El Uso de Libros Cristianos en el Discipulado

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 8

El Uso de Libros Cristianos en el Discipulado

I. ¿POR QUÉ UTILIZAR LIBROS CRISTIANOS EN EL DISCIPULADO?

¿Por qué aun consideramos utilizar cualquier otro libro adicional a la Biblia cuando estamos discipulando a otro cristiano? ¿Es que la Biblia no contiene en sí misma todo lo que necesitamos saber para la vida y la piedad? Bueno, sí, pero hay varios beneficios que se obtienen de la lectura de libros de autores cristianos.

Primero, es muy beneficioso para los cristianos tener conversaciones acerca de cosas espirituales. Nadie negaría eso. Cuando le hablamos a otra persona acerca de la vida o doctrina cristiana, eso puede ayudarte a entender a Dios más claramente y puede hasta llevarte a amarlo más que si te dedicas a las cosas espirituales por ti mismo. Leer un libro cristiano es como tener una conversación con una persona que no puede estar contigo personalmente. Miles de cristianos han pensado en Dios y escrito esos pensamientos en papel. Es maravilloso poder aprender de ellos, ser enseñados por ellos, ¡aun cuando no puedan estar contigo personalmente!
Es importante para los cristianos recordar que no estamos solos en la historia. El cristianismo no comenzó con nosotros y no terminará con nosotros si el Señor tarda en venir. A pesar de que la Biblia contiene toda la verdad que es necesaria para la salvación y la piedad, Dios ha estado trabajando entre su pueblo durante los últimos 2000 años enseñándoles y entrenándoles para que lean Su Palabra y la entiendan. Existe una gran cantidad de conocimiento y sabiduría y los libros del pasado que sería bueno leer y considerar. Seríamos muy orgullosos si pensamos que podemos descubrir toda la verdad de las Escrituras que la iglesia universal ha estado enseñando a través de la historia por nosotros mismos. Por supuesto, aun el más grande autor cristiano no es inspirado ni autoritativo como la Biblia, ¡pero que beneficio hay en estar dispuesto a leer sus pensamientos acerca de la Palabra de Dios y aprender lo que el Espíritu Santo les enseñó!
Tienes el tiempo limitado. Tal vez has decidido que hay un tema que ambos desean estudiar (como la oración o el carácter de Dios), pero no tienes tiempo suficiente como discipulador para organizar un estudio comprensivo del tema. Alabado sea Dios porque hay muchos buenos autores cristianos haciendo un buen trabajo por adelantado, y es una gran ayuda para ti aprovecha su buen trabajo. / Leer un buen libro cristiano puede facilitar tus discusiones acerca de aspectos importantes de la vida cristiana, la fe y la piedad. Algunas veces y debido a tu tiempo limitado no están en la disposición de que ambos enseñen un buen material cristiano y también tener tiempo para hablar sobre el mismo y aplicarlo a sus vidas.
II. CÓMO LEER UN LIBRO

Lee un libro con un lápiz en la mano. ¡Marca el libro! ¡El libro no es importante! De hecho, la mejor manera de recordar ciertos pasajes del libro es marcándolos. ¡Discute con el autor! Ten una conversación con el autor. Eso te ayudará a entender mejor el material. Marcar un libro también facilita tu discusión personal con un amigo porque tendrás una mejor disposición a encontrar un pasaje que recuerdas. Con frecuencia las personas recuerdan un pasaje y luego pierden el tiempo por diez minutos tratando de encontrarlo en el libro. Una marca sencilla en la página de un libro podría hacer la diferencia entre un punto beneficioso para la vida del discípulo y una pérdida completa de su tiempo.
Lee un libro de dos maneras diferentes. Primero, léelo para ti mismo y observa cómo te afectan las ideas. La mayoría de las veces los lugares del libro que te afectan también afectarán al discípulo. También, lee el libro buscando puntos específicos de conversación para ti y el discípulo. Marca esos lugares y conviértelos en un punto de conversación para ser trabajado con el discípulo.
Haz buenas preguntas. Nunca, nunca, nunca hagas preguntas cuya respuesta solo sea sí o no. Nada termina una conversación más rápido que eso. «¿Es que el autor piensa que Jesús es Dios?» «Sí.» «Ummm… si él lo hace.» ¡No! Pregunta algo como, «¿Por qué es importante que el autor piense que Jesús es Dios? ¿Por qué es eso importante con relación a lo que dice?» Otras buenas preguntas son, «¿Cómo es que esta idea cambia la manera que pensamos acerca de Dios?» o «¿Cuáles presuposiciones equivocadas esta idea busca eliminar?»
También, no preguntes «¿Qué dice el autor?» Esta no es la reseña de un libro ni tampoco una prueba para evaluar su comprensión. Tu trabajo es aplicar el libro a la vida de la persona, su pensamiento, su corazón. (En este punto busca algunos párrafos favoritos de diferentes libros, léelos o repártelos, y haz que la práctica de la clase desarrolle buenas preguntas a partir de esos párrafos. Por ejemplo, este pasaje de la página 31 del libro de John Piper: The Pleasures of God [Los Deleites de Dios]:
Por tanto, cuando decimos que Dios ama a su hijo no estamos hablando acerca de un amor que es de auto-negación, sacrificio o misericordia sino de un amor de deleite y placer. Dios no está dejando de tener compasión hacia el que no lo merece cuando ama al Hijo, así es como Dios nos ama a nosotros y no como Él ama a su Hijo. Él está muy complacido con su Hijo. ¡Su alma se deleita en el Hijo! Cuando Él ve a su Hijo disfruta, admira, aprecia, valora y se entusiasma con lo que ve. El primer gran placer de Dios es su placer en el Hijo.

¿Cómo puede esta idea cambiar la manera que pensamos acerca de Dios el Padre y su relación con Jesús el Hijo? ¿Cómo cambia la manera que pensamos acerca de nuestra posición en el universo? ¿Cómo esta idea serviría para eliminar una visión del universo enfocada en el hombre?

III. ESCOGIENDO UN LIBRO

Existen principalmente dos tipos de libros que puedes escoger para leerlos con un discípulo—los doctrinales y los devocionales. Los libros doctrinales trabajarán más directamente con la enseñanza cristiana, serán didácticos y sistemáticos y tratarán de enseñar verdades de la fe cristiana. Los libros devocionales buscarán tomar la verdad que ya conocemos y la aplicarán de manera forzosa a nuestra vida. Ahora dicho esto, la mayoría de los libros caen en algún lugar del centro de esa continuidad. Muy pocos libros tendrán solo doctrina o solo devocional, la mayoría tendrá ambas cosas mezcladas.
El libro que escoges para la persona que estás discipulando dependerá mayormente de su necesidad e intereses. Los jóvenes cristianos muchas veces se benefician grandemente de un libro que busca enseñarles las verdades profundas de la fe cristiana. Los cristianos mayores pueden necesitar tener verdades que ya tienen plantadas en su consciencia diaria. Se sabio al escoger un libro para el discípulo. No satisfagas totalmente su interés sino investiga también cual es su necesidad en este momento de su vida. Tal vez la persona tiene un profundo interés en la apologética pero se beneficiaría más aprendiendo acerca de la soberanía de Dios o reflexionando acerca del significado de la muerte de Cristo en su propia vida. En general, los libros que escoges deben tener en cuenta tanto la necesidad como el interés.
Cuida de no escoger libros basados únicamente en el título. Muchos cristianos jóvenes caen en esa trampa. Ellos ven un título que parece interesante, lo leen y se dan cuenta que fue escrito por un monje liberal que niega la divinidad de Cristo. Escoge el libro por su autor y no por su título. Busca algunos autores en quienes confíes, lee sus obras y muévete fuera de allí. En CHBC hemos tratado de reunir en la librería una fuerte colección de libros que puedes utilizar en el discipulado. Todos esos libros son de buenos autores y casi todos han sido leídos por un anciano o miembro del personal. Puedes cerrar tus ojos y escoger uno, y será bueno y edificante para ti y la persona que estás discipulando.
IV. OTRAS COSAS QUE LEER ADEMÁS DE LIBROS

Algunas veces es beneficioso leer otras cosas además de libros. Por ejemplo, puedes anhelar leer una confesión de fe con un discípulo y hablar acerca de las doctrinas que son explicadas allí. Podrías también leer artículos, ya sea de fuentes cristianas o de revistas seculares. Las noticias de las revistas seculares y los editoriales de los periódicos son muy buenos para llevar al discípulo a identificar y hablar acerca de la visión del mundo que tiene la opinión de un autor. Ese tipo de ejercicio puede servir mucho para mostrar la gran diferencia que hay entre la mente de Cristo y la mente del mundo.

V. SEIS BUENOS LIBROS CRISTIANOS

(Sería bueno para ti el maestro estar por lo menos un poco familiarizado con los siguientes libros antes de presentarlos a la clase. Sería poco útil si la única información que puedes ofrecer es el título y el autor. La clase sería más edificada si estás familiarizado con lo que el autor está diciendo en el libro y lo que espera de aquellos que leen su obra. Toma tiempo para leer uno o dos capítulos de cada libro en la clase. Eso te permitirá destacar algunos buenos pasajes de esos capítulos y estarás en la disposición de dar a tu clase una mejor percepción del tema del libro.)

(Mientras enseñas en la clase, pregunta si alguien de la clase ha leído cada libro en particular. Si lo ha hecho, permite que haya una discusión acerca de los beneficios de cada libro y su utilidad para un discípulo. ¿Cuáles son los aspectos más útiles de este libro? ¿De qué necesitamos cuidarnos? ¿Qué tipo de discípulo-joven cristiano, no cristiano, cristiano maduro o cristiano herido-recibiría el mejor beneficio de este libro?

Nine Marks of a Healthy Church [Nueve marcas de una iglesia sana], Mark Dever
Este es un libro de tu propio pastor aquí en CHBC, acerca de lo que significa para nosotros vivir nuestra vida juntos como cristianos. Tiene nueve características que deben ser presentadas en cualquier iglesia que busca honrar a Cristo y el ejemplo que Él nos da en el Nuevo Testamento. Este sería un libro maravilloso para un discípulo que está comenzando a familiarizarse con el cristianismo. No es muy común que un joven cristiano sea enseñado acerca de la importancia de ser parte de una iglesia sana, pero la Biblia enseña que es importante para el crecimiento como cristiano. Este libro podría también ser útil para cristianos más maduros mientras reflexionan sobre el significado y el papel de la iglesia en sus vidas.

A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], D. A. Carson
El libro de Carson es un llamado a los cristianos a aprender cómo orar a partir de las Escrituras. El primer capítulo es muy práctico y ofrece un buen consejo sobre cómo cultivar una vida de oración. El resto del libro examina las diferentes oraciones de Pablo que encontramos en el Nuevo Testamento y nos enseña de la oración a través de ellas. Este sería un buen libro para cualquier cristiano. Es un libro maravilloso escrito de forma devocional, que puede servir para despertar la vida de oración de un cristiano.

Ten Questions to Diagnose your Spiritual Health [Diez preguntas para diagnosticas tu salud espiritual], Don Whitney
Este es uno de los libros más útiles que he encontrado para reunirme con alguien que no conozco muy bien. Es también útil cuando nos reunimos con alguien de quien no tengo seguridad que sea cristiano. En él Don Whitney establece 10 marcas tomadas de la Escritura que deben caracterizar un cristiano sano: hambre por la Palabra, ser más amoroso, crecer en santidad, etc. Cada capítulo contiene un diagnóstico «soy más amoroso» y una prescripción «cómo puedo ser más amoroso.» Es una buena manera de darle seguimiento a un amigo cristiano a partir de la Palabra de Dios, que puede ayudar a establecer la dirección de una relación futura de discipulado.

The Pleasures of God [Los Deleites de Dios], John Piper
Este es un libro maravilloso. Hasta el subtítulo es edificante—«Meditations on God´s Delight in being God [Meditaciones sobre el deleite de Dios en ser Dios].» ¡Qué pensamiento tan maravilloso justo allí en la cubierta! Las ideas de este libro son extraordinarias y son muy útiles para explotar la falsa idea de que los humanos son el centro del universo de Dios. De hecho, ¡es Dios quien está en el centro del universo de Dios! Este es un buen libro para introducir a un joven cristiano en las doctrinas de la gracia. Piper explica los conceptos claramente y les permite ser tan fuertes como la Biblia. Aunque todos los conceptos son verdad y bíblicos, los cristianos jóvenes serán desafiados por algunas de las ideas—por ejemplo, que Dios se deleita en todo lo que hace y que todo lo que sucede es ordenado por Él. Asegúrate de que estás listo para algunas buenas pero intensas conversaciones si utilizas este libro. ¡Pero utilízalo!

Spiritual Disciplines of the Christian Life [Disciplinas Espirituales de la Vida Cristiana], Don Whitney
Este es un libro muy práctica que explora algunas de las disciplinas que los cristianos deben cultivar en su vida. Oración, lectura de la Biblia, meditación, ayuno—todas estas están incluidas. Whitney habla acerca de ellas a partir de la Escritura y ofrece maneras concretas y prácticas que pueden desarrollar estas disciplinas en nuestra vida. Sería un buen libro para cualquier joven cristiano, y te permitirá a ti y tu discípulo establecer algunos objetivos juntos.

What is the Gospel [Qué es el evangelio], Greg Gilbert
Un libro sobre el evangelio y un buen resumen de lo que muchas veces hablamos cuando describimos la respuesta Dios-hombre-Cristo.

OTROS LIBROS
Lleva contigo cualquier otro libro que hayas encontrado útil en tus propias relaciones de discipulado. Menciona que la mayoría, sino todos, de los libros que están más arriba están disponibles en el puesto de libros de CHBC o en la librería.

VI. CÓMO COMENZAR A LEER UN LIBRO CON ALGUIEN

Se valiente y busca oportunidades

Estarás en un error si piensas que discipular es solo para extrovertidos. Hemos afirmado una y otra vez que discipular es un requerimiento para cada creyente—independientemente de que te encuentres siendo discipulado, discipulando a otros o haciendo ambas cosas. En cuyo caso necesitas orar y buscar oportunidades de forma proactiva si no aun no estás en una relación de discipulado. Comienza orando por el directorio y pidiéndole al Señor que provea a alguien con quien puedas reunirte, y luego mira a tu alrededor en tu propia vida y ora acerca de las personas con quienes interactúas en la iglesia o grupo pequeño. Busca oportunidades en las reuniones de miembros que añadimos nuevos miembros. De manera deliberada presentamos una foto e información de contacto para motivar a los miembros a acercarse y comenzar a cuidar de los nuevos miembros (especialmente los creyentes jóvenes). Si ninguna de estas cosas ayuda, pídele consejo a un anciano. Si vas a ser el discipulador, entonces el próximo paso es simplemente tomar la iniciativa.

Se valiente y está disponible para hacer la sugerencia

Seamos francos, acercarse a alguien para cualquier tipo de relación deliberada puede ser intimidante. A nadie le gusta ser rechazado. Esto es verdad en la mayoría de las relaciones… y es verdad en lo que se refiere al discipulado. Invitar a alguien a leer un libro o reunirse regularmente para cualquier propósito y que tu oferta sea rechazada es decepcionante, vergonzoso y tal vez doloroso… pero vale la pena. Vale la pena por el bien que podrías hacerle y que podría hacerte a ti. Por tanto, ¡se valiente y disponte a ejercer esta posibilidad con tus amigos! Cualquier decepción que puedas recibir si no funciona es pequeña comparado con el gozo potencial de ser un catalizador para el crecimiento espiritual que bendecirá a tu amigo ahora y por la eternidad.

Pide una recomendación si deseas, pero disponte a seleccionar por tu amigo

En lo que se refiere a seleccionar un libro para leer es mejor tener uno en mente. Puedes decir «he estado pensando leer Knowing God [Conociendo a Dios] de J. I. Packer (o leerlo nuevamente) y preguntar si estaría interesado en leerlo juntos.» Muchas veces los creyentes jóvenes pueden no querer leer el tipo de libros que pueden hacer el mayor bien, y tú ciertamente no siempre estás seguro de saber cual es mejor. Pero si eres más maduro espiritualmente probablemente estás en una mejor posición que ellos de tomar una buena decisión.

Recuerda tu propia motivación y deseo para los demás

Una de las mejores maneras de motivarte a leer un libro con alguien es pensar acerca del bien que has experimentado a través de una buena enseñanza bíblica, ya sea de una persona o de un libro. No seas como un hombre que atesora buenas cosas sin compartirlas con los demás. Considera compartir con los demás la motivación que has recibido tanto de buenos libros cristianos como de la motivación de conversaciones con otros creyentes.

Mark Deve

Cómo definir el llamado de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cómo definir el llamado de Dios

Por Joe Holland

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

La Escritura describe el llamado de Dios a nuestras vidas en una multitud de formas que van desde lo panorámico hasta lo preciso. Entonces, ¿por dónde comenzamos si queremos elaborar una comprensión bíblica de las diferentes formas en que la Biblia habla sobre el llamado de Dios? A menudo comenzamos en el lugar equivocado, pensando en nuestro contexto específico, nuestras vidas o nuestra situación. No obstante, debemos comenzar con Dios y Su llamado. Estamos hablando del todopoderoso Dios del universo, cuyo decreto soberano se ejecuta en la creación y en Su cuidado providencial continuo de todas Sus criaturas y de todas las acciones de éstas. Él, en Su soberanía, nos redimió. Este Dios, nuestro Dios, ha puesto llamados en nuestra vida que enmarcan quiénes somos y lo que Él espera de nosotros y nos manda y llama a hacer en este mundo que Él ha creado, este mundo en el que somos Sus siervos. Podemos resumir las formas en que la Biblia usa estos temas —el gobierno todopoderoso de Dios, Su dominio sobre nuestras vidas, Su intención para nosotros y el mundo, y el evangelio de Jesús— de acuerdo con dos categorías de llamamientos: creación y redención. Cada una de estas palabras, creación redención, nos da una ventana a través de la cual podemos ver los diferentes llamados de Dios.

Primero, al mirar la creación, podemos considerar el llamado de la vocación. Dios nos llama como seres humanos creados a Su imagen a trabajar diligentemente en el mundo que Él creó. Dios no creó a Adán ni a ninguno de sus hijos para que fueran perezosos. No iban a vivir permanentemente en el sótano de Dios, sin hacer otra cosa que desbloquear nuevos niveles del último videojuego. Dios tampoco dejó en manos de Adán qué haría o cómo se involucraría con la creación. Dios llamó a Adán —le ordenó a Adán— a ejercer dominio sobre la creación incluso mientras cultivaba y cuidaba el huerto del Edén (Gn 1:282:15). Después de la caída, este trabajo se volvió mucho más difícil, lleno de espinas, pero el llamado no cambió. Con el sudor de su rostro, Adán continuaría ejerciendo dominio sobre la creación trabajando y conservando el mundo en el que Dios lo había puesto (3:17-19). Y esta obra se haría para la gloria de Dios. En este llamado, todos los seres humanos, los hijos e hijas de Adán, encuentran el llamado de Dios a tener una vocación. Y por vocación no me refiero necesariamente a una profesión remunerada. El contador, el excavador de zanjas, el soldado, el ama de casa, el jubilado y el estudiante de la escuela primaria están todos siguiendo el llamado de Dios en sus vidas haciendo un trabajo que honra a Dios.

A continuación, teniendo en cuenta nuestro enfoque en los llamados arraigados en la creación, consideramos el llamado al matrimonio. Dios no tenía la intención de que los humanos siguieran su llamado al trabajo diligente estando solos. Dios miró a Adán como un individuo y definitivamente declaró que su situación no era buena (Gn 2:18). Así que creó a Eva, una ayuda idónea para Adán, y los llamó a ambos al pacto matrimonial, un pacto en el que un hombre y una mujer se comprometen el uno con el otro de por vida. Eva fue la ayudante de Adán tanto en la tarea de multiplicar como en la de ejercer dominio. De la misma manera, a menos que un cristiano tenga un llamado específico al celibato (1 Co 7:8-9), él o ella están llamados a encontrar un cónyuge y, si Dios los bendice, a tener hijos. Este llamado crea múltiples llamados derivados y específicos de género —esposo, esposa, padre, madre, hijo, hija, hermano, hermana— cada uno con papeles y responsabilidades que deben llevarse a cabo solamente para el honor y la gloria de Dios.

En tercer lugar, en la creación, Dios escribió Su ley en el corazón de cada persona (Rom 2:15), dándoles un llamado a la santidad (Lv 20:26). Esta ley encuentra una codificación más específica en los Diez Mandamientos y, en última instancia, se manifiesta plenamente en la persona de Jesucristo. Esta ley exige la perfección que ningún pecador puede alcanzar. Pero nuestra incapacidad para obedecer la ley, a causa de la caída, no anula el llamado de la ley a que seamos perfectos como Dios es perfecto, a que hagamos esto y vivamos (Gal 3:10). Por lo tanto, aunque estropeado por el pecado, todo ser humano conoce el llamado de Dios a la santidad y a la perfección moral, y se siente culpable por su pecado.

Cuarto, a medida que las familias se multiplicaron convirtiéndose en naciones y después que Dios dispersara las naciones en respuesta a la torre de Babel, el gobierno y el comercio se desarrollaron dentro de las culturas para producir estructuras de responsabilidad y autoridad. Todo esto, especialmente la elección de quién tiene la autoridad en cualquier cultura o grupo, está ordenado por la voluntad expresa de Dios (Rom 13:1-4). Debido a que Dios establece las autoridades de la sociedad, todas construidas en torno a las familias, llama a todos a obedecer a las autoridades que pone a cargo. El llamado a obedecer a la autoridad es generalizado, desde la jefatura del marido en el hogar hasta el gobierno del presidente sobre un país, desde el empleado en un negocio hasta el niño en el hogar. La única vez que la desobediencia a la autoridad está justificada y garantizada es cuando una autoridad le pide a alguien que peque. El llamado de Dios a obedecer a la autoridad también incluye a aquellas autoridades responsables de aplicar la justicia de Dios en el mundo mientras ejercen el poder. De esta manera, el llamado de Dios a obedecer a la autoridad proporciona estructura y responsabilidad más allá de la familia individual, protegiéndonos del caos y la injusticia de la anarquía.

Un simple estudio de palabras sobre el tema del llamado en la Biblia revelaría más llamados de Dios a todas las personas, pero lo que hemos considerado hasta ahora resume cómo los llamados básicos de Dios son ubicuos y se aplican a cualquier persona en cualquier momento. Y la experiencia de la humanidad es que cada una de estas áreas de llamamiento, lejos de mostrar la capacidad de la humanidad para cumplirlas, ha demostrado cómo estos llamados han sido ocasiones para el pecado y la depravación. Pero Dios, antes de que Adán y Eva dejaran el jardín, ya había comenzado a hablar de la obra redentora que haría un día a través del Mesías que aplastaría a la serpiente (Gn 3:15). Este Mesías, por medio de Su vida, muerte y resurrección, pagaría por los pecados de Su pueblo, proporcionaría la justicia que ellos no podrían lograr y cumpliría todos los llamados de Dios a Su pueblo. Este Mesías es Jesucristo, y en Él encontramos tanto nuevos llamados de Dios como otros renovados.

Al considerar los llamados desde la perspectiva de la redención, sabemos que Dios ha sido paciente con el pecado de la humanidad a lo largo de los siglos, pero ahora llama a todos en todas partes a arrepentirse y creer en Cristo (Hch 17:30). Este es el llamado externo del evangelio que los cristianos llevan al mundo. Los pastores que predican desde los púlpitos y los cristianos que evangelizan a sus vecinos extienden a todos la oferta gratuita del evangelio: arrepiéntanse y crean en Jesucristo, y serán salvos. Este es ahora el gran llamado redentor que se presenta ante todo hombre, mujer y niño. Este llamado impulsa a la Iglesia del Nuevo Testamento, alimenta las misiones mundiales y se aplica a cada cristiano.

Mientras una persona nacida de nuevo continúa este llamado externo, también hay un llamado interno que la acompaña. La salvación es del Señor; es Su obra monergista. Él conoce a los Suyos y los llama por su nombre (Jn 10:27). Cuando un pecador es redimido, el Espíritu Santo lo regenera para que pueda recibir y descansar en Cristo Jesús como es ofrecido en el evangelio. De esta manera, el llamado interno del evangelio es siempre efectivo porque siempre es realizado únicamente por Dios. El llamado externo e interno de Dios marca la era del Nuevo Testamento. Estos dos llamados trazan y explican la explosión de la Iglesia desde ser un grupo heterogéneo de galileos hasta ser un cuerpo mundial de pecadores redimidos de cada tribu, lengua y nación.

Ese llamado eficaz de Dios a través de Jesús que nos convierte, también comienza la obra de conformarnos a Su imagen (Rom 8:29). Esto no significa que todos nos estamos volviendo más como carpinteros nazarenos convertidos en predicadores itinerantes. Significa que la obra de santificación de Dios en nosotros opera dentro de los rieles de los llamados de la creación que ya están operando en nuestras vidas. Bajo el poder del Espíritu Santo, ahora luchamos contra el pecado y buscamos la santidad. Recibimos nuestro llamado a la vocación y trabajamos como para el Señor con todas nuestras fuerzas. El esposo acepta su llamado al matrimonio y ama a su esposa como Cristo amó a la Iglesia. La esposa acepta su llamado al matrimonio y se somete a su esposo como la Iglesia se somete a Cristo. El niño piadoso obedece a sus padres como si fuera al Señor. El cristiano acepta su llamado a la santidad, buscándola en respuesta agradecida a la gracia de Dios. El cristiano en autoridad no ejerce su autoridad sobre otros de manera déspota. El cristiano bajo autoridad se somete con alegría a la autoridad y la obedece, sabiendo que Dios está detrás de todo. De esta manera, los principales llamados de Dios en nuestras vidas —el llamado a la vocación, el llamado al matrimonio, el llamado a la moralidad, el llamado a someterse a la autoridad, el llamado externo del evangelio y el llamado interno eficaz del evangelio— funcionan juntos desde la creación y mediante la redención para lograr el propósito de Dios en el mundo, Su propia gloria a través de la adoración de Jesucristo en la Iglesia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Joe Holland
Joe Holland

El Rev. Joe Holland es un editor asociado de Ligonier Ministries y un anciano docente en la Presbyterian Church in America.

Cómo definir la voluntad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cómo definir la voluntad de Dios

Por John W. Tweeddale

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios

A lo largo de los registros de la historia, muchas personas se han esforzado por definir la voluntad de Dios. Cuando hablamos de la voluntad de Dios hoy en día, tendemos a hablar de cosas relacionadas con nosotros mismos, generalmente cosas buenas como nuestros cónyuges, nuestros hijos, nuestros trabajos, nuestras finanzas y nuestros pasatiempos. Sin embargo, históricamente, cuando los teólogos han discutido la voluntad de Dios, lo han hecho para decir cosas principalmente sobre Dios, por lo general en referencia a cosas profundas como la naturaleza de Dios, el decreto de Dios, la libertad de Dios, la soberanía de Dios y la sabiduría de Dios. No para ignorar las grandes decisiones de la vida, sino para ubicarlas en la vasta extensión de los propósitos eternos de Dios.

Definir la voluntad de Dios es importante para nosotros como cristianos porque revela quién es Él como el Dios eterno, todopoderoso y omnisciente. Geerhardus Vos describe la voluntad de Dios como «esa perfección de Dios por la cual, en un acto muy simple y de una manera racional, sale hacia Sí mismo como el bien supremo y hacia las criaturas fuera de Él por Su propio beneficio». Dicho de manera negativa, la voluntad de Dios no puede separarse de Dios mismo. Dado que Dios es uno en esencia, Su voluntad es indivisa. Como Richard Muller declara de manera concisa, «Dios es lo que Él quiere». Visto desde nuestra perspectiva, la voluntad de Dios refleja Su carácter, revela Su diseño para Su creación y manifiesta Su sabiduría y poder al ordenar todo lo que sucede para nuestro beneficio y Su gloria.

Un texto bíblico clave para definir la voluntad de Dios es Deuteronomio 29:29. Afirma: «Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley». Este versículo resume «las palabras del pacto» que Dios le dio a Israel al final de la vida y el ministerio de Moisés (Dt 29:1). También proporciona un marco bíblico-teológico para comprender la voluntad divina.

El contexto de Deuteronomio es instructivo. Mientras el Señor prepara a Josué para llevar a Israel a la tierra de Canaán después de la muerte de Moisés, le recuerda a Su pueblo la necesidad de Su Palabra para conocer Su voluntad. Este demostraría ser un mensaje que Israel necesitaba escuchar. La anticipación de la tierra prometida presionaría los límites de la fe de Israel mientras navegaba por los obstáculos que a menudo se encuentran en la brecha entre la promesa y el cumplimiento. Frente a las incertidumbres que acompañan a la vida en un mundo caído, Israel necesitaba que se le recordara que obedecer la Palabra de Dios era el centro del conocimiento de la voluntad de Dios para sus vidas.

En el corazón de este pasaje en Deuteronomio 29 hay una distinción entre «las cosas secretas» que pertenecen a Dios y «las cosas reveladas» que nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos. Con base en esta distinción, los teólogos a menudo se refieren a la voluntad secreta de Dios y a Su voluntad revelada. Si bien este punto puede parecer obvio, es crucial para definir la voluntad de Dios. Hay innumerables cosas que no sabemos como humanos, ya que somos finitos. Pero no se puede decir lo mismo de Dios, ya que Él es infinito y omnisciente. El conocimiento de Dios es exactamente como Él: absolutamente perfecto. A diferencia de nosotros, Dios no necesita resolver los problemas por deducción. No necesita consejeros para determinar qué hacer en una crisis o para ayudarlo a afrontar los acertijos morales. Dado que Dios es infinito e incomprensible, tiene perfecto conocimiento de Sí mismo y de todas las cosas. Pero este conocimiento «secreto» pertenece solo a Dios. Podríamos llamar a esto la inescrutabilidad de Dios. Hay cosas que sólo Dios conoce y que están más allá de nuestro conocimiento (ver Rom 11:33-36).

En cambio, nuestro conocimiento es como nosotros: finito e incompleto. Ya que somos creados, dependemos de Dios para conocer Su voluntad. De manera más precisa, a medida que Dios se revela en Su Palabra, podemos en verdad conocer Su voluntad, aunque no de manera exhaustiva. El punto es que Dios es el mejor intérprete de Su voluntad. Por eso son tan importantes «las cosas reveladas». La Escritura representa la autorrevelación de la voluntad de Dios en forma escrita. Si bien no podemos descifrar las «cosas secretas» de Dios, podemos estar seguros de conocer la voluntad de Dios en la medida en que Él se ha revelado en Su Palabra. Para Israel y para nosotros, definir la voluntad de Dios implica conocer y aplicar la Palabra escrita de Dios.

Cuando leemos la voluntad revelada de Dios en la Escritura, descubrimos que la Biblia hace varias distinciones entre la voluntad decretiva de Dios, la voluntad preceptiva de Dios y la voluntad de Dios de Su beneplácito. La voluntad decretiva de Dios se refiere a Su perfecto y sabio consejo al ordenar o decretar libremente todo lo que sucede. Como dice el apóstol Pablo en Efesios 1:11: «También [en Cristo] hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad». La voluntad decretiva de Dios subraya Su soberanía total sobre todas las cosas, incluida la creación y la redención, la historia y la providencia. Como tal, nunca puede ser frustrada, ni siquiera por nuestro pecado y desobediencia. Esto no es para sugerir que Dios se deleita en el pecado o que es autor del pecado, sino para decir que lo permite para cumplir Su voluntad soberana.

La voluntad preceptiva de Dios representa el estándar moral que Dios requiere que todas las personas cumplan. Nos dice lo que Dios demanda de nosotros como portadores de Su imagen; transmite lo que debemos hacer, sin importar si lo obedecemos o no. La voluntad preceptiva de Dios, resumida para nosotros en los Diez Mandamientos, también se conoce como la ley moral. Como dice el Catecismo Mayor de Westminster:

La ley moral es la declaración de la voluntad de Dios a la humanidad, dirigiendo y obligando a cada uno a una conformidad y obediencia personal, perfecta y perpetua a ella, en el marco y disposición de todo el hombre, cuerpo y alma, y en el cumplimiento de todos los deberes de santidad y justicia que se debe a Dios y al hombre: prometiendo vida a los que la cumplen, y amenazando de muerte a los que la violan (CMW 93).

En resumen, la lógica de la voluntad preceptiva de Dios se resume en la máxima «Sed santos, porque Yo soy santo» (1 Pe 1:16).

Una distinción menos conocida pero relacionada es la voluntad de Dios de Su beneplácito. Esta voluntad disposicional tiene dos partes. Por un lado, se refiere al placer de Dios al ordenar Su decreto soberano. Por ejemplo, Efesios 1:5 habla de que Dios predestinó amorosamente a Su pueblo en Cristo «conforme al beneplácito de su voluntad». Y Efesios 1:9 revela cómo Dios dio a conocer el misterio de Su voluntad en Cristo «según el beneplácito que se propuso». Por otro lado, se refiere al deleite de Dios cuando hacemos lo que Él quiere (ver Rom 12:2Ef 5:10Col 3:20). En este sentido, Dios se agrada cuando obedecemos y se disgusta cuando desobedecemos.

Si bien estas distinciones nos ayudan a matizar la enseñanza bíblica sobre la voluntad de Dios, no debemos concluir que hay voluntades en competencia o contradictorias en Dios. La voluntad divina refleja el plan único y unificado del único Dios verdadero. Una ilustración clásica de este principio se encuentra en el sermón del apóstol Pedro en Pentecostés. En Hechos 2:22-23, afirma:

Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de Él, tal como vosotros mismos sabéis, a este, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis.

Desde una perspectiva, la ejecución de Jesús violó la voluntad preceptiva de Dios, ya que matar a un hombre inocente es asesinato. Sin embargo, desde el punto de vista de la voluntad decretiva de Dios, se nos dice que la crucifixión fue según el plan soberano de Dios. Además, el profeta Isaías destaca el beneplácito de Dios cuando declara de Cristo que «quiso el Señor quebrantarle… y la voluntad del Señor en su mano prosperará» (Is 53:10). La cruz de Cristo nos ayuda a comprender cómo nada puede frustrar la voluntad de Dios de asegurar la salvación de Su pueblo para la gloria de Su nombre.

Al confrontar decisiones grandes y pequeñas, no debemos concluir que nuestra respuesta es simplemente «dejar todo en las manos de Dios». Confiar en la voluntad de Dios implica descansar activamente en Su sabiduría divina y someterse a Su Palabra. Si bien las cosas secretas de Dios siguen siendo un misterio, sabemos con certeza que la voluntad de Dios implica cultivar la santidad y la acción de gracias en todo (1 Tes 4:35:18). Podemos sentir la tentación de preocuparnos por el mañana, pero un estudio de la voluntad de Dios nos llama hoy a una vida de obediencia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John W. Tweeddale
John W. Tweeddale

El Dr. Tweeddale es decano académico y profesor de teología en Reformation Bible College en Sanford, Florida, y anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos.

Combate el Pecado con Sabiduría y Celo

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Combate el Pecado con Sabiduría y Celo

Por John MacArthur

El 17 de agosto de 1662, en Inglaterra, se aprobó lo que se llamó el Acta de Conformidad. Esta ley prohibía efectivamente que cualquier predicador en cualquier púlpito fuera un no-conformista. En otras palabras, todo predicador tenía que conformarse a la religión del estado. Y en esa época, había muchos predicadores no conformistas. Hoy llamamos a muchos de ellos «puritanos».

En el último día que los predicadores no conformistas podían predicar, todos ellos predicaron sermones de despedida en sus iglesias. Fue un día terrible. Los predicadores de toda Inglaterra se levantaron para despedirse de su congregación. Algunos de ellos murieron como mártires. Algunos fueron enviados a otras naciones y nunca volvieron a ver a sus congregaciones o a sus familias. Cientos de familias se separaron.

Uno de estos sermones fue predicado por un hombre llamado Calamy. Se puso de pie ante su congregación, y en el último día en que se le permitiría predicarles antes de su exilio por predicar la Palabra de Dios, dijo esto: «Hay más maldad en el menor pecado que en la mayor calamidad exterior».

Esa fue una declaración profunda. Les estaba diciendo: «Ustedes piensan que es calamitoso que me despojen de mi púlpito. Ustedes piensan que es calamitoso que me envíen fuera de mi país y lejos de mi familia. Pero por muy grave que sea esta calamidad, hay más maldad en el menor pecado que en la mayor calamidad».

En las dos últimas entradas, he hablado sobre el pecado que enreda y cómo combatirlo. La última vez demostré a partir de las Escrituras que el poder del Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios es la herramienta clave en nuestra batalla contra el pecado. Hoy, voy a compartir tres pasos prácticos más para tomar mientras luchas.

1. Entender lo malo que es el pecado.

Creo que este es el error inicial que cometen los cristianos: No piensan que el pecado es realmente tan malo como lo es. No subestimes la seriedad de tu pecado. Enredarse en el pecado es serio porque todo pecado es serio. El Señor toma el pecado en serio, y dice que castiga a los que ama para expulsar el pecado (Hebreos 12:6-11).

El pecado roba el gozo. Destruye la fidelidad. Te roba la paz. Te hace inútil en el servicio a Cristo. Limita tus respuestas a la oración. Trae la disciplina del Señor. El pecado es mortalmente serio.

Cuando somos jóvenes, es tentador pensar que podemos salirnos con la nuestra. Pensamos que podemos comprometernos con nuestras novias, o estar involucrados en borracheras, o hacer trampa en los exámenes. Pensamos que estas son cosas relativamente pequeñas. Pero son cosas como estas las que pusieron a Cristo en la cruz. Son cosas como estas las que nos condenarían al infierno si no fuera por Cristo.

2. Dedícate a luchar contra el pecado.

¿Alguna vez has dicho en oración, «Dios, no quiero pecar – me propongo en mi corazón no pecar»? Si no estás dispuesto a decir esas palabras al Señor, muestra que estás aferrado a un pecado que te ha atrapado y no estás dispuesto a dejarlo ir. Por lo tanto, escudriña tu propio corazón. ¿Qué tan dispuesto estás a luchar contra tu propio pecado?

Aunque no seamos capaces de mantener esta intención perfectamente, es bueno decir con el salmista: “He jurado, y lo confirmaré, que guardaré tus justas ordenanzas” (Salmo 119:106). Es bueno expresar esta voluntad de tu corazón en la oración. Y si no tienes ese tipo de corazón dispuesto, entonces estás disfrutando de tu pecado y debes buscar el arrepentimiento.

3. Ahora es el momento de actuar.

Mi razón para señalar la seriedad del pecado no es para intimidar a nadie. Por el contrario, mi deseo es evitar que las personas tengan la pena de mirar hacia atrás al final de sus vidas y pensar: «¿Por qué permití que se cultivaran ciertas debilidades cuando era joven?» Si no odias tus pecados ahora, aprenderás a odiarlos más tarde, porque una vez que se conviertan en pecados acosadores te debilitarán.

Ahora es el momento de ser honesto ante el Señor con lo que son tus pecados que te han atrapado y lidiar con ellos por el bien de ser todo lo que Dios quiere que seas. ¿Por qué querrías ser menos?

¿Crees que al final vas a encontrar placer en violar la ley de Dios? ¿Crees que de alguna manera, a pesar de lo que dice Dios, has encontrado un camino mejor? Por el contrario, es a través del camino de la obediencia que Dios nos otorga alegría y bendición. Que Dios nos dé la fuerza para caminar en el Espíritu mientras hacemos morir todo lo que se interpone entre nosotros y las cosas buenas que Él almacena para los que son obedientes.

Tomado de: https://evangelio.blog/

Con sabiduría

Aviva Nuestros Corazones

Con sabiduría

Por Nancy DeMoss Wolgemuth

Según los investigadores, en un día común y corriente el promedio de las mujeres usa 7000 palabras. ¿Te has detenido a pensar en todo lo que la Biblia nos dice sobre el uso de las palabras? A continuación algunos ejemplos:

Abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de bondad en su lengua.” Proverbios 31:26.

¿Hablas con palabras sabias? ¿Estas reflejan la Palabra de Dios y Sus formas? O ¿eres rápida en lanzar tu opinión?

En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, más el que refrena sus labios es prudente. Proverbios 10:19.

¿Hablas en demasía o refrenas tu lengua?

La suave respuesta aparta el furor, más la palabra hiriente hace subir la ira”. Proverbios 15:1.

Cuando te provocan, ¿respondes con gentileza? ¿o con palabras hirientes?

Toma un minuto y pídele a Dios que controle tu lengua hoy. Clámale que te ayude a hablar con sabiduría, moderación y gentileza.

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

 

La lucha por encontrar la voluntad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

La lucha por encontrar la voluntad de Dios

Por Thomas Brewer

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

«¿Qué quiere Dios que haga?». ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? Yo me la he hecho. Me he preguntado: ¿Quiere Dios que viva aquí? ¿Quiere Dios que me case con esta persona? ¿Quiere Dios que tome este trabajo? ¿Qué quiere Dios que haga? Responder estas preguntas puede ser agonizante, porque son muy significativas. Queremos la mayor certeza posible para responder a preguntas importantes. ¿Por qué? Porque cuando nos falta seguridad, a menudo sentimos miedo. Al no saber lo que debemos hacer sentimos como que vamos a fallar. Nos pone ansiosos. De hecho, aunque no lo admitamos, a veces tememos pasar por alto la voluntad de Dios.

La lucha por encontrar la voluntad de Dios es una lucha contra la certeza. Naturalmente buscamos la mayor certeza posible con respecto a las decisiones. La certeza nos ayuda a sentirnos más en control y cuando nos sentimos en control, nos sentimos seguros.

Métodos incorrectos

Al buscar lo que Dios no ha revelado —Su voluntad secreta— a menudo utilizamos varios métodos. A veces tomamos mandatos bíblicos, que son buenos y los torcemos para usarlos para nuestros propósitos. Por ejemplo, obtener consejos para tomar decisiones, es bueno (Pr 11:1415:22). Los pastores, familiares y amigos a menudo destacan y afirman el amor y la dirección de Dios por nosotros en situaciones particulares. Ellos pueden ayudar y nos ayudan a tomar decisiones. Pero a veces en vez de sencillamente buscar la sabiduría de un consejero, lo usamos como una forma de «encontrar» la voluntad secreta de Dios. Tomamos la opinión de nuestro pastor sobre un tema como si él fuera Dios mismo diciéndonos Su voluntad o confiamos en que nuestro amigo ha escuchado «una palabra del Señor». La oración también es algo encomiable hacer y estamos llamados a pedir sabiduría (1 Tes 5:17Stg 1:5). Podemos y debemos orar por dirección. Pero a veces los cristianos se van más allá. Le piden a Dios que les dé una señal divina como enviarle una llamada en un momento exacto o que en una valla aparezca un mensaje en particular para ellos en su viaje diario al trabajo. 

Este tipo de prácticas son a menudo realizadas con un deseo sincero de conocer y hacer la voluntad de Dios y son muchos los que han tomado decisiones buenas y correctas usando esas prácticas extrañas. Por ejemplo, podríamos tomar decisiones acertadas si confirmamos la voluntad secreta de Dios al ver una valla con un mensaje inusual. Sin embargo, buscar la confirmación de Dios, de Su voluntad secreta, en estas formas peculiares no es bíblico. La Escritura no dice que podemos encontrar la voluntad secreta de Dios a través de consejeros, sensación de paz, coincidencias inusuales u otras cosas. Su voluntad secreta, es por naturaleza, oculta.

¿Esto hace que Dios esté distante de nosotros? No, porque la incertidumbre no significa que Dios está distante. Considera qué tanta incertidumbre y miedo tenían los israelitas cuando llegaron al mar Rojo y se les acercaban los ejércitos de Faraón (Ex 14:10-14). El pueblo de Israel no estaba seguro, pero Dios estaba con ellos. Él los protegió de los egipcios e hizo a Su pueblo cruzar de manera segura el mar Rojo. Nosotros también podemos sentirnos inseguros sobre una decisión o situación en particular, pero aun así podemos descansar en el conocimiento de que Dios está con nosotros. Podemos confiar en Él aun cuando no ha revelado exactamente lo que debemos hacer. Él dirige nuestros pasos aun cuando ya hemos tomado nuestras decisiones.

La necesidad de la fe

He conocido muchos hombres y mujeres mayores en la fe que miran atrás en sus vidas y entienden de una forma profunda, pero casi indescriptible, cómo Dios ha estado con ellos en su caminar. Frecuentemente, estos santos mayores se sorprenden de cómo Dios los ha traído hasta donde están. A menudo me dicen que ellos han tenido muy poco que ver con esto, aunque si les pregunto, me dirían que han estado tomando decisiones todo el tiempo. A veces me pregunto si sería así que Abraham se sentía cuando miraba atrás en su vida. Lo que encuentro tan reconfortante sobre estas historias es el recordar que Dios está con nosotros donde quiera que vamos y que está dirigiendo, aunque misteriosamente, nuestros pasos (Pr 16:9).

Pensando en estas historias recuerdo cómo Dios trabaja en nuestras vidas. Él nos llama a que confiemos en Él. Abraham fue llamado a tener fe y también nosotros. La fe es confianza en Dios, verdaderamente en Dios. Eso es lo que los fariseos no tenían. Después de todo, no fue un fariseo, sino un pescador común quien caminó sobre el agua con Jesús. Por la fe Pedro se paró en el mar de Galilea como si fuera en tierra firme. Su seguridad, aunque imperfecta, estaba en Dios. Cuando dudó, se volvió al Señor y gritó: «¡Sálvame!» (Mt 14:30). Jesús extendió Su mano, lo sostuvo y le preguntó: «¿Por qué dudaste?».

Eliminar nuestra lucha con la incertidumbre es eliminar la necesidad de la fe. Nosotros no sabemos todo lo que Dios sabe. Sin embargo, estamos llamados a confiar en Dios cuando damos pasos inciertos, como Pedro. Cuando confiemos, Dios estará con nosotros. A veces vamos a tomar decisiones que lucirán ser muy exitosas. En otros momentos, vamos a tomar decisiones que lucirán ser un error. Podemos dudar. Sin embargo, Dios tiene una forma peculiar de cambiar nuestras debilidades en fortalezas y hacer que la maldad resulte en bien (Gn 50:202 Co 12:9). Y cuando clamemos como Pedro: «Sálvame», Él estará listo y dispuesto a salvar.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en América.

El estado del hombre después de la muerte y la resurrección final

Palabra de Vida Almería

El estado del hombre después de la muerte y la resurrección final

Will Graham

I. Los cuerpos de los hombres después de la muerte vuelven al polvo y ven la corrupción, pero sus almas (que ni mueren ni duermen), teniendo una subsistencia inmortal, vuelven inmediatamente a Dios que las dio. Las almas de los justos, siendo entonces hechas perfectas en santidad, son recibidas en los más altos cielos en donde contemplan la faz de Dios en luz y gloria, esperando la completa redención de sus cuerpos. Las almas de los malvados son arrojadas al infierno, en donde permanecen atormentadas y envueltas en densas tinieblas, en espera del juicio del gran día. Fuera de estos dos lugares para las almas separadas de sus cuerpos, la Escritura no reconoce ningún otro.

II. Los que se encuentren vivos en el último día, no morirán sino que serán transformados, y todos los muertos serán resucitados con sus mismos cuerpos, y no con otros, aunque con diferentes cualidades, los cuales serán unidos otra vez a sus almas para siempre.

III. Los cuerpos de los injustos, por el poder de Cristo, resucitarán para deshonra; los cuerpos de los justos, por su Espíritu, para honra; serán hechos entonces semejantes al cuerpo glorioso de Cristo.

Confesión de fe de Westminster
Capítulo 32

Pastor Will Graham

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

HUGH LATIMER: “El Apóstol de los ingleses”

BITE

HUGH LATIMER

“El Apóstol de los ingleses”

Este hombre pasó de ser un apasionado católico que odiaba la reforma a ser un fuerte defensor y reformador de la iglesia de Inglaterra.

Su apasionada predicación lo llevó a ser considerado como el mayor predicador de la Reforma inglesa, y su valiente martirio son un verdadero testimonio de lo que significa ser transformado por la verdad de las Escrituras.

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CRÉDITOS

Conductor: Nicolás Osorio.
Guión: Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Pilar Prieto.
Música: Envato Elements.

5 mentiras populares sobre el discipulado familiar

Coalición por el Evangelio

5 mentiras populares sobre el discipulado familiar

MATT CHANDLER • ADAM GRIFFIN

El discipulado familiar es el muy importante, pero mayormente común, liderazgo espiritual de tu hogar. En pocas palabras, el discipulado familiar significa dirigir tu hogar haciendo todo lo que puedas, cada vez que puedas, para ayudar a tu familia a convertirse en amigos y seguidores de Jesús. Ciertamente, hay puntos altos y bajos en la vida que crean grandes oportunidades para que los padres señalen la fidelidad de Dios, pero la mayoría del liderazgo espiritual ocurre en las interacciones cotidianas con tu familia.

Mientras piensas en lo que el discipulado familiar es para tu familia, estos son cinco recordatorios importantes, cinco mentiras que somos tentados a abrazar, sobre lo que no es el discipulado familiar.

1. El discipulado familiar no es exploración espiritual de forma libre

Un niño bien portado no es lo mismo que un niño discipulado 

El discipulado familiar es adoctrinamiento, enseñando las doctrinas y cosmovisión de Dios tal como se establecen en su Palabra, sin ceder a las opiniones contrarias del mundo o disculparse por la potencial ofensa que esa verdad pudiera ocasionar.

En una cultura que ama la idea de dejar que los niños elijan por sí mismos lo que ellos piensan que es verdad, el “adoctrinamiento” se ha convertido en una mala palabra. ¡Qué decepción tan desastrosa! No decirle a tus hijos lo que es verdad es lo opuesto al amor. Estamos ayudando a la próxima generación a transitar por un camino de vida peligroso a través de tentaciones y desinformación maliciosa.

No dejes a tus hijos a la deriva en el desierto de este mundo, mientras cruzas los dedos con la esperanza de que encuentren el estrecho camino hacia el único oasis.

2. El discipulado familiar no es usar la Palabra de Dios para salirte con las tuyas

No es usar la amenaza del descontento de Dios para hacer que tus hijos guarden silencio, se queden quietos o dejen de molestarse el uno al otro. La manipulación del comportamiento es impulsada por el miedo, pero la obediencia a Dios es impulsada por la gratitud y el amor sincero. Un niño bien portado no es lo mismo que un niño discipulado.

Mientras que la Biblia tiene mucho que decir sobre el comportamiento piadoso, y la obediencia es un aspecto importante del discipulado, la modificación del comportamiento no es nuestra meta principal. Es demasiado fácil instruir a un fariseo: un niño que conoce y sigue las reglas de Dios, pero cuyo corazón está lejos de Él. Queremos que nuestros hijos sean obedientes a Dios, no porque se sientan intimidados por Él (o por nosotros), sino porque realmente aman la obediencia y confían en el amor y cuidado de Dios por ellos. El discipulado familiar persigue un cambio sincero de corazón en los niños; una verdadera transformación cristiana.

3. El discipulado familiar no es una forma de criar a niños populares

Criar a niños que sigan a Cristo significa que estás preparando una generación dispuesta a sentirse cómoda siendo diferente 

Criar a niños que sigan a Cristo significa que estás preparando una generación dispuesta a sentirse cómoda siendo diferente y aun despreciada por una cultura que piensa que sabe qué es mejor.

Aunque el objetivo no es criar niños que sean deliberadamente irritantes para el mundo, debe ser tu absoluta esperanza tener hijos que no se aparten de lo que es verdad solo porque irrita a alguien. Lo que crees como cristiano es ofensivo para las sensibilidades modernas. Que esto se te quede grabado: si Dios en su gracia salva a tu hijo, muchos en la cultura sentirán repulsión hacia tu hijo. Por lo menos, los niños discipulados serán considerados “raros”.

La fe de tu hijo o hija no impresionará al mundo. Tus hijos serán odiados por quién es tu Dios y cómo Él es (Mr 13:13Jn 15:19). Necesitamos levantar una generación preparada para ser claramente diferentes de sus compañeros, “anormales” por su rectitud moral. En muchos sentidos, eso es lo opuesto a nuestra inclinación natural sobre cómo criar a nuestros hijos. Criar hijos que están preparados para ser odiados significa criar niños que amen a Dios sin vergüenza, incluso ante el odio y la alienación.

4. El discipulado familiar no es una estrategia para convertirse en un padre admirado

Resiste la tentación de liderar para convertirte en una madre o un padre impresionante. En cambio, imprime en tus hijos la necesidad desesperada por un Padre celestial. Tu identidad está arraigada en el hecho de que eres un hijo de Dios, no en que eres el padre de tu hijo. Esto no se trata de encontrar tu afirmación en el afecto o admiración de los demás. Esto no se trata de construir tu legado personal o de hacer versiones junior de ti mismo.

El discipulado familiar transforma a los niños en la imagen de Cristo, no en la imagen de su madre o padre. No estás diseñando a un niño para que se ajuste a un molde de perfección para conseguir la admiración humana y el orgullo de los padres. Este entrenamiento en rectitud no es una competencia o una vía para despliegues egocéntricos de superioridad familiar.

5. El discipulado familiar no siempre es el camino más atractivo

El discipulado familiar persigue un cambio sincero de corazón en los niños; una verdadera transformación cristiana. 

El discipulado familiar no es el camino de menor resistencia. Para los niños, la autoridad, el entrenamiento y las reglas parecen adversarios de la libertad y del placer. “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia” (Heb 12:11).

El viñedo sin podar no es el que produce el mejor fruto. No discipulamos porque no trae ningún dolor. Tú discipulas porque crees que es mejor servir y obedecer al Dios que sabe lo que es mejor y quien es lo mejor.

Siempre estamos discipulando

De manera intencionada o no, todos los padres están discipulando a los pequeños a su alrededor. Los niños nos observan y escuchan mientras formamos sus impresiones del mundo, de la fe y de lo que significa ser un adulto.

Es mucho mejor tener un plan que confiar en nuestros instintos. Dado que cada padre y cada hijo es único, debemos tener un plan y una visión para el discipulado familiar adecuado para nuestra familia única.

Seamos intencionales con nuestra influencia.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Sol Acuña Flores.

Matt Chandler es el pastor encargado de enseñanza en la iglesia The Village en el área metropolitana de Dallas/Fort Worth. Es presidente de Acts 29 (Hechos 29), una organización mundial que planta iglesias. Está casado con Lauren y es padre de Audrey, Reid, y Norah.

Adam Griffin (DEdMin, Seminario Teológico Bautista del Sur) es el pastor principal de la iglesia Eastside Community Church en Texas, Estados Unidos. Previamente, él sirvió como diácono y pastor de formación espiritual en la iglesia Village Church. Adam vive en Dallas con su esposa Chelsea y sus tres hijos: Oscar, Gus y Theodore.

Siguiendo a Dios y obedeciendo Su Palabra

The Master’s Seminary

Siguiendo a Dios y obedeciendo Su Palabra

José Carlos Martínez

Constantemente se advierte al creyente acerca de tres grandes enemigos: el mundo, la carne y Satanás. El creyente los conoce bien, pero, el problema no está en que sean sus enemigos. El problema está en que muchas veces el creyente da un énfasis desmedido al ataque externo que puede recibir, en lugar de considerar atentamente el ataque que está en él.

El creyente corre un gran peligro con el pecado. Un ejemplo muy conocido que ilustra ese peligro tuvo lugar en la década de los setenta cuando se diagnosticó a un niño pequeño en Estados Unidos con una rara enfermedad. Esta enfermedad particular no permitía que su cuerpo desarrollara anticuerpos ni defensas, así que era altamente susceptible a ser víctima mortal de cualquier bacteria o virus. Para proteger al niño, sus padres crearon una especie de burbuja en la cual el niño tenía que vivir. Además, estudiaron la posibilidad de hacer una transfusión sanguínea con la sangre de su hermana para que, una vez su cuerpo la recibiera, comenzara a producir anticuerpos. El día llegó y la transfusión fue un éxito; sin embargo, el niño murió. El problema fue que los médicos prestaron tanta atención a los factores externos, cuidando que el ambiente estuviera limpio y estéril, que olvidaron examinar a detalle la sangre de la hermana para ver si estaba libre de microrganismos. Lo que provocó la muerte de este niño no fueron los factores externos, sino que vino de su interior: un virus. De igual manera sucede con el pecado en la vida del creyente. El riesgo es grande.

Es más fácil para el creyente prestar atención a los ataques que recibe de Satanás, a los ataques que recibe del mundo, y a los ataques que recibe de la gente que está alrededor suya, que al pecado. Sin embargo, el peligro real es el pecado que está dentro de él. Ese es el peligro real, y es el peligro al cual debe prestar atención.

1 Samuel 15 habla justamente de este peligro cuando nos relata acerca de un rey que fue elegido y establecido por Dios para dirigir a la nación hacia la santidad, pero que decidió de manera voluntaria apartarse de Él. Este rey era Saúl, y el creyente puede aprender de la vida del rey Saúl para evitar ser infiel a Dios. Contrario a lo que se esperaba, Saúl dejó de caminar con Dios (1 Sam 15:10–12). Las consecuencias fueron catastróficas:

Entonces vino la palabra del Señor a Samuel, diciendo: Me pesa haber hecho rey a Saúl, porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido mis mandamientos. Y Samuel se conmovió, y clamó al Señor toda la noche. Y se levantó Samuel muy de mañana para ir al encuentro de Saúl; y se le dio aviso a Samuel, diciendo: Saúl se ha ido a Carmel, y he aquí que ha levantado un monumento para sí, y dando la vuelta, ha seguido adelante bajando a Gilgal.

El versículo diez afirma que a Dios le pesa haber puesto a Saúl como rey. Esta es una afirmación muy fuerte en el Antiguo Testamento; sin embargo, no implica que Dios se está arrepintiendo. Más adelante, en el versículo veinticuatro, es claro que Dios no cambia Sus propósitos, ni altera Sus planes. Esto no significa que Dios sea un ser insensible, sino todo lo contrario. Lo que el versículo once nos hace ver es que Dios tiene emociones, que tiene sentimientos. Dios interactúa con Su creación de esta manera, pero eso no significa que Dios haya cambiado Sus propósitos. La pregunta es, ¿por qué le pesó a Dios haber puesto por rey a Saúl? El versículo once lo dice claramente: «Porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido mis mandamientos». Esto es consistente con el tema central del capítulo quince: La obediencia o desobediencia a la Palabra de Dios. Este relato muestra lo terrible que es desobedecer a Dios y Su Palabra. La expresión “no ha cumplido” significa tener una indisposición, tener un rechazo a la Palabra de Dios. La idea es que la persona, de manera explícita, decide voluntaria y conscientemente rechazar lo que Dios ha dicho. Lo que le causó dolor a Dios fue la actitud en el corazón de Saúl: Una actitud contraria a Su voluntad.

El versículo doce dice además que Samuel fue a Carmel y levantó un monumento para sí. Un monumento era una columna de piedras—una práctica común en la antigüedad—cuyo propósito era señalar que el ejército había tenido victoria sobre los enemigos. Era una señal de victoria. Saúl se concentró más en su victoria militar que en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Se concentró más en traer renombre y reputación a él mismo, que traer gloria a Dios obedeciéndolo.

Finalmente, Saúl se fue a Gilgal, a la ciudad donde empezó todo y donde ahora todo estaba llegando a su fin. Él termina donde empezó. Gilgal es una ciudad muy importante ya que en esa ciudad Saúl fue elegido Rey (1 Sam 9), fue advertido de su pecado (1 Sam 13) y se le quitó el reino por su desobediencia (1 Sam 15). La indisposición para obedecer hizo que Saúl fuese infiel a Dios.

De la misma forma, el problema para el creyente no es que sepa la verdad o no la sepa. El problema es si obedece esa verdad o no. Lo que Dios va a evaluar al final en la vida del creyente no es cuántos versículos bíblicos se memorizó, ni cuántos sermones escuchó. Dios no va a pedir cuentas de eso. Lo que Dios preguntará al creyente es si obedeció o no lo hizo. El creyente debe tener la actitud correcta al escuchar la Palabra de Dios y debe tener la disposición a obedecer incondicionalmente.

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