Viviendo como una iglesia – Clase 6: La comunión de la iglesia

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 6: La comunión de la iglesia

  1. Introducción
    Piensa en todos los lugares en los que las personas experimentan cualquier tipo de compañerismo y comunidad. La fiesta luego de un partido de fútbol… la barbería… una reunión familiar… la iglesia local. Hechos 2:42 dice que los primeros cristianos: «Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones». Eso nos lleva a la pregunta que quiero que discutamos al comenzar la clase: ¿En que se diferencia la comunión cristiana de las amistades y las relaciones del mundo?

Lo que realmente diferencia a la comunión cristiana del resto de las relaciones es el amor de Cristo.

En las primeras semanas de este seminario vimos cómo se crea la unidad en la iglesia a través de la institución de la nueva identidad que todos compartimos en Cristo en los diferentes aspectos de nuestra vida juntos, desde la membresía de la iglesia, hasta la predicación, la oración y la manera en la que gobernamos la iglesia. El día de hoy, estaremos conversando acerca de la comunión que existe dentro de la iglesia, específicamente, cómo los miembros de la iglesia se aman unos a otros en base al vínculo de la unidad que Dios ha formado en nosotros. ¿Cómo son las relaciones en una comunidad espiritual sobrenatural?

La próxima semana veremos el lado negativo: Cómo lidiar con el descontento en la iglesia cuando la comunión no marcha bien. Pero antes de llegar allí, queremos declarar positivamente cómo debe ser nuestra comunión para tener un testimonio convincente a un mundo que nos observa.

  1. ¿Qué caracteriza a las sanas relaciones en la iglesia?
    Así que consideremos primero la pregunta de cómo nosotros, como cristianos, debemos relacionarnos unos con otros. Específicamente: ¿Qué caracteriza a las sanas relaciones en la iglesia? La respuesta es simple y profunda a la vez: el amor. El amor de Cristo es lo que distingue a nuestra comunión de cualquier otra comunidad terrenal. Jesús dijo en Juan 13:34-35: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros».

¿Por qué es importante el amor? Porque Dios se glorifica cuando personas que tienen poco en común excepto Cristo, conviven en amor genuino. Esta es la razón por la que Pablo se emociona tanto en el capítulo 3 de Efesios, porque pueblos que anteriormente estaban en conflicto, como los judíos y los gentiles, ahora son una familia unida en la iglesia. Esta reconciliación sobrenatural hace que los ángeles en el cielo se postren en asombro.

Piensa en ello: ¿Por qué Dios muestra su gloria al mundo a través de nuestro amor en la iglesia? Porque nuestro amor modela, aunque sea solo un pálido reflejo, la unidad del amor en el Dios trino. Esto es exactamente por lo que Jesús ora al Padre en Juan 17:22-23: «La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado».

Nuestro amor mutuo, arraigado en nuestra comunidad en Cristo, es una imagen de la amorosa unidad de la Deidad.

Breve panorama del amor cristiano
Por tanto, si el aspecto clave de la comunión cristiana es el amor, pasemos algo de tiempo reflexionando sobre lo que conlleva el amor. «Amor» es una palabra y un concepto tan común que tenemos que asegurarnos de que no se convierta en algo sin importancia. La sencilla definición de Jonathan Edwards es útil aquí. El amor es: «esa disposición o afecto por el cual uno es querido por otro». Como cristianos, nos amamos unos a otros porque Dios nos ama. Ser hijo de Dios implica amar lo que Dios ama. Y Dios ama a la iglesia, la ama tanto que la compró con su propia sangre. Así, el amor de Dios enseña que el amor no es simplemente una emoción o un sentimiento. El amor de Dios modela, entonces, que el amor no es meramente una emoción o un sentimiento, es una disposición hacia otro que se expresa en acciones concretas para lograr el bien supremo de esa persona.

Si eso es lo que es el amor, quiero que notemos algunas cosas. La primera es que, el amor cristiano es difícil. El amor nace en nuestros corazones, y nuestros corazones son el peor lugar de todos porque somos pecadores. ¿Por qué hay tantas exhortaciones en el Nuevo Testamento para que los cristianos se amen entre sí? ¡Porque necesitamos escuchar esto una y otra vez! En nuestra carne, preferimos una conversación fácil en lugar de una difícil. Preferimos relajarnos en vez de servir. Preferimos satisfacer nuestras necesidades que renunciar a nuestras preferencias. Y las personas a las que estamos llamados a amar también son pecadores. Nos decepcionan, dicen cosas incómodas e insensibles, rechazan nuestros consejos… lo que, por cierto, debería ayudarnos a apreciar más cuán paciente y misericordioso es Cristo con nosotros, porque nosotros hacemos lo mismo.

Lo segundo que quiero que observemos es que, si bien el amor cristiano puede ser difícil, podemos mostrar tal amor por la gracia de Dios. Amamos porque Dios nos amó primero (cf. 1 Juan 4:19). ¿Qué significa eso? ¿Se trata de un intercambio? Algo como por ejemplo: «¿Invitaré a esa persona a cenar porque ella me invitó la semana pasada?». No. Significa que nuestra capacidad de amor proviene del amor de Dios para con nosotros. Dios es la fuente y el modelo de nuestro amor. De nuevo, Edwards lo expresa maravillosamente bien: «Es a partir de los soplos del Espíritu [Santo] que surge el amor del cristiano, tanto hacia Dios como hacia los hombres. El Espíritu de Dios es un espíritu de amor. Y, por tanto, cuando el Espíritu de Dios entra en el alma, el amor entra. Dios es amor, y el que tiene a Dios viviendo en él por su Espíritu, tendrá al amor viviendo en él».

La manera más espectacular en la cual Dios nos ha mostrando su amor es entregándonos a su hijo unigénito para que no perezcamos, sino que tengamos vida eterna. Así, leemos en 1 Juan 3:16: «En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros, también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos».

En otras palabras, no podemos alcanzar la madurez para amar a los demás a no ser que nos esforcemos por alcanzar la madurez para comprender las dimensiones del amor de Dios. Mientras más apreciemos la magnitud del amor que Cristo nos has demostrado al morir por cada uno de nuestros pecados, más nuestras vidas estarán caracterizadas por el amor. ¿Quieres ser más amoroso? Jesús dijo: «Aquel a quien se le perdona poco, poco ama» (Lucas 7:47); cuando sabemos lo mucho que hemos sido perdonados, entonces nuestro amor fluye.

Y el tercer aspecto del amor cristiano es que, produce alegría. No solamente es difícil para los pecadores amar, es supremamente valioso. Amar a otros no solo les hace bien a ellos, nos da la clase de satisfacción para la que fuimos creados. El Salmo 133:1: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». ¿Qué dice Juan en 2 Juan 12 cuando le escribe a una iglesia que conoce bien? «Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido».

  1. ¿Cómo es la comunión amorosa?
    Manteniendo estos importantes principios en mente, quiero pasar el resto de la clase considerando cómo, en la práctica, podemos cumplir este mandamiento de amarnos unos a otros dentro de la iglesia. Cuando nuestra comunión se caracteriza por el amor de Cristo, ¿qué clase de comunión será? Identificaremos seis aspectos de la comunión amorosa.

6 aspectos de la comunión amorosa

(1) La comunión en la diversidad: El amor busca el entendimiento
Como ya hemos discutido en este seminario, la comunión de la iglesia es única porque implica una diversa clasificación de personas todas unidas en torno a Cristo. ¿Qué significa esto para nuestras relaciones en la iglesia? Significa que el amor busca el entendimiento. El amor alcanza a quienes son distintos a ti, a quienes son «preciados» para ti a causa del evangelio, y busca entender sus anhelos y sueños, sus luchas y pecados, sus trasfondos y batallas. Busca la reconciliación donde ha habido desapego y busca una cálida amistad donde el mundo ha trazado líneas de separación.

Este es el motivo por el cual Santiago 2 es tan firme en señalar que no deberíamos mostrar favoritismo personal. Es la razón por la que Pablo dice en Romanos 12:16 que no debemos ser orgullosos, sino que debemos asociarnos con los humildes.

¿Puedes imaginar una iglesia así? Una comunidad en la que las personas se esfuerzan por hacer amistades reales e importantes con quienes tienen un trasfondo cultural diferente, con quienes no están en su mismo rango de edad, con quienes se encuentran en una etapa diferente de la vida, con quienes tienen una personalidad distinta… ¿Todo con Cristo en el centro? Hablamos extensivamente acerca de esto hace unas semanas, por lo que no repetiré lo que ya dijimos, pero quiero señalar algunas advertencias. Primero: ten cuidado con los estereotipos. A lo que me refiero es, no busques acercarte a alguien diferente a ti solo para marcar tu casilla personal de diversidad. No, procura acercarte a otros porque Cristo murió por ellos y porque quieres verlos crecer.

Y segundo, sé sensible al intentar acercarte para conocer a personas que son diferentes, reconociendo que tu manera de buscar entablar una amistad con ellos proviene de tu propia personalidad y cultura. Un buen consejo que recibí luego de la última clase acerca de este tema fue recordar que si pretendes hacerle a la gente una larga lista de preguntas para conocerlas, eso puede ser intimidante para algunas personas, si siempre comienzas preguntándole a alguien de dónde se mudó y en dónde estudió, eso hace suponer que la persona no es de aquí y que estudió, ¡pero esas cosas no siempre son ciertas para todos! Esto es solo algo a considerar.

Alabado sea Dios porque hay muchos ejemplos del amor que traspasa fronteras en nuestra iglesia. Pienso en Homere Whyte invitando a familias a cenar cuando era un universitario soltero; el grupo que se reunió recientemente para hablar acerca del libro Bloodlines (Genealogías) y la reconciliación racial; cómo Maxine Zopf siemore asiste a todas las despedidas de soltera de mujeres más jóvenes, podría seguir y seguir.

(2) La comunión en el servicio: El amor requiere sacrificio
Segundo, nuestra comunión debería caracterizarse por un amor sacrificial. Somos una comunidad que se reúne no para ser servida, sino para servir. Escucha 1 Juan 4:10-11: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros».

Una forma de poder hacer esto en nuestra iglesia es llevando las cargas de otros, como dice Pablo que hagamos en Gálatas 6:2. Nuestro pacto congregacional declara que acordamos: «Llevar las cargas y los pesares de los demás». ¿Cómo? Esto significa estar al lado de alguien que atraviesa un tiempo difícil, espiritual, físico, el que sea y, literalmente, ayudarle a llevar su carga. Esto puede significar lidiar pacientemente con las luchas espirituales de alguien por un período de tiempo prolongado en una relación de discipulado. Es posible que signifique brindar recursos para ayudar a alguien que está en necesidad: alimentos, un préstamo, un aventón, entre otros. Puede significar renunciar a tus viernes por la noche para visitar a alguien que está enfermo. El servicio en la iglesia puede ciertamente implicar ofrecerse para ayudar en diferentes áreas: el cuidado de los niños, el sonido, el cuidado de los niños, la hospitalidad, el cuidado de los niños… Pero si eres la clase de persona que ama alistarse para «hacer cosas» en la iglesia, permíteme animarte a no ignorar el tipo de servicio que sucede principalmente en las relaciones personales que a menudo requieren más tiempo y pueden ser confusas.

Nuevamente, esto es, por la gracia de Dios, algo normal en nuestra iglesia; desde la máquina bien aceitada para proveer comidas para las familias que acaban de tener un bebé, o que están en enfrentando un tiempo de crisis hasta la forma en la que una multitud de miembros renunció a su servicio dominical para limpiar la propiedad de la señora Luisa y contribuir con su testimonio ante sus vecinos, hasta infinidad de otros ejemplos de amor como proveer a quienes están en necesidad con un lugar para alojarse, un empleo, un hombro para llorar toda la noche en el hospital.

(3) La comunión en la verdad: El amor conduce a la santidad
Tercero, una iglesia cristiana es una comunidad que anda en la verdad. A diferencia de otras comunidades, nosotros debemos caracterizarnos por una transparencia inusual y una honestidad audaz al hablar la verdad de la Escritura entre nosotros. Y hacemos esto por un deseo de ver a otros crecer en santidad. Jesús le preguntó al Padre en Juan 17:17: «Santifícalos es decir, hazlos más santos y puros en tu verdad, tu palabra es verdad». Pablo le dijo a los colosenses: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros sabiduría» (Colosenses 3:16).

Pensemos en dos aspectos de esta comunión en la verdad. El primero es la transparencia: decir las verdades embarazosas acerca de ti. Santiago 5:16: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados». Esto no quiere decir que debes abrirte y confesar tus luchas más oscuras a todos los miembros de la iglesia, pero si no estamos abriéndonos con 1 o 2 personas, deberíamos preguntarnos por qué. ¿Tememos ser expuestos? ¿Ser reprendidos? ¿Tememos admitir que no tenemos todo bajo control? Considera que si escondemos nuestros pecados y faltas de quienes nos aman, les robamos la oportunidad de hacer un bien espiritual. Considera que si das ejemplo de transparencia, eso enseñará a otros lo que es humillarse, y les hará un bien espiritual.

El segundo aspecto es la proclamación: decir la verdad acerca de Dios y de su Palabra en todo tiempo, incluso cuando no es fácil que alguien la escuche. Pablo dice en Efesios 4:15: «Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo». Esto incluye las interacciones normales en la iglesia. Incluye la relaciones de discipulado en las que nos reunimos con alguien del mismo género para leer un libro o estudiar la Biblia juntos con el único propósito de ayudarles a crecer espiritualmente.

Esto implica ejercer una supervisión espiritual mutua. Así, leemos en Hebreos 3:13: «Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado». Cultiva la capacidad de exhortar en amor. La mayoría de nosotros nos alejamos de esto porque queremos evitar la confrontación, pero esto es algo amoroso. El pecado aspira engañar y nuestras mentes son propensas a divagar. Deberíamos cuidar especialmente a quienes parecen estar alejándose de la verdad. Levítico 19:17 enseña: «Razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado». Cuando leemos en Santiago 5:19: «Hermanos, si alguno de entre nosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados».

¿Conoces a amigos que, durante un tiempo, parecían estar particularmente activos en la iglesia y se han apartado, o incluso han dejado de asistir a la iglesia con regularidad? Te animaría a hacerles una llamada o a almorzar con ellos para ver cómo están y qué está sucediendo.

Por supuesto, no solo debemos hablar la verdad unos a otros cuando se trata de un asunto de pecado. Todo el libro de Proverbios demuestra el valor de amigos sabios que pueden abordar hábitos y patrones generales en nuestras vidas. Un amor genuino por los demás examinará estas áreas: ¿Aceptar ese trabajo le ocasionaría estrés a tu familia?; ¿Hacer ese viaje de negocios te pondrá en una posición de tentación?; ¿Están orientados tus hábitos de invertir tiempo y dinero completamente hacia lo que Dios valora?

Alabado sea Dios porque esta es una iglesia en la que hablamos unos a otros con la verdad. Me encanta escuchar a Michael Reeb citar la Escritura los miércoles en las noches de estudio. Amo toparme con Alex Schuh en una cafetería, ver que se está reuniendo con una mujer de la iglesia y que su Biblia está abierta. Me encanta ver cómo Jean Durso comunica regularmente palabras de estimulo y aliento cuando hablo con ella antes de la iglesia.

(4) La comunión en el perdón: El amor extiende misericordia
Cuarto, nuestra comunión no solo se diferencia por nuestra disposición a decir la verdad, pero también por nuestra disposición a perdonar y reconciliarnos cuando la comunión se ha roto. Pablo dice en Colosenses 3:13: «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros».

El perdón de Cristo es la base para el nuestro. Cuando alguien peca contra nosotros, ¿cuál es nuestro instinto? Bien sea, alejarnos llenos de amargura: «Ya no quiero tener nada que ver con ellos; o ¡me vengaré y los haré pagar!». Pero ninguna de estas dos posiciones debería tener lugar en la iglesia. Dios no se ha apartado de esa persona, la ha adoptado en su familia. Y Cristo ya ha absorbido la justa ira de Dios por el pecado de esa persona, ya no es necesaria la «venganza». Así, los aspectos relacionales y judiciales del perdón de Dios hacen posible nuestro perdón. Como alguien a quien Dios le ha perdonando mucho, ¿cómo podríamos dejar que el pecado que Dios ya ha resuelto se interponga entre nosotros y nuestros hermanos y hermanas en Cristo? Recuerda la parábola del siervo infiel cuya deuda de un millón de dólares fue cancelada, pero que luego se indignó cuando alguien más no le pudo pagar a él una miseria. Perdonar desde una postura de misericordia, significa rehusarnos a dejar que el pecado se interponga en el camino de una relación amorosa, y rehusarnos a guardar rencor por el pecado de alguien.

¿Cómo podemos cultivar esta postura de misericordia, sabiendo que personas en la iglesia pecarán contra nosotros? Por un lado, deberíamos creer que los demás tienen buenas intenciones en sus palabras y acciones en lugar de saltar a conclusiones en nuestras mentes, sospechando algún intento malicioso. Una buena regla de oro es nunca suponer las intenciones de alguien. Sabes, pues percibir los hechos. Pero no siempre puedes percibir las intenciones. La humildad brinda el beneficio de la duda.

Considera que como cristianos pertenecemos a Cristo en la eternidad unos con otros. Un día habitaremos juntos en perfecta comunión, sin pecado entre nosotros. Por tanto, cuando veamos a otras personas en la iglesia, deberíamos recordar que estaremos eternamente unidos en Cristo. Estás amando a alguien que está en su camino a la perfección de Cristo en el que no habrá nada desencantador o abrasivo en él. Eso debería darnos paciencia y perspectiva, esta persona no siempre será difícil de amar.

(5) La comunión en el sufrimiento: El amor produce comodidad
Quinto, la comunión cristiana es única porque el sufrimiento destruye nuestra comunidad, nos une. Pablo dice en 2 Corintios 1, versículos 4-5:

«[Cristo] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación».

Esto quiere decir que nuestras relaciones deben caracterizarse por una compasión y una amabilidad que son un reflejo de la compasión de nuestro Salvador. Jesús amó de esta manera, me encanta el relato en Marcos 1:40-41: «Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio».

Jesús no tuvo que tocar al leproso para sanarlo, sino que lo hizo para expresar compasión y para demostrar que él no puede contaminarse, sino que él limpia al sucio y al abatido.

Como la iglesia, nosotros somos el cuerpo de Cristo. Experimentamos lo que Jesús experimenta. Esto significa que sufriremos y significa que seremos consolados por su Espíritu. Los cristianos no fueron hechos para sufrir solos. Si estás sufriendo, una de las formas en las que Dios quiere consolarte es a través de la iglesia. Si conoces a alguien que está sufriendo, es probable que ahora no sea el tiempo para esa palabra de reprensión, sino para el toque compasivo semejante al de Cristo. Es el tiempo para la palabra suave, el abrazo, la oración, para sentarse con alguien y escuchar.

Ofrecer consuelo a alguien que sufre realmente no es la clase de cosas que puedes marcar de tu lista ni es algo en lo que puedes alistarte. Primero debes construir relaciones, y luego cuando lleguen las pruebas, debes estar listo para estar disponible. Cuando nos reunimos los domingos, miro alrededor y veo a muchos que están sufriendo, con dolor y enfermedad, con infertilidad, con corazones rotos y duelo, con desesperación, con crisis financieras… pero también veo a muchos que hacen de su habito ofrecer consuelo a través de la oración, de su presencia, de ayuda práctica o simplemente cantando un poco más fuerte para que las canciones de ánimo puedan rodear a quienes se sienten demasiado débiles para cantar.

(6) La comunión como un solo cuerpo: El amor considera el todo
Finalmente, existe un sexto aspecto a considerar. Hemos hablado acerca de amar a los demás como miembros individuales de nuestra iglesia. Pero la Escritura nos llama a amar y a estar comprometidos con toda la congregación, no solo con un subconjunto. 1 Corintios 10 resalta la realidad de que tomar la Cena del Señor juntos como iglesia nos une como un solo cuerpo. ¿Pero cómo podemos ser fieles para amar a toda la congregación cuando simplemente no es factible conocer bien a todos los miembros de la iglesia? Cuatro sugerencias breves:

Primero, ora por el directorio de la iglesia, una página o dos cada día. Esa es una excelente forma de amar y servir a toda la congregación. Si no conoces las necesidades particulares de algunos miembros, entonces ora por ellos de manera general, usa algunas de las oraciones que vemos a Pablo orar en el Nuevo Testamento.

Segundo, podemos amar a toda la congregación al edificar a algunas personas a través del discipulado, la enseñanza, etc., para que a su vez ellos puedan tomar lo que han aprendido y ministrar a otros en la congregación. Por tanto, haz que sea una parte clave de tu discipulado, enseñarle a quienes discípulas cómo discipular a otros. Otro aspecto de esto es cuando sirves cuidando de los niños, amas a todas la congregación al permitir que muchos padres sean discipulados por la enseñanza de la Palabra. Gracias por hacer eso.

Tercero, una de las cosas más amorosas y prácticas que podemos hacer es dar nuestras ofrendas fiel y generosamente por el bien de toda la congregación.

Y cuarto, podemos comprometernos a asistir a las reuniones de miembros. Que no te engañen todos los folletos y las gráficas de presupuesto, estas reuniones no tratan únicamente de negocios. Aquí es donde mostramos amor a los miembros nuevos al afirmar su profesión de fe, y a los miembros que se van al aceptar sus dimisiones. Es donde supervisamos la misión y la salud de la iglesia, es decir, es donde mostramos amor por toda la congregación e interés por lo que hace el cuerpo.

  1. Conclusión
    Al preparar esta clase, observé que los apuntes acerca de este material tenían los nombres de muchas personas que fueron grandes ejemplos de amor en esta iglesia. Pero las notas eran de hace algunos años, y muchas de esas personas ya no están. Dios ha hecho que salieran o las ha llamado a casa. Eso fue aleccionador para mí. Me recordó que, siempre y cuando Dios esté con nosotros en esta tierra, seguiremos amándonos hasta el último día. Nosotros en CHBC nos derramaremos en amor por más personas cada año incluso cuando cada año, algunos de nuestros hermanos y hermanas digan adiós. Ese es nuestro llamado lleno de gozo. Y aun en el último día, ¿qué permanecerá cuando este mundo con todo su brillo y glamur pase? El amor. Pablo dice que las profecías se acabarán y cesarán las lenguas y la ciencia, pero el amor nunca dejará de ser (cf. 1 Corintios 13:8). Jonathan Edwards dijo: «El cielo es un mundo de amor». Allí, nuestro amor por los demás será perfecto y completo porque fluirá eternamente de Aquel que es Amor.

Desde Ecuador: Nuestra esperanza en medio de la conmoción

Una reflexión pastoral en respuesta al asesinato de Fernando Villavicencio
10 AGOSTO, 2023

MATÍAS PELETAY • JUAN MONCAYO

Ayer, 9 de agosto, fue asesinado el candidato presidencial Fernando Villavicencio, tras finalizar un acto político en Quito. A la salida del evento, un grupo de sicarios abrió una ráfaga de disparos que terminó con la vida de Villavicencio, quien recibió tres disparos en la cabeza. El político fue trasladado de urgencia a la clínica de La Mujer, donde confirmaron su deceso. Otras nueve personas resultaron heridas en el hecho.

Fernando Villavicencio era uno de los ocho candidatos que competirían el próximo 20 de agosto en las elecciones presidenciales. Su popularidad había empezado a crecer en los últimos años a raíz de sus denuncias contra casos de corrupción que involucraron a políticos y empresarios con grupos de crímen organizado. En septiembre de 2022, Villavicencio fue víctima de un atentado, cuando su casa recibió cinco disparos a modo de amenaza, según él mismo declaró. Semanas antes de su asesinato, el asambleísta denunció públicamente que tanto él como su equipo de campaña recibieron amenazas de muerte.

Ecuador arrastra una crisis política y vive momentos de conmoción a menos de dos semanas para que se celebren las elecciones presidenciales. El 17 de mayo de este año, el actual presidente Guillermo Lasso decretó la «muerte cruzada» para disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones legislativas y presidenciales extraordinarias. Los comicios se celebrarán el próximo 20 de agosto y no se suspenderán a pesar del asesinato del candidato Fernando Villavicencio.

Esperanza para un mundo caído
Juan Moncayo, pastor en la iglesia La Fuente, en Quito, comparte la siguiente reflexión a la luz de los hechos que conmocionan al país sudamericano y al resto de la región:

Causa dolor lo que pasa en Ecuador. Para ser honesto, mi corazón, como el de muchos ecuatorianos, lucha con la desesperanza y la ansiedad, como también con el temor y la frustración. Estos sentimientos provienen de observar el contexto en el que vivimos: la maldad se sale con la suya, el sistema de justicia está roto, los gobernantes parecen tener las manos atadas, y el pueblo abiertamente dijo «no» a muchas medidas que sirvieron en Colombia y México para traer un poco de ayuda en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, entre otras cosas.

Debemos rogar a Dios que ministre nuestro corazón y levante nuestros ojos para que podamos ver Su presencia en medio de tanto dolor

Esto me recuerda al reporte de los espías israelitas, cuando vieron a los gigantes que habitaban en la tierra prometida (Nm 13). La mayoría de los espías trajeron noticias oscuras, difíciles y desesperanzadoras; como las que nos toca escuchar hoy. Sin embargo, en medio del desánimo, dos hombres de Dios animaron al resto del pueblo a confiar en las promesas y el poder del Señor (14:6-9). El reporte sobre los gigantes en la tierra prometida era cierto, pero Dios era más grande.

De la misma manera, en medio de tanta oscuridad necesitamos recordar ese «pero Dios». Debemos rogar a Dios que ministre nuestro corazón y levante nuestros ojos para que podamos ver Su presencia en medio de tanto dolor y recordar que:

  1. La justicia de Dios es perfecta.
    Los malvados de este mundo pueden escapar de toda la justicia imperfecta de este mundo, pero un día estaremos todos delante de la justicia perfecta de Dios, delante de la ira de un Dios Santo. Nadie podrá torcer esa justicia. Aquel momento será aterrorizante para los que cometieron iniquidades y no pusieron su confianza en Jesús para vivir según Su voluntad. En medio de nuestro lamento por la injusticia de este mundo caído, podemos descansar en que la justicia de Dios triunfará.
  2. Somos peregrinos en este mundo pasajero.
    Amo mi Ecuador. Dios me ha llamado a ser luz y sal en ese país; a orar y trabajar por la paz; a luchar para que mis hijos y mis nietos puedan tener un lugar dónde florecer y crecer. Sin embargo, mi nacionalidad terrenal no se compara con mi ciudadanía celestial y eterna.

En medio de nuestro lamento por la injusticia de este mundo caído, podemos descansar en que la justicia de Dios triunfará

La desesperanza que vivimos en este mundo es un recordatorio de que debemos gemir por el retorno de nuestro rey Cristo. Debemos fijar nuestros ojos en la eternidad. Como dijo C. S. Lewis: «Lo que no es eternamente útil es eternamente inútil». Oremos para que nuestro enfoque esté en lo eterno, para invertir toda nuestra vida en la eternidad, mientras clamamos por la misericordia de Dios para nuestro país.

  1. Alabemos a Dios y confiemos en Él.
    En estos momentos, debemos hacer nuestras las palabras del salmista:

¡Aleluya!
Oh alma mía, alaba al SEÑOR.
Alabaré al SEÑOR mientras yo viva;
Cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista.
No confíen ustedes en príncipes,
Ni en hijo de hombre en quien no hay salvación (Sal 146:1-3).

Los reinos y reyes de este mundo vienen y van; solo el Rey Jesús y Su reino permanecen para siempre. Él es nuestra paz y quien trae la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Fil 4:7). Él es la torre fuerte, la roca eterna y nuestro refugio. Este triste suceso es una oportunidad que Dios nos da para calibrar nuestros corazones y examinar dónde está puesta nuestra confianza.

Oro para que estas palabras, que yo mismo me las estoy predicando, puedan ser de ánimo para muchos. Son tiempos oscuros no solo en Ecuador, sino en toda Latinoamérica. Pero vivamos como peregrinos que invierten sus vidas en lo que es eterno, aguardando a Cristo, nuestra esperanza segura.

Te invito a orar tanto por Ecuador como por toda nuestra región, y en especial, por nuestros corazones que se unen a la creación gimiendo: «Ven pronto, Señor».

Matías Peletay sirve como editor en Coalición por el Evangelio. Vive en Cachi (Salta, Argentina) con su esposa Ivana y su hija Abigail, y juntos sirven como misioneros de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes escucharlo en el podcast Bosquejos y seguirlo en Twitter.

Juan Fernando es uno de los pastores que plantaron la Iglesia La Fuente en Quito-Ecuador. Se graduó con una ingeniería en negocios de The Master’s University en California en donde conoció a su esposa Marissa y tienen una hija pequeña. Actualmente está terminando una Maestría en Divinidad en Clarks Summit University. Puedes encontrarlo en Twitter.

¿Eres un hombre de integridad? | Edgar Nazario

¿Eres un hombre de integridad?
Introducción:
La integridad es un aspecto vital del carácter cristiano. Engloba la honestidad, la rectitud moral y la adhesión constante a los estándares de Dios en todas las áreas de la vida. Como hombres cristianos, nuestro objetivo debe ser reflejar el carácter de Cristo, quien personificó una integridad perfecta. En este artículo, exploraremos la importancia de vivir una vida marcada por la integridad, comprendiendo su fundamento bíblico y descubriendo formas prácticas de cultivarla en nuestra vida diaria.
Punto 1: Comprendiendo el Fundamento Bíblico de la Integridad
Definición de Integridad:
La integridad, según la Biblia, va más allá de simples apariencias externas. Implica la alineación de nuestros pensamientos, palabras y acciones con la verdad y la justicia de Dios. Proverbios 10:9 dice: «El que camina en integridad anda confiado; más el que pervierte sus caminos será descubierto». Este versículo enfatiza que una persona íntegra camina con confianza, sabiendo que está guiada por los principios de Dios.
Imitar el Ejemplo de Cristo:
Jesucristo es nuestro modelo supremo de integridad. Demostró consistentemente una perfecta alineación entre su carácter, sus palabras y sus acciones. En Juan 8:29, Jesús dice: «Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo siempre hago lo que le agrada». Como hombres cristianos, estamos llamados a imitar el ejemplo de Cristo y esforzarnos por tener integridad en todos los aspectos de nuestras vidas.
Punto 2: La Importancia de la Integridad
Un Reflejo del Carácter de Dios:
La integridad no es simplemente una virtud personal; es un reflejo del propio carácter de Dios. Salmo 25:21 dice: «Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado». Cuando vivimos vidas de integridad, honramos a Dios y señalamos a otros hacia su justicia. Nuestro compromiso con la honestidad y la rectitud moral se convierte en un testimonio del poder transformador del evangelio.
Ganar Confianza e Influencia:
La integridad es el fundamento de la confianza y la influencia. Cuando otros ven que vivimos consistentemente según nuestras convicciones, es más probable que confíen en nosotros. Proverbios 20:7 afirma esto al decir: «El justo camina en su integridad; ¡dichosos serán sus hijos después de él!». Al cultivar la integridad, impactamos no solo nuestras propias vidas, sino que también influenciamos positivamente a quienes nos rodean, incluyendo a nuestras familias y las futuras generaciones.
Punto 3: Cultivando la Integridad en la Vida Diaria
Cuidando Nuestros Corazones y Mentes:
Cultivar la integridad requiere esfuerzo intencional. Proverbios 4:23 nos aconseja: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida». Debemos cuidar nuestros corazones y mentes contra las influencias corruptoras del mundo. Sumergirnos regularmente en la Palabra de Dios y buscar su guía a través de la oración nos equipa para tomar decisiones justas y mantener la integridad.
Responsabilidad y Comunidad:
Ser parte de una comunidad de creyentes brinda responsabilidad y apoyo en nuestra búsqueda de la integridad. Proverbios 27:17 dice: «El hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo». Rodearnos de personas afines que nos animen y nos desafíen a vivir con integridad es crucial. Esto incluye participar en una iglesia local, unirse a un grupo pequeño o encontrar un mentor que nos ayude a crecer en esta área.
Tomar una Postura y Hacer Enmiendas:
La integridad a menudo nos exige tomar una postura por lo que es correcto, incluso cuando es difícil. Efesios 4:25 nos recuerda: «Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros». Cuando cometemos errores, es esencial humillarnos, buscar perdón y hacer enmiendas. Una persona íntegra asume la responsabilidad de sus acciones y busca la reconciliación.
Conclusión:
La integridad no es un atributo opcional para un hombre cristiano; está en el núcleo de nuestra identidad como seguidores de Cristo. Al comprender el fundamento bíblico de la integridad, reconocer su importancia como un reflejo del carácter de Dios y cultivarla intencionalmente en nuestra vida diaria, podemos esforzarnos por ser hombres de integridad que glorifiquen a Dios en todo lo que hacemos. Al imitar el ejemplo de Cristo, ganar confianza e influencia, y buscar activamente la integridad, nos convertimos en catalizadores de un cambio positivo en nuestras familias, comunidades y en el mundo que nos rodea. Que busquemos continuamente la guía y el poder del Señor mientras nos embarcamos en este viaje de vivir vidas marcadas por la honestidad, la integridad y la rectitud moral.
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Edgar Nazario

Viviendo como una iglesia – Clase 5: El gobierno de la iglesia

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 4: El gobierno de la iglesia

1. Introducción
Quiero iniciar haciendo una pregunta relacionada con quién toma las decisiones en nuestra iglesia. Si eres miembro de CHBC, cuando asistes a las reuniones de miembros, a menudo puede dar la sensación de que los ancianos son quienes toman las decisiones y lideran a la iglesia. Si ese es el caso, ¿cuál es el rol de la congregación en la toma de decisiones?

Eso es en lo que queremos considerar el día de hoy: el gobierno de la iglesia. No estoy seguro de que muchos de nosotros despertamos a mitad de la noche preocupados por el gobierno de la iglesia. Con toda honestidad, el gobierno de la iglesia no es algo en lo que la mayoría de los cristianos piensan. Es como un pistón en el motor de un carro. Sabemos que es importante, pero no pensamos mucho en ello. Sin embargo, si no estuviera allí o estuviera roto, definitivamente lo notaríamos.

Esa es la razón por la que queremos dedicar toda una clase para hablar acerca del gobierno de la iglesia, ya que es una parte fundamental para que la iglesia se mantenga fiel a su misión dada por Dios durante muchas, muchas décadas. Y mientras más conocemos cómo funciona el gobierno de la iglesia, podemos ajustar mejor la manera en la que vivimos como miembros de una congregación para promover la unidad de la misma.

Para comenzar, definamos qué es el gobierno de la iglesia. El gobierno de la iglesia es el sistema a través del cual se toman las decisiones en la iglesia, donde reside la autoridad. Así que, por ejemplo, ¿de la pregunta acerca de qué debería contener nuestra declaración de fe? La forma en la que decidimos esa pregunta depende de nuestro sistema de gobierno. El gobierno de la iglesia puede ser una gran herramienta para la unidad, o un gran oponente de la unidad en la iglesia. Si piensas en quién detenta la autoridad para la toma decisiones en una familia, demuestra cuán crucial es este concepto: cuando los niños quieren comer helado en la cena y quedarse despiertos hasta la 1 de la madrugada, necesitan que se les recuerde que mamá y papá están a cargo, no ellos. Asimismo, necesitamos saber quién detenta la autoridad en la iglesia.

El gobierno de la iglesia es importante porque Dios escribió al respecto en su Palabra. Por lo que él recibe la gloria cuando seguimos sus instrucciones. Y cuando lo hacemos, la autoridad correcta debería proteger y hacer prosperar la unidad de la iglesia.

Dicho eso, permíteme presentar un breve bosquejo para nuestro tiempo esta mañana. Veremos los dos principales oficios de liderazgo en la iglesia dados en la Escritura, los ancianos y los diáconos. Luego estudiaremos el rol de la congregación como la máxima autoridad en la toma de decisiones. Al considerar estos temas, queremos enfocarnos especialmente en la unidad: cómo organizar la iglesia según la Escritura promueve la unidad, y cómo podemos cada uno vivir dentro de esa organización para incrementar el amor y el testimonio de nuestra iglesia.

Los oficios bíblicos en la iglesia
Primero veamos los cargos en la iglesia que se describen en la Biblia: los ancianos y los diáconos.

No pasaré mucho tiempo describiendo estos oficios porque muchos de nosotros estamos familiarizados con ellos y habríamos sido presentados a ellos en las clases de membresía. Sin embargo, para nuestros fines de hoy quiero enfocarnos en el beneficio que estas estructuras de autoridad proveen para la unidad en la iglesia.

A. Los ancianos

Comencemos con el oficio de anciano. El término anciano (o, en griego, presbuteros), se usa de manera intercambiable para supervisor u obispo (Episkopus) y pastor (Poimenas)[1]. (cf. Hechos 20-17-37).

Los ancianos son responsables de la supervisión espiritual de la iglesia. Por eso, en Hechos 20:28, Pablo les dice a los ancianos de Éfeso: «Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre».

Vemos en Hechos 6 que los ancianos deben dedicarse especialmente a la oración y al ministerio del mundo. También son responsables de gobernar el cuerpo de la iglesia. 1 Timoteo 5:17: «Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor»; (cf. 1 Pedro 5:2-5).

Ahora bien, con ese trasfondo en mente, permíteme sugerir cuatro formas de tener un obispado bíblico que promueva y proteja la unidad de la iglesia:

Primero, este modelo de liderazgo delega la autoridad en quienes están más capacitados para ejercerlo. Encomienda los principales deberes de la predicación y la enseñanza, junto con la autoridad para tomar decisiones importantes, a quienes reúnen ciertos requisitos establecidos en 1 Timoteo 3 y Tito 1:6-9 (1 Timoteo 5:17; Hebreos 13:17)[2]. Así como es probable que no le confíes tu cuidado médico a alguien sin un doctorado médico, la iglesia se asegura de que a quienes se les encomiende las responsabilidades más significativas reúnan cierto criterio bíblico que determine su carácter y capacidad de servicio. Esto fomenta la unidad porque reconocemos un estándar común que los ancianos deberían cumplir.

Segundo, el liderazgo de los ancianos coloca la responsabilidad especial por la salud espiritual de la membresía en manos de quienes tienen una responsabilidad especial ante Dios. Así en Hebreos 13:17, leemos que los ancianos: «velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta». Esto quiere decir que si tenemos ancianos piadosos, ellos nos guiarán como hombres que temen a Dios primero, no a nosotros. Dios los responsabiliza de obedecer. Efesios 4:12-13 dice que el trabajo de los pastores es preparar a la iglesia para obras de servicio para que todos podamos llegar a la unidad en la fe.

Una tercera forma en la que el liderazgo promueve la unidad es por medio del mandamiento de Dios para los miembros de «obedecer» a sus pastores y «someterse a su autoridad» (cf. Hebreos 13:17). Cuando nos sometemos juntos a la autoridad, eso fomenta la unidad. ¿Por qué? Piensa en esta postura de sumisión: la sumisión hace que seamos más humildes y menos orgullosos, más respetuosos y menos desafiantes. Al igual que en el hogar, o en nuestra propia relación con Dios, reconocer con humildad la autoridad correcta trae beneficios. Hebreos 13:17 dice: «Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; para que lo hagan con alegría y no quejándose, porque esto no es provechoso».

Ahora bien, a muchas personas, principalmente en mi generación, les incomoda la idea de la autoridad en cualquier parte, sin mencionar la iglesia. La autoridad puede ser abusada. Puede ser desviada pecaminosamente. Pero Dios inventó la autoridad. Es por nuestro bien como congregación. También es por el bien de los miembros individualmente, porque aprender a confiar en la autoridad es bueno para nosotros espiritualmente. En la iglesia, cuando la autoridad de los ancianos se usa con el consentimiento de la congregación por su bien, la congregación se beneficiará a medida que Dios edifica a su iglesia.

Como miembros, estamos llamados a someternos; pero, por otro lado, los ancianos están llamados a ejercer su autoridad correctamente. Así, en 1 Pedro 5, dirigiéndose a los ancianos, Pedro les dice: «Apacentad la grey de Dios, no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey» (versículos 2-3). Los ancianos deben caracterizarse por usar su autoridad de una manera que demuestre que entienden que la iglesia no les pertenece a ellos, sino a Cristo. Deben tener un corazón de siervo y exhibir esa misma humildad que exhibió Cristo.

Cuarto y por último, el modelo bíblico del liderazgo de los ancianos promueve la unidad al establecer una pluralidad de ancianos, en lugar de hacer que el liderazgo de la iglesia descanse pesadamente sobre los hombros de un solo hombre. En Hechos 14:23, leemos: «Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído».

(cf. Hechos 14:23; 16:4; 20:17; 21:18; Tito 1:5; Santiago 5:14; Filipenses 1:1.)

Y muchos otros versículos respaldan esta idea de un liderazgo plural. ¿De qué manera el tener varios ancianos fomenta la unidad?

Por una parte, es más probable que las decisiones tomadas por los ancianos de manera colectiva y no por un solo anciano sean más apoyadas por toda la congregación. Piensa en Proverbios 15:22: «Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman». Contar con una pluralidad de ancianos significa que los ancianos deben ser humildes al relacionarse entre sí, y su humildad debe ser un modelo para toda la iglesia. Por otra parte, una pluralidad de ancianos aumenta la confianza de los miembros en el proceso de toma de decisiones mientras que aligera la carga del pastor de tener que soportar todas las críticas por una decisión.

Además, la pluralidad de ancianos permite que el liderazgo conozca mejor a la congregación. Es más fácil que varios ancianos conozcan y cuiden de diferentes partes de la congregación que un solo pastor. Con una pluralidad de ancianos, es menos probable que los miembros de la iglesia se sientan olvidados, o que sientan que no tienen acceso al liderazgo.

Aplicación:

Entonces, ¿cómo este entendimiento del oficio de anciano cambia la manera en la que vivimos como miembros de la iglesia para que podamos desarrollar nuestra unidad como congregación?

Primero, y esto es obvio, deberíamos obedecer a nuestros ancianos y sujetarnos a su liderazgo. La autoridad de los ancianos en este asunto está vinculada a la fiel enseñanza de la Escritura, por tanto, Hebreos 13:7 dice: «Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios».

Ahora, ¿esto significa que un anciano puede decirte que compres un carro azul en vez de uno rojo? No. Los ancianos tienen autoridad para guiar a la congregación al explicar la Palabra de Dios y aplicarla en circunstancias específicas. Ellos brindan sabiduría piadosa sobre principios y verdades bíblicas. Por lo que los miembros deberían obedecerlos. En unas semanas, dedicaremos gran parte de nuestra clase a la pregunta de qué hacer cuando no estamos de acuerdo con ellos. Pero, por lo general, debemos obedecerlos.

Segundo, esfuérzate por hacer que los ancianos trabajen con alegría y no quejándose. Sabemos de Hebreos 12:17 que esto no es bueno. Así que, busca formas de animar a los ancianos y de orar por ellos. Parte de eso implica la percepción que creamos de los ancianos ante los demás, especialmente ante creyentes más nuevos; la manera en la que hablan acerca de los ancianos con otras personas, y la forma en la que se acercan a los ancianos en las reuniones de miembros. Esto no quiere decir que nunca hagamos preguntas de los ancianos o les pidamos que expliquen a qué se refieren, significa que lo hacemos de un modo que supone lo mejor, y ayuda a que otros se alinean a la manera en la que los ancianos lideran.

Tercero, considera las capacidades de quienes son presentados como posibles ancianos. Aunque deberíamos darle gran peso a las recomendaciones que hacemos a los ancianos de un nuevo anciano prospecto, también deberíamos esforzarnos por conocerlos. Si no conoces a un posible anciano, busca la oportunidad entre el tiempo en que la persona es nominada y cuando la congregación vota por él (aproximadamente dos meses), habla con él, hazle preguntas. De hecho, la constitución de nuestra iglesia dice que solo podemos votar en contra de reconocer a un anciano prospecto si hemos hablado con ese anciano con tiempo de antemano acerca de nuestras inquietudes. La razón detrás de ello es simple: Si tienes alguna clase de preocupación por la capacidad de ese individuo de liderar a esta congregación que sea lo suficientemente significativa como para que retengas tu voto, podría ser una buena razón para que los ancianos remuevan la nominación de esa persona.

En todo esto, recuerda que nuestros ancianos sirven como pastores supervisados por el Gran Pastor. No serán perfectos como Jesús lo es. Cuando lideran como Jesús, debemos animarles. Deberíamos seguirles como ellos siguen a Cristo.

B. Los diáconos

La segunda clase de oficio claramente establecida en la Escritura es el oficio de diácono. En el Nuevo Testamento, la palabra diakonos puede traducirse como diácono o servidor, que se refiere al servicio en general. Los diáconos se encargan de los detalles prácticos de la vida de la iglesia tales como la administración, el mantenimiento y el cuidado de los miembros de la iglesia con necesidades físicas (cf. Hechos 6:1-6).

Los requisitos para los diáconos aparecen en 1 Timoteo 3:8-12, y son similares a los requisitos de los ancianos. Sin embargo, existen dos diferencias notorias. A diferencia de los ancianos, los diáconos pueden ser mujeres y hombres. En segundo lugar, en contraste con los ancianos, a los diáconos no se les exige ser aptos para enseñar (cf. 1 Timoteo 3).

Entonces, ¿de qué manera un entendimiento bíblico correcto de la relación entre diáconos y ancianos fomenta la unidad dentro de la iglesia? En Hechos 6, vemos algo de la raíz de la distinción en los roles y las responsabilidad de los diáconos y de los ancianos. En el capítulo 6, versículo 1, leemos que los judíos griegos se quejaban de los judíos hebreos porque sus viudas estaban siendo desatendidas en la distribución diaria de los alimentos.

Y así, en base a la recomendación de los apóstoles, la iglesia eligió diáconos para hacer que la distribución de la comida entre las viudas fuera más equitativa (versículos 2-5). De allí, vemos tres formas en las que los diáconos contribuyen a la unidad de la iglesia.

Primero, los diáconos cuidan de todos los miembros de la iglesia. Su trabajo entre las viudas en Hechos 6 era importante porque el descuido físico de las viudas griegas estaba causando desunión espiritual. Un grupo de cristianos estaba comenzando a quejarse en contra de otro grupo, y de una forma específicamente peligrosa, entre líneas culturales. Esto parece ser lo que, en particular, llamó la atención de los apóstoles, los diáconos resolvieron la situación y preservaron la unidad.

Segundo, los diáconos en Hechos hicieron posible que los apóstoles dedicaran su tiempo al ministerio de la Palabra y a la oración. En los versículos 2-4 de Hechos 6, leemos:

«Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra».

Actualmente, los diáconos desempeñan el mismo rol en el apoyo del ministerio de los ancianos. Nuestros ancianos a menudo pueden pasar 1 o 2 horas en oración en sus reuniones precisamente porque los diáconos coordinan gran parte del ministerio de la iglesia. Esta es una imagen viva de la unidad: los diáconos procurando servir con humildad mientras que los ancianos enseñan y dirigen, cada uno abrazando el rol que Dios les ha dado.

Finalmente, una tercera manera en la que los diáconos cultivan la unidad es distribuyendo el trabajo en toda la congregación. Esto evita que una cantidad desproporcionada del trabajo caiga solo sobre unos pocos miembros; y permite que todos los miembros tengan la oportunidad de participar en el gozo de servir a los demás.

¿Cuáles son algunas de las implicaciones del trabajo de los diáconos para el resto de nosotros? Un par de comentarios:

Primero, este entendimiento de los diáconos debería orientar nuestra elección de los diáconos. Si los diáconos son quienes deben estimular la unidad, entonces quienes sirven en esta área deberían ser «unidores y no divisores». No deberían preocuparse por proteger su territorio, no deberían ser la clase de personas que siempre están alardeando de sus grandes ideas. No son como una segunda casa de legislatura, compitiendo con los ancianos. En cambio, vienen en nombre de toda la congregación a servir necesidades particulares, sí, pero con el propósito de contribuir a todo el cuerpo.

Segundo, como miembros, debemos apoyar a los diáconos ofreciendo nuestra ayuda en sus distintos ministerios. Al hacerlo, promovemos la unidad en la iglesia al animar a los diáconos, servir a la congregación y ayudar a distribuir el trabajo equitativamente. Hablaremos más detalladamente acerca de servir en la iglesia en la semana 11.

El congregacionalismo
Bien, hasta ahora hemos considerado los oficios de la iglesia establecidos en la Escritura. ¿Pero qué hay de la forma de gobierno de la iglesia? ¿Quiénes deben tener la última palabra en asuntos de la iglesia?

Cuando leemos la Biblia, vemos que es la congregación la que tiene la autoridad suprema en tres asuntos particularmente significativos en la vida de la iglesia: la disciplina, la membresía y la doctrina. Así, el peso de la Escritura respalda una forma de gobierno congregacional (y con ello, me refiero a que la congregación es la corte de apelación final).

Así que, primero, sabemos gracias a Mateo 18 (versículos 15-17), que la congregación tiene la última palabra en asuntos de disciplina. Si un miembro ha pecado contra otro, y se rehúsa a escuchar incluso luego de ser confrontado por otros miembros, Jesús dice en Mateo 18:17: «Dilo a la iglesia».

Asimismo, en 1 Corintios 5, vemos que solo la congregación tiene la autoridad para disciplinar a los miembros. Pablo dice en 1 Corintios 5:4: «En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús». También, en 2 Corintios 2 (versículos 6-8), Pablo insta a toda la iglesia a readmitir a alguien que había sido expulsado previamente de la iglesia en Corinto, y que aparentemente se había arrepentido, así que vemos en este ejemplo que la congregación también posee la máxima autoridad sobre asuntos de membresía.

Por último, este es el caso en relación con asuntos de doctrina. En Gálatas 1:8 Pablo dice a los cristianos en las iglesias, no solo a los pastores: «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema». Y muchas otras veces en el Nuevo Testamento, se responsabiliza a la iglesia por malas enseñanzas, no a los líderes (cf. 2 Timoteo 4:3-4). Por tanto, la iglesia es finalmente responsable por asuntos doctrinales.

La pregunta para nosotros es: ¿Esta autoridad congregacional ayuda a nuestra unidad como congregación?

Creo que la respuesta es sí. Por un lado, esta autoridad nos da como miembros una gran cantidad de mayordomía en la iglesia local. Hay una responsabilidad, un sentido de que tenemos que responderle a Jesús por la manera en la que desempeñamos nuestro rol. Si la salud de la iglesia dependiera finalmente de los líderes, podríamos sentarnos y relajarnos. Pero si depende de nosotros, deberíamos estar interesados en la salud del cuerpo, lo que debería llevarnos a cuidarnos y amarnos los unos a los otros, y hacer todo lo que podamos para procurar la unidad.

Esta autoridad también fomenta la unidad al permitir que la congregación proteja la pureza del evangelio, que es lo que nos une como cristianos. La congregación sirve como una cerca para proteger a la iglesia contra falsas enseñanzas o disciplinar a un miembro que está en pecado impenitente. Piensa en el observador que está por encima de alguien que está levantando pesas con una carga extremadamente pesada. Si el levantador de pesas está en peligro, el observador ejerce su autoridad, interrumpe el ejercicio y se hace cargo. Al igual que ese observador, la congregación está llamada a salvaguardar el evangelio y asegurarse de que se conserve. Y este arreglo tiene sentido. La historia nos enseña que es más probable que se descarríen algunos líderes de la iglesia que toda una congregación de creyentes regenerados que conocen el evangelio y están llenos del Espíritu Santo[3].

Eso nos lleva a nuestro último tema de hoy: el equilibrio entre el liderazgo de los ancianos y el congregacionalismo. Hemos visto que la Escritura enseña la idea del liderazgo de los ancianos en la iglesia (de hecho, Hebreos 13 declara que los miembros deben obedecer a sus líderes y sujetarse a su autoridad (cf. 1 Timoteo. 5:17)) y, sin embargo, hemos visto que la Escritura delega a la congregación la última palabra en ciertos asuntos de importancia. Esta tensión hace surgir dos preguntas:

La primera es: ¿Qué hay de los otros asuntos que se dan en la vida de la iglesia además de la disciplina, la doctrina, la membresía y las disputas personales? Así que, por ejemplo, en situaciones como: ¿Deberíamos hacer renovaciones en parte del edificio o proveer recursos para un misionero en el extranjero? ¿Debería la congregación tener la última palabra en esta clase de asuntos? Bien, el Nuevo Testamento no aborda esta pregunta. Por lo que, cuánto debería involucrarse una congregación corporativamente en asuntos de presupuesto, misiones, entre otros, es algo que debe tratarse con discreción y prudencia. Nuestra constitución, por ejemplo, exige una votación congregacional para aprobar el presupuesto anual; para escoger a los ancianos, elegir a los diáconos y convocar al pastor principal y a los pastores asociados, entre otras cosas.

La segunda pregunta es: ¿Cómo podemos obedecer el mandamiento bíblico de obedecer y sujetarnos a nuestros líderes y, al mismo tiempo, ejercer nuestra responsabilidad como miembros de guardar la pureza del evangelio?

Bien, una manera útil de pensar en esto es considerar la importancia y la claridad del problema.

Por ejemplo, digamos que el tema acerca de si la Biblia es la Palabra de Dios inspirada, o si solo partes de la Biblia son inspiradas. El asunto es importante y claro, la Biblia en su totalidad es inspirada. Esta es la clase de asunto doctrinal que si los ancianos enseñan algo falso, la congregación no debería posponer. Aquí es donde la congregación tiene el deber de intervenir como el observador para preservar la integridad del mensaje del evangelio.

Por otra parte, ¿qué pasa si la congregación debería aprobar la recomendación de los ancianos de que un posible miembro sea admitido en la membresía? Esto también es algo serio, pero en la mayoría de los casos, no será tan claro para toda la congregación porque no todos los miembros pueden conocer el testimonio de esa persona íntimamente. Esta es la clase de área en la que es más importante para la congregación confiar en los ancianos. En muchos sentidos, es en esta clase de problemas donde los ancianos sirven más particularmente a la iglesia al hacer el trabajo específico de entrevistar y considerar a los posibles miembros. Debido a que la membresía requiere la aprobación congregacional, debemos informar esa decisión lo antes posible, y si tenemos una buena razón para dudar de la recomendación de los ancianos, deberíamos avisarles, pero generalmente, esta es un área en la que debemos confiar en los ancianos.

Entonces, ¿cómo podemos nosotros, como miembros, contribuir a la unidad participando en el proceso de toma de decisiones de la iglesia? Déjame sugerir dos modos de hacerlo:

Primero, deberíamos tomar seriamente la responsabilidad que tenemos de proteger a la iglesia de las falsas doctrinas y del error. Me encanta cómo se describe a los bereanos en Hechos 17:11: «Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así». Si crees que existe un error doctrinal que se esté enseñando desde el pulpito, entonces eres responsable de aprender más al respecto, e ir a hablar con un anciano en persona para averiguar lo que el pastor o los ancianos creen acerca de ese punto. Si alguna vez llegan a alejarse de nuestra declaración de fe, la congregación debe intervenir.

Segundo, deberíamos considerar seriamente los privilegios y las responsabilidades de nuestra membresía, incluyendo nuestro privilegio de votar. Por tanto, deberíamos asistir a las reuniones de los miembros de la iglesia, que se llevan a cabo cada dos meses, y deberíamos participar en las diferentes votaciones que vengan. Esta es otra manera en la que podemos promover la unidad en la congregación. Al votar junto con el resto de la congregación en asuntos importantes tales como la aprobación del presupuesto o la elección de nuevos ancianos, demostramos nuestra conformidad (suponiendo que estamos de acuerdo) con los ancianos y el resto de la iglesia en estos asuntos.

Conclusión
Al reflexionar sobre nuestra autoridad como iglesia, no olvidemos que solo poseemos esta autoridad porque Cristo delegó su autoridad en nosotros. Él venció a la muerte por nuestros pecados y fue levantado a la vida por nuestra justificación. Debemos seguir su ejemplo de humildad al gobernar esta iglesia, su iglesia, para la gloria de Dios.

[1]Aunque algunas iglesias desde el siglo II A.D., han utilizado la palabra «obispo» para referirse a un solo individuo con autoridad sobre muchas iglesias, esto fue una posterior evolución del término y no se encuentra en el Nuevo Testamento.

[2]La Biblia es clara en que únicamente los hombres pueden servir como líderes. En 1 Timoteo 2:11-14, leemos que la mujer no debería enseñar o tener autoridad sobre el hombre. También puedes ver 1 Corintios 14:34-36; 11:2-16. Cualquiera que sea la autoridad exacta de la que Pablo intentó hablar aquí como inapropiada, claramente involucra a las mujeres enseñando.

[3]Históricamente, así es como han funcionado las cosas por lo general. Si el liderazgo nacional de una iglesia con gobierno jerárquico adopta una falsa doctrina, ese error puede ser impuesto en las iglesias locales, creando desunión y disputa entre los miembros de la iglesia. Así que, si bien queda claro que ninguna forma particular de política eclesial previene a las iglesias de equivocarse, políticas más centralizadas parecen tener un peor historial que el congregacionalismo en mantener un testimonio fiel, vital y evangélico. Además, considera lo que sucede cuando una iglesia congregacional cae en un error doctrinal. Con el tiempo, es probable que simplemente muera, no tiene la capacidad de imponer ese error en otras iglesias.

Viviendo como una iglesia – Clase 4: La predicación y la oración

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 4: La predicación y la oración

1.Introducción
La vida de nuestra iglesia debe ser evidentemente sobrenatural. Es decir, cuando las personas dan un vistazo a nuestra iglesia, deberían ver la profundidad y la amplitud de nuestras relaciones, algo que va más allá de lo que pueden explicar solo a través de medios naturales.

Dios ha revelado sus medios normales para hacer lo sobrenatural. En particular, el día de hoy queremos considerar los medios sobrenaturales de Dios para edificar su iglesia por medio de la oración y la predicación.

La predicación es uno de los medios normales de la gracia sobrenatural. Piensa en Romanos 10:17: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». El amor sobrenatural es resultado de la fe sobrenatural, ¿cierto? La predicación es el medio ordinario mediante el cual Dios otorga el don sobrenatural de la fe a su pueblo.

A continuación, como ya mencioné, el otro medio de la gracia que queremos estudiar es la oración. Jesús nos dijo en Juan 14:13: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré». Por tanto, otra manera de ver a Dios obrar sobrenaturalmente en nuestras congregaciones es acercándonos a él en oración sabiendo que en Cristo, Dios escuchará nuestra alabanza, nuestra confesión, nuestro agradecimiento y nuestras súplicas.

Durante el resto de nuestro tiempo quiero que examinemos cada uno de estos medios individualmente. ¿Cómo podemos ser parte de una comunidad en la iglesia con una unidad sobrenatural? Principalmente, escuchando la Palabra de Dios y orando. Comenzaremos con la Palabra de Dios.

  1. La predicación

A. La predicación importa
El hecho de que la predicación es el medio de Dios para llevar a cabo lo sobrenatural no debería sorprendernos. Al fin y al cabo, Dios siempre ha creado a su pueblo con su palabra. En el principio Dios creó todas las cosas por el poder de su palabra. Dios creó al pueblo de Israel por la palabra de su ley en el monte Sinaí. Dios da vida por medio de su palabra, por ejemplo; la visión de Ezequiel de un valle de huesos secos. Allí leemos:

«Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso… Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo» (Ezequiel 37:7, 10).

Imagina a un hombre hablando a huesos secos para que cobraran vida.

La palabra de Dios, hablada a través del profeta Ezequiel, es lo que trae a su pueblo a la vida. Esto es exactamente lo que vemos en el Nuevo Testamento. Jesús, la palabra de Dios hecha carne, enseñó al pueblo de Dios. Es la predicación del evangelio por parte del apóstol Pedro en Hechos 2 lo que primero enciende a la iglesia, y es la enseñanza fiel de los apóstoles la que la sostiene.

La Palabra de Dios es fundamental para la identidad de su pueblo. El cristianismo se trata primariamente de una experiencia espiritual, o de una comunidad cordial o de actos de servicio, aunque ciertamente implica estas cosas. Se trata antes que nada de un mensaje que puede ser respaldado en base a hechos históricos: «que Cristo fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, y que apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Corintios 15:4-5). Esta es la buena noticia: el evangelio. Y predicar ese mensaje es la fuente de nuestra vida como iglesia y de la vida eterna para cada uno de nosotros.

B. Específicamente la predicación expositiva
Puedes predicar y ver que nada sobrenatural acontece. No toda predicación es fiel. Y no todas las personas son oyentes fieles. Solo piensa en toda esa gente que escuchó a Jesús en persona, y después se alejó sin ningún cambio en sus vidas. Por tanto, primero quiero hablar acerca de qué clase de predicación debería verse como normal, y luego qué sucede cuando esa predicación se cruza con la comunidad del pueblo de Dios.

¿Qué clase de predicación creará sobrenaturalmente al pueblo de Dios de la nada? En una palabra, la predicación que es expositiva. Aquella que nos «expone» un pasaje de la Escritura. Cuando decimos que un sermón es «expositivo», queremos decir que está diseñado para explicar un pasaje en particular de la Palabra, de manera que la enseñanza principal del sermón es la enseñanza principal del pasaje.

La alternativa es lo que las personas llaman la predicación «temática», en la cual el predicador determina la enseñanza principal que quiere comunicar, y puede usar o no la enseñanza principal del pasaje bíblico para apoyar ese punto. La predicación temática no es de ninguna manera mala, tenemos sermones temáticos en esta iglesia, ¡nuestro pastor Mark predicó un sermón temático esta mañana! Sin embargo, un programa de predicación que es predominantemente expositivo hará que una congregación crezca mejor y con resultados más duraderos. ¿Por qué? Porque cuando un predicador enseña expositivamente, avanzando a través de sucesivos pasajes de la Escritura semana tras semana, la congregación entiende mejor la Escritura en su contexto general.

Permíteme explicar esto dando tres ventajas específicas de la predicación expositiva:

– Cuando el pastor predica una serie de pasajes, fundamentando cada sermón en la enseñanza principal de un pasaje de la Escritura (en lugar de un tema), la palabra de Dios marca la pauta para el sermón. En lo práctico, la predicación expositiva obliga al predicador a abordar versículos que puedan incomodarle o que no encajan tan claramente con su teología.

– La predicación expositiva es una mejor forma de enseñar la Biblia. Cuando el pastor predica un pasaje de la Escritura en contexto, tomando la enseñanza del pasaje como la enseñanza del mensaje, él y la congregación a menudo escuchan cosas de parte de Dios que desconocían cuando el pastor empezó a estudiar el pasaje.

– Y tercero, la predicación expositiva le enseña a los miembros de la congregación cómo leer y estudiar la Biblia por sí mismos. Cuando el sermón semana tras semana enseña a la iglesia a ser expositores y aplicadores fieles de la Palabra de Dios, la Biblia se filtrará en cada aspecto de la vida en comunidad.

C. Predicación = La Palabra de Dios + el pueblo de Dios

Pero si solo nos detenemos allí, aun no habremos trazado todo lo que la predicación hace en la iglesia. Porque predicar no consiste solo en exponer la Palabra de Dios; consiste en exponer la Palabra de Dios al pueblo de Dios. Así que, ¿qué ocurre cuando la Palabra de Dios se topa con el pueblo de Dios? He aquí tres cosas a considerar.

– La aplicación
Más obviamente, aplicamos la Palabra de Dios. Considera el peso de la responsabilidad que descansa sobre nuestros hombros, los que tenemos el privilegio escuchar predicaciones centradas en el evangelio cada semana. Oro para que en el Último Día nosotros en esta iglesia veamos el fruto de dicha predicación en nuestras vidas.

Hay algunas cosas que podemos hacer para aplicar mejor los sermones. Podemos leer el mensaje en nuestros tiempos devocionales. Podemos orar por el predicador y por nuestra aplicación. Podemos tomar notas.

Pero incluso por encima de esas cosas, deberíamos meditar sobre la aplicación del sermón como un esfuerzo colectivo en vez de uno individual.
Una buena pregunta a considerar es: ¿Trabajas de manera fiel y humilde para ayudar a aplicar la verdad que recibiste en las vidas de tus hermanos y hermanas en Cristo? ¿Conocen tu vida lo suficientemente bien, y conoces tú las suyas, que puedes ayudarles a aplicar un sermón de una forma que quizá ellos no hayan pensado? Aquí tienes algunas ideas de cómo podrías hacer esto: (1) habla después del servicio/en el almuerzo acerca del sermón; (2) desarrolla puntos de aplicación en un grupo pequeño; (3) en relaciones de discipulado; (4) en devocionales familiares. (5) En lugar de intentar recordar páginas de apuntes de cada sermón, escoge una o dos cosas cada semana que aplicarás en oración a tu vida, y habla con otras personas al respecto. Dios nos da un banquete todas las semanas. Pongámoslo en práctica.

– La contextualización
Pero eso no es lo único que ocurre cuando la predicación se lleva a cabo en el contexto de la comunidad. La Palabra se aplica a necesidades específicas de nuestra congregación; a nuestros defectos; a la forma en la que Dios se ha estado moviendo entre nosotros; con nuestra demografía particular en mente.

– La autoridad
La predicación en una iglesia debería explicar, interpretar y aplicar la Escritura. Así que en cierto sentido su autoridad descansa sobre la Escritura. Pero sabemos que como seres humanos pecaminosos, podemos fallar en explicar e interpretar la infalible Palabra de Dios. La predicación va más allá de eso. Verás, la predicación en la iglesia está respaldada por el testimonio unánime de toda una comunidad de cristianos, cada uno con sus propios pecados, pero cada uno habitado por el Espíritu vivificador de Dios. Cuando la iglesia funciona como debería, entonces las palabras predicadas un domingo por la mañana son confirmadas tácitamente por los Ancianos, y finalmente por la congregación en general. Si un predicador comenzara a predicar lo que la iglesia considera contrario a la Escritura, entonces los miembros tienen el deber de actuar.

Mark lo ha dicho muchas veces: «Si comienzo a predicar un evangelio diferente, despídanme».

La congregación es la autoridad final en dichos asuntos doctrinales, vemos eso claramente en Gálatas 1 cuando Pablo demanda a la iglesia en general el exigir una verdadera predicación, y lo vemos puesto de forma negativa en 2 Timoteo 4:3, cuando Pablo advierte a Timoteo que algunos pueden empezar a exigir enseñanzas falsas, y así podemos tener gran confianza en la verdad de lo que escuchamos predicado en una iglesia sana porque está respaldada por el testimonio de una comunidad de cristianos. Mientras más conoces a la comunidad de una iglesia, más puedes confiar en su predicación. Una buena predicación producirá una buena comunidad.

Podemos ser parte de la comunidad sobrenatural de la iglesia local por medio de la predicación, cuando escuchamos un buen sermón, lo aplicamos a nosotros y a otros, y apoyamos la predicación correcta. Pero también sucede a través de la oración, que es el siguiente punto para el resto de nuestro tiempo juntos.

  1. La oración
    Quiero usar el resto de nuestro tiempo para pensar acerca de la oración en lo que se refiere a la iglesia local.

Creo que todos entendemos que la oración es importante. Pero cuando reflexionamos sobre la oración, lo primero que nos llega a la mente, al menos en mi caso, es la oración privada. No obstante, la Biblia también llama muy claramente a los cristianos a orar juntos. Piensa en la oración del Padre Nuestro que Jesús nos da en Mateo 6:

«Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal».

Cuando Jesús nos dio un modelo para la oración, lo hizo de una forma que la encomienda incluso más para nuestro tiempo juntos como cuerpo que para nuestro uso privado. Una de las principales maneras en las que podemos orar como congregación es cuando nos reunimos como iglesia. Así que empecemos examinando por qué la oración congregacional es tan importante.

A. ¿Por qué es importante la oración corporativa?

– Dios usa nuestra oración juntos para hacer avanzar su reino.
Oramos juntos porque, sencillamente, tenemos que hacerlo. Oramos por necesidad, porque necesitamos que Dios actúe. Así como lo vemos en el libro de Hechos. Allí, la iglesia primitiva tuvo una serie de obstáculos que vencer, incluyendo la persecución, pero continuó expandiéndose. En varias ocasiones vemos que cuando la iglesia enfrentaba persecución, se reunía para orar. Así, en Hechos 4, leemos que Pedro y Juan salieron de la cárcel y la iglesia se reunió para escuchar su informe. Creerías que con sus líderes en prisión, las personas orarían por su cuenta en lugar de arriesgarse a reunirse. Pero la oración corporativa era lo suficientemente importante que los creyentes se reunían para orar juntos, alabar a Dios por su soberanía y pedirle valentía ante las amenazas. Lucas nos dice: «Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios» (Hechos 4:31).

Y esto no se limita a las circunstancias particulares de la iglesia primitiva. A lo largo de la historia hemos visto la obra de Dios especialmente activa cuando su pueblo se reúne para orar.

– Dios se glorifica a través de la unidad de nuestra oración.
Como hemos escuchado en clases anteriores, la unidad entre el pueblo de Dios da gloria a Dios. Esa es la razón por la que en Efesios, capítulo 4, Pablo llama a toda la iglesia a mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Orar juntos es una manera de cumplir este mandamiento al congregarnos visiblemente como el pueblo de Dios para orar.

La unidad que demostramos cuando buscamos a Dios juntos en oración es particularmente extraordinaria.

Dos cosas a observar en particular: (a) orar juntos es un medio de la gracia de Dios en el cual crecemos espiritualmente cuando escuchamos a otros comprometerse con la oración; y (b) la oración corporativa también puede servir como un testimonio poderoso para los no cristianos que ven el amor y el compromiso que los cristianos tienen entre sí en sus oraciones.

– La oración corporativa nos une.
La oración corporativa no solo se beneficia de nuestra unidad; en realidad nos ayuda a crear la unidad. Cuando oramos juntos, estamos, de cierto modo, dejando atrás nuestros deseos egoístas y nos enfocamos en Dios y en los demás. Así, por ejemplo, los domingos por la noche, oramos unos a otros de varias formas: agradecemos a Dios por su gracia en la vida de las personas; oramos por la salud física de otros; por su bienestar espiritual; oramos por sus ministerios, etc. Tanto orar por otros, como escuchar a otros orar por nosotros, naturalmente nos acerca más a medida que aprendemos más unos de otros y, al sentir el efecto de esas oraciones en la obra hecha por el Espíritu Santo. Escucharás a personas describir el servicio de oración como nuestro tiempo familiar. Y una razón fundamental por la que esta descripción es que tenemos ese tiempo de oración unida juntos.

Aquí tienes una idea de cómo podemos respaldar esa unidad: considera si hay peticiones de oración o testimonios acerca de la gracia de Dios que podrías compartir con la congregación que podría acercarnos y ayudarnos como cuerpo a maravillarnos ante el poder y la misericordia de nuestro Dos. Piensa en la oración corporativa como un servicio a esta congregación. Para algunos de nosotros, eso podría sentirse un poco extraño. Somos personas bastante privadas que pensamos que si otras personas oran por nosotros eso sería una carga. No obstante, la Biblia no ve las cosas de esta manera. Hay un pasaje grandioso en 2 Corintios 1 en el que Pablo comparte una situación particularmente difícil.

«Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aun nos librará, de tan gran muerte; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos» (2 Corintios 1:8-11).

Ese último versículo da en el clavo: «para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos». ¿Era una carga para estos creyentes orar por Pablo? Absolutamente no. Era una bendición animarlo y compartir el gozo de su continua liberación en Dios. ¿Qué hubiese pasado si Pablo hubiese decidido que sus problemas eran una molestia para la iglesia? Deberíamos agradecer a Dios que no lo hizo.

Por tanto, piensa cómo puedes compartir tus necesidades con otros para que puedan acercarse como creyentes y ser alentados por la increíble obra de Dios. ¿Estás luchando con tu fe? ¿Estás luchando en el trabajo? ¿Estás luchando en tu matrimonio? ¿Estás luchando con la evangelización? Recuerdo que cuando un hermano en esta iglesia compartió un domingo por la noche que estaba batallando con su fe en Dios, su honestidad fue un buen ejemplo para nosotros, y cuando la iglesia lo cubrió en oración, fuimos capaces de alabar a Dios mientras nuestras oraciones eran contestadas. Deja que otros te acerquen a nuestro Señor en oración. Es un privilegio para ellos.

– La oración corporativa nos enseña cómo orar
Me pregunto si alguna vez has notado que nuestros servicios por la mañana siguen el mismo esquema que muchos cristianos usan en sus tiempos devocionales. Siguen el camino del evangelio: vemos la santidad de Dios, nuestro pecado, la obra de Cristo en la cruz y nuestra respuesta. Y nuestra oración corporativa sigue el modelo CASA: Confesión, Adoración, Súplica y Agradecimiento, aunque no siempre en ese orden. ¿Por qué? Porque oramos juntos en parte para enseñarnos cómo orar. Permíteme que explique a lo que me refiero.

Es una buena disciplina solo enfocarnos en alabarle. Por lo que nuestras oraciones de alabanza nos enseñan qué significa centrar nuestra mirada únicamente en la hermosura de Dios y deleitarnos en él. Asimismo, la confesión es incómoda, y rápidamente pasamos a pedirle a Dios que nos cambie. Pero cuando hacemos eso, perdemos la oportunidad de explorar nuestros corazones y reconocer lo que realmente hay allí. Tener un tiempo extendido solo para confesar el pecado hace que la seguridad del perdón que leemos en la Biblia, y el cántico que entonamos en respuesta, sea mucho más alegre. Y también podemos aprender de las oraciones de súplica y agradecimiento. En la oración de súplica, por ejemplo, Mark orará por mucho más que solo nuestras necesidades, que es donde sentimos la tentación de enfocarnos. Él ora por nuestro gobierno, por la iglesia perseguida, por las misiones, por la evangelización, por nuestra iglesia, y termina orando por los puntos de su sermón. Si lo sigues cuidadosamente mientras somos guiados en oración, espero que eso mejore tu propia vida de oración.

– Ora por tu iglesia
Antes de culminar nuestro tiempo juntos, permíteme darte algunas consideraciones de cómo puedes orar diariamente por tu iglesia. Espero que a medida que estas cosas se vuelvan parte de tu rutina diaria, veas grandes cosas suceder en tu iglesia.

– Ora por el predicador.
Piensa en Pablo al escribirle a los efesios: «[Oren] por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar» (Efesios 6:19-20). Si el gran apóstol Pablo necesitó que oraran por él para predicar, ciertamente nuestros predicadores también lo necesitan.

– Ora por el directorio de membresía.
Sé que has escuchado esto antes. Y sé que implica orar por muchas personas que no conoces. Pero la buena noticia es que al orar por ellos, los conocerás más rápido. Y así como Pablo oró por los cristianos en Roma que nunca llegó a conocer, orar diariamente por personas con las que no tienes una conexión en particular solo porque son miembros de tu iglesia, honra a Dios maravillosamente.

– Ora por tu iglesia como un todo.
La cultura de nuestra iglesia está conformada por los hábitos, expectativas y comportamientos que llegan a caracterizarla como iglesia. Es posible que hayas notado que Mark hace que oremos por muchas cosas diferentes los domingos por la noche, como orar para que podamos tener una unidad verdadera en nuestra diversidad. Para que podamos entablar relaciones trasparentes entre nosotros, para que podamos ver la hospitalidad como una parte importante de seguir a Cristo. Todo esto en base a una lista que elaboré hace algunos años en mi esfuerzo por capturar las diferencias de la cultura que Dios ha edificado en nuestra iglesia.

  1. Conclusión
    ¿De qué manera esperamos que lo sobrenatural obre en nuestra iglesia? Celebramos la predicación regular de la Palabra de Dios, y oramos. Esos son los medios que Dios usa naturalmente para hacer lo que es sobrenatural. Sus medios normales de gracia.

Cerremos en oración.

Introducción al Amilenialismo | Rafael Alcántara

Introducción al Amilenialismo

Rafael Alcántara

Nota del editor:
La verdad más fundamental que los cristianos debemos proclamar acerca de los últimos tiempos es que Jesucristo volverá. Pero a través de la historia, la Iglesia ha comprendido de diversas formas diferentes aspectos de esta doctrina. En este escrito puede encontrar una breve Introducción al Amilenialismo. Para una postura escatológica diferente, puede leer la introducción al Premilenialismo.

El amilenialismo es una postura escatológica que, de manera general, enseña que el Milenio del que habla Apocalipsis 20:1-10 se refiere al tiempo presente de la iglesia, donde Cristo está reinando en un trono celestial, y que culminará con Su Segunda Venida. El orden y la naturaleza de los eventos, según el amilenialismo, es como sigue:

  1. Gobierno actual del Mesías en un reinado espiritual.

2-La Segunda Venida de Cristo.

3-Conjuntamente con Su venida habrá una resurrección general, y todos los cristianos recibiremos al Señor en el aire.

4-Los enemigos de Cristo serán vencidos, y será celebrado el juicio final.

5-Finalmente, el mundo actual será destruido por fuego, y los justos pasaremos a habitar en el cielo nuevo y la tierra nueva por toda la eternidad.

En otros temas relativos a la naturaleza de la tribulación, el anticristo, y una salvación de judíos en el contexto del Nuevo Pacto, hay una diversidad de opiniones dentro de la misma escuela amilenial.

Argumentos a favor del Amilenialismo
1- Cristo es el verdadero Israel de Dios, de lo cual el Israel étnico del Antiguo Pacto era un tipo o sombra. Como la Iglesia está unida a Cristo, la Iglesia también es considerada como el Israel de Dios. Esta iglesia es el único pueblo de Dios en el Nuevo Pacto, y está compuesto tan solo de creyentes en Cristo, tanto de entre los judíos, como de entre los gentiles (Ro. 2:26-29; Ro. 4:9-12; Ro. 11:17-24; Ga. 3:14-16, 22, 23-29; Ef 2:11-22).

2- La Segunda Venida de Cristo será un único evento, conjuntamente con el arrebatamiento de la iglesia. Es lo que se conoce en escatología como “postribulacionismo” (Mt. 24:3-44; 2 Tes. 2:1-3).

3- La Manifestación del Reino de Dios, prometido en el Antiguo Pacto, halla su cumplimiento definitivo en la persona de Cristo. Este tendría dos etapas fundamentales: Siembra, en su Primera Venida, y Cosecha, en su Segunda Venida (Mt. 13:24-30, 36-43; Mt. 13:47-50).

4- Los autores del Nuevo Testamento interpretaron muchas profecías del Antiguo Testamento acerca de los postreros días como cumplidas plenamente en Cristo y/o la Iglesia; ya sea en la Primera Venida, en la Segunda, o en ambas venidas presentadas como un solo evento (cp. Am. 9:11-12 con Hch. 15:14-18; Is. 65:17; 66:22 con Ap. 21:1).

5- La división de la historia de la humanidad en dos etapas, esta era presente y la era venidera, como es enseñada por Cristo y Pablo, es más consistente con el esquema amilenial (Mt. 12:32, Mr. 10:29-30, Lc. 20:34-36). ¿Cuándo termina esta era presente y cuando comienza la era venidera? En la Segunda Venida de Cristo (Mt. 13:24-30, 37-43; Tit. 2:11-13).

6- La división de la historia de la humanidad en tres etapas, enseñadas en 2 Pedro 3:3-13, es también más consistente con este esquema amilenial. Pedro dice que el mundo de ahora será destruido por fuego el día en que ocurra el Juicio de Dios (2 P. 3:7). ¿Cuándo ocurrirá el juicio de Dios? Cuando Jesucristo vuelva (2 P. 3:8-10). En ese momento no habrá oportunidad de salvación (v.9). Con la Segunda Venida será establecida la Tierra Nueva.

7- La enseñanza de Cristo respecto al juicio final en Mateo 25:31-46 excluye cualquier reino terrenal intermedio entre la segunda venida y el estado eterno.

El debate en torno a Apocalipsis 20:1-10
El libro de Apocalipsis puede ser explicado como un conjunto de visiones que, aunque suceden una detrás de la otra, representan un paralelismo progresivo que atraviesa toda la nueva dispensación desde la primera venida de Cristo hasta su retorno en gloria. (Ver por ejemplo Ap. 11:15-19 con Ap. 12:1-5).

Hay algunos detalles del mismo pasaje de Apocalipsis 20:1-10 que nos pueden ayudar a defender el postulado de que el mismo se refiere a esta era evangélica:

Los mil años. Este mismo pasaje, al igual que en el resto del libro de Apocalipsis, está lleno de símbolos. (Ej.: la llave del abismo, la gran cadena, el dragón, la serpiente). Y en la Biblia el termino “mil”, muchas veces es usado de forma simbólica. (Ver. Dt 1:11; 7:9; Jos. 9:3; 1 Cr. 16:15; Job 9:3; Sal. 50:10; Cnt. 4:4; Is. 60:22). De modo que los mil años de Apocalipsis 20 pueden estar indicando un período largo pero definido de tiempo.

La atadura de Satanás. Como parte de la simbología del pasaje, la pregunta que debemos de hacernos es, ¿en qué sentido Satanás ha sido atado en esta era evangélica? Antonio Hoekema responde al respecto: “…la atadura de Satanás durante la era presente del evangelio significa que, en primer lugar, él no puede evitar la propagación del evangelio y, segundo, que Satanás tampoco puede juntar a los enemigos de Cristo para atacar a la iglesia”*. Este no es el único pasaje del Nuevo Testamento donde se menciona esta restricción del poder de Satanás (cp. Mt 12:28-29 y Heb. 2:14-15).

Los tronos y las almas: La palabra “tronos” en Apocalipsis siempre se usa para referirse a tronos en los cielos o en la nueva Jerusalén que baja del cielo, salvo cuando habla del trono de la bestia. Y tenemos también la palabra “almas”, que es usada en Apocalipsis 6:9-11 para referirse a los creyentes que han muerto (sobre todo los mártires) y que esperan el día de la resurrección. No debe resultar extraño, entonces, si en este pasaje le damos el mismo uso a estos términos. De modo que aquí parece ser que se nos habla de un reino milenial simbólico de los que han muerto en Cristo, principalmente los mártires, durante la actual Era Evangélica.

Estas almas volvieron a la vida, en el sentido de que al partir de un mundo que les fue antagónico que hasta les dio muerte, pasaron a una vida mejor, ya que en ese momento comenzaron a reinar con Cristo, a diferencia de los que mueren sin Cristo. La primera resurrección de la que habla Apocalipsis 20:5 es entonces el estado de vida superior que pasan a gozar todos los creyentes en alma, al momento de morir.

Estos no sufrirán la muerte segunda. A diferencia de la primera muerte, en la que todos participan, sean creyentes o incrédulos, la muerte segunda es la condenación que han de recibir los incrédulos por la eternidad.

La confrontación final. En Apocalipsis 20:7-10 vemos que esta era presente concluirá con el desatamiento de Satanás, es decir, con un esfuerzo final de su parte de destruir al pueblo de Dios. Pero sus propósitos serán frustrados con la intervención divina, destruyendo a sus enemigos con llama de fuego. ¿Cuándo ocurrirá esta intervención divina con fuego para destruir a los enemigos del pueblo de Dios? Cuando Cristo vuelva, según 2 Tesalonicenses 1:7-8 y 2 Tesalonicenses 2:8.

Palabras finales
El esquema escatológico amilenialista nos ayudará a enfocarnos mejor en el tema fundamental de las profecías. Este tema no es la nación de Israel, ni el reino milenial: es la persona de Jesucristo (Ap. 19:9-10). Jesús es el esposo de la Iglesia, pero en el momento de su retorno se consumará esa unión. No habrá nada que opaque ese gloriosa boda que celebraremos cuando Él venga a estar para siempre con su pueblo.

Definitivamente hay hombres de Dios, a quienes respeto y amo en el Señor, y de quienes tengo mucho que aprender, que explicarían estas cosas de una forma diferente a como yo lo he hecho. Pero estoy seguro de que ellos podrán unirse conmigo y expresar la siguiente verdad: “Que no importa cuánto avance la maldad en este mundo, ni la hostilidad en contra de la iglesia, al final el Cordero vencerá, y nosotros venceremos con Él”.

Apocalipsis 17:14: “Estos pelearan contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque El es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con El son llamados, escogidos y fieles.”

*¿Qué es el Milenio? Cuatro enfoques para una Respuesta, Pág.154, Casa Bautista de Publicaciones, 1991.


Rafael Alcántara es uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde colabora con la enseñanza y la consejería, así como en la capacitación de líderes y la predicacion en diversas iglesias locales. Tiene una maestria en Estudios Teológicos. Ha sido profesor de Historia de la Iglesia y actualmente enseñanza Teología Sistemática en el Seminario Bautista Dominicano. Está casado con Gleny Troncoso y tiene dos hijas. Puedes encontrarlo en Twitter.

Viviendo como una iglesia – Clase 3: La diversidad

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 2: La diversidad

Introducción
Es posible que muchos de nosotros conozcamos a un miembro de nuestra iglesia llamado Bill Anderson. Bill comenzó a visitar nuestra iglesia cuando tenía 60 años de edad, y no era cristiano. En ese tiempo, era profesor de la cátedra de psicología de masas en Harvard, y dictaba una clase titulada: «La locura de las multitudes», en la cual se examinaban cosas tales como la casería de brujas de New England, leyendas urbanas y pánicos financieros. Sin embargo, una carrera estudiando multitudes no lo preparó para la iglesia local. En sus palabras, estaba «impresionado con la autenticidad de la diversidad de la comunión cristiana». Decía que las relaciones aquí parecían «muy poco comúnes», según él, estos cristianos interactuaban no como coaliciones de personas subdividas con intereses similares, sino como una sola unidad. Esto dio origen al proceso que eventualmente conduciría a Bill a una nueva vida en Cristo.

¿De dónde surge este testimonio corporativo? Finalmente, proviene de la gracia salvadora de Dios para con nosotros en Jesús. Cuando te conviertes en cristiano, experimentas un cambio de identidad total. Ahora eres una nueva creación (cf. 2. Corintios 5:17); formas parte de la familia de Dios (cf. Gálatas 4:5); estás unido con Cristo (cf. Romanos 6:1-8). Ser cristiano es más trascendental para tu identidad que tu familia, que tu etnicidad, que tu empleo, que tu nacionalidad, que tu sexualidad, que tu personalidad, o que cualquier otra forma en la que este mundo defina la identidad. Por tanto, la unidad que compartes con todos los cristianos es más profunda y permanente que cualquier otro vínculo concebible. Eso significa que donde sea que el evangelio exista, también debería existir la diversidad. La diversidad es una consecuencia natural del evangelio.

Así que es probable que la diversidad sea más importante, y a la vez menos importante, de lo que podrías haber creído. Es más importe porque, como descubrió Bill, cuando personas sin vínculos o conexiones seculares se aman sacrificialmente unos a otros en la iglesia, esto brinda un testimonio magnífico de la verdad del evangelio a un mundo que nos observa. La diversidad es esencial para nuestro testimonio. Es el resultado del amor fraternal.

Al mismo tiempo, la diversidad podría ser menos importante de lo que habías pensado, porque no es el fin en sí. Una iglesia puede ser diversa, pero no saludable, carecer de unión, de amor o del evangelio. La clase de diversidad que atrajo a Bill fue convincente precisamente porque destacaba la unidad del evangelio.

Entonces, si la diversidad es parte importante de nuestro testimonio, pero simplemente ser diversa como un fin en sí no es el propósito de la iglesia, ¿cómo deberíamos como congregación pensar en la diversidad entre nosotros? Comenzaremos esta clase examinando el propósito de la diversidad en Efesios 3, luego veremos detalladamente qué es la diversidad, cuál es su origen y, por último, tres maneras de cultivar nuestra unidad en la diversidad.

El propósito de la diversidad
Primero, ¿cuál es el propósito bíblico de la diversidad en la iglesia local? Para responder esa pregunta vayamos al libro de Efesios, realmente la base de todo este seminario. Ve conmigo a Efesios 3:8-10, donde vemos la declaración de propósito de Pablo para la iglesia local:

«A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales».

¿Cuál es el propósito eterno de Dios? Que la iglesia refleje su sabiduría a toda la creación. ¿Cómo? Pablo aquí dice que esto tiene que ver con un misterio que Dios ha revelado. ¿Cuál es este misterio? Ya nos lo ha dicho en el capítulo 3, versículo 6: «que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio».

¡Lo que Dios ha hecho es increíble! Él prometió en Isaías 49:6: «Poco es para mí que tú seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra». Ahora, en Cristo, usando el ministerio del evangelio de Pablo, Dios lo ha hecho. Ahora, en Cristo, los descendientes de Abraham no son solo los que comparten su sangre, sino los que comparten su fe.

¿Y por qué incluso «los principados y potestades en los lugares celestiales» ven la unidad entre judíos y gentiles en la iglesia? Por la gran separación que existía entre ellos antes de Cristo, una separación que Pablo llama en el capítulo 2, versículo 14: «la pared intermedia de separación». Estos dos grupos tenían etnicidades, culturas y creencias teológicas distintas, y esta separación era abiertamente adversa.

«Pero», un lector del primer siglo podría objetar: «¡Esa clase de unidad es imposible! ¡Se necesitaría un milagro!». Y ese es precisamente el punto. Observa la doxología de Pablo en Efesios 3:20-21:

«Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea la gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén».

Pablo está consciente de que al describir el amor entre judíos y gentiles en la iglesia de Éfeso, a pesar de siglos de enemistad, está hablando acerca de una unidad que va mucho más allá de lo que nuestra capacidad humana puede lograr. Si es el poder de Dios el que «actúa en nosotros», Dios recibe la gloria cuando su sabiduría se manifiesta por medio de la iglesia.

En otras palabras, la diversidad no es el objetivo principal, la unidad EN la diversidad lo es. ¡Esta unidad es lo que demuestra el poder de la cruz! En el primer siglo, y únicamente en la historia de la salvación, eso significaba que judíos y gentiles adoraban juntos. El principio trascendental de Efesios 3 se mantiene: Dios se lleva la gloria cuando personas previamente separadas se unen en Cristo y se aman a pesar de todas sus diferencias[1].

Así que si el propósito de la diversidad es reflejar el poder del evangelio, deberíamos estudiar con más detenimiento lo que queremos significar por diversidad. ¿Qué clase de diversidad demuestra el poder de la cruz? Eso nos lleva a nuestro siguiente punto.

El carácter de la diversidad
Cuando Pablo habla acerca de los judíos y de los gentiles, está enfatizando el hecho de que de no ser por el poder del evangelio, estos dos grupos habrían permanecido separados. Así, la diversidad de la que estamos hablando incluye muchas áreas diferentes en las que el mundo mantiene las barreras, pero en las que la iglesia debe caracterizarse por la unidad y el compañerismo. Identifiquemos seis de ellas en particular:

A. Barreras de etnicidad: Esto es lo primero que podría venir a la mente de muchos de nosotros al decir la palabra «diversidad»: la diversidad étnica. Y como quienes vivimos en una ciudad donde el racismo no es solo un recuerdo inquietante, sino una realidad actual, debemos preocuparnos por el amor en las iglesias cristianas que traspasan límites étnicos. La Escritura celebra la diversidad étnica; ciertamente, eso es al menos parte de lo que Pablo habla en Efesios 3 con los judíos y gentiles. El evangelio es real sin importar el color de tu piel, y el evangelio no borra el color de tu piel. Judíos y gentiles, blancos y negros, latinos y asiáticos unidos en Cristo están «en Cristo», pero luego, claro está, todos tenemos una etnicidad. Aquí es donde el mundo puede ir en dos direcciones equivocadas. En primer lugar, encontramos el racismo del mundo que niega la imagen de Dios en otros; por otro lado, está el ídolo del pluralismo que deifica a una sociedad «diversa y tolerante», pero sin Cristo en su núcleo, una diversidad sin más finalidad. Como iglesia valoramos la diversidad étnica porque testifica que Cristo es nuestro todo y el centro de nuestra identidad. Pero eso no es todo.

B. Barreras de edad: ¿En qué parte del mundo puedes ver a jóvenes almorzando con mujeres de 80 años con las que no están relacionados? No es algo común. Sin embargo, eso es lo que vi en mi primer mes en la iglesia en el año 2009. Vivo al otro lado de la calle en una casa de hombres solteros apodada el Toro Alce, y uno de nuestros compañeros invitó a todas las señoras de la iglesia para un almuerzo del día de San Valentín. Reclutó a un montón de jóvenes veinteañeros para que cocinaran Quiche y prepararan ensaladas. Los universitarios se arreglaron, y sirvieron el té a sus hermanas en Cristo, luego todos compartimos testimonios acerca de la bondad de Dios y cantamos «Sublime gracia». Es uno de los tiempos más memorables de comunión que puedo recordar, precisamente debido a que nuestras diferencias resaltaban nuestra unidad en Cristo.

C. Barreras económicas: Nuestro mundo está acostumbrado a que los ricos hagan cosas nobles por los pobres. Pero cuando esas personas ricas vuelven a casa en sus vecindarios, se reúnen con otras personas ricas, o al menos con aquellos con una genealogía educativa similar. Esto no debería ocurrir en la iglesia. Esa es la razón por la que Santiago ataca a la iglesia en Santiago 2 por mostrar parcialidad hacia los ricos. A Dios le disgusta el favoritismo. Algunos en la iglesia pueden tener dispositivos agradables o comer en restaurantes elegantes. Aquellos que no pueden costearse esos lujos necesitan proteger sus corazones de la envidia. Pero los que pueden hacerlo no deberían asumir que todos los demás están en la misma posición financiera que ellos.

D. Barreras políticas: La iglesia local debe hablar claramente acerca de temas morales. Pero rara vez esa autoridad moral se traslada limpiamente en aspectos específicos de política pública. Como resultado, la iglesia debería ser un lugar donde los cristianos con ideas divergentes pueden encontrar puntos en común en la realidad más suprema del reino de Dios. Para nosotros, estando en Capitol Hill, esto es especialmente crucial. Si trabajas en la política, puedes debatir sobre ello con otras personas en tu horario de trabajo, pero como iglesia estamos unidos en sumisión al rey Jesús.

E. Barreras de personalidad: 1 Corintios 12 dice que todos tenemos dones y que todos somos necesarios en el cuerpo. Si alguien es socialmente cohibido, ¿crees que encontraría en nuestra iglesia un lugar seguro? ¿O se sentiría igual de renegado que en el mundo? Las personas extrovertidas podrían hacer amigos en la iglesia con más facilidad, pero eso no hace que sean más esenciales para la iglesia que los introvertidos que escuchan, aman profundamente y sirven de todo corazón.

F. Barreras de trasfondo cultural: Especialmente para quienes crecieron en la iglesia, el trasfondo cultural conlleva expectativas de lo que debería ser una iglesia. Por tanto, se necesita cierto nivel de sacrificio para tener una iglesia conformada por cristianos con antecedentes suburbanos, rurales y urbanos; con tradiciones litúrgicas, pentecostales y afroamericanas, y muchos países de origen diferentes. Y eso está bien. Tenemos que ser honestos y admitir que toda iglesia tiene cierto tipo de cultura: nosotros usamos el idioma inglés, contamos con acompañamiento musical simple, nuestras canciones provienen de la tradición europeo-americana. Pero se necesita el sacrificio de todos, de la minoría cultural y de la mayoría. Para aquellos que forman parte de la mayoría, el sacrificio podría comenzar preguntando a personas de diferentes orígenes qué les podría resultar incómodo en la iglesia y cómo pueden servirles.

Es probable que este sea un buen tiempo para hacer una pausa y alabar al Señor por la diversidad que ya ha trabajado entre nosotros en todas estas categorías. ¿Tenemos espacio para crecer? Sí. Pero puedo pensar en decenas de ejemplos de personas en nuestra congregación que desinteresada y alegremente cruzan los límites para acercarse a otros por su bien espiritual. Esa es la clase de amor que confunde al mundo que nos rodea de la mejor manera. Tampoco es fácil. Permíteme alentarnos a no cansarnos de hacer el bien. Ánimo, 1 Juan 3:14 nos recuerda: «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos».

El fundamento de la diversidad
Ahora bien, podrías estar preguntándote, todo esto suena genial, ¿pero cómo podemos crecer en la diversidad en todas estas áreas? Puede que al principio mi respuesta suene ingenua, e incluso ofensivamente ingenua. ¿Qué debemos hacer para ver coexistir a la unidad y a la diversidad en nuestras iglesias? En el sentido más importante, no hacemos nada.

Considera la evidencia de Efesios 2-3 que vimos hace unos momentos. Pablo dice en Efesios 2:14-16:

«Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades».

¿Quién hizo esto? ¿Quién creó un nuevo hombre e hizo la paz? ¡Cristo! En estos capítulos, Pablo simplemente describe lo que pasó en nuestra salvación. No hay nada que hagamos para crear esta unidad, el único verbo imperativo en la sección es simplemente recordar lo que Dios ha hecho (2:11, 12). ¿Pero el hecho de que Dios establece nuestra unidad significa que deberíamos sentarnos sin hacer nada y esperar que personas con toda clase de personalidades y trasfondos diferentes se amen unos a otros automáticamente? Para nada. De hecho, podemos resistirnos a la unidad de manera egoísta y pecaminosa. Somos seres humanos caídos, enfrentamos constantemente la tentación de vivir en oposición a la unidad que Dios ha establecido. Y seríamos ingenuos en pasar por alto el hecho de que las realidades históricas nos influyen también en esta área. Las suposiciones acerca de las etnicidades, las clases sociales y las culturas a menudo se heredan y necesitan ser corregidas por la verdad de la Escritura. No abordamos el tema de la unidad desde un punto de partida neutral, sino como personas caídas y complejas. Así que comenzamos admitiendo que nuestra unidad del evangelio solo proviene de Cristo. Sin embargo, en lugar de resistir esa unidad, somos llamados a abrazarla e incluso cultivarla. Como un granjero que riega y fertiliza una planta, podemos reconocer que no somos quienes le damos vida a la planta de nuestra unidad, pero lo que hacemos importa muchísimo para que esa planta crezca y se conserva sana.

Momentos luego de que Pablo establece que solo Dios une a judíos y a gentiles en la iglesia en Éfeso, dice en Efesios 4:3: «Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz». Al igual que muchas de las cartas de Pablo, la primera mitad de Efesios dice: «Esto es quienes son en Cristo», no solo son pecadores que pasaron de muerte a vida, sino extraños que han sido hechos un solo pueblo. La segunda parte del libro dice: «Por tanto, vivan como quienes están en Cristo». El evangelio los ha unido, ahora esfuércense por mantener la unidad constituida a través del vínculo de la paz que Cristo obtuvo.

¿Cómo cultivamos nuestra unidad en la diversidad?
¿Cómo hacemos eso? Hay mucho que podría decirse. Primero deberíamos reconocer que la diversidad «total» o «suprema» no se encuentra en cualquier iglesia de la tierra, particularmente porque todos todavía hablamos idiomas diferentes. En el cielo eso ya no importará, pero hasta ese día, a Dios no le aflige el hecho de que su pueblo hable diferentes lenguas, y esto necesariamente significa que nuestras iglesias serán específicas en su idioma y, por tanto, hasta cierto punto serán específicas en cuanto a su cultura, dado que el idioma es uno de los elementos de la misma. Toda iglesia forma parte de una localidad, por lo que la diversidad de la misma está limitada naturalmente por su ubicación e idioma. Eso está bien.

Pero una vez que reconocemos eso, ¿cómo podemos cultivar la unidad en la diversidad en nuestro respectivo contexto? Por supuesto, comenzamos orando. Esa es la razón por la que oramos por nuestra unidad en la diversidad casi todos los domingos por la noche. Enfoquémonos en tres sugerencias.

A. Reconoce la invisibilidad de tu cultura

Me pregunto si alguna vez alguien te ha dicho que tenías un «acento» al hablar. Al principio, mi reacción a eso era: «No tengo acento. Las otras personas suenan raro». Puede funcionar de la misma manera en nuestra cultura. Ahora, quienes forman parte de una cultura minoritaria en la iglesia, por lo general, no tienen ningún problema con esto. Sin embargo, es posible que los que forman parte de la mayoría necesiten abrir sus ojos al hecho de que no todos comparten sus experiencias o puntos de vista. Por ejemplo, una de las primeras veces que tuve la oportunidad de dirigir la oración de confesión un domingo por la mañana, la mayoría de los pecados que confesé eran pecados con los que personas jóvenes, especialmente hombres jóvenes, tienden a luchar. ¡Y el pastor me desafío después de eso! Estaba actuando desde mi propia experiencia, suponiendo que básicamente todos eran igual que yo. En cambio, debía haber meditado más ampliamente y orado por cosas con las que mis hermanos y hermanas de 75 años de edad también luchaban.

En Hechos 6, cuando surgió el conflicto entre dos grupos diferentes en la iglesia, fue porque las viudas griegas estaban siendo «ignoradas» en la distribución diaria de la comida. El hecho de que la queja era contra los judíos de habla aramea, y que los apóstoles consideraron seriamente el problema, sugiere que pudo haber existido un problema con la cultura mayoritaria en no identificar las necesidades de los demás.

Cuando Pablo en Romanos 12:10-11 nos dice: «Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros», esto seguramente debe implicar trabajar para hacer que las suposiciones de mi cultura sean un poco más obvias para a fin de poder cuidar bien de otros. Una de las mejores maneras de hacer esto en nuestras relaciones es simplemente haciendo preguntas consideradas y abiertas para aprender acerca de la experiencia de otros de la vida cristiana y cómo podrían diferir de la nuestra. No estoy hablando de interrogar a alguien y hacerlo sentir incómodo o cohibido por ser diferente. Hablo de tomarnos el tiempo con toda sensibilidad y humildad para conocer a alguien para poder aprender acerca de su vida y trasfondo, de sus alegrías y de sus luchas.

Eso nos lleva a la segunda sugerencia:

B. Acepta a los que son diferentes a ti

Ve conmigo a 1 Corintios 12:13-14: «Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos».

Imagina conmigo que la iglesia en Corinto escucha ese versículo, y luego decide que dado que Pablo está llamando a la iglesia a la unidad, establecerán grupos dentro de la congregación para que las personas estén cerca de aquellos con los que se sienten más cómodos. Así que habrá un grupo para judíos y un grupo para gentiles. Nosotros diríamos: «¡No! ¡Eso no es lo que Pablo tiene en mente!». Sin embargo, si solo buscamos comunión con quienes son iguales a nosotros, así es como esencialmente aplicamos estos versículos.

Ahora bien, podrías decir: «Matt, ¿eso significa que no deberíamos tener grupos pequeños de hombres y mujeres? ¿O un grupo de jóvenes, o un retiro de mujeres?». No necesariamente. Tener amistades en la iglesia con personas que comparten tu misma edad, género, etnicidad u ocupación puede ser algo maravilloso. A menudo Dios usa esas relaciones para hacer una obra importante en nuestros corazones porque somos capaces de hablar entre nosotros por nuestras experiencias en común. Las relaciones de similitud no son malas, pero pueden ser peligrosas, si caracterizan tanto a nuestra comunidad al punto de oscurecer la diversidad natural que el evangelio produce.

La imagen de un «plato de comida balanceado» usada por el Departamento de Agricultura puede ser útil aquí. (De pequeño era la pirámide alimenticia, pero aparentemente se actualizaron). No es sano comer solo hamburguesas y papas fritas, el plato tiene una sección para frutas y verduras, para granos y para proteínas. Podemos pensar en intentar cultivar un plato de relaciones balanceado en la iglesia. Hay relaciones en las que alguien especialmente se acerca a ti y te anima. Hay relaciones en las que tú debes acercarte y discipular a alguien. Hay relaciones recíprocas. Y luego, aquí está la clave, hay relaciones en las que SOLO eres amigo de alguien porque eres cristiano, no por ninguna razón natural. Todas son saludables e importantes. Algunas de estas categorías pueden superponerse. Pero si no hay nadie en esa última categoría, deberíamos preocuparnos.

Un buen lugar para empezar es hacernos algunas preguntas de diagnóstico. ¿Cuán a menudo compartes relaciones significativas con personas que no tienen tu misma edad? ¿Quiénes están en una línea de trabajo distinta al tuyo? ¿A qué persona de la iglesia con un trasfondo étnico diferente al tuyo conoces lo suficientemente bien como para orar por cosas específicas que estén sucediendo en su familia o empleo? Si no eres afroamericano, ¿le has preguntado a cualquiera de nuestros hermanos y hermanas afroamericanos lo que piensan sobre las protestas en relación con el abuso policial? ¿Qué es lo que piensan sobre el movimiento «Las vidas negras importan» como cristianos? Pregúntate: ¿hay algo que, como persona no negra, crees que deberías saber o entender mejor? Y podríamos multiplicar esta clase de preguntas para diferentes etnias y áreas.

¿Qué pasa si te das cuenta de que no conoces a muchas personas que sean diferentes a ti? ¿O simplemente deseas crecer en esta área? Eso nos lleva a nuestra última sugerencia:

C. Haz sacrificios por el bien de la unidad

Pablo dice en Romanos 12:1: «Hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional». ¿Cómo se da eso en la iglesia? Él continúa en el mismo capítulo, 12:9: «El amor sea sin fingimiento». 12:13: «Practicando la hospitalidad». 12:16: «Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándonos con los humildes».

Es muy posible disfrutar la idea de asistir a una iglesia diversa, pero nunca levantar un dedo para conocer a alguien que realmente sea distinto a ti. En ese sentido, Dios no nos llama a ser «consumidores» en la iglesia, sino productores. Si valoramos la diversidad, deberíamos poner eso en marcha haciendo sacrificios personales para verla crecer.

¿De qué tipo de sacrificios estoy hablando?

Podemos sacrificar nuestra comodidad para alcanzar y relacionarnos con alguien a quien no nos sentimos naturalmente atraídos. Marcos 9:35: «Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos».
Podemos sacrificar nuestras preferencias en toda clase de áreas: qué tipo de comida en el evento de comunión, cuáles canciones deseamos que la iglesia cante con más frecuencia. Romanos 12:10: «En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros».
Podemos sacrificar nuestros recursos y nuestro tiempo para servir a otros hermanos de la iglesia que se encuentran en necesidad, recibirlos en nuestros hogares, darles un aventón a la iglesia, cuidar de sus hijos. 1 Juan 3:18: «Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad».
Podemos sacrificar nuestros hábitos para tener tiempo de conocer a otras personas que podrían tener agendas diferentes a las nuestras o que vivan en una zona distinta a nuestra ciudad. Si eres alguien que siempre planea su agenda con dos meses de anticipación, puedes acceder a salir espontáneamente a almorzar luego de la iglesia con alguien con quien no compartas y viceversa.
De nuevo, el punto en hacer estos sacrificios no es la diversidad en sí. No es tachar el recuadro de la lista y decir: «De acuerdo, genial, ahora tengo algunos amigos que no lucen como yo». La muerte de Cristo ya ha comprado y producido nuestra unidad fundamental. No obstante, al cultivar nuestra unidad en la diversidad, damos testimonio de su incomparable sabiduría y gracia. ¡Qué privilegio es poder colaborar juntos para cultivar nuestra unidad como iglesia por el bien de edificarnos mutuamente y de dar a conocer su nombre!

Por ahora, permíteme dejarnos con la increíble visión de cómo toda nuestra diversidad, y de la iglesia universal a lo largo de los años, se verá ante el trono de Cristo. Apocalipsis 7:9-12:

«Después de esto mire, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero».

[1]Una ilustración útil para esto es la del matrimonio. El matrimonio celebra la unidad y la diversidad simultáneamente. El poder del matrimonio es que el esposo y la esposa son diferentes entre sí: Eva fue creada para ser una ayudante «adecuada» o «idónea» para Adán (Gn. 2:18). Ella era diferente, pero al final de Génesis 2, leemos que Adán y Eva deben «sujetarse» entre sí y ser «una sola carne» (2:24). Como entiende toda persona casada, las diferencias de cada cónyuge ayudan a fortalecer el matrimonio, pero esas diferencias solo crean debilidad si no hay unión, unicidad, unidad.

Dios te llama a una vida de servicio | Pilar Herrera

Dios te llama a una vida de servicio

Pilar Herrera

Cuando el Señor obró en mí y me transformó, yo era una jovencita sin experiencia en la vida y la iglesia. Cuando oía expresiones como “tal persona se fue a tal país a servir al Señor”, pensaba que solo los pastores o misioneros eran quienes servían a Dios, que esto era solo una labor para unos privilegiados. Y por supuesto, que un llamado de parte de Dios para servirle a tiempo completo solo es para algunas personas.

Quisiera hablarte la verdad sobre esto, pero veamos primero qué significa la palabra servir. Se trata de estar al servicio de alguien, sujeto a una persona por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone. Todo verdadero creyente es un siervo de Dios (Ro. 6:22), comprado con la sangre preciosa de Jesucristo en la cruz. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. No somos los dueños de nuestra vida, sino que tenemos el mejor amo y Señor del mundo: Dios.

Cuando el apóstol Pablo tuvo un encuentro con Jesús en el camino a Damasco, una de las primeras cosas que le preguntó fue: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hch. 9:6). Esto nos recuerda que todo discípulo de Jesús es su siervo. En el Nuevo Testamento, tenemos algunos ejemplos. Mencionaré solo dos como ilustración:

La suegra de Pedro cuando el Señor la sanó de su fiebre; ella le servía a Él y a sus discípulos (Mt. 8:15).
Un grupo de mujeres que seguían a Jesús y sus discípulos mientras iban por las ciudades y aldeas predicando el evangelio; ellas le servían con sus bienes (Lc. 8:1-3).
El servicio a Dios fluye de un corazón agradecido a Él por perdonarnos y salvarnos

El servicio a Dios fluye de un corazón agradecido a Él por perdonarnos y salvarnos. Queremos servir a Dios sirviendo a los demás. Para servir a los demás, hace falta tener un corazón humilde y amoroso. Debemos considerar a los demás como superiores a nosotros mismos:

“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás”, Filipenses 2:3-4.

Los intereses de un siervo
Dios nos llama a una vida de servicio, y un siervo no mira por sus intereses en primer lugar, sino por las necesidades de los que le rodean. Por eso no hay un lugar específico de servicio, porque toda nuestra vida tiene que ser de servicio a Dios. No tenemos un traje de siervo para ciertas horas del día, o para ciertos días de la semana. El siervo cristiano lo es las 24 horas del día y los siete días de la semana.

Para servir a los demás, hace falta tener un corazón humilde y amoroso. Debemos considerar a los demás como superiores a nosotros mismos

A veces creemos que la iglesia es el lugar para el servicio cristiano, cuando tenemos un ministerio o responsabilidad de servir a los demás. Esto es verdad en un sentido. En la iglesia debe haber un orden y no todos pueden o deben predicar desde un púlpito, no todos pueden o deben ser maestros de jóvenes o niños, no todos son evangelistas, etc. Para que una iglesia funcione, todos los miembros han de poner al servicio del Señor los dones que recibieron de parte de Él. Dios nos da dones para servir a los demás, no para nuestro propio beneficio o disfrute, sino para la edificación de su pueblo. El apóstol Pedro lo deja claro:

“Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén”, 1 Pedro 4:10-11.

Por lo tanto:

Todos tenemos uno o varios dones que hemos recibido de Dios. No pongas excusa de que no sabes hacer nada; tienes algo que ofrecer sirviendo a la iglesia. Si no estás seguro, pregunta a tu pastor o a alguien que te conozca bien.
Los dones que recibiste no son para lucirte y que otros digan qué bien sirves o haces cualquier trabajo. Son para ministrar a los demás, para edificación de la iglesia.
Debemos servir y ministrar a otros como buenos administradores, con un espíritu humilde. No te alabes por lo que haces. ¡Qué triste es ver a algunos recitando y pavoneándose de todo lo que hacen por el Señor! ¡Cuidado con el orgullo!
Los dones que Dios nos da son regalos de su gracia, no los merecemos.
Si tienes ciertos dones, no pienses que se debe a que eres muy inteligente o sabes ministrar bien. El poder para servir viene de Dios. Por nuestras propias fuerzas, sería imposible. Se trata del poder de Dios obrando y capacitándonos para servir.
Todo lo que hagamos para servir a Dios y los demás es para la gloria de Dios como fin último. No para tu propia gloria o para que te den aplausos.
Servicio más allá del templo
Al mismo tiempo, necesitamos entender que servir es un estilo de vida. No solo servimos en la iglesia, sino que en todas las esferas de nuestra vida debemos tener un espíritu de servicio.

Así que cuando estás cambiando el pañal de tu bebé, estás sirviendo; cuando estás cuidando y siendo ayuda idónea para tu esposo, estás sirviendo; cuando cuidas los niños de un matrimonio para que puedan salir a pasear o cenar solos, estás sirviendo; cuando estás en tu trabajo y tienes que hacer tareas desagradables, estás sirviendo al Señor. Debemos remangar nuestras mangas y hacer el trabajo sucio, o el trabajo que nadie quiere hacer. Tenemos que estar dispuestos a servir a los que no pueden recompensarnos.

El Dios santo, creador del universo, el rey de reyes, ¡se hace siervo! Por amor a nosotros y para salvarnos

A mí me ha ayudado mucho, a la hora de hacer una tarea desagradable, como limpiar baños en la iglesia —por ejemplo—, pensar que lo hago para mi Señor. Cuando pienso en eso, mi actitud cambia por completo. “Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23). Servir trae una satisfacción personal de saber que estamos haciendo lo que el Señor quiere, y Él ve cada vaso de agua fría que ofreces a un niño en su nombre.

Quiero terminar con el mejor ejemplo, el de nuestro Señor Jesús:

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos (Mt. 20:28).
Recuerda cómo Jesús lavó los pies de sus discípulos. Allí tenemos un buen ejemplo de servicio y humildad, para que siguiéramos su ejemplo (Juan 13:1-20).
Jesús se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Se humilló a sí mismo y fue a la cruz. El Dios santo, creador del universo, el rey de reyes, ¡se hace siervo! Por amor a nosotros y para salvarnos (Fil. 2:5-8).
Por lo tanto, si nuestro Señor se hizo siervo por nosotros, ¿acaso haremos algo de más si nosotros nos hacemos siervos por Él?

Pilar Herrera es hija y sierva de Dios por pura gracia. Esposa del pastor Luis Cano desde 1985, madre de Bequi y Débora. Junto a su esposo sirve en la “Iglesia Cristiana Evangélica” de Ciudad Real, España. También es maestra de inglés en un colegio público de infantil y primaria. Desde hace 30 años participa activamente en la “Asociación de Campamentos Cristianos Castilla La Mancha” para niños y adolescentes.

Fe Ciega | John C. P. Smith

Fe Ciega
por John C. P. Smith

El concepto de la “fe ciega” es un invento reciente que no se encuentra en ninguna parte de la Escritura. Si regresas a la Palabra de Dios, encontrarás que la palabra hebrea para fe, por su propia definición, se refiere a una confianza lógica, robusta e inquebrantable en la verdad.

Los cristianos, especialmente los creacionistas de seis días, son a menudo acusados de tener fe ciega. ¿Es esto justo? ¿Qué se entiende por fe ciega? De hecho, ¿Qué es fe?

La Epístola a los Hebreos define fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Como Jesús le explicó a Tomás: “bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” (Juan 20:29). Así que fe, como dice la Palabra de Dios, es estar seguro acerca de algo que no hemos sido testigos oculares (incluyendo la creación, Hebreos 11:3), o que no se puede ver ahora, o que no se ha revelado aún.

Por esta definición, ¡Toda fe es ciega! Si se tratara de lo que se ve, la fe ya no sería operativa.

Por esta definición, ¡Toda fe es ciega! Si se tratara de lo que se ve, la fe ya no sería operativa.
El hecho es que todo el mundo tiene algún tipo de fe. Los evolucionistas tienen fe en su versión sobre los orígenes, los pasajeros de un tren confían en las habilidades del conductor, y los niños creen que van a recibir regalos en Navidad. Todos confían en algo invisible.

Alguna fe puede ser injustificada, y sin duda esta fe es ciega. En cambio, la fe cristiana es a la vez razonable y justificada. Se basa en primer lugar y sobre todo en la Palabra consistente y confiable de Dios. Y aunque no requiere pruebas externas, es totalmente compatible con evidencias físicas. Dios puede ser invisible, pero sus cualidades se observan claramente en la naturaleza (Romanos 1:20).

El mismo lenguaje del Antiguo Testamento hebreo revela que nuestra fe está intrínsecamente ligada a la verdad. Las dos palabras para fe y verdad, emunah y emet, son incluso a veces traducidas indistintamente en diferentes versiones bíblicas. Ambas palabras hebreas se derivan de la misma raíz, aman, que significa “firmeza, certeza, fiabilidad”. Así que, en vez de ser confusa, la fe bíblica, así como la verdad, es segura y cierta.

Una parte integral de emet es la confiabilidad y la fidelidad, aunque la palabra es más comúnmente traducida como “verdad”. La verdad bíblica se mantiene firme en el tiempo como los pilares del templo, omnot (“soportes firmes”), la otra palabra derivada de aman (ver 2 Reyes 18:16).

Irónicamente, son las filosofías y teorías humanas las que realmente son confusas, no la fe bíblica. Jesús dijo que aquellos que ignoran sus enseñanzas, ya sea en pensamiento o comportamiento, son como casas construidas sobre la arena, destinadas a colapsar (Mateo 7:24–27). En contraste, aquellos que viven de acuerdo a “la verdad” (Juan 14:6), son como casas construidas sobre lechos rocosos, que pueden soportar fielmente todas las dificultades.

De hecho, un elemento clave de emunah (a menudo traducido “fe”) es la fe-plena, confianza persistente en Dios y sus promesas, pase lo que pase. Vemos ejemplos de emunah en la mujer enferma de flujo de sangre por doce años (Mateo 9:22), en la mujer cananea cuya hija era atormentada por demonios (Mateo 15:28), y en el ciego Bartimeo (Marcos 10:52). Ellos creyeron y persistieron.

Jesús elogió tal fe. Comparó la fe con una semilla de mostaza (Mateo 17:20) porque, aunque comience de forma pequeña, con un cuidado fiel puede crecer para lograr grandes cosas para la gloria de Dios.

Otro derivado del aman es amén. Al decir “amén” después de una oración o declaración, respaldamos su veracidad y confirmamos nuestro acuerdo con ella. Una traducción adecuada es “¡Ciertamente!”.

Dioses la roca, y Él nunca cambia (Malaquías 3:6). Él es totalmente digno de confianza, cumple siempre Sus promesas. Él es El emunah (Deuteronomio 32:4) y El emet (Salmo 31:5) — “Dios de la fidelidad” y “Dios de la verdad”. Por lo tanto, la fe en nuestro Dios de confianza y en Su Palabra verdadera está bien fundamentada y es totalmente razonable. ¡Amén!

John C. P. Smith obtuvo su licenciatura en hebreo e historia judía de University College London. Actualmente escribe un estudio de palabras en hebreo para la publicación In Tocuch de Christian Friends of Israel.

El significado de la masculinidad | PHILLIP HOLMES

El significado de la masculinidad | PHILLIP HOLMES

Una de las cosas que más me gusta hacer mientras limpio la cocina o hago otras tareas de la casa es llamar a mi mamá. Se ha convertido en un patrón, tanto que cuando llamo, ella me dice en broma: «Debes estar limpiando la cocina».

En una conversación reciente, le confesé que he estado luchando como esposo. Le expliqué que no había logrado comprender del todo cómo luce la verdadera masculinidad. Durante la mayor parte de mi vida, había asumido que si me ocupaba de mí mismo —trabajando, pagando mis facturas, comprando mi comida y encontrando un refugio adecuado— estaba cumpliendo con el llamado de Dios a la masculinidad.

El papel de liderazgo que Dios ha dado a los hombres no es una oportunidad para ser servido, sino un llamado a servir de forma sacrificial

A medida que crecía en mi comprensión de la masculinidad bíblica, descubrí que la verdadera masculinidad exigía más de mí. Como hombre soltero, no había puesto en práctica lo que sabía que requiere el matrimonio. En secreto, pensaba que el matrimonio me cambiaría milagrosamente y me haría un mejor hombre. No bebí de la fuente de la verdadera masculinidad como soltero, así que ahora estoy bebiendo a borbotones desde una gran manguera como nuevo esposo. Ahora estoy aprendiendo de la manera más difícil sobre el elevado y arduo llamado de la masculinidad.

La entrega y sacrificio de Jesús
La vida de Jesús encarnó la verdadera masculinidad. ¿Cómo no iba a hacerlo? Sin duda, podríamos enumerar una larga lista de características que Jesús encarnó y que lo convirtieron en un hombre verdadero. Sin embargo, dos rasgos dignos de mención son Su entrega y sacrificio.

Las enseñanzas de Jesús en los evangelios están empapadas de estos temas. Cuando le preguntaron: «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?», Jesús responde:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas (Mt 22:36-40).

Además, Jesús no solo nos enseñó a amar al prójimo, sino a amar y orar por nuestros enemigos (Mt 5:44). Es más fácil sacrificarse y actuar desinteresadamente hacia aquellos que consideramos dignos de nuestro afecto, amor y recursos, pero la verdadera masculinidad se muestra cuando nos sacrificamos libre y desinteresadamente por los indignos.

Junto a sus enseñanzas, Jesús añadió un testimonio insuperable de Su entrega y sacrificio: la creciente humildad de Su vida, incluso hasta la muerte. A lo largo de Su ministerio, renunció desinteresadamente a Su tiempo, energía y recursos por el bien de los demás. Pablo escribe que Cristo «se despojó a Sí mismo» y asumió «forma de un siervo». Pablo nos exhorta a adoptar esta mentalidad: «Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús» (Fil 2:5-8). El estilo de vida de Cristo es un modelo no solo para los casados, sino también para la forma en que deben vivir los hombres (y mujeres) solteros.

La mejor muestra de la entrega y el sacrificio de Jesús fue cuando fue libremente a la cruz por el bien de Su novia, por obediencia a Su Padre y por el gozo puesto ante Él. Nuestro perfecto Salvador murió por una novia que, sin lugar a dudas, había demostrado que no era digna de tal sacrificio. Lo cual presenta un hermoso cuadro de cómo los esposos pecadores deben amar y apreciar a sus esposas.

Los hombres de verdad dan libremente
Muchos manifiestan una enorme desconexión entre lo que dicen y hacen. Sin embargo, como podemos ver, la vida de Jesús encarnó Su enseñanza de forma completa y perfecta. A diferencia de nosotros, Jesús comprendió mejor que nadie las implicaciones de Sus enseñanzas y nunca recortó las distancias por comodidad y conveniencia personal.

Aprendemos de Jesús que la verdadera masculinidad no consiste simplemente en mantener nuestras cosas limpias y ordenadas. La verdadera masculinidad significa ir más allá de nosotros mismos para amar a nuestro prójimo, el cual es cualquiera que conozcamos que tenga alguna necesidad. Los verdaderos hombres dan libremente su tiempo, sus recursos, su atención, su energía y su apoyo emocional a los que lo necesitan sin tener en cuenta lo que puedan recibir a cambio.

La verdadera masculinidad significa ir más allá de nosotros mismos para amar a nuestro prójimo

Para el hombre cristiano soltero, esto significa dar libremente de su tiempo y sus recursos mostrándose hospitalario, ofreciéndose como voluntario en la iglesia, atendiendo a los necesitados, visitando a los enfermos y ayudando a los ancianos. Tiene implicaciones aún para la administración de su dinero. ¿Podrías dar más a la causa de Cristo ya que tus gastos actuales son menores? ¿Cómo puedes honrar a tus padres en esta etapa? Podrías comprobar con más regularidad si tienen alguna necesidad que puedas satisfacer.

Para el hombre casado, su prójimo más cercano es su mujer y sus hijos. La masculinidad significa inclinarse en su matrimonio y en su familia. Significa proveer para ellos física, financiera, emocional y espiritualmente. Significa amar humildemente a su esposa, incluso en los momentos en que siente que ella es especialmente indigna de ese amor, y amar a sus hijos cuando parecen ser los que menos lo merecen. Los hombres de verdad honran a su padre y a su madre, y están deseosos de «recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios» (1 Ti 5:4).

El gran llamado de la masculinidad
La primera vez que llamé a mi mamá mientras lavaba los platos, se sorprendió porque sabía que los actos así no eran naturales. Siempre he sido rápido para pensar en mí mismo y lento para pensar en los demás. Pero su reacción al verme limpiar la cocina, que fue divertida en el momento, me anima hoy. Me recuerda que, aunque el camino hacia la masculinidad ha sido lento y difícil, he crecido, aunque el crecimiento parezca insignificante. Su asombro me recuerda que Dios está obrando.

La verdadera masculinidad es un llamado difícil e incómodo, ya sea que estés soltero o casado. El papel de liderazgo que Dios ha dado a los hombres no es una oportunidad para ser servido, sino un llamado a servir de forma sacrificial. En un mundo que ofrece gratificación inmediata —en términos financieros, emocionales y sexuales— la masculinidad cristiana puede parecer poco atractiva e incluso sin sentido por momentos. ¿Por qué vivir de forma desinteresada y sacrificada cuando puedo hacer lo contrario y disfrutar de un placer instantáneo? Cuando la sociedad nos dice que el liderazgo equivale a un privilegio, ¿por qué aferrarse a la visión bíblica del liderazgo como sacrificio?

Los verdaderos hombres se niegan a sí mismos los placeres carnales para tener un verdadero gozo en Jesús

Los verdaderos hombres se niegan a sí mismos los placeres carnales para tener un verdadero gozo en Jesús. Ya sea que estés casado o soltero, si no estás sirviendo a tu prójimo de manera desinteresada y sacrificial, no estás caminando plenamente en la masculinidad bíblica. Los niños dicen: «Soy responsable de mí mismo». Los hombres dicen: «Soy responsable por mi prójimo». Los niños son obligados a dar, pero los hombres dan libremente porque se les ha dado libremente. Los niños esperan que su esposa o su madre laven los platos, pero los hombres se apresuran a tomar la esponja y el jabón. En última instancia, la masculinidad significa servir a los demás tanto o más que a uno mismo.

Aunque las recompensas temporales no siempre son inmediatas, las eternas valen la pena. Dios Padre demuestra que sí recompensará a los obedientes y fieles, como lo hizo con Su desinteresado y sacrificado Hijo:

Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre (Fil 2:9-11).

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
Phillip Holmes es el vicepresidente de comunicaciones institucionales del Reformed Theological Seminary [Seminario Teológico Reformado] y propietario de Highest Good, una agencia de marketing y estrategia digital. Él y su esposa Jasmine tienen dos hijos, Walter Wynn y Ezra Langston. Son miembros de la iglesia Redeemer de Jackson, Mississippi.