Cómo definir la voluntad de Dios

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Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cómo definir la voluntad de Dios

Por John W. Tweeddale

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios

A lo largo de los registros de la historia, muchas personas se han esforzado por definir la voluntad de Dios. Cuando hablamos de la voluntad de Dios hoy en día, tendemos a hablar de cosas relacionadas con nosotros mismos, generalmente cosas buenas como nuestros cónyuges, nuestros hijos, nuestros trabajos, nuestras finanzas y nuestros pasatiempos. Sin embargo, históricamente, cuando los teólogos han discutido la voluntad de Dios, lo han hecho para decir cosas principalmente sobre Dios, por lo general en referencia a cosas profundas como la naturaleza de Dios, el decreto de Dios, la libertad de Dios, la soberanía de Dios y la sabiduría de Dios. No para ignorar las grandes decisiones de la vida, sino para ubicarlas en la vasta extensión de los propósitos eternos de Dios.

Definir la voluntad de Dios es importante para nosotros como cristianos porque revela quién es Él como el Dios eterno, todopoderoso y omnisciente. Geerhardus Vos describe la voluntad de Dios como «esa perfección de Dios por la cual, en un acto muy simple y de una manera racional, sale hacia Sí mismo como el bien supremo y hacia las criaturas fuera de Él por Su propio beneficio». Dicho de manera negativa, la voluntad de Dios no puede separarse de Dios mismo. Dado que Dios es uno en esencia, Su voluntad es indivisa. Como Richard Muller declara de manera concisa, «Dios es lo que Él quiere». Visto desde nuestra perspectiva, la voluntad de Dios refleja Su carácter, revela Su diseño para Su creación y manifiesta Su sabiduría y poder al ordenar todo lo que sucede para nuestro beneficio y Su gloria.

Un texto bíblico clave para definir la voluntad de Dios es Deuteronomio 29:29. Afirma: «Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley». Este versículo resume «las palabras del pacto» que Dios le dio a Israel al final de la vida y el ministerio de Moisés (Dt 29:1). También proporciona un marco bíblico-teológico para comprender la voluntad divina.

El contexto de Deuteronomio es instructivo. Mientras el Señor prepara a Josué para llevar a Israel a la tierra de Canaán después de la muerte de Moisés, le recuerda a Su pueblo la necesidad de Su Palabra para conocer Su voluntad. Este demostraría ser un mensaje que Israel necesitaba escuchar. La anticipación de la tierra prometida presionaría los límites de la fe de Israel mientras navegaba por los obstáculos que a menudo se encuentran en la brecha entre la promesa y el cumplimiento. Frente a las incertidumbres que acompañan a la vida en un mundo caído, Israel necesitaba que se le recordara que obedecer la Palabra de Dios era el centro del conocimiento de la voluntad de Dios para sus vidas.

En el corazón de este pasaje en Deuteronomio 29 hay una distinción entre «las cosas secretas» que pertenecen a Dios y «las cosas reveladas» que nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos. Con base en esta distinción, los teólogos a menudo se refieren a la voluntad secreta de Dios y a Su voluntad revelada. Si bien este punto puede parecer obvio, es crucial para definir la voluntad de Dios. Hay innumerables cosas que no sabemos como humanos, ya que somos finitos. Pero no se puede decir lo mismo de Dios, ya que Él es infinito y omnisciente. El conocimiento de Dios es exactamente como Él: absolutamente perfecto. A diferencia de nosotros, Dios no necesita resolver los problemas por deducción. No necesita consejeros para determinar qué hacer en una crisis o para ayudarlo a afrontar los acertijos morales. Dado que Dios es infinito e incomprensible, tiene perfecto conocimiento de Sí mismo y de todas las cosas. Pero este conocimiento «secreto» pertenece solo a Dios. Podríamos llamar a esto la inescrutabilidad de Dios. Hay cosas que sólo Dios conoce y que están más allá de nuestro conocimiento (ver Rom 11:33-36).

En cambio, nuestro conocimiento es como nosotros: finito e incompleto. Ya que somos creados, dependemos de Dios para conocer Su voluntad. De manera más precisa, a medida que Dios se revela en Su Palabra, podemos en verdad conocer Su voluntad, aunque no de manera exhaustiva. El punto es que Dios es el mejor intérprete de Su voluntad. Por eso son tan importantes «las cosas reveladas». La Escritura representa la autorrevelación de la voluntad de Dios en forma escrita. Si bien no podemos descifrar las «cosas secretas» de Dios, podemos estar seguros de conocer la voluntad de Dios en la medida en que Él se ha revelado en Su Palabra. Para Israel y para nosotros, definir la voluntad de Dios implica conocer y aplicar la Palabra escrita de Dios.

Cuando leemos la voluntad revelada de Dios en la Escritura, descubrimos que la Biblia hace varias distinciones entre la voluntad decretiva de Dios, la voluntad preceptiva de Dios y la voluntad de Dios de Su beneplácito. La voluntad decretiva de Dios se refiere a Su perfecto y sabio consejo al ordenar o decretar libremente todo lo que sucede. Como dice el apóstol Pablo en Efesios 1:11: «También [en Cristo] hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad». La voluntad decretiva de Dios subraya Su soberanía total sobre todas las cosas, incluida la creación y la redención, la historia y la providencia. Como tal, nunca puede ser frustrada, ni siquiera por nuestro pecado y desobediencia. Esto no es para sugerir que Dios se deleita en el pecado o que es autor del pecado, sino para decir que lo permite para cumplir Su voluntad soberana.

La voluntad preceptiva de Dios representa el estándar moral que Dios requiere que todas las personas cumplan. Nos dice lo que Dios demanda de nosotros como portadores de Su imagen; transmite lo que debemos hacer, sin importar si lo obedecemos o no. La voluntad preceptiva de Dios, resumida para nosotros en los Diez Mandamientos, también se conoce como la ley moral. Como dice el Catecismo Mayor de Westminster:

La ley moral es la declaración de la voluntad de Dios a la humanidad, dirigiendo y obligando a cada uno a una conformidad y obediencia personal, perfecta y perpetua a ella, en el marco y disposición de todo el hombre, cuerpo y alma, y en el cumplimiento de todos los deberes de santidad y justicia que se debe a Dios y al hombre: prometiendo vida a los que la cumplen, y amenazando de muerte a los que la violan (CMW 93).

En resumen, la lógica de la voluntad preceptiva de Dios se resume en la máxima «Sed santos, porque Yo soy santo» (1 Pe 1:16).

Una distinción menos conocida pero relacionada es la voluntad de Dios de Su beneplácito. Esta voluntad disposicional tiene dos partes. Por un lado, se refiere al placer de Dios al ordenar Su decreto soberano. Por ejemplo, Efesios 1:5 habla de que Dios predestinó amorosamente a Su pueblo en Cristo «conforme al beneplácito de su voluntad». Y Efesios 1:9 revela cómo Dios dio a conocer el misterio de Su voluntad en Cristo «según el beneplácito que se propuso». Por otro lado, se refiere al deleite de Dios cuando hacemos lo que Él quiere (ver Rom 12:2Ef 5:10Col 3:20). En este sentido, Dios se agrada cuando obedecemos y se disgusta cuando desobedecemos.

Si bien estas distinciones nos ayudan a matizar la enseñanza bíblica sobre la voluntad de Dios, no debemos concluir que hay voluntades en competencia o contradictorias en Dios. La voluntad divina refleja el plan único y unificado del único Dios verdadero. Una ilustración clásica de este principio se encuentra en el sermón del apóstol Pedro en Pentecostés. En Hechos 2:22-23, afirma:

Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de Él, tal como vosotros mismos sabéis, a este, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis.

Desde una perspectiva, la ejecución de Jesús violó la voluntad preceptiva de Dios, ya que matar a un hombre inocente es asesinato. Sin embargo, desde el punto de vista de la voluntad decretiva de Dios, se nos dice que la crucifixión fue según el plan soberano de Dios. Además, el profeta Isaías destaca el beneplácito de Dios cuando declara de Cristo que «quiso el Señor quebrantarle… y la voluntad del Señor en su mano prosperará» (Is 53:10). La cruz de Cristo nos ayuda a comprender cómo nada puede frustrar la voluntad de Dios de asegurar la salvación de Su pueblo para la gloria de Su nombre.

Al confrontar decisiones grandes y pequeñas, no debemos concluir que nuestra respuesta es simplemente «dejar todo en las manos de Dios». Confiar en la voluntad de Dios implica descansar activamente en Su sabiduría divina y someterse a Su Palabra. Si bien las cosas secretas de Dios siguen siendo un misterio, sabemos con certeza que la voluntad de Dios implica cultivar la santidad y la acción de gracias en todo (1 Tes 4:35:18). Podemos sentir la tentación de preocuparnos por el mañana, pero un estudio de la voluntad de Dios nos llama hoy a una vida de obediencia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John W. Tweeddale
John W. Tweeddale

El Dr. Tweeddale es decano académico y profesor de teología en Reformation Bible College en Sanford, Florida, y anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos.

Combate el Pecado con Sabiduría y Celo

Evangelio Blog

Combate el Pecado con Sabiduría y Celo

Por John MacArthur

El 17 de agosto de 1662, en Inglaterra, se aprobó lo que se llamó el Acta de Conformidad. Esta ley prohibía efectivamente que cualquier predicador en cualquier púlpito fuera un no-conformista. En otras palabras, todo predicador tenía que conformarse a la religión del estado. Y en esa época, había muchos predicadores no conformistas. Hoy llamamos a muchos de ellos «puritanos».

En el último día que los predicadores no conformistas podían predicar, todos ellos predicaron sermones de despedida en sus iglesias. Fue un día terrible. Los predicadores de toda Inglaterra se levantaron para despedirse de su congregación. Algunos de ellos murieron como mártires. Algunos fueron enviados a otras naciones y nunca volvieron a ver a sus congregaciones o a sus familias. Cientos de familias se separaron.

Uno de estos sermones fue predicado por un hombre llamado Calamy. Se puso de pie ante su congregación, y en el último día en que se le permitiría predicarles antes de su exilio por predicar la Palabra de Dios, dijo esto: «Hay más maldad en el menor pecado que en la mayor calamidad exterior».

Esa fue una declaración profunda. Les estaba diciendo: «Ustedes piensan que es calamitoso que me despojen de mi púlpito. Ustedes piensan que es calamitoso que me envíen fuera de mi país y lejos de mi familia. Pero por muy grave que sea esta calamidad, hay más maldad en el menor pecado que en la mayor calamidad».

En las dos últimas entradas, he hablado sobre el pecado que enreda y cómo combatirlo. La última vez demostré a partir de las Escrituras que el poder del Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios es la herramienta clave en nuestra batalla contra el pecado. Hoy, voy a compartir tres pasos prácticos más para tomar mientras luchas.

1. Entender lo malo que es el pecado.

Creo que este es el error inicial que cometen los cristianos: No piensan que el pecado es realmente tan malo como lo es. No subestimes la seriedad de tu pecado. Enredarse en el pecado es serio porque todo pecado es serio. El Señor toma el pecado en serio, y dice que castiga a los que ama para expulsar el pecado (Hebreos 12:6-11).

El pecado roba el gozo. Destruye la fidelidad. Te roba la paz. Te hace inútil en el servicio a Cristo. Limita tus respuestas a la oración. Trae la disciplina del Señor. El pecado es mortalmente serio.

Cuando somos jóvenes, es tentador pensar que podemos salirnos con la nuestra. Pensamos que podemos comprometernos con nuestras novias, o estar involucrados en borracheras, o hacer trampa en los exámenes. Pensamos que estas son cosas relativamente pequeñas. Pero son cosas como estas las que pusieron a Cristo en la cruz. Son cosas como estas las que nos condenarían al infierno si no fuera por Cristo.

2. Dedícate a luchar contra el pecado.

¿Alguna vez has dicho en oración, «Dios, no quiero pecar – me propongo en mi corazón no pecar»? Si no estás dispuesto a decir esas palabras al Señor, muestra que estás aferrado a un pecado que te ha atrapado y no estás dispuesto a dejarlo ir. Por lo tanto, escudriña tu propio corazón. ¿Qué tan dispuesto estás a luchar contra tu propio pecado?

Aunque no seamos capaces de mantener esta intención perfectamente, es bueno decir con el salmista: “He jurado, y lo confirmaré, que guardaré tus justas ordenanzas” (Salmo 119:106). Es bueno expresar esta voluntad de tu corazón en la oración. Y si no tienes ese tipo de corazón dispuesto, entonces estás disfrutando de tu pecado y debes buscar el arrepentimiento.

3. Ahora es el momento de actuar.

Mi razón para señalar la seriedad del pecado no es para intimidar a nadie. Por el contrario, mi deseo es evitar que las personas tengan la pena de mirar hacia atrás al final de sus vidas y pensar: «¿Por qué permití que se cultivaran ciertas debilidades cuando era joven?» Si no odias tus pecados ahora, aprenderás a odiarlos más tarde, porque una vez que se conviertan en pecados acosadores te debilitarán.

Ahora es el momento de ser honesto ante el Señor con lo que son tus pecados que te han atrapado y lidiar con ellos por el bien de ser todo lo que Dios quiere que seas. ¿Por qué querrías ser menos?

¿Crees que al final vas a encontrar placer en violar la ley de Dios? ¿Crees que de alguna manera, a pesar de lo que dice Dios, has encontrado un camino mejor? Por el contrario, es a través del camino de la obediencia que Dios nos otorga alegría y bendición. Que Dios nos dé la fuerza para caminar en el Espíritu mientras hacemos morir todo lo que se interpone entre nosotros y las cosas buenas que Él almacena para los que son obedientes.

Tomado de: https://evangelio.blog/

Con sabiduría

Aviva Nuestros Corazones

Con sabiduría

Por Nancy DeMoss Wolgemuth

Según los investigadores, en un día común y corriente el promedio de las mujeres usa 7000 palabras. ¿Te has detenido a pensar en todo lo que la Biblia nos dice sobre el uso de las palabras? A continuación algunos ejemplos:

Abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de bondad en su lengua.” Proverbios 31:26.

¿Hablas con palabras sabias? ¿Estas reflejan la Palabra de Dios y Sus formas? O ¿eres rápida en lanzar tu opinión?

En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, más el que refrena sus labios es prudente. Proverbios 10:19.

¿Hablas en demasía o refrenas tu lengua?

La suave respuesta aparta el furor, más la palabra hiriente hace subir la ira”. Proverbios 15:1.

Cuando te provocan, ¿respondes con gentileza? ¿o con palabras hirientes?

Toma un minuto y pídele a Dios que controle tu lengua hoy. Clámale que te ayude a hablar con sabiduría, moderación y gentileza.

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

 

La lucha por encontrar la voluntad de Dios

Ministerios Ligonier

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Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

La lucha por encontrar la voluntad de Dios

Por Thomas Brewer

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

«¿Qué quiere Dios que haga?». ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? Yo me la he hecho. Me he preguntado: ¿Quiere Dios que viva aquí? ¿Quiere Dios que me case con esta persona? ¿Quiere Dios que tome este trabajo? ¿Qué quiere Dios que haga? Responder estas preguntas puede ser agonizante, porque son muy significativas. Queremos la mayor certeza posible para responder a preguntas importantes. ¿Por qué? Porque cuando nos falta seguridad, a menudo sentimos miedo. Al no saber lo que debemos hacer sentimos como que vamos a fallar. Nos pone ansiosos. De hecho, aunque no lo admitamos, a veces tememos pasar por alto la voluntad de Dios.

La lucha por encontrar la voluntad de Dios es una lucha contra la certeza. Naturalmente buscamos la mayor certeza posible con respecto a las decisiones. La certeza nos ayuda a sentirnos más en control y cuando nos sentimos en control, nos sentimos seguros.

Métodos incorrectos

Al buscar lo que Dios no ha revelado —Su voluntad secreta— a menudo utilizamos varios métodos. A veces tomamos mandatos bíblicos, que son buenos y los torcemos para usarlos para nuestros propósitos. Por ejemplo, obtener consejos para tomar decisiones, es bueno (Pr 11:1415:22). Los pastores, familiares y amigos a menudo destacan y afirman el amor y la dirección de Dios por nosotros en situaciones particulares. Ellos pueden ayudar y nos ayudan a tomar decisiones. Pero a veces en vez de sencillamente buscar la sabiduría de un consejero, lo usamos como una forma de «encontrar» la voluntad secreta de Dios. Tomamos la opinión de nuestro pastor sobre un tema como si él fuera Dios mismo diciéndonos Su voluntad o confiamos en que nuestro amigo ha escuchado «una palabra del Señor». La oración también es algo encomiable hacer y estamos llamados a pedir sabiduría (1 Tes 5:17Stg 1:5). Podemos y debemos orar por dirección. Pero a veces los cristianos se van más allá. Le piden a Dios que les dé una señal divina como enviarle una llamada en un momento exacto o que en una valla aparezca un mensaje en particular para ellos en su viaje diario al trabajo. 

Este tipo de prácticas son a menudo realizadas con un deseo sincero de conocer y hacer la voluntad de Dios y son muchos los que han tomado decisiones buenas y correctas usando esas prácticas extrañas. Por ejemplo, podríamos tomar decisiones acertadas si confirmamos la voluntad secreta de Dios al ver una valla con un mensaje inusual. Sin embargo, buscar la confirmación de Dios, de Su voluntad secreta, en estas formas peculiares no es bíblico. La Escritura no dice que podemos encontrar la voluntad secreta de Dios a través de consejeros, sensación de paz, coincidencias inusuales u otras cosas. Su voluntad secreta, es por naturaleza, oculta.

¿Esto hace que Dios esté distante de nosotros? No, porque la incertidumbre no significa que Dios está distante. Considera qué tanta incertidumbre y miedo tenían los israelitas cuando llegaron al mar Rojo y se les acercaban los ejércitos de Faraón (Ex 14:10-14). El pueblo de Israel no estaba seguro, pero Dios estaba con ellos. Él los protegió de los egipcios e hizo a Su pueblo cruzar de manera segura el mar Rojo. Nosotros también podemos sentirnos inseguros sobre una decisión o situación en particular, pero aun así podemos descansar en el conocimiento de que Dios está con nosotros. Podemos confiar en Él aun cuando no ha revelado exactamente lo que debemos hacer. Él dirige nuestros pasos aun cuando ya hemos tomado nuestras decisiones.

La necesidad de la fe

He conocido muchos hombres y mujeres mayores en la fe que miran atrás en sus vidas y entienden de una forma profunda, pero casi indescriptible, cómo Dios ha estado con ellos en su caminar. Frecuentemente, estos santos mayores se sorprenden de cómo Dios los ha traído hasta donde están. A menudo me dicen que ellos han tenido muy poco que ver con esto, aunque si les pregunto, me dirían que han estado tomando decisiones todo el tiempo. A veces me pregunto si sería así que Abraham se sentía cuando miraba atrás en su vida. Lo que encuentro tan reconfortante sobre estas historias es el recordar que Dios está con nosotros donde quiera que vamos y que está dirigiendo, aunque misteriosamente, nuestros pasos (Pr 16:9).

Pensando en estas historias recuerdo cómo Dios trabaja en nuestras vidas. Él nos llama a que confiemos en Él. Abraham fue llamado a tener fe y también nosotros. La fe es confianza en Dios, verdaderamente en Dios. Eso es lo que los fariseos no tenían. Después de todo, no fue un fariseo, sino un pescador común quien caminó sobre el agua con Jesús. Por la fe Pedro se paró en el mar de Galilea como si fuera en tierra firme. Su seguridad, aunque imperfecta, estaba en Dios. Cuando dudó, se volvió al Señor y gritó: «¡Sálvame!» (Mt 14:30). Jesús extendió Su mano, lo sostuvo y le preguntó: «¿Por qué dudaste?».

Eliminar nuestra lucha con la incertidumbre es eliminar la necesidad de la fe. Nosotros no sabemos todo lo que Dios sabe. Sin embargo, estamos llamados a confiar en Dios cuando damos pasos inciertos, como Pedro. Cuando confiemos, Dios estará con nosotros. A veces vamos a tomar decisiones que lucirán ser muy exitosas. En otros momentos, vamos a tomar decisiones que lucirán ser un error. Podemos dudar. Sin embargo, Dios tiene una forma peculiar de cambiar nuestras debilidades en fortalezas y hacer que la maldad resulte en bien (Gn 50:202 Co 12:9). Y cuando clamemos como Pedro: «Sálvame», Él estará listo y dispuesto a salvar.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en América.

El estado del hombre después de la muerte y la resurrección final

Palabra de Vida Almería

El estado del hombre después de la muerte y la resurrección final

Will Graham

I. Los cuerpos de los hombres después de la muerte vuelven al polvo y ven la corrupción, pero sus almas (que ni mueren ni duermen), teniendo una subsistencia inmortal, vuelven inmediatamente a Dios que las dio. Las almas de los justos, siendo entonces hechas perfectas en santidad, son recibidas en los más altos cielos en donde contemplan la faz de Dios en luz y gloria, esperando la completa redención de sus cuerpos. Las almas de los malvados son arrojadas al infierno, en donde permanecen atormentadas y envueltas en densas tinieblas, en espera del juicio del gran día. Fuera de estos dos lugares para las almas separadas de sus cuerpos, la Escritura no reconoce ningún otro.

II. Los que se encuentren vivos en el último día, no morirán sino que serán transformados, y todos los muertos serán resucitados con sus mismos cuerpos, y no con otros, aunque con diferentes cualidades, los cuales serán unidos otra vez a sus almas para siempre.

III. Los cuerpos de los injustos, por el poder de Cristo, resucitarán para deshonra; los cuerpos de los justos, por su Espíritu, para honra; serán hechos entonces semejantes al cuerpo glorioso de Cristo.

Confesión de fe de Westminster
Capítulo 32

Pastor Will Graham

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

HUGH LATIMER: “El Apóstol de los ingleses”

BITE

HUGH LATIMER

“El Apóstol de los ingleses”

Este hombre pasó de ser un apasionado católico que odiaba la reforma a ser un fuerte defensor y reformador de la iglesia de Inglaterra.

Su apasionada predicación lo llevó a ser considerado como el mayor predicador de la Reforma inglesa, y su valiente martirio son un verdadero testimonio de lo que significa ser transformado por la verdad de las Escrituras.

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CRÉDITOS

Conductor: Nicolás Osorio.
Guión: Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Pilar Prieto.
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5 mentiras populares sobre el discipulado familiar

Coalición por el Evangelio

5 mentiras populares sobre el discipulado familiar

MATT CHANDLER • ADAM GRIFFIN

El discipulado familiar es el muy importante, pero mayormente común, liderazgo espiritual de tu hogar. En pocas palabras, el discipulado familiar significa dirigir tu hogar haciendo todo lo que puedas, cada vez que puedas, para ayudar a tu familia a convertirse en amigos y seguidores de Jesús. Ciertamente, hay puntos altos y bajos en la vida que crean grandes oportunidades para que los padres señalen la fidelidad de Dios, pero la mayoría del liderazgo espiritual ocurre en las interacciones cotidianas con tu familia.

Mientras piensas en lo que el discipulado familiar es para tu familia, estos son cinco recordatorios importantes, cinco mentiras que somos tentados a abrazar, sobre lo que no es el discipulado familiar.

1. El discipulado familiar no es exploración espiritual de forma libre

Un niño bien portado no es lo mismo que un niño discipulado 

El discipulado familiar es adoctrinamiento, enseñando las doctrinas y cosmovisión de Dios tal como se establecen en su Palabra, sin ceder a las opiniones contrarias del mundo o disculparse por la potencial ofensa que esa verdad pudiera ocasionar.

En una cultura que ama la idea de dejar que los niños elijan por sí mismos lo que ellos piensan que es verdad, el “adoctrinamiento” se ha convertido en una mala palabra. ¡Qué decepción tan desastrosa! No decirle a tus hijos lo que es verdad es lo opuesto al amor. Estamos ayudando a la próxima generación a transitar por un camino de vida peligroso a través de tentaciones y desinformación maliciosa.

No dejes a tus hijos a la deriva en el desierto de este mundo, mientras cruzas los dedos con la esperanza de que encuentren el estrecho camino hacia el único oasis.

2. El discipulado familiar no es usar la Palabra de Dios para salirte con las tuyas

No es usar la amenaza del descontento de Dios para hacer que tus hijos guarden silencio, se queden quietos o dejen de molestarse el uno al otro. La manipulación del comportamiento es impulsada por el miedo, pero la obediencia a Dios es impulsada por la gratitud y el amor sincero. Un niño bien portado no es lo mismo que un niño discipulado.

Mientras que la Biblia tiene mucho que decir sobre el comportamiento piadoso, y la obediencia es un aspecto importante del discipulado, la modificación del comportamiento no es nuestra meta principal. Es demasiado fácil instruir a un fariseo: un niño que conoce y sigue las reglas de Dios, pero cuyo corazón está lejos de Él. Queremos que nuestros hijos sean obedientes a Dios, no porque se sientan intimidados por Él (o por nosotros), sino porque realmente aman la obediencia y confían en el amor y cuidado de Dios por ellos. El discipulado familiar persigue un cambio sincero de corazón en los niños; una verdadera transformación cristiana.

3. El discipulado familiar no es una forma de criar a niños populares

Criar a niños que sigan a Cristo significa que estás preparando una generación dispuesta a sentirse cómoda siendo diferente 

Criar a niños que sigan a Cristo significa que estás preparando una generación dispuesta a sentirse cómoda siendo diferente y aun despreciada por una cultura que piensa que sabe qué es mejor.

Aunque el objetivo no es criar niños que sean deliberadamente irritantes para el mundo, debe ser tu absoluta esperanza tener hijos que no se aparten de lo que es verdad solo porque irrita a alguien. Lo que crees como cristiano es ofensivo para las sensibilidades modernas. Que esto se te quede grabado: si Dios en su gracia salva a tu hijo, muchos en la cultura sentirán repulsión hacia tu hijo. Por lo menos, los niños discipulados serán considerados “raros”.

La fe de tu hijo o hija no impresionará al mundo. Tus hijos serán odiados por quién es tu Dios y cómo Él es (Mr 13:13Jn 15:19). Necesitamos levantar una generación preparada para ser claramente diferentes de sus compañeros, “anormales” por su rectitud moral. En muchos sentidos, eso es lo opuesto a nuestra inclinación natural sobre cómo criar a nuestros hijos. Criar hijos que están preparados para ser odiados significa criar niños que amen a Dios sin vergüenza, incluso ante el odio y la alienación.

4. El discipulado familiar no es una estrategia para convertirse en un padre admirado

Resiste la tentación de liderar para convertirte en una madre o un padre impresionante. En cambio, imprime en tus hijos la necesidad desesperada por un Padre celestial. Tu identidad está arraigada en el hecho de que eres un hijo de Dios, no en que eres el padre de tu hijo. Esto no se trata de encontrar tu afirmación en el afecto o admiración de los demás. Esto no se trata de construir tu legado personal o de hacer versiones junior de ti mismo.

El discipulado familiar transforma a los niños en la imagen de Cristo, no en la imagen de su madre o padre. No estás diseñando a un niño para que se ajuste a un molde de perfección para conseguir la admiración humana y el orgullo de los padres. Este entrenamiento en rectitud no es una competencia o una vía para despliegues egocéntricos de superioridad familiar.

5. El discipulado familiar no siempre es el camino más atractivo

El discipulado familiar persigue un cambio sincero de corazón en los niños; una verdadera transformación cristiana. 

El discipulado familiar no es el camino de menor resistencia. Para los niños, la autoridad, el entrenamiento y las reglas parecen adversarios de la libertad y del placer. “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia” (Heb 12:11).

El viñedo sin podar no es el que produce el mejor fruto. No discipulamos porque no trae ningún dolor. Tú discipulas porque crees que es mejor servir y obedecer al Dios que sabe lo que es mejor y quien es lo mejor.

Siempre estamos discipulando

De manera intencionada o no, todos los padres están discipulando a los pequeños a su alrededor. Los niños nos observan y escuchan mientras formamos sus impresiones del mundo, de la fe y de lo que significa ser un adulto.

Es mucho mejor tener un plan que confiar en nuestros instintos. Dado que cada padre y cada hijo es único, debemos tener un plan y una visión para el discipulado familiar adecuado para nuestra familia única.

Seamos intencionales con nuestra influencia.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Sol Acuña Flores.

Matt Chandler es el pastor encargado de enseñanza en la iglesia The Village en el área metropolitana de Dallas/Fort Worth. Es presidente de Acts 29 (Hechos 29), una organización mundial que planta iglesias. Está casado con Lauren y es padre de Audrey, Reid, y Norah.

Adam Griffin (DEdMin, Seminario Teológico Bautista del Sur) es el pastor principal de la iglesia Eastside Community Church en Texas, Estados Unidos. Previamente, él sirvió como diácono y pastor de formación espiritual en la iglesia Village Church. Adam vive en Dallas con su esposa Chelsea y sus tres hijos: Oscar, Gus y Theodore.

Siguiendo a Dios y obedeciendo Su Palabra

The Master’s Seminary

Siguiendo a Dios y obedeciendo Su Palabra

José Carlos Martínez

Constantemente se advierte al creyente acerca de tres grandes enemigos: el mundo, la carne y Satanás. El creyente los conoce bien, pero, el problema no está en que sean sus enemigos. El problema está en que muchas veces el creyente da un énfasis desmedido al ataque externo que puede recibir, en lugar de considerar atentamente el ataque que está en él.

El creyente corre un gran peligro con el pecado. Un ejemplo muy conocido que ilustra ese peligro tuvo lugar en la década de los setenta cuando se diagnosticó a un niño pequeño en Estados Unidos con una rara enfermedad. Esta enfermedad particular no permitía que su cuerpo desarrollara anticuerpos ni defensas, así que era altamente susceptible a ser víctima mortal de cualquier bacteria o virus. Para proteger al niño, sus padres crearon una especie de burbuja en la cual el niño tenía que vivir. Además, estudiaron la posibilidad de hacer una transfusión sanguínea con la sangre de su hermana para que, una vez su cuerpo la recibiera, comenzara a producir anticuerpos. El día llegó y la transfusión fue un éxito; sin embargo, el niño murió. El problema fue que los médicos prestaron tanta atención a los factores externos, cuidando que el ambiente estuviera limpio y estéril, que olvidaron examinar a detalle la sangre de la hermana para ver si estaba libre de microrganismos. Lo que provocó la muerte de este niño no fueron los factores externos, sino que vino de su interior: un virus. De igual manera sucede con el pecado en la vida del creyente. El riesgo es grande.

Es más fácil para el creyente prestar atención a los ataques que recibe de Satanás, a los ataques que recibe del mundo, y a los ataques que recibe de la gente que está alrededor suya, que al pecado. Sin embargo, el peligro real es el pecado que está dentro de él. Ese es el peligro real, y es el peligro al cual debe prestar atención.

1 Samuel 15 habla justamente de este peligro cuando nos relata acerca de un rey que fue elegido y establecido por Dios para dirigir a la nación hacia la santidad, pero que decidió de manera voluntaria apartarse de Él. Este rey era Saúl, y el creyente puede aprender de la vida del rey Saúl para evitar ser infiel a Dios. Contrario a lo que se esperaba, Saúl dejó de caminar con Dios (1 Sam 15:10–12). Las consecuencias fueron catastróficas:

Entonces vino la palabra del Señor a Samuel, diciendo: Me pesa haber hecho rey a Saúl, porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido mis mandamientos. Y Samuel se conmovió, y clamó al Señor toda la noche. Y se levantó Samuel muy de mañana para ir al encuentro de Saúl; y se le dio aviso a Samuel, diciendo: Saúl se ha ido a Carmel, y he aquí que ha levantado un monumento para sí, y dando la vuelta, ha seguido adelante bajando a Gilgal.

El versículo diez afirma que a Dios le pesa haber puesto a Saúl como rey. Esta es una afirmación muy fuerte en el Antiguo Testamento; sin embargo, no implica que Dios se está arrepintiendo. Más adelante, en el versículo veinticuatro, es claro que Dios no cambia Sus propósitos, ni altera Sus planes. Esto no significa que Dios sea un ser insensible, sino todo lo contrario. Lo que el versículo once nos hace ver es que Dios tiene emociones, que tiene sentimientos. Dios interactúa con Su creación de esta manera, pero eso no significa que Dios haya cambiado Sus propósitos. La pregunta es, ¿por qué le pesó a Dios haber puesto por rey a Saúl? El versículo once lo dice claramente: «Porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido mis mandamientos». Esto es consistente con el tema central del capítulo quince: La obediencia o desobediencia a la Palabra de Dios. Este relato muestra lo terrible que es desobedecer a Dios y Su Palabra. La expresión “no ha cumplido” significa tener una indisposición, tener un rechazo a la Palabra de Dios. La idea es que la persona, de manera explícita, decide voluntaria y conscientemente rechazar lo que Dios ha dicho. Lo que le causó dolor a Dios fue la actitud en el corazón de Saúl: Una actitud contraria a Su voluntad.

El versículo doce dice además que Samuel fue a Carmel y levantó un monumento para sí. Un monumento era una columna de piedras—una práctica común en la antigüedad—cuyo propósito era señalar que el ejército había tenido victoria sobre los enemigos. Era una señal de victoria. Saúl se concentró más en su victoria militar que en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Se concentró más en traer renombre y reputación a él mismo, que traer gloria a Dios obedeciéndolo.

Finalmente, Saúl se fue a Gilgal, a la ciudad donde empezó todo y donde ahora todo estaba llegando a su fin. Él termina donde empezó. Gilgal es una ciudad muy importante ya que en esa ciudad Saúl fue elegido Rey (1 Sam 9), fue advertido de su pecado (1 Sam 13) y se le quitó el reino por su desobediencia (1 Sam 15). La indisposición para obedecer hizo que Saúl fuese infiel a Dios.

De la misma forma, el problema para el creyente no es que sepa la verdad o no la sepa. El problema es si obedece esa verdad o no. Lo que Dios va a evaluar al final en la vida del creyente no es cuántos versículos bíblicos se memorizó, ni cuántos sermones escuchó. Dios no va a pedir cuentas de eso. Lo que Dios preguntará al creyente es si obedeció o no lo hizo. El creyente debe tener la actitud correcta al escuchar la Palabra de Dios y debe tener la disposición a obedecer incondicionalmente.

https://blog.tms.edu/es/author/jos%C3%A9-carlos-mart%C3%ADnez

Cómo conocer la voluntad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cómo conocer la voluntad de Dios

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cuando las personas tratan de encontrar la voluntad de Dios, normalmente se preocupan por tomar las decisiones correctas según el plan general de Dios para sus vidas. Esto es cierto, ya sea que estemos tomando decisiones para nosotros mismos o ayudando a nuestros seres queridos a tomar decisiones cruciales en sus vidas. Estas decisiones pueden ser asuntos como cuál carrera universitaria elegir, con quién casarse, cuándo tener hijos y cuántos tener, cómo educar a nuestros hijos, a cuál iglesia asistir, dónde vivir y cuál tratamiento médico seguir.

Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios.

Estos asuntos son importantes y no debemos minimizar su valor. Sin embargo, tomarlos en serio no significa intentar descifrar la mente de Dios para entonces estar seguros de haber tomado la decisión correcta. La realidad es que no podemos comprender la mente de Dios ni tampoco podemos conocer la voluntad secreta o decretiva de Dios (voluntad de decreto), la cual es Su plan eterno establecido soberanamente para toda la creación. Por otro lado, sí podemos conocer la voluntad revelada o preceptiva de Dios (voluntad de precepto), la cual envuelve lo que Dios nos ha revelado soberanamente en la Escritura sobre Sí mismo, Sus caminos y Su ley para nosotros. La voluntad preceptiva de Dios nos dice lo que es agradable ante Él según Su carácter santo.

Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios. Cuando buscamos la Palabra de Dios para ayudarnos a tomar decisiones, aprendemos a pedirle al Señor por sabiduría y por la guía del Espíritu Santo, aprendemos a caminar por el Espíritu en humildad y santidad, a buscar sabiduría en consejeros y ancianos sabios y confiables, a escuchar y a honrar a nuestros padres y madres, a considerar nuestros dones, prioridades y recursos, a no atravesar una puerta simplemente porque está abierta y, a veces, a derribar una puerta cuando parece estar cerrada, a simplemente hacer algo, y en otros momentos, a esperar en el Señor hasta que nuestro camino se aclare. Porque, como dice Pablo: «No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom 12:2).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

5 – LA LEY DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

5 – LA LEY DE DIOS

R.C.Sproul

Dios gobierna a su universo por la ley. La propia naturaleza funciona bajo su gobierno providencial. Las así denominadas leyes de la naturaleza son simples descripciones de la manera normal que Dios tiene de ordenar su universo. Estas «leyes» son expresiones de su voluntad soberana.

Dios no le rinde cuentas a ninguna ley fuera de sí mismo. No existen normas cósmicas independientes que obliguen a Dios a obedecerlas. Por el contrario, Dios es su propia ley. Esto decir que Dios actúa de acuerdo con su propio carácter moral. Su propio carácter no es solo moralmente perfecto, sino que es el patrón estándar de la perfección. Su acciones son perfectas porque su naturaleza es perfecta, y Él siempre actúa de acuerdo con su naturaleza. Por lo tanto, Dios nunca es arbitrario, caprichoso o antojadizo. Siempre hace lo que es correcto.

Como criaturas de Dios, a nosotros también se nos exige que hagamos lo que es correcto. Dios nos exige que vivamos una vida de acuerdo a su ley moral, la cual nos ha revelado en la Biblia. La ley de Dios es el estándar de justicia y la norma suprema para juzgar el bien y el mal. Dios tiene la autoridad para imponernos obligaciones, para exigir nuestra obediencia, y exigir el compromiso de nuestras conciencias, porque Él es nuestro soberano. También tiene el poder y el derecho para castigar la desobediencia cuando violamos su ley. (El pecado puede ser definido como la desobediencia a la ley de Dios.)

Algunas leyes de la Biblia están directamente basadas en el carácter de Dios. Estas leyes reflejan los elementos transculturales y permanentes de las relaciones, tanto divinas como humanas. Otras leyes obedecieron a condiciones pasajeras de la sociedad. Esto significa que algunas leyes son absolutas y eternas, mientras que otras pueden ser anuladas por Dios por razones históricas, como las leyes ceremoniales y de dieta de Israel. Solo Dios puede abolir dichas leyes. Los seres humanos nunca tienen la autoridad para abolir la ley de Dios.

No somos autónomos. Es decir, no se nos permite vivir de acuerdo con nuestra propia ley. La condición moral de la humanidad es la de heteronomía: vivimos bajo la ley de otro. La forma específica de heteronomía bajo la cual vivimos es la teonomía, o la ley de Dios.

Resumen

l. Dios gobierna al universo por leyes. La gravedad es un ejemplo de las leyes de Dios para la naturaleza. La ley moral de Dios está en los Diez Mandamientos.

2. Dios tiene la autoridad para imponer obligaciones a sus criaturas.

3. Dios actúa de acuerdo a la ley de su propio carácter.

4. Dios nos revela su ley moral a nuestras conciencias y en la Escritura.

5. Solo Dios tiene la autoridad para abolir sus leyes.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ex. 20:1-17

Ps. 115:3

Mat. 5:17-20

Rom. 7:7-25

Gal. 3:23-29

Autonomía = Auto nomos = Ley propia

Heteronomía = Hetera nomos =  Ley de otros

Teonomía =  Theo nomos =  Ley de Dios

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul