Andar en la noche

Martes 25 Agosto
El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre del Señor, y apóyese en su Dios.
La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
Andar en la noche

En la epístola a los Romanos el apóstol Pablo nos dice que la vida cristiana puede compararse a un paseo en la noche, mientras esperamos el día. El amanecer está más cerca que cuando comenzamos este recorrido. Sin embargo, todavía no ha amanecido. Mientras tanto, debemos confiar en Dios para llegar sanos y salvos a nuestro destino. No podemos ver hasta el fin el camino que tenemos por delante, pero la Palabra de Dios es una lámpara a nuestros pies (Salmo 119:105), y confiamos en que Dios nos llevará a nuestro destino, porque “por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). «La fe consiste en dar el primer paso, incluso si no se ve la escalera completa», dijo Martín Luther King.

La Biblia no pretende explicar cada aspecto de nuestra vida. Sin embargo, sabemos que Dios estará con nosotros a lo largo de nuestra existencia (Salmo 23). La presencia del Señor en nuestra vida vale más que una explicación detallada de todo. ¿Cómo podríamos nosotros, siendo simples criaturas limitadas, esperar tener una comprensión total de nuestra situación?

Cristianos, andamos por un sendero que nos conduce al cielo. Pero no estamos solos: Jesús nos precedió. Él alumbró el camino y nos acompaña en nuestro viaje, en cada etapa del recorrido. Incluso cuando atravesamos momentos difíciles, él está con nosotros. Tal vez no captemos todos los detalles del viaje, pero sabemos que él está con nosotros, a nuestro lado, en nuestro progreso.

M18 – Deléitate en tus hijos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M18 – Deléitate en tus hijos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/deleitate-en-tus-hijos/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss : Escucha, mamá. Cuando tu hijo te envía correos electrónicos o te llama o te deja una nota y te dice, “Te amo, mamá,” ¿es significativo para ti? Lo es. ¿Crees que no es significativo también para tus hijos?

Diles a ellos antes de colgar el teléfono que los amas. Tan solo piensa, si esta fuera la última llamada que recibieras, ¿tendrías remordimientos? O, ¿habrías dicho lo necesario o lo suficiente de forma que estés segura que dijiste lo que era necesario haber dicho?

Carmen: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demos en la voz de Patricia de Saladín.

La Carta a Tito, capítulo 2, tiene mucho que ofrecerte como mujer. Hemos estado descubriendo las riquezas de este pasaje en una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer. Nancy retoma el tema en Tito 2.

Nancy: Hemos estado hablando en las últimas semanas sobre cómo las mujeres más jóvenes deben aprender a amar a sus esposos. Hoy veremos la próxima frase, que dice: “que enseñen a las jóvenes a que amen a sus hijos”(ver versículo 4).

Mientras estaba estudiando para preparar esta sesión, me encontré con un artículo en el internet. Fue escrito por una madre que tiene seis hijos, y fue titulado, “¿Estás pensando en tener hijos?”. En ese artículo ella da varias lecciones.

Lección 1: Si estás pensando en tener hijos….

● Ve al supermercado.

● Haz los arreglos para que el salario de tu esposo sea pagado directamente a sus oficinas principales.

● Ve a tu casa. Toma tu revista favorita.

● Léela por última vez.

Lección 2: Para descubrir cómo serán las noches. . .

● Camina por la sala desde las 5 de la madrugada hasta las 10 de la noche cargando una bolsa o un bulto mojado que pese aproximadamente de 8-12 libras, con un radio encendido en estática (o algún ruido molestoso) con un alto volumen.

● A eso de las 10 de la noche , coloca la funda en el suelo, pon la alarma para la medianoche y vete a dormir.

● Levántate a las 12 y camina alrededor de la sala otra vez, con el bulto, hasta la 1de la madrugada.

● Pon la alarma para las 3 de la madrugada.

● Como a este punto no te puedes volver a dormir, levántate a las 2 de la madrugada y atraca la nevera.

● Vete a la cama a las 2:45 de la madrugada.

● Levántate a las 3 cuando se dispara la alarma.

● Canta canciones en la oscuridad hasta las 4.

● Levántate y haz el desayuno.

● Mantén durante 5 años.

● Luce alegre.

Lección 3: Vestir niños pequeños no es tan fácil como parece.

● Compra un pulpo y un bulto pequeño hecho de malla flexible.

● Intenta colocar el pulpo dentro del bulto de manera que ninguno de sus brazos quede fuera.

● Dispón de tiempo para esto—toda la mañana.

Lección 4:

● Toma un cartón de huevos. Usa un par de tijeras y una lata de pintura y conviértelo en un caimán.

● Luego, toma el tubo de cartón de un rollo de papel higiénico y usando solo cinta adhesiva y un pedazo de papel aluminio, conviértelo en una atractiva vela de navidad.

● Por último, toma un cartón de leche, una bola de ping-pong, y un paquete vacío de cereal y haz una réplica de la Torre Eiffel.

Lección 5: Compra una mini-van. Y no pienses que puedes dejarla en la marquesina sin ninguna mancha y reluciente. Los carros familiares nunca lucen así.

● Compra una barquilla de helado de chocolate y colócalo en la gaveta delantera del carro y déjalo allí.

● Consigue una moneda de diez centavos y métela en la casetera.

● Toma un paquete de galletas de chocolate de tamaño familiar y aplástalo en el asiento trasero.

● Pasa un rastrillo de jardín por ambos lados del carro. Ya. Perfecto.

Lección 6:

● Vacía un melón.

● Haz un hoyo pequeño en un lado.

● Suspéndelo desde el techo y mécelo de lado a lado.

● Ahora, consigue un tazón de hojuelas de maíz ya empapado de leche e intenta meterlo con una cuchara en el melón que está siendo columpiado de lado a lado pretendiendo que es un avión.

● Continúa haciendo esto hasta darle por lo menos la mitad del tazón de hojuelas de maíz.

● Voltea la mitad del tazón sobre ti. La otra mitad, simplemente lánzala al aire.

Ahora estás lista para alimentar a un bebé de nueve meses.

¿Te suena familiar?

Las ancianas deben entrenar y enseñar a las más jóvenes a amar a sus hijos, de acuerdo a lo que nos enseña Tito 2:4. Esta frase amar a sus hijos, en el griego, en el idioma en que fue escrito originalmente este texto, es una sola palabra. Pero en realidad una combinación de dos palabras que componen o forman una palabra compuesta.

La primera palabra es la palabra philos, la cual es la palabra para amigo; la segunda palabra es teknon, que la palabra para hijo. Es la persona que aprecia a los niños, un amante de los niños, que los disfruta.

Durante las próximas sesiones, queremos hablar sobre algunas cosas simples y sencillas. De nuevo, les reitero que no tengo hijos propios, por lo tanto no soy ninguna experta en este tema; pero quiero animar a aquellas de ustedes que son madres, o están pensando en serlo, aquellas con el corazón de Dios para sus hijos.

La idea de amar a los hijos. . .mientras meditaba sobre esto durante los últimos días, entiendo que parte de amar a los hijos incluye el concepto de deleitarse en ellos. Sé que mucho de la maternidad es parecido a lo que recién leímos, el tener que alimentarlos en la madrugada, los desórdenes en el carro familiar, las muchas distracciones y disturbios y las cosas que hacen que la maternidad sea difícil.

Pero veo muchas madres que pierden la perspectiva sobre el hecho de que los hijos son una bendiciónPuedo ver como eso ocurre, y por eso precisamente es que necesitamos estos tiempos para animar y recordarnos unas a las otras que realmente ellos son algo en lo que debemos deleitarnos.

¿Qué significa deleitarse en los hijos? Y, ¿cómo lo puedes hacer? He aquí varias ideas que pueden serles útiles a ustedes.

La primera tiene que ver con el concepto de tener hijos—el deseo, la voluntad de tenerlos, de recibirlos como bendiciones y regalos de parte del Señor. Pienso que saben que vivimos en una cultura que considera a los hijos como una carga o como una molestia.

Bueno, si vamos a tener el requisito de tener uno punto y tanto de hijos (1.? – una estadística), nadie te va a molestar mucho; pero ahora que estás esperando tu tercer o cuarto hijo o —¡ni lo quiera Dios!— tu quinto o sexto hijo, de seguro ya empiezas a recibir comentarios, ¿verdad? Y los puedes recibir aun dentro de la iglesia. (Las mujeres han compartido que les es difícil aún anunciar que van a tener otro hijo.)

Y eso no es la actitud que nos enseña la Palabra. Dondequiera que leemos sobre los hijos en las Escrituras, o sobre tenerlos, leemos que son una bendición. Son un regalo. Un privilegio.

Pienso en aquel pasaje familiar en Salmos 127 que dice, “He aquí, herencia de Jehová son los hijos” (verso 3). Escuchen a las palabras usadas para describir a los hijos: Ellos son “una herencia”. Ellos son “del Señor”. “El fruto del vientre es una recompensa”. Es un beneficio. Es algo positivo. “Como flechas en las manos del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud” (versículo 4).

¿Qué sería de un guerrero sin municiones o armas? Estaría indefenso. No podría pelear en la batalla. Las flechas son esenciales en las manos de un guerrero. Los hijos son esenciales en el plan y en el programa de Dios para la propagación del Evangelio y para la representación del corazón de Dios y de Sus caminos en este mundo.

Esta no es una opción. No es una idea recién inventada, aunque haya muchos países en el mundo que están teniendo hijos a un ritmo tan lento que ni siquiera están reemplazando su población, y los Estados Unidos están actualmente acercándose a esta estadística, donde ni siquiera estamos teniendo suficientes hijos para reemplazar nuestra población.

Permítanme ir nuevamente al Salmo 127. El versículo 5 dice, “Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba; ¡no será avergonzado cuando hable con sus enemigos en la puerta!” Bienaventurado, bendecido. Este es un privilegio y una bendición.

Ustedes ven esto también en el Nuevo Testamento. En Mateo capítulos 18-19, vemos dos incidentes seguidos uno detrás del otro donde Jesús habló acerca de los niños. Y se puede ver el corazón de Jesús para ellos.

Leemos ese pasaje acerca de los niños que llevaban a Jesús para que Él los bendijera, y algunos de esos discípulos más “espirituales” y moralistas estaban un poco molestos. “¡Este no es el tiempo para niños!”

Pero Jesús dijo, en efecto, “Este es el tiempo para los niños, porque el reino de Dios está hecho de personas que tienen la fe y la humildad de los niños. Valoren a los niños. No los despidan ni los dejen de lado. Dejen que ellos vengan a Mí”.

Jesús detiene lo que Él está haciendo—Jesús, el hijo de Dios, quien debe cumplir el plan de redención en tres años. Él se detiene. Él toma a los niños en Su regazo, y Él los bendice.

Aquellos que no tienen nada para ofrecerle, pero Él los ama. Él los bendice. Bendice a sus padres. Los reconoce. No los considera como una carga. Los recibe, y yo veo en el corazón de Jesús cómo debe ser nuestro corazón por los niños.

Así que deleitarte en tus hijos, amar los niños significa, primero que todo, simplemente la voluntad y el deseo de tener hijos, de la forma y en el tiempo que Dios nos los da y de la forma como nos dirige hacia esa decisión. Esto es una forma de pensar muy en contra de la corriente y de la cultura en este mundo de hoy.

Puede sonar muy extraño para ti, y puedes estar pensando si yo he perdido la razón hablando de esta manera. Pero quiero estimularte y animarte a que vayas a las Escrituras y preguntes, “¿Qué dicen las Escrituras sobre los hijos?”

Estuve hablando con una mujer que conocí recientemente, quien tiene ocho hijos, y le pregunté, “¿Cuando tú y tu esposo se casaron, pensaron que tendrían muchos hijos?”

Ella dijo, “No. Nosotros teníamos la mentalidad del mundo, y cuando nos casamos, decidimos que no tendríamos hijos durante un cierto periodo de tiempo, y haríamos lo que fuera necesario para que no ocurriera.” Y ella habló un poco sobre su peregrinaje. Yo le dije, “Bueno, y ¿cómo terminaste teniendo ocho hijos, y por qué?”

Y ella me contestó, “Tú sabes, en la medida que Dios comenzó a traer hijos a nuestras vidas, comencé a ir a las Escrituras y preguntaba, ‘Cuál es la perspectiva de Dios sobre los hijos?’ Donde quiera que iba en la Palabra de Dios, decía que los hijos son una bendición.”

Ella dijo, “Si Dios hubiera querido darme cualquier otra clase de bendiciones, como cheques por miles de dólares, por ejemplo, yo no le hubiera dicho después de haber recibido unos cuantos de esos cheques, ‘Señor, no más bendiciones. Tengo demasiadas bendiciones, no puedo manejar más bendiciones de Ti.’”

“Hubiera recibido con brazos abiertos esas bendiciones. Así que comencé a darme cuenta que realmente no estaba viendo a los hijos como bendiciones y regalos directamente de parte del Señor.”

Ahora, deleitarte en tus hijos significa disfrutarlos, no solamente cumplir con tu responsabilidad de cuidarlos. Verán, cuando Dios inspiró a Pablo para escribir estas palabras a Tito, creo que él sabía que la mayoría de las madres iban a ser responsables de cuidar a sus hijos.

Es decir, hay muy pocas madres, aun las muy malas, que no cumplen con las cosas básicas que se requieren para que sus hijos sobrevivan. Pero yo creo que el Señor también sabía que las madres podrían muy fácilmente quedarse inmersas en las responsabilidades prácticas del día a día de la maternidad, y ellas podrían olvidar lo que realmente significa amar a sus hijos; ellas necesitarían que se les recordara que deben disfrutar a sus hijos, que deben atesorarlos.

Por supuesto, hay un tiempo cuando tú los amas de manera natural—cuando te ponen en tus brazos ese bebé por primera vez. He escuchado madres hablar sobre ese amor tan intenso que Dios pone en sus corazones por ese pequeñito, aun después de 32 horas de dolorosa y difícil labor de parto, o luego de una cesárea.

No importa lo que esa madre haya tenido que pasar —un horrible embarazo, un parto difícil, lo que sea que haya sido— cuando le ponen ese pequeñito en sus brazos, hay algo que Dios ha puesto ahí que sale y hace que ames a ese niño.

Pero, esos sentimientos naturales no duran para siempre, y vendrá el tiempo cuando será más difícil amar a esos hijos. Está ese infante que llora constantemente; ese bebé con cólicos que es difícil, más inquieto; y tú estás más cansada, y tú dices, “No estoy tan segura que esto sea una gran bendición”.

Y también están esas etapas cuando estás entrenando, y hay un preescolar que hace malacrianzas, no es tan fácil amarlos en ese momento— o un niño de seis años que se queja constantemente o ese adolescente irrespetuoso que está probando los límites y tu paciencia.

Y también sé de muchas madres que están lidiando con hijos adultos que son difíciles de amar. Que han roto su corazón. Que han hecho malas, y necias y tontas decisiones, que hasta te han avergonzado.

Y el instinto natural y de la carne, en cualquiera de estas diferentes etapas, es convertirte en una mujer irritada o impaciente, herida, amargada; y que esa amargura se convierta en egoísmo, en resentimiento y en sentimientos de autocompasión.

Algunas de esas madres hasta llegan a caer en patrones de abuso o negligencia, y algunas veces hasta les hacen daño a sus hijos. Estas semillitas de resentimiento y amargura pueden realmente convertirse en algo bien peligroso si no son atendidas y si no permites que Dios reemplace esos sentimientos con Su amor.

Ahora, mientras hablamos sobre disfrutar a los hijos, permítanme decirles que esto no solamente es para aquellas que tienen hijos naturales. Creo que esta es la mentalidad que necesitamos tener en el cuerpo de Cristo. Aun aquellas de nosotras que somos solteras y no hemos tenido hijos podemos amar a los hijos de las otras personas. Eso es parte de pertenecer al cuerpo de Cristo.

Podemos hacerlo con sobrinos y sobrinas y los niños en la iglesia, tomarlos en cuenta, involucrarnos con ellos, orar por ellos— y creo que como solteras, hay un enorme servicio que podemos hacer en el cuerpo de Cristo, poniéndonos al lado de los padres y alentando sus hijos.

Algunas veces podemos ser otra voz en la vida de esos niños, de esos hijos, de tal forma que podamos ayudarlos a oír esas cosas difíciles en tiempos que tal vez se les haga difícil escucharlo de sus propios padres.

También tenemos la importancia de expresar afecto y deleite por tus hijos. Es la misma cosa que dijimos antes sobre animar a los esposos. No es suficiente que lo pienses o que lo sientas. Necesitas decirlo.

Díselo. Exprésalo a tus hijos. Diles que los amas. Que te deleitas en ellos. Habla con los demás de ellos. Esta es la forma como Dios ama a Sus hijos.

¿Recuerdan en el bautizo de Jesús cuando Dios el Padre habló desde el cielo para que todo el mundo lo pudiera oír? “Este es mi hijo amado, en quien me he complacido” (Mateo 3:17). Exprésalo a tus hijos.

Pienso en cómo Dios ama a Su pueblo. Recuerdo en uno de los profetas del Antiguo Testamento donde Dios dice, “Cuando Israel era un muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo” (Oseas 11:1). Hay un Dios quién se deleita en Sus hijos, y Él lo dice. Él lo expresa.

Amigas, sé que esto suena muy elemental, pero creo que cuando nos distraemos y nos desenfocamos con todas las cosas que suceden en la vida, es muy fácil olvidarlo. ¿Puedo simplemente animarte a decirles frecuentemente a tus hijos?

● “Te amo.»

● «Estoy orgullosa de ti.»

● «Doy gracias a Dios por traerte a nuestra familia.”

No te canses de decirlo, no lo puedes decir suficientes veces. ¿Se lo has dicho hoy a tus hijos? Díselo, no importa la edad que tengan. No esperes que sea muy tarde. No sabes cuánto tiempo te queda. No esperes hasta que estés frente a un ataúd y no es una amenaza. Solo digo que el tiempo es corto.

No te distraigas alistando a tus hijos para el colegio y para la práctica de fútbol y para las clases de piano, de manera que te olvides de decirles que los amas.

Díselo cuando lo saludes en la mañana. Díselo cuando le dices las buenas noches. Díselo cuando lo mandes al colegio o a la práctica de béisbol.

Escríbele notas. Tengo notas de mis padres, de ambos, las cuales atesoro. Estuve leyendo una de esas notas anoche, una que mi papá me escribió cuando cumplí mis 16 años, una hermosa carta.

Y hoy en día, tal vez no estés en eso de escribir notas. Sin embargo, tengo un hermano quien tiene tres adolescentes, y él dice que como en estos tiempos los muchachos escriben tan poco —porque ahora todo es mediante correos electrónicos o mensajes de texto— que recibir una nota de sus padres se convierte en una cosa muy importante.

Pero si lo tuyo no es escribir notas, hazlo enviándoles un correo electrónico, o envíales un mensaje de texto. Diles que estás pensando en ellos, que los amas. Ellos pudieran actuar como que eso no significa nada importante para ellos, pero les garantizo, que sí, sí es importante para ellos.

Escuchen, madres. Cuando tu hijo te llame o te envíe un correo electrónico, o un mensaje de texto, y te diga, “Te amo mamá,” ¿es eso significativo para ti? Lo es. Entonces, ¿no crees que es significativo para ellos también?

Díselo antes de colgar el teléfono. Solo piensa, ¿si esa fuera la última llamada que hicieras, tendrías remordimiento? O por el contrario, ¿habrás dicho lo suficiente para que tengas la seguridad que dijiste lo que era necesario haber dicho?

Díselo. Diles, “Te amo. Te amo.” No importa cuántas veces. Quieres que esas palabras resuenen en los oídos de tus hijos, que los amas, que te deleitas en ellos, expresándoles tu afecto de manera activa y abierta.

Y entonces, mientras te deleitas en tus hijos, por supuesto eso implica que ellos tienen una prioridad enorme en tu vida—no primero que tu esposo, pero sí en segundo lugar después de tu esposo: Ellos requieren tiempo y enfoque, atención y esfuerzo.

Dirás, “Bueno, por supuesto. Dedico mucho tiempo. Soy madre. Eso es lo que las madres hacen. Ellas pasan mucho tiempo con sus hijos.”

¿Amas a tu esposo y a tus hijos más de lo que amas a tus amigas y a tus intereses externos? ¿Los amas más que tu trabajo?

Ahora, puede que no ames tu trabajo, pero tal vez tu trabajo demanda tanto de ti que no tienes el tiempo ni la energía ni el esfuerzo para invertirlo en tus hijos y tu esposo. Entonces, necesitas evaluar, “¿Están mis prioridades desbalanceadas? ¿Están las cosas en orden en mi hogar?”

¿Estás más comprometida con darle prioridad a tus hijos por encima de tus amigos? Necesitas ser un amigo de tus hijos. Más que un amigo, pero necesitas desear estar con ellos, ser afectuoso con ellos. Es por esto que este concepto de amar a tus hijos está aquí en Tito capítulo 2.

Recuerden lo corto del tiempo, y vivan en el presente. En este momento. Saca el mayor provecho de este momento presente, en el que estás viviendo con tus hijos. No pierdas las alegrías que puedes tener y disfrutar de este tiempo y de las oportunidades que Dios te está dando por ser impaciente con el futuro.

¿Acaso no es común en nosotros estar ansiosos para que llegue la próxima etapa que aún no ha llegado? “Si tan solo pudiera lograr que este niño aprenda a ir al baño solo. Si solo este niño estuviera en kindergarten. Si tan solo este niño pudiera aprender a leer”.

No estés siempre deseando y anhelando que llegue la próxima cosa, la próxima etapa, olvidando las alegrías y oportunidades de esta temporada de tu vida.

Ahora, esta etapa tiene retos también y no quiero sonar como que la paternidad no tiene grandes retos. Creo que las madres son las empleadas peor pagadas, menos apreciadas, y menos valoradas en la faz de la tierra.

Solo digo, “¡Una ovación a ustedes madres!” Lo que ustedes hacen es un arduo, arduo trabajo, y por eso digo, “Gracias a ustedes. Gracias por ser fieles.”

Pero en medio de ser fieles, no pierdan el gozo de su llamado y de la oportunidad de realmente disfrutar los hijos que Dios les ha dado.

En el Salmo 113:9 Dios dice, “Hace habitar en casa a la mujer estéril, gozosa de ser madre de hijos. ¡Aleluya!”

¿Eres una madre alegre? Esta mañana antes de salir de tu casa, ¿fuiste una madre contenta? Y no estoy diciendo que cada momento es un momento alegre. Pero en general, ¿te ven tus hijos como “una madre gozosa sobre sus hijos”?

Hay momentos difíciles. Hay momentos cuando ser padre te hace postrarte de rodillas, te hace que te salgan lágrimas.

Y no deseo ser insensible al hecho de que estas temporadas existen. Pero por encima de todo, debe estar el gozo de Cristo en estos hijos que Dios te ha dado, y el privilegio que es el criarlos para Él.

¿Te deleitas en tus hijos? ¿Ves tus hijos como bendiciones? No solamente a los niños en general, sino a tus hijos —¿los ves como una bendición, como un regalo de parte del Señor? O, ¿será que tal vez has perdido de vista del privilegio que es tener hijos?

Tal vez quieras detenerte ahora mismo por un momento y decir, “Señor, gracias. Gracias por el privilegio de ser una madre”.

“Sí, es difícil, y sí, mis hijos están pasando por algunas cosas difíciles en este tiempo que hace que se me rompa el corazón. Pero Señor, es realmente un privilegio, tener todos estos pequeñitos que me hacen este desorden en la casa, y aun con todos los retos que trato de resolver. . .”

Hablé con una madre el otro día que tiene un montón de hijos—muchos—y ella ama ser mamá. Ella ama a sus hijos. Y ellos los están educando en su casa, y hay mucho que hacer todo el tiempo.

Y ella me dijo, “Es realmente difícil sobrevivir cada día.” Ella tiene hijos buenos, y ella tiene un corazón para hacer lo que está haciendo, pero ella necesita del Señor cada día para que Él le de la fuerza y la valentía y la fe y el gozo para perseverar.

Ella no quiere rendirse. Ella no va a rendirse, pero ella necesita que el Espíritu Santo la llene con gozo en ese llamado y en esa tarea.

¿Les estás diciendo a tus hijos frecuentemente que los amas, que te deleitas en ellos? ¿Los estás afirmando verbalmente? “Este es mi hijo amado, en quién me he complacido.”

Carmen: Cuando andes corriendo de una actividad a otra, tratando de llenar bocas hambrientas y contestando preguntas que no tienen fin, puedes olvidar el gran panorama de lo que verdaderamente se trata la maternidad.

Mientras te encuentras en medio de las actividades diarias, permíteme invitarte a que te enfoques en el rol y propósito que te ha dado Dios como madre. ¿Alguna vez te has sentido usada y sin nada que ofrecer a tus hijos ni a nadie? Nancy te ayudará a lidiar con esos momentos en nuestra próxima entrega.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

No hay cambio

Lunes 24 Agosto
Se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.
No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno.
No hay cambio

Un director de televisión se expresaba así, con motivo de una nueva difusión: «Es una serie genial, llena de violencia, de sexo… Y lo más extraordinario es que eso apasiona a todo el mundo, a las personas de setenta años como a los jóvenes. ¡Una verdadera joya para un canal de televisión comercial!».

Esta declaración es significativa. Confirma que la humanidad no ha cambiado desde los días en que Dios decidió juzgar la tierra mediante el diluvio, debido a la violencia y la corrupción de la sociedad de entonces. Miles de años más tarde el hombre se felicita por ganar dinero explotando esas mismas inclinaciones del hombre. Definitivamente no hay cambio. La Biblia emplea una palabra terrible respecto al corazón del hombre: ¡perverso! (Jeremías 17:9).

¡Pero Dios tampoco cambia! Ante sus ojos el mal sigue siendo mal, y debe ser castigado: “Ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó” (Hechos 17:31). Este hombre es Jesús, su Hijo, enviado del cielo como un mensajero de amor, pero rechazado por los hombres, quienes incluso lo hicieron morir en una cruz. Dios lo resucitó y le confiará la ejecución del juicio, en una fecha que solo él conoce. Mientras tanto, “el Señor… es paciente… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Es tiempo para que cada persona tome conciencia de la inminencia del juicio. Es urgente ponerse bajo el abrigo aceptando la gracia ofrecida por Dios mediante la fe en Jesucristo.

Cuéntele todo

Domingo 23 Agosto
Esperad en él en todo tiempo… derramad delante de él vuestro corazón.
Le contaron todo.
El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?
Cuéntele todo

Un padre de familia llevó su hijo, atormentado por un espíritu malo, a Jesús y le suplicó por él. “¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?”, preguntó Jesús. Entonces el padre dio todos los detalles: desde su infancia, este joven era atormentado por un espíritu mudo. Varias veces había tratado de matarlo, echándole en el fuego y en el agua. El padre concluyó su relato con un llamado desesperado: “Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos”.

Jesús no hizo esta pregunta para enterarse del asunto. Él conocía la triste historia mejor que nadie. La manera cómo se dirigió al espíritu malo es una prueba de ello: el padre habló de un espíritu mudo, pero Jesús ordenó al espíritu “mudo y sordo” salir del muchacho. ¡Jesús sabe todo, él es el Dios poderoso a quien un espíritu, incluso sordo, está obligado a obedecer!

Pero por su pregunta, Jesús llevó a ese padre a contarle todo: los dramas del pasado, su ansiedad por la vida de su hijo, su desconcierto, su desesperación, y en fin, su incredulidad… El padre contó toda su angustia, y por último hizo este desgarrador llamado de auxilio. Jesús escuchó hasta el final. Por último dio la orden y liberó al joven.

Padres, este relato nos anima a contarle todo a Jesús. Hablémosle detalladamente de todas las preocupaciones que nos causan nuestros hijos. Nos invita con bondad a expresarle todo, aunque él conoce todo mejor que nosotros. ¡Nuestro Señor escucha, simpatiza, responde y libera!

Perder su despedida

Sábado 22 Agosto
Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?
Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida.
Perder su despedida

Hace algunos años, en pleno corazón de París, un desfile interminable avanzaba lentamente. Acróbatas, malabaristas, payasos y escuderos seguían una caravana cubierta de flores mientras una voz clamaba: «Quiero que riamos, quiero que bailemos, quiero que nos divirtamos como locos cuando me metan en el hoyo». Encabezando el cortejo, una carroza fúnebre, tirada por dos caballos blancos, se dirigía al cementerio. Un payaso famoso se había suicidado y había querido que su entierro fuera una fiesta. Al día siguiente un columnista escribió: «Él no se perdió su despedida». Pero, ¿estaba realmente seguro de ello?

En verdad, ¿quién quiere reírse de la muerte, de la de los otros como de la suya?

No se debe jugar con la muerte, porque es la sentencia que Dios pronunció sobre la humanidad marcada por el pecado. Lo que hace que la muerte sea particularmente solemne es que introduce al hombre en un estado que él no podrá cambiar más. El plazo de la gracia divina para todo ser humano se acaba con su último suspiro. La Biblia nos dice que la muerte es un enemigo para el hombre. Pero ella fue vencida, “sorbida… en victoria” (1 Corintios 15:54) por la muerte y la resurrección de Jesús, y un día ella no existirá más (Apocalipsis 21:4). Si creemos esto, no temeremos más a la muerte, y tampoco sentiremos la necesidad de desafiarla.

Para «tener una despedida gloriosa», es, pues, necesario prepararla durante su vida. Y esto solo puede hacerse teniendo un encuentro personal con Jesucristo, el Salvador.

Nadie, sino…

Viernes 21 Agosto
Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. (Jesús) entró, pues, a quedarse con ellos.
Nadie, sino…

Hace poco tiempo María se instaló en una casa para ancianos. Sus hijos y sus nietos fueron a visitarla. La alegría y el jolgorio llenaron su pequeña habitación; ella disfrutó mucho del cariño de los suyos. Pero al llegar la noche… todos se fueron. Sus ojos recorrieron la habitación y se detuvieron en las numerosas fotos. No, no había nadie más… Sin embargo, su mirada se detuvo en el versículo que había puesto bien visible en su mesa de noche: “Cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo” (Marcos 9:8). «Sí, pensó María con agradecimiento, por lo menos el Señor Jesús no se va a su casa en la noche. Mi querido Salvador siempre está conmigo, yo no estoy sola».

“A nadie consigo, sino a Jesús solo”: la experiencia de María también puede ser la del estudiante que al volver, después de un fin de semana en familia, encuentra sola su habitación; la del prisionero en su celda, lejos de los suyos; la de la viuda que piensa en su esposo ausente; y también puede ser la mía…

Todos tenemos momentos de soledad, a veces muy dolorosos. Uno puede sentirse solo incluso en medio de una multitud. Pero la promesa de Jesús está ahí, sin condiciones, para los suyos: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

Jesús también conoció momentos de soledad; su ejemplo nos anima. Cuando todos los discípulos iban a abandonarlo, lo escuchamos decirles: “Me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:32-33).

Vida eterna

Jueves 20 Agosto
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.
Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Vida eterna

Recuerdo mi confusión cuando siendo niño asistí a un entierro y escuché al predicador declarar que el difunto tenía la vida eterna.

–¿Cómo es posible?, pensé. Tiene la vida eterna y sin embargo está muerto…

La vida eterna… Solo mucho más tarde comprendí lo que ella es. Dios la da a todos los que creen en el Señor Jesús, y no es una vida terrenal sin fin. Es una relación indestructible con Dios y con su Hijo Jesucristo, la cual no es interrumpida por la muerte del cuerpo. Al contrario, cuando un creyente deja este mundo, su relación con Dios cesa de estar marcada por las preocupaciones de su vida en la tierra. Ya está, y para siempre, con el Señor.

Luego comprendí que cuando la Biblia habla de los muertos, no es necesariamente de personas cuya vida terrenal se ha terminado. A menudo se trata de personas que no tienen ninguna relación con Dios. “Éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo” (Efesios 2:3-5).

Si no tengo relación con Dios, estoy muerto en mis pecados, mi destino es el juicio y la muerte eternos. En cambio, si he creído que Dios me amó al dar a su Hijo para librarme de mis pecados, entonces tengo la vida eterna y la esperanza de resucitar con Cristo.

Esta es la voluntad de Dios: “Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40).

¿Cómo es una MUJER de DIOS?

Teología Express

¿Cómo es una MUJER de DIOS?

Will Graham

🎥 Vídeo: ¿Cómo es una mujer de Dios?
👤 Hermano: Will Graham
⛪️ Iglesia: Palabra de Vida (Almería, España)
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¿Cómo es una MUJER de DIOS?, Mujer de Dios, Mujer bíblica
Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

¿Se hallará un hombre?

Miércoles 19 Agosto
Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros.
¿Se hallará un hombre?

Diógenes de Sinope, filósofo griego (413-327 a. J. C.), decía mientras se paseaba por la plaza pública de Atenas, con una lámpara encendida en pleno día: «Busco un hombre», es decir, un hombre digno de ese nombre; o aún más: «Busco al Hombre, y solo veo hombres».

Alrededor de dos siglos antes, el profeta Jeremías pronunció unas palabras similares. Pero no era un filósofo buscando a un sabio. Era Dios mismo buscando a un hombre recto, uno solo, en Jerusalén, para poder perdonar a toda la ciudad. Jeremías buscó primero entre las personas sencillas, y constató que ellas no sabían lo que era justo para Dios (v. 4). Luego fue a los grandes, pero estos no quisieron obedecer a Dios (v. 5). Así todos eran igualmente culpables.

En toda la humanidad, ¿halló Dios a un hombre justo? Sí, este hombre vino del cielo: Jesucristo. Los que lo conocieron –tanto los que lo amaban como los que lo rechazaban– dieron testimonio de que este hombre era justo. Incluso Pilato, quien pronunció su condena a muerte, tuvo que reconocer: “Yo no hallo delito en él”. Presentándolo a la multitud después de haberlo condenado, declaró: “¡He aquí el hombre!” (Juan 19:65). Jesús era el Hombre por excelencia, el único justo, el Hijo de Dios hecho hombre.

Solo ese hombre, Jesucristo, justo, perfecto, sin pecado, podía soportar el castigo por el pecado de los hombres, frente a la justicia perfecta de Dios.

Dios ordena

Martes 18 Agosto
El que cree en el Hijo (de Dios) tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.
Dios ordena

Dios no solo nos creó, sino que lo hizo con el deseo de tener comunión con nosotros. Ahora bien, todos nosotros hemos vivido alejados de él, hemos tomado decisiones sin preocuparnos por lo que él piensa, hemos hecho cosas que nuestra conciencia reprueba, hemos lastimado a nuestro prójimo. Al hecho de vivir así sin él, Dios lo llama “desobediencia”, “pecado”; esto nos separa de Dios, y hace de todos nosotros seres culpables.

Dios ordena arrepentirse, es decir, reconocer nuestro estado delante de él, con una verdadera contrición y el deseo de cambiar de vida. Él también advierte que su paciencia tiene límites, un día juzgará al mundo. Entonces cada uno tendrá que rendir cuentas individualmente de lo que haya hecho de su vida, nadie tendrá excusas. Nadie podrá justificarse. Toda boca se cerrará (Romanos 3:19Apocalipsis 20:12).

Pero Dios no quiere dejarnos en este estado desesperado. En lugar de ser nuestro juez un día, nos propone ser nuestro Salvador desde ahora. Porque él nos ama, a pesar de nuestra rebeldía o indiferencia. Nos amó incluso al punto de hallar él mismo el medio de reconciliarnos con él. Castigó a su Hijo, Jesucristo, hombre sin pecado, en nuestro lugar, para no tener que castigar nunca al que cree en él. Este es el Evangelio, la verdadera “buena nueva” anunciada a cada uno, de parte de Dios. A cada uno, por lo tanto a usted también.