¿Cómo puedo tomar control de mis pensamientos?

Got Questions

¿Cómo puedo tomar control de mis pensamientos?

Muchos cristianos luchan con este tema, sobre todo en nuestro mundo altamente tecnológico, sin embargo, es esencial tomar el control de nuestros pensamientos. Proverbios 4:23 dice, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”. El «corazón» incluye la mente y todo lo que procede de ella. Alguien dijo que cada pecado que cometemos, lo cometemos dos veces, una vez en nuestros pensamientos y otra vez cuando actuamos sobre esos pensamientos. Es más fácil librar nuestras vidas de pecado si lo atacamos en este nivel fundamental de pensamiento en vez de esperar que sea arraigado en nuestras vidas por nuestras acciones, y luego intentar sacarlo.

También hay una diferencia entre ser tentado (un pensamiento que entra en la mente) y pecar (meditar sobre un mal pensamiento y revolcarse en ello). Es importante entender que cuando un pensamiento entra en nuestra mente, lo examinamos basado en la Palabra de Dios y determinamos si debemos continuar por ese camino, o rechazamos el pensamiento y lo reemplazamos con otro. Si ya hemos permitido que se forme un hábito en nuestros pensamientos, es más difícil cambiar el rumbo de nuestros pensamientos, tal como es difícil sacar un auto de un profundo bache y ponerlo sobre una nueva pista. Aquí hay algunas sugerencias para tomar control de nuestros pensamientos y deshacernos de malos pensamientos:

1. Estar en la Palabra de Dios para que cuando un pensamiento pecaminoso entre en nuestra mente (la tentación), podamos reconocerlo por lo que es y saber qué rumbo tomar. Jesús en el desierto (Mateo 4) respondió a cada una de las tentaciones de Satanás con una Escritura que tuvo aplicación a la dirección que Él supo que Su mente debería tomar en vez de empezar por el camino del pensamiento pecaminoso. Cuando fue tentado a suplir Su necesidad física (convertir las piedras en pan), Él recitó el pasaje sobre la importancia de confiar en Dios. Cuando fue tentado a servir a Satanás con el fin de obtener la gloria del mundo, Él sacó hasta el pasaje que dice que estamos para servir y adorar solo a Dios, y hablar de la gloria que pertenece a Él y a los que son Suyos.

Cuando fue tentado a probar a Dios (para ver si Dios realmente estaba allí y cumpliría Sus promesas), Jesús respondió con pasajes que hacen hincapié en la importancia de creer a Dios sin tener que verlo demostrar Su presencia. Citando las Escrituras en un momento de tentación no es un talismán, sino más bien sirve al propósito de enfocar nuestras mentes en una dirección bíblica, pero necesitamos conocer la Palabra de Dios ANTES de ese momento para lograrlo. Por lo tanto, es esencial un hábito diario de estar en la Palabra de una manera significativa. Si somos conscientes de un área determinada de tentación constante (la preocupación, la lujuria, la ira, etc.), tenemos que estudiar y memorizar pasajes claves que traten esos temas. Buscar tanto lo que debemos hacer para evitar (lo negativo) y cómo responder correctamente (lo positivo) a situaciones y pensamientos tentadores — antes de que estén sobre nosotros — nos dará una gran victoria sobre ellos.

2. Vivir en dependencia del Espíritu Santo, principalmente a través de la búsqueda de Su fuerza a través de la oración (Mateo 26:41). Si nos basamos en nuestra propia fuerza, fracasaremos (Proverbios 28:26; Jeremías 17:9; Mateo 26:33).

3. No alimentar nuestras mentes con aquello que promueve los pensamientos pecaminosos. Esta es la idea de Proverbios 4:23. Debemos guardar nuestros corazones — lo que permitimos en ellos y en lo que meditamos. Job 31: 1 dice, “Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” Romanos 13:14 dice, “…vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Por lo tanto, debemos evitar periódicos, videos, páginas web, conversaciones y situaciones que nos llevarán a una caída. Además, debemos evitar pasar tiempo con aquellos que nos animarían a andar por esos caminos equivocados.

4. Buscar intensamente a Dios, sustituyendo una cosmovisión bíblica y búsquedas piadosas por los pensamientos pecaminosos. Este es el principio de la sustitución. Cuando tentados a odiar a alguien, reemplazamos esos pensamientos odiosos con acciones piadosas: les hacemos el bien, hablamos bien de ellos y oramos por ellos (Mateo 5:44). En lugar de robar, debemos trabajar duro para ganar dinero, y luego buscar oportunidades para dar a otros en necesidad (Efesios 4:28). Cuando somos tentados a codiciar a una mujer, quitamos nuestra mirada, alabamos a Dios por la manera que Él nos ha hecho — masculinos y femeninos — y oramos por la mujer (por ejemplo: ‘Señor, ayuda a esta joven a conocerte, si no te conoce, y a experimentar la alegría de caminar contigo’), y luego pensamos en ella como una hermana (1 Timoteo 5:2). La Biblia habla a menudo de “despojarse de” pensamientos y acciones malos y luego de “vestirse de» acciones y pensamientos piadosos (Efesios 4:22-32). Simplemente buscando despojarse de esos pensamientos pecaminosos sin reemplazarlos con pensamientos piadosos deja un campo vacío para que Satanás venga y siembre su cizaña (Mateo 12:43-45).

5. Utilizar el compañerismo con otros cristianos en la manera que Dios lo quiso. Hebreos 10:24-25 dice, “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Los hermanos cristianos que nos animarán en los cambios que deseamos (es mejor un compañero del mismo género), que orarán por y con nosotros, que nos preguntarán en amor cómo estamos, y que nos pedirán cuentas en evitar las viejas costumbres, son valiosos amigos de verdad.

Una cosa final, y la más importante: estos métodos no serán de valor alguno si no hemos puesto nuestra fe en Cristo como Salvador de nuestros pecados. ¡Esto es absolutamente donde debemos empezar! Sin esto, no puede haber victoria sobre pensamientos pecaminosos y tentaciones, y las promesas de Dios y el poder del Espíritu Santo disponibles para Sus hijos no son para nosotros.

Dios bendecirá a aquellos que busquen honrarlo con lo que más le importa: lo que somos por dentro y no solo lo que aparentamos ser a los demás. ¡Qué Dios haga válida la descripción de Jesús de Natanael — un hombre [o mujer] en el cual no hay engaño (Juan 1:47)!

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La parábola del buen pastor

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús.

La parábola del buen pastor

Por Greg Lanier

Nota del editor: Este es el décimo tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

Las metáforas que están profundamente arraigadas en nosotros (como que Dios es nuestra roca, que el amor es una travesía, etc.) nos ayudan a captar verdades que de otro modo podrían escaparse entre los dedos de nuestra mente. Juan 10 es un ejemplo relevante de esto. La compleja «imagen verbal» (v. 6; «alegoría», «figura» o «comparación» en algunas traducciones) del pastor, la oveja, la puerta del redil y los posibles ladrones nos llevan al corazón de quien es Jesús y de cómo somos llamados para seguir solamente Su voz. Como cualquier buena metáfora, se propaga hacia el exterior en varios sentidos. Vamos a seguirlos.

Utilizando detalles sobre el pastoreo, que eran familiares para Su audiencia, Jesús visualiza un gran redil de ovejas con un portero que guarda la puerta para asegurarse de que solo los verdaderos pastores entren y salgan con sus ovejas, que son vulnerables. Cualquiera que no pase por esa puerta es un posible ladrón. Esta imagen recuerda cómo Jesús describe a la gente como «ovejas sin pastor» (Mr 6:34) y a Sí mismo como Aquel enviado a buscar la oveja perdida (Mt 18:12Lc 15:3-7). Como Él cuida amorosamente Sus ovejas, Su «voz» es lo más importante (Jn 10:4). En el antiguo Israel, los pastores iban delante de sus ovejas y las guiaban (en lugar de conducirlas por detrás) simplemente por reconocimiento de voz. En esta parte del Evangelio de Juan, Jesús se esfuerza por demostrar que Él es el verdadero líder de «Sus ovejas» (v. 3), no las autoridades religiosas corruptas que querían destruirlas, así como los ladrones de la parábola. 

Dios promete enviar un verdadero Pastor, un nuevo David, que cuidará del pueblo para siempre.

Pero el uso de las imágenes de ovejas y de pastoreo se refleja en toda la Escritura, en la que el pueblo de Dios regularmente se describe como un rebaño de ovejas (1 Re 22:17; Sal 44) y los reyes de Israel, especialmente David, como sus pastores (Sal 78). Pero cuando sus líderes fallaban, los profetas los denunciaban como pastores ladrones y sin valor (Isa 56:9-12Jer 23:1-4Zac 11:4-17). En medio de este caos de pastores devoradores de ovejas, Dios promete enviar un verdadero Pastor, un nuevo David, que cuidará del pueblo para siempre: «Entonces pondré sobre ellas un solo pastor que las apacentará, Mi siervo David; Él las apacentará y será su pastor» (Ez 34:23). Al declararse a Sí mismo como el «buen pastor» (Jn 10:11), Jesús deja en claro que Él ese pastor mesiánico prometido. Y superará con creces a cualquier pastor terrenal: mientras que el «asalariado» huye cuando viene la dificultad (v. 12), Jesús da Su vida por Sus ovejas (v. 11). 

Pero las ondas de la imagen van aún más lejos. A lo largo del Antiguo Testamento, Dios mismo se describe con frecuencia como el verdadero Pastor (Gn 49:24; Sal 23; 95:7). Además, Dios promete que en el futuro «Yo mismo buscaré Mis ovejas y velaré por ellas» (Ez 34:11). En otras palabras, tanto Dios como el Mesías davídico son los futuros pastores del rebaño. No es de extrañar que Jesús aclare las implicaciones: Él no solo cumple el rol mesiánico de Pastor en Su parábola, sino que declara: «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10:30). De una manera sorprendente pero misteriosa, Jesús, como el Hijo divino del Padre, cumple la promesa de que «un» Pastor —«uno» trinitario— cuidaría del rebaño. 

A través de esta hermosa imagen verbal, Jesús revela que solo Él es la puerta de salvación y el Buen Pastor que, como Dios encarnado, cuida Su rebaño muriendo para liberarlo. Él conoce a los Suyos. Él los ama. Y aquellos que son verdaderamente Suyos —que el Padre le dio— conocen Su voz y encuentran seguridad en Su grey. Aunque andábamos «descarriados como ovejas», ahora hemos «vuelto al Pastor… de [nuestras] almas» (1 Pe 2:25). Pero esta gloriosa verdad no se detiene ahí. Jesús, «el gran Pastor de las ovejas» (Heb 13:20), ahora ha puesto pastores ayudantes para cuidar y proteger Su rebaño (1 Pe 5:2). Estos pastores terrenales protegen de los ladrones que son los falsos maestros (Hch 20:29). Alimentan a las ovejas cuidando de sus necesidades espirituales (Jn 21:16-17) y trabajan para ayudar a sus ovejas a discernir y seguir la «voz» de Jesús, que se escucha en la Palabra de Dios escrita: la Biblia. 

Entonces, ¿cómo debemos responder a Juan 10? Para los que somos ovejas: trabajemos para ser buenas ovejas, siguiendo la voz del único Pastor. Para los que somos pastores de la grey: apacentemos nuestros rebaños a través de la verdadera «puerta» para que encuentren pastos y cuidémoslos, no como asalariados que buscan ganancias egoístas, sino como los que caminan sobre las huellas del Buen Pastor.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Greg Lanier
Greg Lanier

El Dr. Greg Lanier es profesor asistente de Nuevo Testamento en el Reformed Theological Seminary de Orlando, Florida, y pastor asistente en River Oaks Church (PCA) en Lake Mary, Florida. Es autor de varios libros, incluyendo How We Got the Bible [Cómo nos llegó la Biblia] y Old Testament Conceptual Metaphors and the Christology of Luke’s Gospel [Metáforas conceptuales del Antiguo Testamento y la cristología del Evangelio de Lucas].

Las Mujeres y la Tentación Sexual: Aprendiendo a Hablar Sobre la Lujuria

Evangelio Blog

Las Mujeres y la Tentación Sexual: Aprendiendo a Hablar Sobre la Lujuria

Por Kelly Needham

Durante el tiempo que he estado en la iglesia, he sabido que el pecado sexual es la lucha de un hombre. Lujuria, fantasías sexuales, pornografía, masturbación. Éstas eran todas cosas comunes al hombre, no comunes a la mujer. Entonces, ¿qué iba a hacer cuando el catálogo Victoria’s Secret de mi mamá llegara, y me escondiera en secreto sobre las fotos deseando verme como esas mujeres? ¿O cuando reproduje las escenas íntimas y sexuales del Titanic en mi cabeza? ¿O cuando descubrí que ciertas partes de mi cuerpo se sentían muy bien cuando eran tocadas de cierta manera? Una niña cristiana no debe ocuparse de tales cosas.

Pero la verdad es que la lujuria es una tentación común a la humanidad, no sólo a los hombres. La lujuria es un deseo de algo que no es del tuyo tener. Y un montón de mujeres, yo incluida, han codiciado la búsqueda y la intimidad de un marido antes de que fuera nuestro para tener. Podríamos no luchar de la misma manera que nuestros hermanos, pero cada uno de nosotros conoce la atracción de las tentaciones lujuriosas. Para la mayoría de las mujeres, la batalla lujuriosa nace en las emociones. Danos una comedia romántica efusiva o un libro sensual como The Notebook, y se puede hacer en nosotras. Para las mujeres, la idea de la intimidad emocional y la sensualidad puede ser mucho más tentadora que un cuerpo desnudo.

Pero, independientemente de donde surja la tentación, entregarse a la lujuria es pecado. Y como todo pecado, tenemos que confesarlo y recordar la sangre de Jesús derramada por ello. Pero me temo que demasiadas mujeres dejan el pecado sexual sin tratar porque creen la mentira de que la lujuria es la lucha de un hombre. Esta es mi motivo, incluso de surgir un tema tan sensible y algo controvertido: el pecado no confesado inhibe la curación que nuestras almas necesitan y nos aleja de una realidad experimental de nuestro perdón en Cristo ( Santiago 5:16 ; 1 Juan 1:9).

Iniciar la Conversación

¿Cuándo fue la última vez que alguien en su grupo de oración confesó mirar pornografía? ¿O la masturbación? ¿O entretener las fantasías sexuales? O repetir ciertas escenas sensuales románticas una y otra vez? Garantizado, estas luchas por el pecado están sucediendo en tu iglesia. (Yo sé que están en la mía.) Pero cuando no hablamos de ello, un mensaje sutil se transmite: Los pecados sexuales son inaceptables entre las mujeres.

Mi esposo y yo lideramos el grupo de la universidad en nuestra iglesia. Cada año hago un punto de abordar los problemas del pecado sexual cuando apenas las damas están juntas. Comparto mi esperanza de que nuestro grupo de origen sea un lugar seguro para que ellas lleven el pecado a la luz, incluso los «desordenados» como la masturbación, las fantasías o la pornografía. Comparto brevemente que luché en silencio con la masturbación y las fantasías durante años. Aprender a confesar mis pecados a Dios y a los demás fue el comienzo de mi victoria a través de la Buena Noticia de todo lo que Jesús ha hecho por mí. Les recuerdo a nuestras chicas universitarias que todos llevamos las sucias manchas del pecado y que Cristo puede limpiarlas a todas.

Cada año muchas mujeres jóvenes confiesan sus pecados sexuales ocultos y batallas con la lujuria por primera vez. Algunas comparten que esa lujuria se convirtió en una lucha después de haber sido abusadas. Algunos eran simplemente niños curiosos cuando descubrieron las partes de su cuerpo que se sentían bien cuando se tocaban. Algunas fueron expuestas a películas y libros que abrieron la puerta a la lujuria demasiado temprano en la vida. Algunas eran sexualmente activas antes de ser salvadas y, aunque ahora permanecen abstinentes, todavía luchan un intenso deseo de intimidad sexual. Otras habían sido tan abrigadas que no sabían que las cosas extrañas que hicieron en la ducha tenía un nombre. Todas estas mujeres sabían que estas cosas estaban mal pero no sabían cómo parar o con quién hablar.

La conversación franca y directa puede quitar el «poder» que estos pecados sexuales parecen tener. Estas conversaciones abren las puertas para que el diluvio purificador del evangelio se lave sobre todas nuestras manchas sucias. Hasta que no sienta la gloriosa verdad de que no hay condenación para los que están en Cristo, no encontramos la confianza para correr a nuestro Salvador por la victoria sobre los pecados sexuales.

Ya sea que usted misma ha luchado con estos deseos sexuales usted o no, usted puede ayudar a comenzar la conversación que muchas de sus hermanas en Cristo necesitan tener. Comparta su propia historia o mencione brevemente cómo el pasaje de la Escritura que están estudiando juntas se aplica a la lujuria o, a la tentación sexual. Y cuando la lujuria se menciona, no lo discuta como sólo una lucha de un hombre.

Ayudando a las Mujeres a Luchar Contra la Lujuria

Debido a mi lucha oculta con la lujuria a través de los años, entré en matrimonio con un muro de vergüenza en torno a mi sexualidad. No tenía categoría de una buena sexualidad que fuera parte del diseño de Dios. Sí, sabía que era bueno en el matrimonio, y sabía que quería experimentarlo. Pero como nunca había oído a otras mujeres luchar con tales luchas, el hecho de que anhelaba experiencias sexuales me hacía sentir sucia y grosera. Así que ahora, como una mujer casada, ¿cómo se supone que aborde esto sin vergüenza, para buscar la sexualidad libremente?

Combatir el pecado sexual debe comenzar con la comprensión del propósito y el lugar de nuestra sexualidad. Lo mismo es cierto para entender el propósito de los alimentos en la lucha contra la glotonería. O el propósito del dinero en la lucha contra la codicia. La comida, el dinero y el sexo no son malos en sí mismos. Pero el uso indebido de ellos, por las razones equivocadas o en los caminos equivocados, es pecado.

Entonces, ¿cuál es el propósito y el lugar de nuestra expresión sexual? El Jardín del Edén es el lugar del primer momento de expresión sexual pura y desvergonzada. En Génesis 1, Dios ordena la expresión sexual: “Sed fecundos y multiplicaos.” Y en Génesis 2 vemos que es natural y normal que un hombre y una mujer sean sexualmente íntimos, “y serán una sola carne. 25 Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.” y eso no conlleva vergüenza alguna, “Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.” Esto nos recuerda dos importantes verdades:

  • El sexo es bueno.
  • El sexo es para un hombre casado y su esposa.

Debemos tener esas dos verdades en nuestro marco mientras luchamos contra el pecado sexual. Aquí está el porqué: La mayoría del pecado sexual no es un deseo de algo malo sino el deseo de algo bueno expresado prematuramente o en un contexto inapropiado. No podemos llamar mal al deseo de tener sexo en el matrimonio. Este es un buen deseo. Pero si Dios no ha proporcionado al cónyuge, entonces Su clara respuesta es todavía no, no ahora.

Cuando hablo con mujeres solteras que luchan con su deseo de ser sexy, de ser románticamente deseadas, primero les recuerdo: «¡Si Dios te da un marido tal regalo será para él y para tu matrimonio!” Esto evita el apego de la vergüenza innecesaria al deseo de sexo y le mantiene como regalo de Dios para los matrimonios. Conocer estas verdades puede dar a las mujeres el valor de hablar con Dios acerca de sus deseos y luchas y luchar contra el pecado sin vergüenza innecesaria.

La discusión bíblica sobre la sexualidad también puede impedir que las mujeres lleven la vergüenza al matrimonio. Puede prepararlas para que sean esposas sexualmente confiadas que entiendan el propósito y lugar del sexo y lo disfruten apropiadamente en el buen diseño de Dios. Pueden entonces usarlo para servir a su esposo y vivir en una unidad sana con el hombre que Dios les ha dado.

Persiga el Mayor Bien

Dios es la fuente de todos los buenos dones. Si el sexo en el matrimonio es algo que usted ve como deseable, ¡cuánto mayor es el Dador de ese buen regalo! Es suficiente para la longanimidad de los deseos insatisfechos. Él es el bien mayor. El sexo, como el alimento, está apuntando a la mayor realidad de El mismo. Jesús dijo que Él es el pan de vida. A Él es lo que la buena comida está señalando. Pablo dijo que el misterio del sexo está hablando de la unidad que tenemos con Cristo. La unión con Cristo es a lo que apunta el buen sexo.

Vuelva su energía para buscar a Cristo con todo lo que tiene. Mientras tanto, siga creando un espacio seguro para que las mujeres confiesen su lucha con el pecado sexual, para que las hijas de Dios puedan encontrar arrepentimiento, sanidad y restauración en esta área. Y que a través del poder del evangelio, podamos llegar a ser siervas más equipadas de nuestro Único y Verdadero Amor.

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Kelly Needham espera persuadir a tantas personas como sea posible que nada se compara con simplemente conocer a Jesús. Está casada con el cantante y compositor cristiano Jimmy Needham, cuyo ministerio de compartir el evangelio a través de la canción lo lleva a todo el mundo. Después de pasar muchos años viajando con su marido como su director y violinista, Kelly salió de la trayectoria para ser una madre de tiempo completo a sus dos jóvenes hijas.

¿Cómo evito la infidelidad emocional?

Aviva Nuestros Corazones

¿Cómo evito la infidelidad emocional?

Betsy Gómez

Habéis oído que se dijo: “ No cometerás adulterio .” Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Mateo 5:27-28

Para ajustar esta enseñanza a nuestra realidad como mujeres podemos concluir que, “Toda mujer casada que mire a un hombre para satisfacer en él sus necesidades o fantasías emocionales, ya cometió adulterio en su corazón.”

Ser presa de la infidelidad emocional es más fácil de lo que nos imaginamos, muchas nos creemos incapaces de cometer adulterio, sin embargo posiblemente no estemos haciendo nada para guardar nuestras mentes y corazones.

En mis años de empleada mi trabajo requería mantener un contacto constante con compañeros de trabajo y en ocasiones me vi tentada a “engancharme” emocionalmente, a darle espacio emocional a otro hombre en mi corazón. Si paso revista de cuáles fueron las razones, estoy convencida que se debió primordialmente a que mi relación con el Señor estaba muy deteriorada en esos años y me creía muy buena e incapaz de desenfocarme o de vincularme emocionalmente a otro hombre que no fuera mi esposo.

Cuando empiezas a recibir el reconocimiento y apreciación de otras personas, cuando te ves en largas jornadas de trabajo y en ocasiones compartiendo en escenarios fuera de la casa, ese corazón engañoso, que por causa del pecado nos traiciona, es capaz de llevarnos a un adulterio emocional.

Ninguna mujer está exenta de sentirse atraída por otro hombre, las tentaciones están a la orden del día y el enemigo no tiene compasión. Somos bombardeadas con mentiras que nos hacen dudar y ponen a prueba nuestras convicciones. Es por esto que quiero compartirles algunos consejos que aún me son útiles:

No te creas mejor de lo que eres

Eres una pecadora. No te engañes a ti misma pensando que nunca vas a caer. Tener una mayor expectativa de ti genera autosuficiencia e independencia de Dios.

Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. 1 Corintios 10:12

Ninguno tenga más alto concepto de sí que el que debe tener. Romanos 12:3

No te expongas a materiales que alimentan
fantasías en tu mente y atenten contra tu pureza

Es muy sutil cómo la mente de la mujer puede ser envenenada al hojear revistas, leer o ver novelas románticas. El efecto en el corazón de la mujer de las historias románticas son muy parecidos a los de la pornografía. Tenemos que cuidarnos de todo lo que cree lazos con un mundo ficticio, ya que lo único que experimentaremos es frustración e insatisfacción.  Es importante que recordemos también que la exposición a contenido impuro erosiona el dominio propio.

Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. Efesios 5:3

Ten expectativas realistas de tu esposo

No hagas a tu esposo esclavo de expectativas irreales, acéptalo y amálo como es. Resalta sus cualidades positivas, aquellas de las cuales te enamoraste. No busques en tu esposo las características de los esposos de tus amigas o los personajes de las telenovelas. 

Se abierta con tu esposo acerca de tus necesidades

Los hombres no son adivinos y no pueden saber todo lo que hay en nuestra mente y corazón. El hombre, mientras esté viendo que las cosas andan “bien”, no se detendrá a preguntar. Trata de comunicarle aquellas cosas que necesitas y no asumas que él debe de darse cuenta. Comunícalas en amor sin reprocharle el hecho de no darse cuenta.

No escojas a otro hombre como tu mejor amigo

El enganche emocional se cultiva con la cercanía y la confianza. Aunque no lo creas, tu engañoso corazón puede conectarse con cualquier hombre con el que compartas muy a menudo. Sí, aún ese que estimas como un hermano. No tengas confidentes del sexo opuesto, no acostumbres compartir tus luchas con otros hombres. Tu confidente debe ser tu esposo. Es probable que él no sea de mucho hablar, como es normal en muchos hombres. Sin embargo, mientras dependa de ti, aprovecha oportunidades para fortalecer tu vínculo de amistad y transparencia con el. Pero recuerda que en una amistad no solo se habla de problemas y quejas. 🙂

No hagas viajes al trabajo, universidad o de regreso a casa en
compañía exclusiva de otro hombre que no sea tu esposo.

Cuando abrimos espacios de confianza con otros hombres, se va creando una afinidad o “química” que puede resultar en sentimientos engañosos. Aunque parezca muy radical, acostúmbrate abrir espacios que generen un vínculo con una persona del sexo opuesto.

Dale acceso a tu esposo a tus redes sociales, correo y teléfono.

El llamado a ser una sola carne no se limita a las redes sociales. Vivimos en la era digital, pero eso no nos da derecho a tener una doble vida, sé consistente con lo que eres en las redes y lo que eres en tu hogar. No debe existe «privacidad» entre una pareja de esposos, nada escondido puede prosperar.

Nutre tu relación con el Señor.

Tu fidelidad a tu esposo fluirá de tu fidelidad con el Señor. Los consejos anteriores solo pueden ser llevados a cabo si nutres tu relación con Dios. Sé diligente en exponerte a la Palabra de Dios y en cultivar las disciplinas espirituales. 

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5

Arrepiéntente y confiesa tu pecado

Si en este momento reconoces que has cometido adulterio emocional entonces es tiempo de que te arrepientas y confieses tu pecado a Dios. También ora por el corazón de tu esposo, confiésale y dile por que estás arrepentida. Sé que encontrarás mil razones para no hacerlo, pensarás que al final de cuentas no «hiciste» nada, pero no permitas que tu corazón te engañe. Uno de los beneficios de la confesión es que te protege de no caer más bajo, cuando saques a la luz tu pecado ya no tendrás nada que esconder y podrás caminar en libertad. Genera el hábito de manterner tus cuentas claras con Dios y con tu esposo. Si es necesario busca ayuda de tus pastores o hermanas maduras en tu iglesia local.

El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Prov. 28:13

Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. Santiago 5:16a

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Betsy Gómez tiene una gran pasión por inspirar a otras mujeres a atesorar a Cristo en lo ordinario de la vida. Ella dirige el área de creatividad de Aviva Nuestros Corazones y las iniciativas de alcance de Joven Verdadera. Nació en la República Dominicana, y ahora vive en Irving, Texas, donde su esposo, Moisés, sirve como pastor hispano en la iglesia First Irving. Tienen dos niños y una niña.

La parábola del fariseo y el publicano

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús.

La parábola del fariseo y el publicano

Por Erik Raymond

Nota del editor: Este es el décimo segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

Cuando una historia de pronto da un giro, es un momento emocionante y esclarecedor. En Lucas 18:9-14, nos encontramos con un giro sorprendente. Dos hombres suben al templo a orar. Uno que esperarías ver allí: el fariseo. El otro te sorprendería verlo aparecer. Es un recaudador de impuestos a quien se le considera como alguien despreciable, uno que ha traicionado a los suyos.

Ambos van a orar, y al final, solo uno se va a casa en paz  con Dios. La sorpresa es que es el recaudador de impuestos, no el líder religioso. ¿Cómo sucedió esto? Lucas nos dice desde el principio: «Refirió también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y despreciaban a los demás» (v. 9). Esta es una historia sobre el orgullo y la humildad delante de Dios. Y lo que vemos es que con Jesús, el camino hacia abajo es el camino hacia arriba.

Nadie jamás será considerado justo a los ojos de Dios por confiar en sí mismo. 

Los fariseos eran conocidos por lucir y actuar como religiosos en público (20:47). En nuestra parábola, el fariseo va al templo y ora. Su oración revela un par de cosas sobre él. 

Primero, lleva una vara de medir. Quiere medirse con los demás. Después de ofrecer una breve palabra de gratitud a Dios, revela sus valoraciones. Él no es como los demás hombres; de hecho, es mejor que ellos. Cuando se compara a sí mismo con los demás, en especial con este recaudador de impuestos (18:11), declara su superioridad. Esta práctica es tan peligrosa como común. Con demasiada frecuencia nos comparamos con los demás, pero a fin de cuentas esto no tiene ningún valor. El estándar es la justicia de Dios, no la de otras personas. Él está cegado por su orgullo. 

En segundo lugar, lleva un currículum. ¿Ves cómo repasa lo que ha hecho? Él dice: «Ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano» (v. 12). Se jacta de lo que ha hecho. Él está, como dijo Jesús, confiando en sí mismo como justo. ¿No es sorprendente que este hombre se jacte de sí mismo en el templo delante de Dios en oración? ¿Sabe él con quién está hablando? Le está recitando su currículum a Dios como si lo fuera a impresionar. En realidad, luce más como que está hablando consigo mismo que con Dios. Si delante Dios nos jactamos de nosotros mismos, en lugar de confesarle nuestros pecados, estamos en una posición muy peligrosa. 

Luego está este otro hombre, el recaudador de impuestos. Si las manos del fariseo están llenas, las de este están vacías. Todo en él revela contrición y quebrantamiento (v. 13). La humildad se muestra en su posición y en su oración. Se coloca a cierta distancia porque está separado de Dios por causa de su pecado. Está avergonzado de su pecado, por lo que ni siquiera levanta los ojos al cielo. Continúa golpeándose el pecho para mostrar su dolor. Clama a Dios por misericordia porque sabe que es un pecador que la necesita desesperadamente. 

¿Qué tan diferente es él con respecto al fariseo? En lugar de buscar justicia en sí mismo, el recaudador de impuestos suplica a Dios por misericordia, porque no hay justicia en él. Incluso la forma en que suplica, expresa su humildad. La súplica de misericordia es un clamor para que la ira de Dios sea quitada con gracia y justicia (literalmente, «ser propicio»). Vemos a este pecador convicto humillado en el templo. Su pecho está enrojecido por golpearlo con desesperación, su voz está ronca de llorar por misericordia y su cabeza está baja. 

Jesús concluye la historia diciéndonos que «éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido» (v. 14). 

El fariseo tenía las manos llenas de justicia propia. El recaudador de impuestos tenía las manos vacías. Pero fue el recaudador de impuestos quien se fue a su casa justificado. Fue declarado justo a los ojos de Dios. Nadie jamás será considerado justo a los ojos de Dios por confiar en sí mismo. La única manera de permanecer justo o perfecto a los ojos de Dios es confiando en la justicia de otro. El hombre que cuenta la parábola, Jesús mismo, ganó la justicia que se aplica a los creyentes cuando es recibida por fe (Rom 5:12 Co 5:21). Es humillante entender que no tenemos nada que ofrecerle a Dios. Pero es ocasión de gran regocijo darnos cuenta de que todo lo que necesitamos se encuentra en Cristo. De esta manera, los humildes son exaltados.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Erik Raymond
Erik Raymond

Erik Raymond es el pastor principal de Redeemer Fellowship Church en el área metropolitana de Boston. Él y su esposa Christie tienen seis hijos.

El dinero me motiva a trabajar duro. ¿Eso está bien?

Coalición por el Evangelio

El dinero me motiva a trabajar duro. ¿Eso está bien?

JOHN PIPER

Nota del editor: El pastor John Piper recibe preguntas de algunos de sus oyentes de su programa Ask Pastor John. A continuación está su respuesta a una de esas preguntas.

Hola a todos y feliz viernes. Gracias por unirse a nosotros en el día de hoy a través del podcast de Ask Pastor. El pastor John se une a nosotros de manera remota a través de Skype. Y nuestra pregunta de hoy es de un oyente llamado Wesley, que tiene una pregunta importante acerca del trabajo, aunque no tenemos claro dónde es que trabaja. Wesley escribe: “¡Hola, pastor John! Recientemente, mi jefe nos ofreció a mí y a todos mis colegas un bono en efectivo para quien genere nuevas referencias. Me sentí atraído inmediatamente por la propuesta. Pero mi pregunta es la siguiente: ¿Debería la oferta de dinero en efectivo ser un buen motivador para nuestro trabajo? ¿Puede el deseo de obtener más dinero (en este caso, una bonificación) ser deseable de manera virtuosa? ¿O es simplemente amor al dinero? ¿Cómo puedo saber la diferencia?”.


Una de las cosas más básicas que podemos decir es que el dinero tiene valor en una cultura donde puede ser intercambiado por otra cosa. El papel que llamamos “billetes” o “dinero”, o las piezas de metal que llamamos “monedas”, o los cheques que representan dinero o usar el teléfono móvil como medio de pago (que de alguna manera se convierte en dinero), todo eso es relativamente inservible. Eso tiene valor solo porque vivimos en una cultura en la que hemos hecho un acuerdo sobre el uso que podemos dar a estas diferentes monedas y diferentes billetes.

Los puedes intercambiar por cosas y servicios que valoras, o puedes regalarlo porque crees que los demás lo intercambiarán por algo que realmente valoras y deseas promover. Podría ser a un misionero que lo intercambia por Biblias para regalar, o puede ser a un instituto de investigación que busca encontrar una cura para una enfermedad, etc. Entonces, el dinero es la habilidad de obtener y promover lo que tú valoras.

Usando el dinero para magnificar a Dios

Ahora bien, la Biblia es clara en que el objetivo principal de la vida es magnificar (es decir, engrandecer, glorificar, mostrar supremamente hermoso, digno y grande) a Jesús y todo lo que Dios es para nosotros en Él. En última instancia, todo lo que hay en el mundo existe para este propósito, aún el dinero. Por lo tanto, la pregunta fundamental para el cristiano con respecto al dinero es: tenerlo o no tenerlo, desearlo o no desearlo, ¿sirve todo eso para este propósito de magnificar (mostrar más grande) el valor de Jesús sobre todas las cosas?

La manera en que me gusta expresar esto es esta: la razón por la cual Dios le da dinero a su pueblo es para que podamos usarlo de una manera que demuestre que el dinero no es nuestro dios, sino que Dios es nuestro Dios. Por eso es que tenemos dinero. Por eso es que tenemos todo lo que tenemos. Creo que es importante enfatizar que Dios sí tiene la intención de que los cristianos usen el dinero. El dinero en sí mismo es solo dinero. No es ni bueno ni malo; es solo una cosa: es papel, monedas o el potencial de valor.

Salarios dignos

Jesús dijo en Lucas 10:7 (y esta es una oración muy importante, probablemente cada palabra en ella, especialmente la palabra digno) que el trabajador es digno de su salario. La palabra digno implica que es correcto, es bueno, es justo ganarse la vida y recibir el salario que corresponde a tu trabajo. Evidentemente, mientras más duro trabajas, mayor es el pago que recibes, y mientras menos trabajas, menor es el pago que recibes. Hay una correspondencia. A eso se refiere con la palabra dignidad: el trabajador es digno de su salario. A esto se le llama justicia. Es justo ser pagado más por haber hecho un buen trabajo para tu empleador. Es justo ser pagado menos por haber hecho un trabajo pobre para tu empleador. Por supuesto, existen otros criterios. Pero ese es el principio básico que equivaldría a la justicia, o lo que Jesús llama dignidad.

Dios le da dinero a su pueblo para que podamos usarlo de una manera que demuestre que el dinero no es nuestro dios, sino que Dios es nuestro Dios 

Entonces, no niego la bondad ni la justicia de que un empleado desee ser pagado de manera apropiada por un trabajo bien hecho, ya sea un salario normal o una bonificación. Me parece que el principio es el mismo, (no el que recibas un bono y eso crea todo tipo de problemas) es tu salario. ¿Por qué vas a trabajar en las mañanas aun cuando no hay una bonificación prometida? De cualquier manera, me parece que la remuneración por el trabajo hecho es justa. Desearlo es justo, o al menos puede ser justo.

Siete maneras de medir la codicia

La pregunta entonces se convierte en (y esta es la pregunta que se planteó): ¿Qué haría que el deseo de una bonificación o un salario sea defectuoso, es decir, un deseo pecaminoso y dañado de un salario o una bonificación? Wesley pregunta específicamente: “¿Debería la oferta de dinero en efectivo ser lo que nos motiva a trabajar? ¿Puede el deseo de obtener más dinero (en este caso, una bonificación) ser deseado de una manera virtuosa? ¿O es simplemente amor al dinero? ¿Cómo puedo saber la diferencia?”. Entonces, permítanme dar algunos consejos que entiendo que la Biblia nos da para ayudarnos a discernir si nuestros corazones están en lo correcto al desear una bonificación o un salario, o cualquier otro beneficio material, si vamos al caso, como el retorno de impuestos. 

1. Evalúa el proyecto

¿Es virtuoso en sí mismo el proyecto por el cual se te está ofreciendo el bono? ¿Se te está pidiendo hacer algo bueno? Si la respuesta es no, la búsqueda del dinero a través de la bonificación se verá contaminada.

2. Siente el peligro

¿Sientes una amenaza real de que el deseo de ser rico es un deseo peligroso? “Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo… la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Ti 6:9-10). “Es difícil que un rico entre en el reino de los cielos” (Mt 19:23).

En otras palabras, existe un grupo de textos en el Nuevo Testamento que alzan una bandera amarilla frente al deseo por el dinero diciendo: “Cuidado, esto puede matarte”. Yo solo digo: ¿sientes eso? Es apropiado ser despertado ante ese peligro, no sea que caigas en él.

3. Revisa tu contentamiento en Cristo

¿Es el deseo por el dinero una evidencia de que Dios se está volviendo menos satisfactorio para ti? Para decirlo de otra manera: ¿El deseo por el dinero se está convirtiendo en idolatría? Uso esa palabra debido a Colosenses 3:5, que dice que la avaricia, o la codicia, es idolatría. O, para decirlo de otra manera: ¿Aún estarías contento en Dios, feliz en Dios, si no recibes el bono?

4. Recuerda lo que es más bienaventurado

¿Sigue tu corazón experimentando la verdad de Hechos 20:35, que “más bienaventurado”, más gozoso, más satisfactorio, “es dar que recibir”? ¿O el deseo de este bono se está elevando a un nivel en donde sería más satisfactorio recibirlo en lugar de dar? ¿Ha comenzado tu corazón a apartarse de Hechos 20:35?

5. Mantén tu confianza en las promesas de Dios

¿El deseo por el bono indica que tu corazón podría estar perdiendo un poco su confianza en las promesas de Dios, las cuáles han sido diseñadas para librarte del amor al dinero? Aquí estoy considerando Hebreos 13:5-6: “Sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen, porque Él mismo ha dicho: ‘Nunca te dejaré ni te desampararé’, de manera que decimos confiadamente: ‘El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?’”. ¿Es el deseo por la bonificación una pérdida de confianza en esas promesas?

6. Evalúa tu amor por la Palabra de Dios

En vista de que Jesús dijo en Lucas 8:14 que las riquezas de esta vida ahogan a la Palabra de Dios, ¿detectas que tu deseo por esta bonificación disminuye tu gozo y tu deseo de mantenerte en la Palabra de Dios? Este es un buen barómetro. La gente comienza a considerar la Palabra de Dios aburrida cuando se vuelven más mundanos. 

¿O esta bonificación podría aumentar tus motivos de leer y meditar en la Palabra de Dios? Al encontrarte deseando la bonificación, contemplando la posibilidad de recibir esta bonificación, contemplando dar, gastar, ahorrar, o invertir este bono, ¿te sientes atraído a la Palabra de Dios o queriendo alejarte de ella?

7. Ancla tu vida en Cristo

Finalmente, como Jesús dijo que la vida no consiste en la abundancia de tus bienes (Lc 12:15), ¿detectas que esta bonificación está invadiendo tu sentido de estar vivo en Cristo, de manera que juega un rol energizante y vivificante, que parece desproporcionado con la declaración de que la vida no consiste en la abundancia de tus bienes? ¿Hay un sentido en que perder esta bonificación realmente disminuirá tu sentido de vida en Él?

Entonces, estas son algunas maneras en que puedes examinar tu corazón cuando estás deseando un sueldo, una bonificación, o algún otro beneficio material. En última instancia, la Biblia dice: “Ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Co 10:31). Esa es la conclusión: ¿Será Dios más glorioso para ti? ¿Y se verá Él más glorioso a través de ti debido a esta bonificación y lo que haces con ella?

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Lauren Charruf Morris.

​John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

Preguntas y Respuestas: El Espíritu Santo

The Master’s Seminary

Preguntas y Respuestas: El Espíritu Santo

TMS Staff

El artículo del día de hoy es una adaptación de uno de los puntos de nuestra Declaración doctrinalAquí puede leer el resto de nuestra declaración doctrinal, la cual cubre cada uno de nuestras creencias doctrinales de manera sistemática.

¿Cómo entender el Espíritu Santo como parte de la Trinidad?

El Espíritu Santo es una Persona divina, eterna, no derivada, que posee todos los atributos de personalidad y deidad incluyendo intelecto (1a Corintios 2:10-13), emociones (Efesios 4:30), voluntad (1a Corintios 12:11, eternidad (Hebreos 9:14), omnipresencia (Salmo 139:7-10), omnisciencia (Isaías 40:13-14), omnipotencia (Romanos 15:13) y veracidad (Juan 16:13). En todos los atributos divinos y en sustancia él es igual al Padre y al Hijo (Mateo 28:19; Hechos 5:3-4; 28:25, 26; 1a Corintios 12:4-6; 2a Corintios 13:14; y Jeremías 31:31-34 con Hebreos 10:15-17).

¿Qué función tiene el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo ejecuta la voluntad divina en relación a toda la humanidad. Reconocemos su actividad soberana en la creación (Génesis 1:2), la encarnación (Mateo 1:18), la revelación escrita (2a Pedro 1:20, 21) y la obra de salvación (Juan 3:5-7).

La obra del Espíritu Santo en esta época comenzó en Pentecostés cuando él descendió del Padre como fue prometido por Cristo (Juan 14:16, 17; 15:26) para iniciar y completar la edificación del Cuerpo de Cristo, el cual es su iglesia (1a Corintios 12:13). El amplio espectro de su actividad divina incluye convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio; glorificando al Señor Jesucristo y transformando a los creyentes a la imagen de Cristo (Juan 16:7-9; Hechos 1:5; 2:4; Romanos 8:29; 2a Corintios 3:18; Efesios 2:22).

El Espíritu Santo es el agente sobrenatural y soberano en la regeneración, bautizando a todos los creyentes dentro del cuerpo de Cristo (1a Corintios 12:13). El Espíritu Santo también mora, santifica, instruye y los capacita para el servicio y los sella hasta el día de la redención (Romanos 8:9-11; 2a Corintios 3:6; Efesios 1:13).

El Espíritu Santo es el Maestro divino, quien guió a los apóstoles y profetas en toda la verdad conforme ellos se entregaban a escribir la revelación de Dios, la Biblia. Todo creyente posee la presencia del Espíritu Santo quien mora en él, desde el momento de la salvación, y el deber de todos aquéllos que han nacido del Espíritu, consiste en ser llenos del (controlados por el) Espíritu (Juan 16:13; Romanos 8:9; Efesios 5:18; 2a Pedro 1:19-21; 1a Juan 2:20, 27).

¿Cómo entender los dones del Espíritu Santo?

El Espíritu Santo administra dones espirituales a la iglesia. El Espíritu Santo no se glorifica a sí mismo ni a sus dones por medio de muestras ostentosas, sino que glorifica a Cristo al implementar su obra de redención de los perdidos y edificación de los creyentes en la santísima fe (Juan 16:13, 14; Hechos 1:8; 1a Corintios 12:4-11; 2a Corintios 3:18).

Con respecto a esto, Dios el Espíritu Santo es soberano en otorgar todos sus dones para el perfeccionamiento de los santos en el día de hoy y que hablar en lenguas y la operación de los milagros de señales en los primeros días de la iglesia, fueron con el propósito de apuntar hacia y certificar a los apóstoles como reveladores de verdad divina, y su propósito nunca fue el de ser característicos de las vidas de creyentes (1a Corintios 12:4- 11; 13:8-10; 2a Corintios 12:12; Efesios 4:7-12; Hebreos 2:1-4).

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Cómo discernir y administrar el llamado de Dios para mi vida

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cómo discernir y administrar el llamado de Dios para mi vida

Por Fred Greco

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Todos queremos que nuestras vidas tengan propósito. Queremos asegurarnos de que estamos siguiendo un curso de vida conforme a la voluntad de Dios, e incluso podemos temer que nos sucedan cosas malas si estamos fuera de la voluntad de Dios. El deseo de estar en la voluntad de Dios no es algo malo, después de todo, Jesús mismo oró «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22:42). La verdadera dificultad es cuando tratamos de discernir cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas. Sería mucho más sencillo si el Señor escribiera un mensaje en el cielo o diera a cada creyente alguna señal sobrenatural. No habría duda alguna si despertara una mañana y las nubes formaran de manera legible «¡Sé un ingeniero!» (o mejor aún, «Sé un ingeniero eléctrico de la Compañía XYZ»). Sin embargo, el Señor ha determinado en Su infinita sabiduría, no revelar Su voluntad particular para cada creyente de esa forma. Si lo hiciera, me temo que aún a pesar de eso yo malentendería Su voluntad. Hay una vieja historia sobre un hombre que vio las letras «V.P.C.» en el cielo y concluyó que era Dios diciéndole: «¡Ve a predicar a Cristo!». No obstante, la dificultad era que este hombre prácticamente no tenía buenas habilidades de comunicación, además de tener muy poco conocimiento bíblico. Cuando fue a ver a un amigo y le contó sus planes, el amigo le contestó: «Tal vez el mensaje era: «¡Vete a plantar cebollas!»».

Ahora bien, no es prudente pensar que todas las personas están igualmente dotadas para todas las vocaciones. La palabra vocación viene de la palabra en latín para «llamar», lo que implica que cada uno de nosotros ha sido llamado por Dios para usar los dones que se nos han otorgado. Los cristianos no deben negar que tienen habilidades, talentos e intereses, porque la Biblia nos dice que el Señor les da estas cosas a los cristianos. Cada uno de nosotros es diferente del otro porque Dios ha determinado que así es como Él edificará Su Iglesia y la sociedad. El apóstol Pablo nos dice que «los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables» (Rom 11:29) y que esos dones son diferentes (12:6). Esto lo vemos todos los días en las personas a nuestro alrededor: algunos sobresalen en matemáticas y números, mientras que otros brillan en idiomas; algunos se sienten atraídos por vocaciones que requieren colaborar con otras personas, mientras que otros prefieren trabajar en soledad; algunos siempre están iniciando nuevos proyectos y empresas, mientras que otros se deleitan en trabajar en áreas ya establecidas. Las diferencias no son malas, pero es crucial entender que esas diferencias no son el resultado de nuestros propios esfuerzos, sino que las recibimos del Señor (1 Cor 4:7).

¿CÓMO PUEDO DISCERNIR MI LLAMADO? 

Si cada uno de nosotros tiene diferentes dones e intereses, la siguiente pregunta que surge es: ¿Cómo sé cuál es mi llamado? Esta pregunta es esencial para aquellos que quizás han sido llamados al ministerio vocacional, pero es también aplicable a quienes están en alguna vocación secular. Anhelamos éxito y satisfacción en nuestra labor, por lo que tiene sentido pensar en qué es nuestro llamado. Lo primero que debemos entender, es que no hay diferencia significativa entre el llamado al ministerio y el llamado a cualquier otra vocación. Lo que quiero decir es que no es menos cristiano ser mecánico, médico o arquitecto que ser pastor o misionero. Hay diferentes dones y habilidades necesarias para cada uno, pero un creyente no debe considerar que es un fracaso trabajar en un empleo «secular» en lugar de en una iglesia o ministerio. Este fue uno de los grandes principios de la Reforma, expresado mejor por Martín Lutero. Lutero enseñó que el trabajo, o nuestra vocación (llamado), es agradable al Señor sin importar su carácter religioso. Esto fue revolucionario en los días de Lutero porque se le había enseñado a la gente que ser monje o sacerdote era la más alta vocación y que todas las demás ocupaciones eran inferiores. Se daba a entender que Dios no estaba muy complacido con los granjeros, panaderos y zapateros. Estar involucrado en cualquier cosa que no fuese el ministerio vocacional era perder las oportunidades de completar tu fe a través de buenas obras y perder la seguridad de la salvación que viene de tal llamado. Lutero enseñó que todos los cristianos tienen una posición en la vida dada por Dios, una vocación que sirve a los demás a nuestro alrededor. Lutero añadió que aun la humilde lechera era, a través de su vocación, el instrumento por medio del cual «Dios ordeña las vacas». 

Debido a este importante principio, cuando examinamos nuestro llamado no debemos buscar un escalafón de posibles vocaciones y elegir la «mejor»; en cambio, debemos examinar nuestros dones e intereses para discernir para qué profesión somos más adecuados. Nuevamente, si Dios es el dador de dones y talentos, y si Dios no suele dar señales sobrenaturales para dirigir a Su pueblo hacia sus vocaciones, entonces la mejor dirección que podemos tener para nuestra vocación es buscar aquello para lo que Dios nos ha equipado mejor. Así, el ministerio vocacional no es diferente de otros llamamientos, nos miramos a nosotros mismos y a nuestras capacidades y buscamos la afirmación y el consejo de aquellos a nuestro alrededor para ayudarnos a determinar si un llamado es el adecuado. Estas dos evaluaciones se han descrito históricamente como el «llamado interno» y el «llamado externo» cuando se aplican a un llamado al ministerio del evangelio. Al observar el llamado interno y el externo, es importante reconocer que también se aplican en un contexto secular, solo que con circunstancias diferentes. 

EL LLAMADO INTERNO 

La primera evaluación relacionada con la vocación es la evaluación que la persona realiza de sus propios dones, talentos, e intereses. Es lo que se ha denominado el llamado interno. Sin embargo, esto no significa que consista completamente de sentimientos y deseos internos. Esos deseos son un componente del llamado interno, pero hay más que considerar. El llamado interno también implica una autoevaluación. Es apropiado y bueno que los individuos reflexionen sobre las habilidades que tienen, los dones que se les han dado y los deseos que tienen para ciertas vocaciones. Cada una de estas áreas es importante para una adecuada autorreflexión. No le hace ningún bien a una persona ignorar sus dones o habilidades. En nuestros días, se ha difundido ampliamente la idea de que una persona debe seguir solamente la vocación que le apasiona, que uno nunca debe «conformarse» con otra vocación, y que debes siempre «seguir tu corazón». El anhelo por abrazar una vocación es importante, pero no es suficiente. Si así fuera, yo estaría jugando béisbol en las Grandes Ligas. 

En el contexto del llamado al ministerio del evangelio, por ejemplo, se necesita mucho más que el deseo de ayudar a otros o de intentar hallar propósito en la vocación como tal. Si un llamado viene del Señor, entonces Él te habrá de equipar para que florezcas en ese llamado. Esto comienza con el cumplimiento de los requisitos para el ministerio del evangelio. El llamado de Cristo no llega hoy al futuro ministro como lo hizo con Mateo, con la persona de Cristo diciéndole directamente: «Sígueme», sino que el llamado al ministerio comienza con el llamado de Cristo a llevar Su nombre y seguirlo. Con mucha frecuencia, los hombres buscan el ministerio como un medio para calmar la voz de descontento en sus propios corazones. Es fácil caer presa del pensamiento de que si dedico mi vida al servicio del evangelio, Dios me aceptará y recompensará ese compromiso con la vida eterna. El prerrequisito absoluto para el ministerio del evangelio es ser llamado personalmente por Dios y ser reconciliado con Él a través de la obra terminada de Cristo, para que sea tu nombre el que Dios llame. Horatius Bonar señaló lo mismo hace más de un siglo: «El verdadero ministro debe ser un verdadero cristiano. Debe ser llamado por Dios antes de poder llamar a otros hacia Dios». 

El futuro ministro del evangelio debe tener cuidado de no caer presa de tendencias perfeccionistas, y tampoco debe confiar demasiado en su capacidad. La naturaleza misma del ministerio debe hacer que un hombre se detenga antes de embarcarse en ese camino y debe hacer que un hombre vea la grandeza de la obra y clame junto a Pablo que no es suficiente para estas cosas (2 Co 3:5). Cuando se ve a sí mismo, debe ver a Aquel que da dones a los hombres. Es Dios quien hace a la persona suficiente al proveerle las habilidades, destrezas y conducta que necesita para tener éxito en el ministerio vocacional. Estos dones no tienen todos que existir en su forma completa antes de que un hombre se dedique al ministerio del evangelio, pero una humilde autoevaluación debe mostrar la presencia de los dones requeridos (por ejemplo, un entendimiento de la Escritura y la capacidad de enseñar). El aspirante al ministerio debe también hacerse preguntas difíciles sobre las calificaciones de carácter establecidas en 1 Timoteo 3 y Tito 1. Él debe saber que los requisitos de carácter no son solo obstáculos a superar, sino que son el porte y los rasgos necesarios para tener éxito en el ministerio vocacional. Finalmente, el aspirante debe mirarse a sí mismo para determinar si está comprometido con el ministerio vocacional. El compromiso es vital para el ministerio, un compromiso de fe hacia el crecimiento espiritual, la humildad, el conocimiento, la disciplina, la sabiduría y el liderazgo, entre otras cosas. Cuando un hombre pone su mano en el arado, no puede mirar atrás (Lc 9:62). Pablo nos da una excelente guía para la autoevaluación: él sabía que no era perfecto, sabía que aún no se había convertido en lo que sería, pero también sabía que tenía que seguir adelante hacia la meta (Flp 3:12). Una visión adecuada del llamado interno se toma esto muy en serio. 

EL LLAMADO EXTERNO 

Aunque el llamado interno es muy importante, no es la única parte al discernir el llamado de Dios. Incluso una cuidadosa autoevaluación tiene sus puntos ciegos. Por esta razón, el sentido subjetivo del llamado se confirma mejor por medio de una afirmación externa. En el caso del ministerio del evangelio, esto sería una confirmación del llamado del aspirante por el cuerpo de Cristo. Ya que Cristo no da dones a un hombre sin la oportunidad de ejercerlos. Los dones de un hombre pueden ser evaluados y estimulados por la iglesia. La mejor ayuda para determinar si eres llamado al ministerio es que sirvas a Dios en el presente, y por medio de la evaluación de tal servicio, poner a prueba tus dones. De hecho, en la mayoría de los casos, el llamado al ministerio viene mientras se sirve a la iglesia. La presencia de dones para el ministerio en un hombre lo marcará ante el pueblo de Dios como alguien que es llamado al ministerio, porque todos los dones que tiene son para ser usados en el cuerpo y tales dones son dignos de ser honrados por la iglesia. 

No debemos pensar en cosas como la necesidad de recomendaciones personales, exámenes de ordenación, o la elección de una congregación como si fueran necesidades burocráticas. Más bien, estas son manifestaciones de la importante validación del llamado externo. Una persona no es completamente soberana sobre su llamado, especialmente el llamado al ministerio del evangelio. Que los demás afirmen esos dones es vital para determinar si se debe buscar una vocación. Si a un hombre se le han dado oportunidades para ejercer y probar sus dones para el ministerio, y si esas pruebas han sido recibidas con el estímulo y la aprobación de otros en la iglesia, ¿Cuánta más confianza tendrá el hombre en su llamado? Si el hombre ha sido examinado por aquellos a quienes ya se les ha encomendado el ministerio del evangelio, y los exámenes muestran que está calificado en carácter y dones, eso es una bendición. Al mismo tiempo, si el hombre recibe advertencias de sus hermanos cristianos de que no parece estar bien preparado para el ministerio, y no es capaz completar los exámenes satisfactoriamente, entonces debe detenerse y hacer un balance de su deseo por el ministerio vocacional. Puede muy bien ser la misericordia de Dios que le protege del potencial dolor, sufrimiento y fracaso. 

Este llamado externo se extiende más allá del ministerio hacia otras vocaciones. Está bien establecido que, para aspirar a muchas ocupaciones, la persona debe recibir aprobación externa, los médicos deben aprobar los exámenes de la junta médica, los abogados deben aprobar los exámenes del colegio de abogados, y así los arquitectos, ingenieros y técnicos todos tienen que aprobar requisitos de licencias y certificación. Estos exámenes y certificaciones sirven, en efecto, para prevenir a los no calificados de tales profesiones, pero también ayudan a ratificar las habilidades y dones de las personas. Recuerdo que hace muchos años aprobé el examen del colegio de abogados del estado, esto me animó a que realmente podía ser un abogado. Esa reafirmación fue de mucha ayuda en los meses y años que siguieron, durante los días largos y los proyectos exigentes. El que debía ejercer esa vocación no solo era una idea en mi cabeza sino que los expertos en este campo también creían que yo tenía las habilidades necesarias para tener éxito. Es por eso que, aunque no se requiera una prueba o certificación formal para la vocación que quieres seguir, te aconsejaría que obtuvieras una opinión sobre tus dones para esa vocación fuera de ti mismo. La sabiduría y el apoyo que recibes de otros es invaluable. 

¿CÓMO PUEDO ADMINISTRAR MI LLAMADO? 

Por último, debemos considerar cómo debemos administrar mejor nuestros llamados. Las personas pueden examinar su propio sentido de llamado, sus dones, habilidades e intereses y luego someterse a una evaluación externa de los mismos sin llegar a una conclusión infalible. A veces nos damos cuenta de que no hemos tomado la mejor decisión y necesitamos cambiar de rumbo. Lo más insensato sería seguir adelante ante la evidencia de que hemos elegido la vocación equivocada. También está el hecho de que las personas cambian con el paso del tiempo, cuando nos casamos, tenemos hijos, nos mudamos a nuevos lugares, o incluso tenemos nuevas experiencias, nuestros intereses pueden cambiar. Podemos desarrollar nuevos dones y habilidades que no sabíamos que teníamos. Si este es el caso, la providencia de Dios puede traer nuevas oportunidades para nuevas vocaciones. Una vez más, si tomamos en cuenta todos los parámetros mencionados anteriormente, no hay nada malo en encontrar una vocación diferente. Dios a menudo cambia las circunstancias y vidas de Su pueblo para ayudarles a crecer en Cristo. 

Lo importante al pensar en el llamado es buscar usar los dones que Dios nos ha dado y glorificarle en el ejercicio de esos dones. Si eso significa elegir una nueva vocación, que así sea. Creo que Dios me ha dirigido al menos hacia tres llamados: Empecé convencido de que sería un académico y busqué confirmar esa vocación a través de la educación. Entonces me convencí de que la academia no era el mejor llamado para mí y en lugar de eso me dediqué a las leyes trabajando como abogado durante casi una década. Fue mientras estaba en esa vocación que sentí el llamado a entrar en el ministerio del evangelio (llamado interno), y fui animado por aquellos en la iglesia a seguir ese rumbo (llamado externo). Espero servir al Señor de esta manera hasta el final de mis días, pero siempre debo permanecer abierto a la dirección del Señor. Que el Señor te lleve a una confianza similar en Él, para que conozcas que Él sostiene todos tus días y todas tus vocaciones en Sus manos. 

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Fred Greco
Fred Greco

El reverendo Fred Greco es pastor principal de Christ Church (PCA) en Katy, Texas.

¿Murió Cristo por todos los pecados exceptuando el de la incredulidad?

Got Questions

¿Murió Cristo por todos los pecados exceptuando el de la incredulidad?

Jesus carries his cross. Woodcut engraving after a drawing by Julius Schnorr von Carolsfeld (German painter, 1794 – 1872), published in 1877.

«Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Juan 2:2). Cuando la Biblia dice que Cristo fue la ofrenda por todos los pecados, no significa que todos los pecados hayan sido automáticamente perdonados. Sólo significa que se ha hecho la ofrenda para asegurar el perdón de todo el mundo; si esa ofrenda en realidad tiene como resultado el perdón de algún individuo es otra cosa, ya que se debe aceptar la ofrenda por fe. Nuestro camino de regreso a Dios ha sido preparado por Cristo; la pregunta ahora es, ¿aprovecharemos la oportunidad?

Cristo murió por todos los pecados, es decir, Su sacrificio fue suficiente para pagar por los pecados del mundo entero. Sin embargo, el perdón sólo llega a una persona cuando se arrepiente y cree (ver Marcos 1:15). Hasta que aceptemos (por fe) la provisión de Dios en Cristo, todavía estamos en nuestros pecados. Los que mueren en la incredulidad mueren en todo su pecado — serán mentirosos, asesinos, adúlteros, etc., que no han sido perdonados. (Apocalipsis 21:8). Los que confían en Cristo para su salvación no mueren en pecado; mueren en Cristo, y sus pecados ya han sido perdonados. Somos justificados por la fe (Romanos 5:1); sin fe, somos condenados (Juan 3:18). El perdón se recibe a través de la fe en Cristo y viene con la promesa de una eternidad en el cielo; la falta de fe nos mantiene sin perdón y destinados a una eternidad en el infierno.

En la Biblia, creer o tener fe, es algo más que pensar que algo es un hecho. La fe tiene que ver más con la confianza y la aceptación personal, los actos intencionados de nuestra voluntad. Así que, en las Escrituras, el pecado de la incredulidad no es simplemente la ignorancia, sino que es rechazar voluntariamente el don gratuito de Dios de perdonar el pecado, que incluye el pecado de la incredulidad.

Cuando Dios ofrece perdonar el pecado de un hombre cuando él cree, la lógica determina que su respuesta ya no puede ser: «No, me niego a creer en ti, pero de todos modos perdona mis pecados». El perdón es una oferta condicional: si se cumple la condición requerida (la fe), entonces se produce el resultado prometido (el perdón). La fe en Cristo es la forma en que las personas responden correctamente a la oferta de la salvación de Dios.

La Biblia habla mucho sobre la necesidad de tener fe en Cristo y los resultados de la incredulidad. Cristo anhelaba atraer hacia Él a los pecadores habitantes de Jerusalén, sin embargo, ellos permanecieron en su pecado; la condenación de Jesús recae directamente sobre ellos: «No quisiste» (Lucas 13:34). Su incredulidad los mantuvo alejados de Cristo, su única salvación.

Sobre la lógica de la necesidad de creer: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan» (Hebreos 11:6).

En cuanto a la incredulidad como un acto de la voluntad, una elección deliberada: «Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él» (Juan 12:37).

En cuanto a por qué no hay excusa para la incredulidad: «Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa» (Romanos 1:18-20).

Respecto al daño espiritual de la incredulidad: «¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte» (Romanos 6:21) «Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso» «el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Corintios 4: 2, 4).

Sobre la justicia del castigo por la incredulidad: «Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Juan 3:19).

Por último, para estar seguro de lo que un verdadero creyente debe creer para ser un cristiano perdonado, aquí hay un resumen.

La Biblia afirma claramente que la única manera de entrar en el cielo perfecto de Dios es ser tan perfecto (puro y sin pecado), como Dios mismo (Mateo 5:20, 48; Lucas 18:18-22). Incluso si pecas una sola vez en toda tu vida, has violado toda la ley de Dios, lo mismo que si rompieras un solo eslabón de una cadena, se rompe toda la cadena (Santiago 2:10). La justicia perfecta de Dios implica que todo pecado debe ser castigado. Ese castigo es la muerte que se traduce en una eterna separación de Dios para siempre en el infierno (Éxodo 32:33).

Ningún ser humano puede cumplir con el estándar perfecto de Dios, por lo que sin un Salvador sobrenatural que nos rescate, estamos completamente perdidos como pecadores (Hechos 15:10; Romanos 3:9-23). Dios te ama y quiere rescatarte del infierno (Juan 3:16; 2 Pedro 3:9). Por eso envió a Su propio Hijo perfecto para llevar tu castigo sobre sí mismo — Su vida por la tuya — pagando completamente tu deuda con Dios al morir en la cruz, y liberándote para siempre de la justa condenación de Dios. Cada uno de tus pecados -pasados, presentes y futuros — está perdonado si eliges aceptar el regalo del perdón por la fe (creyendo y confiando en que Dios cumplirá Su promesa), cuando te arrepientas (te alejes) de tus pecados (Lucas 24:47; Hechos 11:18; 2 Corintios 7:10) y le pidas que te salve (Joel 2:32; Hechos 2:21). La sangre de Jesús cubre tus pecados para que Dios te vea tan perfecto como Su propio Hijo (Isaías 53:4-6; 2 Corintios 5:21).

En el momento que aceptas el don gratuito de Dios por la fe, cambias: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). Te conviertes en el hijo amado de Dios (1 Juan 3:1), una relación eterna que nunca puede romperse (Romanos 8:38-39; Efesios 1:13-14). Dios, como Padre, Hijo y Espíritu, habita en ti y hace su «morada» contigo (Juan 14:17, 23). Puedes ver por qué el Evangelio de Cristo se llama Buenas Nuevas (Lucas 2:10; Hechos 5:42, 14:15). Al aceptar este regalo, aceptas que perteneces a Dios (1 Corintios 6:19-20). Ya no eres dueño de ti porque Él te compró (redimió) con la preciosa sangre de Su Hijo (1 Pedro 1:18-19).

Este maravilloso regalo gratuito de la salvación eterna no se puede ganar con ninguna cosa buena que hagas (Juan 3:16; Romanos 3:21-25; Efesios 2:8-9). De hecho, tratar de ganarlo por tus propios esfuerzos, como si pudieras complacer suficientemente a Dios para ganarte Su aceptación, es severamente condenado en la Biblia (Gálatas 1:6-9). Esa es la diferencia entre el cristianismo y prácticamente todas las demás religiones del mundo, con sus reglas establecidas por el hombre sobre lo que la gente debe o no debe hacer en el intento desesperado de ganar el favor de Dios y obtener la vida eterna para sus almas.

Tu salvación es gratuita, un regalo invaluable de Dios que es mucho más valioso que el mundo entero (Mateo 13:44; 16:26). Así que el autor de Hebreos pregunta, «¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?» (Hebreos 2:3). «Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones» (Hebreos 3:7-8). «He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación» (2 Corintios 6:2).

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Ejemplos de llamados en la Escritura

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Ejemplos de llamados en la Escritura

Por Scott Redd

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

En algún momento de la vida, todos nos preguntamos: ¿para qué estoy aquí? No la inquietud general del propósito universal (¿para qué sirve la historia humana o mundial?), sino la inquietud específica de los llamamientos humanos individuales. En otras palabras, como seres humanos hechos a la imagen de Dios, ¿qué nos hace no intercambiables entre nosotros mismos? ¿Por qué uno es escritor y el otro es banquero? ¿Por qué uno es agricultor y el otro es soldado? ¿Surgen tales decisiones como resultado de la casualidad o simplemente de las condiciones ambientales, o apuntan a algo más profundo que ocurre en el corazón de la persona?

El llamamiento como concepto bíblico

La Escritura menciona muchos tipos de llamamientos. Dios llamó a las personas para que escucharan lo que Él tenía que decirles, a veces de una manera especial, como en el caso del joven profeta Samuel (1 Sam 3), y a veces de manera general, como en el caso del llamado de los profetas al pueblo: «¡Escuchen la Palabra del Señor!». También estaba el llamado muy particular que estaba reservado para los profetas en la Biblia, un evento donde típicamente el Señor se dirigía al profeta de la asamblea divina y le encargaba el oficio profético. Por ejemplo, el llamamiento de Isaías en el templo incluyó todos los elementos principales de un llamamiento profético: una visión celestial, la interacción entre los seres celestiales y el Señor, la resistencia del profeta, la concesión de una señal y el claro mensaje profético para el pueblo (Is 6). Otros profetas recibieron su llamado al oficio profético de manera similar: Ezequiel fue llamado mientras estaba en el exilio, y el apóstol Pablo fue llamado en el camino a Damasco, llamado al que se refirió a lo largo de su ministerio como prueba de su legitimidad como apóstol.

Sin embargo, un verdadero llamado no tiene que ser extraordinario, esto lo vemos incluso en la Escritura. Por ejemplo, David fue elegido por Dios para ser el rey de Israel a pesar de que el profeta Samuel no percibió en el muchacho los atributos físicos que hubiera esperado ver en un monarca. Sin embargo, el Señor «mira el corazón» (1 Sam 16:7), y la fidelidad interna de David lo acreditó para el trono de una manera en que la incredulidad de Saúl no pudo hacerlo. Aun así, pasaron años entre el llamado de David y su ascenso al trono, lo cual creó una oportunidad para que David se preparara para el llamado que Dios había depositado en su vida. Como pastor de ovejas, el joven David aprendió las habilidades básicas necesarias para guiar y proteger un rebaño (en el Antiguo Testamento, pastorear ovejas es una analogía común sobre reinar). También aprendió a confiar en que el Señor sería fiel a las promesas que le había hecho, y esta confianza en el Señor le proporcionó la fortaleza que necesitó en su batalla contra Goliat, un evento en el que David se comportó como corresponde a un fiel rey campeón, en marcado contraste con el comportamiento decididamente indigno de Saúl. Como músico de la corte, David se familiarizó íntimamente con el comportamiento errático de Saúl y el manejo de los asuntos del estado israelita, y probablemente perfeccionó su arte como poeta de Israel y autor principal de muchos salmos. Todas estas etapas proporcionaron momentos en la vida de David en los que él siguió su llamado como segundo rey de Israel. Debemos tener cuidado de no hacer distinciones claras entre su trabajo en un momento dado y su llamado en general. Su llamado se desarrolló integralmente a lo largo de su vida, por lo que podemos decir con cierta seguridad que el joven David siendo pastor de ovejas estaba siguiendo fielmente el llamado que Dios había depositado en su vida.

La historia de Ester llama nuestra atención hacia otro aspecto del llamamiento divino que es particularmente relevante para nosotros hoy. En esta historia, Ester respondió a la oportunidad de ascender a los niveles más altos del Imperio persa. Ella estaba naturalmente dotada de belleza física e intelecto y este don le brindó la oportunidad de unirse al círculo íntimo del rey. Sin embargo, la particularidad del llamado de Esther no fue evidente hasta la aparición de Amán con su plan de exterminar a los refugiados de Judea. Su primo Mardoqueo dio una definición del llamamiento humano cuando animó a Ester al decirle que había sido creada «para una ocasión como esta» (Est 4:14). Ella era la que Dios había llamado para liberar a Su pueblo.

El libro de Ester se destaca entre los libros de la Biblia porque es el único que no menciona explícitamente al Señor. Esta ausencia de referencia a lo divino tiene el poderoso efecto de darle al lector una idea del difícil mundo en que se encontraba el pueblo de Dios bajo el gobierno persa en un momento en que los elementos típicos de la fe bíblica no eran tan evidentes como lo eran en el Judá preexílico. Pero el hecho de que no se nombre explícitamente a Dios también ilustra cómo es percibir un llamado en nuestro mundo contemporáneo. La mayoría de las veces, el llamamiento cristiano es una cuestión de tomar decisiones a partir de nuestros dones, nuestros intereses y metas personales, el sabio consejo de quienes nos rodean y las oportunidades que surgen a lo largo de nuestra vida.

Los llamamientos humanos ordinarios no ocurren de la manera tan dramática de los profetas y héroes de la Biblia, sin embargo, existe una similitud importante entre sus llamamientos y el de cualquier otro ser humano. Todos somos llamados por Dios a vivir nuestras vidas como aquellos hechos a la imagen de Dios (Gn 1:26-27). Ese llamado incluye honrar a nuestro Creador y hacerlo a través del primer mandato de Dios, también conocido como el mandato cultural, de «llenad la tierra y sojuzgadla» (v. 28; ver también 9:1). Esto explica por qué el impulso de llenar y estructurar la tierra está profundamente arraigado en todos los humanos, aunque ha sido profundamente pervertido y estropeado por los efectos de la caída.

Podríamos decir que este llamado general a toda la humanidad forma la base del llamado individual de cada persona, porque apunta a nuestro lugar único en la creación como la parte de la creación que está hecha a imagen de Dios. Cada persona es llamada por Dios a participar de este mandato cultural en una manera particular, y ese llamado incluye todas las formas en que una persona se relaciona con el mundo, incluyendo su trabajo, sus relaciones familiares, su participación en la iglesia, su participación política, etc. En cada una de estas áreas, el portador de Su imagen está llamado a participar en el programa mayor de hacer avanzar la vida en todo el mundo, una tarea que refleja la obra divina de Dios de sacar una creación próspera de lo que estaba «sin orden y vacía» (Gn 1:2). Este es el ámbito más amplio en el que se proyecta la vida individual. Como nuestros primeros padres en Génesis 1-2, todos participamos significativamente en la obra de llenar y sojuzgar la creación como viceregentes bajo la autoridad del soberano Rey Creador.

Ningún trabajo es demasiado pequeño como para no ser parte de este gran llamado universal. Algunas personas son llamadas a tareas que ocurren a gran escala o incluso a escala global, mientras que otras persiguen su llamado en una escala pequeña y local. Algunos llamamientos aparentemente pequeños tienen efectos inesperadamente enormes (me viene a la mente Mónica, la madre de Agustín de Hipona que oraba mucho). Todos los llamamientos tienen un valor trascendental porque los llamamientos humanos surgen de nuestra condición de portadores de la imagen de Dios. Esto incluye a los maestros formando los patrones de pensamiento de sus estudiantes en sus áreas de experiencia, a los oficiales de policía llevando el orden civil a sus jurisdicciones y a los plomeros poniendo en orden el flujo y uso del agua en una sociedad. Esto incluye a aquellos que trabajan en una línea de montaje fabricando instrumentos y maquinarias que cumplen una función en la sociedad humana.

El llamado actual del cristiano

Para los cristianos, existe una noción única y amplia de llamado. Como resultado de la caída de la humanidad, todas nuestras obras están bajo los efectos de la maldición y del alejamiento de Dios. Los seres humanos siguen estando hechos a la imagen de Dios, pero esa imagen está dañada como resultado de la rebelión pecaminosa de nuestros primeros padres en el jardín y de cada ser humano caído desde ese entonces. El hecho de que cualquiera que no esté en Cristo pueda seguir un llamado en su vida es un acto misericordioso de la gracia común de Dios. Sin embargo, aquellos que encuentran la salvación y la reconciliación con Dios a través de su unión con Jesucristo abordan el concepto del llamado desde la perspectiva de ser imágenes redimidas de Dios. Debido a su redención, ellos pueden verdaderamente glorificar a Dios en su vocación.

Los reformadores demostraron mucho este llamado universal en la vida cristiana. Para ellos, el llamamiento cristiano significaba que cada labor debía hacerse como un servicio al Señor y para Su gloria (Col 3:22-241 Co 10:31). Esto significa que el llamamiento cristiano no debe entenderse en términos jerárquicos, en los que el ministerio en la iglesia se considera un llamamiento sagrado en comparación con los llamamientos comunes a otros tipos de trabajos y actividades. Más bien, todas las vocaciones tienen el mismo valor en el Reino de Dios. Esta comprensión más amplia del llamamiento corrobora la noción bíblica de que cada aspecto de la vida humana, ya sea que uno sea rector o remachador, brinda la oportunidad de adorar a Dios. Después de todo, estamos llamados a amar a Dios con todo nuestro ser, con todo el corazón y con todo el esfuerzo personal que realicemos en el mundo (Dt 6:4-5).

Cuando los cristianos de hoy busquen comprender sus propios llamamientos, no deben esperar que pase como la extraordinaria experiencia de los profetas bíblicos, pero sí pueden encontrar en los relatos proféticos una analogía útil para su propio llamamiento. Al igual que los profetas bíblicos, los cristianos deben reconocer que su llamado proviene de Dios. Él es el que llama, aunque la voz divina puede ser difícil de discernir entre las muchas voces que parecen bombardearnos a cada momento. Por consiguiente, los cristianos deben asegurarse de sumergirse en oración en la Palabra de Dios para estar en sintonía con Su voluntad.

También debemos reconocer que nuestros llamamientos pueden cambiar. Los profetas Isaías y Ezequiel recibieron diferentes llamados en diferentes etapas de sus vidas, por lo que también debemos reconocer que nuestro llamado puede cambiar en el transcurso de nuestra vida a medida que surgen nuevas oportunidades y a medida que cambian los tiempos y las necesidades de las personas a nuestro alrededor.

Al discernir el llamado de Dios en sus vidas, los cristianos pueden aprender lecciones valiosas a través de los ejemplos que se encuentran en la Escritura.

Primero, el llamado de Dios en nuestra vida nos da la oportunidad de amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro ser (Dt 6:4-5); por lo tanto, Su llamado no puede requerir que pequemos. El llamamiento cristiano debe perseguirse como una expresión de nuestra fe en Dios, y podemos descartar cualquier posible llamamiento que solo pueda lograrse de manera pecaminosa, destructiva o sin fe.

En segundo lugar, Dios ama darle a Su pueblo los buenos dones del llamamiento (Sal 37:4Mt 6:28-337:11), por lo que los cristianos deben tener sus corazones alineados con nuestro llamamiento cristiano de manera que el llamado sea una extensión natural de sus deseos justos. Además, a medida que un cristiano persigue el llamado que Dios le ha dado, debe experimentar que sus deseos son moldeados por la tarea que Dios le ha encomendado. Esto no significa que la fatiga e incluso la frustración no aparecerán en algunas ocasiones, pero el creyente atento y arrepentido se fortalece en el llamado aun en medio de la oposición. A medida que persigue las cosas que naturalmente le encanta hacer, obtendrá una idea más clara de qué elementos le dan alegría y satisfacción. Los cristianos también deberían tener la expectativa de que sus afectos maduren y sean moldeados por el trabajo que hacen hasta que comiencen a encontrar gozo incluso en trabajos que antes no les satisfacían.

En tercer lugar, Dios moldea a Su pueblo para sus llamados (Jer 1:5). La mayoría de las ocupaciones de esta vida implican algún conjunto de habilidades que se deben realizar correctamente. Algunas vocaciones solo requieren habilidades rudimentarias, mientras que otras requieren años, incluso décadas, de entrenamiento. Los dones personales difieren del conjunto de habilidades en que, por lo general, los dones no se pueden adquirir a través de un entrenamiento en el futuro. Los dones naturales y espirituales también pueden guiar el proceso de discernimiento. Algunos cristianos son maestros natos, mientras que otros tienen el don de animar o cuidar de los demás. Todos los cristianos deben esforzarse por exhibir todos los dones a medida que surjan situaciones, pero la Escritura indica que algunos cristianos por gracia están más inclinados a un don que a otro (Rom 12:6-8). Al igual que con todos los dones de Dios, estamos llamados a ser buenos mayordomos, invirtiendo nuestros dones en los llamamientos en que mejor puedan ser ejercitados.

Una palabra de advertencia de los profetas: el Señor ama mostrar Su poder en nuestra debilidad. Moisés padecía de algún tipo de impedimento en el habla, pero fue elegido para ser el portavoz de Dios (Ex 4:10). Los labios inmundos de Isaías recibieron un mensaje de santidad y juicio contra el pueblo (Is 6:5). Jeremías pudo haber pensado que era demasiado joven para ser profeta (Jer 1:6). Pablo se consideraba a sí mismo el primero de los pecadores por su persecución a la Iglesia (1 Tim 1:15). A veces, un cristiano es llamado a una tarea que parece tan irracional que Dios tiene que estar en ella para que logre éxito alguno.

Cuarto, el llamamiento cristiano es un servicio a Dios y a los demás. Si una persona persigue un llamado con fines egoístas u opresivos, tal llamado no glorifica a Dios. William Perkins escribe: «El verdadero fin de nuestra vida es servir a Dios sirviendo al hombre». Nuestro amor al prójimo debe fluir naturalmente de nuestro amor por Dios (Lv 19:18Mt 22:38-39), y nuestra unión con Cristo debe orientar nuestra ética personal para que estemos inclinados a ayudarles aunque resulte en nuestra propia desventaja (Flp 2:1-11).

Finalmente, el llamamiento cristiano no es algo secreto o místico esperando ser revelado. Cuando Dios llama a Su pueblo, los llama a responder al mundo que los rodea aplicando la enseñanza de la Palabra de Dios con mentes racionales para discernir a qué pueden ser llamados en un momento o situación determinados. Como se mencionó anteriormente, el llamamiento humano puede desarrollarse y madurar a lo largo de la vida. Una persona puede graduarse de la universidad con la idea particular de un llamado que cambiará varias veces a lo largo de su vida. Este cambio no significa que haya sido desobediente o de alguna manera ignorante al llamado de Dios en su vida.

Un llamado no puede salvar a una persona de su pecado ni hacer que esté bien con Dios, pero el llamado es la preocupación natural de aquellos que han sido salvos. De muchas maneras, el tema de la vocación cristiana aborda para qué es salva una persona en particular. El teólogo holandés Herman Bavinck escribe: «El verdadero cumplimiento de nuestra vocación terrenal es exactamente lo que nos prepara para la salvación eterna, y enfocar nuestra mente en las cosas de arriba nos equipa para la satisfacción genuina de nuestros deseos terrenales». Al perseguir el llamado de Dios en esta vida, nos preparamos para la eternidad. Al mantener la eternidad siempre ante nosotros, encontramos satisfacción significativa cada día.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Scott Redd
Scott Redd

El Dr. Scott Redd es presidente y profesor asociado de Antiguo Testamento en el Reformed Theological Seminary en Washington, D.C. Es el autor de The Wholeness Imperative [El imperativo de la totalidad].