Pornografía, Masturbación y Otras Prácticas Perniciosas: Perversión de la Intimidad

Alimentemos El Alma

Dinero y posesiones en Proverbios

Pornografía, Masturbación y Otras Prácticas Perniciosas: Perversión de la Intimidad

Por Jeffrey S. Black sobre Sexualidad
Una parte de la serie Journal of Biblical Counseling
Traducción por Ana Villoslada

Una vez, un abogado me mandó a una persona que había estado implicada en una serie de delitos sexuales. Para cuando lo conocí, ya había sido arrestado y acusado. Se trataba de un creyente de más de 50 años, viudo con varios hijos que vivían en otro estado. Cuando cometió los delitos sexuales su esposa hacía unos 10 años que había fallecido.

El matrimonio había sido muy problemático; había peleas y a él lo habían echado de casa. Su esposa había sido hospitalizada en numerosas ocasiones. Desde un punto de vista clínico, había sufrido depresión. Durante esas épocas, la pareja no había mantenido relaciones sexuales y el esposo me reveló que se había involucrado en varias relaciones extramatrimoniales cuando su mujer había estado hospitalizada y sexualmente indispuesta. A su parecer, eso lo hacía menos censurable.

Este hombre también me contó que desde la adolescencia hasta los veinte, había tenido varias citas homosexuales preliminares antes de su matrimonio. Durante su matrimonio y después de la muerte de su esposa, había tenido una relación muy estrecha con su hija, tanto que pensé que quizás había habido algo incestuoso pero me dijo que no. No obstante, estaba claro que su hija había actuado de otro modo como sustituta de su esposa. Cuando cumplió treinta decidió irse de casa. Un año después aproximadamente, el hombre comenzó a tener relaciones sexuales con dos jóvenes adolescentes.

Este caso ejemplifica dos aspectos del pecado sexual que los consejeros tienen que tener en mente: la inmoralidad es una forma de “engaño” y expresa un modelo de “deriva”.

La inmoralidad sexual es un “engaño”.

¿Qué queremos decir describiendo la inmoralidad sexual como un “engaño”? Normalmente, solemos pensar en un engaño en términos de tener una aventura con alguien que no es su cónyuge. Mi intención aquí es un poco distinta. Efesios 5:31-32 dice:

“Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido”.

Las Escrituras son muy claras cuando dicen que el matrimonio tiene la intención de “tipificar” la relación del creyente con Cristo. Ya que Dios es el que crea la relación matrimonial y el que revela las verdades sobre la redención y nuestra relación con Cristo, el significado de la metáfora es de autoridad. Dios mismo crea la semejanza en vez de articular una semejanza que ya existe. Los principales temas de la metáfora (la naturaleza del vínculo matrimonial y la unión del creyente con Cristo) interaccionan de un modo que cambia o enriquece nuestra comprensión de los mismos. Mi experiencia con Cristo en mí me ayuda a comprender que clase de esposo tengo que ser. En cambio, mi experiencia de estar en un mismo sentir en el matrimonio me ayuda a captar algo de la unión espiritual (Gálatas 2:20). Como resultado de la experiencia de mi unión con Cristo (Efesios 4:1-20,21; 5:1), estoy obligado a hablar verdad (Efesios 4:25), a edificar (Efesios 4:29), a morir a mí mismo (Efesios 5:1) y a no ser controlado por el egoísmo, las pasiones o la ira (Efesios 4:31) en las relaciones, especialmente en el matrimonio.

¿Dónde encaja el sexo en este ejemplo? Creo que está destinado a estar al final de la cadena de la intimidad. Pablo señala que el sexo es el producto o expresión (1 Corintios 7:3-4) de la unión. El sexo nunca crea la unión. Como es lógico, el mundo nos dice exactamente lo contrario. La sexualidad tal y como se la retrata en los medios de comunicación conduce o crea intimidad o está totalmente separada del “problema” de la intimidad. De hecho, a menudo se insinúa que el mejor sexo es el sexo anónimo.

Si el matrimonio está destinado a retratar la relación sexual como una expresión de compañerismo e intimidad intensos, entonces cualquier expresión sexual, incluso en el contexto del matrimonio que no expresa dicha unión no alcanza el diseño de Dios. Las Escrituras dicen que dos se vuelven uno y Dios dice que la sexualidad en el matrimonio debe ser la expresión de ese compañerismo, la expresión y consecuencia de esa intimidad. Si ese es el caso, entonces hay decenas de esposos y esposas en la iglesia que son ateos funcionales.

¿Qué suele caracterizar un matrimonio en el que hay problemas sexuales? La esposa se queja: “mi esposo llega a casa, no he tenido ningún tipo de relación con él, no hay comunicación”. “Me dice: cariño… Lo miro y dice ¿Quién eres? ¡Déjame solo!”. “Pero quiere arreglarlo acostándonos; piensa que eso hará que me sienta más cerca de él”. Aunque aquí no hay implicada ninguna inmoralidad flagrante, hay “engaño”, sexo sin intimidad.

Al comportamiento de mi delincuente sexual lo denominé “engaño” porque toda su vida sexual (su matrimonio, sus aventuras extramatrimoniales e incluso el comportamiento sexual desviado que mostró) era una expresión de su deseo por tener sexo sin intimidad. Era un perezoso. No quería esforzarse en su relación con su esposa, de ahí el adulterio. Después encontró la intimidad en una oportuna relación con su hija para la que Dios dijo que no había lugar. Este hombre era un tramposo. Dios había diseñado un plan y él se lo había saltado para hacer las cosas a su modo.

Mientras lo aconsejaba, le pregunté sobre la posibilidad de volverse a casar y me contestó: “Bueno, es que no quiero otro matrimonio para que acabe como el primero”. Eso era comprensible, ¿pero qué estaba diciendo en realidad? Me estaba diciendo: “no quiero entrenar la intimidad. Quiero el resultado de la sexualidad pero no quiero alcanzarlo como Dios lo ha diseñado”. Después de que su hija se marchase, este hombre se agarró a dos chicos que vivían cerca que comenzaron a servirle para el propósito de engaño de su vida.

Cada vez que vea a una persona envuelta en un comportamiento sexual ilícito, puede estar seguro de que esa persona es una tramposa, quiere gratificación sexual sin intimidad. Lo que quiere decir que cuando se aconseja a alguien que tiene problemas con la pornografía, un problema sexual en el matrimonio o incluso esté metido en formas extrañas y pervertidas de sexualidad, en la raíz esta persona no quiere experimentar el sexo en el contexto para el que Dios lo ha creado. Esta persona tiene que enfrentarse al plan de Dios, y ese plan es intimidad.

Engaño y egocentrismo.

Cuando aconseje a personas que tengan problemas con la pornografía, hay que entender que la pornografía tiene un fin muy sencillo: la masturbación. Cuando alguien produce una película o una revista pornográfica (en una industria claramente dirigida al hombre), el objetivo de la pornografía es la masturbación. Aparte de esto, el objetivo de la pornografía y la masturbación es crear un sustituto de la intimidad.

Masturbarse es tener sexo con uno mismo. Si estoy teniendo sexo conmigo mismo, no quiero invertirme en otra persona. Las personas que son “adictas” a la pornografía, no son tan adictas a cosas morbosas como lo son al egocentrismo. Están comprometidas a servirse a ellas mismas para hacer cualquier cosa con el fin de encontrar una manera apropiada de no morir a ellos mismos, que es la naturaleza de la compañía en una relación.

El egocentrismo se pone de manifiesto de muchas formas. Cuando hable con personas que son pedófilos (pederastas), una de las cosas más interesantes de las que se dará cuenta es su tendencia a mirar a los niños como una pareja sexual adulta. Ellos no piensan: “estoy teniendo sexo con un niño”; intentan ver al niño como un igual físico, emocional y sexual. Lo contrario sería desplazarse del centro, ver las cosas a través de otra lente distinta a sus propios deseos y experiencias. Eso es morir a uno mismo, intimidad, compañía, eso es amar a otra persona, que es precisamente lo que no están dispuestos a hacer.

Las Escrituras ofrecen el mejor modelo para comprender este tipo de pecado sexual. Los libros de psicología ofrecen un sin fin de explicaciones para estos comportamientos con la intención de dejarlo preocupado por su caso, su experiencia y su madre, pero no tendrá que enfrentarse consigo mismo ni con sus decisiones.

En oposición, las Escrituras siempre se centran en el corazón. Ya que Dios diseñó la sexualidad para ser una expresión de un mismo sentir, cualquier forma de perversión sexual también lo es de perversión del plan de intimidad de Dios. Ya sea que esté aconsejando a alguien cuyo comportamiento sexual le da asco o a alguien con problemas sexuales comunes en el matrimonio, el problema siempre vuelve a la intimidad y al origen de la intención de Dios de la sexualidad. Génesis 2:18 (“no es bueno que el hombre esté solo”) significa que su intervención más esencial como consejero es enseñar a esta persona a morir a sí misma y a amar a los demás más que a sí misma.

Una interesante separata en este estudio de caso muestra la divergencia entre las explicaciones teológicas de la Biblia y las ideas seculares comunes sobre perversión sexual. Mientras aconsejaba a este hombre, recibí una llamada de su abogado. Quería que su cliente acudiese a una clínica de rehabilitación para adictos sexuales creyendo que esto sería favorable ante la sentencia del juez. Accedí a mi pesar ya que no pensaba que esta persona continuase siendo una amenaza; parecía estar bien centrado en ese momento y yo no quería que fuese a la cárcel. Creía que se había arrepentido y que estaba haciendo un buen progreso en las charlas. Pero accedí.

¡Qué gran error! Mi paciente no está en la cárcel pero para poder obtener una sentencia favorable, tenía que denominarse a sí mismo adicto sexual y aceptar apartarse de cualquier relación hasta que estuviese curado. Lo irónico, por supuesto, era que yo lo estaba retando a buscar la intimida legítima en el contexto del matrimonio por primera vez en su vida, pero a cause de la denominación de adicto sexual, el objetivo del tribunal fue mantenerlo apartado de cualquier relación significativa, la misma raíz del problema.

La inmoralidad sexual como “deriva”.

El segundo aspecto de la inmoralidad sexual es la “deriva”, que es lo que yo llamo los antecedentes del corazón. Le voy a dar un ejemplo.

Cuando tenía 17 años, decidí comprarme mi primera revista pornográfica. Esto fue algo temible para mí. Recuerdo cómo fui a la tienda del barrio que tenía una sección de revistas. Esperé y me aseguré de que nadie me veía, tomé una revista y la enrollé para que nadie pudiese ver qué era. Entonces me quedé ahí y me paseé de arriba abajo hasta que reuní todo el valor suficiente para pagarla. Justo cuando caminaba hacia la caja, el hombre se fue y una mujer lo reemplazó. Me giré rápidamente. Debí pasar cuarenta y cinco minutos en esa tienda intentando comprar esa revista, hasta que conseguí comprarla. Conforme pasó el tiempo, compré algunas más.

Entonces me di cuenta de algo. Ya no enrollaba la revista. Ya la tomaba, caminaba hacia la caja y ¡la compraba! De hecho, comencé a comprar dos. Todavía las compraba sólo cuando el hombre estaba allí pero después de un tiempo, no me importaba quién estuviera detrás de la caja. Al final era capaz hasta de charlar con la mujer cuando compraba las revistas.

Las personas empiezan con lo que yo llamo “el área cómoda de la línea de fondo” por la manera con la que tratan con su pecado. Dios dice que así es la naturaleza del pecado mientras continuamos pecando y apagamos el Espíritu, mientras quemamos nuestra consciencia; lo que antes era algo muy desagradable ahora se vuelve agradable. Comenzamos a ir a la deriva conforme nos comprometemos. Con frecuencia, el pecado sexual comienza como una experiencia terrible y que provoca ansiedad, pero esta reacción se desvanece después de un tiempo a causa de nuestra lujuria, nuestro deseo, nuestro corazón opuesto a Dios. Nos encontramos en una nueva área de comodidad y cuando pasa un tiempo, si no nos arrepentimos nos vamos aún más a la deriva.

Cada vez que aconsejo a alguien con un problema sexual, en concreto algo considerado extraño o desviado, presupongo que voy a encontrar una pauta o historia que predispone al problema actual. Nadie se levanta por la mañana y dice: “como no tengo nada que hacer hoy, ¡creo que voy a exponerme!”. Las personas nunca saltan de cabeza a formas extremas de pecado, se “derivan” a ellas. Cuando aconseje a alguien con un patrón de desviación sexual, asuma que él o ella tiene un largo y pesado historial de inmoralidad que es poco probable que se revele sin que usted lo investigue constantemente. Normalmente, cuando le pregunte a esas personas lo que hicieron, se lo dirán, pero cuando pregunte “qué más hicieron, qué los condujo a eso”, responderán que no hicieron nada más. Persista en la búsqueda. Siempre que pase tiempo con esas personas, comenzará a ver un caso de compromiso que lleva al final con un pasito y no con un salto. En términos de pecado sexual, la persona ya se ha alejado muy a la deriva de los criterios de Dios.

La “deriva” del pecado es como ir a la playa y quedarse dormido en una balsa en el mar. De repente, el silbato de un socorrista interrumpe su sueño. Mientras se despierta ante el continuo y molesto sonido agudo del silbato, se pregunta: “¿A qué está silbando ese idiota?” Levanta la mirada y ¡es a usted! No lo había planeado pero de repente todas las personas de la playa parecen puntitos porque usted se ha ido a la deriva en el mar. El pecado funciona así, el pecado siempre tiene unos antecedentes. Pero recuerde que Dios también tiene antecedentes con nuestros corazones.

La solución de Dios contra la “deriva”.

Este antecedente se llama santificación. La santificación es completa llegada a un punto y progresiva de manera dinámica. El salmo 119:9-11 dice: “¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti”. En Juan 17:14-19, Jesús ora al Padre “Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad”.

La persona que va a la deriva vive con un corazón lleno de compromiso e inmoralidad. Siempre está pensando en sus propios pensamientos, intrigando sus intrigas. Pero el creyente está llamado a santificarse a sí mismo meditando en la Palabra de Dios. Esta es la solución de Dios a los pecados sexuales que dan problemas y atormentan a muchos.

La Biblia no tiene que decir nada específico para la masturbación porque no es necesario. El problema de la masturbación no es la masturbación sino la condición del corazón de la persona. Las Escrituras no son insuficientes, como dirían muchos, porque no articule un mecanismo de comportamiento para tratarlo. Dios dice que si mi corazón se mantiene puro meditando continuamente en su Palabra en el contexto de la obra santificadora de Dios, tendré el poder de vencer las tentaciones que conducen a la satisfacción, pornografía y masturbación.

Muchas personas piden consejo porque tienen un problema de centrismo. Piden una técnica para no involucrarse en cierto comportamiento. Están deseando recibir un curso intensivo que les permita utilizar a Dios para vencer un pecado concreto. Su deseo por una solución rápida es comprensible pero no existe técnica o mecanismo (psicológico, espiritual, etc) que les impida satisfacerse en la pornografía o la masturbación.

Los pacientes no han puesto a trabajar sin cesar la Palabra santificadora de Dios, por lo que en momentos de crisis descubren que no están equipados para tratar con el pecado. Esperan encontrar rápidamente una solución que eluda el trabajo constante de la Palabra mediante el Espíritu. Lo que dicen básicamente es: “¡deprisa! ¡Necesito un poco de Dios! ¡Estoy en un gran problema aquí!”

Como consejero no puede darles algo que Dios perfecciona lentamente un día tras otro. Lo único que puede ofrecerles es información de la Biblia. Lo que realmente necesitan es sabiduría, pero la sabiduría es lo que llega cuando Dios aplica Su Palabra en sus vidas. En medio de una crisis, lo único que el consejero puede hacer es promover el comienzo de este proceso.

“Diferenciarse” de Dios o del mundo.

Mientras tratamos con el problema del pecado sexual, es importante que reconozcamos otro factor que está obrando. Lo que la Biblia llama “el mundo” es un sistema de valores y creencias que con agresividad buscan tomar el control de nuestros corazones. El mundo también tiene (si se me permite usar esta expresión) un influencia “santificadora” con la que el mundo buscar diferenciarnos para sí mismo en contraposición al deseo de Dios de diferenciarnos para Él mismo. Una persona que pide consejo sobre pecados sexuales es una persona a la que el mundo ha “diferenciado”, a la que constantemente le ha permitido satisfacerse en las cosas que el mundo le presentaba.

Debemos volver a la realidad bíblica de que la sexualidad es un acto espiritual, no fundamentalmente físico. Siempre implica al espíritu del hombre, ya sea con la voluntad de Dios conjuntamente en comunión con el Espíritu Santo o en rebelión contra esa voluntad, intentando echar al Espíritu Santo del camino. El mundo quiere ignorar esa dimensión y presenta el sexo como un acto biológico caracterizado por el acumulamiento y necesaria liberación de la tensión sexual. Cuando se acumula la presión, el mundo implica que no tenemos poder para resistir. Incluso hombres cristianos piensan así cuando citan erróneamente 1 Corintios 7:1-9 para reafirmar el argumento de que el matrimonio es una provisión para la pasión: “Pablo dice que es mejor casarse que quemarse”.

Sin embargo, como muchos hombres casados han descubierto, la carne es insaciable. No opera bajo el principio de reducción de la tensión; el corazón del hombre busca insaciablemente lo malo. Como resume Jeremías 17:9: “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio”. Este es el problema que revela el pecado sexual y al que se dirige la Palabra de Dios.

En ese sentido, en cada parte que leo de las Escrituras, veo cómo tratar el tema de la pornografía, la masturbación, la perversión sexual, la pederastia, pedofilia y otras cosas en las que se involucran las personas. La Biblia tiene mucho que decir al respecto pero no desde un punto de vista técnico, no se trata de técnicas psicológicas. El tema es que Dios concibió el sexo para ser una expresión de comunión e intimidad. Es una metáfora de nuestra relación con Cristo. Parece que nosotros buscamos todas las maneras posibles de eludir esta realidad.

El sexo es un acto espiritual, no biológico. No se trata de un problema para tratar con nuestros impulsos sino de santificar nuestros corazones. Cuando aconseje, mantenga eso al frente de sus pensamientos. A menudo, cuando las personas piden consejo se decepcionan muchísimo porque quieren una solución que no los obligue a sujeta su voluntad al Espíritu Santo. Dicho de una manera sencilla, su aproximación al problema es el problema. Cuando trabaje con ellos, tendrá éxito si consigue ayudarlos a reconocer que la única solución es lo que dice el salmista, que si guardo la Palabra de Dios en mi corazón, no pecaré contra Él.

Jeff Black es miembro de la facultad en CCEF, Glenside, Pennsylvania.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

LA ÚLTIMA BATALLA DE UN HOMBRE DESESPERADO

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

LA ÚLTIMA BATALLA DE UN HOMBRE DESESPERADO

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org

Texto: Job 25-31


A pesar de todo su dolor, angustia, y soledad, Job va a rehusarse a abandonar su integridad. Aprendamos juntos, a partir del ejemplo de este gran hombre de Dios, a mantenernos firmes en medio de las dificultades de la vida.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

El ministerio oculto de las labores domésticas

Alimentemos El Alma

El ministerio oculto de las labores domésticas

Por Michele Morin 

Traducción por Yura Gonzalez

Lo que aprendí de Elisabeth Elliot

Hoy realicé las tareas domésticas que imagino que mujeres más hacendosas y dedicadas al hogar hacen todo el tiempo: la limpieza que requiere separar los muebles de la pared, pasar la aspiradora debajo de las camas y aplicar ferozmente un paño a los travesaños de las sillas y los recovecos de los estantes.

Las rutinas hogareñas son la música de fondo detrás de todo lo que hago. El estudio ministerial va acompañado del sonido de la lavadora y de la cadencia de la preparación continua de la comida. En invierno, hay que alimentar la estufa con abundante leña y; en verano, es necesario ocuparse del jardín.

Este ritmo constante de actividad es lo que mantiene unido un hogar, y sorprendentemente he descubierto que es posible encontrar una existencia plena y significativa en medio de una tediosa rutina. En la vida no es más importante lo qué haces sino porqué lo haces. Nadie me enseñó esa lección mejor que Elisabeth Elliot.

Escritora y ama de casa

Hace veintisiete años, empaqué mi taza de café favorita, archivos personales, algunas muestras de trabajo y abandoné mi carrera en recursos humanos. Cuatro bebés en ocho años, la escuela en la casa, el ministerio de la iglesia y un enorme huerto dejaban poco tiempo para el estudio profundo. Pero desde el principio me sumergí con fervor en los libros de Elliot y encontré una mentora en ella.

Pronto descubrí que Elliot se apresuró en encontrar la conexión entre las rutinas de la vida doméstica y los misterios de la práctica espiritual. Aunque se convirtió en una oradora pública muy solicitada, y sus palabras llegaron (y aún llegan) a millones a través de los ministerios de la radio y la prensa; afirmó que disfrutaba mucho más las tareas domésticas, porque sabía cómo hacerlo y (a diferencia de escribir un libro) sabía cuáles serían los resultados.

Su minuciosidad fue fomentada en parte por su directora de internado, que decía: “No andes con una Biblia debajo del brazo si aún no has barrido bajo la cama” (Becoming Elisabeth Elliot, 34). No quería escuchar hablar de espiritualidad a alguien con el suelo sucio.

Con su dicción perfecta, humor irónico y su expresión sensata y nítida de la palabra de Dios, Elliot ha influido en mi forma de enseñar y cómo criar a mis hijos como nadie. Además ha transformado enormemente mi actitud hacia las tareas domésticas.

Mezcla de gracia y valentía

Aunque no llego al nivel de Elliot, me motiva su afirmación de que la autodisciplina, en el hogar o en cualquier otro sitio, es una alegre entrega, un “gran sí al llamado de Dios” que ante todo encuentra su camino en una vida a través del fiel desempeño de pequeñas tareas invisibles (Joyful Surrender, 16).

Ella me ayudó a ver las tareas domésticas en analogía con nuestra vida espiritual en general. Así como quitar las migajas de la mesa del comedor nunca será asunto de una vez (al menos en mi casa), tampoco lo son las prácticas de formación espiritual. Al ocuparnos de la salud e integridad de nuestras almas, todos los días habrá “migajas” que retirar, lo que es bueno, porque nos mantiene conscientes de nuestra dependencia de Dios.

La fuerte base evangélica de Elliot me ha ayudado a mantenerme alejada de una mentalidad autosuficiente, porque ella me recuerda que “la disciplina no es mi reclamo sobre Cristo, sino la evidencia de Su reclamo sobre mí”(Joyful Surrender, 28). Practicamos el autocontrol en la tierra por milagro de la gracia, según las pautas de las Escrituras y a través de la inspiración y el poder del Espíritu de Dios. Nuestra propia voluntad es lo que ofrendamos a Dios, un “sacrificio vivo” (Romanos 12: 1).

Poseía Elliot una mezcla de valentía y gracia tal que es imposible determinar (e inútil preguntarse), dónde termina una y comienza la otra. Hablaba con la certeza de alguien que siempre ha elegido el camino de la obediencia y la fe, para aprender que el gozo y la profunda intimidad con Dios no tienen precio, incluso cuando obedecer se siente como una acción pequeña e invisible.

Compromiso diario con la fe

En una vida marcada por grandes dificultades y oportunidades tanto para la gloria como para el dolor, es evidente que Elliot se convirtió en alguien impresionante al establecer un compromiso diario con la fe en lugares invisibles. Una fe brutalmente práctica y claramente mística la llevó al ministerio de decir la verdad con audacia, forjada en un crisol de soledad y admiración por los caminos de Dios. Apoyándose en sus dudas, encontró la lealtad de Dios y lo acogió al mismo tiempo “como viaje y destino” (Becoming Elisabeth Elliot, 253).

En diversas etapas de su vida la estuvo escribiendo idiomas no escritos, actuando como madre soltera, planchando las camisas de su marido, recibiendo visitas en su casa de Nueva Inglaterra, viajando por todo el mundo como oradora y luchando con la tecnología para producir más de dos docenas de libros. Ella volcó fielmente su vida al servicio de Dios, convencida de que todo era parte de su llamado. Nunca le otorgó mayor importancia a las “tareas ministeriales” sobre las tareas domésticas.

Ella sabía (y me ha enseñó a ver) que el ministerio de la mantención y cuidado siempre fue parte del buen plan de Dios para la humanidad. Desde el principio, Adán y Eva fueron los colaboradores designados por Dios y, como portadora de su imagen, imito a Dios cuando me dedico a la tarea que mantiene a mi familia alimentada, vestida, y estoy en el lugar correcto a la hora correcta. Por lo tanto, todas las tareas mundanas que se repiten en esta vida maternal tienen significado.

Imitamos a Dios al realizar tareas ordinarias y organizar el desorden. Arreglar un armario desordenado, desinfectar la bandeja de una silla de bebé , distribuir la ropa limpia y doblada por toda la casa son tareas tan discretamente rutinarias como el trabajo que Dios hace en nuestro tiempo para regar sus árboles con lluvia o, en la historia, para preparar el maná que alimentó a una generación de israelitas (Éxodo 16).

Los quehaceres domésticos y la Gran Obra

La misericordia, la justicia y la preparación de sándwiches comparten el mismo territorio en el sistema de valores del cielo, porque el Dios que trabaja y ha trabajado en nuestro nombre nos invita a unirnos a él en la Gran Obra.

Manifiéstese tu obra a tus siervos,
y tu majestad a sus hijos,
y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros.
Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos;
sí, la obra de nuestras manos confirma. (Salmo 90: 16-17)

Dejemos que continúe el trabajo de las tareas domésticas y que encontremos satisfacción en la más pequeña tarea realizada con el mayor amor en una vida enfocada en ganar lo que nunca podemos perder.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

7/32 – Lucas cap. 1-9

El Proyecto Biblia

Serie: Nuevo Testamento

Lee la Biblia

7/32 – Lucas cap. 1-9

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Lucas, que desglosa el diseño literario del libro y su línea de pensamiento. En Lucas, Jesús conduce a su culminación la historia del pacto de Dios con Israel y anuncia las buenas nuevas del reino de Dios a los pobres y ricos.

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¿Alguna vez cambiaré?

Alimentemos El Alma

¿Alguna vez cambiaré?

Por Stephen Witmer 

Traducción por Harrington Lackey

Nueva esperanza para los espiritualmente atrapados

Hace años me quedo varado con unos amigos y extraños en el ascensor de un edificio alto. Esperábamos a que llegara la ayuda, charlando torpemente y riendo nerviosamente. No soy claustrofóbico y no recuerdo haber sentido terror. Pero definitivamente me sentí impotente. Estaba claro que nunca íbamos a escapar de esa caja de metal suspendida sin la intervención del exterior. Y por supuesto, en 45 minutos más o menos oímos ruidos. Las puertas del ascensor se abrieron. Las caras amables aparecieron por encima de nosotros. Vivíamos para contar la historia.

Atrapado. Por indefensos que sintamos ese día, hay una sensación mucho peor que experimentamos: sentirnos irremediablemente atrapados en nosotros mismos, creyendo que nunca podremos cambiar.

Jack Boughton, el personaje ficticio de Marilynne Robinson, está un poco atascado. Se sabotea a sí mismo, lastima a los demás y daña las relaciones, a veces a través de sus propias decisiones deliberadas y a veces sin intención consciente. En bicicleta hacia la cárcel y la falta de vivienda, se pierde el funeral de su madre y rompe el corazón de su padre. Él está -oprimido por ese viejo sentimiento de que fue envuelto en una red de daño potencial que se hizo real de una manera u otra si respiraba tanto como respiraba” (Jack, 274).-

A lo largo de la novela, Robinson presiona la pregunta: ¿Puede un hombre cambiar? Resueno con esa pregunta porque la he hecho muchas veces, a lo largo de muchos años, sobre mí mismo.

¿Puedo cambiar?

¿Puedo cambiarme? Ahora, en la mediana edad, con las enormes posibilidades de constreñir a los jóvenes, estoy llegando a un acuerdo con ciertas limitaciones. Nunca voy a hacer un mate de baloncesto o actuar en una banda de bluegrass. Bueno y bien. Pero mucho más dolorosa y preocupantemente, hay lugares persistentes de ruptura y pecado donde me siento atrapado.

Anhelo ser menos temeroso y más audaz en la fe, más de corazón siervo y menos egoísta, menos preocupado por mi propio éxito y más alegre por el éxito de los demás. ¡Pero es tan difícil crecer! El progreso es lento. Giro mis ruedas. Pierdo terreno. Me quejo. Estoy de luto. Al igual que Jack, tengo esa vieja sensación de estar enredado, atrapado, limitado, atascado.

¿Me pregunto si alguna vez sientes lo mismo?

Encontrar esperanza en nuevo

Dios nos da una visión del futuro en Apocalipsis 21, una visión llena de esperanza fuerte y vibrante para las personas atrapadas. Juan ve un nuevo cielo, una nueva tierra y una nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:1–2). Entonces oye la voz de Dios proclamando, – He aquí, yo hago nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5).-

La repetición cuádruple de la palabra nuevo demuestra su importancia. También lo hace la palabra he aquí al principio de la promesa: –He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.- Y no sólo es importante la promesa de novedad de Dios; también es cierto— porque Dios le dice inmediatamente a Juan que lo escriba (Apocalipsis 21:5).

Esa pequeña palabra nueva es una balsa salvavidas en los barcos que se hunden en la desesperación. Es un pozo de luz en una habitación oscura. Es la llave que abrirá una puerta cerrada, y la elección que liberará las esposas. Es el sonido de bienvenida de los reparadores de ascensores que llegan para salvarnos a mí y a mis amigos. Contiene un mundo de nuevas posibilidades y esperanza eterna.

Nuevo demuestra que el futuro del universo no está limitado por su realidad actual, por sus recursos actuales (o la falta de ellos).

Novedad ahora y más tarde

Hay novedad en el camino en el último día. Y esa novedad viene de fuera del sistema, del Dios Creador que hizo todo de la nada. Él dice, “Estoy haciendo todas las cosas nuevas.” La palabra nuevo muestra que todavía está en el negocio no sólo de mover cosas viejas, sino de hacer cosas nuevas. Muestra que la ley de la entropía, los procesos de decadencia, todas las leyes de la naturaleza, no tendrán la última palabra, porque por fin habrá una infusión de poder divino fresco, creativo y renovador en todo lo que sabemos.

Hay dos realidades alentadoras acerca de esta novedad que Dios trae. En primer lugar, no se refiere sólo a la creación de materiales no humanos. La gente también está incluida. Aunque en la nueva creación seguiré siendo Stephen Witmer (no alguien más), seré una versión aún mejor de Stephen Witmer que el mejor Stephen Witmer que he aspirado a ser. El cambio al nuevo Stephen Witmer será enorme.

En segundo lugar, la novedad no es sólo algo que Dios traerá al final de los tiempos. Ahora se especializa en llamar a ser cosas que no existen (Romanos 4:17). Su obra de nueva creación ya se experimenta en el presente a medida que las personas entran y experimentan más profundamente su unión con Jesucristo (2 Corintios 5:17).

Esto significa que la palabra nuevo nos abre posibilidades actuales genuinas. No nos limitamos a lo que somos actualmente, o incluso a lo que somos capaces de hacer de nosotros mismos. Ese anhelo que muchos de nosotros sentimos cambiar, de mejorar, de crecer (es por eso que hacemos resoluciones cada año) está destinado a estar satisfecho, y para todos los que creen, algún día estará plenamente satisfecho. Pero incluso ahora hay ayuda divina disponible desde fuera de nosotros mismos. Incluso mientras esperamos la liberación final, su poder divino puede hacernos desenfundar donde estamos ahora.

Liberado de la desesperación fija

En una de las escenas centrales de “A Tale of Two Cities” de Charles Dickens, Sydney Carton le revela su amor por Lucy Manette, junto con su -desesperación fija- de que alguna vez cambiará sus maneras sinvergüenzas. -Nunca seré mejor de lo que soy. Voy a hundirse más bajo, y ser peor.-

Incluso la esperanza parpadeante de sacudirse el perezoso y la sensualidad que Lucy inspira en Sídney es -un sueño, todo un sueño, que termina en nada, y deja al durmiente donde se acuesta…- Cuando Lucy le ruega que crea que es -capaz de cosas mejores,- él responde: -Lo sé mejor.- Está atascado.

Muchos lectores, a lo largo de muchos años, se han sentido atraídos por el carácter de Sydney Carton, tal vez porque resuenan con su desesperación, habiendo sentido a veces de esa manera nosotros mismos. Pero, por supuesto, hay otra razón: nos emocionamos por la redención que encuentra al final. Al establecer su vida para el marido de Lucy, Carton encuentra su vida. Su desesperación fija no es la última palabra. Resulta que cambia, y la ayuda que necesita viene de fuera de sí mismo (en el amor Lucy ha despertado en él). La súplica anterior de Lucy para que crea que es -capaz de cosas mejores- se hace eco en su famosa línea final: -Es una cosa mucho, mucho mejor que nunca.- Ella tenía razón después de todo.

No creas la mentira de que estás atrapado para siempre. No lo estás. Hay ayuda disponible que supera con creces cualquier recurso que pueda reunir usted mismo. Escuche a Dios decir: -He aquí, estoy haciendo todas las cosas nuevas,- incluso tú.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

Llaves del crecimiento espiritual

Esclavos de Cristo

[Reseña] Llaves del crecimiento espiritual — John MacArthur

En los púlpitos de la Iglesia actual, encontramos una gama variada de temáticas que son abordadas con profunda pasión. Lamentablemente, mucho de lo que dice llamarse iglesia, ha propagado con gran fuerza una serie de doctrinas erradas, que no tienen asidero en la Palabra de Dios. Estas doctrinas han sido propagadas y adoptadas por muchas personas con comezón de oír (2 Timoteo 4:3) que simplemente no soportan la sana doctrina.

Los temas más famosos son la autosuperación, la búsqueda del éxito personal y la libertad de la culpa mediante la auto justicia. Sin embargo, si sobre algo hay silencio en la iglesia actual, es sobre el crecimiento espiritual. Dentro de la sociedad que nos encontramos, tal como menciona R.C Sproul al citar a Barth[1], la pereza es uno de los pecados más latentes en el día de hoy. Los creyentes desean la madurez espiritual (o lo que sea que entiendan por ello) anhelando saltar el paso del crecimiento. [pullquote]Desean ser santos, pero sin santificación.[/pullquote] Desean ser cristianos maduros, pero sin andar como Cristo anduvo. En una sociedad marcada por la inmediatez, y por la exigencia de las cosas al instante, ni el parecernos a Cristo queda exento de esa actitud.

Es en este punto donde un libro como el del pastor-maestro de la Grace Community Church, John MacArthur, es de suma relevancia. Mediante su acostumbrada y clara exposición, fuertemente exegética, presenta las “llaves” que nos permiten como creyentes ser bendecidos por los tesoros de Dios. Esta no es una actitud pasiva, es un privilegio activo en la vida de cada creyente,

“Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito”. (Filipenses 2:12-13, LBLA, énfasis añadido)

¿Cómo debemos entender el crecimiento espiritual, ante una iglesia perezosa?


El pastor MacArthur señala:

“Llámelo como quiera: seguir la justicia (1 Ti. 6:11), ser transformado (Ro. 12:2), perfeccionar la santidad (2 Co. 7:1), proseguir a la meta (Fil. 3:14) o edificarse en la fe (Col. 2:7)”. Si bien, reconocer lo que es crecer espiritualmente es de gran relevancia, el punto principal es su propósito. “El objetivo común de todos los cristianos consiste en ser ‘transformados…en la misma imagen’ del Señor (2 Co. 3:18)”.[2]

Tras esa definición, el pastor MacArthur hace un recorrido por las Escrituras, exponiendo las verdades bíblicas que confrontan profundamente al lector a conocer los deleites de Dios, que derivan en bendición para sus vidas. Cada “llave”, es por un lado una exhortación a desearla y a adoptarla, pero a la vez una confrontación de las falencias de la iglesia contemporánea. Los temas tratados irán desde Las Escrituras como “llave maestra”, y de cómo debe ser usada (creyéndola, estudiándola, honrándola, amándola y obedeciéndola), hasta asuntos como la “confesión de pecados” con una explicación maravillosa del Salmo 51. El estudio serio de la Escritura también es otra llave mencionada, esta es una acción fundamental en la vida del creyente, ya que la Palabra de Dios contiene “verdades tan sencillas que incluso el cristiano más nuevo puede comprender y, al mismo tiempo, tan profundas que el creyente más maduro es incapaz de sondear”.[3] Si hay una verdad transversal a todo el libro, es que no hay atajos hacia la madurez espiritual.

Una sociedad doctrinalmente “polvo de estrellas”.
El capítulo 2 es de enorme bendición. En una cultura que puede ser vista y definida como sin rumbo ni propósito, el pastor MacArthur responde, apoyado del Catecismo menor de Westminster, ¿cuál es el propósito principal del ser humano?. Conocida por muchos es la respuesta: la gloria de Dios. Sin embargo para aquellos que mantienen tensiones entre un Dios inherentemente glorioso, y un mandato (privilegio) al hombre de darle gloria, este capítulo puede entregar muchas luces sobre el crecimiento espiritual, y sobre la naturaleza misma de Dios y su dignidad de ser dueño supremo de nuestra adoración.

“En realidad, cuando hablamos de glorificar a Dios, estamos hablando de engrandecer su gloria ante el mundo. Por supuesto, no podemos añadir nada a esa gloria que constituye su misma esencia, pero sí nos es posible reflejar y exaltar la gloria divina delante de los demás”.[4]

El creyente que verdaderamente anhela crecer o iniciar un crecimiento espiritual, tiene a su disposición este gran recurso. Bíblicamente sólido, pastoralmente preciso. El corazón pastoral del pastor MacArthur no deja simplemente al creyente sumido en la desesperación y en el atasco, sino que enseña las herramientas que siempre hemos tenido. Sobre este punto, la labor del Espíritu Santo es exaltada. Mucha gente, afirma MacArthur, trata “de infundir energía a sus vidas espirituales por otros medios. Procuran generar su propio poder, buscan la asistencia de algún tipo de grupo de apoyo o indagan acerca de otras fuentes”.[5] Frente a esa realidad, concluye una afirmación que es completamente pertinente a la actualidad de la iglesia latinoamericana: “Todo menos recurrir a la única fuente de poder que Dios quiso que utilizaran [los creyentes]: Su Espíritu que mora en ellos”.[6]

Un recurso de buenas noticias
Es visible que este libro se sostiene en la misma seguridad del apóstol Pablo, en Filipenses 1:6, cuando dice: estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. (LBLA, énfasis añadido) Sin dejar de lado el hecho, que estamos llamados a ocuparnos en nuestra salvación, en todo ello, es la obra de Dios la que siempre prevalece, es Su gloria la que brilla, y es Su amor por nosotros el que por gracia nos permite crecer por amor a Él (1 Juan 4:19).

Considero que este es sin duda uno de los libros más ricos en las realidades prácticas de la vida cristiana, escritos por el pastor MacArthur. Sin duda, su experiencia le capacita para escribir un libro que en su propia opinión, es tanto una verdad bíblica, como un reflejo de su vida de crecimiento, proceso que no ha sido fácil. Es un libro completamente recomendado; no debe ser solamente leído. Es necesario que sea releído, apuntado en notas y asimilado su mensaje relevante para el crecimiento del Pueblo de Dios.

Como reseñista, recomiendo este libro, pero quisiera tomarme la licencia de invitar a quienes adquieran el texto, a estudiar de manera profunda el capítulo 4 (La obediencia). La exposición bíblica de la historia de Noé, su vida de obediencia, su persistencia en la predicación, su fe absoluta en lo que Dios aseguró (aún sin haber visto siquiera lluvia); es un trabajo maravilloso de la pluma del pastor John MacArthur. Quisiera que los lectores fueran confrontados por dicho capítulo, es un examen profundo de las falsas profesiones de fe en la iglesia, y sin duda una gran oportunidad de examinación de nuestro camino con Dios. ¿Realmente creemos Su Palabra? ¿Incluso si pasaran 100 años? No quiero adelantar más, solo léanlo.

Llaves del crecimiento espiritual: Descubra los tesoros de Dios, es un libro que debe ser leído por los creyentes que desean crecer espiritualmente para la gloria de Dios, y con ello me refiero a todos los creyentes. Dios en toda su revelación en las Escrituras señala que desea una relación con nosotros. Teniendo ya nuestra salvación en Cristo, esta obra le señalará aquellas puertas que dan acceso a un continuo crecimiento en la gracia y en la fe.

“Es maravilloso estar rodeados de bebés, pero estos no ayudan mucho en la casa. Por desgracia, lo mismo podría decirse de bastantes cristianos: su falta de madurez espiritual reduce sobremanera su utilidad para la causa de Cristo”.[7]

John F. MacArthur. Llaves del crecimiento espiritual: Descubra los tesoros de Dios. 2014. Editorial Portavoz. 188pp.
[1] Sproul, R. C. (1996). Cómo estudiar e interpretar la Biblia. Editorial Unilit Miami FL, 33172.
[2] p. 12
[3] p. 149
[4] p. 23
[5] p. 75
[6] p. 75
[7] p. 149

Esdras – Nehemías – 39/42

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

39/42 – Esdras – Nehemías

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre los libros proféticos de Esdras y Nehemías, que analiza el diseño literario del flujo de pensamiento de cada libro. En estos libros, muchos israelitas regresan a Jerusalén después del exilio y logran cierto éxito y al mismo tiempo muchos fracasos espirituales y morales.

#BibleProject#VideosDeLaBiblia

Rut – 36/42

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

36/42 – Rut

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Cantar de los cantares, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. El Cantar delos Cantares es una colección de antiguos poemas de amor israelitas que celebran la belleza y el poder del amor y el deseo sexual como regalos de Dios.

#Cantar de los Cantares #BibleProject #VideosDeLaBiblia

Conclusión

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Veinte y Dos –

Conclusión

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

23/42 – Lee la Biblia: Abdías

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

23/42 – Lee la Biblia: Abdías

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Abdías, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. Abdías anuncia la caída de Edom a manos de Babilonia, lo cual es una imagen de cómo Dios destruirá a todas las naciones arrogantes y violentas. #BibleProject #VideosDeLaBiblia #Abdías