Llaves del crecimiento espiritual

Esclavos de Cristo

[Reseña] Llaves del crecimiento espiritual — John MacArthur

En los púlpitos de la Iglesia actual, encontramos una gama variada de temáticas que son abordadas con profunda pasión. Lamentablemente, mucho de lo que dice llamarse iglesia, ha propagado con gran fuerza una serie de doctrinas erradas, que no tienen asidero en la Palabra de Dios. Estas doctrinas han sido propagadas y adoptadas por muchas personas con comezón de oír (2 Timoteo 4:3) que simplemente no soportan la sana doctrina.

Los temas más famosos son la autosuperación, la búsqueda del éxito personal y la libertad de la culpa mediante la auto justicia. Sin embargo, si sobre algo hay silencio en la iglesia actual, es sobre el crecimiento espiritual. Dentro de la sociedad que nos encontramos, tal como menciona R.C Sproul al citar a Barth[1], la pereza es uno de los pecados más latentes en el día de hoy. Los creyentes desean la madurez espiritual (o lo que sea que entiendan por ello) anhelando saltar el paso del crecimiento. [pullquote]Desean ser santos, pero sin santificación.[/pullquote] Desean ser cristianos maduros, pero sin andar como Cristo anduvo. En una sociedad marcada por la inmediatez, y por la exigencia de las cosas al instante, ni el parecernos a Cristo queda exento de esa actitud.

Es en este punto donde un libro como el del pastor-maestro de la Grace Community Church, John MacArthur, es de suma relevancia. Mediante su acostumbrada y clara exposición, fuertemente exegética, presenta las “llaves” que nos permiten como creyentes ser bendecidos por los tesoros de Dios. Esta no es una actitud pasiva, es un privilegio activo en la vida de cada creyente,

“Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito”. (Filipenses 2:12-13, LBLA, énfasis añadido)

¿Cómo debemos entender el crecimiento espiritual, ante una iglesia perezosa?


El pastor MacArthur señala:

“Llámelo como quiera: seguir la justicia (1 Ti. 6:11), ser transformado (Ro. 12:2), perfeccionar la santidad (2 Co. 7:1), proseguir a la meta (Fil. 3:14) o edificarse en la fe (Col. 2:7)”. Si bien, reconocer lo que es crecer espiritualmente es de gran relevancia, el punto principal es su propósito. “El objetivo común de todos los cristianos consiste en ser ‘transformados…en la misma imagen’ del Señor (2 Co. 3:18)”.[2]

Tras esa definición, el pastor MacArthur hace un recorrido por las Escrituras, exponiendo las verdades bíblicas que confrontan profundamente al lector a conocer los deleites de Dios, que derivan en bendición para sus vidas. Cada “llave”, es por un lado una exhortación a desearla y a adoptarla, pero a la vez una confrontación de las falencias de la iglesia contemporánea. Los temas tratados irán desde Las Escrituras como “llave maestra”, y de cómo debe ser usada (creyéndola, estudiándola, honrándola, amándola y obedeciéndola), hasta asuntos como la “confesión de pecados” con una explicación maravillosa del Salmo 51. El estudio serio de la Escritura también es otra llave mencionada, esta es una acción fundamental en la vida del creyente, ya que la Palabra de Dios contiene “verdades tan sencillas que incluso el cristiano más nuevo puede comprender y, al mismo tiempo, tan profundas que el creyente más maduro es incapaz de sondear”.[3] Si hay una verdad transversal a todo el libro, es que no hay atajos hacia la madurez espiritual.

Una sociedad doctrinalmente “polvo de estrellas”.
El capítulo 2 es de enorme bendición. En una cultura que puede ser vista y definida como sin rumbo ni propósito, el pastor MacArthur responde, apoyado del Catecismo menor de Westminster, ¿cuál es el propósito principal del ser humano?. Conocida por muchos es la respuesta: la gloria de Dios. Sin embargo para aquellos que mantienen tensiones entre un Dios inherentemente glorioso, y un mandato (privilegio) al hombre de darle gloria, este capítulo puede entregar muchas luces sobre el crecimiento espiritual, y sobre la naturaleza misma de Dios y su dignidad de ser dueño supremo de nuestra adoración.

“En realidad, cuando hablamos de glorificar a Dios, estamos hablando de engrandecer su gloria ante el mundo. Por supuesto, no podemos añadir nada a esa gloria que constituye su misma esencia, pero sí nos es posible reflejar y exaltar la gloria divina delante de los demás”.[4]

El creyente que verdaderamente anhela crecer o iniciar un crecimiento espiritual, tiene a su disposición este gran recurso. Bíblicamente sólido, pastoralmente preciso. El corazón pastoral del pastor MacArthur no deja simplemente al creyente sumido en la desesperación y en el atasco, sino que enseña las herramientas que siempre hemos tenido. Sobre este punto, la labor del Espíritu Santo es exaltada. Mucha gente, afirma MacArthur, trata “de infundir energía a sus vidas espirituales por otros medios. Procuran generar su propio poder, buscan la asistencia de algún tipo de grupo de apoyo o indagan acerca de otras fuentes”.[5] Frente a esa realidad, concluye una afirmación que es completamente pertinente a la actualidad de la iglesia latinoamericana: “Todo menos recurrir a la única fuente de poder que Dios quiso que utilizaran [los creyentes]: Su Espíritu que mora en ellos”.[6]

Un recurso de buenas noticias
Es visible que este libro se sostiene en la misma seguridad del apóstol Pablo, en Filipenses 1:6, cuando dice: estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. (LBLA, énfasis añadido) Sin dejar de lado el hecho, que estamos llamados a ocuparnos en nuestra salvación, en todo ello, es la obra de Dios la que siempre prevalece, es Su gloria la que brilla, y es Su amor por nosotros el que por gracia nos permite crecer por amor a Él (1 Juan 4:19).

Considero que este es sin duda uno de los libros más ricos en las realidades prácticas de la vida cristiana, escritos por el pastor MacArthur. Sin duda, su experiencia le capacita para escribir un libro que en su propia opinión, es tanto una verdad bíblica, como un reflejo de su vida de crecimiento, proceso que no ha sido fácil. Es un libro completamente recomendado; no debe ser solamente leído. Es necesario que sea releído, apuntado en notas y asimilado su mensaje relevante para el crecimiento del Pueblo de Dios.

Como reseñista, recomiendo este libro, pero quisiera tomarme la licencia de invitar a quienes adquieran el texto, a estudiar de manera profunda el capítulo 4 (La obediencia). La exposición bíblica de la historia de Noé, su vida de obediencia, su persistencia en la predicación, su fe absoluta en lo que Dios aseguró (aún sin haber visto siquiera lluvia); es un trabajo maravilloso de la pluma del pastor John MacArthur. Quisiera que los lectores fueran confrontados por dicho capítulo, es un examen profundo de las falsas profesiones de fe en la iglesia, y sin duda una gran oportunidad de examinación de nuestro camino con Dios. ¿Realmente creemos Su Palabra? ¿Incluso si pasaran 100 años? No quiero adelantar más, solo léanlo.

Llaves del crecimiento espiritual: Descubra los tesoros de Dios, es un libro que debe ser leído por los creyentes que desean crecer espiritualmente para la gloria de Dios, y con ello me refiero a todos los creyentes. Dios en toda su revelación en las Escrituras señala que desea una relación con nosotros. Teniendo ya nuestra salvación en Cristo, esta obra le señalará aquellas puertas que dan acceso a un continuo crecimiento en la gracia y en la fe.

“Es maravilloso estar rodeados de bebés, pero estos no ayudan mucho en la casa. Por desgracia, lo mismo podría decirse de bastantes cristianos: su falta de madurez espiritual reduce sobremanera su utilidad para la causa de Cristo”.[7]

John F. MacArthur. Llaves del crecimiento espiritual: Descubra los tesoros de Dios. 2014. Editorial Portavoz. 188pp.
[1] Sproul, R. C. (1996). Cómo estudiar e interpretar la Biblia. Editorial Unilit Miami FL, 33172.
[2] p. 12
[3] p. 149
[4] p. 23
[5] p. 75
[6] p. 75
[7] p. 149

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 2da parte

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 2da parte

Robert Rothwell

Nota del editor: Esta es la segunda parte del tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

En la primera parte de este artículo, nos enfocamos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era primitiva. En esta oportunidad veremos algunos ejemplos bíblicos durante la era patriarcal.

La era patriarcal

No es sorprendente que también veamos fidelidad en las cosas pequeñas durante la era patriarcal. En diferentes momentos cruciales, Dios usó la fidelidad de un patriarca en deberes pequeños para que Su plan de salvación avanzara.

A Jacob le tomó toda una vida aprender que no puedes servir al Señor usando el engaño. Sin embargo, aun cuando este timador usaba su ingenio para salir de apuros, ponía atención a las cosas pequeñas. Considera el tiempo en que vivió con Labán. Pensando que iba a casarse con Raquel, la hija de Labán, Jacob pasó siete años sirviendo fielmente a su futuro suegro. Día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hizo todas las tareas, grandes y pequeñas, que Labán le daba. Entonces, luego de que Labán lo engañara y lo hiciera casarse con Lea, Jacob pasó otros siete años sirviendo fielmente a su suegro para poder casarse con Raquel. Durante siete años más, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, Jacob hizo todo lo que Labán le pidió (Gn 29:1-30). ¿Cuál fue el resultado de todo esto? Jacob recibió dos esposas de las cuales nacieron las doce tribus de Israel, la nación mediante la cual Dios iba a darle Su Mesías al mundo. Además, la fidelidad de Jacob en las cosas pequeñas mientras servía a Labán aumentó tanto la riqueza de Jacob como la de Labán, lo que le permitió al patriarca mantener a su familia y verla crecer en los años posteriores a su servicio (Gn 29:31 – 30:24).

José, el hijo de Jacob, sufrió mucho durante su vida. Sin embargo, a lo largo de toda ella, él fue fiel en las cosas pequeñas. Aunque comenzó como un humilde esclavo en la casa de Potifar, José se convirtió en el mayordomo de la casa debido a su atención persistente a los asuntos de Potifar. Dicho simplemente, no era posible ascender a una posición tan alta en la casa de una autoridad egipcia importante a no ser que uno se asegurara de recordar todos los detallitos involucrados en la buena administración de un hogar. Por tanto, «todo lo que [Potifar] poseía lo dejó en mano de José, y con él allí no se preocupaba de nada, excepto del pan que comía» (Gn 39:1-6). Josué fue tan fiel a su amo que se resistió a las insinuaciones sexuales de la esposa de Potifar. Podríamos haber esperado que José —al terminar en la cárcel debido a que Potifar le creyó más a su mujer que a su mayordomo fiel— pensara dentro de sí: «Esta fidelidad en las cosas pequeñas es absurda. Mira dónde me trajo. De ahora en adelante solo voy a hacer lo que yo quiera y a preocuparme por mí mismo» (ver 39:7-20). Sin embargo, si José alguna vez tuvo tal pensamiento, nunca actuó en conformidad a él. Sí, Dios permitió que José hallara gracia ante los ojos del carcelero, pero no podemos pensar que eso no tuvo que ver con la fidelidad de José en las cosas pequeñas. El carcelero vio en José la misma atención a los detalles que había visto Potifar, y puso a José a cargo de los prisioneros (vv. 21-23). Sabemos lo que pasó después. José llegó a ser conocido como intérprete de sueños, lo que lo llevó a servir a Faraón, a darle alimento a las naciones durante una gran hambruna y a llevar a su familia a Egipto, donde ellos pudieron crecer y convertirse en la nación de Israel. José recorrió este camino siendo fiel en las cosas pequeñas, lo que a su tiempo bendijo al mundo con alimento y con la nación de donde vendría el Salvador.


Nota del editor: En la tercera parte de este artículo,, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era del éxodo.
Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell

Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.

Criando niños en una cultura permeada por la pornografía

Soldados de Jesucristo

Marzo 27/2021

Criando niños en una cultura permeada por la pornografía

9Marcas

Un artículo reciente en The Telegraph destaca los síntomas trágicos de una crisis que está infectando nuestra cultura a nivel mundial. La crisis del auge de la pornografía. Ese escrito se centra principalmente en los adolescentes y en la disfuncionalidad que se ha convertido en lo normal en sus estilos de vida, como resultado de consumir pornografía. Siendo esto así, ¿cómo pueden los padres criar a sus hijos en una cultura permeada por la pornografía? He aquí ocho sugerencias para este problema que cada vez es mayor.

1. Procura dar a tus hijos una visión de un Dios enorme, que es gloriosamente precioso

No podemos solo decirle a nuestros hijos que dejen de comportarse de cierta manera; también debemos enseñarles a gozar de lo que Dios ha hecho. He estado tratando de hacer una disciplina de señalar todo lo bueno que Dios ha hecho en la creación. Hace unas semanas fue una bendición ver a mis dos hijos mayores pasar horas recogiendo las frambuesas silvestres que crecen en el patio de la casa de sus abuelos. Ellos necesitan que se les recuerde la bondad de Dios al darnos estas maravillosas bendiciones creadas, como las frambuesas. Si no tenemos cuidado, podemos llegar a ser gnósticos funcionales (la carne y la materia es mala, sólo lo que es «espiritual» tiene valor) en nuestra comunicación sobre la ética sexual con nuestros hijos. Un verso útil para memorizar es 1 Timoteo 4:4 («Porque todo lo creado por Dios es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias»). En pocas palabras, quiero que mis hijos sepan que la perversión sexual es la cumbre de la idolatría (Ro. 1), pero también que la integridad sexual es la cumbre de la belleza. Esto exige que hablemos de ello, probablemente un poco más allá de donde nos sintamos cómodos o de lo que experimentamos cuando éramos niños. Pero es un mundo nuevo, y un mundo nuevo exige un nuevo tipo de comunicación para educar a nuestros hijos.

2. Enséñales el evangelio—nuestros niños son automáticamente legalistas

Ellos deben vernos modelar el evangelio a través del arrepentimiento y el perdón activo. Tienen que saber que su aceptación delante de Dios no se basa en su comportamiento, sino en Cristo. Tienen que saber que su posición como miembro de la familia no depende de su obediencia, pero sí conlleva un cierto tipo de vida. Por ejemplo, cuando estamos disciplinando a nuestros hijos, a menudo decimos: «Puesto que eres un miembro de esta familia, y como te quiero mucho, no vas a hacer esto». Considera la diferencia a decir, «Si quieres que te ame, y si deseas continuar viviendo en esta casa, es mejor que dejes de hacer esto». Los indicativos de nuestra fe deben preceder e informar a los imperativos. No invirtamos el orden.

3. Enséñales que los límites traen libertad y la obediencia es una bendición

Cuando yo era un niño, yo pensaba que si metía la pata, Dios me iba a golpear con un gran palo. Esto nadie me lo enseñó, pero es lo que sentía. Mi obediencia no era motivada por amor, sino por miedo al castigo. Esto no me llevó muy lejos. Cuando mis hijos estén en la edad adecuada planeo decirles que el pecado sexual nunca les dará la libertad que anhelan. Pueden optar por cosechar las consecuencias perjudiciales de la desobediencia, pero voy a alertarles con las Escrituras y la experiencia, de modo que ellos no quieran recorrer ese camino hacia la perdición. La obediencia conduce a la bendición.

4. Habla con ellos más pronto que tarde sobre el sexo y la pornografía en Internet

Cuando tenía 8 años, me acuerdo de ir a la casa de al lado, al garaje del vecino. Como cualquier niño curioso, disfrutaba husmear un poco. Pronto descubrí que él tenía cajas llenas de revistas pornográficas. A veces un amigo y yo nos colábamos por allí, tomábamos unas cuantas y nos sentábamos en los arbustos a mirar a las mujeres desnudas. En aquel entonces esa tarea era arriesgada, y sentía mariposas en el estómago debido al temor de ser atrapado por mis padres o el vecino. Pero hoy en día lo único que se necesita es una puerta cerrada y una conexión a Internet. La más vil perversión imaginable está a solo dos clicks de distancia. Debemos comunicar en términos generales lo que está disponible y el porqué es tan destructivo. Algunos sostienen que esa conversación solo les moverá a curiosidad, pero ¿cuál es la alternativa? Yo prefiero que sean alertados por mí, para tener la oportunidad de darles las razones por las que deben evitarla, y las herramientas para luchar, a que algún día ellos tropiecen de manera inocente con la pornografía en Internet.

5. Comienza a entrenar a tus hijos en cómo interactuar con el sexo opuesto

Ya hemos comenzado a «tener citas» con nuestros hijos. Creemos que es crucial para ellos, a una edad temprana, saber y experimentar lo que se siente ser tratado correctamente por un miembro del sexo opuesto. Sobre todo para las niñas, la falta de una atención masculina sana por parte de su padre las llevará a buscar esta atención, de manera no sana, en hombres jóvenes que estarán más que felices de proporcionársela. Mis hijos tienen que aprender que las mujeres no son objetos a ser consumidos, sino portadoras de la imagen de Dios a ser amadas.

6. Cuida con quién pasan el tiempo tus hijos

Dado que la exposición sexual es mucho más accesible hoy en día que hace 25 años, debemos estar más conscientes de con quién nuestros hijos se relacionan. Pero llegará una época (más temprano de lo que me gustaría pensar) cuando no vamos a ser capaces de protegerlos como quisiéramos, pero esperamos que los criterios antes mencionados se hayan arraigado en sus vidas, y que estén en condiciones de tomar decisiones sabias. Sin embargo, tenga cuidado; no lleve esto a los extremos y comience a comunicar un temor enfermizo por los incrédulos. Mientras más adultos se van haciendo nuestros hijos, más tenemos que dejarlos ir y orar porque nuestra formación haya echado raíces. Realmente no hay otra opción. Debemos formar a nuestros niños para que estén suficientemente protegidos y lleguen seguros a una edad apropiada, pero al mismo tiempo que estén lo suficientemente informados para tomar decisiones acertadas por su propia cuenta. No guarde a sus hijos detrás de la fortaleza de su supervisión hasta que tengan 18 años. Esto requiere gran sabiduría. No hay manual. Tenemos que ser padres de oración.

7. Protege el ordenador y apaga el televisor

Tenemos Covenant Eyes en todos nuestros ordenadores y, a través del AppleOS, nuestros hijos sólo pueden acceder a los sitios web que hemos aprobado. Sin duda esto va a cambiar a medida que se hagan mayores, pero espero que cuando llegue ese tiempo hayan interiorizado el evangelio y probado las bendiciones de la obediencia. La victoria sobre la pornografía es en última instancia un asunto del corazón, pero esto no significa que debamos abandonar las estructuras preventivas. Nunca diría: «Quiero saber si mi obediencia está motivada por algo más que seguir las reglas correctas, así que ¡voy a sumergirme en situaciones imprudentes a ver si soy lo suficientemente fuerte como para resistir el pecado!». Eso es un absurdo (1 Co. 10:12-13). Necesitamos corazones adecuados para no ser legalistas, pero también los límites adecuados pueden ayudarnos a disfrutar de la bendición de la obediencia. El televisor les mostrará a tus hijos en todo momento una pornografía sutil y funcional. Hay un sinnúmero de cosas mejores que hacer con los niños que ver televisión. Lee con ellos, haz deporte con ellos, disfruta de la creación con ellos, cuéntales una historia, o simplemente comparte en una actividad que ellos elijan. La frase clave aquí es con ellos. Si pasan más tiempo con la televisión que contigo, ustedes están en problemas.

8. Trata de cultivar una relación con tus hijos de tal manera que se sientan que pueden ser abiertos contigo sobre cualquier cosa

Como padre joven, no estoy totalmente seguro de cómo hacer que esto suceda, pero sé que va a venir a través de modelar la apertura. Trato de extraer las cosas de su corazón y mostrarles que si son honestos conmigo, voy a ser justo, amoroso y compasivo. Si me ven como cerrado y reservado, ¿por qué voy a esperar que sean diferentes? Por último, ¿alguna vez te arrepientes delante de tus hijos? Si ellos nunca ven que te arrepientes, ¿qué te hace pensar que van a venir en busca de ayuda después de ver pornografía en Internet por primera vez? Modelar el arrepentimiento a nuestros hijos es probablemente la manera más rápida de demostrar que creemos en el evangelio y somos un refugio seguro en medio de su pecado.

Escrito por Zach Nielsen, es uno de los pastores en The Vine Church en Madison, Wisconsin, Estados Unidos, donde sirve en el área de predicación, desarrollo de liderazgo y música. Es un graduado de la Universidad de Northern Iowa y el Seminario Covenant Theological, y bloguea en Take Your Vitamin Z.

Publicado también en la Revista 9Marcas #9 | El Cristiano, La Iglesia Local y la Pornografía | Puedes descargarla gratis aquí

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 1ra parte

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 1ra parte

Robert Rothwell

Nota del editor: Esta es la primera parte del tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

«Las cosas pequeñas son las que más importan». ¿Alguna vez has escuchado esa frase? Tal vez tú mismo la has dicho. Se usa con tanta frecuencia que se ha vuelto un cliché. Sin embargo, la particularidad de los clichés es que a menudo surgen y se popularizan porque hay algo de verdad en ellos.

Las cosas pequeñas sí importan. Las palabritas de aprecio que habitualmente dirigimos a nuestros amigos, familiares, empleados, supervisores y demás los edifican y mantienen las relaciones. Llevar el carro al mecánico cuando comienza a hacer un pequeño ruido puede solucionar un problema antes de que se requiera una reparación más costosa. Como escritor y editor, confieso que las cosas más fáciles de pasar por alto son las pequeñas: las comas, las letras traspuestas en una palabra, un número equivocado en una referencia bíblica, una palabrita como ni o no. Pasar por alto cosas como estas puede cambiar todo el sentido de una oración o producir confusión donde debería haber claridad.

La infidelidad en las cosas pequeñas le ha causado muchísimos problemas al pueblo de Dios a lo largo de la historia.

Siempre ha sido vital prestar atención a las cosas pequeñas y ser fieles en ellas. De hecho, nuestra misma salvación dependió de las cosas pequeñas. Por el contrario, la infidelidad en las cosas pequeñas le ha causado muchísimos problemas al pueblo de Dios a lo largo de la historia. Estamos familiarizados con los eventos grandiosos de la historia de la redención: la división del mar Rojo por parte de Moisés, la invasión de la tierra de Canaán liderada por Josué, la valentía de Ester ante el rey de Persia, la muerte y resurrección de Cristo. En la providencia de Dios, no habríamos sido salvos sin estas cosas. Sin embargo, la Biblia no solo incluye testimonios de milagros espectaculares, de acciones magníficas y arriesgadas y de líderes valientes, sino también de pequeños actos de fidelidad. En ocasiones, los personajes destacados de la historia de la salvación —los que todos recuerdan— sirvieron fielmente a Dios en las cosas pequeñas. En otras ocasiones, figuras menos conocidas realizaron pequeños actos de fidelidad. Pero independientemente de la fama o el anonimato de estos personajes, su fidelidad en las cosas pequeñas ha sido usada por Dios para salvar a Su pueblo y edificar a Su Iglesia. Veremos esto en esta breve sinopsis del testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas, también refiriéndonos de vez en cuando a actos significativos de infidelidad en las cosas pequeñas.

La era primitiva

Tristemente, el primer ejemplo bíblico que muestra la importancia de prestar atención a las cosas pequeñas es la infidelidad que condujo a nuestra necesidad de salvación. Por supuesto, estamos hablando del pecado de Adán y Eva. Nuestros primeros padres, creados por Dios y puestos en un jardín frondoso con todo lo que necesitaban para cumplir la misión del Señor, debían ser fieles en algo muy pequeño. En los mandamientos que recibieron Adán y Eva, nuestro Creador incluyó una pequeña ley negativa que decía que no debían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Nuestros primeros padres no tenían una naturaleza caída. Podían comer de todas las otras frutas que había en el jardín —de hecho, en el planeta—. No comer del fruto prohibido era algo pequeño. Sin embargo, Adán y Eva fueron infieles en esta única cosa pequeña. Al comer del fruto, sumieron al mundo en el pecado (Gn 3).

Pero en la era primitiva también encontramos ejemplos de fidelidad en las cosas pequeñas. Génesis 4:3-5 nos dice que Abel se fijó en su rebaño y le trajo a Dios los primogénitos y la grosura, lo mejor que tenía. Ciertamente, Abel tenía que prestar mucha atención a cosas pequeñas para poder hacer esto. Tenía que recordar cuáles corderos habían nacido primero entre las muchas ovejas que tenía. Tenía que buscar cuidadosamente debajo de la lana de sus ovejas para detectar los pequeños defectos que pudieran impedir que un cordero fuera una ofrenda digna para el Señor. Abel hizo esto, dándonos así un ejemplo de adoración verdadera. Caín, el hermano de Abel, se destaca por haber hecho lo contrario. Él no prestó atención a las cosas pequeñas cuando recolectó el fruto para su ofrenda. El texto parece indicar que Caín no ofreció lo primero ni lo mejor. Dio porque tenía que hacerlo. Tal vez no examinó cada gajito de uva, cada semillita de granada, para asegurarse de que no tuvieran imperfecciones y fueran adecuados para ser ofrecidos a Dios.

Al considerar la fidelidad en el período primigenio, no podemos olvidar a Noé. Génesis 6:9 nos dice que «Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios». La frase «andaba con Dios» se refiere a su comunión cotidiana con el Señor y su servicio a Él. No se trataba de nada espectacular. Noé no hizo ningún milagro estupendo antes, ni después, de construir el arca. Simplemente fue un hombre en un mundo lleno de injusticia, una sola persona santa que, a pesar de ser pecador, fue fiel al Creador en las cosas grandes y en las cosas pequeñas cuando nadie más lo fue. Hubo un período breve en el que Noé no fue fiel en las cosas pequeñas. Génesis 7:6 nos informa que tenía seiscientos años cuando entró al arca con su familia. Su rol esencial durante el gran diluvio fue precedido por seis siglos de fidelidad, incluyendo los años dedicados a la construcción de un arca que sobreviviría el diluvio sin inconvenientes durante los ciento cincuenta días en que las aguas prevalecieron sobre la tierra (v. 24). Cada medición tenía que ser exacta, cada pequeña grieta debía ser sellada con brea para crear un buque apto para navegar y que pudiera preservar tanto a los humanos como a los animales (Gn 6:14-16). Noé fue fiel en cada ínfimo detalle del arca y, por medio del arca, Dios salvó a la humanidad.


Nota del editor: En la segunda parte de este artículo,, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era patriarcal.
Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell

Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.

¿Cómo puedo reconocer a un falso maestro o un falso profeta?

Got Questions

¿Cómo puedo reconocer a un falso maestro o un falso profeta?

Jesús nos advirtió que vendrían “falsos Cristos y falsos profetas” e intentarían engañar aún a los elegidos (Mateo 24:23-27; ver también 2 Pedro 3:3 y Judas 17-18). La mejor defensa que puedes tener contra la falsedad y los falsos maestros es conocer la verdad. Para descubrir lo falso, estudia lo verdadero. Cualquier creyente “… que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15), y que hace un cuidadoso estudio de la biblia, puede identificar la falsa doctrina. Por ejemplo, un creyente que ha leído las actividades del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en Mateo 3:16-17 cuestionará inmediatamente cualquier doctrina que niegue la Trinidad. Por lo tanto, el “primer paso” es estudiar la biblia y juzgar toda enseñanza bajo la luz de lo que dice la Escritura.

Jesús dijo que “… por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12:33). Cuando buscamos el “fruto,” aquí hay tres pruebas específicas para aplicar a cualquier maestro y determinar la veracidad de sus enseñanzas:

1) ¿Qué dice este maestro acerca de Jesús? En Mateo 16:15-17, Jesús pregunta, ¿…quién decís que soy yo? Pedro respondió, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Y por ello, Pedro es llamado “bienaventurado”. En 2 Juan 9 leemos, “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”. En otras palabras, Jesucristo y Su obra de redención son de máxima importancia; cuídate de cualquiera que niegue que Jesús es igual a Dios, y que subestime la muerte sustitutiva de Jesús, o rechace la humanidad de Jesús. 1 Juan 2:22 dice, “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

2) ¿Este maestro predica el Evangelio? El Evangelio es definido como las buenas nuevas concernientes a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, de acuerdo a las Escrituras (1 Corintios 15:1-4). Aunque suenen muy agradable las declaraciones de “Dios te ama”, “Dios quiere que alimentemos a los hambrientos”, y “Dios quiere que seas próspero,” ese NO es el mensaje completo del Evangelio de Cristo. Como Pablo advierte en Gálatas 1:7, “… hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo”. Nadie, ni siquiera un gran predicador, tiene el derecho de cambiar el mensaje que Dios nos dio. “… Si alguno predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:9).

3) ¿Este maestro demuestra cualidades de carácter que glorifican al Señor? Hablando de falsos maestros, Judas 11 dice, “¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”. En otras palabras, un falso maestro puede ser conocido por su orgullo (el rechazo de Caín al plan de Dios), codicia (la profecía de Balaam por dinero), y rebelión (la autopromoción de Coré sobre la autoridad de Moisés). Jesús dijo que nos cuidáramos de tales personas y que las conoceríamos por sus frutos (Mateo 7:15-20).

Para un estudio más profundo, revisa aquellos libros de la biblia que fueron escritos específicamente para combatir las falsas enseñanzas dentro de la iglesia: Gálatas, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan y Judas. Con frecuencia es difícil detectar un falso maestro o un falso profeta. Eso es a lo que se refiere la frase de un “lobo con piel de oveja”. Satanás y sus demonios se disfrazan como “ángeles de luz” (2 Corintios 11:14), y “…sus ministros se disfrazan como ministros de justicia…” (2 Corintios 11:15). Solamente estando totalmente familiarizados con la verdad, estaremos en condiciones de reconocer una falsificación.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Nuestro llamado a la fidelidad

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

Nuestro llamado a la fidelidad

Daniel Timmer

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

Ser cristiano es ser llamado a una vida de fidelidad. No obstante, el deber de la fidelidad cristiana, propiamente entendido, debe verse como nuestra respuesta a la fidelidad de Dios. Por supuesto, antes de que podamos hablar de la fidelidad de Dios hacia nosotros, primero debemos recordar que Dios es supremamente fiel a Sí mismo. Él siempre actúa en perfecta conformidad con Su propio carácter y propósito sagrados. Su objetivo singular es Su propia gloria y Él es infaliblemente fiel a esa meta. En Isaías 48:9-11, el motivo del Señor para restringir Su juicio es Él mismo y la gloria de Su propio nombre: 

Por amor a Mi nombre contengo Mi ira,
y para Mi alabanza la reprimo contigo
a fin de no destruirte.
He aquí, te he purificado, pero no como a plata;
te he probado en el crisol de la aflicción.
Por amor Mío, por amor Mío, lo haré,
porque ¿cómo podría ser profanado Mi nombre?
Mi gloria, pues, no la daré a otro. 

Del mismo modo, la gran promesa del nuevo pacto en Ezequiel 36 se da en el contexto de la determinación de Dios de actuar por amor a Sí mismo: 

Por tanto, di a la casa de Israel: «Así dice el Señor Dios: “No es por vosotros, casa de Israel, que voy a actuar, sino por Mi santo nombre, que habéis profanado entre las naciones adonde fuisteis. Vindicaré la santidad de Mi gran nombre profanado entre las naciones, el cual vosotros habéis profanado en medio de ellas… Entonces os rociaré con agua limpia… Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros… Pondré dentro de vosotros Mi espíritu y haré que andéis en Mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente Mis ordenanzas» (Ez 36:22-27). 

La gloria de Dios, el honor de Su nombre, está en juego en todo lo que Él hace. Entonces, ante todo, Dios es siempre fiel a Sí mismo. En 2 Timoteo 2:13, la razón por la que Dios permanece fiel incluso si nosotros somos infieles es que «no puede negarse a Sí mismo». Es imposible que Dios sea infiel, incluso frente a nuestras muchas infidelidades. Dios debe ser fiel a Sí mismo. Esta necesaria fidelidad de Dios hacia Sí mismo es el fundamento de nuestra esperanza y la fuente de toda bendición que podamos conocer. De ella brota todo despliegue de la gloria, la grandeza y la gracia de Dios. Sobre ella descansa la confiabilidad de cada una de Sus promesas. Es el fundamento del evangelio y la raíz de la redención ganada para los pecadores en Jesucristo. La encarnación, los sufrimientos y la gloria de nuestro Salvador pueden entenderse como el derramamiento de la fidelidad divina. Jesús vino, sangró y murió porque Dios es fiel a Sí mismo. 

La fidelidad de Dios a Sí mismo y de Cristo al Padre proporciona las raíces profundas de la fidelidad de Dios a Su pueblo pactual.

Esto explica la fidelidad de Cristo hacia Dios. Al comparar a Cristo con Moisés, el escritor de Hebreos nos invita a 

[considerar] a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. El cual fue fiel al que lo designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios… Y Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde; pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios (Heb 3:1-25-6). 

La fidelidad de Cristo a Dios es la fidelidad del Hijo hacia Su Padre, procurando nuestra salvación según los términos del pacto de redención. Esto significa que cada vez que hablamos de la fidelidad de Dios en Cristo hacia nosotros, estamos viendo solo la punta del iceberg. La fidelidad de Dios que experimentamos en el evangelio es la parte que podemos ver por encima de la superficie del agua, pero debajo de esta verdad, dándole flotabilidad, sosteniéndola para que podamos conocerla y deleitarnos, está la parte mayor de la fidelidad de Dios, a menudo desapercibida y pasada por alto: Su fidelidad a Sí mismo y la fidelidad del Hijo al Padre en el cumplimiento de nuestra redención para la gloria del nombre de Dios. 

Cambiando la metáfora, la fidelidad de Dios a Sí mismo y de Cristo al Padre proporciona las raíces profundas de la fidelidad de Dios a Su pueblo pactual. Esta gloriosa visión intratrinitaria de la fidelidad divina, a su vez, suministra la vida de la cual brota el fruto de nuestra fidelidad a Dios. Somos fieles a Dios porque Él es fiel a nosotros. Pero, como hemos visto, Él es fiel a nosotros, porque Él es fiel a Sí mismo. Él actúa por «amor a Su nombre». 

Es por esto que la fidelidad cristiana se describe como un fruto del Espíritu (Gál 5:22). Siendo Él mismo el don de la fidelidad divina, el Espíritu produce en nosotros la virtud de la fidelidad a Dios. Los santos a quienes Pablo dirige sus epístolas a los Efesios y a los Colosenses son llamados «fieles en Cristo Jesús» (Ef 1:1Col 1:2). La fidelidad marca a los cristianos, no como la base de su aceptación ante Dios, sino como la evidencia de esta.

A veces, la fidelidad en el Nuevo Testamento se relaciona con la perseverancia. En Hechos 11:23, cuando llegaron a Jerusalén las noticias de la iglesia que había iniciado en Antioquía, la iglesia de Jerusalén envió a Bernabé, el cual, «cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor». Del mismo modo, en Apocalipsis 2:10, se exhorta a la Iglesia con estas palabras: «Sé fiel hasta la muerte, y [Cristo] te dar[á] la corona de la vida».

Sin embargo, es bueno observar que el Nuevo Testamento usa el vocabulario de la fidelidad más comúnmente en el contexto de la mayordomía de nuestros dones para el ministerio y el servicio. Uno piensa aquí en la punzante reprensión que dio nuestro Salvador a los escribas y fariseos en Mateo 23:23. Ellos pagaban el diezmo «de la menta, del eneldo y del comino», pero descuidaban «los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad». Aquí vemos que la fidelidad está coordinada con la justicia y la misericordia y, por lo tanto, debe referirse a nuestra fidelidad hacia nuestro prójimo en el servicio a Dios. O piensa en las inquisitivas parábolas de Mateo 24:45-51 y 25:14-30, en las que el siervo fiel y sabio entra en el gozo del Señor porque ha actuado sabiamente con los recursos de la casa de su amo. Por el contrario, el siervo infiel es juzgado más severamente y arrojado a las tinieblas de afuera, donde es el llanto y el crujir de dientes. La gran evidencia de una correcta relación con Dios es la mayordomía fiel de Su gracia en nuestras vidas para Su gloria. El fracaso en la fidelidad demuestra que no somos buenos administradores y que no pertenecemos a Su reino. La inactividad en el servicio a nuestro Señor es ciertamente muy peligrosa cuando afirmamos haber sido hechos receptores de Su fidelidad en Cristo. 

Además, Pablo elogia repetidamente la fidelidad como la marca esencial de un consiervo o ministro del evangelio (Timoteo en 1 Co 4:17; Tíquico en Ef 6:21 y Col 4:7; Epafras en Col 1:7; Onésimo en Col 4:9). En 1 Corintios 4:1-2, Pablo dice: «Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, además se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel». La fidelidad es la marca de los ministros del evangelio y de los siervos cristianos. Es por eso que Pablo insta a Timoteo en 2 Timoteo 2:2 a encargar su enseñanza «a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros». 

Entonces, queda claro que la fidelidad conlleva la sabia mayordomía de la Palabra de Dios. Implica tanto la diligencia en la ética de trabajo como la habilidad para dar a conocer la verdad siempre que la oportunidad lo permita. Esto es lo que significa ser un fiel administrador. Sin embargo, la fidelidad es un término ministerial que se aplica a todos los cristianos, no solo a los ministros ordenados del evangelio. En 3 Juan 5-6, por ejemplo, el Apóstol describe la práctica de la hospitalidad cristiana como un acto de fidelidad: «Amado, estás obrando fielmente en lo que haces por los hermanos, y sobre todo cuando se trata de extraños; pues ellos dan testimonio de tu amor ante la Iglesia». 

Lo maravilloso de cómo la Biblia presenta la fidelidad cristiana es que cuando los creyentes escuchen al fin las palabras «bien, siervo bueno y fiel» de boca de nuestro Señor en cuya casa hemos sido siervos, sabremos —de maneras que aquí solo vislumbramos y a menudo pasamos por alto— que toda nuestra fidelidad en la tierra no fue más que el producto de la fidelidad de Dios a Sí mismo. Gran parte del gozo del Señor en el cual entraremos aquel día será descubrir que Cristo nos recompensa por el fruto de Su propia gran obra por nosotros en la cruz y en nosotros por Su Espíritu. Nos postraremos y confesaremos que somos siervos indignos, habiendo cumplido tan solo con nuestro deber (Lc 17:10), pero Cristo nos dará Su gloria en abundancia y nos acogerá en Su presencia con gozo en el acto final de la fidelidad del pacto. «Fiel es el que os llama, el cual también lo hará» (1 Tes 5:24).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David Strain
David Strain

El Dr. David Strain es el ministro principal de la First Presbyterian Church en Jackson, Mississippi, y el presidente del consejo de Christian Witness to Israel (North America) [Testigos cristianos a Israel (Norteamérica)].

Dios es fiel

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

Dios es fiel

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

Parece algo difícil de admitir, pero como pastor que está a la vista pública, me ha resultado desafiante a lo largo de los años encontrar formas de servir a la gente sin que nadie se dé cuenta. Mucho del ministerio pastoral puede ser visto públicamente, como predicar los domingos o visitar a alguien en el hospital. Pero las cosas pequeñas también importan: orar por nuestros rebaños, escribir tarjetas y cartas de aliento y llamar para dar seguimiento a miembros de la congregación a fin de consolarlos y ayudarlos. Aunque tengo algunos amigos en la Iglesia a los que les gusta bromear diciendo «los pastores solo trabajan los domingos» la realidad es que no veo lo que hago los domingos como parte de mi semana laboral. El día del Señor es un dia de descanso y adoración tanto para mi como para cualquier cristiano. Aunque es agotador de por sí predicar en los dos servicios matutinos y en el vespertino (sin mencionar el hablar con la gente durante el día cuando el tiempo lo permite) es un placer hacerlo. De modo que, cuando la gente me pregunta «¿cuándo es tu día de reposo?», respetuosamente respondo: «El mismo día que el tuyo». Es el día del Señor para los pastores así como es el día del Señor para los miembros del coro, músicos, maestros de escuela dominical, diáconos, ancianos, anfitriones, ujieres y todos los que sirven al Señor de diversas maneras los domingos. 

Dios nos ha llamado a descansar en Cristo a medida que lo seguimos a Él por Su gracia y para Su gloria.

Independientemente, todos los cristianos sirven al Señor de maneras visibles, no solo los pastores. Ya sea que tengamos títulos y roles oficiales en el ministerio o no tengamos un título en particular en el ministerio (como la mayoría de los cristianos), estamos llamados a servir al Señor fielmente, no solo en las cosas grandes que la gente ve sino en las cosas pequeñas que pocos, si acaso, ven. La vida está compuesta, mayormente, de cosas pequeñas: hacer la cena, lavar los platos, conversar con un vecino o cambiar un pañal. Mucha de nuestra fidelidad al Señor está en nuestro esfuerzo por ser fieles en las cosas pequeñas de la vida. Sabemos que Dios siempre ve: Él ve las cosas grandes que hacemos y las cosas pequeñas que hacemos, y como nuestro Padre celestial, se preocupa por todas ellas. Él siempre ve y recompensa (Mt 25:21), en tanto que nuestras motivaciones sean las correctas y no estemos practicando nuestra justicia delante de los demás con el objeto de ser vistos y alabados por ellos (6:1-4). Dios nos llama a esforzarnos para ser fieles en todo en la vida, en las cosas grandes, las cosas pequeñas y en todo lo que está entre ellas, descansando en la gloriosa verdad de que Jesús fue fiel en todo. Él obedeció cada iota y tilde de la ley, y murió en la cruz por nuestra infidelidad a Él. Nuestra más grande esperanza no está nuestra total y completa fidelidad en todo, sino en la fidelidad de nuestro Dios, quien nos ha llamado a descansar en Cristo a medida que lo seguimos a Él por Su gracia y para Su gloria, mientras vivimos delante de Su faz, coram Deo.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

¿Cómo puedo orar por el mundo?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Cómo puedo orar por el mundo?

Daniel Timmer

Nota del editor: Este es el último de 25  capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

La Iglesia global y el mundo pueden parecer un par extraño por el cual orar, pero la relación teológica entre ellos indica que difícilmente podemos orar por uno sin orar por el otro. La Iglesia sale del mundo y no es del mundo (Jn 17:6), pero a pesar de la diferencia radical que hay entre ellos y de la oposición del mundo al mensaje bíblico (v. 14), la Iglesia solo puede cumplir su misión en el mundo (vv. 15, 18). El mundo no puede ser salvo independientemente de la Iglesia, ya que Dios ha escogido a la Iglesia como Su instrumento para proclamar el evangelio (Rom 10:13). Nuestras oraciones por la Iglesia, como las que están registradas en la Escritura, deben enfocarse en lo que la Iglesia necesita para desempeñar fielmente su misión: esto es, conocer al Dios triuno en toda Su grandeza, y conocer la salvación a través de Jesucristo en toda su gloria y plenitud (Ef 1:15-23Col 1:12); por fidelidad en medio de las pruebas (Ap 2:10); por una proclamación fiel, clara y organizada del evangelio (2 Tim 4:2); y por un estilo de vida (Mt 5:16) y una unidad (Jn 17:20-21) que no perjudiquen el mensaje del evangelio. Los que no vivimos bajo persecución debemos orar especialmente por aquellos que sufren a causa de su fe (Heb 13:3). Finalmente, todas estas peticiones están enfocadas en la meta principal de la Iglesia: la gloria del Dios triuno (Ef 3:20-21).

La misión de la Iglesia y el mundo están entrelazados en la misión que el Cristo resucitado encomendó a la Iglesia.

Cuando oramos por el mundo, rogamos que Dios sea glorificado a través de aquellos que actualmente se rehúsan a glorificarle (Mt 6:9-10Rom 1:28), así como lo hicimos nosotros en otro tiempo (1 Co 6:11). Puesto que el mundo fue creado para la gloria de Dios, podemos orar confiadamente para que Dios reciba la alabanza debida a Su nombre a través de todo el mundo (Sal 67:35Ap 4:11). Independientemente de la forma y la intensidad de la oposición del mundo (Sal 2:1-3Jn 15:18-19Ap 12:1-6), Dios es Rey (Sal 2; 24; 96-99; Ap 5:13-14), y nada puede frustrar Su plan ni resistirse a Su poder.

Por último, oramos por el progreso del evangelio y por la eliminación de todo lo que obstaculiza que este sea proclamado con compasión por los perdidos (Mt 23:37), y oramos por sabiduría, amor y confianza en el poder del evangelio mientras testificamos de Cristo al mundo (Mt 5:13-16Flp 2:12-161 Pe 3:15).

Cuando oramos según estas pautas bíblicas, estamos orando para que Dios cumpla Su promesa a Abraham de que por medio de su simiente Él bendeciría a toda la tierra (Gn 12:1-3). La misión de la Iglesia y el mundo están entrelazados en la misión que el Cristo resucitado, quien tiene todo el poder tanto en el cielo como en la tierra (Mt 28:18-20), encomendó a la Iglesia. Oremos para que el evangelio «se extienda rápidamente» (2 Tes 3:1) por medio de Su poder y para Su gloria.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Daniel Timmer
Daniel Timmer

El Dr. Daniel Timmer es profesor de Estudios Bíblicos en el programa de doctorado del Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Mich. Es líder en la Reformed Church de Quebec y sirve en la Facultad de Teología Evangélica en Montreal.

SED DE DIOS Un Llamado al Valor Respecto a La Hombría y a La Feminidad en la Biblia

Esclavos de Cristo

SED DE DIOS Un Llamado al Valor Respecto a La Hombría y a La Feminidad en la Biblia

Albert Mohler

Las líneas de falla de la controversia en la Cristiandad contemporánea oscilan a través de un vasto terreno de temas, pero ninguno parece ser tan volátil como la cuestión del género sexual. Como Cristianos hemos estado pensando esto una y otra vez durante los años recientes, un claro modelo de divergencia ha aparecido. En juego en este debate, existe algo más importante que la cuestión del género sexual, ya que esta controversia alcanza las cuestiones más profundas de la identidad Cristiana y la autoridad bíblica.

Durante demasiado tiempo, aquellos que sostienen las interpretaciones tradicionales de la hombría y la feminidad, arraigadas profundamente tanto en las Escrituras como en la tradición, se han permitido el ser “empujados” a una postura defensiva. Dado el espíritu prevaleciente de la época y la enorme presión cultural hacia la conformidad, actualmente los tradicionalistas están siendo acusados de estar lamentablemente fuera de foco y desesperanzadamente pasados de moda. Ahora es un buen momento para reconsiderar los temas sobre la base de este debate y reasegurar los argumentos relativos a la hombría y feminidad bíblicas.

La cuestión más básica de esta controversia se reduce a lo siguiente: ¿Ha Dios creado a los seres humanos como hombre y mujer con una revelada intención respecto a cómo nos relacionamos uno con el otro? El mundo secular se encuentra actualmente profundamente comprometido a la confusión respecto a estos temas. Negando al Creador, el punto de vista del mundo secular entiende que el género sexual no es más que un subproducto accidental del ciego proceso de evolución. Por lo tanto, el género sexual se reduce a nada más que a la biología, tal como las feministas famosamente han argumentado, la biología no es destino.

Esta rebelión radical en contra del modelo del género sexual divinamente diseñado ha alcanzado actualmente los límites externos de la imaginación.

Si el género sexual no es más que un accidente biológico, y si los seres humanos no están por lo tanto moralmente obligados a tomar su sexo en forma significativa, entonces los teóricos radicales del género sexual y los defensores de los derechos homosexuales están, después de todo, en lo correcto. Ya que, si el género sexual es meramente incidental respecto a nuestra humanidad básica, entonces debemos ser libres de poder hacer cualquier ajuste, alteración o transformación respecto a las relaciones sexuales que cualquier generación pudiere desear o exigir.

El punto de vista mundano post-moderno abarca la noción del género sexual como una construcción social. Es decir, los post-modernistas argumentan que nuestras nociones de lo que significa ser hombre y mujer se deben enteramente a lo que la sociedad ha construido como sus teorías de masculinidad y feminidad. Por supuesto que la construcción social de toda la verdad es central para la mente post-modernista, pero cuando el tema trata del género sexual, los argumentos se tornan más volátiles. El feminismo se reduce al reclamo relativo a que las fuerzas patriarcales en la sociedad han definido a hombres y mujeres de modo tal que todas las diferencias atribuidas a las mujeres representan esfuerzos por parte de los hombres para proteger su posición de privilegio.

Por supuesto, la penetración de esta teoría explica por qué el feminismo radical debe necesariamente unirse a la agenda homosexual. Ya que, si el género sexual es socialmente construido, y por lo tanto, las diferencias entre hombres y mujeres no son más que una convención social, desde luego la heterosexualidad se torna nada más que en una forma culturalmente privilegiada de sexualidad.

La utopía prevista por las feministas ideológicas seria un mundo libre de toda preocupación respecto al género sexual – un mundo dondela masculinidad y la feminidad se borran como nociones anticuadas, y una era en la cual las categorías de hombre y mujer son maleables y negociables. Desde el punto de vista del post-modernismo, todas las estructuras son plásticas y todos los principios, líquidos.

La influencia de eras anteriores nos ha moldeado para creer que los hombres y las mujeres son distintos de maneras significativas, pero nuestra era recientemente liberada nos promete liberarnos de dichas mal concepciones y dirigirnos hacia un nuevo mundo de sentido transformado del género sexual.

Tal como una vez lo reflejó Elizabeth Elliot, “A través de los milenios de la historia humana, hasta hace alrededor de dos décadas, la gente tomó por concedido que las diferencias entre hombres y mujeres eran tan obvias que no necesitaban comentario alguno. Aceptaban las cosas tal cual eran.

Pero, nuestras fáciles suposiciones han sido atacadas y confundidas, de modo tal que hemos perdido nuestros conceptos en una niebla de retórica acerca de algo denominado igualdad, de modo tal que me encuentro en la incómoda posición de tener que atacar verbalmente con criticismo a la gente educada lo que alguna vez fue perfectamente obvio para el campesino más sencillo”.

En respuesta a ello, los tradicionalistas seculares argumentan que la experiencia histórica de la raza humana afirma distinciones importantes entre hombres y mujeres y diferentes roles para ambos sexos tanto en la familia como la sociedad más grande. Los tradicionalistas seculares tienen a la historia de su parte y su reclamo respecto a la autoridad está arraigada en la sabiduría acumulada de las eras. Respecto a la evidencia, estos tradicionalistas señalarían el modelo consistente del matrimonio heterosexual a través de culturas y la realidad histórica innegable respecto a que los hombres han predominado en posiciones de liderazgo y que los roles de las mujeres han estado mayormente definidos alrededor del hogar, los hijos y la familia. De este modo, estos tradicionalistas advierten que el feminismo representa una amenaza respecto al orden social y que el sentido transformado de los sexos que las feministas exigen conduciría a la anarquía social.

Claramente, los tradicionalistas entran el debate con un argumento fuerte. Ellos sí tienen a la historia de su parte y debemos reconocer que la experiencia histórica de la raza humana no es insignificante. Algunas de las pensadoras feministas más honestas admiten que su verdadero objetivo es el de revertir su este modelo histórico y mucha de su escolástica está dirigida a identificar y ejercer este modelo patriarcal en el futuro. El problema con el tradicionalista secular es que su argumento es, al final, esencialmente secular. Su argumento se reduce a reclamar que la sabiduría heredada de la experiencia humana apunta a un deber y a un imperativo moral que debería informar al presente y al futuro. Finalmente, este argumento, aunque poderoso y aparentemente significativo, falla respecto a la persuasión. Los individuos modernos han sido entrenados desde la cuna para creer que toda generación se renueva a sí misma y que el pasado es realmente pasado.

Esta ética moderna de liberación, actualmente tan profundamente y absolutamente encastrada en la mente moderna, sugiere que las tradiciones del pasado pueden verdaderamente ser una prisión de la cual la generación actual debería exigir la liberación. Aquí es donde los tradicionalistas bíblicos deben ingresar al debate con vigor. Compartimos mucho terreno en común del argumento con los tradicionalistas seculares. Los tradicionalistas bíblicos afirman que la experiencia histórica de la humanidad debería ser informativa del presente. También afirmamos que el modelo de roles distintos entre hombres y mujeres, combinado con la centralidad de la familia natural, presenta un argumento imperativo que debería ser comprendido como descriptivo y prescripto. No obstante, el argumento fundamental del tradicionalista bíblico va más allá de la historia.

En esta era de desenfrenada confusión, debemos volver a capturar el concepto bíblico de hombría y feminidad. Nuestra autoridad debe ser nada menos que la revelada Palabra de Dios. Bajo esta luz, el modelo de la historia afirma que la Biblia incuestionablemente revela que Dios ha creado a los seres humanos a Su imagen como hombre y mujer, y que el Creador ha revelado su gloria en ambas similitudes y diferencias por las cuales establece a los seres humanos como hombre y mujer.

Confrontados por la evidencia bíblica, debemos tomar una decisión interpretativa vitalmente importante. Debemos elegir entre dos opciones inevitables: si la Biblia se afirma como la inequívoca e infalible Palabra de Dios y por lo tanto presenta una visión comprensiva de la humanidad verdadera tanto en unidad como en diversidad, o si debemos clamar que la Biblia está, en un grado u otro, comprometida y envuelta por una parcialidad patriarcal dominada por el hombre que debe superarse en nombre de la humanidad.

Para los tradicionalistas bíblicos, la opción es clara. Entendemos que la Biblia presenta un hermoso retrato del complemento entre los sexos, y que ambos, hombres y mujeres deben reflejar la gloria de Dios de un modo diferente. Así, existen distinciones muy reales que marcan la diferencia entre la masculinidad y la feminidad, hombres y mujeres. Sobre la base de la autoridad bíblica, debemos criticar tanto el presente como el pasado cuando el modelo bíblico ha sido comprometido o negado. Del mismo modo, debemos apuntar a nosotros mismos, nuestras iglesias y nuestros hijos hacia el futuro, afirmando que la gloria de Dios respecto a nuestra respuesta a la obediencia o a la desobediencia de Su diseño, está en juego.

Durante demasiado tiempo, aquellos que sostienen un modelo bíblico de distinciones de sexo se han permitido ser silenciados, marginados e intimidados cuando son confrontados por los teóricos del nuevo género sexual. Ahora es el momento de volver a capturar la culmine, de forzar las preguntas y de mostrar a esta generación el diseño de Dios en el concepto bíblico de la masculinidad y la feminidad. La gloria de Dios se muestra al mundo en el complemento entre el hombre y la mujer. Este desafío crucial es una convocatoria a la audacia cristiana del momento.

Por Al Mohler sobre Masculinidad y Feminidad
Una parte de la serie JBMW
Traducción por Maria Gustafson

es.gospeltranslations.org/

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¿Cómo puedo orar por los enfermos y los moribundos?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Cómo puedo orar por los enfermos y los moribundos?

Kelly M. Kapic

Nota del editor: Este es el capítulo 24 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Cuando vemos a otros padeciendo dolor, queremos ayudar. Queremos mejorar su situación. Ese es un instinto noble que refleja a nuestro buen Dios Creador.

Cuando Jesús se encontraba con personas que estaban lidiando con heridas, muy a menudo brindaba Su toque sanador. Su vida y Su proclamación prometieron una nueva creación donde no habrá dolor, temor o lágrimas. Sin embargo, esto no era más que un anticipo. Aquellos que Él sanó, murieron; su sanación temporal apuntaba a una regeneración completa y definitiva que aún no ha llegado.

Tiene sentido que los seguidores de Jesús quieran proclamar y ofrecer esperanza y sanidad completa. Sin embargo, ese buen instinto fácilmente puede irse por mal camino. Aunque este impulso puede estar basado en buenas intenciones, a veces terminamos hiriendo seriamente a los que están sufriendo.

Estamos llamados a llorar con los que lloran y a lamentarnos con los que se lamentan.

Primero que todo, no somos Jesús, y no tenemos Su autoridad mesiánica. Ciertamente podemos y debemos orar por sanidad física. Dios continúa siendo el médico por excelencia del cuerpo y del alma, y Él sigue obrando activamente en medio de Su creación.

Pero ¿qué pasa cuando el cáncer no se cura? ¿Qué sucede cuando el dolor crónico y debilitador nunca cesa? ¿Por qué es que la sanidad física tiende a ser la única cosa en la que concentramos nuestras oraciones?

Mucho más a menudo de lo que nos damos cuenta, deberíamos estar orando para que los santos que están sufriendo no se rindan en la desesperación. Tenemos que rogar a Dios que guarde sus corazones de endurecerse contra el Padre. Si bien puede ser legítimo dejar de orar por una sanación sobrenatural, nunca debemos dejar de pedir a Dios que fortalezca su fe, que avive su esperanza y les consuele con Su amor.

No estamos obligados a estar felices ni a ser optimistas en todo momento; a veces lloramos con los que sufren. Esto les muestra que no están solos, y los animamos aceptando su dolor y su lucha. En ocasiones, estas acciones les recuerdan su esperanza en Cristo con más eficacia que un sermón.

¿Cómo debemos abordar a los que viven en sufrimiento continuo, especialmente cuando los doctores no pueden encontrar soluciones y las oraciones no han resultado en una sanación física? Desafortunadamente, lo que muchos tratamos de hacer es seguir ofreciendo remedios, lo cual muchas veces resulta ser mucho más hiriente de lo que percibimos.

En lugar de esto, estamos llamados a amarlos. No somos responsables de resolver sus problemas de salud. Estamos llamados a estar ahí con ellos, a recorrer este difícil camino con ellos. Aún más, podemos aprender de ellos, escuchando de sus luchas e intentos de confiar en Dios en medio del temor y el dolor.

No se nos exige que resolvamos el misterioso dolor y sufrimiento de otros, ni tampoco que lo expliquemos o lo remediemos. No, estamos llamados a salir a caminar con ellos, a compartir comidas y a ofrecerles cálidos abrazos. Estamos llamados a llorar con los que lloran y a lamentarnos con los que se lamentan. Estamos invitados a tratar de iluminar la oscuridad con humor (como sea apropiado) y a crecer en sensibilidad hacia los demás a causa de las presiones que están enfrentando. Estamos llamados a amarlos, ofreciendo nuestras oraciones, nuestra presencia y nuestra perseverancia. Esto ya es suficientemente pesado sin nosotros tratar de llevar la carga de diagnosticar o remediar su mal; esa es una carga que nunca fuimos destinados a llevar.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Kelly M. Kapic
Kelly M. Kapic

El Dr. Kelly M. Kapic es profesor de Estudios Teológicos en Covenant College de Lookout Mountain, Ga. Es el autor de varios libros, incluyendo Embodied Hope [La esperanza encarnada].