El tronco de Isaí

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Serie: El Mesías prometido

El tronco de Isaí

Stephen J. Casselli

Nota del editor: Este es el 11vo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El profeta Isaías no tenía un árbol de Navidad. Tenía un tronco. Un tronco en el que crecía un solo retoño (Is 11:1). Según Isaías, ese es un verdadero árbol de Navidad. Pero ¿qué significa? ¿Por qué el profeta llama nuestra atención sobre este extraño y pequeño tronco de Navidad?

Es una imagen del Mesías prometido. Un Salvador que será el Rey. Él es un retoño del tronco de Isaí (Is 11:1). Isaí es el padre del rey David. Pero ahora todo lo que queda del glorioso reino de David es un tronco, tal como el Señor le prometió a Isaías cuando lo llamó (Is 6:13).

Desde Su nacimiento hasta Su resurrección, Jesús es el hombre del Espíritu por excelencia.

El pueblo de Dios se ha alejado. Se han apartado de su Dios, pero “las misericordias del SEÑOR jamás terminan” (Lm 3:22). Él promete levantar a Su libertador en medio de esta situación sombría y desesperada, de esta familia humilde y oscura. Y será como un retoño nuevo y vulnerable creciendo en el suelo del bosque. El Redentor prometido de Dios aparece en escena en las penumbras. Al principio parece ser débil y vulnerable. Saldrá de condiciones desesperantes, en aparente debilidad, pero Su carácter y reinado serán majestuosos.

Será la presencia del Espíritu Santo con Él lo que lo santificará y empoderará. “Reposará sobre Él el Espíritu del SEÑOR” (Is 11:2). El ungimiento de los reyes en Israel era una representación simbólica del Espíritu del Señor siendo derramado sobre ellos para que pudieran guiar al pueblo con sabiduría, justicia, fidelidad y poder (ver 1 Sam 16:13). Por el Espíritu, esta rama podrá saber lo que es correcto y ejecutar Su reinado en consecuencia.

Cuando llega el Mesías de Dios, descubrimos que Él no solo fue ungido con el Espíritu, como lo fueron los reyes de antaño, sino que en realidad fue concebido en el poder del Espíritu Santo (Lc 1:35). Desde Su nacimiento hasta Su resurrección (Rom 1:4), Jesús es el hombre del Espíritu por excelencia. En cada etapa de Su vida y ministerio, el Espíritu lo guía, lo dirige y lo empodera. Él sabe lo que se necesita para redimir a los Suyos, y el Espíritu lo capacita para salvar como corresponde.

El secreto de Su poder sabio es Su deleite en el temor del Señor (Is 11:3), el cual le es dado por el Espíritu. Él se deleita en el temor, una combinación curiosa. El principio de la sabiduría es el temor del Señor porque el que teme al Señor no temerá a nadie más. Esto es lo que lo habilita para ser un Juez equitativo (Is 11:4-5).

Esta es la esencia de la realeza. Él es un Juez misericordioso para los pobres y los afligidos [o  humildes] (v. 4). “Bienaventurados los humildes”, dijo Jesús. Los humildes son aquellos que conocen su necesidad y acuden humildemente a su Rey para recibir protección y cuidado.

Pero también es un Juez ferozmente justo que “herirá la tierra con la vara de Su boca” y “con el soplo de Sus labios matará al impío” (v. 4). Soplará sobre los orgullosos y los hará desaparecer. Los reyes justos y buenos traen justicia a la tierra. Jesús es el verdadero Juez (Jn 5:22).

La justicia produce paz. Por la sabiduría que le da el Espíritu y Su temor del Señor, Él marca el comienzo de un Reino mundial de paz. Allí los animales que suelen comerse unos a otros estarán morando en armonía (Is 11:6-7) y los niños estarán jugando con serpientes (v. 8). Ecos del Edén. Es un mundo donde la paz ha sido restaurada. Esto es lo que hacen los reyes buenos. Establecen la paz.

Desde la caída de Adán, la falta de armonía y el conflicto recorren todo el orden creado. Pero aquí, el depredador y la presa tienen naturalezas transformadas (v. 7), dando como resultado la paz. Incluso un niño podrá ejercer dominio sobre ellos, tal como Dios lo propuso desde el principio (v. 6; ver Gn 1:28).

La simiente de la serpiente ya no será temida (Is 11:8; ver Gn 3:15). En Jesús, la cabeza de la serpiente será aplastada, el enemigo será vencido. Aquí están las primicias proféticas de esa paz. Jesús ha venido como el Príncipe de Paz (Is 9:6). “La bendición del Salvador quitó la maldición”.

¿Y cómo nos convertimos en ciudadanos de Su Reino, en herederos de esta paz? Isaías nos dice: “La tierra estará llena del conocimiento del SEÑOR como las aguas cubren el mar” (Is 11:9). Conocemos al Rey, el Señor; confiamos en Él y lo amamos. Personas de todas las naciones de la tierra llegarán a conocer al Señor a través de este Rey y Mesías (v. 11).

¿Lo conoces? ¿Has doblado la rodilla ante Él y confesado que Él es tu Rey y tu Salvador?

Para todos los que sí lo conocen, Isaías promete que Su lugar de descanso es glorioso (v. 10). Paz con Dios, protección contra el pecado y Satanás, consuelo en el Espíritu, sin condenación. Todo está allí; ¿lo ves? ¿Ves ese tronco, ese retoño, ese Rey? Feliz Navidad.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Stephen J. Casselli
Stephen J. Casselli

El Dr. Stephen J. Casselli es ministro principal de Holy Trinity Presbyterian Church en Tampa, Fla. Es autor de Divine Rule Maintained [Gobierno divino mantenido].

¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

Got Questions

¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

El catolicismo romano, la ortodoxia oriental, y algunas denominaciones protestantes utilizan el término «sacramento» para referirse a «una señal/rito que resulta en el otorgamiento de la gracia de Dios al individuo.» Típicamente, existen siete sacramentos en estas denominaciones. Ellos son: el bautismo, la confirmación, la sagrada comunión, la confesión, el matrimonio, las santas órdenes, y la administración de los santos óleos. Según la iglesia católica, «Existen siete sacramentos. Fueron instituidos por Cristo y dados a la Iglesia para administrarlos. Son necesarios para la salvación. Los sacramentos son los vehículos de la gracia que transmiten.» La Biblia, por el contrario, nos dice que esa gracia no es dada mediante símbolos externos, y que ningún ritual es «necesario para la salvación.» La gracia es gratis. «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniéramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna» (Tito 3:4-7).

Una ordenanza es simplemente una «práctica o ceremonia prescrita.» Protestantes y evangélicos ven las ordenanzas como reconstrucciones simbólicas del mensaje del evangelio, que Cristo vivió, murió, resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y algún día regresará. En vez de requisitos para la salvación, las ordenanzas son ayudas visuales para hacernos comprender mejor, y apreciar lo que Jesucristo logró por nosotros en Su obra redentora. Las ordenanzas están determinadas por tres factores: Fueron instituidas por Cristo, fueron enseñadas por los apóstoles, y fueron practicadas por la iglesia primitiva. Ya que el bautismo y la comunión son los únicos ritos que cumplen con esos criterios, sólo puede haber dos ordenanzas. Ninguna de las ordenanzas es requerida para la salvación, y ninguna es un «vehículo de la gracia.»

Generalmente se entiende que las ordenanzas son esas cosas que Jesús nos dijo que hiciéramos por otros cristianos. Con respecto al bautismo, Mateo 28:18-20 dice: «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.'» En cuanto a la comunión, llamada también la Cena del Señor, Lucas 22:19 dice: «Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: ‘Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi.'» La mayoría de las iglesias observan estas dos prácticas, pero puede que no necesariamente se refieran a ellas como a ordenanzas.

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Príncipe de Paz

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Serie: El Mesías prometido

Príncipe de Paz

Scott Redd 

Nota del editor: Este es el décimo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

Imagina que el país que una vez amaste ahora se encuentra dividido, destruido, invadido por un liderazgo corrupto, amenazado por grandes poderes internacionales y aparentemente a punto de colapsar. Imagina a tus mejores líderes paralizados por su falta de carácter, indecisión e imprudencia en las alianzas internacionales. Todas estas situaciones moldearon las condiciones políticas y culturales de Jerusalén en el siglo VIII a. C., las cuales proveyeron el trasfondo para el cumplimiento de la profecía de Isaías 9:6-7. El reino del norte de Israel se había rebelado contra el reino del sur, Judá, al unirse neciamente con Siria al norte, una coalición que conduciría a la destrucción de ambas partes a manos del ejército asirio. Judá se quedó solo y con escasas posibilidades de supervivencia.

En medio de esta terrible situación, Isaías pronunció un oráculo de esperanza acerca de un niño que nacería en el reino y traería la restauración nacional e internacional al mundo.

El pasaje comienza asegurando a la audiencia sureña que el reino del norte será incluido en la restauración del exilio (Is 9:1). La restauración venidera incluirá a todos los hijos de Israel, aun a las tribus rebeldes del norte (ver Ez 37:16-17). Llegará el día en que terminará la oscuridad del exilio hasta para el norte y su capital, Samaria; aparecerá la aurora de la restauración y del nuevo rey. El Evangelio de Mateo muestra cómo la restauración del reino llega a través del ministerio de Jesucristo (Mt 4:12-16). Él es la luz que brilla en las tinieblas.

Nuestra afirmación de que el Rey regresará es igualmente audaz, pero nosotros sabemos de qué Rey hablaba Isaías.

Desde la perspectiva de Isaías, lo importante es que esta restauración venidera traerá consigo la reunificación de los dos reinos de Israel a través de un rey del linaje de David (ver 2 Sam 7:14). El nacimiento del niño marcará el fin de su sufrimiento en el exilio. El niño en Isaías 9 es el nuevo rey que inaugurará el período de restauración para el pueblo de Dios luego de los largos años de exilio.

Isaías 9:1-7 evoca una ceremonia de coronación en la que los títulos de la realeza se leen en voz alta ante una audiencia de súbditos y dignatarios. En este caso, cada título representa las características superlativas del nuevo regente, las cuales le servirán en su reino venidero como la luz que reemplaza la oscuridad del exilio que se avecina.

Admirable Consejero: El significado de este título podría parecer poco claro para una audiencia moderna. En este caso, un consejero representa un maestro de la sabiduría y sus enseñanzas. Este sabio consejero serviría en la corte del rey, quien a su vez gobernaba como jefe del poder judicial de la nación. Sin embargo, el rey restaurador se destacará en todas las áreas de la sabiduría, así como Salomón en la antigüedad, pero él mismo será un consejero maravilloso cuyo consejo va acompañado de milagros que confirman su mensaje (Mt 12:42Lc 11:311 Co 1:24). Como tal, él resolverá el problema de liderazgo deficiente que ha habido a través de la historia (Is 3:3).

Dios Poderoso: Este título indica que el rey será identificado por la soberanía divina de la cual se deriva su autoridad. Este rey no será como el primer rey de Israel, Saúl, quien era “pequeño a [sus] propios ojos” (1 Sam 15:17). Esa inseguridad lo llevó a guiar a la nación según sus propios planes y no según los planes de Dios. El rey restaurador será identificado con el rey divino y soberano del cual él, y todo líder terrenal, recibe su autoridad en la tierra (Mt 28:18).

Padre Eterno: Este título implica otra característica del trono: el rey como padre de la nación. Los cristianos recordarán que la paternidad de Dios es el tema principal de la oración que Jesús enseñó a Sus discípulos (Mt 6:9). En la oración se anima al creyente a orar a Dios como a un Padre cuyo reino vendrá y cuya voluntad real debe cumplirse tanto en el ámbito terrenal como en el celestial. En Isaías 9, el lenguaje de paternidad en este pasaje no tiene la intención de transmitir una intimidad cercana sino la reverencia con la que uno se dirige al rey (Jn 10:3014:9-10).

Príncipe de Paz: Este último título se refiere a la abundancia y la totalidad del reino de restauración que está por venir. El título “príncipe” no es necesariamente un título de menor autoridad gubernamental que el de “rey”, sino que incluye a un grupo más amplio de gobernantes. El futuro hijo de David no solo será rey, sino que será un gobernante que marca el inicio de un período de shalom (paz), de bienestar y de integridad comunitaria para el reino. Se hará justicia. Se le dará descanso al pobre y al oprimido. Y cada uno vivirá plena y totalmente según la vocación que Dios le otorgó (Jn 17:20-23Gál 3:27-29Flp 1:6).

Para el profeta Isaías, la seguridad de este reino de restauración y de su rey proveían un gran motivo de esperanza y celebración. Los suyos eran tiempos oscuros, e iban a ser aún más oscuros, pero el Señor en Su «celo» (Is 9:7) no permitiría que la oscuridad durara para siempre. Tenemos mucho en común con la audiencia de Isaías. Cuanto más tiempo parecía Dios ausente en las sombrías realidades del exilio, más audaz era la afirmación de que venía un rey restaurador. Nuestra afirmación de que el Rey regresará es igualmente audaz, pero nosotros sabemos de qué Rey hablaba Isaías. Lo hemos conocido, y Él volverá por nosotros, y Su regreso será glorioso.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Scott Redd
Scott Redd

El Dr. Scott Redd es presidente y profesor asociado de Antiguo Testamento en el Reformed Theological Seminary en Washington, D.C. Es el autor de The Wholeness Imperative [El imperativo de la totalidad].

Del vientre de la virgen

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Serie: El Mesías prometido

Del vientre de la virgen

Brandon C. Crowe

Nota del editor: Este es el noveno de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El nacimiento virginal de Jesús es una parte importante del mensaje de la Navidad. «A salvar los pecadores vino al seno virginal”. Esta doctrina es a menudo relacionada con la profecía de Isaías 7:14, pero este pasaje puede ser difícil de entender. ¿Qué significó originalmente? ¿Cómo encaja en el contexto del Antiguo Testamento? ¿Cómo cumplió Cristo esta profecía? Veamos brevemente a Isaías 7:14 —uno de los textos clave que habla del nacimiento virginal— y cómo se relaciona con la obra de Jesús.

Comenzamos con el contexto del Antiguo Testamento, que tiene muchos enredos que desenredar. En Isaías 7, el profeta Isaías es enviado al rey Acaz de Judá para instruirlo a pedir una señal de Dios (vv. 10-11). Esta iba a ser una señal de la provisión de Dios frente a la devastación potencial de Siria e Israel. Aunque pedir una señal de Dios está a menudo relacionado a la falta de fe, aquí Dios ordenó a Acaz que pidiera una señal. En este caso, no pedir una señal indica la falta de fe del rey (v. 12). En lugar de confiar en una alianza política con Asiria (ver 2 Reyes 16:1-9), Acaz fue instruido a confiar en el Dios que gobierna sobre las naciones. El rechazo de Acaz a obedecer la palabra profética y a confiar en Dios llevó finalmente a la invasión de los asirios en forma de abeja (Is 7:17-25).

Aunque Acaz no pidió una señal de Dios, una señal le fue dada. Esto es relatado en Isaías 7:14: “Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios mismo escogió la señal: el nacimiento de un niño especial. No está del todo claro a qué niño se refiere aquí. ¿Será Ezequías? ¿O uno de los hijos de Isaías? Pero lo que sí es cierto es que el niño viene de Dios como una señal para Acaz.

Lo que quizás no esté tan claro es si la joven en discusión era en realidad una virgen. Algunos han argumentado que el término hebreo traducido como «virgen» en Isaías 7:14 no es aparentemente el término más común para una virgen y es un término que puede referirse simplemente a una mujer joven que aún no ha tenido un hijo. De modo que, algunos han afirmado que Isaías no está hablando de un nacimiento virginal.

Dios mismo es nuestra ayuda y refugio, y no debemos poner nuestra confianza y esperanza en otro lugar.

Sin embargo, esta objeción es exagerada. Isaías tiene a una virgen en mente. El término que Isaías usa para referirse a una mujer joven consistentemente se refiere a una virgen en el Antiguo Testamento. Además, la traducción griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta) traduce el término hebreo sin ambigüedades, usando la palabra griega para «virgen». Finalmente, el testimonio del Nuevo Testamento confirma que Isaías 7:14 se refiere a un nacimiento virginal (Mt 1:22-23).

Este niño prometido es identificado como Emmanuel. Este título significa «Dios con nosotros» y necesita ser entendido en el contexto del pacto de Dios. Emmanuel puede evocar alentadores himnos de Navidad. Aunque en el contexto de Isaías, Emmanuel es una advertencia para Acaz, quien estaba rechazando la Palabra de Dios. En su caso, Emmanuel no era una bendición sino una maldición y una advertencia para que Acaz se arrepintiera. Así es como los pactos de Dios funcionan: Dios pone delante de nosotros una bendición y una maldición, y debemos responder en fe para obtener la bendición.

En resumen, el niño prometido por Isaías a Acaz era una señal de la fidelidad pactual de Dios y una crítica a la falta de fe de Acaz. Dios no abandonaría a Su pueblo. Dios mismo es nuestra ayuda y refugio, y no debemos poner nuestra confianza y esperanza en otro lugar.

La profecía a través Isaías tiene un referente cercano: antes de que este niño creciera, la coalición política que Acaz temía desaparecería (Is 7:16). Sin embargo, el niño que era una señal para Acaz apunta hacia un cumplimiento más definitivo. No está claro si el niño Emmanuel de Isaías 7:14 en los días de Acaz tuvo un nacimiento milagroso, pero sin duda fue una señal de «Dios con nosotros» para bendecir o para maldecir. Esto anticipa la gran venida de Jesús, que ciertamente nació de una virgen y es «Dios con nosotros» como el divino Hijo de Dios. Como en Isaías 7:14, la presencia pactual de Jesús con nosotros trae la posibilidad de una bendición o una maldición, dependiendo de si nos volvemos a Él o lo rechazamos.

La historia del rey Acaz debe servir de advertencia y ánimo. Debe advertir al pueblo pactual de Dios de los peligros de rechazar la Palabra de Dios; al parecer, Acaz incluso hizo pasar a su hijo por el fuego (2 Re 16:32 Cr 28:3). No obstante, también debe animarnos el hecho de que Dios no rechazará a Su pueblo. Él prometió enviar a un niño que traería bendición duradera a Su pueblo y vencería la maldad aparente en el corazón de Acaz, y en nuestros propios corazones. 

El último Emmanuel pasó por el ardiente bautismo del sufrimiento (Lc 12:49-50), culminando en Su muerte sacrificial. Sin embargo, fue resucitado a una nueva vida para que pudiera ser Dios con nosotros por siempre. Como cantamos en Navidad de este fruto del vientre de la virgen:   “Pues al dar Tu vida entera Tú nos traes vida y luz. Has Tu majestad dejado y buscarnos te has dignado; para darnos el vivir a la muerte quieres ir. Canta la celeste voz: ‘¡En los cielos gloria a Dios!’”.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Brandon C. Crowe
Brandon C. Crowe

El Dr. Brandon Crowe es profesor asociado de Nuevo Testamento en Westminster Theological Seminary en Filadelfia y autor del libro “Was Jesus Really Born of a Virgin?” [¿Verdaderamente Jesús nació de una virgen?]

El Sacerdote eterno

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Serie: El Mesías prometido

El Sacerdote eterno

Stephen M. Coleman 

Nota del editor: Este es el octavo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El Salmo 110 tiene la distinción de ser el texto del Antiguo Testamento citado con más frecuencia en el Nuevo Testamento. Escrito por el rey David, el Salmo 110 es un salmo de realeza que profetiza la ascensión y el gobierno de un futuro rey mesiánico. Este rey, dice David, vendrá en el poder del Señor (Sal 110:2) y establecerá el gobierno de Dios en toda la tierra (v. 5). Él juzgará entre las naciones (Sal 110:6), derrotará los enemigos de Dios (Sal 110:16), y reunirá al pueblo de Dios para Sí mismo (Sal 110:3). Y en un pasaje particularmente sorprendente, David incluso llama a este rey «mi Señor» (Sal 110:1), reconociendo la superioridad de su descendiente real.

En el centro de esta extraordinaria profecía aparece uno de los personajes más misteriosos del Antiguo Testamento. David dice: “El Señor ha jurado y no se retractará: ‘Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec’” (Sal 110:4). Melquisedec aparece solo una vez más en el Antiguo Testamento. Después de que Abraham derrotó a los cuatro reyes del Oriente y rescató a su sobrino Lot, se encontró con Melquisedec, quien es identificado como el rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo (Gn 14:18-20). David encuentra en este misterioso personaje un presagio de la persona y obra de Jesucristo como el Gran Rey y el Gran Sumo Sacerdote de Su pueblo.

En Jesús, el máximo Rey Sacerdote, encontramos a un Dios que conoce nuestros pesares, que ha cargado con nuestro pecado, y que gobierna sobre nosotros como nuestro Señor misericordioso.

Sacerdote real

Era común que los reyes del mundo antiguo fungieran también como sacerdotes. Ellos gobernaban no solo en el ámbito civil sino también en el ámbito sagrado. Sin embargo, para Israel tal sacerdote-rey era una imposibilidad. Dios había dado el reinado a la tribu de Judá (Gn 49:9-10), y específicamente al linaje de David (2 Sam 7:12-16). Pero el sacerdocio, lo confió exclusivamente a la tribu de Leví, y específicamente a los descendientes de Aarón. (Nm 17).

No obstante, David comprendió que el rey mesiánico de Israel gobernaría sobre todas las cosas, incluyendo el ámbito sagrado reservado para los sacerdotes. Pero, ¿sobre qué premisa podría el rey de Israel servir también como sacerdote? Después de todo, ¿no fue rechazado el rey Saúl por ejercer prerrogativas sacerdotales (1 Sam 13:13-14)? David halla en Melquisedec no solo la base para otro sacerdocio sino la esperanza de un mejor sacerdocio. Siguiendo un razonamiento similar, el autor de Hebreos señala que Abraham dio una décima parte de su botín a Melquisedec y recibió de él una bendición como expresiones claras de la superioridad de Melquisedec sobre Abraham (Heb 7:4-10). Y si Melquisedec es superior a Abraham, ciertamente es superior a Leví, el descendiente de Abraham. Melquisedec, cuyo nombre significa «rey de justicia», por lo tanto representa un mejor sacerdocio, en parte, porque el suyo es un sacerdocio real. Prefigurando el ministerio de Jesús, Melquisedec fue tanto sacerdote como rey.

Hay un maravilloso estímulo para los creyentes en el hecho de que Jesús una los oficios de rey y sacerdote. Si Jesús fuera solo un Rey, podríamos vivir con temor de Su justo juicio. Pero la buena noticia es que este Rey justo que gobierna sobre Su pueblo es también el Sumo Sacerdote que se ofrece a Sí Mismo como su sacrificio expiatorio y permanece como su Mediador ante el Padre. De hecho, debido a que tenemos tal Sumo Sacerdote, Él puede “compadecerse de nuestras flaquezas” (Heb 4:15) y podemos “[acercarnos] con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna” (Heb 4:16). En Jesús, el máximo Rey Sacerdote, encontramos a un Dios que conoce nuestros pesares, que ha cargado con nuestro pecado, y que gobierna sobre nosotros como nuestro Señor misericordioso.

Sacerdote eterno

El sacerdocio de Jesús es también superior al sacerdocio levítico porque es un sacerdocio eterno. David dice: “El Señor ha jurado y no se retractará: ‘Tú eres sacerdote para siempre’” (Sal 110:4). A diferencia de los sacerdotes levíticos, para quienes la genealogía era esencial a fin de establecer su legitimidad, no hay registro de la genealogía de Melquisedec en el Génesis ni en ningún otro lugar. No hay registro de su nacimiento o muerte, su linaje o sus descendientes. Como el autor de Hebreos astutamente observa, la presentación de Melquisedec en Génesis 14 le da una cualidad eterna, una cualidad que prefigura el carácter eterno del sumo sacerdocio de Jesús (Heb 7:3).

Una de las desventajas del sacerdocio levítico era que los que servían como sacerdotes estaban todos sujetos a la desafortunada condición de tener que morir. De modo que, así como había una necesidad constante de nuevos sacrificios para Israel, así también había una necesidad constante de nuevos sacerdotes. Pero el sacerdocio de Jesús es diferente. Es sacerdote para siempre. Debido a Su impecabilidad, aun después de Jesús ofrecerse a Sí mismo como el sacrificio perfecto y final, la muerte no pudo retenerlo (Heb 7:16). Y por lo tanto, está siempre a la diestra del Padre.

Para los creyentes en Cristo, el sumo sacerdocio eterno de Jesús debe ser una fuente diaria de consuelo. Es un recordatorio de que cuando olvidamos a Dios, Él no nos ha olvidado a nosotros. Cuando nosotros, por nuestra desobediencia, abandonamos a Dios, podemos saber que Él no nos ha abandonado (Heb 13:5). Tenemos un Mediador perfecto en el cielo que aboga por los méritos de Su propia sangre derramada por nosotros, trayéndonos de regreso a Dios a través del arrepentimiento y la fe en solo Él. El Salmo 110 anticipa y celebra el advenimiento de este Rey-Sacerdote eterno, Jesucristo.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Stephen M. Coleman
Stephen M. Coleman

El Dr. Stephen M. Coleman es profesor asistente de Antiguo Testamento en Westminster Theological Seminary en Filadelfia e investigador principal en el Centro J. Alan Groves para la Investigación Bíblica Avanzada.

4 Maneras En Que Los Cristianos Pueden Navegar Por La Confusión Cultural En Torno Al Género En La Próxima Década

Evangelio.Blog

4 Maneras En Que Los Cristianos Pueden Navegar Por La Confusión Cultural En Torno Al Género En La Próxima Década

Por: Carl R. Trueman

Tres Fundamentos Básicos Del Transgénero

La cuestión de la identidad transgénero parece que va a ser importante para los cristianos, tanto en asuntos de la vida pública como de la atención pastoral, en un futuro próximo. El furor que rodea todo, desde las políticas de los baños escolares hasta los deportes femeninos, pasando por los derechos respectivos de padres e hijos, garantiza su presencia en la política. Y el hecho de que cada vez más adolescentes afirmen experimentar disforia de género significa que es algo sobre lo que todas las iglesias y pastores harían bien en reflexionar.

El transgenerismo se apoya en tres fundamentos básicos para su plausibilidad. En primer lugar, conecta con la teoría de género desarrollada por Judith Butler, que considera el género como algo performativo. En resumen, ser hombre o ser mujer es desempeñar un papel o actuar de una manera determinada que la sociedad espera de quienes denomina hombres o mujeres. La biología no es realmente el factor importante aquí: el hecho de que se esperen ciertos comportamientos de los que tienen características sexuales masculinas y otros de los que tienen características femeninas es una expectativa construida socialmente. Esto desvincula efectivamente el género (el rol) del sexo (la biología).

En segundo lugar, depende de la tecnología. En las sociedades primitivas, los hombres y las mujeres se distinguían porque la mera fuerza física de los hombres significaba que eran más adecuados para el trabajo que lo requería. El desarrollo de la maquinaria industrial y, ahora, de la tecnología informática ha neutralizado en gran medida la importancia de esta diferencia física. Luego, la llegada de procedimientos médicos, quirúrgicos y hormonales, ha hecho plausible la idea de que se puede hacer que el cuerpo se doblegue a nuestra voluntad en la cuestión del género.

En tercer lugar, se basa en la amplia convicción moderna de que nuestro yo -lo que somos- es esencialmente psicológico. Nuestro verdadero yo es lo que sentimos o pensamos que somos. Por supuesto, es un poco más complicado que simplemente inventarnos a nosotros mismos a través de un monólogo interno. La sociedad en la que vivimos configura lo que consideramos deseable y plausible en cuanto a nuestra identidad. Pero la cuestión básica es ésta: eres la persona que crees que eres. ¿Tienes un cuerpo de hombre pero te sientes mujer? Entonces eres una mujer.

Ante esto, ¿cómo podría responder un cristiano? Parece que hay que hacer una serie de observaciones.

1. Separar Las Ambiciones Políticas Y La Atención Pastoral.

En primer lugar, es necesario hacer una distinción básica en esto (como en todos los asuntos relacionados con las cuestiones LGBTQ+) entre la oposición a las ambiciones políticas del movimiento en general y el cuidado pastoral de los individuos.

Esto es importante porque si no se hace así se llegará a uno de los dos resultados desafortunados: o bien no se mostrará compasión hacia el individuo que lucha con la confusión de género o se mostrará demasiada compasión hacia un movimiento decidido a desmantelar cualquier distinción entre hombre y mujer en la esfera pública.

2. Debemos Reconocer El Elemento De Verdad.

En segundo lugar, es importante reconocer que la teoría de género, como muchas otras filosofías fundamentalmente incorrectas, contiene un elemento de verdad. La forma de entender los papeles de los hombres y las mujeres varía de una época a otra y de un lugar a otro.

Teniendo en cuenta esto, es importante que al defender la distinción entre hombres y mujeres y la importancia de la biología para esa distinción, no acabemos defendiendo nuestras propias expectativas culturales de lo que deben hacer los hombres y las mujeres -cómo deben «desempeñar» sus papeles- como si fueran idénticas a la enseñanza bíblica. Eso es identificar la piedad con nuestra manera de hacer las cosas (y por lo tanto considerar a otras culturas como fundamentalmente defectuosas o pecaminosas) y nos hace muy vulnerables a las críticas del lobby transgénero, que entonces puede alegar fácilmente que simplemente nos estamos entregando al chovinismo cultural.

3. Comprender El Aspecto Comunitario.

En tercer lugar, es útil comprender la naturaleza comunitaria del fenómeno. El hecho de que el número de adolescentes con disforia de género haya aumentado en los últimos años no demuestra que siempre haya habido un gran número de ellos en nuestra sociedad y que siempre hayan tenido miedo de salir del armario.

Más bien es un indicio de que la transexualidad goza en la actualidad de caché como medio de pertenencia, como forma de expresarse de una manera que garantiza la pertenencia y el estatus en un grupo.

4. Comprender El Contexto Cultural Más Amplio.

En cuarto lugar, debemos familiarizarnos con el contexto cultural más amplio en el que el transgenerismo se ha convertido en algo plausible y con los hechos y las cifras que demuestran el trágico impacto que está teniendo en las vidas de muchas personas que deciden someterse a tratamientos hormonales y operaciones de cambio de sexo. Es mucho lo que está en juego políticamente en este asunto; pero lo más trágico es que hay innumerables y desgarradoras historias personales de cuerpos mutilados y vidas arruinadas. El trabajo de Ryan Anderson es especialmente útil en este sentido. Su libro, When Harry Became Sally, contiene muchos datos y también numerosos testimonios personales que ayudan a poner de manifiesto tanto las cuestiones médicas como las individuales.

El Papel de la Iglesia

Sin embargo, aunque hay cosas que podemos hacer como cristianos individuales para informarnos mejor sobre el asunto y tratar de actuar con convicción y compasión cuando nos enfrentamos a las cuestiones de género que se manifiestan tanto en la plaza pública como en el lugar de trabajo y en nuestras familias, la Iglesia también debe desempeñar su papel. Ya he señalado que una parte importante de la actual revolución transgénero es el papel de la comunidad en el moldear las expectativas individuales y la canalización de nuestros deseos. Eso es una parte básica de lo que significa ser humano: nuestro sentido de sí mismo, de lo que somos, siempre está moldeado a un nivel profundo por las comunidades en las que nos encontramos. Por eso la comunidad desempeña un papel tan importante en la Biblia, desde el pueblo de Israel hasta la iglesia apostólica. Y es la razón por la que a Pablo le preocupa tanto que los cristianos se mantengan en buena compañía porque, como dice, la malas compañías corrompen la moral: tendemos a adoptar las actitudes y el comportamiento de la compañía que tenemos o de la comunidad en la que vivimos.

La persona que lucha contra la disforia de género es alguien que, por definición, no se siente a gusto ni siquiera en su propio cuerpo. Esa sensación de malestar no puede eliminarse de la noche a la mañana. Pero debemos recordar que es, en cierto sentido, uno de los últimos modismos para expresar ese malestar que todos sentimos en un mundo que no es como debería ser y que está, por así decirlo, fuera de lugar. Aquí es donde la iglesia como comunidad confesional, disciplinada y de adoración se vuelve tan crítica.

Por ello, si la Iglesia ha de mantenerse firme frente a la cacofonía de identidades que envuelve ahora nuestro mundo -de la que el caos de género es sólo un ejemplo-, debe ser una comunidad fuerte en la que la gente sienta un profundo sentido de pertenencia y en la que, por tanto, se forme y fomente el sentido más profundo de sí misma. Esto implica tres cosas: una clara adhesión a la enseñanza bíblica en las áreas de identidad (nuestra identidad se encuentra en Cristo) y sexualidad (los deseos sexuales o nuestras convicciones internas sobre el género no son, en última instancia, constitutivos de lo que somos); un enfoque disciplinado de la adoración corporativa, ya que es donde Dios se encuentra con su pueblo y donde se nos recuerda quiénes somos; y un enfoque amoroso de la comunidad donde nos preocupamos genuinamente por los demás, mostramos hospitalidad y llevamos las cargas de los demás. Cada uno de estos elementos es vital para dar forma a lo que somos.

La Iglesia del futuro tendrá que ser mucho más consciente de quién es. Ya no puede confiar en la imaginación moral externa de la sociedad para reforzar sus principios éticos más básicos. Al contrario, la imaginación moral de la sociedad hace que la postura de la Iglesia en temas como el género y la sexualidad parezca profundamente inverosímil.

Carl Trueman is el autor de The Rise and Triumph of the Modern Self: Cultural Amnesia, Expressive Individualism, and the Road to Sexual Revolution.

Evangelio.Blog: https://evangelio.blog/2021/02/22/4-maneras-en-que-los-cristianos-pueden-navegar-por-la-confusin-cultural-en-torno-al-gnero-en-la-prxima-dcada/#more-28662

El Rey mesiánico

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

El Rey mesiánico

Robert J. Cara

Nota del editor: Este es el séptimo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El Salmo 2 enfatiza el reinado mesiánico o mediador de nuestro Señor Jesucristo. Es decir, Cristo siempre ha sido eternamente Rey como el segundo miembro de la Deidad, pero el Salmo 2 habla de Su reinado como el Dios-hombre y mediador del pacto de la gracia.

Este salmo ayudó a los escritores del Nuevo Testamento a comprender partes de los aspectos multifacéticos del reinado de Jesús. El Salmo 2 es citado explícitamente cuatro veces: dos veces en Hechos (Sal 2:1-2 en Hch 4:25-27Sal 2:7 en Hch 13:33) y dos veces en Hebreos (Sal 2:7 en Heb 1:55:5). Porciones del Salmo 2:9 también son mencionadas en Apocalipsis (2:27; 12:5; 19:15). Examinaremos estas cuatro citas específicas.

El Salmo 2 fue escrito por David y trata, en última instancia, acerca del Señor Jesucristo. Se divide en cuatro secciones: (1) hay enemigos contra Dios el Padre y Su “ungido”, Jesús (vv. 1-3); (2) Dios el Padre se ríe de Sus enemigos y declara que ha puesto a Su “Rey sobre Sión” (vv. 4-6); (3) Jesús dice lo que el Padre le ha dicho: Jesús es el “Hijo”, y Él destruirá a los enemigos de Dios con una “vara de hierro” (vv. 7-9); y (4) David alienta/advierte a todos que sirvan a Dios el Padre y a Jesús Su Hijo, concluyendo que “bienaventurados son todos los que en Él [Jesús] se refugian” (vv. 11-12).

Habrá enemigos contra Jesús y Su reino, pero Él triunfará.

En Hechos, Pedro y Juan son arrestados por hablar sobre la resurrección de Cristo y afirmar que un hombre cojo fue sanado en el nombre de Jesús. Posteriormente, ellos son liberados (Hch 4:1-22). Al regresar al cuerpo de la Iglesia, los creyentes citan el Salmo 2:1-2: “¿Por qué se enfurecieron los gentiles y los pueblos tramaron cosas vanas? Se presentaron los reyes de la tierra, y los gobernantes se juntaron a una contra el Señor y contra Su Ungido [griego Christos]” (Hch 4:25-26). Los creyentes concluyen que este texto se refería a aquellos que conspiraron y actuaron contra Jesús el Cristo: Herodes, Poncio Pilato, algunos gentiles y algunos judíos (v. 27). Además concluyen que este texto también se refiere a Pedro, Juan y a ellos mismos debido a su conexión con Jesús (v. 29). Por supuesto, como el Salmo 2 continúa indicando, el Cristo sería victorioso, al igual que aquellos conectados a Su reino. En el contexto de Hechos 4, Jesús había resucitado; Pedro, Juan y otros continuaron sanando y hablando con valentía acerca de Cristo (vv. 30-31). Sí, habrá enemigos contra Jesús y Su reino, pero Él triunfará (ver Ap 12:519:15).

El Salmo 2:7: “Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy”, es citado tres veces en el Nuevo Testamento: Hechos 13:33 y Hebreos 1:55:5. La palabra hijo era una forma común en el Antiguo Testamento para referirse a varios reyes davídicos y también al Rey davídico, el futuro Mesías. Indica una relación especial entre el rey y Dios.

En su primer viaje misionero, Pablo pronunció un sermón en la sinagoga de Antioquía de Pisidia (Hch 13:16-41). Él cuenta las buenas noticias de salvación que están relacionadas con la muerte y resurrección de Jesús. En relación específicamente con la resurrección, Pablo cita tres textos del Antiguo Testamento: Sal 2:716:10; e Is 55:3. El Salmo 2:7 es citado en Hechos 13:33: “Hijo Mío eres Tú; Yo te he engendrado hoy”. Por supuesto, aquí “engendrado” no significa biológicamente nacido, sino que, en Su resurrección, Jesús ha entrado en otra etapa de Sus deberes reales. Como el poderoso Rey sentado a la diestra de Dios, Él puede efectuar la salvación de Su pueblo (ver Hch 4:11-12).

En Hebreos 1:5, el Salmo 2:7 es citado y la palabra “Hijo” es enfatizada. El autor de Hebreos está señalando que Jesús es mejor que los ángeles porque es llamado el “Hijo”, y a ellos no se les da este título. Un segundo texto es citado para demostrar que Jesús es este Hijo especial: “Yo seré Padre para Él, y Él será Hijo para Mí” (2 Sam 7:14Heb 1:5). El contexto de 2 Samuel 7:14 es la iniciación trascendental del pacto davídico. Estos dos versículos se combinan para enfatizar aún más la relación única entre Dios el Padre y Su Hijo Rey. Después de la resurrección de Jesús, un aspecto de Su reinado mediador (Heb 8:69:15) es el poder: “se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (1:3).

La tercera cita del Salmo 2:7 está en Hebreos 5:5. Aquí se resalta un aspecto diferente. En el contexto de discutir los aspectos sacerdotales y reales del ministerio de Jesús, se señala que Jesús no se exaltó a Sí mismo sino que fue designado (“engendrado”) por Dios el Padre. Este aspecto de no exaltarse a Sí mismo fue prefigurado por el sumo sacerdote del Antiguo Testamento, quien tampoco se eligió a sí mismo (5:4-6). Además, la vida terrenal de Jesús exhibió esta humilde cualidad como nuestro líder/rey: “Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos” (Mr 10:45).

Ciertamente, puede decirse acerca de Jesús el Rey: “bienaventurados son todos los que en Él se refugian” (Sal 2:12).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert J. Cara
Robert J. Cara

El Dr. Robert J. Cara es rector, director académico y profesor del Nuevo Testamento de Hugh and Sallie Reaves en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, Carolina del Norte. Es autor de Cracking the Foundation of the New Perspective on Paul [Quebrando los cimientos de la nueva perspectiva sobre Pablo] y de un próximo comentario sobre el libro de Hebreos.

Nada Es Imposible Para Dios – 1/2

HeartCry Missionaty Society
1/2 – Nada Es Imposible Para Dios

Por: Martyn Lloyd JonesThomas Watson

Tópico: El Poder de Dios

Martyn Lloyd-Jones escribe“‘¿Cómo será esto?’ pregunta María, cuando es informada de la promesa por el ángel. ‘La cosa es imposible,’ dice ella. Esta es la respuesta, ‘Con Dios nada es imposible;’ como si el ángel se volteara hacia ella y dijera, ‘¡Ah! María, todavía estás pensando en los términos antiguos y en la manera humana antigua. Lo que te estoy anunciando es muy diferente. Dios va a actuar ahora. Humanamente hablando tú estás en lo correcto, pero esto no va a ser humano, esto será divino. Dios va a interrumpir en el mundo. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra.’ ¡No, no! la historia de salvación no es la historia de Dios esperando que nosotros hagamos algo, esperando que nos arrepintamos y que volteemos hacia Él y hagamos buenas obras; tampoco es solo la historia de Dios respondiendo a lo que hayamos hecho y premiándonos al perdonarnos. Todo eso sería maravilloso, pero es como nada en comparación con la historia que la Biblia revela. Porque aquí encontramos no a un Dios pasivo sino a un Dios activo, no un Dios que está listo a simplemente recibirnos, sino un Dios que realmente sale y busca por nosotros; no un Dios que puede ser persuadido por nuestras vidas y acciones para perdonarnos, sino ¡un Dios cuyo amor es tan grande que Él no solamente perdona sino que también nos persuade a ser perdonados; cuya misericordia es tan ilimitada que Él no solo está listo para reconciliarse con nosotros, sino que en realidad Él mismo trata con nosotros como para que nos reconciliemos con Él! ‘Con Dios nada será imposible.’ Es Dios quien hace todas las cosas.” (Sermones Evangelísticos, p.195-196).

Thomas Watson escribe,”Cristo nació de una virgen, una cosa no solo extraña en la naturaleza, sino imposible, aprende, que no hay imposibles para Dios. Dios puede hacer que pasen cosas que no producen en la esfera natural; como el hierro pueda nadar, que pueda brotar agua de la roca, y que el fuego pueda lamer el agua de las zanjas (I Reyes 18:38). Es natural que el agua apague el fuego, pero que el fuego consuma el agua es imposible en el curso de la naturaleza; pero Dios puede hacer todas estas cosas. ‘No hay nada difícil para Él’ (Jeremías 32:27). ‘Si esto es maravillo a tus ojos, ¿también es maravilloso a mis ojos? dice el Señor’ (Zacarías 8:6). ¿Cómo Dios sería unido a nuestra carne? Esto es imposible para nosotros, pero no para Dios; Él puede hacer lo que trasciende a la razón, y excede la fe. Él no sería nuestro Dios si Él no podría hacer más de lo que nosotros podemos pensar – Efesios 3:20” (Un cuerpo de Divinidad, p. 198).

MARTYN LLOYD JONES

Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. También fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Él tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangélica del siglo 20 con un gran énfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como «lógica ardiente.» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como médico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. Después de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormía en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

El plan de redención – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 20/26

El plan de redención – Parte 2

Bienvenido. Oremos antes de iniciar – «Señor, te alabamos por la gracia de considerar las inescrutables riquezas de Cristo. Ayúdanos a valorar a Jesús por sobre todas las cosas».

  1. Introducción

La semana pasada comenzamos a mirar el glorioso plan de redención de Dios. Si eres un creyente en Jesús, tu corazón debería deleitarse al estudiar el plan y los propósitos de salvación de Dios porque es la historia de cómo Dios te salvó.

Empezamos explicando lo que los teólogos a menudo nos referimos como el orden de la salvación que nos ayuda a entender cómo Dios aplica la redención a los creyentes. Puedes encontrar ese orden en tu folleto.

La semana pasada consideramos las primeras 3 etapas: la elección, el llamado del evangelio y la regeneración. Esta mañana retomaremos con la conversión, luego veremos la unión con Cristo, y luego cerraremos con la doctrina de la justificación.

  1. La conversión (fe y arrepentimiento)

Primero, echemos un vistazo a la conversión. Permíteme comenzar nuestra discusión acerca de la conversión leyendo la declaración de fe de nuestra iglesia en lo que respecta al tema de la conversión, en el artículo VIII, titulado «Del Arrepentimiento y la Fe»:

Artículo VIII, Del Arrepentimiento y la Fe, Declaración de Fe de CHBC:

Creemos que el arrepentimiento y la fe son deberes sagrados, y también gracias inseparables, forjadas en nuestras almas por el Espíritu regenerador de Dios; por lo cual, estando profundamente convencidos de nuestra culpa, peligro e impotencia, y del camino de la salvación por Cristo, nos dirigimos a Dios con contrición, confesión y súplica fidedignas para obtener misericordia; al mismo tiempo, recibimos con entusiasmo al Señor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiamos únicamente en Él como el único y suficiente Salvador.

Como lo explica nuestra Declaración de Fe, la conversión es «nuestra respuesta voluntaria al llamado del evangelio, en el cual nos arrepentimos de todo corazón de los pecados y ponemos nuestra confianza en Cristo para nuestra salvación personal». Es en este paso que la regeneración nos da la capacidad de actuar, renovando nuestra mente y voluntad.

La conversión  implica arrepentimiento y fe. Entonces, cuando compartes el evangelio, un resumen útil es DIOS-HOMBRE-CRISTO-RESPUESTA; cuando miramos la conversión, pensamos en nuestra necesidad de responder, responder con fe y arrepentimiento. Miremos cada aspecto por separado.

El arrepentimiento

Primero, el arrepentimiento.

Las primeras palabras de Jesús para nosotros en el Evangelio de Marcos son un llamado al arrepentimiento y la fe.

Marcos 1:15: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio».

Las últimas palabras de Pablo a los ancianos de Éfeso resumen el evangelio que les predicó: Hechos 20:20-21: «Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,  testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo».

¿Qué es el arrepentimiento? El arrepentimiento implica un dolor sincero por el pecado, una renuncia a él y un compromiso sincero de abandonarlo y caminar en obediencia a Cristo.

En el libro de Zacarías, Dios habla por medio del profeta Zacarías a su pueblo. Un pueblo que lo había desobedecido una y otra vez. Un pueblo que vivió atrozmente en su pecado y adoró a otros dioses. Vidas de pecado y rebelión que destruyeron la relación de Dios con su pueblo.

¿Cuál fue el mensaje de Dios a su pueblo a través del profeta Zacarías? Capítulo 1, versículo 3: «Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos».

Dios estaba llamando a los israelitas al arrepentimiento. Lo estaba haciendo por muchas razones, pero el principal motivo era el propósito de restaurar su relación con su pueblo. Como tal, el arrepentimiento, debe decirse, se refiere a la reparación de una relación con Dios que ha sido perturbada por el pecado humano[1].

Como dice Mark Boda, el arrepentimiento «es fundamentalmente un retorno a la comunión íntima con el Dios trino, nuestro Creador y Redentor». Es un retorno relacional que «surge del corazón humano e impacta las actitudes, palabras y acciones».

No se trata solo del dolor de ofender a un Dios santo. Ni siquiera se trata solo de honrarlo con la forma en la que vives, por importante que sea. Fundamentalmente, el arrepentimiento es la restauración de una relación quebrantada con Dios por causa del pecado, cuyo remedio solo puede obtenerse mediante el acto del arrepentimiento.

Y, para ese fin, debe entenderse que el arrepentimiento NO es una simple confesión de pecado. No te dejes engañar por el uso indebido de este término por parte de la cultura. Confesarse no es arrepentirse. La confesión es el primer paso para el arrepentimiento, pero no es el arrepentimiento.

El arrepentimiento requiere un abandono total del pecado y la búsqueda de otra forma de vida… Porque si el propósito del arrepentimiento es restaurar una relación quebrantada con Dios, debemos entender que él NO puede ser burlado. No podemos decirle que lo sentimos y continuar con nuestro pecado… No, el verdadero arrepentimiento es confesar ese pecado, sí, pero luego apartarse de ese pecado y caer de cabeza en el regazo de Jesús para la salvación de nuestra alma.

Imagina que tú y tus amigos se dirigen desde Washington, DC a Nueva York. Te subes al auto y pronto comienzas a ver señales de Richmond, Virginia; luego Charlotte, Carolina del Norte. ¿Qué le dices al conductor? ¡Estás yendo por el camino equivocado! El conductor dice: Lo siento, sí, ¡tienes razón! Deberíamos ir hacia el norte, me siento tan mal por habernos retrasado. Entonces vuelves a la carretera, y pronto ves señales de Charleston, Carolina del Sur; y Savannah, Georgia. ¿El conductor se arrepintió? ¡No! Quizá lo lamenta, pero el arrepentimiento implica mucho más que eso: es girar en U e ir en la otra dirección.

El arrepentimiento no es una cosa de una sola vez. Es algo de toda la vida. Como creyentes, corremos la carrera del arrepentimiento durante toda nuestra vida. La fe y el arrepentimiento verdadero comienzan a ocurrir en un momento de nuestras vidas, pero no solo durante ese momento. La fe y el arrepentimiento marcarán al verdadero cristiano a lo largo de su vida, mientras Dios lleva a cabo su obra hasta su culminación.

Dios no solo usa la convicción de nuestra maldad para ver esto, sino también la realización de su bondad: nuestra aprehensión de la misericordia de Dios hacia nosotros irrumpe nuestros corazones y nos lleva a arrepentirnos.

Da un vistazo a lo que Dios dice en Joel 2:12-13: «Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamentoRasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo».

Pablo le pregunta al lector en Romanos 2:4: «¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?».

Esta idea de la importancia y el rol de reconocer la bondad de Dios en el proceso del arrepentimiento se ilustra en Lucas 15: El hijo pródigo había estado viviendo en rebelión y pecado. Luego, en el versículo 17, se nos dice que vuelve en sí… y regresa a casa con la esperanza de que su padre al menos le permita volver a ser un jornalero. Sin duda tenía una visión equivocada de su padre cuando pidió la herencia para obtener su «libertad» años antes. Pero ahora, él confiesa que su padre es un hombre generoso y que el servicio en casa es mucho mejor que la «libertad» en el país lejano… Si el chico hubiera pensado solo en sí mismo –en su hambre, nostalgia, soledad–, habría terminado desesperado. Pero sus dolorosas circunstancias lo ayudaron a ver a su padre de una nueva manera, y esto le trajo esperanza[2]. ¡Esto produjo un verdadero arrepentimiento!

J.I. Packer lo expresa de esta manera: «El arrepentimiento que Cristo requiere de su pueblo consiste en una firme negativa de establecer límites a las afirmaciones que él pueda hacer sobre sus vidas»[3]. El verdadero arrepentimiento es decir: «Está bien, Dios, lo que sea necesario, te lo entrego todo y te seguiré con absoluto abandono… Sin importar el costo… Sin importar el pecado… Sin importar la lucha. Ese es el verdadero arrepentimiento.

Amigo, oro para que si el día de hoy te encuentras viviendo en pecado sin arrepentimiento ni confesión, abandones tu pecado para salvación de tu alma.

La fe

Dicho eso, y habiendo mirado el arrepentimiento, veamos y definamos lo que queremos decir con «fe salvadora».

Efesios 2:8-10 dice: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe».

¿Qué es la fe en Jesucristo? Primero, la fe debe incluir el conocimiento de Cristo y lo que él ha hecho en el evangelio. Debemos tener algunos conocimientos básicos y comprensión sobre los hechos que rodean a Jesucristo. No podemos tener fe en algo o alguien que no conocemos, con el que no tenemos una relación o que no comprendemos.

Romanos 10:14 dice: «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?».

Debemos saber acerca de Jesucristo si debemos creer en él. Por eso es tan imperativo que compartamos el evangelio con otros. ¿Cómo sabrán ellos acerca de la salvación si no pueden escuchar el evangelio? ¡No lo harán! ¡La fe salvadora solo se logra conociendo las buenas noticias del evangelio de Jesucristo!

Pero alguien podría decir: «Sí, pero incluso los demonios «saben» acerca de Jesucristo… ¿No tienen ellos este «conocimiento» del que hablas… y, sin embargo, no son salvos?» Y esa persona estaría en lo correcto. Santiago 2:19 dice: «Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan».

Por tanto, la fe salvadora también debe incluir confianza. No solo sabemos acerca de él, nos confiamos a él. Lo recibimos. Descansamos en él. Nos arrojamos sobre él. La fe en Jesucristo es una gracia salvadora (Efesios 2:8-9Filipenses 1:29), por la cual recibimos (Juan 1:12) y descansamos solo en él para salvación, tal como se nos ofrece en el evangelio.

IlustraciónUn edificio en llamas.

Aquí es importante resaltar que no es la fuerza de nuestra fe la que salva, sino que es el objeto de nuestra fe el que salva. Jesucristo es el objeto de nuestra fe. Él nos salva. Puede que estés colgando de un hilo, pero no es la fuerza de tu agarre lo que te salva, sino más bien en quién estás confiando el que lo hace. A medida que aprendes y entiendes que no es la fuerza de tu fe, sino la persona, rápidamente encontrarás que no eres tú quien se aferra a Cristo, sino que es él quien se aferra a ti (Juan 10:28).

Me encanta la forma en que lo dice nuestra Declaración de Fe: «recibimos con entusiasmo al Señor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiamos únicamente en Él como el único y suficiente Salvador».

John Murray lo expresa de la siguiente manera: La fe es una «transferencia de la confianza que hay en nosotros mismos y en todos los recursos humanos a la confianza solo en Cristo para salvación. Es recibirle y descansar en él… La fe es confianza en una persona, la persona de Cristo, el Hijo de Dios y el Salvador de los perdidos. Nos confiamos a él. No es simplemente creerle a Él; es creer en Él y sobre Él»[4].

Ilustración: La silla en la que estás sentado.

¿Cómo deberíamos pensar acerca de la fe en el proceso de la salvación? Horatius Bonar lo expresó así:

«La fe no es Cristo ni la cruz de Cristo. La fe es siempre la mano extendida del mendigo, nunca el oro del rico, la fe es la ventana que deja pasar la luz, nunca es el sol.

Sin mérito en sí misma, nos une a la infinita dignidad de Aquel en quien el Padre se complace; y al unirnos, nos presenta perfectos en la perfección de otro.

Aunque no es el fundamento establecido en Sión, nos lleva a ese fundamento, y nos mantiene allí, arraigados y asentados, para que no nos alejemos de la esperanza del evangelio.

Aunque no es el evangelio, las buenas nuevas, recibe estas buenas nuevas como las verdades eternas de Dios, y le pide al alma que se regocije en ellas; aunque no es el holocausto, se detiene y mira la llama que asciende, lo que nos asegura que la ira que debería haber consumido al pecador cayó sobre el Sustituto»[5].

Preguntas: ¿De qué manera una correcta comprensión de la conversión es esencial o incluso útil para la comprensión de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera una correcta comprensión de la conversión es esencial para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo?

  1. La unión con Cristo

Habiendo hablado de la fe salvadora, ahora debemos entender que la fe salvadora nos une al Salvador, el Señor Jesucristo. Ser salvo es estar unido al Salvador, el quinto paso en el orden de la salvación.

Estar unidos a Cristo significa que los creyentes se unen personalmente a Jesús vivo, encarnado, crucificado, resucitado y reinante por su Espíritu Santo a través de la fe. La fe dada por Dios y forjada por el Espíritu nos une a Jesucristo, en quien tenemos toda bendición espiritual para la vida y la eternidad.

Así, en Efesios 1:3, Pablo escribe: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». De hecho, vayamos a Efesios 1:3-14 juntos. Quiero que notes todas las referencias a la unión con Cristo mientras leemos esto juntos [observa todas las referencias a la unión con Cristo].

Efesios 1:3-14: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristosegún nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria».

Hay un montón de imágenes bíblicas que ilustran esta unión con Cristo:

La unión con Cristo se asemeja a la de un edificio y su piedra angular (Efesios 2:20-22), una vid y sus ramas (Juan 15:1-8), los miembros de un cuerpo humano y su cabeza (Efesios 1:22-231 Corintios 12:12), y la unión entre un esposo y una esposa (Efesios 5:31-322 Corintios 11:2).

Todos los beneficios de la salvación fluyen a nosotros en virtud de estar unidos al Salvador.

¡Los creyentes son justificados en Cristo, santificados en Cristo, adoptados en Cristo, preservados en Cristo y glorificados en Cristo! Poseemos vida eterna en Cristo (Romanos 6:23); somos justificados en Cristo (Romanos 8:1); glorificados en Cristo (Romanos 8:302 Corintios 3:18); santificados en Cristo (1 Corintios 1:2); llamados en Cristo (v. 9); hechos vivos en Cristo (15:22; Efesios 2:5); creados nuevamente en Cristo (2 Corintios 5:17); adoptados como hijos de Dios en Cristo (Gálatas 3:26); escogidos en Cristo (Efesios 1:4); y resucitados con Cristo (Col. 3:1).

Si Pablo quiere referirse a un cristiano, su manera breve de hacerlo es decir que una persona está «en Cristo» o «en el Señor» (véase Romanos 16:1-13Filipenses 4:21). Col. 1:2). Sin Cristo, Dios es terrible. En Cristo, Dios es maravilloso.

John Murray dice acerca de la unión con Cristo: «La unión con Cristo es realmente la verdad central de toda la doctrina de la salvación, no solo en su aplicación, sino también en su logro definitivo en la obra consumada de Cristo»[6].

Cristo es un tesoro infinito de gracia. Pasaremos el resto de nuestro tiempo esta mañana maravillándonos de los beneficios maravillosos que llegan a los creyentes en virtud de nuestra unión con él[7]. Pero antes de hacerlo, déjame hacerte un par de preguntas…

Preguntas: (1) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de nuestra unión con Cristo o incluso útil para nuestro entendimiento o seguridad de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la unión de los cristianos con Cristo para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo y discipulado?

  1. La justificación

Con ese fin, echemos un vistazo a la doctrina de la justificación, el sexto paso en el orden de la salvación. Para hacer eso, déjame leer lo que dice nuestra Declaración de Fe acerca de la doctrina; puedes encontrar en la página 3 de tu folleto:

Artículo VDe la JustificaciónDeclaración de Fe de CHBC:

Creemos que la gran bendición del Evangelio que Cristo asegura a los que creen en Él es la Justificación; esa Justificación incluye el perdón del pecado y la promesa de la vida eterna sobre los principios de la justicia; que es otorgada, no en consideración a ninguna obra de justicia que hayamos hecho, sino únicamente a través de la fe en la sangre del Redentor; en virtud de la cual, su perfecta justicia nos es imputada libremente por Dios; que nos lleva a un estado de bendita paz y favor con Dios, y asegura todas las demás bendiciones necesarias para el tiempo y la eternidad.

La justificación es esa bendición salvadora mediante la cual los pecadores son declarados justos ante Dios a través del perdón de nuestros pecados y la imputación de la justicia de Cristo. Esta declaraciób legal de Dios se produce precisamente cuando somos llevados a compartir la vida justa, la muerte que lleva el pecado y la resurrección triunfante de Jesús.

La justificación es una declaración legal o judicial de Dios de que somos justos ante sus ojos… no debido a nuestras obras, sino porque él imputa o acredita la justicia de su Hijo como la nuestra. Somos contados justos en Cristo.

Si pensamos que la regeneración es comparable al trabajo de un cirujano que está creando un nuevo corazón, la justificación sería entonces comparable al trabajo de un juez. Es una declaración externa y legal de parte de Dios de nuestra posición ante Dios, a saber, que ahora somos justos, limpios o «no culpables» ante Él.

Pablo escribe en 2 Co. 5: 21 acerca de esta justicia imputada: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».

Más tarde, Pablo escribiría a los filipenses en Filipenses 3:4-9: «Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe».

Somos justificados solo por la fe, solo en Cristo, no por nuestras obras.

Es instantáneo sobre nuestra verdadera confesión de fe en Cristo. «Cristo no solo nos acredita la gracia para que podamos producir buenas obras y ganar nuestro camino al cielo», como es la posición del catolicismo romano. La Escritura es clara en este punto:

  • Gálatas 2:16: «Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado».

Nuestra fe en Cristo «dispara» la justificación. La fe es en sí misma un regalo de Dios que no podemos obtener o ejercitar por nuestra cuenta. Nosotros simplemente no podemos producir fe salvadora, y no podemos ganar la fe o la salvación por ningún acto o mérito de nuestra parte. Somos justificados solo por la gracia de Dios solo a través de la fe.

Entonces, de esta manera, es todo gracia. La gracia de Dios al darnos fe salvadora. Y la gracia de Dios al hacer que esa fe salvadora sea suficiente para justificarnos a través de la obra de Cristo.

¿Te has preguntado por qué la fe es el medio que Dios usa para justificar al pecador? ¿Por qué Dios no usó el amor, la humildad o la bondad? Bueno, Dios usa la fe porque va exactamente en contra de nuestra autodependencia. Confiar en Dios para ser justificados entra en conflicto directo con el deseo del hombre de depender de sus propias buenas obras para la salvación. Es Dios quien recibirá la alabanza y la gloria en la salvación y no el hombre. Es la justicia de Cristo lo que nos hace inocentes.

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9)

Preguntas: (1) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la justificación o incluso útil para la comprensión de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la justificación para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo?

Oremos.

Opcional para la justificación: Catecismo de Heidelberg

P. 60: ¿Cómo eres justo ante Dios?

Por la sola verdadera fe en Jesucristo,a de tal suerte que, aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, no habiendo guardado jamás ninguno de ellos,b y estando siempre inclinado a todo mal,c sin merecimiento alguno mío,d solo por su gracia,e Dios me imputa y daf la perfecta satisfacción,g justicia y santidad de Cristoh como si no hubiera yo tenido, ni cometido algún pecado, antes bien como si yo mismo hubiera cumplido aquella obediencia que Cristo cumplió por mí,i con tal que yo abrace estas gracias y beneficios con verdadera fej.

[aRo. 3:21-2224Ro. 5:1-2Gl. 2:16Ef. 2:8-9Fil. 3:9b. Ro. 3:19c. Ro. 7:23d. Tit. 3:5Dt. 9:6Ez. 36:22e. Ro. 3:24Ef. 2:8Ef. 4:42 Co. 5:19g. 1 Jn. 2:2h. 1 Jn. 2:1i. 2 Co. 5:21j. Ro. 3:22Jn. 3:18][8].

[1]Boda, Mark J. Return to Me: A Biblical Theology of Repentance (Nuevos Estudios sobre Teología Bíblica).

[2]Wiersbe, W. W. (1996). The Bible exposition commentary (Vol. 1, p. 235). Wheaton, IL: Victor Books.

[3]J.I. Packer, Evangelism and the Sovereignty of God (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1961/2008), 81.

[4]John Murray, Redemption Accomplished and Applied (Grand Rapids: Eerdmans, 1955), 111-12.

[5]–Horatius Bonar, The Everlasting Righteousness; or, How Shall a Man be Just with God? (Carlisle, Pa.: Banner of Truth, 1874/1993), 111-113.

[6]John Murray, Redemption Accomplished and Applied (Grand Rapids: Eerdmans, 1955), 161.

[7]Col. 2:20-3:4Juan 17:24-26

[8]http://www.clir.net/pdf/heidelberg.pdf

Mark Deve

¿Qué es la muerte?

The Master’s Seminary

¿Qué es la muerte?

Dr. Sam Horn

Sam Horn

Sam Horn

Sam Horn se desempeña como presidente de la Universidad y el Seminario de Maestría. Tiene décadas de experiencia en administración de educación superior y una pasión por capacitar a hombres y mujeres para el ministerio del evangelio. El Dr. Horn y su esposa, Beth, tienen un hijo, Robert, y una hija, Ashton.