Bienaventurado el que piensa en el pobre (9)

Lunes 25 Marzo

Bienaventurado el que piensa en el pobre. El Señor oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros.

Salmo 41:1; 69:33

Jesucristo… por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

2 Corintios 8:9

Las bienaventuranzas

Bienaventurado el que piensa en el pobre (9)

A menudo la Biblia nos habla de la pobreza. La menciona como una realidad que no debe dejarnos insensibles. Varias veces nos exhorta a ser generosos. Pero también nos muestra que ser pobres puede enseñarnos a conocer a Dios de una manera nueva. Tal fue la experiencia de Job, quien lo había perdido todo: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).

En efecto, las riquezas materiales, pero también las culturales e incluso las espirituales pueden ocultarnos a Dios. Ocupan nuestra mente y nos tranquilizan, pero en el fondo nos alejan de Dios, pues nos privan de vivir por la fe. En ese sentido, ser pobres nos puede instruir mucho, especialmente en las experiencias hechas con Dios.

Bienaventurado el que piensa en el pobre. Si se hiciera un sondeo y se preguntara: «¿Qué lo hace feliz?», sin duda nadie contestaría: «Pensar en el pobre». Para conocer esta felicidad es preciso saberse pobre uno mismo, en el plano espiritual. Entonces no estaré tentado a tratar al pobre con soberbia, sino que estaré atento a su situación y me ubicaré frente a él con interés y solicitud. El pobre necesita ser respetado, escuchado, acompañado, y a menudo necesita esto tanto como la ayuda material.

Pensar en el pobre, o comprenderlo, es sobre todo conocer al Señor Jesús, entablar vínculos con él, quien “se hizo pobre” por nosotros. Gracias a él poseemos la única riqueza valedera, la de ser amados por Dios.

Ezequiel 20:1-22 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

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María de Betania

Domingo 24 Marzo

Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él.

Mateo 26:6-7

María de Betania

Cada vez que leemos el relato de la cena que el Salvador compartió en Betania, en casa de Simón el leproso, poco antes de Su muerte, nos parece muy interesante (Juan 12:1-8; Mateo 26:6-13; Marcos 14:3-9). Sucedió pocos días antes de la crucifixión. Varias personas estaban reunidas para compartir esa cena: Jesús con sus discípulos, Simón, a quien seguramente Jesús había sanado de la lepra, Lázaro y sus dos hermanas, Marta y María. Para la mayoría de los presentes, Lázaro quizás era el centro de atención, pues había muerto, lo habían sepultado, y ahora estaba ahí vivo, frente a todos.

No obstante María dirigió su mirada hacia otra persona. Tal vez solo ella discernió la grandeza de su Señor y percibió que aquel que había resucitado a su hermano pronto moriría. Se acercó a él con un vaso de alabastro lleno de un perfume de gran precio. Rompió el vaso y derramó el perfume sobre la cabeza y los pies de Jesús. Le dio lo más precioso que tenía: el perfume y el vaso, que no debía tener otro uso. “La casa se llenó del olor del perfume” (Juan 12:3), ¡y la misma María estaba impregnada de él!

Cuando nos reunimos alrededor del Señor Jesucristo el primer día de la semana, ¿es solo para asistir a un servicio religioso? Ese lugar, ¿está lleno del olor del perfume, es decir, de la adoración que sube de nuestros corazones cuando contemplamos las perfecciones de Jesús, el Hijo de Dios? ¿Arde en nuestro corazón el deseo de ver a Jesús, como ardía el de Simón, sanado de su lepra, o el de Lázaro, el resucitado, y el de María?

Ezequiel 19 – Hechos 25 – Salmo 36:1-6 – Proverbios 12:5-6

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Pescadores de hombres

Marzo 23

Pescadores de hombres

Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. (Mateo 4:19)

Los pescadores del primer siglo usaban instrumentos especiales para pescar. Uno era la vara y el anzuelo (Mt. 17:27). Otro era una lanza o posiblemente un tipo de arpón (Job 41:26). Un tercero era la red (Mt. 13:47). Esta a veces tenía más de trescientos pies de largo unos ocho pies de ancho. Los pescadores la mantenían a flote por un extremo con corchos y hundían el otro extremo. A veces extendían la red entre dos botes y remaban en círculo. Luego tiraban de las sogas atadas a la parte superior de la red, terminando el proceso de pesca (Jn. 21:6).

Sin embargo, en el versículo de hoy Jesús se refería a una red que tenía forma circular (de unos quince pies de diámetro) hecha de una malla fina y con plomadas por la orilla. Atando un largo cordel al centro de la red, el pescador podía lanzarla al agua. Luego halaba el centro de la red con la cuerda para asegurar la pesca.

Así como los discípulos pescaron almas dentro del círculo de su red de aquella época, el Señor quiere que sus discípulos de nuestro tiempo evangelicemos a los hombres y a las mujeres que nos rodean.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Él nos comprende

Sábado 23 Marzo

Así dice el Señor:… Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros.

Isaías 66:12-13

En toda angustia de ellos él (el Señor) fue angustiado.

Isaías 63:9

Él nos comprende

Era primavera. El tiempo estaba despejado y con una temperatura agradable: parecía el ambiente ideal para tomar la moto y salir. Pero en una curva, un auto que venía en sentido contrario patinó y perdió el control. La colisión fue inevitable. Esa salida tan esperada durante el invierno terminó en tragedia.

Es el «destino», se dice, como le ocurre a tantas personas. Un día todo va bien; la vida nos sonríe, las circunstancias son favorables, pero al día siguiente, todo se derrumba. Y no necesariamente debido a un accidente, a una enfermedad o a una catástrofe natural. Divorcio, desempleo, crisis económica, pueden cambiar nuestras vidas en un instante y dejarnos abatidos y desanimados. ¿A quién podemos acudir en medio de nuestra zozobra? ¿Quién puede comprendernos?

Hay alguien que nos comprende mejor que nuestro amigo más cercano: es Jesucristo, el Hijo de Dios. Después de haber vivido una vida perfecta como hombre en la tierra, donde siempre fue sensible a todas las penurias que atraviesan los seres humanos, afrontó por nosotros la tragedia más grande: la muerte. Él puede ayudarnos en cada circunstancia difícil. ¡Qué dicha saber que Jesús está a nuestro lado, que desea darnos fuerza y ánimo!

¿Te hallas débil y oprimido

De cuidados y temor?

A Jesús, refugio eterno,

Dile todo en oración.

Ezequiel 18 – Hechos 24 – Salmo 35:22-28 – Proverbios 12:3-4

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El modelo de testimonio

Marzo 22

El modelo de testimonio

Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. (1 Corintios 11:1)

Cristo es el ejemplo perfecto a imitar al dar testimonio a los demás. En primer lugar, estaba dispuesto a dar testimonio. Aunque hubo ocasiones en las que dejó a las multitudes, por lo regular Jesús estaba entre el pueblo, aun cuando estuviera ocupado.

En segundo lugar, era imparcial. Jesús estaba a menudo con personas comunes y corrientes, leprosos, prostitutas y recaudadores de impuestos, los que pertenecían a las clases social y moralmente más bajas. Pero también ayudó a un centurión romano, hombre de importante condición social (Mt. 8:5-13), y al rico Jairo, cuya hija necesitaba un milagro (Mr. 5:22-24, 35-43). Jesús reflejaba la mente de Dios, que no hace acepción de personas (Hch. 10:34).

En tercer lugar, era sensible al dolor de los demás. En Marcos 5, una mujer que había estado con una hemorragia durante doce años extendió la mano y tocó la ropa de Jesús. Preocupado por ella, Jesús preguntó: “¿Quién ha tocado mis vestidos?” (v. 30).

Por último, consiguió una confesión pública de quienes creían en Él, como en el caso del ciego (Jn. 9:1-41) y del leproso samaritano (Lc. 17:11-19).

Siga el ejemplo de Cristo cuando les dé testimonio a los demás.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Nacido de nuevo

Viernes 22 Marzo

(Jesús dijo:) Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

Juan 3:6-7

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es.

2 Corintios 5:17

Nacido de nuevo

¿Y si no fuéramos fruto de la casualidad, sino criaturas de un Dios que quiso que existiéramos? ¿Y si después de morir tuviéramos que darle cuenta de nuestra vida? ¿Y si él fuera un Dios santo, que no soporta el mal… un Dios perfectamente justo que no acepta al culpable que vive «como si no pasara nada»?

En la Biblia leemos que Dios siempre tuvo proyectos de paz y felicidad para los hombres, pero que su rebeldía contra él los ha privado de este privilegio. Delante de Dios, tanto los que dicen ser «personas de bien» como los que viven en la inmoralidad, los religiosos como los impíos, los honestos como los ladrones, los jóvenes como los ancianos, los sabios como los ignorantes, los ricos como los pobres, los grandes de este mundo como el ciudadano común, todos son pecadores, por lo tanto condenados. Cada uno debe “nacer de nuevo”, es decir, recibir una nueva vida. ¿Cómo es posible esto?

La Biblia también nos lo explica: para salvar al hombre perdido, Jesucristo el Hijo de Dios vino a la tierra como hombre a revelar el amor de Dios y a morir en lugar de todos aquellos que creen en él. En lo sucesivo, todos los que se arrepienten, creen en él y aceptan el valor de su sacrificio para ser perdonados, son nacidos “de nuevo” y poseen la nueva vida prometida por Dios. Dios nos ofrece el medio de reconciliación con él. ¡No lo rechace! Tome hoy su mano extendida y reciba la salvación gratuita que él le ofrece.

Ezequiel 17 – Hechos 23:12-35 – Salmo 35:15-21 – Proverbios 12:1-2

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Aflicción por las almas perdidas

Marzo 21

Aflicción por las almas perdidas

¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! (Mateo 23:57)

Jesús se interesaba profundamente por las personas. Nuestro Señor llevó a Felipe (Jn. 1:43), a Mateo (Mt. 9:9) y a Pedro y a Juan (Mt. 4:18-19) a la fe con el llamado: “Sígueme”. En Juan 4, junto a un pozo se encontró con una mujer y la llevó a la salvación. En Lucas 19, se encontró con Zaqueo, un recaudador de impuestos, a quien guió a la confesión de pecado, al arrepentimiento y a la fe. En Juan 3, enseñó a Nicodemo acerca del nuevo nacimiento. En Marcos 10, llevó al ciego Bartimeo a que creyera en Él. En Marcos 5, Jesús sanó a un endemoniado en la región de los gadarenos. Y Lucas 23 cuenta de su breve pero conmovedor encuentro con el ladrón en la cruz (vv. 40-43); antes de entregarse a Dios, Cristo lo rescató del infierno eterno.

El corazón de Jesús se afligió por las almas perdidas. En Juan 5:40, tenemos una vislumbre de la pasión de Cristo cuando dijo: “No queréis venir a mí para que tengáis vida”. Tienen un tono melancólico esas palabras. ¿Resuena en su corazón el afecto de sus palabras?

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Oídme… el Señor estará con vosotros, si vosotros estuviereis con Él; y si le buscareis, será hallado de vosotros.

Jueves 21 Marzo

 

Oídme… el Señor estará con vosotros, si vosotros estuviereis con Él; y si le buscareis, será hallado de vosotros.

2 Crónicas 15:2

(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis.

Lucas 11:9

Yo estoy buscando

Una conversación en un campus universitario:

–¿Eres cristiano? Es que yo estoy buscando…

–Bueno, si buscas con sinceridad, ¡hallarás!

–Sí, claro, pero no he dicho que tengo ganas de hallar algo…

Este intercambio de palabras tiene el mérito de ser franco y directo. Y pone en evidencia un asunto capital: ¿tiene usted el sincero deseo de encontrar a Dios?

Efectivamente, uno puede estar buscando sin querer hallar, porque hacerlo sería comprometerse seriamente.

Si usted se reconoce en esta actitud, sepa que Dios también lo está buscando, pero él lo hace con seriedad, para su bien. De hecho, es muy posible que usted sea consciente de ello, y que, en esa aparente «búsqueda», en realidad, esté tratando de huir de Dios. Usted bien puede ganar este singular partido de «escondite», pero en la entrada a la eternidad habrá ganado la perdición eterna.

¡Perdido! Todavía no, porque hoy Dios le está buscando, le da una oportunidad. La prueba es que usted está leyendo o escuchando la lectura esta hoja. Como le gusta buscar, tome una Biblia y encuentre los versículos que dicen:

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.

“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”.

“El Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios”.

Ezequiel 16:35-63 – Hechos 22:22-23:11 – Salmo 35:9-14 – Proverbios 11:31

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Justos y pecadores

Miércoles 20 Marzo

(Jesús dijo:) Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Lucas 5:31-32

Arrepentíos, y creed en el evangelio.

Marcos 1:15

Justos y pecadores

Con respecto a los hombres, la Biblia dice claramente que “todos pecaron” (Romanos 3:23). La consecuencia inmediata es que “la muerte pasó a todos los hombres” (Romanos 5:12). ¿Quién puede poner en duda estos hechos? ¿Quién puede decir honestamente delante del Dios santo: «Yo no he pecado»?

Esta constatación no debe hacernos caer en la desesperación ni ser una excusa para vivir desordenadamente. Dios quiere y puede perdonar al culpable y hacerlo justo. ¿Es posible esto? “¿Cómo se justificará el hombre con Dios?” (Job 9:2). Dios da la respuesta: por medio de Jesucristo “se os anuncia perdón de pecados,… en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:38-39).

Dios es paciente y todavía llama a todos los hombres a recibir gratuitamente esta justicia, indispensable para comparecer ante su presencia y formar parte de su familia. Cada uno es llamado a reflexionar sobre su situación. ¿Ha aceptado usted esta justicia? ¿Es un hijo de Dios? Si la respuesta es afirmativa, va de viaje a su hogar al cielo, con todos los que han sido revestidos de esta justicia. En cuanto a los demás –porque solo hay dos categorías–, el evangelio nos dice que permanecerán “en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 22:13).

“Los justos se alegrarán… delante de Dios” (Salmo 68:3). Ellos “resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo 13:43).

“Me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia” (Zacarías 8:8).

Ezequiel 16:1-34 – Hechos 21:37-22:21 – Salmo 35:1-8 – Proverbios 11:29-30

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Renovar nuestra pasión

Marzo 19

Renovar nuestra pasión

Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino. (Mateo 9:35)

Todo lo que vale en la vida es resultado de la pasión de alguien. Los acontecimientos importantes de la historia humana son resultado de un profundo y entusiasta deseo de ver metas cumplidas. El deseo entusiasta de los creyentes debe ser la evangelización del mundo. Sin embargo, vivimos en una época que tiende a entorpecer nuestra perspicacia. Nuestra cultura opaca nuestras metas legítimas y le quitaría a nuestra fe su poder apasionado si tuviera la oportunidad.

En realidad, algunos cristianos son un jarro de agua fría para el corazón apasionado. Simplemente no comprenden a alguien con un interés apasionado por un proyecto espiritual, ya que la pasión espiritual no es la norma. La norma es no dejar que el

cristianismo interrumpa su manera de vivir. Si usted sigue esa norma, bajará su temperatura espiritual y se volverá apático.

Todos debemos preguntarnos: ¿Dónde está nuestra carga por la evangelización? ¿Por qué no es el evangelismo la función principal de la iglesia? ¿Es la iglesia simplemente un centro de actividad complaciente consigo misma, satisfecha con la comodidad y la prosperidad?

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