fueron suficientes para sus pretensiones? Los mismos líderes lo reconocieron: «a otros salvó». Sabían muy bien que Jesús era capaz de hacer cosas extraordinarias, por eso se burlaban de Su condición dolorosa y aparentemente derrotada mientras estaba clavado en el madero.

Se quedó en la cruz
Por más tentadora que parecía la oferta en términos humanos, el plan eterno de Dios era diferente. Jesús es el cordero preparado desde antes de la fundación del mundo para pagar el precio de nuestro rescate (1 P 1:18-20). La muerte de Jesús era necesaria para nuestra salvación. La crucifixión parecía una escena de derrota, pero en realidad era el triunfo de Cristo sobre el pecado de Su pueblo. Jesús estaba destruyendo la condena que pendía sobre nuestras cabezas (Col 2:14) y, en Su mismo cuerpo, borró nuestra enemistad con Dios (Ef 2:16).

Quedarse en la cruz fue la verdadera victoria, la verdadera manifestación de poder. Para mentes humanas nubladas por el pecado, Jesús era un abatido, un pobre hombre derrotado e incapaz de evitar su muerte. Un herido por Dios. Pero nada estaba más lejos de la verdad, pues Él estaba llevando nuestras enfermedades y sufriendo nuestros dolores, para que todo aquel que cree en Él tenga vida eterna (Jn 3:16).

En nuestra mirada humana, limitada y egoísta, hubiéramos pensado que bajarse de la cruz podría haber sido la mejor opción. Una demostración tan potente y pública podría haber convencido a muchos. Pero Jesús, conociendo el plan eterno del Padre, puso Sus ojos en los frutos de Su aflicción (Heb 12:2). El amor a Su pueblo lo mantuvo en la cruz; miró al resultado y a los beneficiarios de Su muerte y, entonces, soportó las burlas, el desprecio y la muerte. Se quedó en la cruz no por falta de poder, sino por el poder de Su amor.

Al final, morir por amor era el paso previo y necesario para resucitar con poder, y de esa manera consumar la redención de los Suyos.

Nuestros ojos lo vieron
Ninguno de los testigos de Su muerte pudo discernir lo que realmente estaba sucediendo. Ni los burladores que pasaban, ni los sacerdotes y escribas que le injuriaban con arrogancia, ni Sus discípulos que huyeron, ni las mujeres que le lloraron. Fue la gloria del Cristo resucitado lo que convenció a Sus discípulos de su fe y lo que les permitió entender el verdadero sentido y significado de la cruz.

Creemos en Dios y hemos recibido Su perdón, porque Cristo no se bajó de la cruz, sino que se quedó allí por amor

Pero ¿cómo convencer a aquellos que no pueden ver con sus ojos físicos a Jesús resucitado? La respuesta está en lo que Abraham le dijo al hombre rico en la parábola que Jesús relató: «a Moisés y a los profetas tienen». El Espíritu de Dios nos muestra la gloria de Cristo en las Escrituras, en Moisés y en los profetas. Es imposible entender, ver y conocer el significado de la cruz fuera de las Escrituras y sin la ayuda del Espíritu Santo. Gracias a la iluminación del Espíritu, podemos entender cuál fue el poder que actuó en la resurrección y coronación de Jesús, y que ahora vive en nosotros si hemos aceptado la redención por la fe (Ef 1:18-19).

Al conmemorar el día de la muerte de Jesús, nosotros vemos mucho más que una cruz de dolor, como solo veían aquellos líderes espirituales de Israel. Nosotros vemos la gloria de Cristo, Su triunfo sobre el pecado y el precio de nuestro rescate.

Los sacerdotes y ancianos, ciegos en su arrogancia, se burlaron del Salvador en Su sufrimiento. Pero cuando escucharon la predicación del evangelio y el Espíritu actuó por la Palabra, muchos judíos fueron convencidos de sus pecados y respondieron con arrepentimiento y fe (Hch 2:37-39). Gracias a la predicación y al testimonio de la iglesia de Jerusalén, incluso muchos sacerdotes vinieron a la fe (Hch 6:7). Tal vez muchos de ellos habían contemplado a Cristo en la cruz y menearon la cabeza, algunos en forma de burla y otros con decepción. Tal vez se convirtió alguno de aquellos que gritaron con soberbia: «que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él».

Jesús no se bajó de la cruz, sino que se quedó por amor hasta que Su obra fue consumada (Jn 19:30), y por eso muchos sacerdotes después pudieron creer. De la misma manera nosotros creemos en Dios y hemos recibido Su perdón, porque Cristo no se bajó de la cruz, sino que se quedó allí por amor.

Matías Peletay sirve como editor en Coalición por el Evangelio. Vive en Cachi (Salta, Argentina) con su esposa Ivana y su hija Abigail, y juntos sirven como misioneros de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes escucharlo en el podcast Bosquejos y seguirlo en Twitter.

Amor hasta el extremo | John Piper

Al tratar de preparar mi corazón para encontrarme con Jesús de una manera especial el Domingo de Ramos, el Jueves Santo, el Viernes Santo y el Día de la Resurrección, una serie de imágenes han vuelto a mi mente una y otra vez. Permítanme intentar describirles la historia.

Un corderito nació blanco como la lana, con las patas flacas y la nariz húmeda, como todos los demás corderitos. Pero cuando el cordero se convirtió en una oveja, las otras ovejas empezaron a notar una diferencia. Esta oveja tenía un extraño bulto en la frente.

Al principio, pensaron que se había golpeado, pero el bulto nunca desapareció. En cambio, una gran almohadilla de lana blanca y profunda creció sobre el bulto y lo hizo muy suave y firme. El bulto podría haber dejado de llamar la atención si no fuera porque esta oveja empezó a utilizar el bulto de su cabeza de formas muy extrañas.

En primer lugar, el bulto parecía pesar sobre su cabeza, de modo que siempre parecía que se inclinaba y mostraba reverencia a algún rey invisible. Luego empezó a buscar a otras ovejas enfermas o heridas. Utilizaba el bulto firme y blando de su frente para ayudar a las débiles a ponerse en pie y para enjugar sus lágrimas.

Rebaños enteros de ovejas empezaron a seguirle, pero las cabras se reían de él. Las ovejas ya eran repugnantes, pero una oveja con un bulto extraño en la frente era más de lo que podían soportar. Lo acosaban todo el tiempo e inventaban chistes y burlas: “¿Cómo es que llevas esa cabeza colgando? ¿Y ese bulto de plomo?” Y les enfurecía que se alejara de ellos y siguiera haciendo tranquilamente sus obras de misericordia.

Así que un día las cabras lo rodearon y lo embistieron con sus cuernos hasta que murió, y lo dejaron solo en el campo. Pero mientras yacía allí, sucedió algo muy extraño. Empezó a crecer. La lana ensangrentada se desprendió y dejó ver un pelo liso y blanco como el de un caballo. La suave almohadilla de lana de color blanco intenso se desprendió de su frente y de ese bulto misericordioso creció un poderoso cuerno de acero carmesí que no se parecía a ningún otro cuerno que haya existido o que existirá.

Y entonces, como si fuera una orden, el enorme unicornio se puso en pie de un salto. Su lomo estaba a dos metros del suelo. Los músculos de sus hombros y cuello eran como el mármol. Los tendones de sus piernas eran como cables de hierro. Ya no tenía la cabeza inclinada, y cuando miraba a la derecha o a la izquierda, el cuerno carmesí cortaba el aire como un sable bañado en sangre.

Cuando las ovejas le vieron, se postraron y le adoraron. Él se inclinó y tocó a cada una en la frente con la punta de su cuerno, les susurró algo al oído y se alejó en el cielo. No se le ha vuelto a ver desde entonces.

Esa es la visión que tengo en mi mente al entrar en la Semana Santa. Es un retrato de Jesucristo pintado por Isaías bajo la inspiración de Dios y expuesto por Mateo 12:18-21.

Como toda buena obra de arte, este retrato tiene un propósito, hacer que pongamos nuestra esperanza en Jesucristo. Y estoy orando para que esto ocurra en tu vida, porque sé que todo lo demás en lo que pones tu esperanza te decepcionará al final. Pero si esperas en Jesucristo, él será honrado en tu vida, y nunca te arrepentirás.

John Piper
http://desiringgod.org
John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

¿Qué significa la Semana Santa?

La Semana Santa es la celebración anual de la resurrección de Cristo a la vida después de Su crucifixión y muerte. Este día también se llama Domingo de Resurrección. La palabra Semana Santa está relacionada con la palabra oriente (por sus siglas en inglés), que naturalmente nos indica la salida del sol, los nuevos días y los nuevos comienzos.

Para algunos, la Semana Santa carece de todo significado, salvo el secular. Para ellos, la Semana Santa es un momento para colorear huevos, esconderlos y hacer que los niños los busquen. Es el momento de declamar el mito del conejo de Pascua y de hacer alusión a sus continuas escapadas. Es el momento de regalar caramelos, sacar fotos y festejar en torno a la mesa familiar. Es un día para marcar el comienzo de la primavera y celebrar el rejuvenecimiento de la naturaleza y el reverdecer de la vegetación. Estas celebraciones de la Semana Santa, si no van más allá de esto, son una débil sombra del verdadero significado de la misma; son tan vacías como un huevo de plástico, tan huecas como un conejo de Pascua de chocolate.

La Semana Santa es una fiesta cristiana, y las celebraciones cristianas se centran en el verdadero significado de la Semana Santa: la resurrección de Jesucristo. Hace dos mil años, un hombre murió en una cruz, fue enterrado y tres días después resucitó. Esta realidad -que un hombre muerto volvió a la vida y vive para siempre- es la razón por la que celebramos la Semana Santa. El significado de la Semana Santa es que el Hijo de Dios pagó el precio de nuestros pecados y resucitó para reconciliarnos con Dios (ver Romanos 4:25).

La Semana Santa significa que nuestro mayor enemigo, la muerte, ha sido vencido. La Semana Santa significa que nuestros pecados han sido perdonados y que hemos sido reconciliados con Dios. La Semana Santa significa que Cristo es realmente el Rey y el Vencedor, sentado «sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra» (Efesios 1:21). El significado de la Semana Santa es que Jesús es el Señor de los nuevos comienzos, de los nuevos días y de las nuevas vidas.

La Semana Santa significa que el incomprensible y gran poder de Dios se manifestó plenamente en la tumba del jardín donde yacía Cristo. Ese mismo gran poder que resucitó a Cristo de entre los muertos actúa ahora en nosotros que creemos (Efesios 1:19). El significado de la Semana Santa es que Dios puede mover montañas, dividir mares, restaurar la vida y hacer rodar la piedra.

La Semana Santa significa que los pobres de espíritu poseerán el reino de los cielos, que los afligidos serán consolados, que los mansos heredarán la tierra, que los buscadores de la justicia serán saciados, que los misericordiosos encontrarán misericordia y que los puros de corazón verán a Dios (véase Mateo 5:3-8). El significado de la Semana Santa es que las promesas de Dios se hacen realidad en Cristo.

La Semana Santa significa que podemos anunciar la buena noticia a los pobres, la libertad a los presos y que los ciegos recuperen la vista. Podemos liberar a los oprimidos y anunciar el año de la buena voluntad del Señor (ver Lucas 4:18-19). El significado de la Semana Santa es que el evangelio -la proclamación de la emancipación de Dios- ha de ser anunciado por todas partes. Las buenas noticias hay que compartirlas.

La Semana Santa significa que el amor es más fuerte que la muerte. El amor es como «brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos» (Eclesiastés 8:6-7). Fue por amor que Dios entregó a Su único Hijo (Juan 3:16); fue por amor que Cristo murió en la cruz (Juan 15:13). Es por amor que el Señor resucitado intercede por Sus hijos (Romanos 8:34). La Semana Santa está llena de amor.

Después de todo, la Semana Santa significa que hay esperanza para nosotros. Como dijo Jesús: «porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14:19).

Artículo del ministerio GotQuestions.org

Aconsejando efectivamente a las ovejas | Luis Méndez

Aconsejar es el proceso por el cual buscamos la ayuda y dirección de Dios en una circunstancia particular. Más específicamente, la consejería bíblica provee esa ayuda primordialmente mediante el uso y aplicación de las Escrituras. Todo creyente es parte de un proceso de discipulado donde experimenta crecimiento en santificación progresiva. Pero la consejería es un proceso enfocado para tratar una necesidad particular. Algunos lo llaman un proceso de discipulado intensivo.

La fuente y el agente de la consejería
En Romanos 15, Pablo explica dos elementos clave del proceso de consejería. En el verso 4 el apóstol describe el primer elemento del proceso: la fuente. Él dice: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15:4). En otras palabras, el proceso de llevar esperanza a un alma necesitada dependerá esencialmente de ministrar las Escrituras. Esa es la fuente por la cual Dios da gozo, consuelo, fortaleza, y guía. ¡Esa distinción es importante! Aunque, como seres humanos, nuestras palabras pueden mostrar afecto y atención, la realidad es que el alma solamente podrá ser sanada y fortalecida si es expuesta a la Palabra de Dios. En adición a la fuente, Pablo también describe el segundo gran elemento del proceso: el agente de la consejería, que es el Espíritu Santo. En el verso 13 el apóstol declara: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Ro. 15:13). En otras palabras, el proceso de llevar esperanza a un alma necesitada dependerá de la intervención particular del poder del Espíritu Santo. Ese es el agente por el cual Dios aplica la Palabra al corazón. Entonces ahí está la combinación. Por un lado tenemos la Palabra inspirada y por el otro tenemos al Espíritu Santo. A manera de resumen, la consejería bíblica es:

El proceso por el cual un creyente (consejero) toma la Palabra de Dios,
la enseña de manera sistemática a otra persona en necesidad (el aconsejado),
y mediante oración se encomiendan a la obra del Espíritu Santo para encontrar la ayuda necesaria.
¡Hablamos, entonces, de teología aplicada! Dicho lo anterior, es obvio que el proceso de consejería bíblica comienza en Dios y termina en Dios. Nosotros somos instrumentos en las manos de un Dios redentor. ¡El que sana es el Señor! Nuestra labor es acercar a los necesitados a Jesús para que Él pueda sanarles Necesitamos humildad y fe para confiar en el poder de Dios, y necesitamos gracia para amar las almas necesitadas.

El proceso comienza en Dios y termina en Dios. Nosotros somos instrumentos en las manos de un Dios redentor. ¡Quien sana es Dios!

Siendo efectivos al aconsejar
A continuación veremos algunos consejos prácticos que nos ayudarán a realizar la consejería bíblica de una manera más efectiva y ordenada. 1. Comienza contigo mismo. Necesitamos ser gente que practica la piedad (1 Ti. 4:8). Si queremos ser usados por Dios, debemos cultivar el gozo de su presencia. Tenemos un llamado que demanda una vida de santidad. Debemos ser gente sensible a la voz del Espíritu para apartarnos del pecado y llenarnos de la Palabra para cultivar fe en sus promesas. Necesitamos la gracia de Dios que nos mantenga cerca de Él. No me refiero a ser completamente perfectos, sino a vivir buscando tener una limpia conciencia delante de Dios y de los hombres (1 Pe. 3:21). Esa santa dependencia en Dios nos hará hombres más sensibles a la hora de recibir sabiduría de Dios, para luego transferirla a otros. 2. Encuentra ayuda en la oración. Esto incluye un tiempo de oración individual y junto con el aconsejado. La oración nos hace conscientes de nuestra necesidad, y al mismo tiempo nos hace conscientes del poder de Dios. Es un simple reconocimiento de nuestra absoluta dependencia de Él. Muchas de las dificultades que enfrentamos en este mundo son parte de la lucha espiritual, y la oración es una de las armaduras que Dios ha provisto para combatir adecuadamente. Cuando el apóstol Pablo quiso ilustrar la necesidad de ser protegidos por el poder de Dios en medio de nuestras luchas, lo expresó así: “Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:19).

Muchas de las dificultades que enfrentamos en este mundo son parte de la lucha espiritual, y la oración es una de las armaduras que Dios ha provisto para combatir adecuadamente.

  1. La preparación es clave. Si la consejería se realiza de manera formal como parte del ministerio de la iglesia, será muy útil tener formularios de información que puedan ayudar a entender con antelación la necesidad del aconsejado. Esto ayudará también a disponer de recursos de lectura que puedan ser asignados esta persona. Si la consejería se realiza de manera informal, será recomendable disponer de un lugar apropiado que permita la suficiente privacidad. La idea es que dejemos en claro que se le ha dado la debida importancia a la necesidad del aconsejado, independiente del lugar donde la consejería suceda. 4. Concéntrate en entender el problema. Aprender a hacer buenas preguntas es una parte crucial del proceso de la consejería. Debemos entender la historia del aconsejado y procesarla juntos. Usualmente las preguntas que requieran una explicación extensa son las mejores. Por ejemplo: ¿Qué pasó? ¿Cuándo pasó? ¿Cómo pasó? ¿Por qué hiciste lo que hiciste? ¿Por qué piensas así? Más que ser muy técnicos, debemos orar por un deseo de conocer y ayudar al aconsejado. Aquí se demuestra nuestro sincero interés hacia él. Debemos escuchar y leer el lenguaje no verbal, los gestos y reacciones, pues esto nos ayudará grandemente a discernir la realidad del problema. Entender la problemática nos tomará tiempo, y muy probablemente serán necesarias varias sesiones de trabajo. Para resolver un problema debemos asegurarnos de entenderlo apropiadamente, de lo contrario corremos el riesgo de convertirnos en necios. Proverbios 18:13 advierte claramente: “El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza”. 5. Escudriña la Palabra. Aunque la consejería no debe ser mecánica, ayuda mucho estudiar previamente algunos pasajes específicos, sobre todo para la primera sesión, ya que en esta el aconsejado usualmente viene más desanimado y necesitado. Este material se convierte en una especie de devocional para llevar las almas necesitadas a Dios. Al fin de cuentas, lo que sana es la Palabra. Así que independientemente de cómo progrese la conversación con el aconsejado, siempre debe haber un momento para ministrar la Palabra. Este es el momento más importante. Es una contradicción cuando se habla de consejería bíblica y no hay espacio para ministrar la Palabra. ¡Tiene que haber un momento cuando callemos y demos paso a que Dios hable! Como consejeros debemos aplicarnos de manera intencional para conocer nuestra Biblia lo mejor que podamos. Ella es la principal herramienta y arma ofensiva que tenemos (Ef. 6:17), por lo que debemos ser gente que conoce, estudia, entiende, y aplica la Palabra (Jn. 5:39; 10:17, 2 Ti. 3:16).

Debemos aplicarnos de manera intencional para conocer nuestra Biblia lo mejor que podamos. Ella es la principal herramienta y arma ofensiva que tenemos, por lo que debemos ser gente que conoce, estudia, entiende, y aplica la Palabra.

  1. Provee esperanza. Al final del día, en medio de una dificultad, lo que nos sostendrá es el ver a Dios. Un escenario, sin importar la condición, no estará completo si no somos capaces de ver a Dios en él. La consejería tiene como propósito principal llevarnos a Dios, sea para confiarle nuestros momentos de aflicción o para temerle en momentos de desobediencia.

La consejería tiene como propósito principal llevarnos a Dios, sea para confiarle nuestros momentos de aflicción o para temerle en momentos de desobediencia.

Dios es nuestra porción, y nuestra alma no será sanada hasta que seamos acercados a Él. En los casos de aflicción, el consuelo no vendrá cuando se resuelva el problema, sino cuando seamos capaces de ver a Dios en medio del problema. En Lamentaciones 3 encontramos esa preciosa transición del desconsuelo a una esperanza viva. Luego de narrar uno de los cuadros más desconsoladores en la Biblia, encontramos esta declaración:

“Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! El Señor es mi porción —dice mi alma— por eso en El espero. Bueno es el Señor para los que en El esperan, para el alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor”, Lamentaciones 3:21-26.
En medio de nuestras angustias necesitamos acercarnos a Dios para alcanzar esa esperanza que da fuerza para seguir esperando en Él. 7. Dale seguimiento al aconsejado. Nuestro enfoque al aconsejar no son los efectos, sino las causas. Muy pocas veces un problema requerirá de una sola sesión. Debemos aprender a elaborar una agenda de trabajo de acuerdo a los problemas identificados. Las dificultades que confrontamos en la vida están intrínsecamente relacionadas con nuestro corazón. Lo que vemos usualmente son los efectos, pero la causa siempre es más profunda y está ligada a lo que amamos en el corazón. Nuestro Señor Jesucristo lo ilustró de esta manera:

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”, Mateo 7:21-23.
Nuestro enfoque al aconsejar no son los efectos, sino las causas.

  1. Asigna tareas. Una manera de llegar a la causa del problema es asignando tareas. Además de que esto ahorrar un tiempo significativo en la sesión, las tareas proveen un mecanismo extraordinario para que el aconsejado pueda profundizar en las verdades consideradas, y al mismo tiempo facilitan un mecanismo de seguimiento durante el proceso. Las asignaciones deben ser lo más específicas posible. Por ejemplo:

Escribe 20 cosas que aprendiste del devocional que hicimos hoy.
Dame 15 sugerencias prácticas de cómo piensas mostrar tu amor a tu cónyuge esta semana.
Lee un pasaje asignado tres veces durante la semana y trae diez observaciones sobre eso.
Para una pareja con problemas en la relación, quizá pueda ser útil guardar un diario que registre sus conflictos durante la semana, que incluya:

Cuándo sucedió el problema.
Qué pasó exactamente.
Dónde paso.
Cómo lo resolvieron.
Etc.

  1. Algunas precauciones necesarias. Siempre es necesario cultivar algunas medidas de precaución. Una de ellas llene que ver con la consejería a una persona del sexo opuesto. En el caso de un pastor, lo ideal sería que equipemos a nuestras hermanas más maduras en la fe para ejercer este rol. Cuando sea inevitable aconsejar una mujer, lo más sabio es incluir a tu esposa o alguna otra hermana de madurez espiritual, para evitar cualquier conexión emocional incorrecta. Por otro lado, recordemos que nuestro rol es llevar al aconsejado a Cristo. Él es el Gran Pastor. Debemos de tener cuidado de no cultivar en nuestros aconsejados un sentido de codependencia que haga difícil su crecimiento natural con Cristo. Nuestro principal rol es ayudarles a crecer, no establecer un control desmedido sobre ellos. Aunque el ámbito de la consejería bíblica demanda cada vez mayor entrenamiento y preparación, debemos entender que aconsejar es un deber que todo verdadero creyente debe ser capaz de ejercer. Todo discípulo de Cristo debe ser un discipulador, porque tiene la Palabra inspirada y también al Espíritu. En ese sentido, los líderes de las iglesias debemos de ser más intencionales, no solo en prepararnos mejor, sino también en equipar a otros en nuestras iglesias para que puedan cumplir la obra del ministerio (Ef. 4:12). Que el Dios de toda gracia nos conceda ser una generación donde, como parte del crecimiento natural que experimentamos como creyentes, su Palabra sea aplicada, su cruz exaltada, y su nombre glorificado.


Luis Méndez es pastor, sirve como consejero pastoral desde hace más de una década. Fue el director Pastoral del Ministerio Hispano de la iglesia Bethlehem, en Minnesota (Estados Unidos), hasta entrar al cuerpo pastoral de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, República Dominicana. Puedes encontrarlo en Twitter: @luisdvilma.

Ebook gratis: Tres días que cambiaron la historia | Sugel Michelén

Nota del editor: En Coalición por el Evangelio estamos felices de presentarte para descarga gratuita: TRES DÍAS QUE CAMBIARON LA HISTORIA, un ebook nuevo escrito por el pastor Sugel Michelén, ideal para leer en Semana Santa. Aquí tienes el pdf de este recurso: Haz clic para acceder a ebook-semana-santa.pdf. Oramos pueda ser de edificación para ti y te invitamos a compartir con otras personas.

En Coalición por el Evangelio estamos felices de presentarte para descarga gratuita Tres días que cambiaron la historia: Del huerto a la tumba vacía, un ebook nuevo escrito por el pastor Sugel Michelén, ideal para leer en Semana Santa. Aquí tienes el prefacio de este recurso, que oramos pueda ser de edificación para ti y te invitamos a compartir con otras personas.

En la mañana del 11 de enero del año 49 a. C., Julio César se encontraba con su ejército a orillas del río Rubicón, que señalaba el límite entre la Galia Cisalpina e Italia. Según la ley romana, si un general traspasaba ese límite con sus tropas armadas sería declarado enemigo público de la República. César estaba consciente de que cruzar el Rubicón con sus legiones sería interpretado como una declaración de guerra. 

Finalmente, y después de un momento de duda, César dijo a sus soldados: «Alea iacta est», frase en latín que significa «la suerte está echada». El paso del Rubicón provocó una guerra civil que duraría cuatro años y marcaría el final de la República romana para dar paso al imperio. Cuando César entró en Roma, se hizo declarar cónsul y dictador perpetuo. Con el paso del tiempo, «cruzar el Rubicón» vino a significar el hecho de tomar una decisión irrevocable de serias consecuencias.

Nos encontramos con el cruce del Rubicón en la vida de Jesús al llegar al capítulo 11 del Evangelio de Marcos. Por más de tres años, el Señor había estado enseñando la Palabra y haciendo milagros en Israel, pero ahora se encontraba en el principio del fin de Su ministerio terrenal. Su entrada a Jerusalén el llamado domingo de ramos habría de provocar una reacción en cadena —planeada desde la eternidad por el Dios soberano— que culminaría con Su muerte en la cruz del calvario, durante la fiesta de la Pascua.

De modo que, a diferencia de Cesar, el Señor no entró en Jerusalén como un dictador dispuesto a aplastar toda resistencia, sino como un Rey que asume la posición de un siervo para dar Su vida en rescate por muchos. No llegó a Jerusalén rodeado de ejércitos armados, sino montado en un pollino, acompañado de Sus discípulos y de una multitud que le aclamaba sin tener un entendimiento claro de la naturaleza de Su reino.

Esa cruz en la que murió nuestro Señor es el punto focal de toda la historia humana

César entró en Roma para gobernar el Imperio con mano de hierro; Cristo entró en Jerusalén para ser entregado a un procurador romano por los líderes religiosos de Su nación y ser condenado a muerte, durante una fiesta judía en la que miles de corderos eran sacrificados conforme a la ley mosaica. Todos esos corderos inmolados señalaban a ese gran sacrificio que habría de ocurrir ese próximo viernes, cuando el Señor Jesucristo fuera llevado a la cruz como el verdadero cordero pascual que quita el pecado del mundo. 

Esa cruz en la que murió nuestro Señor es el punto focal de toda la historia humana. La línea divisoria entre los que se salvan y los que se pierden; entre el cielo y el infierno. Por eso los evangelistas dedican tanto espacio a los eventos que ocurrieron en esa última semana. Mateo dedica un cuarto de su Evangelio a esa pequeña porción del ministerio terrenal de Jesús. Marcos le dedica un tercio; Lucas un quinto, y Juan la mitad de su Evangelio. Así de importante son estos últimos días. Si sumamos el contenido de los cuatro evangelios, hacen un total de ochenta y nueve capítulos, treinta de los cuales se enfocan en estos siete días. En otras palabras, más de un tercio de los cuatro evangelios está dedicado a narrar con lujo de detalle lo que sucedió durante la semana de la pasión.

En este libro digital que tienes en la mano, me propongo observar contigo tres de las escenas que nos ayudarán a entender la importancia y el significado de esa muerte, acompañada del evento más glorioso de la historia redentora: la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es mi anhelo y oración que el Señor use estas breves meditaciones para llevar a muchos a decir como Pablo, que «el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos murieron. Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Co 5:14-15).

​Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

Necesitas una iglesia presencial, no una virtual | Marcos Peña

Marcos Peña

Nota del editor: Este artículo es un resumen de las notas para este sermón predicado en la Iglesia Biblica del Señor Jesucristo (República Dominicana).

Debemos agradecer al Señor por permitirnos vivir en este tiempo de avances tecnológicos durante la pandemia, en el que las iglesias han podido mantener cierto tipo de contacto unos con otros y recibir la enseñanza de la Palabra en cualquier lugar donde se encuentren.

Sin embargo, algo tan bueno puede ser convertido en algo malo por nuestro pecado. En este caso, cuando queremos establecer una excepción como la regla. Me refiero al hecho de haber escuchado que algunos creyentes en diversos lugares se acostumbraron tanto a los cultos virtuales, que ahora no solo no añoran las reuniones presenciales, sino que sueñan con que la iglesia siempre sea virtual por las “comodidades” que esto brinda.

¿Por qué decimos que esto es malo? Porque la propia naturaleza de la iglesia implica reuniones e interacción presencial entre sus miembros.

Miembros de un cuerpo

La Biblia usa diferentes metáforas para referirse a la iglesia, y una de las más usadas es la de un cuerpo cuya cabeza es el Señor Jesucristo (1 Co 12:12-27; Ro 12:4-5). De hecho, el apóstol Pablo usó en sus cartas la palabra “cuerpo” más de 30 veces para ilustrar a la iglesia funcionando.

¿Qué enfatiza esta metáfora? Enfatiza que, aunque los creyentes somos muchos miembros diferentes y con diversas funciones, pertenecemos a una unidad como cuerpo.  De hecho, una unidad que carece de diversidad no será capaz de funcionar como un cuerpo orgánico (1 Co 12:19). Por tanto, tenemos la responsabilidad de usar nuestros dones sin importar que tan insignificantes puedan parecernos. Dios espera de cada miembro la misma fidelidad y rendimiento.

Aunque los creyentes somos muchos miembros diferentes y con diversas funciones, pertenecemos a una unidad como cuerpo

 Al mismo tiempo, como miembros del cuerpo no somos independientes. Dependemos de la cabeza, quien es Cristo. Él es soberano y propietario de la iglesia. Él provee al cuerpo de todo lo necesario para subsistir (Col 2:19; Ef 4:15). Es en virtud de nuestra unión con Cristo que podemos crecer como cuerpo. Él es quien brinda simetría y dirección al cuerpo, capacitándolo para servirle y que le seamos útiles.

Pero no solo dependemos de Cristo. También dependemos de los demás miembros del cuerpo, pues tenemos con ellos una interrelación vital (1 Co 12:21). Cuando cada miembro de la iglesia emplea bien los dones que el Señor le ha dado, la iglesia funciona eficazmente para el bien de todos (Ef 4:15-16). Así que la interacción entre las partes del cuerpo es indispensable. La iglesia, como el cuerpo humano, es una unidad viva. Es un organismo y el bienestar o malestar de sus miembros afecta al todo (1 Co 12:26).

Por lo tanto, no tenemos la más mínima probabilidad de sobrevivir separados de la cabeza y de los demás miembros. Necesitamos desarrollar comunión con Cristo, y esto puede ser obvio para muchos. Pero de igual modo necesitamos desarrollar nuestra comunión con los hermanos. Es a través de ellos que Cristo suplirá lo que nos falta.

Nos necesitamos unos a otros

El deseo de independencia en los miembros es dañino, pues es contrario al verdadero cristiano. Lamentablemente, es fácil ser muy independientes cuando solo nos relacionamos virtualmente con los demás.

Así como cada uno de nosotros necesita de los demás miembros, los demás miembros también necesitan de nosotros. Es nuestra responsabilidad cumplir nuestra función en el cuerpo. Debemos estar comprometidos con el buen funcionamiento de toda la iglesia, ya que cuando nos negamos a ser parte de la vida de la iglesia, la estamos privando de aquello que Dios quiso darle a través de nosotros (1 Co 12:7).

La idea que el Señor tiene de su iglesia requiere la interacción y presencia física de sus miembros

 

Tristemente, el egocentrismo de nuestra época hace que muchos se acerquen a la iglesia como se acercan a un buffet: eligen lo que les gusta y desechan todo lo demás. Este egocentrismo lleva al hombre posmoderno a un fuerte individualismo, por lo que el concepto de ser parte de una comunidad (con todo lo que eso conlleva) es difícil de aceptar. Es la misma razón que lleva a una pareja a vivir juntos sin casarse, pues así ambos reciben los beneficios sin ningún tipo de compromiso.

Queremos escuchar buena predicación de la Palabra, participar del compañerismo de algunos y disfrutar las alabanzas de la iglesia (si ellas nos gustan, pues de lo contrario escuchamos solo el sermón). Todo ello sin comprometernos como miembros.

La visión de la Escritura es otra: cada creyente guarda una relación íntima con Cristo y los demás creyentes. Por eso se nos ordena amarnos unos a otros (Ro 12:10), edificarnos unos a otros (1 Ts 5:11), animarnos unos a otros (1 Tes 5:11), tener preferencia los unos por los otros (Ro 12:10), aceptarnos unos a otros (Ro 15:7), amonestarnos unos a otros (Ro 15:14), saludarnos unos a otros (Ro 16:16), servirnos unos a otros (Gá 5:13), sobrellevar las cargas los unos con los otros (Gá 6:2), y soportarnos unos a otros (Ef 4:21).

¿Se puede hacer todo eso efectivamente de manera virtual?

Es cierto que ningún creyente está obligado a ser miembro de una iglesia local en particular, pero todo creyente debe ser parte de un cuerpo local. Si su conciencia no le permite delante de Dios ser parte de un cuerpo específico, tiene la libertad y el deber de buscar a cuál cuerpo local quiere pertenecer. Lo que no es correcto es pretender ser miembro de un cuerpo y comportarse como si no perteneciera a él.

Lo virtual no se compara a lo presencial

Gracias a la tecnología, muchas iglesias han estado celebrando sus servicios por Internet, de manera virtual. Aunque esto puede ayudarnos en este tiempo, nunca podrá compararse a las reuniones presenciales. La idea que el Señor tiene de su iglesia requiere la interacción y presencia física de sus miembros, y muchos de los mandamientos “unos a otros” asumen el roce presencial de los hermanos y son difíciles de cumplir virtualmente.

Soñar con una iglesia virtual es fallar en entender la naturaleza de la iglesia

 Además, lo virtual tiene complicaciones. Es más fácil distraernos con llamadas o mensajes, o poner el sermón en pausa para hacer otra cosa. Estamos acostumbrados a ver todo tipo de cosas por Internet solo para entretenernos. Corremos el peligro de olvidar qué significa reunirnos como pueblo para escuchar la voz de Dios a través de la predicación.

Soñar con una iglesia virtual es fallar en entender la naturaleza de la iglesia y lo que dice Hebreos 10:24-25: “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros , y mucho más al ver que el día se acerca”.

Las Escrituras ordenan a cada creyente a que se involucre profundamente en la vida de los demás. Si no consideramos o planeamos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, y hacerlo de todo corazón, entonces estamos desobedeciendo al Señor. Necesitamos a los demás para crecer como Dios espera y para vencer el pecado, y es muy difícil hacer esto virtualmente.

Aprecia la reunión presencial de tu iglesia

Sabemos que hay hermanos con condiciones particulares de fragilidad (ancianos o con condiciones médicas previas) que los lleva a ser prudentes y no exponerse mientras exista, temporalmente, un serio riesgo de contagio. Sin embargo, es lamentable oír de algunos creyentes que van a sus trabajos, al supermercado, o salen de sus casas para hacer diligencias, pero dicen no asistir a la iglesia por la pandemia. Ese cuidado selectivo puede denotar una condición peligrosa del corazón.

Hay hermanos en diferentes partes del mundo que se reúnen clandestinamente sabiendo que ponen en juego sus vidas, mientras muchos de los que viven en países donde hay libertad de culto escogen las reuniones virtuales. Y conocemos a hermanos y familias que cada domingo manejan una hora o más con tal de congregarse en una buena iglesia, en lugar de conformarse con ver los cultos por Internet.

Menospreciar la importancia de ser dependiente de una iglesia local no está en armonía con la mente y el corazón de Dios

 

Así que una cosa es reunirnos virtualmente por razones de salud, y otra muy diferente por comodidad. Menospreciar la importancia de ser dependiente de una iglesia local no está en armonía con la mente y el corazón de Dios. Es por eso que me encantó una carta que el pastor Gerson Morey envió a su iglesia, donde decía:

“Extraño los abrazos, los saludos, las conversaciones, las bromas, y todo lo que hacemos juntos. Es lo que el salmista describía: ‘Habitar los hermanos juntos en armonía’ (Sal 133:1). Ese día será hermoso, como cada domingo o cada vez que nos reunimos…

Las llamadas, los mensajes de texto, los saludos por las redes, y las reuniones por Google Hangouts son una gran herramienta; pero nunca reemplazarán los saludos, los abrazos, el café, el gozo y la emoción que experimentamos al estar presentes.

Hablar en persona con los hermanos es un suceso sin comparación. Esa sensación de pertenencia, de bienestar, de comodidad que se siente cuando estamos juntos son privilegios de los que la tecnología no dispone. Los abrazos son experiencias extrañas para nuestros teléfonos. El toque personal y la mirada a los ojos son eventos únicos e irremplazables”.

Somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. Por lo tanto, vivamos de acuerdo a esta verdad. Solo así la iglesia de Cristo crecerá saludablemente.

Marcos Peña ha sido parte del liderazgo de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, desde sus inicios. Tiene estudios teológicos formales del Instituto Bíblico Quisqueyano, y ha dado clases de Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos. Actualmente sirve como líder del grupo de jóvenes en su iglesia, es maestro de Escuela Dominical y predicador. Está casado con Carmen Julia Linares, y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

El juicio de Jehová | Josías Grauman

SHEPHERD’S CONFERENCE 2023 | SESIÓN 3 
Predicador: Josías Grauman 
Tema: El juicio de Jehová
Texto: Sofonías 1–3 

Resumen del mensaje:

El libro de Sofonías nos ayuda a comprender la idea de un juicio global. Revela la gloria del odio de Dios hacia el pecado y la maravilla de su ira y justicia.

En el pasado, Dios ha juzgado al mundo entero con agua. Jehová sigue siendo un guerrero, y aunque «puso su arco los cielos» después del diluvio, nunca renunció a su espada. Viene el día en que Jehová traerá su juicio sobre el mundo, y esta vez, lo hará de cerca.

Un remanente es un pequeño grupo que permanece. Noé permaneció después de la destrucción del diluvio, y un remanente será salvado del día del juicio de Jehová. El remanente se compone de aquellos que permanezcan después del día en que el Señor finalmente limpie su creación. 

La necesidad de salvación

La humanidad es tan malvada que Dios promete aniquilarla por completo. El pecado del hombre trae destrucción, y debido al pecado, Dios promete borrar la creación—acabar con todo y con todos.

Las primeras personas a las que Jehová se dirige en juicio son su propio pueblo, aquellos que confiesan su nombre. Los más responsables son los que tienen la verdad de la palabra de Dios. De todas las personas en la historia, nosotros somos los más responsables. Tenemos a Jesús, y tenemos la plenitud de la palabra de Dios. Si lo rechazamos, nos enfrentaremos a la terrible realidad de caer en las manos del Dios vivo, quien es un fuego consumidor.

Si tu dios es únicamente amor, no es YHWH. Si predicas a un dios que es todo amor y nada de ira, no estás predicando al Dios de la Biblia. YHWH es un Dios celoso y un día desatará toda la furia de su ira. En ese día, nadie quedará en pie, el mundo entero tendrá que rendir cuentas. Necesitamos vivir diariamente a la luz de aquel día: Odiando nuestro pecado. Matando nuestro pecado por cualquier medio necesario. Huyendo de ese juicio.

El llamado a la salvación

No puedes evitar que llegue este día de juicio, pero puedes hacer algo antes de que llegue. ¡Huye de la ira de YHWH! Pero, ¿a dónde podemos huir? ¿Quién puede proporcionarnos refugio de la ira del Omnipotente? Dios no nos ha dejado otra opción que Él mismo. Para huir de Jehová, debemos huir a Jehová. Sólo el poder omnipotente del Hijo podría soportar la ira omnipotente del Padre en nuestro favor.

No huyas de Dios, búscalo. Entrégale toda tu lealtad.  

Si conoces el fin de cada incrédulo, responderás con compasión, no con ira, cuando te agravian. Saber que cada incrédulo que nos lastima enfrentará la ira del Señor nos libera de la necesidad de venganza. Nos hace unirnos a YHWH para llamar a los pecadores al arrepentimiento. Les suplicamos: «Reconcíliate con Dios».

La promesa de salvación

Dios promete regenerar a su remanente. Su ira viene para todos los pecadores, pero su remanente ya no será pecador después de que Él los limpie y purifique. Los que permanecen y son salvos de la ira de Dios son aquellos a quien Él escogió para nacer de nuevo y ser hechos nuevos.  

YHWH promete salvar a personas aun desde los confines de la tierra. Esta es una regeneración futura de todas las cosas, cuando Jesús se siente en su trono en la nueva creación. Nuestra regeneración actual nos está preparando para la gloriosa regeneración de todas las cosas en la era venidera. En aquel día, Dios nos mirará y no encontrará reproche. Estaremos delante del Padre y no tendremos nada que esconder. Esto es purificación absoluta.

En Cristo, eres es soberanamente parte del remanente porque Dios te ha llamado a serlo. Somos un remanente escogido por gracia. No solo somos justificados y perdonados, sino totalmente glorificados. El pueblo de Dios llegará a ser como su Hijo, y en ese día, le adoraremos perfectamente.  

En conjunto, todo el remanente irradiará la gloria y hermosura de Cristo por todo el mundo. Ningún prisionero, ningún cojo, ningún soldado desterrado será dejado atrás—YHWH traerá a todos sus hijos a casa.

El Evangelio de YHWH no es sólo ser un remanente librado de su ira, es permanecer para ser el objeto de su amor eterno. El Evangelio es que este Juez perfecto y justo nos declara justos para poder adoptarnos en su familia, darnos la misma herencia que a su eterno Hijo, celebrarnos, cantar sobre nosotros, obrar sus perfecciones en nosotros y disfrutarnos por toda la eternidad. Tan cierto como que viene el día de la ira de Jehová contra el pecado, viene el día en el que YHWH cantará sobre su remanente. Vivamos hoy a la luz de ese día. 

Josías Grauman

Josías Grauman es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

No dejes que tu mente se pierda | PorJohn Piper

La marihuana es usualmente usada como una droga que altera el humor y la mente, cuyo propósito es crear un tipo de euforia. Los efectos varían ampliamente de persona a persona. Lo único que debes hacer es buscar en Internet: “¿Cómo se siente la marihuana?”. Las personas no la fuman para ponerse tristes. Produce un estado temporal que se siente mejor que la vida real. Es por eso que se llama “estimulante” y no depresora.

La primera comparación que uno se inclinaría a hacer es con la cafeína. La mayoría de las personas toman café porque la cafeína tiene un efecto placentero. Sin embargo, hay una diferencia. La marihuana altera temporalmente el procesamiento confiable de la realidad que nos rodea. La cafeína generalmente agudiza ese procesamiento.

La mayoría de los bebedores de cafeína esperan mantenerse despiertos, hacer su trabajo de forma más confiable y conducir con mayor seguridad. Seguramente, es posible abusar de la cafeína, pero, como un estimulante natural, se utiliza más comúnmente en un esfuerzo para interactuar responsablemente con la realidad, y no como un escape de la misma.

Aún aquellos que abogan por la legalización de la marihuana aceptan los descubrimientos de las investigaciones sobre las alteraciones en el funcionamiento que provoca. Un sitio como estos, reconoce:

“Los efectos a corto plazo de la marihuana incluyen cambios inmediatos y temporales en los pensamientos, percepciones y procesamiento de información. El proceso cognitivo que se ve claramente afectado por la marihuana es la memoria a corto plazo. En estudios de laboratorio, los sujetos bajo la influencia de la marihuana no tienen problemas en recordar cosas que aprendieron previamente. Sin embargo, muestran capacidad reducida para aprender y traer a memoria nueva información. Esta reducción solo se extiende durante la intoxicación. No hay evidencia verídica de que el uso a largo plazo de la marihuana altere la memoria u otras funciones cognitivas”.

Otros estudios sugieren que el efecto en la función disminuída del cerebro dura más, especialmente en los adolescentes.

En consecuencia, a diferencia de la cafeína, la marihuana no es considerada como una droga que te permite ser un padre más alerta, o una madre más consciente, o un empleado más competente. En su lugar, para la mayoría de los usuarios, es un escape recreacional que produce reducción en la precisión de observación, memoria y razonamiento. Y, puede tener efectos negativos duraderos en la habilidad de la mente para cumplir el propósito para lo que Dios la creó.

Tu cuerpo no es tuyo

En vista de esto, hay al menos dos verdades bíblicas que nos guiarían lejos del uso recreacional de la marihuana. La primera es que, para el cristiano, el cuerpo es templo del Espíritu Santo. Esa simple enseñanza, en contexto, debería tener un efecto enorme.

¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el que tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1Co 6:19-20)

Cuando mi madre me dijo que no fumara, por ejemplo, o que no tuviera sexo antes del matrimonio porque mi cuerpo era templo del Espíritu Santo, entendi. Eso tenía sentido. Era una barrera inamovible entre la autodestrucción y yo. Mi cuerpo le pertenecía a Dios. No era para mi uso recreacional en cualquier forma que se me ocurriera. Era para Su gloria.

Si yo estuviera criando niños nuevamente hoy en día, diría: “Tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo. No eres dueño de tí mismo. Fuiste salvado por la sangre de Jesús. Pregúntate, ¿hace esto que Jesús se vea como el tesoro que es?”. Yo me preguntaría eso acerca de fumar, alcoholizarse, utilizar la marihuana de forma recreacional, ser sedentariamente perezoso, ser comilón, mirar la televisión de forma banal, y muchas otras cosas.

Y agregaría: “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1Co 6:13). Mantenlo limpio y listo para su uso. No inutilices las capacidades de ver claramente, de observar con precisión, de pensar correctamente, y de pensar útilmente que el Señor te ha dado. Yo me preguntaría: “¿Puedes encomendar a Cristo verdaderamente a tus amigos durante un momento de estimulación de marihuana?”.

Tu mente es invaluable

La segunda verdad bíblica que nos alejaría del uso recreacional de la marihuana es que Dios nos dió mentes y corazones para conocerlo, amarlo y discernir Su voluntad. “Sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros” (1Co 14:20). No te transformes en un pecador experimentado en aprender los disparates del pecado. Ten el deseo de ser un bebé inexperimentado cuando se trate de compartir drogas inhibidoras de la mente. Ten la mente clara sin importar nada más. Deja que la manada se vaya en estampida por el acantilado sin tí en ella. Usa tu mente para advertirles, no para unirteles.

En cuanto al embriagamiento (porque una estimulación de marihuana es una forma de embriagamiento), la Biblia dice que “al final como serpiente muerde, y como víbora pica. Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón proferirá perversidades” (Pro 23:32-33). En otras palabras, aleja de la sobriedad mental y autocontrol esenciales al usar la mente para la gloria de Dios.

¿Qué hay del uso medicinal?

Pero habiendo dicho eso, dudo que debamos oponernos al uso médico regulado de la marihuana, controlado por la revisión y prescripción apropiada de un médico. Muchas drogas se venden por prescripción porque, si fueran abusadas, serían mucho más destructivas que la marihuana. Tengo un amigo que compartió conmigo muy sobriamente que su hijo tenía una lesión de por vida, y que el único alivio que podía tener era de una pequeña dosis de marihuana.

Pero el punto aquí es principalmente decir que aquellos que viven para Cristo querrán alejarse de la marihuana y otras drogas destructivas que alteran el humor, y vivir en torno a la vista y pensamiento claros para la gloria de Dios.

Este artículo se publicó originalmente en Desiring God.

John Piper
http://desiringgod.org
John Piper es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

Los hechos del Espíritu y de los apóstoles | Por Burk Parsons 

Nota del editor:Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Hechos de los Apóstoles

Tal vez te sorprenda escuchar que Saint Andrew’s, la iglesia en la que el Dr. Sproul y yo servimos como pastores, tiene muchos miembros que han salido de iglesias pentecostales y carismáticas. Cuando se unen a nuestra congregación, los insto a no dejar atrás al Espíritu Santo. Pareciera que los creyentes de algunas iglesias presbiterianas y reformadas tienden a olvidarse de la persona y el poder del Espíritu Santo. Aunque no ha sido así a lo largo de la historia ni debería serlo desde el punto de vista doctrinal, tristemente a menudo parece que es así.

A veces, cuando algunos cristianos abrazan la doctrina de la soberanía de Dios y el modo pactual en que el Señor opera en la historia de la redención, pierden de vista la hermosa doctrina bíblica de la persona y la obra del Espíritu en y por medio de Su pueblo. Así, su teología, evangelismo, oraciones y adoración terminan sufriendo. Aunque conocen y pueden defender correctamente la doctrina de la causalidad primaria (Dios es la causa primaria de todo lo que acontece), parecen olvidar la doctrina de la causalidad secundaria (Dios ordena providencialmente que todo acontezca según la naturaleza de las causas secundarias en y por medio de Su creación y Sus criaturas). Sabemos que Dios es soberano sobre todo y que ha ordenado los fines, pero a menudo olvidamos que también ha ordenado los medios para alcanzar esos fines (Hch 2:23). Si bien es cierto que Dios conoce el fin desde el principio, también orquesta todo de forma sabia y providencial desde el principio hasta el final, tanto en la iglesia como en el mundo, tanto en el plano natural como en el plano sobrenatural. El Espíritu Santo inculca poder, equipa e infunde valentía en las personas en las que mora para que oren, prediquen, evangelicen, discipulen e incluso mueran.

Cuando abordamos la gran historia de la iglesia en el libro de los Hechos, suele surgir esta pregunta: ¿debemos llamar a este libro Hechos de los apóstoles o Hechos del Espíritu Santo? Bien podríamos darle ambos nombres. El relato de Lucas, al igual que todas las narraciones históricas que se han escrito (explícita o implícitamente), nos muestra la majestad soberana de la actividad redentora y misionera que nuestro Dios triuno lleva a cabo en el mundo en y por medio de vasos débiles y rotos como nosotros, quienes, por Su gracia, no podemos ni queremos dejar atrás al Espíritu Santo, que va delante de nosotros y mora en nosotros.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ministerios Ligonier, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino. Encuéntralo en Twitter @BurkParsons.

La imposición de las manos | David Mathis

¿Qué enseña la Biblia acerca de “la imposición de manos”, y cómo debería funcionar este antiguo ritual, o no, en la iglesia de hoy?

Al igual que la unción con aceite, mucha confusión a menudo rodea estos signos externos que el Nuevo Testamento tiene muy poco (pero algo) que decir.

Al igual que el ayuno, la imposición de manos y la unción con aceite van de la mano con la oración. Debido a la forma en que Dios creó el mundo y conectó nuestros propios corazones, en ciertas ocasiones especiales buscamos algo tangible, físico, y visible para complementar o servir como señal de lo que está sucediendo de manera invisible, y de lo que estamos capturando con palabras invisibles.

Antes de volvernos a lo que el Nuevo Testamento enseña acerca de la imposición de manos hoy, primero debemos orientarnos al observar cómo surgió, funcionó, y se desarrolló esta práctica en la historia del pueblo de Dios.

Fundamentos del primer pacto
A lo largo de la Biblia encontramos significados tanto positivos como negativos de “la imposición de manos”, así como maneras “generales” (de todos los días) o “especiales” (ceremoniales).

En el Antiguo Testamento, el uso general es usualmente negativo: “poner las manos” sobre alguien es infligir daño (Gn. 22:12; 37:22; Ex. 7:4; Neh. 13:21; Est. 2:21; 3:6; 6:2; 8:7), o en Levítico 24:14, donde se usa para poner visiblemente la maldición de Dios sobre la persona que la llevará. También encontramos un uso especial, especialmente en Levítico (1:4, 3:2, 8, 13, 4:4, 15, 24, 29, 33, 16:21; y también en Ex. 29:10, 15, 19; Nm. 8:12), donde los sacerdotes debidamente designados “ponen las manos” en un sacrificio para colocar ceremonialmente sobre el animal la maldición justa de Dios, en lugar de sobre las personas pecadoras. Por ejemplo, en el día de la expiación, el día culminante del año judío, el sumo sacerdote

“pondrá ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío y confesará sobre él todas las iniquidades de los Israelitas y todas sus transgresiones, todos sus pecados, y poniéndolos sobre la cabeza del macho cabrío, lo enviará al desierto por medio de un hombre preparado para esto”, Levítico 16:21.

Esta imposición de manos especial (o ceremonial) es a lo que Hebreos 6:1 se refiere cuando menciona seis enseñanzas, entre otras, en el primer pacto (“la doctrina elemental de Cristo”) que preparó al pueblo de Dios para el nuevo pacto: “Arrepentimiento de obras muertas y de la fe en Dios, de la enseñanza sobre lavamientos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno” (He. 6:1-2).

Mientras que la mayoría de las menciones del Antiguo Testamento involucran sacerdotes y ceremonias del primer pacto (como pasar la maldición al sustituto), dos textos en particular (ambos en Números) anticipan cómo la “imposición de manos” llegaría a ser usada en la era de la Iglesia (usada para pasar una bendición a un líder formalmente reconocido). En Números 8:10, el pueblo de Dios impuso sus manos sobre los sacerdotes para encargarlos oficialmente como sus representantes ante Dios, y en Números 27:18 Dios instruye a Moisés que ponga sus manos sobre Josué para encargarlo formalmente como el nuevo líder de la nación.

Las manos de Jesús y sus apóstoles
Cuando llegamos a los Evangelios y Hechos, encontramos un cambio notable en el uso típico de “la imposición de manos”. Una pequeña muestra todavía transmite el sentido general/negativo (el de dañar o aprovecharse, relacionado con los escribas y sacerdotes que buscan arrestar a Jesús, Lc. 20:19; 21:12; 22:53), pero ahora con el Hijo de Dios mismo entre nosotros, encontramos un nuevo uso positivo de la frase, ya que Jesús pone sus manos sobre las personas para bendecir y sanar.

La práctica más común de Jesús para sanar es el tacto, que a menudo se describe como “imponer las manos sobre” el que iba a ser sanado (Mt. 9:18; Mr. 5:23; 6:5; 7:32; 8:22-25; Lc. 13:13). Jesús también “pone sus manos” sobre los niños pequeños que vienen a Él, para bendecirlos (Mt. 19: 13-15; Mr. 10:16).

En Hechos, una vez que Jesús ha ascendido al cielo, sus apóstoles (en efecto) se convierten en sus manos. Ahora ellos, como su Señor, sanan con el tacto. Ananías “pone sus manos” sobre Pablo, tres días después del encuentro en el camino de Damasco, para restaurar su vista (Hch. 9:12, 17). Y las manos de Pablo, a su vez, se convierten en canales de extraordinarios milagros (Hch. 14:3; 19:11), incluyendo la imposición de sus manos sobre un hombre enfermo en Malta para sanarlo (Hch. 28:8).

Algo nuevo en los Evangelios es la sanación de Jesús a través de “la imposición de manos”, pero lo nuevo en Hechos es el dar y recibir el Espíritu Santo por medio de “la imposición de manos”. A medida que el evangelio avanza desde Jerusalén y Judea hasta Samaria, y más allá, hasta los confines de la tierra (Hch. 1:8), Dios se complace en usar la “imposición de manos” de los apóstoles como un medio y marcador visible de la venida del Espíritu a nuevas personas y lugares, primero en Samaria (Hch. 8:17), y luego más allá, en Éfeso (19:6).

En la iglesia hoy
Finalmente, en las epístolas del Nuevo Testamento, cuando empezamos a ver lo que es normativo en la iglesia hoy, encontramos dos usos que continúan de los Hechos, y que hacen eco a las dos menciones anteriores en Números (8:10 y 27:18), y establecen el curso para las referencias de Pablo en 1 y 2 de Timoteo.

En Hechos 6:6, cuando la iglesia elige a siete hombres para servir como asistentes oficiales de los apóstoles, “A éstos los presentaron ante los apóstoles, y después de orar, pusieron sus manos sobre ellos”. Aquí nuevamente, como en Números, encontramos una especie de ceremonia de comisión. El signo visible de la imposición de manos marca públicamente el inicio formal de un nuevo ministerio para estos siete, reconociéndolos ante la gente y pidiendo la bendición de Dios en sus labores.

Así también, cuando la iglesia responde a la dirección del Espíritu, “Aparten a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado” (Hch. 13:2), luego, “después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron” (Hch. 13:3). Al igual que en Hechos 6:6, esta es una comisión formal realizada en público, con la petición colectiva de la bendición de Dios sobre ella.

Comisión al ministerio
En 1 Timoteo 4:14, Pablo encarga a Timoteo, su delegado oficial en Éfeso, de esta manera:

“No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio”.

Para nuestros propósitos aquí, el punto no es precisamente qué don recibió Timoteo (aunque tanto el versículo anterior como el siguiente mencionan la enseñanza), sino cómo los ancianos lo comisionaron formalmente en su papel. Timoteo fue enviado para esta tarea específica con el reconocimiento público de los líderes reconocidos, no solo por sus palabras, sino a través de la imposición visible, tangible, y memorable de sus manos. Esta ceremonia pública puede ser a lo que Pablo se refiere en 2 Timoteo 1:6 cuando menciona un don de Dios en Timoteo “a través de la imposición de mis manos”.

Cuando los ancianos ponen sus manos sobre un candidato para el ministerio, ambos lo encomiendan a un rol particular del servicio, y lo recomiendan a aquellos entre quienes servirá.

El último texto clave, y quizá el más instructivo, también se encuentra en 1 Timoteo. Nuevamente Pablo escribe:

“No impongas las manos sobre nadie con ligereza, compartiendo así la responsabilidad por los pecados de otros; guárdate libre de pecado”, 1 Timoteo 5:22.

Ahora el tema no es la propia comisión de Timoteo, sino su parte en la comisión de otros. El encargo por parte de Pablo viene en una sección sobre los ancianos, donde habla de honrar a los buenos y disciplinar a los malos (1 Ti. 5:17-25). Cuando líderes como Pablo, Timoteo, y otros en la iglesia formalmente ponen sus manos sobre alguien para un nuevo llamado particular al ministerio, ponen su sello de aprobación sobre el candidato y comparten, en cierto sentido, la productividad y fallas por venir.

Imponer las manos, entonces, es lo opuesto a lavarse las manos como lo hizo Pilato. Cuando los ancianos ponen sus manos sobre un candidato para el ministerio, ambos lo encomiendan a un rol particular del servicio, y lo recomiendan a aquellos entre quienes servirá.

Dios da la gracia
Con la imposición de manos y la unción con aceite, los ancianos se presentan ante Dios, en circunstancias especiales, con un espíritu de oración y peticiones particulares. Pero mientras que la unción con aceite pide sanidad, la imposición de manos pide bendición para el ministerio futuro. La unción con aceite en Santiago 5:14 de manera privada encomienda los enfermos a Dios para sanidad; la imposición de manos en 1 Timoteo 5:22 recomienda públicamente al candidato a la iglesia para un ministerio oficial. La unción aparta a los enfermos y expresa la necesidad del cuidado especial de Dios. La imposición de manos separa a un líder calificado para un ministerio específico, y señala su aptitud para bendecir a otros.

La imposición de manos separa a un líder calificado para un ministerio específico, y señala su aptitud para bendecir a otros.

La imposición de manos, entonces, como la unción o el ayuno u otros rituales externos para la iglesia, no es mágica, y como algunos lo han afirmado, no concede gracia automáticamente. Más bien, es un “medio de gracia”, y acompaña las palabras de elogio y la oración corporativa, para aquellos que creen. Al igual que el bautismo, la imposición de manos es una especie de signo y ceremonia inaugural, un rito de iniciación, una forma de hacer visible, pública, y memorable una realidad invisible, tanto para el candidato como para la congregación, y luego a través del candidato y la congregación para el mundo.

Sirve como un medio de gracia para el candidato al afirmar el llamado de Dios a través de la iglesia, proporcionando un momento tangible y físico para recordar cuando el ministerio se torne difícil. También es un medio de la gracia de Dios para los líderes que comisionan, quienes extienden y expanden su corazón y su trabajo a través de un candidato fiel. Y es un medio de la gracia de Dios para la congregación, y más allá, para aclarar quiénes son los líderes oficiales a quienes procurarán someterse (He. 13:7, 17).

Y en todo, quien da y bendice es Dios. Él extiende y expande el ministerio de los líderes. Él llama, sostiene, y hace fructífero el ministerio del candidato. Y Él enriquece, madura, y cataliza a la congregación hacia el amor y las buenas obras, para ministrarse unos a otros, y aun más al ser servidos por la enseñanza, la sabiduría, y el liderazgo fiel del recién nombrado anciano, diácono, o misionero.

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Diana Rodríguez.
Imagen: Lightstock.
David Mathis (@davidcmathis)es anciano en Bethlehem Baptist Church en Twin Cities, y es editor ejecutivo en Desiring God. Él escribe regularmente en http://www.desiringGod.org.