4/18 – Reina

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Ester, “Mujer de Dios en el tiempo de Dios”

4/18 – Reina

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Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que la historia de Ester te llevará a hacerte la siguiente pregunta:

Nancy Leigh DeMoss: ¿Te estás amoldando a tu entorno, a la cultura a tu alrededor? ¿Adoptas la forma de hablar del mundo, el coqueteo de las mujeres de este mundo?, o ¿mantienes tu cabeza bien puesta y dices «soy diferente»?

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss», en la voz de Patricia de Saladín.

¿Alguna vez sientes la presión de conformarte a las personas a tu alrededor? ¿Crees que habría mayor o menor presión si de repente te convirtieras en reina? Bueno, Nancy está aquí para ayudarles a pensar en esto en la serie llamada «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios».

Nancy: Hoy veremos el capítulo 2 de Ester, versículo 12. Ester ha sido puesta en el harem del rey en el palacio- un lugar nada deseable, pero vemos que Dios está allí con ella, que la providencia de Dios gobierna, dictamina y obra tras bastidores aun cuando ella no se percata de ello.

Ester y las otras mujeres seguían una rutina, pasaban a través de un régimen para prepararlas para ver al rey. Retomamos la historia hoy a partir del versículo 12.

Cuando le tocaba a cada joven venir al rey Asuero, al cumplirse sus doce meses, según las ordenanzas para las mujeres, pues los días de su embellecimiento se cumplían así: seis meses con óleo de mirra y seis meses con especias y cosméticos para las mujeres, entonces la joven venía al rey de esta manera: cualquier cosa que ella deseaba se le concedía para que la llevara consigo del harén al palacio del rey.» (Versos 12-13).

Después de doce meses de embellecimiento, iba a la presencia del rey a pasar la noche con él.

« Ella entraba por la tarde y a la mañana siguiente volvía al segundo harén, bajo la custodia de Saasgaz, eunuco del rey, encargado de las concubinas. Ella no venía otra vez al rey a menos que el rey se complaciera en ella y fuera llamada por nombre.» (Verso 14).

Este es un pasaje que en ocasiones tendemos a romantizar o a tener fantasías acerca de este concurso de belleza, incluso he escuchado a personas hacer chistes e historias acerca de estas mujeres en el harem. Pero quiero decirles que no hay nada chistoso; ni nada divertido ni romántico en esta escena.

En realidad aquí vemos -y las Escrituras usan las palabras muy cuidadosamente- si piensas bien lo que está pasando, aquí vemos un trato muy denigrante hacia la mujer. Ilustra la deshumanización de las mujeres que es característico de las culturas paganas donde la luz del Evangelio nunca ha resplandecido.

Mientras leo este pasaje, suena como si acabara de escuchar de la mansión Playboy de Hugh Hefner, de sus flamencos, sus jardines y de su concurso » la conejita del año«. Esta no es una ilustración hermosa. Es algo deshumanizante.

Flavio Josefo, el historiador antiguo, estima que reunían cerca de 400 jóvenes o más para pasar por este proceso. Era una cosa horrible.

Una vez estas mujeres pasaban una noche con el rey, se convertían en sus concubinas y le pertenecían a él. Nunca se podían casar. Se pasaban el resto de sus días como prisioneras en el harem.

A propósito, esto contrasta con lo que leímos previamente en el capítulo dos acerca del trato que Mardoqueo tenía hacia Ester. Él era puro para con ella. La cuidó cuando quedó huérfana y la adoptó. Era tierno, se preocupaba y era considerado hacia ella. Esa es la forma bíblica en que los hombres deben tratar a las mujeres.

Frecuentemente escucharás a personas no-cristianas hablar de cómo los cristianos deshonran a las mujeres, «poniéndolas en su lugar». Quiero decirles que no hay nada más reprensible y deshumanizante e indignante para una mujer que la forma mundana e impía como son vistas.

Esta es la diferencia entre la visión cristiana y la visión pagana de la mujer, el trato cristiano y el trato pagano de las mujeres.

En el trato pagano las mujeres son vistas como en este pasaje, como objetos sexuales, juguetes para placer personal, para ser usadas y luego descartadas. Toda nuestra revolución sexual ha causado que seamos vistas y tratadas de esa forma. No es algo que ha liberado a las mujeres, sino que más bien las ha hecho prisioneras.

Esto debería romper y entristecer nuestros corazones. Y con respecto a la visión cristiana de las mujeres -no permitas que te digan que esta visión deshonra a las mujeres, porque eso no es verdad.

Algunos cristianos podrán deshonrarlas, sin embargo el punto de vista cristiano, el bíblico, es que un hombre debe ser fiel a una mujer, debe deleitarse con ella, amarla, y cuidarla como cuida a su propio cuerpo.

Donde ha llegado la luz del Evangelio, el rol, la visión el trato hacia las mujeres ha sido elevado.

Así que aquí vemos la forma secular y pagana de tratar a las mujeres.

«Cuando a Ester, hija de Abihail, tío de Mardoqueo, que la había tomado como hija, le tocó venir al rey, ella no pidió cosa alguna sino lo que le aconsejó Hegai, eunuco del rey, encargado de las mujeres. Y Ester hallaba favor ante los ojos de cuantos la veían.» (Verso 15).

Así Ester cumplió con los requerimientos de los tratamientos de belleza que le fueron impuestos en el harem del rey. Lo vimos en la última sesión, pero ella no tomó ventaja de ningún favor que hubiera recibido. No pidió nada cuando fue a la presencia del rey. Ella se llevó del consejo de Hegai. «Cualquier cosa que creas que necesito, eso es lo que tomaré».

He aquí una imagen de simplicidad y contentamiento. Y una vez más ella se distinguió de las otras mujeres. Ella era diferente. Cuando piensas en lo que Ester había pasado hasta este punto en su vida, ella pudo haber respondido a este dramático cambio en sus circunstancias en una de dos formas.

En primer lugar, un día ella era una huérfana en tierra extranjera. Al día siguiente era una reina en potencia en el palacio del rey con siete doncellas y todas las cosas que pudiera desear. Este revés en la fortuna pudo habérsele ido a la cabeza y pudo haber hecho de ella una engreída; una bella y engreída mujer. Nada peor que eso.

Pero por otra parte, la posibilidad de ser llevada a la alcoba del rey-presumiblemente ella no tuvo opción -pudo haber causado que respondiera en terror y miedo.

Pero no la vemos aquí siguiendo ninguna de las dos. Una vez más, hay mucho que no conocemos, pero en cuanto a lo que esta historia revela, pienso que vemos en esta mujer una respuesta de quietud, confianza, humildad, y sumisión, balanceado con coraje y fe; hablando solo cuando era tiempo de hablar. Veremos eso más adelante.

Ella ilustra los principios de 1era Pedro capítulo 3 en donde se nos dice, «Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos» (verso 3, NVI). Ester tenía mucho de esto. Ella era físicamente bella en su forma y en su silueta. Era una mujer hermosa.

Pero no es de ahí donde viene su verdadera belleza. Sino que Pedro nos dice, «sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios» (versos 4-5, NVI).

Creo que es así como Ester se embellecía en el palacio, diciendo, «Estoy en una situación pésima, pero por la gracia de Dios no dejaré que esto me convierta en una mala mujer. Dejaré que Dios me haga una mujer hermosa y que me use en contraste con este escenario feo y oscuro para representar Su belleza y Su gloria en este harem del palacio».

Y Pedro luego dice de estas mujeres que eran santas: «Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo. Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor.» (1 Pedro 3:5-6 NVI)

Esto es lo que vemos en Ester. No es que nunca antes hubiese experimentado temor. Ciertamente lo experimentó como una joven adolescente que fue llevada a estas circunstancias; y luego al tener que acercarse al rey y el arriesgar su vida. Ciertamente ella tuvo temor, pero no se paralizó.

Ella tenía un temor de Dios que la protegía del temor a los hombres. Por tanto vemos aquí a una mujer realmente hermosa en el sentido más verdadero y puro de la palabra.

Piensa en ti misma, en tu lugar de trabajo, en tu matrimonio difícil, en el ambiente difícil de tu escuela. Algunas de ustedes son estudiantes universitarias; en recintos seculares. Les aseguro -y ustedes saben mejor que yo- que no es un ambiente piadoso en el que muchas de ustedes viven y trabajan.

¿Te asemejas a tu entorno, a la cultura a tu alrededor? ¿Adoptas la forma de hablar del mundo, el coqueteo de las mujeres de este mundo?, o ¿mantienes tu cabeza bien puesta y dices «soy diferente»?

Ester era judía. Ella no cabía en el imperio persa. Ella mantuvo su identidad, preservó su pureza y su corazón. Aun cuando fue forzada a circunstancias difíciles e insostenibles, ella fue guardada y favorecida por Dios.

¿Cómo haces cuando vas a tu lugar de trabajo, o al campus universitario? ¿Te estás convirtiendo en una de las mujeres del entorno: eres áspera, insensata, burlona, necia, inmoral? O ¿Mantienes un corazón piadoso, creciendo en piedad, siendo un contraste con el resto del mundo alrededor de ti?

«Ester fue llevada al rey Asuero a su palacio real el mes décimo, que es el mes Tebet, en el año séptimo de su reinado. Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y ella halló gracia y bondad con él más que todas las demás vírgenes, y él puso la corona real sobre su cabeza y la hizo reina en lugar de Vasti.» (Verso 16-17)

Algo se destacó en Ester. Mientras leo este libro, me digo: «¿Qué es? ¿Qué es?» Este rey, podía tener cualquier mujer en el imperio persa; había compartido su cama con las mujeres más bellas en la tierra. ¿Por qué Ester y no otra ‘amante’ más para el rey?

Había algo en ella que la hacía destacarse. En última instancia era la providencia de Dios. Dios la favoreció. Y el corazón del rey está en las manos de Dios.

Dios tenía un plan para Su pueblo.

Dios tenía un plan para el mundo.

Dios tenía un plan para nosotras, al darnos un Salvador.

Lo que Dios hizo por Ester en el palacio era parte de ese plan. Lo que pase en tu vida no está desconectado del gran plan eterno, vasto y redentor de Dios Lo que está sucediendo en tu vida puede tener ramificaciones e implicaciones por cientos de años, eso es, si el Señor tardara en venir.

No sabes qué tipo de cuadro Dios está dibujando, que tipo de tapicería Dios está entretejiendo y cómo tu vida puede ser parte de ello.

«Entonces el rey hizo un gran banquete para todos sus príncipes y siervos, el banquete de Ester. También concedió un día de descanso para las provincias y dio presentes conforme a la liberalidad del rey.” (Verso 18)

Desde ya la vida de Ester estaba trayendo bendiciones al reino en formas que ella nunca habría podido predecir o anticipar. Vemos una vez más aquí la providencia de Dios. La veremos una y otra vez en este libro.

¿Ves? el que Dios pusiera a Ester en el palacio no fue una idea adicional, o algo que se le ocurrió después. No fue una reacción al plan cruel de Amán. No hemos llegado aún ahí, pero muchas de nosotras estamos apercibidas de ello. Dios es el Dios que ve con anticipación y hace provisión.

Dios sale adelante y planifica una salida. Así que Dios puso a Ester en el palacio aún antes que Amán se levantara para accionar.

Tú no sabes por qué Dios está haciendo lo que está haciendo. Pero Dios sí lo sabe. Por tanto busca evidencia de la providencia de Dios a tu alrededor y cuando no puedas verla, algo que a menudo sucede, entonces confía en que Él está trabajando, planeando, preparando, orquestando, tejiendo un plan y tendrás parte en esta historia.

Carmen: Muchas personas han escuchado la historia de Ester durante su vida, pero nunca con los detalles que Nancy Leigh DeMoss les ha provisto. Las historias que escuchamos mientras crecíamos en la iglesia tienen más relevancia hoy de lo que creemos. Nancy continuará enseñándonos de Ester.

El programa de hoy es parte de la serie Ester: una mujer de Dios en el tiempo de Dios.

Un grupo de mujeres ha estado escuchando esta serie llamada «Ester: una mujer de Dios en el tiempo de Dios» y una de ellas tiene una pregunta acerca de uno de los temas de este estudio: Confiando en la providencia de Dios.

¿Diría usted que el temor es lo opuesto a la providencia ya que si uno está confiando en Dios y realmente creyendo en Su providencia, lo opuesto sería entonces el temor?

Nancy: Si no existiera la providencia, tendríamos entonces muchas razones para estar horrorizadas ya que el mundo entero sería fruto de la casualidad y estaría fuera de control por lo que debiéramos estar terriblemente asustadas.

Pero si existe un Dios que es creador, que es lo suficientemente sabio e inteligente y lo suficientemente amoroso, bueno y capaz de controlar cada aspecto, asunto, átomo y evento de Su creación, entonces ¿por qué temer?

Así que cuando tememos, es una evidencia de que no estamos creyendo que Dios es soberano. O no lo sabemos, o no lo creemos o lo hemos olvidado. Pero el temor no puede coexistir con la fe.

La fe erradica el temor y ella es la base, no de algunos sentimientos que tengo, sino de la realidad de quien es Dios, Sus promesas, Su carácter, Su soberanía…

¿Significa esto que si estamos confiadas en la soberanía y en la providencia de Dios podemos marchar hasta la presencia del rey y sentirnos confiadas y no tener ningún temor por hacerlo así? Pienso que Ester tenía temor, pero solo hasta el punto de no saber lo que Dios habría de hacer.

Así que ante cualquier aprehensión que sintamos -si supiéramos lo que Dios sabe, no tendríamos temor. Si realmente conociéramos a Dios y supiéramos lo que Él hace… Mientras más le conocemos menos temor sentiríamos. De igual forma mientras menos le conocemos más temor sentimos y más flaqueamos.

Pero también hay lugar para crecer en esta área. Esta pregunta es similar a la que alguien me hizo previamente: Si tu vida está fundamentada en Dios, ¿significa esto que será emocionalmente estable, que estarás libre de temor y que no tendrás altas y bajas?

Y le contesté, «bueno, es un asunto de crecimiento. Hoy estoy más arraigada en los caminos de Dios, que antes, como resultado de haber pasado semanas estudiando el libro de Ester».

Como resultado, me encuentro a mí misma respondiendo mejor ante las circunstancias de la vida y con mayor confianza en Dios, mayor estabilidad, y menos “y entonces ahora, ¿qué voy a hacer?”.

Por tanto mientras más crecemos, más conoceremos a Dios, más estables y arraigadas estaremos y menos temerosas seremos.

Pero hay un proceso. La persona que recientemente ha conocido a Dios, que no tiene un camino trillado con Él, que no ha visto a Dios demostrar Su providencia una y otra vez y otra vez, esa persona, aunque sea una creyente comprometido que ama a Dios, podrá experimentar muchos temores. Pero mientras más crezca, más le conocerá, más confiará.

Como leemos en el Salmo 9 en el versículo 10, «En ti pondrán su confianza los que conocen tu nombre, porque tú, oh SEÑOR, no abandonas a los que te buscan.”

Holly Elliff: Así es creo que también hay otra forma de verlo como dijo Pablo, “mientras más débil soy, más fuerte soy”. En este sentido descansas cuando te das cuenta de que no puedes controlar la situación o cambiarla.

A medida que te abandonas al control de Dios, Él te infunde de Su fortaleza y vive a través de ti. De modo que te encuentras en esas circunstancias tan débil como eras antes, pero con mucho menos temor que el que tenías porque estás apercibida «no soy yo» en esta circunstancia, sino Dios.

Creo que Ester probablemente tuvo que llegar al punto de saber muy bien que ella estaba totalmente en las manos de Dios, lo que le dio libertad para hacer lo que necesitaba hacer en dependencia del Señor.

Nancy: Esto es algo que yo experimento a menudo en este ministerio. Rara vez, hago una conferencia o grabo una sesión donde enseño la Palabra de Dios, en la que no sienta, los días previos, una enorme tentación a temer.

Yo no pensaría de mi misma como una persona temerosa, pero sé que llevar la Palabra de Dios es algo asombroso, pues las vidas de las personas están en juego y es una enorme responsabilidad.

Me siento tan débil, tan necesitada, tan inadecuada para hacer lo que Dios me ha llamado a hacer. Si dependiera solo de mis sentimientos y emociones, no subiría a esa plataforma, no me pararía frente a un micrófono, porque tendría mucho miedo, tendría mucho temor.

Lo que hago es esto, vengo delante del Señor y pongo delante de Él mi temor y pongo delante de Él mi debilidad y mi incompetencia. Le digo, «Señor, no puedo hacer esto sin Ti, pero sé y fortalezco mi corazón en lo que sé que es verdad. Consuelo mi corazón con la verdad».

Si olvido como hacer esto, tengo amigas que saben cómo hacerlo por mí. Ellas me ayudan y me dicen, «Háblale verdad a tu corazón, ¿Dios te ha llamado Dios a hacer esto?»

Y yo les contesto «Sí.»

¿Dios te ha dado Dios Su Palabra? ¿Te ha dado Su Espíritu? ¿Acaso no te dará también Su gracia, su fortaleza y Su poder?

«Sí, sí, sí»

Y así voy en la fuerza del Señor.

Pablo dice, «Estuve entre vosotros con mucha debilidad, y mucho temor y temblor cuando les proclamé a Cristo».

Es algo maravilloso saber que estás llevando el Evangelio a la vida de las personas, pero ¿Quién es suficiente para esto? ¿Quién es suficiente para criar hijos? ¿Quién es suficiente para hacer cualquier cosa que Dios le haya llamado a hacer? Ninguna de nosotras.

De modo que ser fuertes en el Señor no significa tener fortaleza. Significa ser naturalmente débiles, algo que somos ya sea que lo reconozcamos o no. Significa ser fuertes en Su fuerza, tomando de Su fuerza.

Mientras aprendemos de la providencia de Dios y sobre Sus promesas, mientras vamos acumulando un caminar con Dios…escuchamos a esta mujer decir, «tengo casi 80 años de edad y Dios ha sido tan fiel.» Cuando escucho esto y estoy en mis 50, pienso «Dios será conmigo como ha sido con ella».

Por tanto nos alentamos en nuestra fe. Y vemos como Dios guía a través de los problemas con sus hijos adolecentes y entonces te dices a ti misma, «Dios me puede ayudar a mí también».

Leemos las Escrituras, vemos nuestras vidas, nos aconsejamos unas a otras de acuerdo a la Palabra de Dios. Nos levantamos y les decimos a las demás creyentes «Estoy débil, ¿me ayudarías a levantar mis brazos en esta batalla?» Lo hacemos juntas como una comunidad de fe.

De modo que no es que no tengamos temores. Nos movemos a través de ellos como lo hizo Ester cuando dijo, «Si he de perecer, que perezca». Hubo veces-y algunas de ustedes me han escuchado compartir esto antes en el ministerio radial, cuando no sabía si iba a poder llevarlo a cabo. Me sentía como que estaba pasando por algo muy difícil y que no iba a ser capaz de salir y de sobrevivir.

La forma en que solía aconsejar mi corazón era diciéndome, «¿sabes algo? No importa si salgo de esta o si sobrevivo. Lo que importa es que estoy haciendo lo que Dios me ha llamado a hacer por lo que iré por fe y por la gracia de Dios y en Su fuerza. Dios me dará el valor. Alentaré en el Señor mi corazón -eso es ser valiente en Dios- y por la gracia de Dios lo haré».

Llegas al punto donde pones tu vida y dices «no importa si salgo ensangrentada o herida o si los reyes me gritan.» No digo que no importe, sino que no tiene gran importancia.

El resultado es: ¿ha sido Dios glorificado? ¿He obedecido a Dios? Si Dios ha sido glorificado por yo ser débil, entonces escojo la debilidad y aún así voy con confianza en el nombre del Señor.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverá para orar para que podamos escoger la fe sobre el temor. En el curso de los siguientes programas, veremos cómo Dios escogió a Ester para un trabajo especial en un tiempo especial y ella se resistió al temor para obedecer.

Queremos exhortar a las oyentes a obedecer a Dios sin temor en nuestra generación. Hay un verso en el libro de Ester que pregunta, «¿Quién sabe si no has venido al reino para un tiempo como éste?» Ese fue el verso lema de la conferencia de True Woman ’08, y creemos que este es el tiempo para que las mujeres se levanten juntas y afirmen el llamado único de Dios para ellas. Es por esto que lo hemos elegido para el lema de nuestra próxima conferencia de Mujer Verdadera a celebrarse en Santo Domingo próximamente.

Creemos que ahora es el tiempo de que las mujeres pidan a Dios un reavivamiento en sus hogares y sus iglesias. Es por esto que hemos estamos enseñándoles y estimulándoles a vivir un retrato de la femineidad bíblica a través de este tipo de conferencias. Espero que puedas acompañarnos.

La historia de Ester nos enseña a decirle «no» a la ansiedad. Descubre por qué en nuestro próximo programa. De vuelta con ustedes Nancy.

Nancy : Señor, Te adoramos por Tu providencia. Te damos gracias por aquello que no podemos entender. Sabemos que Tú estás obrando en las diversas circunstancias y etapas de nuestras vidas como mujeres jóvenes o como mujeres mayores, y Tú estás obrando para llevar a cabo Tus grandes propósitos. Ayúdanos a confiar en Ti, a someternos a Ti y a ser mujeres verdaderas piadosas donde sea que Tú nos coloques. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblias de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El matrimonio (1): Un «regalo» del Creador

Viernes 29 Mayo
Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
El matrimonio (1): Un «regalo» del Creador

Queremos abordar, a la luz de la Biblia, el tema del matrimonio, a menudo debatido. Recordemos que el autor de este Libro no es nada menos que el Creador. Primero Dios creó el universo, luego llenó la tierra con todas las especies vivas, y por último confió al ser humano, creado el sexto día, hombre y mujer, la administración de estas cosas.

Así Dios en su sabiduría y su amor creó al hombre, constató que no era bueno que el hombre estuviese solo, y le dio una “ayuda idónea”, la mujer (Génesis 2:18). Una traducción más literal de la expresión empleada en el texto original hebreo podría ser: «una ayuda conforme a él (a su necesidad)»; esta expresión manifiesta que las dos personas que componen la pareja son de naturaleza idéntica y perfectamente adaptadas la una a la otra, complementarias.

Desde el origen, y en todo tiempo, la intención de Dios cuando hace nacer el amor entre un hombre y una mujer es que vivan una felicidad íntima, en una comunión espiritual, afectiva y física.

Esto también se desprende del texto bíblico base del matrimonio: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24).

En el marco de esta unión, declarada públicamente de manera civil o religiosa (según los países y las épocas), Dios siempre quiso bendecir las parejas y las familias que forman la base de las sociedades.

(continuará el próximo viernes)

¿Preso y esclavo?

Jueves 28 Mayo
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
¿Preso y esclavo?

«Estos muros son realmente raros. Al principio los detestas, luego te acostumbras a ellos. Y al cabo de cierto tiempo te vuelves dependiente». Así describía un preso su adaptación a los muros de su cárcel. ¿No sucede lo mismo cuando aceptamos hacer el mal? La primera vez hacemos callar nuestra conciencia. Luego tratamos de esconder nuestra falta, pues en el fondo de nosotros mismos sabemos que lo que hicimos está mal. Tenemos vergüenza, estamos como irritados contra nosotros mismos.

Y si volvemos a caer en lo mismo, al cabo de cierto tiempo nos volvemos esclavos de ello. La costumbre hace que nos sintamos a gusto con el pecado y terminamos siendo dependientes de él. Cuando caemos en ese engranaje, perdemos nuestra verdadera libertad.

Pero Dios desea liberarnos de ese poder del pecado. Por ello dio a su Hijo Jesucristo. Él, el único justo, el único hombre en la tierra que nunca cometió pecado, llevó en la cruz, en nuestro lugar, el castigo que nosotros merecíamos. Murió y dio su vida por mí. Para ser liberado del pecado puedo considerarme como muerto con él, y vivo para él.

¡No nos acostumbremos a pecar! No basta querer hacer el bien. Debemos confesar nuestras faltas a Dios, sencillamente, y hallar en él el perdón, la paz y la plena libertad. ¡Así recibiremos la fuerza para resistir al mal!

Cristo vino para hacer de nosotros personas libres, liberadas del pecado (Gálatas 5:1). ¡Depositemos nuestra confianza en él! ¡Él es el Salvador, el único Salvador!

¿La felicidad consiste en dar o en recibir?

Miércoles 27 Mayo
Dad, y se os dará… porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.
De hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.
¿La felicidad consiste en dar o en recibir?

A lo largo del siglo XX (20) los hombres imaginaron que la mejoría de las condiciones de vida haría que la gente fuese más feliz y fraternal. Hoy fácilmente constatamos que eso no basta.

La Biblia nos enseña que la felicidad no consiste en amontonar riquezas materiales, sino en tener una buena relación con Dios y, por lo tanto, con nuestros semejantes. Tales relaciones, basadas en la justicia y el amor, dan a la vida su verdadero sentido. No están marcadas por la posesión, sino por la acción de compartir y dar.

Para vivir relaciones así, Jesús nos dice que es necesario nacer de nuevo (Juan 3:3). Solo esta nueva vida nos permite entrar en el ámbito del amor divino. Dios nos concedió esta entrada mediante el don más extraordinario: su Hijo unigénito, y el Hijo dio su propia vida para expiar nuestros pecados.

Este regalo tiene algo especial: es universal, pero al mismo tiempo va dirigido a cada uno de nosotros personalmente. “Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Entonces se crea una relación verdadera y feliz con Dios, conocido no como el que exige, sino como aquel que da y a quien nos entregamos.

Nuestras relaciones con nuestros semejantes se benefician de esta actitud dictada por el amor divino. Entonces tratamos de descubrir las necesidades materiales (y espirituales) de nuestro prójimo y procuramos ayudarle sin esperar nada a cambio.

Dios sabe contar

Lunes 25 Mayo
¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.
Tú cuentas los pasos de mi vida errante.
Salmo 56:8, V. M.
Dios sabe contar

Cierta mañana una madre de familia hizo unas galletas para la hora de la merienda y las puso en el comedor. Carlos y Sara decidieron ir a jugar precisamente en ese lugar de la casa.

–¡Oh, qué galletas tan ricas!, exclamó Carlos, voy a tomar una.

–No debes hacerlo, dijo Sara reteniéndolo, mamá se va a enojar, ¡son para la merienda!

–No las contó, dijo el niño.

–Sí, pero el Señor Jesús dice que incluso los cabellos de nuestra cabeza están contados (Mateo 10:30), y Dios te ve.

Dios sabe contar. Un día un rey pagano tuvo que experimentarlo (Daniel 5). Belsasar había olvidado a Dios, pero Dios había contado y evaluado cada uno de los días de su reino. Y una noche de orgía de repente Belsasar, aterrorizado, vio la mano de Dios escribir en la pared de la sala del festín: “Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin” (Daniel 5:26). ¡Había llegado el momento de ajustar las cuentas! El profeta Daniel explicó el sentido de esta inscripción: «Dios contó tu reino y le ha puesto fin. Has sido pesado en la balanza y fuiste hallado falto. Tu reino ha sido roto y dado a tus enemigos». Esa noche el rey fue asesinado y el reino de Babilonia pasó a manos del imperio de los medos y los persas.

Los días de cada uno de nosotros están contados, pero no sabemos cuántos nos quedan. Por ello es urgente prepararse para el encuentro con Dios. ¡No esperemos a que Dios nos pida cuenta de nuestros actos!

19/62 – La gracia de Dios en uno, provoca celos en el otro

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

19/62 – La gracia de Dios en uno, provoca celos en el otro

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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Dios es sabio

Domingo 24 Mayo
La palabra de la cruz es locura a los que se pierden.
He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia.
Dios es sabio

¿Cómo creer en un Dios sabio, dicen algunos, cuando el mundo está lleno de injusticias, cuando los conflictos se multiplican, cuando una minoría vive en la abundancia mientras otros mueren de hambre? Los desórdenes se acumulan… y reprochamos a Dios por no detener las injusticias de este mundo.

Sin embargo no aceptamos que el corazón humano, malo por naturaleza, es la causa de tantos sufrimientos. Por encima de todo olvidamos que el Hijo de Dios fue rechazado cuando vino para mostrar la compasión de Dios por la humanidad, sumida en el sufrimiento y la miseria debido al pecado. Jesús sanaba a los enfermos, alimentaba a las multitudes y consolaba a los afligidos. Pero al mismo tiempo mostraba que el ser humano no puede agradar a Dios con un corazón malo. ¡Es la verdad! (Salmo 40:9-10).

Los hombres vieron Sus actos llenos de bondad, de poder, de amor, pero no aceptaron que la verdad divina iluminase su corazón. Jesús, el único justo, fue crucificado. Y precisamente a través de este crimen odioso cometido por los hombres, Dios, en su sabiduría y amor, les da la posibilidad de ser perdonados y reconciliados con él.

Digamos, pues, las cosas como son: “El corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida” (Eclesiastés 9:3). Pero Dios previó un maravilloso remedio: “Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Corintios 1:30).

El sentido del bien

Sábado 23 Mayo
No nos cansemos, pues, de hacer bien.
Vence con el bien el mal.
El sentido del bien

Al evocar varios actos violentos que habían sido cometidos en su ciudad, un personaje declaraba recientemente: «Ya no tenemos el sentido del bien, es terrible».

La violencia es una de las trágicas consecuencias de la separación moral del hombre con Dios, y esto sucedió desde el principio de la humanidad. El primer asesinato tuvo lugar poco después (Génesis 4:8). Y más aún, hoy en muchos ámbitos no hay una clara distinción entre el bien y el mal.

Sin embargo, cuando el pecado entró en el mundo, el hombre conoció el bien y el mal: ¡tiene una conciencia! Pero esta puede ser endurecida, como anestesiada, e incluso “cauterizada”, es decir, que se ha vuelto definitivamente insensible (1 Timoteo 4:2). ¡Y peor todavía, llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo! (Isaías 5:20).

Para que nuestra conciencia no deje de ser una guía fiable, permitamos que Dios nos ilumine por medio de su Palabra, pues esta “discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). La Biblia también nos enseña que en nosotros no mora el bien (Romanos 7:18). Pero si creemos en Jesús, Dios perdona nuestros pecados y nos da una nueva naturaleza, capaz de discernir “el bien”, e incluso de hacerlo.

Además, el Espíritu Santo viene a vivir en el creyente para iluminarlo, conducirlo y reprenderlo, si es necesario. Sí, la relación establecida con Dios por medio de la conversión nos permite hacer la diferencia entre el bien y el mal, y nos da el poder para actuar de una manera que le agrade y le honre.

No abandone el verdadero comienzo

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

No abandone el verdadero comienzo

John MacArthur

Ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquier de todo viento de doctrina. Efesios 4:14

Muchos de los que deberían ser conocedores a cabalidad, los pastores y lideres cristianos quienes de manera habitual defienden la fe contra las enseñanzas falsas, han sido tentados a abandonar la batalla por la correcta interpretación de los primeros capítulos de Génesis. Hace poco un pastor evangélico se me acercó después de que prediqué. Se encontraba confundido e intimidado por varios libros que había leído, todos escritos por destacados autores evangélicos, donde se presentaban argumentos a favor de que la tierra ha existido por miles de millones de años. Estos autores tratan a la mayoría de las teorías evolucionistas como irrefutables hechos científicos. En algunas casos estos escritos muestran poseer credenciales científicas o académicas que persuaden a los lectores a estimar que sus opiniones son resultado de la investigación a cabalidad, aunque en realidad se tratan de presunciones naturalistas que incorporan al texto bíblico. Este pastor me preguntó si creía posible que los tres primeros capítulos de Génesis fueran solo una seria de artificios literarios o poéticos con el propósito de darles una aplicación <<espiritual>> de lo que ocurrió durante miles de millones de ańos de evolución.

Le respondí sin rodeos: No, no lo creo. Estoy convencido de Génesis capítulos 1 al 3 deben recibirse como lo que son: La historia de la creación revelada por Dios. Nada en el texto mismo de Génesis indica que el registro bíblico de la creación sea simbólico, poético, alegórico, o mítico. El mensaje central del pasaje no puede reconciliarse con la noción de que la creación ocurrió de modo natural mediante procesos evolutivos durante largos periodos de tiempo. Además, no creo que un tratamiento justo del texto bíblico según principios aceptables de hermenéutica, pueda reconciliar estos capítulos con la teoría de la evolución o cualquier otra de las teorías denominadas científicas acerca del origen del universo.

¿Cómo se ha sentido tentado a ceder a la idea del mundo acerca de la verdad?

The battle for the Beginning, pp. 18-19

John MacArtur

Desatando la verdad de Dios, un día a la vez

Las lecturas diarias de MacArthur

 

 

 

¡Jesús ha resucitado!

Viernes 22 Mayo
(Jesús) que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún.
¡Jesús ha resucitado!

Algunos historiadores niegan la realidad de la exterminación de los judíos por manos de los nazis. Sin embargo, esto ocurrió hace relativamente poco tiempo, y existen muchas pruebas de ello, especialmente los testimonios de sobrevivientes de los campos de concentración.

El hecho de querer dar una versión falsa de la historia no es nuevo. El evangelista Mateo nos cuenta que los principales sacerdotes y los ancianos de Jerusalén no querían que el pueblo supiese que Jesús había resucitado. Entonces sobornaron a los soldados para que dijesen que sus discípulos habían robado su cuerpo. Y los soldados, “tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy” (Mateo 28:15).

Mucha gente niega la realidad de la resurrección de Jesús, incluso en los países cristianizados, aunque esta fue confirmada por cientos de testigos. Sin embargo, esta realidad es el fundamento de la fe cristiana. Es la prueba de que la justicia de Dios fue satisfecha mediante el sacrificio de su Hijo; la resurrección asegura el perdón de los pecados y la vida eterna a todos los que depositan su confianza en Jesucristo.

¡Reflexionemos! La verdad histórica es lo que es; el hecho de negarla no cambia nada. En vez de poner en duda la resurrección de Jesucristo, examinemos las consecuencias de este hecho único en la historia. “Creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 Pedro 1:21).