Pescador de hombres

Domingo 4 Octubre

Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador… Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.Lucas 5:810

Pescador de hombres

Lucas 5:1-11

Pedro había pescado en vano toda la noche con sus compañeros. Por la mañana, mientras limpiaba sus redes, Jesús se le acercó y le pidió que llevase su barca a aguas profundas y echase las redes. Pedro respondió: “Maestro… nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”. Creyó y obedeció lo que Jesús le dijo. Entonces atraparon tantos peces que las redes se rompían.

¿Pedro simplemente dio las gracias a Jesús y continuó su trabajo? ¡No! Algo profundo se produjo en su interior. Por medio de dicho milagro comprendió que este hombre, Jesús, al que los peces obedecían, era Dios mismo. Su conciencia fue alcanzada, supo que sus faltas lo hacían indigno de permanecer en la presencia de Jesús y le pidió que se alejase de él: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. Pero al mismo tiempo se echó a sus pies y reconoció su estado. Jesús no se fue, no lo dejó en esa situación, sino que le dijo: “No temas”, y dio la paz a su conciencia: Pedro supo que había sido perdonado. Era un hombre liberado, justificado.

La gracia de Dios va más lejos; no solo perdona, sino que enriquece. Jesús encomendó a su discípulo una misión espiritual: “Desde ahora serás pescador de hombres”. Pedro anunciaría el Evangelio y llevaría muchas personas a la fe: «pescaría» hombres. Dejando su actividad de pescador en el lago, se convirtió en un siervo de Dios; dejó todo para seguir a Jesús.

Leemos en Hechos 2:14 a 41 acerca de una gran “pesca” de hombres por Pedro guiado por el Espíritu Santo.

Amós 8-9 – Judas – Salmo 110 – Proverbios 24:19-20© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El combate cristiano (5): un escudo eficaz

Sábado 3 Octubre


Tenemos lucha… contra principados… contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Efesios 6:12


Resistid al diablo, y huirá de vosotros.
Santiago 4:7


El combate cristiano (5): un escudo eficaz


Entre las piezas que constituyen la armadura de Dios, el cristiano es invitado a tomar “sobre todo… el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16).

¿Cuáles son esos dardos? Son pensamientos que Satanás hace penetrar en nuestra mente, para llevarnos a dudar de Dios y de su Palabra.

Esos dardos son “de fuego”, lo cual hace que sean muy peligrosos. Un pequeño fuego, si lo dejamos propagar, puede provocar un gran incendio. Asimismo, si toleramos un pensamiento de duda, este nos lleva a otro, y puede conducirnos a un gran desconcierto. Necesitamos, pues, mucho ese escudo de la fe.

Tomar ese escudo significa creer a Dios sin reserva. Es responder firmemente, como Jesús cuando fue tentado por Satanás: “Vete, Satanás, porque escrito está” (Mateo 4:10). Es decir, como el apóstol Pablo en medio de la tempestad: “Yo confío en Dios” (Hechos 27:25).

Cristianos, a partir del momento en que un pensamiento de duda relacionado con la bondad de Dios, con su sabiduría, su justicia o su amor se presenta, rechacémoslo enérgicamente. Opongámonosle con el argumento de la fe: “Escrito está”.

No tratemos de discutir o refutar los argumentos de Satanás mediante nuestra propia sabiduría, pues el adversario es poderoso y la derrota segura. El escudo de la fe es la única arma eficaz contra los argumentos del diablo. Es un arma probada, segura, eficaz, infalible. Dios afirma que con ese escudo podremos “apagar todos los dardos de fuego del maligno”.

Amós 6-7 – Filemón – Salmo 109:20-31 – Proverbios 24:17-18
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En mi nombre

Jueves 1 Octubre


(Jesús dijo:) Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará… Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
Juan 16:23-24

En mi nombre

¿Qué significa pedir en el nombre de Jesús? (Juan 14:13-14). Es mucho más que mencionar su nombre al finalizar nuestra oración. Para poder orar en el nombre de Jesús, es necesario que el que ora conozca personalmente al Señor y pueda orar como de su parte, como si el Señor mismo hiciese la petición a Dios. La expresión «en nombre de» significa que hablamos o actuamos de parte de tal persona, es decir, actuamos en su lugar, según su voluntad.

Cuando Jesús estaba en la tierra, los discípulos oraban a Dios sin mencionar el nombre del Señor. Luego el Señor Jesús enseñó una nueva manera de orar: la oración al Padre en su nombre. Esta oración pone en evidencia la unión estrecha, íntima, del Señor con los creyentes. El Señor Jesús siempre hace la voluntad del Padre. Orando al Padre en el nombre de Jesús asociamos el Señor a nuestra petición, presentada como aprobada por él. Oramos para dar gracias a Dios, para buscar su voluntad y recibir la fuerza para obedecerle y honrarlo.

Mencionar el nombre del Señor no es una obligación, sino un privilegio, pues sabemos que recibimos todo de parte del Padre de nuestro Señor Jesucristo. Buscar su voluntad, esforzarnos en hacer lo que le agrada, debería caracterizar nuestra conducta para orar sinceramente en el nombre del Señor.

Una de las claves de la oración también es comprender que tenemos intereses comunes con el Padre y con su muy amado Hijo, mientras esperamos su regreso: la difusión del Evangelio, el consuelo y la edificación de los creyentes, el bien de su Iglesia.

Amós 3-4 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14
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Un vendaje improvisado

Miércoles 30 Septiembre


Curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.
Jeremías 6:14

El Señor… sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.
Salmo 147:2-3

Un vendaje improvisado

Al final del día me hice una profunda herida con el filo de una herramienta. Tenía prisa; una cura rápida debería bastar para proteger la herida… Pero pronto la infección se extendió bajo este vendaje improvisado.

A menudo sucede lo mismo en el ámbito espiritual. La herida hace referencia al pecado que nos alcanza a todos. Podemos vendarla ligeramente, para tratar de disciplinarnos y de escoger mejores orientaciones. También podemos confiar en una religión que promete una paz que descansa en diferentes creencias de ciertos jefes religiosos. O incluso podemos esforzarnos en olvidar el problema, al igual que una venda esconde una herida.

Pero el profeta Jeremías concluye: “No hay paz”. El remedio es incluso peor que el mal, pues favorece la propagación de la infección. Quizá tratemos de convencernos de que al final todo se solucionará: «Veamos, no soy peor que otro; el buen Dios seguramente terminará salvándome». Esta actitud tiene el gran inconveniente de estar en oposición a lo que declara la Palabra de Dios: “El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

La única manera de ser sanado, salvo, es depositar su confianza en Jesucristo, el divino médico del alma. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3).

Amós 1-2 – Tito 1 – Salmo 108:7-13 – Proverbios 24:11-12
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¡Vuelve!

Martes 29 Septiembre


Vuélvete… dice el Señor; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo… Reconoce, pues, tu maldad… Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros venimos a ti, porque tú eres el Señor nuestro Dios.
Jeremías 3:12-13, 22

¡Vuelve!

¿He desobedecido al Señor? ¿Me he alejado de él? ¿Una falta pesa en mi conciencia? Este urgente llamado de Dios se dirige a mí: ¡Vuelve!

Volver es la única solución, sea cual sea la gravedad de la falta que me agobia. Volver a Dios significa reconocer ante él mis errores y juzgar su origen. Puedo volverme a Dios mediante la oración, la lectura atenta de su Palabra, y quizá con la ayuda de cristianos.

A veces pensamos que el amor de Jesús depende de nuestro amor por él; y tememos volver a él cuando le deshonramos. Nos imaginamos que Dios está enojado contra nosotros y que debemos rescatarnos mediante nuestro arrepentimiento o por medio de obras. ¡Es un error! Dios nos ama, independientemente de lo que hayamos hecho. Puede estar triste por nuestra conducta, pero nunca irritado.

¿Qué espera de nosotros cuando cometemos una falta? Que la reconozcamos comprendiendo que Cristo ya sufrió para que seamos perdonados. Podemos volver a él inmediatamente, con humildad y confianza. Él siempre nos espera. Cuanto más tiempo estemos alejados de él, más difícil será nuestro retorno. ¿Por qué? Porque si permanecemos en ese estado, nuestra conciencia se embota y nuestro corazón se endurece.

El objetivo de Satanás, el enemigo, es que pasemos a la ligera nuestras faltas, o, al contrario, nos hace creer que todo está perdido. Así logra su objetivo: que no volvamos a tener una buena relación con Dios.

Lamentaciones 5 – Filipenses 4 – Salmo 108:1-6 – Proverbios 24:10
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¿Los astronautas son héroes?

Lunes 28 Septiembre


Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?
Salmo 8:3-4

¿Los astronautas son héroes?

Los astronautas son seleccionados con un cuidado especial: deben pasar innumerables exámenes y efectuar un entrenamiento extremo. Cuando están en el espacio, a menudo tienen que enfrentarse a situaciones críticas. Pero el extraordinario espectáculo que pueden contemplar recompensa todos sus esfuerzos.

El astronauta americano James Irwin (1930-1991) escribió sus impresiones en un libro, después de su misión en la luna en el año 1971 con el Apolo 15. En el prefacio escribió: «Este vuelo, en el que vi la tierra flotar en las profundidades negras del universo como una hermosa y frágil decoración de navidad, dio un giro decisivo a mi vida».

Luego dice claramente que su libro no es la autobiografía de un héroe, ni el elogio de la aventura y del triunfo de la tecnología. No, explica el astronauta, es la historia de una vida. En él describe las decepciones, las crisis, las tristezas… Es sobre todo un documento concerniente a la relación entre Dios y el hombre, en este caso James Irwin. Es la historia de un hombre que recibió mucho de parte de Dios, dones y bendiciones especiales. Pero también sabe reconocer la paciencia con la que Dios lo atrajo hacia él cuando pasó por momentos difíciles en su vida.

En este libro Irwin expresa el deseo de que sus lectores estén atentos a la dirección que Dios quiere dar a sus vidas, y al amor que tiene por cada uno de ellos.

Pocas personas han viajado al espacio, pero todo hombre puede ir a Dios por medio de Jesucristo.

Lamentaciones 4 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9
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¿Podemos comprender todo?

Domingo 27 Septiembre


Esto decía (Jesús) para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
Juan 6:6

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
1 Pedro 5:7

¿Podemos comprender todo?
Juan 13:1-17

Un día Jesús lavó los pies de sus discípulos. Para Pedro era absolutamente incomprensible ver a su Maestro cumplir una tarea que normalmente solo hacían los siervos. Por ello se negó rotundamente a dejarse lavar los pies. Entonces el Señor pronunció estas palabras que deberían haber acabado con los razonamientos de Pedro: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”.

Los pies nos hablan del andar en un mundo donde todo está contaminado. Pues bien, el Señor se ocupa de nosotros y lava nuestros pies; es decir, quita con gran cuidado, con un cuidado continuo, la suciedad que se adhiere a nuestros pies a fin de que nuestra comunión con él no sea interrumpida. ¿Y cómo lo hace? Él puede utilizar su Palabra, su Espíritu, o una prueba si no hay otro medio.

Entre las cosas que el Señor ha hecho en nuestra vida, hay muchas que no comprendemos. Preferimos verlo actuar claramente, con poder, pero cuando la tempestad se levanta y parece que Jesús no quiere detenerla, ¿sabemos dominar la duda, la incertidumbre? ¿Podemos afirmar nuestra confianza absoluta en Dios, nuestra entrega incondicional a él, cuando ya no entendemos nada?

Corremos el peligro de hacer como Pedro: seguimos debatiéndonos en nuestras reflexiones, en nuestras incomprensiones. Y en vez de someternos, nos oponemos a la voluntad de Dios.

¿Es necesario saber todo para confiar en el Señor? No, solo descansemos con fe en él. Él nos ama, y sabemos que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

Lamentaciones 3 – Filipenses 2 – Salmo 107:23-32 – Proverbios 24:7
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El combate cristiano (4): un testimonio

Sábado 26 Septiembre


El Señor va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.
Deuteronomio 31:8

No temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
Josué 1:9

El combate cristiano (4): un testimonio

«Era mi primer puesto de trabajo después de terminar mis estudios. Días más tarde mi jefe me dijo que iba a trabajar con una nueva herramienta informática cuyo nombre me parecía muy inconveniente y grosero para un cristiano. Después de haber hablado con un amigo y orado con él, tomé la decisión de decirle a mi jefe que no podía trabajar con ese programa, incluso si por ello tenía que dejar mi puesto de trabajo. Su secretaria me puso una cita para las cuatro de la tarde. Pero pasado el mediodía, supe que una joven cristiana conocida había perdido la vida en un terrible incendio. Ya desanimado, esta noticia me dejó destrozado. Pero aún pude suplicar al Señor antes de ir a hablar con mi jefe. Le expliqué mi decisión. Hizo una llamada telefónica y puso fin a nuestra conversación. ¡Una hora más tarde vino a decirme que el programa tenía un nuevo nombre!

¡Qué respuesta y tranquilidad recibí! Sin embargo, lo más importante fue la lección que el Señor me enseñó en esta circunstancia: cuando tomamos una decisión debido a nuestra fe, Satanás se opone y trata de asustarnos. Muchas cosas sorprendentes, a veces incluso espantosas, surgen ante nosotros como obstáculos infranqueables. Debemos permanecer firmes, avanzando humildemente con la ayuda del Señor, a pesar de todo. En esos momentos solo hay un camino seguro: permanecer sereno cerca del Señor en oración, pensar en su victoria y verlo a la diestra de Dios. No olvidemos que él tiene poder para tocar los corazones (Proverbios 21:1)».

(continuará el próximo sábado)

Lamentaciones 2 – Filipenses 1 – Salmo 107:17-22 – Proverbios 24:5-6
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¿Para quién es el paraíso?

Viernes 25 Septiembre


El hombre no es justificado… sino por la fe de Jesucristo.
Gálatas 2:16

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
Efesios 2:8

¿Para quién es el paraíso?

Muchas personas se hacen una imagen muy personal de la gracia de Dios. Para ellas la salvación se obtiene haciendo buenas obras, complementadas con un poco de gracia. Se imaginan un paraíso lleno de buenas personas que alcanzaron el mínimo exigido por «ese buen Dios», mientras el infierno lógicamente está reservado para los que son claramente pecadores.

Agradezcamos a Dios porque esas suposiciones son falsas y no tienen nada que ver con la realidad que enseña la Biblia. Si esas ideas correspondiesen a la realidad, ¿podríamos algún día estar seguros de haber alcanzado ese «mínimo» aceptable por Dios? A los ojos de nuestros semejantes quizá demos buena impresión, pero ¿qué vale nuestra reputación tan pronto como nos colocamos ante la presencia de Aquel que sondea los corazones? Cuando se halló frente a Dios, el joven Isaías, quien hasta entonces había tenido una opinión bastante buena de sí mismo, tuvo que exclamar: “¡Ay de mí! que soy muerto” (Isaías 6:5).

La gracia de Dios está reservada precisamente para los que reconocen que son culpables y que están perdidos. Jesús mismo declaró que no había venido a llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores (Lucas 5:32). ¿Qué justicia podía hacer valer el malhechor a quien Jesús prometió el paraíso el mismo día? ¡Por supuesto que ninguna!

La Biblia afirma: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Lamentaciones 1 – 2 Corintios 13 – Salmo 107:10-16 – Proverbios 24:3-4
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La verdad de Dios que tanto buscaba (2)

Jueves 24 Septiembre


Creí; por tanto hablé.

Salmo 116:10

Que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

1 Corintios 2:5

La verdad de Dios que tanto buscaba (2)

«A medida que pasaban los meses me di cuenta de que me preocupaba demasiado por mi familia queriendo encontrar siempre las soluciones, y que de este modo me cargaba con los pequeños y grandes problemas de cada uno. También quería que todos hallasen la salvación en Jesús, ¡costase lo que costase! Pero Dios me interpeló: ¡Ten cuidado, quieres tomar mi lugar al sentirte responsable del futuro de cada uno de los tuyos! Así no conseguirás nada. Deja todo en mis manos, incluida tu familia. ¡Vuelve siempre a mí y pídeme consejo!

Antes trataba de probar, de demostrar. Luchaba con todas mis fuerzas para llevar a la gente a la salvación. Pero el Evangelio no es un conjunto de reglas como el código de tránsito, ni el resultado de demostraciones humanas. Es la buena nueva del don de Dios. No se puede comparar con las religiones que mandan hacer buenas obras pero no conocen la compasión, el amor, la ternura, la piedad ni la justicia.

Acercándonos a Dios recibimos de él la fuerza y las palabras que tocarán el corazón de los demás. Solo por la fe en Jesús podemos acercarnos a Dios y entrar en su reino. Con esta confianza en la gracia y en el poder de Dios, oro para que cada miembro de mi familia conozca la salvación en Jesús.

Una de mis hermanas, que era depresiva, estaba muy angustiada. Le hablé de Jesús, creyó en él y halló la paz. Ahora podemos orar juntas y somos felices».

Rosa

“Todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:8).

Jeremías 52:17-34 – 2 Corintios 12 – Salmo 107:1-9 – Proverbios 24:1-2

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