¿Quién soy yo?

Ministerios Ligonier

Serie: El cuádruple estado de la humanidad

Nota del editor:Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk MagazineEl cuádruple estado de la humanidad

Por Burk Parsons

¿Quién soy yo?

En la adaptación musical de la obra clásica de Victor Hugo, Los Miserables, el protagonista Jean Valjean llega a un punto de crisis en su vida en que se siente abrumado por su culpa al haber sido convicto como un criminal y delincuente. En una escena notablemente emocional, Valjean hace una pregunta penetrante: «¿Quién soy yo?». Al considerar su pasado, su presente y su futuro, lucha con la realidad de su culpa y su merecida condenación ante Dios y los hombres. Se ve forzado a cuestionar su identidad e integridad y a enfrentarse con la inocencia de un hombre que fue acusado falsamente porque ha sido erróneamente identificado como Valjean. Aunque Valjean ha logrado evitar ser reconocido como reo al cambiar de nombre e identidad, tiene que afrontar la verdad de quién es realmente: un convicto cuyo número de prisión es 24601.

Muchos lectores de Los Miserables no conocen el significado de ese número. Los estudiosos literarios argumentan que Víctor Hugo le asignó ese número a Valjean como una forma de identificarse con su protagonista, ya que representaba la fecha en que Víctor Hugo creía que había sido concebido: el 24 de junio de 1801 (24/6/01). Víctor Hugo se estaba identificando con Valjean como un pecador, no solo desde el momento en que pecó por primera vez, sino desde el día de su concepción. Bien pudiera ser que Víctor Hugo haya tenido en mente lo que David confesó: «He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre» (Sal 51:5).

La mayoría de las personas en el mundo no saben por qué están aquí, quiénes son en realidad, de dónde provienen ni hacia dónde van. Además, tienen una opinión totalmente incorrecta de sí mismas, pues creen que son fundamentalmente buenas, que nacieron buenas y que están de camino a un lugar bueno. No entienden que son pecadores culpables, concebidos en pecado, nacidos con una naturaleza pecaminosa, que viven bajo la ira de Dios y esperan la justa condenación de Dios. Toda la humanidad se encuentra por naturaleza en un estado de pecado, y todas las personas necesitan desesperadamente escuchar las buenas nuevas de Jesucristo para que, por la obra regeneradora del Espíritu Santo, puedan ser justificadas ante Dios por la fe sola y salvadas eternamente por medio de Cristo. Solo por la obra del Espíritu en nosotros a través del evangelio de Cristo, Dios nos muestra quiénes somos realmente, de modo que cuando somos movidos por el Espíritu a preguntar: «¿Quién soy yo?», podemos declarar humilde y valientemente: «Fui concebido en pecado, nací pecador, mereciendo la condenación, pero he nacido de nuevo por el Espíritu, he sido unido a Jesucristo y estoy destinado a la gloria. Eso es quien soy: mi identidad, por la gracia de Dios, está en Cristo».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

No necesitamos superhombres

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No necesitamos superhombres

Por Howard Q. Davis Jr.

En el capítulo dos de Instruments in the Redeemer’s Hands [Instrumentos en las manos del Redentor], Paul David Tripp cuenta una historia de un miembro de la iglesia que llamó al pastor para que ayudara a un hombre. El comentario de Tripp para el miembro fue: «¿No es asombroso el amor de Dios? A Dios le importa este hombre y pone a uno de Sus hijos en su camino. Tú le importas a Dios y Él te ha dado la oportunidad de ser un instrumento en Sus manos». ¡Aquellos de nosotros que no somos pastores somos propensos a querer que el pastor lo haga todo! Esperamos que él esté a cargo de todo, desde mover las mesas para la reunión de damas hasta ser el director ejecutivo. Ese, definitivamente, no es el rol del pastor. La otra cara de la moneda es que en muchas iglesias el pastor quiere ser y es el director, pero eso tampoco es un modelo bíblico y, en última instancia, acarreará serios problemas para el ministerio.

Pues Dios no ve como el hombre ve, Como dice John MacArthur en The Master´s Plan for the Church [El plan del Señor para la Iglesia]: «Es comprensible que los ancianos no puedan darse el lujo de consumir su tiempo y energía con los detalles administrativos, las relaciones públicas, los asuntos financieros menores y otras cuestiones del funcionamiento diario de la iglesia. Tienen que dedicarse sobre todo a la oración y al ministerio de la Palabra y a elegir a otros para que manejen esos otros asuntos». El modelo bíblico de un pastorado es el de un trabajo en equipo. En cada lugar del Nuevo Testamento donde se usa el término presbuteros (es decir, «anciano») está en plural, excepto cuando el escritor se refiere solamente a sí mismo. En ninguna parte del Nuevo Testamento se hace referencia a una congregación de un solo pastor. La iglesia en Jerusalén incluía apóstoles y ancianos (Hch 11; 15); la iglesia en Antioquía tenía profetas y maestros (Hch 13:1). Asimismo, las iglesias en Creta, Filipos y Éfeso tenían ancianos, también llamados «obispos».

Don Clements en Biblical Church Government [El gobierno de la iglesia bíblica] escribe que «en cada una de las primeras iglesias del Nuevo Testamento, había claramente una pluralidad de ancianos en el liderazgo. En otras palabras, la iglesia no era gobernada por la decisión de una persona. Más bien, debía ser gobernada por grupos de ancianos que trabajaban juntos. Este es uno de los puntos más importantes en la forma bíblica de gobernar la iglesia, pero es un punto frecuentemente malinterpretado, practicado incorrectamente y difamado en las iglesias de hoy en día». Hay varios problemas con el modelo de un solo líder. Todos somos pecadores y, sin la participación de otro, uno puede convertirse en un «dictador religioso». La gran cantidad de tareas en la iglesia es demasiado grande para que un hombre las maneje física, mental y emocionalmente. Al tratar de hacerlas todas, como dice Clements, «el líder más fuerte, si se queda solo, se consumirá rápidamente». La Escritura nos manda a que examinemos cada palabra que procede del púlpito; si solo hay uno que toma las decisiones, no habrá mucho examen de lo que él diga. Muchas denominaciones se han ido por el camino de la apostasía por no practicar tal examen, y creo que es particularmente cierto en esta era de creerlo todo fácilmente y creencias pluralistas. Lo mismo sucedió en días de Jeremías (ver Jer 5:30-316:13-14).

La idea de múltiples ancianos no es una novedad para la Iglesia del Nuevo Testamento. La vemos operando a través del Antiguo Testamento. Dios, hablándole a Moisés desde la zarza ardiente, le ordena: «Reúne a los ancianos» (Ex 3:16b). Es poco probable que esto se refiera solamente a los hombres de mayor edad, pero esta es la primera vez que se usa este término en la Escritura. Sin embargo, en numerosos pasajes en Deuteronomio podemos ver que a los «ancianos» se les asignan responsabilidades específicas (19:12; 21:19-20; 22:15-18; 25:7-9; 31:9-13). Para la época de Cristo, los ancianos eran una institución en las sinagogas judías.

La función de los ancianos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es llevar a cabo la «supervisión» de la Iglesia. Las tareas de los ancianos, según lo establecido en la Escritura, incluyen predicar, enseñar, velar por la doctrina, ejercer disciplina, visitar a los enfermos, orar, alimentar al rebaño y velar por la congregación.

Pablo en su carta a los filipenses describe dos grupos de oficiales en la iglesia: obispos (supervisores o ancianos) y diáconos (Flp 1:1). El propósito especial del diácono se encuentra en Hechos 6:1-7: ellos ayudan a los ancianos a ministrar a los pobres y a las viudas (ministerio de misericordia) para que los ancianos puedan dedicarse al ministerio de la oración y la Palabra. Como su nombre lo indica en el griego, la función principal de los diáconos es la del servicio. Ellos realizan sus deberes bajo la supervisión de los ancianos. Como Brian Habig y Les Newsom señalan en su excelente obra The Enduring Community [La comunidad duradera], «la Palabra tenía que ser predicada para que las vidas fueran cambiadas y los corazones fueran convertidos. Tan fundamental fue esta actividad para la vida de la Iglesia que nada que los distrajera de esta práctica sería permitido… Los discípulos estaban tan comprometidos con estas actividades primarias que instituyeron un oficio completamente dedicado a las necesidades temporales o físicas de la Iglesia».

Gobernar junto a una pluralidad de ancianos no es solamente el modelo bíblico, sino que también le brinda mucha protección al pastor. Si el predicador actúa como un director ejecutivo, entonces cada decisión que él tome proveerá municiones a algún miembro disgustado de la congregación para que las use en su contra. Cuando los ancianos toman una decisión, es una decisión grupal, y por lo tanto, ¡no es solo del pastor!

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Howard Q. Davis Jr.

El juez retirado Howard Q. Davis Jr. es un anciano gobernante en la Primera Iglesia Presbiteriana en Indianola, Mississippi. También se desempeñó como moderador de la 33ª Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en América.

Bonifacio: El apóstol a Alemania

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Bonifacio: El apóstol a Alemania

Por Henry Krabbendam 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

No es exagerado decir que, desde los días del gran apóstol a los gentiles, ningún misionero del evangelio ha sido más eminente en trabajos, en peligros, en devoción, y en tener ese propósito tenaz pero flexible que nunca pierde de vista su objetivo, aun cuando se viera obligado a acercarse a él por algún otro camino que el que se había propuesto originalmente, que Winfrid, conocido en los anales de la cristiandad como Bonifacio, “el apóstol de (los Países Bajos y) Alemania”» (William Smith y Henry Wace, eds., A Dictionary of Christian Biography [Diccionario de biografías cristianas], Nueva York: AMS Press, 1967, vol. 1, p. 327).

Este emotivo veredicto deja una impresión duradera en todo lector reflexivo. Francamente, debería emocionarlos. Pero ¿quién es este Bonifacio? ¿Qué le hizo merecedor de este veredicto? ¿Qué lo convirtió en el hombre que fue? Y, por último, pero no menos importante, ¿qué debe hacer la Iglesia con su legado?

Nacido en la década del año 670 en Bretaña y, preocupado por las cosas eternas a una edad sorprendentemente temprana, Bonifacio rogó, y finalmente recibió, el permiso renuente de su padre para entrar en un monasterio y entregarse a una vida de servicio en el Reino de Dios. Durante la preparación monástica para la tarea de su vida, aprendió la obediencia incondicional a sus superiores eclesiásticos, se inflamó su amor por Cristo, demostró ser un estudiante celoso de las Escrituras, se convirtió en un discípulo devoto en la escuela de la oración, creció rápidamente en la santidad con propósito, demostró ser un poderoso predicador del evangelio y fue ordenado sacerdote a la edad de treinta años. Pero, sobre todo, el monasterio, un semillero de fervor evangelístico, lo impregnó de un celo evangelístico duradero.

Su ministerio puede ser dividido en tres fases, formuladas desde su incursión misionera inicial (716) en los Países Bajos (Frisia), hasta su incursión final (754), posiblemente ya como un octogenario, en la misma área geográfica. Su primera incursión no tuvo éxito debido a una guerra que se desató entre Radbod, rey de los frisones, que buscaba devastar todas las iglesias y monasterios posibles, y Carlos Martel, rey de los francos. Su última incursión concluyó con su muerte como mártir, la pieza que coronó una vida extraordinaria, caracterizada por un impulso espiritual enorme, un entusiasmo sin temor, un vigor interminable y una perseverancia indomable. Se distinguió desde el principio como un misionero apasionado y eventualmente se convirtió en un organizador excepcional, un excelente administrador y un fino estadista. Dedicó todos sus dones y talentos a la infatigable búsqueda de su gran visión dual: cristianizar toda la Europa pagana y fusionar a los convertidos en una Iglesia poderosa, efectiva e influyente bajo la sombrilla unificadora y autoritaria del obispo de Roma.

En su primera fase (718-722), Gregorio II le encargó que trabajara como sacerdote misionero en Turingia (centro-sur de Alemania) y Frisia. En Turingia se encontró con una mezcla de cristianismo y paganismo, y con una moral relajada. Aunque disfrutó de cierto éxito, experimentó la resistencia de un clero de mentalidad independiente que controlaba a las iglesias ya establecidas. Esto y la muerte de Radbod lo motivaron a regresar a Frisia, donde trabajó durante tres años. Vio muchos paganos convertidos. Esta vez las autoridades eclesiásticas estaban con él e incluso le ofrecieron un obispado. Pero su corazón misionero no le permitió aceptarlo, porque estaba ansioso por moverse a nuevos campos de labor evangelística.

En la segunda fase (722-742), bajo la protección de Carlos Martel y delegado por Gregorio II como obispo misionero, se concentró primero en Hessia (norte-centro de Alemania) y luego en Turingia. Su éxito en Hessia lo inmortalizó como uno que «superó a todos sus predecesores en la dimensión y en los resultados de su ministerio» y, por tanto, «fue un instrumento de Dios mayor que ningún otro individuo para llevar el cristianismo» a Alemania. Los eventos que asestaron un golpe decisivo al paganismo mitológico y que hicieron que su ministerio se disparara fueron, en primer lugar, el talado osado y estratégico de un roble impresionante dedicado a la adoración de Thor, dios del trueno, que era considerado sagrado e inviolable. Y segundo, el uso de esa madera para erigir una capilla para la gloria de Cristo. Para la población nativa, la «falta de respuesta» de Thor estableció la autoridad del Dios cristiano y Su apóstol eclesiástico. Esto llevó a miles de conversiones y constituye el comienzo de la cristianización a todo lo largo de Alemania. Lo que caracterizó su ministerio en Turingia, luego de que Gregorio III lo encomendara como arzobispo misionero para darle mayor autoridad, fue la fundación de una vasta red de iglesias dedicadas, diócesis funcionales, monasterios disciplinados y escuelas florecientes. Con una combinación de gracia apacible y disciplina intolerante, predicó incesantemente contra el culto pagano, las herejías doctrinales, la impureza moral y el catolicismo independiente, y trató de erradicar estas cosas armado con el amor por las Escrituras y el celo por la Iglesia, así como con habilidad organizativa y capacidad administrativa.

En la tercera fase (744-753), bajo la protección de Pipino, hijo de Carlos Martel, y comisionado como arzobispo de Maguncia por el papa para darle jurisdicción regional, expandió su ministerio a Baviera (sur de Alemania) y Francia. En Baviera continuó mostrando su genio para la organización y administración eclesiásticas, y en Francia su celo indomable por la reforma personal y eclesiástica.

Al final, sin interés de partir tranquilamente de esta escena terrenal, murió como había vivido, como un soldado de Cristo. Buscando destruir la adoración pagana y salvar almas paganas, trajo sobre sí la ira de los objetos de su amor y celo. Él y sus compañeros se negaron a defenderse y fueron masacrados. Irónicamente, sus asesinos en poco tiempo reconocieron frente al Dios de Bonifacio y sus muchos amigos leales, el callejón sin salida espiritual y social en que vivían y se arrepintieron, en apariencia, de corazón. Se hicieron seguidores de Cristo y miembros de Su Iglesia. Así, Bonifacio logró con su muerte lo que no logró durante su vida.

Esto nos deja con las dos últimas preguntas planteadas al principio de este artículo: ¿Qué hizo que Bonifacio fuera el hombre que fue? ¿Y cuál es su legado? Ninguna de las dos preguntas es muy difícil de responder con la ayuda de las Escrituras, sus cartas y los testimonios de la historia.

Todos los elogios que le han sido y que le pudieran ser asignados, tales como su piedad con propósito, su gozo inefable, su constante alabanza a Dios, su celo indomable, su trabajo infatigable y su esfuerzo sacrificial, a menudo en medio de tiempos difíciles, parecen reflejar la gloria restaurada (Sal 85), con su fuente en la cruz y en la resurrección de Cristo, su agente en el Espíritu de Cristo y su primera gran demostración en Hechos 2. A lo largo de su ministerio, Bonifacio anheló y mostró el poder pentecostal de la resurrección que estaba ansioso por abrazar tanto el sufrimiento, que viene al predicar el evangelio, como la semejanza a una muerte llena de frutos que Jesús mismo dejó como modelo, tanto para Sus discípulos como para la Iglesia universal (Jn 12:24Fil 3:10Col 1:24). Combina este poder abundante del Espíritu con un amor sacrificial y un discernimiento que luce infalible en el manejo de personas y situaciones eficazmente y sin temor (2 Tim 1:7), y comenzará a surgir el perfil del «apóstol de los Países Bajos y Alemania». En una entrega llena de gozo, se sometió a vivir en un monasterio como campo de entrenamiento habitual de la fe cristiana. Pronto encontró su nicho misionero y con una devoción inquebrantable mantuvo el rumbo en el principio, en la mitad y hasta el final de su vida. Al principio, puso en peligro su vida aventurándose en una zona que estaba en guerra con el evangelio. A la mitad, arriesgó su vida y bajo la autoridad del evangelio derribó un roble que era idolatrado. Al final, entregó su vida y fue martirizado por la causa del evangelio. Básicamente, estas tres instancias cuentan su historia.

Pero ahora, su legado. Sería inconcebible demandar que todos los cristianos imiten los dones que Dios ha derramado sobre algunos individuos en específico, como es el genio para la organización y la administración. Sin embargo, sería igualmente inconcebible no presentar como vinculante para cada individuo lo que Dios requiere de todos los cristianos. Siguiendo los pasos del gran apóstol a los gentiles, Bonifacio abrazó de todo corazón, como norma de Dios, el doble plan que Cristo dejó a la Iglesia: sufrimiento y muerte en Él, y vida en Su pueblo (2 Co 4:12). Si la Iglesia celebrara a Bonifacio simplemente como un fenómeno extraordinario, perdería el punto. Solo si él logra energizar a la Iglesia, y solo si la Iglesia lo abraza a él y su vida como un ejemplo del deseo de avivamiento de parte de Dios, y solo si nos confesamos como culpables y avergonzados de todo lo que se quede corto de esto, entonces podremos esperar disfrutar de un tipo de ministerio así de indispensable, ya sea en lo que parece ser un Oriente Medio (musulmán) prácticamente muerto, en una Europa (secularizada) casi muerta o en unos Estados Unidos de América (humanistas) moribundos. Francamente, el mensaje de la historia en general y de Bonifacio en particular es muy claro. A menos que la Iglesia, siguiendo los pasos de Bonifacio, esté dispuesta a sufrir y morir, y con palabras y ejemplos urja a todos sus hijos a una edad temprana a seguir su ejemplo, en lugar de solo permitirles renuentemente que lo hagan en circunstancias extraordinarias, la Iglesia estará destinada a sufrir y enfrentar de cerca la muerte a manos del mundo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Henry Krabbendam
Henry Krabbendam

El Dr. Henry Krabbendam es profesor de teología en Covenant College en Lookout Mountain, Georgia, y es misionero en Uganda.

Los rebaños necesitan pastores

Soldados de Jesucristo

Por Megan Hill

Me encantan los servicios de ordenación en la iglesia local. A menudo, estos servicios son la culminación de un largo periodo de tiempo en el que la congregación ha oído predicar sobre el liderazgo bíblico de los ancianos, ha sido animada a identificar a los hombres dotados para esta tarea, ha orado por aquellos hombres mientras recibían formación y se sometían a exámenes, y ha votado para llamar y ordenar a hombres concretos para el cargo de anciano. Hemos estudiado y orado; esperado y orado; y esperado y orado un poco más. 

 El servicio de ordenación, entonces, es tanto la cima como la celebración. Traemos platos de galletas y otros alimentos para después celebrar. Damos la bienvenida a los miembros de otras iglesias cercanas que han venido a regocijarse con nosotros. Nos sentamos felizmente, no en nuestros sitios habituales, sino en cualquier lugar donde podamos encontrar un asiento en la iglesia llena. 

 Cantamos y escuchamos la lectura de las Escrituras y la predicación. El hombre que ha sido llamado como anciano toma ciertos votos y la congregación, responde en votación también: prometiendo someterse voluntariamente a su liderazgo nombrado por Cristo en la iglesia. Y entonces, mientras el nuevo anciano se arrodilla frente a la iglesia, todos los ancianos ponen sus manos sobre sus hombros y oran por él.  

 En el futuro, este hombre estará orando por la iglesia local cientos y miles de veces en reuniones de ancianos, visitando en las casas, desde el púlpito, y antes de empezar el culto los domingos temprano en la mañana. Sin embargo, su trabajo como anciano comienza cuando la iglesia ora por él, pidiendo al Señor que pastoree su alma y dando gracias a Cristo por Su buen regalo. 

El gran Pastor otorga Sub-pastores

 Mateo nos dice que durante Su ministerio terrenal, Jesús viajó predicando en varias comunidades y curando a los enfermos de manera milagrosa. Rodeado de grandes multitudes de personas, Jesús “tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36). El gran Pastor miró al rebaño angustiado y se conmovió. 

 La preocupación de Cristo por Sus ovejas lo llevó a hacer dos cosas. En primer lugar, exhortó a Sus discípulos a orar por más sub-pastores (9:38) y en segundo lugar, envió a Sus discípulos como sub-pastores para rescatar a “las ovejas perdidas” en los pueblos y aldeas, predicando la Palabra y haciendo el bien a sus almas (10:1-11). 

 En nuestras iglesias de hoy estamos recibiendo la respuesta a la oración obediente del discípulo hace dos mil años. Cuando domingo tras domingo tus ancianos se paran en el púlpito y te predican la Palabra de Dios es porque el Señor Jesús ha tenido compasión de ti. 

Los pastores son un buen regalo

 En ningún otro lado es más clara la bondad de Cristo al darnos ancianos que en Efesios 4: 8-13:  

 “Por lo cual dice: 

 Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,  

Y dio dones a los hombres.  

 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” 

En este pasaje aprendemos lo que Cristo hizo después de Su resurrección y ascensión al cielo. No es sorprendente que el buen Pastor no dejara de pastorear por el simple hecho de que ya no estaba físicamente presente con el rebaño. En Su ausencia, les dio “los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y los maestros” (v. 11). 

Fíjate en cómo se describen estos hombres: un regalo de Cristo. No importa cuán comunes parezcan tus ancianos, en en realidad son un  regalo perfecto elegido, por Cristo para tí. Cuando eres ministrado por tus ancianos recibes el ministerio del mismo Cristo.  

Nota también la abundancia de este don: Cristo dio “pastores y maestros”, en plural. Mientras que Cristo se describe a sí mismo como “un solo Pastor” (Juan 10:16), sus sub-pastores son muchos. Esta pluralidad compensa la debilidad humana de los ancianos, protege a las ovejas de cualquiera de sus pecados egoístas y aporta sus diversos dones para beneficio del cuerpo de Cristo.  

Los pastores exhiben el Reino de Cristo

Un rebaño que recibe el cuidado de los pastores tiene efectos que van más allá de las paredes de la iglesia. Cuando somos pastoreados por  nuestros ancianos y nos sometemos a su autoridad, mostramos al mundo la realidad actual del reino de Jesús. 

En este mismo momento, Jesús está sentado en el Trono de los cielos gobernando e intercediendo por Su pueblo. En la iglesia local esta verdad invisible se hace visible. Nuestros amigos y vecinos incrédulos no saben cómo es el reino eterno de Cristo; ninguno, hasta que la iglesia local se reúne. 

Aunque el reino de Cristo es invisible, la obra de Sus sub pastores no lo es. Cuando el pueblo de Dios se somete de manera voluntaria y con alegría al amoroso liderazgo de nuestros ancianos, damos testimonio público de la gran realidad del reino de Cristo. 

Aún más, la presencia de los ancianos anima nuestros propios corazones. ¿Miras a veces el mundo que te rodea, su baja condición de pobreza, racismo, falsa religión, conflictos,  injusticias, trastornos, y te preguntas si Cristo está reinando de forma real y verdadera? Anímate. Tus ancianos están en Su Iglesia como un antídoto para tus dudas. Estos hombres han sido delegados por Cristo para erradicar aquellos males del rebaño y promover la pureza y la paz entre las ovejas. Su gobierno terrenal te asegura el gobierno celestial de Cristo. Así como Sus ancianos se reúnen temprano los domingos por la mañana para orar por tu alma, el Rey Jesús está de continuo intercediendo por ti. Así como tus ancianos usan la Palabra para animar y exhortar a tu iglesia local, el Rey Jesús está gobernando su reino con el mismo estándar. 

El mundo entero no se revelará como sujeto a Cristo hasta el último día, pero el trabajo de los pastores en la iglesia local apunta a la verdad y la bondad del ilimitado reinado de Cristo. 

En mi iglesia, cada servicio de ordenación termina con abrazos. Primero, los ancianos actuales dan la bienvenida al recién anciano ordenado con sonrisas y lágrimas y después del resto de la congregación. Nos dirigimos hacia el frente de la iglesia con nuestras propias sonrisas y lágrimas. Alcanzamos a nuestro nuevo anciano con un afecto de corazón abierto, y, uno a uno, envolvemos el regalo de Cristo en nuestros brazos. 

Megan Hill

Megan HillMegan Hill es la autora de tres libros, incluyendo A Place to Belong: Learning to Love the Local Church [Un Lugar para Pertenecer: Aprendiendo a amar a la iglesia local], que se publicó en mayo de 2020. Esposa e hija de un pastor, es editora de The Gospel Coalition y vive en Massachusetts, donde pertenece a West Springfield Covenant Community Church.

La Verdadera Iglesia

Evangelio Blog

Por J.C. Ryle

Yo deseo que pertenezcas a la única Iglesia Verdadera: a la Iglesia fuera de la cual no hay salvación. No pregunto a dónde asistes los domingos sino pregunto si ‘¿Perteneces a la única Iglesia Verdadera?” 

¿Dónde se encuentra esta única Iglesia verdadera? ¿Cómo es esta Iglesia? ¿Cuáles son las características por las cuales se puede reconocer esta única Iglesia verdadera? Quizás me hagas tales preguntas. Escucha bien y te daré algunas respuestas al respecto. 

La única Iglesia verdadera se compone de todos los creyentes del Señor Jesús. Se compone de todos los elegidos de Dios -de todos los hombres y mujeres convertidos -de todos los cristianos verdaderos. A cualquier persona que se le manifiesta la elección de Dios el Padre, la sangre vertida de Dios el Hijo, la obra santificadora de Dios el Espíritu, lo consideramos como un miembro de la Iglesia verdadera de Cristo. 

Es una Iglesia en la cual todos los miembros poseen las mismas características. Todos son nacidos del Espíritu; todos poseen “un arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo,” y santidad de vida y conversación. Todos odian el pecado y todos aman a Cristo. Adoran en diferentes maneras; algunos adoran con una forma de oración, y otros sin ninguna; otros adoran hincados y otros en pie; pero todos adoran con un sólo corazón. Todos son guiados por un mismo Espíritu; todos edifican sobre el mismo cimiento; todos derivan su religión de un sólo libro la Biblia. Todos están unidos a un mismo eje-Jesucristo. Todos aun ahora pueden decir con un corazón, “Aleluya;” y todos pueden responder con un corazón y una sola voz, “Amén y Amen. 

Es una Iglesia que no depende de ningún ministro aquí en la tierra, aunque sí estima mucho a aquellos que predican el evangelio a sus miembros. La vida de sus miembros no depende de la membresía oficial de la Iglesia, ni del bautismo ni de la cena del Señor aunque también estiman mucho estas cosas cuando, se pueden practicar. Pero sólo posee un Líder Supremo un Pastor, un obispo principal -y ese es, Jesucristo. Sólo Él, por medio de su Espíritu, da la entrada a los miembros de esta Iglesia, aunque los ministros les pueden indicar la entrada. Hasta que Él abra la puerta ningún hombre en la tierra la puede abrir-ni obispos, ni presbíteros, ni convocaciones, ni sínodos. Una vez que un hombre se arrepiente y cree en el evangelio, se convierte en ese momento en un miembro de esta Iglesia. Es posible que como el ladrón penitente no tenga la oportunidad de bautizarse, pero él sí tiene aquello que es mucho mejor que el bautismo en el agua eI bautismo del Espíritu. Puede ser que no pueda recibir el pan y el vino en la Cena del Señor; pero él come del cuerpo de Cristo y bebe de la sangre de Cristo todos los días de su vida, y ningún ministro en la tierra se lo puede impedir. Puede ser excomulgado por hombres ordenados y cortado de las ordenanzas externas de la Iglesia protestante: pero ni todos los hombres ordenados en el mundo lo pueden sacar de la única verdadera Iglesia. 

Es una Iglesia cuya existencia no depende de formas, ceremonias, catedrales, iglesias, capillas, púlpitos, bautismales, vestimentas, órganos, fundaciones, dinero, reyes, gobiernos, magistrados ni de ningún favor de parte del hombre. Muchas veces ha sobrevivido y continuado cuando todas estas cosas le han sido quitadas. Muchas veces se ha escapado de aquellos que debían de ser sus amigos al desierto y a las cuevas en la tierra. Su existencia no depende de nada sino la presencia de Cristo y de su Espíritu; y como éstos estarán siempre con ella, la Iglesia no puede morir. 

Esta es la Iglesia a la cual pertenecen los títulos bíblicos de honra y privilegio presentes, y sus promesas de gloria futura; éste es el cuerpo de Cristo; éste es el rebaño de Cristo; ésta es la casa de fe y la familia de Dios; éste es el edificio dc Dios, el cimiento de Dios, y el templo del Espíritu Santo. Esta es la Iglesia de los primogénitos, cuyos nombres están escritos en el cielo; éste es el sacerdocio real, la generación escogida, el pueblo escogido, la posesión adquirida, la habitación de Dios, la luz del mundo, la sal y el trigo de la tierra; ésta es “la santa Iglesia Católica” del Credo de los Apóstoles; ésta es la “única Iglesia Católica y Apostólica” de Credo de Nicea; esta es la Iglesia a la cual Cristo prometió que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella,” 5 y a la cual dice, “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 16:18; 28:) 

Esta es la única Iglesia que posee una verdadera unidad Sus miembros están completamente de acuerdo respecto a los asuntos más importantes de la religión, porque todos son enseñados por un mismo Espíritu. En cuanto a Dios, a Cristo, el Espíritu, al pecado, a sus propios corazones, a la fe, al arrepentimiento, a la necesidad de la santidad, al valor de la Biblia, a la importancia de la oración, a la resurrección y al juicio venidero están de acuerdo. Escoge a tres o a cuatro de ellos, sin conocerse, de las regiones más aisladas de la tierra y examínalos individualmente sobre estos puntos y verás que serán de un mismo corazón. 

Esta es la única Iglesia que posee la verdadera santidad. Todos sus miembros son santos. No sólo son santos en palabra, en nombre o en el sentido de caridad; todos son santos en acto y hecho, en realidad, en su vida diaria y en la verdad. Todos están más o menos conforrnados a la imágen de Jesucristo. Ningún hombre impío pertenece a esta Iglesia. 

Esta es la única Iglesia que es verdaderamente católica. No es la Iglesia nacional de alguna nación o raza: sus miembros se encuentran en cada región del mundo donde el evangelio es recibido y creído. No está limitada a las fronteras de cierto país ni encerrada dentro de la estructura de formas particulares ni de un gobierno externo. En ella no hay diferencia entre judío o griego, negro o blanco, piscopaliano o Presbiteriano pero la fe en Cristo es todos. Sus miembros serán juntados del norte, del sur, y del oriente y del occidente, y todos tendrán dife rentes nombres y lenguas-pero todos serán uno en Jesucristo. 

Esta es la única Iglesia que es verdaderamente apostólica. Está edificada sobre los cimientos echados por los Apóstoles, y sostiene las doctrinas que ellos predicaban. Las dos metas que sus miembros; procuran realizar son, la fe y la práctica apostólicas; y ellos consideran que el hombre que sólo habla de seguir a los apóstoles sin poseer estas cosas, no es mejor que un metal que resuena o címbalo que retiñe. 

Esta es la única Iglesia que con certeza perdurará hasta el final. Nada puede vencerla o destruirla del todo. Sus miembros pueden ser perseguidos, oprimidos, encarcelados, golpeados, decapitados, y quemados, pero la verdadera Iglesia nunca es eliminada; vuelve a surgir nuevamente de sus aflicciones sobrevive el fuego y el agua. Cuando la aplastan en un país brota en otro. Los Faraones, los Herodes, los Neros, las Marías sangrientas, han luchado por eliminar esta Iglesia; ellos matan sus miles y luego se mueren y van a su lugar. La verdadera Iglesia dura más que todos ellos, y es testigo de la muerte de éstos. Es un yunque que ha quebrado muchos martillos en este mundo, y aún seguirá quebrando más. Es una zarza que arde muchas veces pero no se consume. 

Esta es la única Iglesia de la cual ningún miembro perecerá. Una vez que uno se matricula en’ esta Iglesia, sus pecados están perdonados por la eternidad; nunca son echados fuera. La elección de Dios el Padre, la intercesión continua de Dios el Hijo, la renovación diaria y el poder santificador de Dios el Espíritu Santo, los rodea y los encierra como en un jardín. Ningun hueso del cuerpo místico de Cristo será roto; ningún cordero del rebaño de Cristo le será arrebatado de la mano. 

Esta es la Iglesia que desempeña el trabajo de Cristo en la tierra. Sus miembros son un pequeño rebaño y pocos en número, comparados con los hijos del mundo: uno cuantos aquí, otros tantos allá-unos cuantos en esta parroquia y otros tantos allá. Pero estos son los que sacuden el universo; éstos son los que cambian el destino de gobiernos con sus oraciones; éstos son los que son los obreros activos para difundir el conocimiento de la religión pura y sin mácula; éstos son los que son la misma vida de un país, el escudo, la defensa, la resistencia y el apoyo de cualquier nación a la cual pertenecen. 

Esta es la Iglesia que será verdaderamente gloriosa al final Cuando toda la gloria terrenal se termine entonces esta Iglesia será presentada sin mancha delante del trono de Dios el Padre. Los tronos, los principados, y los poderes en la tierra llegarán a la nada todos los dignatarios, los oficios y las fundaciones pasarán; pero la Iglesia de los primogénitos brillará como las estrellas al fin y será presentada con gozo delante del trono del Padre en el día de la apariencia de Cristo. Cuando las joyas del Señor se preparen y suceda la manifestación de los Hijos de Dios, no se mencionarán el Episcopalianismo ni el Presbiterianismo ni el Congregacionalismo sino una sola Iglesia y ésa será la Iglesia de los elegidos. 

Lector, esta es la iglesia verdadera a la cual uno necesita pertenecer si has de ser salvo. Hasta que pertenezcas a ésta no eres nada mas que un alma perdida. Puedes tener la forma, la cáscara, la piel y la semblanza de la religión pero no posees la substancia y la vida. Sí, puedes gozar de muchos privilegios y puede ser que estés dotado con mucha luz y conocimiento pero sino perteneces al Cuerpo de Cristo, tu luz y tu conocimiento y privilegios no salvarán tu alma. ¡Ay, cómo hay ignorancia sobre este punto! Los hombres se imaginan que si se unen a esta iglesia o a aquella y se convierten en miembros y hacen ciertos ritos que sus almas están bien. Es un engaño total y es un error muy grave. No todos aquellos que se Ilamaban Israel eran de Israel, ni tampoco todos aquellos que profesan ser cristianos son miembros del cuerpo de Cristo. 

Nota bien; puede ser que seas Episcopaliano, Presbiteriano Independiente, Bautista, Metodista o Pentecostal y aún un pertenecer a la iglesia verdadera. Y si no perteneces, al final seria mejor que no hubieras nacido. 

J.C. Ryle

Obispo de Liverpool

Nuestro bien es el deleite de Dios

Octubre 08/2021

Solid Joys en Español

Nuestro bien es el deleite de Dios

John Piper

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Ahora

Viernes 8 Octubre

Nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.Romanos 5:11

Ahora

“Ahora” es un adverbio muy común que indica el momento presente o la época actual. No designa una esperanza, una promesa para el futuro, sino la seguridad de una cosa que ya poseemos. Cuando un niño dice: “Ahora tengo mi regalo”, se alegra y lo sostiene fuerte con sus manos. De igual manera, cada cristiano puede apropiarse gozoso estas tres certezas, tres “ahora” de la Biblia.

 – “Vosotros… que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:10). No tengo que esperar la misericordia de Dios. Él me perdonó porque su Hijo pagó mi deuda; solo tengo que aceptar ese favor inmerecido. Actuar de otro modo sería ofenderlo.

 – “Amados, ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:2). Dios me adoptó y me llama su hijo. Yo, que era una criatura contaminada por el pecado y sin relación con Dios, ahora tengo una relación filial con él. ¡Después de mi muerte no me espera un juez, sino un Padre que me abre su casa!

 – “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Lamentablemente, como creyente en Cristo, puedo volver a pecar. Esto ocurre fácilmente, y mi conciencia está incómoda. Satanás aprovecha para sembrar la duda en mi mente: ¿Soy realmente salvo? Este versículo me tranquiliza: Dios es justo, él ya solucionó la cuestión de ese pecado con su Hijo. No es posible que pierda esa salvación pagada tan cara por mi Salvador. Lo que tengo que hacer, en tal caso, es confesar esa falta, ese pecado al Señor y pedirle restaurarme en su comunión.

Esdras 4 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29

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Yo soy

Jueves 7 Octubre

(Jesús dijo:) Yo soy la luz del mundo.Juan 8:12

Antes que Abraham fuese, yo soy.Juan 8:58

Yo soy

Todo lo que Dios es habitaba corporalmente en Jesús. Por ello, a menudo, en el evangelio de Juan, Jesús se presenta con las palabras: “Yo soy”. En el original griego esta expresión refleja un presente perpetuo. Dios estaba en este hombre: el Hijo del Hombre, Dios cercano a nosotros.

Cuando sus discípulos estaban asustados debido a una gran tempestad, Jesús les dijo: “Yo soy; no temáis” (Juan 6:20). Y cuando lo recibieron en su barca, se tranquilizaron.

A unos contradictores que lo interrogaban, les dijo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Para ellos, Jesús blasfemaba, pues la expresión “Yo soy” les recordaba cómo Dios se había revelado a Moisés: “Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros” (Éxodo 3:14). Y Juan añade: “Tomaron entonces piedras para arrojárselas” (Juan 8:59).

El Hijo de Dios entre los hombres, el eterno “Yo soy”, no podía dejarlos indiferentes. Jesús les dijo también: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Muchos temían esta presencia del Hijo del Hombre. Lo rechazaron y lo clavaron en una cruz. Si por un lado unas manos inicuas clavaron al Hijo de Dios en el madero, por otro lado “Yo soy”, abandonando todos sus derechos, lo aceptó porque era la voluntad de su Padre. Su amor infinito lo condujo hasta allí para llevar el castigo de nuestros pecados. Ahora, resucitado, eternamente vivo, puede salvar a todos los que le reciben, y les da la paz.

Esdras 3 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27

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Una decisión aplazada

Miércoles 6 Octubre

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos. Eclesiastés 12:1

Una decisión aplazada

En la vida de Alberto, un joven lleno de vida, todo iba bien. Sus amigos apreciaban su energía y su seriedad. Aparentemente tenía un futuro prometedor. Cuando era niño había asistido al club bíblico y había oído, memorizado e incluso cantado muchos pasajes de la Biblia. Sabía que Jesucristo había muerto en la cruz para salvar del juicio eterno a pecadores como él. Confesar su estado personalmente a Dios lo hubiese comprometido. Por ello prefería buscar excusas: todavía tengo tiempo, soy joven, la religión es para las personas mayores.

Un día uno de sus amigos le preguntó:

 – Si mueres, ¿a dónde irás?

 – Iré al infierno… no he confesado mis pecados a Dios.

 – Pero tú sabes que basta arrepentirse para ser perdonado. ¿No te asusta tu situación?

 – Claro que sí, pero tengo mucho tiempo por delante. Ahora estoy muy ocupado…

 – ¡Debes reflexionar seriamente!

Un año después, durante las vacaciones, mientras paseaba en la montaña, resbaló: su caída fue mortal.

El “mucho tiempo” se redujo a escasos segundos. Segundos de pánico… ¿Tuvo tiempo para clamar a Dios y decirle: Jesús, pequé, sálvame? ¿Dónde estará Alberto en la eternidad? ¿En el paraíso o en el infierno? ¡Solo Dios lo sabe!

Usted, querido lector, que siempre aplaza la decisión más importante de la vida, preste atención: ¡aún hoy puede entregar su vida a Jesús! Él murió por usted y le tiende la mano una vez más; ahora lo hace mediante este mensaje. ¡Arrepiéntase y crea en él para ser salvo eternamente!

Esdras 2 – Juan 1:29-51 – Salmo 111:6-10 – Proverbios 24:23-26

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La violencia en los medios de comunicació

Martes 5 Octubre

No matarás.Éxodo 20:13

He visto violencia y rencilla en la ciudad.Salmo 55:9

Líbrame, oh Señor, del hombre malo; guárdame de hombres violentos.Salmo 140:1

La violencia en los medios de comunicación

El asesinato es castigado por las instancias judiciales de todos los países según el mandamiento dado por Dios: “No matarás”.

Sin embargo, las películas, las series, las novelas o los juegos de video tratan el asesinato como un tema más de distracción y de suspenso. Es preciso hacerse esta pregunta: ¿Qué es más importante, lo sensacional o el mandamiento de Dios? ¿La emoción y las sensaciones fuertes, o los criterios divinos?

Muchas personas tratan de acallar su conciencia respecto a esta forma de trivializar la violencia diciéndose o diciendo a los demás: solo es obra de ficción, no tiene nada que ver con la realidad. Sin embargo, hay ejemplos de crímenes horribles que se desarrollaron exactamente como en las películas. El cristiano, ¿puede ver con una buena conciencia escenas de crimen cuando Dios le dice: “No matarás”? ¡Qué fuerte impacto negativo tendrán sobre él! Por cierto, hay interacción entre lo que vemos, lo que sentimos y lo que hacemos.

El Señor Jesús relaciona estas dos cosas: “La lámpara del cuerpo es el ojo”, es decir, nuestra mente está influenciada por lo que vemos. Y “si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas” (Mateo 6:22-23). El que se divierte viendo escenas violentas o inmorales corre el riesgo de perder muy rápido las referencias morales que Dios fijó. Sepamos huir de todo lo que contamina nuestra mente, sean libros, espectáculos o diferentes medios de comunicación. ¡No dejemos que nuestra conciencia se endurezca!

Esdras 1 – Juan 1:1-28 – Salmo 111:1-5 – Proverbios 24:21-22

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