¿Sabemos cómo GLORIFICAR a DIOS? | Charles Spurgeon

CATECISMO DE SPURGEON

EPISODIO 2 — ¿QUÉ REGLA HA DADO DIOS?

Pregunta: ¿Qué regla ha dado Dios para hacernos saber cómo podemos glorificarle y disfrutar de él?

Respuesta: La Palabra de Dios que se encuentra en las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento es la única regla para hacernos saber cómo podemos glorificar a Dios y disfrutar de él.

Si fuimos creados para glorificar a Dios y disfrutar de Él, inmediatamente aparece una pregunta necesaria: ¿cómo sabemos de qué manera debemos hacerlo?

No podemos decidirlo simplemente por lo que sentimos, por nuestras preferencias personales o por aquello que nuestra cultura considera correcto. Si Dios es nuestro Creador, entonces Él mismo debe decirnos quién es, cómo debemos acercarnos a Él y cómo quiere que vivamos delante de su presencia.

Y precisamente por eso Dios nos ha dado su Palabra.

Pablo afirma en 2 Timoteo 3:16 que toda la Escritura es inspirada por Dios. Esto significa que la Biblia no es solamente una colección de pensamientos religiosos producidos por hombres piadosos. Dios utilizó autores humanos, con sus propias personalidades y circunstancias, pero por medio de ellos comunicó aquello que quiso revelar a su pueblo.

Por tanto, nuestra fe no descansa finalmente en opiniones humanas, experiencias personales o sentimientos cambiantes. Descansa en lo que Dios ha dicho.

Y esa revelación se encuentra en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento. No son dos mensajes separados. Toda la Biblia desarrolla una sola historia de redención. El Antiguo Testamento nos muestra la creación, la caída, las promesas y la preparación para la venida del Mesías; y el Nuevo Testamento nos muestra el cumplimiento de esas promesas en Jesucristo.

Por eso Efesios 2:20 presenta a la iglesia edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo la principal piedra del ángulo. Toda la revelación bíblica encuentra su centro y cumplimiento en Cristo.

Ahora bien, el catecismo añade algo fundamental: la Palabra de Dios es la única regla para saber cómo glorificarle y disfrutar de Él.

Esto no significa que no podamos aprender de pastores, maestros, confesiones de fe, catecismos o buenos libros cristianos. Podemos beneficiarnos profundamente de ellos. Pero todos permanecen bajo la autoridad de la Escritura.

Todo predicador debe ser examinado por la Palabra.

Toda tradición debe ser examinada por la Palabra.

Toda experiencia debe ser examinada por la Palabra.

Incluso este mismo catecismo debe ser examinado a la luz de la Biblia.

Desde una perspectiva bautista reformada valoramos la historia de la iglesia y las confesiones que han expresado fielmente la doctrina cristiana, pero ninguna de ellas puede sustituir la autoridad de Dios en su Palabra.

Y aquí encontramos algo hermoso: Dios no nos dio las Escrituras solamente para llenar nuestra mente de información. Nos las dio para que le conozcamos.

La Biblia nos muestra su santidad, su justicia, su misericordia, su fidelidad y su gracia. Nos muestra también nuestra condición pecaminosa y nuestra necesidad de salvación. Y, sobre todo, nos conduce a Jesucristo.

En 1 Juan 1:3, Juan relaciona la verdad proclamada con la comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. La verdadera doctrina, entonces, no debe alejarnos de Dios; debe llevarnos a conocerle mejor.

Y cuanto más conocemos al Dios verdadero revelado en las Escrituras, más razones tenemos para confiar en Él, obedecerle, adorarle, glorificarle y disfrutar de Él.

Por eso esta segunda pregunta también nos confronta personalmente:

¿Qué está gobernando realmente lo que creo y la manera en que vivo?

¿La Palabra de Dios, mis emociones, las opiniones de otros o las ideas cambiantes de nuestra época?

Dios no nos dejó solos tratando de descubrir cómo vivir para su gloria.

Nos dio su Palabra.

Y en ella encontramos la verdad que necesitamos para conocer a Dios, conocer a Cristo y aprender a vivir para su gloria.

Catecismo de Spurgeon: doctrina para conocer, verdad para creer y una vida para la gloria de Dios.

Crédito de la obra que inspiró este artículo:

Este contenido está basado en el Catecismo de Spurgeon, obra original de Charles H. Spurgeon. La revisión, edición, adaptación, desarrollo y presentación de este episodio han sido realizadas por Alimentemos el Alma, con apoyo de inteligencia artificial como herramienta de asistencia en la redacción, organización y revisión del contenido.
La supervisión doctrinal y la responsabilidad final de lo expuesto corresponden a Alimentemos el Alma.

¿PARA QUÉ EXISTE EL HOMBRE? | Charles Spurgeon

CATECISMO DE SPURGEON

Episodio 1 — ¿PARA QUÉ EXISTE EL HOMBRE?

PREGUNTA 1

¿Cuál es el fin principal del hombre?

RESPUESTA

El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Corintios 10:31

¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?; Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Salmos 73:25-26


COMENTARIO DOCTRINAL

¿Para qué estamos aquí?

Es una de las preguntas más profundas que puede hacerse un ser humano.

Muchos responderían que estamos aquí para ser felices, formar una familia, alcanzar nuestras metas, trabajar, prosperar, dejar un legado o simplemente disfrutar de la vida.

Todas esas cosas pueden ocupar un lugar legítimo en nuestra existencia. Pero ninguna de ellas constituye nuestro propósito supremo.

El Catecismo de Spurgeon comienza llevándonos inmediatamente a Dios:

«El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre».

Esta respuesta coloca toda nuestra existencia en la perspectiva correcta.

1. FUIMOS CREADOS PARA DIOS

El hombre no es el centro del universo.

Dios lo es.

La Escritura enseña que todas las cosas existen por Dios, mediante Dios y para Dios. Por eso Pablo concluye en Romanos 11:36 que de Él, por Él y para Él son todas las cosas.

Esto incluye nuestra propia vida.

No existimos principalmente para realizarnos a nosotros mismos. Existimos porque Dios quiso darnos existencia y porque nuestra vida encuentra su verdadero propósito cuando está orientada hacia Él.

Por eso 1 Corintios 10:31 nos enseña que incluso las actividades más ordinarias —comer, beber y todo lo que hacemos— deben realizarse para la gloria de Dios.

Glorificar a Dios no significa añadirle una gloria que Él no posea.

Dios es infinitamente glorioso en sí mismo.

Nosotros glorificamos a Dios cuando reconocemos quién es Él, creemos su Palabra, obedecemos sus mandamientos, confiamos en su bondad y vivimos de una manera que manifiesta su excelencia.

La vida cristiana, entonces, no se divide entre momentos “espirituales” y momentos “normales”.

Toda nuestra vida pertenece a Dios.

Nuestro matrimonio.

Nuestro trabajo.

Nuestro dinero.

Nuestros pensamientos.

Nuestro descanso.

Nuestras decisiones.

Nuestra adoración.

Todo debe estar bajo el señorío de Dios.


2. EL PECADO CAMBIÓ EL CENTRO DE NUESTRA VIDA

Aquí necesitamos hacer una aclaración importante.

Aunque el hombre fue creado para glorificar a Dios, por naturaleza no vive buscando la gloria de Dios.

El pecado produjo precisamente lo contrario.

Romanos 1 enseña que el hombre conoció a Dios, pero no le glorificó como a Dios. En lugar de vivir para su Creador, comenzó a vivir para sí mismo y para las cosas creadas.

Ese es uno de los efectos más profundos de la caída.

El pecado no consiste solamente en cometer determinadas acciones malas.

En su raíz, el pecado consiste en quitar a Dios del centro y colocar allí al hombre.

Por eso podemos ser moralmente respetables y, sin embargo, vivir completamente alejados del propósito para el cual fuimos creados.

Una persona puede trabajar, estudiar, casarse, criar hijos, ayudar a otros e incluso practicar una religión, y todavía vivir fundamentalmente para sí misma.

El problema esencial del hombre no es simplemente que necesita mejorar su comportamiento.

Necesita ser reconciliado con Dios.


3. CRISTO NOS DEVUELVE AL PROPÓSITO PARA EL CUAL FUIMOS CREADOS

Aquí el catecismo nos conduce naturalmente hacia Cristo.

El hombre pecador no puede restaurarse a sí mismo.

Necesitamos un Salvador.

Jesucristo vivió perfectamente para la gloria del Padre. Obedeció donde nosotros desobedecimos y cumplió perfectamente la voluntad de Dios.

Después murió en la cruz por pecadores y resucitó.

Por medio de Cristo, Dios perdona y reconcilia consigo a todo aquel que se arrepiente y cree.

La salvación, por tanto, no consiste solamente en escapar del juicio.

Dios nos salva para restaurarnos a una vida centrada nuevamente en Él.

El creyente comienza a aprender aquello para lo cual fue creado:

vivir para la gloria de Dios.

No lo hace perfectamente.

Seguimos luchando contra el pecado.

Seguimos teniendo deseos egoístas.

Seguimos necesitando gracia cada día.

Pero ahora existe una nueva dirección en nuestra vida.

Ya no queremos vivir únicamente para nosotros mismos.

Queremos que Cristo sea honrado en nosotros.


4. GLORIFICAR A DIOS Y GOZARSE EN ÉL

La segunda parte de la respuesta es igualmente hermosa:

«…y gozar de Él para siempre».

El cristianismo bíblico no presenta a Dios como si Él recibiera gloria mientras nosotros vivimos eternamente frustrados.

Al contrario.

Nuestra mayor satisfacción se encuentra precisamente en conocer a Dios.

El Salmo 73 expresa esta realidad cuando el salmista reconoce que, aun cuando su cuerpo y su corazón desfallezcan, Dios sigue siendo la fortaleza de su corazón y su porción para siempre.

El mayor regalo de la salvación no es simplemente recibir bendiciones de Dios.

El mayor regalo es Dios mismo.

Esto necesita decirse con claridad, especialmente en una época donde muchas veces se presenta el cristianismo como un medio para obtener salud, prosperidad, éxito, estabilidad económica o cumplimiento de nuestros sueños.

Dios ciertamente puede concedernos muchas bendiciones temporales.

Pero ninguna de ellas es el propósito final de la vida cristiana.

Nuestra porción es Dios.

Podemos perder posesiones y tener a Dios.

Podemos atravesar enfermedad y tener a Dios.

Podemos conocer aflicción y tener a Dios.

Podemos pasar temporadas donde nuestros planes no se cumplen y todavía tener en Cristo aquello que ninguna circunstancia puede quitarnos.

Por eso glorificar a Dios y disfrutar de Dios están profundamente unidos.

Cuanto más conocemos verdaderamente a Dios, más comprendemos que Él es digno de nuestra adoración.

Y cuanto más vivimos para su gloria, más descubrimos que ninguna criatura puede ocupar el lugar que pertenece solamente al Creador.


APLICACIÓN

Esta primera pregunta del catecismo nos obliga a examinar nuestra vida.

¿Para qué estoy viviendo?

¿Qué ocupa realmente el centro de mis decisiones?

¿Qué determina mis prioridades?

¿Qué considero indispensable para ser feliz?

Tal vez profesamos creer que Dios es lo más importante mientras nuestras preocupaciones revelan que estamos viviendo principalmente para el dinero, la aprobación de los demás, nuestros hijos, nuestro trabajo, nuestros proyectos o nuestra propia tranquilidad.

Ninguna de esas cosas puede soportar el peso de convertirse en nuestro dios.

Fuimos creados para algo infinitamente mayor.

Fuimos creados para conocer a Dios, amarle, obedecerle, adorarle y vivir para su gloria.

Y solamente en Cristo podemos regresar al propósito para el cual fuimos creados.


CONCLUSIÓN

Así que la primera pregunta del Catecismo de Spurgeon no es una cuestión filosófica distante.

Es profundamente personal.

¿Cuál es el fin principal del hombre?

Glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.

Ese es nuestro propósito.

Ese es el verdadero orden de la vida.

Y esa es también nuestra esperanza:

que aquello que comenzamos imperfectamente ahora por la gracia de Dios, un día lo viviremos plenamente en su presencia.

Glorificaremos a Dios y gozaremos de Él para siempre.

CATECISMO DE SPURGEON

Doctrina para conocer.
Verdad para creer.
Una vida para la gloria de Dios.

Crédito de la obra que inspiró este artículo:

Este contenido está basado en el Catecismo de Spurgeon, obra original de Charles H. Spurgeon. La revisión, edición, adaptación, desarrollo y presentación de este episodio han sido realizadas por Alimentemos el Alma, con apoyo de inteligencia artificial como herramienta de asistencia en la redacción, organización y revisión del contenido.
La supervisión doctrinal y la responsabilidad final de lo expuesto corresponden a Alimentemos el Alma.

¿Qué es apostasía? | Arthur W. Pink

¿Qué es apostasía?

Arthur W. Pink (1886-1952)

Amado lector, en el pasado, miles de personas estaban muy seguras de haber recibido genuinamente la salvación y, realmente, confiaban en los méritos de la obra consumada de Cristo para llevarlos seguros al cielo, como quizá lo esté usted. No obstante, ahora están sufriendo los tormentos del infierno. Su confianza era carnal… Estaban seguros de que su fe era suficiente para su salvación y no veían la necesidad de examinarse a fondo, exhaustivamente y con frecuencia, a la luz de la Escrituras, a fin de descubrir si estaban dando o no, esos frutos que son inseparables de la fe de los escogidos por Dios. Si leían un artículo como éste, con orgullo llegaban a la conclusión de que se aplicaba a otros. Estaban tan seguros de que muchos años atrás habían nacido de nuevo, que se negaban a obedecer el mandato de 2 Corintios 13:5: “Examinaos a vosotros mismos”. Ahora es demasiado tarde. Desaprovecharon su día de oportunidad y, consecuentemente, su porción para siempre fue la “negrura de las tinieblas”.

En vista de esta solemne y terrible realidad, el escritor, seriamente, llama a sí mismo y a cada lector, a humillarse ante Dios y clamar sinceramente: “Examíname, oh Dios: revélame a mí mismo. Si vivo engañado, quítame el engaño antes de que sea demasiado tarde y sufra por toda la eternidad. Capacítame para analizarme fielmente de acuerdo con tu Palabra para poder descubrir si mi corazón ha sido renovado o no, si he abandonado todo camino de mi propia voluntad y me he rendido verdaderamente a Ti; si me he arrepentido de tal manera que odio todo pecado y ansío con fervor ser libre de su poder, me aborrezco a mí mismo y busco diligentemente negarme a mí mismo; si mi fe es la que vence al mundo (1 Jn. 5:4) o si es meramente una noción que no produce una vida piadosa; si soy un pámpano fructífero de la vid o meramente algo que estorba; en pocas palabras, si soy una nueva criatura en Cristo o sólo un hipócrita”. Si tengo un corazón sincero, entonces estaré dispuesto, sí, ansioso por enfrentar y conocer la verdad acerca de mí mismo.

Quizá algunos lectores estén listos para decir: “Yo ya sé la verdad acerca de mí mismo. Creo lo que la Palabra de Dios me dice: Soy un pecador sin nada bueno en mí. Mi única esperanza está en Cristo”. Sí, querido amigo, pero tenga en cuenta que Cristo salva a su pueblo de sus pecados. Cristo envía a su Espíritu Santo a sus corazones de modo que son cambiados radicalmente; dejan de ser lo que eran antes. El Espíritu Santo derrama el amor de Dios en el corazón de aquellos que regenera, y ese amor es manifestado en un anhelo profundo y una decisión sincera de complacer a Aquel que los ama. Cuando Cristo salva a un alma, la salva, no sólo del infierno, sino del poder del pecado. Lo libra del dominio de Satanás y del amor al mundo. Lo libra del temor al hombre, las lascivias de la carne y el amor a sí mismo. Es cierto que no ha completado esta obra bendita; es cierto que la naturaleza pecadora no ha sido aún erradicada, pero el que es salvo, ha sido liberado del dominiodel pecado (Ro. 6:14). La salvación es algo sobrenatural que cambia el corazón, renueva la voluntad, transforma la vida, de manera que es evidente a todos a su alrededor que hubo un milagro de gracia… Una fe que no produce un vivir piadoso, un caminar obediente, un fruto espiritual, no es la fe de los elegidos de Dios. Oh mi lector, le ruego que se examine con diligencia y fidelidad a la luz de la Palabra infalible de Dios. No pretenda ser un hijo de Abraham, a menos que haga las obras de Abraham (Jn. 8:39).

¿Qué es apostasía? Es hacer naufragar la fe (1 Ti. 1:19). Es el corazón apartado del Dios viviente (He. 3:12). Es volver al mundo y ser vencido por él, después de un escape previo de su contaminación, a través del conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo (2 P. 2:20). Hay varios pasos que la preceden. Primero, es mirar hacia atrás (Lc. 9:62) como la esposa de Lot, quien externamente partió de Sodoma, pero su corazón se quedó allí. Segundo, es retractarse (He. 10:38): Los requerimientos de Cristo son demasiado exigentes para apelar al corazón. Tercero, es dar la espalda (Jn. 6:66): La senda de santidad es demasiado angosta para los deseos de la carne. Lo cuarto, es la caída definitiva, lo cual es fatal: “Hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados” (Is. 28:13).

Tomado de Estudios en las Escrituras (Studies in the Scriptures), reimpreso por Chapel Library.

A. W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de la Biblia, autor de Estudios en las Escrituras (Studies in the Scriptures) y muchos libros, incluyendo los muy reconocidos: La soberanía de Dios (The Sovereignty of God) y Los atributos de Dios (Attributes of God). Nacido en Nottingham, Inglaterra, emigró a los Estados Unidos y, en 1934, regresó a su patria.

“Acordemos, pues, esta noción de apostasía, la cual es evidente: es dejar la obediencia que debemos a nuestro legítimo Señor”. —Thomas Manton

Historia de los Puritanos

Historia de los Puritanos

La palabra «Puritano» se originó en los años 1560s como un peyorativo hacia las personas que querían una reforma más profunda la «purificación»de la Iglesia de Inglaterra.

La Revolución Puritana fue un movimiento surgido en Inglaterra en el siglo XVI, de confesión calvinista, que rechazaba tanto a la Iglesia Católica como a la Iglesia Anglicana. Las críticas a la política de la Reina Isabel salían de los grupos calvinistas ingleses, que fueron denominados puritanos porque pretendían purificar la Iglesia Anglicana, quitándole los residuos del catolicismo y acercando su liturgia al calvinismo.

Desde el inicio los puritanos aceptaban la doctrina de la predestinación. El movimiento fue perseguido en Inglaterra, razón por la que muchos dejaron este país buscando otros lugares con mayor libertad religiosa. Un grupo, liderado por John Winthrop, llegó a las colonias de Inglaterra en América del Norte en abril de 1630.

Orígenes calvinistas del puritanismo
Esta variante del protestantismo sería seguida en países como Suiza, Países Bajos, Sudáfrica (entre los afrikaners), Inglaterra, Escocia y los Estados Unidos. Juan Calvino se opuso a la Iglesia Católica y a los Anabaptistas y criticó la misa cristiana y por eso sus seguidores rompieron con la Iglesia Anglicana.

En Ginebra, cuando vivía Calvino, se inició un conflicto entre los partidarios de la Casa de Saboya (católicos) y los confederados (protestantes), que darían más tarde origen a los hugonotes. Con los ideales iluministas y la doctrina de Calvino, los primeros protestantes ingleses se volvieron un grupo típicamente conservador.

Los puritanos en Inglaterra
El surgimiento del puritanismo está ligado a las confusiones amorosas del rey Enrique VIII (1509-1547) y a la llegada del protestantismo continental a Inglaterra. El movimiento puritano, en sus primeros estadios, fue claramente influido y apoyado por Calvino que, a partir de 1548 pasó a escribirse con los principales líderes de la reforma inglesa. En 1534 fue promulgada el Acta de Supremacía, convirtiendo al rey en «cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra». Con la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, tía de Carlos I de España, el rey Enrique VIII y el Parlamento inglés separaron la Iglesia de Inglaterra de Roma, en 1536, adoptando la doctrina calvinista por comodidad. La Reforma se inició en Inglaterra gracias al rey y al Parlamento. En 1547, Eduardo VI, un niño muy enfermo, se convirtió en rey.

La Reforma protestante avanzó rápidamente en Inglaterra, pues el duque de Somerset, el regente del trono, simpatizaba con la fe reformada. Thomas Cranmer, el gran líder de la Reforma en Inglaterra, publicó el Libro de Oración Común, dando al pueblo su primera liturgia en inglés. María Tudor, católica, se convirtió en reina en 1553. Asesorada por el cardenal Reginald Pole, restauró su religión en 1554. En 1555 intensificó la persecución de los protestantes. Fueron asesinados trescientos, entre los cuales se hallaba el arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer (canonizado por la Iglesia Anglicana) y los obispos Latimer y Ridley. Ochocientos protestantes huyeron al continente, a ciudades como Ginebra o Fráncfort, donde absorbieron los principios doctrinales de los reformadores continentales. Isabel I ascendió al trono a los 25 años en 1558, estableció el «Acuerdo Isabelino», que era insuficientemente reformador como para satisfacer a aquellos que luego serían conocidos como «puritanos».

Enseguida promulgó el Acta de Uniformidad (1559), que autorizó el Libro de Oración Común, y restauró el Acta de Supremacía. En 1562, fueron redirigidos los Treinta y Nueve Artículos de la Religión, que son el patrón histórico de la Iglesia de Inglaterra, y a partir de enero de 1563 fueron establecidos por el Parlamento como la posición doctrinal de la Iglesia Anglicana. Entre 1567 y 1568 una antigua controversia sobre las vestimentas llegó a su auge en la Iglesia de Inglaterra. La cuestión inmediata era si los predicadores tenían que usar los trajes clericales prescritos. Esta controversia marcó una creciente impaciencia entre los puritanos en relación con la situación de una iglesia «reformada a medias». Thomas Cartwright, profesor de la Universidad de Cambridge, perdió su posición a causa de sus prédicas sobre los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles, en las cuales argumentó a favor de un cristianismo simplificado y una forma presbiteriana de gobierno eclesiástico. La primera iglesia presbiteriana fue la de Wandsworth, fundada en 1572. En 1570, un poco antes de ese evento, Isabel fue excomulgada por el Papa Pío V. La muerte de Isabel ocurrió en 1603 y no dejó heredero. Designó como sucesor a Jacobo I, hijo de María Estuardo, que ya gobernaba en Escocia. Cuando el rey fue coronado, los puritanos, a causa de la presunta formación presbiteriana del rey, tuvieron inicialmente esperanza de una mejoría de su situación. Para enfatizar esa esperanza presentaron la Petición Milenar en 1603, firmada por cerca de mil ministros puritanos, en la que pedían que la Iglesia Anglicana fuera «completamente puritana» en la liturgia y en la administración.

En 1604 se encontraron con el nuevo rey en la conferencia de Hampton Court para presentar sus peticiones. El rey amenazó con «expulsarlos de la tierra, o hacer algo peor», habiendo dicho que el presbiterianismo «armonizaba tanto con la monarquía como Dios con el diablo». Carlos I, opositor de los puritanos, fue coronado rey en 1625. En 1628, William Laud se convirtió en obispo de Londres (en 1633 fue nombrado arzobispo de Canterbury) y tomó medidas severas para eliminar la disidencia de la Iglesia Anglicana. Buscó instituir prácticas ceremoniales consideradas «papistas» por los puritanos, aparte de ignorar la justificación por la fe, a causa de su énfasis arminiano, oprimiendo violentamente a los puritanos y forzándolos a emigrar a América.
En 1630, John Winthrop lideró el primer gran grupo de puritanos que fue hasta la Bahía de Massachusetts y, en 1636, se fundó el Harvard College. Laud intentó imponer el anglicanismo en Escocia, pero esto degeneró en un motín que sirvió para aliar a puritanos y escoceses calvinistas. En 1638, los líderes escoceses se reunieron en una «Solemne Liga y Alianza» y sus ejércitos marcharon contra las tropas del rey, que huyeron.

En 1640, el Parlamento restringió el poder del rey Carlos I. Las emigraciones a Nueva Inglaterra se estacionaron de forma considerable. La Asamblea de Westminster, así llamada por reunirse en la Abadía de Westminster, templo anglicano de Londres, fue convocada por el Parlamento de Inglaterra en 1643 para deliberar sobre el gobierno y la liturgia de la iglesia y para «defender la pureza de la doctrina de la Iglesia Anglicana contra todas las falsas calumnias y difamaciones».

Es considerada la más notable asamblea protestante de todos los tiempos, tanto por la distinción de los elementos que la constituyeron, como por la obra que realizó y aún por las corporaciones eclesiásticas que recibieron de ella los patrones de fe y las influencias salutares durante esos trescientos años.

La Asamblea de Westminster
La Asamblea de Westminster se caracterizó no sólo por la erudición teológica sino por una profunda espiritualidad. Se tomaba mucho tiempo para orar y todo era hecho con un espíritu de reverencia. Cada documento producido iba al Parlamento para ser aprobado lo que sólo ocurría después de mucha discusión y estudio. Los llamados «Patrones Presbiterianos» elaborados por la Asamblea fueron los siguientes:

Directorio del Culto Público: concluido en diciembre de 1644 y aprobado por el parlamento al mes siguiente. Tomó el lugar del Libro de Oración Común. También fue preparado el Salterio: una versión métrica de los Salmos para uso en el culto (noviembre de 1645).
Forma de Gobierno Eclesiástico: concluida en 1644 y aprobada por el parlamento en 1648. Instituyó la forma de gobierno presbiteriana en lugar de la episcopal, con sus obispos y arzobispos.
Confesión de Fe: concluida en diciembre de 1646 y sancionada por el Parlamento en marzo de 1648.
Catecismo Mayor y Breve Catecismo: concluidos a finales de 1647 y aprobados por el Parlamento en marzo de 1648.
Como consecuencia de la ayuda de los escoceses, las fuerzas parlamentarias derrocaron al rey Carlos I, que fue decapitado en 1649.

El comandante victorioso, Oliver Cromwell, asumió el gobierno. Sin embargo, en 1660, Carlos II subió al trono y restauró el episcopado en la Iglesia de Inglaterra. Se inició una nueva era de persecuciones contra los presbiterianos.

En Escocia, la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana adoptó los Patrones de Westminster después de ser aprobados, dejando de lado sus propios documentos de doctrina, liturgia y gobierno que databan de la época de John Knox. La justificación era el deseo de una mayor unidad entre los presbiterianos de las Islas Británicas. De Escocia, esos patrones fueron llevados a otras partes del mundo.

Dogma y creencias
El dogma central del puritanismo era la autoridad suprema de Dios sobre los asuntos humanos.

Además, los puritanos subrayaban que el individuo debía ser reformado por la gracia de Dios. Cada persona, a la que Dios mostraba misericordia, debía comprender su propia falta de valor y confiar en que el perdón que está en Cristo le había sido dado, por lo que, por gratitud, debía seguir una vida humilde y obediente.

Otros puntos de su doctrina incluyen:

Un énfasis en el estudio privado de la Biblia.
Un deseo de que todos alcancen educación e ilustración (especialmente para que todos puedan leer la Biblia por sí mismos).
El sacerdocio de todos los creyentes.
Simpleza en la adoración, la exclusión de vestimentas, imágenes, velas, etc.
La no celebración de festividades tradicionales que ellos consideraban estar en violación de los principios regulares de adoración.
Creencia en guardar como obligatorio un día de la semana como está ordenado en los Diez Mandamientos, en el caso de ellos el día de la Resurrección de Jesús, Domingo.
Algunos aprobaban la jerarquía de la Iglesia, pero otros buscaban reformar las iglesias episcopales al modelo presbiteriano. Algunos puritanos separatistas eran presbiterianos, pero la mayoría eran congregacionalistas.

Artículo tomado de: https://recursosespanol.com/historia/los-puritanos/

¿Por qué celebramos la Reforma el 31 de octubre | Josué Barrios

¿Por qué celebramos la Reforma el 31 de octubre

Josué Barrios

Audio: https://media.thegospelcoalition.org/audio/COALICION/PODCAST/ARTICULOS_TGC/A224-Por_que_celebramos_la_Reforma_el_31_de_octubre.mp3

Para saber por qué el 31 de octubre celebramos el día de la Reforma, necesitamos volver casi 500 años al pasado y conocer un poco la historia de Martín Lutero.

Lutero fue un monje atormentado por la santidad de Dios y su propio pecado. Él buscaba la reconciliación con Dios a través de sus esfuerzos personales. Vivía en la ciudad de Wittenberg en Alemania, donde recibió su doctorado en teología en 1512, y empezó a enseñar la Biblia como profesor, cargo que mantuvo hasta el día de su muerte.

En 1517, la vida de la pequeña ciudad de Wittenberg empezaría a cambiar. Aquel año, el Papa León X autorizó reducciones en el castigo por los pecados a las personas que diesen dinero para la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma. La forma en que se vendían y promocionaban estas reducciones, conocidas como indulgencias, resultó escandalosa para Lutero. «Tan pronto caiga la moneda a la cajuela, el alma del difunto al cielo vuela», exclamaba en público Juan Tetzel, el principal encargado de la venta de indulgencias.

95 tesis que hicieron historia

El 31 de octubre del año 1517, Lutero clavó 95 tesis al respecto en la puerta de la iglesia del castillo en Wittenberg. Todos los que fueron a la iglesia al día siguiente, el Día de los Santos según el calendario, vieron las tesis. Era normal clavar avisos en las puertas de la iglesia, pero aquel martillo cambiaría la historia.

Las tesis estaban en latín, la lengua de los estudiosos. Lutero quería un debate académico y no una revuelta pública. En sus tesis argumentó que el arrepentimiento requerido por Dios para el perdón de los pecados involucra una actitud interna en la persona, y no consistía solo en un acto exterior sacramental (como realizar un pago a la iglesia).

El monje agustino no actuó como un reformador en ese momento. No lo era. Más bien actuó como un católico que quería ver a su iglesia cada vez mejor. Pero, desde el punto de vista humano, los eventos salieron de control.

Algunas personas tomaron esas tesis y, gracias a la imprenta, en cuestión de días estaban siendo conversadas en toda Alemania. A gente muy poderosa no le gustó lo que Lutero enseñó (empezando por Juan Tetzel), y lo acusaron de hereje. Muchas otras personas estaban de acuerdo con las tesis. Así, Lutero se vio envuelto en diversos debates que, en la soberanía de Dios, lo presionaron a examinar conforme a la Biblia los cimientos del catolicismo romano.

Por ejemplo, Johann Eck, uno de los oponentes más formidables de Lutero, expresó en un debate en 1519 que el verdadero asunto de disputa era sobre autoridad: o el papa tiene la última palabra, o la tiene la Biblia. Lutero no había considerado eso con detenimiento hasta entonces. Así, Eck fue usado por Dios para conducir a Lutero a profundizar en lo que serían sus convicciones reformadas. El Señor tenía en mente una reforma, y usó hasta a los enemigos de ella para llevarla a cabo.

Redescubriendo la Palabra y el evangelio

La vida de Lutero fue transformada al conocer que la Palabra de Dios es la autoridad sobre todas las cosas

 

Estudiando la Palabra de Dios, la vida de Lutero fue transformada al conocer que ella es la autoridad sobre todas las cosas (no la tradición o el papa), y que el evangelio enseña que somos salvos totalmente por gracia, por la fe sola en Cristo Jesús, y no como enseñaba Roma. El evangelio revela el amor de Dios y nos libera de la carga insoportable de pretender ganarnos nuestras salvación. Así nos conduce a obedecer a Dios en libertad y gratitud.

Lutero se convirtió en un reformador que, por la gracia de Dios, transformó al mundo. Más y más hombres fueron transformados por la misma Palabra, y esto dio inició a la Reforma protestante. Aunque antes de él hubieron algunos hombres con convicciones similares, históricamente se recuerda el 31 de octubre del 1517 como el día que lo inició todo.

Este redescubrimiento del evangelio es considerado como el avivamiento en la Iglesia más importante en la historia luego de los días apostólicos de la Iglesia temprana. Este evento marcó el surgir del protestantismo y la separación de los protestantes de la iglesia falsa de Roma. Como ha dicho el historiador Carl Trueman: «La Reforma representa un movimiento de colocar a Dios, tal como Él se revela en Cristo, en el centro de la vida y pensamiento de la Iglesia». Este movimiento impactó al mundo, porque cuando la Iglesia se fortalece en la verdad, brilla con más intensidad y su influencia crece en la sociedad.

Recordando la Reforma

La mayoría de los cristianos no imaginan que sin la Reforma protestante, no solo el verdadero evangelio tal vez no hubiese llegado a nosotros, sino que incluso no habrían Biblias en nuestro idioma, y quizá hasta seríamos analfabetas. ¡Así de importante fue este mover de Dios!

Mientras hayan personas perdidas en sus pecados, y existan congregaciones afirmando un falso evangelio, no viviendo para la gloria de Dios y rechazando la autoridad de las Escrituras, todavía hay necesidad de proclamar el evangelio y defender la autoridad de la Palabra.

Hay mucho más para decir sobre la Reforma protestante. Lo cierto es que hoy es un día para recordarla, dar gracias al Señor por ella y preservar su Palabra para nosotros hoy, reflexionando sobre la necesidad que tenemos de ser más y más avivados por Él.


Algunos párrafos de este artículo están tomados de la biografía breve Martín Lutero: Confianza en el poder de la Palabra.

Este artículo fue originalmente publicado en JosueBarrios.com.

Josué Barrios sirve como Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Ha contribuido en varios libros y es el autor de Espiritual y conectado: Cómo usar y entender las redes sociales con sabiduría bíblica. También es el editor general del libro Líder de jóvenes: 12 marcas para impactar a las nuevas generaciones. Posee una licenciatura en periodismo y tiene una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Vive con su esposa Arianny y sus hijos en Córdoba, Argentina, y sirve en la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes leerlo en josuebarrios.com, donde su blog es leído por decenas de miles de lectores todos los meses. También puedes seguirlo en Youtube y unirte a su newsletter Sábados de sabiduría y descargar gratis su libro Enfocado en Cristo.

Fuente: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/celebramos-la-reforma-31-octubre/

LA INCOMPRENSIBILIDAD DE DIOS | R.C. Sproul

La naturaleza y los atributos de Dios

LA INCOMPRENSIBILIDAD DE DIOS

R.C. Sproul

Durante un seminario en los Estados Unidos, un estudiante le preguntó al teólogo suizo Karl Barth: “Dr. Barth, ¿cuál ha sido lo más profundo que usted ha aprendido en su estudio de la teología?” Barth pensó por un momento y luego contestó: “Cristo me ama, bien lo sé, en la Biblia dice así”. Los estudiantes se rieron de su respuesta tan simplista, pero su risa se tornó algo nerviosa cuando pronto advirtieron que Barth lo había dicho muy en serio.

Barth dio una respuesta sencilla a una pregunta muy profunda. Al hacerlo estaba llamando la atención a por lo menos dos nociones fundamentalmente importantes. (1) En la más sencilla de las verdades cristianas reside una profundidad que puede ocupar las mentes de las personas más brillantes durante toda su vida. (2) Que aun dentro de la sofisticación teológica más académica nunca nos podremos elevar más allá del entendimiento de un niño para comprender las profundidades misteriosas y las riquezas del carácter de Dios.

Juan Calvino utilizó otra analogía. Dijo que Dios nos habla como si estuviera balbuceando. De la misma manera que los padres les hablan a sus hijos recién nacidos imitando el balbuceo de los bebés, así Dios cuando desea comunicarse con los mortales debe condescenderse y hablarnos con balbuceos.

Ningún ser humano tiene la capacidad para entender a Dios exhaustivamente. Existe una barrera infranqueable que impide un entendimiento completo y exhaustivo de Dios. Somos seres finitos; Dios es un ser infinito. Y ahí radica el problema. ¿Cómo puede algo que es finito comprender a algo que es infinito? Los teólogos medioevales tenían una frase que se ha convertido en un axioma dominante en cualquier estudio de teología. “Lo finito no puede aprehender (o contener) a lo infinito.” No hay nada que resulte más obvio que esto, que un objeto infinito no puede ser introducido dentro de un espacio finito.

Este axioma contiene una de las doctrinas más importantes del cristianismo ortodoxo. Se trata de la doctrina de la incomprensibilidad de Dios. Este término puede no ser bien entendido. Puede sugerir que como lo finito no puede “aprehender” a lo infinito, entonces es imposible llegar a conocer nada sobre Dios. Si Dios está más allá del entendimiento humano, ¿no sugiere eso que toda discusión religiosa no es más que mero palabrerío teológico y que entonces, como mucho, solo nos queda un altar a un Dios desconocido?

Por supuesto que esto no es la intención. La incomprensibilidad de Dios no significa que no sabemos nada sobre Dios. En realidad significa que nuestro conocimiento será parcial y limitado, que nunca podremos alcanzar el conocimiento total y exhaustivo de Dios. El conocimiento que Dios nos da sobre sí mismo mediante la revelación es verdadero y útil. Podemos conocer a Dios en la medida que Él decida revelarse a sí mismo. Lo finito puede “aprehender” a lo infinito, pero lo finito no podrá nunca contener a lo infinito en sus manos. Siempre habrá algo más de Dios que lo que podamos aprehender.

La Biblia expresa esto mismo de esta manera: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre” (Deuteronomio 29:29). Martín Lutero hizo referencia a los dos aspectos de Dios —el secreto y el revelado. Una porción del conocimiento divino permanece oculta a nuestros ojos. Trabajamos a la luz de lo que Dios nos ha revelado.

Resumen

  1. Hasta las verdades cristianas más sencillas contienen un profundo significado.
  2. Independientemente de lo profundo que pueda ser nuestro conocimiento teológico, siempre habrá mucho sobre la naturaleza y el carácter de Dios que seguirá siendo un misterio para nosotros.
  3. Ningún ser humano puede tener un conocimiento exhaustivo sobre Dios.
  4. La doctrina de la incomprensibilidad de Dios no significa que no podemos llegar a conocer nada sobre Dios. Significa que nuestro conocimiento está restringido, limitado por nuestra humanidad.

Pasajes bíblicos para la reflexión
Job 38:1–41:34
Salmo 139:1–18
Isaías 55:8–9
Romanos 11:33–36
1 Corintios 2:6–16

Sproul, R. C. (1996). Las grandes doctrinas de la Biblia (pp. 33-35). Editorial Unilit.

El carácter de la iglesia | Erickson, M. J.

El carácter de la iglesia

Millard J. Erickson

No debemos limitar nuestro estudio del papel de la iglesia a una investigación sobre qué hace la iglesia, o sea, sus funciones. La actitud o disposición con la que la iglesia realiza sus funciones también es un asunto de extrema importancia. Como la iglesia es, en su continua existencia, el cuerpo de Cristo y lleva su nombre, debería estar caracterizada por los atributos que Cristo manifestó durante su encarnación física sobre la tierra. Dos de estos atributos son cruciales para que la iglesia funcione en este mundo que cambia de manera tan veloz en nuestros días: deseo de servir y adaptabilidad.

Deseo de servir
Jesús estableció que su propósito al venir no era el de ser servido, sino el de servir (Mt. 20:28). Al encarnarse tomó para sí la forma de un siervo (Fil. 2:7). “Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (v. 8). La iglesia debe mostrar la misma disposición a servir. Ha sido puesta en el mundo para servir a su Señor y al mundo, no para ser exaltada y para que se satisfagan sus propias necesidades y deseos. Aunque la iglesia puede alcanzar un gran tamaño, riqueza y prestigio, ese no es su propósito.
Jesús no se asoció con la gente por lo que pudieran hacer por él. Si lo hubiera hecho, nunca habría ido a casa de Zaqueo, ni habría entablado conversación con la mujer samaritana, tampoco habría permitido que la mujer pecadora le lavase los pies en la casa de Simón el fariseo. Estos serían actos que un moderno director de campaña o un relaciones públicas experto desaprobaría sin duda, porque no serían útiles para que Jesús ganase prestigio o una publicidad favorable. Pero a Jesús no le interesaba explotar a la gente. De la misma manera, la iglesia de hoy no determinará su actividad basándose en lo que la hará prosperar y crecer. Más bien, tratará de seguir el ejemplo de servicio del Señor. Estará dispuesta a ir a los indeseables y a los indefensos, esos que no harán nada a cambio por la iglesia. Un auténtico representante de la iglesia estará dispuesto a dar su vida, si es necesario, por su ministerio.
La voluntad de servir significa que la iglesia no tratará de dominar a la sociedad para sus propósitos. La cuestión de la relación de la iglesia y el estado ha tenido una historia larga y compleja. Las Escrituras nos cuentan que el estado, como la iglesia, es una institución creada por Dios con un propósito específico (Ro. 13:1–7; 1 P. 2:13–17). Se han ideado y puesto en práctica muchos modelos de relaciones iglesia-estado. Algunos de estos modelos implicaban una alianza tan íntima entre ambos que el poder del estado casi obligaba a pertenecer a la iglesia y a participar en ciertas prácticas religiosas. Pero en tales casos la iglesia estaba actuando como un amo y no como un siervo. Se estaba persiguiendo el objetivo correcto, pero de la manera equivocada (como hubiera sucedido si Jesús hubiera sucumbido a la tentación de arrodillarse y adorar a Satanás a cambio de todos los reinos del mundo). Esto no quiere decir que la iglesia no deba recibir los beneficios que el estado proporciona para todos dentro de su ámbito, ni que la iglesia no deba dirigirse al estado para temas en los que haya que aprobar algún tipo de legislación. Pero no tiene que tratar de utilizar la fuerza política para forzar la consecución de fines espirituales.

Adaptabilidad
La iglesia debe también ser versátil y flexible a la hora de ajustar su metodología y procedimientos en las situaciones cambiantes que se producen en el mundo en que se encuentra. Debe ir donde se encuentran las personas necesitadas, incluso si esto implica un cambio geográfico o cultural. No debe anclarse en las antiguas formas de trabajar. Como el mundo en el que está intentando ministrar cambia, la iglesia tendrá que adaptar su ministerio de forma acorde a ello, pero sin alterar su dirección básica.
Cuando la iglesia se adapta, está emulando al Señor, que no dudó en venir a la tierra a redimir a la humanidad. Al hacerlo, adoptó las condiciones de la raza humana (Fil. 2:5–8). De la misma manera, el cuerpo de Cristo conservará el mensaje básico que le ha sido confiado, y continuará cumpliendo las funciones principales de su tarea, pero realizará todos los cambios legítimos necesarios para llevar a cabo los propósitos de su Señor. La iglesia estereotípica – una congregación rural dirigida por un ministro y compuesta por un grupo de familias nucleares que se reúnen a las once de la mañana los domingos en un pequeño edificio blanco con campanario – todavía existe en algunos lugares. Pero es la excepción. Las circunstancias ahora son muy diferentes en la mayor parte del mundo. Sin embargo, si la iglesia tiene un sentido de misión como el de su Señor, encontrarán la manera de llegar a la gente estén donde estén.

Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática (J. Haley, Ed.; B. Fernández, Trad.; Segunda Edición, pp. 1072-1074). Editorial Clie.

Lo que Satanás puede y no puede hacer | Peter Masters

Lo que Satanás puede y no puede hacer

By Dr Peter Masters

Con el Calvario ante Él, el Señor pronunció estas notables palabras – “Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera”. Se refería a su inminente sufrimiento en la cruz del Calvario, que llevaría a cabo de inmediato para la salvación de su pueblo y el juicio de Satanás. Desde el momento del Calvario Satanás sería frenado en su poder, un enemigo derrotado, todavía capaz de obrar mucha maldad hasta el día final, pero severamente limitado.

Pero, ¿cómo fue exactamente expulsado Satanás por la muerte de Cristo? Sabemos que la muerte de Cristo salvó a un gran número de personas de la muerte eterna, y al hacerlo, salvó a la raza humana de extinguirse. Desde la Caída del hombre en el jardín del Edén ni una sola persona viviría una vida perfecta, ni nada que se le pareciera. Por lo tanto, toda la raza humana estaría condenada, dejando a Satanás triunfante y victorioso. Al tentar a Adán y Eva habría frustrado totalmente el propósito de Dios al crear la raza humana, y Dios parecía haber fracasado en su designio. Satanás podría alardear a través del tiempo como el asesino y conquistador de la raza humana, y, en cierto sentido, el conquistador de su Creador.

Pero Cristo vino como representante de Su pueblo, y de todas las maneras concebibles obedeció a Su Padre, incluso hasta la muerte de cruz. Y a través de esa obediencia perfecta que culminó en el Calvario, Su pueblo (y por lo tanto la raza  humana) fue salvado de la condenación. Por Su justicia y expiación, una raza humana constante fue comprada, para que una tierra glorificada pudiera ser atestada por personas rescatadas. La raza humana ya no sería un concepto fallido, y el diseño de Dios sería restaurado y redimido.

El aparente triunfo de Satanás fue aplastado, dejándolo susceptible de juicio y freno. Ya no podría alejar a la gente de la Verdad.

El freno del poder de Satanás después del Calvario se revela claramente en el Nuevo Testamento. El Salvador habló, por ejemplo, de cómo “por el dedo de Dios ” expulsó a los demonios, para señalar que el reino había llegado (Lucas 11.20). Este era un lenguaje de juicio, que se refería a una limitación del poder satánico que operaba desde ese momento.

Los propios demonios sabían que Cristo pondría fin a su libertad, y esto se ve en sus gritos angustiados cuando el Señor los expulsó. La posesión era común en tiempos de Cristo, pero Su ministerio marcó el fin de la libertad demoníaca para ocupar las almas humanas a voluntad. Somos conscientes de que hoy en día todavía hay algunos informes de posesión demoníaca al estilo del Nuevo Testamento, pero solo cuando las personas han invitado voluntariamente (y enérgicamente) a los demonios a sus vidas mediante una profunda participación en prácticas ocultas. (Ignoramos las afirmaciones no auténticas de posesión demoníaca hechas dentro del movimiento carismático). Satanás a través de sus demonios ya no puede entrar sin invitación en las almas humanas para poseerlas desde la obra de Cristo, siendo éste un aspecto de la “expulsión” de Satanás.

Otra de las limitaciones de Satanás es que no se le permite revelarse o mostrarse, viéndose obligado a trabajar totalmente en secreto y con sigilo. Es un enemigo despiadado de todas las almas humanas, pero la no aparición es una contención significativa de su poder. Aprendemos en 2 Tesalonicenses 2 que Satanás debe contentarse con una persona designada, el hombre de pecado, que aparecerá en su nombre al final de los tiempos, solo para ser inmediatamente destruido por el resplandor de la venida de Cristo.

Satanás es ahora un vagabundo espiritual, poderoso, sí, con una vasta hueste de ángeles caídos a sus órdenes, pero debe tentarnos desde “fuera”, y asegurarse de tener nuestra cooperación para todo lo que quiere que hagamos. Ciertamente es el príncipe de este mundo, pero un príncipe sin palacio ni derechos, un príncipe desposeído y condenado.

Esta limitación de Satanás también se menciona en el libro del Apocalipsis, capítulos 12 y 20, el último de los cuales nos dice que Satanás sería atado durante la era cristiana para que no pudiera engañar más a las naciones manteniéndolas en una oscuridad espiritual total. Todas las naciones serían penetradas por el Evangelio de Cristo.

Leemos en Efesios 4.8 que en el Calvario Cristo llevó cautiva la cautividad, atando a una multitud de cautivos: el diablo y sus demonios. En Colosenses 2.15 se nos dice que Cristo “despojó a los principados y a las potestades”, exhibiéndolos públicamente y triunfando sobre ellos. En otras palabras, les quitó poderes y los contuvo, términos usados para describir el freno o limitación del diablo y sus huestes. Sin embargo, repetimos que sigue siendo hasta el último día un enemigo peligroso y maligno de las almas, y por esta razón necesitamos saber todo lo que podamos sobre sus poderes y limitaciones.

Poderes de los ángeles

Sabemos mucho de Satanás por el hecho de que es un ángel, aunque caído. Como tal, fue creado sin cuerpo ni aspecto físico, pues los ángeles no tienen cuerpo, a menos que Dios los revista de una apariencia temporal para enviarlos como mensajeros o testigos al mundo, como en el caso de los ángeles que se sentaron en la tumba de Cristo. Es evidente que los ángeles tienen una apariencia en el Cielo, pero normalmente no son visibles a los ojos humanos en la Tierra.

Los ángeles son inmortales solo por el permiso y el poder sustentadores de Dios. Leemos en las Escrituras que tienen misteriosas diferencias de “rango”, por lo que hay ángeles superiores. Aunque son espíritus, actúan en dimensiones de tiempo y espacio, pues no son infinitos ni están fuera del tiempo, como Dios.

Es evidente que los ángeles tienen una inteligencia poderosa, y aunque llegará el día en que los creyentes, como personas glorificadas en el Cielo, serán mayores que los ángeles, mientras estemos en la Tierra no tenemos sus poderes mentales. Ellos ‘sobresalen en fuerza’, dice la Escritura, lo que los coloca por encima de las personas en la Tierra en capacidad.

Los ángeles tienen un gran conocimiento, pero éste tiene un límite. Así, por ejemplo, se nos dice en Efesios 3.10 que contemplan maravillados desde el Cielo la conversión y santificación de los hombres en la Tierra, maravillándose de cada caso y aprendiendo acerca de la “multiforme sabiduría de Dios”. La era del Evangelio ha sido una inmensa educación para los ángeles más elevados.

Esto demuestra también que los ángeles no pueden adivinar el futuro, aparte de conocer la Palabra de Dios, como también nosotros podemos conocerla. Cuando las profecías del Antiguo Testamento comenzaron a cumplirse con la venida de Cristo, observaron con asombro estos acontecimientos, cosas que “anhelan mirar los algeles” (1 Pedro 1.12). En esto no se parecen a Dios, cuyo conocimiento es infinito, y que conoce continuamente todas las cosas que suceden a lo largo de la historia eterna.

Está claro que los ángeles tienen poder para comunicarse entre sí. No pueden crear nada ni matar a nadie a voluntad, aunque a veces pueden ser designados por Dios como Sus agentes para poner fin a la vida. Incluso Satanás se muestra buscando el permiso expreso de Dios para infligir enfermedades y quitar la vida en el libro de Job. Los ángeles no pueden hacer estas cosas por sí mismos. Los ángeles no pueden cambiar las sustancias terrenales, alterando un elemento en otro, ni pueden alterar o anular las leyes de la naturaleza, excepto bajo la dirección de Dios. Están sujetos a estas limitaciones. De esto se deduce que los ángeles no pueden hacer milagros a menos que Dios les dé poder para ello.

Como ángeles caídos, Satanás y sus huestes demoníacas comparten todas estas limitaciones. Y aquí hay otra limitación, común tanto a los ángeles buenos como a los malos, y que es de gran importancia para nosotros en nuestra batalla contra el diablo. Los ángeles no pueden escudriñar nuestros corazones ni leer nuestros pensamientos. No pueden entrar en lo más recóndito de nuestros pensamientos. Un viejo adagio cristiano dice: “Los demonios pueden hablar al alma, pero no escudriñar el corazón”. Más adelante hablaremos de la incapacidad de Satanás para leer los pensamientos.

Todas estas limitaciones quedan claras en la Biblia, que atribuye solo a Dios inteligencia y conocimientos infinitos, poder para crear y poner fin a la vida, obrar milagros y escudriñar los corazones. Estas cosas son exclusivas de Él. De hecho, el diablo y sus demonios son más limitados que los ángeles buenos, porque Dios nunca nombraría o delegaría en ellos su propio poder de hacer maravillas. Se nos enseña en 2 Tesalonicenses 2.9, que cuando el hombre de pecado sea revelado, quien operará bajo el gobierno de Satanás, sus milagros y maravillas serán ‘maravillas mentirosas’, o engaños, falsedad. Satanás y sus demonios no pueden realizar verdaderos milagros.

Satanás, no hace falta decirlo, es totalmente malvado. Se le describe como un espíritu inmundo y el jefe de la vasta hueste de espíritus inmundos y caídos. Sin embargo, después de el Calvario, no puede determinar irresistiblemente las acciones de los seres humanos, anulando su libertad y responsabilidad, a menos que se hayan sometido totalmente a él y hayan cooperado con él en oposición a Dios, de modo que estén “cautivos a la voluntad de El” (2 Timoteo 2.26). E incluso tales personas no están más allá de la redención.

Satanás no puede obligarnos a hacer nada. No puede dictarnos de tal manera que estemos obligados a cumplir sus órdenes, sino que debe obrar mediante el engaño y la persuasión. Por lo tanto, es erróneo decir: “Satanás me obligó a hacerlo”. Puede instarnos, sugerirnos cosas, presionarnos y mentirnos sobre el resultado, pero no puede obligarnos a hacer nada. Nunca debemos atribuir a Satanás poderes que pertenecen exclusivamente a Dios Todopoderoso; y aunque debemos ser muy conscientes de su poder, nunca debemos temerle como si fuera invencible.

Los propósitos de Satanás

En el Nuevo Testamento, Satanás recibe varios nombres que arrojan luz sobre su forma de actuar y sus objetivos. Satanás significa adversario, y también se le llama acusador de los hermanos, enemigo de las almas de los hombres y diablo, que significa calumniador. Se le llama Abadón y Apolión, nombres que significan destructor de almas, y se le describe como dragón, indicando su gran ferocidad, y también como serpiente, expresando su astucia y sutileza.

Se le denomina padre de la mentira, indicando el método que siempre ha empleado, y también asesino de almas, príncipe de los demonios y príncipe de este mundo que guía las mentes de los incrédulos abiertas al ateísmo y dispuestas a mostrar hostilidad a Dios. Se le llama el tentador, y un ángel de luz que hace que el mal parezca bueno, y sugiere la justificación de acciones egoístas, codiciosas y otras acciones equivocadas.

Satanás fue expulsado del Cielo por desafiar a Dios, y le odia con todo su ser, oponiéndose y frustrando Sus planes si puede, y alejando a las almas de Él. Satanás es intensamente celoso de los seres humanos y también los odia. Actúa para tentar a pecar tanto a los perdidos como a los salvos, esforzándose especialmente por llevar al pueblo de Dios al error y al fracaso. Si Satanás puede entrar en las iglesias, insertando falsas enseñanzas y hundiendo a los creyentes en el pecado, ¡cómo triunfa! Por lo tanto, busca constantemente desacreditar a la iglesia y al Evangelio a los ojos del mundo, y también frustrar y obstaculizar la obra del Evangelio tentando a los creyentes a la mundanalidad, la pereza y la indiferencia ante la difícil situación de las almas perdidas.

Satanás está siempre trabajando para erosionar la fe de los creyentes y echar a perder su seguridad, paz y alegría. Lo hace mediante un proceso de desgaste, haciendo que los creyentes cedan poco a poco a las dudas y tentaciones, hasta que ha obtenido la victoria sobre ellos. También inspira a los falsos profetas y a los obreros del mal, poniendo en sus mentes ideas que no son bíblicas, y triunfando allí donde no justifican todas las cosas por la Palabra.

Él controla a las personas que se oponen al Evangelio, cegando sus mentes y, a través de ellas, moldeando la sociedad. Cuando vemos el mundo de hoy, gobernado por un humanismo secular agresivo y vengativo, con la inmoralidad legalizada y fomentada, y leyes aprobadas para castigar a los que se oponen a estas cosas, vemos la mano orquestadora de Satanás. ¡Cuán similar es el “guion” que justifica estas cosas en todas partes del mundo! Satanás es “el príncipe de la potestad del aire”.

Contra los cristianos utiliza estrategias y trampas astutas, llamadas “asechanzas del diablo” y “lazo del diablo”. Esto último significa que sorprenderá a los creyentes con tentaciones repentinas, si es capaz de hacerlo.

Hay tres fuentes de tentación, pues el diablo no es el único tentador. Según la Escritura, el mundo nos atrae con hábitos, prácticas y galas pecaminosas. Luego nos tienta nuestro propio corazón: nuestros apetitos y deseos pecaminosos siempre deseosos de hacer o poseer cosas. Y luego nos tienta el diablo, que también aprovecha y amplifica las dos primeras formas de tentación.

Las limitaciones de Satanás

¿Cómo vencer al diablo? Dice Santiago: “Someteos, pues, a Dios. Resistid al diablo, y huirá de vosotros “. Es asombroso que este ser poderoso y maligno huya de los creyentes débiles. Es poderoso e invisible para nosotros; nos tentará y sugerirá cosas malas constantemente, y está armado con una astucia inimaginable. Sin embargo, si sabemos cómo resistirle, huirá de nosotros. Antes de esbozar el modo de resistirle, podemos animarnos comparando sus poderes con sus limitaciones.

Satanás puede acusarnos, pero no condenarnos. A veces nos recordará nuestros pecados, y nos hará caer muy bajo para que casi perdamos nuestra seguridad, pero entonces corremos a Dios confiando solo en la gracia, y Él nos fortalece. Satanás ciertamente puede acusar, pero no puede condenar al que está en Cristo, porque él no tiene poder ni voz en cómo el Señor ve a Su pueblo.

Puede tentarnos a pecar, como hemos dicho, pero no puede hacernos pecar. Puede incitarnos y presionarnos, pero nunca obligarnos. Puede quitarnos el gozo y la paz dándonos pensamientos perturbadores, pero no puede quitarnos la salvación, ni poseernos jamás. Los maestros carismáticos dicen que el diablo puede poseer, u oprimir a un creyente, pero ambos vervos en su uso significan virtualmente la misma cosa, y ambos son equivocados. Satanás puede molestarnos, pero nunca poseernos, porque el principio de 2 Corintios 6.15 y otras escrituras nos enseñan que Cristo y Satanás no pueden coexistir en un alma.

Satanás puede hacerse pasar por un ángel de luz, y citar las Escrituras en nuestro oído, como intentó hacer incluso con el Señor en Su tentación. Pero no puede resistir que sustituyamos el pensamiento citando una promesa de las Escrituras.

Puede oírnos y vernos, pero no leer nuestros pensamientos. Por su profundo conocimiento de la naturaleza y el comportamiento humanos, y por observarnos de cerca, es capaz de discernir o adivinar muchas de nuestras reacciones ante la tentación, y de interactuar aparentemente con nosotros, pero no puede ver nuestros corazones. Si le hablamos (y no deberíamos hacerlo), ya sea de palabra o de pensamiento, nos “oirá”, y algunos de nuestros pensamientos pueden ser muy “fuertes” y obvios para él, como el odio a alguien, y un gran orgullo, pero de la manera ordinaria no puede leer nuestras mentes. Si el temperamento de una persona está subiendo, o si está mirando las cosas con lujuria, el diablo es muy astuto, y leerá las señales y sabrá lo que está pasando. Pero nunca pienses que puede entrar en la mente y leer nuestros pensamientos desde dentro. Muchos cristianos profundamente introspectivos y de mente seria han sido dolorosamente atormentados por la idea de que el diablo tiene un telescopio justo en sus pensamientos. 

Puede introducir pensamientos en nuestra cabeza desde el exterior, pero no puede hacer que se queden, a menos que se lo permitamos albergando esos pensamientos. Satanás puede provocar rupturas entre esposos y esposas y entre amigos, y no estamos pensando aquí en faltas graves como el adulterio, sino en asuntos cotidianos.

Él puede disparar en la mente pensamientos hostiles, y por esto romper temporalmente las relaciones, pero no puede hacer nada para impedir la reconciliación piadosa en respuesta a la oración. Puede llevarnos a la cuneta si se lo permitimos, pero solo si se lo permitimos, porque no puede obligarnos a una caída desastrosa.

Satanás nos vigila, por medio de su hueste de demonios asignados para seguirnos y notar cada omisión del deber espiritual, cada oración descuidada, cada lectura perdida de la Palabra de Dios, cada ignorar un sermón, cada demora en llevar a cabo una buena obra, y cada acto de mundanalidad o de conducta no comprometida. Bajo escrutinio estarán las cosas que miramos y en las que nos ocupamos, y por estas cosas el tentador determinará nuestra vulnerabilidad a la tentación, y planificará el próximo asalto contra nosotros.

Cada día Satanás, por medio de sus demonios, obstaculizará nuestro trabajo espiritual poniendo distracciones en nuestro camino. Cuando comenzamos a orar, nuestra atención puede ser atraída por cualquier número de asuntos, interesantes, preocupantes o seductores, para desviarnos del trono de la gracia. Pero, una vez más, no puede tener éxito a menos que se lo permitamos.

Resistir al diablo

“Resistid al diablo, y huirá de vosotros”, dice Santiago. Cuando el diablo obstaculiza nuestras oraciones, o inunda nuestras mentes con beneficios mundanos, o con ideas deprimentes, o con pensamientos negativos sobre otras personas o nuestra iglesia, entonces debemos resistirle activamente. El negativismo crítico debe ser siempre rechazado enérgicamente. Cuando él llena nuestros pensamientos con ensoñaciones de deseo, o con un amor por la facilidad, estas escenas de autoindulgencia deben ser resistidas y expulsadas. Debemos cambiar nuestro pensamiento, pidiendo ayuda a Dios.

Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que el diablo huirá? ¿Es débil? Al contrario, es muy poderoso. ¿Es cobarde? Claro que no; no nos tiene miedo. ¿Es que yo soy fuerte y puedo vencerle? No, desde luego que no. Entonces, ¿por qué huirá si me resisto a él? ¿Es porque no tiene resistencia y solo puede molestarme durante unos minutos? No, él y sus hordas tienen tenacidad para resistir hasta el último día.

Huirá de nosotros porque si nos sometemos a Dios, y oramos pidiendo ayuda, y realmente deseamos hacer lo correcto, entonces Cristo lo alejará. Si Dios está por nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? Basta una mirada del poderoso Salvador del mundo, y Satanás se acobardará y se irá. Si dependemos de Cristo, Él lo alejará. Para los creyentes probados y azotados por la tormenta, las palabras de Isaac Watts describen perfectamente el acto decisivo de Cristo al rechazar al maligno:

Pero el infierno volará ante Tu reprensión,
Y Satanás esconderá la cabeza;
Conoce los terrores de Tu mirada,
Y oye Tu voz con pavor.

Es el Salvador Quien lo derrotó en el Calvario, y Quien lo ha sometido a juicio, remitido al día final. Por medio de Cristo, que ha expulsado al príncipe de este mundo, podemos resistir la tentación, estar a salvo y ver cómo Satanás huye de nosotros. Es poderoso, odioso y astuto, pero también está atado, limitado y sometido a Cristo, ya sea ahora o cuando regrese el Salvador.

De nuevo, las palabras de Watts son perfectas para animarnos en los mares de la tentación:

Aunque todas las huestes de la muerte,
Y poderes del infierno desconocidos,
Pongan sus más espantosas formas
De furor y malicia,
Estaré a salvo; pues Cristo despliega
Superior poder y gracia guardiana.

El “nuevo calvinismo”: La fusión del calvinismo con la mundanalidad | Peter Masters

El “nuevo calvinismo”: La fusión del calvinismo con la mundanalidad
By Dr Peter Masters

Una nueva forma de calvinismo tomó forma de movimiento a partir del 2005 aproximadamente, pero se diferenciaba del original en su aceptación del “mundo”. Esta crítica escrita en el 2009 fue duramente atacada por los nuevos predicadores calvinistas pero fuertemente respaldada por los predicadores conservadores de todo el mundo.

Cuando era joven y recién convertido, parecía como si el principal objetivo de todos los cristianos comprometidos, ya fueran calvinistas o arminianos, fuera la consagración. Sermones, libros y conferencias enfatizaban esto en el espíritu de Romanos 12.1-2, donde el apóstol suplicante llama a los creyentes a presentar sus cuerpos en sacrificio vivo, y a no conformarse a este mundo. El corazón se sentía interpelado y conmovido. Cristo debía ser el Señor de la propia vida, y el “yo” debía entregarse en el altar de su servicio.

Pero ahora, al parecer, hay un nuevo calvinismo, con nuevos calvinistas, que ha barrido los viejos objetivos. El reciente libro Young, Restless, Reformed, (Joven, inquieto, reformado) de Collin Hansen cuenta la historia de cómo un llamado resurgimiento calvinista ha capturado la imaginación de miles de jóvenes en los EE.UU., y este libro ha sido reseñado con gran entusiasmo en conocidas revistas del Reino Unido, como Banner of Truth, Evangelical Times y Reformation Today.

Este escritor, sin embargo, se entristeció profundamente al leerlo, porque describe el Nuevo Calvinismo como un calvinismo gravemente distorsionado que se queda muy, muy lejos de una auténtica vida de obediencia a un Dios soberano. Si este tipo de calvinismo prospera, entonces la genuina piedad bíblica estará bajo ataque como nunca antes.

El autor del libro es un joven (tenía unos 26 años cuando lo escribió) que creció en una familia cristiana y se formó en periodismo secular. Estamos en deuda con él por el estudio ameno y de gran alcance que ofrece de este nuevo fenómeno, pero el escenario ciertamente no es feliz.

El autor comienza describiendo la conferencia “Pasión”, celebrada en Atlanta en 2007, en la que 21.000 jóvenes se deleitaron con música contemporánea y escucharon a oradores como John Piper proclamando sentimientos calvinistas. Y esta imagen se repite muchas veces a lo largo del libro: se describen grandes conferencias en las que el sincretismo de la música mundana, agitadora de sensaciones, de altos decibelios y rítmica, se mezcla con la doctrina calvinista. Esto da una imagen clara de lo que es el Nuevo Calvinismo.

Se nos habla de música atronadora, de miles de manos levantadas, de letras de hip-hop y rap “cristianos” (los ejemplos parecen inútiles y torpes en su construcción) que unen las doctrinas de la gracia con las formas musicales inmorales inducidas por las drogas de la cultura mundana.

Collin Hansen sostiene que el calvinismo estadounidense se derrumbó a finales del siglo XIX y que sólo lo mantuvieron un puñado de personas hasta este gran avivamiento juvenil, pero su trasfondo histórico es, francamente, absurdo. Como alguien que visitaba regularmente los seminarios estadounidenses para dar conferencias desde principios de los años setenta, me encontré constantemente con muchos predicadores y estudiantes que amaban las doctrinas de la gracia, predicando también en iglesias de sólida persuasión calvinista. Pero una prueba más fehaciente de la amplia presencia del calvinismo es el hecho de que grandes editoriales enviaran una gran cantidad de literatura reformada después de la guerra y durante la década de 1980. La poderosa Eerdmans (Casa distribuidora de literatura estadounidense) fue sólidamente reformada en el pasado, por no mencionar Baker Book House, Kregel y otras. ¿A dónde fueron a parar todos esos libros, miles y miles de ellos, incluyendo las frecuentes reimpresiones de los comentarios de Calvino y otras muchas obras clásicas?

En los años setenta y ochenta también hubo editoriales calvinistas más pequeñas en EE.UU., y en esa época comenzó el fenómeno de las librerías cristianas de descuento calvinistas, con abultadas listas de catálogos y un considerable número de seguidores. La afirmación de que el calvinismo prácticamente desapareció es totalmente errónea.

De hecho, un calvinismo de mucha mejor calidad todavía florece en muchas iglesias, donde se ganan almas y se santifican vidas, y donde la verdad y la práctica están ambas bajo la regla de las Escrituras. Tales iglesias no simpatizan en absoluto con la variedad de adoración mundana del reportero Collin Hansen, que busca construir iglesias usando exactamente los mismos métodos de entretenimiento que la mayoría de los carismáticos y el movimiento arminiano Calvary Chapel Association (Asociación capillas del calvario)

Los nuevos calvinistas ensalzan constantemente a los puritanos, pero no quieren rendir culto ni vivir como ellos. Una de las “muy mencionadas” nuevas conferencias se llama Resolved, por las famosas Resoluciones juveniles de Jonathan Edwards (setenta decisiones de búsqueda). Pero la cultura de esta conferencia habría recibido sin duda la condena rotunda de ese gran teólogo.

La cultura mundana proporciona los sentimientos corporales y emocionales, en el que se infunden pensamientos cristianos…
Resolved es una idea original de un miembro del equipo pastoral del Dr. John MacArthur, que reúne a miles de jóvenes cada año y presenta la habitual mezcla de calvinismo y adoración extrema de estilo carismático. Se anima a los jóvenes a sentir el mismo impacto nervioso y sensacional de la música rítmica a todo volumen en el cuerpo que experimentarían en un gran concierto de pop mundano, con iluminación y ambiente reproducidos. Al mismo tiempo, reflexionan sobre la predestinación y la elección. La cultura mundana proporciona los sentimientos corporales y emocionales en los que se infunden y flotan los pensamientos cristianos. Los sentimientos bíblicos se aprovechan para el entretenimiento carnal. (Las imágenes de esta conferencia en su página web delatan el ambiente totalmente mundano y de espectáculo creado por los organizadores).

En tiempos de desobediencia los judíos de antaño sincretizaban yendo al templo o a la sinagoga el sábado, y a los templos de los ídolos en días laborables, pero el nuevo calvinismo ha encontrado la manera de unir cosas espiritualmente incompatibles al mismo tiempo, en la misma reunión.

C J Mahaney es un predicador muy aplaudido en este libro. Carismático en creencia y práctica, parece ser totalmente aceptado por los otros grandes nombres que figuran en las conferencias de los “nuevos calvinistas”, como John Piper, John MacArthur, Mark Dever y Al Mohler. C. J. Mahaney, un hombre muy agradable y simpático, es el fundador de un grupo de iglesias que combinan el calvinismo con ideas carismáticas, y tiene fama de haber influido en muchos calvinistas para que abandonen las ideas cesacionistas.

Fue un protegido de este predicador llamado Joshua Harris quien inició la conferencia New Attitude (nueva actitud) para jóvenes. Nos enteramos de que cuando un rapero secular llamado Curtis Allen se convirtió, su recién nacido instinto cristiano le llevó a renunciar a su vida pasada y a su estilo de cantar. Pero el pastor Joshua Harris evidentemente le convenció de que no lo hiciera, para que pudiera cantar para el Señor. El movimiento del Nuevo Calvinismo o Los Nuevos Calvinistas no dudan en anular la conciencia cristiana instintiva, aconsejando a la gente que se haga amiga del mundo.

Una de las mega-iglesias admiradas en el libro es la Mars Hill Church de Seattle, con seis mil fieles, fundada y pastoreada por Mark Driscoll, que mezcla las ideas de la iglesia emergente (que los cristianos deben utilizar la cultura mundana) con la teología calvinista [véase la nota final 1].

Este predicador también es muy admirado por algunos hombres reformados del Reino Unido, pero su iglesia ha sido descrita (por un simpatizante) como la que tiene la música más estridente de todas, y ha sido reprendido por otros predicadores por el uso de un lenguaje muy “atrevido” y un humor gravemente impropio (incluso en televisión). Se le ve en vídeos predicando con una camiseta de Jesús, simbolizando el nuevo compromiso con la cultura, al tiempo que propugna la enseñanza calvinista. Demasiado para abrazar la doctrina puritana despojada del estilo de vida y culto puritanos.

La mayoría de los conocidos predicadores que promueven y alientan este “renacimiento” del calvinismo (o nuevo calvinismo) tienen en común las siguientes posturas que contradicen una genuina perspectiva calvinista (o puritana):

  1. No tienen ningún problema con el culto carismático-ético contemporáneo, incluidas las formas extremas de heavy metal.
  2. Son blandos en la separación de la mundanalidad [véase la nota final 2].
  3. Rechazan la preocupación por la guía personal de Dios en las grandes decisiones de los cristianos (verdadera soberanía), asestando así un golpe mortal a la consagración de todo corazón.
  4. Sostienen puntos de vista contrarios al cuarto mandamiento, teniendo una visión baja del Día del Señor, y así infligiendo otro golpe a un estilo de vida consagrado.

Cualesquiera que sean sus puntos fuertes y sus logros (y algunos de ellos son hombres brillantes según cualquier criterio humano), o cualquiera que sea su calvinismo teórico, la pobre postura de estos predicadores en estas cuestiones cruciales sólo fomentará una versión fatalmente defectuosa del calvinismo que llevará a la gente a estar cada vez más casada con el mundo, y a un estilo de vida egoísta. Verdaderamente proclamada, la soberanía de Dios debe incluir consagración, reverencia, obediencia sincera a su voluntad y separación del mundo, y el Nuevo Calvinismo tiene muy poco de eso.

No se puede tener una soteriología puritana sin una santificación puritana. No se debe atraer a la gente a la predicación calvinista (ni a ninguna otra) utilizando cebos mundanos. Esperamos que los jóvenes de este movimiento comprendan las implicaciones de las doctrinas mejor que sus maestros, y se alejen de los compromisos. Pero hay un desastre inminente en la promoción de esta nueva forma de calvinismo (también conocido como El Nuevo Calvinismo).

¿Por qué algunos cristianos británicos que sostienen las doctrinas de la gracia dan críticas entusiastas a un libro como éste? Ha habido ocasiones en el pasado en las que un gran número de jóvenes se han entusiasmado intelectualmente por una doctrina cristiana sólida, para abandonarla casi con la misma rapidez. Uno piensa en la tremenda respuesta que la singular oratoria de Francis Schaeffer obtuvo en los campus universitarios en la década de 1960, y sin duda algunos jóvenes fueron verdaderamente salvados y establecidos, pero muchísimos más se apartaron. Atrapados por la superioridad de una cosmovisión bíblica, despreciaron momentáneamente las ideas ilógicas y flácidas de este mundo, pero la impresión en numerosos casos fue más natural que espiritual. El nuevo y embriagador calvinismo actual, despojado de la obediencia práctica, resultará sin duda efímero, dejando la causa comprometida y cicatrizada.

¿Ha llegado ya el Nuevo Calvinismo a Gran Bretaña? Por desgracia, sí; basta con echar un vistazo a los “blogs” de algunos pastores reformados más jóvenes que se presentan como mentores y consejeros de otros. Cuando uno echa un vistazo a sus ‘películas favoritas’, y a su ‘música favorita’, los encuentra nombrando sin pudor a los principales grupos, pistas y entretenimientos de la cultura degradada, y está claro que el mundo sigue en sus corazones. Hace años, estos hermanos no habrían sido bautizados hasta que estuvieran limpios del mundo, pero ahora se puede ir al seminario, sin hacer preguntas, y asumir un pastorado, con ídolos no combatidos y no rendidos en la sala del trono de su vida. ¿Qué esperanza hay para las iglesias que tienen pastores cuyas lealtades están tan divididas y distorsionadas?

El calvinismo bíblico y evangélico moldea la conducta, y especialmente el culto, es un sistema muy humilde y hermoso de la Verdad
Aparte de los pastores, conocemos a algunos “nuevos” jóvenes calvinistas que nunca se asentarán en una iglesia dedicada y trabajadora, porque sus puntos de vista sólo viven en sus cabezas y no en sus corazones. Sabemos de algunos cuyas vidas no son limpias. Sabemos de otros que van a discotecas. Cuanto mayores son sus proezas doctrinales, mayor es su hipocresía.

Son palabras duras, pero me llevan a decir que donde el calvinismo bíblico y evangélico modela la conducta, y especialmente el culto, es un sistema de Verdad muy humilde y hermoso, pero donde se limita a la cabeza, infla el orgullo y la autodeterminación.

El nuevo calvinismo no es un resurgimiento, sino una fórmula totalmente novedosa que despoja a la doctrina de su práctica histórica y la une al mundo.

¿Por qué los principales predicadores de este movimiento se han comprometido tan fácilmente? No han sido amenazados por un régimen soviético. Nadie les ha puesto una pistola en la cabeza. Esta es una capitulación vergonzosa, y debemos orar fervientemente para que lo que han alentado no se apodere del calvinismo y arruine a una generación de jóvenes cristianos alcanzables.

Un último triste espectáculo relatado con entusiasmo en el libro es la conferencia Coalición por el Evangelio, que se celebra desde 2006. Un asunto más adulto convocado por respetados calvinistas, que sin embargo reúne a cesacionistas y no cesacionistas, exponentes del culto tradicional y contemporáneo, y que, al tiempo que mantiene una predicación sólida, condiciona a todos los asistentes a relajarse en estos asuntos controvertidos, y a aprender a aceptar todos los puntos de vista. En otras palabras, se mata el ministerio de advertencia, para que todos los errores de la nueva escena puedan avanzar sin control. Son días trágicos para la auténtica fidelidad espiritual, el culto y la piedad.

El verdadero calvinismo y la mundanalidad son opuestos. Es necesaria la preparación del corazón si queremos escudriñar las maravillas y sondear las profundidades de la gracia soberana. La encontramos en la llamada desafiante y convincente de Josué:

Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.

Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

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Notas finales

1 Sin embargo, su resolución de la cuestión de la soberanía divina frente al libre albedrío humano se acerca mucho más al punto de vista arminiano.

2 Un libro reciente titulado Worldliness: Resisting the Seduction of a Fallen World (Mundanalidad: Resistiendo a la seducción de un mundo caído) de C J Mahaney y otros, infraequipa sin remedio a los jóvenes creyentes para separarse del mundo, especialmente en el ámbito de la música, donde, aparentemente, el Señor ama todos los géneros, y la aceptabilidad se reduce a dos cuestiones engañosas y subjetivas.

Para una consideración más detallada del culto, véase el libro del autor (Peter Masters) “Adoración en Crisis”; Véase también “Los nuevos Calvinistas” del Dr. E.S. Williams. Ambos se pueden adquirir en la Librería del Tabernáculo. Los cuatro primeros capítulos de Adoración en Crisis se muestran como artículos en este sitio.

Soy Reformado | Augustus Nicodemus

Soy Reformado

Augustus Nicodemus

Me considero reformado, pero eso sólo significa que tengo la Reforma Protestante del siglo XVI como mi marco histórico de fe. Para mí, ser llamado «reformado» significa identificarse con las doctrinas y prácticas adoptadas por los reformadores. Sin embargo, entiendo que la Reforma fue esencialmente un regreso a las fuentes, en este caso, un regreso a las Escrituras.
Antes de verme como reformado, me veo como cristiano. Los reformadores fueron instrumentos de Dios en un momento específico y crítico de la historia de la iglesia para mantenerla en el camino de la verdad. No los idolatro, pero reconozco humildemente que fueron personas extraordinariamente utilizadas por Dios, y sus escritos nos ayudan a comprender mejor el mensaje de la Biblia.
Me gusta pensar en la fe reformada como la mejor expresión de ese conjunto de doctrinas reveladas en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, no considero que la fe reformada sea la única fe legítima y aceptable. Conozco a muchos queridos hermanos que no son reformados, pero son creyentes dedicados y comprometidos con el Señor Jesucristo.
Busco la verdadera comunión con quienes profesan los puntos centrales de la fe cristiana, aunque no sean necesariamente partidarios de los puntos centrales de la Reforma protestante, como los 5 puntos del calvinismo, por ejemplo.

Comprender la Reforma Protestante es fundamental, porque nos permite profundizar en la historia cristiana, y fortalecer nuestra propia fe a la vez. Profundizar nuestra comprensión de las raíces de nuestra fe nos inspira a comprometernos más profundamente con el Evangelio.
Además, la Reforma sirve como un recordatorio constante de la importancia de valorar y defender la libertad religiosa. Muchos reformadores enfrentaron persecución por sus creencias, dejando un poderoso testimonio sobre la necesidad de proteger la libertad de practicar nuestra fe.