El discipulado y el pastorado: 7 verdades sobre el llamado pastoral

MIGUEL NÚÑEZ

El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro (Lc 6:40).

En la Biblia, podemos encontrar tres términos diferentes para nombrar a los pastores: obispo (gr. epískopos), anciano (gr. presbúteros: «blanco en cana») y pastor (gr. poimen). En la primera carta de Pedro, observamos que estos tres términos hacen referencia a un solo oficio:

Ruego a los ancianos [presbúteros] que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad [poimano] la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando [episkopeo] de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto (5:1-2).

Los ancianos (presbuteros) debían apacentar (poimano) y cuidar (episkopeo) de la grey. Tres términos diferentes para una misma persona.

En este artículo abordaré la importancia que la iglesia local tiene al formar pastores. Este tema es de suma importancia, especialmente en nuestro contexto latinoamericano, debido, en primer lugar, a la impureza doctrinal en nuestras iglesias. Hay una gran cantidad de pastores que han llegado a su puesto de autoridad sin una enseñanza; solo repiten cosas que en alguna ocasión escucharon. Esto no debe continuar si deseamos que nuestros países sean transformados.

En segundo lugar, la iglesia local debe formar pastores debido a la ausencia de integridad pastoral. Quizás un pastor pueda tener buena teología, pero si no es un hombre íntegro tenemos un problema grave. Dios desea utilizar instrumentos limpios para hacer fluir Su gracia.

La iglesia local debe formar pastores debido a la disminución del estándar para ser pastor que impera en nuestras iglesias. No me puedo imaginar que alguien desee subirse a un avión que es dirigido por un piloto con pocas horas de vuelo o, peor aún, sin ninguna experiencia.

A nadie le gustaría exponerse a una cirugía de corazón abierto con un cirujano con poco entrenamiento. En la Biblia tenemos al menos tres listados de requisitos para los pastores que con frecuencia pasamos por alto. Esto ha provocado una falta de respeto por la función pastoral. En muchas regiones de Latinoamérica he observado un lamentable temor hacia los pastores y una falta de respeto y admiración por ellos debido al estilo de vida que llevan.

Ya que hemos establecido la importancia de que la iglesia local forme pastores, quisiera también establecer unas premisas:

1) Los seminarios no forman pastores
Esta no es solo mi opinión, sino también la de Albert Mohler, presidente de uno de los seminarios más influyentes de nuestra época, el Seminario Teológico Bautista del Sur.

Los seminarios forman una mente con conocimiento bíblico, te brindan disciplina y estructura, desarrollan tu habilidad para exponer, pero los pastores se forman cuidando ovejas.

2) Los seminarios no ordenan pastores
Esta es labor de la iglesia local. La iglesia local es el mejor lugar para formar pastores. Esto no significa que sea el mejor lugar para entrenar teológicamente a las personas, sino que es el mejor lugar para desarrollar el corazón pastoral que se forma al estar en contacto con ovejas que son difíciles y tercas, con las que deben trabajar y a quienes deben amar.

3) El conocimiento bíblico no es lo mismo que la madurez
Conozco personas con doctorados académicos que son emocionalmente inmaduros. Necesitamos aplicar el conocimiento bíblico en la vida práctica para que el carácter sea transformado y obtener madurez. La madurez va ligada a la manera en que vives tu vida, a cómo te relacionas con tu esposa y tus hijos, a la forma en que te relacionas con otros pastores, estén de acuerdo contigo o no. Todo esto habla de nuestro nivel de madurez.

4) Es posible ser teológicamente astuto, pero inmaduro
Nuestro pecado no es un problema intelectual o de conocimiento, de manera que poseer una licenciatura, una maestría o un doctorado, no es un indicativo de haber sido santificado. Este conocimiento puede envanecernos y cegarnos a nuestra condición moral. Así que, la madurez se relaciona con la transformación de nuestro carácter, en donde hemos adquirido conocimiento, pero también lo hemos llevado a la práctica.

Un cirujano no se forma solo al leer libros de cirugía. Un piloto no se forma solo leyendo manuales de vuelo. De la misma manera, debemos llevar a la práctica nuestro conocimiento.

5) Un pastor necesita más que solo entendimiento de la verdad; necesita sabiduría
La sabiduría es vivir en relación con otros piadosamente, complaciendo a Dios conforme al conocimiento que ha adquirido, ya sea en el seminario o en la iglesia local.

6) La mente de un pastor debe ser regenerada, pero su corazón debe ser reclamado diariamente
Antes de ser salvos, nuestros corazones pertenecían a otro reino y estaban dominados por el pecado. Cristo reclamó nuestros corazones en la regeneración. Sin embargo, el mundo está lleno de seducciones, atracciones y distracciones que reconquistan ciertas áreas de nuestros corazones. Por tanto, nuestros corazones deben ser reclamados continuamente si queremos ser verdaderos discípulos de Cristo y, en especial, si deseas ser un pastor que forme discípulos.

7) El propósito de la Palabra no es la información teológica, sino la transformación del corazón
El propósito de un sermón no es llenarnos de más conocimiento, sino ayudarnos a ser transformados cada vez más a la imagen de Cristo. Si la Palabra no está haciendo esto, tenemos un problema grave. Somos solo oidores y no hacedores; académicos, pero no pastores con un profundo interés por la salud de las ovejas.

Puedes tener el conocimiento correcto, las habilidades necesarias, la filosofía ministerial apropiada e incluso la experiencia suficiente en el ministerio y no ser conocido por ti mismo o por otros. En otras palabras, podemos ser individuos tan cerrados que ni nosotros mismos nos conocemos; no percibimos nuestras debilidades ni nuestros pecados, o la gravedad de estos y la forma en que están afectando a otros. La forma en que podemos describir esto es haciéndonos preguntas. Debemos reflexionar y examinarnos. Aun Sócrates dijo: «No vale la pena vivir una vida no examinada». ¡Y él no era cristiano! Debemos cuestionarnos: ¿Qué amo? ¿A qué aspiro? ¿Con qué sueño? ¿Qué me causa ansiedad? ¿Por qué estaría dispuesto a pecar? Estas preguntas revelan con cuáles ídolos luchamos.

Ser discípulo de Cristo es algo serio. Ser pastor de los discípulos es todavía más serio porque nuestro llamado es a reflejar la imagen que perdimos en el jardín del Edén. Si fallamos en reflejar de forma apropiada esa imagen, menos luciremos como discípulos y menos productivos y eficientes seremos al llevar a cabo la obra del Señor.

Que el Señor nos ayude a estar a la altura de Su llamado.

​Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

Pastor: ¿Estás Preparado para Pastorear a tu Rebaño a Través de la Demencia?

Pastor: ¿Estás Preparado para Pastorear a tu Rebaño a Través de la Demencia?
Por John Dunlop, MD

Un Desafío Común
La tragedia de la demencia es común y se hará más en el futuro. Se estima que más del 30% de la congregación de la iglesia promedio morirá con alguna forma de demencia. Eso representa un enorme desafío en el ministerio pastoral. Yo sugeriría que una de las métricas por las cuales el ministerio de un pastor puede ser evaluado es qué tan bien los santos están preparados para enfrentar esta prueba de una manera que glorifica a Dios.

Enfrentar este desafío es necesario que un pastor primero aprenda lo más posible acerca de la demencia. También es esencial reconocer que la demencia no es una tragedia fuera del control de Dios. Dios no pierde su tiempo y tiene propósitos en la demencia que necesitamos reconocer. Su propósito puede estar en la vida de la víctima. Recuerdo a un amigo llamado Bob, que era demasiado ferozmente independiente para reconocer su necesidad de un salvador, se volvió hacia Cristo al ver que sus propias habilidades comenzaban a declinar. El propósito de Dios puede ser en la vida del cuidador cuya capacidad de confianza aumenta cuando se enfrenta a la casi imposible tarea de ser responsable de alguien con demencia. Finalmente, el propósito de Dios puede estar en la vida de la comunidad de la iglesia, luchando con lo que la persona significa en el contexto de la demencia y cómo amar a alguien incapaz de corresponder.

Se estima que más del 30% de la congregación de la iglesia promedio morirá con alguna forma de demencia.

Equipamiento Proactivo
Un pastor debe preparar proactivamente a su rebaño con una comprensión bíblica de la soberanía de Dios sobre las dificultades de la vida. Los cristianos deben tener una visión suficientemente grande de Dios para que puedan confiar en él, aun cuando la vida no los recompense como pudieran elegir.

Cuando se enfrentan a la demencia, ¿responderán con confianza y, a través de la dependencia, se acercarán a Dios? ¿O responderán a Dios diciendo, «si así es como me tratáis, ya no creeré que eres bueno y poderoso?»

Además, los santos deben entender lo que significa ser hechos a imagen de Dios. No es una descripción de nuestra inteligencia o capacidades. Es verdad de todos los seres humanos y es a la vez el diseño por el cual fuimos creados y el destino eventual de todo el pueblo de Dios. La imagen de Dios no se perdió en la caída y se imparte a todos los seres humanos, incluyendo aquellos con demencia, una dignidad que merece nuestro pleno respeto.

Cuidado Reactivo
Un pastor fiel también tendrá que ser reactivo cuando la demencia golpea en la congregación. A principios del curso de la enfermedad, el alojamiento puede ser necesario para que las personas con demencia atiendan los servicios y las oportunidades de servir tendrán que ser creativamente proporcionadas. La congregación debe movilizarse para proporcionar apoyo práctico al paciente y a los cuidadores.

Más tarde, en el transcurso de la enfermedad, cuando la víctima y posiblemente el cuidador no puedan asistir a los servicios, el pastor debe asegurarse de que se proporciona ayuda en el hogar. Será cada vez más importante para el cuidador salir de la adoración y la comunión. Los voluntarios entrenados necesitarán proporcionar el cuidado necesario para que el paciente lo permita. La atención pastoral también será requerida en el hogar, permitiendo el estímulo espiritual tanto para el cuidador como para el que tiene demencia. También permitirá al líder de la iglesia observar cómo las cosas van prácticamente y proporcionar la asistencia y el asesoramiento adecuados.

La naturaleza de una visita pastoral a una persona con demencia no será una visita típica “enfermo y encerrarse.” En lugar de leer un capítulo de la Escritura, puede ser más sabio dejarlos con un solo versículo o simplemente con una frase. Cantar o leer un himno familiar puede ser aún más beneficioso. Es útil recordar que cuando se trata de personas con demencia, los recuerdos emocionales a menudo duran más que los recuerdos intelectuales. La víctima puede no recordar lo que usted dijo, pero puede que recuerden el abrazo y que la visita les hizo sentir bien.

Liderar a los santos a experimentar cómo Dios puede ser glorificado frente a la demencia puede desafiarlos como pastor, pero puede ser una maravillosa oportunidad de servir “a uno de los más pequeños.”

Sola Gloria Deo.

Ejercitar tu poder de elección

Ejercitar tu poder de elección

Serie: Cómo aprender las leyes de Dios
Por R.C. Sproul
¿Tiene el hombre libre albedrío? Esta es una de las preguntas teológicas más comunes. A veces no se presenta como una pregunta sino como una objeción a la idea de un Dios soberano.

En el centro del problema está la definición de libre albedrío. ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que el hombre tiene libre albedrío? En pocas palabras, el libre albedrío significa simplemente que el hombre tiene la habilidad de elegir lo que quiere. Esta habilidad requiere la presencia de una mente, de una voluntad y de un deseo. Si estas facultades están presentes y funcionando, ese hombre tiene libre albedrío.

Libre albedrío no significa que el hombre puede elegir hacer lo que quiera y necesariamente tener éxito. Nosotros podemos elegir volar sin la ayuda de dispositivos mecánicos. Podemos caer por el aire, pero no podemos volar. Nos hace falta el equipamiento natural necesario (en este caso, alas) para poder volar. Sin embargo, esto no significa que no seamos libres. Sí significa que nuestra «libertad» está limitada por nuestras limitaciones físicas. Mi voluntad puede ser derrotada por la voluntad de una mayoría o de algún poder superior. Ese poder conflictivo no elimina mi libertad, pero podría imponer límites sobre ella.

Uno de los límites más importantes para mi libertad soy yo mismo. Si examinamos cuidadosamente cómo funciona la voluntad, encontraremos un punto de ironía que a menudo es pasado por alto en las discusiones sobre el libre albedrío. El punto es este: no solo puedo elegir lo que quiero sino que debo escoger lo que quiero si mi elección ha de ser realmente libre. La elección se hace basada en un deseo. Sin el deseo no puede haber una elección libre (sobre todo cuando hablamos de una elección moral).

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
Dios te dio libre albedrío para elegir. Eliges de acuerdo a tus deseos. ¿Te guiarán tus deseos presentes a tomar decisiones sabias para el futuro?

Para estudiar más a fondo
Deuteronomio 30:19 – Josué 24:15 – Salmo 25:12

Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
Cómo aprender las leyes de Dios

R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Entrar en una unión mística

Serie: Cómo aprender las leyes de Dios

Por R.C. Sproul
La vida cristiana se vive en el contexto de una unión mística con Cristo. Esta unión encuentra su origen inicial en la eternidad. Desde la fundación del mundo, nuestra salvación está descansando en la gracia de la elección soberana de Dios. Pablo así lo explica en Efesios 1:3-6.

Es en el Amado que encontramos nuestra redención. Desde la eternidad, Dios considera que los elegidos están en Cristo. Antes de que nuestra unión mística se llevara a cabo en el tiempo, ya era una realidad presente en la mente de Dios.

Tal y como Cristo invadió el tiempo desde la eternidad hace dos mil años, así mismo nuestra unión eterna se inmiscuye en el tiempo a través de la obra del Espíritu. Lo que siempre ha existido en la mente eterna de Dios se convierte una realidad atada al tiempo en el corazón de los regenerados. El resultado es que, en Cristo, por medio del Espíritu, contemplaremos al Padre en nuestra muerte y de ahí a la eternidad. Somos hijos del Padre, tal como fue en el principio.

Nuestra salvación es por Cristo y en Cristo. Por Su justicia somos hechos justos. Por Su expiación nuestros pecados son perdonados.

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
Agradece a Dios por tu salvación, Su justicia y Su expiación por tus pecados.

Para estudiar más a fondo
Efesios 1:3-6

Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
Cómo aprender las leyes de Dios
R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Salir del lodo

Serie: Cómo aprender las leyes de Dios

Por R.C. Sproul

Nuestras almas no pueden salir solas del lodo del pecado porque están muertas. La salvación viene no a aquellos que claman: «Muéstrame el camino al cielo», sino a aquellos que dicen: «Llévame porque no puedo solo».

Para cuidarnos de ver la oración del pecador como una mera técnica, debemos recordar que Cristo levanta a los muertos para que puedan caminar. No pronunciamos las palabras mágicas y luego esperamos morir. El cristianismo también involucra el crecimiento espiritual. Requiere trabajo, el arduo trabajo de la santificación. La regeneración es monergista, obra exclusiva de Dios. La santificación, el proceso mediante el cual somos hechos santos, es sinergista, Dios obra junto con nosotros.

La parte de Dios es fácil para Él. Él no necesita atajos porque Él nunca se cansa. Por el contrario, nosotros debemos estar luchando continuamente contra la tentación de buscar atajos. Ninguna técnica nos hará santos. Sin embargo, ninguna técnica del diablo puede detener el proceso de Cristo conformarnos a Su Imagen. A aquellos a quienes Él llama también los santifica.

Nuestra santificación requiere del Espíritu de Dios y, ya que Él ha ordenado Su mundo como lo ha hecho, la santificación requiere el uso disciplinado y repetitivo de los medios de gracia. Cinco minutos al día de estudio bíblico huele a técnica. Algo seco que seguramente está destinado al fracaso. Debemos sumergirnos en la Palabra de Dios. Entonces, tal como Jesús prometió, conoceremos la verdad y la verdad nos hará libres. Entonces seremos Sus discípulos (Juan 8:31-32).

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
Recuerda, Dios está obrando en ti. Él nunca se cansa. Da gracias por este proceso que está en marcha.

Para estudiar más a fondo
Juan 8:31-32 – Juan 8:36 – Salmo 40:2

Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
Cómo aprender las leyes de Dios

R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

¿Durará realmente el infierno toda la eternidad?

¿Durará realmente el infierno toda la eternidad?

Apocalipsis 14:10-11

POR MARK HITCHCOCK

La doctrina del infierno es, sin duda, el tema más inquietante de la Biblia, y la verdad más inquietante sobre el infierno es su duración. La idea de que la gente sea castigada por sus pecados y fechorías no molesta a la mayoría de la gente. Pero la noción de que el infierno durará para siempre es totalmente repugnante para muchos. Por esta razón, hay quienes han tratado de suavizar esta verdad adoptando una visión «más amable y gentil» del infierno.

En los últimos años se han hecho populares dos opiniones erróneas sobre el destino de los perdidos. La primera de ellas es el aniquilacionismo, que enseña que todas las almas son inmortales, pero que los malvados pierden su inmortalidad en el juicio final y son extinguidos por Dios. Para los aniquilacionistas, el castigo para los perdidos es la extinción eterna.

El segundo punto de vista no bíblico es la inmortalidad condicional, que enseña que las almas humanas no son inherentemente inmortales, y que en el juicio, los malvados pasarán al olvido mientras que a los justos se les da la inmortalidad.

Estas dos ideas son tan similares que no suelen distinguirse la una de la otra. En aras de la simplicidad, se suelen fusionar y se denominan aniquilacionismo.

¿Cómo defienden su punto de vista los defensores del aniquilacionismo? En primer lugar, sostienen que los perdidos son destruidos o dejan de existir, ya sea en el momento de la muerte o en algún momento posterior determinado por Dios. Mateo 10:28 es uno de los versículos a los que apelan: «No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno».

En el texto original del Nuevo Testamento, la palabra griega que se traduce como «destruir» (appolumi/apoleia) significa la mayoría de las veces «arruinar, desperdiciar o perder». En Marcos 14:4 significa «desperdiciar». En Lucas 15 se usa ocho veces y significa «perder». La moneda, la oveja y el hijo están perdidos, pero obviamente siguen existiendo.

El segundo argumento utilizado por los aniquilacionistas es que el castigo de los perdidos es eterno, pero no el castigo. En otras palabras, el fuego del infierno arderá para siempre, pero los perdidos no estarán allí para soportarlo.

Aunque el aniquilacionismo es ciertamente más atractivo para la mente humana que la visión tradicional de la condenación eterna en el infierno, la Biblia enseña claramente que el castigo en el infierno durará para siempre. La palabra griega daionios, que se traduce como «eterno» o «para siempre», se utiliza 71 veces en el Nuevo Testamento. Cincuenta y una veces se utiliza para referirse a la felicidad de los salvos en el cielo. Se utiliza tanto para la calidad como para la cantidad de la vida que los creyentes experimentarán con Dios. La palabra se usa otras dos veces de la duración de Dios en Su gloria (Romanos 16:26; 1 Timoteo 6:16). Una vez se usa de la duración de los cuerpos glorificados de los creyentes en el cielo (2 Corintios 5:1). Varias otras veces se usa de tal manera que nadie cuestionaría que significa para siempre. Siete veces se usa para referirse al destino de los impíos, y no debería haber ninguna duda para una mente objetiva de que en estos pasajes la palabra significa eterno, para siempre, o sin fin (Mateo 18:8; 25:41,46; Marcos 3:29; 2 Tesalonicenses 1:9; Hebreos 6:2; Judas 7).

Una de las referencias más claras en el Nuevo Testamento a la eternidad del castigo en el infierno es Apocalipsis 14:10-11:

beberá también el vino del furor de Dios, que en la copa de su ira está puro, no diluido. Será atormentado con fuego y azufre, en presencia de los santos ángeles y del Cordero. El humo de ese tormento sube por los siglos de los siglos. No habrá descanso ni de día ni de noche para el que adore a la bestia y su imagen, ni para quien se deje poner la marca de su nombre».

En Mateo 25:46, en el espacio de un versículo, tanto el cielo como el infierno se describen como «eternos»: «Estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna». Para limitar el significado de eterno para los condenados, hay que estar dispuesto a limitarlo también para los salvos.

Marcos 9:47-48 indica que el castigo y la pena en el infierno son eternos: “…ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga.” ¿Por qué el fuego en el infierno sería eterno si nadie estará allí para siempre?

Apocalipsis 20:10 también establece claramente la eternidad del castigo en el infierno: “Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” Este pasaje deja claro que el tormento en sí es eterno. El gran comentarista luterano R.C.H. Lenski dijo,

La expresión más fuerte para nuestro «para siempre» es eis tous aionan ton aionon, «por los eones de los eones»; cada uno de ellos de vasta duración, se multiplican por muchos más, lo que imitamos con «por los siglos de los siglos». El lenguaje humano sólo es capaz de utilizar términos temporales para expresar lo que está totalmente más allá del tiempo y es intemporal. El griego toma su mayor término para el tiempo, el eón, lo pluraliza, y luego lo multiplica por su propio plural, utilizando incluso artículos que hacen de los eones los definidos. [148]

La misma frase de duración se utiliza varias veces para hablar de la duración de la existencia de Dios (Apocalipsis 1:18; 4:9-10; 10:6; 15:7).

La eternidad del infierno es realmente aleccionadora. Conocer el terrible y eterno juicio que espera a los perdidos debería hacernos suplicar que se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:20-21).

El verdadero talón de Aquiles del punto de vista de la aniquilación es la verdad sobre los grados de castigo en el infierno. Obviamente, no habría necesidad de grados de aniquilación. O eres aniquilado o no lo eres. Que la verdad de un infierno eterno nos llene de pasión y compasión por los que van allí sin Cristo.

[148]. Citado por Larry Dixon en, The Other Side of the Good News(Wheaton, IL: Bridge-Point, 1992), 93.

El evangelio de la gracia soberana de Dios

POR: JOEL BEEKE

Un libro del Nuevo Testamento que hace un hincapié particular en la asombrosa gracia soberana de Dios es la carta de Pablo a los Romanos. Según Pablo, esta gracia hace que tanto judíos como gentiles sean coherederos del reino de Dios con el fiel Abraham (Rom. 4:16). Establece paz entre Dios y los pecadores, quienes son sus enemigos (Rom. 5:2). Solo esta gracia es más fuerte que las fuerzas del pecado, trayendo libertad genuina y duradera del dominio del pecado (Rom. 5:20-21; 6:14). La gracia divina equipa a los hombres y mujeres cristianos con dones variados para servir en la iglesia de Dios (Rom. 12:6). Esta gracia en última instancia va a conquistar a la muerte y es el presagio seguro de vida eterna para todos los que la reciben (Rom. 5:20-21), porque es una gracia que data de antes de la creación del tiempo y, sin respetar el mérito humano, elige hombres y mujeres para la salvación (Rom. 11:5-6).

Esta idea de que la salvación se debe totalmente a la gracia de Dios es el tema central no solo en Romanos sino también en todas las epístolas de Pablo. Por ejemplo, Pablo comienza su carta a los Filipenses con una oración por la Iglesia en la que dice: “el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (1:6). “La simiente de Dios vendrá a la cosecha de Dios”, escribe Samuel Rutherford. La salvación no es ni nuestra ganancia ni nuestra obra. Es por eso que Pablo oraba con gozo y acción de gracias cada vez que recordaba los Filipenses. Si el hombre habría comenzado la obra de la salvación, la continuaría, y tendría que completarla, la alabanza de Pablo sería silenciada. Pero debido a que la salvación fluye de una obra divina que persiste día a día a pesar de las luchas y contratiempos del hombre, una obra que sin duda se perfeccionará en el gran día, todo es para alabanza de la gloria del Dios trino. Es por esto que Pablo da gracias a Dios por todas las doctrinas de la gracia, y es movido a gozo cada vez que piensa en los creyentes siendo atraídos a Cristo. Al aferrarnos a la gracia de Dios, nosotros, al igual que Pablo, podemos ser cristianos gozosos que victoriosamente confiesan: “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8:31).

La gracia nos llama (Gal. 1:15), nos regenera (Tito 3:5), nos justifica (Rom. 3:24), nos santifica (Heb. 13:20-21), y nos preserva (1 Pe. 1:3-5). Necesitamos de la gracia para ser perdonados, para volvernos a Dios, para sanar nuestros corazones rotos, y para fortalecernos en tiempos de problemas y de guerra espiritual. Solo mediante la gracia libre y soberana de Dios podemos tener una relación salvadora con Él. Solo a través de la gracia podemos ser llamados a la conversión (Ef. 2:8-10), la santidad (2 Pe. 3:18), el servicio (Fil. 2:12-13) o sufrimiento (2 Cor. 1:12).

La gracia soberana aplasta nuestro orgullo. Nos avergüenza y nos humilla. Queremos ser los sujetos, no los objetos, de la salvación. Queremos ser activos, no pasivos, en el proceso. Nos resistimos a la verdad de que Dios es el único autor y consumador de nuestra fe. Por naturaleza, nos rebelamos contra la gracia soberana, pero Dios sabe cómo romper nuestra rebelión y hace que seamos amigos de esta gran doctrina. Cuando Dios le enseña a los pecadores que su misma esencia está depravada, gracia soberana se convierte en la doctrina más alentadora posible.

Desde la elección hasta la glorificación, la gracia reina en espléndida soledad. Juan 1:16 dice que recibimos “gracia sobre gracia”, que literalmente significa “gracia frente a la gracia”. La gracia sigue a la gracia en nuestras vidas como las olas siguen unas a las otras hasta la orilla. La gracia es el principio divino por el cual Dios nos salva; es la provisión divina en la persona y obra de Jesucristo; es la prerrogativa divina que se manifiesta en la elección, el llamado, y la regeneración; y es el poder divino que nos permite abrazar libremente a Cristo para que podamos vivir, sufrir y hasta morir por su causa y ser conservado en Él por la eternidad.

Los calvinistas entienden que, sin la gracia soberana, todo el mundo se perdería para siempre. La salvación es completamente por gracia y es toda de Dios. Primero tiene que venir vida de Dios antes de que el pecador pueda levantarse de la tumba.

La gracia gratuita clama por tener expresión en la iglesia de hoy en día. Las decisiones humanas, manipulaciones de multitudes y llamados al altar no producirán convertidos genuinos. Solo el evangelio antiguo de la gracia soberana capturará y transformará a los pecadores por el poder de la Palabra y el Espíritu de Dios.

Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por Markos Fehr.
Dr. Joel R. Beeke es el presidente y profesor de teología sistemática y homilética en el Puritan Reformed Theological Seminary y un pastor en Heritage Netherlands Reformed Congregation en Grand Rapids, Mich.

Lo esencial: Teología

Serie: Lo Esencial

Lo esencial: Teología
Por: Tim Challies

Estoy iniciando una nueva serie de artículos en la que revisaremos una lista de términos teológicos para proporcionar una definición concisa y sencilla (eso espero) de cada uno de ellos. Al usar el término “elemental” no siempre me refiero a que las palabras son de uso común entre los cristianos (o que se encuentren en la Biblia), sino a que las cosas que representan comprenden algunos de los componentes centrales de la fe y la práctica cristiana.

El contenido de estos artículos procederá, en la mayoría de los casos, de uno o varios autores cuyas definiciones me han resultado especialmente útiles (aunque de vez en cuando también puedo aportar algún resumen o síntesis). Para comenzar, lo más apropiado es iniciar con una definición del término que ha unificado a todos los demás: teología. Millard Erickson, en su obra masiva Teología Sistemática, da una definición sencilla pero completa: [Teología es] aquella disciplina que intenta desarrollar una exposición coherente de las doctrinas de la fe cristiana, basándose principalmente en las Escrituras, situándose en el contexto de la cultura en general, expresándose en un idioma contemporáneo y relacionándose con los asuntos de la vida. (23)

Lo que Erickson llama simplemente “teología” otros lo denominan de forma más precisa como teología sistemática. Wayne Grudem, un teólogo que también ha escrito un libro enorme sobre el tema (casi obligatorio tenerlo en su biblioteca), hace esta distinción y define la teología sistemática como “cualquier estudio que responde a la pregunta ‘¿Qué nos enseña toda la Biblia hoy?’ respecto a cualquier tema” (21).

Aunque mucho más corta, la definición de Grudem es, en esencia, la misma que la de Erickson; ambas son buenas y útiles. Otra forma aún más sencilla, con menos calificaciones, sería decir que la teología se refiere a lo que pensamos que Dios piensa sobre algo.

¿Sugiere usted algunas otras definiciones para la teología?

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

¿Qué es la Conciencia?

¿Qué es la Conciencia?

por John MacArthur 

La conciencia casi siempre es vista por el mundo moderno como un defecto que les roba a las personas su autoestima. Sin embargo, lejos de ser un defecto o un desorden, la capacidad que tenemos de sentir nuestra propia culpa es un magnífico obsequio divino. Dios diseñó la conciencia en el marco mismo del alma humana. 

La conciencia, escribió el puritano Richard Sibbes en el siglo XVII, es el alma reflexionando sobre sí misma.[1] La conciencia es la esencia de lo que distingue a la criatura humana. Las personas, a diferencia de los animales, pueden contemplar sus propias acciones y hacer autoevaluaciones morales. Ésa es la función propia de la conciencia. 

La conciencia es una habilidad innata cuya función es discernir lo correcto y lo incorrecto. Todos, incluso los paganos menos espirituales, tienen conciencia: “Cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Estos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan” (Ro. 2:14-15, énfasis agregado). 

La conciencia nos suplica que hagamos lo que creemos que es correcto y nos impide hacer lo que creemos que es incorrecto. La conciencia no se debe equiparar con la voz de Dios o la ley de Dios. Es una facultad humana que juzga nuestras acciones y pensamientos a la luz del más alto nivel que percibimos. Cuando violamos nuestra conciencia, ésta nos condena, provocando sentimientos de vergüenza, angustia, arrepentimiento, consternación, ansiedad, desgracia e incluso miedo. Cuando seguimos nuestra conciencia, ésta nos elogia, trayendo alegría, serenidad, autoestima, bienestar y regocijo. 

La conciencia está por encima de la razón y más allá del intelecto. Podemos racionalizar, tratando de justificarnos en nuestras propias mentes, pero una conciencia violada no se convencerá fácilmente. Es posible anular virtualmente la conciencia mediante el abuso repetido. Pablo habló de personas cuyas conciencias estaban tan pervertidas que su “gloria es su vergüenza” (Fil. 3:19; cf. Ro. 1:32). Tanto la mente como la conciencia pueden contaminarse a tal punto que dejen de distinguir entre lo que es puro y lo que es impuro (cf. Tit. 1:15). Después de tanta violación, la conciencia finalmente se calla. Moralmente, aquellos con conciencias contaminadas se quedan volando a ciegas. Las señales de advertencia molestas pueden desaparecer, pero el peligro ciertamente no; de hecho, el peligro es mayor que nunca.   

Además, incluso la conciencia más contaminada no permanece en silencio para siempre. Cuando nos juzgamos, la conciencia de cada persona se pondrá del lado de Dios, el juez justo. El peor malhechor endurecido por el pecado descubrirá ante el trono de Dios que tiene una conciencia que testifica en su contra. 

La conciencia, sin embargo, no es infalible. La conciencia está informada tanto por la tradición como por la verdad, por lo que los estándares que nos obligan no son necesariamente bíblicos (1 Co. 8:6-9). La conciencia puede estar condenando innecesariamente en áreas en las que no hay problema bíblico. La conciencia, para operar plenamente y de acuerdo con la verdadera santidad, debe ser instruida por la Palabra de Dios. La conciencia reacciona a las convicciones de la mente y, por lo tanto, puede ser alentada y agudizada en concordancia con la Palabra de Dios. 

El cristiano sabio quiere dominar la verdad bíblica para que la conciencia esté completamente instruida y juzgue bien porque está respondiendo a la Palabra de Dios. Una dieta periódica de lectura de las Escrituras fortalecerá una conciencia débil o restringirá una hiperactiva. Por el contrario, el error, la sabiduría humana y las influencias morales erradas que llenan la mente corromperán o paralizarán la conciencia. 

En otras palabras, la conciencia funciona como un tragaluz, no como una bombilla. Deje entrar la luz en el alma; no produzca la suya. Su efectividad está determinada por la cantidad de luz pura a la que la exponemos y por lo limpia que la mantenemos. Cúbrala o póngala en la oscuridad total y dejará de funcionar. Es por eso que el apóstol Pablo habló de la importancia de una conciencia limpia (1 Ti. 3:9) y advirtió contra cualquier cosa que contamine o enturbie la conciencia (1 Co. 8:7Tit. 1:15). 

La conciencia está al tanto de todos nuestros pensamientos y motivos secretos. Por lo tanto, es un testigo más preciso y formidable en la sala del tribunal del alma que cualquier observador externo. La conciencia es una parte indivisible del alma humana. Aunque puede estar endurecida, cauterizada o adormecida en latencia aparente, la conciencia continúa almacenando evidencia que algún día usará como testimonio para condenar el alma culpable. 

La semana que viene veremos que debido a que la conciencia es el sistema automático de advertencia del alma, es ella misma la que inicia el juicio en el tribunal imaginario, en el consejo del corazón humano. 

Atesorar el precio de la redención

Serie: Cómo aprender las leyes de Dios

Atesorar el precio de la redención
Por R.C. Sproul

La clave para entender el clamor de Jesús desde la cruz la encontramos en la carta de Pablo a los gálatas: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO)» (Gal 3:13).

Ser maldito es ser apartado de la presencia de Dios, ser colocado fuera del campamento, ser excluido de Sus beneficios. En la cruz, Jesús fue maldito. Es decir, Él representó a la nación judía que había violado el pacto y estaba expuesta a la maldición. Allí, Él recibió la medida completa de la maldición sobre Sí mismo. Como el Cordero de Dios, Aquel que cargó con el pecado, Él fue apartado de la presencia de Dios.

En la cruz, Jesús experimentó el abandono en lugar nuestro. Dios le dio la espalda y lo apartó de toda bendición, de todo cuidado, de toda gracia y de toda paz.

Dios es demasiado santo como para mirar la iniquidad. Dios el Padre le dio la espalda a Su Hijo, y lo maldijo hasta el abismo del infierno mientras colgaba en la cruz. Aquí estaba «el descenso al infierno» del Hijo. Aquí la furia de Dios se desató contra Él. Su grito fue el grito de los condenados. Por nosotros.

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
Reflexiona sobre lo que Jesús hizo por ti en el Calvario. Da gracias por el Cordero de Dios que cargó con tu pecado.

Para estudiar más a fondo
Mateo 27:46 – Gálatas 3:13 – Gálatas 3:10

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.