Cuando Martín Lutero dijo que la tríada de enemigos de la vida cristiana incluía al mundo, la carne y el diablo, él no incluyó la última, el diablo, solo como una abstracción teológica o como un asunto de doctrina, sino que Lutero tenía una aguda y profunda conciencia personal de la realidad de Satanás; pero hay que entender que cuando la gente estaba preocupada por vivir la vida cristiana en el siglo XVI, tenían una visión de la realidad ligeramente diferente de lo que es normal hoy en día. Lutero estaba tan profundamente consciente de la presencia de Satanás que a menudo hablaba del Anfenctung – el «ataque desenfrenado» que el enemigo, el Príncipe de las Tinieblas, estaba trayendo contra él en su vida personal y Lutero encontraba que la presencia de Satanás a veces era tan tangible que, en una ocasión, tomó un tintero que estaba en su escritorio mientras escribía y lo arrojó en dirección hacia donde todos pensaban que Satanás estaba de pie. Lo que consiguió por su reacción fue una pared llena de tinta. Tenía otras formas menos artísticas para deshacerse de Satanás, y no las mencionaré en esta sesión.
Pero, lo que sí tenemos es esta casi preocupación, en el siglo XVI, con respecto a la realidad de Satanás. Pero los tiempos han cambiado y la gente, en su mayoría, no vive de esta forma en nuestros días. Hace unos años estaba enseñando un curso de filosofía aquí en los Estados Unidos en una universidad secular y tenía alrededor de 30 estudiantes en mi clase y de alguna manera el tema del diablo o Satanás surgió y hubo una especie de discusión animada y debate entre los estudiantes, por lo que finalmente decidí hacer una encuesta para saber qué era lo que pensaban todos. Les dije, «¿Cuántos de ustedes creen que realmente hay un demonio personal?». Tres de 30 levantaron sus manos. Ese es el 10%, por lo que, mientras hacía la pregunta, el 90% de mis estudiantes, en este curso de filosofía contemporánea, no creían en la existencia de un verdadero diablo personal. Así que continuamos con más discusiones y les hice la siguiente pregunta. Les dije: «¿Cuántos de ustedes creen en Dios?».
Ahora, no sabía qué esperar con esa pregunta, pero en ese salón de clases en particular, todos levantaron la mano. Es decir, no todos creían necesariamente en la misma idea de Dios, pero todos creían en algún tipo de Ser Supremo, todos los que estaban en ese salón. Entonces dije, «Bueno, eso es desconcertante para mí. ¿Por qué estamos 100% de acuerdo con la idea de Dios y solo el 10% está de acuerdo con la idea de Satanás?». Les dije, «Díganme», les dije, «¿Cuántos – déjenme preguntarles esto, ¿Cuántos de ustedes creen en Dios, si es que yo defino a Dios de la siguiente manera: que Dios es un Ser sobrenatural que tiene la capacidad o habilidad de influir en los seres humanos para hacer el bien?». Todos estuvieron de acuerdo con eso.
Les dije: «ahora, ¿qué pasa si defino a Satanás como un ser sobrenatural con la capacidad de influir en las personas hacia el mal? ¿Qué es lo que los hace estar tan dispuestos a ratificar el Ser sobrenatural que puede influir en nosotros hacia el bien, pero son igualmente rápidos en negar el ser sobrenatural que podría influir en nosotros hacia el mal? ¿Es acaso que en nuestra experiencia vivimos en una cultura y un mundo que están tan abrumadoramente inclinados en favor del bien en vez del mal – que hay mucha mayor evidencia de la influencia sobrenatural hacia el bien de lo que hay influencia sobrenatural hacia el mal, que no damos ninguna credibilidad a la mala influencia?». Ellos dijeron, «No, no, no. Esa no es la razón».
Entonces le dije, «Bueno, ¿por qué afirmas lo uno y niegas lo otro?» Y uno – uno de los estudiantes respondió y dijo, «Bueno, no puedes estar involucrado en el sofisticado reino de la ciencia contemporánea y todavía creer en cosas como demonios». Y dije, «Oh, ¿es la revolución científica la que ha puesto fin a la creencia de Satanás en la civilización occidental?». Dijeron: «Sí». Dije, «Bueno, ayúdenme aquí. Yo no sé de las ciencias naturales. Sé de filosofía. Así que tendrán que aguantar mi ignorancia en este tema. Díganme, ¿qué hay en los laboratorios científicos o en la teoría científica que de repente ha hecho insostenible la existencia de Satanás? ¿Es la segunda ley de la termodinámica o el descubrimiento del código genético que de repente ha desterrado a Satanás de la credibilidad científica?»
Esperé un buen tiempo para que los estudiantes plantearan algún argumento, algún descubrimiento que haya salido del ámbito científico que arrojara una sombra sobre la idea de Satanás, nadie podía llegar a nada hasta que finalmente uno de los estudiantes dijo, «¿Pero no ve que en nuestra literatura ponemos al diablo en la misma categoría que ponemos a las brujas y duendes y elfos y gnomos y ese tipo de cosas?» Yo les dije: «Bueno, ¿saben? Yo he notado también eso en nuestra cultura, aglutinamos todas estas cosas en la misma categoría». Entonces pensé: «¿Me pregunto por qué?». Obviamente tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre los duendes y tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre las brujas, pero Satanás es algo diferente. ¿Por qué? Porque cada vez que estamos debatiendo el tema de la existencia de una cosa u otra, queremos considerar cuál es la fuente para afirmar estas realidades. ¿Es la fantasía de alguien y su imaginación o hay algo más?
Ahora, no puedo alejarme del hecho de que las Sagradas Escrituras enseñan enfáticamente la realidad de Satanás y que, como fuente, ha sido objeto del análisis científico más crítico que cualquier fuente escrita en este planeta. Ahora, puede que no estés convencido de que es una fuente muy creíble. Resulta que estoy muy convencido de que es una fuente creíble y cuando Satanás me dice que – es decir, discúlpenme – cuando las Escrituras me dicen que hay algo como Satanás, eso tiene mucho más peso para mí que el testimonio personal de Shirley MacLaine sobre la reencarnación. Saben, miles de millones de personas creerán en eso solo porque ella lo dice – o el Dalai Lama – o algo así. Así que tenemos que considerar la fuente.
Ahora, una de las razones por las que estoy convencido de que la idea de Satanás ha caído en la incredulidad, es por un profundo malentendido de la historia medieval. En la Edad Media – en la Edad Media la iglesia creía en el verdadero Satanás y la iglesia estaba muy preocupada por encontrar maneras de resistir la influencia de Satanás. Déjenme retroceder un segundo. ¿Se dan cuenta de cuántas veces Jesús habla de la realidad de Satanás y de cómo Jesús ora fervientemente por la protección para Su pueblo de Satanás? ¿Cuántos de ustedes conocen la oración del Señor? Vamos, ustedes saben la oración del Señor, la oración más famosa de la historia. «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días». Sin duda, el bien y la misericordia– esas dos características del Antiguo Testamento. ¡No! «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» y sigue, y sigue. Y continúa la oración del Señor, diciendo, «Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal». Esa es la traducción moderna: «Líbranos del mal».
Ahora, en el Nuevo Testamento, la palabra general y usual para el mal es «poneron», esas dos últimas líneas dicen algo. ¿Recuerdan cuando tenían que tomar clases de griego y tenían que estudiar las diferentes desinencias para el acusativo, el nominativo y ablativo y el genitivo y todo eso que los volvían locos tratando de mantener bien todas esas terminaciones distintas? Bueno, no solo tienen desinencias para los casos, sino que también tienen desinencias para el género, ya sea masculino, femenino o neutro. ¿Recuerdan todos esos ejercicios que tenían que hacer? Bien, la palabra «poneron» es neutra y esa es la palabra habitual que se usa para referirse al mal. Si esta terminación neutra es cambiada a primera persona singular masculina, que termina en «-os», entonces se convierte en lo que llamamos un «terminus technicus»– un término técnico, el título para una persona específica. La palabra «poneros» en el Nuevo Testamento es un título reservado para Satanás. «Ho poneros», significa literalmente «el malvado».
Ahora, damas y caballeros, la oración del Señor, así como está registrada en el Nuevo Testamento, no usa «poneron», sino que utiliza «poneros». Lo que Jesús estaba diciendo a Sus discípulos era lo siguiente: «Cuando ores, ora así: No nos metas en tentación, mas líbranos del enemigo, del maligno. Dios protégenos de las maquinaciones y de las influencias de Satanás». Si eres cristiano, entonces eso quiere decir que le das algo de peso y credibilidad a las enseñanzas de Cristo. Ser cristiano es seguir a Cristo, seguir la enseñanza de Cristo; y lo que estoy tratando de decirles es que, en el corazón de la enseñanza de Jesús había una profunda preocupación por la cruda realidad de Satanás.
Pero a pesar de la centralidad de la enseñanza de Jesús sobre la realidad de Satanás, en nuestros tiempos existe esta persistente oposición a ella. Pero de nuevo, cuando hablo de esto con las personas, me dicen, «Bueno R. C., reconocemos que, tal vez, hay algún tipo de fuerza malvada allá afuera. Es cuando empiezas a hablar de eso en términos personales, como de un individuo en particular, ya saben, eso es lo que nos hace sentir asfixiados. Pero sí creemos que hay algún tipo de fuerza maligna operando por ahí en el universo». ¿Has oído hablar de eso, que Satanás – la idea de Satanás, si va a ser creída por el hombre moderno, debe ser más sofisticado, tiene que ser entendido como una fuerza malvada en lugar de un ser malo, o una persona?
Ahora, hacemos ese cambio para hacerlo más agradable a nuestro progreso intelectual del siglo XX. Si lo analizamos, creo que veremos que lo que hemos hecho es sustituir un concepto intelectualmente fiable por uno que claramente no lo es. Piénsenlo por un momento. ¿Cómo es posible tener una fuerza malvada a menos que esa fuerza sea personal? ¿Pueden el viento o un huracán ser juzgados como inmorales, damas y caballeros? ¿Entienden lo que digo? Las fuerzas, las fuerzas puras, no tienen capacidad moral en ellos, de modo que no es correcto hablar de una fuerza malvada a menos que estemos hablando de una fuerza que proviene de un ser personal que tiene una mente, una voluntad y conciencia. Porque no decimos que las flores están realmente pecando. No pueden pecar porque no están equipadas de forma natural para hacerlo. ¿Entienden lo que digo?
Ahora, de regreso a la Edad Media. ¿Por qué tenemos esta resistencia en nuestros tiempos? En la Edad Media, la iglesia creía en la realidad de Satanás y estaban preocupados en definir formas de protegerse de sus ataques e idearon varias formas – Lutero con su tintero y otras formas más– pero ellos hicieron lo siguiente: Dijeron: «Lo que sabemos de Satanás es que Satanás cayó debido al orgullo y con toda probabilidad, el mayor punto de vulnerabilidad del enemigo está en su orgullo; la Biblia dice, «Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros». Así que la iglesia juntó todo eso y dijo, «Bueno, la mejor manera de resistir a Satanás es burlarse de Satanás – atacar su orgullo, humillarlo – y eso lo alejará porque no puede soportar ser humillado».
Así que, lo que haría la iglesia sería inventar caricaturas, dibujos groseros de Satanás, haciéndole parecer el bufón de la corte, donde lo mostraban con cuernos y pezuñas hendidas y un traje de franela roja y un tridente y todo lo demás, parecido a Mefistófeles. Luego pondrían estas horribles caricaturas en la pared para burlarse de Satanás. Pero lo que sucedió fue que, la siguiente generación vio las pinturas, y dijeron, «No me digas que mis padres creyeron en este pequeño tipo con un traje rojo de franela que andaba con un tridente y pezuñas y cuernos. ¿Qué clase de ingenuidad es esa? ¿Qué tipo de mitología están creyendo?».
Ahora, ciertamente, una lectura superficial de las Escrituras te muestra que Satanás no se describe en ninguna parte como un bufón con traje rojo. Por el contrario, su primera introducción en el Antiguo Testamento es ¿cómo? «Ahora la serpiente era la más astuta»– o sutil –«de todas las criaturas». Podría añadir en primer lugar que, Satanás, desde una perspectiva bíblica, es una criatura, pero es una criatura con dones extraordinarios, si lo quieren poner así. El primer don que se muestra es el don de astucia o sutileza que utilizó con Adán y Eva. El Nuevo Testamento dice que Satanás aparece como un ángel de luz. Aparece como un ángel de luz.
Tenemos una frase, en filosofía y teología, que dice: sub specie boni. Eso significa «algo que parece», «sub specie boni» significa que «se manifiesta aparentando ser del bien, pero de hecho es malévolo». Es decir, el hipócrita más grande de todo el universo es Satanás. Satanás no viene como Darth Vader e intenta hacer un trato contigo, no, no. Él se hace pasar por un ángel de luz. Su sutileza, su astucia está en ser sofisticado, elocuente, atractivo, engañoso. Todo lo que las Escrituras dicen sobre el anti-Cristo y su conexión con Satanás es importante. Permítanme otra vez, permítanme decir esa palabra «anti-Cristo». La palabra «anti» en el Nuevo Testamento se usa de dos maneras, hay un juego de palabras con respecto al anti-Cristo.
Obviamente, ustedes saben la forma en que se usa. «Anti» significa «en contra», alguien que se opone a algo, así que el anti-Cristo es aquel que está en contra y difiere, está opuesto a Cristo. Pero también en anti-Cristo, la palabra «anti» significa «en vez de» o «en lugar de», la forma en que el anti-Cristo se manifiesta bíblicamente es como un sustituto de Cristo. Es la falsificación tratando de imitar lo genuino. Las advertencias de las Escrituras dicen que Satanás y el anti-Cristo, etc., son tan buenos en lo que hacen que, si es posible, podrían engañar incluso a los mismos escogidos. Así que, estoy elaborando este punto, que como verán, el retrato de Satanás que veo en la Escritura es tan diferente de cómo nosotros… – de cómo se retrata en la cultura moderna; no es de extrañar que ya nadie crea en Satanás. ¿Quién creería en caricaturas tan ridículas? Pero Satanás en las Escrituras es el ángel de luz que no se manifestará como un Hitler o un Mussolini o un Idi Amin o algo así, sino vendrá como alguien más parecido a Billy Graham.
Ahora, no quiero sugerir ni por un segundo que Billy Graham esté en alianza con el diablo. No distorsionen lo que he dicho allí, lo que quiero decir es que es ese tipo de persona quien tendrá ese tipo de credenciales, yo creo, nos engañará. Es un ángel de luz, y al mismo tiempo es llamado uno que ruge o devora, un león rugiente que busca, que está buscando a quienes devorar. Así que las Escrituras nos dicen que Satanás no solo es real e inteligente, sino que es tremendo, tan tremendo que el mismo término de fuerza, damas y caballeros, que se utiliza para Cristo, se utiliza para Satanás. Cristo es llamado el «León de Judá», la figura de la realeza. Satanás es llamado «el león rugiente –mentiroso– que busca a quienes devorar». Quiero decir, él es mucho más fuerte que yo, mucho más fuerte que tú, que su oposición, como digo, es tremenda.
Recuerdan a Pedro, cuando Jesús le advirtió de que Satanás entraría en su corazón diciendo: «Me vas a traicionar». «Oh, no, no lo haré» le dijo a Jesús. Pedro dijo «Nunca haría eso». Jesús respondió, «Lo harás en las próximas 24 horas, y lo harás tres veces». «¡Yo no! Deja que todos los demás caigan en ese tipo de tentación, Jesús, pero tú sabes que te seguiré hasta el final del camino. Nunca podría hacerlo». ¿Alguna vez has hablado así? ¿Qué dijo Jesús? «Simón, Simón, Satanás te tendrá y te zarandeará como a trigo» El gran pescador, el fuerte e impetuoso Pedro, el que puede enfrentarse a cualquiera – Jesús le dijo, «Eres pan comido – arcilla en la mano – trigo cernido». Nunca subestimes el poder de Satanás. Es más fuerte que tú. Es más listo que tú. Es más engañoso de lo que tú nunca serás.
Cuando miro las advertencias sobre esto en las Escrituras, es suficiente para hacerte querer correr por tu vida. Escucha lo que Pablo dice en un pasaje de Efesios que has oído muchas veces. «Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes».
El cristianismo es completamente sobrenatural. Quita lo sobrenatural del Nuevo Testamento y habrás destripado el Nuevo Testamento. De hecho, tratar de reconstruir el cristianismo sin lo sobrenatural creo que es fundamentalmente una tarea deshonesta. Aquí el apóstol, de una manera didáctica, está diciendo: «Mira, estás en una lucha. Estás tratando de agradar a Dios. Quieres vivir una vida que es una que muestre la santificación, pero es una batalla. Es una batalla con la carne. Es una batalla con el mundo. Pero la batalla en la que estás va más allá de esto. No estamos luchando contra carne y sangre, sino contra poderes, principados, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, en los «uranos» en los cielos. Un mal cósmico es con lo que estamos lidiando aquí en un reino invisible. Ese es el reino de lo sobrenatural.
¿Ven? En el corazón mismo del manifiesto cristiano está el hecho de que el cristianismo está basado en una revelación – que recibimos información que está fuera del alcance de la percepción normal y empírica – que obtenemos información del reino metafísico, del reino noúmeno, de lo que trasciende lo observable. Dios nos dice que hay una dimensión de la realidad allí que no es visible a simple vista; pero que esa realidad que no es visible a simple vista tiene una profunda influencia en nuestras vidas. Ahora podemos entender esto a modo de analogía, ¿cierto? Me refiero a que, hay partículas submicroscópicas y realidades que hemos sido capaces de descubrir en los últimos siglos que las generaciones anteriores de seres humanos no conocían en absoluto, sobre un mundo invisible que tiene un profundo impacto en sus vidas.
Ahora, hay dos problemas que el cristiano tiene con Satanás. Uno está en subestimar la realidad y el poder de Satanás. Para Satanás – no hay nada que lo haga más feliz que una generación de cristianos que no creen que exista porque entonces puede trabajar tranquilo. Tiene una tarjeta diabólica de American Express. Puede ir a donde él quiera y entrar. Nadie lo va a molestar porque nadie cree que esté allí. ¿Qué mejor ventaja podría tener? Pero si eso no funciona en una cultura, la gente tiende a ir al otro extremo. El otro peligro es sobreestimar el poder de Satanás. Nuestra propia cultura cristiana, ha reaccionado de tal forma que ahora está tan preocupada con Satanás, que ya no queda espacio para la actividad humana. Todo mal y todo pecado es el resultado de la opresión o posesión satánica. De hecho, es la acusación de Satanás, la cual creo que es la obra principal del diablo en la vida del cristiano, y esa es la dimensión que vamos a abordar en nuestra próxima sesión, donde consideraremos lo importante que es tener una conciencia limpia, tener una fuerte certeza de la seguridad del perdón a medida que libramos esta lucha por el crecimiento personal.
Esta es una serie de enseñanza de 6 edificantes lecciones donde el Dr. Sproul nos muestra cómo ser diligentes para vencer a nuestros enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Esta serie es una mirada alentadora y realista a ese proceso que dura toda la vida: la santificación.
Si todavía no tienes la guía de estudio de Cómo agradar a Dios, por favor escribe tu correo electrónico en el siguiente formulario para recibirla.
Una de las interrogantes que escucho con frecuencia de personas que buscan sinceramente hacer la voluntad de Dios es la pregunta: «¿Qué es lo más importante que Dios desea de mí en la vida cristiana?» Es como el hombre de negocios que siempre hace la pregunta, «¿Cuál es el asunto principal?» Vamos a obviar todos los detalles y el sinfín de posibilidades y los mil y tantos preceptos. ¿Qué es lo que realmente le importa a Dios en términos del enfoque principal, el objetivo principal, el fin principal de la vida cristiana? Y lo que me gustaría hacer en esta sesión es centrarme en lo que creo que la Biblia dice que es la respuesta a esa pregunta. Al leer las Escrituras, me parece que el asunto central, el objetivo principal de la vida cristiana es la justicia, que lo que Dios quiere de nosotros más que cualquier otra cosa es la justicia.
Ahora, lo resalto por una razón. Escucho a los cristianos hablar todo el tiempo sobre la piedad, sobre la espiritualidad e incluso sobre la moralidad, pero casi nunca escuchas a nadie hablar de justicia. De hecho, nunca he tenido un estudiante en el seminario que se me acerca y me diga: «Profesor Sproul, ¿cómo puedo llegar a ser una persona justa?» Ahora, tal vez eso dice más de mí que de mis estudiantes, que ni se preocupan en hacerme tal pregunta, pensando que están perdiendo su tiempo. Pero los escuchas preocupados por «Quiero ser más espiritual», «Quiero ser más moral», y cosas así, o más piadosos, pero le huyen a ese término ‘justo’, y tal vez sea porque nadie quiere pecar de santurrón; y en nuestro vocabulario actual, la misma palabra ‘justicia’ se ha convertido en una especie de carga. Pero si Jesús entrara a este salón, en este momento, y le decimos: «Señor, ¿cuál es la prioridad principal que tienes para tu iglesia?» Si Él respondiera ahora mismo a esa pregunta de la manera en que respondió en el período del Nuevo Testamento, Él diría esto: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».
Veamos por un momento este texto que todos hemos oído. Cuando Jesús dice: «Busca primero su reino y su justicia», la palabra para ‘primero’ es la palabra ‘protos’, y en el idioma griego, el término ‘protos’ no significa simplemente ‘primero en una secuencia de eventos, es decir, un procedimiento serializado donde tienes el primero y el segundo y el tercero y el cuarto y el quinto y así por el estilo. Jesús no se refiere simplemente al número uno en términos de orden cronológico, sino que esta palabra ‘protos’ en el Nuevo Testamento lleva la connotación de lo que es primero, no solo en orden de secuencia, sino que es lo principal en términos de importancia. Es decir, cuando Jesús dice: «Busca primero el reino de Dios», está diciendo: «Esta es la prioridad máxima de la vida cristiana, buscar el reino de Dios y la justicia de Dios», y entonces lo que Cristo quiere de su pueblo y de sus discípulos es que sean personas que realmente muestran justicia.
Ahora, a menudo digo que una de las afirmaciones más aterradoras que jamás haya salido de los labios de Cristo fue aquella que hizo cuando dijo: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». Ahora, todos han oído de ese pasaje, ¿cierto? Y creo que lo que me desconcierta es que no parecemos estar demasiado preocupados por ello. Es decir, aquí Jesús da una advertencia espantosa. Él da una condición necesaria: si-entonces. A menos que «A» tenga lugar, «B» no puede suceder. A menos que tu justicia supere – es decir, que vaya más allá – de la justicia de los escribas y los fariseos, no tienes oportunidad de entrar en el reino de Dios.
Ahora, hay un par de maneras en que podemos interpretar lo que Jesús está diciendo. Algunos comentaristas miran esa frase de Jesús, y dicen: «Bueno, no tenemos nada de qué preocuparnos porque de lo que Jesús está hablando aquí es de la justicia que es necesaria para nuestra justificación». Para ser justificados, debemos tener la justicia perfecta, y obviamente la justicia de los escribas y de los fariseos era imperfecta; y la única manera de entrar en el cielo es por una justicia perfecta, y gracias a Dios, eso es lo que tenemos por fe en Cristo, donde recibimos por decreto de Dios la imputación de la justicia de Cristo. Y obviamente, su justicia superó la de los escribas y los fariseos, y como poseemos por fe la justicia de Cristo, podemos dar un suspiro de alivio, y no tenemos que preocuparnos por esa terrible advertencia que Jesús dio en esa ocasión.
Ahora, creo que es muy posible que eso sea exactamente lo que Jesús tenía en mente. Que cuando Él dijo: «A menos que tu justicia supere la de los escribas y los fariseos nunca entrarás en el reino de Dios», que tal vez lo que Él tenía en mente era la imputación de su propia justicia que es la única manera en que podemos estar en presencia de Dios. Pero recuerdas que en tiempos de la Reforma, cuando Lutero iba por ahí enseñando la justificación solo por la fe, utilizó una frase latina que desde entonces se ha hecho tan famosa que todo cristiano puede recitarla, que esa persona que está justificada es ‘simul justus et peccator’. Todos conocen esa frase, ¿cierto? ¿ah? ‘Al mismo tiempo, justo y pecador’. «Justo» por la aplicación de la justicia de Cristo, sin embargo, recibimos la justicia de Cristo mientras que todavía, somos pecadores en y por nosotros mismos.
Pero Lutero dijo que en nuestra santificación eso no se queda así – que la persona que es declarada justa por fe, si esa fe es en sí genuina y no solo un alegato de fe o una farsa, sino que es una fe auténtica, entonces Cristo en verdad comenzará a formarse en la vida de esa persona, y esa persona comenzará a mostrar el fruto de la justicia. Y entonces, la otra mitad de los comentaristas ven la advertencia de Jesús y dicen que lo que Jesús quiere decir es que a menos que nuestras vidas empiecen a manifestar una cualidad de justicia que supere la de los escribas y fariseos, entonces esa es la señal más segura que existe de que la fe que profesamos no es genuina. Así que, a pesar de que no enseñamos la justificación por obras, todavía estamos muy preocupados por el hecho de que el Nuevo Testamento nos llama a dar muestra de nuestra fe por nuestras obras; y la justificación es por fe, pero la santificación es donde crecemos en auténtica justicia.
Ahora, si esa declaración de Jesús no les pone los pelos de punta, permítanme empezar a hervir el caldero porque lo que me gustaría hacer en el tiempo que queda en esta sesión es considerar la justicia de los escribas y los fariseos– considerar ese nivel de justicia que estamos llamados a superar si es que queremos complacer a Dios con nuestra vida. Es muy fácil para nosotros simplemente descartar esa declaración de Jesús porque decimos: «Bueno, superar la justicia de los escribas y los fariseos, eso es pan comido. ¡Eso es recontra fácil, por favor! Ellos son los que fueron el objeto principal de la ira de Jesús». Cada vez que pensamos en los malos del Nuevo Testamento, pensamos en los fariseos. Fueron lo peor de lo peor. ¿Por qué los fariseos eran llamados ‘fariseos’? No leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento, ¿verdad? La razón por la que no leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento es porque no existían fariseos en el Antiguo Testamento. Los fariseos, como un partido en Israel, surgieron después del exilio y del regreso del exilio.
Bueno, lo que ocurrió fue que la nueva generación de israelitas empezó a adoptar las prácticas paganas de aquellos que estaban en el lugar, y olvidaron sus tradiciones. Olvidaron la Ley de Moisés y las promesas del pacto que Dios había hecho, y entonces, un grupo de personas especialmente devotas surgió en la nación, eran el equivalente antiguo –damas y caballeros– de los puritanos. Tenían este profundo deseo de reformar la fe de Israel y de restaurar la devoción en la nación. Ellos eran los conservadores de Israel que querían volver al pasado y recuperar la pureza prístina de la comunidad de Israel, por eso se apartaron, a raíz de este celo estricto por obedecer la ley de Dios; y debido a su deseo cerrado obstinado hacia la justicia, fueron llamados los ‘apartados’, los ‘fariseos’.
En otras palabras, lo que digo es esto: que los fariseos como agrupación tienen su inicio en la historia como un grupo de hombres cuya única actividad en la vida era la búsqueda de la justicia. Se especializaron en la búsqueda de la justicia. No había nada casual o superficial en su celo por lograr la justicia. Dudo que sepan de alguien que tenga el mismo tipo de determinación de encontrar la justicia que tenían los fariseos como grupo. Pero pensamos, «Oh, bueno, sí. Tal vez así es como empezaron, pero ya para el primer siglo habían degenerado en tal grado de impiedad que eran un grupo de hipócritas y tanto así que Jesús los llamó «víboras» y los amenazó con el infierno y todo lo demás.
Bueno, veamos si estas personas del siglo I que incurrieron en la ira de Cristo lograron algún elemento de justicia, al menos por el testimonio de Jesús. Escuchamos a Jesús denunciando a los fariseos cuando Él les dice: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros». Ahora, esta es una acusación bastante incisiva que Jesús hace de estas personas, pero mientras Él está haciendo esta crítica, Él reconoce que son evangélicos, o al menos evangelistas, no en el sentido de que estaban yendo por ahí predicando el Evangelio, sino que tenían un celo por el alcance misionero, un celo por el evangelismo y la conversión que no tenía paralelo en el mundo antiguo.
Así que, en ese sentido, digamos que lo primero que aprendemos sobre los fariseos del Nuevo Testamento es que eran evangelistas. ¿Qué tan preocupados por las misiones y el evangelismo estaban estas personas conservadoras? Jesús dijo que recorrerían el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión: recorrer el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión. Yo paso nueve meses de cada año, lejos de mi casa, viajando de un lado a otro y dando conferencias, enseñando y todo eso, y lo hago porque ese es mi trabajo y ese es mi llamado. Esa es mi vocación, pero dudo que si llegara una invitación a nuestra oficina en Orlando, y dijera: «RC, vivo aquí en el estado de Washington, y no he tenido la oportunidad de escuchar mucha enseñanza sobre el libro de Romanos en mi vida. Me pregunto si estarías dispuesto a volar hasta aquí y pasar un par de días enseñándome unas clases sobre Romanos».
Dudo que aceptemos esa invitación para enseñar, ir hasta el otro lado de los Estados Unidos para hablar con una persona. No creo que lo haría porque no tengo el celo por ir más allá, como estas personas lo tenían: que recorrían tierra y mar para hablar con una persona, para persuadir a una persona de su forma de pensar. Entonces, al menos en ese sentido, en términos de fervor misionero y celo evangelista, los fariseos hacen que me avergüence, y sospecho que ese es el mismo efecto en la mayoría de ustedes. ¿Qué más nos dice de los fariseos? «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas».
Ahora, lo segundo que aprendemos de los fariseos es que eran diezmadores. No solo diezmaban, damas y caballeros, sino que eran escrupulosos en obedecer las leyes de Dios en cuanto al diezmo. En otras palabras, ellos practicaban lo que predicaban. La última encuesta que vi, una que hicieron a «cristianos evangélicos» en los Estados Unidos, indicaba que el cuatro por ciento de los que dicen ser cristianos evangélicos diezman de sus ingresos. Cuatro por ciento. Recuerdan el libro de Malaquías donde el profeta Malaquías es enviado por Dios a la casa de Israel, prácticamente como fiscal. Esa fue una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento, convocar al pueblo de Israel ante el tribunal de Dios, a veces para presentar cargos contra ellos por violar los términos de su pacto; y en este caso, Malaquías viene, y la acusación que trae al pueblo es la acusación de cometer robo contra Dios. Y entonces dice, «¿Robará el hombre a Dios?»
Él plantea la pregunta, y es una pregunta retórica como, «¿Qué podría ser más impensable que el que un ser humano tenga la audacia de robarle al Dios Todopoderoso?» Y entonces la respuesta es… ¿qué? «¿En qué te hemos robado?» «En los diezmos y en las ofrendas». Y el profeta habla a la nación y dice: «Al retener tus ofrendas y tus diezmos, en realidad le estás robando a Dios». Ponlo en términos del Nuevo Testamento. ¿Cómo alguien podría buscar primero el reino de Dios y robar del reino de Dios al mismo tiempo? ¿Eso es concebible para ustedes? Y ahora los fariseos escucharon eso, y comprendieron el deber que todo miembro de la comunidad del pacto tenía ante Dios, y el deber era pagar ese diez por ciento, pagar ese diezmo al almacén en Israel. Ahora, eran tan, como dije, tan escrupulosos al respecto que no solo diezmaban en general.
Ahora, el diezmo, en su mayor parte, se pagaba en productos o ganado, y funcionaba así: Si criaste ganado y en un año dado nacieron diez terneros nuevos, entonces ¿qué había que hacer? Uno de esos diez terneros sería devuelto a Dios. Si sembraste trigo, cebada o avena, el diez por ciento de la producción iba a Dios, y era lo primero que se hacía, cabe destacar. ¿Bien? Ahora, lo que hicieron los fariseos y los escribas fue esto: si cultivaban verduras o algo más y tenían 50 barriles de trigo, diezmaban cinco barriles de trigo, pero si encontraban unas: diez plantas pequeñas de menta que crecieron junto a su puerta tomaban una y la entregaban a la iglesia. Así de escrupulosos eran. Sería algo así: Si tú, a fin de mes haces los cálculos de todo el ingreso que tuviste, y entregas tu diez por ciento a Dios, pero estás caminando por la calle y te encuentras una moneda de 10 centavos en la vereda. Lo que pasaría con el fariseo es que su conciencia le molestaría a menos que tome un centavo y se asegure de diezmar ese centavo de diez que encontró y mantener esas cuentas bien saldadas con Dios.
Ahora, Jesús dijo: «Eres escrupuloso con el diezmo, pero omites los asuntos de más peso de la ley». ¡Uf! Es buena noticia saber que Jesús no consideraba el diezmo como uno de los asuntos de más peso de la ley. ¡Eso era una pequeñez! Ese era un asunto menor de la ley. Él dijo, «Estas cosas que deberías haber hecho, me alegro de que hayas dado tu diezmo», eso dijo. «Pero ustedes han omitido los asuntos de más peso de la ley – justicia y misericordia y fe». Ahora, cuando escucho a Jesús hablar así con ellos, puedo oír nuestra defensa como cristianos contemporáneos diciendo: «Bueno Señor, sí, hemos sido negligentes con el diezmo. El 96% de nosotros te hemos robado sistemáticamente y no hemos hecho de la expansión de tu reino una prioridad tal que estemos dispuestos a desprendernos de nuestros propios recursos para darte de lo que tú nos has dado, y como una medida real de nuestra obediencia y fe, etc.».
Y ya escucho a la gente diciendo: «¡Ah! ese es el Antiguo Testamento. Ya no hay que hacer eso». Así es. Fue más fácil en el Antiguo Testamento. El nuestro es un pacto mejor, un pacto más rico, con muchos más beneficios de los que recibieron en el Antiguo Testamento y, podría agregar, muchas más obligaciones y responsabilidades. El punto de partida de la vida cristiana es el diezmo. Eso es una pequeñez, es simple. Eso es una cosita. Pero decimos: «Podríamos decirle a Jesús: Jesús, queremos complacerte con nuestras vidas y por eso no nos preocuparemos por los asuntos menores y más ligeros de la ley como el diezmo. Te ofrecemos justicia, misericordia y fe». Me pregunto cómo nos iría con eso. Creo que a menos que seamos fieles en pequeñas cosas, es muy poco probable que seamos fieles en los asuntos de más peso de la ley. Y así, aun cuando Jesús está reprendiendo a los fariseos, al menos los felicita reconociendo el hecho de que al menos ellos diezman. Eran diezmadores.
¿Qué más? Estaban en debate continuo con Jesús sobre lo que dice la Escritura, y Jesús dijo: «Examináis las Escrituras. Haces bien. Pensando que en ellas tenéis vida eterna». Pero este grupo de personas, una vez más, que recibieron la denuncia más vehemente de Jesús durante el ministerio terrenal de Jesús, fueron reconocidos por Jesús como estudiantes serios de la Biblia. Dudo que hubiera un fariseo en todo Israel que no creyera en la inspiración de la Biblia, la infalibilidad de la Biblia y la inerrancia de la Biblia. Su doctrina de las Escrituras era impecablemente ortodoxa, y no solo tenían una buena perspectiva de las Escrituras, sino que estudiaban la Escritura. La memorizaban. Siempre ganaban los concursos bíblicos en las iglesias. El problema fue que nunca entró en su torrente sanguíneo, ¿cierto? ¿Ven por qué esto es tan espantoso?
Es decir, hay todo tipo de personas en la iglesia quienes no se preocupan en absoluto por el evangelismo, que no pensarían en el diezmo y que nunca han abierto la Biblia. Ni siquiera han cumplido con los requisitos mínimos de los fariseos, pero ¿qué pasa si hemos hecho todas estas cosas, si somos evangelistas, damos nuestros diezmos, estudiamos la Biblia al revés y al derecho? Eso no prueba nada. Un punto más en cuanto a los fariseos – y eso que hay mucho más por decir, pero el tiempo no lo permite – es que una de las cosas que Jesús se quejó de los fariseos fue su ostentosa exhibición de piedad a través de sus oraciones largas. Los fariseos pasaban, mucho tiempo en ejercicios rigurosos y espirituales, y en oración. De hecho, les encantaba que en reuniones públicas los llamaran para orar porque eran muy elocuentes y la gente los aplaudía.
Eran los maestros, los predicadores, los que oraban, los evangelistas, los religiosos profesionales de su época. Pero el único problema que surge una y otra y otra en lo que vemos el patrón del Fariseo del Nuevo Testamento es que la religión del fariseo era estrictamente externa. La palabra que Jesús usa para ellos una y otra vez es la palabra «hupokrités» – hipócrita – que significa «uno que es un actor de teatro», uno que en la superficie manifiesta una religiosidad, una especie de piedad, pero cuya vida, en la dimensión más profunda, nunca, nunca alcanza la justicia auténtica. Ahora, de nuevo, el peligro aquí de reducir la vida cristiana a lo exterior es un peligro que sucede en todas las épocas. No estoy diciendo que se supone que debamos descuidar lo exterior.
De nuevo, aquí no se trata de lo uno o lo otro. Jesús dice: «Estas son las cosas que debías haber hecho, sin descuidar aquellas». No estoy sugiriendo que podamos decir: «Oh, bueno, podemos prescindir de la oración, de las disciplinas espirituales, podemos prescindir de la lectura bíblica y de todo eso siempre y cuando realmente seamos amables con nuestro prójimo y procuremos la justicia y todo eso y olvidemos toda esta piedad». No, no, no. Esa no es la letra o el espíritu, pero la piedad es la letra y el espíritu. Es lo externo y lo interno. Es el exterior y el interior. No es el interior sin el exterior, y no es el exterior sin el interior; pero la justicia auténtica implica obediencia a los mandamientos de Dios.
R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
La justicia es una palabra que escuchamos decir todos los días. La usamos en nuestras relaciones personales, en el trato social, con respecto a la legislación, y en ocasión de los veredictos de un tribunal. Pero aunque se trata de una palabra tan frecuentemente utilizada, ha confundido a los filósofos que buscan definirla con exactitud.
Muchas veces relacionamos y equiparamos la justicia con lo que se ha ganado o se merece. Hablamos de personas que reciben su justa retribución en términos de recompensas o castigos. Pero las recompensas no siempre son otorgadas en base al mérito. Supongamos que realizamos un concurso de belleza y declaramos que se otorgará un premio a la persona considerada la más bella, Si la «belleza» recibe el premio, no será porque hay algo meritorio en ser bella. En realidad, se hará justicia cuando se le otorgue el premio al participante más bello. Si los jueces votan por alguien a quien no consideran la persona más bella (ya sea por razones políticas, o porque fueron sobornados) entonces el resultado del concurso será injusto,
Por este tipo de razones es que Aristóteles definió la justicia corno «el dar a una persona su merecido«. Lo «merecido» puede estar determinado por obligaciones éticas o por algún acuerdo previo. Si una persona es castigada con mayor severidad que la requerida por su crimen, el castigo es injusto. Si una persona recibe una recompensa menor a la que es acreedor, entonces la recompensa no ha sido justa.
¿Cómo se relaciona entonces la misericordia con la justicia? La misericordia y la justicia son obviamente dos cosas distintas, aunque a veces se las confunda. La misericordia ocurre cuando a quienes actuaron mal se les da un castigo menor al merecido o una recompensa mayor a la que se han ganado.
Dios templa su justicia con misericordia. Su gracia es esencialmente un tipo de misericordia. Dios es misericordioso hacia nosotros cuando no nos castiga como nos correspondería y cuando recompensa nuestra obediencia aun teniendo en cuenta que le debernos obediencia y que por lo tanto no mereceríamos ninguna recompensa. Dios siempre tiene la voluntad de ejercer su misericordia. No está obligado a ser misericordioso. Se reserva el derecho a ejercer su gracia de acuerdo con su voluntad. Por eso le dice a Moisés: «Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca» (Rom. 9:15).
Las personas suelen quejarse de que Dios no es justo porque no distribuye su gracia o su misericordia a todos por igual. Nos quejamos de que si Dios perdona a alguien está entonces obligado a perdonar a todos.
Sin embargo, vemos claramente en la Escritura que Dios no trata a todos del mismo modo. Dios se reveló a Abraham de un modo como no lo hizo con los otros paganos en el mundo antiguo. En su gracia se le apareció a Pablo en el camino como no se le apareció a Judas Iscariote.
Pablo recibió la gracia de Dios; Judas Iscariote recibió su justicia. La misericordia y la gracia no son formas de justicia, pero no son actos de injusticia. Si el castigo de Judas hubiese sido más severo que el que merecía, entonces habría tenido motivos para quejarse. Pablo recibió la gracia, pero esto no significa que Judas tenga también derecho a recibir la gracia. Si la gracia debe ser exigida a Dios, si Dios está obligado a manifestar su gracia, entonces no estamos hablando de la gracia sino de la justicia.
Bíblicamente, la justicia se define en términos de rectitud. Cuando Dios es justo, está actuando con rectitud. Abraham le preguntó a Dios una pregunta retórica que tiene una sola respuesta obvia: «El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?» (Gen. 18:25). De la misma manera, el apóstol Pablo hizo la misma pregunta retórica: «¿Qué pues diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera» (Rom. 9:14).
Resumen
l. La justicia consiste en dar lo que se merece.
2. La justicia bíblica está relacionada con la rectitud, con actuar con justicia.
3. La injusticia cae fuera de la categoría de justicia y es una violación a la justicia. La misericordia también cae fuera de la categoría de justicia pero no es una violación a la justicia.
La historia de Ministerios Ligonier Por Stephen Nichols
Nota del editor: Este es el séptimo y último capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre
n un monumento de granito en el Parque Estatal Point, en Pittsburgh, están grabadas las palabras «Un lugar de consecuencias internacionales». Este lugar, Three Rivers, desempeñó un papel fundamental en la época colonial. Sin embargo, en la década de 1750, es probable que pocos estuvieran apercibidos de la importancia de los acontecimientos que ocurrían en ese lugar. Pero las ramificaciones fueron enormes y tal impacto perduraría durante siglos. Este lugar de consecuencias internacionales estaba a diez millas al noroeste de los hogares de infancia de R.C. Sproul y de Vesta (Voorhis) Sproul.
ANTES DE AGOSTO DE 1971: LA FUNDACIÓN
R.C. guardaba buenos recuerdos de su querido Pittsburgh. Ese lugar lo formó; se podía oír en su acento décadas después de haberse ido. Pittsburgh no solo era la Ciudad del Acero, sino también la Ciudad Presbiteriana. Pero en los años 50 y 60, era un presbiterianismo carente de compromisos confesionales. R.C. fue a una iglesia presbiteriana, a un colegio presbiteriano y a un seminario presbiteriano, todos ellos claramente liberales. Esto le dio a R.C. dos pilares fundamentales. El primero fue que cuando finalmente escuchó la verdad del evangelio, sintió una gratitud abrumadora por la gracia y la bondad de Dios, y un deseo y una pasión intensos por conocer, servir y adorar al Dios trino del evangelio. Esa gratitud y pasión marcaron su vida completa; le impulsaron a él y al ministerio que fundó. El segundo, estar rodeado de errores afinó sus habilidades apologéticas. R.C. era un comunicador, pero también era un apologeta. A menudo hablaba de la misión de Ligonier no solo de enseñar y proclamar la verdad, sino también de defender y contender por la verdad. R.C. conoció de primera mano los efectos devastadores de la falsa enseñanza.
El amor y la pasión de R.C. por la verdad, la bondad y la belleza —y su deseo de luchar por ellas— formaron parte de los cimientos de Ministerios Ligonier. Otra parte tenía que ver con el mensaje. Desde la primera vez que R.C. leyó la Biblia como cristiano, tuvo la comprensión transformadora de que «Dios es un Dios que se toma las cosas en serio». Mientras muchos en la cultura y en la Iglesia se dejaban llevar por una visión superficial de quién es Dios, R.C. fue llevado a sus rodillas, como el profeta Isaías, ante el esplendor refulgente de la santidad de Dios. La santidad de Dios, en toda su plenitud, no solo fue el fundamento de Ligonier sino que permea todo lo que el ministerio ha hecho en los últimos cincuenta años y sigue siendo su Estrella del Norte.
Una vez que se había establecido una misión y un mensaje, la fundación necesitaba una pieza más: la audiencia. Al cumplir los treinta años, R.C. era un profesor de seminario en la cima de su profesión y estaba aburrido. Mientras, enseñaba una clase de escuela dominical. Allí se encontró con laicos que no tenían hambre de migajas, sino de la carne de la Palabra de Dios y de la doctrina. El profesor y la audiencia se complementaban entre sí. Cuanto más hambrientos estaban, más se entusiasmaba R.C. por enseñarles, lo cual hacía que volvieran por más.
1971-1984
Al establecerse el fundamento, Dios juntó dos fuerzas para empezar a edificar la estructura. Una era R.C., Vesta y la familia Sproul. Es importante recordar que desde el principio fueron R.C. y Vesta. La otra fuerza era Dora Hillman, la viuda de un empresario de Pittsburgh. Vivía en el valle de Ligonier, en el oeste de Pensilvania. Cerca de su casa, se puso a la venta una propiedad de cincuenta y dos acres. La compró y construyó en ella una casa para los Sproul que sirvió de hogar familiar, sala de conferencias, comedor para los estudiantes y las oficinas del Ligonier Valley Study Center [Centro de estudios del Valle de Ligonier]. R.C. preparó e impartió conferencias y organizó los legendarios «Gabfests», sesiones de preguntas y respuestas los lunes por la noche. Se escribieron libros. Se grabaron series de enseñanzas en casetes de audio. Luego, en 1975, se grabó por primera vez una serie de enseñanzas en vídeo. Con sus gafas de sol de aviador y un atuendo claramente setentero, R.C. grabó La santidad de Dios. No había nada parecido en ese entonces. Tenía una pizarra, un atril, una pasión, un mensaje y una audiencia. Esos primeros años en el LVSC fueron un momento innovador en la educación cristiana para adultos.
Sin embargo, en ese momento, R.C. y Vesta no lo pensaban así. Simplemente estaban siendo fieles y obedientes a lo que Dios les había llamado a hacer. A medida que fueron fieles, Dios bendijo al centro de estudios con mucho fruto. Bob Ingram, quien posteriormente fue presidente de Ligonier y editor de Tabletalk (1988-1992), recuerda haber ido al centro de estudios, siempre con el auto lleno de su grupo de solteros. Dijo de forma breve: «El centro de estudios formó a mi generación». Desde 1971 hasta 1984, decenas de miles de personas subían y bajaban por las carreteras secundarias que serpentean por las estribaciones de las montañas Allegheny hasta llegar al centro de estudios en Stahlstown. Venían con preguntas y R.C. y los otros profesores del centro de estudios les dieron respuestas desde la Palabra de Dios. Muchos más aprenderían de R.C. a través de la enseñanza que fue distribuida en cintas de audio y vídeo. Muchos escucharon y vieron por primera vez a R.C. sentados en una clase de escuela dominical en el sótano de una iglesia mirando un televisor.
1984-1994
Pronto quedó claro para la junta que Ligonier podría ser más eficaz sin un gran campus que mantener. En 1984, Ligonier se trasladó a Orlando, Florida. Orlando ofrecía tanto un lugar donde la gente podía acudir a la enseñanza como un lugar desde donde esta podía salir. En 1988, Ligonier acogió su primera Conferencia Nacional bajo el título Amando a un Dios santo. La Conferencia Nacional sigue siendo la reunión familiar anual para los estudiantes de Ligonier y también sirve como punto central para que Ligonier lance nuevos libros y series de enseñanza.
El traslado a Orlando coincidió también con un acontecimiento importante en relación con la publicación de Tabletalk. Iniciada en 1977, Tabletalk fue rediseñada y reformateada en 1989. Con artículos en torno a un tema y devocionales diarios, Tabletalk ha crecido continuamente en circulación, ahora con más de cien mil copias distribuidas mensualmente. En ella se resume la visión de R.C. de animar al pueblo de Dios, no solo a leer la Palabra de Dios, sino también a estudiarla. Durante este tiempo R.C. publicó dos libros que son clásicos: La santidad de Dios en 1985, seguido de Escogidos por Dios en 1986. Mientras tanto, las series de enseñanza se siguieron produciendo, grabando y distribuyendo.
1994-2021
El primer programa de radio de R.C., The R.C. Sproul Study Hour [La hora de estudio de R.C. Sproul], salió al aire en 1982. En 1986, Ask R.C. [Pregúntale a R.C.]se transmitió por seis estaciones de radio. Todo ello condujo al lanzamiento de Renewing Your Mind [Renovando tu mente] en 1994. Naturalmente, los primeros episodios fueron sobre la santidad de Dios. La radio cristiana consistía mayormente en sermones. RYM transmitió episodios de enseñanza. Se podía escuchar la tiza mientras R.C. ponía los puntos sobre las íes. Te hacía sentir que estabas sentado en su clase, que te hablaba directamente. No había nada parecido en el aire y pronto se convirtió en esencial para escuchar en el camino al trabajo. Y sigue siéndolo.
Se escribieron más libros. Las conferencias se siguieron realizando en Orlando, en todo el país y, finalmente, en todo el mundo. Ligonier también empezó a organizar viajes de estudio a Tierra Santa y a las legendarias ciudades de los reformadores. Con el desarrollo de la tecnología, Ligonier amplió los medios para comunicar y promulgar la enseñanza. El sitio web sigue siendo una herramienta importante y eficaz para la distribución de la enseñanza. Además, existe RefNet, una serie de podcasts, Ligonier Connect [Conexión Ligonier] y Ask Ligonier. Todas estas iniciativas, y otras nuevas en desarrollo, aprovechan la tecnología para proclamar la santidad de Dios al mayor número de personas posible.
Mientras Ligonier seguía expandiendo su alcance, en 2011 volvió a sus raíces abriendo las puertas del Reformation Bible College en el centro de Florida. La universidad cuenta con unos 140 estudiantes en el campus y otro centenar más de alumnos que toman los cursos en línea. Ligonier también amplió su base de enseñanza en 2010 al incorporar la confraternidad de enseñanza. Además de la amplia gama de materiales didácticos de R.C., Ligonier ofrece una plataforma para los escritos y las charlas de la confraternidad de enseñanza y otros profesores de confianza. Desde 1971, Ligonier ha servido para acercar los profesores a los alumnos.
Ligonier también se expandió más allá de la lengua inglesa y actualmente opera sitios web en siete idiomas diferentes, incluyendo el español, el árabe, el farsi y el chino. Cada día se añaden nuevos contenidos a cada uno de estos sitios. En marzo de 2018, Ligonier emitió por primera vez Renovando tu mente, la versión diaria en español de Renewing Your Mind. Estos esfuerzos también incluyen la traducción de muchos libros de R.C. y de otros, así como la producción de traducciones de la Biblia de Estudio de la Reforma. Ministerios Ligonier, al igual que el Parque Point en Three Rivers, se ha convertido en un lugar de consecuencias internacionales.
¿QUÉ SIGUE?
Cada vez que se lanzaba una iniciativa importante o se alcanzaba algún objetivo, R.C. se tomaba un momento para celebrarlo. Luego se dirigía a los que le rodeaban y preguntaba: «¿Qué sigue?». Nosotros seguimos haciéndonos esa pregunta. La respuesta, por un lado, es que no lo sabemos. Sabemos que Dios ha sido fiel para con nosotros desde el principio y a través de los años difíciles. Y mientras lamentábamos el fallecimiento de R.C. en los últimos días de 2017, Dios bendijo a Ligonier. En estos últimos tres años, hemos visto la mayor expansión en el alcance de la historia de Ligonier. Por estos últimos cincuenta años, estamos agradecidos. Pero que nunca seamos presuntuosos. Ligonier sirve a la Iglesia, y servimos por la prerrogativa divina de nuestro santo Dios. Mirando a Dios, nos preguntamos: ¿Qué pueden traer los próximos cincuenta años? Al mirar atrás para celebrar nuestro aniversario número cincuenta junto a ustedes, sepan por favor que miramos hacia adelante, renovados en nuestro compromiso de proclamar la santidad de Dios en toda su plenitud al mayor número de personas posible. Nos hemos propuesto ser fieles, sin saber lo que vendrá después, pero anticipando ansiosamente lo que Dios hará.