Dios puede perdonar gratuitamente

Martes 7 Mayo

Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.

Romanos 5:18

Dios puede perdonar gratuitamente

Si un árbol produce aunque solo sea una naranja, tendremos la certeza de que es un naranjo. Asimismo, no es necesario que un hombre haga mucho mal para que Dios lo declare pecador. Incluso si hubiéramos desobedecido solo una vez, tendríamos la prueba de que somos pecadores y culpables. ¡Qué terrible sentencia! El árbol es malo.

A veces creemos que nuestras buenas obras podrán interceder por nosotros ante Dios, que Dios piensa como nosotros, y que mucho bien (que pensamos haber hecho) compensa un poco de mal. Pero Dios no obra así. Él es santo y justo; nuestros pocos actos que parecen loables no pueden calmar su ira contra todo lo que hemos hecho mal. No, Dios ofrece su perdón a todos los que se reconocen culpables. No hay diferencia porque todos han desobedecido a Dios; tampoco hay diferencia en el perdón de Dios, el cual es propuesto a todos, sin excepción.

Entonces, ¿por qué Dios puede perdonar gratuitamente, si dijo que toda mala acción sería castigada? Porque Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a sufrir ese castigo en nuestro lugar. Él vino a la tierra y jamás pensó, hizo ni dijo nada malo. Sin embargo, sus contemporáneos lo rechazaron y lo condenaron a muerte. Dios lo castigó y lo azotó en mi lugar y en el lugar de usted. ¡Qué amor el de Dios, quien sacrificó a Jesús por nosotros! ¡Qué amor el de Jesús, quien se dio a sí mismo para ser castigado en nuestro lugar! Esta gracia de Dios es para usted y para mí, si la recibimos simplemente creyendo.

1 Reyes 6 – Marcos 8:22-38 – Salmo 54 – Proverbios 15:1-2

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Abundante consolación

Mayo 6

Abundante consolación

De la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. (2 Corintios 1:5)

Cuando sufrimos, Cristo está con nosotros para consolarnos en nuestra angustia. El grado hasta el cual ha experimentado el mismo sufrimiento, y aun más, es la razón de que pueda consolarnos.

La prueba de su carácter es su reacción ante los tiempos más severos de sufrimiento y persecución. Cuando el sufrimiento se vuelve demasiado intenso, lo más fácil es enojarse y culpar a Dios. Cuando la persecución se vuelve demasiado severa, lo más fácil es transigir en la fe. El reaccionar de cualquiera de esas formas hará que usted se pierda la más abundante comunión que puede tener. Es que los momentos más profundos de comunión espiritual con el Cristo vivo son resultado directo del intenso sufrimiento.

El sufrimiento siempre nos lleva a Cristo porque encontramos en Él a nuestro misericordioso Sumo Sacerdote que se compadece “de nuestras debilidades” (He. 4:15) y que “es poderoso para socorrer a los que son tentados” (2:18). Así que considere sus sufrimientos como oportunidades de ser bendecido por Cristo mientras halla consuelo en su comunión.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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¡Sí, es grave!

Lunes 6 Mayo

Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Romanos 3:23

La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

1 Juan 1:7

¡Sí, es grave!

«El dulce pecado» es el lema de una pastelería ubicada en una esquina. Esta invita al transeúnte a satisfacer su gula calificada como «dulce pecado».

Reflexionando en la asociación de estas dos palabras, pienso en lo que el pecado le costó a mi Salvador: terribles sufrimientos en la cruz, la ira y el abandono de Dios. El clamor desgarrador de Jesús crucificado proclama enérgicamente la terrible gravedad del pecado a los ojos del Dios santo. No, Dios no trata el pecado con ligereza ni indulgencia. Él mide toda su gravedad, no según nuestros criterios, sino según su absoluta santidad. Si él hubiera podido cerrar sus ojos sin condenar el pecado, Jesús jamás hubiera sido crucificado. Dios nunca dice, como nosotros: «No es tan grave». ¡Sí, es grave! Es tan grave que Dios tuvo que sacrificar a su amado Hijo para resolver este terrible asunto.

En los evangelios Jesús revela el amor de Dios hacia el hombre pecador. Sin embargo, en ningún caso deja suponer que se pueda ser tolerante con el pecado. Cuando le llevaron una mujer sorprendida en adulterio, no la condenó, pero le dijo: “Vete, y no peques más” (Juan 8:11). A lo largo de su vida, Jesús supo lo que le costaría la presencia del pecado en el mundo. Vino para revelar el inmenso amor de Dios y, a la vez, su perfecta santidad ofreciéndose a sí mismo en sacrificio. Y Dios castigó a su Hijo, sin ahorrarle sufrimientos, para perdonar al pecador que se arrepiente.

Dios no puede soportar el pecado. Pero lo borra al precio de la sangre de su propio Hijo.

1 Reyes 5 – Marcos 8:1-21 – Salmo 53 – Proverbios 14:35

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El domingo: día de adoración (4)

Domingo 5 Mayo

El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan…

Hechos 20:7

La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Juan 4:23

El domingo: día de adoración (4)

Durante sus viajes, a veces el apóstol Pablo pasaba siete días con los cristianos de una ciudad. Probablemente lo hacía para celebrar la Cena con ellos. Aprovechaba los días de reposo para anunciar a Cristo en las sinagogas, y el resto de los días predicaba en las plazas públicas o en las familias. Pero en el capítulo 20 de los Hechos (v. 7) lo vemos reunido con los hermanos y hermanas, el domingo, para recordar al Señor. El objetivo de la reunión era “partir el pan”, como lo habían hecho los discípulos cuando Jesús instituyó la Cena, justo antes de su crucifixión. Allí Jesús “tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera… tomó la copa” (leer Lucas 22:19-20).

“Partir el pan” es recordar a Cristo, quien se hizo hombre: “Esto es mi cuerpo”. “Esta es mi sangre”. Es hacer memoria de sus sufrimientos, de su sacrificio, de su vida entregada, de su muerte, de la eficacia de su sangre que nos purifica de todo pecado y nos justifica para estar en paz en su presencia.

Jesús no está más aquí como en el tiempo de los evangelios. Pero dejó esta promesa: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Es allí donde debemos encontrarnos el domingo para recordar al Señor y anunciar su muerte hasta que él vuelva, para adorar al Padre.

(continuará el próximo domingo)

1 Reyes 4 – Marcos 7:24-37 – Salmo 52 – Proverbios 14:33-34

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La debida justicia

Mayo 4

La debida justicia

No teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo. (Filipenses 3:9)

Conocer a Jesucristo es tener su justicia, su santidad y su virtud imputadas a nosotros, lo que nos hace justos delante de Dios.

En los primeros años de su vida, el apóstol Pablo trató de alcanzar la salvación por el apego estricto a la ley. Pero cuando fue confrontado por la admirable realidad de Cristo, estuvo dispuesto a cambiar toda su justicia propia y moralidad externa, buenas obras y ceremoniales religiosos por la justicia concedida a él mediante la fe en Cristo. Pablo estuvo dispuesto a perder la débil y descolorida vestidura de su reputación si podía ganar el espléndido e incorruptible manto de la justicia de Cristo.

Ese es el mayor de todos los beneficios porque garantiza nuestra posición delante de Dios. Es el don de Dios para el pecador el apropiarse por fe de la obra perfecta de Cristo, que satisface la justicia de Dios.

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Fuiste fortaleza al pobre… refugio contra el turbión.

Sábado 4 Mayo

Fuiste fortaleza al pobre… refugio contra el turbión.

Isaías 25:4

Será aquel varón (Jesucristo) como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión.

Isaías 32:2

Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho.

Salmo 62:2

Un refugio en la hendidura de la roca

Viajando por el campo en las cercanías de Burrington, el poeta y pastor inglés Augustus Toplady (1740-1778) fue sorprendido por una violenta tempestad. Truenos, relámpagos y trombas de agua bajaban por los acantilados haciendo el lugar particularmente inhóspito. ¿Dónde encontrar un refugio? Fue entonces cuando descubrió, en el despeñadero circundante, una gran hendidura en la roca. Sin dudar se refugió en la cueva providencial (donde actualmente se encuentra una placa conmemorativa). Sintiendo de una manera particularmente intensa el valor de ese refugio, pensó en el abrigo que todo cristiano encuentra en la obra de Jesucristo. Esta liberación inspiró las palabras del cántico “Rock of Ages” (Roca de la eternidad), cuyas palabras traducimos aquí:

Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí;
Sé mi escondedero fiel; solo encuentro paz en Ti:
Eres puro manantial en el cual lavado fui.
Aunque yo aparezca fiel, y aunque llore sin cesar,
Del pecado no podré justificación lograr;
Solo en Ti, teniendo fe, puedo mi perdón hallar.
Mientras deba aquí vivir, mi postrer suspiro al dar,
Cuando vaya a responder a tu augusto tribunal:
Sé mi escondedero fiel, Roca de la eternidad.

 

1 Reyes 3 – Marcos 7:1-23 – Salmo 51:13-19 – Proverbios 14:31-32

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¿Qué esperanza hay para nuestro mundo?

Viernes 3 Mayo

Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará.

Isaías 24:20

¿Qué esperanza hay para nuestro mundo?

El escritor inglés Charles Dickens, al hablar de la Revolución francesa, dijo: «Fue la mejor de las épocas, y al mismo tiempo la peor». Esta frase podría aplicarse igualmente al principio del siglo 21. La esperanza de vida nunca fue tan larga, ni en algunos lugares el bienestar material tan grande, ni los medios de información o de movilidad tan potentes y numerosos.

Sin embargo, nuestra época también está marcada por múltiples crisis económicas, políticas y sociales, que pueden llenarnos de inquietud. La constatación hecha por el profeta Isaías hace más de 27 siglos, citada en el versículo de hoy, es totalmente actual.

Entonces nos hacemos la pregunta: ¿Hay esperanza para el mundo actual? Dios nos responde claramente por medio de la Biblia: el mundo que crucificó a su Hijo Jesús, y que continúa rechazando la autoridad del Creador, corre hacia su perdición. Los problemas seguirán empeorando hasta el momento en que la paciencia de Dios llegue a su fin; entonces él juzgará a la tierra habitada (Hechos 17:31).

Ahora bien, Dios ama a cada individuo y le ofrece la posibilidad de escapar del juicio. Él dice a cada uno personalmente: “Os he puesto delante la vida y la muerte… escoge, pues, la vida” (Deuteronomio 30:19). Escoger la vida es, por un lado, aceptar el veredicto que Dios tiene sobre nosotros y, por el otro, aceptar la salvación por la fe en Jesucristo. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¡Haga la elección de su vida!

1 Reyes 2:26-46 – Marcos 6:30-56 – Salmo 51:6-12 – Proverbios 14:29-30

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Nos lleva en triunfo

Mayo 2

Nos lleva en triunfo

A Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. (2 Corintios 2:14)

Hay muchas posibilidades que surgen del sufrimiento injusto por el nombre de Cristo. Dios pudiera usar el sufrimiento de usted para guiar a alguien a Cristo. Pudiera usarlo para ayudarlo a triunfar sobre la persecución demoníaca, o pudiera hacer que otros vean la actitud de usted ante la persecución y reaccionen de la misma manera.

Cualquiera que sea el triunfo de su sufrimiento, puede estar seguro de una cosa: Si usted sufre por el nombre de Cristo, Dios lo levantará y exaltará a su presencia misma. Cristo siempre nos hará triunfar aunque suframos injustamente. No menosprecie la potencialidad del sufrimiento injusto por el nombre de Cristo. ¡Así que soporte cualquier sufrimiento que se le presente teniendo en cuenta su triunfo venidero en Cristo!

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Jesucristo anunciado por el profeta Isaías

Jueves 2 Mayo

Reposará sobre él el Espíritu del Señor; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor.

Isaías 11:2

Jesucristo anunciado por el profeta Isaías

Leamos el Antiguo Testamento

En la Biblia, varios siglos antes del nacimiento de Jesucristo, el profeta Isaías anunció quién sería el Cristo.

– Su nacimiento: “la virgen concebirá, y dará a luz un hijo”. Su nombre será “Emanuel”, es decir, “Dios con nosotros” (Isaías 7:14).

– Su apariencia: “como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura” (Isaías 53:2).

– Su ministerio: “los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos” (Isaías 9:2). “Enviado… a vendar a los quebrantados de corazón” (Isaías 61:1). “El Señor se complació por amor de su justicia” (Isaías 42:21).

– Sus sufrimientos y su muerte: “Llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… como cordero fue llevado al matadero… el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:4-7).

– Su resurrección y los resultados de su obra: “Verá linaje, vivirá por largos días… Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Isaías 53:10-11).

Conducido por el Espíritu de Dios, Isaías despliega ante nosotros toda la vida de Jesucristo. Después de su resurrección, Jesús recordó a sus discípulos todo lo que había sido escrito de él “en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”, y concluyó: “Fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” (Lucas 24:44-47).

1 Reyes 2:1-25 – Marcos 6:1-29 – Salmo 51:1-5 – Proverbios 14:27-28

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Reinado soberano

Mayo 1

Reinado soberano

Habiendo subido [Cristo] al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades. (1 Pedro 3:22)

En todo el Antiguo como en el Nuevo Testamento, a la diestra de Dios se presenta como el lugar de preeminencia, poder y autoridad por toda la eternidad. Ese es el lugar adonde fue Jesucristo cuando hubo realizado su obra en la cruz, y allí es donde gobierna hoy.

Romanos 8:34 dice: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Su posición a la diestra de Dios le da autoridad sobre todas las cosas creadas.

Cristo asumió su posición de supremacía después que “ángeles, autoridades y potestades” se habían sujeto a Él (1 P. 3:22), es decir, cuando Cristo declaró su triunfo a los demonios encarcelados. La cruz y la resurrección fueron los que sometieron a Él a las huestes angelicales. Cuando ascendió al cielo, asumió su debida posición y reina soberano sobre todos.

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