Una causa de la decadencia de la fe cristiana en nuestro tiempo

¡Oh! Si pudiéramos poner a un lado las demás contiendas y que en el futuro la única preocupación y contienda de todos aquellos sobre los cuales se invoca el nombre de nuestro bendito
Redentor, sea caminar humildemente con su Dios y perfeccionar la santidad en el temor del
Señor, ejercitando todo amor y mansedumbre los unos hacia los otros, esforzándose cada uno
por dirigir su conducta tal como se presenta en el evangelio y, de una forma adecuada a su
lugar y capacidad; fomentar enérgicamente en los demás la práctica de la religión verdadera y
sin mácula delante de nuestro Dios y Padre. Y que en esta época de decadencia no gastemos
nuestras energías en quejas improductivas con respecto a las maldades de otros, sino que cada
uno pueda empezar en su hogar a reformar, en primer lugar, su propio corazón y sus costumbres; que después de esto, agilice todo aquello en lo que pueda tener influencia, con el mismo
fin; que si la voluntad de Dios así lo quisiera, nadie pudiera engañarse a sí mismo descansando
y confiando en una forma de piedad sin el poder de la misma y sin la experiencia interna de la
eficacia de aquellas verdades que profesa.
Ciertamente existe un origen y una causa para la decadencia de la religión en nuestro tiempo, algo que no podemos pasar por alto y que nos insta con empeño a una corrección. Se trata
del descuido de la adoración a Dios en las familias por parte de aquellos a quienes se ha puesto
a cargo de ellas encomendándoles que las dirijan. ¿No se acusará, y con razón, a los padres y
cabezas de familia por la burda ignorancia y la inestabilidad de muchos, así como por la falta
de respeto de otros, por no haberlos formado en cuanto a la forma de comportarse, desde que
tenían edad para ello? Han descuidado los mandamientos frecuentes y solemnes que el Señor
impuso sobre ellos para que catequizaran e instruyeran a los suyos y que su más tierna infancia
estuviera sazonada con el conocimiento de la verdad de Dios, tal como lo revelan las Escrituras.
Asimismo, su propia omisión de la oración y otros deberes de la religión en sus familias, junto
con el mal ejemplo de su conversación disoluta, los ha endurecido llevándolos en primer lugar
a la dejadez y, después, al desdén de toda piedad.
Sabemos que esto no excusará la ceguera ni la impiedad de nadie, pero con toda seguridad caerá con dureza sobre aquellos que han sido, por su propio proceder, la ocasión de tropiezo. De hecho, estos mueren en sus pecados, ¿pero no se les reclamará su sangre a aquellos bajo cuyo cuidado estaban y que han permitido que partiesen sin advertencia alguna? ¡Los han llevado a las sendas de perdición! ¿No saben que la diligencia de los cristianos en el desempeño de estos deberes, en los años pasados, se levantará en juicio y condenará a muchos de aquellos que estén careciendo de ella en la actualidad?

Concluiremos con nuestra ferviente oración pidiéndole al Dios de toda gracia que derrame
esas medidas necesarias de su Espíritu Santo sobre nosotros para que la profesión de la verdad
pueda ir acompañada por la sana creencia y la práctica diligente de la misma y que su Nombre
pueda ser glorificado en todas las cosas por medio de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Tomado del prefacio de La Segunda Confesión Bautista de Londres de 1689; reeditada por Chapel
Library y disponible allí.

Una teología de la familia

Editado por Jeff Pollard & Scott T. Brown

SANTIDAD Y JUSTICIA | R.C.Sproul 3/6

Ministerios Ligonier

Serie: La Santidad de Dios

3-SANTIDAD Y JUSTICIA

R.C.Sproul

La santidad es la característica de la naturaleza de Dios que está en el corazón mismo de Su ser.

Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. En este primer estudio veremos la importancia que Dios pone en Su santidad.

Guía de estudio y transcripción disponibles: https://es.ligonier.org/videos/la-san…

Visita https://renovandotumente.org para escuchar Renovando Tu Mente y descargar la guía de estudio de la serie en curso, gratuitamente. Si deseas escucharnos en tu estación de radio local, motívalos a solicitar acceso a la programación completando nuestro formulario en línea. https://renovandotumente.org/inscripcion

1-SOLA SCRIPTURA | Miguel Núñez

Ministerios Integridad & Sabiduría

Serie: Enseñanzas que transformaron el mundo

1-Sola Scriptura

Miguel Núñez

Según se comparta o no su doctrina, Martín Lutero es un apóstol o como mínimo un profeta para unos, y un hereje renegado para otros. Destructor de un sinfín de cosas, este hombre de intensas y enérgicas convicciones representa uno de los pilares sobre los que se apoya la Edad Moderna. Iniciador de la Reforma (período de dos siglos de amplia repercusión europea en la historia del cristianismo), Lutero rechazó la autoridad del papa y debilitó el poder de la Iglesia. Lutero es el inicio de la sola Scriptura, porque la Palabra de Dios es la que ata la conciencia del hombre de manera universal. De esta primera verdad vienen las demás: Sola fide, sola gratia, solus Cristus y soli Deo gloria. La sola Scriptura implica que la Escritura es inspirada por Dios, es inerrante y es inefable.

Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Solo haz algo

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

Solo haz algo
Por Gene Edward Veith

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

Luego de dictar una charla sobre la doctrina de la vocación en una universidad cristiana, un estudiante se me acercó para preguntarme si podía orientarlo. Llegó a la universidad pensando que quería ser pastor, pero luego se sintió inclinado a convertirse en profesor. «¿Cómo puedo saber lo que el Señor quiere que haga?», me preguntó.

Le di algunos consejos sobre cómo discernir sus talentos, pero luego me hizo una pregunta que reveló el problema de fondo: «¿Qué pasa si tomo la decisión equivocada?». ¿Qué pasa si decido ser maestro, pero Dios realmente quería que fuera pastor? ¿O qué pasa si decido ser pastor, pero en realidad Dios no quería que lo fuera? ¿Cómo podría enseñar o predicar si al hacerlo puedo estar fuera de la voluntad de Dios? Y, de todos modos, ¿cómo podría saberlo?

Entonces me llegó la respuesta. «No puedes tomar la decisión equivocada», le dije. Si decides ingresar al ministerio ―y, sobre todo, si terminas el seminario y recibes el llamado de una congregación, ya que las vocaciones vienen desde afuera de nosotros― puedes estar seguro de que Dios te ha puesto en ese púlpito. Si decides dedicarte a la enseñanza y una escuela te contrata, puedes estar seguro de que Dios te ha puesto en esa aula. Incluso es posible que Dios te ponga en un aula ahora y luego te llame al ministerio.

Muchas personas suponen que la voluntad de Dios para nuestras vidas es algo que debemos «descubrir» y que podemos perder si tomamos la «decisión» equivocada. Pero como no hay forma de que sepan realmente cuál es la voluntad de Dios para su caso concreto, se quedan paralizados, sin saber qué hacer, y por eso no hacen nada.

Los cristianos reformados saben que reducir todo a nuestra «decisión» es ir demasiado lejos. Sí, tomamos decisiones, pero para los cristianos, que tenemos la confianza en el Señor que gobierna el universo, ni nuestra salvación ni el curso de nuestras vidas «dependen de nosotros».

¿De verdad pensamos que la voluntad de Dios se puede frustrar? Por supuesto, podemos ir en contra de Su voluntad revelada, de Sus mandamientos; eso es lo que significa pecar. Debemos estudiar la Palabra de Dios para conocer Su justa voluntad. También debemos darnos cuenta de que eso suele entrar en conflicto con nuestra propia voluntad caída. Debemos crecer en nuestra fe, para que podamos orar junto a Jesús: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22:42). Sin embargo, en última instancia, Su voluntad soberana se cumplirá en el gobierno de Su creación.

No cabe duda de que el estudiante sabía que ciertas carreras, como la de narcotraficante o productor de pornografía, estaban descartadas para él. Pero ser profesor no es pecado. Tampoco lo es ser pastor. Sí, tiene que tomar decisiones, y hacerlo requerirá autoexamen, agonía y oración. Debe tomar en cuenta todos los factores ordinarios: sus finanzas, sus tiempos y sus consideraciones familiares. Pero una vez que ha tomado la decisión, puede estar seguro de que Dios lo ha guiado.

Esto es lo que enseñan las Escrituras. «La mente del hombre planea su camino» ―así que debemos hacer planes―, «pero el SEÑOR dirige sus pasos» (Pr 16:9). Dios es quien «dirige» lo que hacemos. «Se prepara al caballo para el día de la batalla, pero la victoria es del SEÑOR» (21:31). El Señor es quien produce el resultado, convirtiéndote en colaborador en Sus propósitos.

En contraste con las enseñanzas del evangelio de la prosperidad, el éxito terrenal no es necesariamente una señal del favor de Dios, ni la falta de éxito es una señal de que estés «fuera de la voluntad de Dios». Con frecuencia, el curso de nuestra vida no solo incluye oportunidades, sino también fracasos; no solo puertas que se abren, sino también algunas que se cierran en tu cara. La vocación ciertamente no se trata de tu «autorrealización». Seguir a Jesús en una vocación requiere abnegación y sacrificio diario en favor del prójimo al que servimos con ella.

Las adversidades de nuestras diversas vocaciones, ya sea en la familia, la Iglesia y la comunidad o nuestro lugar de trabajo, dan cuenta de otro aspecto de la voluntad de Dios: Él quiere que crezcamos en la fe y la santidad. «Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Tes 4:3). Esto sucede cuando las luchas de nuestra vida nos hacen depender cada vez más de Él.

En este momento, no sabemos lo que va a pasar ni adónde nos llevarán nuestras decisiones. Pero cuando miramos atrás, especialmente cuando ha pasado el tiempo, cuando somos mayores, podemos ver el patrón y la manera en que Dios nos estuvo guiando en cada paso del camino, aunque no hayamos sido conscientes de ello en el momento.

Mientras tanto, debemos actuar. Confiar en la providencia de Dios ―no solo en Su control, sino en que Él «provea» para nosotros― no es una receta para que seamos pasivos, sino para que gocemos de libertad. Podemos abordar con valentía las oportunidades y relaciones que la vida nos depara, confiando en que Él estará con nosotros.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Gene Edward Veith
El Dr. Gene Edward Veith es director del Instituto Cranach en el Concordia Theological Seminary en Fort Wayne, Indiana. Es autor de varios libros, entre ellos God at Work y Reading between the Lines.

Sé paciente con nosotros mientras aprendemos

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

Sé paciente con nosotros mientras aprendemos

Por Joe Holland

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

Cristiano mayor, ahora entiendo que debes haber visto la expresión en mi rostro. Cuando era un cristiano más joven, tenía esa mirada con más frecuencia que ahora, y el cambio solo se lo puedo atribuir a la gracia correctiva de Dios. Todavía hay días en que esa mirada regresa a mi rostro. Sin embargo, ahora, a mis cuarenta años, he entrado a una etapa extraña de la vida, una edad en la que algunos me consideran mayor y otros aún me consideran (más o menos) joven. Además, ahora veo la misma mirada en los rostros de los cristianos más jóvenes que yo. La mirada, que ahora me avergüenza plasmar en palabras, es una de resentimiento y rechazo. Te tuve resentimiento porque eras mayor y conocías algunos de los consuelos que vienen con la adultez y la piedad, pero tus caminos y pensamientos me parecían anticuados y absurdos en comparación con lo que yo pensaba que nuestra iglesia necesitaba, que yo necesitaba. Te rechacé principalmente por la división que había entre nosotros, la brecha generacional que nos separaba. Te rechacé porque, simultáneamente, me frustraba que no cruzaras esa brecha y sentía un temor profundo de que lo hicieras y comenzaras a hablar la verdad en mi vida, verdad que necesitaba, pero no quería oír. Rechazarte era más cómodo.

Era tan infantil, tan impetuoso, tan tonto. Pequé contra ti al no darte el honor que merecías (Ex 20:12; Pr 20:29). Pequé contra Dios al despreciar a los santos mayores, Su regalo para la Iglesia. A fin de cuentas, me robé a mí mismo para pagar mi orgullo

¿Cómo crecieron estos pecados tanto tiempo? Desarrollé una práctica malvada, un cáncer de la juventud: fui tardo para oír y pronto para hablar (Stg 1:19). Mi lentitud para oír se debía a una ceguera doble. Estaba ciego a lo poco que sabía. Así como el cantante joven no tiene derecho a cantar blues hasta que haya vivido un poco, el cristiano joven no tiene derecho a hacer afirmaciones categóricas sobre la vida hasta que haya escuchado mucho, escuchado a los santos experimentados que lo han precedido. Sin embargo, también estaba ciego respecto a ti y tu sabiduría. No busqué escucharte porque no pensé que tuvieras nada que decir que valiera la pena escuchar. Cristiano mayor, has sido formado en el mortero de la gracia de Dios y las pruebas de la vida. No solo tienes conocimiento bíblico; tienes sabiduría bíblica. Te sientas con los padres de la fe, con las madres de Sion. Y yo estaba ciego a eso.

Pero, además, era pronto para hablar. Así como mi lentitud para oír surgió de una ceguera doble, mi rapidez para hablar surgió de un orgullo doble. Primero, en mi orgullo pensé que tenía algo que decir o, más bien, quería que me vieran como alguien que tenía algo que decir. Pero, en segundo lugar, y me da vergüenza decir esto, era pronto para hablar porque pensaba que tenía algo que enseñarte, como un bebé que trata de ser el centro de atención en la mesa de la cena familiar. Fui pronto para hablar porque llegué a una conclusión incorrecta sobre ambos: tuve un concepto demasiado alto de mí mismo y demasiado bajo de ti.

Pero ahora llego a la parte más difícil: lo que quiero pedirte.

Mientras los jóvenes y los mayores estén a ambos lados de esta brecha etaria, alguien tendrá que dar el primer paso. Quisiera poder poner la carga sobre ambos, pero el orgullo, la fragilidad y la inestabilidad de la juventud nos dejan en una lamentable desventaja. Santo mayor, necesitamos que des el primer paso y nos busques continuamente. Necesitamos que busques, orientes, discipules y ames a los cristianos jóvenes de nuestra iglesia. Te pido que tengas paciencia con los cristianos jóvenes, una paciencia como la que ejemplificó nuestro Señor Jesús. Cuando actuemos con orgullo, por favor, sopórtanos con paciencia. Cuando seamos tardos para oír, por favor, toléranos con paciencia. Cuando seamos prontos para hablar, por favor, escúchanos pacientemente con una sonrisa cómplice que un día reconoceremos como compasión mezclada con gracia. Cuando te demos la mirada de resentimiento y desprecio, por favor, recibe con paciencia ese insulto y estate dispuesto a perdonarnos. Por favor, corrígenos con paciencia, ora por nosotros y mantente a nuestro lado. Si no das el primer paso, si no te mantienes cerca de nosotros con una paciencia como la de Cristo, seguirá existiendo esta brecha entre nosotros, para el mal de ambos.

Por favor, cristiano mayor, sé paciente con nosotros mientras aprendemos.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Joe Holland
El Rev. Joe Holland es un editor asociado de Ligonier Ministries y un anciano docente en la Presbyterian Church in America.

6 – LA SALVACIÓN

Alimentemos El Alma

Serie: Fundamentos de la Fe Cristiana

6 – LA SALVACIÓN

Por: John MacArthur

ESTUDIO BIBLICO
FUNDAMENTOS DE LA FE CRISTIANA

ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVÉS DE DÉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY.
ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEÑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVÉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.

LAS 13 LECCIONES TRATARÁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:

1- INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA
2- CÓMO CONOCER LA BIBLIA
3- DIOS: SU CARÁCTER Y ATRIBUTOS
4- LA PERSONA DE JESUCRISTO
5- LA OBRA DE CRISTO
6- LA SALVACIÓN
7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO
8- LA ORACIÓN Y EL CREYENTE
9- LA IGLESIA: COMUNIÓN Y ADORACIÓN
10- LOS DONES ESPIRITUALES
11- LA EVANGELIZACIÓN Y EL CREYENTE
12- LA OBEDIENCIA
13- LA VOLUNTAD Y LA GUÍA DE DIOS

Claro, el poder detrás de este currículum no está en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual está basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.

Confío en que esto lo beneficiará a usted y a su iglesia de la misma manera.
John MacArthur
Pastor-Maestro
Grace Community Church

Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guía del líder): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.

GUIA DE ESTUDIO
FUNDAMENTOS DE LA FE
http://www.elolivo.net/LIBROS/MacArth…

La culpa y el perdón

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La culpa y el perdón

R.C. Sproul

En nuestra última sesión vimos la enseñanza del Nuevo Testamento sobre el papel de Satanás en la vida del cristiano y vimos a Satanás como el tercero de los tres obstáculos para el crecimiento cristiano. Aprendimos que hay muchas personas que no toman a Satanás muy en serio en estos tiempos. Recuerdo cuando estaba en la escuela de posgrado en los Países Bajos con mi profesor, el profesor Berkouwer. Él hizo un comentario, fue solo un comentario de improviso, un día, en una clase que me quedó grabada para siempre. Alguien estaba haciendo una pregunta sobre este tipo de cosas, sobre demonios y ángeles y Satanás y otros y él simplemente hizo una pausa y dijo, «Caballeros», dijo, «sin demonología, no puede haber teología». Lo que él quiso decir con eso, simplemente fue que, la misma fuente que usamos, de la cual sacamos nuestra comprensión de Cristo, de Dios Padre, del Espíritu Santo es la misma fuente que nos habla de la realidad de Satanás.

Ahora, mencioné en nuestra última sesión que, a mi juicio, uno de los papeles más tremendos de Satanás en la vida del cristiano está en el trabajo de acusación. Hice una distinción de eso con la tentación. La tentación es a dónde vas, «¿No te gustaría involucrarte en esto? Esto es lo que realmente te haría feliz, si tan solo comprometes tu ética en este momento» y así por el estilo. Así es la tentación. La acusación es esa situación por la cual Satanás atormenta la conciencia del creyente. Ahora, estamos viviendo en una cultura que está prácticamente obsesionada con los remedios de la psicología pop de autoayuda para hacernos felices. Ve a cualquier librería y verás una gran sección de la librería dedicada a cómo lograr una buena autoimagen.

Ahora, creo que es muy peligroso volverse tan introspectivo y tan egocéntrico, que este tipo de cosas son las únicas con las que lidiamos, es como dar masajes a nuestros egos a lo largo de la vida. Pero lo que estoy descubriendo aquí en el mundo secular es que la psicología secular ha descubierto que hay un nervio sensible que está clamando por atención en la humanidad contemporánea, que tiene que ver con lo que llamamos «autoimagen». No es casual que estos libros y profesores que enfatizan una buena imagen de sí mismos y así por el estilo tengan tanto éxito. Es porque somos gente llena de culpa, y a menudo le digo a las personas que no son cristianas, les digo: «No son cristianos, pero déjenme preguntarles esto, ¿Qué hacen con su culpa?» Es una pregunta muy compleja. No les digo, «¿Tienen culpa?». Asumo que tienen culpa. Todavía no he tenido a alguien que me diga, «No tengo culpa». Les digo, «¿Qué hacen con su culpa?» y ellos se identifican con eso, que incluso aquellos que no son particularmente religiosos tienen conciencias intranquilas a las que llamamos «culpa».

He tenido psiquiatras que me dicen que el problema número uno con el que tienen que lidiar en su práctica médica, es el problema de la culpa no resuelta, y descubrimos que el problema de la culpa no resuelta no es algo que afecte a una persona durante un día o durante una semana o durante un año, sino que puede moldear y dar forma e inhibir a la personalidad durante toda la vida. Así que lo que quiero que veamos aquí es por qué, en el corazón del mensaje bíblico, de forma muy práctica, está el anuncio del perdón. Porque en el corazón de nuestra lucha por la santificación, que es lo que ya hemos visto, está el hecho de que mientras trato de ser obediente, mientras trato de agradar a Dios, mientras trato de crecer en mi experiencia cristiana, estoy siendo agobiado y cargado con toda la carga de la culpa que he añadido a mi experiencia. Todos los días de cierta forma le agrego algo a esa carga porque no hay un día que pase sin que yo peque. ¿Y tú? Yo no puedo. Entonces todos los días tengo que lidiar con el problema de la culpa.

Ahora sabemos por psiquiatría y psicología que la culpa es una de las fuerzas más poderosas que hay para paralizar el espíritu humano. El miedo puede paralizarnos. La gente dice: «Estoy paralizado de miedo», pero también la culpa puede hacer que una persona esté prácticamente bloqueada e inmóvil. Ahora, si hay algo como Satanás, y Satanás puede llevarte a la ruina causando un escándalo porque caíste en tentación, esa es una manera de destruir las obras de Cristo. Otra forma es simplemente paralizar al pueblo de Dios, para que su influencia sea igual a cero. Ahora, quiero, si es posible, ver un ejemplo de esta actividad de acusación satánica que encontramos en el Antiguo Testamento, en su libro favorito, el libro de Zacarías. Todo el mundo lee eso para sus devocionales diarios, ¿verdad?

El libro de Zacarías, comenzando en el capítulo 3, Zacarías capítulo 3. «Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del Señor; y Satanás estaba a su derecha para acusarlo». El escenario es este. Aquí está el que ha sido elegido y llamado por Dios para el ministerio – es un ministro – y este ministro está de pie en presencia de un ángel. Ahora, uno pensaría, hasta ahora, que esa imagen, esa escena, es una muy positiva e inspiradora; pero justo a su lado, al otro lado de aquel donde el ángel está, está el ángel caído – el ángel malévolo, el ángel malicioso – quien estaba parado ahí acusándolo. Ahora, ¿de qué lo acusa? «Y el ángel del Señor dijo a Satanás: El Señor te reprenda, Satanás. Repréndate el Señor que ha escogido a Jerusalén. ¿No es este un tizón arrebatado del fuego? Y Josué estaba vestido de ropas sucias, en pie delante del ángel». ¿Ves lo que está pasando aquí? El sacerdote aparece en la presencia de Dios y su ropa está sucia.

La gente me pregunta, ya saben, si me pongo nervioso antes de hablar frente a un grupo. Y digo, ya saben, por cortesía se dice que debemos decir que no hay tal cosa como una pregunta tonta, pero esa pregunta es tonta. Eso es como Claude Harmon, en el evento previo al Torneo Master, hace varios años, él tenía varios hoyos-en-uno consecutivos en el campo de golf – (dije que dejaría de contar estas historias de golf, pero tenía que guardar una) hoyos-en-uno consecutivos; y después, en la conferencia de prensa un reportero de un periódico levantó la mano y le dijo, «Señor Harmon, ¿es la primera vez en su carrera que ha tenido un hoyo-en-uno consecutivo?» Esa es una pregunta tonta.

Pero vemos a Josué y su ropa está sucia. Eso indica que hay una mancha o algo que está quitándole la pureza de su cargo y de su misión. Es eso lo que Satanás ve y en lo que se enfoca, y ¿qué es básicamente lo que está haciendo? Le está diciendo al Ángel, le está diciendo a Dios, «Mira a este hombre. Él no está en condiciones de ser un ministro en Tu presencia. Su ropa está sucia». He tenido ese tipo de sueños. Dije que me ponía nervioso antes de pararme frente a un grupo. Me pongo tan nervioso que a veces tengo pesadillas y sueño –esto es el tipo de cosas que sueño, sueño que debo hablar en una iglesia el domingo y llego a la iglesia y es hora de que empiece el servicio y no tengo zapatos o no tengo camisa blanca o no tengo corbata. En otras palabras, no estoy vestido adecuadamente.

Ahora, me imagino que un psiquiatra podría tener un día de trabajo con eso, estoy seguro. No es que, nunca sueño que olvido lo que iba a decir y eso es lo que me preocupa antes de ir. Me refiero a que realmente me preocupa eso, «¿Voy a tener algo que decir? ¿Me voy a olvidar de una parte? ¿Qué le voy a decir a esta gente?». Así que nunca me preocupo conscientemente, «¿Voy a aparecer allí sin un par de zapatos o sin corbata o sin camisa blanca?» Pero cuando duermo, esas son las cosas con las que sueño. Creo que sería tan vergonzoso pararme frente a 2000 personas y no tener la ropa adecuada puesta. Somos muy conscientes de ese tipo de cosas, ¿no? Pero imagina a un sacerdote siendo conducido a la presencia de Dios. Y recuerden que las ropas sacerdotales en el Antiguo Testamento fueron ordenadas y decretadas por prescripción detallada de Dios mismo.

Dios dijo: «Esto es lo que quiero que los sacerdotes usen» y se nos dice en el Antiguo Testamento que las ropas del sacerdote fueron diseñadas con belleza y gloria, para que Dios fuera honrado por la magnificencia de las ropas del sacerdote; y he aquí que el sumo sacerdote viene a la presencia de Dios con suciedad en todas sus ropas; y Satanás reacciona a eso. «¿Qué estás haciendo aquí? ¡No perteneces aquí! Este no es un lugar para gente sucia, esta es la presencia de Dios», y en medio de la acusación Dios abre Su santa boca y habla y dice: «¡Satanás, cierra la boca! ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?» Cómo amo ese pasaje. Me fascina esa declaración de Dios, ¿a ustedes no? Es decir, piénsenlo. ¿Alguna vez han estado acampando en el bosque y han calentado malvaviscos? Consigues un palo y lo pones en el fuego.

Haces una pequeña fogata en base a ramas y al final te aseguras de apagarla muy bien de tal manera que no des inicio a un incendio forestal y luego tengas que lidiar con el guardabosques del Oso Yogui y te de un gran discurso y pases un mal rato y te ganes una multa. Cuando sacas el palo con malvaviscos, después de comerlos quieres limpiarlo, ¿alguna vez has tratado de mover algunos de esos palos que han sido carbonizados por el fuego? Prácticamente, esos palos – si sacas un palo del fuego antes de que sea consumido por el fuego, si quieres salvar ese palo y evitar que se destruya, lo sacas y lo más probable es que te manches con el carbón y te quedes con toda la mano sucia. Si no usas guantes y te vas con la mano desnuda para sacar un palo o un tizón y tratas de mantenerlo fuera del fuego, tus manos se van a ensuciar. Así es como Dios describe no solo a Josué, damas y caballeros, sino que los está describiendo a ustedes. Me está describiendo a mí. Un tizón que ha sido arrebatado del fuego.

Entonces cuando Dios te redime, cuando Dios te rescata y te saca de las llamas, Él ensucia Sus manos; cuando Él te rescata eres un tizón arrebatado del fuego. Eso significa que estás cubierto de creosota. Estás cubierto de carbón. Eres un desastre sucio. Dios no espera que una persona sea pura e intachable antes de que Él lo redima. Ese es el Evangelio, ¿cierto? –que mientras estamos sucios se nos da la vestimenta de la justicia de Cristo para ser recibidos en una relación con Dios. Así que todo cristiano es un tizón arrebatado del fuego; lo que eso significa, damas y caballeros, es que cada uno de nosotros tiene ropas sucias. Hay suciedad en tu vida. Hay suciedad en mi vida. No queremos estar dando vueltas y desfilar toda esta basura frente a todos los demás en el mundo. De hecho, hacemos todo lo que está en nuestras manos para ocultarlo.

Pero hay dos personas que conocen todos los trapos sucios en nuestros armarios. Por un lado está Dios y por el otro está Satanás. Satanás es un hurgador de roperos. Le encanta abrir el armario y remover todo, y luego viene delante de Dios y le dice, «Mira esa ropa sucia». «El Señor te reprenda, Satanás. ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?». Ahora Josué estaba vestido con ropas sucias y se paró ante el Ángel y este respondió y dijo a los que estaban delante de él diciendo, «Quitadle las ropas sucias. Y él le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestiré de ropas de gala. Después dijo: Que le pongan un turbante limpio en la cabeza. Y le pusieron un turbante limpio en la cabeza y le vistieron con ropas de gala; y el ángel del Señor estaba allí». ¿Ves lo que está pasando aquí? Es que cuando Dios redime a ese hombre del fuego, la persona todavía tiene ropas sucias. Pero Dios no se detiene. Dios pasa por el proceso de reemplazar esas ropas sucias por prendas limpias y Él promete hacer lo mismo por cada uno de ustedes. Él pone un nuevo turbante en tu cabeza, una nueva vestimenta en tu cuerpo que está libre de todas esas imperfecciones.

Pero mientras tanto, mientras vivimos nuestra vida en presencia de Dios, tenemos que escuchar a ese enemigo que constantemente nos recuerda nuestros pecados para acusarnos, quitarnos la paz y nuestra comunión. Ahora, sé que los cristianos debaten para conocer si es posible o no saber con certeza que son redimidos. Hay algunas personas que tienen la posición de decir que nunca podemos estar realmente seguros si tenemos la redención. De hecho, recuerdo que cuando estaba en el seminario, hicimos una encuesta y el 50% de los estudiantes de último año del seminario, no solo dijeron que no pensaban que alguien pudiera saber si una persona había sido redimida, sino que asumir que habías sido redimido era un acto de arrogancia indescriptible.

Ahora, mi posición es que no solo puedes saber si tienes la redención, sino que es tu deber saberlo porque Dios nos manda a asegurarnos de cuál es nuestra condición ante Él y personalmente creo, damas y caballeros, que una de las doctrinas más importantes que un cristiano puede aprender y aprenderla temprano en su caminar, es la doctrina de la seguridad de nuestra salvación. Necesitas saber si estás en un estado de gracia o no estás en un estado de gracia; porque si no lo sabes, eres totalmente vulnerable a la parálisis producto de la acusación del enemigo. Recuerda que Josué estaba escuchando esta conversación. Josué estaba allí con sus ropas sucias y él oye la acusación de Satanás. Satanás dice: «Él está sucio». ¿Qué crees que le habría pasado si esa hubiera sido la única voz que escuchara? Pero gracias a Dios, Dios habló y dijo, «Cierra ahora la boca Satanás. Este es un tizón arrebatado del fuego».

Vemos que los primeros frutos de la justificación según Pablo es esto, «que siendo justificados, nosotros tenemos paz con Dios, acceso a Su presencia». La persona con una conciencia atribulada, la persona que está bajo el peso de esta acusación no tiene paz. Las personas que están en paz con Dios, que saben dónde están, que saben que son redimidas, tienen una libertad que les permite vivir su vida cristiana de tal manera que los convierte en personas de poder en el mundo. Pero es la persona que no está segura, la que tambalea, paralizada entre dos opiniones, movida de aquí hacia allá por cada viento de doctrina, esa persona está discapacitada en su peregrinación espiritual. Es por eso que es de vital importancia que definas en tu vida a qué grupo perteneces y si has sido redimido.

Ahora, lo que es tan sutil acerca de la acusación de Satanás, es que Satanás se llama, a veces, el «calumniador» y ¿qué es un calumniador? Un difamador es alguien que te acusa de cosas de las que eres inocente. Cuando alguien me acusa de algo que no he hecho, eso es calumnia y esa persona me ha infligido una injusticia. Satanás hace eso. Satanás está tan interesado en paralizar a la gente y perturbarla, que dirá mentiras sobre ellas. El perjudicará sus reputaciones con acusaciones falsas. Pero, damas y caballeros, esa no es la única forma en la que lo hace. A veces nos acusa cuando sí somos culpables. La ropa de Josué estaba realmente sucia, ¿no es así? No era que Satanás venía diciendo: «Oh, él tiene la ropa sucia», cuando en realidad tenía la ropa limpia. No, él estaba diciendo la verdad.

Ahora, es aquí donde se pone muy difícil resolver la experiencia cristiana. En nuestro estudio del Espíritu Santo repasamos esto, que el Espíritu Santo, uno de los ministerios del Espíritu Santo en la vida del cristiano y en la santificación es convencernos de pecado. Si pecamos y no nos sentimos culpables al respecto, no debe alegrarnos, porque eso es como tener una enfermedad y no sentir ningún dolor. Podemos pensar que es un beneficio, pero a la larga es muy, muy destructivo. Sentir culpa es algo saludable si es que realmente somos culpables y si no sentimos culpa entonces el Espíritu viene y nos convence de pecado para que podamos apartarnos de él. Pero ¿cuál es la diferencia entre la convicción del Espíritu Santo y la acusación de Satanás? Supongamos que peco y trato de no lidiar con eso, Satanás viene y dice, «Lo hiciste. Sabemos que lo hiciste. ¿Qué clase de persona eres que haría algo así?» El Espíritu Santo viene y me inquieta con lo mismo. ¿Cómo puedes notar la diferencia?

Bueno, ¿cuál es el propósito del Espíritu en la convicción del pecado? Cuando el Espíritu viene a convencerte del pecado, si es que has recibido convicción de pecado, sabes que, aunque es doloroso que nos hagan conscientes del pecado que uno comete, aún así hay algo muy dulce en ello. De cierta forma, cuando el Espíritu Santo nos confronta con nuestro pecado, al mismo tiempo que nos dice que somos culpables, Él nos asegura que somos perdonados al volvernos a Él, Él viene a nosotros no como alguien que intenta destruirnos. Pero la acusación de Satanás no está diseñada para redimirnos, sino para destruirnos, en eso hay una completa diferencia. Sabes la diferencia entre la persona que viene a ti y te dice: «Quiero decirte esto en amor» y luego ¡PUM! Realmente te clava el cuchillo. Ahí es cuando quieres decir, «¡Fuera de aquí Satanás!». Y la persona que realmente te dice que está de tu lado, el Espíritu siempre te dice que está de tu lado cuando Él te convence por tu pecado. Esa es la respuesta a las acusaciones debilitantes de Satanás.

En otras palabras, Satanás nos atacará cuando realmente somos culpables y— y tenemos que saber que existe tal cosa como la culpa verdadera, y el único remedio que conozco para la culpa verdadera, es el verdadero perdón. Yo tengo una ilustración favorita sobre este tema. Tenía una estudiante en la universidad, que en una ocasión se me acercó y estaba muy inquieta. Ella era cristiana y me dijo, «Tengo que hablar con usted». Le dije: «¿Qué pasa?» Ella me dijo, «Bueno, estoy comprometida para casarme, y mi prometido y yo hemos estado involucrados sexualmente y me he sentido terriblemente culpable. Así que fui a ver al capellán de la universidad y le hablé de mi problema y el capellán me dijo: «El problema contigo es que tienes una conciencia muy sensible y te has convertido en víctima de un tabú victoriano, de una ética puritana de tu sociedad. Solo tienes que entender que las cosas han cambiado. No estás llevando una vida promiscua. Estás involucrada sexualmente con alguien con quien estás comprometida, y te vas a casar; y este es el siglo XX. Esta es la ética sexual de nuestros tiempos, y tienes que entender que para ser libre de esta culpa que te paraliza, tienes que entender que no eres culpable de nada».

La chica me miró, ya saben, ella dijo, «Pero Dr. Sproul, todavía me siento culpable». De inmediato estábamos en medio del gran misterio de la culpa, aquí está la diferencia entre lo que yo llamo «objetivo» y «subjetivo». Era la diferencia entre la culpa y los sentimientos de culpa. La culpa se define legal y teológicamente como una transgresión de la ley de Dios. Si una persona cruza esa línea y viola la ley de Dios, es culpable a la vista de la justicia de Dios. Ahora, esa persona, cuando viola la ley de Dios, puede sentirse terrible al respecto, o puede no sentir nada. Cómo se siente no tiene nada que ver con la realidad o la no realidad de la culpa verdadera. ¿Te das cuenta de eso? Pero el perdón, una vez más, es algo que Dios hace y cuando lo hace es una realidad objetiva, no depende de mis sentimientos. Eso es lo que Satanás hace. Se concentra en tus sentimientos. Él trata de hacerte un cristiano sensible, de modo que solo estés tan seguro de su perdón, dependiendo de cómo te sientes en un determinado momento.

Por eso la fe, damas y caballeros, viene de escuchar y oír la Palabra de Dios. Es por leer las promesas de Dios y abrazarlas en nuestra vida que llegamos a ser libres y podemos leer con el apóstol Pablo, «¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» Entendemos que Cristo es nuestra justicia y la única manera en la que lo vamos a agradar es viviendo diariamente en dependencia de Su gracia, sin temas pendientes, confesando nuestros pecados a medida que vivimos, pero no estando paralizados por la culpa en que incurrimos en el camino, sino confesándola, siendo limpios de ella y avanzando en el alto llamamiento que es nuestro, en Cristo.

R.C.Sproul

Venciendo El Miedo Y La Preocupación

Evangelio.blog

Venciendo El Miedo Y La Preocupación

Por Sherry Allchin

Vencer el miedo y la preocupación parece una locura imposible para nosotros que tememos y nos preocupamos. Sin embargo, se puede vencer a este dúo cobarde.

“Por nada estéis afanosos . . . pero estoy afanado por todo!”

¿Suena como tú o alguien a quien aconsejas? En Lucas 21:26 leemos que los últimos días se caracterizarán por el temor. ¡Ciertamente me parece que el miedo está en alza y la paz y el amor están por la ventana en nuestra cultura!

. . . desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las potencias de los cielos serán sacudidas. Lucas 21:26

El Miedo Y La Preocupación Definidos

La ansiedad es un término bíblico que abarca tanto el miedo como la preocupación. Me gusta pensar que es el término paraguas sobre el miedo y la preocupación. El miedo se relaciona con algo del pasado, tal vez algo que harás cualquier cosa para evitar que vuelva a suceder. Arrastra ese evento al presente y te paraliza con el miedo de alguna manera – trastorno obsesivo-compulsivo, perfeccionismo, complacer a la gente, ataques de pánico, o ansiedad general o especializada son algunos ejemplos.

El miedo atormenta a los temerosos, dirigiéndolos cada vez más a protegerse de lo que temen que suceda. Hace volver tu enfoque hacia adentro. A medida que la ansiedad aumenta, la productividad disminuye. Un ataque de pánico se siente como si te estuvieras muriendo en el acto. La vida comienza a girar en torno a esa «cosa temida», sea lo que sea.

Tres tipos de miedo impío:

1. El miedo a una persona – complacer a esa persona, mantenerla feliz, o hacer que te acepte o te apruebe.

2. El miedo a no conseguir lo que crees que no puedes vivir sin él.

3. El miedo a una circunstancia que crees que no puedes manejar.

El miedo parece tomar una vida propia, ¡dirigiendo tu vida!

La preocupación, por otro lado, toma un potencial que ocurre en el futuro y te paraliza en el presente como si fuera la realidad. Puede o no suceder nunca, pero el nivel de ansiedad es como si estuviera sucediendo ahora mismo, y tus pensamientos se consumen por ello.

La preocupación pasa factura tanto a tu cuerpo como a tu alma. Se siente muy real para ti.

Un Antídoto Para El Miedo Y La Preocupación

El amor perfecto echa fuera el miedo.

17 En esto se perfecciona el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como Él es, así somos también nosotros en este mundo. 18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra[a] castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor. 19 Nosotros amamos, porque Él nos amó primero. 20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. 21 Y este mandamiento tenemos de Él: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.. Juan 4:17–21

A menudo mis consejeros pueden citar ese versículo pero no tienen idea de cómo el amor tiene el potencial de expulsar su miedo. Incluso pueden citar 2 Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Saben y me aseguran que el miedo no viene de Dios, pero no tienen ni idea de dónde se origina. Sale más bien como la proverbial excusa de «el diablo me hizo hacerlo», como si no tuvieran control sobre su miedo y preocupación o las acciones que siguen.

Entonces, ¿cómo ayudamos a nuestros consejeros, o cómo se obtiene la victoria sobre su ansiedad?

Piense en David y Goliat. Había dos ejércitos, los filisteos burlándose y amenazando mientras los israelitas temblaban de miedo.

Como las emociones son un subproducto de cómo evaluamos nuestras circunstancias, ¡la evaluación israelita de que las circunstancias eran peligrosas ciertamente provocó la emoción del miedo! Durante días, Goliat había lanzado amenazas mientras el ejército de Saúl se paralizaba.

Entra David: las mismas circunstancias, pero una interpretación diferente (peligroso, pero su Dios era más grande que la circunstancia peligrosa), y por lo tanto una acción diferente (luchar y matar al gigante como lo hizo con el león y el oso), y por lo tanto una emoción diferente (alabanza y gratitud a Dios y paz).

El amor de David por Dios y por su país produjo acciones y emociones justas. El resto del ejército israelita se perdió las bendiciones del vencedor por su miedo y preocupación paralizantes.

El amor cambia el enfoque de la autoprotección a amar y servir a Dios y a los demás. ¡En la obediencia al más grande mandato de Jesús (Mateo 22:36-40), encontramos la liberación de nuestra ansiedad!

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17 – LA BONDAD DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

17 – LA BONDAD DE DIOS

Quizás uno de los momentos más divertidos de esta vida sea cuando observamos como un pequeño perro o gato persiguen su propia sombra. En vano tratan de alcanzarla. Cuando se mueven, su sombra se mueve con ellos. Esto no sucede en el caso de Dios. Santiago nos dice: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (James 1:17).

Dios nunca cambia. En Él no hay «sombra de variación». Esto no está únicamente sugiriendo que Dios es inmaterial y que por lo tanto es incapaz de tener una sombra, sino que asimismo nos dice que Dios no tiene un «lado sombrío» en un sentido figurativo o moral. Las sombras sugieren oscuridad, y en términos espirituales la oscuridad sugiere maldad. Como no hay maldad en Dios, tampoco hay ningún indicio de oscuridad en Él. Él es el Padre de las luces.

Cuando Santiago agrega que no hay «sombra de variación» en Dios no alcanza con entender esto simplemente en términos del ser incambiable e inmutable de Dios. Se trata también de una referencia al carácter de Dios. Dios no es solo enteramente bueno, sino que es siempre bueno. Dios no sabe cómo ser otra cosa que no sea bueno.

La relación entre la bondad y Dios es tan estrecha que hasta los filósofos paganos como Platón equiparan la máxima bondad, el bien supremo, con Dios mismo. La bondad de Dios se refiere tanto a su carácter como a su conducta. Sus actos proceden de su propio ser. Dios actúa en base a lo que Él es. De la misma manera que un árbol corrupto no puede producir fruta incorrupta, tampoco un Dios incorrupto puede producir fruta corrupta.

La ley de Dios refleja su bondad. El que Dios sea bueno no es consecuencia de que Dios obedezca y pueda ser juzgado por alguna ley cósmica ajena a sí mismo, o debido a que Dios define la bondad de manera tal que pueda actuar sin estar sujeto a ninguna ley y por el solo poder de su autoridad le sea permitido declarar sus acciones como buenas. La bondad de Dios no es ni arbitraria ni caprichosa. Dios no obedece una ley, sino que la ley que obedece es la ley de su propio carácter. Dios siempre actúa de acuerdo con su propio carácter, que es eterno, inmutable, e intrínsecamente bueno. Santiago nos enseña que todo lo bueno y lo perfecto provienen de Dios. Dios no es solo el estándar principal de bondad; es la Fuente de toda bondad.

Uno de los versículos más populares del Nuevo Testamento es el de Rom. 8:28. «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados«. Este texto sobre la providencia divina es tan difícil de comprender como lo es de popular. Si Dios es capaz de hacer que todo lo que nos suceda redunde en nuestro bien, entonces en última instancia todo lo que nos suceda será bueno. Conviene resaltar aquí la expresión en ultima instancia. En el plano mundano nos pueden suceder cosas que sean maldad. (Debemos estar precavidos y no llamar al bien, maldad o a la maldad, bien.) Encontramos aflicción, miseria, injusticia, y otro montón de maldades. Sin embargo, Dios en su bondad trasciende todas estas cosas y hace que ellas ayuden para nuestro bien. Para el cristiano, en última instancia, no existen las tragedias. En última instancia, la providencia de Dios hará que todas estas maldades tan cercanas redunden para nuestro beneficio final.

Martín Lutero comprendió muy bien este aspecto de la buena providencia de Dios cuando dijo que «si Dios me pidiera que comiera el estiércol de la calles, no solo lo comería sino que sabría que es para mi bien».

Resumen

La  Criatura (Tiene sombra) DIOS (No tiene sombra)

l. Las criaturas tienen sombra por causa de la oscuridad del pecado.

2. Dios no tiene un lado sombrío.

3. Dios no está bajo ninguna ley.

4. Dios es inseparable de la ley.  Ley / DIOS

5. Dios es su propia ley.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ex. 34:6-7

Ps. 25:8-10                                        

Ps. 100:1-5

Rom. 8:28-39

James 1:17