Escatología – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 26/26

Escatología – Parte 2

  1. Introducción

En la última clase, hablamos de las diferentes posiciones acerca del milenio: el amilenialismo, el premilenialismo, etc. El día de hoy, tendremos un tiempo de preguntas y respuestas extensas para que puedas hacer preguntas sobre cualquier cosa que hayamos cubierto: el don de lenguas, la clase pecados que llevan a la muerte, etc. Así que ahora piensa en tus preguntas; puedes escribirlas en el interior de tu folleto para que no las olvides. Y tus preguntas no deben (no tienen) que ser acerca de una doctrina oscura y difícil, pregunta cualquier cosa que quisieras aclarar, ¡y sinceramente, a los maestros les encantan las preguntas fáciles! Pero en términos de puntos de vista como el del milenio, como discutimos en nuestra última clase, sé que pueden parecer abrumadoras y, honestamente, ni siquiera estoy seguro de mi posición, pero concluimos nuestra última clase con esta buenas palabras: «Lo importante es que todos estas posiciones acerca del milenio tienen una creencia similar: que Cristo está regresando y que el juicio está por venir».

Espero que te lleves una lección básica de esta clase: cuando encuentres una doctrina en la Escritura de la que no estés seguro, pregúntate: ¿Cuál es el principio básico de la Escritura que me ayuda a comprender esto mejor, o al menos al que pueda aferrarme? El principio básico del que estamos hablando hoy, es que Jesús regresa, como el Señor y Juez del universo. No es una noción lejana, es nuestra realidad presente y urgente. Debemos estar preparados.

Eclesiastés, que es uno de mis libros favoritos y habla de considerar el propósito de la vida, tiene un consejo útil para nosotros el día de hoy. Después de que el narrador considera toda la vida y el verdadero significado de la vida —tal vez nos estés visitando hoy preguntándote qué rayos es la razón de vivir—, el narrador de Eclesiastés termina su búsqueda con esta conclusión.

Eclesiastés 12:13-14«El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala».

Palabras aleccionadoras para nosotros esta mañana cuando consideramos el juicio final.

  1. El juicio final

Este es el juicio en el que todas las personas son condenadas o recompensadas por la eternidad. Al igual que con nuestra última sección, no profundizaremos exactamente cuándo sucederá en el calendario escatológico. Pero si miramos las Escrituras con respecto a esto, el mensaje básico es que habrá un solo juicio y que llegará pronto.

En su discurso a los atenienses, Pablo proclama: «Dios… manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos» (Hechos 17:30-31).

Ilustración: Osborne: «Somos salvos por gracia, pero seremos juzgados por las obras. Hay muchos otros pasajes del Nuevo Testamento sobre el juicio de los creyentes ‘según sus obras’ (Mateo 16:27Romanos 14:121 Corintios 3:12-152 Corintios 5:101 P. 1:17). La Biblia nunca dice qué será exactamente este ‘juicio’, y sabemos que hemos sido perdonados por nuestros pecados y que seremos recompensados ​​por nuestro servicio a Dios. Debe bastar con decir que nos enfrentaremos con nuestras malas acciones, y luego seremos perdonados y recompensados ​​por el bien que hemos hecho»[1].

1 Co. 3:10«Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego».

Dado que el juicio de Dios sobre la humanidad está por venir, ¿qué dice la Escritura al respecto? Bueno, déjame darte tres declaraciones bíblicas acerca del juicio final.

Hebreos 9:27-28«Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan».

A. Jesucristo será el juez

En el Nuevo Testamento, Dios es juez en Mt. 6:418:35Ro. 14:10; y Cristo es juez en Mt. 7:22-2325:31-462 Co. 5:10.

Jesús mismo será el Juez en el momento del juicio final. Él es el designado por el Padre sobre el que acabamos de leer en Hechos 17. Un día, el haber aceptado o rechazado a Jesús aquí en la tierra tendrá todo su peso cuando seamos sometidos a su juicio. Es Jesús, a quien hemos seguido o negado, quien nos juzgará.

B. Los incrédulos serán juzgados y condenados al castigo eterno

Es en este momento del juicio final que los incrédulos serán condenados ante el Señor. Pablo dice en Romanos 2:6-8: «[Dios] pagará a cada uno conforme a sus obras… ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia».

Aquellos que no creen en Cristo serán condenados por no haberse arrepentido y apartado de sus pecados. No aceptaron la enseñanza de Jesús. Aquellos que son condenados recibirán el castigo del infierno.

El infierno es «un lugar de castigo eterno y consciente para los impíos»[2]. En las Escrituras, el infierno a menudo es descrito como un lugar donde los hombres llorarán y habrá un crujir de dientes (Mateo 25:30). Es un lugar donde el fuego nunca se apaga (Marcos 9:43), donde no habrá descanso (Ap. 14:11).

El infierno es un lugar real y es el resultado real del juicio. Una tendencia notable en la escatología evangélica es rechazar la doctrina del castigo eterno y defender el «aniquilacionismo», es decir, que los incrédulos finalmente son destruidos y no existen más. Pero las Escrituras no apoyan este punto de vista. En Mateo 25:46, Jesús dice: «E irán éstos [los impíos]  al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

Es difícil pensar en alguien que esté en perpetuo sufrimiento por la eternidad, pero no debemos forzar nuestro sesgado sentido de la justicia sobre la justicia perfecta de Dios. Él es un Dios infinitamente santo y eterno, y ofenderse contra él es recibir el peor castigo posible. Y la única manera de evitar su furia es a través de Jesucristo que soportó la ira de Dios en la cruz. La única diferencia entre el cielo y el infierno es la gracia de Dios en Cristo.

  1. Los creyentes serán juzgados conforme a sus obras.

Hay dos aspectos del juicio para los cristianos. En cierto sentido, seremos juzgados como justos y seremos recompensados ​​eternamente por nuestra posición, otorgada por la gracia de Dios, como coherederos con Cristo.

Los cristianos no serán finalmente condenados. Todos pasaremos de la muerte a la vida. Dicho esto, el segundo sentido en el que seremos juzgados es por la forma en que vivimos como cristianos. La Escritura parece indicar que habrá diversos grados de recompensa dependiendo de cómo hayamos vivido. Seremos juzgados por las obras que hemos realizado.

2 Co. 5:6-10«Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. 10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo».

AplicaciónEsto no pretende inspirarnos terror, sino motivarnos a una vida piadosa. (v. 9b: «procuramos… serle agradables»).

Ilustración: Lutero: «Tengo dos días en mi calendario… ‘Hoy y el Día’».

Seremos juzgados por lo que hemos hecho con lo que se nos ha dado. Rendiremos cuenta ante Dios por cómo hemos vivido. Dios sacará a la luz todo lo que ahora está oculto. Pero todos los pecados que se harán públicos en ese día serán como aquellos que han sido perdonados. Este juicio es una de las razones por las cuales la gracia de Dios nunca debe tomarse como una licencia para pecar.

Juan 5:28-29«No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación».

Romanos 2:6-8 dice: «[Dios] pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia».

Este pasaje enseña que la vida eterna será conforme a las obras. Pero esto no significa que se ganará por las obrasRomanos 6:23 dice: «La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro». La vida eterna no se gana. Es gratis.

Pero la vida eterna se representa conforme a nuestras obras. Esto se pone de manifiesto no solo en Romanos 2:6-8, sino también en 1 Corintios 6:9-11Gálatas 5:6,21Efesios 5:5Santiago 2:14-26Hebreos 12:14Mateo 7:24-27Lucas 10:25-28 y muchos otros lugares que enseñan la necesidad de la obediencia en la vida de fe y en la herencia de la vida eterna.

Piper: ¡Así que debemos aprender a hacer la distinción bíblica entre ganar la vida eterna sobre la base de las obras (¡que la Biblia no enseña!) y recibir la vida eterna conforme a las obras (¡lo que la Biblia  enseña!). Los creyentes en Cristo se presentarán ante el tribunal de Dios y serán aceptados en la vida eterna sobre la base de la sangre derramada de Jesús. Pero nuestra libre aceptación por gracia a través de la fe será conforme a las obras.

«Conforme a las obras» significa que Dios tomará el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22) y las «buenas obras» por las cuales dejamos que la luz de nuestra fe brille (Mateo 5:16), y las aceptará corroborando la evidencia de nuestra fe.

Nuestras obras en el juicio sirven como evidencia que corrobora que efectivamente pusimos nuestra confianza en Cristo.

Nuestra recepción en el reino no será ganada por las obras, sino que será conforme a las obras. Habrá un «arreglo» o acuerdo entre nuestra salvación y nuestras obras.

Nuestras obras no son la base de nuestra salvación, son la evidencia de nuestra salvación. No son una base, son una demostración.

Ilustración1 Reyes 3:16-28: Las acciones de la mujer no la convirtieron en madre. Demostraron que ella era la madre.

  1. Un cielo nuevo y una tierra nueva

Definimos el cielo hace un minuto, pero debemos ampliar nuestra definición para reconocer que el cielo es un lugar real. No es simplemente un estado de ánimo o un símbolo, es real, y si eres cristiano, estarás allí físicamente por la eternidad una vez que hayas sido glorificado.

El cielo es el lugar donde Dios manifiesta más plenamente su presencia: es la morada de Dios. Escuche la visión del apóstol Juan de que Dios habita con el hombre. Mientras leo esto, comprende que si eres cristiano, entonces este es tu destino, esta es la consumación de la historia redentora.

Apocalipsis 21 dice: «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios».

Si bien el cielo se menciona con frecuencia en las Escrituras, no hay muchos detalles sobre cómo será exactamente. Esto se debe a que finalmente no nos sentiremos atraídos por las calles de oro o los cimientos de joyas preciosas. No, ¡estaremos con Dios y su gloria! Veremos el rostro del Dios eterno e invisible y viviremos en una interminable sucesión de tiempo adorando y disfrutando a nuestro Creador como debía ser.

Estas verdades e imágenes sobre el futuro deberían encender una inmensa alegría y esperanza en nosotros. La escatología cristiana es una escatología de esperanza; independientemente de cómo resulten todos los detalles discutidos, sabemos cómo termina la historia.

¿Cuánto debería esto inspirarnos a una vida piadosa, a ver los desafíos de hoy con una perspectiva eterna, y a compartir las buenas noticias de esta redención que Dios está desarrollando ante nuestros propios ojos?

Ilustración: Sam Storms: «Cuando lleguemos al [cielo nuevo y tierra nueva] allí, no habrá nada que sea abrasivo, irritante, agitador o hiriente. Nada dañino, odioso, molesto o cruel. Nada triste, malo o impío. Nada áspero, impaciente, ingrato o indigno. Nada débil o enfermo, roto o tonto. Nada deformado, degenerado, depravado o repugnante. Nada contaminado, patético, pobre o pútrido. Nada oscuro, triste, desalentador o degradante. Nada culpable, mancillado, blasfemo o arruinado. Nada defectuoso, sin fe, frágil o desvaneciéndose. Nada grotesco o grave, horrible o insidioso. Nada ilícito o ilegal, lascivo o lujurioso. Nada estropeado o mutilado, desalineado o mal informado. Nada desagradable o sucio, ofensivo o aborrecible. Nada rancio o grosero, sucio o estropeado. Nada cutre o contaminado, insípido o tentador. ¡Nada vil o vicioso, inútil o sin sentido! Donde sea que pongas tus ojos, no verás nada más que gloria y grandeza y belleza, brillo y pureza, perfección, esplendor, satisfacción, dulzura, salvación, majestad, maravilla, santidad y felicidad. Veremos solo y todo lo que es adorable y afectuoso, hermoso y brillante, resplandeciente y generoso, encantador y ameno, exquisito y deslumbrante, elegante y emocionante, fascinante y fructífero, glorioso y grandioso, amable y bueno, feliz y santo, sano y completo, alegre y gozoso, atrayente y agradable, majestuoso y maravilloso, opulento y abrumador, radiante y reluciente, espléndido y sublime, dulce y gustoso, tierno y de buen gusto, eufórico y unificado! ¿Por qué serán todas estas cosas? Porque estaremos mirando a Dios»[3].

Oremos.

«Amén; sí, ven, Señor Jesús».

[1] Grant R. Osborne, Revelation, Comentario Exegético de Baker sobre el Nuevo (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2002), 722.

[2] W. Grudem, Teología Sistemática

[3] Sam Storms, One Thing: Developing a Passion for the Beauty of God (Geanies House, Fearn, Ross-shire, Escocia, Gran Bretaña: Christian Focus, 2004), 178-179.

Mark Deve

Escatología – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 25/26

Escatología – Parte 1

1. Introducción

Estamos viviendo en los últimos días. (Hebreos 1:1-4)

La escatología es importante para la manera en que vivimos. A veces puede ser un esfuerzo aterrador, especialmente cuando leemos o tratamos de estudiar el libro de Apocalipsis. Si eres alguien que cree que estudiar los últimos tiempos es una tarea infructuosa debido a la dificultad de interpretar algunos de los pasajes bíblicos o por cualquier otra razón, permíteme leerte la introducción del libro de Apocalipsis. Dice: «Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca» (Apocalipsis 1:3). Dios ha prometido su bendición a aquellos que se esfuerzan por saber más acerca de él a través de su Palabra. Es mi deseo que podamos ser esas personas esta mañana.

Ilustración: John Newton: «Estamos seguros de que el Señor reina. La tormenta es dirigida por las manos que fueron clavadas a la cruz. Él ama a los suyos y los cuidará… Bendito sea Dios por la esperanza de una tierra de paz donde el pecado y toda tristeza serán excluidos. Allí tendremos un día sin nubes y sin noche. El sol ya no se pondrá más, la voz de la guerra no se oirá más. Los habitantes ya no sentirán dolor, no llorarán más, no saldrán más. Entonces no habrá más insatisfacción y, por tanto, no habrá más deseos insatisfechos. ¡Qué estado de amor, vida y gozo cuando veamos a Jesús tal como es! Y al contemplarlo, seremos transformados a su imagen y semejanza. Este día vendrá. Este día se acerca cada hora. Su amigo y hermano, siervo y compañero de peregrinación, John Newton, Hoxton, 26 de julio de 1781»[1].

2. La segunda venida de Cristo

Entonces, para comenzar el final, necesitamos saber que la Biblia promete un regreso literal de Cristo. Jesús vino una vez para expiar los pecados, y vendrá nuevamente para consumar su gobierno.

Hebreos 9:27-28«Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan».

Esta verdad es mencionada y asumida a través del Nuevo Testamento y fue enseñada por los apóstoles. Pablo dice en 1 Tesalonicenses 4:16«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo…». Santiago, el hermano del Señor, se refiere a la expectativa futura de esta venida cuando escribe: «Hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor» (Santiago 5:7).

¿De dónde sacaron estos hombres que Jesús regresaría de nuevo? Bueno, al parecer del mismo Señor Jesucristo. Cuando está sentado con sus discípulos en el monte de los Olivos, Jesús les dice: «Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro» (Mateo 24:30-31).

Esta segunda venida de Cristo a menudo se conoce como «el Día del Señor» o alguna otra frase similar en las Escrituras. Es una frase que connota calamidad y juicio, así como salvación. Cuando el Señor Jesús regrese, se nos dice en Sofonías que: «Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento… porque pecaron contra Jehová… toda la tierra será consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción apresurada hará de todos los habitantes de la tierra» (Sofonías 1:15-18).

Al mismo tiempo, el mundo entero será consumido por el fuego del celo de Dios (v. 3:8), Dios dice que devolverá a los pueblos la «pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento» (Sofonías 3:9). Ese día de juicio para los impíos será un día de regocijo para los justos.

Bien, ahora que entendemos que Cristo regresará, ¿cuál es la naturaleza de esta segunda venida? ¿Cómo será? ¿Qué podemos decir al respecto en base a las Escrituras?

A. Habrá un regreso personal, visible y corporal de Cristo

Jesús regresará en persona. Si bien esto parece evidente en una iglesia evangélica, una vez fue popular en los círculos protestantes liberales creer que Jesús no lo haría. En cambio, el aire o el aroma de Cristo regresaría, y la aceptación de su enseñanza y una imitación de su estilo de vida de amor regresarían cada vez más a la tierra. Entonces se establecerían las normas éticas del Sermón del Monte, y la utopía sería disfrutada por todos.

Bueno, este no es el mensaje que recibimos de las Escrituras. La Biblia enseña que la encarnación del Hijo de Dios no fue su última manifestación en persona a los hombres en la tierra. En Juan 14:3, Jesús dice que vendrá otra vez.

Cuando Jesús ascendió al cielo en Hechos 1, sin demora llegaron dos ángeles y les dijeron a los discípulos: «Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (v. 11).

Por tanto, el regreso escatológico del Señor no será una venida espiritual para morar en los corazones de las personas y hacerlas más felices y más éticas, sino un regreso visible, corporal y personal. Y será un regreso glorioso. Mateo 16:27 nos dice que Jesús regresará «en la gloria de su Padre».

Parece que esta gloria será visible para todos. En Apocalipsis 1:7, Juan escribe: «He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá…». Del mismo modo, en el pasaje de 1 Tesalonicenses que leímos antes, Pablo dice: «el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo…» (1 Tesalonicenses 4:16). El regreso de Cristo no se hará secreta o sigilosamente. No, será alto y claro y anunciado y todos sabrán que el Hijo de Dios ha venido. Será un regreso digno del Rey de Reyes.

B. El tiempo de la venida de Cristo es desconocido

La Escritura no revela el tiempo de la segunda venida de Cristo. Jesús dice en Mateo 24:36«Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre».

Pregunta: ¿Por qué Dios no nos revela el momento exacto en que Cristo regresará? ¿De qué manera no saber cuándo regresará Cristo afecta nuestra vida cristiana?

Si continuamos leyendo en Mateo 24, Jesús deja en claro por qué no nos corresponde saber cuándo regresará. Él dice: «Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis» (v. 42-44).

Jesús luego ilustra esta enseñanza nuevamente con la parábola de las diez vírgenes en Mateo 25, confirmando el mensaje de su regreso: «Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir».

Pese a esta clara enseñanza, las personas parecen tener un deseo insaciable por intentar responder «cuándo» será la segunda venida. Ves esto no solo en la prensa sensacionalista en el mostrador de Safeway, sino también en las enseñanzas de muchas sectas religiosas (algunas profesando el nombre de Cristo).

No es una señal de piedad predecir algo con certeza que Dios dice que no sabremos. Jesús nos ordena estar atentos y preparados para su regreso. Debemos estar listos, como para un acontecimiento que podría suceder en cualquier momento. Esto parece indicar que es posible que Jesús pueda regresar en cualquier momento, incluso hoy.

«Ahora bien, espera un segundo», dices. «Las Escrituras presentan la noción de que ciertas señales precederán el regreso de Cristo». Esto es verdad. Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21 contienen la enseñanza de Cristo acerca de las señales del fin del mundo. En Lucas 21:11, por ejemplo, Jesús dice: «Habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo».

Las señales se pueden resumir aproximadamente de la siguiente manera:

Señales que evidencian la gracia de Dios:

  1. Proclamación del evangelio a todas las naciones
  2. La salvación de la plenitud de Israel

Señales que evidencian oposición a Dios:

  1. Tribulación
  2. Apostasía
  3. El Anticristo

Señales que evidencian el juicio de Dios:

  1. Guerras
  2. Terremotos
  3. Hambrunas

Pregunta: ¿Cómo conciliamos los pasajes que nos advierten que debemos estar preparados porque Cristo puede regresar en cualquier momento con pasajes que indican que deben ocurrir varios acontecimientos importantes antes de que Cristo pueda regresar?

¿Respuesta? Hay algunos evangélicos que creen que al trazar algunas de las «señales» que se cree que preceden el regreso de Cristo, pueden hacer la declaración de que «dado que A, B y C sucedieron, ahora Cristo puede regresar» y afirmar el momento exacto en que ocurrirá la parusía[2].

C. Los cristianos deben anhelar ansiosamente el regreso de Cristo

La segunda venida de Cristo es nuestra esperanza bendita. Independientemente de los detalles específicos del regreso de Cristo, nuestra respuesta debería ser la misma. Debemos desear y anhelar ansiosamente el regreso de Cristo en gloria. El que esto sucederá constituye la esperanza fundamental de la vida cristiana. La Escritura es muy clara al respecto.

No sabemos cuándo regresará. ¡Así que procura esforzadamente la santidad y mantente firme en el Señor!

Tito 2:11-14: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,  quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras».

1 Juan 3:2-3: «Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro».

Filipenses 3:20-4:1: «Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. 4:1: Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados».

La respuesta de Juan en Apocalipsis a la afirmación de Jesús de que él regresará es sencilla y gloriosamente correcta: «Amén; sí, ven, Señor Jesús» (Apocalipsis 22:20).

Ilustración: Richard Sibbes: «Dios guarda lo mejor para el final… El final de un cristiano es el mejor. Dios así lo permite, para consuelo de los cristianos, para que todos los días que vivan, puedan pensar: ‘Lo mejor está por venir’. Para que todos los días que se levanten, puedan pensar: ‘Estoy un día más cerca del cielo que antes. Estoy más cerca de la muerte y, por tanto, más cerca de Cristo’. ¡Qué alivio es esto para un corazón lleno de gracia! Un cristiano es un hombre feliz en su vida, pero más feliz en su muerte, porque luego va a Cristo para estar con Cristo»[3].

El regreso de Jesús es el acontecimiento que nos da esperanza como cristianos. Confirma que la historia no es un ciclo miserable, sino el plan de redención de Dios para su pueblo para gloria de su nombre. La doctrina de la segunda venida proclama que Dios tiene el control y que Cristo vendrá nuevamente por sus escogidos. Jesús dijo: «Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3).

Aplicación: Pregúntate: «¿Cuántas veces al día mis pensamientos se vuelven hacia esta esperanza?» ¿Mucho? ¿A menudo? ¿Ocasionalmente? ¿Escasamente? ¿Nunca? Si no recurrimos a esta esperanza más a menudo, entonces tal vez amamos este mundo más de lo que deberíamos. Deleitémonos en esta gran promesa.

  1. El milenio

Si has asistido al Seminario Básico de Teología Sistemática, sabrás que hemos hablado de muchos temas difíciles; la encarnación, el problema del mal, la Trinidad, entre otros. Bueno, esta próxima sección del milenio tiene su propio conjunto de dificultades.

La discusión del milenio, que significa «mil años», se origina del libro de Apocalipsis en la primera parte del capítulo 20. La pregunta que a menudo se hace en este pasaje es: «¿Qué son los mil años y cuándo regresará Cristo con respecto a ¿ellos?».

Para darte una muestra de este pasaje, Apocalipsis 20:2-5 dice: «Y [un ángel] prendió al dragón… que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años;  y lo arrojó al abismo… y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios… vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección».

Hay cuatro posiciones básicas acerca del milenio que han tenido importancia a lo largo de la historia de la iglesia, aunque algunos tienen un origen mucho más largo que otros. Permíteme explicarlas brevemente y luego dar una reflexión resumida.

El posmilenialismo

Esta posición señala que a través de la unión de Satanás, habrá un aumento gradual en el crecimiento de la iglesia y la difusión del evangelio donde más y más personas se convertirán en cristianos. La influencia de un mayor número de creyentes cambiará a la sociedad para que funcione como Dios pretendía, lo que se traduce gradualmente en una era de paz y rectitud, en otras palabras, el milenio, que no es necesariamente un milenio literal. Cristo luego regresará después del milenio.

El amilenialismo

La segunda posición es la del amilenialismo. Esta posición la más simple y dice que la unión de Satanás reducirá su influencia sobre las naciones para que el evangelio sea predicado a todo el mundo, sin embargo, existe una opinión general de que los tiempos empeorarán. El reinado de Cristo es celestial y el milenio es equivalente a la edad de la iglesia actualmente en curso, sin referencia literal a mil años. Entonces Cristo regresará y juzgará a creyentes e incrédulos de una vez.

El premilenialismo clásico o histórico

La tercera posición es la del premilenialismo clásico o histórico. Aunque hay pequeñas variaciones en este punto de vista, básicamente establece que Cristo regresará antes del milenio. La era de la iglesia pasará por el período de la tribulación. Al final de la tribulación, Satanás será atado, y Cristo regresará para establecer su reino en la tierra para el milenio, que no es necesariamente un literal de mil años. Los creyentes resucitados reinarán físicamente con el Cristo resucitado en la tierra durante este tiempo. Los incrédulos también estarán en la tierra en este momento y la mayoría se convertirá en creyente y se salvará. Al final del milenio, Satanás es desatado y Cristo lo derrota decisivamente a él y a sus seguidores restantes. Entonces los incrédulos de todos los tiempos serán juzgados, y los creyentes entrarán en el estado eterno.

El premilenialismo dispensacional

Finalmente, tenemos el premilenialismo dispensacional. Esta es una posición bastante reciente que es premilenial en que Cristo volverá en secreto por los creyentes antes del sufrimiento del período de la tribulación. Durante la tribulación, el pueblo judío quedará atrapado y finalmente se convertirá. Luego regresará por tercera vez después de la tribulación con sus santos para gobernar la tierra durante mil años. El resto sigue lo mismo que la posición premilenial clásica.

Entonces, ¿aquí en Capitol Hill Baptist Church somos, posmilenio, amilenio o premilenio? Bueno, ¡simplemente digamos que somos promilenio! El Artículo XVIII de la Declaración de Fe de CHBC establece:

«Creemos que el fin del mundo se acerca; que en el último día Cristo descenderá del cielo, y resucitará a los muertos de la tumba hasta la retribución final; que se producirá una separación solemne; que los malvados serán juzgados sin fin castigo, y los justos a la alegría sin fin; y que este juicio fijará para siempre el estado final de los hombres en el cielo o en el infierno, en los principios de las  justicia».

Ten en cuenta que un creyente puede firmar la Declaración de Fe de CHBC y convertirse en miembro de CHBC sin hacer una declaración acerca de lo que cree sobre el milenio. Este es un tema controversial entre muchos evangélicos, pero solo es de naturaleza secundaria. Nuestra Declaración de Fe declara solo lo que es un hecho de las Escrituras y es necesario para nuestra unidad como iglesia.

Hay muchos grandes teólogos a lo largo de los años que han diferido en estas diversas posiciones. Augustine, B.B. Warfield, y muchos otros durante los grandes avivamientos del pasado han mantenido la posición posmilenial. Louis Berkhof, Juan Calvino y otros reformadores han mantenido la posición amilenio. Don Carson, Al Mohler y Wayne Grudem mantienen la clásica visión premilenial mientras que John MacArthur es premilenialista dispensacional. Creo que sería seguro decir que los líderes de nuestra iglesia entran en algún lugar entre el amilenialismo y el premilenarismo clásico.

El último comentario que debemos hacer acerca de estas posiciones es que todas ellas han sido retenidas por lo que consideraríamos cristianos genuinos y grandes teólogos. Esta no es una doctrina esencial de la fe cristiana. Tu salvación no depende de cómo abordas este problema. Lo importante es que todas estas posiciones tienen la creencia similar de que Cristo regresa y ese juicio está por venir. Debemos estar preparados.

  1. Conclusión

La próxima semana, concluiremos la clase examinando el juicio final, los cielos nuevos y la tierra nueva.

Apéndice

Comentarios de Mark Dever, 12 de julio de 2009: Sermón acerca de las posiciones milenarias:

«Creo que las posiciones milenarias no tienen que estar entre esas doctrinas que nos dividen… Sugiero que lo que crees acerca del milenio, cómo interpretas estos miles de años, no es algo sobre lo que es necesario que estemos de acuerdo para tener una congregación junta. El Señor Jesucristo oró en Juan 17:21 para que nosotros los cristianos pudiéramos ser uno. Por supuesto, todos los verdaderos cristianos somos uno porque tenemos su Espíritu, compartimos su Espíritu, deseamos vivir esa unidad. Pero se supone que esa unidad es evidente como un testimonio del mundo que nos rodea. Por tanto, concluyo que debemos terminar nuestras cooperaciones junto con otros cristianos (ya sea casi en una congregación, o más extensamente trabajando juntos en misiones, plantación de iglesias, evangelismo y edificación el ministerio) solo con el mayor de los cuidados, no sea que desgarremos el cuerpo de Cristo por cuya unidad él ha orado y se ha dado a sí mismo. Por tanto, concluyo que es pecado dividir el cuerpo de Cristo – dividir el cuerpo por el que él oraba estaría unido. Por tanto, para nosotros concluir que debemos estar de acuerdo con una cierta posición acerca del alcohol, o de la educación, o una cierta posición acerca de la carne sacrificada a los ídolos, o del milenio para tener compañerismo es, creo, no solo innecesario para el cuerpo de Cristo, sino que, por ende, no está justificado y, en consecuencia, está condenado por las Escrituras. Entonces, si eres pastor y me estás escuchando, me entiendes correctamente si crees que estoy diciendo que estás en pecado si llevas a tu congregación a tener una declaración de fe que requiere una visión milenaria particular. No entiendo por qué tiene que ser una cuestión de uniformidad para tener unidad cristiana en una congregación local».

El milenio y sus debates – Michael Horton

En su discurso en el monte de los Olivos (Mt. 24-25), Jesús presentó una secuencia clara de eventos entre sus dos advenimientos. Esto fue en respuesta a la pregunta de sus discípulos: «Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?» (Mt. 24:3). Esta misma pregunta fue provocada por la observación de Jesús de que el templo será destruido (vv. 1-2). Primero, dijo Jesús, habrá falsos mesías, «pero aún no es el fin» (v. 6); guerras, terremotos y hambre, pero «todo esto será principio de dolores» (v. 8). Los enemigos de sus seguidores los entregarán [a ellos], como lo hicieron con Jesús, y muchos se apartarán. «Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo» (vv. 9, 13). Nada de esto cuenta contra la promesa de Cristo de que ha inaugurado su reino y de que las puertas del infierno no prevalecerán contra él, porque aun mediante tal persecución él edificará su reino por medio de su evangelio. «Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin» (v. 14).

Aquí Jesús nos da una gran visión angular del tiempo entre sus dos venidas: la primera, cuando vino en gracia, y la segunda, cuando viene en gloria. Primero, «la abominación desoladora»: el templo será destruido, y algunos de sus oyentes vivirán para ver esto (v. 15, 34). Los discípulos serán esparcidos desde Jerusalén a raíz de este acontecimiento trascendental, y deben ser advertidos contra las falsas afirmaciones de que Cristo ha regresado (vv. 16-27). «E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro» (vv. 29-31). No sabemos cuánto tiempo durará «la tribulación de aquellos días» (v. 29). Nadie sabe cuándo Jesús regresará, incluso el mismo Jesús, sino solo el Padre; vendrá cuando nadie lo espere (v. 36-44). Entonces el Hijo del Hombre se sentará en su trono, juzgará al mundo, dará la bienvenida a sus ovejas a la gloria eterna y enviará a los cabritos «al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles» (25:31-46).

Es fácil resumir la secuencia de acontecimientos de Jesús: (1) la destrucción del templo en Jerusalén («la abominación desoladora» [Mt ​​24:15], que ocurrió en el año 70 d. C.); (2) «la tribulación de aquellos días» (v. 29), que implica un largo período de persecución, apostasía, calamidades generales y, sin embargo, el progreso del evangelio en todo el mundo; (3) la venida del Hijo del Hombre desde el cielo; (4) la reunión de los escogidos; y (5) el juicio final.

Los destinatarios inmediatos del libro de Apocalipsis seguramente se habrían reconocido a sí mismos en la descripción que hizo el Señor de la gran tribulación, como lo harían los creyentes de hoy que soportan una feroz persecución por el nombre de Cristo. En una serie de fotografías instantáneas, Apocalipsis se mueve hacia adelante y hacia atrás entre las escenas celestiales y terrenales de la persecución y la victoria final. En imágenes apocalípticas vivas, Apocalipsis retoma la historia que Jesús resumió en su discurso en el monte de los Olivos. En ambos casos, el próximo acontecimiento que estamos esperando es el regreso de Cristo para juzgar a los vivos y los muertos y para consumar su reino eterno.

Sobre la base de tales resúmenes, la mayoría de los cristianos a través de los tiempos han sostenido que la era actual está marcada simultáneamente por el sufrimiento y el triunfo del evangelio. Los cristianos confiesan que Jesucristo «volverá en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos, cuyo reino no tendrá fin». Esta esperanza incluye «la resurrección del cuerpo y la vida eterna». Dada nuestra propensión al desacuerdo sobre los escenarios de los últimos tiempos, esto representa un notable consenso cristiano. Nos apegamos a la promesa del ángel en la ascensión de Cristo: «Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hechos 1:11). Él vino primero en humildad y gracia, pero regresará con gloria y poder.

Donde los caminos divergen entre los cristianos de hoy está en la cuestión de un literal *milenio*, es decir, un reinado de mil años de Cristo. El único pasaje bíblico que habla directamente de tal época es Apocalipsis 20. En una visión, Juan contempla a un ángel que desciende del cielo para atar a ese «dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás… para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años» (vv. 2-3). «Después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo» (v. 3).

> «Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.  Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años» (vv. 4-6).

Después de los mil años, Satanás es liberado por última vez (el «poco de tiempo» mencionado en el versículo 3), antes de la última batalla, que concluye con el destierro final de Satanás y el falso profeta arrojado a las llamas donde «serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (vv. 7-10). Estos acontecimientos están seguidos por el último juicio, con la Muerte y el Hades arrojados al lago de fuego junto con todos aquellos cuyos nombres no se hallaron inscritos en el libro de la vida (vv. 11-15), y la llegada de los nuevos cielos y la tierra nueva (capítulos 21-22).

Interpretando simbólicamente los «mil años» en Apocalipsis 20 (junto con otros números en este libro altamente simbólico), la iglesia ha sostenido tradicionalmente que el reino de Cristo está presente en la tierra ahora, pero se consumará solo cuando Cristo regrese. Esta perspectiva generalmente se llama amilenialismo (no-milenio). Sin embargo, esto es un poco inapropiado. Lejos de negar la realidad expresada simbólicamente por los «mil años», con Satanás encadenado para que el evangelio pueda tener libre dominio, los amilenialistas abrazan el presente en lugar del futuro como esta era dorada de la cosecha de las naciones.

Obviamente, faltan tanto en el resumen de Jesús como en Apocalipsis 20, acontecimientos que muchos otros cristianos esperan hoy antes del regreso de Cristo, especialmente los siguientes: (1) el rapto de los creyentes antes de un período de tribulación de siete años, (2) el comienzo de la tribulación, con el surgimiento de algo así como las Naciones Unidas o la Unión Europea, (3) la aparición del Anticristo, un falso mesías que liderará este imperio, (4) una guerra que el Anticristo librará contra Israel (tal vez con la ayuda de Rusia o, más recientemente, las naciones islámicas), y (5) el regreso de Cristo con sus santos (incluidos los raptados) para establecer su reino milenario, un reinado literal de mil años, con la renovación de la teocracia del Sinaí, incluidos los sacrificios en un templo reconstruido. Después de esto, habrá (6) otra caída o rebelión en el reino milenario mismo, después de lo cual Cristo (7) regresará con todos los santos, incluidos los que habían sido arrebatados, para (8) juzgar a las naciones, y luego ( 9) juzgar a los santos por recompensas en el cielo. Entonces finalmente llega (10) el estado eterno. Este punto de vista está asociado con el *premilenialismo dispensacional*, formulado por John Nelson Darby (1800-1882). Esta posición acerca del fin de los tiempos fue popularizada por la C.I. Scofield Reference Bible, conferencias de profecía, universidades bíblicas y una vasta red de pastores cristianos y ministerios de radio y televisión. Revivida especialmente por las populares novelas de Left Behind de Tim LaHaye y Jerry Jenkins, el dispensacionalismo lo enseñan John MacArthur, Charles Ryrie y muchos otros; es popular también entre evangélicos y pentecostales en el Global South. Los dispensacionalistas creen que Israel y la iglesia son dos grupos completamente diferentes y que Dios tiene un programa distinto para cada uno.

Además del amilenialismo y el premilenialismo dispensacional, hay otras posiciones importantes acerca del fin de los tiempos entre los cristianos evangélicos: especialmente, el *premilenialismo histórico*. Esta posición  difiere del dispensacionalismo de varias maneras. No necesariamente distingue tan claramente entre Israel y la iglesia y rechaza o cuestiona muchos de los detalles en el esquema dispensacionalista. Sin embargo, los premilenialistas históricos están de acuerdo en que Cristo regresará antes de un milenio literal de mil años. Como su nombre lo sugiere, el *posmilenialismo* sostiene que Cristo regresará después de un reinado literal de mil años. Donde el premilenialismo tiende a pensar en la historia en términos de decadencia y catástrofe (especialmente en la versión dispensacionalista), el posmilenialismo espera la mejora gradual de la iglesia y, como resultado de su influencia, del mundo en general.

En contraste con todos esas posiciones, el amilenialismo no puede caracterizarse como optimista o pesimista. Más bien, es una visión paradójica de estos últimos días: optimistas sobre el éxito del evangelio en todo el mundo, mientras esperan que este triunfo pase por una era marcada por males comunes (desastres naturales, guerras, injusticias) y la persecución de la iglesia desde el exterior y la lucha continua con el pecado, la enseñanza falsa y el cisma desde dentro. Sólo cuando Cristo regrese para establecer su reinado eterno, esta tensión entre el «ya» y el «todavía no», esta era presente y la era por venir, será finalmente resuelta. Mientras tanto, la gracia común de Dios mantiene esta época presente malvada de la entropía total, especialmente con el propósito de mantener abierto ese agujero en la historia que la ascensión de Jesús creó para la siembra y el crecimiento de un vasto campo que cosechará en el último día.

De acuerdo con una interpretación amilenial, no debemos suponer que la profecía bíblica se basa en el pasado o el futuro. Más bien, es parte de la dialéctica «ya»/«todavía no» de la historia redentora. Desde la ascensión de Cristo y el descenso del Espíritu en Pentecostés, hemos estado viviendo en «los/estos postreros días» (Hch. 2:172 Ti. 3:1He. 1: 2Stg. 5:32 P. 3:3Judas 181 Pedro 1:201 Juan 2:18), antes del «día postrero» (Jn 6:3940445411:2412:28). Pablo dice que «vivimos en el fin de los tiempos» (1 Co. 10:11) (NTV). No obstante, hay más por venir. Cristo apareció «en la consumación de los siglos» (Hebreos 9:26), sin embargo, habló del «siglo venidero». Ese «siglo venidero» está llegando incluso ahora a nosotros por medio de la predicación y la Cena del Señor (Hebreos 6:5). Es un período en el cual el reino ha sido inaugurado por el ministerio terrenal de Cristo, fortalecido por el Espíritu, desarrollado a través del testimonio del evangelio, constantemente opuesto por el mundo hasta el punto de una gran tribulación para los santos. Cristo está reinando en la gracia del cielo por su Palabra y Espíritu. Sin embargo, él regresará con poder y gloria a la tierra. Con su segunda venida llegará la resurrección de todos los muertos y el juicio final como un evento único y arrollador. En esta perspectiva, los creyentes no están esperando una serie de sucesos y regímenes intermedios, sino el regreso de Cristo en juicio y poder de resurrección. Aunque favorece la visión premilenial, Wayne Grudem observa: «Este esquema [amilenial] es bastante simple porque todos los acontecimientos del fin de los tiempos suceden a la vez, inmediatamente después del regreso de Cristo».

Pablo entendió el reinado de Cristo como «ya» y «todavía no»: «Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte» (1 Co. 15:25-26). Incluso aquellos que reciben las señales y sellos del pacto sin abrazar la realidad misma son, sin embargo, «iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero» (He. 6:4-5). Si esto es cierto para aquellos que eventualmente caen, ¿cuánto más grande es la realidad de los creyentes que la abrazan (v. 9)? La presencia del Espíritu en nuestros corazones como prenda de la consumación asegura que lo que ha comenzado en nosotros lo completará. El Espíritu trae las bendiciones del siglo venidero al presente, que nos llena no solo de gozo indescriptible sino también de un anhelo indecible del «más» que está por venir. El hombre fuerte está atado (Mt. 12:28-29Lc. 10:18), de modo que el velo de la incredulidad puede ser arrancado de los ojos de los prisioneros de Satanás. Cristo ha triunfado sobre Satanás en la cruz, y en su resurrección y ascensión ha llevado cautivo a la cautividad. Según las epístolas, Cristo ahora reina (Hch. 2:24-253:20-211 Co. 15:25He. 1:38138:110:12-13). Por esta razón, Jesús puede asegurar a sus santos perseguidos: «No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades» (Ap. 1:17-18).

En este período interino, el reino avanza junto con el sufrimiento e incluso el martirio de sus testigos. Sin embargo, Cristo «aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan» (Hebreos 9:28; véase 10:37). Como hemos visto, la regeneración de todas las cosas funciona en círculos concéntricos, comenzando con la persona interna y luego, en la consumación, incluyendo la resurrección del cuerpo y la renovación completa de la creación. Dondequiera que el Nuevo Testamento trata el complejo del regreso de Cristo, la resurrección y el juicio final, no se mencionan éxtasis, resurrecciones ni juicios intermedios. Grudem cree que en Juan 5:28-29 Jesús se refiere a dos resurrecciones al decir: «los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación». Sin embargo, Jesús aquí no se refiere a dos acontecimientos separados sino a dos destinos separados.

Si Apocalipsis 20 fuera una narración histórica directa, o incluso una profecía, seguiríamos el dictum del dispensacionalismo para interpretarlo «literalmente siempre que sea posible». Sin embargo, el género apocalíptico de todo el libro debe tomarse en serio en sus propios términos. Tomar símbolos literalmente no es tomarlos en su sentido natural. Los dispensacionalistas ciertamente reconocen que hay mucho en Apocalipsis que es simbólico. De hecho, las interpretaciones simbólicas a veces rayan en lo imaginario. Entonces ambas posiciones permiten la interpretación simbólica de lo que obviamente son símbolos.

La pregunta, entonces, es si debemos interpretar Apocalipsis a la luz del apocalíptico bíblico (especialmente en Ezequiel y Daniel) o como códigos secretos que deben ser descifrados por los titulares de las noticias diarias. Los profetas usaron los números no como un lenguaje secreto sino como otra forma de transmitir la verdad. Por ejemplo: «millones de millones» es un modismo que se refiere a una gran multitud (Dn. 7:10). También en Daniel, los santos sufrirán la tribulación de la mano de un rey blasfemo por un «tiempo, y tiempos, y medio tiempo» (7:25): tres veces y media m, es decir, la mitad del tiempo total de siete juicios (4:16; 9:27). Siete es el número de Dios, entronizado en su reposo sabático, y seis es el número del imperio pecaminoso que se opone a Yahweh y su Ungido. Cada séptimo día es un sábado, y en el antiguo pacto también hubo sábados anuales y de año jubilar: los «sietes» se multiplican, capa tras capa, para conducir a Israel a la esperanza de un reposo mayor. Las medidas detalladas de la ciudad celestial en Apocalipsis 21 (vv. 10-17) se basan especialmente en las profecías de Ezequiel. Si tuviéramos que tomar esto como medidas literales de un edificio, estaría en contradicción con el punto apoya el rico simbolismo: a saber, que en la era venidera no hay ningún templo local en absoluto, ya que todo el cosmos es el santuario, «porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero» (v. 22). Estos símbolos proféticos nos dirigen a Cristo, no a la nación de Israel ni a intrigas políticas en las noticias diarias. Especialmente a la luz de las declaraciones directas de Jesús y del resto del Nuevo Testamento, tiene más sentido interpretar que los mil años de Apocalipsis 20 simbolizan el presente reinado de Cristo. En esta perspectiva, la parte de la visión de Juan que encontramos en Apocalipsis 20 ocurre en el cielo, no en la tierra, y en el presente, no simplemente en un acontecimiento futuro. Todo el libro debe leerse no cronológicamente sino como fotografías instantáneas del siglo actual de la iglesia desde un punto de vista celestial y para proporcionar consuelo y seguridad a la iglesia que sufre testificando el triunfo final del Cordero.

Con una buena razón, los premilenialistas se preguntan cómo podríamos interpretar que Apocalipsis 20 ocurre ahora, cuando les parece obvio que Satanás no está atado y que de hecho está engañando a las naciones. Sin embargo, si Satanás no estuviera actualmente atado, si fuera libre para gobernar y reinar sobre la tierra, no podría haber una iglesia, y mucho menos una que perdure a través de los siglos a pesar de la herejía y el cisma. Cristo claramente prometió que edificaría su iglesia y que ni siquiera las puertas del Hades podrían resistir sus ataques (Mt. 16:18). Además, el premilenialismo debe explicar de alguna manera cómo el glorioso reinado de Cristo en el poder durante mil años después de su regreso puede conducir a una nueva caída.

Es cierto, como observa Grudem, que Apocalipsis 20 habla no solo de que Satanás está atado, sino de que es arrojado al abismo sin fondo. Sin embargo, aquí nuevamente es bastante consistente con la profecía, especialmente apocalíptica, entender esto como un telescopado de esta acción, que abarca tanto el período de su ser (ahora) como la consumación de su juicio (destrucción en el futuro). Todavía «como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 P. 5:8), pero esto es consistente con una interpretación amilenial de Apocalipsis 12, donde Satanás es expulsado del santuario celestial, incapaz de afectar el resultado de la redención, y aún así persigue a la iglesia en la tierra. Esta interpretación subraya el hecho de que es el ministerio en el tribunal celestial el que es decisivo y que cualquier cosa que Satanás tenga permitido hacer en la tierra finalmente no es más que la lucha desesperada e inútil de un enemigo derrotado.

Grudem también hace referencia a 2 Corintios 4:4, donde se dice que «el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo». Sin embargo, es precisamente Satanás quien está atado lo que finalmente frustra este esfuerzo. Hasta los confines de la tierra, los ciegos ven. Grudem también se refiere a 1 Juan 5:19, donde se dice que «el mundo entero está bajo el maligno». No obstante, cuando se lee junto con los muchos pasajes que indican que el reino ha sido inaugurado, que está progresando a través de el evangelio, y que toda autoridad ahora pertenece a Cristo en el cielo y en la tierra, tales pasajes revelan que el encarcelamiento del mundo es precisamente la condición para que el reino de gracia de Cristo se derrumbe. En este momento está saqueando el reino de Satanás, liberando huestes cautivas en su tren. El mundo yace en la oscuridad, pero un remanente creciente en cada nación ha visto una gran Luz.

Para los amilenialistas, la tensión ya/todavía no, no se resolverá hasta que Cristo regrese. Así como la vida de Cristo fue a la vez humillación y exaltación, la iglesia sufre incluso cuando cumple su misión de llevar el evangelio hasta los confines de la tierra. Ni un reino por el que todavía estamos esperando ni un reino que debemos llevar a cabo, el reinado de Cristo en la gracia es un reino que incluso ahora estamos recibiendo del cielo.

Además, en respuesta al argumento de Grudem de que las profecías del Antiguo Testamento (como el lobo que habita con el cordero) anticipan «una renovación trascendental de la naturaleza que nos lleva mucho más allá del siglo presente», podemos apelar nuevamente a principios de interpretación profética. El lenguaje apocalíptico se basa en imágenes naturales para expresar la fuerza de los principales puntos de inflexión en la historia de la redención. Incluso en la literatura secular del antiguo Cercano Oriente, lobos y corderos, serpientes y palomas describen rutinariamente la condición violenta y pacífica de las naciones. el patrón de profecía anticipa los cumplimientos penúltimo (semirealizado) y último (plenamente realizado).

Tenemos que recordar el contexto y el propósito del Apocalipsis. Las visiones extrañas y maravillosas de Juan fueron dadas por Cristo antes que nada para el consuelo de los cristianos que sufrían persecución extrema bajo el Imperio romano. El libro comienza: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,  que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca» (Ap. 1:13, énfasis agregado). Luego se ofrece un saludo a las siete iglesias en Asia Menor. Estas son iglesias reales en los días de Juan. Deben ser consolados por el hecho de que Cristo ya es «el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra», que « nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén» (1:5-7). Jesús está preparando a su rebaño para una matanza inminente, asegurándoles que él ya es rey sobre todos los poderes y autoridades y que, a su debido tiempo, volverá para arreglar todo (1:17-18). Gran persecución vino sobre la iglesia y ha continuado ininterrumpidamente en varias partes del mundo desde entonces. Los acontecimientos interpretados en Apocalipsis no se encuentran ni en el pasado ni completamente en el futuro, sino que abarcan «estos postreros días» que comienzan con Pentecostés y terminan con la llegada plena del siglo venidero con la aparición de Cristo.

Entonces, según una interpretación amilenial, estamos viviendo actualmente en los «mil años» de Apocalipsis 20, anhelando no un milenio literal con otra caída en el pecado sino el reino eterno de justicia y paz que amanecerá con el regreso de Cristo en juicio y restauración. Tomando prestado imágenes del mundo natural, podemos decir que Dios promete un estado de cosas en el que antiguos enemigos (lobos, corderos y leones) estarán en paz.

Horton, Michael Scott. Pilgrim Theology: Core Doctrines for Christian Disciples. Grand Rapids, MI: Zondervan, 2011.

[1] John Newton, «Letter LV» en Letters of the Rev. John Newton (London: Hamilton, Adams, and Co., 1847), 124-125.

[2]Parusía es una palabra griega que significa «llegada» y se emplea para referirse a la segunda venida de Cristo en las Escrituras.

[3] Richard Sibbes, «Christ is Best», en The Works of Richard Sibbes, Vol. 1 (Carlisle, Pa.: Banner of Truth, 1634/1973), 341.

Mark Deve

Cómo estudiar un versículo de la Biblia – 4

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Cómo estudiar la Biblia

4 – Cómo estudiar un versículo de la Biblia

Salvador Gómez Dickson

Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.

http://www.ibsj.org

Acepción de personas – 2

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Santiago

2 – Acepción de personas

Juan Marcos Vázquez

JUAN MARCOS VÁZQUEZ

Ha sido profesor de teología en los Centros de Educación Teológica de Catalunya y Galicia, presidente de la Unión Evangélica Bautista de España, presidente de la Unión Bautista do Noroeste y presidente del Consello Evanxélico de Galicia. En el año 2014 realizó un viaje misionero a Guinea Ecuatorial, donde estuvo durante 5 meses colaborando en la dirección del Colegio Buen Pastor y la iglesia Bautista de Malabo. En la actualidad es miembro de la Junta Directiva de la U.E.B.E.

Introducción a la epístola de Santiago – 1

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Santiago

1 – Introducción a la epístola de Santiago 

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

Cómo estudiar un libro de la Biblia – 2

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Cómo estudiar la Biblia

2 – Cómo estudiar un libro de la Biblia

Salvador Gómez Dickson

Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.

http://www.ibsj.org

Doctrina de la iglesia – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 24/26

Doctrina de la iglesia – Parte 2

  1. Introducción

El día de hoy, retomaremos donde nos quedamos la semana pasada al estudiar las doctrinas de la iglesia. Para Si estuviste la semana pasada, recordarás que definimos a la iglesia como «la comunidad de todos los verdaderos creyentes en Jesucristo de todos los tiempos». La iglesia está compuesta por las personas que Cristo amó, por las que murió, y salvó y quienes deben mostrar su gloria a este mundo.

También examinamos la naturaleza y los atributos de la iglesia, y hoy veremos los aspectos prácticos de la iglesia visible. Queremos saber lo que dice la Palabra de Dios acerca de ordenar nuestras vidas en el contexto de una iglesia local.

El autor y teólogo David Wells informó en su libro de 1994 God in the Wasteland: «Los estudiantes de [Seminario] no están satisfechos con el estado actual de la iglesia. Creen que ha perdido su visión, y quieren más de lo que les está dando». Pero la insatisfacción no es suficiente, como el propio Wells afirma. Necesitamos algo más. Necesitamos positivamente recuperar lo que la iglesia debe ser. ¿Qué es la iglesia en su naturaleza y esencia? ¿Qué es distinguir y caracterizar a la iglesia? Si miras tu folleto, verás que lo primero que estudiaremos son las marcas de la iglesia.

  1. Las marcas de la iglesia

Si bien la Biblia habla de la definición de iglesia en general, también habla mucho acerca de las marcas de una iglesia. Estas marcas nos ayudan a «ser mejores como iglesia», y nos ayudan a diferenciar entre una verdadera iglesia y una falsa iglesia. [NOTA: no 9 Marcas].

Pablo enseñó que los templos paganos en Corinto hacían sus sacrificios a demonios y no a Dios (1 Corintios 10:20). Además, las Escrituras hablan en Apocalipsis de las asambleas religiosas judías que eran realmente «sinagogas de Satanás» (Apocalipsis 2:9).

En otras palabras, hay evidencia bíblica de iglesias falsas o grupos que profesan el nombre de Dios o el título de iglesia, pero no están llenos de creyentes y no predican la verdad ni glorifican a Dios. Estas falsas iglesias serán juzgadas en lugar de ser glorificadas en el último día.

Debemos saber, que cada grupo que dice ser una verdadera iglesia no necesariamente cumple ese estándar. Los testigos de Jehová, los mormones y algunos dirían que la Iglesia católica romana no son verdaderas iglesias en sentido bíblico. Además, muchos dirían que las iglesias protestantes muy liberales que continúan existiendo, pero que no predican el evangelio no son verdaderas iglesias. Pero, ¿en qué se basan tales afirmaciones? ¿Cómo describe la Biblia las iglesias verdaderas y las iglesias falsas?

Desde la Reforma, los teólogos cristianos se han basado principalmente en dos marcas distintivas de una iglesia cristiana. Esas marcas son [1] la correcta predicación de la Palabra y [2] la correcta administración de los sacramentos (los sacramentos incluyen el bautismo, la Cena del Señor e, indirectamente, la disciplina eclesiástica). Una vez más, las dos marcas de una iglesia bíblica son la correcta predicación de la Palabra de Dios y la correcta administración de los sacramentos[1].

  1. La correcta predicación de la Palabra de Dios

La predicación de la Palabra es central para la vida de la iglesia porque es el medio principal por el cual Dios crea e imparte vida espiritual a su pueblo.

En el Antiguo Testamento, Dios creó el universo material por su palabra. Dio su ley a su pueblo escogido, Israel. Moisés le dijo a Israel que estas no eran solo palabras vanas, es su vida, y por ellas vivirán mucho tiempo en la tierra prometida (Deuteronomio 32:47). Él pronunció sus palabras a través de los profetas que guían y corrigen a su pueblo.

No nos sorprende que la Palabra de Dios siga siendo central para la iglesia en el Nuevo Testamento también. 1 Corintios 1:21 dice: «Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación».

En Romanos 10, Pablo dice: «Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Pero inmediatamente prosigue con algunas preguntas importantes: «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique. Y luego, Pablo lo resume todo: Romanos 10:17 dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios».

Para Pablo, la correcta predicación de la Palabra es de suma importancia. Ésta sin duda es la fuerza impulsora de su encargo a Timoteo en 2 Timoteo 3-4:

«Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús… Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo… que prediques la palabra».

Todo esto es un largo camino para decir que la marca central y más importante de una iglesia piadosa, pura y sana es la correcta predicación y prioridad de la Palabra de Dios. La predicación y prioridad de la Palabra de Dios.

Dios claramente nos dice una y otra vez en la Biblia que debemos depender de su Palabra, tanto individualmente y como iglesia. En muchos sentidos, un correcto uso de las Escrituras en los ministerios de enseñanza y predicación de una iglesia local es un requisito previo para cualquier otra marca de salud y pureza en la iglesia. Solo poniendo primacía en la enseñanza y el oír de la Palabra de Dios, podremos, como iglesia, tomar decisiones bíblicas acerca de cómo mantener el culto, las disciplinas y las ordenanzas de una iglesia que glorifica a Dios.

Entonces, brevemente, ¿cómo es la «correcta» predicación de la Palabra?

La correcta predicación de la Palabra siempre recomendará a Jesucristo y el evangelio. Esto está en el corazón del mensaje de la Escritura, que Dios envió a su Hijo Jesús a sufrir la ira de Dios por el pecado del hombre para que podamos tener vida eterna. Si nos perdemos esto, perderemos el punto fundamental de la Palabra de Dios. La correcta predicación de la Palabra de Dios exalta a Dios.

La correcta predicación de la Palabra también se esfuerza por predicar toda la Palabra de Dios, todo el consejo de Dios (2 Timoteo 3:16). A través de este pueblo de Dios crecerá por su Espíritu y se conformará más a Cristo. Aprendemos más acerca de quién es Dios y acerca de nuestro estado y condición caídos bajo el justo juicio de Dios. Aprendemos a seguir a Dios en obediencia para no pecar contra él (Salmo 119:11).

En general, las iglesias deben dedicarse a la lectura pública de las Escrituras, a la predicación y la enseñanza si queremos ser fieles al llamado de Dios (1 Timoteo 4:13).

Pasemos ahora a las dos ceremonias que Cristo ordenó a sus seguidores, ceremonias que él ordenó a su iglesia: el bautismo y la Cena del Señor.

  1. El bautismo

El bautismo es un acto de obediencia en el que un creyente en Cristo confiesa públicamente su fe. La Escritura ordena el bautismo, pero a menudo ha habido confusión en cuanto a su significado, y esa confusión sobre el significado del bautismo ha llevado a una enseñanza no bíblica sobre quién debe ser bautizado y cómo.

Tres declaraciones bíblicas acerca del bautismo

A. Solo los creyentes deberían ser bautizados.

Es importante entender que las Escrituras indican muy claramente que una profesión consciente de fe en Cristo siempre precede al bautismo. El bautismo debe ser una señal externa de que una persona comienza la vida cristiana en obediencia a Cristo.

Considera solo algunos ejemplos:

Hechos 2:41: «Los que recibieron [la] palabra fueron bautizados».

Hechos 8:12: «Cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio… se bautizaban».

Y observa que es después de que Felipe comunicó al eunuco etíope el mensaje de las Escrituras, específicamente las buenas nuevas acerca de Jesús, que el etíope solicita el bautismo, diciendo en Hechos 8:36«Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?».

En estos pasajes y en todos los demás, los que son bautizados dan una indicación externa de fe en Cristo antes del bautismo. En el Nuevo Testamento, solo aquellos que personalmente profesan fe en Cristo son bautizados. Esta verdad en sí misma impide que los bebés sean bautizados, ya que los bebés no pueden hacer una profesión pública de fe en Cristo.

La controversia sobre quién debe ser bautizado implica una mayor diferencia acerca del significado del bautismo y la naturaleza de la iglesia. En otras palabras, ¿cómo se convierte uno en parte de la iglesia?

Los católicos romanos argumentarían que el bautismo realmente regenera y hace a alguien un verdadero cristiano así como un miembro de la iglesia universal. Ellos enseñan que funciona ex opere operato. Esto significa que el acto físico de bautizarse es lo que transmite la gracia al bautizado, independientemente de la intención o las creencias de la persona que se bautiza. Evidentemente, este es un argumento contrario a las enseñanzas de la Escritura de que es por gracia a través de la fe en Cristo que los hombres son salvos, y no por obras.

Los paidobautistas, aquellos protestantes como los metodistas, presbiterianos y episcopales que practican el bautismo infantil, argumentan que el bautismo de un niño nacido en una familia creyente lo convierte en miembro de la comunidad del pacto, y que este bautismo simboliza una posible regeneración futura, pero no le confiere la salvación como creen los católicos romanos.

Los paidobautistas basarán los argumentos para el bautismo de niños al hablar de cosas como «bautismos domésticos». Dicen que el bautismo en los hogares que se mencionan en el Nuevo Testamento necesariamente implica que niños fueron bautizados. Pero si exploramos los pasajes y argumentos relevantes, encontramos que no hay un apoyo concluyente en las Escrituras para los no creyentes (bebés o no) de ser bautizados.

La ausencia de precedentes en el Nuevo Testamento para el bautismo de niños es un hecho concedido por los teólogos paidobautistas. El gran teólogo presbiteriano B.B. Warfield, por ejemplo, dijo: «Es cierto que no hay un mandato expreso para bautizar niños en el Nuevo Testamento, ningún registro expreso del bautismo de niños, y ningún pasaje que lo insinúe tan estrictamente que debemos inferir de ellos que los niños fueron bautizados».

El argumento que los paidobautistas como Warfield plantearon para defender su práctica es que el bautismo infantil es una «buena y necesaria inferencia» del silencio de las Escrituras sobre el asunto.

Otro argumento presentado por los paidobautistas es que el bautismo en el Nuevo Testamento es paralelo a la circuncisión física en el Antiguo Testamento. Ellos razonan que debido a que los niños fueron circuncidados en el Antiguo Testamento como una señal externa de entrada a la comunidad del pacto, esto significa que los bebés de los creyentes deben ser bautizados correctamente como una señal externa de entrada a la comunidad del nuevo pacto. Por tanto, el paidobautista afirma que los hijos incrédulos de un creyente están «dentro» del nuevo pacto.

Mucho podría decirse en oposición a esta posición, así que ten en cuenta que los siguientes comentarios al respecto no son exhaustivos.

  • La circuncisión en el Antiguo Testamento fue dada a todos los que vivían entre el pueblo de Israel, incluidos los siervos (Génesis 17:10-13) y no se limitó a aquellos que tenían verdadera vida espiritual interna, como lo es el bautismo. En este sentido, la circuncisión física y el bautismo no son paralelos. La contrapartida del Nuevo Testamento de la circuncisión física del Antiguo Testamento es una circuncisión espiritual, es decir, una circuncisión del corazón (Col 2:11-12). Pablo nos dice en Romanos 2:29 que la verdadera circuncisión es la circuncisión del corazón, espiritual en lugar de física. La fe no era un requisito para entrar en el antiguo pacto, pero ciertamente es un requisito para entrar en el nuevo pacto.

Vemos muchos ejemplos en las Escrituras donde lo físico en el antiguo pacto representa lo espiritual en lo nuevo. «Por ejemplo, mientras que en el Antiguo Testamento la tierra prometida era un tipo físico y terrenal del descanso final de los santos en el cielo, ahora todo lo que queda es la realidad espiritual del cielo mismo. Los sacrificios del templo también fueron un tipo de la realidad de la muerte de Cristo. Después de Cristo, ya no realizamos sacrificios porque el tipo terrenal ya no es necesario; ahora vemos la realidad espiritual del sacrificio de Cristo por nosotros. Estoy seguro de que puedes pensar en otros ejemplos de esto».[2]

  • La única «comunidad del pacto» discutida en el Nuevo Testamento es la iglesia. Mientras que la entrada a la comunidad del antiguo pacto era mediante el nacimiento físico, encontramos la entrada a la comunidad del nuevo pacto a través del nacimiento espiritual. El medio de ingreso a la nueva iglesia del pacto es voluntario, espiritual e interno. Jeremías 31 nos dice que la comunidad del nuevo pacto serán aquellos que tengan la ley de Dios escrita en sus corazones. Una persona se convierte en miembro del cuerpo de creyentes del nuevo pacto al nacer de nuevo y al tener fe salvadora, no por nacimiento físico. Las familias pueden pasar por la puerta angosta, pero deben hacerlo individualmente»[3].

Un escritor señala astutamente que decir que todos los infantes físicos de los creyentes están «dentro» el nuevo pacto, porque los infantes de Abraham estaban «dentro» de los convenios del Antiguo Testamento, viola la doctrina de la redención particular. Si el sacrificio de Cristo se ofrece solo para su pueblo escogido como lo que nuestro Señor llamó el «nuevo pacto de mi sangre», ¿cómo se puede decir que los hijos no regenerados de los creyentes están «dentro» del nuevo pacto?

En la iglesia del Nuevo Testamento, la única pregunta que importa es si tienes fe salvadora y has sido incorporado espiritualmente en el cuerpo de Cristo, la verdadera iglesia. Por tanto, entendemos que la Biblia enseña que el bautismo se administra de manera apropiada solo a aquellos que hacen una profesión de fe creíble en Jesucristo.

B. Los creyentes deberían ser bautizados por inmersión.

En cada claro ejemplo de bautismo que la Biblia nos da, el método, o «modo», de bautizar es el mismo. Los creyentes son bautizados por inmersión. La palabra griega baptizo (empleada en los pasajes más relevantes) generalmente significa «zambullir, empapar o sumergir algo bajo el agua».

Entonces, por ejemplo, Marcos 1:5 dice: «Y salían a él [Juan] toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán». El evangelio de Juan también nos dice que Juan el Bautista bautizaba a las personas en Enón, ¿por qué? Porque «había allí muchas aguas». La necesidad de «muchas aguas» no sería un problema si solo se rociara a estas personas. (Juan 3:23)

Marcos 1 también indica que después de que Jesús fue bautizado, «salió del agua». O considera nuevamente la historia del eunuco etíope en Hechos 8.

«Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe».

Dos observaciones aquí: 1) Nos dicen que el etíope iba de camino a casa desde Jerusalén. Ahora bien, si viajaba de Judea a África, habría tenido agua con él en su carro. Ciertamente, la suficiente cantidad de agua para bautizar por aspersión. 2) No habría habido necesidad de que salieran del carro y «descendieron al agua» si todo lo que Felipe tenía que hacer era tomar un puñado de agua y colocarlo en su cabeza.

Más allá de tales indicaciones contextuales, el simbolismo de la unión con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección parece requerir el bautismo por inmersión. Considera las palabras de Pablo en Romanos 6:

«¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva» (Ro. 6:3-4). Observa que el bautismo por aspersión no provee la imagen de la resurrección que el apóstol espera del bautismo. El bautismo por inmersión nos da un simbolismo más rico que simplemente lavar los pecados. Describe entrar en las aguas del juicio por nuestro pecado y ser salvos por la muerte y resurrección de Cristo (1 Pedro 3:21).

Por tanto, tanto las pistas contextuales como las declaraciones apostólicas acerca del simbolismo del bautismo nos llevan a concluir que el bautismo por inmersión es la forma que más conserva y completa el significado del bautismo.

C. El bautismo no es necesario para la salvación, pero es un acto simbólico de obediencia que expresa fe y sumisión a Cristo.

El bautismo no es necesario para la salvación, pero es una parte esencial de la obediencia a Cristo, ya que él ordenó a todos los que creen que se bauticen[4].

Si piensas en nuestra discusión sobre las doctrinas de la salvación, recordarás que la regeneración precede a la fe. El bautismo se ordena a aquellos que han llegado a la fe. Cuando soy regenerado y convertido, inmediatamente me justifico ante Dios. La justificación es un acontecimiento permanente. Como el bautismo sigue este proceso instantáneo y permanente de pecados perdonados y viene a una nueva vida espiritual por medio de la fe en Cristo, no podemos decir lógicamente que se requiere el bautismo para la salvación.

Dicho esto, también queda claro en las Escrituras que el bautismo es necesario para la obediencia a Cristo. Sigue una profesión de fe a través de Hechos, y tanto Pedro como Pablo (1 Pedro 3 y Romanos 6) asumen que, siempre que sea posible, todos los cristianos en las diversas iglesias deberán ser bautizados.

Así que el bautismo es simplemente un testimonio público de la obra de Dios en nosotros por el Espíritu Santo y un acto de obediencia a Cristo. Es una manera visible de identificarnos como seguidores de Cristo, dejando en claro nuestra lealtad a Jesús y a sus mandamientos. Puesto que el bautismo es una señal clara y externa de obediencia, el rechazo del bautismo es desobediencia clara y manifiesta, el bautismo es un requisito previo para ser miembro de una iglesia bíblicamente sana.

  1. La Cena del Señor (Comunión)

Mientras que el bautismo es una ordenanza que debe observarse una vez como la expresión pública de fe cristiana en Cristo al comienzo de la vida cristiana, los cristianos deben observar la comunión regularmente, en una continua comunión con Cristo.

Jesús instituyó la Cena del Señor la noche antes de ir a la cruz. Mateo 26:26-29 dice:

«Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;  porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre».

Además, Jesús llama a sus seguidores a hacer esto en memoria de él, demostrando que la Cena del Señor estaba destinada a ser practicada después de la muerte y resurrección de Jesús, y vemos a cristianos, como la iglesia en Corinto, haciendo esto mismo (1 Co. 11).

¿Cuál es el significado de la Cena del Señor?

Entonces, ¿qué debemos pensar de la Cena del Señor? ¿Qué significa la comunión? Bueno, hay varias cosas simbolizadas en la Cena del Señor:

A. La muerte de Cristo: Cuando participamos en la comunión simbolizamos la muerte de Cristo porque nuestras acciones dan una imagen de su muerte por nosotros. El pan partido simboliza el cuerpo quebrantado de Cristo, y la copa simboliza el derramamiento de la sangre de Cristo. (1 Corintios 11:26).

B. La participación de los creyentes en el Cristo crucificado: Jesús ordenó a todos sus discípulos que «tomaran [y] comieran». Cuando nos acercamos individualmente y tomamos el pan o la copa, es un símbolo de que participamos y compartimos en los beneficios encontrados en la redención de Cristo.

C. Alimentación espiritual: Así como la comida ordinaria nutre nuestros cuerpos físicos, los elementos de la comunión simbolizan la nutrición y el refrigerio que Cristo da a nuestras almas. (Juan 6:53-57).

D. La unidad de los creyentes: Cuando los cristianos participan juntos en la Cena del Señor, dan una clara señal de su unidad entre ellos.

¿Cómo está Cristo presente en la Cena del Señor?

Al hablar de la Cena del Señor, ha habido diferentes puntos de vista acerca de la relación de Cristo con su cena. Las palabras «Este es mi cuerpo» son quizá las cuatro palabras más disputadas en la Biblia. Todo depende de cuál es el significado de la palabra «es». «Es» puede indicar identidad, atributo, causa, semejanza o cumplimiento[5].

Con respecto a la presencia de Cristo en la Cena del Señor, el debate es entre quienes argumentan que «es» significa identidad y aquellos que afirman que «es» significa semejanza. Antes de considerar los tres principales puntos de vista, permíteme dar un rápido contraste acerca de cómo se usa la palabra «es» en identidad y semejanza simbólica:

Identidad: Esta «es» mi mano.

Semejanza simbólica: Santiago 3:6, «La lengua ‘es’ un fuego».

Ahora que estamos completamente preparados a partir de esa corta lección, consideremos los diferentes puntos de vista presentados para los elementos en la Cena del Señor:

  • La transubstanciación: Los católicos romanos enseñan este punto de vista, que afirma que el pan y el vino en realidad se convierten en esencia en el cuerpo y la sangre de Cristo. En el momento de la misa, cuando el sacerdote dice: «Este es mi cuerpo», el pan se convierte en el cuerpo físico y literal de Cristo. Para ellos, «es» connota identidad, por lo que entienden que la Cena del Señor es una representación física del sacrificio de Cristo (Hebreos 6:6).
  • La consubstanciación: Lutero presentó esta opinión y muchos luteranos todavía se adhieren a ella. Ellos enseñan que aunque el pan y el vino en realidad no se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre, el cuerpo físico de Cristo está literalmente presente «en, con y debajo» del pan físico y el vino. La analogía aquí es algo así como agua en una esponja, la idea es que el cuerpo de Cristo de alguna manera está «contenido» en los elementos. Este punto de vista surgió de la percepción de Lutero de un requisito para tomar la declaración de «este es mi cuerpo», en cierto sentido, literalmente.
  • La presencia espiritual, simbolismo: Estas son las opiniones que tienen el resto de las iglesias protestantes, así como también esta iglesia local. El pan y el vino simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo. Dan una señal visible del hecho de su presencia verdadera, aunque espiritual. Es un sermón visible donde aquellos que son creyentes se alimentan de Cristo por fe. Juan Calvino dice:

«… A menos que un hombre intente llamar a Dios mentiroso, nunca se atrevería a afirmar que un símbolo vacío es establecido por él… Y el piadoso debe por todos los medios guardar esta regla: cada vez que ve símbolos designados por el Señor, pensar y estar persuadido de que la verdad de la cosa significada seguramente está presente allí. ¿Por qué el Señor puso en tu mano el símbolo de su cuerpo, sino para asegurarte una verdadera participación en él? Pero debemos establecer tal presencia de Cristo en la Cena como para no sujetarlo al elemento del pan, ni encerrarlo en el pan, ni [limitarlo] de ninguna manera (todas las cosas, es claro, restan valor a su gloria celestial)».

¿Quién debería participar en la Cena del Señor?

Hay tres requisitos para recibir la Cena del Señor de manera apropiada:

A. Se debe ser creyente en Cristo (1 Corintios 11:29-30). Estamos en participación con nuestro Salvador.

B. Se debe haber sido bautizado (el bautismo es claramente un símbolo del comienzo de la vida cristiana y la entrada a la iglesia, mientras que la Cena del Señor es claramente un símbolo de continuar la vida cristiana en el contexto de la iglesia).

C. Se debe venir en un espíritu de autoexamen, y se debe estar en comunión con los hermanos del cuerpo de una manera que refleje el carácter de Cristo. No debemos comer y beber indignamene, descuidando nuestro pecado (1 Corintios 11:27-29).

  1. La disciplina eclesiástica

A menudo se ha supuesto que la Cena del Señor implica necesariamente disciplina eclesiástica, que es nuestra cuarto requisito de una iglesia más pura. Juan 3:16 solía ser el versículo de la Biblia que la mayoría de la gente conocía, incluso si no eran cercanos a la iglesia. Hoy, Mateo 7:1«No juzguéis, para que no seáis juzgados» parece mantener esa posición. Pero por muy impopular que sea la idea de la disciplina eclesiástica, los cristianos están llamados a discernir y proteger a la iglesia de aquellos que permanecerían bajo su bandera y, sin embargo,  llevarían vidas perversas.

El pueblo de Dios siempre ha sido llamado a ser santo porque Dios es santo (Levítico 19:1-2). No obstante, tenemos muchos ejemplos del pueblo de Dios, particularmente en el Antiguo Testamento, rebelándose en idolatría e injusticia profanando el nombre de Yahveh. Lo limpio y lo sucio nunca se mezclarán. Desde el primer pecado, Adán y Eva fueron desterrados de Edén y su comunión sin obstáculos con Dios se perdió. A través de Moisés, Dios le dio su ley a Israel enseñándoles este mismo principio a través de la disciplina. La membresía en la familia de Dios tiene muchos privilegios, pero también tiene la obligación de resistir al pecado.

Por tanto, no nos sorprende ver que se ordena la disciplina en las iglesias del Nuevo Testamento. Al castigar a la iglesia en Corinto por no ejercer la disciplina de la iglesia, Pablo en 1 Co. 5 escribe:

«Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros».

Si bien la enseñanza formativa se considera una disciplina de la iglesia y parte necesaria de una iglesia, hablaremos específicamente acerca de la enseñanza correctiva.

Propósitos de la disciplina eclesiástica

Entonces, ¿por qué debemos practicar la disciplina eclesiástica? En nuestros días, ¿no resta valor al amor de Dios en lugar de elevarlo? ¿No deberíamos enfocarnos en la misericordia y no en el juicio? Bueno, aquí hay algunas razones por las que nosotros, como iglesia, debemos seguir la Palabra de Dios al practicar la disciplina eclesiástica:

A. Para la restauración y la reconciliación del creyente que se extravía: El pecado obstaculiza la comunión con Dios entre los creyentes, así como entre los creyentes individuales. En el caso de un cristiano profesado que no se arrepiente de su pecado, se le ordena a la iglesia que lo amoneste con la esperanza de lograr el arrepentimiento y la restauración de la comunión (2 Corintios 2:6). Si el arrepentimiento no ocurre, entonces el amor y la responsabilidad exigen que los miembros de la confraternidad de esa persona no «ignoren» el pecado grave en la vida de esta persona, sino que lo excluyan de su confraternidad.

Como cristianos, y ciertamente como miembros de la iglesia, una de las peores cosas que podemos hacerle a alguien es asegurarles que son salvos si no desean abandonar su pecado. Si bien la disciplina eclesiástica suena dura para nuestros oídos, es lo más amoroso que se puede hacer en algunas circunstancias. Un Dios amoroso disciplina a sus hijos, y otros cristianos (miembros de la misma iglesia) a menudo son el medio que él usa. La disciplina es una de las formas en que Dios nos llama a amarnos unos a otros y debe hacerse con una actitud amorosa buscando lo mejor para la persona que está delante de Dios. Véase Pr. 13:24He. 12:6Gá. 6:11 Co. 5:5.

B. Para evitar que el pecado se propague a otros: La disciplina de un miembro de la iglesia en un pecado no arrepentido puede servir como un elemento de disuasión para otros miembros de la iglesia al mostrar la seriedad y las consecuencias del pecado. En las Escrituras se nos advierte del peligro del pecado y de cómo se puede propagar (Hebreos 12:151 Co. 5:26-71 Timoteo 5:20). La disciplina de la iglesia entonces trabajará para evitar que la «mala levadura» corrompa «toda la masa».

C. Para proteger la pureza de la iglesia y el honor de Cristo: Aunque ningún creyente en esta época tiene un corazón completamente puro, cuando un miembro de la iglesia continúa pecando de una manera evidente para otros, especialmente para los no creyentes, el nombre de Cristo es deshonrado (Romanos 2:24). Esta es la razón por la que a Pablo le sorprende que los corintios no hayan disciplinado al hombre que continuaba en el pecado voluntario que se conocía públicamente en la iglesia (1 Corintios 5:1-2). Pablo está profundamente preocupado por las «imperfecciones» morales en la iglesia, sin duda por el bien de quienes cometen los pecados, pero también por el bien de las imperfecciones y lo que dicen acerca de Cristo.

  1. El gobierno de la iglesia

Lo último que queremos considerar hoy es lo que dice la Escritura acerca de quién gobierna la iglesia. Claramente, es la iglesia de Cristo, y él es su cabeza. Sin embargo, Dios establece la autoridad terrenal en las Escrituras.

En general, se observan tres formas de gobierno de la iglesia con cierta variedad en cómo se practica cada una. Llamaremos a estas tres formas: gobierno episcopal, gobierno presbiteriano y gobierno congregacional.

Episcopal

El sistema episcopal otorga la autoridad final a un arzobispo que preside otros obispos con menor autoridad que presiden varias iglesias locales en un área (es decir, una diócesis). El caso de este sistema es que a los apóstoles se les dio autoridad sobre las iglesias, por lo que sus sucesores, que se consideran obispos, harán lo mismo. Esta forma de gobierno se utilizó cada vez más en el siglo II y continúa en la actualidad.

Presbiteriano

El sistema presbiteriano otorga la autoridad final a un grupo de ancianos (es decir, la Asamblea General), que preside otros grupos mayores (por ejemplo, el sínodo, presbiterio) con menor autoridad hasta los ancianos de una iglesia local (es decir, la sesión). Estos ancianos sirven como representantes de la iglesia. Este sistema se deriva de ciertos principios en la Escritura, tales como la autoridad dada a los ancianos (Hebreos 13:17, Hechos 15) y la sabiduría convencional de cooperar con otras iglesias.

Congregacional

El sistema congregacional deja a cada iglesia local autónoma de otras iglesias locales. La autoridad para sus asuntos queda con la iglesia como un todo. La responsabilidad de la disciplina y la doctrina finalmente recae en la congregación.

Mientras los modelos episcopalianos y presbiterianos son practicados por otros, encontramos que el congregacionalismo es la forma más bíblica de gobierno para las iglesias locales. En el Nuevo Testamento, a las congregaciones se les da específicamente la responsabilidad de gobernar en asuntos tales como disputas entre miembros (Mateo 18:15-17), asuntos de doctrina (Gálatas 1:8, 3 Timoteo 4:3), asuntos de disciplina eclesiástica (1 Co. 5) y asuntos de membresía en la iglesia (2 Corintios 2:6-8). Si miramos las cartas escritas en el Nuevo Testamento, la mayoría de ellas se escriben a iglesias y no a líderes de la iglesia. La idea de que hay un sacerdocio de creyentes sugiere fuertemente que la iglesia está directamente bajo Cristo en lugar de una jerarquía de obispos.

Entonces, ¿dónde encaja el oficio bíblico de los ancianos en un sistema congregacional? Si bien vemos muchos ejemplos de que la iglesia local es la corte final de apelaciones en áreas de disciplina y doctrina, también vemos exhortaciones para que la iglesia obedezca a sus líderes: los ancianos (Hebreos 13:17). A los ancianos no se les da la norma final, pero ellos deben guiar a la iglesia al proveer supervisión, enseñanza y oración. No todos los asuntos deben ser decididos por toda la iglesia. En 1 Corintios 6 vemos que a la iglesia se le permite entregar ciertos asuntos a subgrupos de la congregación.

En conclusión, Dios estableció deliberadamente su iglesia para representar mejor su gloria a un mundo caído. Nosotros en Capitol Hill Baptist Church queremos cumplir con su gobierno para su iglesia, mientras el Espíritu nos capacita a ambos para nuestro bien y su gloria.

Oremos.

APÉNDICE A

Otro material que se puede usar en el curso:

Es incoherente dar la señal del pacto del bautismo a los niños, pero luego retener la Cena del Señor hasta que hagan una profesión de fe[6]. La fiesta de la Pascua, que es el equivalente a la Cena del Señor, incluía a toda la familia[7]. Los paidobautistas razonan desde una circuncisión inclusiva hasta un bautismo inclusivo, pero desde una Pascua inclusiva hasta una exclusiva Cena del Señor[8]. Uno debe abrazar el bautismo del creyente o la comunión infantil.

¿Por qué deberíamos escuchar la predicación en persona? Seguramente, en tiempos bíblicos tenían que reunirse o no podían oír físicamente la proclamación de la Palabra de Dios, pero hoy tenemos tecnología avanzada y podemos lograr lo mismo en soledad. [Principalmente, es importante reunirse con el cuerpo de la iglesia y ser edificados juntos a través de la predicación de la Palabra. Si bien un video de una predicación puede ser útil, no reemplaza los beneficios personales de escuchar la Palabra de Dios proclamada en persona. En cambio, es impersonal y la pasión por llamar a las almas a arrepentirse y creer se minimiza. Además, los ancianos son responsables de enseñar la Palabra de Dios porque conocen el rebaño y pueden extraer implicaciones personales para los oyentes en la iglesia que una voz impersonal sin conocimiento de la vida de la iglesia. Es un trabajo amoroso para un pastor dirigirse a la iglesia que ama quienes están reunidos en amor. ¿Quién mejor para hablarle a una iglesia que sus líderes? En una nota adicional, también es más difícil distraerse cuando estás reunido con otros que también escuchan].

¿Por qué no podemos tener conversaciones en lugar de predicar en una iglesia? Muchos, como Nicodemo en Juan 3, han aprendido mucho a través del diálogo. ¿No deberíamos abandonar tales métodos anticuados, como la predicación, porque a menudo es seca, desapegada y demasiado autoritaria? ¿No hay tal cosa como el sacerdocio de los creyentes? [Las iglesias definitivamente deberían entablar conversaciones bíblicas entre sí. Los estudios bíblicos, los tiempos de oración y el tiempo para conversaciones informales, como después de un servicio, son útiles y acompañan la predicación de la Palabra de Dios. El problema con suplantar la predicación por la conversación es que solo se debe escuchar una voz, ¡y esa es la de Dios! Su voz es principal y debería alimentar todas las otras conversaciones. La predicación de la Palabra de Dios no nos hace dependientes de otra cosa que no sea la Palabra y el Espíritu de Dios. Es bueno y correcto predicar con autoridad de las Escrituras en lugar de hacer sugerencias porque la Palabra de Dios es autoritativa y debemos escucharla. Así es como Dios se nos revela a través de la Biblia. Si minimizamos el sermón, al final minimizamos la Palabra de Dios como autoritativa. Es verdad que el medio es el mensaje. Finalmente, aunque cada creyente es dotado por el Espíritu Santo, no muchos deben presumir ser maestros (Santiago 3:1). Dios le ha dado diversidad de dones a su pueblo. El evangelio es una noticia que debe ser proclamada y no una opinión que deba ser discutida].

¿Por qué no utilizar el drama u otros ascetas visuales en lugar o además de la predicación? [La predicación es el medio designado por Dios, y él recibe la gloria a través de ella. La predicación es simple y se puede duplicar fácilmente, es intemporal y transcultural. Si una iglesia intenta suplantar o amontonar la predicación con estas otras cosas, entonces no está confiando en la sabiduría de Dios. Además de eso, existe el peligro de que el hablante se convierta en un técnico (por ejemplo, PowerPoint) o en un actor en lugar de un predicador, y sus oyentes pueden estar más interesados ​​en la presentación que en las palabras].

¿Por qué la transubstanciación es incorrecta? [Decir que el pan y el vino en realidad se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesús es participar en una forma de idolatría mediante la adoración de lo que se creó. También se lo ve como un sacrificio de Cristo donde es una ofrenda hecha a Dios para obtener el perdón de los pecados que muestra que la expiación de Cristo fue insuficiente. Cristo encuentra a su pueblo «no por la presencia corporal en los elementos, sino por la presencia del Espíritu y el poder en sus corazones»[9]. Cuando Cristo instituyó la Cena del Señor, no podía decir que sostenía su cuerpo y su sangre en sus manos a los discípulos. Las Escrituras incluso se refieren al pan como pan después de que supuestamente se supone que debe transubstanciarse (1 Corintios 11:26)]

¿Cuál es la diferencia entre lo que quieren decir católicos y protestantes cuando se refieren a «medios de gracia»? [«Los católicos ven éstos como ‘medios de salvación’ que hacen que las personas se sientan más preparadas para recibir la justificación de Dios. Pero desde un punto de vista protestante, los medios de gracia son simplemente medios de bendición adicional dentro de la vida cristiana, y no aumentan nuestra aptitud para recibir la justificación de Dios»[10]].

Si la iglesia local quiere tener una membresía lo más parecida posible a la iglesia universal, entonces ¿por qué algunas iglesias bautistas excluyen a los cristianos que difieren en su punto de vista sobre el bautismo? ¿No deberíamos ser más serviciales con otros cristianos que quizá no puedan encontrar una buena iglesia a la cual unirse? [Principalmente, sería difícil permitir que alguien se una a una iglesia que está en desobediencia activa al mandamiento de Cristo de que los creyentes deben ser bautizados. Tendrían que ser disciplinados inmediatamente. Si una iglesia permitió que tal miembro se uniera por el bien de la unidad, entonces su enseñanza de seguir los mandamientos de Cristo es socavada severamente, incluso si la iglesia (y el liderazgo) continúa enseñando solo el bautismo de creyentes].

¿Pueden los cristianos que no son miembros de la misma iglesia tomar la comunión juntos? [En un sentido, esta es una cuestión de comunión abierta o cerrada (es decir, solo para miembros de la iglesia). CHBC rodea la Cena del Señor permitiendo también que otros cristianos bautizados que son miembros de otra iglesia evangélica participen. Hacemos esto para reconocer la unidad del cuerpo más grande de Cristo y no diferenciamos sobre el tema de cómo otra iglesia realiza el bautismo. En otro sentido, la comunión debe ser practicada corporativamente (no individualmente) y administrada solo por la iglesia (no en una reunión alterna a la iglesia). Representa nuestra unidad corporativa en el cuerpo de Cristo y fue una práctica de la iglesia primitiva (1 Corintios 11) que fue instituida por Cristo].

Para la sección acerca de la correcta predicación de la Palabra de Dios

Bueno, la creencia de la mayoría de los pastores evangélicos reformados, la nuestra entre ellos, ha sido que la mejor manera de enseñar consistentemente el mensaje completo de la Palabra de Dios es a través del método de la «predicación expositiva». La predicación expositiva puede ser un término desconocido para algunos. Muy simplemente se puede definir como «la explicación y la aplicación de una porción específica de la Escritura, tomada en contexto, utilizando el punto del pasaje como el punto del mensaje». Consiste en tomar un pasaje en su contexto original, y tomar la idea principal que el autor bíblico original planteó como la idea central del sermón. Eso define la predicación como «expositiva».

Aquí en CHBC, de vez en cuando puedes escuchar lo que podría llamarse la predicación doctrinal. La serie de sermones de Michael Lawrence sobre los Pactos es un ejemplo de este tipo de predicación. La instrucción doctrinal en forma de sermón puede ser extremadamente útil para enseñarnos verdades bíblicas y doctrinas que deberían formar la vida del cristiano. La predicación doctrinal «no necesita oponerse a la predicación expositiva, ya que puede descansar en una interpretación sólida y puede complementar tal predicación».

Sin embargo, de los dos tipos de predicación mencionados, hay algunas buenas razones para hacer de la predicación expositiva la norma. Te daré dos. Primero, la predicación continua a través de textos «obliga a los pastores a abordar todo el consejo de Dios, [y] no simplemente lo que les interesa»[11]. Acercarse al mensaje de las Escrituras como lo establece las Escrituras, en contexto, es la mejor manera de asegurar que aprendamos lo que el Señor tiene para nosotros en toda su Palabra. Un pastor y su congregación deben renovar y transformar sus mentes continuamente por las Escrituras, y la predicación expositiva ayuda a asegurar eso. Después de todo, finalmente no nos preocupa lo que el predicador tenga que decir, sino lo que Dios dice en su Palabra.

Segundo, «los temas delicados pueden abordarse de forma natural, ya que aparecen en secuencia en el texto, por lo que no hay aspecto de elegir temas o captar oyentes»[12]. Simplemente agregaría que una buena predicación expositiva debe incorporar elementos de la predicación doctrinal: las doctrinas clave se deben enfatizar cuando son el foco de un texto en particular. En cualquier caso, las Escrituras deben ser el centro del sermón y los que escuchan deben demostrar su responsabilidad de responder a la predicación de la Palabra de Dios.

[1]La Confesión de Augsburgo, que es la declaración de fe luterana, establece que la iglesia se define como: «La congregación de los santos, en la que el evangelio es correctamente enseñado y los sacramentos correctamente administrados» (Artículo 7).

Juan Calvino, en sus Institutos de la Religión Cristiana escribe: «Dondequiera que veamos la Palabra de Dios puramente predicada y escuchada, y los sacramentos administrados según la institución de Cristo, allí, no hay duda, existe una iglesia de Dios».

Como puedes ver, Calvino y Lutero estuvieron de acuerdo en gran medida acerca de los criterios básicos sobre los cuales podríamos decir que existía una iglesia verdadera. Si bien el estado de estos criterios a menudo es difícil de determinar, estas son las pruebas de fuego que los reformadores utilizaron para evaluar si «tenemos una iglesia» o «no tenemos una iglesia».

[2] Greg Gilbert, The Messenger, April 2002, p. 7.

[3] P. Jewett, Infant Baptism & the Covenant of Grace.

[4] En Hechos 2:38, Pedro dice: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados». Decir que el bautismo causa la salvación va en contra del resto de las Escrituras y el énfasis en la fe. Más bien se describe como ir junto con la nueva vida en Cristo en obediencia al mandato de Jesús en Mateo 28.

[5] Extraído de D.A. Carson, Exegetical Fallacies.

[6] P. Jewett, Infant Baptism & the Covenant of Grace.

[7] P. Jewett, Infant Baptism & the Covenant of Grace.

[8] P. Jewett, Infant Baptism & the Covenant of Grace.

[9] T. Dowley (Ed.), Introduction to The History of Christianity.

[10] W. Grudem, Systematic Theology.

[11] Id. 35.

[12] Id.

Mark Deve

El simple secreto de una vida que no se hunde – 11

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Una Fe sencilla

11 – El simple secreto de una vida que no se hunde

Juan Marcos Vázquez

JUAN MARCOS VÁZQUEZ

Ha sido profesor de teología en los Centros de Educación Teológica de Catalunya y Galicia, presidente de la Unión Evangélica Bautista de España, presidente de la Unión Bautista do Noroeste y presidente del Consello Evanxélico de Galicia. En el año 2014 realizó un viaje misionero a Guinea Ecuatorial, donde estuvo durante 5 meses colaborando en la dirección del Colegio Buen Pastor y la iglesia Bautista de Malabo. En la actualidad es miembro de la Junta Directiva de la U.E.B.E.

Cómo estudiar una palabra de la Biblia – 1

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Cómo estudiar la Biblia

1 – Cómo estudiar una palabra de la Biblia

Salvador Gómez Dickson

Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.

http://www.ibsj.org

Advertencias sencillas pero serias para tiempos complicados

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Una Fe sencilla

10 – Advertencias sencillas pero serias para tiempos complicados

Juan Marcos Vázquez

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es