Mansos y Humildes como Jesús

Mansos y Humildes como Jesús
Jesús es Mayor: La supremacía de Cristo en un mundo caótico
MIGUEL NÚÑEZ

En este taller de la Conferencia Nacional TGC21, el pastor Miguel Núñez nos comparte acerca de la humildad y mansedumbre en la vida del cristiano.

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​Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

13-EL ROL DE LA MUJER

Entendiendo los Tiempos

2 Temporada | Entendiendo los Tiempos

13-EL ROL DE LA MUJER

¿Qué dice la Biblia acerca de la depresión?

¿Qué dice la Biblia acerca de la depresión?

¿Cómo puede un cristiano vencer la depresión?

La depresión es un padecimiento que se ha propagado grandemente afectando a millones de personas, tanto a cristianos como a no cristianos. Quienes sufren de depresión pueden experimentar intensos sentimientos de tristeza, ira, desesperanza, fatiga y una variedad de otros síntomas. Pueden empezar a sentirse inútiles y aún pensar en el suicidio, perdiendo interés en cosas y personas con las que antes disfrutaban. Con frecuencia la depresión es provocada por las circunstancias de la vida, tales como la pérdida del trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio o problemas psicológicos como el abuso o la baja autoestima.

La biblia nos dice que estemos llenos de gozo y alabanza (Filipenses 4:4; Romanos 15:11), así que aparentemente Dios propone que vivamos vidas con gozo. Esto no es fácil para alguien que atraviesa por una situación depresiva, pero ésta puede mejorar a través de los dones de Dios en la oración, estudios bíblicos y su aplicación, grupos de apoyo, compañerismo con otros creyentes, confesión, perdón y consejería. Debemos hacer un esfuerzo consciente para no estar absortos en nosotros mismos, sino más bien dirigir nuestros esfuerzos al exterior. Los sentimientos de depresión con frecuencia pueden resolverse cuando el que sufre quita la atención de sí mismo y la pone en Cristo y los demás.

La depresión clínica es una condición física que debe ser diagnosticada por un médico especialista. Puede que no sea causada por circunstancias desafortunadas de la vida, ni los síntomas pueden ser aliviados por voluntad propia. Contrariamente a lo que algunos creen en la comunidad cristiana, la depresión clínica no siempre es causada por el pecado. En ocasiones la depresión puede ser un desorden que necesita ser tratado con medicamentos y/o consejería. Desde luego, Dios es capaz de curar cualquier enfermedad o desorden; sin embargo, en algunos casos, el consultar a un doctor por una depresión, no es distinto a ir a un médico por una herida.

Hay algunas cosas que pueden hacer quienes sufren de depresión, para aliviar su ansiedad. Deben asegurarse de estar firmes en la Palabra, aún cuando no sientan deseos de hacerlo. Las emociones pueden desviarnos, pero la Palabra de Dios permanece firme e inmutable. Debemos mantener firme también nuestra fe en Dios, y acercarnos aún más a Él cuando pasemos por tribulaciones y tentaciones. La biblia nos dice que Dios nunca permitirá en nuestras vidas, aquellas tentaciones que estén más allá de nuestra capacidad para manejarlas (1 Corintios 10:13). Aunque el estar deprimido no es pecado, el cristiano sí es responsable de la manera cómo responda a la aflicción, incluyendo el obtener la ayuda profesional que necesite. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios por medio de Él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre” (Hebreos 13:15).

Consejería cristiana, algo indispensable

Consejería cristiana, algo indispensable

Un pastor o misionero, si está realizando bien su trabajo, tiene muchas labores importantes que debe desempeñar con dedicación y esmero, una de ellas es la consejería bíblica impartida a un número elevado de los miembros de la congregación que Dios ha puesto bajo su cuidado. La verdad sea dicha que, como ministros e hijos de Dios, los problemas de las personas deben de ser nuestra constante preocupación y carga, y al mismo tiempo debemos buscar mejorar nuestras habilidades como consejeros cristianos.

Sin embargo, la consejería bíblica no debería ser una labor solamente de los pastores, sino de cada cristiano maduro en la fe, ya que siempre habrá necesidades y problemas de todo tipo entre la gente que requerirá los sabios consejos de la Palabra de Dios. La consejería cristiana, realizada correctamente y basada sólo en la Biblia, es algo indispensable para la edificación en la vida de los creyentes en Cristo. A este respecto, tenemos que reconocer algunos puntos en cuanto a este tema de la consejería cristiana:

MIENTRAS HALLA SERES HUMANOS EXISTIRÁN LOS PROBLEMAS GRAVES
Cuando uno, como pastor, está escuchando atentamente los problemas de alguien, aparte de estar orando a Dios internamente para dar un buen consejo bíblico, en ocasiones uno se pregunta: “¿Y cómo le hizo esta persona para enredar tanto su vida?”

El pecado en nuestra vida trae la muerte o separación de Dios (Ro. 6:23), pero también nos acarrea innumerables problemas emocionales, familiares, físicos y aún económicos. Si recordamos la parábola del “Hijo Pródigo” (Lc. 15:11-24), vemos a un joven que por el pecado y la rebeldía de su ser se había metido en tantos problemas: Tenía problemas familiares porque había defraudado a sus padres, había sido muy rebelde y necio, abusó de su confianza, los abandonó; tenía problemas morales porque había estado viviendo perdidamente, consumió sus bienes con prostitutas (15:30); tenía problemas económicos ya que no tenía un solo peso para comer algo digno, anhelaba la comida de los cerdos (15:16-17); seguramente tenía problemas emocionales ya que se sentía rechazado, avergonzado, tenía remordimientos, etc.; y lo más serio es que tenía problemas espirituales fuertes, ya que le había fallado a Dios y ahora estaba hundido por sus propios pecados… tristemente, hoy en día, hay muchas vidas así.

La razón es clara en la Biblia: Todos somos pecadores (Eclesiastés 7:20) y el pecado nos lleva a una vida destruida, así que mientras halla seres humanos sobre esta tierra, existirán problemas graves. Muchos de nosotros así llegamos al Señor Jesucristo con una vida enredada, revuelta y ahora estamos tratando de caminar en los preceptos de Dios, pero por eso necesitamos hermanos mayores en la fe, que nos den buena consejería cristiana que nos ayude a ir saliendo de todos esos problemas en los que nos habíamos metido. Definitivamente, debido a lo grave del problema de pecado en la raza humana, la consejería cristiana se hace indispensable entre el pueblo de Dios.

MIENTRAS HALLA PROBLEMAS GRAVES EXISTIRÁN VIDAS DESTRUÍDAS
El Señor Jesucristo enseñó claramente que él había venido para dar paz a aquellos que se sintieran “trabajados y cargados” (Mateo 11:28); también dijo que él deseaba dar una “vida abundante” (Juan 10:10), una vida con propósito y llena de bendiciones de lo alto. La Biblia menciona tantas veces la palabra “bienaventurados” que es muy obvio que Dios quiere que tengamos vidas felices, dichosas. Pero la realidad en la vida de muchas personas y aún, a veces de algunos creyentes, es otra muy diferente.

Desgraciadamente, un gran número de personas anda en busca de tratamiento psicológico. Tan sólo en nuestro amado México, uno de cada seis habitantes tiene problemas psiquiátricos, uno de cada 25 mexicanos tiene problemas de depresión, hay problemas de ansiedad, de angustias, de fobias, mucha gente esta pasando problemas serios en su vida. Los datos son alarmantes, no sólo en este ámbito, sino también respecto a las adicciones, los problemas familiares, la inmoralidad, la violencia familiar y social, etc.

Las vidas y familias destruidas de tantas personas, hace indispensable la consejería cristiana dentro del pueblo de Dios, para que Dios cumpla su propósito en nosotros de darnos una vida llena de gozo, paz y amor.

MIENTRAS HALLA VIDAS DESTRUÍDAS EXISTIRÁ LA NECESIDAD DE CONSEJERÍA BÍBLICA
En pleno siglo XXI con tanta información y con tantos avances científicos, es incomprensible que el ser humano no sepa resolver sus problemas personales y familiares y siga batallando para vivir en armonía, como dijo Martín Luther King: “Los seres humanos hemos aprendido a volar como las aves, también a nadar como los peces, pero no hemos aprendido a vivir como hermanos”

Allí es exactamente donde entra en acción la consejería cristiana, en realidad es donde entra en acción la Santa Palabra de Dios, dando luz al ser humano para tener una vida verdaderamente feliz. En donde, la sociedad y su sabiduría humana han fracasado rotundamente, es donde los principios bíblicos siempre nos hacen salir victoriosos.

La consejería cristiana es aplicar los principios eternos de las Sagradas Escrituras a los problemas y necesidades específicas de una persona. Es hacer claros los preceptos de la Biblia a la mente de una persona turbada y angustiada por las dificultades que hay en su vida.

La consejería cristiana es algo indispensable por que es una de las maneras en que Dios restaurará esas vidas destruidas, es la forma de confrontar a las personas con los principios eternos de la Palabra de Dios, es poner en evidencia la falsa “sabiduría humana” y exaltar la verdadera sabiduría de Dios. Jay E. Adams en su libro “Capacitados para restaurar” dice que “en pocas palabras la consejería cristiana es la confrontación que brota del sentimiento de cambiar algo que Dios desea cambiar”.

La consejería cristiana es algo sumamente útil porque NO es tratar de cambiar a la gente sólo porque no piensa como nosotros, o porque no es como nosotros, sino que es tomar el manual del Dios Altísimo para la vida y la familia, la Biblia, y mostrarla a la persona que por no seguir las instrucciones eternas tiene su vida, un poco o un mucho, descompuesta. Es tomar la medicina de Dios y aplicarla directamente en la herida grave de una persona mal herida por su pecado. Es tomar la brújula de Dios que llevará a puerto seguro a esa vida que va navegando con dificultad y con peligro de naufragar en el tempestuoso mar.

El mundo está en caos simple y sencillamente por ignorarlos preceptos eternos de Dios, por ignorar sus mandamientos, por violar su Ley, así que debido a la enorme importancia de la Biblia, la consejería cristiana es indispensable dentro del pueblo de Dios.

MIENTRAS HALLA CONSEJERÍA BÍBLICA, EXISTIRÁ LA GUÍA DE DIOS
La consejería, en particular la que emplea y aplica con eficacia la Palabra de Dios, es un deber necesario e indispensable en la vida y compañerismo cristiano. Es también el resultado que se espera de la verdadera madurez espiritual. Cada cristiano verdadero debe entregarse por entero y sin reservas a la meditación de la Palabra de Dios, debe leer la Biblia, memorizarla, escudriñarla y sobretodo vivirla para que llegado el momento pueda dar un consejo sabio que provenga de lo alto.

La carencia de conocimiento bíblico en el pueblo de Dios es lo que está destruyendo los fundamentos y no nos permite tener iglesias fuertes y crecientes, como dijo el profeta Oseas: “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento…” (4:6). Necesitamos, urgentemente, que un porcentaje más grande del pueblo de Dios se alimente de la Biblia, madure y pueda ayudar a otros con consejería cristiana, y de esta manera Dios este guiando a sus hijos.

A esta gran necesidad hace referencia John F. MacArthur en su libro “Una nueva mirada a la consejería bíblica” cuando dice: “En años recientes ha habido un fuerte e influyente movimiento dentro de las iglesias intentando reemplazar la consejería bíblica con “sicología cristiana”: técnicas y sabiduría extraídas de las terapias seculares y que, sobretodo, realizan profesionales a sueldo. Esto ha menguado la confianza de la iglesia en las Escrituras, la oración, la comunión y la predicación como medios mediante los cuales el espíritu de Dios obra en la transformación de vidas… que la Iglesia vuelva a las Escrituras como fuente suficiente de ayuda para los problemas espirituales de la gente ” (página 18)

Definitivamente, debemos volver a tomar la guía de Dios en cada aspecto de nuestra vida para poder ser la clase de cristianos que él quiere que seamos. Aunque también es prudente decir, que necesitamos ser buenos oidores de los consejos de Dios, Jesucristo dijo “cualquiera que me oye estas palabras y las hace le compararé a un hombre prudente” (Mateo 7:24), pero notemos que todo empieza con oír los consejos de la Biblia. En ocasiones no tenemos la guía de Dios no por falta de buenos consejeros cristianos, sino por falta de “buenos oídos cristianos”. En ocasiones los pastores o misioneros que aconsejamos llegamos a pensar que las personas piden consejo para hacer exactamente lo contrario o para terminar haciendo su voluntad. Esto es algo irónico porque se invierten horas en aconsejar para finalmente no seguir el consejo de la Biblia, para que cada quien haga, como en el tiempo de los jueces, lo que bien le parezca (Jueces 17:6). Tal vez es lo que mencionó, en una ocasión, el General Norman Schwarzkopf: “Uno sabe siempre lo que debe hacer; lo difícil es hacerlo”. Sin embargo, cuando un consejo cristiano y bíblico es desechado, estamos desechando la guía del mismo Creador del universo. En estos tiempos de tantas mentiras disfrazadas de verdad, de tantas herejías, de tantas doctrinas innovadoras, no podemos darnos el lujo de menospreciar los preceptos de Dios porque eso nos puede traer muchos problemas, recordemos que “vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo” (Proverbios 13:18).

La consejería cristiana es indispensable porque es una de las maneras en que Dios guía a sus hijos, les imparte su Palabra y les provee de herramientas para vivir vidas victoriosas. En nuestras iglesias, démosle el valor debido a la buena y bíblica consejería cristiana.

Tribuna Bautista Bíblica

Autor: Eric Robles Díaz

Cómo vivir fielmente con ansiedad

Cómo vivir fielmente con ansiedad
Por Aaron L. Garriott

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.

a ansiedad es desconcertante y elusiva. Algunas personas han experimentado una ansiedad debilitante que los ha llevado a la parte trasera de una ambulancia, mientras que otras tienen el pensamiento ansioso ocasional que pasa brevemente por sus mentes antes de caer en un sueño tranquilo. Para algunos, la ansiedad puede dificultar la realización de tareas diarias rudimentarias. Para otros, la ansiedad aparece solo unas pocas veces al año y no interrumpe significativamente su vida cotidiana. Cualquiera que sea la forma que tome la ansiedad, los cristianos necesitan saber cómo enfrentarla con directivas bíblicas y sabiduría para nuestros corazones inquietos. Cuando la ansiedad asoma su fea cabeza, ¿qué debemos hacer? Cuando la ansiedad es un compañero constante para el cristiano, ¿cómo permanecemos fieles?

Antes de considerar estas preguntas, vale la pena señalar que nuestros instintos de autopreservación dados por Dios son buenos. Dios creó nuestros cerebros para alertarnos sobre el potencial peligro. Pero nuestros cerebros están sujetos a los efectos de la caída, por lo que nuestros sistemas de detección de peligros a veces pueden desviarnos. Por eso, no toda la ansiedad se debe simplemente a no prestar atención a los mandatos y apropiarse de las promesas de Mateo 6. El Dr. R.C. Sproul observó: «Nuestro Señor mismo dio la instrucción de no estar ansiosos por nada. Aún así, somos criaturas que, a pesar de nuestra fe, somos dadas a la ansiedad y, a veces, incluso a la melancolía». Somos criaturas con un cuerpo y un alma, por lo tanto, somos seres completos y complejos. No somos gnósticos, con un foco solo en lo espiritual a expensas de lo físico. La Biblia no hace eso (ver 1 Re 19; 1 Tim 5:23), así que nosotros tampoco deberíamos hacerlo. Considera al hombre que apenas sobrevivió a un accidente automovilístico fatal y le resulta increíblemente difícil volver a montarse en un automóvil. ¿Es la raíz de su lucha física o espiritual? La respuesta es ambas. Todo lo que experimentamos como espíritus encarnados es físico y espiritual.

Aprendemos mucho acerca de nuestra experiencia física a través de la investigación científica de la revelación general de Dios en la naturaleza. Dado que toda verdad es verdad de Dios, podemos aceptar libremente los aportes de la investigación científica que estén en sumisión a la Palabra de Dios. Cuando se trata de condiciones como la ansiedad y la melancolía, las investigaciones sugieren claramente que algunas personas tienen una mayor tendencia a trastornos cognitivos y circuitos cerebrales defectuosos. Independientemente de la mezcla específica de causas físicas y espirituales de la ansiedad, las Escrituras ofrecen un camino a seguir. Con ese fin, este artículo se centrará en cómo los cristianos que luchan con la ansiedad pueden vivir fielmente con ella, buscar ser libres de ella y descubrir los propósitos redentores del Señor en y a través de ella.

En la lucha contra la ansiedad, podemos ser nuestro peor enemigo. La ansiedad, el trauma y la melancolía a menudo se perpetúan debido a hábitos no saludables (por ej.: mala alimentación, falta de ejercicio, falta de sueño), patrones de pensamiento no saludables (por ej.: autocompasión, pensamientos no provechosos, emociones sin control) y falta de disciplina (por ej.: ociosidad, aislamiento). Richard Baxter observó: «Las personas que ya son propensas a la melancolía son fácilmente y con frecuencia arrojadas aún más profundamente en ella por medio de patrones indisciplinados de pensamiento o emociones sin control». El cristiano ansioso debe ser vigilante, tal vez más que otros. Debemos vigilar cuidadosamente nuestros patrones de pensamiento (1 Co 4:20; Fil 4:8), hábitos de conducta (1 Tim 4:16) e influencias de enseñanza (2 Tim 4:3-4); dedicarnos a la oración (Fil 4:6), al autocontrol (1 Co 7:5; 9:25; Gal 5:23) y disciplina (1 Co 9:27; Tit 1:8); y medir nuestras emociones, sentimientos y reacciones con el estándar de la Palabra autoritativa de Dios (1 Jn 3:20). Charles Spurgeon, después de haber lidiado con sus propios ataques de ansiedad y desesperación, le recordaba a su pueblo con frecuencia que los sentimientos son volubles: «El que vive de los sentimientos será feliz hoy e infeliz mañana».

Podríamos pensar que la solución a los sentimientos y pensamientos que surgen espontáneamente es simplemente cambiar nuestros sentimientos; deshacernos de estas alarmas incómodas. Pero cambiar nuestros sentimientos no es el objetivo; la obediencia fiel lo es. A veces, esa obediencia fiel implica el largo y doloroso proceso de aprender a ser un espectador desapegado de sentimientos y pensamientos no deseados. Este tipo de perseverancia ardua y fiel sin importar los sentimientos puede ser difícil. Podríamos tener dificultades para levantarnos de la cama por la mañana, reflexionando sobre todo lo que implica el día que tenemos por delante: correos electrónicos constantes, malas noticias potenciales, tareas monótonas, niños necesitados, facturas pendientes que pagar. Con espíritu de oración, confiamos en que el Señor nos sostendrá a medida que damos un paso a la vez. Jesús nos dice: «Bástele a cada día sus propios problemas» (Mt 6:34). A veces, la tarea es suficiente problema. Poniendo un pie delante del otro, seguimos adelante.

Liberarse de la ansiedad que paraliza requiere permanecer en presencia de una incertidumbre dolorosa mientras mantenemos la fe. Específicamente, en la agonía de la angustia producida por la ansiedad, es vital que aprovechemos nuestra unión mística con el Salvador sufriente. Martín Lutero, durante episodios de turbulencia emocional en los que Satanás acusaba su conciencia, se visualizaba a sí mismo sufriendo con Cristo en Su aflicción. Lutero creía que los dardos llameantes del maligno y los angustiosos picos de ansiedad son una ocasión para sufrir en unión con nuestro Salvador, para mortificar los restos del viejo yo y para ser despojados de nuestra necesidad de control y certeza. Durante el ataque angustiante de la ansiedad perturbadora, no cedemos al pánico, sino que trabajamos para comprender objetivamente las respuestas de nuestra mente. El salmista nos recuerda que debemos aquietar nuestras mentes: «Estad quietos, y sabed que yo soy Dios» (Sal 46:10). Nos mantenemos quietos y firmes. Como nos recuerda el viejo himno: «Si se desploma todo aquí, me aferro a Cristo mi mástil». En la tempestad, los cristianos confían y obedecen. Independientemente de si el Señor nos da un alivio total en esta vida, nos esforzamos por ser fieles a pesar de nuestras ansiedades y por arrepentirnos cuando permitimos que la ansiedad gobierne nuestras vidas.

Sin duda, no es fácil analizar cuáles ansiedades son pecaminosas. El puritano John Flavel ofrece una simple prueba de fuego: «Mientras el miedo te despierte a orar […] es útil para tu alma. Cuando solo produce distracción y abatimiento de la mente, es pecado y la trampa de Satanás». Además, debemos examinar qué pensamientos y sentimientos consideramos como verdaderos. Lo más importante, ¿a dónde llevamos nuestras ansiedades? ¿Venimos al Señor con nuestra ansiedad a refugiarnos en Él, o nos sentamos y reflexionamos sobre ella, buscando alivio en nosotros mismos? Dejamos por nuestra cuenta, buscaríamos refugio de la tormenta de ansiedad en los alimentos, tecnología, sustancias u otras cisternas agrietadas. Si sucumbimos a nuestras tendencias internas (conducta evasiva, introspección, autopsias mentales constantes o tácticas de autoayuda), las alarmas de ansiedad solo aumentarán de volumen. Necesitamos una palabra externa.

La ansiedad persistente debe ser enfrentada con promesas, como sugiere John Owen:

Una alma pobre, que ha estado perpleja durante mucho tiempo en la angustia y la ansiedad de la mente, encuentra una dulce promesa, que es Cristo en una promesa adecuada para todas sus necesidades, que viene con misericordia para perdonarlo, con amor para abrazarlo, con Su sangre para purificarlo; y es levantado para apoyarse en cierta medida sobre esta promesa.

¿Descansas en promesas divinas o caes en pánico cuando eres incapaz de ser racional porque la ansiedad ha intensificado su control? El salmista modela un mejor camino: «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, tus consuelos deleitan mi alma» (Sal 94:19). De hecho, el libro de los Salmos debería ser un jardín frecuentado por el alma agobiada por la ansiedad. El padre de la iglesia primitiva Atanasio argumentó que el salterio es una minibiblia (presagiando a Lutero) y un índice de cada emoción humana posible (presagiando a Calvino). En una carta a su amigo Marcelino, Atanasio escribió: «En el salterio aprendes sobre ti mismo. Encuentras representados en ella todos los movimientos de tu alma, todos sus cambios, sus altibajos, sus fracasos y recuperaciones». Haríamos bien en visitar los salmos, tanto antes de la tumultuosa tormenta de ansiedad como durante su aguacero más fuerte, pues están familiarizados con todos nuestros sentimientos y emociones. Necesitamos el consejo empático del salterio porque el pecado distorsiona nuestras cualidades dadas por Dios y a Satanás le encanta explotar esas distorsiones. Por ejemplo, el deseo apropiado por la excelencia puede transformarse en perfeccionismo, o la responsabilidad en hiperresponsabilidad. Considera cómo Dios creó a las madres para cuidar de manera única a sus hijos. Sin embargo, la madre primeriza que cuida a su recién nacido puede experimentar un miedo abrumador en cada llanto. Esto puede catapultar rápidamente a las madres amorosas a la desesperación bajo el peso de la hiperresponsabilidad y el miedo. Los salmos son correctivos, recordándole a su corazón ansioso y oprimido que el Señor tiene el control en Su trono cuidando de Su pueblo (ver Sal 121:3-4).

El cuidado providencial de Dios por Su pueblo se ve en cada página de la Escritura. Jesús prohíbe la ansiedad excesiva por la vida, porque traiciona con desconfianza el cuidado amoroso de nuestro Padre. La preocupación desmesurada por nuestros asuntos mundanos revela en quién confiamos realmente. Jesús dirige nuestra mirada al cuidado que nuestro Padre celestial por las aves que Él mismo abastece. Y si Él cuida tanto de las aves como de los lirios del campo, de tal manera que exhiben una gloria mayor que la de Salomón, ¿no debemos estar seguros de que Él suplirá todas nuestras necesidades (Mt 6:28-30; ver Rom 8:32)? Jesús nos recuerda además que la ansiedad mundana excesiva es inútil (Mt 6:27). Pero la prohibición de Cristo está acompañada por una alternativa reconfortante, como señala Calvino: «Aunque los hijos de Dios no están libres de trabajo y ansiedad, sin embargo, podemos decir correctamente que no tienen que estar ansiosos por la vida. Pueden disfrutar de un reposo tranquilo debido a su confianza en la providencia de Dios».

En esa sola palabra se encuentra la clave para vivir fielmente con una ansiedad que persiste: providencia. El Catecismo de Heidelberg define la providencia como el «poder todopoderoso y omnipresente de Dios por el cual Él sostiene y gobierna el cielo, la tierra y todas las criaturas como si estuvieran en Su mano […] y todas las cosas no nos vienen por azar, sino de Su mano paternal» (pregunta 27). Entonces, nuestra ansiedad no es por casualidad; no es un accidente. Viene de Su mano paternal. ¿Crees eso? Debemos hacerlo si queremos sofocar las garras del miedo que paraliza. Si se plantea y maneja adecuadamente, la ansiedad ofrece la oportunidad de cultivar la dependencia y la cálida comunión con el Dios de toda consolación (2 Cor 1:3-4). Richard Sibbes propone tiernamente: «Si consideramos de qué amor paternal vienen las aflicciones, cómo ellas no son solo moderadas sino que son endulzadas y santificadas al ser enviadas a nosotros, ¿cómo puede esto hacer otra cosa sino ministrar por medio del consuelo en las mayores y aparentes incomodidades?». Pablo cuenta su aflicción, un aguijón colocado en su carne que Dios se negó a quitar. En cambio, Él consoló a Su siervo: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, Pablo resolvió gloriarse gozosamente en sus debilidades: «Para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades […] porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor 12:7-10).

La dolorosa trampa providencialmente llevó a cabo la obra redentora del Señor en y a través del apóstol. Así también nuestras debilidades pueden llevarnos a sentir un mayor amor por el Salvador y un desagrado por las cosas de este mundo. Flavel ofreció esta esperanza al cristiano que siempre está ansioso y abatido: «La sabiduría de Dios ha ordenado esta aflicción sobre Su pueblo para fines y usos misericordiosos. Él la usa para hacerlos más tiernos; vigilantes, atentos y cuidadosos en sus caminos; a fin de que puedan evitar y escapar de tantos problemas como sea posible. Esta es una barrera para evitar que te desvíes. En las grandes pruebas, lo que parece ser una trampa podría ser una ventaja para ti». ¿Ansiedad ventajosa? ¿Cómo? Primero, Flavel continúa: «Las enfermedades del cuerpo y las angustias de la mente sirven para amargar las comodidades y los placeres de este mundo para ti. Hacen que la vida sea menos deseable para ti que para los demás. Hacen que la vida sea más pesada para ti que para otros que disfrutan más de su placer y dulzura». Además, ellos «pueden facilitar la muerte y hacer que tu separación de este mundo sea más fácil para ti. Tu vida es de poco valor para ti ahora, debido a la gravosa carga que arrastras detrás de ti. Dios sabe cómo usar estas cosas en el camino de Su providencia para tu gran ventaja». Segundo, la ansiedad nos impulsa a una comunión más cercana con Dios: «Cuantos mayores sean tus peligros, más frecuentes serán tus acercamientos a Él. Sientes que necesitas brazos eternos debajo de ti para soportar estos problemas más pequeños, que no son nada para otras personas». Tercero, como Pablo enseña, el Señor muestra Su poder a través de nuestras debilidades. Por lo tanto, Flavel concluye: «No dejes que esto te desanime. Las debilidades naturales podrían hacer que la muerte sea menos terrible. Podrían acercarte más a Dios y proporcionarte una oportunidad adecuada para la exhibición de Su gracia en tu momento de necesidad».

De manera contraintuitiva, replantear nuestra perspectiva de la ansiedad acosadora de una carga a una oportunidad apropiada es un gran avance para vivir libres de ansiedad. Cuantas más ansiedades vienen, más oportunidades tenemos de echarlas sobre Aquel que tiene cuidado de nosotros (1 Pe 5:7).

Juan Bunyan, habiendo admitido que «hasta el día de hoy» experimentó ansiedades del corazón, concluye su relato autobiográfico con una perspectiva curiosa:

Estas cosas las veo y siento continuamente, y con las que estoy afligido y oprimido; sin embargo, la sabiduría de Dios los ordena para mi bien. 1. Me hacen aborrecerme a mí mismo. 2. Me impiden confiar en mi corazón. 3. Me convencen de la insuficiencia de toda justicia inherente en mí. 4. Me muestran la necesidad de acudir a Jesús. 5. Me presionan para orar a Dios. 6. Me muestran la necesidad que tengo de velar y estar sobrio. 7. Y me llevan a mirar a Dios, a través de Cristo, para que me ayude, y me sostenga en este mundo.

Esperaríamos que el poderoso puritano inglés terminara su autobiografía con una palabra de triunfo y victoria. En cambio, ¿qué encontramos? El aguijón sigue ahí, pero también el Salvador.

Bunyan, como Lutero y Spurgeon, creía fervientemente que la sabiduría de Dios ordena nuestras aflicciones y debilidades para nuestro bien (Rom 8:28). Las ansiedades dolorosas le dieron una oportunidad adecuada de acudir a Jesús, quien se compadece de nuestras flaquezas (Heb 4:15), nos lleva en Sus brazos (Sal 28:9), y muestra Su gracia suficiente a través de nuestras debilidades (2 Cor 12:9).

Ya sea que la ansiedad sea un invitado ocasional o un compañero constante, no estamos solos en nuestra batalla. El Señor no abandonará Su herencia (Sal 94). Él está siempre presente con Su pueblo, trayendo consuelo a los abatidos y quebrantados de corazón (Sal 34:18). Animémonos unos a otros (1 Tes 5:11); estimulándonos unos a otros al amor y a las buenas obras (Heb 10:24); y llevando las cargas de los demás (Gal 6:2), recordándonos unos a otros que la batalla con el miedo, la ansiedad y la melancolía cesará. Hasta entonces, nos esforzamos por la gracia de Dios por ser fieles, templados y esperanzados, porque se acerca el día en que el hueco en el estómago producido por la ansiedad será un recuerdo lejano, y también lo serán los restos de la desconfianza pecaminosa. De hecho, las lágrimas, el dolor, el duelo y la noche misma ya no existirán (Ap 21:4; 22:5).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

LIDIANDO CON LAS TENTACIONES SEXUALES EN MI MATRIMONIO 

RADIO ETERNIDAD

Hombre De Verdad

LIDIANDO CON LAS TENTACIONES SEXUALES EN MI MATRIMONIO

Marcos Peña – José Agüero

LIDIANDO CON LAS TENTACIONES SEXUALES EN MI MATRIMONIO. «Hombres de Verdad» es un programa basado en lo que la biblia enseña acerca del papel que debe desempeñar el hombre en las diferentes esferas de la vida. Nos vemos todos los lunes a las 5:00 PM con un episodio nuevo.

Una producción de Radio Eternidad.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Si desea hacerlo comuníquese con nosotros vía correo: radioeternidadmedia@gmail.com

¿Cuál es el modelo bíblico del liderazgo de la iglesia?

¿Cuál es el modelo bíblico del liderazgo de la iglesia?

Hay un modelo distinto para el liderazgo de la iglesia en el Nuevo Testamento, aunque este modelo pareciera que se asume en lugar de ser recomendado específicamente. El Nuevo Testamento menciona dos posiciones oficiales en la iglesia: diáconos y ancianos (también llamados pastores o supervisores).

Las palabras anciano (a veces traducido «presbítero»), pastor (que puede ser traducido como «pastor») y supervisor (a veces traducido como «obispo») se usan indistintamente en el Nuevo Testamento. Aunque estos términos con frecuencia significan cosas diferentes entre las diversas iglesias de hoy en día, el Nuevo Testamento al parecer indica un oficio, que fue ocupado por varios hombres piadosos dentro de cada iglesia. Los siguientes versículos ilustran cómo los términos se cruzan y se usan indistintamente:

En Hechos 20:17-35, Pablo está hablando a los líderes de la iglesia de Éfeso. Se les llama «ancianos» en el versículo 17. Luego en el versículo 28 dice, «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor». Aquí los ancianos son llamados «obispos» y sus deberes pastorales están implícitos ya que a la iglesia se le llama «rebaño».

En Tito 1:5-9, Pablo da las calificaciones de los ancianos (versículo 5) y dice que estas calificaciones son necesarias porque «es necesario que el obispo sea irreprensible» (versículo 7). En 1 Timoteo 3:1-7, Pablo da las calificaciones para los obispos, que son esencialmente las mismas que las calificaciones para los ancianos en Tito. En 1 Pedro 5:1-4, Pedro les dice a los ancianos que «pastoreen el rebaño de Dios». De estos pasajes, vemos que el oficio de anciano/pastor/supervisor-obispo es uno. Aquellos que ocupan este cargo deben dirigir, enseñar y cuidar la iglesia de la misma manera que un pastor.

Además, vemos que cada iglesia tiene ancianos (plural). Se supone que los ancianos deben gobernar y enseñar (1 Timoteo 5:17). El modelo bíblico es que un grupo de hombres (y los ancianos siempre son hombres) es responsable del liderazgo espiritual y el ministerio de la iglesia. No se menciona una iglesia que tenga un solo anciano/pastor que esté a cargo de todo, ni tampoco se menciona el gobierno congregacional (aunque la congregación juega un papel).

Aunque los ancianos son responsables de enseñar y dirigir el rebaño, aún queda mucho por hacer a nivel físico. El oficio del diácono se enfoca en las necesidades materiales de la iglesia. En Hechos 6, la iglesia de Jerusalén satisfacía las necesidades materiales de muchas personas de la iglesia por medio de la distribución de alimentos. Algunas de las viudas acudieron a los apóstoles porque no recibían lo que necesitaban. Los apóstoles respondieron: «No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas» (Hechos 6:2). Para aliviar a los apóstoles, se le dijo al pueblo «Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Pero nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra» (versículos Hechos 6:3-4). Aunque los hombres escogidos aquí no se llaman diáconos, la mayoría de los eruditos bíblicos los ven como los primeros diáconos, o al menos como un prototipo del cargo. La palabra diácono simplemente significa «siervo». Los diáconos son nombrados oficiales de la iglesia que atienden las necesidades más físicas de la iglesia, aliviando a los ancianos para atender un ministerio más espiritual. Los diáconos deben estar espiritualmente preparados, y las cualidades de los diáconos se dan en 1 Timoteo 3:8-13.

En resumen, los ancianos dirigen y los diáconos sirven. Estas categorías no son mutuamente excluyentes. Los ancianos sirven a su pueblo dirigiendo, enseñando, orando, aconsejando, etc.; y los diáconos pueden dirigir a otros en el servicio. De hecho, los diáconos pueden ser los líderes de los equipos de servicio dentro de la iglesia. Sin embargo, existe una distinción básica entre los responsables del liderazgo espiritual de la iglesia y los responsables del servicio.

Entonces, ¿dónde encaja la congregación en el modelo de liderazgo de la iglesia? En Hechos 6, fue la congregación la que eligió a los diáconos; por lo tanto, muchas iglesias de hoy harán que la congregación designe y ratifique a los diáconos de la iglesia. Y, por supuesto, los miembros de la congregación serán los principales ministros y evangelistas que alcancen a un mundo perdido. La idea de que la congregación contrate ministros profesionales para hacer el trabajo de la iglesia no es bíblica.

Puede haber algunas variaciones locales en el liderazgo de la iglesia porque esto es sólo un modelo básico; cada detalle no está descrito en las Escrituras. El modelo básico que se encuentra en el Nuevo Testamento es que toda iglesia debe tener una pluralidad de ancianos piadosos (hombres) que sean responsables de dirigir y enseñar a la iglesia y diáconos piadosos que sean responsables de facilitar los aspectos materiales del ministerio de la iglesia. Una pluralidad de ancianos protege a la iglesia de las debilidades y posibles excesos que un solo anciano podría ocasionar. Mientras se siga este modelo básico, la iglesia funciona según el modelo bíblico. Tener un único pastor que controle la iglesia no es el modelo bíblico, y tampoco lo es un acuerdo en el que el pastor trabaje para los diáconos que realmente dirigen la iglesia. La congregación debe seguir la dirección de los pastores que siguen a Cristo. En su sabiduría, los ancianos pueden pedir la aprobación de la congregación para decisiones importantes, pero la congregación no debe ser la autoridad final. La responsabilidad recae en los ancianos/pastores/supervisores, los cuales responden a Cristo.

Los efectos de la ansiedad

Renovando Tu Mente

Serie: La ansiedad

Episodio 4

Los efectos de la ansiedad
Por Rebecca VanDoodewaard

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.

tomarnos algo de tiempo darnos cuenta. Poner en marcha el generador justo en la terraza frontal de la casa puede parecer una buena idea en una tormenta, pero los dolores de cabeza causados por la intoxicación con monóxido de carbono pronto nos dirán lo contrario. Como cualquier otra cosa sobre lo que la Escritura nos advierte, la ansiedad también tiene algunos efectos muy perjudiciales. La palabra neotestamentaria para ansiedad, merimna, también se traduce como «cuidado» o «preocupación». Dado que la ansiedad es real y prevalente en nuestro mundo, también lo es su impacto. Y aunque la ansiedad puede provenir de escenarios imaginarios, de problemas reales y presentes o de una sensación de fatalidad inminente, una vida de ansiedad perpetua hace imposible amar a Dios y al prójimo como debiéramos. Independientemente de la causa o el origen, la ansiedad perturba la vida en múltiples aspectos.

EFECTOS FÍSICOS
Hay una razón por la que Jesús preguntó: «¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?» (Mt 6:27). Todos sabemos que la ansiedad no es la clave para una vida larga y saludable. Sentirse asustado, decaído y perder el sueño es solo el principio. Aunque condiciones como el dolor crónico, la discapacidad o la enfermedad crónica pueden generar ansiedad, también puede suceder a la inversa. La ansiedad crónica puede crear dolor, enfermedad y otros problemas físicos debido a un estado físico anormal. La adrenalina y el cortisol realizan muchas funciones esenciales en nuestro cuerpo (Dios nos los dio por una buena razón). Un aumento en estas hormonas nos permite afrontar situaciones de estrés por medio de una fisiología alterada: el pulso se acelera, la respiración se acelera y los vasos sanguíneos se dilatan, proporcionando más oxígeno al cerebro y a los músculos, enfocando nuestra concentración. Pero cuando estas hormonas fluyen por nuestros sistemas con mucha frecuencia o por mucho tiempo, pueden producirse una serie de problemas.

Cada vez más, los científicos encuentran vínculos entre la ansiedad y efectos físicos negativos. Los estudios han demostrado que la ansiedad puede provocar enfermedades cardíacas en adultos generalmente sanos y que el estrés emocional crónico y la ansiedad están relacionados con la predisposición a una serie de problemas del sistema digestivo, desde el reflujo gástrico hasta el síndrome del intestino irritable y cáncer. La situación es más preocupante con la edad, ya que los adultos mayores son propensos a tener comorbilidades que aceleran las condiciones físicas y los deterioros relacionados con la ansiedad. Los estudios de investigaciones están creciendo. Preocuparte hasta la muerte puede ser un peligro más cierto de lo que pensamos.

EFECTOS RELACIONALES
La ansiedad tiene efectos demostrables y medibles en nuestro cuerpo. Pero la causa suele estar en nuestra vida mental y espiritual. Por ello, no podemos esperar que nuestras relaciones no se vean afectadas. Los efectos relacionales de la ansiedad también son sumamente perjudiciales. Clínicamente, la ansiedad está vinculada a problemas con la memoria de corto plazo, la concentración, el funcionamiento verbal y espacial, la capacidad de concentración al leer y mucho más. No es de extrañar que dificulte la socialización.

Sin embargo, las dificultades van más allá de los aspectos funcionales. Sabemos por experiencia que visitar a una persona verdaderamente ansiosa es difícil. Si se entabla una conversación, tiende a centrarse en lo superficial o a arrastrarnos al mundo de oscuras preocupaciones en el que vive la otra persona. Una anciana que conocí no solo recitaba letanías de accidentes y diagnósticos terribles durante las visitas, sino que también enumeraba posibles providencias difíciles, detallando temores sobre el futuro. Parecía como si hubiera abierto de par en par la puerta a los pensamientos oscuros, sin tener en cuenta sus efectos. Ella había enfrentado una aflicción real en su vida, pero era su ansiedad por el futuro lo que impedía tener una verdadera cercanía relacional con otras personas.

La ansiedad nos da vuelta hacia nosotros mismos y nuestros problemas. Nos encogemos hacia adentro, agobiados por cargas que no deberíamos llevar, arrastrándolas y tropezando con otras personas a nuestro paso. Jeannie Marie Guyon le dijo a una amiga: «La melancolía contrae y marchita el corazón […] Magnifica y da un falso colorido a los objetos, y así hace que tus cargas sean demasiado pesadas de llevar». La ansiedad da color a nuestra visión del mundo con un lente pecaminosamente negativo. Es evidente que este tipo de efectos dificulta la socialización y las relaciones sanas con los demás.

Pero los efectos van más allá de la socialización. En su himno y oración «Padre, lo sé toda mi vida», Anna Waring pide «un corazón en reposo de sí mismo, que se calme y sienta simpatía». La ansiedad nos roba esto. Torcidos hacia adentro, no estamos en reposo dentro de nosotros mismos. Por el contrario, nos consumen nuestros propios pensamientos y preocupaciones y, por lo tanto, nos aislamos de las oportunidades reales que nos rodean. La ansiedad nos roba las interacciones sociales, sí, pero también la capacidad y la oportunidad de servir. Nos roba las conexiones espirituales que fluyen de tener comunión con otros y ser útiles. El aislamiento relacional que produce la ansiedad no es ninguna casualidad. Es una de las tácticas de Satanás. Un creyente sin relaciones estrechas ni compromiso con la comunidad es un blanco fácil para la duda y la desesperanza. Los efectos relacionales y espirituales de la ansiedad están estrechamente relacionados.

EFECTOS ESPIRITUALES
El impacto de la ansiedad realmente comienza y termina en el alma. Si la ansiedad afecta nuestras relaciones humanas, ¿cómo no va a afectar nuestra relación con Dios? La ansiedad suele producirse cuando dudamos o perdemos de vista la sabiduría y la bondad de Dios. En lugar de ser como un niño destetado con su madre, nuestras almas están agitadas y deseosas, preocupadas por cosas que están fuera de nuestro control (Sal 131:2). No podemos descansar en la providencia. Esto es particularmente cierto cuando estamos ansiosos por cosas que ni siquiera han sucedido. Elisabeth Elliot nos recuerda que Dios promete gracia no para nuestra imaginación, sino solo para la realidad. Nos promete nuevas misericordias para cada mañana, no para cada preocupación. Una vez más, Waring afirma: «Hay espinos en cada camino que exigen un cuidado paciente; hay una cruz en cada lugar, y una gran necesidad de oración; pero un corazón humilde que descansa en Ti es feliz en cualquier lugar». Reconocer los peligros espirituales de la ansiedad no es negar que hay cosas duras y aterradoras en este mundo. Sin embargo, Guyon nos advierte: «Es más seguro que un exterior triste repela la piedad en vez de atraerla. Es necesario servir a Dios, con cierto gozo de espíritu, con una libertad y apertura, que haga patente que Su yugo es fácil».

Este es el meollo del asunto, ¿no es así? La mayoría de las veces estamos ansiosos porque no creemos o sentimos que nuestro Pastor sea bueno. A veces las tinieblas nos oprimen, y es una batalla espiritual creer que Dios es bueno todo el tiempo. A veces sentir esa verdad es una esperanza lejana. Es por eso que la ansiedad tiene un efecto tan peligroso en nuestras almas. Nos hace dudar del Padre, incluso de Aquel que no rehusó a Su único Hijo. La ansiedad escucha mentiras; mentiras que pueden ser ruidosas e invasivas, pero mentiras al fin y al cabo. Pero estar ansioso también transmite esas mentiras, ya que llevamos el nombre de Cristo en la iglesia y en el mundo mientras nos comportamos como si Él no fuera omnipotente, omnisciente, omnipresente y bueno. La ansiedad trata de sacar la verdad, y cuando eso ocurre, las mentiras se alinean para entrar. Las mentiras sobre el carácter y las promesas de Dios son las más devastadoras, pues buscan crear dudas acerca del único que es nuestro Ayudador. La ansiedad y las mentiras que la acompañan nos separan de Dios. Tal vez por eso Elaine Townsend escribió: «Señor, enséñame a nunca estar ansiosa, sino a compartir contigo mi corazón; y muchas gracias por tu paz mientras comparto contigo».

CONCLUSIÓN
En conjunto, todos estos efectos son preocupantes. Pero no dejes que te produzcan ansiedad. Muestran claramente la insensatez de justificar nuestra preocupación. Todos lo hacemos, ¿no es así? A veces lo hacemos eligiendo algo importante y valioso por lo que preocuparnos. En nuestras propias mentes, la ansiedad por nuestros hijos está justificada por nuestro amor por ellos. Justificamos nuestra preocupación por la sociedad debido a nuestro interés por la seguridad y la moralidad. Justificamos las preocupaciones por la salud afirmando que es parte de ser buenos administradores de ella. Otras veces, intentamos justificar nuestra preocupación eligiendo situaciones de crisis para alimentarlas, reflexionando sobre el impacto que tendrían los accidentes de tráfico o las enfermedades terminales. Justificamos nuestra ansiedad en nuestra propia mente y quizás incluso ante los amigos.

Pero algo tan destructivo para nuestros cuerpos, mentes y almas debe ser combatido. Algo que tiene el potencial de alejarnos de Dios, de nuestras comunidades y de la buena salud no puede realmente ser justificado, ¿verdad? No tenemos ninguna excusa para ceder, dar tregua, ni para negociar. Ninguna justificación es suficiente. A veces equiparamos la preocupación con el discernimiento, el interés o incluso el amor y la oración. Pero el fruto de esas cosas es la acción piadosa y la confianza. Dan vida. El fruto de la ansiedad mata a diferentes niveles. No lo justifiquemos. Hay mucho en juego. Luchemos contra ello. Esa batalla puede que no sea breve ni clara, y puede implicar la ayuda de médicos, pastores y otros, pero abandonar esta buena batalla no puede ser una opción para los hijos de Dios.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Rebecca VanDoodewaard
Rebecca VanDoodewaard es autora de Reformation Women: Sixteenth-Century Figures Who Shaped Christianity’s Rebirth [Las mujeres de la Reforma: Figuras del siglo XVI que moldearon el renacimiento del cristianismo] y de las series para niños de Banner Board Books.

Sirve mientras esperas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión

Sirve mientras esperas – Lección 2

La semana pasada visitamos la tierra del anhelo, estuvimos compartiendo con hermanas que han pasado por desilusiones en sus vidas; pero también vimos cómo Dios ha obrado en sus corazones. Esta semana estaremos viendo de una manera práctica cómo podemos servir cuando nos encontramos en medio de circunstancias difíciles. 

Cuando vemos la historia completa de Elisabet, nos damos cuenta que su anhelo de tener un hijo fue eventualmente satisfecho. Y eso está en Lucas 1:57-66. Sin embargo, esa no siempre es la norma y creo que cada una de nosotras puede dar fe de ello. Todo lo que podemos ver es el momento presente. No podemos ver la imagen completa, pues es Dios quien tiene el cuadro completo, un gran tapiz que Él ha estado tejiendo. 

No obstante, el anhelo de Elisabet no iba a ser de bendición solo para su matrimonio o su familia, este era un plan que Dios tenía preparado para toda la nación de Israel y para todo el mundo, no solo de su época, sino de toda la historia.

Todas hemos estado ante la bifurcación en el camino; ese momento donde debemos decidir entre la esperanza y la desesperación. Por lo general, ocurre cuando hemos estado recorriendo el mismo camino durante mucho tiempo, pero de pronto nos preguntarnos si nuestras circunstancias alguna vez cambiarán.

En esta ocasión tengo la bendición de contar con Berenice Montes, Orfa Montes y Pamela Espinosa, para conversar sobre qué hacer cuando nos encontramos en esa bifurcación y cuál es el camino que debemos tomar.

Entra al enlace y accede al video. 

Frases para meditar:

«Cuando obedeces a Dios en lo que te ha encomendado, Él se encontrará contigo».

«Aunque servir en el templo era sin lugar a dudas una tarea sagrada, Zacarías estaba haciendo simplemente lo que Dios le pidió que hiciera: cumplir con sus responsabilidades como sacerdote. Y fue allí, en el curso de cumplir con su deber, cuando Dios lo encontró».

Profundiza más:

  • ¿A dónde vas cuando estás desesperada con tu aflicción? ¿En qué o quién te refugias? (me voy de compras, me aislo, chisme, murmuración, culpo a Dios, busco amigas no sabias)
  • Cuando enfrentas desilusiones, ¿cómo haces para mantenerte enfocada en conocer y servir al Señor?
  • De acuerdo a tu experiencia y a los casos de mujeres que conoces, ¿cuál es la desilusión más predominante en las mujeres?

Recuerda:

No pienses que puedes vivir a tu manera y que luego, cuando lleguen las grandes pruebas, puedes tener de repente un corazón para obedecer a Dios. No funciona así. La obediencia diaria desarrolla los músculos necesarios para cuando las cosas se ponen difíciles.

http://www.avivanuestroscorazones.com/estudios/elisabet-como-lidiar-con-la-desilusion/elisabet-semana-1-la-tierra-del-anhelo/

La tierra del anhelo – Lección 1

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión

La tierra del anhelo – Lección 1

¡Bienvenidas a nuestra serie Mujeres de la Biblia!

Estamos entusiasmadas de que hayas elegido hacer junto a nosotras este estudio de Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión. Nuestro equipo ha estado orando por esta nueva temporada y estamos aquí para apoyarte en este trayecto de seis semanas que tenemos por delante. 

La historia de Elisabet, aunque breve, proporciona una excelente perspectiva de cómo hacer frente a la desilusión de una manera que honre al Señor. A través de años de infertilidad, Elisabet maneja su deseo insatisfecho de tener un hijo con una confianza y obediencia continua al Señor. Es posible que su vida no haya resultado como ella lo planeó, pero Dios le permitió jugar un papel fundamental en el desarrollo de Su historia redentora. 

El capítulo 1 del libro de Lucas describe el perfil de una mujer que sabía lo que era enfrentar la desilusión. Elisabet llegó a ser la madre de Juan el Bautista, no sin antes enfrentar décadas de infertilidad. Su historia tiene mucho que enseñarnos sobre la gracia de Dios al momento de enfrentar nuestras propias desilusiones.

En esta ocasión tengo la bendición de contar con un grupo maravilloso de hermanas. Acompáñame junto a Perla Montes, Myrna Ortíz y Sara Pérez en la primera semana de estudio sobre Elisabet. Entra al enlace y accede al video. 

Frases Resaltadas:

  • «La historia de Elisabet no siempre estuvo tan llena de alegrías. Su fe se forjó en el fuego de la desilusión, y ella tiene mucho que enseñarnos acerca de enfrentar nuestros propios contratiempos con esperanza y gracia».
  • «Un legado de fe, un matrimonio piadoso y una vida justa no protegieron a Elisabet de la desilusión».
  • «Es posible que hayas luchado con un anhelo insatisfecho durante décadas o simplemente desde que te despertaste esta mañana. En cualquier caso, recuerda que Dios está prestando atención. Él escucha tus anhelos. Toma esperanza en esto: los anhelos de Elisabet no fueron insignificantes. Eran el lienzo que Dios usó para pintar una magnífica obra maestra».

Profundiza más:

Semana Uno

Preguntas:

  • ¿Cuál ha sido la desilusión más grande que has enfrentado? 
  • ¿Cuál fue la emoción más difícil que salió de tu corazón con la cual tuviste que lidiar? 
  •  ¿Son las desilusiones circunstancias de «la vida» o consecuencias de mi pecado? 
  • ¿Alguna vez te has sentido tentada a creer que vivir una vida justa debe eximirte del dolor o la desilusión?

Recuerda:

Mi amada hermana, si hoy estás luchando con alguna desilusión, te animo a que puedas encontrar en el evangelio esperanza y gozo para tu alma. Quizá no recibas ese anhelo por el cual tanto oras, quizá de este lado de la gloria no tendrás ese «final feliz», pero si de algo puedes estar segura es que Dios está obrando en tu vida, en este instante, de muchas formas que no puedes ver. 

¡No te olvides de dejarnos tus preguntas y compartir tus fotos con las hermanas que estás haciendo este estudio! 

http://www.avivanuestroscorazones.com/estudios/elisabet-como-lidiar-con-la-desilusion/elisabet-semana-1-la-tierra-del-anhelo/