Lo hizo de todo corazón, y fue prosperado | Charles Spurgeon

15 de marzo
«Lo hizo de todo corazón, y fue prosperado».
2 Crónicas 31:21

Esto ocurre con frecuencia: es una norma del universo moral el que prosperen los hombres que hacen sus obras de todo corazón; mientras que resulta casi seguro que aquellos otros que van a sus labores con solo la mitad de sus corazones, fracasarán.

Dios no da cosechas a los ociosos: salvo cosechas de espinos. Ni se complace en enviar riqueza a quienes que no cavan el campo en busca de sus tesoros escondidos. Es un principio admitido en todo lugar que el que quiere prosperar debe ser diligente en su trabajo. Y lo mismo pasa con la religión: si deseas prosperar en tu trabajo para Jesús, procura que sea un trabajo de corazón y efectuado con todo el corazón. Pon en la religión tanta fuerza, energía, sinceridad y pasión como jamás hayas puesto en tus negocios; pues la religión las merece mucho más. El Espíritu Santo nos ayuda en nuestras flaquezas, pero no estimula nuestra ociosidad. Él ama a los creyentes activos. ¿Quiénes son los hombres más útiles en la Iglesia cristiana? Aquellos que llevan a cabo las obras que emprenden por la causa de Dios con todo su corazón. ¿Cuáles son los instructores de la Escuela Dominical que tienen más éxito? ¿Los más dotados? No: los más celosos. Los hombres cuyo corazón está sobre el fuego son aquellos que ven a su Señor cabalgar prósperamente en la majestad de la salvación. La sinceridad se muestra en la perseverancia. Tal vez haya fracaso al principio; pero el obrero diligente dirá: «Esta es la obra del Señor; debe, por tanto, llevarse a cabo. Mi Señor me ha ordenado hacerla y con su poder la haré». Cristiano, ¿estás sirviendo a tu Maestro con todo el corazón? Recuerda el celo de Jesús: piensa en su trabajo de corazón.

Él podía decir: «El celo de tu casa me consume». Cuando sudaba grandes gotas de sangre, no era liviana la carga que llevaba sobre sus benditos hombros; y cuando derramaba su corazón, no era un débil esfuerzo el que estaba haciendo por la salvación de su pueblo. ¿Somos nosotros fríos cuando Jesús era ferviente?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 83). Editorial Peregrino.

Tan lejos, y sin embargo tan cerca

Miércoles 15 Marzo

Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

Hechos 17:27

Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

Filipenses 4:5

Tan lejos, y sin embargo tan cerca

En el estrecho de Bering, cerca del círculo polar ártico, hay dos islas: Diómedes Mayor, que pertenece a Rusia, y Diómedes Menor, que pertenece a Estados Unidos. La línea del cambio de fecha pasa entre las dos. Cuando es lunes del lado americano, ¡ya es martes en la isla rusa! ¡Sin embargo, estas dos islas solo están separadas por cuatro kilómetros!

¡Tan lejos, y sin embargo tan cerca! A menudo, ¿no es esto lo que vivimos con Dios? ¡Nos parece tan lejano, y sin embargo está tan cerca! Dios “no está lejos de cada uno de nosotros”, decía el apóstol Pablo a los atenienses. Dios estaba cerca de ellos, pero no lo conocían. Incluso habían creado un altar dedicado “al Dios no conocido”.

Nuestro mayor impedimento para acercarnos a Dios quizá sean nuestros prejuicios, nuestras ideas equivocadas. Si pensamos que Dios es exigente, o insensible, permaneceremos lejos de él. Pero si nos abrimos a su amor, nos acercaremos a él.

Al venir a este mundo, Jesús nos reveló que Dios quiere estar muy cerca de nosotros y perdonar nuestros pecados, incluso los que no nos atrevemos a confesar. ¡Jesús pagó un precio muy alto para ello! “Habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:13).

¿Deseamos acercarnos a Dios? No tengamos miedo a ser rechazados; creamos en su perdón, en su amor. Vayamos a Dios cada día, pues diariamente tiene algo que perdonarnos, algo que darnos, o simplemente algo que decirnos. ¡Vayamos a él cada día mediante la oración!

Ezequiel 10 – Hechos 19:23-41 – Salmo 33:10-15 – Proverbios 11:19-20

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El regreso de Cristo

Martes 14 Marzo

Estar con Cristo… es muchísimo mejor.

Filipenses 1:23

Estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:17

El regreso de Cristo

Todo creyente que conoce a Dios y vive con él tiene el profundo deseo de estar con él. La Biblia nos muestra varios testimonios que nos animan y nos interpelan:

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios del Señor” (Salmo 84:2). “… Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Salmo 42:1-2).

Cuando Esteban era martirizado, Dios le permitió ver a Jesús en el cielo en la gloria (Hechos 7:55). Pablo deseaba estar con Cristo (versículo de hoy).

Para los cristianos, quienes han depositado su esperanza y fe en Jesús, la Palabra de Dios evoca el momento del regreso del Señor por los suyos: “Y si me fuere… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). Este momento está muy cerca: “Ciertamente vengo en breve” (Apocalipsis 22:20). Será un hecho excepcional y milagroso: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos… los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52).

Esta espera paciente del alma, ¿forma parte de nuestra vida? ¡Dicha esperanza anima a los que sufren debido a una enfermedad! Si anheláramos encontrarnos con el Señor, quien dio su vida por nosotros, le consagraríamos nuestra vida. El Señor quiere decir a cada uno: “Has sido fiel… entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

Ezequiel 9 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18

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Atenderé a mis caminos | Charles Spurgeon

14 de marzo
«Atenderé a mis caminos».
Salmo 39:1

Compañero de peregrinación, no digas en tu corazón: «Yo iré aquí y allá y no pecaré», porque nunca estarás tan lejos del peligro de pecar como para alardear de seguridad. El camino es muy fangoso: será difícil que limpies tu senda de manera que tus vestidos no se ensucien. Este es un mundo de betún; debes, por tanto, velar constantemente si al rozarte con él quieres conservar tus manos limpias. Hay un ladrón en cada recodo del camino para robar tus joyas; hay una tentación en cada virtud; hay una trampa en cada alegría; y, si alguna vez llegas al Cielo, será por un milagro de la gracia divina que debe atribuirse exclusivamente al poder de tu Padre. Está, pues, vigilante. Cuando alguien lleva una bomba en la mano, debe intentar no acercarse a una vela; tú también has de tener cuidado de no entrar en tentación. Aun tus actos corrientes son instrumentos afilados; debes, pues, pensar en cómo manejarlos. No hay nada en el mundo que estimule la piedad de un cristiano; en cambio hay muchas cosas que la destruyen. ¡Cuán deseoso debieras estar de recurrir a Dios para que él te guarde! Tu oración debería ser: «Sostenme y estaré seguro». Después de haber orado, debes velar, cuidando cada pensamiento, palabra y obra con celo santo. No te expongas, si no tienes necesidad; pero si eres llamado a exponerte, si se te ordena ir adonde los dardos vuelan, nunca te aventures a salir sin tu escudo. Porque si el diablo te encuentra alguna vez sin el mismo, se alegrará de que su hora de triunfo haya llegado, y de que pronto te hará caer herido por sus flechas. Aunque no te puede matar, sí le es posible herirte. Sé sobrio, sé vigilante; el peligro se puede presentar en un momento cuando todo te parezca seguro. Por tanto, atiende a tus caminos y vela en oración. Ninguno cae en el error por ser demasiado vigilante. Que el Espíritu Santo nos guíe en todos nuestros caminos, para que estos siempre agraden al Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 82). Editorial Peregrino.

Perseguidor y condenado

Lunes 13 Marzo
El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
Salmo 27:1
He aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.
Apocalipsis 3:9

Perseguidor y condenado
Mensajes de cristianos perseguidos

Cuando era perseguido debido al Evangelio, una vez fui condenado a muerte. Pero el Señor me protegió, pues en vez de ser ejecutado, me dejaron en la cárcel.

Algún tiempo después, el juez que había pronunciado mi condena tuvo problemas con la justicia. Debido a sus actividades políticas fue condenado a una larga pena. ¡No solo fue llevado a la misma cárcel donde yo estaba, sino a la misma celda!

Cuando me reconoció, empezó a llorar y a decir: «¡Oh, Dios, me rindo! ¡Oh, Jesús, me rindo realmente!».

Así continuó durante cuatro o cinco minutos, luego se dirigió a mí y me dijo: «Así que estoy con usted. ¿Se acuerda de mí? Su vida estaba en mis manos. Yo lo condené a muerte, y mandé ejecutar la sentencia en varias ocasiones, pero cada vez había algo que retrasaba su ejecución. ¿Quién hubiera podido pensar que yo estaría aquí en la cárcel, junto con usted? Veo que su Dios preservó su vida. Usted está en Sus manos. ¡Pero yo estoy en las manos de los jefes del partido! ¡Ellos no me dejarán vivir! Perdóneme, por favor. ¡Necesito a Jesús!».

Lo miré. Había sido mi juez, y ahora yo podía ser el suyo. Y el Señor me mostró qué clase de juicio debía pronunciar: Dios perdona, y nosotros debemos hacer lo mismo. En cuanto a nuestra vida, está en las manos de Dios: “Ni uno de ellos (los pajarillos) cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29).

Li An (China)
Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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¿De quién eres tú? | Charles Spurgeon

12 de marzo
«¿De quién eres tú?».
1 Samuel 30:13
En religión no puede haber neutralidad: o militamos bajo la bandera del Príncipe Emanuel, sirviéndolo y luchando a su lado, o somos vasallos del funesto príncipe Satanás. «¿De quién eres tú?».
Lector, permíteme ayudarte a responder esta pregunta. ¿Has nacido de nuevo? Si así es, perteneces a Cristo; de lo contrario, no puedes ser suyo. ¿En quién confías? Porque los que confían en Jesús son los hijos de Dios. ¿La obra de quién estás haciendo? ¿Estás seguro de servir a tu Maestro?; porque aquel a quien sirves tiene el derecho de ser tu señor. ¿Qué amistad cultivas? Si eres de Jesús, fraternizarás con los que visten la librea de la cruz. ¿Qué clase de conversación tienes? ¿Es celestial o terrenal? ¿Qué has aprendido de tu Maestro?; porque los siervos aprenden mucho de los amos de quienes dependen. Si has estado en comunión con Jesús, se dirá de ti aquello que se dijo de Pedro y de Juan: «Les reconocían que habían estado con Jesús» (Hch. 4:13).
Insistimos en la pregunta: «¿De quién eres tú?». Responde honradamente antes de dormir. Si no eres de Cristo, estás en una miserable esclavitud. ¡Huye de tu cruel amo! Entra al servicio del Señor de amor, y gozarás de una vida de bendición. Si eres de Cristo, permíteme aconsejarte cuatro cosas… Eres de Cristo: obedécele; que su palabra sea tu ley, que su voluntad sea la tuya. Eres del Amado: ámalo entonces, deja que tu corazón lo abrace; que toda tu alma se llene de él. Eres del Hijo de Dios: confía en él, pues; no reposes en ningún otro sino en él. Eres del Rey de Reyes: entonces muéstrate decidido por él. Así, sin llevar ninguna marca en la frente, todos sabrán de quién eres.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 80). Editorial Peregrino.

Y a ti te llamarán: Buscada | Charles Spurgeon

11 de marzo
«Y a ti te llamarán: Buscada».
Isaías 62:12 (LBLA)
La excelsa gracia de Dios se ve muy claramente en el hecho de que nosotros no solo fuimos buscados, sino angustiosamente buscados. Los hombres buscan algo que han perdido en el suelo de la casa, pero ese buscar no es el buscar angustioso a que se refiere el texto. La pérdida se siente más, y la exploración se hace más persistente, cuando una cosa se busca angustiosamente. Nosotros estábamos mezclados con el barro; nos hallábamos como cuando una preciosa joya de oro ha caído en un sumidero y los hombres revuelven y, cuidadosamente, examinan el montón de abominable basura hasta encontrar el tesoro. O, para usar otra figura: Nosotros estábamos perdidos en un laberinto, vagábamos de aquí para allá y, cuando la misericordia vino tras nosotros con el evangelio, no nos halló enseguida, sino después de indagar y buscarnos angustiosamente. Porque nosotros, como ovejas, estábamos desesperadamente perdidos y habíamos vagado por un país tan extraño que parecía imposible que hasta el Buen Pastor reconociera el rastro de nuestras tortuosas andanzas. ¡Gloria a la invencible gracia, porque fuimos angustiosamente buscados! Ninguna oscuridad pudo ocultarnos, ni inmundicia cubrirnos; fuimos hallados y conducidos al hogar. ¡Gloria al infinito amor, pues Dios el Espíritu Santo nos restauró!
Si las vidas de algunos creyentes pudieran escribirse, nos llenarían de admiración. Extraños y maravillosos son los medios que Dios utiliza para encontrar a los suyos. ¡Bendito sea su nombre! Él nunca deja de buscar a sus escogidos hasta hallarlos. Los suyos no son un pueblo buscado hoy y dejado de buscar mañana: la omnipotencia y la sabiduría no fallarán; su Iglesia será llamada «Buscada». Que se busque a alguien es ya una gracia incomparable; pero que se nos busque a nosotros, es gracia por encima de toda consideración. No resulta posible hallar explicación a esto, fuera del soberano amor de Dios, y solo podemos levantar nuestros corazones admirados y alabar al Señor, porque esta noche respondemos al nombre de «Buscada».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 79). Editorial Peregrino.

El testimonio de Roberto (2)

Sábado 11 Marzo
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Gálatas 2:20
El testimonio de Roberto (2)
Mucho más tarde Roberto escribió: «Vine a esta sala movido por necesidades espirituales… mi alma buscaba a Dios; no lo conocía, pero sabía que existía. Nadie me había hablado del Evangelio, ignoraba todo sobre la religión, pues ni mis padres ni yo íbamos a la iglesia. No era más que un pobre chico, criado sin Dios, sin fe, que progresivamente sintió necesidades espirituales, un llamado hacia Dios. ¡Lo necesitaba mucho! Quizá lo que hizo que buscase a Dios en mi juventud fue la pérdida de mi hermana mayor. Es cierto que el sufrimiento puede llevarnos a buscar a Dios.

Y lo encontré, plenamente revelado en Cristo, en quien hallé a mi Salvador y Señor. Desde entonces, las tristezas y las decepciones no han podido alterar mi fe, porque ¡sé en quien he creído! No es una idea, ni una imaginación, ¡sino una realidad vivida! Nunca podré agradecer lo suficientemente a Dios por haberse manifestado a mí, por revelarme a su Hijo y su amor, por permitirme llevar mi mirada y mi corazón hacia lo que será el futuro, la eternidad junto a él. Es uno de los maravillosos planes de Dios».

Luego Roberto consagró su vida a hablar incansablemente del amor de Dios revelado en la persona de Jesucristo. Pudo experimentar que Dios es un Padre bueno y tierno para aquellos que confían totalmente en él.

Usted también puede clamar a Dios, creer lo que la Biblia le dice, y vivir la misma experiencia.

Ezequiel 6 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12

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No pongas tu afecto en las cosas de la tierra | Charles Spurgeon

10 de marzo
«El hombre […] corto de días y hastiado de sinsabores». Job 14:1

Puede sernos muy útil, antes de conciliar el sueño, recordar este triste hecho; pues el mismo nos enseñará a desprendernos de las cosas terrenales. No hay, en verdad, nada agradable en recordar que no estamos libres de los dardos de la adversidad; pero ese recuerdo puede humillarnos y evitar que nos jactemos como lo hizo el Salmista, cuando dijo: «No seré jamás conmovido» (Sal. 30:6). Ese recuerdo puede también impedir que echemos demasiadas raíces en este suelo del cual muy pronto tendremos que ser trasladados al Edén celestial.

Recordemos cuán breve es nuestra posesión de los favores temporales. Si tuviésemos presente que todos los árboles de la tierra están marcados por el hacha del leñador, no haríamos tan prontamente nuestros nidos sobre ellos. Debemos amar, sí, pero con el amor que aguarda la muerte y no olvida la separación. Nuestros seres queridos solo nos han sido prestados, y la hora en que tendremos que devolvérselos al prestamista puede estar cercana. Lo mismo podemos decir de nuestros bienes terrenales. ¿No toman las riquezas alas y vuelan? Nuestra salud es igualmente precaria: siendo frágiles flores del campo, no debemos pensar que floreceremos para siempre. Hay un tiempo señalado para la debilidad y la enfermedad, en el que tendremos que glorificar a Dios mediante el sufrimiento y no mediante la febril actividad. No hay siquiera un solo momento de la vida que pueda verse libre de las afiladas flechas del dolor; de los pocos días con que contamos, ni uno solo está exento de pesar. La vida del hombre es un tonel lleno de amargura: el que en ella busca gozo sería mejor que buscara miel en un océano de salmuera.

Querido lector, no pongas tu afecto en las cosas de la tierra, busca más bien las cosas de arriba; porque aquí la polilla corrompe y los ladrones minan y hurtan, pero allí todos los goces son perpetuos y eternos. La senda de la aflicción es el camino al hogar. Señor, haz de este pensamiento una almohada para muchas cabezas fatigadas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 78). Editorial Peregrino.

El testimonio de Roberto (1)

Viernes 10 Marzo
¿Dónde está Dios mi Hacedor?
Job 35:10
Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.
Salmo 42:1-2
Tu rostro buscaré, oh Señor.
Salmo 27:8
El testimonio de Roberto (1)

Roberto era un joven apesadumbrado, cuyas condiciones de vida no eran fáciles. Aunque había sido criado sin religión, se interesó en la Biblia desde que un compañero le dijo que ella hablaba sobre los orígenes de la humanidad. Un día vio en un periódico local la dirección donde podría conocer el Evangelio. «Si tienen el Evangelio, pensó, también deben tener la Biblia». Deseoso de saber más, se dirigió a ese lugar un poco indeciso, llegó tarde… y no retuvo gran cosa de lo que escuchó. Pero al menos consiguió lo que quería, es decir, pudo comprar una Biblia, y se fue sin esperar el cambio.

Algunos días después Roberto volvió a ese pequeño local, que sería el punto de partida de la luz de su vida. Allí oraron por los nuevos asistentes. Roberto nunca había tenido contacto con creyentes, y tampoco había leído nada sobre el Evangelio. «Ya no recuerdo exactamente lo que me dijeron, escribió más tarde; simplemente creí, oré con ellos y todo cambió. Desde entonces jamás he tenido la más mínima duda; al contrario, es como un ámbito en el cual entré a mis 18 años de edad, y donde cada día descubro cosas maravillosas, o más bien, una cosa maravillosa: el amor misericordioso de Dios hacia mí».

Roberto creyó, y lo que llama el «ámbito» en el cual entró es la “nueva vida” que Jesús ofrece a los que creen en él.

(mañana continuará)
Ezequiel 5 – Hechos 16:11-40 – Salmo 31:21-24 – Proverbios 11:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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