El plan de redención – Parte 4

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 22/26

El plan de redención – Parte 4

Bienvenido. Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

Mientras hemos estado estudiando el plan de redención de Dios, la semana pasada, con John Joseph uno de nuestros pastores recientemente reconocidos, consideramos la gloriosa obra de Dios de adoptar pecadores rebeldes en su propia familia, para luego santificarlos, y preservarlos hasta el final.

Sin embargo, a medida que nos preocupamos por las personas y vivimos la vida cristiana, la perseverancia puede ser un tema problemático y difícil. Supongo que la mayoría de nosotros tenemos conocidos, familiares y amigos que se han «alejado», han abandonado la fe. E incluso en nuestra última reunión de miembros tuvimos a uno de los nuestros que había renunciado a la fe. Si bien esto nos causa una gran pena, no debería ser una gran sorpresa. Porque no todos los que alguna vez profesaron fe en Cristo serán salvos. Se hacen falsas profesiones; los entusiastas a corto plazo se apartan (Mt. 13:20-22); y no todos los que dicen «Señor, Señor» entrarán en el reino de los cielos (Mt 7:21-23). Y ya se trate del dolor de las pruebas, la tentación del pecado o la desesperación de las dudas persistentes, terminar la carrera y pelear la buena batalla a menudo parece una batalla demasiado grande para nosotros.

Pero nuestra esperanza no es que perseveraremos a la perfección. Nuestra esperanza es que Dios preservará a su pueblo, ¿amén? Lo repetiré una vez más: nuestra esperanza no es que perseveraremos a la perfección, porque como dice John MacArthur, si pudiéramos perder nuestra salvación lo haríamos. Nuestra esperanza es que Dios preservará a su pueblo. Él terminará esta obra que comenzó en nosotros (Filipenses 1:6). Ningún cristiano se perderá. Nadie quedará atrás. Nuestro salvador dice: «Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero» (Jn. 6:39). «Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre» (Juan 10:28-29). Observemos algo aquí acerca del carácter de nuestro salvador. ¡Fíjate cuán seguro está de asegurar nuestra salvación! No sé tú, pero cuando soy puesto a prueba en la vida cristiana, me da miedo. Me desanimo. Como un niño con miedo a los monstruos que se niega a dormir, me niego a descansar y confiar en algo que no sea yo. ¡Pero Jesús no es así! ¡Él nuestro es un salvador seguro! ¡Regocíjate en eso esta mañana! Él dice: «Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). Qué promesa. Qué invitación. Tal vez estás visitándonos esta mañana, con un amigo o solo querías ver cómo es el cristianismo. Solo quiero reiterar esa promesa y te invito a confiar en ella. Jesús nunca te echará si vienes a él en arrepentimiento y fe.

Pero tal vez eres cristiano, o quieres ser uno, ¿pero crees que has cometido el «pecado imperdonable»? Durante mucho tiempo, estaba preocupado por haber cometido este pecado. ¿Estamos malditos más allá del perdón? En Mt. 12:31, dice Jesús, la blasfemia contra el Espíritu nunca será perdonada. Pero él no se está refiriendo a pecados «realmente malos» como el asesinato (Moisés, David, incluso Pablo fueron asesinos), o el adulterio (David), o el suicidio. La Biblia no hace distinción entre pecados mortales y veniales. En contexto, blasfemar contra el Espíritu Santo es atribuir de manera intencional, desafiante y persistente a Satanás lo que es innegablemente obra de Dios. Sam Storms señala: «La blasfemia contra el Espíritu Santo no es un error momentáneo, transitorio o inadvertido en el juicio, sino una rebelión persistente de toda la vida frente a la verdad ineludible. La blasfemia contra el Espíritu Santo no es un acto descuidado, sino una actitud endurecida. Los fariseos habían visto a Jesús sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos, enseñar en el Sermón del Monte, dar vista a los ciegos, sanar a los paralíticos. La blasfemia contra el Espíritu Santo, por tanto, no es solo incredulidad, sino una incredulidad desvergonzada que surge no de la ignorancia de lo que es verdadero, sino que desafía lo que uno sabe más allá de toda duda que es verdad. No es una simple negación, sino una negación decidida… La blasfemia contra el Espíritu Santo es, por definición, un repudio no arrepentido hacia Espíritu Santo y una identificación impenitente de su obra con la obra del diablo».

Trazar un paralelo entre los obstinados líderes religiosos de los días de Jesús y los nuestros es difícil. Tal vez un buen ejemplo es el líder de la iglesia impenitente que rechaza lo que sabe que es la verdad de Dios, y conduce a otros a hacer lo mismo. Es difícil decirlo. Pero podemos decir con Romanos 10:13«Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Eso incluye a hombres que han negado a Jesús públicamente (como Pedro), y que han ordenado que otros sean asesinados (como Pablo). ¿No es alentador que los héroes de la fe sean grandes pecadores también? Si hay esperanza para ellos, hay esperanza para nosotros.

Antes de continuar, ¿alguna pregunta final acerca de la perseverancia o la blasfemia contra el Espíritu Santo? [Solo una última cosa: si estás preocupado por haber blasfemado contra el Espíritu Santo, es probable que no te hayas dado cuenta que demuestras sensibilidad ante este pecado. Pero si tiene más preguntas al respecto, no dudes en enviarnos un correo electrónico, nuestra información de contacto está en la parte posterior del folleto, o habla con un anciano].

Pasemos al punto 2 de tu folletoLa muerte

Todos los días al ver las noticias, encontramos enemigos. A pesar de estar en las montañas de Utah, mi esposa y yo todavía escuchábamos los trágicos asesinatos de aquellos en el cine de Louisiana. Leyendo el periódico, escuchamos sobre militantes de ISIS, terroristas locales en Tennessee o Carolina del Sur, bombas iraníes. Todos estos son enemigos. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, el último gran enemigo al que nos enfrentamos en esta vida no es el terrorismo, un régimen político o aquellos empeñados en destruir la libertad de expresión y la religión. El último gran enemigo, según la Biblia, es la muerte misma. 1 Co. 15:26 dice: «Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte».

Pero cada vez más nuestra cultura ve la muerte no como un enemigo, sino como un amigo, tal vez incluso como nuestra última esperanza. Lo fue para Brittany Maynard, de 29 años, quien eligió el alivio de la muerte en lugar de las pruebas de la vida. Ya sea que estemos hablando de suicidio asistido por un médico (también conocido como «muerte con dignidad», si existe tal cosa) o de los 50 millones de bebés abortados desde Wade v. Roe, la muerte debe ser bienvenida, no temida, apreciada, no aborrecida. Por cierto, el número de bebés abortados representa aproximadamente 1/6 parte de nuestra población actual. Y si has visto los videos de Planned Parenthood en los últimos tiempos, es innegable que nuestra cultura al menos tiene una visión insensible e informal de la muerte.

Pero la Biblia presenta una visión diferente de la muerte. No es «fallecer o dejar de existir» (Mary Baker Eddy). No es navegar felizmente hacia el atardecer. Las Escrituras aclaran que la muerte es una maldición (Gn. 3:19). Es una consecuencia directa y un castigo del pecado humano. La paga del pecado es la muerte (Ro. 6:23). Y todos mueren, porque todos han pecado (Ro. 5:12). La muerte no es natural. No es pacífica. Es trágica y aterradora, porque refleja el justo juicio de Dios sobre nosotros en nuestro pecado. No hay nada romántico acerca de la muerte en la Biblia. Es tan horrible que incluso el que triunfaría sobre ella se estremeció y se conmovió ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn. 11:33-36). La muerte no era el amigo libertador de Lázaro, o el portal a una «vida mejor». Jesús vio la muerte por lo que era.

La razón por la que no lloramos como aquellos que no tienen esperanza no es porque sepamos que la muerte es buena, sino porque sabemos que el amor y la vida de Dios son más poderosos que las fauces de la muerte (1 Ts. 4:13). Aunque sentimos su mordedura, Cristo ha eliminado el aguijón de la muerte y tenemos esperanza en eso (1 Co.15: 54-57).

Entonces como aquellos que tienen esperanza, debemos considerar: ¿Qué pasa cuando morimos? Este es el punto B en el interior de tu folleto. Ha habido un mercado popular (¡y rentable!) de libros del género «turismo celestial» últimamente. Así es, libros como «Heaven Is For Real» que recientemente salió a la luz, hablan de personas que mueren, van al cielo, y luego vuelven y nos cuentan todo tipo de cosas al respecto. Permíteme ser claro en esto: las cosas que dicen esos libros no son ciertas. Como dice Jesús, la Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). La Biblia nos da preciosos y pequeños detalles acerca del estado en que nos encontramos entre la muerte y el cielo o lo que se conoce como el «estado intermedio». La mayoría de lo que la Biblia dice acerca del cielo se refiere al estado eterno (lo que sucede después de la resurrección final), no al estado intermedio (lo que sucede entre la muerte y la resurrección final).

No obstante, en lo que respecta al estado intermedio, las Escrituras dicen que cuando morimos, nuestras almas y cuerpos se separan mientras esperan esa reunión final en los cielos nuevos y la tierra nueva. No estamos simplemente en algún espacio contemplativo suspendido. Tampoco somos almas perdidas vagando por las sombras o cruzando el río Styx. Pablo dice: «Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» (2 Co. 5:8). Así, cuando morimos, somos hechos parte de la verdadera Sión, junto a «muchos millares de ángeles,  a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos» como dice Hebreos 12:22-23. Qué increíble suena eso: ¡cuando muramos, estaremos junto a innumerables ángeles en una fiesta en el cielo! ¿Alguna vez te detuviste a considerar eso? Sé que yo no lo he hecho lo suficiente. Estaba en un avión cuando me preparaba para esta clase y miraba por la ventana a 9000 m de altura, preguntándome dónde está esta fiesta, ¿¡Piloto llévame allí!? Pero Jesús es el verdadero y único piloto que puede llevarnos allí, ¿no? Cuando morimos, nuestras almas van inmediatamente a estar con él y disfrutar, este va a ser el momento más feliz, disfrutaremos, la existencia continua, consciente y personal con nuestro Señor mientras esperamos la resurrección de nuestros cuerpos en el último día. Debería detener la clase aquí para sentarnos y maravillarnos.

Pero algunos han tomado la imagen de «dormir» de la Biblia, que es una referencia a la muerte como apoyo a una especie de «sueño del alma». De acuerdo con este punto de vista, los cristianos están en un estado suspendido de inconsciencia hasta el juicio final. Si quieres una palabra divertida del día, se llama psicopaniquia. Dato teológico divertido del día: Juan Calvino escribió su primer tratado teológico en contra de esta opinión. Porque la Biblia habla del estado intermedio como una existencia consciente, no un sueño, no un sueño del alma. Después de todo, considera lo que Jesús le dice al ladrón en la cruz: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc. 23:43). ¡Alabado sea Dios que cuando morimos no entramos en una coma etérea! ¡Entramos en la presencia de Jesús!

Sin embargo, otros han sugerido que el estado intermedio ofrece todas las oportunidades de la salvación post mortem, o, en otras palabras, que podemos ser salvos después de morir. Este punto de vista es especialmente atractivo para aquellos que quieren decir que todos deben arrepentirse y creer para poder ser salvos y, no obstante, quieren una forma para que las personas sean salvas, aunque nunca han escuchado acerca de Cristo en esta vida. Recuerda la parábola del hombre rico en Lucas 16:9-31. No hubo una segunda oportunidad, ninguna oportunidad post mortem para ese hombre rico que rechazó a Dios. Y, por supuesto, nadie es condenado simplemente por rechazar a Cristo conscientemente. Por el contrario, todos estamos condenados y perdidos a causa del pecado consciente y voluntario. Pablo dice en Romanos 3:23«por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios». En otras palabras, nuestro problema no es fundamentalmente que no conozcamos a Jesús, sino que hayamos pecado conscientemente y deliberadamente, por tanto, merecemos la ira de Dios. Una ira que enfrentaremos en la próxima vida si no recurrimos a Jesús en esta vida; esta vida es la única oportunidad que tenemos, por eso debemos ser tan urgentes en compartir las buenas noticias. Hebreos 9:27 dice: «Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio».

Esto significa que la idea del purgatorio no es consistente con el estado intermedio. El purgatorio es la doctrina católica romana, que enseña que aunque Cristo ha perdonado la culpa del pecado, el castigo por los pecados debe ser sufrido antes de que uno pueda ser completamente limpio y entrar al cielo. El purgatorio es un lugar de purificación y preparación. La duración e intensidad de esos sufrimientos está determinada por los pecados cometidos. La estancia de alguien en el purgatorio puede reducirse con las oraciones de los que viven, las buenas obras de los fieles o la misa. El Papa tiene jurisdicción sobre el purgatorio; cualquier indulgencia (dinero) entregada a la iglesia en nombre de los muertos puede aliviar el sufrimiento o eliminarlos todos juntos. Esta doctrina, este abuso de la Escritura es lo que dio origen a las 95 tesis de Lutero  y estimuló la Reforma. Y para ser claro: no hay garantía bíblica del purgatorio. Lo mejor que la Iglesia de Roma puede hacer es señalar 2 Macabeos 12:42-45, que en sí mismo no es un libro canónico (no está en la Biblia), ni siquiera enseña claramente la doctrina. De modo que no tiene sentido orar por los muertos, y mucho menos comprar indulgencias o dedicar esfuerzos para asegurar una pronta liberación de los difuntos de los castigos del purgatorio.

Finalmente, el estado intermedio rechaza la noción de aniquilacionismo, donde los que mueren en incredulidad son aniquilados, cuerpo y alma completamente destruidos, mientras que los creyentes existen eternamente con el Señor. Aunque el aniquilacionismo es apoyado por los adventistas del séptimo día y algunos prominentes evangélicos británicos (Lewis, Stott), no está respaldado por las Escrituras. Sí, incluso C.S. Lewis se equivoca.

Sabemos esto porque al hablar del fin de los tiempos, Daniel escribe: «Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» (Daniel 12:2). Los pecadores y los santos continuarán existiendo para siempre. Esta es una verdad importante porque nos enseña a cuidar a las personas porque sabemos que van a existir para siempre y queremos que existan en el gozo de Dios, no bajo su ira. Entonces, cuando estamos tratando con alguien, especialmente con alguien difícil, tal vez alguien que no nos gusta realmente, quizá nuestro cónyuge, solo recuerda: esta es una persona; podría haber ramificaciones eternas de nuestro trato hacia ellas. Esta realidad, que las personas existirán para siempre, es la razón por la cual una de las cosas más amorosas que Jesús hizo fue hablar no solo de la vida eterna, sino también del castigo eterno (Mt. 25:46), donde los fuegos del infierno son «eternos» «inextinguibles» (Mt. 3:1218:825:41). Si alguien viene a ti y te dice que Jesús nunca habló acerca del infierno, simplemente puedes estar seguro de que no ha leído bien la Biblia; En amor, Jesús habló claramente de ello, y las referencias están ahí en tu folleto para que puedas darle un vistazo.

Aunque la muerte es el último gran enemigo, Cristo ha vencido a la muerte. Por tanto, el cristiano finalmente puede enfrentar la muerte no con miedo, sino con la esperanza de que la muerte no tendrá la última palabra. Así, podemos decir con Pablo: «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Fil. 1:21). Podemos unirnos a Pablo en su cántico: «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (1 Corintios 15:55).

Avancemos al punto 4 en el lado derecho en el interior de tu folleto: La glorificación.

Lo creas o no, ir al cielo cuando morimos no es nuestra esperanza final. Correcto, no solo queremos estar en el estado intermedio; queremos estar en el estado final. Ese estado final es la glorificación. La glorificación es la esperanza final del cristiano.

La glorificación es «el paso final en la aplicación de la redención. Sucederá cuando Cristo regrese y levante de entre los muertos los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos que hayan muerto, los reúna con sus almas, y transforme los cuerpos de todos los creyentes que permanecen vivos, dando así a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos de resurrección perfectos como el suyo».

Este es el gran paso final. En un momento, seremos completamente redimidos, completamente libres de la muerte y el pecado, y libres puramente para alabar a Dios en su presencia. Seremos perfeccionados.

Si vas a elegir un texto para meditar sobre la glorificación, todo lo que tienes que hacer es ir a 1 Corintios 15. En él, Pablo dice: «He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados» (1 Corintios 15:51-52).

Pero, ¿cómo serán transformados y glorificados nuestros cuerpos cuando estén 3 m bajo tierra y comidos por los gusanos? Esta es probablemente la pregunta a la que Pablo responde en 2 Corintios. Él responde usando la analogía de una semilla que necesita ser enterrada para convertirse en la planta para la que fue creada. Si bien no es concluyente, es sugestivo que habrá alguna forma de continuidad con nuestros viejos cuerpos una vez que sean glorificados (Romanos 8:11). Si muero mañana, ¿tendré un cuerpo de 25 años en el cielo? No lo sé.

La Escritura simplemente nos dice que nuestros cuerpos serán como el de Cristo. Filipenses 3:21, dice que Cristo «transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya». Observa cómo, de nuevo, no podemos tomar crédito; Cristo es el actor en esa oración, él es el transformador de nuestros cuerpos.

Para ser claro: la glorificación se aplica a nuestros cuerpos físicos. Pablo dice: «Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción» (1 Corintios 15:42). Esto significa que nuestros cuerpos serán como el de Cristo, no porque nos parezcamos a él, sino porque nuestros cuerpos no se desgastarán, envejecerán, enfermarán, ni sufrirán daño (Apocalipsis 21:3-5). Esta es la razón por la cual las Escrituras dicen: «seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2).

Nuestros cuerpos glorificados serán perfeccionados. Podemos regocijarnos de que nuestros nuevos cuerpos serán hechos a imagen de Dios, como originalmente lo pensó, siendo conformados a la semejanza de Cristo.

¿Esperas ansiosamente el regreso de Cristo cuando la salvación será completa y nuestros cuerpos serán como el de Cristo?

Quiero concluir hoy con esta pregunta: ¿Hay momentos específicos en la vida que te hayan llevado a desear más el cielo? ¿Alguien dispuesto a compartir?

Sabes, una de las bellezas de ser parte de una iglesia local es tener amistades con personas diferentes a ti principalmente porque ambos creen en Jesús. Y solo quiero decir cuánto me alienta como joven, el ver a santos mayores, cuyos cuerpos sufren, están rotos y llenos de dolor; estos santos son un gran testimonio de la esperanza en la glorificación. De la esperanza de que un día estos cuerpos no se romperán. El cáncer no podrá ingresar en ellos. Nunca volverás a mirarte en el espejo y desearás tener un tamaño diferente. Porque cada vez que te mires a ti mismo, podrás recordar que eres de Cristo, y él es tuyo. Qué esperanza. Mark recientemente publicó en Twitter: «Nuestros ejemplos de penurias duraderas a menudo son más poderosos que nuestras historias de éxito y triunfo». La próxima semana hablaremos acerca de la doctrina de la iglesia, nuestros hermanos y hermanas con quienes nos reunimos para regocijarnos en esta esperanza, pero por ahora permíteme orar por nosotros.

Oremos.

Notas del autor:

LA GLORIFICACIÓN

(1 Corintios 15:51-521 Tesalonicenses 4:14-16Romanos 8:111 Corintios 15:53Ap. 21:35)

La glorificación es esa bendición salvadora en la que los creyentes disfrutan la plena y final realización de nuestra unión con Cristo, en la cual los santos serán transformados para reflejar a la perfección la imagen de Jesucristo por la eternidad.

La glorificación es «el paso final en la aplicación de la redención. Sucederá cuando Cristo regrese y levante de entre los muertos los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos que hayan muerto, los reúna con sus almas, y transforme los cuerpos de todos los creyentes que permanecen vivos, dando así a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos de resurrección perfectos como el suyo».

En un momento, seremos completamente redimidos, completamente libres de la muerte y el pecado, y libre puramente para alabar a Dios en su presencia. Seremos perfeccionados.

Filipenses 3:20-4:1

«20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. 4:1: Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados».

Romanos 8:23

«No sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo».

1 Co. 15:51-53

«51He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad».

La iglesia no espera el regreso de Cristo para que podamos estar unidos a él; más bien, la iglesia está unida a Cristo y espera ansiosamente la consumación de esta unión.

Mark Deve

¿Está el hombre compuesto de dos o tres partes?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de Teología

¿Está el hombre compuesto de dos o tres partes? 

Lucas Alemán

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.

¿Y si no tengo deseos de orar?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Y si no tengo deseos de orar?

Adriel Sanchez

Nota del editor: Este es el capítulo 18 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Nunca he conocido a un cristiano que haya dicho: «Creo que oro lo suficiente». A la mayoría de nosotros nos cuesta orar. Esto puede ser por diversas razones, pero a veces es que simplemente no deseamos orar. Nuestra falta de deseo no solo se debe a la pereza, sino que radica en una incredulidad mucho más profunda. Muchas veces no deseamos orar porque no creemos verdaderamente que orar nos ayudará. Somos incrédulos, como suele demostrar el hecho de que orar no es lo primero que hacemos normalmente, pues lo vemos como el último recurso. Para poder cultivar una pasión por la oración tenemos que recordar el poder de la oración.

El poder de la oración no depende de tus deseos de orar, sino de la fe en las promesas de Dios.

La oración es uno de los medios principales por los cuales descubrimos el plan soberano de Dios para nuestras vidas. No siempre tendremos deseos de orar, pero cuando lo hacemos, las cosas cambian. Jesús dijo: «Porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: «Pásate de aquí allá», y se pasará; y nada os será imposible» (Mt 17:20). Observa la relación que hay entre la fe y la oración. La fe produce oración. Así como un recién nacido comienza a balbucear, al que ha nacido de nuevo se le concede un nuevo deseo de tener comunión con Dios a través de la oración. Sin embargo, la debilidad de nuestra carne (la misma debilidad que impedía que los discípulos de Jesús oraran, Mt 26:41) a menudo apaga el deseo de orar. Esa debilidad, junto al diluvio de las circunstancias de la vida, puede acabar completamente con nuestra vida de oración.

Necesitamos avivar las llamas de las brasas de la oración. Estas brasas son encendidas por medio de la predicación fiel que escuchamos los domingos y por nuestra propia lectura privada de la Escritura durante la semana. La fe produce oración, pero la Palabra de Dios con Su Espíritu produce fe (Rom 10:17). En mi propia vida, he notado que existe una correlación directa entre estar llenos de la Palabra de Cristo y tener el deseo de una comunión con Dios por medio de la oración. La falta de oración resulta de una falta de fe, lo cual suele significar que hemos dejado de contemplar la gloria de Dios revelada en la Escritura.

Así que para el cristiano que dice: «Es que nunca tengo deseos de orar» (el tipo de cristiano que me encuentro todo el tiempo), mi exhortación es esta: disciplínate para orar comoquiera. Acepta que el poder de la oración no depende de tus deseos de orar, sino de la fe en las promesas de Dios. Sumérgete en esas promesas y notarás que hay momentos en tu vida en los que la oración se enciende como un fuego. También podrías notar que a veces orar es como encender un carro durante el invierno: toma tiempo para que el motor se caliente. Eso está bien. No te des por vencido cuando te sientas frío; más bien, excava más profundo en los tesoros del evangelio. Ese evangelio produce fe, y esa fe producirá un corazón de oración.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Adriel Sanchez
Adriel Sanchez

El Rev. Adriel Sánchez es el pastor principal de la iglesia North Park Presbyterian Church en San Diego y conductor del programa de radio Core Christianity.

¿Qué es la doctrina?

Got Questions

¿Qué es la doctrina?

La palabra que se traduce como «doctrina» significa «instrucción, especialmente en lo que se refiere a la aplicación del estilo de vida». En otras palabras, la doctrina es la enseñanza que se imparte por una fuente autorizada. En la Biblia, la palabra siempre se refiere a las áreas de estudio relacionadas con lo espiritual. La Biblia dice de sí misma que es «útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia» (2 Timoteo 3:16). Debemos ser cuidadosos con lo que creemos y presentarlo como verdad. Primera de Timoteo 4:16 dice: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren».

La doctrina bíblica nos ayuda a entender la voluntad de Dios para nuestras vidas. La doctrina bíblica nos enseña la naturaleza y el carácter de Dios (Salmo 90:2; 97:2; Juan 4:24), el camino de la salvación por medio de la fe (Efesios 2:8-9; Romanos 10:9-10), la instrucción para la iglesia (1 Corintios 14:26; Tito 2:1-10) y la norma de santidad de Dios para nuestras vidas (1 Pedro 1:14-17; 1 Corintios 6:18-20). Cuando aceptamos la Biblia como la Palabra de Dios para nosotros (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:20-21), tenemos una base sólida para nuestra doctrina. Puede haber desacuerdo dentro del cuerpo de Cristo sobre puntos secundarios de la doctrina, tales como la escatología, la organización de la iglesia o los dones del Espíritu Santo. Sin embargo, la verdadera doctrina bíblica es la que incorpora «todo el consejo de Dios» (Hechos 20:27) y saca conclusiones basadas en lo que parece más acorde con el carácter de nuestro inmutable Dios (Números 23:19; Hebreos 13:8).

No obstante, la Biblia no siempre es el fundamento sobre el que la gente o las iglesias construyen sus declaraciones doctrinales. Nuestra naturaleza pecaminosa no se somete fácilmente a los decretos de Dios, por eso a menudo escogemos las partes de la Biblia con las que nos sentimos cómodos y descartamos el resto. O sustituimos lo que Dios dice por una doctrina o tradición hecha por el hombre. Esto no es nada nuevo. Jesús reprendió a los escribas y fariseos por «enseñar como doctrinas los mandamientos de los hombres» (Marcos 7:7; cf. Isaías 29:13). La falsa doctrina era común en los tiempos del Nuevo Testamento, y las Escrituras nos dicen que continuará (Mateo 7:15; 2 Pedro 2:1; 1 Juan 4:1). Segunda Timoteo 4:3 dice, «Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias».

La Biblia da una severa advertencia a aquellos que enseñarían una doctrina falsa o incompleta simplemente porque es más compatible con las ideas del hombre. Primera de Timoteo 6:3-4 dice: «Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe». El apóstol Pablo escribió palabras duras sobre la perversión del evangelio con la falsa doctrina: «No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema» (Gálatas 1:7-9).

La doctrina es la cosmovisión por la cual gobernamos nuestras vidas. Si nuestra doctrina se basa sólidamente en las Escrituras, podemos saber que estamos caminando en el camino que Dios diseñó para nosotros. Sin embargo, si no estudiamos la Palabra de Dios por nosotros mismos (2 Timoteo 2:15), somos llevados más fácilmente al error. Aunque hay una variedad de asuntos menores en los que los cristianos no están de acuerdo, la verdadera doctrina es más clara de lo que muchos insinúan. Segunda de Pedro 1:20 dice: «entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada». Hay una interpretación correcta de todo lo que Dios dice, y es nuestro trabajo discernir ese significado, no crear una interpretación que se adapte a nuestros gustos. Dios quiere que conozcamos Su corazón y nos ha dado Su Palabra sobre la que podemos construir vidas piadosas (ver Mateo 7:24). Cuanto más estudiamos la verdadera doctrina, más entendemos a Dios y a nosotros mismos.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

El Pastor del Señor

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

El Pastor del Señor

Max Rogland

Nota del editor: Este es el último de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

¿Oras por tu pastor? Deberías. Los pastores son blancos especiales de los ataques del maligno. Tiempo atrás, el padre de la Iglesia, Juan Crisóstomo, comentó: “El diablo se enfurece con mayor violencia contra los maestros ya que por su destrucción el rebaño también se dispersa”. Los enemigos del Reino de Dios saben que provocar la caída de un pastor, ya sea por medios violentos, tentándolos hasta que caen en inmoralidad o de alguna otra manera, es infligir un gran daño a la causa de Cristo.

Esta relación estratégica entre el pastor y las ovejas se declara explícitamente en Zacarías 13:7: “Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas”. Los escritores de los evangelios se refieren a este mismo pasaje en la narración de la traición y el arresto de Cristo en el monte de los Olivos: «Entonces Jesús les dijo: “Esta noche todos vosotros os apartaréis por causa de Mí, pues escrito está: ‘Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño se dispersarán’”» (Mt 26:31; ver también Mr 14:27). La profecía de Zacarías encuentra su cumplimiento final en Jesucristo cuando Él va a la cruz. Cuando el Buen Pastor es herido, Sus discípulos se dispersan (Mt 26:56Mr 14:50-52).

La oración por los pastores y líderes es esencial para la salud y el bienestar de la Iglesia.

El cumplimiento de Zacarías 13:7 en el Nuevo Testamento quizás parece tan obvio que podríamos pasar por alto algunas características sorprendentes de esta profecía mesiánica. Cabe destacar que tanto en su contexto original del Antiguo Testamento como en su cita ligeramente parafraseada del Nuevo Testamento, en realidad es Dios quien está “[hiriendo] al pastor”. El Señor es quien levanta una “espada” en Zacarías 13:7 y le ordena que hiera a Su pastor: “‘Despierta, espada, contra Mi pastor, y contra el hombre compañero Mío’, declara el SEÑOR de los ejércitos”. En otras palabras, aunque el arresto, el juicio, la tortura y la crucifixión de Jesús constituyeron una obra atroz de hombres malvados opuestos al Reino de Dios, al mismo tiempo se estaba llevando a cabo la obra misteriosa del santo propósito y decreto del Señor para la salvación de Su rebaño. Fue tanto la peor obra como la más grandiosa obra que jamás haya sucedido. Encontramos esta asombrosa paradoja a lo largo de las Escrituras, desde las palabras de José a sus hermanos en Génesis 50:20 (“Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente”) hasta las de Pedro en el sermón de Pentecostés en Hechos 2:23 (“… a este [Jesús], entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis”). No debemos excusar el comportamiento pecaminoso, pero podemos estar seguros de que incluso los peores actos de los hombres pertenecen a “todas las cosas” que Dios hace que cooperen para nuestro bien (Rom 8:28).

Otro aspecto sorprendente de la profecía de Zacarías que merece una consideración más atenta es el efecto de haber herido al pastor. Puede parecer demasiado obvio para requerir un comentario, pero las ovejas, al igual que las personas, necesitan líderes, y la Biblia es consciente de que las “ovejas que no tienen pastor” (Mt 9:36) son vulnerables y se desvían del camino seguro. La eliminación violenta del pastor del Señor en Zacarías 13:7 da como resultado la dispersión de las ovejas, y esta realidad no solo se exhibe por completo en las narraciones de los evangelios sobre el arresto de Cristo, sino que también vemos el mismo patrón una y otra vez a lo largo de la historia de la Iglesia. Las iglesias que no tienen pastor o cuyo liderazgo pastoral es deficiente tienden a ser más vulnerables espiritualmente y más propensas a experimentar estrés congregacional. Esta es la razón por la que la oración por los pastores y líderes es tan esencial para la salud y el bienestar de la Iglesia.

Sin embargo, aquí vemos nuevamente otra misteriosa paradoja en la profecía de Zacarías. Es cierto que la herida del pastor es la causa de la dispersión de las ovejas. Sin embargo, de una manera asombrosa y totalmente inesperada, la herida del Buen Pastor no solo “dispersa” a las ovejas sino que también las “atrae”. Jesús dice: “Y Yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a Mí mismo” (Jn 12:32; ver también Jn 3:14). Esto podría incluir Su exaltación, pero ciertamente se refiere a “qué clase de muerte iba a morir” (Jn 12:33), es decir, la crucifixión que sufrió en manos de aquellos que le rechazaron (Jn 8:28). Las ovejas de Cristo se dispersaron cuando Él fue herido por primera vez, pero ahora Él está persiguiéndolas, incluso reuniendo a las que están lejos en “un rebaño” con “un solo pastor” (Jn 10:16; ver también Jn 11:51-52).

El mayor golpe contra el Buen Pastor no se produjo cuando fue arrestado en el jardín de Getsemaní, sino en el Gólgota, donde se derramó la sangre del Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn 1:29). Es la “sangre de Su cruz” la que reconcilia todas las cosas con Dios y a Sus seguidores entre sí (Col 1:20). El sacrificio de Cristo estableció el fundamento para la Iglesia de todas las naciones, tanto para judíos como para gentiles, atrayendo a las naciones que antes eran distantes y eliminando la “pared intermedia de separación” para que la Iglesia pueda ser un “nuevo hombre” (Ef 2:13-16). Hiere al Pastor, y las ovejas serán reunidas.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Max Rogland
Max Rogland

El Dr. Max Rogland es ministro principal de Rose Hill Presbyterian Church y profesor asociado de Antiguo Testamento en el Erskine Theological Seminary de Columbia, S.C.

¿Cómo es una IGLESIA SANA?

Teología Express

¿Cómo es una IGLESIA SANA?

 Ryan Townsend

Ryan Townsend es pastor en Capitol Hill Baptist Church, en Washington DC (EUA). Además, es el director ejecutivo del ministerio cristiano IX Marks. Para más información pueden consultar nuestra web: http://www.teologiaexpress.jimdo.com

¿Cómo es una IGLESIA SANA?
Iglesia sana, iglesia de sana doctrina

Para saber cuando subimos vídeo suscríbanse y activen las notificaciones en el botón de la campanita.

No duden en seguirnos tanto en Instagram como en Facebook para recibir las últimas notícias y ver los nuevos vídeos:
http://www.instagram.com/teologia_express/
http://www.facebook.com/teologiaexpress/

Para cualquier duda, pregunta o propuesta pueden escribirnos al email:
teologiaexpress@gmail.com

Música: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

¿Puedo orar oraciones imprecatorias?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración

¿Puedo orar oraciones imprecatorias?

John W. Tweeddale

Nota del editor: Este es el capítulo 17 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Sí. Y deberías hacerlo. Por más difícil que sea aceptar esa respuesta, es la que más concuerda con el registro bíblico. Permíteme explicarlo.

Un salmo imprecatorio es un tipo de lamento. En la literatura de sabiduría hebrea, los salmos de lamento conforman los clamores individuales y grupales del pueblo de Dios. De manera particular, los salmos imprecatorios vocalizan las lágrimas de Israel ante la injusticia y el sufrimiento. Al orar por la maldición de Dios sobre Sus enemigos, Israel buscaba exaltar la bondad de la ley de Dios para Su pueblo.

Los salmos imprecatorios ayudan a moldear el dolor y la indignación que experimenta el pueblo de Dios en un mundo que ha sido corrompido por el pecado.

En esencia, un salmo imprecatorio es una invocación de maldición divina. Ejemplos de estas imprecaciones incluyen los Salmos 5, 6, 35, 69 y 109, los cuales son citados en el Nuevo Testamento. Hay declaraciones de maldición a lo largo de todo el canon bíblico. Por ejemplo, Jesús pronuncia ayes de justicia en contra de los líderes religiosos en Mateo 23. En Gálatas 1:8-9, Pablo declara anatema a cualquiera que predique otro evangelio. Y los mártires en el cielo le piden a Dios que vengue su sangre en Apocalipsis 6:10.

El testimonio consistente de la Escritura afirma la legitimidad de que el pueblo de Dios eleve oraciones imprecatorias en sus oraciones individuales, familiares y corporativas. El fundamento de esta afirmación subyace en la asunción básica de que las oraciones del pueblo de Dios deben estar arraigadas en toda la Escritura. El Salterio es el himnario y libro de oración que Dios mismo inspiró. Nos enseña un lenguaje de petición y alabanza. Los salmos imprecatorios ayudan a moldear el dolor y la indignación que experimenta el pueblo de Dios en un mundo que ha sido corrompido por el pecado.

Algunos reaccionan al lenguaje áspero de los salmos imprecatorios. Aunque esto es entendible, no debemos perder de vista lo que merece nuestro pecado. Otros destacan la enseñanza de Jesús sobre amar a nuestros enemigos. Pero el Nuevo Testamento no enseña que amar a nuestros enemigos requiere que nos abstengamos de apelar a la justicia divina. Orar para que Dios castigue al impío no es un acto sin amor ni vengativo, sino que es una expresión de fe en Aquel que juzga con justicia (1 Pe 2:23). Aún así, otros quieren limitar los salmos imprecatorios al Israel del antiguo pacto. Aunque las circunstancias del pueblo del pacto de Dios han cambiado con la venida de Cristo, las mismas crueldades que atormentaron a Israel como pueblo creyente en medio de un mundo hostil aún continúan atormentando a la Iglesia actual. Si eliminamos el vocabulario de los salmos imprecatorios en nuestros hogares e iglesias, ¿qué cantarán y orarán los cristianos cuando ocurre la tragedia?

En última instancia, orar los salmos imprecatorios es orar como Jesús nos enseñó a orar. Como cristianos, anhelamos que venga el Reino de Dios. Deseamos que Su voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo. Orar los salmos imprecatorios no es un llamado a las armas sino un llamado a la fe. Elevamos nuestras voces, no nuestras espadas, cuando oramos para que Dios convierta o maldiga a los enemigos de Cristo y de Su Reino.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John W. Tweeddale
John W. Tweeddale

El Dr. Tweeddale es decano académico y profesor de teología en Reformation Bible College en Sanford, Florida, y anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos.

Un Gobernante de Belén

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

Un Gobernante de Belén

Jonty Rhodes

Nota del editor: Este es el 12vo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

Según la leyenda, el rey Arturo se encuentra en la isla mística de Ávalon, esperando regresar para rescatar a Gran Bretaña en su momento de mayor necesidad. Un día, el más oscuro de todos, aparecerá el futuro y definitivo rey de Gran Bretaña. Arturo es, por supuesto, un personaje mitológico. Pero el profeta Miqueas sabía de un verdadero Rey cuyos orígenes eran “desde tiempos antiguos” (Miq 5:2) y que vendría de forma inesperada a rescatar a Su pueblo.

Miqueas, contemporáneo de Isaías, habló la Palabra de Dios a Israel en tiempos de gran peligro. Debido al pecado de Samaria (el reino del norte de Israel) y de Judá (el reino del sur), los israelitas sufrirían un ataque devastador. El poderoso imperio asirio llegaría y conquistaría al pueblo de Dios; Samaria quedaría como “un montón de ruinas en el campo” (Miq 1:6) y el desastre incluso llegaría “hasta la puerta de Jerusalén” (v. 12). Gran parte de la culpa recaía sobre los líderes de Israel.

Los orígenes de Cristo son mucho más antiguos que David, que Abraham o incluso que la creación misma.

Estos gobernantes, lejos de proteger y proveer para su pueblo, estaban matando y devorando como caníbales. Ellos se “comían la carne [del] pueblo, les [desollaban] su piel, [quebraban] sus huesos, y los [hacían] pedazos como para la olla, como carne dentro de la caldera” (Miq 3:3). No es de extrañar que años más tarde el profeta Jeremías resumiera el mensaje de Miqueas citando una de sus predicciones más premonitorias:

Miqueas de Moréset profetizó…

“Sión será arada como un campo; Jerusalén se convertirá en un montón de ruinas, y el monte del santuario será como los lugares altos de un bosque” (Jer 26:18, citando Miq 3:12).

En este mundo oscuro y peligroso, Miqueas habló no solo palabras de juicio, sino también de esperanza. En nuestro versículo, esta esperanza se centra en un lugar humilde y un Gobernante celestial.

Un lugar humilde

Las buenas noticias de Miqueas comienzan con: “Pero tú…” (Miq 5:2). Samaria quedó reducida a escombros, Jerusalén se encuentra en ruinas, pero hay esperanza para alguien. Curiosamente, ese “alguien” no es una persona sino un lugar: Belén Efrata. “… de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel” (Miq 5:2).

En lugar de salir de la poderosa Jerusalén, la capital de Judá, con su palacio real, el Rey y Rescatador saldría de la humilde Belén. Belén era prácticamente inexistente: un pequeño pueblo justo al suroeste de Jerusalén. Sin embargo, en algún momento entre 700-730 a. C., Miqueas profetizó que este pueblo insignificante sería el lugar de nacimiento del Mesías.

Y así sucedió. En el Evangelio de Mateo, leemos que Jesús nació “en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes” (2:1). En la providencia de Dios, el emperador romano había emitido una orden para que todo ciudadano regresara a su ciudad natal. Y así, María y José salieron de Nazaret para viajar a Belén. Puede que el emperador haya estado planeando un censo, pero Dios se estaba asegurando de que se cumpliera la palabra que Él envió a través de Miqueas.

Al igual que en los días de Miqueas, Israel tenía un gobernante codicioso y despiadado. Herodes el Grande se reveló como otro “rey caníbal” cuando ordenó la matanza de todos los niños varones en Belén, y engendró a Herodes Antipas, quien luego sirvió la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja. Pero en medio de la oscuridad, el Rey había venido. De hecho, la profecía de Miqueas se cita cuando Herodes pregunta a los principales sacerdotes y escribas dónde se suponía que naciera el Cristo. Ellos responden: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta” (Mt 2:5).

Un Gobernante celestial

Pero Miqueas nos dice más que solo el lugar de nacimiento de este Gobernante. También nos enteramos de los orígenes de Su familia. Este Gobernante será uno cuyos “orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad”. ¿Qué nos dice Miqueas sobre Cristo?

Dado que la profecía está dirigida a Belén, por un lado es probable que esta sea una alusión al hijo más famoso de esa ciudad. El rey David, el padre fundador de la línea real de Israel, nació en Belén, muchos años antes de la profecía de Miqueas. El futuro gobernante saldría de esta raíz: Jesús es descendiente de David, el rey de la antigüedad. Tiene sangre antigua y real.

Pero creo que Miqueas nos está contando algo más. Los orígenes de Cristo son mucho más antiguos que David, que Abraham o incluso que la creación misma. El Salmo 74:12 nos dice que “Dios es mi rey desde la antigüedad”, usando la misma expresión que usa Miqueas para describir a Cristo. Miqueas insinúa que los orígenes de Jesús no son solo davídicos sino divinos. Él es Dios el Hijo, y al ser Dios, no tiene principio. El siempre ha existido.

Así que, lejos de los pasillos del poder, Jesucristo, descendiente de David a través de Su padre adoptivo, José, nació en Belén. Dios mismo vino a gobernar y a rescatar. Su apariencia no era impresionante. Su lugar de nacimiento era desfavorable. Pero Dios siempre obra de esta manera: es a través del mensaje débil y necio de la cruz que somos rescatados del pecado, una amenaza mucho mayor que los asirios de Miqueas. Y cuán apropiado es que Belén signifique “casa de pan”. Un lugar de nacimiento apropiado para Aquel que, en marcado contraste con Herodes y los reyes caníbales de los días de Miqueas, vino a alimentar a Su pueblo. El Pan de Vida, acostado en un pesebre, un comedero, en la Casa de Pan.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jonty Rhodes
Jonty Rhodes

El Rev. Jonty Rhodes es ministro de Christ Church Central Leeds en Leeds, Inglaterra. Es autor de Covenants Made Simple: Understanding God’s Unfolding Promises to His People.

Sola Scriptura vs. Tradiciones de la Iglesia

Evangelio.Blog

Sola Scriptura vs. Tradiciones de la Iglesia

Phil Johnson

Estoy en Finlandia para hablar con un grupo de líderes de la iglesia reformadora sobre el tema de sola Scriptura. La conferencia aquí comenzó esta noche. Cubriré temas como la autoridad, la precisión y la suficiencia de las Escrituras. También resaltaré los peligros de otorgarle demasiada autoridad a la tradición eclesiástica, especialmente cuando nuestras tradiciones pueden agobiar u oscurecer la simplicidad del Evangelio. O, lo que es peor, en algunas iglesias y denominaciones, las tradiciones eclesiales de larga tradición se han utilizado a menudo para ajustar o anular declaraciones claras de las Escrituras (véase Marcos 7:13).

Para ser claro: no soy uno de los que piensa que debemos deshacernos de cada orden de servicio, estructura o interpretación de la Escritura que tenga algún pedigrí en la tradición de la iglesia. (No soy organoclasta.) Sería la última persona en abogar por la ignorancia de la historia de la iglesia, mostrar desprecio por la idea misma de la tradición, o recomendar una actitud altiva y arrogante hacia los hombres de la iglesia piadosa y sus creencias y prácticas del pasado siglos. La tradición tiene un lugar legítimo en la iglesia; pero ese lugar no está cerca de la cima de la jerarquía.
De todos modos, mientras estaba en la cena con los asistentes a la conferencia esta noche, un amigo en Estados Unidos me envió un mensaje de texto sobre esos mismos problemas. Estaba preguntando si podríamos tener una conversación prolongada cuando regrese a la oficina. Estoy deseando mucho eso. Mientras tanto, pensé que su pregunta era tan buena y el tema tan importante que decidí responderle brevemente con un mensaje de texto en el acto. Mis amigos finlandeses alrededor de la mesa estaban conversando entre ellos, así que pensé que podría lanzar una respuesta rápida sin ser descortés.

Incorrecto. Mi respuesta se hizo un poco más larga de lo planeado, y cuando terminé de escribir con el pulgar, yo era el único que quedaba en la mesa. Entonces, con mis disculpas a mis anfitriones finlandeses, a quienes involuntariamente fui grosero, esta es mi respuesta a la pregunta de mi amigo. Mi respuesta debería darle suficientes pistas para discernir todo lo que necesitas saber sobre la esencia de lo que preguntó. Aqui lo tiene:

Respuesta corta: como en todas las estructuras, la autoridad es definicionalmente jerárquica. Creo que las tradiciones eclesiásticas bien establecidas pueden llevar cierta autoridad, pero nunca de una manera que triunfe sobre la Biblia.

En otras palabras, la práctica y las enseñanzas de nuestros antepasados ​​espirituales deben ser estudiadas y tomadas en serio, y aunque no tienen autoridad para desafiar o agregar artículos dogmáticos de fe a lo que la Biblia enseña, ciertas tradiciones tienen más autoridad que cualquier cosa ” Dios me dijo esta mañana … “

Creo que uno de los pecados que acosa a la (s) generación (es) actual (es) es una tendencia a ignorar las voces de los hombres piadosos que nos precedieron. Sola Scriptura correctamente entendida no es una receta para que toda persona llegue a su propia interpretación del texto sin ningún conocimiento derivado de comentarios, obras de referencia o la historia de lo que los hombres y concilios piadosos han dicho en el pasado. (La noción de que mi Biblia y yo somos todas las instrucciones que estoy dispuesto a escuchar es a lo que típicamente me referiría como “nuda scriptura en lugar de sola Scriptura”).

En resumen, si llego a una creencia o interpretación que nadie antes que yo ha visto alguna vez, mi suposición debería ser que probablemente estoy equivocado.

Por otro lado, el peligro de poner demasiado peso en la tradición fue rechazado por el propio Cristo, por lo que me inclino a pensar que el mayor peligro reside allí. Pero hay una zanja profunda y mortal en ambos lados, y nos corresponde permanecer entre esas zanjas.

Fuente

¿Mi pecado obstaculiza mis oraciones?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie:Preguntas claves sobre la oración

¿Mi pecado obstaculiza mis oraciones?

David E. Briones

Nota del editor: Este es el capítulo 16 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

La respuesta es sí. El pecado claramente obstaculiza las oraciones del pueblo de Dios. Muchos versículos confirman esto (por ejemplo: Sal 66:18Pr 28:9Is 59:2Jn 9:311 Pe 3:74:7). Pero la pregunta más específica que responderemos en este breve artículo es: “¿Impide mi pecado que Dios me conceda lo que pido?”. El versículo que aborda esa pregunta directamente es Santiago 4:3: “Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres”. Vamos a considerar lo que este texto dice y lo que no dice.

Santiago 4:3 dice que no recibiremos lo que pedimos si nuestros motivos son egoístas; es decir, si queremos algo de parte de Dios simplemente para “gastarlo en [nuestros] placeres”. Anteriormente, Santiago mencionó cómo estas “pasiones… combaten en vuestros miembros” (v. 1), pero la gente parece estar perdiendo en la batalla. Quieren las dádivas de Dios para satisfacer sus deseos pecaminosos. Usan herramientas cristianas para alcanzar la meta no cristiana de la autogratificación. Jesús ciertamente dijo a Sus discípulos: “Pedid, y se os dará” (Mt 7:7). Pero el motivo con el que uno pide debe estar basado en la segunda y la tercera petición del Padre nuestro: “Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mt 6:10). La persona que ora de esta manera desea las dádivas de Dios para glorificarle y gozarse en Él, tanto ahora como para siempre.

No siempre podremos entender el porqué, pero siempre debemos confiar en que nuestro buen Dios nos dará lo que más nos convenga según Su voluntad.

Sin embargo, Santiago 4:3 no está diciendo que recibiremos todo lo que deseemos si tenemos motivos piadosos, un corazón lleno de fe y amor por el Señor Jesucristo y una voluntad completamente alineada con la voluntad de Dios. A diferencia de muchos predicadores actuales del evangelio de la prosperidad, Dios no es un cajero automático divino. El hecho de que Él tenga fondos inagotables a Su disposición no significa que podemos simplemente retirar cualquier cantidad que deseemos, cuando sea que deseemos, para cualquier cosa que deseemos. El Señor es soberano y bueno. Él sabe precisamente lo que necesitamos y lo que no necesitamos. Necesitamos repetir la oración de Jesús: “No se haga Mi voluntad, sino la Tuya” (Lc 22:42).

Lo contrario también es verdad. El hecho de que nuestra oración no sea contestada en la manera que deseamos no significa que hay algún pecado oculto en nuestra vida o que nos falta fe. Claro, eso puede ser verdad. El pecado puede obstaculizar nuestras oraciones, pero no siempre es verdad que una oración obstaculizada significa que hay pecado presente. Un “no” de parte de Dios es una respuesta a la oración. Y este Dios que dice “no” da esa respuesta para nuestro bien y para Su gloria. No siempre podremos entender el porqué, pero siempre debemos confiar en que nuestro buen Dios nos dará lo que más nos convenga según Su voluntad.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David E. Briones
David E. Briones

El Dr. Briones es profesor de Nuevo Testamento en Reformation Bible College en Sanford, Florida. Es autor de Paul’s Financial Policy: A Socio-Theological Approach [La política financiera de Paul: Un enfoque socio-teológico].