“Resplandecer”

Domingo 31 Julio

(Testimonio del apóstol Pablo:) Yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí. (El apóstol Pedro en prisión) He aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel.

Hechos 26:1312:7

“Resplandecer”

La grandeza moral y la majestad de Dios -su gloria- resplandecen en Cristo. Jesucristo es “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3).

Cuando Jesús se transfiguró delante de tres de sus discípulos, su rostro resplandeció “como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz” (Mateo 17:2).

Dios hace resplandecer su luz sobre el creyente.

“Dios… es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).

El profeta Isaías contempló “una gran luz” brillando sobre Galilea, y declaró: “los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos” (Isaías 9:2).

David cantó: “Tú eres mi lámpara, oh Señor; mi Dios alumbrará mis tinieblas” (2 Samuel 22:29). Y también pudo decir a Dios: “Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz” (Salmo 139:12).

La luz resplandecerá un día sobre los creyentes. “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18).

“Los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo 13:43).

Felicidad incomparable,

Cuando su rostro adorable

Resplandecerá sobre ellos,

En la eterna paz.

Jeremías 4 – Lucas 12:22-40 – Salmo 89:28-37 – Proverbios 20:16-17

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Más duradero que el bronce

Sábado 30 Julio

Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos… y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

Eclesiastés 2:11

La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre.

1 Pedro 1:24-25

Más duradero que el bronce

Horacio, poeta latino del primer siglo, introdujo uno de sus poemas con estos pomposos versos:

Un monumento me alcé, más duradero

que el bronce,

Más alto que las pirámides regias;

Nada podrá destruirlo.

Hoy, aparte de los que deben estudiar lenguas antiguas, ¿quién lee las obras de Horacio? Este poeta perdió lo esencial de su gloria, como las pirámides reales fueron despojadas de los tesoros que guardaban.

Todo es vanidad en la tierra. Todo desaparecerá. Sin embargo, una obra subsiste; los hombres no pudieron hacerla olvidar: el sacrificio de Jesucristo.

El Evangelio no ha perdido su fuerza. Hoy, como hace veinte siglos, cada día millares de personas son arrancadas del poder de Satanás. ¿Por qué este mensaje tiene tal poder? Porque viene de Dios.

Escuchémoslo una vez más: “Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15).

¿Forma usted parte de los que pueden decir: El Hijo de Dios “me amó y se entregó a sí mismo por mí”? (Gálatas 2:20).

Jeremías 3 – Lucas 12:1-21 – Salmo 89:19-27 – Proverbios 20:14-15

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Polvo al polvo

Serie: El orgullo y la humildad

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El orgullo y la humildad.

La Palabra de Dios nos dice que el Señor formó al hombre del «polvo de la tierra» y «sopló en su nariz aliento de vida» (Gn 2:7). Después de la caída del hombre en pecado, el Señor le dijo a Adán: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás» (3:19). Nos humilla recordar que somos polvo y que al polvo volveremos. Pero comprender también que el Señor nos formó y nos hizo a Su imagen debería hacernos regocijar con sincero agradecimiento.

A causa de nuestro pecado, no somos tan humildes ni tan agradecidos como debiéramos. La humildad y el agradecimiento no pueden separarse, son los compañeros más cercanos. El agradecimiento nace de la humildad, pero el sentido de derecho propio nace del orgullo. En el corazón del pecado de Eva y Adán estaba su sentimiento de derecho propio enraizado en su orgullo, porque creían que podían ser como Dios. No se conformaban con ser lo que Dios quería que fueran; creían que sabían más que Dios. Este mismo pecado está en el corazón de nuestro propio pecado y en mucho del pecado que vemos en el mundo de hoy. Cuando no vivimos tal y como Dios nos ha diseñado y llamado a vivir, es porque creemos que sabemos más que Él. Cuando los del mundo viven como quieren, cometen el mismo pecado. La diferencia es que mientras el mundo exhibe su orgullo, nosotros como cristianos debemos despreciar el orgullo que acecha en nuestros corazones y arrepentirnos de él.

Hay una guerra dentro de nosotros entre la carne y el espíritu, entre la humildad producida por el Espíritu contra el orgullo. Como cristianos, debemos humillarnos ante Dios y orar diariamente para que nos haga humildes. Esta es una de las oraciones más aterradoras que podemos hacer, porque Dios a menudo responde con una prueba que nos humilla y nos hace totalmente dependientes de Él.

Oramos por una humildad genuina para que Dios reciba la gloria, no para que nosotros recibamos la gloria por ser vistos como humildes. La humildad genuina no es hacernos parecer humildes, sino olvidarnos de nosotros mismos por el bien de los demás. El hombre verdaderamente humilde es aquel a quien los demás ven como humilde, pero que no siempre se ve a sí mismo de esa manera porque sus ojos están muy fijos en nuestro humilde Salvador.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

Abramos los ojos

Jueves 28 Julio
¡Oh Señor! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti.
Jeremías 32:17
Detente, y considera las maravillas de Dios.
Job 37:14
Abramos los ojos
La Vía Láctea dibuja un gran arco blanco por encima de nuestras cabezas. Incluso a simple vista, en un día despejado, podemos ver un encadenamiento de estrellas y nebulosas de intensidad diferente: esa es la galaxia a la cual pertenecemos. Los billones de estrellas que la componen se unen en forma de un enorme disco y giran, se nos dice, alrededor de un punto central, como la tierra alrededor del sol. Ese inmenso universo da testimonio del Dios creador, de su poder y de su sabiduría.

¿Ha comprendido usted que el autor de ese prodigioso universo se ocupa también de una criatura tan pequeña como el ser humano? Sin embargo, ¡los hombres han dado a Dios todas las razones para no interesarse en ellos! No obstante, él continúa mostrándoles su amor; no quiere condenarlos, sino más bien salvarlos.

Confíe en el Creador, el será su Salvador.

Contemplando el espacio inmenso,
El universo tan maravilloso,
Descubro tu poder
En la tierra y en los cielos.
Comprendo mi pequeñez,
Mi nada y tu grandeza.
Siento toda mi debilidad,
¡Oh Dios, potente Creador!
Pero, en tu amor supremo,
Me diste por Salvador
Oh, mi Dios, a tu mismo Hijo;
Él murió por mí, pecador.
Jeremías 1 – Lucas 11:1-28 – Salmo 89:7-14 – Proverbios 20:10-11

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La respuesta a la pregunta más importante

Serie: Cómo entender el propósito de Dios

R.C. Sproul

«¿Por qué?». Esta simple pregunta que hacemos varias veces al día, está cargada de supuestos de lo que los filósofos llaman teleología. La teleología es el estudio del diseño y el propósito. Proviene de la palabra griega telos, que aparece repetidas veces en el Nuevo Testamento.

Buscamos descubrir la razón por la que las cosas suceden como lo hacen. «¿Por qué llueve?»; «¿Por qué la tierra gira sobre su eje?»; «¿Por qué dijiste lo que dijiste?». Cuando planteamos la pregunta del propósito, es porque nos preocupa el fin, el objetivo y la meta. Todos estos términos sugieren intención. Suponen un significado y no un sinsentido.

El cínico puede responder a la pregunta «¿Por qué?» replicando de forma simplista: «¿Por qué no?». Sin embargo, incluso en esta respuesta se observa un compromiso ligeramente encubierto con el propósito. Si damos una razón para no hacer algo, entonces estamos diciendo que lo opuesto tiene un propósito o cumple un fin. Los seres humanos son criaturas comprometidas con el propósito. Las intenciones informan nuestras acciones.

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
¿Cómo afecta el propósito a tu vida diaria, a tus prioridades, planes y actividades?

Para estudiar más a fondo
Efesios 3:8-11

Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
Cómo entender el propósito de Dios

R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Lo que permanece eternamente

Miércoles 27 Julio
(Jesús dijo:) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Lucas 21:33
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
Hebreos 13:8
Lo que permanece eternamente
A veces nos sentimos inquietos ante la inestabilidad de este mundo donde todo cambia tan rápido, pero Dios quiere tranquilizarnos llamando nuestra atención sobre lo que permanece eternamente.

 – “Cristo permanece para siempre” (Juan 12:34). Qué felicidad poder poner nuestra confianza en aquel que, “por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:24-25).

 – “La palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:25). Las palabras de los hombres son numerosas, efímeras, contradictorias, y a menudo mentirosas. Pero frente a esto, la Palabra de Dios permanece en todo tiempo como una brújula fiable, siempre dirige la mirada hacia Cristo.

 – “El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). El que hace la voluntad de Dios es, en primer lugar, el que se arrepiente, confiesa sus pecados a Dios y acepta su perdón. Entonces recibe una vida nueva y tiene la certeza de pasar la eternidad con Jesús en el cielo. Además, “su justicia permanece para siempre” (2 Corintios 9:9). En el contexto, la palabra “justicia” designa la caridad practicada por el creyente. Dios está atento a todo lo que hacemos para él y lo pone a nuestro favor por la eternidad. ¡Qué gracia!

Creyentes, no temamos nada, ¡nuestras bendiciones son eternas!

Números 36 – Lucas 10:21-42 – Salmo 89:1-6 – Proverbios 20:8-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Ejercitar tu poder de elección

Ejercitar tu poder de elección

Serie: Cómo aprender las leyes de Dios
Por R.C. Sproul
¿Tiene el hombre libre albedrío? Esta es una de las preguntas teológicas más comunes. A veces no se presenta como una pregunta sino como una objeción a la idea de un Dios soberano.

En el centro del problema está la definición de libre albedrío. ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que el hombre tiene libre albedrío? En pocas palabras, el libre albedrío significa simplemente que el hombre tiene la habilidad de elegir lo que quiere. Esta habilidad requiere la presencia de una mente, de una voluntad y de un deseo. Si estas facultades están presentes y funcionando, ese hombre tiene libre albedrío.

Libre albedrío no significa que el hombre puede elegir hacer lo que quiera y necesariamente tener éxito. Nosotros podemos elegir volar sin la ayuda de dispositivos mecánicos. Podemos caer por el aire, pero no podemos volar. Nos hace falta el equipamiento natural necesario (en este caso, alas) para poder volar. Sin embargo, esto no significa que no seamos libres. Sí significa que nuestra «libertad» está limitada por nuestras limitaciones físicas. Mi voluntad puede ser derrotada por la voluntad de una mayoría o de algún poder superior. Ese poder conflictivo no elimina mi libertad, pero podría imponer límites sobre ella.

Uno de los límites más importantes para mi libertad soy yo mismo. Si examinamos cuidadosamente cómo funciona la voluntad, encontraremos un punto de ironía que a menudo es pasado por alto en las discusiones sobre el libre albedrío. El punto es este: no solo puedo elegir lo que quiero sino que debo escoger lo que quiero si mi elección ha de ser realmente libre. La elección se hace basada en un deseo. Sin el deseo no puede haber una elección libre (sobre todo cuando hablamos de una elección moral).

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
Dios te dio libre albedrío para elegir. Eliges de acuerdo a tus deseos. ¿Te guiarán tus deseos presentes a tomar decisiones sabias para el futuro?

Para estudiar más a fondo
Deuteronomio 30:19 – Josué 24:15 – Salmo 25:12

Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
Cómo aprender las leyes de Dios

R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Gracia y paciencia de Dios

Martes 26 Julio
La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres.
Tito 2:11
¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
Romanos 2:4
Gracia y paciencia de Dios
“En los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1). Estas palabras de la Biblia, escritas hace alrededor de 2000 años, son de una terrible actualidad. La desigualdad entre ricos y pobres es cada vez más grande, los conflictos abiertos o latentes entre países son cada vez más numerosos. La economía mundial titubea, desastres ecológicos y epidemias de gran dimensión se suceden. Y lo que es más grave todavía: el corazón de los hombres no mejora. Egoísmo, avaricia, ingratitud, crueldad, calumnia, traición… los caracteres descritos por el apóstol Pablo (2 Timoteo 3:2-5) siguen presentes.

La Palabra de Dios también agrega: “En los postreros días vendrán burladores… diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:3-4). La actitud de muchos en los últimos tiempos está caracterizada por el escepticismo y la burla respecto a las enseñanzas bíblicas; con una inmensa pretensión quieren excluir de su mente toda idea de Dios.

Pero Dios es paciente y continúa anunciando su mensaje de gracia incansablemente. Este aún es ofrecido a todos. Basta con aceptarlo volviéndose al único “mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). Es el único medio para escapar a la ira de Dios que caerá sobre el mundo (Colosenses 3:6). El Dios de amor “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). ¿Desea usted ser salvo? Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). ¿Quiere ir a él?

Números 35 – Lucas 10:1-20 – Salmo 88:13-18 – Proverbios 20:6-7

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Redescubrir la ley

Serie: Cómo aprender las leyes de Dios

Por R.C. Sproul

La reforma de Israel se llevó a cabo por medio del redescubrimiento de la ley, la cual despertó brevemente a esta nación corrupta y le permitió ver su bancarrota espiritual. Siendo joven, el rey Josías inició el proceso de reforma con una depuración espiritual, una limpieza de los elementos paganos de la vida religiosa de la nación.

Pocos años después, Hilcías encontró el libro de la ley del Señor dada por medio de Moisés. Un escriba la trajo al rey Josías y la leyó. El resultado fue dramático: «Y sucedió que cuando el rey oyó las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestidos» (2 Re 22:11).

Josías fue despertado a la grandeza de la ira de Dios. Se dio cuenta de que Dios había derramado Su ira sobre la nación de Israel. Entendió que este juicio divino sobre la nación era el resultado directo del pecado.

El cambio inmediato más visible en la reforma nacional de Israel fue la restauración de la adoración verdadera, una adoración libre de idolatría y fundamentada en un entendimiento sano del carácter de Dios y Su ley.

Necesitamos un nuevo descubrimiento de la ley de Dios y de la Palabra de Dios en nuestra tierra. Sí, la Palabra de Dios necesita ser redescubierta en la plaza pública, pero sobre todo necesita ser redescubierta en la casa de Dios.

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
Renueva tu compromiso personal con la Palabra de Dios. ¡Empieza hoy!

Para estudiar más a fondo
2 Crónicas 35:3 – 2 Crónicas 34:3 – Salmo 119:92

Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
Cómo aprender las leyes de Dios


R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Un profeta

Lunes 25 Julio
Jesús… se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
Marcos 1:45
Todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.
Marcos 11:18
Un profeta
Poco después de su salida triunfal de Egipto, el pueblo hebreo vivió una experiencia terrible: la gloria de Dios apareció en el monte Sinaí, manifestada por medio de fuego y una voz tronante. Atemorizados por la santidad y la grandeza del Creador, los hebreos le pidieron… que no se revelara más de esta manera. ¡Y Dios lo aceptó! Anunció que la revelación pasaría por seres humanos, escogidos entre sus hermanos, a quienes Dios comunicaría sus palabras (Deuteronomio 18:15-18). Fue así como la Biblia se escribió. “Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

Este relato de Deuteronomio (cap. 18:15, 18), también nos anuncia la venida de Cristo, el profeta por excelencia, portador de las palabras de Dios. Jesús fue suscitado entre sus hermanos israelitas: “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (Gálatas 4:4).

Durante su vida en la tierra, Jesús enseñó en las sinagogas. Sus oyentes “se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad”, no como los maestros de la ley (Marcos 1:22).

El hombre es incapaz de acercarse a Dios en Su majestad, por lo tanto Dios se acercó a él en su gracia. Se hizo hombre en Jesucristo y nos enseña con autoridad. Desde el principio del evangelio según Marcos leemos: “Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15).

Números 34 – Lucas 9:44-62 – Salmo 88:8-12 – Proverbios 20:4-5

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch