Ética y conciencia

La función de la conciencia en la toma de decisiones éticas tiende a complicarnos las cosas. Los mandamientos de Dios son eternos, pero para obedecerlos primero debemos apropiarnos de ellos en el interior. El “órgano” de esa internalización clásicamente ha sido llamado conciencia. Algunos describen esta nebulosa voz interior como la voz de Dios dentro de nosotros. La conciencia es una parte misteriosa del ser interior del ser humano. Dentro de la conciencia, en un secreto rincón escondido, reside la personalidad, tan oculta que a veces funciona sin que estemos inmediatamente al tanto de ello. Cuando Sigmund Freud llevó la hipnosis a una posición de investigación científica respetable, el ser humano comenzó a explorar el subconsciente y a examinar aquellas grutas íntimas de la personalidad. Encontrarse con la conciencia puede ser una experiencia asombrosa. El descubrimiento de la voz interior, tal como lo observa un siquiatra, puede ser como “mirar al mismísimo infierno”.

No obstante, tendemos a concebir la conciencia como algo celestial, un punto de contacto con Dios más que como un órgano infernal. Lo imaginamos como el personaje de caricatura enfrentando a una decisión ética mientras un ángel se posa sobre un hombro y un demonio en el otro, jugando un tira y afloja con la cabeza del pobre hombre. La conciencia puede ser una voz del cielo o del infierno; puede mentir como también presionarnos a la verdad. Puede decir cosas contradictorias, teniendo la capacidad de acusar o de excusar.

En la película Pinocho, Walt Disney nos entregó la canción “Dame un silbidito”, que nos urgía a que “siempre deja que tu conciencia sea tu guía”. Esto es lo más alto de la “teología de Pepe Grillo”. Para el cristiano, la conciencia no es la corte suprema de apelaciones para el comportamiento correcto. La conciencia es importante, pero no es normativa. Tiene la capacidad de distorsionarse y de desorientar. En el Nuevo Testamento se menciona unas treinta y una veces en donde indica, de forma abundante, su capacidad de cambiar. La conciencia puede cauterizarse y deteriorarse, y volverse insensible a causa del pecado reiterado. Jeremías describió a Israel como alguien que tiene “frente de ramera” (Jeremías 3:3). A causa de sus reiteradas transgresiones, Israel, al igual que una prostituta, había perdido su capacidad de avergonzarse. Su tozudez y dureza de corazón produjeron una conciencia insensible. El sociópata puede asesinar sin remordimiento y es inmune a las punzadas normales de la conciencia.

Aunque la conciencia no es el tribunal supremo de la ética, es peligroso actuar contra ella. Martín Lutero temblaba agónico en la Dieta de Worms a causa de la enorme presión moral que enfrentaba. Cuando le pidieron que se retractara de sus escritos, él incluyó estas palabras en su réplica: “Mi conciencia está cautiva por la Palabra de Dios. Actuar contra la conciencia no es adecuado ni seguro”. El uso gráfico de la palabra cautiva por Lutero ilustra el poder visceral de la compulsión que puede ejercer la conciencia en una persona. Una vez que la persona es capturada por la voz de la conciencia, un poder es aprovechado y con el cual se pueden acometer actos de heroica valentía. Una conciencia capturada por la Palabra de Dios es a la vez noble y poderosa.

¿Tenía razón Lutero al decir: “Actuar contra la conciencia no es adecuado ni seguro”? Aquí debemos caminar con sumo cuidado, no sea que nos rebanemos los dedos sobre el filo de la navaja ética. Si la conciencia puede estar mal informada o distorsionada, ¿por qué no deberíamos actuar contra ella? ¿Deberíamos seguir nuestra conciencia hacia el pecado? Aquí tenemos un dilema de tipo doble peligro. Si seguimos nuestra conciencia hacia el pecado, somos culpables de pecado en la medida que se nos exige que nuestra conciencia esté debidamente informada por la Palabra de Dios. Sin embargo, si actuamos contra nuestra conciencia, también somos culpables de pecado. Puede que el pecado no radique en lo que hacemos, sino en el hecho de cometer un acto que creemos que es malo. Aquí entra en consideración el principio bíblico de Romanos 14:23: “Todo lo que no procede de fe, es pecado”. Por ejemplo, si a una persona se le enseña y llega a creer que usar lápiz labial es pecado, y luego usa lápiz labial, esa persona está pecando. El pecado no radica en el lápiz labial, sino en la intención de actuar contra lo que uno cree que es el mandato de Dios.

El dilema del doble peligro exige que nos esforcemos por poner nuestra conciencia en armonía con la mente de Cristo, no sea que una conciencia carnal nos conduzca a la desobediencia. Necesitamos una conciencia redimida, una conciencia del espíritu más bien que de la carne.

La manipulación de la conciencia puede ser una fuerza destructiva dentro de la comunidad cristiana. Los legalistas suelen ser maestros de la manipulación de la conciencia, mientras que los antinominianos dominan el arte de la negación silenciosa. La conciencia es un instrumento delicado que debe respetarse. Alguien que intente influenciar la conciencia de los demás tiene la gran responsabilidad de mantener la integridad de la personalidad misma del otro tal como fue modelada por Dios. Cuando les imponemos una falsa culpa a los demás, paralizamos a nuestro prójimo, atándolo con cadenas allí donde Dios lo ha dejado libre. Cuando incitamos una falsa inocencia, contribuimos a la desobediencia del otro, exponiéndolo al juicio de Dios.

 Sproul, R. C. (2016). ¿Cómo debo vivir en este mundo?. (E. Castro, Trad.) (Vol. 5, pp. 91–94). Poiema Lectura Redimida; Reformation Trust.

Antes de la catástrofe

Martes 29 Noviembre

¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?

Hebreos 2:3

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.

Juan 14:27

Antes de la catástrofe

Un aviso humorístico advierte a los vecinos de una central nuclear sobre el peligro al cual están expuestos. El dibujo representa un cartel con este título: “En caso de alerta atómica”; debajo del cartel hay un pequeño armario de cristal, un martillo para romper el vidrio, y en el armario… una Biblia.

A este dibujo le falta un comentario: Demasiado tarde. La Biblia no es el libro para más tarde, ni una clase de manual para sobrevivir después de una gran catástrofe; es el libro que necesitamos leer hoy. Su mensaje es para ahora. Es un mensaje de amor, de verdad; es un mensaje urgente, porque la muerte puede venir en cualquier momento; hoy es necesario, sin más espera, prepararse para encontrar a Dios. ¡Cuántas personas son negligentes y dejan esta decisión para más tarde! El “más tarde” puede convertirse en un “demasiado tarde”.

No espere la jubilación, ni la cuarta edad. ¿La alcanzará usted? Y si la alcanza, ¿tendrá suficiente lucidez mental para poner en orden con Dios el tema de la suerte eterna de su alma?

¿Cómo se presentará usted delante de Dios? ¿En paz, porque Jesús le ha dado su paz, o cargado con el peso de todos sus pecados? Hoy es el día de salvación; hoy debe confesarle sus pecados, aceptar su gracia y recibir la vida eterna: esa es la “salvación tan grande”. Es ofrecida a todos los que creen que Jesús hizo la paz por medio de su sacrificio en la cruz.

Él no solo le dará la certeza de una felicidad futura y eterna, sino que desde ahora le permitirá disfrutar una paz y un gozo que el mundo no puede darle.

Josué 18 – Colosenses 2 – Salmo 135:8-14 – Proverbios 28:23-24

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¿Qué hará usted cuando llegue el fin?

Lunes 28 Noviembre

¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?

Jeremías 5:31

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

Hebreos 3:15

¿Qué hará usted cuando llegue el fin?

El primer versículo se halla en medio de una larga acusación de Dios contra Jerusalén, escrita hace 2600 años por el profeta Jeremías. Durante mucho tiempo los habitantes de esta ciudad se habían rebelado contra el Señor y no habían escuchado sus advertencias. Por eso la hora del juicio había llegado. Una nación lejana invadiría la ciudad y deportaría su población (Jeremías 5:15-19). ¿Qué haréis cuando llegue el fin? Esta pregunta suena como un último llamado, una última invitación a reflexionar y a volverse a Dios. Pero en su época esta pregunta permaneció sin respuesta, y algunos años más tarde el rey de Babilonia ejecutó el juicio anunciado (2 Reyes 25; hacia el año 588 antes de Cristo).

Nuestra civilización está a punto de hundirse en el caos moral. Todos los días se descubren nuevos escándalos, la corrupción toca todos los ámbitos de la sociedad. Pero “Dios no puede ser burlado” (Gálatas 6:7). Él es paciente, pero la Biblia nos dice que “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31). Este hombre es Jesucristo. Sin embargo, él no quiere ser un día nuestro juez; al contrario, quiere librarnos del juicio. Incluso sufrió en nuestro lugar la ira del Dios santo para que esta ira nunca caiga sobre nosotros. Depende de nosotros confesar nuestros pecados, creer en él y aceptar su gracia.

No espere más, de lo contrario, ¿qué hará cuando llegue el fin?

Josué 16-17 – Colosenses 1:15-29 – Salmo 135:1-7 – Proverbios 28:21-22

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La Verdad Acerca Del Pecador

“Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros.» – Romanos 5:7-8

«Así es como el Apóstol demuestra su caso. Él apunta hacia arriba, primero que todo, desde el hombre justo hasta el bueno. Y entonces, cuando termina apunta hacia abajo. ¿Dónde estamos nosotros? Ciertamente no entre los ‘buenos’. ¿Y entre los justos? Ni siquiera entre los justos. Pues bien, ¿qué somos entonces? ¡Pecadores! No hay, en lo absoluto, nada digno de ser amado en nosotros. Dios muestra Su amor y prueba Su amor para con nosotros en que Cristo murió por nosotros no porque fuésemos dignos de ser amados, deseables y buenos. Entonces, no obstante no hayamos sido dignos de ser amados, y deseables, ¿hemos sido correctos bajo algún estándar? ¿hemos permanecido en la ley? ¡De ninguna manera! No hemos sido justos. La verdad acerca de nosotros es que éramos pecadores y un pecador es exactamente lo opuesto a un hombre bueno y justo. Un pecador es un transgresor. Un pecador es un hombre que ha perdido su calificación, que se ha quedado corto. No hay absolutamente nada de justicia en él. El mismo término sugiere depravación moral, no excelencia moral sino fracaso moral. No solamente no hemos guardado la Ley, sino que somos culpables de transgredir la Ley, de quebrantarla. Eso es lo que un pecador realmente es. Estos son los términos usados en la Biblia para describirlo. En otras palabras, el pecador no es tan sólo un hombre culpable de depravación moral y transgresiones, de acciones erradas e iniquidades, y debido a esto, culpable a los ojos de Dios; el pecador es reprehensible delante de la Ley y es merecedor del desagrado divino y de la ira de Dios. 

«Esa es la verdad acerca del pecador. Es alguien que ha burlado deliberadamente la Ley de Dios, es alguien que no está interesado en Dios, que no le agrada Dios, es alguien que odia a Dios. Y debido a eso, dicho pecador opone su voluntad a la voluntad de Dios. Él dice, ‘¿con que he aquí dijo Dios, no? Muy bien, pues yo haré todo lo contrario. ¿Este es un mandamiento? Pues yo lo quebrantaré. Él me dice que no desee algo, pero yo lo deseo y voy a obtenerlo.’ El pecador, por lo tanto, ha ofendido deliberadamente a Dios, se ha rebelado en contra de él, lo ha atacado, ha burlado Su Ley, ha desechado su voz, ha seguido su propio camino según su propia voluntad, y se ha hecho culpable ante los ojos de Dios.

«Ése es el tipo de persona por la cual Cristo murió. ‘No a los justos- sino a pecadores vino Jesús a llamar’. No a hombres buenos y dignos de ser amados, ¡sino a los viles y aborrecibles!»

«…Sólo cuando dimensionamos esto somos capaces de seguir el argumento del Apóstol. Y el argumento es este. Dios demuestra Su amor para con nosotros en que, mientras éramos así, cuando merecíamos la ira de Dios en Su justicia, y merecíamos su castigo y perdición y el destierro de Su mirada, Dios realmente envió a Su Hijo a morir por nosotros. Si eso no prueba el amor de Dios hacia nosotros, nada podrá ni nada lo hará. Las personas que más han apreciado el amor Dios han sido las que más se han dado cuenta de su propia pecaminosidad.»

Martyn Lloyd Jones (Romanos, Cap.5, pág.121-123)

Traducido por José de La Fuente

AUTOR DEL ARTÍCULO

MARTYN LLOYD JONES

Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. También fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Él tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangélica del siglo 20 con un gran énfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como «lógica ardiente.» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como médico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. Después de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormía en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

El infierno (2): la segunda muerte

Domingo 27 Noviembre

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos… Fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:614-15

El infierno (2): la segunda muerte

En el Apocalipsis, el libro de los juicios, una tercera expresión designa el infierno: “la segunda muerte”. ¿Qué significa esto? Todos los seres humanos están destinados a morir una vez. Dios había advertido a Adán que si desobedecía, moriría (Génesis 2:17). Adán desobedeció, y desde entonces la muerte es el fin terrenal inevitable de todo hombre. Y después de la muerte viene el juicio, de manera inapelable (Hebreos 9:27), pero no para los creyentes (Juan 5:24). La muerte no es el fin de la existencia, todos los hombres resucitarán.

 – Para los que han puesto su confianza en Jesús, será una “resurrección de vida”, la vida eterna en el cielo con su Salvador.

 – Para los otros, cuyo nombre no se halla inscrito “en el libro de la vida”, será una “resurrección de condenación” (Juan 5:29), es decir, irán al infierno, donde “sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor” (2 Tes. 1:9). Esta es “la segunda muerte”.

Dios es justo, recto, y advierte a cada uno. En el día del juicio nadie podrá quejarse de haber sido tomado por sorpresa. Dios invita a todos los hombres a aceptar su gracia, por la fe en Jesús. En la cruz, Jesús sufrió la ira de Dios en nuestro lugar. El que cree en el Señor Jesús y en su sacrificio tiene su nombre inscrito en el libro de la vida. Rechazar esta gracia es exponerse a “una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (de Dios)” (Hebreos 10:27). Tome la decisión de los “bienaventurados”.

Josué 15 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

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El infierno (1): su realidad

Sábado 26 Noviembre

(El) fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Mateo 25:41

¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?

Mateo 23:33

Jesús… nos libra de la ira venidera.

1 Tesalonicenses 1:10

El infierno (1): su realidad

Este es un tema desagradable, pensará usted. Y es cierto. Pero este calendario no se hizo para presentar una colección de textos agradables; se trata de exponer el mensaje bíblico que Dios dirige a todos. La palabra “infierno”, también traducida por “gehena”, aparece varias veces en la Biblia, y no podemos ignorarla. Abordamos este tema a la luz de la Palabra de Dios, con el deseo sincero de que ninguno de nuestros lectores conozca los tormentos del infierno.

A menudo escuchamos la expresión: ¡“Es el infierno”!, para designar un momento especialmente doloroso de la vida cotidiana. Pero el infierno es una realidad mucho más aterradora que las peores dificultades que podemos imaginar. ¡Es una realidad futura, eterna y definitiva!

Jesús emplea diferentes imágenes para hablar del infierno, en especial: “las tinieblas de afuera” y el “fuego eterno” (Mateo 25:3041). Estas contienen un significado terrible, mezclando sufrimientos extremos con el alejamiento definitivo de Dios. Es el lugar del castigo eterno, un lugar muy real donde un día serán lanzadas todas las criaturas, angelicales o humanas, que hayan despreciado a Dios y preferido vivir sin él.

Esto debe hacernos reflexionar, pero no desesperarnos, porque el infierno ha sido preparado para Satanás y sus ángeles. Allí solo serán lanzados los hombres que durante su vida hayan despreciado la gracia que Dios ofrece. ¡Dios tiene otro plan para cada uno de nosotros! Él dio a su Hijo Jesucristo para salvar eternamente a los que creen en él.

(mañana continuará)

Josué 14 – Hebreos 13 – Salmo 133 – Proverbios 28:17-18

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¿Es el Catolicismo una religión falsa? ¿Son salvos los católicos?

El problema más crucial con la Iglesia Católica Romana es la creencia de que la sola fe en Jesucristo no es suficiente para la salvación. La Biblia clara y consistentemente establece que el recibir a Jesucristo como Salvador, por gracia a través de la fe, garantiza la salvación (Juan 1:12; 3:16, 18, 36; Hechos 16:31; Romanos 10:13; Efesios 2:8-9). La Iglesia Católica Romana rechaza esto. La posición oficial de la Iglesia Católica Romana es que una persona debe creer en Jesucristo Y ser bautizada Y recibir la Eucaristía junto con los otros sacramentos, Y obedecer los decretos de la Iglesia Católica Romana Y realizar obras meritorias Y no morir con algún pecado mortal Y etc., etc., etc. La divergencia Católica de la Biblia en el más crucial de los puntos, la salvación, significa que sí, el Catolicismo es una religión falsa. Si la persona cree lo que la Iglesia Católica enseña oficialmente, él o ella no serán salvados. Cualquier demanda de obras o rituales que deban ser añadidos a la fe para obtener la salvación, es afirmar que la muerte de Jesús no tuvo el valor suficiente para comprar nuestra salvación.

Mientras que la salvación por fe es el punto más crucial, al comparar el catolicismo romano con la Palabra de Dios, existen también muchas otras diferencias y contradicciones. La Iglesia Católica Romana enseña muchas doctrinas que están en desacuerdo con lo que la Biblia declara. Esto incluye la sucesión apostólica, la adoración a los santos o a María, la oración a los santos o a María, el Papa / papado, el bautismo de infantes, la transubstanciación, indulgencias plenarias, el sistema sacramental, y el purgatorio. A pesar de afirmar los católicos la base bíblica de estos conceptos, ninguna de estas enseñanzas tiene ninguna base sólida en la clara enseñanza de la Escritura. Estos conceptos están basados en la tradición católica, no en la Palabra de Dios. De hecho, ellos claramente contradicen los principios bíblicos.

Con referencia a la pregunta “¿Son salvos los católicos?”, esta es la pregunta más difícil de responder. Es imposible hacer una declaración universal sobre la salvación de todos los miembros de cualquier denominación cristiana. No TODOS los bautistas son salvos. No TODOS los presbiterianos son salvos. No TODOS los luteranos son salvos. La salvación es determinada por la fe personal solamente en Jesús para salvación, no por los títulos o identificación denominacional. A pesar de las creencias anti-bíblicas y las prácticas de la Iglesia Católica Romana, hay creyentes genuinos que asisten a las iglesias católicas. Hay muchos católicos romanos que genuinamente han depositado su fe solamente en Jesucristo para salvación. Sin embargo, estos cristianos católicos son creyentes, a pesar de lo que la Iglesia Católica enseña, no por lo que ella enseña. En cierto grado, la Iglesia Católica enseña de la Biblia y señala a la gente a Jesucristo como el Salvador. Como resultado, algunas veces la gente es salvada en iglesias católicas. La Biblia tiene un impacto en donde quiera que es proclamada (Isaías 55:11). Los cristianos católicos permanecen en la Iglesia Católica por la ignorancia de lo que la Iglesia Católica es realmente, por una tradición familiar y presión, o por el deseo de alcanzar a otros para Cristo.

Al mismo tiempo, la Iglesia Católica también aleja a mucha gente de la fe genuina y relación con Cristo. Las creencias y prácticas no bíblicas de la Iglesia Católica Romana, con frecuencia les han dado a los enemigos de Cristo la oportunidad para blasfemar. La Iglesia Católica Romana no es la iglesia que estableció Jesucristo. No es la iglesia que está basada en las enseñanzas de los apóstoles (como se describe en el Libro de Los Hechos y en las epístolas del Nuevo Testamento). A pesar de que las palabras de Jesús en Marcos 7:9 fueron dirigidas a los fariseos, ellas describen con exactitud a la Iglesia Católica Romana, “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.”

Jesús en la cruz, frente a los hombr

Viernes 25 Noviembre

(Jesús dijo:) Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

Lucas 22:53

¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido.

Lamentaciones 1:12

Jesús en la cruz, frente a los hombres

En nuestros días, cuando alguien es condenado a la pena capital en los países donde esto se practica aún, la justicia se esfuerza por minimizar el sufrimiento y la duración de la ejecución para el condenado.

Con nuestro Señor Jesús se hizo todo lo contrario. Desde antes de su comparecencia ante el tribunal religioso, fue cobardemente golpeado, insultado, afrentado; escupieron su rostro, y los jefes de los judíos lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador romano.

Pilato se preguntaba qué mal había podido hacer. Sin embargo, después de un simulacro de juicio, hizo azotar a Jesús y lo entregó a sus soldados, quienes “convocaron a toda la compañía”, se burlaron de él y le pusieron una corona de espinas en la cabeza (Marcos 15:15-20).

No dejemos embotar nuestra sensibilidad y seamos conscientes del horror de los sufrimientos físicos y morales que padeció Jesús, nuestro Salvador. Imaginémonos estas escenas indignas donde un hombre solo e indefenso era atacado por todos antes de ser crucificado. Sí, Señor, ¡fue por mí que padeciste esto! Y, aún más, Jesús padeció de manera única cuando, abandonado por Dios, sufrió en nuestro lugar el juicio que nosotros merecíamos.

Para ti, Jesús, el sufrimiento,

Las lágrimas, la muerte, el abandono;

Para nosotros la liberación,

El perdón y la salvación.

Josué 13 – Hebreos 12:12-29 – Salmo 132:13-18 – Proverbios 28:15-16

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¿Qué dice la Biblia sobre la ansiedad?

La Biblia tiene mucho que decir sobre la ansiedad, aunque la palabra en sí no se encuentra con tanta frecuencia. Para sustituirla, se utilizan sinónimos como problema, pesadez, angustia y preocupación.

Las causas específicas de la ansiedad son probablemente más de las que se pueden enumerar, pero algunos ejemplos de la Biblia señalan algunas causas generales. En Génesis 32, Jacob vuelve a casa después de muchos años de ausencia. Una de las razones por las que había salido de casa era para escapar de la ira de su hermano Esaú, a quien Jacob había robado la primogenitura y la bendición de su padre. Ahora, cuando Jacob se acerca a su tierra natal, se entera de que Esaú viene a su encuentro con 400 hombres. Inmediatamente, Jacob se pone ansioso, esperando una horrible batalla con su hermano. En este caso, la ansiedad es causada por una relación rota y una conciencia culpable.

En 1 Samuel 1, Ana está angustiada porque no podía concebir hijos y era objeto de burlas por parte de Penina, la otra esposa de su marido. Su angustia se debe a los deseos insatisfechos y al acoso de una rival.

En Ester 4, el pueblo judío está angustiado por un decreto real que permitiría su masacre. La reina Ester está angustiada porque planeaba arriesgar su vida en nombre de su pueblo. El miedo a la muerte y a lo desconocido es un elemento clave de la ansiedad.

No toda la ansiedad es pecaminosa. En 1 Corintios 7:32, Pablo afirma que un hombre soltero está «ansioso» por complacer al Señor, mientras que un hombre casado está «ansioso» por complacer a su esposa. En este caso, la ansiedad no es un temor pecaminoso, sino una profunda y correcta preocupación.

Probablemente, el pasaje más conocido sobre la ansiedad proviene del Sermón del Monte, en Mateo 6. Nuestro Señor nos advierte de que no debemos estar ansiosos por las diferentes preocupaciones de esta vida. Para el hijo de Dios, incluso las necesidades como la comida y el vestido no deben ser motivo de preocupación. Utilizando ejemplos de la creación de Dios, Jesús nos enseña que nuestro Padre Celestial conoce nuestras necesidades y tiene cuidado de ellas. Si Dios cuida de cosas sencillas como la hierba, las flores y los pájaros, ¿no cuidará también de las personas que han sido creadas a su imagen? En vez de preocuparnos por las cosas que no podemos controlar, debemos «buscar primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas [las necesidades de la vida] os serán añadidas» (versículo 33). Poner a Dios en primer lugar es una cura para la ansiedad.

Muchas veces, la ansiedad o la preocupación es el resultado del pecado, y la cura es tratar con el pecado. El Salmo 32:1-5 dice que la persona a la que se le perdona el pecado es bendecida, y la pesada carga de la culpa se quita cuando se confiesan los pecados. ¿Una relación rota crea ansiedad? Intenta hacer las paces (2 Corintios 13:11). ¿El miedo a lo desconocido te produce ansiedad? Acude al Dios que lo sabe todo y lo controla todo (Salmo 68:20). ¿Las circunstancias abrumadoras te causan ansiedad? Ten fe en Dios. Cuando los discípulos se angustiaron en una tormenta, Jesús primero reprendió su falta de fe, y luego reprendió el viento y las olas (Mateo 8:23-27). Mientras estemos con Jesús, no hay nada que temer.

Podemos confiar en que el Señor proveerá para nuestras necesidades, nos protegerá del mal, nos guiará y guardará nuestras almas para la eternidad. Tal vez no podamos evitar que los pensamientos ansiosos entren en nuestra mente, pero podemos practicar la respuesta correcta. Filipenses 4:6, 7 nos dice: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

Cartas a las iglesias: Pérgamo (3)

Jueves 24 Noviembre

(Jesús dijo:) Yo conozco… dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.

Apocalipsis 2:13

Cartas a las iglesias: Pérgamo (3)

Leer Apocalipsis 2:12-17

Pérgamo, sede de la autoridad imperial, fue la primera ciudad de Asia Menor que instituyó el culto al emperador. Allí había templos en honor a una multitud de dioses. La iglesia de Pérgamo moraba “donde está el trono de Satanás”. Sin embargo, Jesús reconoció la fidelidad de esos cristianos: “Retienes mi nombre”. Esos creyentes no escondían su bandera, no habían cedido al miedo; habían permanecido firmes en su fe en Cristo.

Jesús se presentó a esta iglesia como el que examina todo. Su mensaje fue como una espada aguda de dos filos que pone en evidencia las motivaciones más secretas del corazón (Hebreos 4:12). Porque, mezclados con esos cristianos fieles, algunas personas daban una enseñanza falsa de la Palabra de Dios. Así arrastraban a la idolatría y la inmoralidad a quienes los escuchaban. El Señor reprochó a esta iglesia tolerar en medio de ella a tales personas, y le dijo: “Arrepiéntete”, es decir, reconoce que no debes dejarlos actuar.

A los que rechazaban estas malas enseñanzas y querían permanecer fieles, les ofreció el “maná escondido”, símbolo del alimento espiritual del cual el creyente tiene necesidad cada día. Para ver claramente en un mundo que se aleja más y más de los valores cristianos, y para no adoptar los estándares del mundo, necesitamos más que normas religiosas. Es necesario buscar el pensamiento del Señor en la Biblia, y vivir por la fe en la dulzura de su amor. De ello nos habla el maná escondido.

Josué 12 – Hebreos 12:1-11 – Salmo 132:8-12 – Proverbios 28:13-14

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