Aplazar

Sábado 11 Junio
He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.
2 Corintios 6:2
Aplazar
Esta palabra significa dejar para más tarde lo que podemos hacer ahora. Dicha tendencia es peligrosa. Aplazar un examen, el pago de impuestos y otras facturas, e incluso la visita al médico cuando uno está enfermo, puede traer graves e irreparables consecuencias. La pereza, el desánimo, o incluso la indecisión, que nos llevan a posponer tareas urgentes, pueden hacernos mucho daño.

Pero hay un ámbito en el que es aún más peligroso dejar para mañana la decisión que debemos tomar hoy. Se trata de nuestra relación con Dios, pues ella determina nuestro futuro eterno. Es una cuestión de vida o muerte. “Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti” (Deuteronomio 30:19-20). Aquí la muerte simboliza la ausencia de relación con Dios y la perspectiva del juicio que sigue a la muerte física. La vida es, al contrario, la relación que podemos tener con Dios, desde ahora y para siempre, basada en el perdón de nuestros pecados. Pecamos cada día, y solo la sangre de Jesucristo, derramada por nosotros en la cruz, puede borrar nuestros pecados. La fe en él nos permite obtener el perdón. Dios nos invita a escoger la vida y a tomar una decisión pronta. Nuestra vida es efímera, frágil; no debemos aplazar esta decisión, pues de ella depende nuestro futuro eterno. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15). ¡Mañana quizá sea demasiado tarde!

“Buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas” (Lucas 12:31).

Levítico 21 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4

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El amor echa fuera el odio

Viernes 10 Junio
Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:33-34
El amor echa fuera el odio
“La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, solo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio, solo el amor puede hacerlo”. Estas palabras de Martin Luther King nos llaman la atención. En este mundo donde vemos con tristeza que la mentira responde a la mentira, el odio al odio, la violencia a la violencia, nos convendría poner en práctica estos principios. Pero, ¿quién puede quitar la oscuridad? ¿Quién es capaz de amar a su enemigo? Solo hubo Uno capaz de hablar de amor y perdón cuando era condenado injustamente, cuando sus enemigos le ocasionaban los más crueles sufrimientos. ¡Fue Jesucristo!

Durante su vida en la tierra enseñó a las multitudes, diciendo: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues… Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6:27-31). Jesús no solo enseñó estas cosas, sino que también las puso en práctica. Condenado a muerte injustamente, sufriendo el martirio, clavado en una cruz, oró pidiendo perdón para sus verdugos.

Nuestros pecados son una ofensa a Dios. Pero el perdón y la vida divina son ofrecidos a todos. ¿Somos conscientes de la necesidad de reconciliarnos con Dios? Jesucristo hizo todo lo necesario para ello. ¡Solo basta que cada uno lo crea!

Levítico 20 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

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Creamos la Palabra de Dios

Miércoles 8 Junio
Muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos.
Juan 2:23-24
(Jesús dijo:) El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
Juan 5:24
Creamos la Palabra de Dios
En la parábola del rico y Lázaro, Jesús levantó el velo sobre el más allá (Lucas 16:19-32). El rico murió y fue enviado al “lugar de tormento”. Cuando se dio cuenta de que su desgracia era definitiva, quiso que advirtiesen a sus cinco hermanos, que aún estaban vivos en la tierra, para que ellos no fuesen también a ese terrible lugar.

La respuesta fue extremadamente seria: “A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos”. El rico insistió, pero se le respondió que si alguien no creía “a Moisés y a los profetas” (en ese tiempo, la parte escrita de la Biblia, el Antiguo Testamento), ¡tampoco creería aunque alguien se levantase de los muertos!

A veces oímos decir: “Nadie ha vuelto del más allá…”. ¡Esto es falso! Jesús murió, pero resucitó y se presentó vivo varias veces a los suyos (1 Corintios 15:3-8). Su testimonio fue ampliamente difundido. Sin embargo, muchos rechazan este hecho extraordinario de la resurrección de Jesús. Desde hace cerca de 2000 años, a pesar de las pruebas de esta resurrección, los hombres siguen resistiendo a la verdad. Así confirman que esta parábola de Lucas 16 corresponde a la realidad.

No esperemos pruebas que vengan de otro mundo, o milagros extraordinarios, para creer la Palabra de Dios. La Biblia es formal: aceptar humildemente lo que Dios dice en las Sagradas Escrituras nos conduce a la salvación. Leamos, pues, la Palabra con fe; así estaremos totalmente seguros de nuestro futuro eterno.

Levítico 18 – Romanos 14 – Salmo 68:28-35 – Proverbios 16:31-32

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Salvado eternamente

Martes 7 Junio
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:38-39
Salvado eternamente
Un evangelista cuenta una experiencia especial de su vida cristiana.

“Era cristiano desde hacía muchos años cuando alguien me preguntó: ¿Nunca ha dudado de su fe? ¿Nunca ha tenido miedo de equivocarse creyendo que pertenece a Cristo eternamente?

Me pareció extraño que alguien me preguntase esto justo en ese momento. En efecto, en la tarde del día anterior, mientras iba camino a predicar el evangelio, me pareció escuchar una voz que me decía: ¡Donald, eres un hipócrita! ¡Tú no eres salvo! Muy turbado, me pregunté si esto podría ser verdad. Después de haber predicado a Cristo durante años, ¿sería posible que yo no fuese salvo? Inmediatamente el Señor me ayudó, y pude decir: Señor, te doy gracias. Soy verdaderamente salvo porque tú moriste en la cruz también por los hipócritas. Tú recibes a todos los hombres tal como son.

En ese momento la nube de la duda se disipó. Comprendí que esas preguntas que sembraban la duda en mí provenían del diablo que quería quitarme la paz. Semejantes pensamientos de duda nunca vienen de Dios. Esto fue lo que respondí a mi interlocutor”.

Dicho testimonio debería animar a todos los que confesaron sinceramente su estado de pecado a Dios, pero que todavía luchan con las dudas respecto a su fe. El versículo del día no puede ser más claro; ha traído la paz a numerosos creyentes.

Levítico 17 – Romanos 13 – Salmo 68:21-27 – Proverbios 16:29-30

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La existencia de Dios

Lunes 6 Junio
De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres… y les ha prefijado el orden de los tiempos… para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.
Hechos 17:26-27
La existencia de Dios
En el curso de la vida profesional, las pasantías hacen que los colegas vuelvan a encontrar el interés de discutir sobre muchos temas, como en el pasado cuando eran estudiantes. Un antiguo compañero, sabiendo que soy cristiano, me hizo preguntas sobre la existencia de Dios. Durante años él había formado parte de un grupo defensor del ateísmo. Se hacían largas discusiones para probar la inexistencia de Dios. Pero los argumentos no lo habían convencido, parecían girar en un círculo vicioso. Así que salió del grupo.

Después de esta charla comprendí mejor que el objetivo de la Biblia no es dar pruebas de la existencia de Dios, sino mostrar de forma tangible lo que él es. En primer lugar, Dios se revela al hombre en la naturaleza: es un lenguaje que viene de Dios, un lenguaje que nos habla de él de manera contundente. “Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo” (Romanos 1:20). Dios también se dio a conocer por medio de los profetas. Y aún más, ¡revelación suprema!, Dios vino a la tierra en la persona de su Hijo Jesús. La Biblia es la recopilación de todos estos testimonios divinos.

Podríamos reflexionar infinitamente sobre la existencia de Dios, pero nuestra fe se despierta realmente cuando vemos lo que él nos comunicó, cuando escuchamos atentamente sus testimonios, recibiendo simplemente su Palabra. “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

Levítico 16 – Romanos 12 – Salmo 68:15-20 – Proverbios 16:27-28

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¿Hago el bien?

Domingo 5 Junio
Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.
Santiago 4:17
Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
Eclesiastés 12:14
¿Hago el bien?
¿Cómo distinguir lo que está bien de lo que está mal? ¿Por qué está mal robar un objeto? ¿Por qué algunos comportamientos, censurables hace algunos años, son permitidos hoy? El tema del bien y del mal es fundamental. Cuando Adán fue creado en el huerto de Edén, solo conocía lo que era bueno: escuchar a Dios y obedecerle. Pero cuando transgredió el único mandamiento que Dios le dio, conoció la diferencia entre el bien y el mal. Su conciencia se despertó y fue consciente de su pecado; por eso tuvo miedo cuando Dios se acercó a él.

Ante el tema del bien y del mal, cada uno debe tomar decisiones en el ámbito moral. ¿Actuaré según lo que la conciencia me dice, o en contra? Dios, nuestro Creador, nos dio referencias seguras en su Palabra. Incluso si nuestras sociedades permisivas, bajo el disfraz de la tolerancia, a menudo se están liberando de prohibiciones y de ciertos tabúes, los criterios del bien y del mal fijados por Dios no cambian. Si para muchos el pecado es una noción pasada de moda, la Biblia lo presenta como una tendencia al mal profundamente anclada en el corazón humano.

¿Podemos liberarnos del pecado para hacer el bien? ¡Sí! Dios, quien es santo, lo solucionó dando a su Hijo. Jesús “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). El que cree en él es “justificado”, hecho justo, para hacer lo que es bueno. “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23).

Levítico 15 – Romanos 11:25-36 – Salmo 68:7-14 – Proverbios 16:25-26

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Los pies lavados (3)

Sábado 4 Junio
(Jesús dijo:) Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros; porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
Juan 13:14-15
Los pies lavados (3)
Jesús lavó los pies de sus discípulos, y en esto les dio ejemplo. Por ello desea que nosotros también nos lavemos “los pies los unos a los otros”, poniéndonos moralmente a los pies de nuestros hermanos y hermanas.

En esta posición de humildad podemos ayudarles a purificarse, y esto a menudo es recíproco. Debemos actuar así unos para con otros animándonos a escuchar la Palabra de Dios, que habla a nuestra conciencia, nos purifica y nos libera.

Lavar los pies a un viajero cansado, después de una caminata en una región cálida, lo refresca y lo reconforta. ¡Fortalezcamos a los que están cansados de caminar en la vida cristiana! Ante todo, es un servicio de amor mutuo que implica que nos preocupemos “los unos por los otros” (1 Corintios 12:25). Así somos llamados, mediante la oración o por medio de palabras de ánimo, a vivir esta exhortación: “Servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13).

“Lavar los pies” de un amigo cristiano consiste en servirle, ayudarle, para que en él no haya nada que interrumpa su comunión con Dios, su servicio, su relación con sus hermanos y hermanas cristianos. Semejante disposición, como de parte de Jesús nuestro Maestro, es difícil. A veces corremos el riesgo de ser rechazados, incomprendidos… Sin embargo, esto es lo que el Señor desea, y nos anima: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17). ¡Solo viviendo cerca de él podremos experimentar estas realidades!

Levítico 14:33-57 – Romanos 11:1-24 – Salmo 68:1-6 – Proverbios 16:23-24

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Los pies lavados (2)

Viernes 3 Junio
(Jesús dijo:) No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Juan 17:15-17
Los pies lavados (2)
En un gesto de humildad, el Señor lavó los pies de sus discípulos y les explicó que esto era necesario para que permanecieran en comunión con él.

Los pies evocan nuestro caminar, nuestro comportamiento diario. Incluso sin cometer un pecado particular, bajo la influencia del mundo, debido a lo que vemos y escuchamos, nuestra comunión con el Señor se altera. Para restablecerla debemos ser lavados de la impureza moral que la interrumpió. “Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3), pero ella no es posible si permanecemos en contacto con el mal, y sin ella no podremos servir al Señor de forma útil.

Al principio Pedro no quería que el Señor le lavase los pies, pero cuando comprendió la importancia de ello, exclamó: “Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús entonces le dijo: “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies” (Juan 13:9-10). No se trata de ser lavado físicamente, sino en sentido espiritual. El creyente fue lavado totalmente cuando recibió a Cristo como su Señor, y esto no se repite (1 Corintios 6:11). Pero sí necesita ser “purificado” de tanta suciedad en su vida cotidiana.

El Señor continúa ocupándose de los creyentes en este sentido. La lectura de la Biblia, la Palabra de Dios simbolizada por el agua, nos purifica “de toda contaminación de carne y de espíritu” (2 Corintios 7:1). Su mensaje también hace que mi conciencia sea más sensible para evitar la suciedad.

(mañana continuará)
Levítico 14:1-32 – Romanos 10 – Salmo 67 – Proverbios 16:21-22

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Los pies lavados (1)

Jueves 2 Junio
(Jesús) se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.
Juan 13:4-5
Los pies lavados (1)
Leer Juan 13:1-17

En la antigüedad la gente caminaba descalza o usaba sandalias. Por ello, cuando uno era invitado a comer en una casa, un siervo le lavaba los pies; así estaban frescos y limpios. Para el jefe de familia era una forma de honrar a sus invitados.

En la última cena de Jesús con sus discípulos, nadie había hecho este trabajo. Entonces Jesús se levantó de la mesa, se vistió como un siervo, es decir, ató una toalla a su cintura, y lavó los pies de sus discípulos. ¡Qué recuerdo grabaría en sus memorias! Él, el Maestro, se puso a sus pies, cuando normalmente esta tarea era la de los siervos o esclavos.

Por medio de este ejemplo el Señor nos enseña que la verdadera grandeza está en la humildad. Antes había dicho a sus discípulos: “El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo 23:11-12).

Pedro no quería que el Maestro le lavara los pies, pues era consciente de su indignidad y de la grandeza de Jesús. Pero el Señor insistió, diciéndole: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Juan 13:8). Tener parte con el Señor es compartir pensamientos y afectos con él; es la expresión de la comunión. Por medio de esta respuesta a Pedro, Jesús muestra que no podemos tener comunión con él si mantenemos los pies sucios, es decir, si no aceptamos ser purificados moralmente.

(mañana continuará)
Levítico 13:29-59 – Romanos 9 – Salmo 66:16-20 – Proverbios 16:19-20

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71 – La armadura de Dios o la armadura del hombre

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 71

El no congregarme habla de que algo no anda bien en mi vida

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

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