Criando niños en una cultura permeada por la pornografía

Soldados de Jesucristo

Marzo 27/2021

Criando niños en una cultura permeada por la pornografía

9Marcas

Un artículo reciente en The Telegraph destaca los síntomas trágicos de una crisis que está infectando nuestra cultura a nivel mundial. La crisis del auge de la pornografía. Ese escrito se centra principalmente en los adolescentes y en la disfuncionalidad que se ha convertido en lo normal en sus estilos de vida, como resultado de consumir pornografía. Siendo esto así, ¿cómo pueden los padres criar a sus hijos en una cultura permeada por la pornografía? He aquí ocho sugerencias para este problema que cada vez es mayor.

1. Procura dar a tus hijos una visión de un Dios enorme, que es gloriosamente precioso

No podemos solo decirle a nuestros hijos que dejen de comportarse de cierta manera; también debemos enseñarles a gozar de lo que Dios ha hecho. He estado tratando de hacer una disciplina de señalar todo lo bueno que Dios ha hecho en la creación. Hace unas semanas fue una bendición ver a mis dos hijos mayores pasar horas recogiendo las frambuesas silvestres que crecen en el patio de la casa de sus abuelos. Ellos necesitan que se les recuerde la bondad de Dios al darnos estas maravillosas bendiciones creadas, como las frambuesas. Si no tenemos cuidado, podemos llegar a ser gnósticos funcionales (la carne y la materia es mala, sólo lo que es «espiritual» tiene valor) en nuestra comunicación sobre la ética sexual con nuestros hijos. Un verso útil para memorizar es 1 Timoteo 4:4 («Porque todo lo creado por Dios es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias»). En pocas palabras, quiero que mis hijos sepan que la perversión sexual es la cumbre de la idolatría (Ro. 1), pero también que la integridad sexual es la cumbre de la belleza. Esto exige que hablemos de ello, probablemente un poco más allá de donde nos sintamos cómodos o de lo que experimentamos cuando éramos niños. Pero es un mundo nuevo, y un mundo nuevo exige un nuevo tipo de comunicación para educar a nuestros hijos.

2. Enséñales el evangelio—nuestros niños son automáticamente legalistas

Ellos deben vernos modelar el evangelio a través del arrepentimiento y el perdón activo. Tienen que saber que su aceptación delante de Dios no se basa en su comportamiento, sino en Cristo. Tienen que saber que su posición como miembro de la familia no depende de su obediencia, pero sí conlleva un cierto tipo de vida. Por ejemplo, cuando estamos disciplinando a nuestros hijos, a menudo decimos: «Puesto que eres un miembro de esta familia, y como te quiero mucho, no vas a hacer esto». Considera la diferencia a decir, «Si quieres que te ame, y si deseas continuar viviendo en esta casa, es mejor que dejes de hacer esto». Los indicativos de nuestra fe deben preceder e informar a los imperativos. No invirtamos el orden.

3. Enséñales que los límites traen libertad y la obediencia es una bendición

Cuando yo era un niño, yo pensaba que si metía la pata, Dios me iba a golpear con un gran palo. Esto nadie me lo enseñó, pero es lo que sentía. Mi obediencia no era motivada por amor, sino por miedo al castigo. Esto no me llevó muy lejos. Cuando mis hijos estén en la edad adecuada planeo decirles que el pecado sexual nunca les dará la libertad que anhelan. Pueden optar por cosechar las consecuencias perjudiciales de la desobediencia, pero voy a alertarles con las Escrituras y la experiencia, de modo que ellos no quieran recorrer ese camino hacia la perdición. La obediencia conduce a la bendición.

4. Habla con ellos más pronto que tarde sobre el sexo y la pornografía en Internet

Cuando tenía 8 años, me acuerdo de ir a la casa de al lado, al garaje del vecino. Como cualquier niño curioso, disfrutaba husmear un poco. Pronto descubrí que él tenía cajas llenas de revistas pornográficas. A veces un amigo y yo nos colábamos por allí, tomábamos unas cuantas y nos sentábamos en los arbustos a mirar a las mujeres desnudas. En aquel entonces esa tarea era arriesgada, y sentía mariposas en el estómago debido al temor de ser atrapado por mis padres o el vecino. Pero hoy en día lo único que se necesita es una puerta cerrada y una conexión a Internet. La más vil perversión imaginable está a solo dos clicks de distancia. Debemos comunicar en términos generales lo que está disponible y el porqué es tan destructivo. Algunos sostienen que esa conversación solo les moverá a curiosidad, pero ¿cuál es la alternativa? Yo prefiero que sean alertados por mí, para tener la oportunidad de darles las razones por las que deben evitarla, y las herramientas para luchar, a que algún día ellos tropiecen de manera inocente con la pornografía en Internet.

5. Comienza a entrenar a tus hijos en cómo interactuar con el sexo opuesto

Ya hemos comenzado a «tener citas» con nuestros hijos. Creemos que es crucial para ellos, a una edad temprana, saber y experimentar lo que se siente ser tratado correctamente por un miembro del sexo opuesto. Sobre todo para las niñas, la falta de una atención masculina sana por parte de su padre las llevará a buscar esta atención, de manera no sana, en hombres jóvenes que estarán más que felices de proporcionársela. Mis hijos tienen que aprender que las mujeres no son objetos a ser consumidos, sino portadoras de la imagen de Dios a ser amadas.

6. Cuida con quién pasan el tiempo tus hijos

Dado que la exposición sexual es mucho más accesible hoy en día que hace 25 años, debemos estar más conscientes de con quién nuestros hijos se relacionan. Pero llegará una época (más temprano de lo que me gustaría pensar) cuando no vamos a ser capaces de protegerlos como quisiéramos, pero esperamos que los criterios antes mencionados se hayan arraigado en sus vidas, y que estén en condiciones de tomar decisiones sabias. Sin embargo, tenga cuidado; no lleve esto a los extremos y comience a comunicar un temor enfermizo por los incrédulos. Mientras más adultos se van haciendo nuestros hijos, más tenemos que dejarlos ir y orar porque nuestra formación haya echado raíces. Realmente no hay otra opción. Debemos formar a nuestros niños para que estén suficientemente protegidos y lleguen seguros a una edad apropiada, pero al mismo tiempo que estén lo suficientemente informados para tomar decisiones acertadas por su propia cuenta. No guarde a sus hijos detrás de la fortaleza de su supervisión hasta que tengan 18 años. Esto requiere gran sabiduría. No hay manual. Tenemos que ser padres de oración.

7. Protege el ordenador y apaga el televisor

Tenemos Covenant Eyes en todos nuestros ordenadores y, a través del AppleOS, nuestros hijos sólo pueden acceder a los sitios web que hemos aprobado. Sin duda esto va a cambiar a medida que se hagan mayores, pero espero que cuando llegue ese tiempo hayan interiorizado el evangelio y probado las bendiciones de la obediencia. La victoria sobre la pornografía es en última instancia un asunto del corazón, pero esto no significa que debamos abandonar las estructuras preventivas. Nunca diría: «Quiero saber si mi obediencia está motivada por algo más que seguir las reglas correctas, así que ¡voy a sumergirme en situaciones imprudentes a ver si soy lo suficientemente fuerte como para resistir el pecado!». Eso es un absurdo (1 Co. 10:12-13). Necesitamos corazones adecuados para no ser legalistas, pero también los límites adecuados pueden ayudarnos a disfrutar de la bendición de la obediencia. El televisor les mostrará a tus hijos en todo momento una pornografía sutil y funcional. Hay un sinnúmero de cosas mejores que hacer con los niños que ver televisión. Lee con ellos, haz deporte con ellos, disfruta de la creación con ellos, cuéntales una historia, o simplemente comparte en una actividad que ellos elijan. La frase clave aquí es con ellos. Si pasan más tiempo con la televisión que contigo, ustedes están en problemas.

8. Trata de cultivar una relación con tus hijos de tal manera que se sientan que pueden ser abiertos contigo sobre cualquier cosa

Como padre joven, no estoy totalmente seguro de cómo hacer que esto suceda, pero sé que va a venir a través de modelar la apertura. Trato de extraer las cosas de su corazón y mostrarles que si son honestos conmigo, voy a ser justo, amoroso y compasivo. Si me ven como cerrado y reservado, ¿por qué voy a esperar que sean diferentes? Por último, ¿alguna vez te arrepientes delante de tus hijos? Si ellos nunca ven que te arrepientes, ¿qué te hace pensar que van a venir en busca de ayuda después de ver pornografía en Internet por primera vez? Modelar el arrepentimiento a nuestros hijos es probablemente la manera más rápida de demostrar que creemos en el evangelio y somos un refugio seguro en medio de su pecado.

Escrito por Zach Nielsen, es uno de los pastores en The Vine Church en Madison, Wisconsin, Estados Unidos, donde sirve en el área de predicación, desarrollo de liderazgo y música. Es un graduado de la Universidad de Northern Iowa y el Seminario Covenant Theological, y bloguea en Take Your Vitamin Z.

Publicado también en la Revista 9Marcas #9 | El Cristiano, La Iglesia Local y la Pornografía | Puedes descargarla gratis aquí

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 1ra parte

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El Blog de Ligonier

Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 1ra parte

Robert Rothwell

Nota del editor: Esta es la primera parte del tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

«Las cosas pequeñas son las que más importan». ¿Alguna vez has escuchado esa frase? Tal vez tú mismo la has dicho. Se usa con tanta frecuencia que se ha vuelto un cliché. Sin embargo, la particularidad de los clichés es que a menudo surgen y se popularizan porque hay algo de verdad en ellos.

Las cosas pequeñas sí importan. Las palabritas de aprecio que habitualmente dirigimos a nuestros amigos, familiares, empleados, supervisores y demás los edifican y mantienen las relaciones. Llevar el carro al mecánico cuando comienza a hacer un pequeño ruido puede solucionar un problema antes de que se requiera una reparación más costosa. Como escritor y editor, confieso que las cosas más fáciles de pasar por alto son las pequeñas: las comas, las letras traspuestas en una palabra, un número equivocado en una referencia bíblica, una palabrita como ni o no. Pasar por alto cosas como estas puede cambiar todo el sentido de una oración o producir confusión donde debería haber claridad.

La infidelidad en las cosas pequeñas le ha causado muchísimos problemas al pueblo de Dios a lo largo de la historia.

Siempre ha sido vital prestar atención a las cosas pequeñas y ser fieles en ellas. De hecho, nuestra misma salvación dependió de las cosas pequeñas. Por el contrario, la infidelidad en las cosas pequeñas le ha causado muchísimos problemas al pueblo de Dios a lo largo de la historia. Estamos familiarizados con los eventos grandiosos de la historia de la redención: la división del mar Rojo por parte de Moisés, la invasión de la tierra de Canaán liderada por Josué, la valentía de Ester ante el rey de Persia, la muerte y resurrección de Cristo. En la providencia de Dios, no habríamos sido salvos sin estas cosas. Sin embargo, la Biblia no solo incluye testimonios de milagros espectaculares, de acciones magníficas y arriesgadas y de líderes valientes, sino también de pequeños actos de fidelidad. En ocasiones, los personajes destacados de la historia de la salvación —los que todos recuerdan— sirvieron fielmente a Dios en las cosas pequeñas. En otras ocasiones, figuras menos conocidas realizaron pequeños actos de fidelidad. Pero independientemente de la fama o el anonimato de estos personajes, su fidelidad en las cosas pequeñas ha sido usada por Dios para salvar a Su pueblo y edificar a Su Iglesia. Veremos esto en esta breve sinopsis del testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas, también refiriéndonos de vez en cuando a actos significativos de infidelidad en las cosas pequeñas.

La era primitiva

Tristemente, el primer ejemplo bíblico que muestra la importancia de prestar atención a las cosas pequeñas es la infidelidad que condujo a nuestra necesidad de salvación. Por supuesto, estamos hablando del pecado de Adán y Eva. Nuestros primeros padres, creados por Dios y puestos en un jardín frondoso con todo lo que necesitaban para cumplir la misión del Señor, debían ser fieles en algo muy pequeño. En los mandamientos que recibieron Adán y Eva, nuestro Creador incluyó una pequeña ley negativa que decía que no debían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Nuestros primeros padres no tenían una naturaleza caída. Podían comer de todas las otras frutas que había en el jardín —de hecho, en el planeta—. No comer del fruto prohibido era algo pequeño. Sin embargo, Adán y Eva fueron infieles en esta única cosa pequeña. Al comer del fruto, sumieron al mundo en el pecado (Gn 3).

Pero en la era primitiva también encontramos ejemplos de fidelidad en las cosas pequeñas. Génesis 4:3-5 nos dice que Abel se fijó en su rebaño y le trajo a Dios los primogénitos y la grosura, lo mejor que tenía. Ciertamente, Abel tenía que prestar mucha atención a cosas pequeñas para poder hacer esto. Tenía que recordar cuáles corderos habían nacido primero entre las muchas ovejas que tenía. Tenía que buscar cuidadosamente debajo de la lana de sus ovejas para detectar los pequeños defectos que pudieran impedir que un cordero fuera una ofrenda digna para el Señor. Abel hizo esto, dándonos así un ejemplo de adoración verdadera. Caín, el hermano de Abel, se destaca por haber hecho lo contrario. Él no prestó atención a las cosas pequeñas cuando recolectó el fruto para su ofrenda. El texto parece indicar que Caín no ofreció lo primero ni lo mejor. Dio porque tenía que hacerlo. Tal vez no examinó cada gajito de uva, cada semillita de granada, para asegurarse de que no tuvieran imperfecciones y fueran adecuados para ser ofrecidos a Dios.

Al considerar la fidelidad en el período primigenio, no podemos olvidar a Noé. Génesis 6:9 nos dice que «Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios». La frase «andaba con Dios» se refiere a su comunión cotidiana con el Señor y su servicio a Él. No se trataba de nada espectacular. Noé no hizo ningún milagro estupendo antes, ni después, de construir el arca. Simplemente fue un hombre en un mundo lleno de injusticia, una sola persona santa que, a pesar de ser pecador, fue fiel al Creador en las cosas grandes y en las cosas pequeñas cuando nadie más lo fue. Hubo un período breve en el que Noé no fue fiel en las cosas pequeñas. Génesis 7:6 nos informa que tenía seiscientos años cuando entró al arca con su familia. Su rol esencial durante el gran diluvio fue precedido por seis siglos de fidelidad, incluyendo los años dedicados a la construcción de un arca que sobreviviría el diluvio sin inconvenientes durante los ciento cincuenta días en que las aguas prevalecieron sobre la tierra (v. 24). Cada medición tenía que ser exacta, cada pequeña grieta debía ser sellada con brea para crear un buque apto para navegar y que pudiera preservar tanto a los humanos como a los animales (Gn 6:14-16). Noé fue fiel en cada ínfimo detalle del arca y, por medio del arca, Dios salvó a la humanidad.


Nota del editor: En la segunda parte de este artículo,, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era patriarcal.
Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell

Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.

¿Cómo puedo reconocer a un falso maestro o un falso profeta?

Got Questions

¿Cómo puedo reconocer a un falso maestro o un falso profeta?

Jesús nos advirtió que vendrían “falsos Cristos y falsos profetas” e intentarían engañar aún a los elegidos (Mateo 24:23-27; ver también 2 Pedro 3:3 y Judas 17-18). La mejor defensa que puedes tener contra la falsedad y los falsos maestros es conocer la verdad. Para descubrir lo falso, estudia lo verdadero. Cualquier creyente “… que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15), y que hace un cuidadoso estudio de la biblia, puede identificar la falsa doctrina. Por ejemplo, un creyente que ha leído las actividades del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en Mateo 3:16-17 cuestionará inmediatamente cualquier doctrina que niegue la Trinidad. Por lo tanto, el “primer paso” es estudiar la biblia y juzgar toda enseñanza bajo la luz de lo que dice la Escritura.

Jesús dijo que “… por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12:33). Cuando buscamos el “fruto,” aquí hay tres pruebas específicas para aplicar a cualquier maestro y determinar la veracidad de sus enseñanzas:

1) ¿Qué dice este maestro acerca de Jesús? En Mateo 16:15-17, Jesús pregunta, ¿…quién decís que soy yo? Pedro respondió, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Y por ello, Pedro es llamado “bienaventurado”. En 2 Juan 9 leemos, “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”. En otras palabras, Jesucristo y Su obra de redención son de máxima importancia; cuídate de cualquiera que niegue que Jesús es igual a Dios, y que subestime la muerte sustitutiva de Jesús, o rechace la humanidad de Jesús. 1 Juan 2:22 dice, “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

2) ¿Este maestro predica el Evangelio? El Evangelio es definido como las buenas nuevas concernientes a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, de acuerdo a las Escrituras (1 Corintios 15:1-4). Aunque suenen muy agradable las declaraciones de “Dios te ama”, “Dios quiere que alimentemos a los hambrientos”, y “Dios quiere que seas próspero,” ese NO es el mensaje completo del Evangelio de Cristo. Como Pablo advierte en Gálatas 1:7, “… hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo”. Nadie, ni siquiera un gran predicador, tiene el derecho de cambiar el mensaje que Dios nos dio. “… Si alguno predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:9).

3) ¿Este maestro demuestra cualidades de carácter que glorifican al Señor? Hablando de falsos maestros, Judas 11 dice, “¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”. En otras palabras, un falso maestro puede ser conocido por su orgullo (el rechazo de Caín al plan de Dios), codicia (la profecía de Balaam por dinero), y rebelión (la autopromoción de Coré sobre la autoridad de Moisés). Jesús dijo que nos cuidáramos de tales personas y que las conoceríamos por sus frutos (Mateo 7:15-20).

Para un estudio más profundo, revisa aquellos libros de la biblia que fueron escritos específicamente para combatir las falsas enseñanzas dentro de la iglesia: Gálatas, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan y Judas. Con frecuencia es difícil detectar un falso maestro o un falso profeta. Eso es a lo que se refiere la frase de un “lobo con piel de oveja”. Satanás y sus demonios se disfrazan como “ángeles de luz” (2 Corintios 11:14), y “…sus ministros se disfrazan como ministros de justicia…” (2 Corintios 11:15). Solamente estando totalmente familiarizados con la verdad, estaremos en condiciones de reconocer una falsificación.

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Nuestro llamado a la fidelidad

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Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

Nuestro llamado a la fidelidad

Daniel Timmer

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

Ser cristiano es ser llamado a una vida de fidelidad. No obstante, el deber de la fidelidad cristiana, propiamente entendido, debe verse como nuestra respuesta a la fidelidad de Dios. Por supuesto, antes de que podamos hablar de la fidelidad de Dios hacia nosotros, primero debemos recordar que Dios es supremamente fiel a Sí mismo. Él siempre actúa en perfecta conformidad con Su propio carácter y propósito sagrados. Su objetivo singular es Su propia gloria y Él es infaliblemente fiel a esa meta. En Isaías 48:9-11, el motivo del Señor para restringir Su juicio es Él mismo y la gloria de Su propio nombre: 

Por amor a Mi nombre contengo Mi ira,
y para Mi alabanza la reprimo contigo
a fin de no destruirte.
He aquí, te he purificado, pero no como a plata;
te he probado en el crisol de la aflicción.
Por amor Mío, por amor Mío, lo haré,
porque ¿cómo podría ser profanado Mi nombre?
Mi gloria, pues, no la daré a otro. 

Del mismo modo, la gran promesa del nuevo pacto en Ezequiel 36 se da en el contexto de la determinación de Dios de actuar por amor a Sí mismo: 

Por tanto, di a la casa de Israel: «Así dice el Señor Dios: “No es por vosotros, casa de Israel, que voy a actuar, sino por Mi santo nombre, que habéis profanado entre las naciones adonde fuisteis. Vindicaré la santidad de Mi gran nombre profanado entre las naciones, el cual vosotros habéis profanado en medio de ellas… Entonces os rociaré con agua limpia… Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros… Pondré dentro de vosotros Mi espíritu y haré que andéis en Mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente Mis ordenanzas» (Ez 36:22-27). 

La gloria de Dios, el honor de Su nombre, está en juego en todo lo que Él hace. Entonces, ante todo, Dios es siempre fiel a Sí mismo. En 2 Timoteo 2:13, la razón por la que Dios permanece fiel incluso si nosotros somos infieles es que «no puede negarse a Sí mismo». Es imposible que Dios sea infiel, incluso frente a nuestras muchas infidelidades. Dios debe ser fiel a Sí mismo. Esta necesaria fidelidad de Dios hacia Sí mismo es el fundamento de nuestra esperanza y la fuente de toda bendición que podamos conocer. De ella brota todo despliegue de la gloria, la grandeza y la gracia de Dios. Sobre ella descansa la confiabilidad de cada una de Sus promesas. Es el fundamento del evangelio y la raíz de la redención ganada para los pecadores en Jesucristo. La encarnación, los sufrimientos y la gloria de nuestro Salvador pueden entenderse como el derramamiento de la fidelidad divina. Jesús vino, sangró y murió porque Dios es fiel a Sí mismo. 

La fidelidad de Dios a Sí mismo y de Cristo al Padre proporciona las raíces profundas de la fidelidad de Dios a Su pueblo pactual.

Esto explica la fidelidad de Cristo hacia Dios. Al comparar a Cristo con Moisés, el escritor de Hebreos nos invita a 

[considerar] a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. El cual fue fiel al que lo designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios… Y Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde; pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios (Heb 3:1-25-6). 

La fidelidad de Cristo a Dios es la fidelidad del Hijo hacia Su Padre, procurando nuestra salvación según los términos del pacto de redención. Esto significa que cada vez que hablamos de la fidelidad de Dios en Cristo hacia nosotros, estamos viendo solo la punta del iceberg. La fidelidad de Dios que experimentamos en el evangelio es la parte que podemos ver por encima de la superficie del agua, pero debajo de esta verdad, dándole flotabilidad, sosteniéndola para que podamos conocerla y deleitarnos, está la parte mayor de la fidelidad de Dios, a menudo desapercibida y pasada por alto: Su fidelidad a Sí mismo y la fidelidad del Hijo al Padre en el cumplimiento de nuestra redención para la gloria del nombre de Dios. 

Cambiando la metáfora, la fidelidad de Dios a Sí mismo y de Cristo al Padre proporciona las raíces profundas de la fidelidad de Dios a Su pueblo pactual. Esta gloriosa visión intratrinitaria de la fidelidad divina, a su vez, suministra la vida de la cual brota el fruto de nuestra fidelidad a Dios. Somos fieles a Dios porque Él es fiel a nosotros. Pero, como hemos visto, Él es fiel a nosotros, porque Él es fiel a Sí mismo. Él actúa por «amor a Su nombre». 

Es por esto que la fidelidad cristiana se describe como un fruto del Espíritu (Gál 5:22). Siendo Él mismo el don de la fidelidad divina, el Espíritu produce en nosotros la virtud de la fidelidad a Dios. Los santos a quienes Pablo dirige sus epístolas a los Efesios y a los Colosenses son llamados «fieles en Cristo Jesús» (Ef 1:1Col 1:2). La fidelidad marca a los cristianos, no como la base de su aceptación ante Dios, sino como la evidencia de esta.

A veces, la fidelidad en el Nuevo Testamento se relaciona con la perseverancia. En Hechos 11:23, cuando llegaron a Jerusalén las noticias de la iglesia que había iniciado en Antioquía, la iglesia de Jerusalén envió a Bernabé, el cual, «cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor». Del mismo modo, en Apocalipsis 2:10, se exhorta a la Iglesia con estas palabras: «Sé fiel hasta la muerte, y [Cristo] te dar[á] la corona de la vida».

Sin embargo, es bueno observar que el Nuevo Testamento usa el vocabulario de la fidelidad más comúnmente en el contexto de la mayordomía de nuestros dones para el ministerio y el servicio. Uno piensa aquí en la punzante reprensión que dio nuestro Salvador a los escribas y fariseos en Mateo 23:23. Ellos pagaban el diezmo «de la menta, del eneldo y del comino», pero descuidaban «los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad». Aquí vemos que la fidelidad está coordinada con la justicia y la misericordia y, por lo tanto, debe referirse a nuestra fidelidad hacia nuestro prójimo en el servicio a Dios. O piensa en las inquisitivas parábolas de Mateo 24:45-51 y 25:14-30, en las que el siervo fiel y sabio entra en el gozo del Señor porque ha actuado sabiamente con los recursos de la casa de su amo. Por el contrario, el siervo infiel es juzgado más severamente y arrojado a las tinieblas de afuera, donde es el llanto y el crujir de dientes. La gran evidencia de una correcta relación con Dios es la mayordomía fiel de Su gracia en nuestras vidas para Su gloria. El fracaso en la fidelidad demuestra que no somos buenos administradores y que no pertenecemos a Su reino. La inactividad en el servicio a nuestro Señor es ciertamente muy peligrosa cuando afirmamos haber sido hechos receptores de Su fidelidad en Cristo. 

Además, Pablo elogia repetidamente la fidelidad como la marca esencial de un consiervo o ministro del evangelio (Timoteo en 1 Co 4:17; Tíquico en Ef 6:21 y Col 4:7; Epafras en Col 1:7; Onésimo en Col 4:9). En 1 Corintios 4:1-2, Pablo dice: «Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, además se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel». La fidelidad es la marca de los ministros del evangelio y de los siervos cristianos. Es por eso que Pablo insta a Timoteo en 2 Timoteo 2:2 a encargar su enseñanza «a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros». 

Entonces, queda claro que la fidelidad conlleva la sabia mayordomía de la Palabra de Dios. Implica tanto la diligencia en la ética de trabajo como la habilidad para dar a conocer la verdad siempre que la oportunidad lo permita. Esto es lo que significa ser un fiel administrador. Sin embargo, la fidelidad es un término ministerial que se aplica a todos los cristianos, no solo a los ministros ordenados del evangelio. En 3 Juan 5-6, por ejemplo, el Apóstol describe la práctica de la hospitalidad cristiana como un acto de fidelidad: «Amado, estás obrando fielmente en lo que haces por los hermanos, y sobre todo cuando se trata de extraños; pues ellos dan testimonio de tu amor ante la Iglesia». 

Lo maravilloso de cómo la Biblia presenta la fidelidad cristiana es que cuando los creyentes escuchen al fin las palabras «bien, siervo bueno y fiel» de boca de nuestro Señor en cuya casa hemos sido siervos, sabremos —de maneras que aquí solo vislumbramos y a menudo pasamos por alto— que toda nuestra fidelidad en la tierra no fue más que el producto de la fidelidad de Dios a Sí mismo. Gran parte del gozo del Señor en el cual entraremos aquel día será descubrir que Cristo nos recompensa por el fruto de Su propia gran obra por nosotros en la cruz y en nosotros por Su Espíritu. Nos postraremos y confesaremos que somos siervos indignos, habiendo cumplido tan solo con nuestro deber (Lc 17:10), pero Cristo nos dará Su gloria en abundancia y nos acogerá en Su presencia con gozo en el acto final de la fidelidad del pacto. «Fiel es el que os llama, el cual también lo hará» (1 Tes 5:24).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David Strain
David Strain

El Dr. David Strain es el ministro principal de la First Presbyterian Church en Jackson, Mississippi, y el presidente del consejo de Christian Witness to Israel (North America) [Testigos cristianos a Israel (Norteamérica)].

Dios es fiel

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Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

Dios es fiel

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

Parece algo difícil de admitir, pero como pastor que está a la vista pública, me ha resultado desafiante a lo largo de los años encontrar formas de servir a la gente sin que nadie se dé cuenta. Mucho del ministerio pastoral puede ser visto públicamente, como predicar los domingos o visitar a alguien en el hospital. Pero las cosas pequeñas también importan: orar por nuestros rebaños, escribir tarjetas y cartas de aliento y llamar para dar seguimiento a miembros de la congregación a fin de consolarlos y ayudarlos. Aunque tengo algunos amigos en la Iglesia a los que les gusta bromear diciendo «los pastores solo trabajan los domingos» la realidad es que no veo lo que hago los domingos como parte de mi semana laboral. El día del Señor es un dia de descanso y adoración tanto para mi como para cualquier cristiano. Aunque es agotador de por sí predicar en los dos servicios matutinos y en el vespertino (sin mencionar el hablar con la gente durante el día cuando el tiempo lo permite) es un placer hacerlo. De modo que, cuando la gente me pregunta «¿cuándo es tu día de reposo?», respetuosamente respondo: «El mismo día que el tuyo». Es el día del Señor para los pastores así como es el día del Señor para los miembros del coro, músicos, maestros de escuela dominical, diáconos, ancianos, anfitriones, ujieres y todos los que sirven al Señor de diversas maneras los domingos. 

Dios nos ha llamado a descansar en Cristo a medida que lo seguimos a Él por Su gracia y para Su gloria.

Independientemente, todos los cristianos sirven al Señor de maneras visibles, no solo los pastores. Ya sea que tengamos títulos y roles oficiales en el ministerio o no tengamos un título en particular en el ministerio (como la mayoría de los cristianos), estamos llamados a servir al Señor fielmente, no solo en las cosas grandes que la gente ve sino en las cosas pequeñas que pocos, si acaso, ven. La vida está compuesta, mayormente, de cosas pequeñas: hacer la cena, lavar los platos, conversar con un vecino o cambiar un pañal. Mucha de nuestra fidelidad al Señor está en nuestro esfuerzo por ser fieles en las cosas pequeñas de la vida. Sabemos que Dios siempre ve: Él ve las cosas grandes que hacemos y las cosas pequeñas que hacemos, y como nuestro Padre celestial, se preocupa por todas ellas. Él siempre ve y recompensa (Mt 25:21), en tanto que nuestras motivaciones sean las correctas y no estemos practicando nuestra justicia delante de los demás con el objeto de ser vistos y alabados por ellos (6:1-4). Dios nos llama a esforzarnos para ser fieles en todo en la vida, en las cosas grandes, las cosas pequeñas y en todo lo que está entre ellas, descansando en la gloriosa verdad de que Jesús fue fiel en todo. Él obedeció cada iota y tilde de la ley, y murió en la cruz por nuestra infidelidad a Él. Nuestra más grande esperanza no está nuestra total y completa fidelidad en todo, sino en la fidelidad de nuestro Dios, quien nos ha llamado a descansar en Cristo a medida que lo seguimos a Él por Su gracia y para Su gloria, mientras vivimos delante de Su faz, coram Deo.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

¿Cómo puedo orar por el mundo?

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Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Cómo puedo orar por el mundo?

Daniel Timmer

Nota del editor: Este es el último de 25  capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

La Iglesia global y el mundo pueden parecer un par extraño por el cual orar, pero la relación teológica entre ellos indica que difícilmente podemos orar por uno sin orar por el otro. La Iglesia sale del mundo y no es del mundo (Jn 17:6), pero a pesar de la diferencia radical que hay entre ellos y de la oposición del mundo al mensaje bíblico (v. 14), la Iglesia solo puede cumplir su misión en el mundo (vv. 15, 18). El mundo no puede ser salvo independientemente de la Iglesia, ya que Dios ha escogido a la Iglesia como Su instrumento para proclamar el evangelio (Rom 10:13). Nuestras oraciones por la Iglesia, como las que están registradas en la Escritura, deben enfocarse en lo que la Iglesia necesita para desempeñar fielmente su misión: esto es, conocer al Dios triuno en toda Su grandeza, y conocer la salvación a través de Jesucristo en toda su gloria y plenitud (Ef 1:15-23Col 1:12); por fidelidad en medio de las pruebas (Ap 2:10); por una proclamación fiel, clara y organizada del evangelio (2 Tim 4:2); y por un estilo de vida (Mt 5:16) y una unidad (Jn 17:20-21) que no perjudiquen el mensaje del evangelio. Los que no vivimos bajo persecución debemos orar especialmente por aquellos que sufren a causa de su fe (Heb 13:3). Finalmente, todas estas peticiones están enfocadas en la meta principal de la Iglesia: la gloria del Dios triuno (Ef 3:20-21).

La misión de la Iglesia y el mundo están entrelazados en la misión que el Cristo resucitado encomendó a la Iglesia.

Cuando oramos por el mundo, rogamos que Dios sea glorificado a través de aquellos que actualmente se rehúsan a glorificarle (Mt 6:9-10Rom 1:28), así como lo hicimos nosotros en otro tiempo (1 Co 6:11). Puesto que el mundo fue creado para la gloria de Dios, podemos orar confiadamente para que Dios reciba la alabanza debida a Su nombre a través de todo el mundo (Sal 67:35Ap 4:11). Independientemente de la forma y la intensidad de la oposición del mundo (Sal 2:1-3Jn 15:18-19Ap 12:1-6), Dios es Rey (Sal 2; 24; 96-99; Ap 5:13-14), y nada puede frustrar Su plan ni resistirse a Su poder.

Por último, oramos por el progreso del evangelio y por la eliminación de todo lo que obstaculiza que este sea proclamado con compasión por los perdidos (Mt 23:37), y oramos por sabiduría, amor y confianza en el poder del evangelio mientras testificamos de Cristo al mundo (Mt 5:13-16Flp 2:12-161 Pe 3:15).

Cuando oramos según estas pautas bíblicas, estamos orando para que Dios cumpla Su promesa a Abraham de que por medio de su simiente Él bendeciría a toda la tierra (Gn 12:1-3). La misión de la Iglesia y el mundo están entrelazados en la misión que el Cristo resucitado, quien tiene todo el poder tanto en el cielo como en la tierra (Mt 28:18-20), encomendó a la Iglesia. Oremos para que el evangelio «se extienda rápidamente» (2 Tes 3:1) por medio de Su poder y para Su gloria.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Daniel Timmer
Daniel Timmer

El Dr. Daniel Timmer es profesor de Estudios Bíblicos en el programa de doctorado del Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Mich. Es líder en la Reformed Church de Quebec y sirve en la Facultad de Teología Evangélica en Montreal.

SED DE DIOS Un Llamado al Valor Respecto a La Hombría y a La Feminidad en la Biblia

Esclavos de Cristo

SED DE DIOS Un Llamado al Valor Respecto a La Hombría y a La Feminidad en la Biblia

Albert Mohler

Las líneas de falla de la controversia en la Cristiandad contemporánea oscilan a través de un vasto terreno de temas, pero ninguno parece ser tan volátil como la cuestión del género sexual. Como Cristianos hemos estado pensando esto una y otra vez durante los años recientes, un claro modelo de divergencia ha aparecido. En juego en este debate, existe algo más importante que la cuestión del género sexual, ya que esta controversia alcanza las cuestiones más profundas de la identidad Cristiana y la autoridad bíblica.

Durante demasiado tiempo, aquellos que sostienen las interpretaciones tradicionales de la hombría y la feminidad, arraigadas profundamente tanto en las Escrituras como en la tradición, se han permitido el ser “empujados” a una postura defensiva. Dado el espíritu prevaleciente de la época y la enorme presión cultural hacia la conformidad, actualmente los tradicionalistas están siendo acusados de estar lamentablemente fuera de foco y desesperanzadamente pasados de moda. Ahora es un buen momento para reconsiderar los temas sobre la base de este debate y reasegurar los argumentos relativos a la hombría y feminidad bíblicas.

La cuestión más básica de esta controversia se reduce a lo siguiente: ¿Ha Dios creado a los seres humanos como hombre y mujer con una revelada intención respecto a cómo nos relacionamos uno con el otro? El mundo secular se encuentra actualmente profundamente comprometido a la confusión respecto a estos temas. Negando al Creador, el punto de vista del mundo secular entiende que el género sexual no es más que un subproducto accidental del ciego proceso de evolución. Por lo tanto, el género sexual se reduce a nada más que a la biología, tal como las feministas famosamente han argumentado, la biología no es destino.

Esta rebelión radical en contra del modelo del género sexual divinamente diseñado ha alcanzado actualmente los límites externos de la imaginación.

Si el género sexual no es más que un accidente biológico, y si los seres humanos no están por lo tanto moralmente obligados a tomar su sexo en forma significativa, entonces los teóricos radicales del género sexual y los defensores de los derechos homosexuales están, después de todo, en lo correcto. Ya que, si el género sexual es meramente incidental respecto a nuestra humanidad básica, entonces debemos ser libres de poder hacer cualquier ajuste, alteración o transformación respecto a las relaciones sexuales que cualquier generación pudiere desear o exigir.

El punto de vista mundano post-moderno abarca la noción del género sexual como una construcción social. Es decir, los post-modernistas argumentan que nuestras nociones de lo que significa ser hombre y mujer se deben enteramente a lo que la sociedad ha construido como sus teorías de masculinidad y feminidad. Por supuesto que la construcción social de toda la verdad es central para la mente post-modernista, pero cuando el tema trata del género sexual, los argumentos se tornan más volátiles. El feminismo se reduce al reclamo relativo a que las fuerzas patriarcales en la sociedad han definido a hombres y mujeres de modo tal que todas las diferencias atribuidas a las mujeres representan esfuerzos por parte de los hombres para proteger su posición de privilegio.

Por supuesto, la penetración de esta teoría explica por qué el feminismo radical debe necesariamente unirse a la agenda homosexual. Ya que, si el género sexual es socialmente construido, y por lo tanto, las diferencias entre hombres y mujeres no son más que una convención social, desde luego la heterosexualidad se torna nada más que en una forma culturalmente privilegiada de sexualidad.

La utopía prevista por las feministas ideológicas seria un mundo libre de toda preocupación respecto al género sexual – un mundo dondela masculinidad y la feminidad se borran como nociones anticuadas, y una era en la cual las categorías de hombre y mujer son maleables y negociables. Desde el punto de vista del post-modernismo, todas las estructuras son plásticas y todos los principios, líquidos.

La influencia de eras anteriores nos ha moldeado para creer que los hombres y las mujeres son distintos de maneras significativas, pero nuestra era recientemente liberada nos promete liberarnos de dichas mal concepciones y dirigirnos hacia un nuevo mundo de sentido transformado del género sexual.

Tal como una vez lo reflejó Elizabeth Elliot, “A través de los milenios de la historia humana, hasta hace alrededor de dos décadas, la gente tomó por concedido que las diferencias entre hombres y mujeres eran tan obvias que no necesitaban comentario alguno. Aceptaban las cosas tal cual eran.

Pero, nuestras fáciles suposiciones han sido atacadas y confundidas, de modo tal que hemos perdido nuestros conceptos en una niebla de retórica acerca de algo denominado igualdad, de modo tal que me encuentro en la incómoda posición de tener que atacar verbalmente con criticismo a la gente educada lo que alguna vez fue perfectamente obvio para el campesino más sencillo”.

En respuesta a ello, los tradicionalistas seculares argumentan que la experiencia histórica de la raza humana afirma distinciones importantes entre hombres y mujeres y diferentes roles para ambos sexos tanto en la familia como la sociedad más grande. Los tradicionalistas seculares tienen a la historia de su parte y su reclamo respecto a la autoridad está arraigada en la sabiduría acumulada de las eras. Respecto a la evidencia, estos tradicionalistas señalarían el modelo consistente del matrimonio heterosexual a través de culturas y la realidad histórica innegable respecto a que los hombres han predominado en posiciones de liderazgo y que los roles de las mujeres han estado mayormente definidos alrededor del hogar, los hijos y la familia. De este modo, estos tradicionalistas advierten que el feminismo representa una amenaza respecto al orden social y que el sentido transformado de los sexos que las feministas exigen conduciría a la anarquía social.

Claramente, los tradicionalistas entran el debate con un argumento fuerte. Ellos sí tienen a la historia de su parte y debemos reconocer que la experiencia histórica de la raza humana no es insignificante. Algunas de las pensadoras feministas más honestas admiten que su verdadero objetivo es el de revertir su este modelo histórico y mucha de su escolástica está dirigida a identificar y ejercer este modelo patriarcal en el futuro. El problema con el tradicionalista secular es que su argumento es, al final, esencialmente secular. Su argumento se reduce a reclamar que la sabiduría heredada de la experiencia humana apunta a un deber y a un imperativo moral que debería informar al presente y al futuro. Finalmente, este argumento, aunque poderoso y aparentemente significativo, falla respecto a la persuasión. Los individuos modernos han sido entrenados desde la cuna para creer que toda generación se renueva a sí misma y que el pasado es realmente pasado.

Esta ética moderna de liberación, actualmente tan profundamente y absolutamente encastrada en la mente moderna, sugiere que las tradiciones del pasado pueden verdaderamente ser una prisión de la cual la generación actual debería exigir la liberación. Aquí es donde los tradicionalistas bíblicos deben ingresar al debate con vigor. Compartimos mucho terreno en común del argumento con los tradicionalistas seculares. Los tradicionalistas bíblicos afirman que la experiencia histórica de la humanidad debería ser informativa del presente. También afirmamos que el modelo de roles distintos entre hombres y mujeres, combinado con la centralidad de la familia natural, presenta un argumento imperativo que debería ser comprendido como descriptivo y prescripto. No obstante, el argumento fundamental del tradicionalista bíblico va más allá de la historia.

En esta era de desenfrenada confusión, debemos volver a capturar el concepto bíblico de hombría y feminidad. Nuestra autoridad debe ser nada menos que la revelada Palabra de Dios. Bajo esta luz, el modelo de la historia afirma que la Biblia incuestionablemente revela que Dios ha creado a los seres humanos a Su imagen como hombre y mujer, y que el Creador ha revelado su gloria en ambas similitudes y diferencias por las cuales establece a los seres humanos como hombre y mujer.

Confrontados por la evidencia bíblica, debemos tomar una decisión interpretativa vitalmente importante. Debemos elegir entre dos opciones inevitables: si la Biblia se afirma como la inequívoca e infalible Palabra de Dios y por lo tanto presenta una visión comprensiva de la humanidad verdadera tanto en unidad como en diversidad, o si debemos clamar que la Biblia está, en un grado u otro, comprometida y envuelta por una parcialidad patriarcal dominada por el hombre que debe superarse en nombre de la humanidad.

Para los tradicionalistas bíblicos, la opción es clara. Entendemos que la Biblia presenta un hermoso retrato del complemento entre los sexos, y que ambos, hombres y mujeres deben reflejar la gloria de Dios de un modo diferente. Así, existen distinciones muy reales que marcan la diferencia entre la masculinidad y la feminidad, hombres y mujeres. Sobre la base de la autoridad bíblica, debemos criticar tanto el presente como el pasado cuando el modelo bíblico ha sido comprometido o negado. Del mismo modo, debemos apuntar a nosotros mismos, nuestras iglesias y nuestros hijos hacia el futuro, afirmando que la gloria de Dios respecto a nuestra respuesta a la obediencia o a la desobediencia de Su diseño, está en juego.

Durante demasiado tiempo, aquellos que sostienen un modelo bíblico de distinciones de sexo se han permitido ser silenciados, marginados e intimidados cuando son confrontados por los teóricos del nuevo género sexual. Ahora es el momento de volver a capturar la culmine, de forzar las preguntas y de mostrar a esta generación el diseño de Dios en el concepto bíblico de la masculinidad y la feminidad. La gloria de Dios se muestra al mundo en el complemento entre el hombre y la mujer. Este desafío crucial es una convocatoria a la audacia cristiana del momento.

Por Al Mohler sobre Masculinidad y Feminidad
Una parte de la serie JBMW
Traducción por Maria Gustafson

es.gospeltranslations.org/

One comment on “Un Llamado al Valor Respecto a La Hombría y a La Feminidad en la Biblia — Albert Mohler”

¿Cómo puedo orar por los enfermos y los moribundos?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Cómo puedo orar por los enfermos y los moribundos?

Kelly M. Kapic

Nota del editor: Este es el capítulo 24 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Cuando vemos a otros padeciendo dolor, queremos ayudar. Queremos mejorar su situación. Ese es un instinto noble que refleja a nuestro buen Dios Creador.

Cuando Jesús se encontraba con personas que estaban lidiando con heridas, muy a menudo brindaba Su toque sanador. Su vida y Su proclamación prometieron una nueva creación donde no habrá dolor, temor o lágrimas. Sin embargo, esto no era más que un anticipo. Aquellos que Él sanó, murieron; su sanación temporal apuntaba a una regeneración completa y definitiva que aún no ha llegado.

Tiene sentido que los seguidores de Jesús quieran proclamar y ofrecer esperanza y sanidad completa. Sin embargo, ese buen instinto fácilmente puede irse por mal camino. Aunque este impulso puede estar basado en buenas intenciones, a veces terminamos hiriendo seriamente a los que están sufriendo.

Estamos llamados a llorar con los que lloran y a lamentarnos con los que se lamentan.

Primero que todo, no somos Jesús, y no tenemos Su autoridad mesiánica. Ciertamente podemos y debemos orar por sanidad física. Dios continúa siendo el médico por excelencia del cuerpo y del alma, y Él sigue obrando activamente en medio de Su creación.

Pero ¿qué pasa cuando el cáncer no se cura? ¿Qué sucede cuando el dolor crónico y debilitador nunca cesa? ¿Por qué es que la sanidad física tiende a ser la única cosa en la que concentramos nuestras oraciones?

Mucho más a menudo de lo que nos damos cuenta, deberíamos estar orando para que los santos que están sufriendo no se rindan en la desesperación. Tenemos que rogar a Dios que guarde sus corazones de endurecerse contra el Padre. Si bien puede ser legítimo dejar de orar por una sanación sobrenatural, nunca debemos dejar de pedir a Dios que fortalezca su fe, que avive su esperanza y les consuele con Su amor.

No estamos obligados a estar felices ni a ser optimistas en todo momento; a veces lloramos con los que sufren. Esto les muestra que no están solos, y los animamos aceptando su dolor y su lucha. En ocasiones, estas acciones les recuerdan su esperanza en Cristo con más eficacia que un sermón.

¿Cómo debemos abordar a los que viven en sufrimiento continuo, especialmente cuando los doctores no pueden encontrar soluciones y las oraciones no han resultado en una sanación física? Desafortunadamente, lo que muchos tratamos de hacer es seguir ofreciendo remedios, lo cual muchas veces resulta ser mucho más hiriente de lo que percibimos.

En lugar de esto, estamos llamados a amarlos. No somos responsables de resolver sus problemas de salud. Estamos llamados a estar ahí con ellos, a recorrer este difícil camino con ellos. Aún más, podemos aprender de ellos, escuchando de sus luchas e intentos de confiar en Dios en medio del temor y el dolor.

No se nos exige que resolvamos el misterioso dolor y sufrimiento de otros, ni tampoco que lo expliquemos o lo remediemos. No, estamos llamados a salir a caminar con ellos, a compartir comidas y a ofrecerles cálidos abrazos. Estamos llamados a llorar con los que lloran y a lamentarnos con los que se lamentan. Estamos invitados a tratar de iluminar la oscuridad con humor (como sea apropiado) y a crecer en sensibilidad hacia los demás a causa de las presiones que están enfrentando. Estamos llamados a amarlos, ofreciendo nuestras oraciones, nuestra presencia y nuestra perseverancia. Esto ya es suficientemente pesado sin nosotros tratar de llevar la carga de diagnosticar o remediar su mal; esa es una carga que nunca fuimos destinados a llevar.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Kelly M. Kapic
Kelly M. Kapic

El Dr. Kelly M. Kapic es profesor de Estudios Teológicos en Covenant College de Lookout Mountain, Ga. Es el autor de varios libros, incluyendo Embodied Hope [La esperanza encarnada].

7 falsos maestros en la iglesia hoy en día

Soldados de Jesucristo

Marzo 20/2021

7 falsos maestros en la iglesia hoy en día

Tim Challies

La historia de la Iglesia de Cristo es inseparable de la historia de los intentos de Satanás de destruirla. A pesar que desafíos difíciles han surgido desde fuera de la Iglesia, los más peligrosos siempre han sido desde dentro. Porque del interior surgen los falsos maestros, los vendedores ambulantes del error que se hacen pasar por maestros de la verdad. Los falsos maestros toman muchas formas, hechas a medida para los tiempos, las culturas y los contextos. Aquí presento siete de ellos que encontrarás llevando a cabo su obra engañosa y destructiva en la Iglesia hoy. Por favor nota que, aunque he seguido los textos bíblicos al describirlos en términos masculinos, cada uno de estos falsos maestros puede ser fácilmente una mujer.

El hereje

El hereje es el más prominente y quizás el más peligroso de los falsos maestros. Pedro advirtió contra él en su segunda carta. “Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina” (2 Pedro 2:1). El hereje es la persona que enseña lo que contradice descaradamente una enseñanza esencial de la fe cristiana. Es una figura carismática, un líder natural que enseña justo la cantidad de verdad necesaria para enmascarar su error mortal. Sin embargo, al negar la fe y celebrar lo falso, conduce a sus seguidores de la seguridad de la ortodoxia al peligro de la herejía.

Desde los primeros días de la Iglesia, esta ha sido afligida por el hereje en sus diversas formas. Él continúa su obra malvada hoy, a veces contradiciendo la verdad y a veces añadiendo a ella. Él puede replantear la doctrina de la Trinidad, como Arrio lo hizo en el tercer siglo y como lo hacen hoy los pentecostales unitarios. Él puede, como Marcus Borg y otros eruditos prominentes, negar el nacimiento virginal o la resurrección de Jesucristo. Como los Testigos de Jehová, puede alterar la palabra que Dios ya ha dado, o como los mormones, puede agregar a ella. Siempre manipula intrépidamente “la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos” (Judas 1:3).

El charlatán

El charlatán es la persona que usa el cristianismo como un medio de enriquecimiento personal. Pablo encargó a Timoteo estar en guardia contra él. “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia” (1 Timoteo 6:3-5). El charlatán solo está interesado en la fe cristiana en la medida en que pueda llenar su billetera. Utiliza su posición de liderazgo para beneficiarse de los recursos de los demás.

Simón el Mago fue motivado por el amor al dinero cuando trató de comprar el poder del Espíritu Santo (Hechos 8:9-24). Desde él, el charlatán ha aparecido en muchas formas, siempre buscando prominencia en la Iglesia para vivir en la extravagancia. Cuando el Papa León X encargó a Tetzel vender indulgencias, las ganancias no solo financiaron la reconstrucción de la Basílica de San Pedro, sino también su lujoso estilo de vida. En la década de 1990, el televangelista Robert Tilton obtenía decenas de millones de dólares cada año explotando a los vulnerables y crédulos. Hoy Benny Hinn, Creflo Dollar, y una gran cantidad de otros venden el evangelio de la prosperidad para enriquecerse con las ofrendas de sus seguidores.

El profeta

El profeta afirma ser dotado por Dios para hablar revelación fresca aparte de las Escrituras, palabras nuevas y autoritativas de predicción, enseñanza, reprensión o aliento. Cuando en realidad, él es comisionado y autorizado por Satanás con el propósito de engañar y perturbar a la Iglesia de Cristo. Juan ofreció una advertencia urgente sobre él. “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo” (1 Juan 4:1). Los cristianos deben “probar los espíritus” para determinar si se originan con el Espíritu Santo o con un espíritu demoníaco. Más tarde, Juan declaró que Dios ha hablado de una forma completa y final en la Escritura y ofreció la advertencia más solemne contra cualquiera que afirme traer revelación igual o contraria a esta. “Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro” (Apocalipsis 22:18-19).

El profeta aparece a lo largo de la historia de la Iglesia. Ya en el siglo II, Montano y sus discípulos afirmaban hablar en nombre del Espíritu Santo. En el siglo XIX, José Smith afirmó recibir el Libro de Mormón del ángel Moroni. Hoy en día, las emisoras de radio están repletas de personas que dicen hablar en el nombre de Dios a través del poder del Espíritu. Las profecías personales están a solo una llamada de distancia. Sarah Young, autora del libro cristiano más vendido de la década, afirma audazmente que su libro contiene las palabras mismas de Jesús. El profeta sigue hablando para llevar a la Iglesia por mal camino.

El abusador

El abusador usa su posición de liderazgo para aprovecharse de los demás. Por lo general, se aprovecha de ellos para alimentar su lujuria sexual, aunque también puede desear poder. Tanto Pedro como Judas estaban conscientes de la lujuria del abusador: “Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado” (2 Pedro 2:2). “Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo” (Judas 4). El abusador afirma que está cuidando almas, pero su verdadero interés son los cuerpos deslumbrantes. Se abre camino en la vida, la confianza, los hogares y las camas de las mujeres. Cuando no está persiguiendo el placer sexual ilícito, puede estar dominando a la gente para ganar poder, abusando de ellos en su camino hacia la prominencia. Él hace esto en el nombre del Ministerio, afirmando que posee unción divina. Utiliza y abusa de los demás para alimentar sus lujurias.

Trágicamente, la historia de la fe cristiana cuenta con innumerables abusadores. Incluso en los primeros días de la Iglesia, había cultos sexuales y otras perversiones depravadas de la fe. Durante siglos, el papado fue poco más que una lucha de poder corrupta. Hoy parece que cada semana nos enteramos de otro líder que ha sido encontrado culpable de pecado sexual con hombres, mujeres o incluso niños. Mientras tanto, escuchamos tristes historias de sobrevivientes que han sido abusados y desechados por un líder que anhelaba poder. El abusador continúa con su trabajo.

El divisor

El divisor usa falsa doctrina para perturbar o destruir una Iglesia. Él divide alegremente a hermano contra hermano y hermana contra hermana. Judas advirtió acerca de él: “En los últimos tiempos habrá burladores que irán tras sus propias pasiones impías. Estos son los que causan divisiones; individuos mundanos que no tienen el Espíritu. Pero vosotros, amados, edificándoos en vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Judas 18-21). El divisor está desprovisto del Espíritu Santo, cuyo primer fruto es el amor y cuya obra especial es mantener a los creyentes unidos en el vínculo de la paz (Gálatas 5:22, Efesios 4:3). Este falso maestro trae conflicto, no amor. Genera facciones, no unidad. Desea la discordia, no la armonía.

Congregaciones y denominaciones a menudo han sido divididas por el divisor mientras promulga sus mentiras. A veces convierte una doctrina menor en marca de madurez cristiana, causando que surjan facciones dentro del cuerpo. Puede introducir astutamente doctrinas antibíblicas o puede socavar el liderazgo ordenado. Lo hace todo por la satisfacción perversa que resulta de la destrucción.

El endulzador

El endulzador es el falso maestro que no se preocupa por lo que Dios quiere, sino que por lo que los hombres desean. Él es el que agrada a los hombres más que a Dios. Pablo habló de él como en el cosquillea el oído: “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos” (2 Timoteo 4:3-4). El endulzador anhela popularidad y elogios del mundo. Para mantener el respeto de sus seguidores, predica solo las partes de la Biblia que ellos consideran aceptables. Por lo tanto, habla mucho de felicidad, pero poco de pecado, mucho del cielo, pero nada del infierno. Solo les da lo que quieren oír. Él predica un evangelio parcial que no es Evangelio en absoluto.

El endulzador es tan antiguo como la Iglesia misma. En el siglo XIX, fue Henry Ward Beecher, y en el XX, fue Norman Vincent Peale y Robert Schuller. Hoy en día es Joel Osteen, pastor de la Iglesia más grande de Estados Unidos, que es conocido tanto por su sonrisa contagiosa que inspira confianza como por su mensaje superficial. Él predica un evangelio vacío a una Iglesia abarrotada. Como los falsos profetas de los días de Jeremías, él y los miles como él dicen: “‘Paz, paz, pero no hay paz” (Jeremías 6:14).

El especulador

Finalmente, el especulador es el obsesionado con la novedad, la originalidad o la especulación. El autor de Hebreos advirtió a su Iglesia de estas “doctrinas diversas”, mientras que Pablo le dijo a Timoteo que protegiera a la Iglesia contra cualquier “doctrina extraña” (Hebreos 13:9, 1 Timoteo 1:3). La enseñanza enfocada en la especulación desplaza la doctrina segura y firme de la Escritura. El especulador deja a un lado la mayor parte del contenido y el peso del énfasis de la Biblia para obsesionarse con asuntos que son triviales o novedosos. Se cansa de las antiguas verdades y persigue la respetabilidad a través de la originalidad.

Hoy, como en todas las épocas, el especulador se obsesiona con el fin de los tiempos, y de alguna manera sus predicciones fallidas no disuaden ni a sí mismo ni a sus seguidores. El especulador se ve oscureciendo el mensaje claro de la Escritura para buscar códigos ocultos en ella. A veces se planta en el mundo académico, donde una de sus últimas obras maestras es un Dios reimaginado incapaz de ver y conocer el futuro. Bien calificó Pablo al especulador como un parloteador irreverente que siempre busca contradecir (1 Timoteo 6:20-21).

Conclusión

Los embajadores más grandes de Satanás no son proxenetas, políticos o agentes de poder, sino pastores. Sus sacerdotes no venden una religión diferente, sino una perversión mortal de la verdadera. Sus tropas no lanzan un ataque frontal directo, sino que trabajan como agentes, colándose en el ejército contrario. Las tácticas de Satanás son estudiadas, inteligentes, predecibles, y efectivas. Por lo tanto, debemos permanecer siempre vigilantes. “Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15-16a).

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de tres niños. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

Doctrina de la iglesia – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 23/26

Doctrina de la iglesia – Parte 1

  1. Introducción

Acabamos de pasar las últimas cuatro semanas considerando cómo Dios aplica la salvación que ha logrado a las vidas de los creyentes individuales. Si bien Dios ciertamente está interesado en el creyente individual, también hay algo más en lo que él se interesa. Para que pensemos sobre qué es eso, comencemos con una pregunta: ¿por qué viniste a reunirte hoy con esta iglesia en Capitol Hill? ¿Por qué viniste a la iglesia hoy?

Una mejor pregunta para ti es: «¿Qué tan importante es para ti la iglesia?».

A lo largo del curso de la clase de hoy, espero resaltar para ti por qué la importancia de la iglesia puede ser mucho más de lo que crees que puede ser. Y si estoy en lo cierto, es posible que tengas una dinámica totalmente nueva en tu vida que ponga en peligro la forma en que usas tu tiempo, piensas en tu vida y cómo planeas pasar los próximos 10, 20 o 50 años de tu vida.

Hoy y la próxima semana, Dios mediante, examinaremos cómo los creyentes individuales viven juntos como el pueblo de Dios. Esta es un área de la teología conocida como «eclesiología». La palabra griega usual para «iglesia» en la Biblia es ekklesia, que literalmente significa ‘reunión’ o ‘asamblea’[1]. La eclesiología, entonces, es el estudio de la iglesia.

A lo largo de la historia, las personas han debatido sobre cómo entender la iglesia. Estamos familiarizados con los pocos temas controvertidos: ¿Se les permite a las mujeres ser pastoras? ¿Deben los niños ser bautizados?

La próxima semana, si Dios quiere, lucharemos con muchos de esos problemas. Consideraremos el rol de la predicación en la iglesia, el bautismo, la Cena del Señor, la disciplina eclesiástica, el gobierno de la iglesia y el liderazgo bíblico de la iglesia.

Pero antes de llegar a esas preguntas, necesitamos dedicar tiempo para considerar cómo es que Dios ha «organizado» a los creyentes en una institución que él ha ordenado y que, finalmente, trae gloria a su nombre.

¿Cuál es la naturaleza de la iglesia? ¿Cuáles son las intenciones de Dios para la iglesia? ¿Cuáles son las características de una iglesia sana? Antes de continuar, definamos qué es realmente una iglesia.

Puede ver en tu folleto la definición de iglesia evangélica de la Declaración de Fe de nuestra iglesia: «Creemos que una iglesia visible de Cristo es una congregación de creyentes bautizados, asociados por el pacto en la fe y el compañerismo del Evangelio; observando las ordenanzas de Cristo; gobernada por Sus leyes; y ejercitando los dones, derechos y privilegios que se han invertido en ellos por Su palabra, que sus únicos oficiales escriturales son obispos o pastores y diáconos, cuyos requisitos, demandas y deberes están definidos en las Epístolas a Timoteo y Tito».

Hay mucho allí, y aunque no tendremos tiempo para abordar todo esta mañana, sí quiero que repasemos los aspectos más destacados de lo que la Biblia enseña que conforma y define una iglesia. Para hacer eso, pasemos al punto #2 en tu folleto: La iglesia definida.

Una vez más, mientras hacemos esta encuesta esta mañana, quiero que pienses: «Si esto es cierto, ¿qué significa esto para mi vida en lo que respecta a la iglesia?».

  1. La iglesia definida

¿Quién conforma la iglesia? Fíjate que no dije qué conforma la iglesia, sino quién.

La iglesia puede definirse como «la comunidad de todos los verdaderos creyentes en Jesucristo de todos los tiempos»[2]. La Biblia dice en Efesios 5:25«Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella para santificarla». Aquí el término «la iglesia» se aplica a todos aquellos que son salvos por la muerte de Cristo. Eso necesariamente incluye a todos los verdaderos creyentes de todos los tiempos, tanto los creyentes en la época del Nuevo Testamento como los creyentes en la época del Antiguo Testamento[3].

Para ser claro: «la iglesia» incluye a los verdaderos creyentes antes del tiempo de Cristo. Sin embargo, esto no quiere decir que toda la nación de Israel constituyó la «iglesia del Antiguo Testamento», sino solo aquellos que Dios había traído a sí mismo a través de la fe verdadera durante ese tiempo…

Pablo tiene claro en mente esta idea de un remanente creyente, este grupo de israelitas fieles, en Romanos 9-11 cuando él, como Jesús en Juan 8, aclara quién es el verdadero Israel. «No todos los que descienden de Israel son israelitas», dice en Romanos 9:6. Pablo afirma que no son los descendientes físicos de Abraham quienes son hijos de Dios. Los verdaderos descendientes de Abraham, que son hijos de Dios, son aquellos que tienen fe en las promesas de Dios.

Los apóstoles entendieron que la iglesia era un cumplimiento de las promesas que Dios había hecho a Israel. Así que no nos sorprende ver a Pedro llamando a los cristianos del Nuevo Testamento en 1 Pedro 2: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios» (1 Pedro 2:9). Tampoco nos sorprende ver a Santiago escribiendo generalmente a muchas iglesias cristianas primitivas y refiriéndose a ellas como «las doce tribus que están en la dispersión». La iglesia es el Israel de Dios, la iglesia es el verdadero sucesor de Israel (Gálatas 6:16)[4].

Si eso es cierto, amigos, lo que eso significa para ti y para mí es que somos la iglesia. Es decir, somos los verdaderos sucesores de Israel. Lo que significa que la totalidad del Antiguo Testamento nos señala. La totalidad del Nuevo Testmento nos señala. No como los héroes, sino más bien como los herederos de las promesas de Dios. Y lo que esto significa, es que nuestra identidad como iglesia se convierte en la parte más importante de nuestro carácter, nuestra persona y nuestra vida. Si toda la historia nos señala, y lo que hemos llegado a ser en Cristo, tenemos que verlo como lo que es… un milagro que vivimos a diario. Amigo, tu identidad como iglesia es el centro inigualable, imprecedente e inimaginable de tu vida. Lo que significa que, muy probablemente, hemos subestimado mucho nuestro lugar en esta historia de Dios y la importancia que tenemos en la narración de la gloria de Dios como su iglesia. Hablaremos más adelante al respecto.

Pero pasemos al punto 3 en tu folleto: La iglesia de Jesucristo.

  1. La iglesia de Jesucristo

Lo siguiente que deberíamos ver, en lo que respecta a la iglesia, es que la iglesia le pertenece a nuestro Señor Jesucristo. Es su iglesia, porque la trajo a la existencia, y él es quien la compró con su propia sangre. En Mateo 16:18, Jesús le dice a Pedro: «Edificaré mi iglesia».

La entrada a la iglesia se gana al tener fe en Jesús. Por tanto, la iglesia «es internacional en la membresía y no permite divisiones étnicas, de género o sociales»[5]. La reconciliación de las divisiones mundanas finalmente se logra en Cristo.

Dentro de la iglesia, según Pablo en Colosenses: «No hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos» (Col. 3:11). En la cruz, Jesús no solo hizo posible la reconciliación entre el hombre y Dios (lo más importante), sino entre el hombre y el hombre. Pablo dice que el propósito de Dios era crear en sí mismo un hombre nuevo (es decir, la iglesia) entre los dos hombres: judíos y gentiles. En consecuencia, los gentiles ya no son forasteros y extranjeros, sino conciudadanos del pueblo de Dios.

Ahora bien, ¿significa esto que dejo de ser «blanco» u «hombre» una vez que me convierto en cristiano y me uno a la iglesia? De ningún modo. Dios no elimina todos los constructos de nuestra identidad. Por el contrario, el punto es que nuestra identidad central ya no se basa en el hecho de que somos  hombres o mujeres, negros o blancos, sino que somos de Cristo, así es, somos cristianos. Somos de Cristo y él es nuestro; él es nuestra máxima identidad.

No pierdas este punto. No solo somos invitados a una iglesia. No se trata solo de una organización institucional en la que hemos sido adoptados. No es un club de campo con el que nos hayamos metido con éxito. No, es todo menos esas cosas. ¡Hemos sido invitados a la iglesia de Cristo! Su sangre fue derramada por lo que nos hemos convertido. Somos adoptados en su familia. Y, entonces, estamos unidos, incorporados y fijados no solo entre nosotros, sino a Jesucristo mismo. Cada vez que entramos a la iglesia, debemos recordar que somos parte de un cuerpo mucho más importante del que nos damos cuenta con una misión mucho más importante de la que a menudo reconocemos: representar y ser el rostro de Jesucristo para las naciones. Ser parte de la iglesia de Cristo significa que tenemos deberes y responsabilidades mucho más importantes que nuestros trabajos, nuestro futuro e incluso nuestras familias.

Pasemos al punto 4: Las metáforas bíblicas para la iglesia.

Para ayudar a los creyentes a entender mejor cómo es la naturaleza de la iglesia, las Escrituras usan muchas imágenes de palabras, muchas metáforas para aclarar cómo debemos pensar al respecto.

En términos generales, estas metáforas se pueden dividir en cuatro grupos, y cada uno tiene algo que enseñarnos acerca de la manera que Dios se relaciona con su pueblo y cuál debería ser nuestra respuesta. Mientras discutimos cada uno de ellos, piensa en lo que estas imágenes significan para nosotros como iglesia. ¿Cómo podemos vivir las metáforas que las Escrituras establecen?

A. Imágenes de la familia

El primer grupo de metáforas, y creo que el más dulce, pertenece a la imagen de una familia. Pablo considera a la iglesia como una familia cuando le dice a Timoteo que actúe como si todos los miembros de la iglesia fueran parte de una familia más grande. Debemos tratar a los ancianos como padres, a los hombres más jóvenes como a hermanos, a las ancianas como madres y a las mujeres más jóvenes como hermanas (1 Timoteo 5:1-2). Se habla de Dios como nuestro Padre celestial (Efesios 3:14), y Jesús llama a sus seguidores sus hermanos y hermanas (Mateo 12:49-50). ¿No es maravilloso?

Estas imágenes nos recuerdan cuán profunda es la relación que aquellos en la iglesia de Cristo deben tener entre sí. Debemos amarnos y tratarnos unos a otros como lo haríamos con nuestra propia familia.

En una metáfora familiar algo diferente, Pablo se refiere a la iglesia como la esposa de Cristo en Efesios 5:22-33. La analogía de la novia nos da un mensaje algo diferente, que trata de la importancia de la pureza, como se nos presenta a Cristo en su regreso.

B. Imágenes agrícolas

El siguiente grupo de imágenes a destacar incluye aquellas imágenes que son agrícolas.

En Juan 15:5, Jesús dice: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer». En 1 Corintios 3, la iglesia es comparada con un campo de cultivos que fue plantado por el hombre, pero que creció gracias a Dios.

Todos estos pasajes tienen aplicaciones específicas cuando se toman en contexto, pero un tema general en ellos es la idea de descansar en Cristo y confiar en Dios para crecer en la vida cristiana.

C. Imágenes de un edificio o templo

La iglesia también se conoce como un edificio en 1 Corintios 3:9. Pero una imagen más pronunciada en las Escrituras es la del «nuevo templo», o el templo de Dios bajo el nuevo pacto. Mientras que un edificio o un lugar de reunión es el término más común para hablar de una iglesia en la actualidad, las Escrituras hablan de la iglesia como una asamblea corporativa de creyentes en Cristo. Es por eso que oirás a Mark cuando dirija el servicio, decir bienvenido a «esta reunión» de Capitol Hill Baptist Church.

Pedro dice en 1 Pedro 2:4-5«Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo».

Esta imagen de un edificio o templo nos da una clara idea de la intención de Dios para la iglesia. El templo del Antiguo Testamento debía representar a Dios habitando con su pueblo; es donde mostró su gloria al mundo. Y entonces debemos ser conscientes del hecho de que el Espíritu de Dios vive en nosotros, ya que estamos reflejando a Cristo en el mundo.

Y como mencionamos anteriormente, esto significa, entonces, que el mortero que mantiene unidos los ladrillos en la iglesia no debe ser demográfico, como la raza, la edad o la riqueza, sino el Espíritu de Dios que compartimos en Jesús.

D. El cuerpo de Cristo

Finalmente, la idea de la iglesia se expresa en varios pasajes como el «cuerpo de Cristo». Esta es quizá la imagen más conocida de todas.

1 Corintios 12 habla de los valores de las diferentes partes del cuerpo, que se requieren diferentes partes para que el todo funcione como está trazado y diseñado para funcionar. La lección aquí es doble. Primero, hay una exhortación a la unidad en la iglesia: debemos vivir como un solo cuerpo. Segundo, debemos apreciar la diversidad de dones que tienen los diferentes miembros. Todos usamos nuestros diferentes dones para el bien de todo el cuerpo para que Dios pueda ser glorificado. Y la cabeza de nuestro cuerpo es Cristo (Efesios 1:22-23).

Así que vemos que las Escrituras proporcionan numerosas imágenes de la iglesia para ayudar a nuestra comprensión de ella y al Dios que la ha ordenado. Sin embargo, debemos tener cuidado de no dejar que una imagen domine nuestro pensamiento en detrimento de los demás. Como dice Wayne Grudem: «La amplia gama de metáforas utilizadas para la iglesia en el Nuevo Testamento debería recordarnos que no debemos centrarnos exclusivamente en nadie… Cada una de las metáforas usadas para la iglesia debería ayudarnos a apreciar más de la riqueza de la iglesia. Privilegio que Dios nos ha dado al incorporarnos a la iglesia»[6].

No te pierdas esto. El propósito de todas estas metáforas es explicarnos lo que significa ser injertados en la iglesia de Cristo. Están destinadas a mostrarnos con imágenes excepcionales la importancia de nuestra existencia como parte de la iglesia de Cristo. Debemos mostrarle al mundo un amor mutuo que solo se puede reconocer como el que se encuentra en una familia. Debemos aferrarnos al Señor, siguiendo todos sus caminos, mostrando al mundo que no somos nuestros, sino que estamos agradecidos con alguien mucho más grande. Debemos ser el nuevo templo de Dios en el mundo, atrayendo a todos los hombres hacia Cristo. Y debemos ser el cuerpo de Cristo unos a otros, mostrando al mundo una asombrosa exhibición de unidad que impacta los sentidos. A esto hemos sido llamados como la iglesia de Cristo.

Pasemos al punto cinco en el interior de tu folleto: La iglesia visible e invisible.

  1. La iglesia visible e invisible

En su verdadera realidad espiritual como la comunión de todos los creyentes genuinos, la iglesia es invisible; todavía no podemos ver esta iglesia Esto tiene sentido cuando recordamos que nosotros, como humanos, no podemos saber finalmente el estado de los corazones de otros humanos. Ciertamente podemos ver a aquellos que asisten a la iglesia o que han hecho una profesión de Cristo. También podemos ver evidencias externas de cambio interno, pero finalmente no podemos conocer el estado espiritual de otra persona, solo Dios puede.  «Conoce el Señor a los que son suyos», como dice Pablo en 2 Timoteo 2:19. Es por eso que cuando excomulgamos a alguien, no estamos, como la iglesia de Roma, diciendo que esa persona ya no es cristiana; lo que estamos diciendo es que ya no podemos afirmar la profesión de fe de esta persona.

Dicho esto, tenemos alguna idea acerca de la salvación de los demás. Podemos tener mucha confianza en la salvación de alguien basado en el fruto en su vida. Jesús dice: «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16).

Sin embargo, somos falibles y no podemos emitir juicios infalibles sobre la veracidad de la profesión de fe de alguien. Por tanto, al final, solo Dios es quien conoce con certeza y sin error a los verdaderos creyentes. En ese sentido, podemos decir que la iglesia invisible es «la iglesia tal como Dios la ve».

Por otro lado, la iglesia tiene un aspecto visible también. Podemos decir que la iglesia visible es «la iglesia como la ven los verdaderos cristianos en la tierra».

En este sentido, la iglesia visible incluye a todos aquellos que profesan a Cristo y evidencian su profesión por los frutos en sus vidas. Vemos esta implicación varias veces en las Escrituras.

Pablo dirige muchas de sus cartas a los contingentes de la iglesia visible tal como la hemos definido. «A la iglesia de Dios que está en Corinto», escribe en 1 Corintios. Pablo escribe a «Filemón…  y a la iglesia que está en [su] casa», en Filemón 1:1-2.

Pablo también menciona con frecuencia, tanto genéricamente como por nombre, falsos profetas, o aquellos que parecían ser creyentes, pero luego renunciaron a la fe. En otras palabras, debido al pecado y al error humano, la iglesia visible siempre incluirá a algunos no creyentes. Pero el Señor es soberano sobre la integridad de la verdadera iglesia, y reconocerá a los verdaderos creyentes cuando llegue el momento.

Una de las cosas por las que nos esforzamos como iglesia es tener una membresía compuesta solo por cristianos. Queremos que nuestra iglesia consista en una membresía de la iglesia regenerada; en otras palabras, queremos que todos nuestros miembros nazcan de nuevo, sean cristianos[7]. De lo contrario, nuestro testimonio como iglesia se verá comprometido. Creemos que, en la medida de lo posible, la membresía en la iglesia visible debe coincidir con la membresía en la iglesia invisible. Es por eso que cuando alguien quiere ser miembro de esta iglesia, debe profesar fe en Cristo, haber hecho esa profesión públicamente en un momento en el bautismo, su conocimiento del evangelio debe haber sido examinado, y comprometerse con nosotros a someterse a la disciplina y doctrinas de esta congregación local. ¿Por qué? Para que CHBC muestre mejor el evangelio a aquellos en nuestra comunidad[8]. Si te vas con nada más, sal de aquí sabiendo esto: la iglesia es una muestra de la gloria de Dios. Es el evangelio hecho visible.

Pasemos al punto 6.

  1. La iglesia local y universal

Esta es otra distinción que los cristianos han hecho: la iglesia local y la iglesia universal. En el Nuevo Testamento, la palabra griega para «iglesia» se usa para describir a un grupo de creyentes que pactan en casi cualquier nivel, que va desde unas pocas personas en un hogar privado hasta el grupo de todos los verdaderos creyentes en la iglesia universal.

Por ejemplo, Pablo escribe en 2 Corintios 16:19: «Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor». Aquí hay una reunión de la iglesia local en la casa de un miembro. Asimismo, el libro de Apocalipsis está dirigido a siete iglesias específicas en Asia.

En Hechos 9:31 vemos a la iglesia mencionada en un sentido más universal: «Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria». También, en 1 Corintios 12:28, Pablo dice: «Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros…».

Si sabes cómo se emplea el término «apóstol» en el Nuevo Testamento, que es alguien que no fue dado a ningún cuerpo eclesiástico en particular, como el caso un anciano o maestro, entonces está claro que la referencia aquí es para la iglesia universal.

El punto aquí es que un grupo de creyentes en cualquier nivel, que cumplen con los criterios bíblicos para una iglesia, puede caer correctamente bajo la definición específica o general de la palabra «iglesia». Nosotros en CHBC somos una iglesia local, pero nosotros también formamos parte de la iglesia universal de la que forman parte las iglesias, como la 4ª presbiteriana. Entonces, ¿por qué es importante esta distinción entre una iglesia local y universal? Porque el Nuevo Testamento espera que los cristianos se unan a su iglesia local. Como dice Mark, la membresía de la iglesia local es básica para el cristiano, no opcional. La iglesia universal nos recuerda que no estamos solos y que podemos asociarnos con otras iglesias que creen en el evangelio por el bien del evangelio. Mucha gente dirá: «Bueno, puedo ser parte de la iglesia universal, no de la iglesia local». Pero eso es como decir que puedo ser un jugador de béisbol sin estar en un equipo; no tiene sentido.

Avancemos rápidamente al punto 7: La iglesia militante y triunfante.

¿Qué significa cuando las personas dicen que la iglesia es «militante» y «triunfante»? Bueno, la iglesia es «militante» en el sentido de que está compuesta por aquellos que aún viven y participan constantemente en la guerra espiritual. Está llamada a la guerra santa. Esto no significa que la iglesia use las armas de este mundo (2 Corintios 10:4). Nadie puede convertirse en cristiano al ser coaccionado como lo hace una persona para convertirse en musulmán. Un cristiano recibe un nuevo corazón por el Espíritu de Dios para vivir una vida de arrepentimiento y fe y armadura espiritual para ese fin. Nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra las fuerzas espirituales del mal en este mundo y en los reinos celestiales (Efesios 6:12).

La iglesia no solo se conoce como militante sino también como triunfante. Esto solo significa que está compuesta por aquellos que están en el cielo, y en el cielo la iglesia se mostrará victoriosa. Cristo dijo que él edificaría su iglesia y que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella (Mateo 16:18). No estamos peleando una batalla perdida, sino una batalla que ya se ganó en Cristo, ¿amén?

  1. Los atributos de la iglesia

Por último, hablemos de los atributos de la iglesia.

De vez en cuando leemos el Credo de Nicea durante nuestras reuniones dominicales. Bueno, ¿qué quiere decir el Credo de Nicea cuando se refiere a la iglesia como «una Santa Iglesia Católica y Apostólica»? Pensemos en cada adjetivo por separado.

Primero, la iglesia es una. Efesios 4:4 dice: «un cuerpo». La unidad de la iglesia significa su unidad en Jesús. En Juan 17, Jesús ora al Padre por todos los creyentes para que «sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú [el Padre] me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado» (Juan 17:23). Esta unidad se basa en Cristo y glorifica a Cristo, y se fortalece a medida que hacemos todo lo posible por «guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (Efesios 4:3).

Entonces, ¿por qué las iglesias se dividen en denominaciones? Porque Dios dio su Palabra perfecta a un pueblo caído. Los cristianos son falibles y difieren en cuestiones doctrinales de importancia secundaria. Estas diferencias de ninguna manera reflejan pobremente en la claridad o veracidad de las Escrituras. La unidad del cristiano es espiritual y no necesariamente organizacional. De una manera, las denominaciones ayudan a hacer posible la unidad organizacional en la iglesia al eliminar las barreras que pueden causar desacuerdos en una iglesia. Pero «tal vez el Señor permite que existan diferencias para enseñarnos cómo amar»[9].

Segundo, la iglesia es santa. Phil Ryken señala: «Con excepción del sistema penitenciario, la iglesia es la única institución para las personas malas». No es nuestra propia justicia la que nos hace santos, sino la justicia de Cristo. La iglesia es purificada por la sangre de Cristo y santificada. Somos santos porque Cristo es santo. La novia es santificada por la santidad del novio.

Tercero, la iglesia es católica. ¿Qué quiere decir católica? Católica básicamente significa universal [no católica romana]. La iglesia es universal. Ya discutimos esto al hablar de la iglesia universal y local. Está formada por todos los creyentes de todos los tiempos, y eso es algo por lo cual debemos alabar a Dios.

Cuarto, la iglesia es apostólica. Los católicos romanos dirían que ser una iglesia apostólica significa que hay una sucesión apostólica de obispos que han heredado la autoridad de los apóstoles para ejercer dominio sobre la iglesia. Los carismáticos, por otro lado, dirían que ser una iglesia apostólica significa que «la iglesia puede hacer hoy lo que los apóstoles hicieron en la iglesia primitiva» con sus señales y prodigios milagrosos[10]. Pablo dice en Efesios 2:20 que la iglesia está «edificada sobre el fundamento de los apóstoles», y aquí es donde debemos comenzar.

Los apóstoles fueron comisionados por Jesús para representarlo al mundo y difundir su evangelio. Jesús es la piedra angular y los apóstoles sentaron las bases. El Espíritu Santo les dio el poder y la autoridad para hablar y actuar en el nombre de Cristo. Y fue sobre esta base de actos y enseñanzas que la iglesia se sostiene. Los apóstoles fueron comisionados y ahora llevamos esa comisión al mundo en forma de proclamación del evangelio.

Entonces, la iglesia es una, santa, católica y apostólica.

La próxima semana, estudiaremos las marcas de una verdadera iglesia cristiana.

Permíteme cerrar con esto. Si la iglesia es, de hecho, de Cristo. Y si es verdad que Cristo murió por su iglesia, fundó su iglesia, edificó su iglesia y ahora dirige su iglesia, debemos mirar a la iglesia de una manera muy profunda. ¿De qué manera? De una manera que ve a la iglesia como la novia de Cristo. Como la gloria de Cristo. Como el legado de Cristo. Como el cuerpo de Cristo inmortalizado en tu vida y la mía. Nunca debemos hablar mal de la iglesia. Nunca debemos descuidar a la iglesia. En cambio, si es la iglesia de Cristo que debemos llegar a ser, entonces nuestras vidas deberían estar centradas en el cuerpo mismo del que afirmamos seguir con devoción plena. Entonces, mi pregunta para ti es: ¿Cuán importante es la iglesia para ti? Cualquier cosa menos que el pináculo de la vida, y creo que hemos malentendido el propósito de la iglesia y de la cruz. Glorifiquemos al Señor hoy a través de nuestra participación, servicio y dedicación a la iglesia de Jesucristo. ¿Amén? Oremos.

APÉNDICE A

Posibles citas que agregar:

¿Cuáles son los propósitos de la iglesia?

Glorificar a Dios a través de…

En lo que respecta a la imagen del cuerpo de Cristo

«La iglesia local no se considera aquí como una simple parte de un cuerpo de Cristo más grande, sino como el cuerpo de Cristo en ese lugar. Este es otro apoyo para una comprensión adecuada de la autonomía de la iglesia local. Ninguna iglesia local debe estar aislada, pero ninguna iglesia local necesita un cuerpo más grande estar completa o permitir que funcione. Es el cuerpo de Cristo, que posee un estado eclesial completo» (J. Hammett, Biblical Foundations for Baptist Churches  [Fundamentos Bíblicos para Iglesias Bautistas], p.37).

[1] NDBT, 408.

[2] Wayne Grudem, Teología Sistemática.

[3] Id.

[4] En un sistema dispensacional, una dicotomía o separación antinatural es forzada entre Israel y la iglesia. Si bien hay algunas diferencias, Israel no fue llamado a ser un fin en sí mismo. Israel señalaba a la iglesia como el Israel espiritual, que cumplía en mayor medida las promesas hechas a Abraham a través de la obra de Cristo. Ser un «judío» no era serlo externamente, sino internamente (Romanos 2:28-29). Cuando Jeremías anunció el nuevo pacto en Jeremías 31 31-34, se hizo con la casa de Israel, pero Israel ya estaba exiliado en ese momento. Él estaba hablando del verdadero Israel espiritual. Incluso pasajes como Lucas 13:28 muestran que no todo Israel será salvo sino aquellos que siguen a Jesús.

[5] NDBT, 408.

[6] Grudem, 859.

[8] Mientras tratamos de hacer que la membresía de la iglesia sea lo más parecida posible a la iglesia invisible, en algún momento debemos definir los límites para que aquellos en una iglesia adoren juntos.

[9] R. Phillips, The Church.

[10] P. Ryken, The Church.