¿Quieres ser pastor? | Sean DeMars

¿Quieres ser pastor?

Sean DeMars

Un joven de veintitantos años está sentado en la banca de la iglesia, cautivado por el poder del sermón de su pastor. La exégesis es precisa, las ilustraciones impactantes, el celo palpable, y él está absorto en la Palabra de Dios. Todo cobra sentido cuando piensa: «Esto es lo que quiero ser. Esto es lo que quiero hacer con mi vida. Quiero ser pastor».

¡Alabado sea Dios!

La iglesia siempre necesita más pastores, y cuando un joven expresa un deseo sincero de realizar esa noble tarea (1 Ti. 3:1), la iglesia debería celebrarlo.

¿Pero qué pasa si este joven aspira a algo que no entiende? ¿Qué pasa si —de forma bastante errada— piensa que ser pastor es sólo predicar grandes sermones, dirigir grandes reuniones, estudiar, escribir y orar cuarenta horas a la semana?

Mi objetivo con este artículo no es asustar a los jóvenes para que se alejen del ministerio, sino darles una visión más clara de cómo es la vida del pastorado y desafiarlos a que consideren el costo antes de entrar en ella (Lc. 14:28-29). El ministerio pastoral es un ministerio de sacrificio, la mayor parte del cual es imprevisto.

Este es mi llamado al aspirante a pastor: hermano, considera el costo.

  1. CONSIDERA EL COSTO EMOCIONAL

Jesús, el gran pastor, lloró por el rebaño (Lc. 19:41). Su ministerio conllevó una profunda angustia emocional (Lc. 22:44).

No somos mayores que nuestro Señor (Jn. 15:20). El ministerio evangélico implicó un costo emocional para Jesús, y también lo hará para nosotros. Las deserciones de la fe te sacudirán. El bloqueo mental te cansará. Las ovejas que muerden te frustrarán, te entristecerán y te herirán. Y como Jesús te ama, te humillará (2 Co. 12:7-10). El ministerio pastoral no es fácil; no se supone que deba serlo.

La buena noticia es que Dios mostrará su poder en tu debilidad emocional. Pero no te equivoques, el ministerio te pasará factura emocional (2 Co. 11:28, Fil. 2:28). Si no lo hace, algo anda mal.

  1. CONSIDERA EL COSTO FAMILIAR

Tener una familia que sirva a tu lado en el ministerio será, en muchos sentidos, una bendición (1 Co. 9:5). Sin embargo, los aspirantes a pastores deben saber que su familia experimentará el costo del ministerio con ellos.

Poco de tu vida familiar permanecerá intacta por las pruebas y dificultades del ministerio. Esto no es teórico. Me refiero a tu esposa e hijos. Ser hijo de un pastor, incluso en una iglesia sana, tiene sus desafíos. Ser esposa de un pastor, incluso en una iglesia realmente sana, puede ser bastante difícil. Aunque recibas la mayoría de los impactos directos, es casi seguro que tu familia recibirá parte de los disparos.

Sin duda, la proximidad de la familia de un pastor a la iglesia trae bendiciones únicas. Pero no existe tal cosa como una bendición absoluta en un mundo caído. Incluso en las iglesias donde la «esposa del pastor» no se considera un cargo, y donde a los hijos de los pastores se les permite ser simplemente niños, tu familia experimentará la vida en la iglesia local de manera diferente a todos los demás, y a veces dolorosamente.

  1. CONSIDERA EL COSTO ESPIRITUAL

Mi amigo Shai Linne dice que Satanás tiene flechas de fuego especiales para los pastores. Creo que tiene razón, sobre todo si eres el pastor que más predica.

Incluso en iglesias con responsabilidades de predicación compartidas, el pastor principal será el que imparta la mayor parte de la enseñanza pública, lo que significa que sus palabras serán sometidas sistemáticamente a un mayor escrutinio por parte de la congregación. Hablará más, lo que significa que sus errores ministeriales recibirán mayor exposición. El ministerio en el púlpito del pastor titular representará, en cierto sentido, la posición doctrinal de la iglesia, lo que significa que será un pararrayos para la controversia, los desacuerdos y los ataques.

Los pastores deben soportar las críticas como Moisés (Nú. 12:1), las falsas acusaciones como José (Gé. 39:11-20), el abandono y la traición como Pablo (2 Ti. 4:10), y deben asumir la cruz del amor sacrificial como Jesús (Jn. 13:34).

  1. CONSIDERA EL COSTO FÍSICO

Probablemente has visto las fotos comparativas de presidentes al comienzo de su primer mandato y al final de su segundo mandato. En la primera foto, el recién nombrado presidente luce joven, viril y fuerte; en la segunda foto, el veterano presidencial se ve demacrado, cansado y viejo. Los trabajos duros desgastan el cuerpo. Ser pastor es como muchas otras bendiciones en un mundo caído: muy bueno pero muy duro.

Los madrugones y las noches en vela son demasiado frecuentes. Una apretada agenda ministerial fácilmente deja de lado el tiempo para hacer ejercicio con regularidad. Comer (o no comer) por estrés es habitual.

Puede que nos guste pensar que nuestros cuerpos son de hierro fundido, pero la Escritura nos dice que son más bien vasijas de barro (2 Co. 4:7), que se agrietan con demasiada facilidad bajo una presión constante.

CONCLUSIÓN
Business time
El joven que se siente intimidado por el ministerio público del púlpito debe saber que el pastor que predica a la iglesia también debe pastorearla.

Ser pastor en la iglesia de Dios es una vocación noble y una vida bien empleada (1 Ti. 3:1). Sin embargo, el aspirante a pastor nunca debe olvidar que el llamado pastoral es un llamado a sufrir.

Es mi oración que cualquier joven que lea este artículo se levante, por la gracia de Dios, y abrace tal llamado, sabiendo que esta aflicción ligera y momentánea producirá una gloria futura incomparable (Ro. 8:18, 1 P. 5:10).

Sean DeMars es pastor de la Iglesia de la 6ta. Avenida en Decatur, Alabama. Anteriormente sirvió a los pueblos de Perú predicando, enseñando y viviendo la Palabra de Dios. Puedes encontrarlo en Twitter en @SeanDemars.

¿Por qué hay pastores que no pastorean? | Oscar Morales

¿Por qué hay pastores que no pastorean?

Oscar Morales

Hace aproximadamente unos 15 años solía escuchar a través de la radio casi todos los días a un pastor de una congregación grande de mi país. Sus enseñanzas las consideraba de bastante bendición y mucho conocimiento, por lo que decidí un día ir a su iglesia para poder aprender un poco más. Al llegar a la congregación tomé mi lugar y el servicio empezó, sin embargo no lograba localizar visualmente al pastor. Al terminar el momento de alabanza una señora subió a dar algunos anuncios y luego hizo la presentación del pastor. El pastor salió de una de las puertas de al lado del escenario junto con tres personas más. Estas personas estaban vestidas de la misma forma y tenían walkie-talkies en las manos, uno de ellos llevaba una Biblia, la cual después de dejar al pastor en el púlpito entregó a él. Estos eran lo que hoy conocemos como “escuderos del pastor”, algo que yo en aquel tiempo no tenía ni la menor idea de qué significaba. Después de que el pastor subió, la señora le entregó un vaso de agua y junto con estas personas se sentaron en unas sillas en el escenario, justo detrás del pastor.

Años después, a través de varios amigos, me enteré que este pastor le decía clara y constantemente a la gente que por favor no le buscaran, que su labor era predicar y nada más, el no tenía tiempo ni le gustaba saludar gente. Que la razón de tener a este equipo de personas era para que le ayudaran a que nadie se le acercara después de haber predicado.

¿Un pastor que no pastorea?
¿Puede alguien ser un pastor que no pastorea? Tristemente, esto se mira demasiado. Pero, ¿debería ser así? El llamado pastoral descrito en la Palabra de Dios es un llamado serio del cual todos daremos cuentas de lo que hicimos (Heb. 13:17). Es un llamado en la mayoría de casos a sufrir juntamente con Cristo (1 Co. 16:8-9; 2 Co. 1:8-11; 4:8-11; 6:3-5; 11:16-33). También es un llamado el cual Dios nos advierte que no deberíamos buscarlo con ligereza (Stg. 3:1). Y sumado a todo esto, la Biblia también nos da las características de quienes buscan el llamado, la descripción y las responsabilidades de este llamado (1 Tim. 3, Tito 1, 1 Pd. 5). El que Dios en Su infinita sabiduría y soberanía haya usado la figura del “pastor de un rebaño” para describir la labor del liderazgo de ancianos en la iglesia no es para nada casualidad, y no solo eso, Jesús mismo se describe como “el buen Pastor” (Jn. 10). Esta es una de las más grandes responsabilidades y privilegios que Dios nos ha dado (1 P. 5:3; Jn. 21:15-19). Entonces, surge otra pregunta.

¿Por qué hay pastores que no pastorean?
Las razones pueden ser varias. Desde problemas emocionales, miedo al hombre y a los conflictos hasta la inmadurez, inexperiencia o la peor y más peligrosa razón: simple y sencilla indiferencia. Al final, ellos fueron llamados a enseñar, ocupar el púlpito, ser admirados excesivamente, recibir toda clase de elogios y aplausos, pero ¡Dios guarde que tengan que ensuciarse las manos con las personas que Dios ha permitido que estén bajo su cuidado!

Pueden ser varias las razones, pero al final la raíz creo que es la misma: no han entendido lo que significa ser pastor. El pastorear no es una labor fácil y mucho menos con caducidad de tiempo. El pastorear involucra tiempo, esfuerzo, paciencia, y por sobre todo amor para con el rebaño. Es curioso que Jesús en su conversación con Pedro haya usado dos palabras para enfatizar la labor que por amor a Él debía de hacer, apacentar y pastorear las ovejas.

Cuando Cristo no está sentado en el trono de nuestro corazón por completo, amamos más otras cosas, personas y experiencias que a Él. Probablemente estamos amando más la admiración, la posición, el liderazgo, el reconocimiento, etcétera; cosas que desde el inicio del mundo el mismo diablo ofreció a nuestros primeros padres: “… serán como Dios” (Gn. 3:5), y al mismo Jesús “…todo esto te daré” (Mt. 4:9), a cambio de adorarle a él y desobedecer a Dios.

Pongamos atención a la conversación de Jesús con Pedro, la condición para poder pastorear y apacentar al rebaño era su amor por su Señor. ¿Cómo puede alguien que se dice pastor decir que no tiene tiempo ni ganas ni llamado para atender, escuchar o estar con la gente? ¡Que Dios nos perdone y tenga misericordia!

Pastor, ¿estamos obedeciendo a Dios en nuestras responsabilidades como pastores de Su rebaño? ¿Estamos siendo buenos mayordomos de ese llamado? No tenemos empleados, son ovejas. No tenemos jefes, son ovejas. No tenemos sirvientes, son ovejas. No tenemos sub-ordinados, son ovejas. Ovejas por las cuales nuestro Señor Jesucristo dio su vida por amor y nos encomendó enseñarles, modelarles y amarlos a través de ese mismo mensaje. Recuerdo una vez haber leído una frase de Ed Stetzer que decía:

“El evangelio vino a los griegos y los griegos lo volvieron filosofía. El evangelio vino a los romanos y los romanos lo volvieron un sistema. El evangelio vino a los europeos y los europeos lo volvieron a la cultura. El evangelio vino a América y nosotros lo hemos vuelto un sistema de empresa/negocio.”

Amado pastor, oremos al Señor, arrepintámonos día a día, regresemos a la cruz y el evangelio a cada minuto y preguntémonos si estamos levantando día a día el reino de Jesús en la vida de quienes nos rodean. ¿O es solo nuestro propio reino? Estamos desarrollando más lideres para des-centralizar el liderazgo de la iglesia y poder pastorear adecuadamente al pueblo de Dios ¿o queremos ser “el único”? Te ves como el presidente ejecutivo de una compañía multinacional ¿o te ves como el siervo más humilde que lava los pies de quien incluso lo iba a traicionar? (Jn. 13:1-15) ¿Permites que un Zaqueo pueda compartir su vida contigo? (Lc. 19:1-10). ¿Dejas que los niños se acerquen contigo o sientes que interrumpen y aturden al “siervo de Dios”? (Mt. 19:14). O incluso ¿permites que una mujer con flujo de sangre (considerada sucia) te toque sin decirle a tus “escuderos” que estás muy ocupado? (Lc. 8:43-48).

Recuerda, amado pastor, que de todo lo que hagamos con el rebaño, daremos cuenta un día delante de Dios.

Oscar Morales es pastor en Iglesia Reforma, ha trabajado por más de 20 años en el ministerio. Está casado con Regina, es papá de Alex y Sofía. Disfruta de la música, de los deportes y la tecnología. Lo puedes encontrar en Twitter o en su blog personal.

Soy Reformado | Augustus Nicodemus

Soy Reformado

Augustus Nicodemus

Me considero reformado, pero eso sólo significa que tengo la Reforma Protestante del siglo XVI como mi marco histórico de fe. Para mí, ser llamado «reformado» significa identificarse con las doctrinas y prácticas adoptadas por los reformadores. Sin embargo, entiendo que la Reforma fue esencialmente un regreso a las fuentes, en este caso, un regreso a las Escrituras.
Antes de verme como reformado, me veo como cristiano. Los reformadores fueron instrumentos de Dios en un momento específico y crítico de la historia de la iglesia para mantenerla en el camino de la verdad. No los idolatro, pero reconozco humildemente que fueron personas extraordinariamente utilizadas por Dios, y sus escritos nos ayudan a comprender mejor el mensaje de la Biblia.
Me gusta pensar en la fe reformada como la mejor expresión de ese conjunto de doctrinas reveladas en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, no considero que la fe reformada sea la única fe legítima y aceptable. Conozco a muchos queridos hermanos que no son reformados, pero son creyentes dedicados y comprometidos con el Señor Jesucristo.
Busco la verdadera comunión con quienes profesan los puntos centrales de la fe cristiana, aunque no sean necesariamente partidarios de los puntos centrales de la Reforma protestante, como los 5 puntos del calvinismo, por ejemplo.

Comprender la Reforma Protestante es fundamental, porque nos permite profundizar en la historia cristiana, y fortalecer nuestra propia fe a la vez. Profundizar nuestra comprensión de las raíces de nuestra fe nos inspira a comprometernos más profundamente con el Evangelio.
Además, la Reforma sirve como un recordatorio constante de la importancia de valorar y defender la libertad religiosa. Muchos reformadores enfrentaron persecución por sus creencias, dejando un poderoso testimonio sobre la necesidad de proteger la libertad de practicar nuestra fe.

Arrepiéntete o perecerás | A.W. Pink

ARREPIÉNTETE O PERECERÁS

A.W. Pink

(1886-1952)
“Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3).

Estas fueron las palabras del Hijo de Dios encarnado. Nunca han sido canceladas, ni lo serán mientras exista este mundo. El arrepentimiento es absolutamente necesario si el pecador ha de hacer paz con Dios (Isa. 27:5), porque arrepentirse es echar a tierra las armas de rebelión contra Él. El arrepentimiento no salva, sin embargo ningún pecador jamás fue ni será salvado sin el mismo. Sólo Cristo salva, pero un corazón no arrepentido no lo puede recibir.

Un pecador no puede creer verdaderamente hasta que se arrepiente. Esto es visto claramente en las palabras de Cristo respecto a su precursor: “Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle” (Mateo 21:32). Es evidente también en su llamado autoritario, (claro y fuerte como eran las órdenes que se pregonaban a son de trompeta), que hizo en Marcos 1:15: “Arrepentíos y creed en el evangelio.” Es por esto que el apóstol Pablo testificaba “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). No te equivoques en este punto, estimado lector; Dios “ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30).

Al exigirnos el arrepentimiento, Dios reclama sus derechos justos sobre nosotros. Él es infinitamente digno de amor y honor supremo, y de obediencia universal. Maliciosamente se lo hemos negado. Nos requiere tanto un reconocimiento del mismo, como un cambio al respecto. Es necesario confesar y acabar con nuestro desapego para Él y nuestra rebelión contra Él. Así que, el arrepentimiento es darnos cuenta sinceramente de haber fracasado espantosamente, a través de toda la vida, en darle a Dios su puesto legítimo en nuestro corazón y vida cotidiana.

La justicia de la demanda de Dios para mi arrrepentimiento es evidente si consideramos la naturaleza infame del pecado. El pecado es una renuncia de Aquél que me formó. Es negarle su derecho de gobernarme. Es mi determinación de agradarme a mi mismo, y por lo tanto es rebeldía contra el Todopoderoso. El pecado es anarquía espiritual, y menosprecio total por la autoridad de Dios. Es decir en mi corazón: “No me importa lo que Dios requiere; voy a hacer todo a mi manera. No me importan cuales sean sus derechos en mi vida; voy a ser mi propio señor.” Lector, ¿te das cuenta que has vivido así?

El arrepentimiento verdadero surge cuando, por la obra del Espíritu Santo en el corazón, nos damos cuenta sinceramente de que el pecado es sobremanera pecaminoso, y de lo terrible que es ignorar las demandas y desafiar la autoridad de Aquél que nos formó. Por lo tanto, consiste en un odio y horror santo por el pecado, y en una tristeza profunda por él. Además, consiste en la confesión honesta de él delante de Dios, y en un abandono sincero y completo del mismo. Dios no nos perdona hasta que esto se realiza. “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Prov. 28:13). En el verdadero arrepentimiento el corazón se vuelve a Dios y confiesa: “He ido en pos de un mundo vano que no puede satisfacer las necesidades de mi alma. Te abandoné a tí, la Fuente de Aguas de vida, yendo tras cisternas rotas que no retienen agua. Ahora reconozco y lamento mi necedad.” Y además, dice: “He sido un sujeto desleal y rebelde, pero ya no lo seré más. Ahora deseo y me propongo servirte y obedecerte con todas mis fuerzas, como mi único Señor. Dependo de tí como mi Porción presente y eterna.”


Lector, profese ser cristiano o no, la opción es: arrepentirte o perecer. Para cada uno de nosotros, seamos miembros de alguna iglesia o no, no hay otra alternativa más que volverme o quemarme. Tienes que apartarte de caminar conforme a tu propia voluntad y gusto, y volverte a Dios con el corazón quebrantado, buscando su misericordia en Cristo. Tienes que volverte con el corazón plenamente decidido a agradarle y servirle a Él. De lo contrario, serás atormentado día y noche por los siglos de los siglos en el lago de fuego. ¿Cuál de los dos será? ¡Oh! arrodíllate ahora mismo y ruégale a Dios que te dé el espíritu de verdadero arrepentimiento.

¿Qué dice la biblia acerca de la hipocresía?

¿Qué dice la biblia acerca de la hipocresía?

En esencia, la «hipocresía» se refiere al acto de afirmar creer en algo, pero actuar de una manera diferente. La palabra bíblica se deriva del término griego que se usa para «actor» (literalmente, «uno que usa una máscara»), en otras palabras, alguien que finge ser lo que no es.

La biblia considera la hipocresía un pecado. Hay dos formas en que se puede presentar la hipocresía: La hipocresía que dice creer en algo y luego actuar de manera contraria a esa creencia, y la hipocresía de mirar por encima del hombro a los demás sabiendo que nosotros mismos somos imperfectos.

El profeta Isaías denunció la hipocresía en su tiempo: «Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado» (Isaías 29:13). Siglos más tarde, Jesús citó este versículo, apuntando a la misma condenación de los líderes religiosos de Su día (Mateo 15:8-9). Juan el Bautista llamó «generación de víboras» a las multitudes hipócritas que venían a él para ser bautizadas, y les advirtió que «produjeran frutos dignos de arrepentimiento» (ver Lucas 3:7-9). Jesús igualmente tomó una postura firme contra la santurronería; llamó a los hipócritas «lobos vestidos de ovejas» (Mateo 7:15), «sepulcros blanqueados» (Mateo 23:27), «serpientes» y «generación de víboras» (Mateo 23:33).

No podemos decir que amamos a Dios si no amamos a nuestros hermanos (1 Juan 2:9). El amor debe ser «sin fingimiento» (Romanos 12:9). Un hipócrita puede parecer justo externamente, pero es una fachada. La verdadera justicia proviene de la transformación interna del Espíritu Santo y no de un ajuste externo a un conjunto de reglas (Mateo 23:5; 2 Corintios 3:8).

Jesús abordó la otra forma de hipocresía en el sermón del monte: «¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano» (Mateo 7:3-5). Jesús no está enseñando en contra del discernimiento o de ayudar a otros a vencer el pecado; al contrario, Él nos está diciendo que no seamos tan orgullosos y convencidos de nuestra propia bondad, al punto de criticar a los demás desde una posición de arrogancia. Deberíamos hacer una introspección primero y corregir nuestros propios defectos antes de ver la «paja» en los demás (cf. Romanos 2:1).

Jesús en Su ministerio terrenal tuvo muchos enfrentamientos con los líderes religiosos de la época, los fariseos. Estos hombres eran bien versados en las escrituras y celosos para cumplir cada letra de la ley (Hechos 26:5). Sin embargo, al adherirse al cumplimiento de la ley, buscaban activamente deficiencias que les permitía quebrantar el espíritu de la ley. Asimismo, mostraron una falta de compasión hacia sus semejantes y a menudo demostraban en exceso su supuesta espiritualidad con el fin de recibir elogios (Mateo 23:5-7; Lucas 18:11). Jesús denunció su comportamiento en términos muy claros, señalando que «la justicia, la misericordia y la fe» son más importantes que buscar una perfección basada en estándares incorrectos (Mateo 23:23). Jesús dejó en claro que el problema no era con la ley, sino con la forma en que los fariseos la implementaron (Mateo 23:2-3). Hoy en día, la palabra fariseo se ha convertido en sinónimo de hipócrita.

Debe notarse que la hipocresía no es lo mismo que tomar una posición contra el pecado. Por ejemplo, no es hipocresía enseñar que la embriaguez es un pecado, a menos que el que enseña contra la embriaguez se emborracha todos los fines de semana, eso sería hipocresía.

Como hijos de Dios, estamos llamados a esforzarnos por la santidad (1 Pedro 1:16). Debemos «aborrecer lo malo» y «seguir lo bueno» (Romanos 12:9). Nunca debemos insinuar una aceptación del pecado, especialmente en nuestras propias vidas. Todo lo que hacemos debe ser coherente con lo que creemos y lo que somos en Cristo. La actuación es para el teatro, no para la vida real.

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Existe falta de piedad intensa en muchas de las iglesias | Charles Spurgeon

Existe falta de piedad intensa en muchas de las iglesias

Charles Spurgeon

Otra de nuestras dificultades estriba en la falta de piedad intensa en muchas de las iglesias. Gran número de hermanos y hermanas viven hoy día, en alto grado, para la gloria de Dios. Doy gracias a Dios de que hay actualmente tanta actividad santificada y consagración del corazón como en cualquier período anterior de la historia de la Iglesia cristiana. Entre nosotros hay hombres y mujeres cuyos nombres pasarán a la posteridad como ejemplos de devoción. Dios no se ha dejado a sí mismo sin testimonio.

Pero, ¿os dais cuenta de cuán superficial es la religión de la casa de los que la profesan? ¿Cuántos siervos podrían vivir en familias que se llaman cristianas sin percibir diferencia alguna entre estas casas y las de los del mundo? ¿No es cierto que la oración en familia se descuida en muchos casos? ¿No es cierto que tenemos miembros que jamás son vistos en las reuniones de oración? Al hacer preguntas, ¿no descubrís que los acomodados no pudieron asistir porque la hora de la cena es la misma que la de la reunión de oración? Sin duda serán más cuidadosos en adorar a su dios favorito. En otros casos, descubriréis que las personas ocupadas, que no pudieron ir a orar, no tuvieron dificultades para asistir a un concierto.

Las cenas en restaurantes y las reuniones musicales son ceremonias más importantes para muchos que la ofrenda de oración a Dios. ¿Acaso no nos encontramos con oficiales de iglesia que dicen abiertamente no sentir interés por algo tan anticuado como las reuniones de oración?Éste es un lamentable signo de decadencia, y se observa frecuentemente. Nuestras iglesias podrán causar muchas penas a sus pastores; pero, en la mayor parte de los casos, los pastores mismos se han rebelado tanto que no les importa tampoco.

En cuanto a los ministros, muchos miembros de iglesia son indiferentes tocante a la piedad personal del predicador; lo que desean es talento o inteligencia. Ya no importa lo que predica; ha de atraer una multitud, o complacer a la élite, y eso basta. La inteligencia es lo principal. Se diría que buscaban un prestidigitador y no un pastor. Tanto si predica la verdad como el error, el hombrees admirado en tanto que sepa hablar con locuacidad y conservar la reputación de orador. Si tuviéramos piedad más genuina en los miembros y los diáconos, los farsantes pronto se llevarían sus mercaderías a otros mercados.

Pero me temo que ha habido gran relajación en la admisión de miembros, y la calidad de nuestras iglesias se ha mancillado y quedado sin buenos fundamentos a causa de las «multitudes mixtas», en medio de las cuales toda clase de males encuentra asilo acogedor. ¡Desdichado el líder en cuyo campamento hay un Acán! ¡Mejor fuera que Demas nos abandonase, y no que viviera con nosotros, e importara el mundo a la iglesia! ¡Cuántos ministros son débiles para la guerra por no estar sostenidos por una congregación piadosa, y sus manos no pueden ser ayudadas por hermanos que oran!

Fragmentos tomados del libro “Un ministerio ideal” p. 313 – 314 el cual recopila varios sermones del pastor Spurgeon dictados en la Conferencia Anual de ministros.

Depresión equivale a entrar en un laberinto de oscuras tinieblas |  María del Carmen Tavares

“Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos” (Salmo 119:71). NBLA.

El comentarista bíblico, William MacDonald, escribe sobre este verso lo siguiente: “Los sufrimientos son solo por un momento, pero los beneficios de haber sufrido, duran para siempre”.
Esto es algo que he visto vivir a muchas personas ansiosas y depresivas; además de que en los últimos años he lidiado con ello en mi propia vida. Aun dentro de la oscuridad de la depresión he dicho a otros y a mí misma: <>. ¡Y eso es verdad! (Salmos.34:19; 55:22).

-La depresión nos hunde en un laberinto de densas y oscuras tinieblas, del cual no podemos salir sin la ayuda de Dios. Esa es la vívida opinión personal de quien suscribe.

-Para algunas personas, con las que he tenido la oportunidad de conversar, la depresión es una sensación de oscura tristeza y desesperanza que no pueden entender, que incluso les han llevado a pensar o intentar el suicidio; otros se han abandonado a una tristeza tan honda, que dejan de interactuar con los demás, dejan de alimentarse como es debido, hasta llegar a un estado en que sufren un completo desbalance emocional y físico, por lo cual deben recurrir a psiquiatras que los medican y remiten a psicólogos y a consejeros.

-La opinión médica nos explica la depresión como: “Un trastorno de salud mental que se caracteriza por depresión persistente o pérdida de interés en las actividades, lo que puede causar dificultades significativas en la vida cotidiana”

Indican, que las causas posibles incluyen una combinación de fuentes biológicas, psicológicas y sociales de angustia. Cada vez son más las investigaciones que sugieren que estos factores pueden ocasionar cambios en la función cerebral, como la actividad anormal de ciertos circuitos neuronales en el cerebro” (Fuente: Mayo Clinic).

Podemos notar que la opinión médica para pacientes depresivos, es prácticamente la misma, a la que han externado la mayoría, incluyéndome, de los que no hemos consultado un médico psiquiatra.

Es muy cierto que todos nos sentimos tristes de vez en cuando, pero cuando se trata de depresión, la tristeza se torna en un trastorno debilitante, continuo, que interfiere con nuestras actividades cotidianas. Aunque no todos los expertos concuerdan en lo que es una tristeza normal y lo que es un trastorno, la verdad es que algunas personas experimentan emociones extremadamente negativas, acompañadas a veces, de sentimientos de inutilidad, angustia y de culpa desmedida.

Tengo un caso reciente: Fabela, una madre joven aún, me compartió que hace poco tiempo perdió su empleo. En ese trabajo fue muy humillada, hasta que finalmente la desvincularon. Como conocemos su necesidad, hemos tratado de colocarla en algún empleo, pero nunca logra permanecer o no la llaman. Hace un mes aproximadamente, le ubicamos un empleo seguro, con beneficios que a ella le ayudarían significativamente. Fue a la entrevista y le dijeron que se quedara, pero se excusó, porque al día siguiente tenía precisamente, una cita médica, que nada tenía que ver con problemas emocionales; y era que ya estaba sintiendo opresión, pensando que no iba a quedar bien en ese empleo; comenzó a pensar que volverían a humillarla y que decepcionaría a quien la recomendó para el empleo. ¿Saben lo que sucedió? Cuando fue al médico le diagnosticaron que estaba sufriendo una arritmia cardíaca y aunque nunca había sufrido problemas de hipertensión, encontraron que su presión estaba alta. Le pedimos pues, que si no estaba bien de salud, se excusara con el empleador, le explicara su condición y le diera las gracias por la oportunidad. Luego me enteré que nunca llamó para excusarse. El temor la paralizó; la inseguridad que le produce el creer que no puede cumplir con lo que se le encomiende, la sumió en una oscuridad tal que no le permite pensar ni actuar. Pasado unos días, le pregunté qué había pasado con la arritmia y me dijo que ya no sentía nada. En su interior ya entiende que está “segura”, a pesar de que tiene necesidades que el empleo le supliría. Lo peor de todo esto es que no admite que necesita ayuda, y la realidad es que necesita a Cristo.

Desde que tengo conocimiento de mí misma, aun a pesar de mí, muchas personas han acudido a mí para hablar, les aconsejaba acorde con mi propia vivencia, pero luego, Dios me ha ido llevando por caminos prácticos, para que reconozca que solo con Él, a través de Jesús y del Espíritu Santo se puede lograr salir del laberinto de densa oscuridad en el que te interna la depresión. Su Palabra es la Verdad, te guía por el camino correcto; y la Verdad y el Camino es una persona, es Jesucristo, el Hijo del Dios Altísimo, quien se dio a sí mismo para salvarnos de nuestra vana manera de vivir.

Hermana y amiga, todas sabemos que las enfermedades son consecuencia de la rebelión de nuestros primeros padres. El Salmo 51:5 dice: “Yo nací en iniquidad, Y en pecado me concibió mi madre”.
Y Romanos 5:12 nos explica: “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron”.

¿Quién fue el hombre por medio de quien entró el pecado? Adán. Así que, hemos heredado de Adán la imperfección; por eso nos enfermamos física y emocionalmente. De ahí es que Dios nos dice que <Toda la creación sigue gimiendo y junto con todo lo creado estamos también en dolor (Romanos.8:22).

Como creyentes, debemos estar conscientes de que toda depresión es producto, en la mayoría de los casos, de la rebelión que nos lleva a ira, a conmiseración por nosotras mismas, que nos hunden en oscuridad porque no ponemos la vista en Cristo, Él es real; las cosas de este mundo son pasajeras, no hay nada placentero en este mundo que dure para siempre; nos podemos enfocar en una meta, la alcanzamos, y luego ¿qué? ¿Qué sigue?

Nuestro enfoque debe ser Jesús, Él está siempre disponible, podemos acercarnos a Él confiadamente; allí vamos a encontrar el auxilio, el socorro oportuno (Hebreos 4:16, paráfrasis). El camino al Sion espiritual es accesible para todas las que nos acerquemos a Dios a través de Jesucristo. (Salmos 132:13; Isaías 46:13).

Mujer, si eres creyente, ¡Eres Libre, Eres hija de la Promesa! ¡Nosotras somos libres en Cristo! (Galatas 4:21-31).

Es muy cierto que estos son tiempos difíciles, este mundo va en decadencia, en creciente maldad y tumulto; es por esa misma razón que necesitamos fortalecer nuestros corazones en Jesús; Él no es ajeno a nuestros sufrimientos, nos conoce, sabe de nuestro andar diario, luchas y batallas.

Entendemos que a nadie le gusta pasar por la angustia del sufrimiento, ¡es cierto! Humanamente, ¿a quién le gusta sufrir? ¡A nadie! Pero en la escuela de Dios tenemos que recibir esa materia, sí o sí, ¿Por qué? Porque es una forma muy efectiva de acercarnos a tener una buena relación con Dios.

Pero alegrémonos con este pensamiento: “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. (Apocalipsis.21:4). (NTV). No permitamos que la oscuridad nos arrope; fortalezcamos nuestro corazón con la Palabra de Dios, mantengamos nuestros ojos puestos en Cristo, Él tiene cuidado de nosotras, ¡no lo dudes! Su Palabra lo dice: “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes”. (1Pedro 5:7). (NTV). ¡Él actuará, porque es Fiel a Su Palabra!

Dios les bendiga rica y abundantemente

María del Carmen Tavares

Marisol para su familia y amigos, es miembro de la IBI hace más de 17 años. Graduada del Instituto Integridad y Sabiduría y actualmente terminando la especialidad en Consejería Bíblica. Ha servido como maestra de Escuela Dominical en la IBI y actualmente escribe para los ministerios MPLGDG y Lifeway Mujeres. Sirvo en los grupos pequeños del Ministerio de mujeres Ezer.

¿Qué hace que un cristiano sea reformado? | Marty Foord

¿Qué hace que un cristiano sea reformado?

Marty Foord

«Reformado» es una palabra que todo el mundo utiliza de muchas maneras. Pero ¿qué es realmente un cristiano «reformado»?

Históricamente, «reformado» se refiere a una tradición dentro del cristianismo que surgió a raíz de la Reforma del siglo XVI. Espero aclarar lo que significa para ayudarnos a entender algo de lo que ocurrió en la propia Reforma y su importancia para nosotros hoy.

El problema con las etiquetas
Las etiquetas como «reformado» pueden ser utilizadas de forma inapropiada. Algunos cristianos utilizan «reformado» para intimidar a otros. Por ejemplo, algunos la usan para excluir: «Tú no eres realmente reformado porque no crees en la expiación limitada». Otros usan la etiqueta para reclamar superioridad: «Nosotros los reformados afirmamos la gracia de Dios en la salvación, a diferencia de ustedes los arminianos».

Sin embargo, las etiquetas tienen su valor. Nos ayudan a clasificar la información para comprenderla mejor. Tanto «pino» como «eucalipto» son árboles. Pero sus etiquetas nos ayudan a entender las diferencias entre dos tipos de árbol, contribuyendo así a su cuidado y florecimiento. De la misma manera, una etiqueta como «reformado» nos ayuda a identificar las características únicas de una rama dentro de la tradición cristiana y a evaluar si su énfasis y su lectura de las Escrituras favorecen nuestro amor y servicio a Dios.

El problema con “calvinista”
Muchos utilizan la etiqueta «calvinista» como sinónimo de «reformado». Pero esto plantea dos problemas. En primer lugar, «calvinista» fue originalmente un término peyorativo, por lo que carecía de un significado preciso. Con el paso de los años ha ido acumulando aún más carga, lo que ha enturbiado aún más su significado. En segundo lugar, y lo que es más importante, ningún cristiano reformado de los siglos XVI o XVII consideraba que Juan Calvino definiera su tradición en su totalidad. Se le consideraba una figura entre otras como Ulrico Zwinglio, Martín Bucero, Enrique Bullinger, Juan Ecolampadio y Pedro Mártir Vermiglio, que ayudaron a fundar la tradición reformada. Sí, Calvino fue un gigante entre ellos. Pero sus escritos no fueron ni confesionales ni regulativos para los reformados. Calvino no es suficiente.

El problema con el “TULIP”
Muchos sostienen que los llamados cinco puntos del calvinismo son lo que define a un cristiano «reformado». Los cinco puntos son supuestamente un resumen del Sínodo de Dort (1618-1619) utilizando el acrónimo TULIP por sus siglas en inglés: Total depravity (depravación total), Unconditional election (elección incondicional), Limited atonement (expiación limitada), Irresistible grace (gracia irresistible) y final Perseverance (perseverancia de los santos).

Pero hay dos dificultades al utilizar los cinco puntos de esta manera. En primer lugar, el Sínodo de Dort no fue un intento de definir la tradición reformada en su conjunto, sino de resolver una controversia particular (la Remonstranza) en una tradición reformada ya existente. En 1979-1980 hubo una disputa sobre por qué el cricket australiano se jugaba con una bola ocho. Se decidió oficialmente que el cricket en todo el mundo utilizaría una bola seis. Esta controversia resolvió un elemento dentro del juego del críquet. No definió el juego en su totalidad. Por lo tanto, el críquet no puede definirse simplemente como «una bola seis». Es mucho más que eso. Así es la relación de Dort (TULIP) con la tradición reformada. No definió la totalidad de la tradición, sino que resolvió un elemento de la misma. De modo que, los cinco puntos del calvinismo por sí solos no determinan si una persona es reformada.

Cuando una media verdad se toma como una verdad absoluta, se convierte en una falsedad

El segundo problema con usar los cinco puntos del calvinismo es que este resumen en inglés de un documento en latín, con su acrónimo TULIP, no logra transmitir los matices de Dort. Los «cinco puntos» y el acrónimo «TULIP» se desarrollaron cientos de años después de Dort, y eliminan importantes distinciones hechas en Dort. Tomemos, por ejemplo, el tercer punto, el más controversial: la «expiación limitada». Ningún teólogo de los siglos XVI y XVII utilizó jamás la palabra «limitada» en referencia a la muerte de Cristo. Todos los teólogos reformados estaban de acuerdo en que, en cierto sentido, la expiación tenía una suficiencia infinita a la vez que, en otro sentido, una eficacia solo para los elegidos. Estas dos afirmaciones permitían diversas posturas sobre el alcance de la expiación, pero excluían la postura arminiana (o remonstrante). Así pues, el eslogan «expiación limitada» no transmite las afirmaciones suficientes y eficientes de Dort. Y cuando una media verdad se toma como una verdad absoluta, se convierte en una falsedad.

Acerca de ser reformado
¿Qué hace, entonces, que un cristiano sea reformado? Si la tradición reformada surgió de la tradición cristiana protestante (en la Reforma), en primer lugar debemos saber cómo definir la tradición cristiana y, en segundo lugar, la tradición protestante.

Cristianismo católico

La tradición cristiana también se conoce como «católica», en el sentido de universal y no romana. Históricamente, el cristianismo católico se expresa en el Credo Niceno. Fue redactado en los concilios de Nicea (325 d. C.) y Constantinopla (381 d. C.) contra la herejía arriana. Este credo contiene un resumen del evangelio trinitario. Establece los límites de las creencias de la tradición cristiana que engloba a protestantes, católicos romanos, ortodoxos orientales, y a la antigua Iglesia de Oriente. Dado que las tradiciones no trinitarias, como los Testigos de Jehová y el mormonismo, no pueden afirmar el Credo Niceno, no pueden ser llamadas cristianas.

Cristianismo protestante

La tradición protestante dentro del cristianismo surgió en la Reforma del siglo XVI encabezada por Martín Lutero. Los reformadores se llamaban a sí mismos «evangélicos» mucho antes de que se utilizara el término «protestante», para mostrar que el evangelio (euangelion) era fundamental para su comprensión de las Escrituras y la teología.

La tradición protestante suele distinguirse por las clásicas «solas»: Escritura sola, gracia sola, Cristo solo, fe sola. Afirma que solo la Escritura es la autoridad suprema (no la única) para los creyentes, y que la salvación es por la gracia sola de Dios debido a la obra sola de Cristo recibida por la fe (o confianza) sola. En oposición a esto, el catolicismo romano defiende la autoridad suprema de la Escritura y la tradición, así como la salvación por la fe y por las buenas obras del creyente (incluso si son impulsadas por el Espíritu).

Cristianismo reformado

Sin embargo, en la Reforma surgieron dos tradiciones dentro del campo protestante: la luterana y la reformada. Lo que originalmente distinguía a ambas no era la predestinación, sino la Cena del Señor. Lutero y sus seguidores sostenían que el cuerpo y la sangre de Cristo estaban físicamente presentes en el pan y el vino (la presencia real). Mientras que representantes reformados como Zwinglio, Bullinger y Calvino negaban esto. Pero «la presencia real» era tan importante para Lutero y sus seguidores que llevó a una separación oficial entre luteranos y reformados.

Los límites de las creencias de la tradición luterana se definieron oficialmente en el Libro de la Concordia (1580), una colección de confesiones importantes y afirmaciones luteranas. Sin embargo, como la tradición reformada abarcaba varias comunidades geográficas distintas (en Francia, Escocia, Inglaterra, Renania y los Países Bajos, por nombrar algunas), cada grupo elaboró su propia confesión. De ahí que la tradición reformada se caracterice por una serie de confesiones: la Confesión Gálica (o Francesa) (1559), la Confesión Escocesa (1560), la Confesión Belga (1561), los Treinta y Nueve Artículos (1563), el Catecismo de Heidelberg (1563) y la Segunda Confesión Helvética (1566). A estas confesiones fundacionales se añadió el Sínodo de Dort (1618/9), que resolvió una controversia particular en una tradición ya existente. Posteriormente se refinó con las grandes confesiones del siglo XVII, como la Confesión de Fe de Westminster (1647) para los presbiterianos, la Declaración de Saboya (1658) para los congregacionalistas y la Confesión de Fe Bautista de Londres (1689) para los bautistas reformados.

Así pues, un cristiano es reformado si es capaz de afirmar una o varias de sus principales confesiones. Podemos diagramar esto de la siguiente manera:

Cuando definimos la tradición reformada de este modo, se derivan varias implicaciones importantes. En primer lugar, ser reformado no tiene que ver únicamente con la predestinación. Las confesiones reformadas fundacionales incluyen también una comprensión particular, por ejemplo, de la iglesia, del ministerio y de los sacramentos, gran parte de lo cual se ha perdido para muchos que dicen ser reformados.

En segundo lugar, los que pertenecen a la tradición reformada son libres de discrepar sobre muchas cuestiones sobre las que las confesiones reformadas divergen o no definen. Por ejemplo, tanto los bautistas como los paidobautistas pueden ser reformados. Los presbiterianos, congregacionalistas y episcopales pueden ser reformados. En cuanto al alcance de la expiación, los seguidores de John Owen, Moïse Amyraut y John Davenant encajan en la tradición reformada. Los que niegan o afirman el llamado «pacto de obras» son reformados en conjunto. Tanto los que afirman la simple como la doble predestinación son reformados. Todos estos debates son intramuros o dentro de la propia tradición reformada.

En tercer lugar, las doctrinas exclusivas de la tradición reformada no tienen tanto peso como las que definen la catolicidad. Por ejemplo, la doctrina nicena de la Trinidad es mucho más importante que las opiniones sobre «la presencia real» de Cristo en la Cena (que no carecen de importancia).

Publicado originalmente en The Gospel Coalition Australia. Traducido por Equipo Coalición.
Marty Foord es profesor de Teología en el Evangelical Theological College Asia de Singapur. Antes de que existiera la World Wide Web, trabajaba en informática. Pero entró en el ministerio anglicano en 1996. Marty está casado con Jenny, y le encanta pasar tiempo con ella. A Marty y Jenny les encanta servir juntos al pueblo de Dios en la iglesia local.

El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible!

Domingo 22 Octubre
Jesús… vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
Marcos 6:34
El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible!
Alguien dijo de Cristo: “Él fue el Hombre de mayor gracia, el más accesible que jamás hubo”. En su forma de ser vemos una ternura y una bondad nunca vistas en otros hombres y, sin embargo, vemos que siempre fue un “extraño” en la tierra. Sin embargo, estuvo muy cercano tan pronto como la miseria o la necesidad humanas lo reclamaban. Tanto la distancia a la que se mantenía como la intimidad que expresaba eran perfectas. Hacía mucho más que observar la miseria a su alrededor: se compenetraba de ella, demostrando una simpatía que le era peculiar. Por otro lado, hacía mucho más que repudiar la corrupción que lo rodeaba: mantenía siempre una plena distancia entre la santidad misma y toda contaminación y mancha.

Véanlo manifestando esta combinación de distancia y de proximidad en el relato de Marcos 6. Es una escena impresionante. Tras un largo día de servicio, los discípulos vuelven a él; Jesús se interesa por ellos; la fatiga que sienten toca su corazón; él lo toma en cuenta y de pronto provee lo necesario: “Venid vosotros aparte… y descansad un poco” (v. 31). Pero la multitud los siguió, y él se vuelve hacia ella con la misma prontitud; conoce su estado moral y, viendo que se hallan como ovejas sin pastor, comienza a enseñarles.

En todo esto lo vemos cercano, muy cercano a las múltiples necesidades que se van suscitando a su alrededor, ya sea la fatiga de sus discípulos o el hambre de la multitud. Pero de repente los discípulos se muestran algo resentidos al ver la atención de Jesús hacia la muchedumbre y le piden que la envíe a sus casas. Sin embargo, esto no lo afectará en ningún sentido; y en ese mismo instante se produce un distanciamiento entre Jesús y los discípulos, el que hallará su expresión cuando poco después les manda entrar en la barca. Los vientos y las olas se levantaron contra ellos en el mar, y entonces, en medio de su angustia, ¡Jesús nuevamente se les acercó para socorrerlos y ponerlos a salvo!

J. G. Bellett
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Jeroboam y su culto falso

Sábado 21 Octubre
Y habiendo tenido consejo, hizo el rey [Jeroboam] dos becerros de oro, y dijo al pueblo… he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
1 Reyes 12:28-30
Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres.
2 Crónicas 11:16
Jeroboam y su culto falso
Después de los tiempos gloriosos de gran consagración a Dios bajo el reinado de David y Salomón, ¡qué triste es ver cómo se impuso una nueva forma de adoración que era, ciertamente, una adoración falsa! Con esto los hijos de Israel abandonaron a Dios por los ídolos. Sin embargo, hubo quienes permanecieron fieles porque sus corazones permanecieron en Dios.

Es terrible ver lo cambiante que es el corazón del hombre: convencido de algo un día, abandona al siguiente lo que creía tan verdadero. Puede ser por conveniencia que cambie de opinión de esta manera, o por lazos o influencias familiares, o para obtener, más o menos conscientemente, alguna ventaja. O puede ser que esta nueva forma de pensar sea más atractiva que la anterior. Nuestras mentes están, por supuesto, convencidas de que tenemos razón, pero debemos recordar que nuestro corazón natural es engañoso y desesperadamente perverso.

Sin embargo, leemos que los “que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel” hicieron lo que Dios quería. Se dieron cuenta de que este nuevo culto no era conforme a la Palabra de Dios, y lo rechazaron, porque querían ser fieles a Dios y obedecerlo. Buscaban su aprobación y su comunión. Que nosotros también tengamos un corazón que busque a Dios y su gloria, dándole el lugar que le corresponde.

Albert Blok
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.