¿EXISTEN LOS VALORES ABSOLUTOS?

¿EXISTEN LOS VALORES ABSOLUTOS?

El relativismo no es nada nuevo, pues Heráclito, filósofo de la antigüedad griega, ya había planteado que: «Nunca se baña uno dos veces en el mismo río, porque el agua siempre es nueva». De esa manera señalaba el cambio constante que embebe todo nuestro existir. Si todo está continuamente fluyendo (cambiando) entonces, nada permanece igual. Todo es relativo en cuanto a la manera en que las cosas son en un momento.

¿Cómo puede algún valor ser absoluto?
Varias son las teorías morales que han formulado retos a la naturaleza absoluta de los imperativos morales desde la época de Heráclito a la fecha. Algunos afirmaron que no hay leyes rígidas. Kierkegaard decía que todos los mandamientos éticos son trascendidos por los deberes religiosos, tal como Abraham tuvo que dar «un salto de fe» trascendiendo toda moral para sacrificar a Isaac. A.J. Ayer decía que todos los juicios de valor eran, literalmente, insensatos por ser inverificables mediante la experiencia. Algunos plantearon que, en realidad, la ética solo consta de principios generales que sirven para el propósito de estructurar (informar, en el sentido de dar forma o moldear) la sociedad. Jeremy Bentham y John Stuart Mill concordaron en que deben seguirse las normas sociales generales para que el hombre pueda ser feliz pero que, en última instancia, no son obligatorias. Otros, como Joseph Fletcher, piensan que todas las normas deben ser evaluadas por el individuo en cada situación.
La ética situacional de Joseph Fletcher está construida sobre la idea de que «nuestra obligación es relativa a la situación». El amor es el único absoluto para Fletcher, y todos los otros mandamientos morales son relativos respecto a ese absoluto. La única manera de juzgar lo bueno y lo malo es considerando los resultados. Lo que «sirve» o «satisface» es lo bueno. Los valores, entonces, no son hechos por Dios ni por la sociedad, sino por el individuo que debe decidir qué es lo bueno para él en una situación dada. Cuando se pregunta: «¿Es malo el adulterio?», Fletcher responde: «Uno solo puede contestar: “No sé. Quizá. Plantee un caso. Describa una situación real”». Fletcher cree que así elimina la crueldad del legalismo al enfocarse en las personas antes que en los preceptos.

Ética situacional
El libro de Joseph Fletcher, Ética situacional, no ofrecía ideas novedosas cuando fue publicado en 1966, sino que esclarecía la posición, lo cual la popularizó. Fletcher expresa sin ambages que sus presuposiciones son el pragmatismo (el fin justifica los medios), el relativismo (solo el amor es absoluto; todos los demás valores son relativos), el positivismo (los principios morales se creen, no se prueban), y el personalismo (las personas son más importantes que las cosas). Fletcher, refiriéndose a la Biblia, dice: «La melancolía barata o frustración absoluta nos seguirá si hacemos de la Biblia un libro de reglas, olvidando que es una colección de refranes, tal como el Sermón de la Montaña, que nos ofrece cuando mucho unos paradigmas o sugerencias» (p. 77). Fletcher defiende el pragmatismo al preguntar: «¿Qué justifica a los medios si el fin no los justifica?» (p. 120). Fletcher es coherente, al menos, pues procede a reconocer que los fines deben también ser justificados. El amor es el único fin que se justifica a sí mismo (p. 129), lo cual suscita la reflexión: Si el amor se justifica a sí mismo, ¿por qué no pueden ser buenos en sí mismos los otros bienes? Si lo fueran, entonces ya no serían medios sino fines en sí mismos.

LA IMPOSIBILIDAD DE NEGAR LOS ABSOLUTOS
Negar los absolutos implica una incoherencia fundamental: uno debe considerar que hay absolutos en el proceso mismo de la negación; por más razonables que parezcan esas propuestas. Para negar absolutos uno debe formular una negación absoluta. Es como decir: «Nunca digas nunca»; pues uno lo acaba de decir. O: «Siempre es malo decir siempre»; pues uno tiene que pronunciarlo para decirlo. ¿Cómo puede uno tener la certeza absoluta de que no hay absolutos?
Además, si el relativismo fuese cierto, entonces, debe haber algo respecto a lo cual todas las cosas son relativas, pero que no sea relativo en sí mismo. En otras palabras, algo tiene que ser absoluto antes que podamos ver que todo lo demás es relativo a eso. He aquí la naturaleza de las relaciones: existen entre dos o más cosas. Nada puede ser relativo en Sí mismo, y si todo lo demás es relativo, entonces tales relaciones no son reales. Tiene que haber algo inmutable con lo cual podamos medir el cambio en todo lo demás. Hasta Einstein lo admitió, y planteó un Espíritu absoluto al cual todo lo demás estaría relacionado. John Dewey, educador y filósofo norteamericano (1859–1952), avanzó al absoluto en su progresión; y Heráclito tuvo un Logos absoluto que medía el «fluir» de su río.

AFIRMAR VALORES ABSOLUTOS
Demostrar que el relativismo es erróneo no prueba que los valores cristianos sean buenos. El relativista replica: «¿Con que hay alguno valores absolutos? Nómbreme uno». C.S. Lewis nombró varios en sus obras al mostrar que muchas cosas son universalmente reconocidas como malas, por ejemplo, la crueldad con los niños, la violación, el asesinato sin causa debida, etc. Lewis también comentó (en el apéndice de su libro Abolition of Man), que los valores no cambian mucho de una cultura a otra sino que son muy similares. Nuestro desafío es, de todos modos, nombrar uno solo.
Algunos pensadores han tratado de reducir todos los principios morales a un absoluto central. Kant planteó su «imperativo categórico», que debe seguirse en toda circunstancia y que se descubre al preguntarse, en cada decisión: «¿Quiero que esta acción sea costumbre universal para todos los hombres?» Si usted contesta que no, entonces no lo haga. ¿Quiere que todos los hombres le mientan? Entonces, no mienta. ¿Quiere que todos los hombres no asesinen? Entonces, no asesine. Haga solo las cosas que quiere que todos los hombres sean capaces de hacer.

El quid del asunto
Si uno quiere llegar al quid del asunto y saber lo que realmente cree alguien respecto de los valores, indague cuáles son las expectativas de esa persona. Alguien puede decir, con toda facilidad, que la gente no vale más que las cosas, pero resistirá si uno lo trata como a un fósforo quemado y lo desecha. Espera que lo traten como persona valiosa, aunque niegue verbalmente ese valor. Hasta el que proclama que no hay valores, continúa valorando el derecho a tener esa opinión y espera que uno haga lo mismo. Este hecho nos sirve mucho para afirmar los valores absolutos, porque los hace efectivamente innegables. Cada vez que alguien niega los valores absolutos, espera que lo traten como alguien con valor absoluto.
Martin Buber dijo que el principio moral más importante es tratar a las personas como tales, no como cosas, pues podemos vivir viendo todo lo demás como «eso» o admitir que algunas cosas son similares a nosotros y debemos llamarlas «tú». Las interrelaciones «yo-tú» son, para Buber, las que confieren significado a la vida, y son el fundamento de todos los valores. La gente debe ser tratada como fines en sí misma y no como medio para un fin. Debe ser amada, no usada.
No cuesta mucho percatarse de que Kant y Buber concuerdan, en principio, con Jesús, en lo referido al valor más importante. Jesús dijo que tratemos a las personas en la forma en que queremos que ellas nos traten. Cuando se le preguntó cuál era la ley más importante del Antiguo Testamento, replicó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas».
¿Qué es, pues, el imperativo categórico kantiano sino una reformulación de la regla de oro de Cristo? Y ¿qué es el «grande mandamiento» sino un imperativo para mantener las relaciones «yo-tú» con todas las personas, y, muy en especial, con el Tú Definitivo y Final?
Yo y tú
Martin Buber (1878–1965), el famoso filósofo existencialista judío-austríaco, exploró el ámbito de las relaciones en un libro titulado Yo y tú, en el que usa ese término familiar, «tú» para expresar intimidad. Comenta que vivimos en tres niveles de vida diciendo: «Al extender las líneas de las relaciones, se interceptan en el tú eterno» (p. 123). Buber define el amor así: «Amor es la responsabilidad de un yo por un tú: en esto consiste eso que no puede consistir de ningún sentimiento: la igualdad de todos los que aman. Desde el menor al más grande; y desde aquel dichosamente seguro, cuya vida está circunscrita por la existencia de otro amado ser humano, hasta aquel cuya vida está clavada en la cruz del mundo, capaz de lo que es inmenso y suficientemente atrevido para arriesgarse: amar al ser humano» (Martin Buber, Yo y tú, Fondo de Cultura Económica, México).
La ética del amor cristiano es el cimiento principal sobre el que se establecen todas las otras normas éticas.
El amor es un valor absoluto universalmente reconocido. Hasta Bertrand Russell, famoso por su ensayo Por qué no soy cristiano, dijo: «El mundo necesita amor o compasión cristianas». Erich Fromm, el sicólogo humanista, afirma que todos los problemas provienen de la falta de amor. Confucio tuvo la misma idea pero la expresó en forma negativa: «No hagas a los otros lo que no quieras que ellos te hagan a ti». ¿Quién alegaría contra el amor?
«¿Cómo quiero que me trate la gente?», es la pregunta que constituye la esencia del imperativo categórico kantiano pues, ciertamente, todos deseamos ser amados. Si queremos ser amados, entonces debemos amar a los demás. No amarlos equivale a negar la cualidad de persona de ellos, pues amamos a las personas como tales. Efectivamente, ¿no es por eso que esperamos ser amados: porque somos personas y las tales deben ser amadas? Si debemos ser amados, entonces todas las personas deben ser amadas. Concluir otra cosa sería incoherente y arbitrario. El amor es un valor moral absoluto universalmente aceptado y esperado por toda la gente.

Geisler, N., & Brooks, R. (1997). Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe (pp. 334-339). Editorial Unilit.

El dominio propio y tu ira pecaminosa | Aaron Halbert

El dominio propio y tu ira pecaminosa

Por Aaron Halbert

Cuando me pidieron que escribiera sobre el dominio propio y la ira, mi respuesta inmediata fue: «¡Soy la última persona que debería escribir sobre este tema!». No dije esto porque no tenga problemas en esta área, sino porque, en el momento en que me preguntaron, estaba lidiando con cosas que revelaban ira dentro de mi propio corazón. Simplemente había tantas situaciones que estaban alimentando este pecado en mí. Para comenzar, a mi familia le habían pedido que se mudara inesperadamente y lo encontré injusto. Luego, mi esposa enfermó durante más tiempo del esperado y tuve que hacerme cargo del cuidado de los niños, labor en la cual, mis frustraciones, irritabilidad e ira pasaron a primer plano y asomaron su fea cabeza. Además, la mudanza a la nueva casa significó más tiempo en el tráfico y, a menudo, me encuentro frustrado y molesto con otras personas —con mi ira hirviendo al máximo— por sus habilidades de conducción o la falta de ellas. Entonces, escribo estas cosas como un compañero pecador que constantemente está tratando de hacer morir estos pecados.

Diferenciando entre la ira justa y la ira pecaminosa
Muchas veces, cuando surge el tema de la ira, queremos pasar inmediatamente a la idea de la ira justa y al hecho de que las Escrituras nos dicen que debemos o podemos estar enojados, pero no pecar (Ef. 4:26). Debido a este pasaje, concluimos que nuestra ira es justa o tratamos de excusarnos o justificar nuestra ira. Buscamos justificarla diciendo que otros han actuado de maneras que han provocado nuestra justa ira.

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Necesitamos comprender rápidamente, que la ira justa es la que viene porque vemos que se quebranta la ley de Dios. Así que, podemos fácilmente reflexionar y darnos cuenta de que, lo más probable, es que nuestra ira generalmente no proviene de algo que podríamos llamar justo y, muchas veces, no es algo que controlamos bien.

Pero ¿qué es la ira?
Creo que podemos reconocer fácilmente que la ira no es amor porque el amor es paciente y amable. Pero ¿qué es la ira? La ira es el descontento con los demás, y con las cosas o situaciones a las que reaccionamos con palabras, emociones, actitudes o acciones pecaminosas; y mientras nos comportamos de este modo, estamos dirigiendo este diluvio de maldad hacia el que se cree que está causando nuestro problema. Pero si queremos (y debemos) ser honestos, reconoceremos que, ante todo, y sin excusa alguna, la ira es pecado.

Dominio propio ante la ira
A lo largo de las Escrituras se nos dice que debemos tener dominio propio y hemos visto, poco a poco, cómo aplicarlo a varios aspectos de la vida, todo en dependencia del Espíritu Santo. Nuestra ira es otra área, otro pecado que debe ser dominado. Como todos habrán experimentado, la ira suele tomar control. No le gusta contenerse. No quiere tener riendas que lo sujeten. Entonces, tener dominio propio nos ayudará a controlar nuestra ira, irritabilidad y frustración. Para esta titánica labor, la clave es la forma en que pensamos acerca de nuestra ira y el dominio propio. Cuando Pablo escribe acerca de los líderes de la iglesia, dice que deben se sobrios y poseer dominio propio (Tit. 2:2). Pedro también habla de tener una mente sobria y dominio propio (1 P. 5:8-10). A menudo parece haber una conexión con el dominio propio y la forma en que pensamos. Y nuestros pensamientos deben ser, principalmente, nutridos y saturados por las Escrituras.

Por lo tanto, una de las primeras cosas de las que debemos darnos cuenta sobre el dominio propio y nuestra ira es que nuestro enojo nos ha hecho pensar incorrectamente acerca de Dios. Cuando nos enojamos, principalmente afirmamos que lo que Dios ha hecho está mal. Regularmente se encuentra que la ira es olvidar la gracia de Dios en nuestras propias vidas y la bondad con la que Dios nos ha tratado. Mencioné anteriormente nuestra mudanza inesperada. En ese acontecimiento, en el centro de mi ira estaba la sensación de que me habían tratado injustamente y estaba olvidando la bondad de Dios para con nosotros en su sabia providencia. Aunque quería justificar mi ira sobre la base de lo que alguien más había hecho, en verdad, en ese momento me faltó el control de mí mismo, porque me había olvidado de que nuestro Dios realmente no me trataba como se merecen mis pecados.

¿Cómo buscar dominio propio ante la ira?
Entonces, las formas más obvias de asegurarme de que tengo dominio propio y una mente sobria son la dependencia constante de la Palabra de Dios para informar mi pensamiento. La forma en que tengo la victoria sobre mi ira y otros pecados que son hermanos de esta, es teniendo mi mente constantemente transformada por la Palabra de Dios. Pablo dice en Romanos 12:2 que debemos ser transformados «mediante la renovación de [nuestra] mente». También les dice a los Efesios que deben ser «renovados en el espíritu de su mente» (Ef. 4:23)..

Si queremos matar nuestra tendencia a gritarles a los niños, dejar que las opiniones de otras personas nos molesten, enojarnos con esos corredores de la fórmula 1 en nuestras calles, hablar mal de otros, tener resentimiento hacia los demás y toda una serie de otros pecados, entonces debemos tener constantemente nuestras mentes transformadas por la Palabra de Dios. Nunca podrás luchar contra la ira si constantemente piensas de manera incorrecta al respecto.

¿Cómo pensamos incorrectamente acerca de nuestra ira? Debemos dejar la tendencia de querer decir que la mayor parte de nuestra ira se debe a lo que otros han hecho, para eso, es útil recordar que nadie nunca causa nuestra ira, sino que proviene de nuestro interior. Debemos dejar de culpar a otros. Las personas pueden darnos la oportunidad de responder con ira, pero nuestra ira no es su culpa.

Por lo tanto, lo que eso debe producir en mí es una rápida y veloz respuesta a mi ira. Debo reconocer mi enojo y confesarlo regularmente cuando sé que estoy fallando en tener dominio propio y ser sobrio con mi enojo. Cuando tengo esa respuesta insistente de decirle a alguien lo que pienso, criticar a otros por cómo han hecho algo, o frustrarme con las personas en mi vida por no estar a la altura de mis expectativas, debo ir a Cristo y confesarlo. La forma de tener dominio propio es reconocer la existencia del pecado y sacarlo a la luz en lugar de ocultarlo o encubrirlo. Es ser rápido para ir a aquellos con los que me he enfadado, pedir perdón y confesar mis malas acciones. Esto es lo que hace una persona de mente sobria y con dominio propio. Ve la profundidad de su depravación y la confiesa abiertamente, arrepintiéndose y luego se esfuerza por una nueva obediencia en Cristo. Parece que el recaudador de impuestos en Lucas 18 se inclinó clamando a Dios por misericordia porque su pecado lo deshizo. Eso debe pasar en nuestro corazón al pensar en la maldad remanente en nuestras almas. ¡Cuando pensamos sobriamente acerca de nuestro pecado, nos ayuda a ser honestos para que podamos tener más dominio propio!

Conclusión
Finalmente, en un nivel práctico, quisiera cerrar dando algunos consejos como experto en la ira. Usa el tiempo entre tus temporadas de ira para establecer formas de luchar contra ella. Nota que tu enojo tiene consecuencias y comienza a utilizar los momentos en que no estás enojado para tratar el enojo por lo que es: un ataque moral a la ley de Dios. Busca formas de ver señales de cuándo la ira tiende a alejar lo mejor de ti. Memoriza y estudia las Escrituras que renuevan tu mente para ver las profundidades de tu pecado. Ora regularmente para que Cristo te dé ojos para ver cómo tu ira te hace perder el dominio propio. Pide a otras personas cercanas a ti que te ayuden a ver las formas en que permites que la ira se apodere de tu vida.

Sugiero estas cosas porque la ira le da al diablo un punto de apoyo, entonces, sin duda, querrás asegurarte de que tratas con la ira apropiadamente. En otras palabras, debes darle la muerte legítima que merece junto con cualquier otro pecado del que debes huir mientras corres hacia Cristo. En definitiva, querido santo, ahí es donde encontrarás descanso. Tu ira y falta de dominio propio nunca producirán paz. ¡Oh, pero correr a un Salvador que voluntariamente murió por ti, te otorgará paz y la capacidad de hacer morir este pecado de ira al otorgarte dominio propio que solo proviene de su Espíritu a través de la obra de la Palabra renovando tu mente! ¡Alabado sea Jesús por eso!


Aaron Halbert, estadounidense, sirve en Tegucigalpa, Honduras, como uno de los pastores de la Iglesia Presbiteriana Gracia Soberana. Disfruta largas conversaciones sobre la plantación de iglesias, todo lo relacionado con los Voluntarios de la Universidad de Tennessee, casi cualquier comida hondureña (excepto la sopa de mondongo) y los Tottenham Hotspur. Aaron está casado con Rachel y tienen 5 hijos, a quienes les encanta servir junto a sus padres a través de la hospitalidad y encontrar formas de establecer relaciones en la iglesia, en actividades de los niños y con los vecinos.

¿Es pecado decir groserías, malas palabras y maldecir?

¿Es pecado decir groserías, malas palabras y maldecir?

Definitivamente es un pecado decir malas palabras (maldecir, decir groserías, etc.). La biblia deja esto muy claro. Efesios 4:29 nos dice, «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes». Primera de Pedro 3:10 declara, «El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño». Santiago 3:9-12, resume el problema: «Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce».

Santiago deja claro que la vida de los cristianos o los «hermanos», no debe caracterizarse por hablar mal. Haciendo la analogía tanto del agua salada como del agua dulce que proviene de la misma fuente (algo que es inusual de una fuente), él explica que es inusual para un creyente que tanto la bendición como la maldición salgan de su boca. No podemos alabar a Dios mientras que al mismo tiempo maldecimos a nuestros hermanos.

Jesús explicó que lo que sale de nuestra boca es lo que llena nuestros corazones. Tarde o temprano, la maldad en el corazón sale a través de la boca en forma de maldiciones e insultos. Pero cuando nuestros corazones están llenos de la bondad de Dios, se derramará la alabanza para él y el amor por el prójimo. Nuestras palabras siempre van a indicar lo que está en nuestros corazones. «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6:45).

¿Por qué es pecado decir groserías, malas palabras y maldecir? El pecado es una condición del corazón, de la mente y «el hombre interior» (Romanos 7:22), que se manifiesta en nuestros pensamientos, acciones y palabras. Cuando decimos groserías y maldecimos, estamos dando evidencia de la contaminación del pecado en nuestros corazones que debe ser confesado y del cual debemos arrepentirnos. Cuando ponemos nuestra fe en Cristo, recibimos una nueva naturaleza de Dios (2 Corintios 5:17), nuestros corazones son transformados y nuestras palabras reflejan la nueva naturaleza que Dios ha creado en nosotros (Romanos 12:1-2). Afortunadamente, cuando fallamos, nuestro gran Dios es “fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).

LA BELLEZA QUE NO SE MARCHITA – Por Isa Arenas

LA BELLEZA QUE NO SE MARCHITA

Por Isa Arenas

Personalmente quisiera compartirles que me encanta la historia de Rut lejos de todo el romanticismo que pueda tener me gusta su lealtad, obediencia y virtud de ella vemos como en el capítulo 3; un capítulo que puede ser controversial porque Noemí le pide a Ruth que busque a Booz por la noche, que se vista, se perfume y que lo busque en donde él dormirá; es interesante leer esto, cualquiera pensará que Noemí le pide a Rut que se vista de una forma determinada para seducirlo o que se vista con lo mejor que ella tiene; pero no, ella no estaba buscando seducir a Booz; lo que Noemí le pide es que le vaya a proponerle que la redima debido a su parentesco con Eli Melec (el esposo de Noemí); Rut si se arregló y perfumó, lo buscó y estando a sus pies; él dijo “Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos”; esta es una respuesta llena de gracia para Rut “bendita seas del Señor” y lo que él piensa de Rut es que su piedad y lealtad hacía Noemí lo ha hecho a él interesarse en ella debido a su virtud; no su atuendo y tampoco su perfume; también vemos que le dice “Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa”. Rut era una mujer virtuosa y él lo sabía, pero también su pueblo; la palabra “virtud” es la misma que se utiliza en proverbios 31 que elogia a este tipo de mujer, a la mujer que confía en Dios y que eso la hace virtuosa y no su atuendo o adorno.

NUESTRO ARREGLO COMO CRISTIANAS
1 Pedro 3:3-4

3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,

4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.

Hermanas, Pedro dirige estas palabras a las mujeres y realiza el énfasis con la palabra atavío que hace alusión a vestidos, adornos y a nuestro arreglo personal; pero este versículo no es una prohibición o hace el énfasis a que la mujer cristiana debe estar mal vestida o mal arreglada, a lo largo de los años han existido varias malas interpretaciones de este texto en donde se opina que la mujer cristiana no debe de utilizar cosméticos o interesarse en el buen vestir, pero, el autor no es lo que nos dice, Pedro a lo que nos exhorta es a huir de toda exageración con nuestro arreglo exterior, como mujeres cristianas podemos vestir a la moda con un buen gusto y sentido común, esta es la verdadera forma en la que como mujeres seremos atractivas y no siendo exageradas mostrando de más de nuestro cuerpo o siendo ostentosas en nuestro adorno, si bien es bueno cuidar nuestro cuerpo y también tener el deseo de querer lucir bien, el vernos bien es algo que nos gusta y nos atrae; esta atracción también es para el sexo opuesto ¿por qué? porque el querernos ver bien puede ser para sentirnos bien, pero también para atraer, vemos en los versículos de 1 Pedro 3:1-2, el énfasis recae en que ninguna mujer puede ganar a un hombre por medio de su atractivo físico y mucho menos por medio de una exageración en nuestro adorno.

¿CUÁL ES TU MOTIVACIÓN?
En el capítulo 2 de 1 Pedro vemos instrucciones de cómo vivir para un creyente: nosotros somos maliciosos gracias al pecado sin embargo debemos anhelar permanecer en Cristo, porque linaje escogido somos, antes de ser rescatadas no habíamos alcanzado su misericordia y ahora, por los méritos de Cristo la tenemos, somos exhortados a abstenernos de los deseos de la carne, debemos evitar los deseos de nuestra naturaleza caída, públicamente y en lo privado. Se nos llama a abstenernos de nuestros deseos carnales y a mantener una buena manera de vivir entre los no creyentes ¿con qué fin? para que ellos vean la obra de Cristo y nosotros no seamos estorbo y tampoco los causantes de la caída de alguien que necesita su salvación y termino mi mención del capítulo 2 con el versículo 17: Amad a los hermanos; hermanas, no seamos causantes de tentación para nuestros hermanos varones; también vemos en 1 Pedro 3:4 como se nos aconseja a estar motivadas por el adorno interior un adorno suave y apacible, esta es la belleza que no se marchita; nuestra verdadera belleza inicia el interior (Prov. 31:30), debemos concentrarnos en desarrollar ese carácter virtuoso y reverente en la semejanza de Cristo (Prov. 15:13) y no en llamar la atención de los hombres mostrando nuestro cuerpo o siendo exageradas con nuestro adorno, seamos como Rut quien por gracia encontró a Booz.

REFLEJEMOS A CRISTO
Hermanas, hemos sido compradas por sangre y este acto de gracia nos debe motivar a amar a nuestros hermanos, ayudarlos, ser compasivos, misericordiosos y no estorbar a la obra del Evangelio en sus vidas (1 Pedro 3:8) y nuestra forma de arreglarnos reflejará a Cristo en nosotras, cuidemos nuestros cuerpos; si estás casada tu cuerpo es de tu esposo (1 Corintios 7:4) y si estás soltera es de Cristo (1 Corintios 7:34) y no importando tu estatus civil estamos llamadas a cuidarlo y de no ser causante de lujuria para nuestros hermanos, porque gracias a Cristo quien no solo sufrió como ejemplo para nosotros sino que llevó la condena y el castigo en nuestro lugar, gracias a sus méritos hemos sido declaradas justas y santas, se nos ha concedido una nueva vida para que lo reflejemos siendo modelos de belleza interior, que es lo que verdaderamente importa.

ACERCA DEL AUTOR
María Isabel Arenas se congrega y sirve a sus hermanos en Iglesia Reforma. Puedes seguirla en Twitter.

La historia inesperada de Miguel Nuñez – Sarah Eekhoff Zylstra

La historia inesperada de Miguel Nuñez

Sarah Eekhoff Zylstra

En la misma época en que Martín Lutero escribía sus tesis, Enrique VIII se abría camino para sus ocho esposas y Juan Calvino publicaba su Institución, la reina Isabel conquistaba América Latina para España y el papa.

Ella suprimía «cualquier cosa no católica a través de medios de coerción, como la inquisición española», dijo a The Gospel Coalition Juan Sánchez, miembro fundador del consejo pastoral de Coalición por el Evangelio. «Los indígenas y las tribus fueron forzadas a abrazar el catolicismo, morir o ser esclavos… como resultado, no hubo Reforma en el mundo hispanoamericano».

La lealtad al Vaticano se mantuvo durante varios siglos. Todavía en los años sesenta, más del 90 % de los latinoamericanos eran católicos.

A medida que el protestantismo fue decayendo en Estados Unidos, encontró un nuevo punto de apoyo en América Latina. Esto no siempre fue de la mejor manera: la teología de la prosperidad pentecostal es tan popular que la mayoría de los protestantes latinoamericanos están de acuerdo en que «Dios concederá riqueza y buena salud a los creyentes que tengan suficiente fe».

Pero también hay en marcha una reforma más pequeña, centrada en el evangelio.

Coalición —la versión en español de TGC— comenzó en 2013 con cuatro artículos al mes. Hoy publica quince artículos a la semana. El sitio tiene más de 445 000 usuarios y un promedio de 1,3 millones de páginas vistas al mes.

Crece el número de conferencias y libros que enseñan teología reformada. Este año, el ministerio Charles Simeon Trust (CST) realizará treinta y nueve talleres presenciales en español sobre predicación expositiva y «las peticiones son de al menos el doble», dijo Jeremy Meeks, quien dirigió el programa en español del CST hasta 2018. «Es una locura».

Si la Reforma está llegando por fin a América Latina, su catalizador es fácil de encontrar.

Miguel Núñez / Cortesía de Miguel Núñez
«Yo diría que Santo Domingo, con Miguel Núñez a la cabeza, ha sido nuestra Ginebra», afirmó Sánchez.

«Junto con Sugel Michelén, Miguel Núñez es uno de los padrinos del despertar de la teología reformada en América Latina», confirmó Meeks. «Son como Calvino y Lutero; no son iguales, pero tienen una estatura significativa en la mente de muchos pastores del campo reformado y que tienen entre treinta y cincuenta años».

«La apasionada predicación de Núñez, su estudio profundo y relevante de las Escrituras, su influencia en la esfera pública y su compromiso con la unidad y el crecimiento saludable de la iglesia dejarán una huella duradera en la iglesia latinoamericana», dijo el director ejecutivo de Coalición, Fabio Rossi.

Es una descripción extraordinaria de un hombre que hace cuarenta años era médico en Nueva Jersey y que ni siquiera iba a una iglesia protestante.

Infancia dominicana
Núñez era el menor de siete hermanos, nació tan atrás de sus hermanos que «estuvo a punto de no llegar». Es solo seis meses mayor que su sobrina mayor.

Como casi todo el mundo en la República Dominicana, Núñez creció culturalmente católico. Su padre —el único verdadero creyente de la familia— le enseñó a leer la Biblia, lo envió a una escuela cristiana y le dijo que si la Iglesia no estaba de acuerdo con las Escrituras, que siguiera las Escrituras. Aunque Núñez absorbía las lecciones de su padre, la fe de su juventud estaba tan poco desarrollada que no está seguro de que existiera.

Miguel Núñez de niño / Cortesía de Miguel Núñez
El padre de Núñez trabajaba en el Ministerio de Educación y pudo enviar a sus hijos a buenas escuelas. Tenía buenos contactos: conocía al entonces presidente Joaquín Balaguer y rechazó varias ofertas de altos cargos en el gobierno. Tenía unos ingresos de clase media, pero era sensible a las necesidades de su entorno, hasta el punto de que, cuando visitaba a una familia pobre, se quitaba el reloj de oro (regalo de jubilación) para no ofenderla. Cuando le regalaban un par de zapatos caros, los vendía, compraba dos con el dinero y regalaba un par.

«Todavía estoy aprendiendo de su ejemplo», dice Núñez ahora.

Cuando Núñez tenía doce años, a su padre le diagnosticaron cáncer de colon. Su pronóstico era bueno: tenía apenas sesenta años y el cáncer no se había extendido. La operación debería haber sido sencilla. Pero el padre de Núñez contrajo una peritonitis seguida de septicemia y murió.

«Yo diría que fue negligencia médica», dijo Núñez, quien está en una buena posición para hacer esa afirmación. Unos diez años después de la muerte de su padre, Núñez se licenció en la Facultad de Medicina del Instituto Tecnológico de Santo Domingo.

Sus planes de graduación eran claros: trasladarse a Estados Unidos, especializarse en enfermedades infecciosas, convertirse en estadounidense y no volver nunca a vivir en la República Dominicana.

Cathy

Miguel y Cathy / Courtesía de Miguel Núñez
Núñez invitó a una chica a su graduación de la Facultad de Medicina, una estudiante llamada Catherine Scheraldi. Ella era de Queens, Nueva York, y estaba en Santo Domingo porque las facultades de medicina estadounidenses preferían un título universitario en química o biología, que ella no tenía. Un amigo le habló del programa de Santo Domingo.

Scheraldi era hermosa, inteligente y atea. Cuando empezaron a relacionarse, Núñez oraba y oraba por su conversión, lo que ahora le parece extraño. «Probablemente yo era un incrédulo que oraba para que ella se convirtiera en creyente», dice.

Ella no lo hizo, pero él estaba cautivado y ambos se casaron en otoño de 1982. Siete meses después, se marcharon juntos a Estados Unidos.

«Ese fue el año en que todo cambió», afirma.

Giro inesperado
A las 11:45 de la mañana del 18 de marzo de 1983, el piloto de una avioneta llamó por radio al aeropuerto de North Adams, Massachusetts. No conocía la zona y el tiempo era malo para volar: mucho viento y nubes bajas y espesas.

El piloto era el hermano de Núñez y, menos de diez minutos después, su avioneta se estrelló contra la ladera de una montaña que no podía ver. Él y el pasajero murieron; los equipos de rescate tuvieron que abrirse paso entre la nieve hasta la cintura para llegar a la avioneta derribada.

«Fue un shock emocional para toda la familia», dijo Núñez. Su hermano tenía cuarenta y dos años y se había convertido al cristianismo evangélico el año anterior. Al igual que su padre, había muerto siendo el único creyente de la familia.

La familia Núñez. Miguel es el cuarto desde la izquierda en la fila de atrás. Su hermano Nápoles, el piloto, está sentado bajo la foto de su padre. / Cortesía de Miguel Núñez
Consternado, Miguel decidió investigar la fe de su hermano.

«Quería conocer a los evangélicos, de los que no sabía nada, y los distintos movimientos que surgieron tras la Reforma protestante», explica. «Así lo hice. Compré los dos volúmenes de History of Christianity [Historia del cristianismo] de Kenneth Latourette».

Todavía lleno de curiosidad, encontró una librería cristiana. Eligió sus libros en función de su tamaño —«quería detalles»— e hizo que Cathy también los leyera. Eventualmente, le preguntó a la empleada de la librería a qué iglesia iba, y resultó ser una iglesia no denominacional que predicaba la Biblia y que dirigía la librería.

«Así que fuimos», dijo Núñez. Siguieron yendo y leyendo. Creer en Jesús no fue tan difícil: para ellos tenía sentido y se bautizaron juntos. Pero les costó más entender doctrinas como la predestinación.

«¿Puede ser que el hombre no tenga participación en esto?», pensó Núñez, leyendo versículos como Efesios 1:4-5 y Romanos 8:28-30. Un domingo, sintió que el Espíritu le planteaba sus opciones: O aceptas lo que lees en la Biblia y lo crees, o te conviertes en un hipócrita y lo niegas.

Núñez se arrepintió y creyó, luego trató de convencer a Cathy.

«Discutíamos todo el tiempo», dijo. Los dos se tropezaban en los pasillos o ascensores del hospital donde ambos trabajaban, discutían un rato sobre teología y luego seguían su camino.

Durante los diez años siguientes, ambos crecieron espiritualmente y en conocimientos médicos. Núñez se convirtió en instructor clínico en la Escuela de Medicina Mount Sinai y se unió a la Asociación Médica y Dental Cristiana (CMDA). Cierto año, R. C. Sproul fue el orador en un fin de semana de la CMDA.

«Leí su libro y escuché su serie de seis partes sobre la santidad de Dios en casetes», dijo Núñez. «Esa serie lo hizo».

Núñez estaba enganchado. Empezó a seguir las conferencias de Ligonier, comprando las cintas de las charlas. Quedó impresionado por las doctrinas de la gracia.

«Formar parte de un plan que Dios tenía en mente desde toda la eternidad, desempeñar un papel dentro de Su historia… ¿qué podría haber mejor?», dijo. «No se me ocurre nada».

Creo que quiero hacer esto con mi vida, pensó. Decidió proponerle la idea a Cathy. «Señor, si quieres que lo haga, muéstramelo a través de su reacción», oró.

Formar parte de un plan que Dios tenía en mente desde toda la eternidad, desempeñar un papel dentro de Su historia… ¿qué podría haber mejor?

Le mencionó la idea del seminario.

«Ella estaba totalmente en contra», dijo.

«¿Por qué querrías hacer algo diferente?», le preguntó. «Está claro que el Señor te ha dado dones en medicina que estás utilizando. También puedes dedicarte al ministerio. Sigue haciendo el buen trabajo que ya estás haciendo».

Ella le recordó la junta de una organización cristiana de misiones juveniles en la que trabajaba y el estudio bíblico que había iniciado para sus pacientes de sida los jueves por la noche.

«No discutí con ella», recuerda. «Ni siquiera le pedí que orara al respecto. Le dije al Señor: “La respuesta obviamente es no. Pero quizá sea un no por ahora”».

Del “no” a volver a casa
Pasaron dos años. Un domingo, el pastor de jóvenes de la iglesia le dio a Núñez material cristiano en español para que se lo diera a su familia en la República Dominicana. Estaba ojeándolos en casa cuando Cathy pasó por allí.

«Quizá deberías revisarlo», ella le dijo.

«¿Revisar qué?», preguntó.

«Entrar en el ministerio», dijo ella.

Núñez se sorprendió, pero es rápido de reflejos.

«Hay un problema», dijo él. «Hace dos años, cuando te hablé del ministerio, mi intención era quedarme en Estados Unidos. Pero en los últimos dos años, hemos vuelto a Santo Domingo cuatro veces. He visto a mucha gente educada que está tan perdida como cualquiera. La mayor parte del trabajo misionero en el Tercer Mundo se ha hecho con gente sin estudios. De hecho, quiero volver a Santo Domingo y plantar una iglesia para personas con un nivel de educación universitario y enseñarles nuestra responsabilidad de llegar a los que tienen menos medios».

Cathy es tan rápida como Núñez.

«Eso es lo que quise decir que deberíamos hacer», dijo.

Al final, Núñez necesitaba esos dos años tanto como Cathy. «No quería volver al Caribe», dice. «Obtuve la ciudadanía estadounidense porque nunca iba a volver allí. Pero en esos dos años, Dios cambió su corazón y el mío».

Iglesia Bautista Internacional
La primera iglesia que visitaron los Núñez en Santo Domingo se llamaba Iglesia Bautista Internacional (IBI). Desde el púlpito, el pastor misionero recordó a la congregación que se marcharía en tres semanas y que debían seguir orando por su reemplazo.

La primera sede de la IBI / Cortesía de Miguel Núñez
Cathy miró a Núñez.

«No», le dijo. «Solo hemos estado en el país un par de meses. Jamás habíamos estado aquí. Estas personas no nos conocen».

Además, esta iglesia hablaba inglés y Núñez quería una congregación de habla hispana. Pero siguió asistiendo a la IBI mientras comenzaba un estudio bíblico de habla hispana en su casa. Comenzó a enseñar la escuela dominical allí, y luego aceptó la oferta de la iglesia de un espacio para una plantación.

Al no encontrar un pastor sustituto, la congregación de habla inglesa preguntó a Núñez si también sería su pastor. En enero de 1998 empezó a predicar, primero en inglés y media hora después en español.

Inmediatamente, Núñez atrajo la atención. Era el único médico estadounidense que predicaba en Santo Domingo. En su congregación había muchos profesionales —médicos y abogados— influyentes, sobre todo en una isla donde solo el 10 % de la población va a la universidad.

«Desde el primer día, Miguel enseñó buena teología», dijo Luis Méndez, que fue pastor bautista reformado en la República Dominicana antes de trasladarse a Estados Unidos. El estilo de Núñez es reflexivo y lógico, «como el pastor Keller, pero con sabor latino», dijo.

Los que le oían volvían y traían a sus familiares y amigos.

Núñez predicando en la segunda sede de IBI / Cortesía de Miguel Núñez
La congregación hispana de la IBI creció vertiginosamente. En seis años, necesitaron trasladarse a un espacio más grande. Cuando las quinientas cincuenta sillas se llenaron el primer domingo, Núñez pensó que era porque la gente estaba entusiasmada con la gran inauguración.

Pero el espacio estaba igual de lleno la semana siguiente, y la siguiente. En pocos años, predicaba tres cultos en español los domingos por la mañana y uno en inglés por la noche. En 2013, la IBI se trasladó a un espacio con capacidad para más de dos mil personas.

Una vez allí, la asistencia a IBI se estabilizó. «Lleva varios años en torno a los dos mil doscientos, divididos en dos servicios», dice Núñez. «No hemos crecido más porque en el estacionamiento no caben más vehículos».

Expansión en los medios de comunicación
Otra cosa que atrajo a las personas a la IBI fueron los ministerios de Núñez en los medios de comunicación. En 2004, su iglesia fundó el Ministerio Integridad y Sabiduría, cuyo objetivo era administrar la influencia de la IBI mediante la difusión del evangelio y la formación de líderes.

Bajo esta sombrilla, Núñez creó un programa de televisión llamado Respuestas: Verdades absolutas para un mundo relativo. Durante ocho temporadas, respondió a preguntas como: ¿Es la Biblia la verdad absoluta? ¿Dividió la Reforma a la iglesia verdadera? La guerra espiritual: ¿es realidad o ficción? ¿Cómo puedo salvar mi matrimonio? ¿Cómo puedo luchar contra mi resistencia al cambio?

Núñez en Respuestas: Verdades absolutas en un mundo relativo / Cortesía de Miguel Núñez
«Fue un nivel de claridad como el de Sproul, pero con el trasfondo médico», dijo el pastor dominicano Jairo Namnún. «Estaba bien producido y bien investigado, a un nivel sin precedentes para un programa cristiano en América Latina. Yo ni siquiera iba a la IBI en ese momento, pero no me perdía un episodio».

No fue el único al que le encantó. En Santo Domingo, la serie se emitió en horario de máxima audiencia. Cuando el DVD de Núñez llegó a manos de un ministerio satélite de Costa Rica, emitieron la serie completa en toda América Latina.

«Eso nos puso en el mapa», dice Núñez. Abrió la puerta para que el evangelio se extendiera de la forma que él había estado anhelando desde sus días en Nueva York.

Núñez no dudó. Golpeó, abrió, empujó y atravesó todas las aberturas que encontró. Empezó a escribir artículos, luego libros. Empezó un podcast al estilo de Ask Pastor John de John Piper, en el que respondía a las preguntas de los oyentes desde una cosmovisión bíblica. Fundó el Instituto Integridad y Sabiduría para enseñar a los líderes de las iglesias.

En 2010 organizó una conferencia. Fue un paso decisivo, no por la enseñanza, aunque fue estupenda. Pero lo más importante fue la reunión en sí.

Esta era la prueba. En una región dominada por el catolicismo cultural y el pentecostalismo, ¿había otros pastores latinoamericanos con una cosmovisión reformada? ¿Estarían dispuestos a viajar a Santo Domingo para estar juntos?

Por Su Causa
«Básicamente, Miguel estaba soñando con una conferencia con John Piper en la que hubiera siete mil personas», dijo Méndez. «Fue entonces cuando dije: “Este tipo está loco”».

Era una idea descabellada. Piper nunca había estado en la República Dominicana, donde lo único que atraía a una multitud tan grande era el béisbol. Las grandes conferencias como TGC y T4G aparentemente solo funcionaban en Estados Unidos, donde había mucha gente reformada, centros de conferencias y presupuestos de iglesias para pagar los gastos de viaje.

Pero Núñez conocía a Méndez, que era pastor en la Bethlehem Baptist Church por aquel entonces. A través de él, Piper fue invitado y aceptó.

El siguiente reto era el espacio: lo único suficientemente grande era básicamente una gran sala vacía. Núñez tendría que alquilar sillas, pantallas, un sistema de sonido, iluminación y cien toneladas extra de aire acondicionado. También tendría que construir una plataforma. Si cobrara $40 o $50 dólares a cada persona, probablemente lo cubriría. Pero nadie podría costeárselo.

«Esto es lo que ocurrió: Estaba en la iglesia, celebrando un servicio de adoración», dijo Núñez. Estaba pensando en el tema de la conferencia, que era «Volver a la cruz». ¿Iba a cobrar a la gente para que volviera a la cruz?

«Empecé a llorar», dijo. Más tarde, preguntó a su comité financiero si la IBI podría intentar cubrir el costo de la conferencia. El entusiasmo fue unánime.

«Lo hicimos», dijo. Todos los gastos se cubrieron con donativos. «¿Y sabes qué? Sobraron $20.000 dólares cuando pedimos a personas de nuestra propia iglesia que hicieran donaciones para el evento».

El desafío final: ¿vendría la gente?

Núñez y Piper en la primera conferencia de Por Su Causa en 2010 / Cortesía de Miguel Núñez
Lo hicieron. Siete mil personas.

«Ver esa enorme conferencia fue increíble», dijo Méndez. Entusiasmado, Núñez volvió a organizar la conferencia al año siguiente, y al siguiente, y al siguiente.

«La República Dominicana se convirtió en el centro» del movimiento reformado, dijo Méndez. «Los pastores volaban desde Argentina, Bolivia o Colombia para asistir a la conferencia porque creían que necesitaban formación y nadie más la estaba ofreciendo. Además, porque podían formar parte de algo más grande que tu país».

Influencia
En los últimos veinticinco años, Núñez no ha dejado de moverse. Además de liderar una IBI en crecimiento, obtuvo una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies y un Doctorado en Ministerio del Southern Baptist Theological Seminary, escribió dieciséis libros, editó un estudio bíblico y habló en varias partes del mundo. Junto con Juan Sánchez, fundó Coalición por el Evangelio, el sitio en español de TGC.

Durante todo ese tiempo, nunca dejó de atender a los pacientes. «Sigo atendiendo a unos cinco o seis pacientes ambulatorios a la semana, y a unos pocos hospitalizados», dice. «Son casos complicados o que necesitan una segunda opinión».

Núñez grabando podcasts durante la pandemia / Cortesía de Miguel Núñez
Para ello, no se limita a mantenerse al día en medicina, sino que estudia las últimas investigaciones. Durante el COVID, asesoró al gobierno dominicano y produjo treinta y un episodios de podcast para ayudar a las personas a reflexionar sobre la pandemia desde una perspectiva bíblica.

La vida familiar de Núñez se lo permite: su esposa Cathy también es una persona dinámica, dicen sus amigos. Es endocrinóloga a tiempo completo, trabaja en el ministerio de mujeres, escribe libros y presenta un podcast llamado Mujer para la gloria de Dios. Aunque estaban dispuestos a tener hijos, y están criando a un sobrino nieto, Cathy nunca llegó a quedar embarazada.

«Eso le da tiempo para centrarse en cosas que otras personas no podrían hacer», dice Sánchez. Aun así, la productividad de Núñez es legendaria.

Un ejemplo: «Miguel y yo publicamos un libro juntos», cuenta Méndez. «Teníamos que escribir seis capítulos cada uno, y disponíamos de cinco meses para hacerlo. En una semana, Miguel me envió dos capítulos para que los revisara. ¡Yo ni siquiera había empezado todavía!».

Si le preguntas a Núñez cómo lo hace, no te dirá que se levanta temprano o se queda despierto hasta tarde, aunque hace ambas cosas. Tampoco te dirá que lee un libro a la semana, aunque lo hace. El mejor consejo de Núñez es mucho más fácil —y difícil— que eso.

En espera
A veces algunos le preguntan a Núñez: «¿En qué profesión eres mejor: en teología o en medicina?».

«En ninguna de las dos», les dice. ¿Su mejor logro? Esperar.

«Creo sinceramente que Dios es soberano», dijo. «Dios está a cargo. No necesita ayuda. Él te convencerá a ti o a cualquier otro de hacer lo que sea. Así que espera».

Algunas de las esperas son buenas, como la anticipación de un nuevo edificio para la iglesia o la publicación de un nuevo libro. Otras son duras, como la lucha de Cathy contra la depresión durante siete años, los dolores de espalda de Núñez antes de la operación o las críticas en Internet de antiguos amigos.

Núñez orando al final del servicio / Cortesía de Miguel Núñez
«Hay poder en esperar en el Señor», dijo Núñez. Lo ve en toda la Biblia, desde los cuarenta años de Israel en el desierto hasta los cuatrocientos años que transcurren entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, pasando por los treinta años que esperó Jesús en comenzar Su ministerio.

«Incluso ahora estamos aguardando durante dos mil años a que Él vuelva», dijo Núñez, que nunca confundiría la espera con la inacción. Está constantemente haciendo preguntas, estableciendo contactos o explorando nuevas vías de ministerio.

«Miguel ha creado un nuevo nivel de credibilidad para el evangelio y la iglesia en América Latina», dijo Méndez. «Nuestros líderes políticos no han sido dignos de confianza, y nuestros líderes religiosos han sido aún peores. Pero ahora este hombre me está desafiando a profundizar en mi Biblia, está explicando el evangelio, está viviendo lo que dice».

Eso está ayudando a encender una reforma por primera vez en América Latina, dijo Giancarlo Montemayor, director de publicaciones globales de Lifeway Christian Resources. «Hemos vendido más de quinientos mil ejemplares de sus libros, y no somos su única editorial. Más de un millón de personas probablemente han sido alcanzadas a través de su literatura, videos y conferencias… Tener una doctrina sólida difundida en esos números en América Latina es un milagro».

«Dios está obrando», dijo Núñez. «Si Dios no está obrando, no importa en qué me centre… Efesios 2:10 dice que somos hechura Suya, para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para nosotros. Así que no trates de crear obras que Él no ha preparado. Vas a perder tu tiempo. Solo camina en las obras que Él preparó de antemano».

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson.
Sarah Eekhoff Zylstra es escritora para The Gospel Coalition. Ha sido reportera freelance y editora en Christianity Today. Tiene una maestría en periodismo de Northwestern University.

Glorifica a Dios en tu trabajo | Daniel Aldea

Glorifica a Dios en tu trabajo
Por Daniel Aldea

A veces los cristianos podemos cometer el error de creer que al tener un trabajo no podemos glorificar tanto a Dios, como si estuviéramos a tiempo completo en la obra. ¿Qué nos dice Dios al respecto? ¿Es eso cierto?

El apóstol Pablo, en su carta a los Colosenses, capítulo 3 nos habla de todo lo que ha hecho Cristo en nosotros y como eso ha de manifestarse de maneras concretas, con cambios específicos en nuestras vidas. A grandes rasgos nos dice que debemos hacer morir lo terrenal en nuestras vidas y tener una perspectiva correcta con respecto a las cosas del mundo y las cosas del cielo.

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. (Colosenses 3:17)

Lo anterior no deja nada fuera, dice “y todo” lo que hacéis, eso incluye las cosas dentro y fuera de la iglesia, en nuestro hogar, en nuestro trabajo, en nuestra universidad, en nuestros colegios, con nuestros vecinos, etc. Todo hay que hacerlo en el nombre del Señor, como principio general.

Luego, unos versículos más adelante (22 al 24), en su contexto nos habla específicamente sobre amos y esclavos, práctica que era muy común en esos tiempos, no obstante, el principio bíblico que se enseña ahí, se puede aplicar hoy en día a jefes y empleados:

Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. (Colosenses 3:22-24)

En el versículo 23 vuelve a utilizar la palabra “todo”, lo que hagáis. Nada queda excluido, absolutamente todo lo que hagamos debemos hacerlo de corazón como para el Señor. Si somos capaces de hacer todo como para el Señor, no solo podremos agradarle, sino que además recibiremos recompensa en el cielo. Servir a Cristo no es un sacrificio, es una bendición y un honor.

Algunas maneras prácticas en que podemos glorificar a Dios en el trabajo pudieran ser:

Llega temprano al trabajo. Hay trabajos que son flexibles en el horario de entrada, que eso no signifique que te relajes llegando a abusar.
Llega temprano de vuelta del almuerzo. Hay muchos trabajos donde no se controla la hora de almuerzo, no obstante, si tienes una hora de almuerzo, no te tomes mas de una.
Cumple con las metas o hitos que te impongan. Se que muchas veces esas metas o hitos son poco realistas. Esfuérzate por cumplirlas de igual modo.
Si puedes hacer más de lo que te piden, hazlo.
No pierdas el tiempo en redes sociales. Hay trabajos donde no se prohíbe el uso de éstas. Que no sea ocasión para abusar o para distraerte de tus obligaciones.
Obedece a tus jefes, aunque no siempre tengan la razón. Por supuesto esto excluye lo que va contra la Palabra de Dios, pero obedece, Dios nos manda eso en el versículo 22.
Comparte “prudentemente” el evangelio. Jesús nos dejó la gran comisión, de ir por el mundo y predicar el evangelio, ello debe ser parte fundamental en nuestra vida y por cierto también en el trabajo. Lo de prudente lo digo porque debes ser sabio en la manera en que lo haces, muchos pueden parecer fanáticos religiosos al hacerlo y terminar alejándolos aún más del evangelio. Otros puede que prediquen bien el evangelio, no obstante al ser un mal testimonio en su trabajo (por ejemplo con los puntos anteriores), quizás parezca hipócrita y el mensaje pierda sentido. Esfuérzate en ser un buen testimonio siempre y ser de apoyo bíblico cuando veas a alguien en problemas o en necesidad.
Trata de ser alegre en tu trabajo. ¿Que tiene eso que ver? Pues, ¿Puedes decir que Cristo te ha cambiado y que ahora tienes gozo en Él, aún en pruebas y tribulaciones, y que te da la paz que sobrepasa todo entendimiento, si nunca estás alegre?

Todo lo anterior y muchas cosas más puedes hacer para ser un buen siervo, pero no lo hagas solo para agradar a tu jefe. Pon atención a la advertencia que nos hace el versículo 22. Podemos agradar a hombres pero al mismo tiempo no estar agradando a Dios. Agradar y glorificar a Dios debe ser nuestra meta.

Cuando por la gracia de Dios somos salvos, entonces tenemos vida nueva. Cristo y nadie más que Cristo pasa a ser nuestro Señor, Le pertenecemos y solo a Él debemos servir. Si somos conscientes de ello y lo aplicamos en nuestras vidas en todo lo que hagamos, podremos mostrar verdaderamente cómo el evangelio de Dios es capaz de cambiar a un pecador, el mundo verá que somos distintos, que “hay algo” que nos hace realizar todo de manera excelente, y de ese modo nuestras vidas estarán mostrando en la práctica el evangelio transformador de Cristo.

Podemos y debemos glorificar a Dios en nuestro trabajo, solo debes recordar que ¡Trabajas para Dios y no para el mundo!

Daniel Aldea
http://www.aldeacms.com/
Es director del Ministerio Siervo Fiel. Ingeniero en informática de profesión, y está felizmente casado con Ana María, con quien tiene 2 pequeños hijos, Lucas y Amanda.

¿Cuál es el Pecado Imperdonable?

¿Cuál es el Pecado Imperdonable?
by Jeremiah Johnson

Una de las defensas que los carismáticos emplean con más frecuencia ante las críticas, es la persistente amenaza del “pecado imperdonable”. Ellos advierten a los críticos del grave peligro de blasfemar contra el Espíritu Santo, y defienden su propia falta de discernimiento como un intento por evitar cometer ellos mismos la ofensa mortal.

Pero, ¿es así como debemos entender la advertencia de Cristo sobre la “blasfemia contra el Espíritu [que] no será perdonada” (Mateo 12:31)? ¿Acaso condenó Cristo a todo aquel que cuestionara una supuesta obra del Espíritu Santo? ¿Prohibió Él el discernimiento cuando se trata de afirmaciones de señales y maravillas sobrenaturales? ¡Por supuesto que no!

En su libro Diferencias Doctrinales Entre Los Carismáticos y los no Carismáticos, John MacArthur explica cómo este malentendido del pecado imperdonable tiene profundas raíces en los círculos carismáticos.

¿Qué es el pecado contra el Espíritu Santo? Charles y Frances Hunter, un matrimonio que sirve en un ministerio muy bien conocido, han escrito varios libros y hablan constantemente a favor de la experiencia carismática.

Aunque los Hunter no son eruditos ni teólogos, se comunican fácilmente con la persona promedio y su influencia se siente ampliamente dondequiera que dan su interpretación de la Escritura. En la introducción a su libro Why Should “I” Speak in Tongues? (¿Por qué debería “yo” hablar en lenguas?), los Hunter comparan a cualquiera que cuestiona las lenguas u otros aspectos del movimiento carismático con los fariseos que criticaban a Jesús y le atribuyen su obra a Satanás[1]. Los Hunter también implican que los críticos del movimiento carismático pueden estar peligrosamente cercanos a cometer el pecado imperdonable de blasfemia contra el Espíritu Santo[2]. ¿Tienen razón los Hunter? ¿Acaso cuestionar la doctrina carismática equivale a blasfemar contra el Espíritu Santo? Cuando alguien niega que las lenguas son para hoy, o que el bautismo del Espíritu es una experiencia posterior a la salvación, ¿ha cometido esa persona un pecado imperdonable?[3].

Innumerables líderes carismáticos como los Hunter han hecho acusaciones similares, incluyendo algunos que respondieron al libro Fuego Extraño de John MacArthur. En un artículo titulado “Dear Dr. MacArthur (Estimado Dr. MacArthur)”, R.T. Kendall escribió: “En primer lugar, si su libro habla del peligro de ofender al Espíritu Santo con una adoración falsificada, me temo que usted está en mayor peligro de ofender al Espíritu Santo al atribuir Su obra a Satanás”[4].

En su artículo “John MacArthur, Strange Fire and Blasphemy of the Spirit (Fuego Extraño y Blasfemia del Espíritu)”, Michael Brown niega haber hecho la acusación contra John MacArthur, antes de insinuarla de todos modos. Respondiendo a la afirmación del pastor John, de que el movimiento carismático “blasfema del Espíritu Santo; atribuye al Espíritu Santo incluso la obra de Satanás”, Brown escribe:

“Para que quede perfectamente claro, no estoy afirmando ni por un segundo que el pastor MacArthur esté blasfemando contra el Espíritu (¡Dios no lo quiera!), pero en el Nuevo Testamento, blasfemar contra el Espíritu es atribuir conscientemente las obras del Espíritu a Satanás (Marcos 3:23-30), y me preocupa mucho más negar el fuego verdadero que apagar cada aberrante hoguera carismática”[5].

La afirmación de Brown representa la actitud casi supersticiosa de muchos carismáticos cuando se trata de las supuestas obras del Espíritu, como si cualquier duda constituyera un pecado imperdonable. Pero esa mentalidad no puede ser la que Cristo pretendía, no cuando las Escrituras instruyen a los creyentes a: “Probar los espíritus para ver si son de Dios” (1 Juan 4:1), y a imitar a los nobles bereanos, que: “Recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

Está claro que Dios quiere que su pueblo tenga discernimiento, especialmente cuando se trata de los que dicen hablar en su nombre. En cierto sentido, ese fue el punto de Cristo en su confrontación con los fariseos en Mateo 12:22-32.

El pasaje comienza con Jesús sanando a un hombre ciego y mudo que también estaba poseído por un demonio (Mateo 12:22). El versículo 23 nos dice: “Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será este aquel Hijo de David?”. La gente comprendió con razón que aquel poder milagroso sólo podía pertenecer al Mesías. Para disuadir a la multitud de esa idea que suponía una amenaza directa a su propia autoridad, los fariseos hicieron circular la acusación blasfema de que: “Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios” (Mateo 12:24).

John MacArthur explica la profundidad depravada de la afirmación de los fariseos:

“Beelzebú, el señor de las moscas, era una deidad filistea. Se creía que era el príncipe de los espíritus malignos, y su nombre se convirtió en otro nombre para Satanás; así que lo que los fariseos estaban diciendo era que Jesús echaba fuera demonios por el poder de Satanás”[6].

Aunque los fariseos no tuvieron el valor de hacer su acusación perversa delante del Señor, las Escrituras nos dicen que Él conocía sus pensamientos (Mateo 12:25). Él reprendió a los fariseos públicamente, exponiendo lo absurdo de su afirmación.

“Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?” (Mateo 12:25-26).

En términos sencillos, Cristo mostró lo ridículo que sería que Satanás trabajara en contra de sí mismo. Él redujo la acusación a su absurda esencia, y reveló la necedad y perversión de los corazones de los fariseos. Como explica John MacArthur: “Los fariseos tenían tal odio por Cristo que su lógica estaba distorsionada. En lugar de ser racionales, estaban siendo absurdos”[7].

Se suponía que estos hombres eran los líderes espirituales de Israel, y estaban engañando intencionalmente a la gente acerca de demostraciones obvias e innegables del poder divino de Cristo.

Habiendo expuesto la verdadera naturaleza de la acusación engañosa de los fariseos y el odio que consumía sus corazones, Cristo procedió a condenar en los términos más severos posibles el rechazo de ellos a la obra del Espíritu a través de Él.

“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo12:31-32).

En su comentario sobre este pasaje, John MacArthur explica la naturaleza y el alcance de la condena de Cristo.

“Jesús declaró en primer lugar que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres. Aunque la blasfemia es una forma de pecado, en este pasaje y en su contexto las dos cosas se tratan de modo separado, con la blasfemia representando la más extrema forma de pecado. Pecado aquí representa toda la gama de pensamientos y acciones inmorales e impías, mientras que blasfemia representa consciente condena y rechazo a Dios. La blasfemia es irreverencia desafiante, el pecado especialmente terrible de hablar intencional y abiertamente mal contra el Dios santo, o difamarlo o escarnecerlo (Marcos 2:7). El castigo en el Antiguo Testamento para la blasfemia era la muerte por lapidación (Levítico 24:16). En los últimos días, la blasfemia será una característica sobresaliente de quienes se oponen a Dios de manera rebelde e insolente (Apocalipsis 13:5-6; 16:9; 17:3).

“Pero blasfemar o hablar contra el Espíritu Santo era algo más grave e irremediable. Esto no solo reflejaba duda, sino incredulidad resuelta: rechazar después de haber presenciado toda la evidencia necesaria para tener un entendimiento completo, incluso para considerar creer en Cristo. Esto era blasfemar contra Jesús en su deidad, contra el Espíritu Santo de Dios que lo habitaba y fortalecía de forma única. Reflejaba rechazo resuelto a Jesús como el Mesías, en contra de todas las pruebas y argumentos. Reflejaba ver la verdad encarnada y luego, a sabiendas, rechazar y condenar al Hijo de Dios. Demostraba un rechazo absoluto y permanente a creer, lo cual resultó en pérdida de oportunidad de alguna vez ser perdonado, ya sea en este siglo o en el venidero”[8].

Esa es una distinción importante, y muy diferente de la amenaza que los líderes del movimiento carismático utilizan para anular el discernimiento y sembrar la credulidad en sus congregaciones. Mediante la tergiversación de las palabras de Cristo, los carismáticos han asustado a sus seguidores para que nunca cuestionen sus afirmaciones ni contrasten sus enseñanzas con las Escrituras, engañándoles con la idea de que dudar de las afirmaciones sobrenaturales es un pecado imperdonable. Mientras tanto, siguen blasfemando contra el Espíritu Santo al atribuirle sus engaños y divagaciones incoherentes.

El pueblo de Dios no debe tolerar este abuso de Su Palabra. Tenemos que hablar en contra de cualquiera que falsamente utilice la amenaza de la condenación eterna para silenciar a sus críticos y suprimir el discernimiento de sus seguidores.

10 características de un líder humilde | Moses Y. Lee

10 características de un líder humilde
MOSES Y. LEE

Las historias recientes de pastores famosos y líderes de adoración apostatando me han hecho pensar en la idea del liderazgo cristiano. Si los líderes caen en desgracia a regañadientes debido a un fracaso moral o renuncian públicamente a su fe en Instagram para ser más “auténticos”, una cosa está clara: la humildad no es un factor contribuyente.

Aunque no me considero un líder humilde —puedo ser descarado y cabezota (tanto en sentido literal como figurado)—, por la gracia de Dios he sido bendecido al servir con muchos líderes humildes. He visto muchos más desde la distancia.

En lo que he observado, he podido notar 10 rasgos comunes de los líderes que demuestran humildad, en contraste con aquellos que demuestran orgullo. Al proteger nuestros corazones de los engaños penetrantes del orgullo y, especialmente los líderes, de las tentaciones tóxicas del poder, es bueno reflexionar sobre cuáles de estos rasgos marcan nuestras propias vidas.

Líderes humildes vs. líderes arrogantes
Los líderes humildes tienden a compartir sus recursos, tengan poco o mucho. Los líderes arrogantes tienden a atesorar sus recursos, y están dispuestos a compartir solo si obtienen algo a cambio.
Los líderes humildes tienden a construir puentes, y se niegan a demonizar o descuidar a los demás. Los líderes arrogantes tienden a trabajar solos, y se niegan a asociarse con otros, especialmente aquellos que tienen puntos de vista diferentes.
Los líderes humildes tienden a ignorar los chismes, pues son lo suficientemente sabios como para saber que siempre hay otro lado de la historia. Los líderes arrogantes tienden a difundir y oír chismes, siempre queriendo escuchar lo peor de los demás para sentirse mejor.
Los líderes humildes tienden a ser hacedores de reyes, sin exigir ser ellos los reyes. Los líderes arrogantes tienden a buscar atención, y prefieren quemar puentes o llegar con armas de fuego si no se salen con la suya.
Los líderes humildes tienden a celebrar los logros de los demás y no los suyos. Los líderes arrogantes tienden a ignorar los logros de otras personas si no beneficia su agenda.
Los líderes humildes tienden a dar el beneficio de la duda, pues saben que nadie está siempre en su mejor momento. Los líderes arrogantes tienden a asumir lo peor, y son incapaces de ver las vigas en sus propios ojos.
Los líderes humildes tienden a apreciar los matices, ya que saben que se han equivocado muchas veces antes. Los líderes arrogantes tienden a ver todo extremadamente blanco y negro, y están poco dispuestos a considerar puntos de vista contrarios.
Los líderes humildes tienden a ser empáticos, y a menudo priorizan a las personas sobre las ideas. Los líderes arrogantes tienden a ser rígidos, incapaces de recibir críticas constructivas.
Los líderes humildes tienden a aceptar la rendición de cuentas, porque saben cuánto la necesitan. Los líderes arrogantes tienden a rechazar la rendición de cuentas, y la consideran una molestia o una pérdida de tiempo.
Los líderes humildes tienden a reconocer sus errores, ya que saben que están lejos de ser perfectos. Los líderes arrogantes tienden a culpar a los demás por sus defectos o fracasos, y no están dispuestos a reconocer sus propias tendencias pecaminosas.
Cristo, el líder perfecto
Jesús no es solo un modelo a seguir y admirar; Él es la imagen a la que nos estamos conformando.

Quizá esta lista te abruma. ¿Cómo llegaré a ser un líder humilde?, te preguntas. Pero la belleza del evangelio es que, en Jesús, ya tenemos el modelo perfecto de liderazgo humilde. Y no es solo un modelo a seguir y admirar; Él es la imagen a la que nos estamos conformando por el poder del Espíritu Santo en nosotros.

Jesús muestra que el liderazgo humilde comienza en la cruz: “Quien quiera ser grande entre ustedes debe ser su servidor, y quien sea el primero entre ustedes debe ser su siervo. Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:26-28). El líder-siervo que se inclina para lavar los pies de los infieles (Jn. 13:1-17) pone de cabeza la idea que el mundo tiene del liderazgo. Él nos muestra el camino hacia arriba (Lc. 22:26), y que el postrero será el primero (Mt. 20:16). En su reino, la ambición egoísta conduce a la muerte, mientras que servir a los demás hasta el punto de la muerte conduce a la vida (Fil. 2:2-9).

Incluso para los cristianos, que tienen el modelo perfecto de humildad en Jesús, ese tipo de liderazgo sigue siendo una lucha. Esto es un testimonio a la incansable atracción del orgullo en nuestros corazones. Por supuesto, el mundo del posicionamiento en las redes sociales, la construcción de plataformas, y la obsesión con las celebridades no ayuda. Pero pocas cosas confunden más al mundo y endurecen los corazones hacia el evangelio que seguidores de Jesús que secuestran Su nombre para promocionarse ellos mismos. ¿Por qué nosotros, que llevamos el nombre del hombre más humilde de la historia, seríamos tan pomposos? Eso es confuso y da tristeza.

La necesidad de un liderazgo humilde, el de cristianos que realmente se parecen a Cristo en la forma en que viven y lideran, es urgente. Que podamos controlarnos con sobriedad y volver a comprometernos humildemente por Su causa, para nuestro testimonio y Su gloria.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
Moses Y. Lee (MDiv, ThM) es un plantador de iglesias que vive y sirve en la “DC Metro Area” de los Estados Unidos.

Examinando el orgullo en nuestros corazones | Alex Díaz

Examinando el orgullo en nuestros corazones

Alex Díaz

Cuando nos preguntan cómo nos va con el orgullo muchos tenemos una reacción inmediata: “¿Orgulloso, yo? No creo”. Así nos convencemos de que no somos orgullosos. Pero, ¿qué es el orgullo, cómo nos afecta, y cómo el evangelio nos libra de él?

Cuando somos orgullosos tenemos un concepto de nosotros mismos más alto del que debemos tener. Dejamos de escuchar las necesidades de otros y minimizamos sus aportaciones. Desarrollamos autoaprobación para aferrarnos a una postura, incluso a una equivocada. También solemos ser hirientes, amenazadores, o hacemos que los errores de otros se vean exagerados y sin solución. Somos orgullosos cuando cerramos nuestros oídos a las correcciones e incluso vemos como amenazas las sugerencias más simples y honestas.

El evangelio hace que los muertos vivan y que los orgullosos nos rindamos en humildad

El orgullo produce una vida pendiente de las apariencias. Nos susurra que debemos controlar lo que otros piensan de nosotros y crear una imagen sin debilidad o necesidad. Ser una persona orgullosa es tener una actitud ególatra.

El orgullo debilita y rompe nuestras relaciones personales. Esto se debe a que el orgullo nos induce a buscar satisfacción en nosotros mismos, pues creemos que tenemos mayor conocimiento y habilidades.

Examinando el orgullo en nosotros
“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”, Romanos 12:3 (RV60, cursiva añadida).

La frase alto concepto de sí, implica un pensamiento arrogante que sobreestima el “yo”. El orgullo nos convence de creer la mentira: “yo soy mejor”. Para examinar el orgullo que hay en ti, pregúntate lo siguiente:

1) ¿Busco siempre tener la razón por encima de otros?

2) ¿Cuido y me preocupo por mantener una reputación ante otros?

3) ¿Mis conversaciones se concentran o terminan por señalar los errores de otros?

4) Cuando soy cuestionado, ¿argumento como si fuera criticado?

5) ¿Produzco escenarios para ser reconocido porque siento que merezco aprobación?

6) ¿Me siento vulnerable frente a otros y prefiero alejarme de ellos?

7) ¿Culpo a otros para evitar responsabilidades?

8) ¿Señalo a otros para evitar reconocer que estoy equivocado?

9) ¿Busco ser competitivo incluso en los momentos sencillos y de diversión?

10) ¿Descalifico a todo el que me rodea?

11) En una conversación, ¿quiero tener la última palabra?

12) ¿Para cada indicación tengo una respuesta o un desafío?

Nuestra lucha contra el orgullo comienza a dar fruto cuando reconocemos que necesitamos la gracia de Dios en Cristo

No importa cuántas de tus respuestas sean afirmativas, el orgullo está presente en nuestra vida por nuestra naturaleza. Eso indica nuestra necesidad de Cristo y de un cambio radical por medio del evangelio. El evangelio hace que los muertos vivan y que los orgullosos nos rindamos. Nuestra lucha contra el orgullo comienza a dar fruto cuando reconocemos que necesitamos toda la gracia de Dios en Cristo.

Un contraste con la humildad
Antes de hablar de cómo el evangelio nos ayuda en nuestra lucha contra el orgullo, veamos una comparación entre el orgulloso y el humilde:

1) El orgulloso impone sus razonamientos mientras el humilde renuncia a la imposición, busca reconciliación, y cede su lugar a otros por medio de la paz y el amor de Cristo.

2) El orgulloso no considera a otros, los ve con menosprecio. En cambio, el humilde siempre considera primero a los otros, los estima siempre como superiores a sí mismo, y les sirve sin importar si son personas difíciles.

3) El orgulloso está cegado por sus propios intereses y siempre se da la razón. El humilde encuentra en la misericordia de Dios el impulso para ayudar, escuchar, y amar a otros. El humilde se considera un servidor, no un héroe.

4) El orgulloso es ambicioso y egoísta, esto produce pleitos y divisiones debido a su aspiración de reconocimiento y admiración. Cuando no logra tener lo que quiere, busca culpables y se aísla. El humilde sabe quién es a la luz de la persona de Cristo y está satisfecho con eso, entiende sus limitaciones y pide ayuda.

5) El orgulloso no aprecia la gracia porque esta desafía sus supuestos méritos, y él piensa que lo hace ver como inútil. El humilde vive agradecido por la gracia y sabe que necesita más para vivir diariamente.

El humilde sabe quién es a la luz de la persona de Cristo y está satisfecho con eso, entiende sus limitaciones y pide ayuda

En Filipenses 2:1-4, vemos a Cristo como el mayor ejemplo de humildad. Este pasaje demuestra que el orgullo sencillamente no existe en Él. Cristo se describe como “manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29). Él no toma ejemplo de otro para ser humilde. Él es el autor y consumador de la humildad. Para quienes luchamos contra el orgullo, esto es esperanzador.

Luchemos a la luz del evangelio
El evangelio nos muestra la realidad de que necesitamos depender de Cristo. Vivir a la luz de esta verdad destruye el orgullo y edifica la humildad en nosotros. La Biblia revela que Cristo nos libró de la necesidad de tener la razón y pelear por ella; ahora podemos tener deleite en que Él es la verdad y siempre tiene la razón. El evangelio nos libra de “ser fuertes” según nuestro criterio para reconocer nuestra debilidad e identificar nuestra fuerza en Cristo (2 Co. 12:10).

Nuestra batalla contra el orgullo no terminará cuando dejes de leer estas líneas, pero algo sí sabemos: Cristo, siendo en forma de Dios, se humilló para ser como nosotros y así nos libró del pecado para formar en nosotros su carácter (Ro. 8:29). Él sigue salvando orgullosos. ¡Humillémonos ante su gloria y demos testimonio de su humillación que trajo salvación!

Alex Díaz es el pastor Titular de Iglesia Central, la cual está plantando en Cuernavaca, México. Es consejero y maestro de Biblia, y está cursando una Maestría en Divinidad con énfasis en misiones y evangelismo en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado desde hace 19 años con Ana Laura Sánchez, y tiene dos hijos adolescentes, Fernando y Elías. Síguelo en Twitter.

¿Cristianismo carnal? | Alexander León

Si Jesús dijo que el que bebiera del agua que Él daría no tendría sed (Juan 4:14),

¿Por qué será que hay tantos cristianos aún sedientos, buscando en cisternas rotas?
Si Jesús dijo que Él vino para que tengamos vida en abundancia (Juan 10:10),

¿Por qué tantos de los que van a las iglesias viven aún como los que están muertos espiritualmente, es decir, siguiendo la corriente del mundo? (Efesios 2:2)
Si Pablo afirma que los que hemos muerto al pecado, no podemos vivir aún en él. (Romanos 6:2)

¿Por qué afirman ciertos predicadores que hay cristianos que pueden vivir continuamente como inconversos y aún así ser salvos?
La Biblia dice que el que ha nacido de Dios no practica el pecado (I Juan 5:18), entonces

¿Por qué hay tantos cristianos que aún viven esclavizados al pecado ?
La respuesta a todas estas preguntas es: por causa de la predicación de la errónea doctrina del «cristiano carnal».

Tal condición hace pensar a muchos que son salvos aunque aún no han experimentado el cambio de corazón que hace el Espíritu Santo, no tienen fe verdadera y por lo tanto no han tenido un arrepentimiento verdadero tampoco.

Se les anima a pensar a estas personas y hasta confesar que sí son salvos y que nadie puede cuestionarles su salvación. Esta perniciosa doctrina es la culpable de que las iglesias estén mezcladas, con una gran cantidad de impíos que pasan por cristianos y a los verdaderos creyentes sufriendo las consecuencias, siendo tratados como los «muy fanáticos», los «santurrones», los «intolerantes», etc, etc.

Por muchos años yo viví engañándome a mí mismo y engañando a otros, pensando que era cristiano, pero no lo era, así habría seguido para siempre, hasta recibir la condenación del Juicio, si no fuera por la Gracia Soberana de Dios que actuó para darme vida en Cristo, abriendo mis ojos y mis oídos y regocijarme en Su Verdad.
No es mi afán atormentar a nadie con dudas, pero preferiría hacerlo un poco para provocar un auto-examen, que dejar que las almas vivan una falsa seguridad y en el día final escuchan las espantosas palabras «Nunca os conocí, apartaos de mí»

Pastor Alexander Leon