Personalmente quisiera compartirles que me encanta la historia de Rut lejos de todo el romanticismo que pueda tener me gusta su lealtad, obediencia y virtud de ella vemos como en el capítulo 3; un capítulo que puede ser controversial porque Noemí le pide a Ruth que busque a Booz por la noche, que se vista, se perfume y que lo busque en donde él dormirá; es interesante leer esto, cualquiera pensará que Noemí le pide a Rut que se vista de una forma determinada para seducirlo o que se vista con lo mejor que ella tiene; pero no, ella no estaba buscando seducir a Booz; lo que Noemí le pide es que le vaya a proponerle que la redima debido a su parentesco con Eli Melec (el esposo de Noemí); Rut si se arregló y perfumó, lo buscó y estando a sus pies; él dijo “Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos”; esta es una respuesta llena de gracia para Rut “bendita seas del Señor” y lo que él piensa de Rut es que su piedad y lealtad hacía Noemí lo ha hecho a él interesarse en ella debido a su virtud; no su atuendo y tampoco su perfume; también vemos que le dice “Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa”. Rut era una mujer virtuosa y él lo sabía, pero también su pueblo; la palabra “virtud” es la misma que se utiliza en proverbios 31 que elogia a este tipo de mujer, a la mujer que confía en Dios y que eso la hace virtuosa y no su atuendo o adorno.
NUESTRO ARREGLO COMO CRISTIANAS 1 Pedro 3:3-4
3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,
4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.
Hermanas, Pedro dirige estas palabras a las mujeres y realiza el énfasis con la palabra atavío que hace alusión a vestidos, adornos y a nuestro arreglo personal; pero este versículo no es una prohibición o hace el énfasis a que la mujer cristiana debe estar mal vestida o mal arreglada, a lo largo de los años han existido varias malas interpretaciones de este texto en donde se opina que la mujer cristiana no debe de utilizar cosméticos o interesarse en el buen vestir, pero, el autor no es lo que nos dice, Pedro a lo que nos exhorta es a huir de toda exageración con nuestro arreglo exterior, como mujeres cristianas podemos vestir a la moda con un buen gusto y sentido común, esta es la verdadera forma en la que como mujeres seremos atractivas y no siendo exageradas mostrando de más de nuestro cuerpo o siendo ostentosas en nuestro adorno, si bien es bueno cuidar nuestro cuerpo y también tener el deseo de querer lucir bien, el vernos bien es algo que nos gusta y nos atrae; esta atracción también es para el sexo opuesto ¿por qué? porque el querernos ver bien puede ser para sentirnos bien, pero también para atraer, vemos en los versículos de 1 Pedro 3:1-2, el énfasis recae en que ninguna mujer puede ganar a un hombre por medio de su atractivo físico y mucho menos por medio de una exageración en nuestro adorno.
¿CUÁL ES TU MOTIVACIÓN? En el capítulo 2 de 1 Pedro vemos instrucciones de cómo vivir para un creyente: nosotros somos maliciosos gracias al pecado sin embargo debemos anhelar permanecer en Cristo, porque linaje escogido somos, antes de ser rescatadas no habíamos alcanzado su misericordia y ahora, por los méritos de Cristo la tenemos, somos exhortados a abstenernos de los deseos de la carne, debemos evitar los deseos de nuestra naturaleza caída, públicamente y en lo privado. Se nos llama a abstenernos de nuestros deseos carnales y a mantener una buena manera de vivir entre los no creyentes ¿con qué fin? para que ellos vean la obra de Cristo y nosotros no seamos estorbo y tampoco los causantes de la caída de alguien que necesita su salvación y termino mi mención del capítulo 2 con el versículo 17: Amad a los hermanos; hermanas, no seamos causantes de tentación para nuestros hermanos varones; también vemos en 1 Pedro 3:4 como se nos aconseja a estar motivadas por el adorno interior un adorno suave y apacible, esta es la belleza que no se marchita; nuestra verdadera belleza inicia el interior (Prov. 31:30), debemos concentrarnos en desarrollar ese carácter virtuoso y reverente en la semejanza de Cristo (Prov. 15:13) y no en llamar la atención de los hombres mostrando nuestro cuerpo o siendo exageradas con nuestro adorno, seamos como Rut quien por gracia encontró a Booz.
REFLEJEMOS A CRISTO Hermanas, hemos sido compradas por sangre y este acto de gracia nos debe motivar a amar a nuestros hermanos, ayudarlos, ser compasivos, misericordiosos y no estorbar a la obra del Evangelio en sus vidas (1 Pedro 3:8) y nuestra forma de arreglarnos reflejará a Cristo en nosotras, cuidemos nuestros cuerpos; si estás casada tu cuerpo es de tu esposo (1 Corintios 7:4) y si estás soltera es de Cristo (1 Corintios 7:34) y no importando tu estatus civil estamos llamadas a cuidarlo y de no ser causante de lujuria para nuestros hermanos, porque gracias a Cristo quien no solo sufrió como ejemplo para nosotros sino que llevó la condena y el castigo en nuestro lugar, gracias a sus méritos hemos sido declaradas justas y santas, se nos ha concedido una nueva vida para que lo reflejemos siendo modelos de belleza interior, que es lo que verdaderamente importa.
ACERCA DEL AUTOR María Isabel Arenas se congrega y sirve a sus hermanos en Iglesia Reforma. Puedes seguirla en Twitter.
28 agosto, 2023
Lunes 28 Agosto Murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto… las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac. Deuteronomio 1:27-28 Argumentos sin sentido ¡Qué rara prueba de odio! ¡Cuán altamente absurdos son los argumentos de la incredulidad! Si verdaderamente los hubiera odiado, nada más sencillo que haberlos dejado morir entre los hornos de ladrillos de Egipto, bajo el látigo de los crueles capataces de Faraón. ¿Por qué tomarse tanto trabajo con ellos? ¿Para qué esas diez plagas mandadas sobre el país de sus opresores? ¿Por qué, si los aborrecía, no permitió que las aguas del mar Rojo los sepultaran, como sepultaron a sus enemigos? En una palabra: ¿por qué todas esas maravillosas liberaciones?
¡Ah! Si no hubiesen estado poseídos por un espíritu de ciega e insensata incredulidad, tantas evidentes y magníficas pruebas de amor los hubiesen conducido directamente a una conclusión totalmente opuesta a la que osaron expresar. No hay nada bajo el cielo más irracional que la incredulidad; no hay nada más lógico, claro y justo que la sencilla confianza de una fe sencilla, como la de un niño.
La incredulidad no solo es un razonador ciego e insensible, sino también un murmurador oscuro y pesimista. No considera el lado bueno de las cosas. Siempre está del lado equivocado, porque pone a Dios a un lado y solo mira a las circunstancias. La fe habría dicho: “Bien; aunque las ciudades estén amuralladas hasta el cielo, Dios está por encima de ellas porque está en el cielo. Si la tierra estuviese cubierta de ciudades amuralladas desde Dan hasta Beerseba, y si los gigantes fuesen tan numerosos como las hojas del bosque, serían como el tamo de las eras ante Aquel que ha prometido dar para siempre la tierra de Canaán a la descendencia de Abraham, su amigo”.
En la misma época en que Martín Lutero escribía sus tesis, Enrique VIII se abría camino para sus ocho esposas y Juan Calvino publicaba su Institución, la reina Isabel conquistaba América Latina para España y el papa.
Ella suprimía «cualquier cosa no católica a través de medios de coerción, como la inquisición española», dijo a The Gospel Coalition Juan Sánchez, miembro fundador del consejo pastoral de Coalición por el Evangelio. «Los indígenas y las tribus fueron forzadas a abrazar el catolicismo, morir o ser esclavos… como resultado, no hubo Reforma en el mundo hispanoamericano».
La lealtad al Vaticano se mantuvo durante varios siglos. Todavía en los años sesenta, más del 90 % de los latinoamericanos eran católicos.
A medida que el protestantismo fue decayendo en Estados Unidos, encontró un nuevo punto de apoyo en América Latina. Esto no siempre fue de la mejor manera: la teología de la prosperidad pentecostal es tan popular que la mayoría de los protestantes latinoamericanos están de acuerdo en que «Dios concederá riqueza y buena salud a los creyentes que tengan suficiente fe».
Pero también hay en marcha una reforma más pequeña, centrada en el evangelio.
Coalición —la versión en español de TGC— comenzó en 2013 con cuatro artículos al mes. Hoy publica quince artículos a la semana. El sitio tiene más de 445 000 usuarios y un promedio de 1,3 millones de páginas vistas al mes.
Crece el número de conferencias y libros que enseñan teología reformada. Este año, el ministerio Charles Simeon Trust (CST) realizará treinta y nueve talleres presenciales en español sobre predicación expositiva y «las peticiones son de al menos el doble», dijo Jeremy Meeks, quien dirigió el programa en español del CST hasta 2018. «Es una locura».
Si la Reforma está llegando por fin a América Latina, su catalizador es fácil de encontrar.
Miguel Núñez / Cortesía de Miguel Núñez «Yo diría que Santo Domingo, con Miguel Núñez a la cabeza, ha sido nuestra Ginebra», afirmó Sánchez.
«Junto con Sugel Michelén, Miguel Núñez es uno de los padrinos del despertar de la teología reformada en América Latina», confirmó Meeks. «Son como Calvino y Lutero; no son iguales, pero tienen una estatura significativa en la mente de muchos pastores del campo reformado y que tienen entre treinta y cincuenta años».
«La apasionada predicación de Núñez, su estudio profundo y relevante de las Escrituras, su influencia en la esfera pública y su compromiso con la unidad y el crecimiento saludable de la iglesia dejarán una huella duradera en la iglesia latinoamericana», dijo el director ejecutivo de Coalición, Fabio Rossi.
Es una descripción extraordinaria de un hombre que hace cuarenta años era médico en Nueva Jersey y que ni siquiera iba a una iglesia protestante.
Infancia dominicana Núñez era el menor de siete hermanos, nació tan atrás de sus hermanos que «estuvo a punto de no llegar». Es solo seis meses mayor que su sobrina mayor.
Como casi todo el mundo en la República Dominicana, Núñez creció culturalmente católico. Su padre —el único verdadero creyente de la familia— le enseñó a leer la Biblia, lo envió a una escuela cristiana y le dijo que si la Iglesia no estaba de acuerdo con las Escrituras, que siguiera las Escrituras. Aunque Núñez absorbía las lecciones de su padre, la fe de su juventud estaba tan poco desarrollada que no está seguro de que existiera.
Miguel Núñez de niño / Cortesía de Miguel Núñez El padre de Núñez trabajaba en el Ministerio de Educación y pudo enviar a sus hijos a buenas escuelas. Tenía buenos contactos: conocía al entonces presidente Joaquín Balaguer y rechazó varias ofertas de altos cargos en el gobierno. Tenía unos ingresos de clase media, pero era sensible a las necesidades de su entorno, hasta el punto de que, cuando visitaba a una familia pobre, se quitaba el reloj de oro (regalo de jubilación) para no ofenderla. Cuando le regalaban un par de zapatos caros, los vendía, compraba dos con el dinero y regalaba un par.
«Todavía estoy aprendiendo de su ejemplo», dice Núñez ahora.
Cuando Núñez tenía doce años, a su padre le diagnosticaron cáncer de colon. Su pronóstico era bueno: tenía apenas sesenta años y el cáncer no se había extendido. La operación debería haber sido sencilla. Pero el padre de Núñez contrajo una peritonitis seguida de septicemia y murió.
«Yo diría que fue negligencia médica», dijo Núñez, quien está en una buena posición para hacer esa afirmación. Unos diez años después de la muerte de su padre, Núñez se licenció en la Facultad de Medicina del Instituto Tecnológico de Santo Domingo.
Sus planes de graduación eran claros: trasladarse a Estados Unidos, especializarse en enfermedades infecciosas, convertirse en estadounidense y no volver nunca a vivir en la República Dominicana.
Cathy
Miguel y Cathy / Courtesía de Miguel Núñez Núñez invitó a una chica a su graduación de la Facultad de Medicina, una estudiante llamada Catherine Scheraldi. Ella era de Queens, Nueva York, y estaba en Santo Domingo porque las facultades de medicina estadounidenses preferían un título universitario en química o biología, que ella no tenía. Un amigo le habló del programa de Santo Domingo.
Scheraldi era hermosa, inteligente y atea. Cuando empezaron a relacionarse, Núñez oraba y oraba por su conversión, lo que ahora le parece extraño. «Probablemente yo era un incrédulo que oraba para que ella se convirtiera en creyente», dice.
Ella no lo hizo, pero él estaba cautivado y ambos se casaron en otoño de 1982. Siete meses después, se marcharon juntos a Estados Unidos.
«Ese fue el año en que todo cambió», afirma.
Giro inesperado A las 11:45 de la mañana del 18 de marzo de 1983, el piloto de una avioneta llamó por radio al aeropuerto de North Adams, Massachusetts. No conocía la zona y el tiempo era malo para volar: mucho viento y nubes bajas y espesas.
El piloto era el hermano de Núñez y, menos de diez minutos después, su avioneta se estrelló contra la ladera de una montaña que no podía ver. Él y el pasajero murieron; los equipos de rescate tuvieron que abrirse paso entre la nieve hasta la cintura para llegar a la avioneta derribada.
«Fue un shock emocional para toda la familia», dijo Núñez. Su hermano tenía cuarenta y dos años y se había convertido al cristianismo evangélico el año anterior. Al igual que su padre, había muerto siendo el único creyente de la familia.
La familia Núñez. Miguel es el cuarto desde la izquierda en la fila de atrás. Su hermano Nápoles, el piloto, está sentado bajo la foto de su padre. / Cortesía de Miguel Núñez Consternado, Miguel decidió investigar la fe de su hermano.
«Quería conocer a los evangélicos, de los que no sabía nada, y los distintos movimientos que surgieron tras la Reforma protestante», explica. «Así lo hice. Compré los dos volúmenes de History of Christianity [Historia del cristianismo] de Kenneth Latourette».
Todavía lleno de curiosidad, encontró una librería cristiana. Eligió sus libros en función de su tamaño —«quería detalles»— e hizo que Cathy también los leyera. Eventualmente, le preguntó a la empleada de la librería a qué iglesia iba, y resultó ser una iglesia no denominacional que predicaba la Biblia y que dirigía la librería.
«Así que fuimos», dijo Núñez. Siguieron yendo y leyendo. Creer en Jesús no fue tan difícil: para ellos tenía sentido y se bautizaron juntos. Pero les costó más entender doctrinas como la predestinación.
«¿Puede ser que el hombre no tenga participación en esto?», pensó Núñez, leyendo versículos como Efesios 1:4-5 y Romanos 8:28-30. Un domingo, sintió que el Espíritu le planteaba sus opciones: O aceptas lo que lees en la Biblia y lo crees, o te conviertes en un hipócrita y lo niegas.
Núñez se arrepintió y creyó, luego trató de convencer a Cathy.
«Discutíamos todo el tiempo», dijo. Los dos se tropezaban en los pasillos o ascensores del hospital donde ambos trabajaban, discutían un rato sobre teología y luego seguían su camino.
Durante los diez años siguientes, ambos crecieron espiritualmente y en conocimientos médicos. Núñez se convirtió en instructor clínico en la Escuela de Medicina Mount Sinai y se unió a la Asociación Médica y Dental Cristiana (CMDA). Cierto año, R. C. Sproul fue el orador en un fin de semana de la CMDA.
«Leí su libro y escuché su serie de seis partes sobre la santidad de Dios en casetes», dijo Núñez. «Esa serie lo hizo».
Núñez estaba enganchado. Empezó a seguir las conferencias de Ligonier, comprando las cintas de las charlas. Quedó impresionado por las doctrinas de la gracia.
«Formar parte de un plan que Dios tenía en mente desde toda la eternidad, desempeñar un papel dentro de Su historia… ¿qué podría haber mejor?», dijo. «No se me ocurre nada».
Creo que quiero hacer esto con mi vida, pensó. Decidió proponerle la idea a Cathy. «Señor, si quieres que lo haga, muéstramelo a través de su reacción», oró.
Formar parte de un plan que Dios tenía en mente desde toda la eternidad, desempeñar un papel dentro de Su historia… ¿qué podría haber mejor?
Le mencionó la idea del seminario.
«Ella estaba totalmente en contra», dijo.
«¿Por qué querrías hacer algo diferente?», le preguntó. «Está claro que el Señor te ha dado dones en medicina que estás utilizando. También puedes dedicarte al ministerio. Sigue haciendo el buen trabajo que ya estás haciendo».
Ella le recordó la junta de una organización cristiana de misiones juveniles en la que trabajaba y el estudio bíblico que había iniciado para sus pacientes de sida los jueves por la noche.
«No discutí con ella», recuerda. «Ni siquiera le pedí que orara al respecto. Le dije al Señor: “La respuesta obviamente es no. Pero quizá sea un no por ahora”».
Del “no” a volver a casa Pasaron dos años. Un domingo, el pastor de jóvenes de la iglesia le dio a Núñez material cristiano en español para que se lo diera a su familia en la República Dominicana. Estaba ojeándolos en casa cuando Cathy pasó por allí.
«Quizá deberías revisarlo», ella le dijo.
«¿Revisar qué?», preguntó.
«Entrar en el ministerio», dijo ella.
Núñez se sorprendió, pero es rápido de reflejos.
«Hay un problema», dijo él. «Hace dos años, cuando te hablé del ministerio, mi intención era quedarme en Estados Unidos. Pero en los últimos dos años, hemos vuelto a Santo Domingo cuatro veces. He visto a mucha gente educada que está tan perdida como cualquiera. La mayor parte del trabajo misionero en el Tercer Mundo se ha hecho con gente sin estudios. De hecho, quiero volver a Santo Domingo y plantar una iglesia para personas con un nivel de educación universitario y enseñarles nuestra responsabilidad de llegar a los que tienen menos medios».
Cathy es tan rápida como Núñez.
«Eso es lo que quise decir que deberíamos hacer», dijo.
Al final, Núñez necesitaba esos dos años tanto como Cathy. «No quería volver al Caribe», dice. «Obtuve la ciudadanía estadounidense porque nunca iba a volver allí. Pero en esos dos años, Dios cambió su corazón y el mío».
Iglesia Bautista Internacional La primera iglesia que visitaron los Núñez en Santo Domingo se llamaba Iglesia Bautista Internacional (IBI). Desde el púlpito, el pastor misionero recordó a la congregación que se marcharía en tres semanas y que debían seguir orando por su reemplazo.
La primera sede de la IBI / Cortesía de Miguel Núñez Cathy miró a Núñez.
«No», le dijo. «Solo hemos estado en el país un par de meses. Jamás habíamos estado aquí. Estas personas no nos conocen».
Además, esta iglesia hablaba inglés y Núñez quería una congregación de habla hispana. Pero siguió asistiendo a la IBI mientras comenzaba un estudio bíblico de habla hispana en su casa. Comenzó a enseñar la escuela dominical allí, y luego aceptó la oferta de la iglesia de un espacio para una plantación.
Al no encontrar un pastor sustituto, la congregación de habla inglesa preguntó a Núñez si también sería su pastor. En enero de 1998 empezó a predicar, primero en inglés y media hora después en español.
Inmediatamente, Núñez atrajo la atención. Era el único médico estadounidense que predicaba en Santo Domingo. En su congregación había muchos profesionales —médicos y abogados— influyentes, sobre todo en una isla donde solo el 10 % de la población va a la universidad.
«Desde el primer día, Miguel enseñó buena teología», dijo Luis Méndez, que fue pastor bautista reformado en la República Dominicana antes de trasladarse a Estados Unidos. El estilo de Núñez es reflexivo y lógico, «como el pastor Keller, pero con sabor latino», dijo.
Los que le oían volvían y traían a sus familiares y amigos.
Núñez predicando en la segunda sede de IBI / Cortesía de Miguel Núñez La congregación hispana de la IBI creció vertiginosamente. En seis años, necesitaron trasladarse a un espacio más grande. Cuando las quinientas cincuenta sillas se llenaron el primer domingo, Núñez pensó que era porque la gente estaba entusiasmada con la gran inauguración.
Pero el espacio estaba igual de lleno la semana siguiente, y la siguiente. En pocos años, predicaba tres cultos en español los domingos por la mañana y uno en inglés por la noche. En 2013, la IBI se trasladó a un espacio con capacidad para más de dos mil personas.
Una vez allí, la asistencia a IBI se estabilizó. «Lleva varios años en torno a los dos mil doscientos, divididos en dos servicios», dice Núñez. «No hemos crecido más porque en el estacionamiento no caben más vehículos».
Expansión en los medios de comunicación Otra cosa que atrajo a las personas a la IBI fueron los ministerios de Núñez en los medios de comunicación. En 2004, su iglesia fundó el Ministerio Integridad y Sabiduría, cuyo objetivo era administrar la influencia de la IBI mediante la difusión del evangelio y la formación de líderes.
Bajo esta sombrilla, Núñez creó un programa de televisión llamado Respuestas: Verdades absolutas para un mundo relativo. Durante ocho temporadas, respondió a preguntas como: ¿Es la Biblia la verdad absoluta? ¿Dividió la Reforma a la iglesia verdadera? La guerra espiritual: ¿es realidad o ficción? ¿Cómo puedo salvar mi matrimonio? ¿Cómo puedo luchar contra mi resistencia al cambio?
Núñez en Respuestas: Verdades absolutas en un mundo relativo / Cortesía de Miguel Núñez «Fue un nivel de claridad como el de Sproul, pero con el trasfondo médico», dijo el pastor dominicano Jairo Namnún. «Estaba bien producido y bien investigado, a un nivel sin precedentes para un programa cristiano en América Latina. Yo ni siquiera iba a la IBI en ese momento, pero no me perdía un episodio».
No fue el único al que le encantó. En Santo Domingo, la serie se emitió en horario de máxima audiencia. Cuando el DVD de Núñez llegó a manos de un ministerio satélite de Costa Rica, emitieron la serie completa en toda América Latina.
«Eso nos puso en el mapa», dice Núñez. Abrió la puerta para que el evangelio se extendiera de la forma que él había estado anhelando desde sus días en Nueva York.
Núñez no dudó. Golpeó, abrió, empujó y atravesó todas las aberturas que encontró. Empezó a escribir artículos, luego libros. Empezó un podcast al estilo de Ask Pastor John de John Piper, en el que respondía a las preguntas de los oyentes desde una cosmovisión bíblica. Fundó el Instituto Integridad y Sabiduría para enseñar a los líderes de las iglesias.
En 2010 organizó una conferencia. Fue un paso decisivo, no por la enseñanza, aunque fue estupenda. Pero lo más importante fue la reunión en sí.
Esta era la prueba. En una región dominada por el catolicismo cultural y el pentecostalismo, ¿había otros pastores latinoamericanos con una cosmovisión reformada? ¿Estarían dispuestos a viajar a Santo Domingo para estar juntos?
Por Su Causa «Básicamente, Miguel estaba soñando con una conferencia con John Piper en la que hubiera siete mil personas», dijo Méndez. «Fue entonces cuando dije: “Este tipo está loco”».
Era una idea descabellada. Piper nunca había estado en la República Dominicana, donde lo único que atraía a una multitud tan grande era el béisbol. Las grandes conferencias como TGC y T4G aparentemente solo funcionaban en Estados Unidos, donde había mucha gente reformada, centros de conferencias y presupuestos de iglesias para pagar los gastos de viaje.
Pero Núñez conocía a Méndez, que era pastor en la Bethlehem Baptist Church por aquel entonces. A través de él, Piper fue invitado y aceptó.
El siguiente reto era el espacio: lo único suficientemente grande era básicamente una gran sala vacía. Núñez tendría que alquilar sillas, pantallas, un sistema de sonido, iluminación y cien toneladas extra de aire acondicionado. También tendría que construir una plataforma. Si cobrara $40 o $50 dólares a cada persona, probablemente lo cubriría. Pero nadie podría costeárselo.
«Esto es lo que ocurrió: Estaba en la iglesia, celebrando un servicio de adoración», dijo Núñez. Estaba pensando en el tema de la conferencia, que era «Volver a la cruz». ¿Iba a cobrar a la gente para que volviera a la cruz?
«Empecé a llorar», dijo. Más tarde, preguntó a su comité financiero si la IBI podría intentar cubrir el costo de la conferencia. El entusiasmo fue unánime.
«Lo hicimos», dijo. Todos los gastos se cubrieron con donativos. «¿Y sabes qué? Sobraron $20.000 dólares cuando pedimos a personas de nuestra propia iglesia que hicieran donaciones para el evento».
El desafío final: ¿vendría la gente?
Núñez y Piper en la primera conferencia de Por Su Causa en 2010 / Cortesía de Miguel Núñez Lo hicieron. Siete mil personas.
«Ver esa enorme conferencia fue increíble», dijo Méndez. Entusiasmado, Núñez volvió a organizar la conferencia al año siguiente, y al siguiente, y al siguiente.
«La República Dominicana se convirtió en el centro» del movimiento reformado, dijo Méndez. «Los pastores volaban desde Argentina, Bolivia o Colombia para asistir a la conferencia porque creían que necesitaban formación y nadie más la estaba ofreciendo. Además, porque podían formar parte de algo más grande que tu país».
Influencia En los últimos veinticinco años, Núñez no ha dejado de moverse. Además de liderar una IBI en crecimiento, obtuvo una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies y un Doctorado en Ministerio del Southern Baptist Theological Seminary, escribió dieciséis libros, editó un estudio bíblico y habló en varias partes del mundo. Junto con Juan Sánchez, fundó Coalición por el Evangelio, el sitio en español de TGC.
Durante todo ese tiempo, nunca dejó de atender a los pacientes. «Sigo atendiendo a unos cinco o seis pacientes ambulatorios a la semana, y a unos pocos hospitalizados», dice. «Son casos complicados o que necesitan una segunda opinión».
Núñez grabando podcasts durante la pandemia / Cortesía de Miguel Núñez Para ello, no se limita a mantenerse al día en medicina, sino que estudia las últimas investigaciones. Durante el COVID, asesoró al gobierno dominicano y produjo treinta y un episodios de podcast para ayudar a las personas a reflexionar sobre la pandemia desde una perspectiva bíblica.
La vida familiar de Núñez se lo permite: su esposa Cathy también es una persona dinámica, dicen sus amigos. Es endocrinóloga a tiempo completo, trabaja en el ministerio de mujeres, escribe libros y presenta un podcast llamado Mujer para la gloria de Dios. Aunque estaban dispuestos a tener hijos, y están criando a un sobrino nieto, Cathy nunca llegó a quedar embarazada.
«Eso le da tiempo para centrarse en cosas que otras personas no podrían hacer», dice Sánchez. Aun así, la productividad de Núñez es legendaria.
Un ejemplo: «Miguel y yo publicamos un libro juntos», cuenta Méndez. «Teníamos que escribir seis capítulos cada uno, y disponíamos de cinco meses para hacerlo. En una semana, Miguel me envió dos capítulos para que los revisara. ¡Yo ni siquiera había empezado todavía!».
Si le preguntas a Núñez cómo lo hace, no te dirá que se levanta temprano o se queda despierto hasta tarde, aunque hace ambas cosas. Tampoco te dirá que lee un libro a la semana, aunque lo hace. El mejor consejo de Núñez es mucho más fácil —y difícil— que eso.
En espera A veces algunos le preguntan a Núñez: «¿En qué profesión eres mejor: en teología o en medicina?».
«En ninguna de las dos», les dice. ¿Su mejor logro? Esperar.
«Creo sinceramente que Dios es soberano», dijo. «Dios está a cargo. No necesita ayuda. Él te convencerá a ti o a cualquier otro de hacer lo que sea. Así que espera».
Algunas de las esperas son buenas, como la anticipación de un nuevo edificio para la iglesia o la publicación de un nuevo libro. Otras son duras, como la lucha de Cathy contra la depresión durante siete años, los dolores de espalda de Núñez antes de la operación o las críticas en Internet de antiguos amigos.
Núñez orando al final del servicio / Cortesía de Miguel Núñez «Hay poder en esperar en el Señor», dijo Núñez. Lo ve en toda la Biblia, desde los cuarenta años de Israel en el desierto hasta los cuatrocientos años que transcurren entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, pasando por los treinta años que esperó Jesús en comenzar Su ministerio.
«Incluso ahora estamos aguardando durante dos mil años a que Él vuelva», dijo Núñez, que nunca confundiría la espera con la inacción. Está constantemente haciendo preguntas, estableciendo contactos o explorando nuevas vías de ministerio.
«Miguel ha creado un nuevo nivel de credibilidad para el evangelio y la iglesia en América Latina», dijo Méndez. «Nuestros líderes políticos no han sido dignos de confianza, y nuestros líderes religiosos han sido aún peores. Pero ahora este hombre me está desafiando a profundizar en mi Biblia, está explicando el evangelio, está viviendo lo que dice».
Eso está ayudando a encender una reforma por primera vez en América Latina, dijo Giancarlo Montemayor, director de publicaciones globales de Lifeway Christian Resources. «Hemos vendido más de quinientos mil ejemplares de sus libros, y no somos su única editorial. Más de un millón de personas probablemente han sido alcanzadas a través de su literatura, videos y conferencias… Tener una doctrina sólida difundida en esos números en América Latina es un milagro».
«Dios está obrando», dijo Núñez. «Si Dios no está obrando, no importa en qué me centre… Efesios 2:10 dice que somos hechura Suya, para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para nosotros. Así que no trates de crear obras que Él no ha preparado. Vas a perder tu tiempo. Solo camina en las obras que Él preparó de antemano».
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson. Sarah Eekhoff Zylstra es escritora para The Gospel Coalition. Ha sido reportera freelance y editora en Christianity Today. Tiene una maestría en periodismo de Northwestern University.
Domingo 27 Agosto Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. Juan 11:33-36 La simpatía de Jesús Jesús, el Hijo de Dios, está parado junto a la tumba de Lázaro, y lo vemos llorar. Visitaba a menudo esta acogedora casa de Betania, donde se respiraba una atmósfera de amor. En medio de toda la agitación, el Extranjero celestial podía llegar allí y hallar almas unidas a él, junto con una gran calma. Pero las cosas han cambiado porque ha entrado otro visitante: la muerte, ese intruso inoportuno, acababa de traer consigo la tristeza y el dolor. Jesús llegó justo en medio de estas tristes circunstancias.
Leemos en Isaías 63:9: “En toda angustia de ellos él fue angustiado”. La escena junto a la tumba muestra claramente el cumplimiento de esta profecía. Jesús compartió el dolor de Marta y María, y sintió su pena como nadie más podría hacerlo. No solo mostró una simpatía incomparable, sino que fue capaz de aportar esperanza a esta escena de tristeza y muerte. De hecho, este era el propósito de su venida. Todos los enemigos deben huir de su presencia. Sí, vencerá a todos los enemigos, incluida la muerte, y triunfará sobre ellos (cf. 1 Co. 15:26).
Cristo vino a quitar de en medio el pecado por el sacrificio de sí mismo. Vino a derrotar con su muerte al diablo, quien tenía el poder de la muerte. Además, vino a traer vida e incorruptibilidad a este mundo en el que reinaban el pecado y la muerte. Nuestro precioso Salvador no solo lloró con los que lloraban y se vio afectado por los sentimientos de dolor y simpatía, también llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, así como todo el peso del pecado y el juicio de Dios contra este. Cristo venció, y su victoria es nuestra. “Sorbida es la muerte en victoria… ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?… gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:54-57).
Sábado 26 Agosto Cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste… Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza. Josué 2:18-19 El cordón de grana ¡Qué hermosa imagen de la salvación de Dios! Rahab tuvo que atar el cordón de grana a su ventana para que todos pudieran verlo. Los lugareños no sabían para qué servía; tal vez pensaban que era solo un adorno. Los dos espías le dijeron a Rahab que reuniera en su casa a su padre, su madre, sus hermanos y otros miembros de su familia. El cordón de grana que colgaba de la ventana los mantendría a salvo el día en que el juicio llegara a Jericó.
En su Palabra, Dios nos ha dado un cordón de grana (el color de la sangre); Él salva a todos los que se ponen bajo su protección, todos los que están dentro de esa casa. Todos los que están en Cristo están protegidos por su preciosa sangre. Esto es una señal segura, ya que el Padre la está mirando. Cristo murió por mí; por eso mi alma está a salvo. En otras palabras, estos hombres le dijeron a Rahab: “Responderemos por tu seguridad; tú y toda tu casa se salvarán, porque están a salvo por el cordón de grana”. Cristo es la seguridad para todos los que ponen su confianza en su preciosa sangre. Pero si Rahab, o cualquiera de su familia, no se ponía bajo la protección del cordón de grana, era bajo su propio riesgo.
Si te niegas a poner tu confianza en el Señor Jesucristo, si te niegas a refugiarte bajo su preciosa sangre, el día en que Dios venga a sacudir poderosamente la tierra, todas las cosas en las que los hombres han puesto su confianza se harán añicos. Entonces serás una pobre alma, perdida y arruinada, y tu sangre estará sobre tu propia cabeza, porque has despreciado el sacrificio ofrecido por nuestro Señor Jesucristo.
Viernes 25 Agosto Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?. Marcos 8:36-37 El engaño del dinero La gran pregunta que se hace hoy en día es: “¿Qué gano con esto?”. Cuando se haya sumado todo, ¿qué dejará tal o cual transacción? ¿En qué medida habré salido ganando? ¿Cuál es el beneficio?
Un millonario estadounidense dijo en su lecho de enfermedad: “El hombre más pobre que conozco es aquel que solo tiene dinero”. Otro dijo: “Aunque un hombre sin dinero es pobre, el hombre que no tiene nada más que dinero es aún más pobre. Las posesiones del mundo no pueden evitar que los espíritus desfallezcan y se encojan cuando llegan las pruebas y los problemas, al igual que un dolor de cabeza no se puede curar con una corona de oro, o el dolor de cuello con una cadena de perlas”. Agustín de Hipona comentó una vez que “las riquezas terrenales están llenas de pobreza”. Esto ciertamente es mucho más acertado que la idea de que un hombre que tiene 100. 000 dólares es el doble de feliz que alguien que posee 50. 000 dólares. Nunca se cometió un error más grande que este y, sin embargo, es lo que la gente comúnmente cree.
Es mucho más correcto decir que el dinero es un proveedor universal de todo menos de la felicidad, y un pasaporte universal a todo lugar menos al cielo. La palabra comúnmente usada para “riquezas” en el Antiguo Testamento se traduce frecuentemente como “pesado”. Esto es muy significativo, ya que el que posee abundantes riquezas es el que mejor sabe las cargas que imponen tales posesiones. Alguien más ha dicho: “Hay una carga debida al cuidado al obtenerlas, un temor al conservarlas, una tentación al usarlas, una culpa al abusar de ellas, una tristeza al dejarlas, y una carga debido a las cuentas que hay que rendir al final a causa de ellas”.
Jueves 24 Agosto Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Mateo 16:15-16 Simón Pedro (3) – Su confesión El Señor Jesús estaba viajando cerca de Cesarea de Filipo, una ciudad ubicada a unos 200 km al norte de Jerusalén, en una región habitada principalmente por gentiles. Fue allí donde Cristo les preguntó a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mt. 16:13). Los discípulos le informaron cuál era la opinión popular: la gente creía que Jesús era uno de los venerados profetas, o Juan el Bautista que había vuelto a la vida (v. 14). A los ojos de mucha gente, Jesús era un hombre santo o un profeta.
Pero ¿qué opinaban los propios discípulos? Simón Pedro tomó la palabra, como era su costumbre, y dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Esta confesión de Pedro no fue producto de un razonamiento humano, ni de una visión particular. El Padre se lo había enseñado divinamente. No fue la “carne ni sangre” lo que lo llevó a esta conclusión, sino la gracia soberana de Dios (véase Juan 1:13).
Proféticamente, el Señor había anunciado el nuevo nombre de Pedro cuando este creyó en él como el Mesías (Jn 1:41, 42). Pero ahora, tras confesar que Cristo es “el Hijo de Dios viviente”, el Señor le reveló el significado más profundo de su nuevo nombre. Como Hijo del Dios “viviente”, él tiene poder sobre las “puertas del hades”. El reino de Satanás y el poder de la muerte no prevalecerán. El nombre “Dios viviente” significa que es el Dios de la resurrección. Sobre esta roca -la confesión de que Jesús es el Hijo del Dios viviente- sería edificada la Iglesia. La roca es Cristo, no Pedro, como algunos han supuesto erróneamente. Pedro significa simplemente piedra, y nosotros, al igual que él, somos “piedras vivas” que son puestas en el templo que Cristo está construyendo (1 P. 2:5). La muerte no tendrá ningún poder sobre los que han creído en él. ¡Demos gracias al Padre por habernos revelado a su amado Hijo!
Miércoles 23 Agosto Pues por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios nos quebrantó, por cuanto no le buscamos según su ordenanza. 1 Crónicas 15:13 Hacer la voluntad de Dios en obediencia a su Palabra El deseo de David de llevar el arca de vuelta a Jerusalén era bueno, pero la forma en que lo hizo fue incorrecta. Se olvidó de consultar la Palabra de Dios en cuanto a la forma de transportar el arca, y recurrió al método que los filisteos habían utilizado: “un carro nuevo” (1 S. 6:7). Ningún cristiano con discernimiento espiritual podría negar que existe un orden divino en la Palabra de Dios. Las tribus de Israel estaban acampadas alrededor del tabernáculo en conformidad con una instrucción divina, y se les había dado órdenes de cómo se debía desmontar y transportar el tabernáculo; a la tribu de Leví se le encargó especialmente el transporte de sus distintas piezas. El arca debía ser llevada sobre los hombros de los coatitas. Este mandamiento no se cumplió y el resultado fue desastroso. Los hijos de Israel confesaron entonces que no habían actuado de acuerdo según el orden establecido. Y cuando trajeron el arca como Dios había ordenado, se produjo una gran alegría.
Hay un orden divino para el funcionamiento de la Iglesia, “porque Dios no es Dios de desorden, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (1 Co. 14:33 VM2020). Descuidar este orden divino para la Iglesia, establecido en las Epístolas a los Corintios, ha traído como consecuencia la confusión y el desorden, generando que cada uno haga lo que cree que es correcto a sus propios ojos.
Que Dios bendiga a los dos o tres que, en gran debilidad y oprobio, se reúnen sencillamente al nombre del Señor Jesús, y sin reconocer otra cabeza que no sea Cristo, ni otro poder que no sea el del Espíritu Santo, y sin depender más que de la Palabra de Dios. A los tales, el Señor les promete no solo su presencia, sino también su aprobación. Los tiempos cambian, pero no afectan a su Palabra, y Dios es tan inmutable como su Palabra.
Martes 22 Agosto Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. 2 Pedro 1:3 El llamamiento divino (12) – Llamamiento y elección El llamamiento de Dios refleja quién es él, mientras que su poder produce una respuesta en aquellos que llama. El “Dios de toda gracia” (1 P. 5:10) es el gran Creador y Redentor que trae vida donde hay muerte. Él trabaja en quienes hemos sido llamados, para perfeccionarnos y prepararnos para su gloria eterna. Mientras estamos en esta tierra, el temor de Dios (la piedad) nos capacita para una verdadera comunión con él y con los que él ha llamado. El conocimiento pleno de Aquel que llama implica una relación consciente de amor con él. Su llamamiento nos ha dado entrada a Dios, que es amor, para su propia gloria y excelencia -o virtud moral.
La traducción aquí utilizada dice que Dios “nos llamó por su gloria y excelencia”, lo cual no es una contradicción: ambos pensamientos son verdaderos. Como resultado, los cristianos -creyentes verdaderamente nacidos de nuevo- pueden tener vida y comunión con él ahora y para siempre, y esto ha sido posible por el llamamiento eficaz del poder de Dios.
Pedro sabía que pronto dejaría la tierra. Como pastor (Jn. 21:15-17), quería que todos los creyentes crecieran en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Quería que todos fueran diligentes en el uso de los recursos de Dios y progresaran en el camino de la fe. Él dijo: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 P. 1:10). El llamamiento y la elección de Dios implican que los creyentes se involucren, que hagan la voluntad de Dios.
Nuestras mentes no pueden comprender cómo el llamamiento de Dios, en su gracia soberana, no deja de lado nuestra propia responsabilidad. El desafío de Pedro muestra ambos lados: cuando hacemos lo que Dios desea, Dios hace su obra, y todo el crédito es suyo. Llamados a heredar una bendición, debemos ser vencedores diligentes. Dios siempre cumple su parte. ¡Hagamos su voluntad!
Introducción El tema central que recorre esta clase es la tensión que existe entre el gran propósito de Dios para la iglesia —que nosotros seamos la manifestación de su gloria en la tierra— y nuestro pecado. Gran parte de lo que hemos discutido ha sido cómo pueden los cristianos propensos al pecado glorificar a Dios por medio de su amor y unidad juntos. Pero hay veces en las que el pecado ataca a nuestra iglesia y quienes caen en él no se arrepienten. Esos son tiempos difíciles para la unidad de la iglesia.
Podríamos escoger ignorar el pecado, y amenazar el llamado distintivo de la iglesia de Cristo. Por otro lado, podríamos actuar con dureza como fariseos, destruyendo nuestra unidad. Afortunadamente, la Biblia ha arrojado la sabiduría que a nosotros nos falta en relación con este tema. Nos referimos al enfoque de la Biblia como la disciplina en la iglesia, una respuesta bíblica al pecado impenitente. Y, lejos de las percepciones de los juicios de brujas y de las cartas rojas, la disciplina es algo inherentemente positivo: se ordena en la Escritura por nuestro bien. Significa que cuidamos los unos de los otros al hablar la verdad en amor acerca de nuestro pecado. Significa que protegemos a la iglesia del pecado impenitente grave que no honra a Cristo. Trágicamente, el mundo a menudo puede burlarse del comportamiento de la iglesia. «¡Él es un líder en la iglesia, pero es peor que nosotros!». La disciplina es la herramienta normal de Dios para preservar la reputación de Cristo en su iglesia al aclarar que Cristo no aprueba tal pecado.
El modelo para la disciplina en la iglesia es la disciplina que nuestro amoroso Padre celestial ejerce al lidiar con nosotros. El libro de Hebreo nos dice: «Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:6). La meta de la disciplina es la justicia. «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados» (Hebreos 12:11).
El día de hoy, consideraremos cómo la Biblia nos enseña a practicar la disciplina en la iglesia, y hacer esto bien fortalece la unidad en la congregación y protege la reputación de Cristo. También hablaremos acerca de cómo nosotros, como miembros, tenemos la responsabilidad de estar involucrados en el proceso de disciplina.
No obstante, antes de seguir avanzando, necesitamos algo de claridad en cuanto a ciertos conceptos.
Dos clases de disciplina En realidad existen dos tipos de disciplina: la disciplina formativa y la disciplina correctiva. Por lo general, cuando hablamos de «la disciplina en la iglesia» nos referimos a la segunda. Pero la primera es mucho más común.
Por tanto, veamos primero la «disciplina formativa». Consiste en guiar a las personas hacia la madurez en Cristo a través de la instrucción y la enseñanza positiva. Por ejemplo, cuando se predica la Palabra y somos confrontados, o cuando nos alentamos unos a otros, esa es la disciplina formativa (cf. Efesios 4:11-12; Hebreos 10:24-25; Colosenses 3:16). La disciplina formativa es importante porque Dios la usa para prevenir el pecado que necesitaría de la disciplina correctiva.
Por otro lado, la «disciplina correctiva» consiste en corregir el pecado en la vida de un creyente. Desde confrontarnos mutuamente hasta la excomulgación formal. Es donde tenemos que decir: «Hey, Tom, creo que estabas equivocado al decir eso». O incluso, finalmente, según la enseñanza de Jesús: «María, sé que dices ser cristiana, pero debemos tratarte como a un no cristiano, porque no dejas de mentir». Esa es la disciplina correctiva.
El propósito de la disciplina correctiva Hoy nos centraremos en la segunda de estas clases de disciplina, la disciplina correctiva. ¿Por qué la ejercemos? Principalmente porque la Biblia nos dice que lo hagamos. Pero también nos da algunas metas específicas al hacerlo.
Primero, el bien de la persona disciplinada. La disciplina es amorosa porque nos advierte y corrige nuestro pecado, y nos beneficiamos de eso. Y para la persona que vive en pecado impenitente, deja en claro que sus acciones no respaldan una profesión de fe en Cristo.
Segundo, el bien de los demás cristianos que ven la grave naturaleza del pecado y sus consecuencias.
Tercero, la salud de la iglesia como un todo. Da un alto al pecado que podría causar discordia y conflicto, o confusión para cristianos menos maduros acerca de lo que significa seguir a Jesús.
Cuarto, el testimonio corporativo de la iglesia. La disciplina en la iglesia protege nuestro testimonio corporativo ante un mundo que nos observa. Las personas se dan cuenta de que existe una comunidad de creyentes cuyas vidas son diferentes a las del mundo. Ellos pueden fácilmente desacreditar nuestro mensaje cuando nuestro comportamiento es igual al de la gente que nos rodea.
Todo en contribución a la meta principal de la disciplina en la iglesia: dar a conocer la excelencia de nuestro Redentor.
¿Cómo ejercemos la disciplina correctiva en la iglesia? Pasaremos el resto de nuestro tiempo hablando acerca de cómo podemos ejercer la disciplina correctiva en la iglesia por nuestro bien y para la gloria de Dios. Para ello, abordaremos las preguntas que verás en tu folleto.
A. ¿Qué pasa si alguien peca contra ti? Entonces, ¿qué haces si un creyente peca contra ti? ¿Cómo deberías reaccionar? ¿Le dices por qué estás enojado, y luego le das el trato de la indiferencia? Veamos qué dice Jesús.
Mateo 18:15-17:
«Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia.; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano».
Paso #1: Ve con el ofensor Primero deberíamos ir y hablar con quien que pecó contra nosotros (llamaré esa persona el ofensor). Si se niega a escuchar, debemos llevar con nosotros a una o dos personas más. Si continúa rehusándose, debemos comunicarlo a la iglesia, la cual debe expulsarlo si se niega a arrepentirse.
Considerando esto más detalladamente, hablemos acerca del primer paso. En la mayoría de los casos, esa primera conversación resolverá el problema. La persona se arrepentirá o te darás cuenta de que estabas equivocado. ¿Cómo podemos prepararnos para una conversación como esa?
Primero, ora por esa persona. Ora para que Dios le ayude a crecer espiritualmente; para que desee conocer más a Dios. Esto suavizará tu corazón hacia él o ella en preparación para su plática.
Segundo, asegúrate de tener una buena razón para ir al ofensor. Algunos pecados son objetivos. «¡Él me golpeó!». Otros no tanto. «¡Se ha comportado soberbiamente!». Podemos hablar con otro creyente acerca de cualquiera de estas categorías. Pero mientras menos objetivo sea un pecado, más necesitaremos estar listos para explicar nuestra preocupación, pero luego soltar el problema si la persona no está de acuerdo. No te apresures en decir: «¡Eres soberbio! Arrepiéntete o lo diré a la iglesia». En cambio, podrías intentar decir: «Hermano, considerando las palabras que estás escogiendo, realmente temo que estés hablando con soberbia. ¿Crees que eso podría ser cierto?».
Tercero, examina tu corazón para asegurarte de que tus motivos sean los correctos; asegúrate de no ir al ofensor enojado, con deseo de venganza, con aires de superioridad o alguna otra actitud pecaminosa (cf. Romanos 12:19). Asegúrate de que tu deseo sea la reconciliación de la relación por el bien del ofensor, por tu bien y para la gloria de Dios. Como dice Jesús, confiesa tu pecado. Y entonces podrás ver más claramente el pecado de tu hermano (Mateo 7:5).
Cuarto, ten mucho cuidado al hablar con otras personas acerca del pecado del ofensor. Aquí vemos que Jesús va a hablar con él. No con su mejor amigo, o con su esposa. Habla con él. Está bien pedir a otros que te aconsejen acerca de cómo tener esa conversación si tienes que hacerlo. Pero ten mucho cuidado y no permitas que la conversación se convierta en un chisme. Y recuerda que, incluso cuando necesites el consejo de otra persona, casi siempre puedes obtener su consejo sin mencionar el nombre del ofensor.
Finalmente, cuando hables con el ofensor, recuerda actuar y hablar con un espíritu de gentileza, humildad y amor. La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego.
Todas estas cosas harán que el paso de acercarse al ofensor sea más efectivo, y preserva y protege la unidad de la iglesia al evitar obstáculos tales como el orgullo y las habladurías.
Ahora, antes de pasar al siguiente paso en Mateo 18, permíteme establecer dos puntos extra acerca de este primer paso en Mateo.
Primero, podrías preguntarte: ¿Debo acudir a mi hermano por cada pequeña ofensa? Ciertamente no. El amor cubre multitud de pecados. Proverbios nos dice que pasar por alto una ofensa es algo glorioso y demuestra paciencia y tolerancia (cf. Proverbios 19:11). Así que, ¿cuándo deberías ir? Aquí tienes dos preguntas que debes hacerte.
a. ¿La ofensa ha causado la ruptura de su relación? ¿Piensas frecuentemente en ello? ¿Te hace sentir diferente hacia esa persona por más que un momento de pasada? ¿Es difícil para ti perdonar? Si la respuesta es sí a cualquiera de estas preguntas, entonces es probable que debas ir y hablar con el ofensor.
b. ¿Cuál es el peligro de este pecado para el ofensor? Recuerda lo que Santiago escribe: «sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados» (5:20). ¿El pecado del que estamos hablando pone en peligro la capacidad del ofensor de reflejar a Cristo al mundo que lo rodea? ¿Es una señal de problemas más graves, o podría causarlos?
El segundo punto que quiero señalar en respuesta a la pregunta: «¿Cuándo debería ir?», es que Jesús nos dice que comencemos una conversación, sea que nosotros seamos los ofensores o los ofendidos. Mateo 18 le dice a la persona perjudicada que debe procurar la reconciliación. Pero Mateo 5:23-24 dice que si crees que alguien resiente algo contra ti, es decir, si eres el ofensor, entonces también es tu obligación hablar. Mateo 5 incluso dice que si mientras intentas adorar a Dios, recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, debes detenerte, y buscar reconciliarte. ¡Jesús se preocupa mucho por tus relaciones en la iglesia! Esa es la razón por la que es fundamental que examinemos nuestras relaciones con los demás antes de llegar a la mesa del Señor. Cuando hay conflicto, tanto el ofensor como la persona que ha sido agraviada deben iniciar la reconciliación. Es casi como si nos tropezáramos unos con otros apresurándonos para reconciliarnos. ¡Qué gran ilustración!
Paso #2: Toma contigo a uno o dos hermanos De vuelta a Mateo 18. Si la persona ofensora no escucha, y es evidente que ha pecado, debemos llevar con nosotros a una o dos personas más. Esto con dos propósitos: En primer lugar, es más probable que el ofensor escuche a una tercera parte neutral que a la persona a quien ha ofendido. Esta otra persona también sirve para dar testimonio de lo que ocurrió en la reunión en caso de que la disciplina avance al próximo paso.
Permíteme ofrecer algunas sugerencias acerca de este proceso si alguna vez te encuentras en este escenario. Primero, antes de tomar este paso, considera cuán objetivo es el pecado. ¿Confrontas a la persona porque piensas que invierte mucho dinero o porque crees que actúa con altivez? Solo Dios conoce su corazón. Si se trata de un caso subjetivo como ese, es mejor que entregues el problema y ores al Espíritu Santo para que la confronte. Segundo, si avanzas, asegúrate de que la persona o personas que lleves contigo sean confiables y discretas, imparciales y de buen juicio. Y tercero, comunícale al ofensor lo que estás a punto de hacer. No inicies una conversación sin antes advertirle. Cuarto, ten cuidado de no intentar poner a los testigos de tu lado; los hechos hablan por sí solos.
Paso 3: Dilo a la iglesia Avanzando al paso #3, si el ofensor sigue negándose a escuchar, la iglesia debe intervenir. Y puede excomulgarlo si se rehúsa a arrepentirse. En Mateo 18, Jesús no específica si se debe hablar con los líderes de la iglesia antes de llevar el asunto a la iglesia. Pero ciertamente el paso inmediato parece apropiado y consistente con estas instrucciones. Al ver estos pasos en Mateo 18, podemos ver a Jesús tratando de involucrar el menor número de personas posible. Pero está dispuesto a hacer que las cosas se hagan públicas si eso es lo que hará que el ofensor despierte. En el estado final, incluso usa a quienes están fuera de la iglesia y al propio Satanás para propiciar providencialmente el arrepentimiento.
B. ¿Qué pasa si ves a un miembro pecar contra otro miembro? Mateo 18 nos brinda una guía acerca de qué hacer cuando alguien peca contra ti. ¿Pero qué pasa si observas que alguien peca contra otro miembro de la iglesia? ¿Qué deberías hacer?
La respuesta es: «depende». Gálatas 6:1 nos dice: «Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre». Y Lucas 17:3 dice: «Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale». Por otro lado, la Biblia también nos advierte que no debemos ser chismosos en busca de oportunidades para señalar las faltas de los demás1 . Todos nosotros somos pecadores, por lo que sería imposible y, honestamente, poco productivo enfocar la atención en cada uno de los pecados que observamos. Por tanto, ¿cómo sabemos cuando es un buen tiempo para abordar a un hermano o hermana por su pecado?
Permíteme ofrecer algunas directrices para tu juicio:
Primero: ¿El pecado deshonra a Dios? ¿Es lo suficientemente visible para que ultraje el nombre de Dios ante los no cristianos?
Segundo: ¿Representa una tentación para otros o establece un mal ejemplo para cristianos más jóvenes?
Tercero: ¿Podría causar discordia y desunión en la iglesia?
Cuarto: ¿Está lastimando gravemente al ofendido al dañar su relación con Dios o en otras formas?
Si una o más de estas respuestas son sí, entonces probablemente sería apropiado hablar con el ofensor acerca del pecado. Mientras menos cercano seas a la persona, más alta será la barrera para hablar con ella. Mientras mejor la conoces, y mientras más confías en su relación, más baja será la barrera.
C. ¿Qué pasa si alguien peca de forma escandalosa? Con los años, se han establecido muchas diferencias entre el caso de disciplina de 1 Corintios 5, en el que Pablo dice a la iglesia que excomulgue a un hombre por acostarse con la mujer de su padre, y Mateo 18, que acabamos de considerar. En 1 Corintios 5, Pablo no pregunta por el arrepentimiento del hombre; simplemente ordena a la iglesia que lo expulse de la comunión. Entonces, ¿qué ocurre aquí? ¿Existe algún tipo de disciplina «acelerada» que Jesús no describió?
Bueno, algo así. Lo que parece estar sucediendo en 1 Corintios 5, es que el pecado era tan atroz, por encima de lo que era aceptable en esa sociedad, que realmente no había nada que el hombre pudiera decir para convencer a la iglesia de su arrepentimiento. En general, seguimos el principio de «inocente hasta que se demuestre lo contrario». Permaneces en la iglesia hasta que, a través de los pasos de Mateo 18, se haga evidente que no estás arrepentido. Pero en ocasiones, la credibilidad de cualquier declaración de arrepentimiento es tan arriesgada que la iglesia debe moverse rápidamente para expulsarte fuera de su comunión. Por tu bien y por la reputación de Cristo, como vemos en 1 Corintios 5. Entonces, si por la gracia de Dios tu declaración de arrepentimiento se vuelve creíble otra vez, ese interdicto de excomulgación es removido.
D. ¿Cómo me relaciono con alguien que ha sido excomulgado? Muchas veces esto no será un problema porque la persona que ha sido excomulgada se muda fuera del área, o ya no se asocia con la iglesia o sus miembros. Pero ha habido varios ejemplos en los que nuestra iglesia votó para cancelar la membresía de una persona, y el individuo continúa asistiendo a los servicios de la iglesia luego de haber sido expulsado, lo que es maravilloso. Queremos que eso pase. Queremos que la persona escuche constantemente la Palabra de Dios y se convenza de su pecado. ¿Pero qué pasa si esa persona también empieza a aparecer en eventos sociales de la iglesia, como la cena después del servicio por la noche? ¿Qué debemos hacer?
En 1 Corintios 5:11, leemos que no debemos «juntarnos» con dicha persona. En Mateo 18:17, Jesús dice que debes tratar a la persona como lo harías con un gentil o publicano. ¿Cómo se ve esto en la práctica? Significa que deberías tratar a la persona como si fuera un no creyente. Pero no solo cualquier inconverso; un inconverso que trágicamente cree estar bien. Así que, deberíamos animarle a que asista a la iglesia como acabo de mencionar. Y debemos tratarle con amor y amabilidad cuando le veamos. Pero cuando lo hagamos, deberíamos preocuparnos por instarle a que se arrepienta. Nunca deberíamos actuar como si todo estuviera bien, como lo haríamos con otro cristiano o incluso con un no creyente que sabe que no es cristiano. Esa es la lógica de 1 Corintios 5:11: «con el tal ni aun comáis». Por supuesto, cuando la persona excomulgada es un familiar o un compañero de trabajo, otras obligaciones bíblicas que tenemos con la relación a menudo pueden tener prioridad.
E. ¿Qué pasa si un líder de la iglesia peca? Finalmente, el último tema que quiero abordar hoy es lo que la Escritura dice acerca del pecado entre los líderes de la iglesia. El pasaje guía para estas situaciones se encuentra en 1 Timoteo 5:19-20: «Contra un anciano no admitas acusación, sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman».
Pablo da una caución especial para proteger a los ancianos de falsos ataques: antes de que una acción disciplinaria sea admitida en contra de un anciano, debe haber dos o tres «testigos». La sabiduría de esto es clara: los líderes de la iglesia a menudo participan en situaciones que podrían dar origen a acusaciones especulativas en su contra.
Con este pasaje en mente, permíteme abordar dos situaciones que podrían surgir en la iglesia: Primero, ¿qué pasa si escuchas rumores de una acusación en contra de un anciano? Segundo, ¿qué ocurre si descubres que un anciano está en pecado?
Rumores de acusación ¿Qué sucede si alguien te dice que ha visto a un anciano pecar o piensa que lo ha hecho? ¿Cuál es tu responsabilidad? Primero y principal, asegurarte de no ser parte de un chisme o de una difamación. Dile que hable con el anciano al respecto. No contigo. Como lo harías en cualquier otra situación. Desanímale activamente a dejar de infamar a ese anciano en una conversación como esa.
Hay dos excepciones a esta regla: Si también has visto ese pecado en especifico y esta persona se te acerca en calidad de testigo conforme a lo establecido en 1 Timoteo 5:19, o si te pide que sirvas como testigo incluso cuando no has sido un testigo presencial. Hablaremos un poco más acerca de eso en breve.
Si ves a un anciano en pecado Segundo, ¿qué pasa si un anciano peca contra ti, o eres testigo de que un anciano peca? ¿Qué debes hacer? Sencillo, habla con él al respecto. Ten presente que la situación puede no ser lo que aparenta ser. Así que actúa con humildad, recuerda que la persona sirve como anciano porque, al menos en el pasado, la iglesia lo consideró irreprochable. Por lo que es sabio darle el beneficio de la duda. ¿Qué ocurre si no te sientes cómodo acercándote? Tal vez (aunque oro para que esto nunca suceda), ¿ha pecado contra ti de una manera intimidante o abusiva? Está bien acercarse a otro anciano o a otra persona en la iglesia con tu preocupación. Cuando tu intención es mantener el problema en silencio y discreción, e involucrar el menor número de personas posible, no estás violando 1 Timoteo 5:19.
Bien, digamos que discutiste el asunto con el anciano, quizá abriste la Biblia para mostrarle su pecado, pero no se arrepiente. ¿Ahora qué? Recuerda lo que dije anteriormente acerca de cuán objetivo es un pecado. Si se trata de un problema de orgullo, algo de lo que no puedes estar seguro, entonces desiste y ora. Sin embargo, si se trata de algo objetivamente verificable, como un asunto de malversación de fondos o una conducta sexual, por ejemplo, entonces debes proceder con 1 Timoteo 5:19. Digo «debes» porque la disciplina, incluso la disciplina de un anciano, no es opcional en la iglesia. Esta es tu responsabilidad ante Dios. ¿Cuál es el siguiente paso? Hablar con aquellos que sabes que han visto el pecado, y pedirles que confronten al anciano contigo y, si es necesario, informar el problema a otros ancianos. Ellos actuarán como los testigos que se necesitan en 1 Timoteo 5:19.
¿Qué pasa si no hay más testigos? ¿Qué se debe hacer? Toma por ejemplo, una situación hipotética en la que un anciano se acerca inapropiadamente a una mujer en la iglesia, y la mujer es la única testigo. En esas circunstancias, la mujer puede hablar con otro miembro maduro (más convenientemente un anciano) acerca de la situación. Y esto no contradeciría 1 Timoteo 5:19 porque su acusación no sería suficiente por sí sola para iniciar el proceso de disciplina formal que se presenta en ese pasaje. En este asunto, el lenguaje específico aquí es instructivo. Dice: «Contra un anciano no admitas acusación, sino con dos o tres testigos». En este caso, esta mujer no está acusando formalmente a un anciano ante la iglesia, o pidiendo que otros que acepten una acusación como cierta. Simplemente está pidiendo que alguien más le ayude a establecer si su afirmación es verdadera o no. La confesión de la mujer a otra persona llevaría a una mayor investigación por parte de esta última, y quizá de los ancianos. Pero eso en sí no desencadenaría la disciplina formal de la iglesia.
Para que comience la disciplina formal de la iglesia, la persona que ha sido agraviada debe traer a uno o dos individuos que estén dispuestos a actuar como co-acusadores junto con ella. Las personas que pueden cumplir con el rol de testigos en 1 Timoteo 5:19 incluso si no han sido testigos presenciales, debido a su meticulosa investigación, a su conocimiento del acusado, a su conocimiento del acusador, etc. Puedes imaginar que en un caso como este, por lo general, es mejor acercarse a otros ancianos primero porque es más probable que tengan información acerca de acusaciones previas contra este anciano. Por lo que están en una mejor posición para cumplir ese rol de testigo y co-acusador. Recuerda lo que Pablo dijo a los líderes de la iglesia inmediatamente seguido de estos versículos: «Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad». Palabras muy fuertes. Tus ancianos tienen la responsabilidad única ante Dios de no dejar pasar por alto el pecado en la congregación. Lo segundo que Pablo dijo en 1 Timoteo 5:19-20, es que el pecado cometido por el líder de una iglesia es algo muy grave. El mandato de Pablo de reprender públicamente a un anciano pecador significa que debe hacerse alguna declaración de la naturaleza de la ofensa a la iglesia. ¡Incluso si se arrepiente! Para resumir lo que sucede aquí: los ancianos son más vulnerables a las acusaciones. Por tanto, Pablo nos dice que debemos tener cuidado al determinar su culpabilidad. Pero el pecado por parte de un anciano puede ocasionar gran daño a la iglesia, así que incluso cuando hay arrepentimiento, se trata más públicamente.
Conclusión Entonces, ¿por qué es importante la disciplina en la iglesia? Porque la iglesia es importante. Y la iglesia solo importa cuando es diferente al mundo. Piensa en las palabras de Jesús en Mateo 5:13 «Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo podría volver a ser salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres». La disciplina en la iglesia es la herramienta que Jesús nos dio en Mateo 18 cuando inauguró a la iglesia para mantenernos diferentes del mundo. Nos estimulamos unos a otros hacia el amor y las buenas obras. Protegemos el mensaje del evangelio para la siguiente generación. Pero cuando somos iguales al resto del mundo, todo esto se desvanece en la nada.
Por tanto, trabajemos juntos como iglesia para perseverar en la fe, usando esta herramienta de la disciplina cuando debamos para la gloria de Dios y la salvación de nuestro mundo.