
CATECISMO DE SPURGEON
Episodio 1 — ¿PARA QUÉ EXISTE EL HOMBRE?
PREGUNTA 1
¿Cuál es el fin principal del hombre?
RESPUESTA
El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Corintios 10:31
¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?; Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Salmos 73:25-26
COMENTARIO DOCTRINAL
¿Para qué estamos aquí?
Es una de las preguntas más profundas que puede hacerse un ser humano.
Muchos responderían que estamos aquí para ser felices, formar una familia, alcanzar nuestras metas, trabajar, prosperar, dejar un legado o simplemente disfrutar de la vida.
Todas esas cosas pueden ocupar un lugar legítimo en nuestra existencia. Pero ninguna de ellas constituye nuestro propósito supremo.
El Catecismo de Spurgeon comienza llevándonos inmediatamente a Dios:
«El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre».
Esta respuesta coloca toda nuestra existencia en la perspectiva correcta.
1. FUIMOS CREADOS PARA DIOS
El hombre no es el centro del universo.
Dios lo es.
La Escritura enseña que todas las cosas existen por Dios, mediante Dios y para Dios. Por eso Pablo concluye en Romanos 11:36 que de Él, por Él y para Él son todas las cosas.
Esto incluye nuestra propia vida.
No existimos principalmente para realizarnos a nosotros mismos. Existimos porque Dios quiso darnos existencia y porque nuestra vida encuentra su verdadero propósito cuando está orientada hacia Él.
Por eso 1 Corintios 10:31 nos enseña que incluso las actividades más ordinarias —comer, beber y todo lo que hacemos— deben realizarse para la gloria de Dios.
Glorificar a Dios no significa añadirle una gloria que Él no posea.
Dios es infinitamente glorioso en sí mismo.
Nosotros glorificamos a Dios cuando reconocemos quién es Él, creemos su Palabra, obedecemos sus mandamientos, confiamos en su bondad y vivimos de una manera que manifiesta su excelencia.
La vida cristiana, entonces, no se divide entre momentos “espirituales” y momentos “normales”.
Toda nuestra vida pertenece a Dios.
Nuestro matrimonio.
Nuestro trabajo.
Nuestro dinero.
Nuestros pensamientos.
Nuestro descanso.
Nuestras decisiones.
Nuestra adoración.
Todo debe estar bajo el señorío de Dios.
2. EL PECADO CAMBIÓ EL CENTRO DE NUESTRA VIDA
Aquí necesitamos hacer una aclaración importante.
Aunque el hombre fue creado para glorificar a Dios, por naturaleza no vive buscando la gloria de Dios.
El pecado produjo precisamente lo contrario.
Romanos 1 enseña que el hombre conoció a Dios, pero no le glorificó como a Dios. En lugar de vivir para su Creador, comenzó a vivir para sí mismo y para las cosas creadas.
Ese es uno de los efectos más profundos de la caída.
El pecado no consiste solamente en cometer determinadas acciones malas.
En su raíz, el pecado consiste en quitar a Dios del centro y colocar allí al hombre.
Por eso podemos ser moralmente respetables y, sin embargo, vivir completamente alejados del propósito para el cual fuimos creados.
Una persona puede trabajar, estudiar, casarse, criar hijos, ayudar a otros e incluso practicar una religión, y todavía vivir fundamentalmente para sí misma.
El problema esencial del hombre no es simplemente que necesita mejorar su comportamiento.
Necesita ser reconciliado con Dios.
3. CRISTO NOS DEVUELVE AL PROPÓSITO PARA EL CUAL FUIMOS CREADOS
Aquí el catecismo nos conduce naturalmente hacia Cristo.
El hombre pecador no puede restaurarse a sí mismo.
Necesitamos un Salvador.
Jesucristo vivió perfectamente para la gloria del Padre. Obedeció donde nosotros desobedecimos y cumplió perfectamente la voluntad de Dios.
Después murió en la cruz por pecadores y resucitó.
Por medio de Cristo, Dios perdona y reconcilia consigo a todo aquel que se arrepiente y cree.
La salvación, por tanto, no consiste solamente en escapar del juicio.
Dios nos salva para restaurarnos a una vida centrada nuevamente en Él.
El creyente comienza a aprender aquello para lo cual fue creado:
vivir para la gloria de Dios.
No lo hace perfectamente.
Seguimos luchando contra el pecado.
Seguimos teniendo deseos egoístas.
Seguimos necesitando gracia cada día.
Pero ahora existe una nueva dirección en nuestra vida.
Ya no queremos vivir únicamente para nosotros mismos.
Queremos que Cristo sea honrado en nosotros.
4. GLORIFICAR A DIOS Y GOZARSE EN ÉL
La segunda parte de la respuesta es igualmente hermosa:
«…y gozar de Él para siempre».
El cristianismo bíblico no presenta a Dios como si Él recibiera gloria mientras nosotros vivimos eternamente frustrados.
Al contrario.
Nuestra mayor satisfacción se encuentra precisamente en conocer a Dios.
El Salmo 73 expresa esta realidad cuando el salmista reconoce que, aun cuando su cuerpo y su corazón desfallezcan, Dios sigue siendo la fortaleza de su corazón y su porción para siempre.
El mayor regalo de la salvación no es simplemente recibir bendiciones de Dios.
El mayor regalo es Dios mismo.
Esto necesita decirse con claridad, especialmente en una época donde muchas veces se presenta el cristianismo como un medio para obtener salud, prosperidad, éxito, estabilidad económica o cumplimiento de nuestros sueños.
Dios ciertamente puede concedernos muchas bendiciones temporales.
Pero ninguna de ellas es el propósito final de la vida cristiana.
Nuestra porción es Dios.
Podemos perder posesiones y tener a Dios.
Podemos atravesar enfermedad y tener a Dios.
Podemos conocer aflicción y tener a Dios.
Podemos pasar temporadas donde nuestros planes no se cumplen y todavía tener en Cristo aquello que ninguna circunstancia puede quitarnos.
Por eso glorificar a Dios y disfrutar de Dios están profundamente unidos.
Cuanto más conocemos verdaderamente a Dios, más comprendemos que Él es digno de nuestra adoración.
Y cuanto más vivimos para su gloria, más descubrimos que ninguna criatura puede ocupar el lugar que pertenece solamente al Creador.
APLICACIÓN
Esta primera pregunta del catecismo nos obliga a examinar nuestra vida.
¿Para qué estoy viviendo?
¿Qué ocupa realmente el centro de mis decisiones?
¿Qué determina mis prioridades?
¿Qué considero indispensable para ser feliz?
Tal vez profesamos creer que Dios es lo más importante mientras nuestras preocupaciones revelan que estamos viviendo principalmente para el dinero, la aprobación de los demás, nuestros hijos, nuestro trabajo, nuestros proyectos o nuestra propia tranquilidad.
Ninguna de esas cosas puede soportar el peso de convertirse en nuestro dios.
Fuimos creados para algo infinitamente mayor.
Fuimos creados para conocer a Dios, amarle, obedecerle, adorarle y vivir para su gloria.
Y solamente en Cristo podemos regresar al propósito para el cual fuimos creados.
CONCLUSIÓN
Así que la primera pregunta del Catecismo de Spurgeon no es una cuestión filosófica distante.
Es profundamente personal.
¿Cuál es el fin principal del hombre?
Glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.
Ese es nuestro propósito.
Ese es el verdadero orden de la vida.
Y esa es también nuestra esperanza:
que aquello que comenzamos imperfectamente ahora por la gracia de Dios, un día lo viviremos plenamente en su presencia.
Glorificaremos a Dios y gozaremos de Él para siempre.
CATECISMO DE SPURGEON
Doctrina para conocer.
Verdad para creer.
Una vida para la gloria de Dios.
Crédito de la obra que inspiró este artículo:
Este contenido está basado en el Catecismo de Spurgeon, obra original de Charles H. Spurgeon. La revisión, edición, adaptación, desarrollo y presentación de este episodio han sido realizadas por Alimentemos el Alma, con apoyo de inteligencia artificial como herramienta de asistencia en la redacción, organización y revisión del contenido.
La supervisión doctrinal y la responsabilidad final de lo expuesto corresponden a Alimentemos el Alma.