Los necios no saben ser diligentes

Por Pepe Mendoza

Todo hombre prudente obra
con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad
(Pr 13:16).

Un aparato electrónico nuevo viene acompañado de dos pequeños pero voluminosos folletos a los que les prestamos poca atención. Ambos están escritos en muchos idiomas y, a decir verdad, con una letra minúscula difícil de leer. Uno de ellos es la garantía del producto, escrita con una fraseología legal casi cuneiforme, que parece importante para el fabricante pero poco o nada para el consumidor. El otro librito es el manual de operación. Uno debe buscar su idioma y luego se supondría que deberíamos darle una leída exhaustiva no solo para saber operar el dispositivo, sino también para sacarle el máximo provecho. Sin embargo, seamos sinceros: la emoción nos gana. Después de abanicar un par de páginas, preferimos operar el gadget usando el famoso «sentido común intuitivo» y el conocido «un amigo tiene uno parecido…».

Podría decir, con un mínimo margen de error, que una de las formas más seguras para poder diferenciar un sabio de un necio es si lee o no lee el manual del fabricante. Tengo que confesar que a veces he dañado equipos o tenido que desarmar un mueble por completo (porque lo armé al revés), y son infinitas las veces que he utilizado equipos sin conocer todas sus ventajas… todo por no leer el manual. Todo por no ser prudente y obrar sin conocimiento. Todo por ostentar con creces mi necedad.

Hace muchos años memoricé una frase que no es bíblica, pero es muy cierta: «Lo que el necio hace al final, el sabio lo hace al principio». Tómate un minuto para pensar en esas palabras. ¿Por qué el necio termina haciendo lo que ya el sabio hizo desde el principio? La razón es muy sencilla y tiene que ver con el conocimiento. Mientras que el necio se atreve a caminar por la vida «ensayando» posibilidades, el sabio va a lo seguro porque sabe lo que hay que hacer. Esto me lleva a asegurar que las cosas solo se pueden hacer de manera sabia porque nada saca uno atornillando al revés, como dicen en algunos países. Llegará el momento en que habrá que hacerlo como se debe hacer.

Podré cansarme de tratar de hacer las cosas a mi modo, una y mil veces, pero tarde o temprano tendré que rendirme y hacerlas según las directrices del manual de funcionamiento. Es probable que el sabio ya esté en otra cosa productiva desde hace mucho tiempo, mientras que el necio ha gastado tiempo, esfuerzo y hasta dinero para que al final haga lo que el sabio hizo al principio.

La necedad, es decir, esa terquedad que hace que no haga lo que tenga que hacer (aunque lo sepa), muchas veces va unida a la pereza. La sabiduría, por el contrario, se acompaña de la prudencia y la diligencia, que son el cuidado sensato y entendido al realizar una tarea con presteza. Por eso el maestro de sabiduría dice: «El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue, sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha» (Pr 13:4).

Me generó mucha curiosidad el uso de la palabra «alma» en el pasaje anterior. Esta palabra expresa el ser interior, la persona misma, el yo, pero también involucra aquello que está en la esencia de lo que eres como ser humano. En ese sentido, el pasaje nos dice que el alma de un necio tiene muchos deseos, antojos o anhelos que nunca llega a satisfacer por su pereza. Pero no solo son incumplidos por la pereza, sino también porque son imposibles de alcanzar al estar realmente fuera de la realidad. Un necio desea imposibles como, por ejemplo, aprobar un examen sin haber estudiado o ganar una maratón luego de entrenar solo por dos días. Ambas cosas son loables y deseables, pero son deseos necios mientras no van acompañados por la diligencia que obliga a estudiar o a entrenar para lograr el objetivo anhelado. 

Una vez escuché decir que los cementerios están llenos de genios de la música, de las artes, el deporte y las ciencias que no lograron serlo porque se quedaron solo como promesas. No se comprometieron en desarrollar con esfuerzo su talento natural y así adquirir destreza y conocimiento mientras vivían. Al final, un sabio «obra con conocimiento» y produce fruto, mientras que el necio solo hará gala de una grandeza que es solo deseo subjetivo que se evapora al toparse con la realidad.

El sabio es aquella persona que, como dijo Jesús, «oye la palabra y la entiende» (Mt 13:23a). Nuestra primera responsabilidad es huir de la necedad ignorante a la sabiduría que surge de la obediencia a la Palabra de Dios porque, «El que desprecia la palabra pagará por ello, pero el que teme el mandamiento será recompensado» (Pr 13:13). Una vida sabia no es una vida llena de deseos incumplidos, sino una vida esforzada y entendida, transformada por la obra de Cristo. Una vida llena de logros para la gloria de Dios porque, «sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta por uno» (Mt 13:23b).

​José «Pepe» Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en Twitter.

José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no lo conocieron – Génesis 42:8

Esta mañana, en Lecturas matutinas, hemos deseado que el conocimiento que tenemos del Señor Jesús experimente un crecimiento; es bueno, pues, que esta noche consideremos un asunto el cual tiene afinidad con el tema de esta mañana: es decir, el conocimiento que nuestro celestial José tiene de nosotros. El conocimiento que Jesús tiene de nosotros era perfecto mucho antes de que nosotros tuviésemos el más insignificante conocimiento suyo.

Antes que estuviésemos en el mundo, ya estábamos en su corazón. Cuando éramos sus enemigos, él nos conoció y conoció también nuestra miseria, nuestra insensatez y nuestra maldad. Cuando llorábamos amargamente en desesperado arrepentimiento, y lo veíamos solo como un juez, él nos miraba como a hermanos bien amados y sus entrañas suspiraban por nosotros. Él nunca desconoció a sus escogidos, sino que siempre los consideró como objetos de su infinito afecto: «Conoce el Señor a los que son suyos».

Esto es tan cierto en cuanto a los pródigos que apacientan los cerdos como acerca de los hijos que se sientan a la mesa. Pero, ¡ay!, nosotros no conocimos a nuestro Hermano real, y en esta ignorancia se originaron un sinfín de pecados. Le negamos nuestros corazones y no le permitimos entrar en nuestro amor. Desconfiamos de él, y no dimos crédito a sus palabras. Nos rebelamos contra él y no le rendimos ningún homenaje de amor. El Sol de Justicia brilló y nosotros no pudimos verlo.

El Cielo descendió a la tierra y la tierra no lo advirtió. Gracias a Dios, esos días han pasado para nosotros; sin embargo, aun ahora, conocemos muy poco a Jesús en comparación con el conocimiento que él tiene de nosotros. Solo hemos empezado a conocerlo, pero él nos conoce enteramente. Es una ventaja que la ignorancia no esté de su lado, pues eso sería desesperanzador para nosotros.

Él no nos dirá: «Nunca os conocí»; sino que confesará nuestros nombres en el día de su Venida y, mientras tanto, se manifestará a nosotros como no se manifiesta al mundo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 12). Editorial Peregrino.

Conflictos públicos en la iglesia

Por Eric Landry 

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Conflicto en la iglesia

¿Imaginas el malestar que sintió la gente en Antioquía cuando Pablo confrontó a Pedro, según se describe en Gálatas 2? Probablemente recuerdas la historia: hombres de Jerusalén habían venido a la iglesia en Antioquía. Su visita creó una división. En lugar de que judíos y gentiles adoraran juntos y tuvieran comunión libremente, algunos de los judíos (incluso Pedro y Bernabé) se apartaron de los gentiles. Pablo dijo a los gálatas que había confrontado a Pedro «delante de todos» (v. 14). ¿Fue durante una comida o inmediatamente después de una oración? ¿Atrapó Pablo a Pedro en el patio o lo denunció en medio de un sermón?

Aunque no sabemos las respuestas a estas preguntas, puedes preguntarte si fue un error que Pablo confrontara a Pedro de esta manera. ¿No debió haber seguido los pasos indicados en Mateo 18? No, Gálatas 2 y pasajes como Hechos 5 y Filipenses 4 demuestran que hay momentos en los que una confrontación pública del pecado y el error es necesaria para la salud y el bienestar de la iglesia.

Pablo confrontó a Pedro pública e inmediatamente cuando fue testigo de pecado público. Al apartarse de los gentiles, Pedro había actuado de una manera que negaba el evangelio. Pablo no dudó en condenar a Pedro públicamente porque el pecado fue público. Este mismo principio se demuestra en Hechos 5, donde Pedro confronta a Ananías y Safira por mentir al Espíritu Santo al no declarar que se habían quedado con una parte de las ganancias del terreno que habían vendido para dar a la iglesia. Su pecado fue público, y por lo tanto, la condena del pecado fue pública. El mismo principio se ve en Filipenses 4:2, donde Pablo «ruega» a Evodia y Síntique «que vivan en armonía en el Señor». Aunque no sabemos qué fracturó la relación de estas dos hermanas, su desacuerdo fue público y, por tanto, la confrontación de Pablo del pecado —aunque menos enérgica que la que aparece en Gálatas 2 o Hechos 5— también es pública. El principio que se expone en cada uno de estos pasajes es que la confrontación pública del pecado y el error es necesaria para corregir el pecado y el error público.

Otro principio que podemos derivar de estos textos es que la confrontación pública del pecado y el error se hace en el contexto de la iglesia local. Por desgracia, vivimos en una época de «Pablos» autoproclamados que vagan por la Internet en busca de «Pedros» a quienes denunciar. Podemos sentirnos tentados a recurrir a Gálatas 2 para justificar que tomemos los tridentes electrónicos a fin de perseguir a los villanos teológicos. Sin embargo, el principio de Gálatas 2, Hechos 5 y Filipenses 4 es que tal confrontación pertenece al contexto de la iglesia local, donde se experimenta el pecado y el error y donde al pecador puede perdírsele que rinda cuentas.

Un tercer principio está implícito en estos pasajes. No hay muchos ejemplos de este tipo de confrontación pública del pecado y el error públicos, pero los que tenemos abordan graves amenazas para la iglesia. La conducta de Pedro no era conforme al evangelio. El pecado de Ananías y Safira amenazaba la existencia misma de la iglesia, como el pecado de Acán después de que Israel cruzara a la tierra prometida (Jos 7). La fractura entre Evodia y Síntique amenazaba la unidad de esa iglesia. El hecho de que haya pocos ejemplos de este tipo de reprensión pública nos indica que no todos los errores —ni siquiera todos los errores públicos— deben ser confrontados públicamente. Pero cuando un pecado o error público amenaza la existencia misma de la iglesia, o incluso el evangelio mismo, puede ser necesaria una reprensión pública.

En 1553, estalló una disputa en Ginebra sobre quién tenía la autoridad para excomulgar. El gobierno de la ciudad quería que Philibert Berthelier fuera readmitido para tomar la Cena del Señor. Berthelier, opositor a Juan Calvino y abogado del hereje Miguel Serveto, había sido excomulgado por rebelión. El día en que debía celebrarse la Cena del Señor, Berthelier y sus amigos abarrotaron la iglesia de St. Pierre y se sentaron en primera fila. Sin embargo, Calvino se negó a servir la comunión a los «aborrecedores de los misterios sagrados». Dijo: «Pueden aplastar estas manos; pueden cortar estos brazos; pueden quitarme la vida; mi sangre es de ustedes, pueden derramarla; pero nunca me obligarán a dar cosas sagradas a los profanos, ni a deshonrar la mesa de mi Dios». Tal audacia es necesaria ante el pecado y el error público. Que Dios dé a Sus ministros el valor de tomar tales medidas para proteger la pureza y la paz de la iglesia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Eric Landry
El reverendo Eric Landry es pastor de la Redeemer Presbyterian Church (Austin, Texas) y editor ejecutivo del Modern Reformation.

Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus veredas – Lucas 3:4

La voz del que clama en el desierto pide un camino para el Señor, un camino preparado y un camino preparado en el desierto. Yo deseo atender la proclama del Maestro y proporcionarle un camino en mi corazón: un camino obra de la gracia a lo largo del desierto de mi carácter. Las cuatro indicaciones del texto merecen mi sincera atención. «Todo valle se rellenará». Los pensamientos bajos y rastreros acerca de Dios deben abandonarse; hay que remover la duda y la desesperación y olvidar los deleites carnales.

De una a otra parte de estos profundos valles tiene que construirse una calzada de gracia. «Se bajará todo monte y collado». Deben derribarse la presunción altiva y la arrogante justicia propia para hacer un camino real para el Rey de reyes. A los pecadores altivos y orgullosos nunca se les concede la comunión divina. El Señor atiende al humilde y visita al contrito de corazón, pero el altivo le es abominación.

Alma mía, pide al Espíritu Santo que te ponga en orden acerca de este particular. «Los caminos torcidos serán enderezados». Es menester que el corazón vacilante tenga trazado un camino de decisión por Dios y de santidad. Los hombres indecisos son extraños al Dios de verdad. Alma mía, procura ser sincera y veraz en todas las cosas: como en la presencia de Dios, que escudriña los corazones. «Los caminos ásperos [serán] allanados». Tienen que quitarse los estorbos del pecado y desarraigarse las espinas de la rebelión: tan sublime visitante no debe encontrar caminos encenagados ni lugares pedregosos, cuando venga a glorificar a los suyos con su séquito.

¡Oh, que esta noche halle el Señor en mi corazón un camino real por el cual pueda efectuar su marcha triunfante desde el principio hasta el final de este año!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 11). Editorial Peregrino.

Seis Características De Los Pastores Que Usted Necesita Evitar

Seis Características De Los Pastores Que Usted Necesita Evitar
Por Adriel Sánchez

No todos los que se identifican como pastores o maestros religiosos deben ser escuchados. Pedro advirtió a los creyentes en su día: «Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró….». (2 Pedro 2:1) La iglesia de hoy necesita pastores que representen fielmente a Jesús en su predicación y estilo de vida. Si te sientas bajo este tipo de ministerio, da gracias a Dios. Si usted no está seguro de si lo hace, aquí hay seis características de los pastores que necesita evitar:

  1. Ellos confían más en su intuición y sentimientos personales que en la Palabra de Dios.
    Dios habló por medio del profeta Jeremías, diciendo: » No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan. Ellos os conducen hacia lo vano; os cuentan la visión de su propia fantasía, no de la boca del Señor.» (Jeremías 23:16; véase también Ezequiel 13:3.) Los pastores que desean compartir «lo que hay en su corazón» y «cómo se sienten» cada domingo, pueden acercarse peligrosamente a hablar de las visiones de sus propias mentes. No importa cuán interesante sea la vida personal de su pastor, Dios le ha encargado que proclame la vida de otro, Jesús. Su pastor tiene la aleccionadora tarea de permitirle escuchar la voz de Dios a través del texto de las Escrituras cada domingo. Cuando los pastores pasan más tiempo compartiendo sus pensamientos que el texto, silencian la voz del Cielo. Cualquier pastor que funcionalmente ministra como si sus palabras fueran más importantes que las de Dios, debe ser evitado a toda costa.
  2. Son autoproclamados y no fueron enviados por Dios ni por la iglesia.
    El apóstol Pablo asumió que aquellos llamados por Dios para ministrar en Su favor eran enviados por iglesias locales que habían observado su integridad y fidelidad a la palabra de Dios (1 Ti. 3:1-7). Escribe: «¿Cómo predicarán si no son enviados? (Romanos 10:15). En la Biblia, el llamado de Dios a la vida de un pastor es confirmado por la afirmación externa de los creyentes dentro de la iglesia local. Los maestros religiosos autoproclamados pueden sentirse «llamados por Dios», pero si un cuerpo de creyentes no está afirmando ese llamado, hay un motivo de preocupación. Ordinariamente, Dios llama a personas a través de la iglesia, no aparte de ella. Los autodenominados maestros religiosos pueden caer bajo la categoría de Jeremías 14:14, » Mentira profetizan los profetas en mi nombre. Yo no los he enviado, ni les he dado órdenes, ni les he hablado; visión falsa, adivinación, vanidad y engaño de sus corazones ellos os profetizan.» (Véase también Jeremías 23:21).
  3. No hablan del pecado o lo tratan a la ligera.
    A lo largo de toda la Biblia, este es uno de los identificadores clave de un falso maestro. Su pastor puede tener una gran sonrisa y ser muy alentador, pero si tiene miedo de hablar del pecado, es un pobre pastor. Esta fue la principal contención de Dios con los profetas en los días de Jeremías. » Y curan a la ligera el quebranto de mi pueblo, diciendo: “Paz, paz”, pero no hay paz. ¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun han sabido ruborizarse.” (Jeremías 6:14-15)

Hay dos maneras en que he observado que el pecado es tomado a la ligera en la iglesia hoy. Primero, está el intento de algunos pastores de comprometerse con el mundo exterior al tener una visión suave del pecado. La iglesia en este caso no sólo da la bienvenida a los pecadores sino también al pecado. El estilo de vida de una persona, sea o no contrario a la palabra de Dios, es aceptado, e independientemente de cómo viva, es tratado como un miembro con buena reputación en la iglesia. El mantra repetido es: «Dios es amor» y «¿Quién soy yo para juzgar?». Esto es atractivo en nuestra sociedad pluralista, pero al final sólo dice «¡Paz, paz! Usted encuentra este error en muchas denominaciones principales, así como en las autoproclamadas iglesias cristianas progresistas. La segunda manera en que he visto que el pecado se toma a la ligera es prominente en los círculos cristianos conservadores. Algunos pastores no tienen problema en hablar sobre el pecado de la sociedad en general, pero no están dispuestos a desafiar los pecados internos. Estos ministros señalan con el dedo al mundo exterior y crean una cultura malsana dentro de la iglesia al no confrontar los pecados de sus propias congregaciones. Esta es la manera farisaica de tomar el pecado a la ligera, hacemos una gran cosa del pecado de todos los demás, pero pasamos por alto el pecado dentro de nosotros, y el pecado de aquellos más cercanos a nosotros. Si sus pastores son grandes en confrontar el pecado de todos los demás, pero pasan por alto el pecado en sus propias vidas y en la vida de su congregación, es una receta para el desastre. Los buenos ministros no minimizan el pecado por dentro o por fuera. Ellos dan la bienvenida a la iglesia a los pecadores de todas las razas (porque pueden identificarse con ellos), pero reconocen que el Hijo de Dios se dio a sí mismo para librarnos de nuestros pecados (Gá. 1:4).

  1. Su vida interior no concuerda con su personalidad exterior.
    Jesús fue muy claro en su advertencia: “Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” Los falsos maestros son hipócritas, y aunque pueden pretender ser seguidores de Cristo, en realidad son ministros de Satanás según el apóstol Pablo (2 Co. 11:14-15). Esta característica es difícil de ver porque no podemos observar lo que sucede dentro del corazón de una persona. Jesús continuó, sin embargo: “Por sus frutos los conoceréis….” (Mateo 7:16). En vez de cultivar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), los falsos maestros son sensuales y son conducidos por sus deseos carnales. Pablo dijo: “cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan sólo en las cosas terrenales” (Fil. 3:19) Aunque estas pasiones pecaminosas no siempre son observables de inmediato, con el tiempo a menudo se hacen evidentes y causan gran escándalo a la iglesia de Jesucristo (2 Tim. 3:13).
  2. Su doctrina es novedosa.
    Cuando se trata de enseñar, los pastores deben basarnos en lo que históricamente se conocía como la Regla de Fe (Regula Fidei en latín). Este era el cuerpo de enseñanza que se les confió a los apóstoles. Pablo le dijo a Timoteo: “Retén la norma de las sanas palabras que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús. Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado” (2 Tim. 1:13-14) Los pastores de hoy deben llevar la antigua batuta que Pedro y Pablo tenían en sus manos: la fe entregada de una vez para siempre al pueblo de Dios (Jud. 1:3). Los falsos maestros abandonan la Regla de Fe pública por nuevas «revelaciones» privadas de Dios. Si el ministerio de un pastor está marcado por creencias que contradicen la Regla de Fe, o si son conocidos por tener puntos de vista teológicos sin precedentes, deberíamos estar preocupados. En palabras de Pablo: “Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al[a] que os hemos anunciado, sea anatema.” (Gálatas 1:8)
  3. El enfoque principal de su ministerio no es Jesucristo.
    El enfoque central del ministerio de la Palabra es Cristo y Él crucificado (1 Co. 2:2). Un sello distintivo de los falsos maestros es que se enfocan en casi todo lo demás además de la cruz. Estoy convencido de que Satanás se contenta con apartar los ojos de la iglesia de Jesús de cualquier manera que pueda. Juan advirtió: “En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, del cual habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.” (1 Jn. 4:2-3) ¿Cómo podemos conocer al Espíritu de Dios? Según Juan, el Espíritu de Dios está presente donde la Persona y la obra de Cristo están siendo confesadas. Si el ministerio de un pastor no se trata de Jesús, entonces no vale la pena seguirlo.

Adriel Sanchez

Adriel Sánchez es pastor de North Park Presbyterian Church, una congregación de la Iglesia Presbiteriana de América. Además de sus responsabilidades pastorales, también sirve como un anfitrión del programa de radio Core Christianity. Él y su esposa Ysabel viven en San Diego, California con sus tres hijos.

Tomen los pueblos nuevas fuerzas – Isaías 41:1

Todas las cosas de la tierra necesitan ser renovadas. Ninguna cosa creada puede continuar existiendo por sus propios medios. «Tú renuevas la faz de la tierra», dijo el Salmista. Aun los árboles, que no se consumen de ansiedad ni acortan sus vidas con fatiga, tienen que beber la lluvia caída del cielo y absorber los ocultos tesoros del suelo.

Los cedros del Líbano, que Dios plantó, solo viven porque día tras día se llenan de la fresca savia que extraen de la tierra. Tampoco la vida del hombre puede sostenerse sin ser renovada por Dios. Como es necesario reparar el desgaste del cuerpo con repetidas comidas, también lo es reparar el desgaste del alma, alimentándola con la lectura de la Palabra de Dios, con la predicación del evangelio y con la participación de la Cena del Señor. ¡Cuán deprimidos se hallan nuestros dones cuando descuidamos los medios de gracia! ¡Cuán extenuados están algunos santos que viven sin el diligente uso de la Palabra de Dios y de la oración privada! Si nuestra piedad puede vivir sin Dios, entonces no ha sido creada por Dios: es solo una ilusión. Pues si Dios la hubiese creado, esperaría en él como las flores esperan el rocío.

Sin una constante renovación, no estaremos preparados para hacer frente a los continuos asaltos del Infierno o a las severas aflicciones del Cielo o a nuestras luchas interiores. Cuando el torbellino se desate, ¡ay del árbol que no haya absorbido la savia o se haya asido fuertemente de la roca, entretejiendo en ella sus raíces! Cuando se levanten las tempestades, ¡ay de los marineros que no hayan afirmado su mástil, echado sus anclas o buscado el puerto! Si permitimos que el bien se debilite, sin duda el mal se fortalecerá e intentará desesperadamente lograr el dominio sobre nosotros; a esto quizá siga una penosa desolación y una lamentable desgracia.

Acerquémonos con humildes ruegos al trono de la divina gracia y experimentaremos el cumplimiento de esta promesa: «Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas» (Is. 40:31, LBLA).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 10). Editorial Peregrino.

Nos gozaremos y alegraremos en ti – Cantares 1:4

Nos gozaremos y alegraremos en Dios. No abriremos las puertas del año a las lúgubres notas del tamboril, sino a los suaves sonidos del arpa del gozo y a los retumbantes címbalos de la alegría. «Venid, cantemos con gozo al Señor, aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación» (Sal. 95:1, LBLA).

Nosotros los llamados, los fieles, los elegidos, ahuyentaremos nuestros pesares y levantaremos nuestras banderas de confianza en el nombre de Dios. Dejemos que otros se lamenten de sus aflicciones; nosotros que tenemos para echar en el amargo lago de Mara el árbol que endulza, magnificaremos al Señor con gozo. ¡Oh Espíritu Eterno, nuestro eficiente Consolador, nosotros que somos los templos en que tú habitas, no cesaremos nunca de adorar y de bendecir el nombre de Jesús! Queremos que Jesús tenga la corona del deleite de nuestro corazón; no afrentemos a nuestro Esposo gimiendo en su presencia.

Estamos destinados a ser los cantores del Cielo; ensayemos, pues, nuestro cántico antes de entonarlo en los palacios de la nueva Jerusalén. Nos gozaremos y alegraremos, dos palabras con un significado: doble gozo, felicidad sobre felicidad. ¿Es necesario que nuestro gozo en el Señor tenga ahora algún límite? ¿No hallan los hombres piadosos que su Señor es aun ahora alheña y nardo, caña aromática y canela? ¿Pueden estas sustancias tener en los cielos una fragancia mejor? Nos gozaremos y alegraremos en ti.

Esta última palabra es como el meollo de la nuez, como el alma del texto. ¡Qué riquezas están atesoradas en Jesús! ¡Qué ríos de infinita felicidad hallan en él su manantial y cada gota de su plenitud! ¡Oh bondadoso Jesús, ya que tú eres la presente porción de tu pueblo, favorécenos este año con tal sentido de tu inmenso valor que desde el primer día hasta el último podamos gozarnos y alegrarnos en ti. Que enero comience con gozo en el Señor y diciembre concluya con alegría en Jesús. 2 de enero

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, pp. 9-10). Editorial Peregrino.

Deje que el Espíritu Santo controle su mente

Deje que el Espíritu Santo controle su mente
La vida llena del Espíritu comienza con el regalo del Espíritu Santo a toda persona que recibe a Cristo como Salvador.

31 de diciembre de 2022

Lucas 15.11-19

La manera en que pensamos determina cómo nos comportaremos; por dicha razón, debemos aprender a pensar en cuanto a nosotros mismos de la manera en que Dios lo hace: como nuevas criaturas que ya no estamos bajo el dominio del pecado. Podemos ser “más que vencedores” a pesar de nuestros pecados del pasado (Ro 8.37).

Debemos reconocer las mentiras del enemigo y contraatacar con la verdad de Dios, que declara que el Espíritu de Cristo es mayor que Satanás (1 Jn 4.4). Debemos enfocar nuestra mente en lo que importa espiritualmente (Fil 4.8), y así aprenderemos a distinguir entre lo que nos conviene como creyentes y lo que no. Por último, debemos elegir lo bueno y rechazar lo malo. Cuanto más tiempo seamos guiados por el Espíritu Santo, más sensibles nos volveremos a sus advertencias. Y además, estaremos mejor preparados para ganar la batalla en defensa de nuestra mente.

La vida llena del Espíritu comienza con el regalo del Espíritu Santo a toda persona que recibe a Cristo como Salvador. Cuando decidimos ponernos bajo el control del Espíritu, su poder divino se libera en nuestra vida. Por ello, ser diligente es necesario para resistir la tentación y mantenernos entregados a Dios. Por tanto, cambie su “mente independiente” y experimente las victorias de quienes tienen la llenura del Espíritu.

Biblia en un año: Apocalipsis 18-22

Atardecer de la vida cristiana

Sábado 31 Diciembre

Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia.

Tito 2:1-2

Atardecer de la vida cristiana

– Envejezco, Señor; concédeme permanecer modesto y no creer que mi experiencia me permite tener una opinión infalible en todo. Dame el ser sabio en mis apreciaciones de las situaciones y de las personas.

– ¡Que no llegue a ser un personaje triste, austero, inquieto, siempre evocando el pasado, sino un modelo de paciencia, dulzura y comprensión!

– Hazme respetar cada vez mejor tus enseñanzas. Dame el ánimo de difundirlas y, ante todo, de vivirlas en un mundo desorientado, sin puntos de referencia ni esperanza. Concédeme especialmente poder reflejar el ejemplo de amor verdadero y desinteresado que tú nos dejaste.

– Que la lectura de la Biblia llegue a ser, no el cumplimiento de un deber sin gozo, sino la fuente que puedo aprovechar gustoso para renovarme en ella cada día.

– Hazme más sensible a las necesidades de los que me rodean, mi familia, mis allegados, todos aquellos que atraviesan la soledad o el sufrimiento. Ayúdame a orar por ellos con perseverancia y fe.

– Hazme aguardar, no la muerte para ser liberado de mis problemas, sino el gozo de verte y estar contigo para siempre.

“Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos… Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:1012). “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23).

Jueces 21 – Apocalipsis 22 – Salmo 150 – Proverbios 31:25-31

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Verdades Que Debes Considerar Cuando Estás Enojado

Verdades Que Debes Considerar Cuando Estás Enojado
Por Jim Newheiser

La clave para superar el enojo es lo que le dices a tu propio corazón (Proverbios 4:23), especialmente en temporadas en las que tu enojo puede ser provocado. En lugar de simplemente contar hasta diez, o hasta mil, una persona enojada necesita detenerse y llenar su mente con verdades bíblicas para que pueda vencer la ira en su corazón y convertirse en una persona de gracia. Cuando la ira aumenta, estas verdades no vienen automáticamente a la mente. La persona airada suprime estas verdades para poder seguir alimentando, justificando y expresando su ira. Debe aprender en los momentos cruciales de la tentación a poner su mente en las cosas de arriba porque está unido a Cristo (Colosenses 3:1-3). Tan pronto como llega la tentación, es útil repasar las siguientes verdades y las Escrituras relacionadas. Estas verdades redirigen nuestros corazones de la ira diabólica a la gracia cristiana.

Deseo algo demasiado, lo cual es idolatría (Santiago 4:1-4).
Nos enojamos cuando no se satisfacen nuestros deseos. ¿Qué debes tener para ser feliz? ¿Debes ser respetado y apreciado? ¿Estar a gusto? ¿Tener éxito? ¿Debes tener una vida sin estrés? Debemos entregar nuestros deseos a Dios mientras buscamos nuestra satisfacción final en Él (Isaías 55:1-2; Salmo 34:8). Cuando pecamos para obtener lo que deseamos o nos enojamos pecaminosamente porque nuestros deseos no han sido satisfechos, hemos convertido estos deseos en ídolos. Vea los proyectos de aplicación personal al final de este folleto para una tarea que le ayudará a identificar sus deseos idólatras.

Yo no soy Dios/Juez (Génesis 50:19; Romanos 12:17-21).
Cuando otros nos ofenden, sentimos que la balanza de la justicia está desequilibrada y queremos que vuelva a estar bien. La persona airada piensa para sí: «Me has hecho daño, así que mereces ser castigado». La persona airada puede castigar a la parte culpable con palabras de odio, actos de violencia, calumnias, robos o, más sutilmente, mostrándose fría, callada y retraída. Estas expresiones de ira son pecaminosamente sentenciosas. Santiago nos recuerda que, contrariamente a lo que puedan pensar nuestros corazones pecadores, «porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.» (St 1,20). Nuestros actos vengativos no hacen justicia, sino que agravan el pecado. » 17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres….21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal» (Romanos 12:17, 21). Peor aún, nuestras expresiones pecaminosas de ira usurpan el oficio de Dios como juez. Cuando otros nos agravian, nos reconforta saber que Dios hará justicia a los que hacen el mal, incluso cuando los sistemas humanos de justicia fallan. Si confiamos en Él, no necesitamos vengarnos ni jugar a ser Dios.

Dios ha sido muy misericordioso conmigo en Cristo (Efesios 4:31-32; Mateo 18:21-35).
Cuando nos demos cuenta de que cada uno de nosotros es «el primero (el principal) entre los pecadores» (1 Tim. 1:15) a quien Dios ha perdonado una deuda abrumadora, se moverá nuestro corazón para mostrar gracia a quienes nos han hecho daño. Jesús cuenta la parábola del siervo despiadado al que se le perdonó una gran deuda, que serían miles de millones de dólares en dinero de hoy (Mateo 18:23-27), pero luego buscó a su compañero esclavo que le debía lo que habrían sido miles de dólares en dinero de hoy, pero una pequeña fracción de lo que se le había perdonado al primer esclavo. El esclavo perdonado » y echándole mano, lo ahogaba, diciendo: «Paga lo que debes»” y luego hizo que metieran a su compañero en la cárcel, desoyendo sus súplicas de clemencia (Mateo 18:28-30). Jesús advierte: » Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.» (Mateo 18, 35). Cuando medito en mi corazón sobre la deuda de cien denarios que me debe mi hermano, yo, como el esclavo malvado, me enfado y quiero vengarme. Cuando recuerdo y medito en la misericordia que Dios me ha mostrado a un precio tan grande (2 Corintios 9:8) por la que Jesús pagó mi deuda infinita en la cruz, no puedo seguir enfadado con mi hermano o hermana (Efesios 4:31-32).

Dios tiene el control y hace el bien por nosotros (Génesis 50:20; Romanos 8:28).
Después de que José se negara a juzgar a sus hermanos, añadió: » Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente.” José actuó con gracia hacia sus hermanos porque tenía una teología sólida.

Creía en un Dios que es soberano sobre todas las cosas, incluso sobre el mal que nos hacen los demás. Además, José creía que Dios estaba obrando a través de estos acontecimientos para bien de su amado pueblo. Como hemos visto, las personas airadas quieren tener el control y se enfadan cuando las cosas no salen como ellos quieren. La persona airada debe someterse a Dios, confiando en que Él está ejerciendo Su soberanía para Sus gloriosos propósitos y para nuestro bien. » El Señor ha establecido su trono en los cielos, y su reino domina sobre todo» (Salmo 103:19). Cuando la gente te falla y las circunstancias van en tu contra, Dios está obrando. Él usa las pruebas para producir madurez y semejanza a Cristo en Su pueblo (Santiago 1:2-4; 1 Pedro 1:6-7).

Recuerda quién eres: una nueva criatura en Cristo (Romanos 6:11; 2 Corintios 5:17).
Las personas iracundas a menudo se sienten atrapadas en sus patrones de ira y son impotentes para cambiar. Si bien es cierto que los incrédulos están esclavizados al pecado, los que están unidos a Cristo por la fe han sido liberados de la esclavitud del pecado. Hemos muerto al pecado de una vez por todas y ahora estamos unidos a Cristo en una vida nueva (Romanos 6:4-7). Ahora somos nuevas criaturas en Cristo (2 Corintios 5:17), ya no controladas por la carne, sino llenas por el Espíritu Santo que está produciendo Su maravilloso fruto en nuestras vidas (Gálatas 5:13-23). La persona que estalla en ira está volviendo a su antigua vida precristiana. Cuando se dice a sí mismo que no puede controlar su ira, se está mintiendo y negando su nueva condición en Cristo. Cómo pensamos de nosotros mismos influye en cómo actuamos. El primer mandamiento de Pablo en su epístola a los Romanos es: «Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús» (Romanos 6:11). La persona que se enfada pecaminosamente ha olvidado su nueva identidad evangélica en Cristo.

Cuando estemos tentados a responder a las personas o a las circunstancias con ira pecaminosa, es la renovación de nuestras mentes con estas verdades bíblicas lo que nos capacitará para caminar en gracia y humildad.

*Adaptado del minilibro ¡Socorro! Mi ira Está Fuera De Control por Jim Newheiser.