Creo, pero… ¿en qué?

Domingo 29 Marzo

Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Hechos 16:31

(Jesús dijo:) De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

Juan 6:47

Creo, pero… ¿en qué?

Poco antes de su muerte, un presidente de la República francesa declaró públicamente: «Creo en las fuerzas del espíritu, y no los dejaré». Con esto quería decir que su espíritu, después de su muerte, estaría aún entre sus compatriotas. Sin embargo, la Biblia dice: “El espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7), indicando así que después de la muerte, el espíritu del hombre no se manifiesta más en la tierra.

Algunos incrédulos, cuando se acerca el momento de la muerte, evocan la idea de que si hay un más allá, Dios tendrá gracia… al menos así lo esperan.

La vida del alma después de la muerte es una realidad. Está ligada al hecho de que cuando Dios creó al ser humano, este recibió el soplo de vida y fue “un ser viviente” (Génesis 2:7). Después de la muerte, el alma vuelve a Dios, esperando ser revestida de un cuerpo nuevo, pues todos resucitarán, “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29).

Ahora bien, ¿quién hizo el bien en este mundo? Uno solo, Jesucristo. Entonces, ¿quién puede pretender la “resurrección de vida”? Solamente aquellos que creen en el Señor Jesús para tener la vida. “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios… tenéis vida eterna” (1 Juan 5:11-13).

Isaías 1 – Hechos 28:1-16 – Salmo 37:23-29 – Proverbios 12:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Mimosa y su Dios

Sábado 28 Marzo

Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor… será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces.

Jeremías 17:7-8

Arraigados y cimentados en amor.

Efesios 3:17

Mimosa y su Dios

Mimosa era una joven de la India. En cierta ocasión fue a visitar a su hermana, quien estaba pasando un tiempo en casa de unos cristianos, y se quedó con ellos una tarde. Allí escuchó hablar del verdadero Dios y de su amor. Este mensaje penetró en lo profundo de su tierno corazón y nunca lo olvidó. ¡Desde entonces conocía al Dios que la amaba!

De regreso a casa, Mimosa sintió que no podía traicionar más a su Dios cumpliendo las costumbres de la religión familiar. Quería ser fiel al verdadero Dios, porque él la amaba. Creció, pues, incomprendida por toda su familia. Sin ninguna ayuda exterior, progresó en la fe. Aprendió a contar solo con Dios.

Más tarde Mimosa se casó y tuvo varios hijos. Las pruebas y las tristezas no le fueron escatimadas, pero contra viento y marea conservó su confianza en Dios. ¡Él no la abandonaría, pues la amaba!

En momentos de gran necesidad, cuando faltaba el alimento, Mimosa se retiraba a su habitación, donde acostumbraba orar a Dios. Allí le contaba su angustia, y esperaba. Fue testigo de muchos milagros en respuesta a sus oraciones. De todas formas, incluso si la respuesta tardaba, siempre salía tranquila de ese lugar. Su Padre celestial había oído. Él sabía todo, la amaba, no podía equivocarse…

La vida de Mimosa fue la de una hija de Dios confiada. Aislada, incomprendida, probada de muchas maneras, estaba lejos de sentirse decepcionada; su sostén era el amor divino. Dios la amaba y la cuidaba, ¡eso era suficiente!

Éxodo 40 – Hechos 27:13-44 – Salmo 37:16-22 – Proverbios 12:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Dónde está la fuerza?

Viernes 27 Marzo

El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?

Salmo 27:1

Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

¿Dónde está la fuerza?

Cuando era joven escuchaba a un creyente, profesor de matemáticas jubilado, presentar la Biblia.

Cuarenta años más tarde todavía recuerdo uno de sus mensajes. Empezó explicando cómo comportarse bien, presentando normas morales… Luego se detuvo e hizo la siguiente pregunta: «¿Dónde está la fuerza para hacer todo eso?». Entonces, cambiando de tono, dijo: «Enseñar reglas morales es empezar al revés. ¡Los buenos consejos nunca podrán transformar a nadie! ¡Lo que necesitamos es una Persona, necesitamos a Jesucristo en nuestro corazón, en nuestra vida!». Luego, basándose en la Palabra de Dios, desarrolló el tema.

La Biblia describe a una persona que quiere hacer el bien, pero debe reconocer que no hace el bien que quiere, sino el mal que no quiere (Romanos 7:19).

Entonces, ¿dónde está la fuerza? Está en Dios, por medio de Jesucristo. Mediante una relación de confianza y comunión con Jesús puedo ser liberado del mal y hallar la fuerza para hacer el bien. Por medio de Jesucristo tengo el perdón de los pecados para siempre, y también soy, a partir de ahora, liberado de la influencia del mal.

¿Conoce usted a Jesucristo en su ser interior? Es el principio de todo. Para ello es necesario, pero también suficiente, decir simplemente: «Señor Jesús, en ti deposito mi confianza, entra en mi vida». Luego podrá vivir unido al Señor, en su compañía, orando a él y escuchándole. ¡Entonces él será la fuerza de su vida!

Éxodo 39 – Hechos 27:1-12 – Salmo 37:8-15 – Proverbios 12:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La carta que no fue leída

Jueves 26 Marzo

Juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente… y volviendo en sí, dijo… Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

Lucas 15:1317-18

La carta que no fue leída

Un joven holandés había dejado la casa paterna para llevar una vida libertina, semejante a la del hijo rebelde que encontramos en el capítulo 15 del evangelio según Lucas. Finalmente se unió a un regimiento en Indonesia. Desde allí escribió a su padre pidiéndole que le enviase dinero lo más pronto posible. Varios meses más tarde recibió la respuesta. Como el sobre no contenía ni billete ni cheque, lo lanzó al fondo de su mochila sin leer la carta.

Tres meses más tarde se encontraba gravemente enfermo. Entonces quiso volver a casa y, avergonzado, pensaba en la carta de su padre que no había querido leer. Pidió a un enfermero que buscara la carta y se la trajera. El mensaje era el siguiente: «Di instrucciones al capitán P., en el caso de que quieras dejar el ejército, para que te traiga a casa en su navío. Escríbele antes del 1 de mayo».

Por la frente del enfermo bajaron gotas de sudor: ¡ya era demasiado tarde!… era finales de junio.

Son muchos los que no escuchan el mensaje de amor que Dios les envía, que incluso no se toman la molestia de leer su Palabra, la Biblia, un mensaje urgente que no se debe dejar de lado.

Estos son algunos extractos de ese mensaje: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. “He aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 5:206:2).

Éxodo 38 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Dios le ama

Miércoles 25 Marzo

Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 5:68

Dios le ama

¿Podemos pensar en Dios sin sentir algún temor? Es normal respetar a nuestro Creador y obedecerle. La Biblia incluso dice que Dios espera de nosotros que le amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas (Deuteronomio 6:5).

Pero nadie pudo responder a lo que él pedía, ni siquiera mediante las más elementales muestras de agradecimiento que Dios podía esperar de sus criaturas. Por el contrario, es claro que todos le desobedecimos, por eso nos dice que somos pecadores. Nuestra relación con Dios está rota porque nuestra desobediencia pone un obstáculo entre él y nosotros. Después de la muerte “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12). ¡Es terrible!

¿Cómo, pues, podemos encontrarnos con Dios sin ser condenados? ¿Quién puede intervenir? ¿Cómo puede ser perdonada mi desobediencia?

La Biblia dice que aún hoy Dios ofrece su gracia a los que le han dado la espalda. Lo hace porque Jesucristo, su amado Hijo unigénito, en quien halló su complacencia, aceptó ser condenado en lugar de los humanos rebeldes contra él (Romanos 3:21-26). Sí, el amor de Dios tiene esta medida. Aceptó el sacrificio de su amado Hijo para poder perdonar a las mismas personas que lo crucificaron. Y aún más, adopta y considera como sus hijos a todos los que aceptan esta gracia divina.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

Éxodo 37 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¡Abraham, Abraham! (2)

Martes 24 Marzo

El ángel del Señor le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham… No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada… Entonces alzó Abraham sus ojos… y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos.

Génesis 22:11-13

(Jesús) el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Juan 1:29

¡Abraham, Abraham! (2)

Lectura: Génesis 22:1-18

Resumen: Dios le pidió a Abraham que ofreciera a su hijo Isaac en sacrificio. Abraham obedeció, pues confiaba en él. Dios había prometido que ese hijo tendría descendencia (Génesis 21:12), y Abraham creía que Dios podía devolverle la vida (Hebreos 11:17-19). Sin embargo, en el último momento se escuchó la voz divina: “Abraham, Abraham… No extiendas tu mano sobre el muchacho”. Para el patriarca fue un maravilloso momento de comunión con su Dios. Constató que el Señor había preparado un carnero para el sacrificio. Entonces pudo ofrecerlo y llamar a ese lugar: Jehová-jireh (el Señor proveerá).

Aplicación: Esa voz de Dios, dirigida dos veces a Abraham, también es para mí. Cuando la prueba es más dura, el Señor sabe cómo llamarme por mi nombre y ampararme en las dificultades: Él “no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

La prueba también permite profundizar la comunión con el Señor. Por medio de la prueba, Abraham pudo entrever los pensamientos de Dios con respecto al don de su Hijo. Este relato nos ayuda a comprender un poco mejor el amor del Padre por nosotros (Romanos 8:35-39). Y como Abraham, podemos entonces adorar con un profundo respeto.

(continuará el próximo martes)

Éxodo 36 – Hechos 25 – Salmo 36:1-6 – Proverbios 12:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tormenta en una habitación

Lunes 23 Marzo

Suben a los cielos, descienden a los abismos… toda su ciencia es inútil.

Salmo 107:26-27

Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.

Salmo 107:29

¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?

Mateo 8:27

Tormenta en una habitación

Desde hace tiempo estoy preocupado por uno de mis hijos. Ese muchachito dócil y alegre se volvió un adolescente triste y silencioso. Pasa la mayor parte del tiempo en su habitación. Yo entro allí raras veces, pues es su espacio y lo respeto.

Me siento terriblemente impotente frente a mi hijo que poco a poco se volvió un extraño para mí. Sin embargo, la lectura de los evangelios me anima: algunos padres angustiados por un hijo se dirigieron a Jesús y recibieron ayuda.

Un padre desesperado, cuyo hijo era atormentado por un espíritu malo, suplicó a Jesús que le ayudara. “Si puedes hacer algo”, dijo en su angustia. Jesús fortaleció la débil fe de ese hombre, echó al espíritu malo y devolvió el muchacho a su padre (Marcos 9:14-27).

Otro padre acudió a Jesús rogándole que sanara a su hija, pero cuando llegaron a la casa, la niña ya había muerto. Jesús la resucitó y la devolvió a sus padres (Marcos 5:21-43).

Los casos son variados, pero ninguno superó el poder de Jesús. Él es poderoso para socorrer a los padres y a sus hijos.

Entonces, resueltamente y con fe, empecé a presentar mi hijo al Señor por medio de la oración. Día tras día le pido que entre en su habitación, que le hable y se ocupe de él. El Señor conoce mejor que yo su angustia, las preguntas que lo agitan y las dudas que lo turban. Solo él puede, por medio de su poderosa Palabra, calmar la tempestad interior y darle la paz.

Padres cristianos, ¡el Señor es nuestro recurso seguro!

Éxodo 35 – Hechos 24 – Salmo 35:22-28 – Proverbios 12:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La siembra y la siega

Domingo 22 Marzo

Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega.

Génesis 8:22

(Dios) sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.

Hebreos 1:3

La siembra y la siega

Todos aspiramos a vivir en un entorno estable, donde reinen la justicia y el orden. Sin embargo, la sociedad está sumergida en la angustia y la insatisfacción.

En estos tiempos en que el mundo tambalea, y cuando quizás atravesamos situaciones difíciles, los versículos de hoy son una promesa bienhechora. Nos recuerdan la fidelidad de Dios, quien “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. Esta promesa renueva nuestra confianza.

¡Qué bendición es la secuencia de la siembra y la cosecha! Toda nuestra vida terrenal depende de ello. Con la sucesión de las estaciones, la tierra produce el alimento para los hombres y los animales. “Mientras la tierra permanezca”, es decir, mientras ella exista, ese ritmo continuará, pues Dios lo prometió. Si bien hay malas cosechas o hambrunas, la bondad de Dios es inalterable.

En el plano espiritual, también hay un tiempo de siembra y uno de siega. Cuando somos jóvenes, es necesario abrir nuestro corazón para la siembra de la Palabra de Dios, a fin de que pueda germinar y producir en abundancia los frutos de una vida para Dios.

A lo largo de la vida necesitamos volver continuamente a ella, para no estar “ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2 Pedro 1:8). Así podremos andar “como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10).

Éxodo 34 – Hechos 23:12-35 – Salmo 35:15-21 – Proverbios 12:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Un mundo desestabilizado

Sábado 21 Marzo

Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará.

Isaías 24:20

Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios.

Salmo 73:26

No hay refugio como el Dios nuestro.

1 Samuel 2:2

Un mundo desestabilizado

El mundo evoluciona a una velocidad vertiginosa, los progresos tecnológicos abundan en todos los campos. Algunos aportan una mejoría, como en la medicina, pero otros son aterradores. El hombre se ve superado por sus propios inventos.

Se lucha desesperadamente contra numerosas calamidades: droga, violencia, desenfreno sexual, terrorismo… la lista es larga. Las personas se sienten cada vez más solas, a pesar de la generalización de los medios masivos de comunicación. Los valores morales, reconocidos durante mucho tiempo, son dejados de lado. La humanidad parece haber perdido sus puntos de referencia.

No obstante, en medio de este universo inestable e inconstante, existe un punto de apoyo sólido como una roca: Dios. Él es nuestro Creador, nos dio la vida y nos ama. Él no cambia, y es la fuente de toda felicidad para el hombre. “Él solamente es mi roca y mi salvación… No resbalaré” (Salmo 62:6). Su Palabra, la Biblia, está allí, sólida, inquebrantable, en medio de las aguas tumultuosas. Es una lámpara para nuestro camino (Salmo 119:105), y “permanece para siempre” (Isaías 40:8). Jesús mismo dijo: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:24-25).

Éxodo 33 – Hechos 22:22-23:11 – Salmo 35:9-14 – Proverbios 11:31

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Por qué lloraba?

Viernes 20 Marzo

Lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo… Digno eres de tomar el libro… porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.

Apocalipsis 5:49

¿Por qué lloraba?

En la Biblia, el apóstol Juan nos relata una visión grandiosa. Siendo llevado ante Dios, quien estaba sentado en su trono, en la majestad de su poder, vio en su mano un libro cerrado con siete sellos que contenía todo su plan para el futuro del mundo: primero los juicios sobre el mal, y luego grandes bendiciones.

Sin embargo, nadie podía abrir ese libro. De ahí el llanto de Juan. ¿Se había destruido el plan de Dios? ¿El universo nunca vería la bendición de Dios? Si este fuera el caso, habría razones para llorar.

Hoy en día, la desesperación llena el corazón de muchos hombres y mujeres. Cada uno espera la llegada de un hombre providencial que pueda restablecer la justicia y mejorar definitivamente la suerte de la humanidad. Pero las esperanzas se desmoronan una tras otra. Las promesas electorales de un mañana mejor raramente se cumplen, y el poder se corrompe rápidamente. ¿Qué queda, sino la desesperanza y el hastío de la vida?

Pero la visión de Juan no se detuvo ahí. Jesucristo, el Dios Hombre, el gran Vencedor, abrió el libro. Él juzgará al mundo, y luego traerá la justicia y la bendición a la tierra.

Hoy, mientras la humanidad se desespera y corre hacia su destrucción, Dios anuncia a todos que Jesús, quien murió y resucitó, obtuvo la victoria. El que cree en el Señor Jesús se beneficia de esta victoria y es salvo. Forma parte del cortejo de los vencedores y canta su triunfo: “Digno eres de tomar el libro…”.

Éxodo 32 – Hechos 21:37-22:21 – Salmo 35:1-8 – Proverbios 11:29-30

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch