El plan de redención – Parte 3

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Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 21/26

El plan de redención – Parte 3

Bienvenido. Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

En las últimas dos semanas, hemos estado mirando el glorioso plan de redención de Dios. Como dije la semana pasada, si eres un creyentes en Jesús, tu corazón debería deleitarse en estudiar el plan y los propósitos de salvación de Dios porque es la historia de cómo Dios te salvó.

Comenzamos a explicar lo que los teólogos a menudo nos referimos como el orden de la salvación que nos ayuda a entender cómo Dios aplica la redención a los creyentes. Puedes encontrar ese orden en la Sección 1 de tu folleto.

Hace un par de semanas, hablamos acerca de los tres primeros pasos o etapas del orden de la salvación: la elección, el llamado del evangelio y la regeneración. Luego, la semana pasada, echamos un vistazo a las siguientes dos etapas: la conversión y la justificación. También dimos un vistazo a la idea de la unión con Cristo, cómo se manifiesta a través del acto de la conversión y es la realidad de nuestra justificación. Hoy veremos los siguientes tres pasos o etapas del orden de la salvación: la adopción, la santificación y la perseverancia.

En otras palabras, podrías decir que estaremos mirando la gloriosa obra de Dios de adoptar pecadores rebeldes en su propia familia, para santificarlos y, luego preservarlos hasta el final.

  1. La adopción

El primer tema en el que queremos pensar es la adopción. Esta idea de la adopción no es un concepto extraño para nosotros. Es donde el creyente, que una vez fue un extraño para Dios, entra a la familia de Dios y se convierte en un hijo de Dios.

Puedo recordar la adopción de mi propio hijo. Esta pequeña vida incorporada a nuestra familia. A las 11:30 de la mañana, el 9 de septiembre de 2011, no teníamos hijos. Un niño pequeño estaba en el mundo, pero no era nuestro. Sin embargo, a las 9:00 de esa noche, nos habían dado un hijo. Él era completamente nuestro, para nunca ser devuelto. El que alguna vez fue un extraño para nosotros, ahora se convirtió en el punto focal de nuestras vidas. Se convirtió en nuestro hijo.

Y así sucede con el cristiano en el momento en que deposita su fe en Jesucristo.

La adopción, como dice un teólogo, es: «Esa bendición salvadora donde los creyentes, en virtud de su comunión con el verdadero Hijo de Dios, comparten su filiación por gracia, se les concede el derecho de ser llamados y recibidos como hijos amados del Padre, y heredar los inconmensurables derechos y privilegios asegurados por el Hijo unigénito, Jesús. Por la adopción, los redimidos se convierten en hijos e hijas del Señor Dios Todopoderoso; son introducidos y reciben los privilegios de la familia de Dios».

¿Cuando sucede? Bueno, como lo aludí antes, la adopción viene después de que un pecador se convierte y expresa su fe en Dios.

Juan 1:12 dice que: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios».

El pecador, después de haber sido perdonado y constituido justo a los ojos de Dios (justificado), también se convierte en receptor de la filiación. El pecador justificado, entonces, es adoptado en la familia de Dios. ¡Ganas libertad y un padre todo en el mismo momento!

Esta relación es lo que más deseamos como cristianos. El evangelio no se trata principalmente de hechos, sino de ser traídos a una relación con Dios (Filipenses 3:7-8). ¡De eso se trata!

Si eres cristiano, me pregunto cómo te afecta esto. En un mundo caído donde las relaciones se rompen, el divorcio es generalizado, y los niños están distanciados de sus padres y otros hermanos, ¿te importa tener un Padre Celestial que te ama y siempre se preocupa por ti?

Mientras que la doctrina de la justificación habla de la relación del cristiano con Dios como Legislador y Juez, él te declara justo, la doctrina de la adopción habla de la relación del cristiano con Dios como su hijo o hija.

Y entonces vemos que Dios hace más que justificarnos: nos da una relación íntima con Él como hijos del Altísimo.

Bueno, tan impresionante como es esta doctrina, veamos donde aparece en la Biblia:

A. Ve conmigo a Efesios 1:4-5. Lo primero que queremos ver es que, en amor, el Padre predestinó la adopción del creyente en Cristo antes de la fundación del mundo.

Efesios 1:4-5 dice: «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor [el Padre] habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo».

Por tanto, la adopción que nos ha otorgado ha sido su plan desde el comienzo del mundo.

B. Ahora ve conmigo a Gálatas 4, versículo 6. Queremos ver aquí que el Padre envió a su Hijo al mundo para hacer la obra de redención necesaria no solo para nuestra salvación, sino para el propósito de nuestra adopción.

Gálatas 4:6 dice: «Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos».

¿Lo ves? La adopción estaba a la vista de Cristo cuando fue a la cruz. ¡El Padre hizo que su propio Hijo fuera a la cruz para que nosotros pudiéramos ser sus hijos!

C. Pasemos ahora a Romanos 8, versículos 14-17. En este pasaje, quiero que veas que el Padre envió el Espíritu de su Hijo al corazón del creyente, con el claro propósito de asegurarle al creyente que él o ella es hijo del Padre.

Romanos 8:14-17 dice: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios».

La seguridad de nuestra salvación está envuelta en nuestra adopción como hijos de Dios.

D. Por último, mira algunos versículos más abajo, en el versículo 23. Nota aquí que el hijo de Dios, habiendo recibido el Espíritu de adopción, espera la etapa final de su adopción, cuando su cuerpo mortal caído será redimido de su corrupción y llevado a un estado de gloria como el de Cristo.

Romanos 8:23 dice: «…también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo»[1].

Entonces, hemos sido adoptados como hijos de Dios, pero los efectos completos, la consumación completa, de esa adopción todavía nos están esperando en el cielo.

Veamos las implicaciones de la adopción del cristiano:

  • El hecho de que Dios se relaciona con nosotros como Padre significa que…
    • ¡Él nos ama! 1 Juan 3:1: «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él».
    • ¡El nos entiende! Salmo 103:13-14: «Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo».
    • ¡Él nos provee y nos da buenos regales! Mateo 7:11: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?».
    • ¡Él nos guía por el Espíritu Santo! Romanos 8:14: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios».
    • ¡Él nos disciplina y nos mantiene en el camino de la vida! Hebreos 12:5-6: «Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo».
    • ¡Él nos hace una familia! 1 Ti. 5:1-2: «No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza».
    • Finalmente, ¡Él nos hace herederos! Gá. 4:7: «Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo».
      • ¿Herederos de de qué? En 1 Corintios 3, Pablo aborda una división en la iglesia de Corinto donde las personas se jactaban y quejaban por cosas de esta vida.
        • Él dice: «Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: Sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co. 3:21-23).
        • Entonces, todas las cosas son nuestras en Cristo. ¡Somos los herederos legítimos de todo!

Jonathan Edwards habló bien acerca de la doctrina de la adopción. Él escribió: «Dios hace de Sus siervos Sus hijos: todos los que le sirven, los adopta y les da el derecho a los gloriosos privilegios de los hijos de Dios. Él no los llama más siervos, sino hijos. Él se manifiesta a ellos, los hace sus amigos íntimos, sus herederos y coherederos con su Hijo. Él derrama Su amor sobre ellos y los abraza en Sus brazos, y mora en sus almas y hace Su morada en ellos, y se entrega a ellos para ser su padre y su porción. En esta vida, con frecuencia los refrescará con los rocíos espirituales del cielo. Los iluminará con rayos de luz y amor. Pero de ahora en adelante, los hará perfectamente felices,  para siempre. ¿Hubo alguna vez un Maestro tan bueno como este?» [2].

Bueno, cuando una persona es adoptada en la familia de Dios, el viejo refrán «de tal palo tal astilla» comienza a sonar verdadero, cuando comienza la verdadera santificación, lo que nos lleva a nuestro siguiente tema… la santificación.

  1. La santificación

Comencemos por la Declaración de Fe de CHBC y cómo define la santificación:

Artículo X, De la Santificación, Declaración de Fe de CHBC:

«Creemos que la Santificación es el proceso por el cual, de acuerdo con la voluntad de Dios, somos hechos partícipes de su santidad; que es una obra progresiva; que comienza en la regeneración; y que se lleva a cabo en los corazones de los creyentes por la presencia y el poder del Espíritu Santo, el Sellador y Consolador, en el uso continuo de los medios designados, especialmente la Palabra de Dios, la autoevaluación, la abnegación, la vigilancia y la oración».

Dicho de otra manera, se dice que la Santificación es «esa bendición salvadora en la que los creyentes, en virtud de estar unidos a Jesucristo, el Santo, comparten la santidad de Cristo, llevan el título de santos y progresivamente llevan a cabo la santidad que ya es nuestra en Él. Por tanto, es ese acto de salvación en el que Dios nos bendice abundantemente al llevarnos a una mayor conformidad con su imagen perfecta, Jesús».

En términos más simples, la santificación es una obra progresiva de Dios y el hombre que nos hace cada vez más libres del pecado y más como Cristo en nuestras vidas reales.

Hay 4 cosas que deben entenderse acerca de la naturaleza de la santificación.

A. Primero, la santificación es posicional o definitiva y ocurre en el momento en que somos regenerados (nacidos de nuevo). Cuando somos regenerados y unidos con Cristo, hay una brecha definitiva con el pecado y la separación del mismo o el compromiso con la santidad y la justicia en el pecador.

Vemos esto en Romanos 6, cuando Pablo escribe que hemos muerto al pecado y hemos sido hechos vivos en Cristo. El pecado ya no reina sobre nosotros. Ya no estamos bajo el poder del pecado… Esa separación inicial del pecado por Dios es lo que llamamos santificación definitiva.

Aunque fuimos esclavos del pecado antes de nuestra conversión, a través de nuestra unión con Cristo en su muerte y resurrección, hemos sido definitivamente santificados, de modo que ya no somos esclavos del pecado y ya no estamos bajo la ley, sino que somos gobernados por la gracia.

Wayne Grudem lo expresa de esta manera: «Una vez que hemos nacido de nuevo, hay un cambio moral que ocurre en nosotros de tal manera que no podemos seguir pecando como un hábito o patrón de vida (1 Juan 3:9), porque el poder de la nueva vida espiritual dentro de nosotros nos impide ceder a una vida de pecado»[3].

Ese es el primer punto.

B. Segundo, aunque la Biblia habla acerca de un comienzo definitivo para la santificación, también ve la santificación como un proceso que continúa a lo largo de la vida cristiana. De esta forma es progresiva. Crecimos en santidad por la gracia de Dios el resto de nuestras vidas.

Ve conmigo a 2 Co. 3:18. Pablo indica que progresivamente nos parecemos cada vez más a Cristo a medida que vivimos nuestras vidas cristianas. Mira lo que dice…

a) 2 Co. 3:18: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor».

Ve conmigo ahora a Fil. 3:13. Aquí, Pablo habla de su propio estado de santificación…

b) Filipenses 3:13-14: «Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús».

Incluso Pablo, aquí, no se considera a sí mismo perfectamente santo. Él sabe que necesita trabajar. Él sabe que el Espíritu Santo continuará trabajando en él para santificarlo y hacerlo a la imagen del Hijo. Así sucede con nosotros.

C. Tercero, mientras estamos siendo conformados a la imagen de Cristo Jesús, debemos entender que la santidad perfecta nunca se ha tenido en esta vida. Nuestra santificación nunca se completará en esta vida. Por el contrario, la santidad perfecta, la santificación completa, solo se logra al morir.

Ve a 1 Juan 3. Comenzando en el versículo 2. ¿Cuándo ocurre la santidad perfecta? Juan escribe…

c) 1 Juan3:2-3: «Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro».

El autor de Hebreos escribe en el capítulo 12 que solo cuando lleguemos a la presencia de Dios, seremos perfectos.

D. Finalmente, cuarto, la santificación es un proceso doble. Es tanto nuestro trabajo como el trabajo de Dios.

Ve conmigo a Fil. 2, comenzando en el versículo 12. Piensa en las palabras de Pablo, donde se habla del trabajo del hombre y de Dios como activo en el proceso de santificación. Pablo escribe en el versículo 12…

d) Filipenses 2:12-13: «Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad».

Para entender este concepto, debemos entender que la santificación es principalmente una obra de Dios. Es por eso que Pablo puede orar en 1 Ts. 5: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo».

El autor de Hebreos escribe en el capítulo 13: «Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno».

Por tanto, Dios es el actor principal en nuestra santificación. Y la persona de la Deidad más activa en este proceso es el Espíritu Santo.

Por esa razón, Pablo puede escribir en Gálatas 5 que si crecemos en santificación, «andamos en el Espíritu» y somos «guiados por el Espíritu». El Espíritu de santidad trabaja en nuestro interior para cambiar nuestras pasiones, deseos, actitudes y acciones.

Sin embargo, también debemos comprender que nosotros somos actores involucrados en el proceso de santificación. Desempeñamos un rol tanto pasivo como activo.

Desempeñamos el rol pasivo cuando confiamos en Dios para nuestra santificación y oramos a Dios para que trabaje en nosotros y nos haga conforme a la imagen de su Hijo.

Ve conmigo a Romanos 8:13 otra vez… Pablo escribe en Romanos 8:13: «Porque si vivís conforme a la carne, moriréis, mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis».

Pablo se dio cuenta de que somos completamente dependientes de la obra del Espíritu Santo en nosotros para crecer en nuestra santificación.

Entonces, sí, desempeñamos un rol pasivo en el proceso de la santificación, pero también desempeñamos un rol activo.

Notarás que en el mismo versículo, Pablo ordena a sus oyentes que «hagan morir las obras de la carne»… Claro, el Espíritu Santo nos permite hacer esto, pero al final del día, ¡nosotros debemos hacerlo!

¡Observa que no se da al Espíritu Santo la orden de hacer morir las obras de la carne, sino más bien a los cristianos! Somos llamados, con la ayuda del Espíritu, a eliminar las obras de la carne.

Por esto, Pablo puede escribir en Filipenses 2: «Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor». Podemos ocuparnos actuando de acuerdo con el impulso y el empoderamiento del Espíritu  del «querer como el hacer, por su buena voluntad».

  1. La perseverancia

Entonces, si Dios está santificando a los que él escogió, regeneró, justificó y adoptó, ¿puede un creyente caer de su estado justificado?

Para responder eso, demos un vistazo a la declaración de fe de CHBC:

Artículo XI, De la Perseverancia de los Santos, Declaración de Fe de CHBC:

«Creemos que los verdaderos creyentes son solo aquellos que resisten hasta el final; que su apego perseverante a Cristo es la gran marca que los distingue de los profesores superficiales; que una providencia especial vela por su bienestar; y ellos son guardados por el poder de Dios a través de la fe para salvación».

En otras palabras, los verdaderos cristianos no pueden perder su salvación.

Echemos un vistazo más de cerca a lo que son básicamente dos partes o lados de esta definición. Primero, la doctrina de la perseverancia de los santos afirma que… Todos los que verdaderamente nacieron de nuevo perseverarán hasta el final.

A. Todos los que verdaderamente nacieron de nuevo perseverarán hasta el final.

Esta idea, aunque un tanto controversial, se confirma claramente en las Escrituras…

Ve conmigo a Juan 6. Comenzando en el versículo 38, Jesús explica por qué descendió del cielo. Versículo 38…: «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero».

Observa la certeza en el lenguaje de este pasaje: Jesús no perderá a ninguno, o a nadie, por así decirlo. Jesús hace la declaración enfática de que levantará a los cristianos en el día postrero. No es «Él espera que…» o «si todo va bien». Y no es «si resisten y no pierden su salvación». Él dice que lo hará. Dios está haciendo una promesa.

Más tarde, en el mismo Evangelio de Juan, Jesús declara: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre».

De nuevo, no hay ambigüedad. Nadie, ni otras personas, ni Satanás, ni siquiera nosotros mismos, nada puede separarnos de Dios una vez que nos ha traído consigo.

Además, vemos más evidencia de esta doctrina porque Dios ha puesto su «sello» sobre nosotros…

Ve a Efesios 1, versículo 13. Pablo está hablando de la seguridad que tenemos en Cristo. Versículo 13… «En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria» (Efesios 1:13-14).

No podemos y no perderemos nuestra salvación si estamos en Cristo Jesús. Ese es el mensaje del Nuevo Testamento, y esa es la promesa de quien ha escrito nuestros nombres en el libro de la vida del Cordero. Ten la seguridad de que si estás en Cristo, eres suyo por toda la eternidad. Dios te guardará. Él te preservará hasta el final.

B. Solo aquellos que perseveran hasta el final han nacido de nuevo.

Por supuesto, te preguntas, entonces ¿por qué veo a personas «alejarse» de la fe? Para eso, vemos la Declaración de Fe de CHBC.

Ten en cuenta que dice: «Creemos que los verdaderos creyentes son solo aquellos que resisten hasta el final; que su apego perseverante a Cristo es la gran marca que los distingue de los profesores superficiales».

Mientras que la Biblia enfatiza el hecho de que el poder de Dios guardará al que ha nacido de nuevo hasta el final, la Biblia también enfatiza el hecho de que solo aquellos que perseveran hasta el final pueden decirse que verdaderamente han nacido de nuevo.

En otras palabras, solo los verdaderamente salvos evidenciarán continuamente fe y arrepentimiento hasta la muerte.

Con respecto a aquellos que le dan la espalda a la fe y «caen», la Biblia nos dice que podemos estar seguros de que nunca fueron verdaderamente salvos. Debemos recordar que Dios garantiza que aquellos que son verdaderamente salvos lo harán. Dios preserva al cristiano en su fe, así que la perseverancia es la verdadera señal de que uno es verdaderamente un creyente.

Ve a Colosenses 1 conmigo. Versículo 22, Pablo está explicando por qué Cristo tuvo que morir en la cruz… Pablo escribe: «[Dios] en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído» (Col. 1:22-23)

El punto aquí es que permanecer en la fe es una de las señales claras de que alguien realmente está en el redil.

Ahora bien, esta idea no pretende causar temor o ansiedad en los verdaderos creyentes, implicando que si luchan con un cierto pecado, se han alejado de la gracia de Dios y no son realmente salvos. ¡Si somos salvos por la gracia de Dios y esa es nuestra base, entonces podemos estar seguros de que no caeremos por nuestras propias obras!

Por el contrario, pretende hacer un llamado de rendición de cuentas y advertir a aquellos que se han alejado y continúan en su pecado y dejan de exhibir el fruto de la salvación, que su continuada falta de arrepentimiento es una muy buena indicación de que su fe nunca fue real.

C. Aquellos que finalmente caen pueden dar muchas señales externas de conversión.

Pero, ¿qué hay de los que finalmente se apartan, pero dieron, en algún momento de su vida, señales externas de conversión? ¿Que hacemos con eso? Bueno, según Jesús, las señales externas eran en realidad señales falsas, nacidas como tales por el paso del tiempo.

Si recuerdas la parábola de Jesús acerca del sembrador, recordarás que la semilla que se sembró en realidad brotó en varios lugares diferentes. La semilla creció por un tiempo en el suelo rocoso; creció por un tiempo en el suelo espinoso y floreció en el buen suelo. Escucha cómo Jesús explica a los que escuchan el evangelio en tierra pedregosa y espinosa:

«Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;  pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.  El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa».

Estos claramente no son cristianos, a pesar de lo que podría haber sido una apariencia alentadora al principio.

Si estas personas son «falsos hermanos» conscientes, como Pablo llama a algunos que pretenden ser cristianos, a propósito engañados por cualquier razón… o si se engañan a sí mismos de alguna manera, pensando que son cristianos cuando no lo son… estos todavía pueden parecer externamente creyentes genuinos.

En cualquier caso, sin embargo, la Escritura es clara en cuanto a su destino…

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad…» (Mateo 7:21-23).

Observa bien; no es: «Te conocía y te alejaste de mí». No es: «Ya no te conozco». Es: «nunca te conocí», fundamentando la idea de que no hay nada bíblico como la pérdida de la verdadera salvación.

1 Juan 2:19 resume bien esta idea: «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros».

Amigo, al cerrar, permíteme terminar con esto. Si bien debemos estar atentos a los falsos creyentes, debemos animarnos a ver el fruto en nuestras propias vidas y las de los demás, ya que evidencia la gracia de la redención de Dios en sus vidas y la nuestra.

Por esa razón, es una misericordia de Dios darnos fruto en nuestras vidas. Él nos da frutos para que podamos ver su obra en nuestras vidas y tener la seguridad de la salvación.

Esta mañana no tenemos tiempo para entrar en los detalles de la doctrina de la seguridad, pero ten la certeza de que el mismo Dios que te resucitó de entre los muertos es el mismo Dios que puede y te preservará hasta el final, si estás en Cristo.

Oremos.

[1] Si bien la adopción tiene una visión presente que se muestra en Romanos 8:15, también tiene una visión futura en la que recibimos la herencia completa de nuestra filiación.

[2]Jonathan Edwards «Christian Liberty: A Sermon on James 1:2», en Sermons and Discourses 1720-1723, The Works of Jonathan Edwards, Vol. 10, Ed. Wilson H. Kimnach (New Haven: Yale, 1992), 630. Edwards tenía 18 años cuando predicó este sermón.

[3] Grudem, Wayne. Teología Sistemática, p. 746.

Mark Deve

¿Qué es la Iglesia?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de Teología

¿Qué es la Iglesia?

Lucas Alemán

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.

El tronco de Isaí

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

El tronco de Isaí

Stephen J. Casselli

Nota del editor: Este es el 11vo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El profeta Isaías no tenía un árbol de Navidad. Tenía un tronco. Un tronco en el que crecía un solo retoño (Is 11:1). Según Isaías, ese es un verdadero árbol de Navidad. Pero ¿qué significa? ¿Por qué el profeta llama nuestra atención sobre este extraño y pequeño tronco de Navidad?

Es una imagen del Mesías prometido. Un Salvador que será el Rey. Él es un retoño del tronco de Isaí (Is 11:1). Isaí es el padre del rey David. Pero ahora todo lo que queda del glorioso reino de David es un tronco, tal como el Señor le prometió a Isaías cuando lo llamó (Is 6:13).

Desde Su nacimiento hasta Su resurrección, Jesús es el hombre del Espíritu por excelencia.

El pueblo de Dios se ha alejado. Se han apartado de su Dios, pero “las misericordias del SEÑOR jamás terminan” (Lm 3:22). Él promete levantar a Su libertador en medio de esta situación sombría y desesperada, de esta familia humilde y oscura. Y será como un retoño nuevo y vulnerable creciendo en el suelo del bosque. El Redentor prometido de Dios aparece en escena en las penumbras. Al principio parece ser débil y vulnerable. Saldrá de condiciones desesperantes, en aparente debilidad, pero Su carácter y reinado serán majestuosos.

Será la presencia del Espíritu Santo con Él lo que lo santificará y empoderará. “Reposará sobre Él el Espíritu del SEÑOR” (Is 11:2). El ungimiento de los reyes en Israel era una representación simbólica del Espíritu del Señor siendo derramado sobre ellos para que pudieran guiar al pueblo con sabiduría, justicia, fidelidad y poder (ver 1 Sam 16:13). Por el Espíritu, esta rama podrá saber lo que es correcto y ejecutar Su reinado en consecuencia.

Cuando llega el Mesías de Dios, descubrimos que Él no solo fue ungido con el Espíritu, como lo fueron los reyes de antaño, sino que en realidad fue concebido en el poder del Espíritu Santo (Lc 1:35). Desde Su nacimiento hasta Su resurrección (Rom 1:4), Jesús es el hombre del Espíritu por excelencia. En cada etapa de Su vida y ministerio, el Espíritu lo guía, lo dirige y lo empodera. Él sabe lo que se necesita para redimir a los Suyos, y el Espíritu lo capacita para salvar como corresponde.

El secreto de Su poder sabio es Su deleite en el temor del Señor (Is 11:3), el cual le es dado por el Espíritu. Él se deleita en el temor, una combinación curiosa. El principio de la sabiduría es el temor del Señor porque el que teme al Señor no temerá a nadie más. Esto es lo que lo habilita para ser un Juez equitativo (Is 11:4-5).

Esta es la esencia de la realeza. Él es un Juez misericordioso para los pobres y los afligidos [o  humildes] (v. 4). “Bienaventurados los humildes”, dijo Jesús. Los humildes son aquellos que conocen su necesidad y acuden humildemente a su Rey para recibir protección y cuidado.

Pero también es un Juez ferozmente justo que “herirá la tierra con la vara de Su boca” y “con el soplo de Sus labios matará al impío” (v. 4). Soplará sobre los orgullosos y los hará desaparecer. Los reyes justos y buenos traen justicia a la tierra. Jesús es el verdadero Juez (Jn 5:22).

La justicia produce paz. Por la sabiduría que le da el Espíritu y Su temor del Señor, Él marca el comienzo de un Reino mundial de paz. Allí los animales que suelen comerse unos a otros estarán morando en armonía (Is 11:6-7) y los niños estarán jugando con serpientes (v. 8). Ecos del Edén. Es un mundo donde la paz ha sido restaurada. Esto es lo que hacen los reyes buenos. Establecen la paz.

Desde la caída de Adán, la falta de armonía y el conflicto recorren todo el orden creado. Pero aquí, el depredador y la presa tienen naturalezas transformadas (v. 7), dando como resultado la paz. Incluso un niño podrá ejercer dominio sobre ellos, tal como Dios lo propuso desde el principio (v. 6; ver Gn 1:28).

La simiente de la serpiente ya no será temida (Is 11:8; ver Gn 3:15). En Jesús, la cabeza de la serpiente será aplastada, el enemigo será vencido. Aquí están las primicias proféticas de esa paz. Jesús ha venido como el Príncipe de Paz (Is 9:6). “La bendición del Salvador quitó la maldición”.

¿Y cómo nos convertimos en ciudadanos de Su Reino, en herederos de esta paz? Isaías nos dice: “La tierra estará llena del conocimiento del SEÑOR como las aguas cubren el mar” (Is 11:9). Conocemos al Rey, el Señor; confiamos en Él y lo amamos. Personas de todas las naciones de la tierra llegarán a conocer al Señor a través de este Rey y Mesías (v. 11).

¿Lo conoces? ¿Has doblado la rodilla ante Él y confesado que Él es tu Rey y tu Salvador?

Para todos los que sí lo conocen, Isaías promete que Su lugar de descanso es glorioso (v. 10). Paz con Dios, protección contra el pecado y Satanás, consuelo en el Espíritu, sin condenación. Todo está allí; ¿lo ves? ¿Ves ese tronco, ese retoño, ese Rey? Feliz Navidad.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Stephen J. Casselli
Stephen J. Casselli

El Dr. Stephen J. Casselli es ministro principal de Holy Trinity Presbyterian Church en Tampa, Fla. Es autor de Divine Rule Maintained [Gobierno divino mantenido].

¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

Got Questions

¿Cuál es la diferencia entre ordenanzas y sacramentos?

El catolicismo romano, la ortodoxia oriental, y algunas denominaciones protestantes utilizan el término «sacramento» para referirse a «una señal/rito que resulta en el otorgamiento de la gracia de Dios al individuo.» Típicamente, existen siete sacramentos en estas denominaciones. Ellos son: el bautismo, la confirmación, la sagrada comunión, la confesión, el matrimonio, las santas órdenes, y la administración de los santos óleos. Según la iglesia católica, «Existen siete sacramentos. Fueron instituidos por Cristo y dados a la Iglesia para administrarlos. Son necesarios para la salvación. Los sacramentos son los vehículos de la gracia que transmiten.» La Biblia, por el contrario, nos dice que esa gracia no es dada mediante símbolos externos, y que ningún ritual es «necesario para la salvación.» La gracia es gratis. «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniéramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna» (Tito 3:4-7).

Una ordenanza es simplemente una «práctica o ceremonia prescrita.» Protestantes y evangélicos ven las ordenanzas como reconstrucciones simbólicas del mensaje del evangelio, que Cristo vivió, murió, resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, y algún día regresará. En vez de requisitos para la salvación, las ordenanzas son ayudas visuales para hacernos comprender mejor, y apreciar lo que Jesucristo logró por nosotros en Su obra redentora. Las ordenanzas están determinadas por tres factores: Fueron instituidas por Cristo, fueron enseñadas por los apóstoles, y fueron practicadas por la iglesia primitiva. Ya que el bautismo y la comunión son los únicos ritos que cumplen con esos criterios, sólo puede haber dos ordenanzas. Ninguna de las ordenanzas es requerida para la salvación, y ninguna es un «vehículo de la gracia.»

Generalmente se entiende que las ordenanzas son esas cosas que Jesús nos dijo que hiciéramos por otros cristianos. Con respecto al bautismo, Mateo 28:18-20 dice: «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.'» En cuanto a la comunión, llamada también la Cena del Señor, Lucas 22:19 dice: «Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: ‘Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi.'» La mayoría de las iglesias observan estas dos prácticas, pero puede que no necesariamente se refieran a ellas como a ordenanzas.

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Príncipe de Paz

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

Príncipe de Paz

Scott Redd 

Nota del editor: Este es el décimo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

Imagina que el país que una vez amaste ahora se encuentra dividido, destruido, invadido por un liderazgo corrupto, amenazado por grandes poderes internacionales y aparentemente a punto de colapsar. Imagina a tus mejores líderes paralizados por su falta de carácter, indecisión e imprudencia en las alianzas internacionales. Todas estas situaciones moldearon las condiciones políticas y culturales de Jerusalén en el siglo VIII a. C., las cuales proveyeron el trasfondo para el cumplimiento de la profecía de Isaías 9:6-7. El reino del norte de Israel se había rebelado contra el reino del sur, Judá, al unirse neciamente con Siria al norte, una coalición que conduciría a la destrucción de ambas partes a manos del ejército asirio. Judá se quedó solo y con escasas posibilidades de supervivencia.

En medio de esta terrible situación, Isaías pronunció un oráculo de esperanza acerca de un niño que nacería en el reino y traería la restauración nacional e internacional al mundo.

El pasaje comienza asegurando a la audiencia sureña que el reino del norte será incluido en la restauración del exilio (Is 9:1). La restauración venidera incluirá a todos los hijos de Israel, aun a las tribus rebeldes del norte (ver Ez 37:16-17). Llegará el día en que terminará la oscuridad del exilio hasta para el norte y su capital, Samaria; aparecerá la aurora de la restauración y del nuevo rey. El Evangelio de Mateo muestra cómo la restauración del reino llega a través del ministerio de Jesucristo (Mt 4:12-16). Él es la luz que brilla en las tinieblas.

Nuestra afirmación de que el Rey regresará es igualmente audaz, pero nosotros sabemos de qué Rey hablaba Isaías.

Desde la perspectiva de Isaías, lo importante es que esta restauración venidera traerá consigo la reunificación de los dos reinos de Israel a través de un rey del linaje de David (ver 2 Sam 7:14). El nacimiento del niño marcará el fin de su sufrimiento en el exilio. El niño en Isaías 9 es el nuevo rey que inaugurará el período de restauración para el pueblo de Dios luego de los largos años de exilio.

Isaías 9:1-7 evoca una ceremonia de coronación en la que los títulos de la realeza se leen en voz alta ante una audiencia de súbditos y dignatarios. En este caso, cada título representa las características superlativas del nuevo regente, las cuales le servirán en su reino venidero como la luz que reemplaza la oscuridad del exilio que se avecina.

Admirable Consejero: El significado de este título podría parecer poco claro para una audiencia moderna. En este caso, un consejero representa un maestro de la sabiduría y sus enseñanzas. Este sabio consejero serviría en la corte del rey, quien a su vez gobernaba como jefe del poder judicial de la nación. Sin embargo, el rey restaurador se destacará en todas las áreas de la sabiduría, así como Salomón en la antigüedad, pero él mismo será un consejero maravilloso cuyo consejo va acompañado de milagros que confirman su mensaje (Mt 12:42Lc 11:311 Co 1:24). Como tal, él resolverá el problema de liderazgo deficiente que ha habido a través de la historia (Is 3:3).

Dios Poderoso: Este título indica que el rey será identificado por la soberanía divina de la cual se deriva su autoridad. Este rey no será como el primer rey de Israel, Saúl, quien era “pequeño a [sus] propios ojos” (1 Sam 15:17). Esa inseguridad lo llevó a guiar a la nación según sus propios planes y no según los planes de Dios. El rey restaurador será identificado con el rey divino y soberano del cual él, y todo líder terrenal, recibe su autoridad en la tierra (Mt 28:18).

Padre Eterno: Este título implica otra característica del trono: el rey como padre de la nación. Los cristianos recordarán que la paternidad de Dios es el tema principal de la oración que Jesús enseñó a Sus discípulos (Mt 6:9). En la oración se anima al creyente a orar a Dios como a un Padre cuyo reino vendrá y cuya voluntad real debe cumplirse tanto en el ámbito terrenal como en el celestial. En Isaías 9, el lenguaje de paternidad en este pasaje no tiene la intención de transmitir una intimidad cercana sino la reverencia con la que uno se dirige al rey (Jn 10:3014:9-10).

Príncipe de Paz: Este último título se refiere a la abundancia y la totalidad del reino de restauración que está por venir. El título “príncipe” no es necesariamente un título de menor autoridad gubernamental que el de “rey”, sino que incluye a un grupo más amplio de gobernantes. El futuro hijo de David no solo será rey, sino que será un gobernante que marca el inicio de un período de shalom (paz), de bienestar y de integridad comunitaria para el reino. Se hará justicia. Se le dará descanso al pobre y al oprimido. Y cada uno vivirá plena y totalmente según la vocación que Dios le otorgó (Jn 17:20-23Gál 3:27-29Flp 1:6).

Para el profeta Isaías, la seguridad de este reino de restauración y de su rey proveían un gran motivo de esperanza y celebración. Los suyos eran tiempos oscuros, e iban a ser aún más oscuros, pero el Señor en Su «celo» (Is 9:7) no permitiría que la oscuridad durara para siempre. Tenemos mucho en común con la audiencia de Isaías. Cuanto más tiempo parecía Dios ausente en las sombrías realidades del exilio, más audaz era la afirmación de que venía un rey restaurador. Nuestra afirmación de que el Rey regresará es igualmente audaz, pero nosotros sabemos de qué Rey hablaba Isaías. Lo hemos conocido, y Él volverá por nosotros, y Su regreso será glorioso.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Scott Redd
Scott Redd

El Dr. Scott Redd es presidente y profesor asociado de Antiguo Testamento en el Reformed Theological Seminary en Washington, D.C. Es el autor de The Wholeness Imperative [El imperativo de la totalidad].

Del vientre de la virgen

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

Del vientre de la virgen

Brandon C. Crowe

Nota del editor: Este es el noveno de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El nacimiento virginal de Jesús es una parte importante del mensaje de la Navidad. «A salvar los pecadores vino al seno virginal”. Esta doctrina es a menudo relacionada con la profecía de Isaías 7:14, pero este pasaje puede ser difícil de entender. ¿Qué significó originalmente? ¿Cómo encaja en el contexto del Antiguo Testamento? ¿Cómo cumplió Cristo esta profecía? Veamos brevemente a Isaías 7:14 —uno de los textos clave que habla del nacimiento virginal— y cómo se relaciona con la obra de Jesús.

Comenzamos con el contexto del Antiguo Testamento, que tiene muchos enredos que desenredar. En Isaías 7, el profeta Isaías es enviado al rey Acaz de Judá para instruirlo a pedir una señal de Dios (vv. 10-11). Esta iba a ser una señal de la provisión de Dios frente a la devastación potencial de Siria e Israel. Aunque pedir una señal de Dios está a menudo relacionado a la falta de fe, aquí Dios ordenó a Acaz que pidiera una señal. En este caso, no pedir una señal indica la falta de fe del rey (v. 12). En lugar de confiar en una alianza política con Asiria (ver 2 Reyes 16:1-9), Acaz fue instruido a confiar en el Dios que gobierna sobre las naciones. El rechazo de Acaz a obedecer la palabra profética y a confiar en Dios llevó finalmente a la invasión de los asirios en forma de abeja (Is 7:17-25).

Aunque Acaz no pidió una señal de Dios, una señal le fue dada. Esto es relatado en Isaías 7:14: “Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios mismo escogió la señal: el nacimiento de un niño especial. No está del todo claro a qué niño se refiere aquí. ¿Será Ezequías? ¿O uno de los hijos de Isaías? Pero lo que sí es cierto es que el niño viene de Dios como una señal para Acaz.

Lo que quizás no esté tan claro es si la joven en discusión era en realidad una virgen. Algunos han argumentado que el término hebreo traducido como «virgen» en Isaías 7:14 no es aparentemente el término más común para una virgen y es un término que puede referirse simplemente a una mujer joven que aún no ha tenido un hijo. De modo que, algunos han afirmado que Isaías no está hablando de un nacimiento virginal.

Dios mismo es nuestra ayuda y refugio, y no debemos poner nuestra confianza y esperanza en otro lugar.

Sin embargo, esta objeción es exagerada. Isaías tiene a una virgen en mente. El término que Isaías usa para referirse a una mujer joven consistentemente se refiere a una virgen en el Antiguo Testamento. Además, la traducción griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta) traduce el término hebreo sin ambigüedades, usando la palabra griega para «virgen». Finalmente, el testimonio del Nuevo Testamento confirma que Isaías 7:14 se refiere a un nacimiento virginal (Mt 1:22-23).

Este niño prometido es identificado como Emmanuel. Este título significa «Dios con nosotros» y necesita ser entendido en el contexto del pacto de Dios. Emmanuel puede evocar alentadores himnos de Navidad. Aunque en el contexto de Isaías, Emmanuel es una advertencia para Acaz, quien estaba rechazando la Palabra de Dios. En su caso, Emmanuel no era una bendición sino una maldición y una advertencia para que Acaz se arrepintiera. Así es como los pactos de Dios funcionan: Dios pone delante de nosotros una bendición y una maldición, y debemos responder en fe para obtener la bendición.

En resumen, el niño prometido por Isaías a Acaz era una señal de la fidelidad pactual de Dios y una crítica a la falta de fe de Acaz. Dios no abandonaría a Su pueblo. Dios mismo es nuestra ayuda y refugio, y no debemos poner nuestra confianza y esperanza en otro lugar.

La profecía a través Isaías tiene un referente cercano: antes de que este niño creciera, la coalición política que Acaz temía desaparecería (Is 7:16). Sin embargo, el niño que era una señal para Acaz apunta hacia un cumplimiento más definitivo. No está claro si el niño Emmanuel de Isaías 7:14 en los días de Acaz tuvo un nacimiento milagroso, pero sin duda fue una señal de «Dios con nosotros» para bendecir o para maldecir. Esto anticipa la gran venida de Jesús, que ciertamente nació de una virgen y es «Dios con nosotros» como el divino Hijo de Dios. Como en Isaías 7:14, la presencia pactual de Jesús con nosotros trae la posibilidad de una bendición o una maldición, dependiendo de si nos volvemos a Él o lo rechazamos.

La historia del rey Acaz debe servir de advertencia y ánimo. Debe advertir al pueblo pactual de Dios de los peligros de rechazar la Palabra de Dios; al parecer, Acaz incluso hizo pasar a su hijo por el fuego (2 Re 16:32 Cr 28:3). No obstante, también debe animarnos el hecho de que Dios no rechazará a Su pueblo. Él prometió enviar a un niño que traería bendición duradera a Su pueblo y vencería la maldad aparente en el corazón de Acaz, y en nuestros propios corazones. 

El último Emmanuel pasó por el ardiente bautismo del sufrimiento (Lc 12:49-50), culminando en Su muerte sacrificial. Sin embargo, fue resucitado a una nueva vida para que pudiera ser Dios con nosotros por siempre. Como cantamos en Navidad de este fruto del vientre de la virgen:   “Pues al dar Tu vida entera Tú nos traes vida y luz. Has Tu majestad dejado y buscarnos te has dignado; para darnos el vivir a la muerte quieres ir. Canta la celeste voz: ‘¡En los cielos gloria a Dios!’”.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Brandon C. Crowe
Brandon C. Crowe

El Dr. Brandon Crowe es profesor asociado de Nuevo Testamento en Westminster Theological Seminary en Filadelfia y autor del libro “Was Jesus Really Born of a Virgin?” [¿Verdaderamente Jesús nació de una virgen?]

El Sacerdote eterno

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

El Sacerdote eterno

Stephen M. Coleman 

Nota del editor: Este es el octavo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El Salmo 110 tiene la distinción de ser el texto del Antiguo Testamento citado con más frecuencia en el Nuevo Testamento. Escrito por el rey David, el Salmo 110 es un salmo de realeza que profetiza la ascensión y el gobierno de un futuro rey mesiánico. Este rey, dice David, vendrá en el poder del Señor (Sal 110:2) y establecerá el gobierno de Dios en toda la tierra (v. 5). Él juzgará entre las naciones (Sal 110:6), derrotará los enemigos de Dios (Sal 110:16), y reunirá al pueblo de Dios para Sí mismo (Sal 110:3). Y en un pasaje particularmente sorprendente, David incluso llama a este rey «mi Señor» (Sal 110:1), reconociendo la superioridad de su descendiente real.

En el centro de esta extraordinaria profecía aparece uno de los personajes más misteriosos del Antiguo Testamento. David dice: “El Señor ha jurado y no se retractará: ‘Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec’” (Sal 110:4). Melquisedec aparece solo una vez más en el Antiguo Testamento. Después de que Abraham derrotó a los cuatro reyes del Oriente y rescató a su sobrino Lot, se encontró con Melquisedec, quien es identificado como el rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo (Gn 14:18-20). David encuentra en este misterioso personaje un presagio de la persona y obra de Jesucristo como el Gran Rey y el Gran Sumo Sacerdote de Su pueblo.

En Jesús, el máximo Rey Sacerdote, encontramos a un Dios que conoce nuestros pesares, que ha cargado con nuestro pecado, y que gobierna sobre nosotros como nuestro Señor misericordioso.

Sacerdote real

Era común que los reyes del mundo antiguo fungieran también como sacerdotes. Ellos gobernaban no solo en el ámbito civil sino también en el ámbito sagrado. Sin embargo, para Israel tal sacerdote-rey era una imposibilidad. Dios había dado el reinado a la tribu de Judá (Gn 49:9-10), y específicamente al linaje de David (2 Sam 7:12-16). Pero el sacerdocio, lo confió exclusivamente a la tribu de Leví, y específicamente a los descendientes de Aarón. (Nm 17).

No obstante, David comprendió que el rey mesiánico de Israel gobernaría sobre todas las cosas, incluyendo el ámbito sagrado reservado para los sacerdotes. Pero, ¿sobre qué premisa podría el rey de Israel servir también como sacerdote? Después de todo, ¿no fue rechazado el rey Saúl por ejercer prerrogativas sacerdotales (1 Sam 13:13-14)? David halla en Melquisedec no solo la base para otro sacerdocio sino la esperanza de un mejor sacerdocio. Siguiendo un razonamiento similar, el autor de Hebreos señala que Abraham dio una décima parte de su botín a Melquisedec y recibió de él una bendición como expresiones claras de la superioridad de Melquisedec sobre Abraham (Heb 7:4-10). Y si Melquisedec es superior a Abraham, ciertamente es superior a Leví, el descendiente de Abraham. Melquisedec, cuyo nombre significa «rey de justicia», por lo tanto representa un mejor sacerdocio, en parte, porque el suyo es un sacerdocio real. Prefigurando el ministerio de Jesús, Melquisedec fue tanto sacerdote como rey.

Hay un maravilloso estímulo para los creyentes en el hecho de que Jesús una los oficios de rey y sacerdote. Si Jesús fuera solo un Rey, podríamos vivir con temor de Su justo juicio. Pero la buena noticia es que este Rey justo que gobierna sobre Su pueblo es también el Sumo Sacerdote que se ofrece a Sí Mismo como su sacrificio expiatorio y permanece como su Mediador ante el Padre. De hecho, debido a que tenemos tal Sumo Sacerdote, Él puede “compadecerse de nuestras flaquezas” (Heb 4:15) y podemos “[acercarnos] con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna” (Heb 4:16). En Jesús, el máximo Rey Sacerdote, encontramos a un Dios que conoce nuestros pesares, que ha cargado con nuestro pecado, y que gobierna sobre nosotros como nuestro Señor misericordioso.

Sacerdote eterno

El sacerdocio de Jesús es también superior al sacerdocio levítico porque es un sacerdocio eterno. David dice: “El Señor ha jurado y no se retractará: ‘Tú eres sacerdote para siempre’” (Sal 110:4). A diferencia de los sacerdotes levíticos, para quienes la genealogía era esencial a fin de establecer su legitimidad, no hay registro de la genealogía de Melquisedec en el Génesis ni en ningún otro lugar. No hay registro de su nacimiento o muerte, su linaje o sus descendientes. Como el autor de Hebreos astutamente observa, la presentación de Melquisedec en Génesis 14 le da una cualidad eterna, una cualidad que prefigura el carácter eterno del sumo sacerdocio de Jesús (Heb 7:3).

Una de las desventajas del sacerdocio levítico era que los que servían como sacerdotes estaban todos sujetos a la desafortunada condición de tener que morir. De modo que, así como había una necesidad constante de nuevos sacrificios para Israel, así también había una necesidad constante de nuevos sacerdotes. Pero el sacerdocio de Jesús es diferente. Es sacerdote para siempre. Debido a Su impecabilidad, aun después de Jesús ofrecerse a Sí mismo como el sacrificio perfecto y final, la muerte no pudo retenerlo (Heb 7:16). Y por lo tanto, está siempre a la diestra del Padre.

Para los creyentes en Cristo, el sumo sacerdocio eterno de Jesús debe ser una fuente diaria de consuelo. Es un recordatorio de que cuando olvidamos a Dios, Él no nos ha olvidado a nosotros. Cuando nosotros, por nuestra desobediencia, abandonamos a Dios, podemos saber que Él no nos ha abandonado (Heb 13:5). Tenemos un Mediador perfecto en el cielo que aboga por los méritos de Su propia sangre derramada por nosotros, trayéndonos de regreso a Dios a través del arrepentimiento y la fe en solo Él. El Salmo 110 anticipa y celebra el advenimiento de este Rey-Sacerdote eterno, Jesucristo.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Stephen M. Coleman
Stephen M. Coleman

El Dr. Stephen M. Coleman es profesor asistente de Antiguo Testamento en Westminster Theological Seminary en Filadelfia e investigador principal en el Centro J. Alan Groves para la Investigación Bíblica Avanzada.

4 Maneras En Que Los Cristianos Pueden Navegar Por La Confusión Cultural En Torno Al Género En La Próxima Década

Evangelio.Blog

4 Maneras En Que Los Cristianos Pueden Navegar Por La Confusión Cultural En Torno Al Género En La Próxima Década

Por: Carl R. Trueman

Tres Fundamentos Básicos Del Transgénero

La cuestión de la identidad transgénero parece que va a ser importante para los cristianos, tanto en asuntos de la vida pública como de la atención pastoral, en un futuro próximo. El furor que rodea todo, desde las políticas de los baños escolares hasta los deportes femeninos, pasando por los derechos respectivos de padres e hijos, garantiza su presencia en la política. Y el hecho de que cada vez más adolescentes afirmen experimentar disforia de género significa que es algo sobre lo que todas las iglesias y pastores harían bien en reflexionar.

El transgenerismo se apoya en tres fundamentos básicos para su plausibilidad. En primer lugar, conecta con la teoría de género desarrollada por Judith Butler, que considera el género como algo performativo. En resumen, ser hombre o ser mujer es desempeñar un papel o actuar de una manera determinada que la sociedad espera de quienes denomina hombres o mujeres. La biología no es realmente el factor importante aquí: el hecho de que se esperen ciertos comportamientos de los que tienen características sexuales masculinas y otros de los que tienen características femeninas es una expectativa construida socialmente. Esto desvincula efectivamente el género (el rol) del sexo (la biología).

En segundo lugar, depende de la tecnología. En las sociedades primitivas, los hombres y las mujeres se distinguían porque la mera fuerza física de los hombres significaba que eran más adecuados para el trabajo que lo requería. El desarrollo de la maquinaria industrial y, ahora, de la tecnología informática ha neutralizado en gran medida la importancia de esta diferencia física. Luego, la llegada de procedimientos médicos, quirúrgicos y hormonales, ha hecho plausible la idea de que se puede hacer que el cuerpo se doblegue a nuestra voluntad en la cuestión del género.

En tercer lugar, se basa en la amplia convicción moderna de que nuestro yo -lo que somos- es esencialmente psicológico. Nuestro verdadero yo es lo que sentimos o pensamos que somos. Por supuesto, es un poco más complicado que simplemente inventarnos a nosotros mismos a través de un monólogo interno. La sociedad en la que vivimos configura lo que consideramos deseable y plausible en cuanto a nuestra identidad. Pero la cuestión básica es ésta: eres la persona que crees que eres. ¿Tienes un cuerpo de hombre pero te sientes mujer? Entonces eres una mujer.

Ante esto, ¿cómo podría responder un cristiano? Parece que hay que hacer una serie de observaciones.

1. Separar Las Ambiciones Políticas Y La Atención Pastoral.

En primer lugar, es necesario hacer una distinción básica en esto (como en todos los asuntos relacionados con las cuestiones LGBTQ+) entre la oposición a las ambiciones políticas del movimiento en general y el cuidado pastoral de los individuos.

Esto es importante porque si no se hace así se llegará a uno de los dos resultados desafortunados: o bien no se mostrará compasión hacia el individuo que lucha con la confusión de género o se mostrará demasiada compasión hacia un movimiento decidido a desmantelar cualquier distinción entre hombre y mujer en la esfera pública.

2. Debemos Reconocer El Elemento De Verdad.

En segundo lugar, es importante reconocer que la teoría de género, como muchas otras filosofías fundamentalmente incorrectas, contiene un elemento de verdad. La forma de entender los papeles de los hombres y las mujeres varía de una época a otra y de un lugar a otro.

Teniendo en cuenta esto, es importante que al defender la distinción entre hombres y mujeres y la importancia de la biología para esa distinción, no acabemos defendiendo nuestras propias expectativas culturales de lo que deben hacer los hombres y las mujeres -cómo deben «desempeñar» sus papeles- como si fueran idénticas a la enseñanza bíblica. Eso es identificar la piedad con nuestra manera de hacer las cosas (y por lo tanto considerar a otras culturas como fundamentalmente defectuosas o pecaminosas) y nos hace muy vulnerables a las críticas del lobby transgénero, que entonces puede alegar fácilmente que simplemente nos estamos entregando al chovinismo cultural.

3. Comprender El Aspecto Comunitario.

En tercer lugar, es útil comprender la naturaleza comunitaria del fenómeno. El hecho de que el número de adolescentes con disforia de género haya aumentado en los últimos años no demuestra que siempre haya habido un gran número de ellos en nuestra sociedad y que siempre hayan tenido miedo de salir del armario.

Más bien es un indicio de que la transexualidad goza en la actualidad de caché como medio de pertenencia, como forma de expresarse de una manera que garantiza la pertenencia y el estatus en un grupo.

4. Comprender El Contexto Cultural Más Amplio.

En cuarto lugar, debemos familiarizarnos con el contexto cultural más amplio en el que el transgenerismo se ha convertido en algo plausible y con los hechos y las cifras que demuestran el trágico impacto que está teniendo en las vidas de muchas personas que deciden someterse a tratamientos hormonales y operaciones de cambio de sexo. Es mucho lo que está en juego políticamente en este asunto; pero lo más trágico es que hay innumerables y desgarradoras historias personales de cuerpos mutilados y vidas arruinadas. El trabajo de Ryan Anderson es especialmente útil en este sentido. Su libro, When Harry Became Sally, contiene muchos datos y también numerosos testimonios personales que ayudan a poner de manifiesto tanto las cuestiones médicas como las individuales.

El Papel de la Iglesia

Sin embargo, aunque hay cosas que podemos hacer como cristianos individuales para informarnos mejor sobre el asunto y tratar de actuar con convicción y compasión cuando nos enfrentamos a las cuestiones de género que se manifiestan tanto en la plaza pública como en el lugar de trabajo y en nuestras familias, la Iglesia también debe desempeñar su papel. Ya he señalado que una parte importante de la actual revolución transgénero es el papel de la comunidad en el moldear las expectativas individuales y la canalización de nuestros deseos. Eso es una parte básica de lo que significa ser humano: nuestro sentido de sí mismo, de lo que somos, siempre está moldeado a un nivel profundo por las comunidades en las que nos encontramos. Por eso la comunidad desempeña un papel tan importante en la Biblia, desde el pueblo de Israel hasta la iglesia apostólica. Y es la razón por la que a Pablo le preocupa tanto que los cristianos se mantengan en buena compañía porque, como dice, la malas compañías corrompen la moral: tendemos a adoptar las actitudes y el comportamiento de la compañía que tenemos o de la comunidad en la que vivimos.

La persona que lucha contra la disforia de género es alguien que, por definición, no se siente a gusto ni siquiera en su propio cuerpo. Esa sensación de malestar no puede eliminarse de la noche a la mañana. Pero debemos recordar que es, en cierto sentido, uno de los últimos modismos para expresar ese malestar que todos sentimos en un mundo que no es como debería ser y que está, por así decirlo, fuera de lugar. Aquí es donde la iglesia como comunidad confesional, disciplinada y de adoración se vuelve tan crítica.

Por ello, si la Iglesia ha de mantenerse firme frente a la cacofonía de identidades que envuelve ahora nuestro mundo -de la que el caos de género es sólo un ejemplo-, debe ser una comunidad fuerte en la que la gente sienta un profundo sentido de pertenencia y en la que, por tanto, se forme y fomente el sentido más profundo de sí misma. Esto implica tres cosas: una clara adhesión a la enseñanza bíblica en las áreas de identidad (nuestra identidad se encuentra en Cristo) y sexualidad (los deseos sexuales o nuestras convicciones internas sobre el género no son, en última instancia, constitutivos de lo que somos); un enfoque disciplinado de la adoración corporativa, ya que es donde Dios se encuentra con su pueblo y donde se nos recuerda quiénes somos; y un enfoque amoroso de la comunidad donde nos preocupamos genuinamente por los demás, mostramos hospitalidad y llevamos las cargas de los demás. Cada uno de estos elementos es vital para dar forma a lo que somos.

La Iglesia del futuro tendrá que ser mucho más consciente de quién es. Ya no puede confiar en la imaginación moral externa de la sociedad para reforzar sus principios éticos más básicos. Al contrario, la imaginación moral de la sociedad hace que la postura de la Iglesia en temas como el género y la sexualidad parezca profundamente inverosímil.

Carl Trueman is el autor de The Rise and Triumph of the Modern Self: Cultural Amnesia, Expressive Individualism, and the Road to Sexual Revolution.

Evangelio.Blog: https://evangelio.blog/2021/02/22/4-maneras-en-que-los-cristianos-pueden-navegar-por-la-confusin-cultural-en-torno-al-gnero-en-la-prxima-dcada/#more-28662

El Rey mesiánico

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Serie: El Mesías prometido

El Rey mesiánico

Robert J. Cara

Nota del editor: Este es el séptimo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El Salmo 2 enfatiza el reinado mesiánico o mediador de nuestro Señor Jesucristo. Es decir, Cristo siempre ha sido eternamente Rey como el segundo miembro de la Deidad, pero el Salmo 2 habla de Su reinado como el Dios-hombre y mediador del pacto de la gracia.

Este salmo ayudó a los escritores del Nuevo Testamento a comprender partes de los aspectos multifacéticos del reinado de Jesús. El Salmo 2 es citado explícitamente cuatro veces: dos veces en Hechos (Sal 2:1-2 en Hch 4:25-27Sal 2:7 en Hch 13:33) y dos veces en Hebreos (Sal 2:7 en Heb 1:55:5). Porciones del Salmo 2:9 también son mencionadas en Apocalipsis (2:27; 12:5; 19:15). Examinaremos estas cuatro citas específicas.

El Salmo 2 fue escrito por David y trata, en última instancia, acerca del Señor Jesucristo. Se divide en cuatro secciones: (1) hay enemigos contra Dios el Padre y Su “ungido”, Jesús (vv. 1-3); (2) Dios el Padre se ríe de Sus enemigos y declara que ha puesto a Su “Rey sobre Sión” (vv. 4-6); (3) Jesús dice lo que el Padre le ha dicho: Jesús es el “Hijo”, y Él destruirá a los enemigos de Dios con una “vara de hierro” (vv. 7-9); y (4) David alienta/advierte a todos que sirvan a Dios el Padre y a Jesús Su Hijo, concluyendo que “bienaventurados son todos los que en Él [Jesús] se refugian” (vv. 11-12).

Habrá enemigos contra Jesús y Su reino, pero Él triunfará.

En Hechos, Pedro y Juan son arrestados por hablar sobre la resurrección de Cristo y afirmar que un hombre cojo fue sanado en el nombre de Jesús. Posteriormente, ellos son liberados (Hch 4:1-22). Al regresar al cuerpo de la Iglesia, los creyentes citan el Salmo 2:1-2: “¿Por qué se enfurecieron los gentiles y los pueblos tramaron cosas vanas? Se presentaron los reyes de la tierra, y los gobernantes se juntaron a una contra el Señor y contra Su Ungido [griego Christos]” (Hch 4:25-26). Los creyentes concluyen que este texto se refería a aquellos que conspiraron y actuaron contra Jesús el Cristo: Herodes, Poncio Pilato, algunos gentiles y algunos judíos (v. 27). Además concluyen que este texto también se refiere a Pedro, Juan y a ellos mismos debido a su conexión con Jesús (v. 29). Por supuesto, como el Salmo 2 continúa indicando, el Cristo sería victorioso, al igual que aquellos conectados a Su reino. En el contexto de Hechos 4, Jesús había resucitado; Pedro, Juan y otros continuaron sanando y hablando con valentía acerca de Cristo (vv. 30-31). Sí, habrá enemigos contra Jesús y Su reino, pero Él triunfará (ver Ap 12:519:15).

El Salmo 2:7: “Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy”, es citado tres veces en el Nuevo Testamento: Hechos 13:33 y Hebreos 1:55:5. La palabra hijo era una forma común en el Antiguo Testamento para referirse a varios reyes davídicos y también al Rey davídico, el futuro Mesías. Indica una relación especial entre el rey y Dios.

En su primer viaje misionero, Pablo pronunció un sermón en la sinagoga de Antioquía de Pisidia (Hch 13:16-41). Él cuenta las buenas noticias de salvación que están relacionadas con la muerte y resurrección de Jesús. En relación específicamente con la resurrección, Pablo cita tres textos del Antiguo Testamento: Sal 2:716:10; e Is 55:3. El Salmo 2:7 es citado en Hechos 13:33: “Hijo Mío eres Tú; Yo te he engendrado hoy”. Por supuesto, aquí “engendrado” no significa biológicamente nacido, sino que, en Su resurrección, Jesús ha entrado en otra etapa de Sus deberes reales. Como el poderoso Rey sentado a la diestra de Dios, Él puede efectuar la salvación de Su pueblo (ver Hch 4:11-12).

En Hebreos 1:5, el Salmo 2:7 es citado y la palabra “Hijo” es enfatizada. El autor de Hebreos está señalando que Jesús es mejor que los ángeles porque es llamado el “Hijo”, y a ellos no se les da este título. Un segundo texto es citado para demostrar que Jesús es este Hijo especial: “Yo seré Padre para Él, y Él será Hijo para Mí” (2 Sam 7:14Heb 1:5). El contexto de 2 Samuel 7:14 es la iniciación trascendental del pacto davídico. Estos dos versículos se combinan para enfatizar aún más la relación única entre Dios el Padre y Su Hijo Rey. Después de la resurrección de Jesús, un aspecto de Su reinado mediador (Heb 8:69:15) es el poder: “se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (1:3).

La tercera cita del Salmo 2:7 está en Hebreos 5:5. Aquí se resalta un aspecto diferente. En el contexto de discutir los aspectos sacerdotales y reales del ministerio de Jesús, se señala que Jesús no se exaltó a Sí mismo sino que fue designado (“engendrado”) por Dios el Padre. Este aspecto de no exaltarse a Sí mismo fue prefigurado por el sumo sacerdote del Antiguo Testamento, quien tampoco se eligió a sí mismo (5:4-6). Además, la vida terrenal de Jesús exhibió esta humilde cualidad como nuestro líder/rey: “Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos” (Mr 10:45).

Ciertamente, puede decirse acerca de Jesús el Rey: “bienaventurados son todos los que en Él se refugian” (Sal 2:12).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert J. Cara
Robert J. Cara

El Dr. Robert J. Cara es rector, director académico y profesor del Nuevo Testamento de Hugh and Sallie Reaves en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, Carolina del Norte. Es autor de Cracking the Foundation of the New Perspective on Paul [Quebrando los cimientos de la nueva perspectiva sobre Pablo] y de un próximo comentario sobre el libro de Hebreos.

Nada Es Imposible Para Dios – 1/2

HeartCry Missionaty Society
1/2 – Nada Es Imposible Para Dios

Por: Martyn Lloyd JonesThomas Watson

Tópico: El Poder de Dios

Martyn Lloyd-Jones escribe“‘¿Cómo será esto?’ pregunta María, cuando es informada de la promesa por el ángel. ‘La cosa es imposible,’ dice ella. Esta es la respuesta, ‘Con Dios nada es imposible;’ como si el ángel se volteara hacia ella y dijera, ‘¡Ah! María, todavía estás pensando en los términos antiguos y en la manera humana antigua. Lo que te estoy anunciando es muy diferente. Dios va a actuar ahora. Humanamente hablando tú estás en lo correcto, pero esto no va a ser humano, esto será divino. Dios va a interrumpir en el mundo. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra.’ ¡No, no! la historia de salvación no es la historia de Dios esperando que nosotros hagamos algo, esperando que nos arrepintamos y que volteemos hacia Él y hagamos buenas obras; tampoco es solo la historia de Dios respondiendo a lo que hayamos hecho y premiándonos al perdonarnos. Todo eso sería maravilloso, pero es como nada en comparación con la historia que la Biblia revela. Porque aquí encontramos no a un Dios pasivo sino a un Dios activo, no un Dios que está listo a simplemente recibirnos, sino un Dios que realmente sale y busca por nosotros; no un Dios que puede ser persuadido por nuestras vidas y acciones para perdonarnos, sino ¡un Dios cuyo amor es tan grande que Él no solamente perdona sino que también nos persuade a ser perdonados; cuya misericordia es tan ilimitada que Él no solo está listo para reconciliarse con nosotros, sino que en realidad Él mismo trata con nosotros como para que nos reconciliemos con Él! ‘Con Dios nada será imposible.’ Es Dios quien hace todas las cosas.” (Sermones Evangelísticos, p.195-196).

Thomas Watson escribe,”Cristo nació de una virgen, una cosa no solo extraña en la naturaleza, sino imposible, aprende, que no hay imposibles para Dios. Dios puede hacer que pasen cosas que no producen en la esfera natural; como el hierro pueda nadar, que pueda brotar agua de la roca, y que el fuego pueda lamer el agua de las zanjas (I Reyes 18:38). Es natural que el agua apague el fuego, pero que el fuego consuma el agua es imposible en el curso de la naturaleza; pero Dios puede hacer todas estas cosas. ‘No hay nada difícil para Él’ (Jeremías 32:27). ‘Si esto es maravillo a tus ojos, ¿también es maravilloso a mis ojos? dice el Señor’ (Zacarías 8:6). ¿Cómo Dios sería unido a nuestra carne? Esto es imposible para nosotros, pero no para Dios; Él puede hacer lo que trasciende a la razón, y excede la fe. Él no sería nuestro Dios si Él no podría hacer más de lo que nosotros podemos pensar – Efesios 3:20” (Un cuerpo de Divinidad, p. 198).

MARTYN LLOYD JONES

Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. También fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Él tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangélica del siglo 20 con un gran énfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como «lógica ardiente.» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como médico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. Después de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormía en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.