Honrarse los unos a los otros

Julio 12

Honrarse los unos a los otros

En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (Romanos 12:10)

Si usted está consagrado al amor fraternal, es obvio que usted les dará preferencia a los demás creyentes. Eso quiere decir que usted tendrá una genuina humildad y no tendrá “más alto concepto de sí que el que debe tener” (Ro. 12:3; vea también Fil. 2:3). También significa que usted dará honra a sus hermanos en Cristo y tomará la iniciativa de ponerlos en primer lugar.

No halagará a otro creyente simplemente con la esperanza de que lo halague a usted también o para congraciarse con él. Más bien le expresará sincero aprecio, respeto y amor como un hermano en la fe y miembro de la familia de Dios.

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Yo sé a quién he creído

Viernes 12 Julio

Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.

2 Timoteo 1:12

Yo sé a quién he creído

Muchos hombres creen en la existencia de un poder superior. Sienten que el mundo no pudo haber nacido de la casualidad. Sin embargo, cuando se trata de buscar a ese «Ser supremo», muchos se dejan llevar por personas o ideas que no tienen nada que ver con el verdadero Dios. Son influenciados por teorías filosóficas o doctrinas religiosas que los alejan de aquel Dios a quien buscan.

Sin embargo, Dios ciertamente se revela a quienes lo buscan. Lo hace a través de las obras de la creación, las cuales testifican del poder de Dios y hacen inexcusables a quienes rehúsan ver la mano del Creador (Romanos 1:20). Y, sobre todo, mediante la Biblia, su Palabra, el «documento» que hizo redactar por medio de fieles hombres de Dios inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21), la cual nos revela sus pensamientos y sus intenciones.

Moisés decía al pueblo de Israel: “Si… buscares al Señor tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (Deuteronomio 4:29).

Saulo, quien más tarde sería el apóstol Pablo, lo experimentó. Creía agradar a Dios persiguiendo a los creyentes, pero el Señor lo detuvo y se reveló a él: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (Hechos 9:5). Este encuentro no dejó ninguna duda en su espíritu; más tarde pudo escribir: “Yo sé a quién he creído”.

Buscando en la fuente divina, en la Palabra de Dios, podemos estar seguros de que en ella encontraremos a Dios si lo buscamos de todo corazón. Entonces también podremos decir: “Yo sé a quién he creído”.

Daniel 12 – Lucas 3 – Salmo 82 – Proverbios 19:9-10

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El amor fraternal

Julio 11

El amor fraternal

Amaos los unos a los otros con amor fraternal. (Romanos 12:10)

El amor fraternal revela el carácter de los cristianos. Por eso Pablo les recuerda a los creyentes que pongan en práctica esa virtud: “Acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros” (1 Ts. 4:9).

El verdadero discípulo de Jesucristo intuitivamente sabe que debe amar a sus hermanos y hermanas en Cristo. Como tienen el mismo Padre celestial, el amor entre los creyentes es tan normal como el afecto entre los miembros de una familia. Si es un verdadero discípulo, tal amor será verdaderamente suyo.

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Todos, sin excepción

Jueves 11 Julio

No hay justo, ni aun uno… todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:10, 23

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:16

Todos, sin excepción

Escuchemos estas declaraciones de la Palabra de Dios concernientes a todos los hombres, sin ninguna excepción:

– “El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Dios es bondadoso y paciente con los hombres; quiere que se arrepientan de sus pecados (ver Romanos 2:4).

– “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Esta declaración es ineludible. Excluye cualquier pretensión a una justicia personal. Reconocer que soy pecador es el primer paso de la fe que conduce al arrepentimiento.

– “Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:3-4). Nadie está excluido del plan de amor de Dios; nadie puede decir que Dios no se interesa en él.

– “Todos los que creen en él… siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:22, 24). Si creo en el Señor Jesús, es decir, si acepto que él sufrió en mi lugar el juicio por mis pecados, entonces Dios me perdona.

– “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). En este caso tampoco hay excepción. Todos los que han recibido a Jesús como su Salvador tienen la seguridad de ser hijos de Dios, de poseer la vida eterna. ¡Cuántos motivos de agradecimiento y adoración!

Daniel 11:21-45 – Lucas 2:21-52 – Salmo 81:11-16 – Proverbios 19:7-8

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Aferrándose a lo que es bueno

Julio 10

Aferrándose a lo que es bueno

Seguid lo bueno. (Romanos 12:9)

Como siervo de Jesucristo, Dios quiere que usted se comprometa con todo lo bueno, con todo lo que sea justo y digno. Esa tarea requiere el uso de discernimiento. Con la ayuda de Dios y su Palabra, usted debe evaluarlo todo con cuidado y decidir qué debe rechazar y qué debe seguir (1 Ts. 5:21-22).

A medida que se aparta de las cosas del mundo y que se satura de las Escrituras, lo que es bueno irá sustituyendo lo que es malo. Entonces usted hará realidad el mensaje de Pablo a los creyentes de Roma: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (12:2).

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¿Quién sostiene la cuerda?

Miércoles 10 Julio

Señor… yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

Salmo 73:20, 23-26

¿Quién sostiene la cuerda?

Un excursionista dejó caer su cámara fotográfica en una pendiente abrupta de los Alpes. La cámara descendió a toda prisa y quedó atrapada bajo un arbusto, fuera de su alcance. ¿Cómo recuperarla? El excursionista tenía una cuerda, pero, ¿dónde podría fijarla para descender sin riesgo? Un joven pastor se acercó y, luego de algunos intercambios, nuestro amigo le pidió ayuda para recuperar su cámara. «Yo te sostengo con mi cuerda», le aseguró.

El muchacho examinó al extranjero con aire escéptico y luego desapareció. Poco después volvió acompañado por un fornido montañés de aspecto afable. «Ahora voy a descender con la cuerda, dijo, pero este hombre la sujetará: él es mi padre».

¿Quién sujeta la cuerda que nos «asegura» en la vida? Esta es la pregunta. Dios nos conoce. Él está al tanto de todos los detalles de nuestra vida. Él sabe cómo sujetarnos. Podemos confiar completamente en él. Con él estamos seguros, pero debemos entregarnos enteramente a él y a su poder, con todo lo que tenemos y lo que somos.

Todos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo saben que son amados, llevados y sostenidos firmemente por Dios, como hijos “engendrados… de Dios” (Juan 1:12-13). “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el Señor de los que le temen… La misericordia del Señor es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen” (Salmo 103:13, 17).

Daniel 11:1-20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6

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Negarse a ser seducido

Julio 9

Negarse a ser seducido

Absteneos de toda especie de mal. (1 Tesalonicenses 5:22)

El aborrecimiento del mal lleva a la abstinencia de él. No se puede tener algún interés en el pecado y evitar caer en él. Negándose a ser seducido por la tentación, el justo sabe que “en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Sal. 1:2).

No se puede buscar la justicia y al mismo tiempo tolerar el mal. Por eso Pablo dio a Timoteo y a todos los creyentes este mensaje: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Ti. 2:22).

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Mejor es mirar a la meta (6)

Martes 9 Julio

Mejor es el fin del negocio que su principio.

Eclesiastés 7:8

Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Romanos 8:18

Mejor es mirar a la meta (6)

La parte más difícil de una carrera de resistencia suele ser el final. El cansancio toma la delantera, se baja la guardia, y todo puede cambiar en las últimas zancadas. Una caída puede echar a perder todo el esfuerzo hecho. Sin embargo, cuando la meta está a la vista, el corredor se reanima y, reuniendo sus últimas fuerzas, puede atravesar como vencedor la línea de llegada. Es el momento de la alegría y del triunfo. Entonces puede pensar: “Mejor es el fin del negocio que su principio”. Al comienzo hubo entrenamientos, privaciones, dudas… ¡pero al final halló la victoria!

¿Hacia qué meta estoy corriendo? ¿De qué está hecho mi futuro? ¿Está oscurecido por el miedo al fracaso? ¿Mi única perspectiva es la enfermedad y la vejez? A menudo el comienzo de un proyecto está colmado de esperanza, sin embargo el final puede ser menos agradable.

Si Jesús es mi Salvador, soy consciente de mi debilidad, pero pienso en la gracia de Dios y contemplo al Señor en la gloria. Él llegó a la meta, y pronto me permitirá alcanzarla a mí también. Ya preparó mi lugar junto a él en la casa del Padre (Juan 14:2), y volverá a buscar a los suyos.

Sé que vivir como creyente en un mundo sin Dios expone a dificultades: incomprensión, maltrato, marginación… Sin embargo, el Señor comenzó en mí una “buena obra” (Filipenses 1:6), y la completará en la gloria. La paciencia del cristiano es puesta a prueba en este mundo, pero Dios le dice que el fin será la felicidad en la presencia de Jesús.

(continuará el próximo martes)

Daniel 10 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4

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Los creyentes aborrecen el mal

8 de julio

Los creyentes aborrecen el mal
Aborreced lo malo.

Romanos 12:9

El mal es la antítesis de la santidad y por tanto la antítesis de la piedad. Así que el hijo de Dios aborrece lo malo porque Dios aborrece el mal (paráfrasis de Pr. 8:13).

Si verdaderamente usted ama a Dios aborrecerá toda forma de maldad. Como amaba tanto a Dios, David resolvió que «corazón perverso se apartará de mí; no conoceré al malvado» (Sal. 101:4). El fiel cristiano no debe comprometerse con lo malo.

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¿Siervo o amigo?

Lunes 8 Julio

(Jesús dijo:) Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

Juan 15:14-15

¿Siervo o amigo?

En la antigüedad había una gran diferencia entre un esclavo y un hombre libre. ¡Sin duda era muy raro que un amo tratara a su esclavo como a un amigo!

Ahora bien, Jesús honró a sus discípulos llamándolos “amigos”. Les habló con confianza y sencillez. Les compartió el secreto de su misión en la tierra. Les dio a conocer todo lo que escuchó de su Padre, como también nos lo enseña a nosotros por medio del evangelio. Les habló del amor de Dios, de su deseo de perdonar al hombre y reconciliarlo con él. Esa fue su manera de obrar.

El privilegio que tiene el creyente de vivir como amigo de Cristo depende de su obediencia a sus mandamientos. Jesús nos ordena, en particular, amarnos unos a otros (Juan 15:12). Los que ponen en práctica el amor divino son verdaderamente sus amigos. Un amigo es alguien en quien uno confía, a quien le puede revelar sus pensamientos, sentimientos, proyectos.

Los creyentes tienen el privilegio de servir al Señor. A los apóstoles les gustaba presentarse como siervos del Señor Jesús (Romanos 1:1; 2 Pedro 1:1; etc.). Sin embargo, por más grande que sea el privilegio de ser sus siervos, el de ser sus amigos es aún mayor. Considerados como esclavos solo necesitaríamos instrucciones claras para cumplir la tarea que nos confió. Pero como amigos, conocemos sus pensamientos y sus sentimientos. Y esto es suficiente para dirigir toda nuestra conducta, respecto a Dios como a nuestro prójimo.

Daniel 9:20-27 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2

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