La obra del Espíritu Santo – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 16/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 1

  1. Introducción

Bienvenido. Cielos, veo que podemos necesitar una dosis extra del Espíritu esta mañana. Entonces, ¿por qué no comenzamos con una pregunta: ¿Quién sabe quién es Shai Linne? Shai escribió estas palabras en una de sus canciones llamada «Mercy & Grace», en ella Shai rapea; Yo no rapeo, pero Shai rapea y dice:

Es bastante sorprendente cómo en la salvación

Cada persona de la Trinidad contribuye como una compilación

El Padre me eligió, Jesús sangró por mí

Y la regeneración es la confirmación del Espíritu Santo

Ahora bien, ¿por qué Shai se sorprendería de eso? ¿Y qué es la regeneración del Espíritu Santo? Bueno, permíteme continuar y resumir la obra del Espíritu Santo; este será el punto dos en la parte delantera de  tu folleto.

  1. Resumen

El teólogo Anthony Hoekema lo expresó así: «El Espíritu Santo completa el plan del Padre, mediante la aplicación de la Palabra y los beneficios del Hijo, actuando sobre y en la creación».

Ahora bien, quizá no sea necesariamente el resumen más pegadizo, pero es útil por dos razones.

En primer lugar, resalta útilmente la obra del Espíritu de una manera trinitaria. Con demasiada frecuencia, la obra del Espíritu está divorciada de la obra del Padre y del Hijo. El Espíritu es considerado el misterioso, pero emocionante miembro de la Trinidad que hace todas esas cosas impredecibles, por lo que lo relegamos a su propio gimnasio donde puede rebotar por las paredes. Pero bíblicamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no están haciendo cosas diferentes. Por el contrario, están resolviendo el único plan de Dios. Vemos esto claramente en textos como Juan 15:26«Pero cuando venga el Consolador (el Espíritu), a quien yo (Jesús) os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí». En términos generales, el Padre escribe, el Hijo cumple, y el Espíritu aplica. Son tres personas, pero un Dios, y sus actividades representan un trabajo unificado.

Segunda razón por la cual la definición de Hoekema es útil: resalta la obra del Espíritu como cristológica. En otras palabras, la obra del Espíritu se centra en Jesús. El rol principal del Espíritu Santo en nuestra salvación es hacernos uno con Cristo. Él nos une a Cristo, y todas las bendiciones que vienen con esa unión (la regeneración, la conversión, la adopción, etc.). Por esa razón, el Espíritu Santo es llamado el Espíritu de Cristo (Ro. 8,91 P. 1,11) y el Espíritu del Hijo de Dios (Gá. 4,6). Tener al Espíritu es tener a Cristo (Ro. 8.9-11).

Cualquier comprensión del Espíritu que no sea trinitaria y cristológica de esta manera, lejos de exaltar al Espíritu, lo deshonra. Simplemente no es cristiana. Es por eso que comenzamos a definir bíblicamente qué es el Espíritu.

  1. La obra del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

Comenzando en el Antiguo Testamento, ¿dónde crees que aparece primero el Espíritu Santo?

Génesis 1:1-3«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz».

Observemos dos cosas que el texto dice que están presentes: número 1) el Espíritu de Dios y número 2) la Palabra de Dios. Dios habla: «Sea la luz» y se hace realidad por el poder de su Espíritu. Dios crea por su Palabra[1] a través de su Espíritu. El Espíritu produce la voluntad del Padre en la creación, trayendo orden del caos, creando lo que es, de lo que no era (Génesis 1:2Hebreos 11:3). En otras palabras, la obra del Espíritu en la creación consiste en extender la presencia de Dios a la creación de tal manera que ordene y complete lo que se ha planificado en la mente de Dios[2].

¿No es increíble? El Espíritu Santo es uno de los agentes de Dios el Padre para lograr lo que él pensó.

Y este mismo Espíritu Santo aparece en todo el Antiguo Testamento de manera similar. La presencia divina que guió al pueblo de Dios en el Éxodo fuera de Egipto –una columna de nube durante el día y de fuego por la noche (Éxodo 13:21-22)–, era el Espíritu Santo (Isaías 63:10-14). Es el Espíritu de Dios quien dota a ciertos hombres en la construcción del Tabernáculo e inspira a los profetas del Antiguo Testamento con la Palabra de Dios (por ejemplo, 2 S. 23:2).

El Antiguo Testamento está lleno de referencias de la obra del Espíritu, pero por lo general, la actividad del Espíritu en el Antiguo Testamento era «enigmática, esporádica, selectiva y externa». Los profetas anhelaban días mejores. Vemos esto conmovedoramente en las palabras de Moisés de Números 11:29 en tu folleto: «Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos». Moisés anhelaba el día en que todo el pueblo de Dios poseería el poder del Espíritu de Dios.

¿Significa esto que los creyentes del Antiguo Testamento no poseían el Espíritu? ¿Qué crees? ¿Los creyentes del Antiguo Testamento poseían el Espíritu de Dios?

El Antiguo Testamento nunca hace referencia al Espíritu Santo morando en los creyentes. El lenguaje de «morada» es el lenguaje del pacto, el lenguaje de la presencia de Dios. Es relacional y nos lleva de vuelta al huerto de Edén. Pero en el Antiguo Testamento, la morada de Dios es siempre externa, en el Tabernáculo y el Templo, nunca en los creyentes[3].

En el Antiguo Testamento, el Espíritu empodera a los creyentes, pero no por igual, y no indefinidamente. Y otro testimonio de la obra selectiva del Espíritu Santo es la oración de David en el Salmo 51; él ora para que Dios no le quite el Espíritu Santo.

En el Antiguo Testamento, la obra del Espíritu estaba predominantemente reservada a los líderes: profetas, sacerdotes y reyes. Pero existe la esperanza de que lo que Moisés deseaba –que todas las personas posean el Espíritu de Dios– se  cumpliría. ¿Sabes dónde vemos eso en el Antiguo Testamento?

Ezequiel 36:25-27: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra».

Joel 2:28-32: «Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado».

Jeremías 31:33-34«Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado».

Vemos el comienzo del cumplimiento de estas promesas en la persona de Jesucristo.

  1. El Espíritu Santo en la persona de Cristo

Cuando nos volvemos al Nuevo Testamento, nuestra comprensión de la persona y obra del Espíritu Santo entra en un mayor enfoque y claridad. Para comenzar, veamos la obra del Espíritu en la persona de Cristo.

Podemos rastrear la obra del Espíritu Santo en Cristo a través de tres etapas.

 A. La concepción

En el Evangelio de Lucas, el ángel que habla con María dice: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35).

Esa palabra «cubrir» se usa en la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) para referirse a la nube de la gloria de Dios que se cierne sobre el Tabernáculo. Lucas dice que el nuevo templo prometido del Antiguo Testamento es Jesucristo. Jesucristo es la gloria prometida del Padre, que mora con su pueblo.

[4]. Avanzando directamente a «la segunda etapa»…

B. La unción bautismal

La segunda etapa de la obra del Espíritu en Cristo comienza con su bautismo. Los cielos se abren y nos preparan para una nueva revelación cuando desciende una paloma y Dios habla: «Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia»[5]. Y luego, «lleno del Espíritu», leemos que Jesús es conducido a través de una repetición del Edén: correcto, Satanás tienta a Jesús como lo hizo con Adán. Pero a diferencia de Israel, que entristeció al Espíritu en las peregrinaciones en el desierto, el segundo Adán, Jesús, ¡tiene éxito! Jesús, lleno del Espíritu, camina hacia territorio enemigo en el desierto para enfrentar a Satanás y ser tentado durante 40 días y 40 noches. Él lucha por su pueblo y gana. Después de derrotar a Satanás, exige: «Vete, Satanás» (Mateo 4:10), y el diablo huye. ¡No es de extrañar que Jesús infundiera miedo a los demonios durante su ministerio!

Incluso los primeros días del ministerio de Jesús nos recuerdan que en Cristo, el cristiano lucha desde una posición de victoria; y solo peleamos esta batalla por el poder del Espíritu de Dios en nosotros. Pasemos a la siguiente obra del Espíritu en Cristo.

C. La resurrección y ascensión de Jesús

La tercera etapa de la obra del Espíritu en Cristo comenzó con la resurrección y la ascensión de Jesús. Aunque a menudo se atribuyen al Padre y al Hijo, la resurrección y la ascensión también son obra del Espíritu Santo. Romanos 1:4 dice acerca de Jesús «que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos». Y 1 Pedro 3:18 dice: «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu».

El Nuevo Testamento enseña que a través de su vida y ministerio, Jesús llegó a tal posesión completa del Espíritu, experimentándolo sin límites (Juan 3:34), que llegó a ser «Espíritu del Señor» (2 Co. 3:18). En resumen, la Biblia nos enseña que gran parte de lo que hizo Jesús fue debido a la obra del Espíritu en él; su concepción, su unción, su resurrección y ascensión, éstas fueron hechas en el poder del Espíritu en Jesús.

  1. La obra del Espíritu Santo en el cristiano

Las palabras de despedida de Jesús prepararon a su pueblo para el Espíritu Santo prometido. En Lucas 24:49, dice: «He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto». ¿Dónde se cumplió lo prometido? En el día de Pentecostés. Miremos el primer punto, el don del Espíritu.

A. El don del Espíritu

Hechos 2:1-4…, puedes ir allí: «Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen».

Entonces Pedro predica, explicando lo que ha sucedido citando Joel 2 que leímos anteriormente. Luego cita el Salmo 110, y leemos en Hechos 2:33«Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís».

Observa dos cosas. En primer lugar, vemos cómo el don del Espíritu representado por vientos recios y llamas de fuego, no es un giro peculiar en el plan de Dios. Más bien, es el elemento central en la promesa del nuevo pacto que Dios le había dado a su pueblo en Joel 2 o Ezequiel 36; vimos esos pasajes antes.

Y en segundo lugar, al citar el Salmo 110, Pedro muestra cómo el don del Espíritu a Cristo y luego el otorgamiento del Espíritu por Cristo cumple la promesa del Padre al Hijo en el Salmo 2:8: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra». Bueno, en el día de Pentecostés vemos que las naciones vienen a Cristo; la gran comisión se está cumpliendo y se está cumpliendo principalmente por la obra del Espíritu.

También en Pentecostés tenemos la inversión de Babel. ¿Recuerdas esa historia? En Génesis 10, se nos da una lista de naciones, seguidas por Dios confundiendo su lenguaje y dispersándolas. Aquí, en Hechos 2:8-12, se nos da otra lista de naciones, excepto que esta vez sus lenguas se entienden cuando se reúnen en Jerusalén. Los efectos del pecado se están revirtiendo en una nueva comunidad de judíos y gentiles, unidos por… ¡el Espíritu Santo!

Mientras estudiaba esto, me sorprendieron las conexiones del Espíritu Santo desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. Después de todo: fuego, viento y una lengua divina nos recuerda lo que Moisés encontró en el monte Sinaí. Allí Moisés ascendió, solo para descender con los Diez Mandamientos, la Ley de Dios. De la misma manera en el Nuevo Testamento, Cristo acaba de ascender, y en Pentecostés baja, no con la ley escrita en tablas de arcilla, sino con el don de su propio Espíritu para escribir la ley en el corazón del creyente. Esto nos permite cumplir los mandatos de la ley. Aquí está el cumplimiento de Jeremías 31 y la gran esperanza de Moisés que vimos en Números 11.

Mientras que en el antiguo pacto la obra del Espíritu generalmente se limitaba a unos pocos, en su mayoría, hombres y líderes, ahora leemos en Hechos 2:17 que los hijos e hijas profetizan, los jóvenes tienen visiones, los ancianos tienen sueños. Estas visiones y sueños eran modos de comunicar el conocimiento de Dios bajo el antiguo pacto. Pero en Cristo y por el don del Espíritu, todo el pueblo del Señor posee el conocimiento de Dios. Jeremías 31:34 espera con ansias este punto, dice: «Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová».

Entonces podrías decirme: «Isaac, eso es mucho». Esto es lo que quiero que veas, ¡El día de Pentecostés es la culminación de la obra de Jesús! Recuerda lo que Jesús dijo en Juan 7:37-39«En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado».

La venida del Espíritu es evidencia de la glorificación de Cristo, su entronización celestial. Por tanto, el libro de Hechos no trata tanto acerca de los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles, sino de los hechos continuos de Jesucristo a través del Espíritu.

Entonces, ¿qué beneficios trae la morada del Espíritu en el creyente? Bueno, solo tenemos tiempo para mirar uno más, pero es glorioso porque hablaremos de la regeneración.

B. La regeneración

Así como el rol del Espíritu es dar vida física y aliento a toda la creación, también es su rol dar vida espiritual a los hombres. Jesús le dice a Nicodemo que debe «nacer de nuevo» por el Espíritu (Juan 3:6-7). También les dice a sus discípulos que «el Espíritu es el que da vida» (Juan 6:63).

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ezequiel 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Espiritualmente hablando, el mundo no es lo que parece. Parece vivo, pero en realidad estamos rodeados de cadáveres espirituales. Caminamos todos los días entre muertos. Nuestra oración y esperanza es que Dios, a través de su Espíritu, los traiga a la vida.

La obra del Espíritu del renacimiento en la vida del cristiano tiene varios aspectos.

En primer lugar, implica una iluminación intelectual. Juan escribe en 1 Juan 2:20«Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas». Esta unción del Espíritu Santo es compartida por cada cristiano y se dice que lleva a un cierto conocimiento: el conocimiento de quien es Dios y lo que ha prometido. Eso no significa que el cristiano lo sabe todo; más de lo que un ciego que recibe la vista puede ver todo simultáneamente. Pero la verdad que una vez no fue reconocida ahora es conocida y celebrada por el que es regenerado, o el que es «nacido de nuevo».

En segundo lugar, la obra de regeneración del Espíritu implica la liberación de la voluntad. Antes, nuestras voluntades, nuestros deseos, estaban esclavizados al pecado y eran incapaces de seguir a Jesús, del mismo modo que un muerto no responde (Efesios 2:1).

Tercero, la obra del Espíritu de la regeneración implica limpieza y renovación. Así, cuando Jesús le dice a Nicodemo que «el que no naciere de agua y del Espíritu», está aludiendo a la promesa del nuevo pacto de Ezequiel 36: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias… Os daré corazón nuevo». (1 Corintios 6:11 habla claramente de esto también).

La obra de renovación del Espíritu en la regeneración es tan completa que Pablo escribe: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). ¡Alaba a Dios por su gloriosa obra en nuestras vidas!

Amigo, tenemos mucho más que cubrir acerca de la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente: convicción, unión con Cristo, fruto del Espíritu, la oración del Espíritu en nuestro nombre y la seguridad… pero hemos abarcado todo lo que podemos por el día de hoy.

Oremos.

[1] Col. 1:16

[2] Véase Ferguson en The Holy Spirit.

[3] Véase God’s Indwelling Presence de James Hamilton Jr.

[4] Así como Dios se preocupó por su «hijo» (Éxodo 4:22) al llamar a Israel a salir de Egipto (Deuteronomio 8:1ffEz. 16:1ff), asimismo Dios continúa a través del Espíritu cuidando de su Hijo encarnado (también llamado de Egipto, Mt. 2:15).

[5] Mateo 3:17

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Mark Dever

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Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica.  Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.

Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.

www.seminarioreformado.org

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Episodio 48 – Consejos para los cristianos que trabajan los domingos

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 48 – Consejos para los cristianos que trabajan los domingos

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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La obra de Cristo – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 12/26

La obra de Cristo – Parte 1

  1. Introducción y repaso

¿Por qué fue ejecutado Jesús de Nazaret en una cruz romana? Esta pregunta, más que cualquier otra, te lleva al mensaje central del cristianismo. Algunos protestan que la visión cristiana tradicional de la cruz se refiere al «abuso infantil divino»: ¿Cómo podría Dios el Padre orquestar la insoportable muerte de su propio Hijo? Otros, como nuestros amigos musulmanes, declaran que Jesús realmente no murió. Solo pareció haber sido crucificado. Otros retratan a Jesús como el mártir supremo, uno que se enfrentó a un sistema mundial injusto, pero que finalmente fue aplastado cuando la rueda de la historia se volvió contra él. Su muerte fue desafortunada e innecesaria. Por el contrario, la Biblia describe la muerte de Cristo, y de hecho, toda su obra redentora como un todo, como el acontecimiento más significativo, valioso y profundo de la historia. La obra de Cristo es literalmente nuestra única esperanza.

Aquí llegamos a un clímax en la teología cristiana. Hemos considerado quién es Dios: su naturaleza trina y su carácter inmaculado. Hemos considerado cómo creó el mundo para su gloria y la humanidad como el pináculo de su creación para representar su dominio. Hemos visto cómo Dios gobierna y dirige toda la historia con su mano soberana y cómo la humanidad se rebeló libremente contra el reino de Dios. Y hemos visto cómo Dios, que es rico en misericordia, envió a su Hijo. Jesucristo ahora es y siempre será una persona con dos naturalezas. Él es completamente Dios, que vino a revelarnos a Dios y a cumplir el plan del Padre. Y es completamente hombre, identificándose con nosotros en nuestra debilidad, tentado en todo pero sin pecado. ¿Qué vino a hacer? Puedes verlo en la parte superior de tu folleto: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Ti. 1:15).

Así que hoy y la próxima semana queremos estudiar la obra de Cristo. ¿Por qué? Primero, porque esto es fundamental para hacerlo bien. Si no comprendemos lo que Jesús vino a hacer, corremos el riesgo de perdernos la salvación que logró y engañar a otros sobre las noticias más importantes de la historia. Pero segundo, estudiamos la obra de Cristo porque él es digno de adoración y honor por lo que ha hecho. Nada enciende el amor de nuestros corazones como recordar el precio que pagó por nosotros. Toda la teología es práctica; pero la obra de Cristo lo es especialmente. Sean cuales sean tus luchas, tentaciones y dolores, el sufrimiento sacrificial de Jesús y su resurrección triunfal proporcionan una base inquebrantable de confianza y esperanza para nosotros.

Con eso en mente, comencemos con:

  1. Un panorama de la obra de Cristo

Una forma práctica de resumir la obra de Cristo es a través de los tres oficios que él cumple. Él es nuestro profeta, sacerdote y rey[1].

  • Jesús es la máxima revelación de Dios, el Profeta que habló la Palabra de Dios y que fue él mismo el Verbo hecho carne. Conocemos a Dios a través de Cristo. Hebreos 1:1-2: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo».
  • Jesús también es el sumo sacerdote supremo quien media un nuevo pacto entre Dios y su pueblo. Somos reconciliados con Dios por medio de Cristo. Hebreos 7:26: «Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos».
  • Y Jesús es el gran Rey del universo que gobierna con paz y justicia. Somos ciudadanos del reino de Dios a través de Cristo. Él inauguró su reino en su primera venida, y consumará el reino al final de los tiempos: Apocalipsis 19:1116: «Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES».

Por tanto, debemos alabar a Jesús porque él es nuestro profeta, sacerdote y rey. No necesitamos a nadie más. Él es suficiente y preeminente en su revelación, sacrificio y gobierno.

Otra forma de resumir la obra de Cristo, que seguiremos el resto de nuestra clase, es considerar a Jesús en su humillación y exaltación. Vemos esto en un pasaje clásico como Filipenses 2:7-11. Jesús «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz». Esa es su humillación: su encarnación, su vida perfecta y su muerte sacrificial. Luego, Pablo continúa: «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre». Esa es su exaltación: su resurrección, ascensión, sesión (estar sentado en su trono celestial) y su regreso. Herman Bavinck escribió: «Todo el Nuevo Testamento enseña a Cristo humillado y exaltado como el centro del evangelio»[2].

  1. El estado de humillación

El resto de nuestra clase de hoy, veremos la primera mitad de este par: la obra que Jesucristo realizó en su estado de humillación.

Primero, debemos comenzar con A. La encarnación de Cristo. ¿Por qué el Hijo de Dios tomó forma humana? Por nosotros y nuestra salvación. Hablamos de esto extensivamente la semana pasada cuando discutimos la humanidad de Cristo, así que no repetiré lo que dijimos. Simplemente vale la pena degustar la belleza de este misterio. El Hijo de Dios nació como un bebé para ser nuestro nuevo Adán. El infinito se cansó y durmió, el todopoderoso sintió nuestra debilidad, el omnipresente tomó un cuerpo humano. Él compartió plenamente nuestra humanidad para servir como nuestro representante y mediador sacerdotal ante Dios el Padre. Hebreos 2:14-17: «Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo».

Pero Jesús no solo asumió nuestra humanidad; B. Vivió una vida sin pecado. Esto también se llama la obediencia activa de Cristo. El primer Adán desobedeció. Pero Jesús, el nuevo Adán, obedeció por completo a su Padre. Israel quebrantó la ley de Dios, pero Jesús vino a cumplir la ley (Mateo 5:17)[3]. Él es como un nuevo Israel.

Este es un punto trascendental, porque nosotros también hemos seguido los pasos desobedientes de Israel. Jesús es quien, para usar una frase sorprendente de Mateo 3:15, vino a «cumplir toda justicia». A través de la fe, su historial de justicia se nos imputa.

La obediencia activa de Cristo debe consolarnos. Él ha sentido la atracción de la tentación y el encanto del pecado. Él no nos reprende cuando somos tentados, como el entrenador que grita a su equipo: «¡Solo necesitas ser más fuerte!». Con ternura, gentilmente nos consuela y nos invita a buscar ayuda en él. Nos recibe con gusto cuando admitimos nuestra total dependencia de él. Hebreos 4:15-16: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

Por muy maravillosas que fueron la encarnación de Cristo y su vida sin pecado, no completaron su obra. C. La muerte de Cristo. En Marcos 8, tan pronto como Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, Jesús enseña que «le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días». Aquí, pisamos suelo especialmente santo. Jesús se hizo obediente hasta el punto de morir, de morir incluso en una cruz. Esto a veces es llamado su «obediencia pasiva», no en el sentido de que fue una víctima trágica del destino, sino porque obedeció amorosamente el plan del Padre al someterse a la pena de muerte que nuestros pecados merecían.

¿Qué logró la muerte de Cristo? Su muerte fue tan monumental, el Nuevo Testamento habla de ella usando varios temas y metáforas relacionadas y superpuestas.

Primero, (1) Cristo es nuestro sacrificio expiatorio substitutivo penal. Esta es la forma predominante en que la Biblia describe la muerte de Cristo, por lo que pasaremos la mayor parte del tiempo en este punto.

Expiación es una palabra que se refiere a la restauración de la correcta relación entre el hombre y Dios; también lleva la connotación del sacrificio que se realiza o el precio que se paga para que esa relación sea posible.

Comencemos con la necesidad de la expiación. Aquí solo tenemos que recordar nuestra clase hace unas semanas acerca del problema del pecado. Somos culpables ante Dios como aquellos que son representados por Adán. Hemos confirmado nuestra sentencia de culpabilidad por nuestros propios actos sucios. Como dice Juan 3:36, la ira de Dios está sobre todos los que están sin Cristo. Efesios 2:3 dice que por naturaleza somos hijos de ira. Esto es porque Dios es bueno. Su ley es correcta, su santidad es inimaginablemente pura, y su justicia es totalmente recta. Por tanto, él no permitirá que el mal y la iniquidad queden impunes. Él no esconderá nuestro pecado debajo de la alfombra.

Entonces, Dios ordenó los sacrificios y las ofrendas del Antiguo Testamento para expresar gráficamente la absoluta necesidad de la expiación. Los animales eran sacrificados diariamente según lo prescrito por Levítico. ¿Por qué? Como lo explica Hebreos 9:22: «Sin derramamiento de sangre no se hace remisión». La paga del pecado es muerte según Romanos 6:23. Esta lección estaría arraigada en las mentes de todos los israelitas, porque el piso del templo estaría cubierto de sangre. Dios no necesitaba salvar a nadie. Pero en su misericordia, proporcionó sacrificios regulares que apuntaban todos hacia el sacrificio final que expía el pecado de manera definitiva. 

Eso nos lleva a la naturaleza de la expiación.

La muerte expiatoria de Cristo fue «penal». Es decir, él sufrió la pena en la que incurrieron nuestros pecados: el precio de la muerte. Isaías 53:5: «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados». 1 Pedro 2:24: «Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia».

Su muerte también fue sustitutiva. Él tomó la muerte que legítimamente merecíamos, en nuestro lugar. La idea de la sustitución se incorporó a la historia de Israel desde el principio. Solo piensa en el Éxodo, donde un cordero fue asesinado, por así decirlo, en vez de —en  lugar de— el hijo mayor de la familia. No es de extrañar que Juan el Bautista llamara a Jesús el «Cordero de Dios» (Juan 1:29) y que Jesús muriera durante la Pascua. Isaías 53:12,  él fue contado con los transgresores. 2 Corintios 5:21: «Al que no conoció pecado [Cristo], por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».

John Stott escribió memorablemente: «La esencia del pecado es el hombre sustituyéndose a sí mismo en lugar de Dios, mientras que la esencia de la salvación es Dios sustituyéndose a sí mismo en lugar  del hombre»[4]. Cuando reflexionamos sobre la sustitución de Cristo por nosotros, ¿cómo podrían nuestros corazones no fluir en alabanza? Como lo expresa un himno con tanta fuerza: «Llevándome a la vergüenza y burlándome groseramente, en mi lugar, condenado, se puso de pie, selló mi perdón con su sangre. ¡Aleluya! ¡Qué Salvador!».

Luego, ¿cuál es el resultado de la expiación, o qué logró esta muerte penal y sustitutiva para el pueblo de Dios? Por un lado, logró la propiciación de la ira de Dios, lo que significa que la buena ira de Dios contra el pecado ha sido resuelta y removida por el sacrificio de Cristo. Los libros proféticos del Antiguo Testamento muestran la buena ira de Dios contra toda iniquidad mientras él derrama la copa de su santa ira. Él bebió esa copa en la cruz por todos los que confían en Cristo. Experimentó la justa oposición de Dios contra el pecado, la oposición que merecíamos conocer eternamente. Esto es a lo que Pablo se refiere en Gálatas 3:13 cuando dice: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero». El único obediente absorbió la maldición que merecían los pecadores desobedientes como nosotros.

Tal vez el pasaje más claro acerca de la propiciación es Romanos 3:23-25: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre». Como vimos anteriormente, el derramamiento de sangre es necesario para la expiación. Jesucristo es ese sacrificio de sangre que fue aceptable para Dios. Y debemos recordar, que si bien la propiciación es necesaria porque Dios es santo, es posible porque Dios es supremamente amoroso y misericordioso. 1 Juan 4:10: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecado».

Eso es la propiciación. La muerte de Cristo también logró la expiación, lo que significa que su muerte cubre por completo la culpa de nuestro pecado. Ya no somos culpables ante Dios, sino que somos declarados inocentes. Juan 1:29: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». La ley trae condenación porque expone cómo no cumplimos con los estándares de Dios, pero Colosenses 2:14 dice que Dios perdonó todas nuestras ofensas, «anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz».

No solo esto, sino que la muerte de Cristo también produjo nuestra purificación, o lo que los teólogos a veces llaman la santificación posicional, lo que significa que hemos sido limpiados y apartados como aceptables para Dios. Ya no estamos manchados por el pecado; hemos sido lavados (1 Co. 6:11). 1 Juan 1:7 dice: «la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado». El autor de Hebreos en el capítulo 9, versículo 14 dice que la sangre de Cristo purifica nuestra conciencia para que ahora podamos servir al Dios viviente.

Como puedes ver, la obra de Cristo en la cruz lo cambia todo para nosotros. Así que vale la pena hacer una pausa aquí y alabar a Dios porque la obra de Cristo fue totalmente efectiva. Como dice el versículo con el que abrimos: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores», y eso es exactamente lo que hizo. Nosotros no contribuimos en nada a nuestra salvación. Jesús no compró una posibilidad de salvación que luego necesitamos activar. Él no vino a hacer de la expiación una realidad potencial, sino una realidad verdadera para aquellos que se arrepienten y creen. Podemos verlo en la naturaleza misma de la expiación. La sustitución, bíblicamente, significa sustituir a un grupo definido de personas. Ese fue el caso con el Cordero de la Pascua y con los sacrificios del Antiguo Testamento. Incluso estos sacrificios, que anticiparon la expiación de Cristo, realmente lograron la purificación del adorador, a pesar de que ese tipo de purificación fue solo temporal. ¡Cuánto más, entonces, el sacrificio de Cristo realmente logra la propiciación, la expiación y la purificación permanente para el pueblo de Dios! Él murió, dice Efesios 5:25, por la iglesia, su Novia. Él es nuestro sustituto.

Esta expiación nos es aplicada por el Espíritu Santo cuando nos convertimos, cuando nos alejamos de nuestro pecado y confiamos en Cristo. Así, las tres personas de la Trinidad actúan armoniosamente en la gran obra de redención. La muerte de Cristo fue un acto sustitutivo por todos los que el Padre escogió, que son todos aquellos a quienes el Espíritu da el regalo de una nueva vida. Creyente, ¿alguna vez has sentido la tentación de dudar u olvidar el amor de Cristo por ti? Mira su expiación sustitutiva. Cuando Jesús fue a la cruz, pensaba en ti. En Juan 17, su oración sacerdotal, Jesús oró por los que han de creer en él. Ese eres tú. Él sudó gotas de sangre en el huerto de Getsemaní porque sabía que estaba a punto de tomar el castigo por tus pecados, para siempre. Los agujeros en sus manos siempre serán monumentos de su amor por ti y por mí[i][ii].

Como dije anteriormente, el Nuevo Testamento describe la muerte de Cristo usando términos e imágenes superpuestos. Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en la expiación sustitutiva, pero veamos cuatro aspectos más importantes y hermosos de lo que hizo por nosotros en la cruz.

(2) Cristo es nuestro sustituto legal

Esta es la gloriosa verdad de la justificación. Aquí la Escritura usa el lenguaje de un tribunal de justicia para transmitir nuestra salvación. Somos culpables ante el tribunal de Dios. Pero Cristo toma nuestra sentencia. Como resultado, somos declarados inocentes, ¡pero no solo eso! Eso sería bueno, pero solo por unos 2 segundos, ¡hasta que pequemos otra vez! También, el récord de justicia perfecto de Cristo se nos acredita o «imputa». Él toma nuestra hoja de antecedentes penales, y Dios el juez nos trata de acuerdo con la posición recta y perfectamente inocente de Cristo. Isaías 53:11 destaca cómo el siervo sufriente «justificará… a muchos, y llevará las iniquidades de ellos».

Al proveer a Cristo para nuestra justificación, Dios vindica su justicia mientras que al mismo tiempo  muestra una misericordia maravillosa a los pecadores. Pablo explica que cuando los creyentes del Antiguo Testamento pecaron, Dios simplemente estaba reteniendo su castigo, hasta la muerte de Cristo. Cuando Jesús murió en la cruz, tomó la culpa legal por todos los pecados de todos los creyentes: pasados, presentes y futuros. Romanos 3:24-26: somos «justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar  su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús». Entonces, al contrario de lo que mucha gente piensa e incluso enseña, nunca podremos ganar el suficiente mérito ante Dios, para presentarnos ante su tribunal, incluso si ese mérito puede obtenerse a través de las buenas obras y los sacramentos. Más bien, Dios en su justicia nos declara justos porque la muerte de Cristo paga la sentencia de nuestra culpa y su justicia nos es contada. Entonces misericordia y justicia se encuentran en la cruz. Alabado sea Cristo, el que provee nuestra justificación.

(3) Cristo también es nuestro redentor

Aquí las Escrituras usan la ilustración de la venta de esclavos. Somos esclavos del pecado, incapaces de liberarnos de nuestra esclavitud voluntariamente. Cristo compra nuestra libertad para siempre. Marcos 10:45: «Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos». Algunos a través de los años han sugerido que Jesús pagó este rescate a Satanás, pero no hay base bíblica para eso. Más bien, esta redención es el pago que Dios mismo exige a causa de su justicia. Nuestro pecado nos ha encerrado en cautividad a su juicio. La sangre de Cristo, es decir, el final de su vida, es lo que nos libera de este cautiverio. Nuestro juicio cayó sobre él. Como dice 1 Pedro 1:18-19: «fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación».

De manera práctica, esto quiere decir que le pertenecemos a Cristo. ¡Ya no somos esclavos del pecado! Tenemos un nuevo señor y su yugo es fácil y su carga es ligera. Fuiste comprado con un precio, dice Pablo. Por tanto, glorifica a Dios en tu cuerpo (1 Co. 6:20). Satanás puede mentir todo lo que quiera, pero no tiene poder sobre nosotros y el pecado no tiene derecho sobre nosotros. Col 1:13-14, hemos sido liberados del dominio de las tinieblas y transferidos al reino del Hijo amado de Dios, en quien tenemos redención.

Pero no solo nos liberamos del pecado y la muerte, ahora disfrutamos de una nueva relación con Dios:

(4) Cristo es nuestro reconciliador

Aquí es donde la obra de Cristo se vuelve especialmente dulce. La Biblia no solo describe nuestra salvación en términos de justicia, redención y sacrificio, sino también en términos de relación. Nosotros éramos enemigos de Dios. Ahora, en Cristo, somos sus hijos adoptivos. Nuestra separación de Dios comenzó cuando Adán y Eva fueron exiliados del huerto de Edén. Nuestra hostilidad hacia él no era una Guerra Fría, era una batalla total. Nos rebelamos contra él y sus designios. Esta es la razón por la que Lucas 15 es quizá mi capítulo favorito en la Biblia, porque todos podemos identificarnos con ese hijo pródigo que toma de su padre y, sin embargo, rechaza una relación con él.

De nuevo, la sustitución de Cristo está en el corazón de nuestra reconciliación. Romanos 5:1: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo». Romanos 5:10: «Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo».

Las Escrituras usan la bella ilustración de la familia para describir nuestra reconciliación. Gálatas 4:4-6: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo». Dios escucha nuestras oraciones. Él nos cuida con ternura como un padre. Como hijos adoptivos, la herencia del reino que pertenece a Cristo ahora es nuestra herencia también.

Una implicación de esta reconciliación con Dios como nuestro padre es que todos estamos unidos como hermanos y hermanas en su hogar. Judíos y gentiles, blancos y negros, jóvenes y viejos, poderosos y débiles – Efesios 2:14: «Porque [Cristo] es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación».

Finalmente, (5) Cristo es nuestro vencedor. Por su muerte y resurrección, Jesús conquista a Satanás, el pecado y la muerte en nuestro nombre. Es por eso que cuando habla de su próxima muerte en Juan 12:31, Jesús dice: «ahora el príncipe de este mundo será echado fuera». Col 2:15: «[Dios] despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz», es decir, en Cristo y en su muerte victoriosa. 1 Corintios 15:56-57: «Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo». Nadie puede oponerse a él, y en él somos más que vencedores. Esto nos recuerda que la muerte sustitutiva de Cristo no solo nos reconcilia con Dios, sino que nos lleva a un glorioso estado de triunfo y esperanza. No por lo que hemos hecho, sino por lo que él ha hecho. Pero este es un buen lugar para concluir hoy, porque la victoria de Cristo está estrechamente vinculada no solo a su muerte sino a su resurrección. De hecho, todo lo que hemos dicho hoy acerca de su muerte carecería de sentido y sería en vano si no fuera por esta gloriosa verdad: Jesús resucitó de entre los muertos. Es por eso que la expiación, la justificación, la redención, la reconciliación y la victoria que él ofrece son sólidas y están garantizadas. Porque él no era un simple hombre. Conquistó la muerte y se levantó para que todos los que están unidos a él por la fe puedan compartir su nueva vida. Eso es lo que veremos la próxima semana. Pero por ahora, oremos y alabemos a Dios por la muerte de su Hijo.

 

[1]A veces, estos roles casi se superponen, por ejemplo, en Moisés que descendió de una línea sacerdotal e intercedió por el pueblo ante Dios, pero que fue designado como profeta en Deuteronomio 18. O David, que gobernó como rey y también danzó en la presencia de Dios llevando una prenda sacerdotal. Estas pistas apuntan hacia alguien que cumpliría perfectamente todos estos roles.

[2] Herman Bavinck, Reformed Dogmatics: Sin and Salvation in Christ, vol. 3 (Grand Rapids, MI: Baker, 2006), 418.

[3] Recuerda, el Israel del Antiguo Testamento fue llamado el «Hijo» de Dios en Éxodo 4:22. Dios les dio vida y debían representarlo en el mundo de la misma manera que un hijo lleva la reputación de su padre. Pero después de que Dios los guió a través de las aguas del mar Rojo, lo desobedecieron en el desierto. Sus corazones se endurecieron y sus acciones fueron rebeldes. El Nuevo Testamento presenta a Jesús como el nuevo y mejor Israel. Él es el Hijo de Dios en el sentido más completo. En Mateo 3, Jesús es bautizado; la voz del cielo dice: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia», e inmediatamente Jesús, como Israel, es tentado en el desierto. Pero él obedece perfectamente.

[4]Cross of Christ.

[i] Aquí hay una sección más completa sobre el alcance de la expiación que se escribió en  el año 2016, pero decidí no usarla en la clase por razones de tiempo y porque este es un tema potencialmente confuso.

Esta discusión acerca de la efectividad de la expiación nos ayuda a abordar la cuestión común del alcance de la expiación. ¿Por quién vino Cristo a morir? ¿Él expió los pecados de todos sin excepción, o murió específicamente por los escogidos, el pueblo de Dios? Los evangélicos ofrecen diferentes respuestas a esta pregunta, y nuestra declaración de fe no requiere que tomes una posición particular. Pero me gustaría argumentar que la naturaleza de la expiación muestra que Cristo murió específicamente por nosotros, su novia.

Esto es a lo que me refiero. Si observamos la naturaleza de la sustitución, significa sustituir a un grupo definido de personas. Ese fue el caso con el cordero de la Pascua y con los sacrificios del Antiguo Testamento. Esos animales no eran sustitutos de toda la humanidad, sino de un subconjunto particular de personas. Sucede lo mismo con Jesús. Él vino a sacrificarse por el pueblo de Dios. Esto se deriva del argumento de Hebreos capítulos 7-10, Jesús es mediador de un nuevo pacto, y este pacto se hace específicamente, de acuerdo con Hebreos 9:15, con «los llamados», es decir, aquellos a quienes Dios aparta como su pueblo del nuevo pacto. Jesús, en sus propias palabras, vino a dar su «vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45), a «dar su vida por las ovejas» (Juan 10:11). O, Pablo dice en Efesios 5:25: «Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla». En Hechos 20:28, él declara que Dios «ganó [la iglesia] por su propia sangre». Ahora bien, esta no es una declaración acerca del mérito o el valor del sacrificio de Cristo; por supuesto, él era Dios, por lo que su sacrificio tenía un valor infinito. Estamos hablando de su diseño: fue pensado para la salvación del pueblo escogido de Dios. Este punto de vista, que defiendo de las Escrituras, ha sido llamado «expiación limitada» o «expiación particular», pero creo que el mejor título es «expiación definitiva» porque sintetiza lo que es alentador sobre esta verdad: Cristo murió para asegurar la redención del pueblo escogido de Dios, y lo ha hecho definitivamente, efectivamente, sin nada que carezca de la expiación sustitutiva que ha logrado. Esta expiación nos es aplicada por el Espíritu Santo cuando nos convertimos, cuando nos alejamos de nuestro pecado y confiamos en Cristo. Entonces es cuando somos salvados. Pero el punto es que la muerte de Cristo fue un sacrificio sustitutorio por todos los que el Padre escogió, que son todos aquellos a quienes el Espíritu da el regalo de una nueva vida.

Por supuesto, hay contraargumentos comunes a este punto de vista. Muchos señalarán varios versículos del Nuevo Testamento que hablan de la venida de Cristo para ofrecer expiación por «todas» las personas o por «todo el mundo». No tenemos tiempo para revisar cada uno de estos pasajes, pero sugiero que, si miras el contexto, el autor no pretende decir que Cristo murió por todas las personas sin excepción, sino que vino a salvar a todo tipo de personas sin distinción.

Tomemos 1 Juan 2:2 por ejemplo: «[Cristo] es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo». ¿Qué quiere decir Juan con esto? Claramente, él no cree que todas las personas en todas partes serán salvas, porque toda su carta advierte acerca de los falsos maestros y de las personas que niegan a Cristo. Más bien, mira el énfasis de 1 Juan en amar a tu hermano y caminar en la comunión de la luz. Su punto parece ser que la muerte de Jesús no fue solo por los judíos, como muchos judíos pudieron haber creído, sino que la expiación de Cristo fue por todos los pueblos, judíos y gentiles. Juan se refiere a todos los grupos de personas y no a todas las personas. De nuevo, puedes estar en desacuerdo con la perspectiva que estoy enseñando aquí. Pero creo que este es realmente un punto maravillosamente alentador: Cristo murió por nosotros, su ovejas, su novia. Cuando él murió, si eres creyente, lo hizo pensando en ti. Nada puede deshacer la expiación que ha hecho por ti. Fue totalmente efectiva. ¡Alabado sea Dios por Cristo, nuestro sustituto!

[ii] Más material acerca de la expiación limitada de una versión anterior de esta clase:

John Owen, teólogo del siglo XVII que escribió uno de los mejores libros jamás escritos acerca de la expiación, La muerte de la muerte en la muerte de Cristo, proporciona un fuerte argumento para la posición de que el mérito ilimitado de la muerte de Cristo fue limitado en su intento.

Owen comienza con Isaías 53:

«Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros».

Este pasaje deja en claro que Cristo murió por los pecados y trajo la paz con Dios. Según Owen, hay tres posibilidades:

  1. Cristo murió por algunos de los pecados de todos los hombres;
  2. Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres;
  3. Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres.

Nadie afirma que la primera posibilidad sea verdadera. Si Cristo murió solamente por algunos de los pecados de todos los hombres, entonces todo se perdería debido a los pecados por los cuales Cristo no murió.

La segunda declaración es que «Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres». Sin duda, Cristo no tendría que hacer nada más por haber muerto por todos los pecados de todos los hombres, pero si esto es cierto, entonces ¿por qué no todos son salvos? La respuesta normalmente presentada es: «Debido a su incredulidad; no creerán». Pero las Escrituras nos dicen que la incredulidad se categoriza como un pecado. Si es un pecado, entonces de acuerdo con la proposición de que «Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres», Cristo murió por ese pecado. ¿Por qué debería ese pecado en particular obstaculizarlos más que sus otros pecados por los cuales Cristo murió? ¿Por qué ese pecado no está cubierto por la sangre de Cristo también? Entonces, vemos que esta afirmación tampoco puede ser verdadera. Si bien obtener la salvación y dar la salvación no son exactamente lo mismo, tampoco deben separarse.

Es la tercera declaración la que refleja con precisión toda la enseñanza Bíblica: Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres. Es decir, murió por la incredulidad de los escogidos, de modo que la ira punitiva de Dios se aplacó contra ellos. Esto es la gracia salvadora.

Cuando comparezcamos ante el tribunal de Dios, no tendremos nada de qué jactarnos ante nuestro Creador. No podemos darnos una palmadita en la espalda por creer. La salvación es completamente por gracia. No tenemos que lograr por nosotros mismos nuestro nuevo nacimiento y camino hacia la fe. No, oímos la voz del Pastor llamando, y lo seguimos, encontrándonos atraídos irresistiblemente de las tinieblas a su luz admirable. Esta es la teología bíblica en su mejor momento. Esta es la cosa más tremenda, más gloriosa, más asombrosa del universo y de toda la historia.

https://es.9marks.org/

Mark Dever

J8 – El ministerio que ya tienes 

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J8 – El ministerio que ya tienes

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-ministerio-que-ya-tienes/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Holly Elliff.

Holly Elliff: Tengo que ser una mujer que acude al Señor. Este tiempo con Dios es crítico ya que tengo que sacar el tiempo para encontrarme con Él y decirle, “Dios, muéstrame lo que es importante para el día de hoy”. Muéstrame lo que tiene que pasar para que podamos vivir en paz; dirígeme a lo largo del día”.

Si vas al Nuevo Testamento —y le prestas atención a la vida de Cristo— verás que siempre está ajustando su agenda durante del día. En algunas ocasiones, la agenda de Cristo cambió; Dios puso personas en Su camino o se sintió obligado a dar media vuelta y regresar a la multitud.

Algunas de ustedes, al igual que yo, tienen una multitud en sus casas. Es posible que Dios cambie las cosas y que terminen haciendo lo que no tenían intención de hacer para ese día en particular.

Es crítico para nosotras, las mujeres, ser lo suficientemente flexibles para escuchar al Señor y hacer lo que Él dice, teniendo en cuenta que las personas en nuestras casas son más importantes que las cosas que tenemos en ellas.

Un autor ha dicho, “Criar es como cavar una zanja”. Como madres, no podemos hacer nada para persuadir o convencer a nuestros hijos de que amen a Dios. Podemos cavar las zanjas, pero no llenarlas.

“Podemos enseñarle a nuestros hijos acerca de Dios, orar por ellos, serles de ejemplo con nuestras vidas y exponerlos ante aquellos que aman y sirven a Dios, pero solo Dios puede darles una vida espiritual”.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Desde hace semanas, Nancy nos ha estado ayudando a encontrar tesoros en Tito 2:1-5. Está repleto de consejos sabios y prácticos para las mujeres.

Hoy, estamos repasando algunos puntos y aprendiendo cómo aplicarlos todos los días. Con nosotras, han estado escuchando dos esposas de pastores —Holly Elliff y Kim Wagner— quienes nos van a explicar cómo se ven estos principios en sus vidas. Continuamos ahora con Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No deja de sorprenderme —y sé que ya lo he mencionado en esta serie— el hecho de que Dios escogiera siete características que se suponen sean parte del curriculum de mujeres jóvenes y que cuatro de ellas se relacionen con la familia. Las otras tres también contribuyen. A esto es a lo que Dios le da prioridad.

¿Y en qué estamos poniendo nuestras prioridades? En muchas otras cosas.

He tenido muchas mujeres que vienen o me escriben —esposas y madres jóvenes— y me dicen: “Dios me ha puesto en el corazón que escriba libros, que enseñe, que tenga un ministerio”. Entonces me quedo pensando y le digo, “¿Te das cuenta de lo que tienes?”

Les digo a las mujeres: “Lo que Dios me ha llamado a hacer palidece—ante lo que haces como esposa y madre—con la excepción de que Dios me ha llamado a hacerlo. Pero en términos de impacto, longevidad y multiplicación de generaciones para el Reino de Dios, al amar a tu esposo, al amar y criar a tus hijos, al entrenar a mujeres más jóvenes, estás contribuyendo al crecimiento y al avance del Reino de Dios”.

Eso es enorme.

Holly: Pienso que en muchas ocasiones queremos “un ministerio”, pero olvidamos que ya lo tenemos. Si Dios nos ha dado hijos, si Dios nos ha dado un esposo, ya tenemos la parte integral de un ministerio.

Ese tiene que ser mi ministerio número uno. Si puedo amar a mi esposo en concordancia con la Palabra de Dios, si puedo amar a mis hijos y hacerles ver al Señor como lo dice la Biblia, entonces creo que Dios convertirá en un ministerio por la diligencia con que he atendido esas áreas tan importantes a las que Dios me ha llamado.

Nancy: Holly, puedo distinguir —claramente— dos caminos en tu vida. Uno es que ahora que tienes más edad, pero todavía con hijos pequeños—mujeres jóvenes acuden a ti queriendo que les enseñes y las entrenes. Ellas han visto en ti un ejemplo a seguir.

Kim, eso pasa con las mujeres de tu iglesia también. Ahora bien, el otro camino es lo que Dios está haciendo a través de tus hijos.

Holly, tuve la oportunidad de conocer a tu familia —creo que tus ocho hijos estuvieron presentes en ese almuerzo— y pude ver cómo la madurez espiritual y el entusiasmo de estos niños están causando impacto y multiplicando tu ministerio y el de Bill.

Y pensar en tu primer nieto de un año y en los otros que han de venir —probablemente muchos— años después, cuando ya no estén en este mundo. Y eso, sabemos, es solamente por la gracia de Dios.

Holly: Exactamente.

Nancy: Y aún no se ha escrito el próximo capítulo de ninguno de ellos.

Holly: Cierto.

Nancy: Pero, por el momento, están caminando en el Señor y sirviéndole de corazón. Eso no fue algo que pasó “de un día para otro”.

Ahora bien, no todo el crédito es tuyo y de Bill.

Holly: Ningún crédito es nuestro.

Nancy: Pero ustedes han sido fieles. Y, cuando los padres han sido fieles, pueden estar seguros de que Dios los va a bendecir, los va a honrar y a multiplicar.

Por lo que no simplemente has estado amando a tus hijos y a tu esposo, sino que les has ministrado, impactado y alcanzado. Y esto es enorme.

Holly: Un autor dijo,

“La maternidad es como cavar una zanja. Como madres, no podemos hacer nada para persuadir o convencer a nuestros hijos de que amen a Dios. Podemos cavar las zanjas, pero no las podemos llenar. Podemos enseñarle a nuestros hijos acerca de Dios, orar por ellos, vivir la vida cristiana ante ellos y exponerlos ante otros que amen y sirvan a Dios, pero sólo Dios puede darles vida espiritual.

Dios no necesita nuestra ayuda, pero —en Su plan soberano— nos invita a que tomemos parte activamente y a que colaboremos con Él al tiempo que Él trabaja en sus vidas.”

Una vez escuché la historia de una niña que se asustaba de noche. La mamá le repetía una y otra vez, “Pero, mi amor, no tienes por qué tener miedo; Dios está aquí, contigo”.

Y ella respondía, “Sí, pero necesito a alguien conmigo que tenga piel”.

Pienso —muchas veces— que tenemos que estar dispuestas a estar llenas de Cristo para que nuestros hijos tengan una imagen “con piel”. Muchas, muchas veces es difícil.

Se necesita sacrificio. Se necesita diligencia. Se necesita el autocontrol del que hemos estado hablando.

No puede venir desde nuestro interior. Tiene que venir de Dios el vivir Su vida dentro y a través nuestro. La herramienta que Él usa, especialmente en mi vida, es la maternidad.

La maternidad se convierte en una de las herramientas que Dios usa para darme forma y moldearme; así como lo dijo un autor, “para que me cincele por la eternidad”. Por lo que si aceptamos que la maternidad es parte del proceso de Dios… entonces no es un obstáculo, sino que ese es el proceso de Dios en mi vida.

Nancy: Es santificarte, moldearte a la imagen de Cristo. De nuevo, eso lo obtenemos cuando abrazamos el rol que Dios ha dispuesto en nuestras vidas; porque hay un propósito en ello y es, a través de esto, que somos santificadas.

Es como cuando cumplo con mi responsabilidad al estudiar, escribir y enseñar; yo “cavo una zanja”—que a veces requiere un trabajo agotador. Es distinto a la maternidad, pero es mi maternidad espiritual hacia las mujeres.

Y si no le soy fiel en eso, entonces pierdo un poco en el grado de santificación que Dios quiere para mi propia vida.

Holly: Exacto. Hay veces que Nancy y yo nos hemos escrito correos electrónicos con tan solo unas horas de por medio. El mío escrito a las 3:30 de la madrugada

Nancy: No te has acostado aún.

Holly: Y el de Nancy escrito a las 5:00 de la madrugada. Al levantarse.

Nancy: No es que acostumbre a levantarme a las 5:00 de la madrugada

Holly: Nos reímos de eso porque, entre las dos, hemos cubierto casi un período de 24 horas. Por lo que nuestras vidas son muy distintas.

Nancy pasa más tiempo a los pies del Señor que yo. Si voy a tener un tiempo con Dios, va a ser en medio de mi vida.

Sé que les estoy hablando a madres que luchan por acordarse dónde pusieron sus Biblias. Seguro porque están debajo de una pila de cosas en sus casas. Tenemos que ser muy, pero muy intencionales para sacar tiempo y escuchar a Dios—aunque sea en medio de todo lo que esté ocurriendo en nuestras vidas.

Muchas veces es difícil. Toma mucho “enfoque intencional” para que eso suceda.

Kim Wagner: Pienso que ese es, probablemente, el aspecto más importante de la maternidad: que nuestros hijos vean y reconozcan lo importante que es la Palabra de Dios para sus madres, que ellas están orando por ellos.

Ellos lo reconocen. Lo ven. Es fundamental. Es esperanzador que sientan el deseo de ponerla como una prioridad en sus vidas.

Holly: Sé que algunas de ustedes puede que estén pensando “Ojalá y hubiese sido fiel en esto o aquello, pero no lo he sido”. Puede que estés lamentando el no haber estado dedicándole tiempo suficiente a tus hijos para que conozcan a Dios.

Hace muchos años atrás, un predicador llamado John Henry Jowett, predicó un sermón llamado “Remordimientos Innecesarios”, y dijo:

“Aunque hayas errado y te hubiese gustado volver atrás y haber tomado otro camino, ¿y qué? ¿Quién es nuestro Dios? ¿Cuál es Su nombre y Su carácter?

¿No puede Él deshacer lo hecho y —en su infinita gracia— rehacerlo de nuevo? Él, en Su gracia, puede reparar todo lo que esté dañado y lo mal hecho. Él puede restaurar la caña cascada. Él puede restaurar un corazón roto. Él puede lidiar con la promesa incumplida.

Y si puede hacer todo esto, ¿no puede, en Su infinito amor, corregir nuestros errores y enderezar lo torcido?”

Pienso que eso es lo que nos debe esperanzar porque ninguna de nosotras vamos a ser madres perfectas. Ninguna de nosotras vamos a amar a nuestros hijos correctamente. Ninguna de nosotras va a acudir a Dios con la consistencia y persistencia que deberíamos.

Pero Dios es un Dios redentor. Él puede “destejer y retejer el tejido”.

Kim: ¡Wao! Eso es esperanzador, Holly.

Nancy: Quizás solamente necesitas decir, “Señor, hay cosas torcidas en mi vida, situaciones en las que he fallado”. En la medida en la que Dios te lo va mostrando, no está tratando de que vivas en condenación; lo que Él quiere es liberarte de todo aquello.

Pero el punto de partida para eso es el ser honesta con Dios y decirle: “Sabes que mis prioridades estaban equivocadas”, o “Cuando mis hijos estaban pequeños no te busqué de la forma en la que debí hacerlo”.

Por lo que, ¿qué debes hacer?

● Ve a los pies del Señor. Sé honesta con Él. Confiésalo.

● Te arrepientes y le dices, “Señor, por Tu gracia, ¿me restaurarías? ¿Podrías traer orden y sentido a mi vida en estos momentos? Te entrego estas piezas, este desastre y le dices, “Señor, solo Tú puedes restaurar y renovarlo todo”.

● Luego, esperas en el Señor. Sabes que Dios lidia con todo esto desde la eternidad. La historia no se ha terminado.

Tengo amigas muy queridas lidiando con el reto de criar adolescentes, niños adultos. Ellas esperan a que el Señor los ilumine y cambie sus corazones.

Dios es capaz. Continúa clamando al Señor; dependiendo de Él; buscándolo para que lleve a cabo lo que solo un gran redentor Dios puede hacer.

Holly: Quiero animar también a aquellas madres que hoy pueden reconocer la mano de Dios en distintas áreas de su corazón. Al tiempo que Dios se lo señala y dice, “Mira esto”, pregúntale estas interrogantes:

• ¿Qué hice que no te agradara?

• ¿Qué pude haber hecho distinto?

• ¿De qué me tengo que arrepentir?

Date cuenta de que Dios no te va a dejar estancada y sin esperanzas. Su deseo es cambiarte para que el próximo año no mires hacia atrás con la misma lamentación que has tenido este año.

Nunca es tarde para apropiarte de la gracia de Dios. Por lo que si el año pasado fue horrible —y fallaste en hacer lo que Dios te había llamado a hacer— y Dios ahora te ha dado la oportunidad de verlo con claridad, Él puede redimirte cuando tomes decisiones el próximo año. Por lo que, mientras avanzas, vas a poder mirar hacia atrás algún día y decir “por la gracia de Dios, esas cosas han cambiado en mi vida y no estoy en el mismo lugar en donde solía estar”.

Nancy: Hemos hablado sobre la noble misión de la maternidad y de cómo nuestros corazones son moldeados para la eternidad al tiempo que pasamos el bastón de la verdad de generación en generación. Esta es una visión que estamos tratando de inculcarles a las madres para que sepan que lo que hacen es crucial y que deben buscar a Dios por ellas mismas.

Hay aspectos elevados y nobles de la maternidad, así como también, hay aspectos prácticos, reales y no espirituales del ama de casa, de la vida cotidiana y de la vida de una mujer de Dios en cualquier etapa en la que se encuentre.

El mantener una casa, así como tantas otras formas de servir a los demás, podrían no parecer tener un grado espiritual significativo. Hemos estado hablando de eso y del hecho de que esas cosas sí tienen un significado espiritual.

Pero me encantaría escucharlo de ustedes. Ustedes tienen casas; tienen hijos que necesitan ropa y maridos e hijos que, ocasionalmente, tienen hambre.

¿Cómo encontrar un propósito en los quehaceres prácticos del hogar? ¿Cómo servir con gozo?

¿Te has preguntado alguna vez si lo que haces es significativo? Esa es una tentación que todas tenemos; es la tendencia básica hacia el descontento y al querer otras cosas que no tengo.

¿Cómo hacer esas cosas y no dejarlas a un lado, y en medio de ello encontrar propósito, significado y gozo?

Kim: Parte de ello va de la mano con el no lamentarse al mirar hacia atrás. Debes ser intencional cuando amas a tu familia y le sirves en cada oportunidad que tengas. Tú no quieres vivir lamentándote por lo que no hiciste.

Tengo una buena amiga a quien he escuchado decir, muy a menudo, que tiene un gran remordimiento. Ella era una madre soltera que no se tomó el tiempo de levantarse en las mañanas para darle el desayuno a su hijo antes de que él se fuera para la escuela.

Ella me dijo, “Él no se iba sin desayunar. Se preparaba su cereal y ambos corríamos hacia la puerta”. Pero nunca le preparó un desayuno y lo acompaño mientras comía.

Me alegra que me lo haya confiado, siendo yo aún una madre joven —bueno, por un poco de tiempo eduqué a mis hijos en casa— pero ahora no lo hago y mi hijo sale para la escuela todas las mañanas.

Bueno, les cuento que esa semana, mi hijo pasó la noche en casa de un amigo. Cuando regresó al otro día me dijo, “Mami, su mamá no nos preparó el desayuno”.

Y no es algo que mi hijo demande o espera. Muchas veces sabe cuando me he acostado tarde y me ha dicho “No tienes que levantarte a prepararme el desayuno”, pero sé que es importante para él el tener ese tiempo juntos en las mañanas.

Te he escuchado decir esto antes, Nancy, y a ti, Holly y he tratado de hacer esto: Sé una estudiante de los miembros de tu familia. Aprende lo que les trae gozo. Aprende lo que les comunica tu amor.

No es solamente el amor que viene de ti. Es el amor de Cristo a través de ti cuando les sirves. Puede que no te guste cocinar. Puede que no te guste lavar la ropa.

Nancy: Bueno, algunas de las cosas que haces —como limpiar la casa— no necesariamente va a hacer apreciadas por tus hijos hasta que tengan su casa propia. Quizás ni cuenta se den que haces esas cosas, pero hay que hacerlas para que todo en la casa funcione como es debido. ¿Cómo hacerlo todo “como para el Señor”?

Holly: ¿Sabes qué? Cuando tenía 20 años, esas cosas no estaban en mi lista. Yo iba a ser una patóloga clínica del habla y a manejar un carro deportivo rojo. Eso estaba en mi lista.

Con el paso de los años, he tenido que luchar para poner cada una de estas cosas en las manos del Señor. Las traía a mi vida, primero fue el área de ser esposa y el llamado que tenía de amar a mi marido.

No eran cosas que estaban en mi naturaleza o que salieron de mí. Y no eran cosas que tenía el deseo de hacer.

Nancy: Tú tenías el deseo de amar a tu marido, pero te refieres a algunas de las cosas prácticas…

Holly: Oh, estaba locamente enamorada de mi esposo, pero cuando tenía que recoger sus medias sucias del suelo…

Kim: O solo el mantener la habitación limpia. Durante mis años de adolescencia, nunca tuve un cuarto ordenado.

Sé que algunas adolescentes nos están escuchando. Espero que todas empiecen ahora, como les ha enseñado Nancy, a organizar sus cuartos como si fueran sus casas del futuro.

No me gustaba limpiar mi cuarto, pero aprendí que la forma de verlo con gozo era tenerlo ordenado y limpio. Al hacerlo, se sentía una atmósfera agradable. Creo que esa debe ser una prioridad de las esposas.

Pienso que sus maridos deben llegar a casa y sentirse a gusto en su habitación. La habitación debe ser un lugar acogedor en el que él se sienta cómodo; que no tenga que sortear las canastas de ropa sucia o las de ropa limpia para llegar a su cama.

Ahora, tampoco estoy diciendo que él nunca debe…

Holly: Tengo que interrumpirte un minuto aquí, porque antes de salir esta mañana, dejé dos canastas de ropa sobre mi cama. Por lo que me estoy riendo que Kim esté usando esa ilustración.

Kim: No estoy diciendo que tengas que hacerlo todo siempre perfecto. No.

Holly: Pienso que en resumidas cuentas, y al tiempo que maduramos en Cristo, como lo hacemos todas, no importa dónde estemos en nuestras vidas—nuestro entendimiento, de lo que nos ha llamado a hacer, irá madurando también.

De manera que en la medida que estas cosas van aconteciendo en tu vida, si esas cosas son prioritarias, entonces Dios me llama a tomar mi cerebro que iba a ser un patólogo clínico del habla y aplicar esas cosas que Dios ha puesto en mi cabeza y convertirme en una estudiante de esto.

¿Cómo puedo hacerlo mejor? ¿Cómo establezco un horario?

Si tienes un montón de niños en tu casa, es muy difícil mantener y vivir en ella sin matar a alguien. Por lo que, algunas veces, significa que debo convertirme en una estudiante de la organización. Tengo que transformarme en una estudiante que sepa limpiar la casa.

Hay muchos recursos en la red hoy en día. Si sabes que no eres buena en eso y se convierte en una fuente continua de estrés, navega en Internet. Visita esas páginas web que te den ideas y trucos de cómo hacerlo.

Nancy: Acude a una mujer mayor que tú.

Kim: Eso mismo iba a decir. Hay una señora en nuestra iglesia, una mujer de Dios —ella fue viuda durante un tiempo y ahora está vuelta a casar— ella toma tu libro, “Una mujer conforme al propósito de Dios”, y lo estudia con muchachas recién casadas teniendo primero en cuenta el aspecto espiritual de todo.

Luego, ella les dice: “Ahora, yo voy a ir a sus casas y les voy a enseñar cómo limpiarlas y cómo preparar algunas comidas”. Y esto ha sido una bella experiencia—ver florecer todas estas muchachas en la práctica y en lo espiritual.

Holly: Es como dice Pablo en el Nuevo Testamento, “Las cosas que veas en mi, practícalas”. Es porque muchas de esas cosas no vienen a nosotras de forma natural. Tenemos que aprenderlas y practicarlas.

Mientras más nos rindamos ante Dios e implementemos esas cosas en nuestras vidas, menos esfuerzo requerirán. Son parte de lo que Dios nos ha llamado a hacer para nuestras familias.

Tenemos un adagio en nuestra casa y es que las personas siempre son más importantes que las cosas. Por lo que si me veo entre sentarme con un niño y escucharlo y lavar la ropa, lo más importante es sentarme con ese niño y escucharlo. Pero eso implica que quizás tengas que lavar la ropa tarde en la noche.

Pienso que debemos dejar que Dios nos proporcione un sentido del orden… Ahora bien, mi casa nunca se va a ver como la de Martha Stewart. Nunca va a estar totalmente ordenada. Y por lo que veo, nunca va a estarlo.

Por lo tanto, tengo que ser una mujer que acuda al Señor. Este tiempo con Dios es crítico, ya que tengo que sacar el tiempo para encontrarme con Él y decirle, “Dios, muéstrame lo que es importante para el día de hoy. Muéstrame lo que tiene que pasar para que podamos vivir en paz; dirígeme a lo largo del día”.

Si vas al Nuevo Testamento y le prestas atención a la vida de Cristo, verás que siempre está ajustando Su agenda durante del día. En algunas ocasiones, la agenda de Cristo cambió; Dios puso personas en Su camino o se sintió obligado a dar media vuelta y regresar a la multitud.

Algunas de ustedes, al igual que yo, tienen una multitud en sus casas. Es posible que Dios cambie las cosas y que terminen haciendo lo que no tenían intención de hacer para ese día en particular.

Es crítico para nosotras, las mujeres, ser lo suficientemente flexibles para escuchar al Señor y hacer lo que Él dice, teniendo en cuenta que las personas en nuestras casas son más importantes que las cosas que tenemos en ellas.

Carmen: Holly Elliff nos ha venido enseñando a establecer prioridades. Cuando alguna urgencia se presente, es reconfortante saber que puedes acudir a la Biblia. Eso te ayudará a priorizar tus responsabilidades.

La conversación de hoy entre Holly Elliff, Kim Wagner y —nuestra anfitriona— Nancy Leigh DeMoss, es parte de una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Te invitamos a visitar nuestra página web www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás escuchar algunos de los programas de esta serie que te hayas perdido. También podrás encontrar algunos interesantes recursos que te ayudarán en este llamado a ser mujer.

¿Qué efecto tendrá la hipocresía en nuestros hijos? Aprende a hablar palabras de vida frente a tus hijos y enséñales cómo hacer lo mismo cuando sintonices el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

A la Más Bella de las Flores , Alex Rodríguez

Voces adicionales:

• Holly Elliff, en la voz de Mildred Pérez de Jiménez.

• Kim Wagner, en la voz de Elba Ordéix de Reyes.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

3/4 – Jesús en medio de otros dioses

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“Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias” es una producción de RZIM y es un excelente recurso para los cristianos que anhelan entender la fe y testificar con inteligencia.

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