56 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 4

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

56 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 4

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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M4 – La anatomía de la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M4 – La anatomía de la adicción

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Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que la adicción eventualmente significa llegar a odiar aquello sin lo cual piensas que no puedes vivir.

Nancy Leigh DeMoss: Eso es lo que sucede cuando cedemos a las tentaciones y se convierten en hábitos, en un patrón, una adicción, en una atadura. Pensamos que inicialmente nos hará felices, pero en realidad nos enfermará, deprimirá y nos hará miserables.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

A principios de semana, Nancy nos ofreció consejos útiles sobre si es sabio beber de manera moderada o si es mejor no empezar a beber del todo. Esa discusión fluyó de nuestro estudio sobre Tito en la serie de El hermoso diseño de Dios para la mujer.

Ahora bien, aun si nunca has probado el alcohol, no significa que no seas susceptible a la adicción aquí esta Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Estamos viendo una frase en Tito capítulo 2 que dice que las mujeres mayores, las ancianas —y a esto es que deben aspirar y lo que deben perseguir las mujeres más jóvenes— las mujeres ancianas no deben ser “esclavas del mucho vino” (versículo 3). La Nueva Versión Internacional dice que no deben ser “adictas al mucho vino”.

En los últimos programas hemos abordado el tema del uso y el abuso del alcohol en particular. Pero creo que el principio que Pablo está exponiendo aquí abarca mucho más que el uso y el abuso del alcohol. Quisiera tomar algunas sesiones para abordar el tema de las adicciones en general.

La palabra adicción es un término moderno. En realidad no es el término que prefiero, ya que la forma en que se usa hoy en día tiende a implicar que no tenemos responsabilidad ni culpabilidad, que es algo que no podemos evitar.

Y no estamos diciendo eso. Estamos diciendo que tomamos decisiones que conducen a la esclavitud y a tener ataduras en nuestras vidas. El concepto bíblico es el de esclavitud, de esclavizarnos. Por eso dice que no sean “esclavas de mucho vino” en la traducción que utilizo.

En esta sesión quiero hablar sobre la anatomía de la adicción o de la esclavitud e identificar algunas adicciones comunes y cómo y por qué nos esclavizamos a estas cosas. Luego, en la próxima sesión, quiero hablar sobre cómo romper las ataduras de las adiciones.

Probablemente no hay ninguna persona que esté escuchando esta enseñanza, incluyéndome a mí, que no necesite crecer en discernimiento y en entendimiento sobre cómo tratar con las ataduras en nuestras vidas. Y si no tienes ninguna, o si no puedes identificar ninguna, tienes muchos amigos o amigas que sí las tienen.

Así que medida que te vayas haciendo mayor, no solo vas a querer vivir una vida libre de adicciones y de excesos, sino que vas a querer ser el tipo de mujer que puede ayudar a otras mujeres más jóvenes a lidiar con estas cosas.Vivimos en una cultura altamente adictiva. Pensamos que somos tan libres, especialmente desde la revolución sexual de los años 60. Pero en realidad es que nos hemos esclavizado profundamente.

Hemos estado hablando sobre el ejemplo de estar esclavizada al alcohol. Los investigadores dicen que más de cuatro millones de personas en los Estados Unidos necesitan tratamiento por abuso de sustancias.La categoría de abuso de sustancia que más rápidamente crece entre las mujeres es el abuso de los medicamentos recetados, por ejemplo, los estimulantes, los calmantes, los sedantes, los tranquilizantes, etc.

Quisiera cubrir brevemente, empezando con las medicinas y los analgésicos recetados, una serie de áreas que son características de nuestra cultura adictiva. Primero está el tema de las medicinas recetadas; de los analgésicos.

En el año 2003, la Encuesta Nacional de Estados Unidos sobre el Uso de Medicamentos y la Salud, arrojó que 6.3 millones de personas hacían uso indebido de los medicamentos recetados, lo cual, a propósito, es más del doble de las personas que usan cocaína. En los últimos años se ha registrado un aumento significativo en el uso no médico, es decir, no recetado, de los analgésicos. Usualmente, las personas que usan analgésicos en formas que no son médicamente recetadas también están involucradas con varios medicamentos y alcohol. Tienen la tendencia de ir juntos.

Y por supuesto, con relación a todo este asunto de las medicinas recetadas, hay millones de mujeres dependientes de medicamentos psicoterapéuticos solo para poder funcionar hoy en día. Se han convertido en una esclavitud, en una adicción, para muchas personas.

Luego hay toda un área relacionada con la comida y el comer en exceso. Tú dirás que ahora me estoy entrometiendo, que estoy hablando de algo con lo cual luchan las mayoría de las mujeres, de una forma o de otra.

El desorden alimenticio más común en los Estados Unidos es el comer compulsivamente lo que llamamos glotonería o gula . Afecta a una de cada 35 mujeres, tres veces más común que la anorexia nerviosa. CNN llama a este tipo de comer compulsivamente “una forma de adormecer los sentimientos.” Eso es lo que vamos a ver mientras examinamos estos diferentes comportamientos, estilos de vidas y decisiones adictivas; con frecuencia, son una forma de medicar el dolor del corazón.

No solo estamos hablando de las personas fuera de la iglesia sino también a las que asisten a las iglesias, por otro lado Los juegos de azar y las apuestas son otra área, ahora más accesible que nunca pues hay más puntos de acceso. Se hace abiertamente. Ya hay poco estigma asociado al juego. El juego en línea lo ha convertido en algo totalmente diferente. Los juegos de azar están disponibles en cualquier momento, de día o de noche, a través de la Internet.

Me quedé impresionada cuando supe que el 55 por ciento de los jugadores son mujeres. Leí en Internet un par de historias de mujeres que contaban cómo se involucraron en los juegos de azar. Una de ellas dijo:

“Empezó como una diversión, compré algunas boletas de las que se rayan. Me sentí con suerte cuando gané $1,000 dólares. Pensé que era una forma fácil de ganar dinero adicional para hacerles regalitos a los niños. Pero pronto estaba comprando boletas todos los días. Estaba gastando el poco dinero que teníamos. Los niños quieren saber por qué ya nunca tenemos comida ni nos divertimos.”

Otra mujer dijo:

“Después de que mi esposo murió, unos amigos me llevaron una noche a un casino. Me encantaron las máquinas tragamonedas, el ruido, el trato tan especial. Me ayudó a olvidar mi pena y a llenar las horas solitarias.” [Ahí es donde vemos la anatomía, el corazón, de las adicciones.]

“Empecé a ir sola y me moví de las máquinas tragamonedas de 25 centavos a las de un dólar. ¿Cómo puedo decirles a mis hijos que he perdido todo el dinero que su padre ahorró con tanto trabajo? Estoy tan avergonzada. Me alegro de que mi esposo no esté aquí para ver lo que hice.”

Vemos que no son solo estadísticas. Son vidas, son familias. Son corazones impactados a través de estos comportamientos adictivos.

Otros son los juegos de computadora o de video : Uno de los grupos de más rápido crecimiento en internet son las mujeres adultas que juegan versiones cibernéticas de juegos familiares de cartas como “gin” y otro juego de naipes que se llama “cribbage”.

Luego está el área de la pornografía. Se ha registrado un rápido crecimiento en la adicción a la pornografía entre los evangélicos en las últimas décadas. Un nuevo estudio muestra que el 50 por ciento de los hombres que asisten de manera regular a la iglesia en los Estados Unidos y un 20 por ciento de las mujeres que asisten a la iglesia son adictos a la pornografía. Uno de cada dos hombres y una de cada cinco mujeres que asisten con regularidad a la iglesia reconocen estar adictos a la pornografía.

Y probablemente eso es cierto en tu iglesia también. Los números pueden variar un poco, pero si en tu iglesia es la mitad de eso, es algo serio de todas formas.

Y luego está el asunto de las novelas románticas, a las que algunos llaman “pornografía de chicas”. Algunas ciertamente encajarían en esa descripción. Leí un artículo llamado “Yo era una adicta al romance”. La autora decía:

“Me sentía atrapada, y escapaba leyendo novelas románticas. Las historias convencionales, los lugares exóticos y la tensión entre un hombre y una mujer cuando se enamoran, eran a la vez estimulantes y relajantes.

Como trabajaba solamente en las mañanas, pasaba las tardes leyendo una o dos novelas antes de que los niños regresaran de la escuela. En las noches, después que los niños se iban a acostar, podía leer hasta una tercera.

Pero leer los romances apasionados no me llenaban ni me ayudaron en mi matrimonio. Después de un tiempo, no era suficiente con solo leer un romance. Largas y solitarias caminatas o paseos en carro enterraban la vida real, permitiéndome conjurar mis propias fantasías.”

En esta historia podemos ver algo contundente, y es el hecho de que cuando pruebas y participas de cosas que son de naturaleza adictiva, la tendencia es que solo un poco no te satisface. Quieres más y más y luego necesitas más. Lo que tienes no es suficiente; quieres más. Te empuja. Es un portal, una entrada hacia otros tipos de comportamientos adictivos.

También están la televisión y las telenovelas : Estudios indican que la televisión permanece encendida más de siete horas por día en el hogar promedio americano. Eso significa que durante el transcurso del día, las familias en esos hogares están expuestas a 135 comerciales por día.

Eso significa que en el transcurso de un año, la persona promedio está expuesta a 2,500 horas de televisión, incluyendo cerca de 50,000 comerciales promoviendo cosas que no necesitas, promoviendo consumismo, materialismo, avaricia, extravagancia y todo tipo de estilos de vida excesivos.

Telenovelas : Algunas de ustedes están familiarizadas con los nombres de actores e inclusive escritores de libros para mujeres que tratan con asuntos morales y no es de extrañar que si pones esas cosas en tu mente y en tu corazón, no solo se harán adictivas, sino que formarán y moldearán tus pensamientos, tus emociones, tus relaciones y básicamente tu comportamiento. Como pensamos en nuestros corazones, así seremos.

Oigan otra adicción: gastar e ir de compras. Algunas de ustedes estarán pensando: “Bueno, realmente no habías tocado nada que me afectara hasta que llegaste a este tema.”

CNN dice que las compras compulsivas afectan hasta un ocho por ciento de la población de Estados Unidos, y el 90 por ciento de los “adictos a las compras” son mujeres, lo cual no es sorprendente. No hace mucho la revista Money Magazine publicó un artículo llamado “Confesiones de una compradora compulsiva”. La autora de este artículo contó una historia sobre otra mujer. Decía: “en la cima de su adicción, esta mujer estima que gastó $400 por semana y pasó de 8 a 10 horas por día cada día comprando atuendos en una tienda de ropa infantil en la red”.

Esta mujer dijo: “Sentía una gran emoción; una gran euforia. Era tan intenso que solo de pensar en compras, empezaba a temblar.”

Para algunas de ustedes, esto es inconcebible. Pero no empezó así. Empezó probando, cediendo; empezó por un exceso que gradualmente se convirtió en una compulsión.

La autora siguió diciendo de la misma mujer que “tenía tarjetas de crédito hasta el tope”, “más de $50,000 dólares en deudas de compras, y el darse cuenta lentamente de que hablaba más con otras madres obsesionadas con la misma tienda que con su propia familia, finalmente convencieron a esta mujer de que necesitaba salir de su hábito”.

A propósito, todo este asunto de la deuda tiene a la gente muy atada. Si dices que no es una adicción, no importa lo que sea, te daré un pequeño reto: Déjalo por 30 días. Si no puedes, es posible que sea una adicción.

Quiero que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Cómo se desarrollaron estas adicciones? Porque No empiezan como adicciones. No te levantas un día y de repente te encuentras esclavizada al juego o a las novelas románticas o al alcohol o a los calmantes.

La semana pasada estuve hablando con diferentes personas, haciéndole preguntas, escuchando, observando y tratando de descubrir algo sobre la anatomía de las adicciones. Mis observaciones fueron las siguientes.

En muchos casos, las personas están tratando de mitigar o anestesiar el dolor. Están tratando de lidiar con el dolor. Están buscando alivio, alivio de la soledad, alivio del dolor. Están buscando consuelo y un escape.

¿De qué están tratando de escapar? De todo tipo de cosas. Algunas están tratando de escapar de su pasado, ya sea de sus fracasos, del abuso, del rechazo, o están tratando de escapar de problemas, ya sea en el matrimonio, presiones financieras, problemas con los hijos. De alguna forma están tratando de mitigar el dolor, tratando de escapar, de buscar consuelo.

En algunos casos, las adicciones son el resultado de la ira o el enojo que no se está manejando de una manera bíblica. La vida no ha funcionado. Ha habido desencantos; ha habido dolor. De modo que para algunas, el envolverse en comportamientos adictivos es una forma de enfrentar el mundo y a sí mismas, a otras personas o hasta a Dios, diciendo: “Dios no hizo lo que tenía que hacer, así que me voy a hacer sentir bien a mí misma. Voy a justificar algo que sé que no es saludable o provechoso como medio de expresar mi ira.”

En otros casos, y probablemente en la mayoría, estas personas están tratando de satisfacer anhelos insatisfechos o incumplidos. Están tratando de llenar lugares que están vacíos en sus corazones. Y eso porque todos tenemos lo que la Biblia llama deseos.

En Santiago capítulo 1 nos dice: “Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión” (versículo 14). Algunas de sus traducciones usan la palabra “deseos”. Somos atraídos a la tentación por deseos que habitan en nuestros propios corazones. Puede ser un deseo de placer, de reconocimiento, de aprobación, de compañía, de importancia o de control o de alivio.

Escucha atentamente: El deseo en sí mismo puede que no sea malo. Puede ser un deseo legítimo. El problema es cuando ese deseo se convierte en una exigencia, cuando yo digo: “tengo que tener esto. Yo voy a tener esto. Lo voy a tener ahora. Lo obtendré a mí manera”. La tentación que enfrentamos es satisfacer nuestros deseos naturales que son simplemente neutros, que no son ni buenos ni malos, en muchos casos, de satisfacerlos en una forma que es contraria a la manera de Dios o al tiempo de Dios.

Por ejemplo, el deseo de compañía. Dios nos hizo para estar en compañía; nos hizo para relacionarnos. O el deseo de satisfacción sexual, no tiene nada de malo ese deseo.

Lo que está mal es si digo: “Tengo que tener esto ahora, aunque sea soltera, aunque sea fuera del matrimonio. Tengo que tener esta compañía o esta satisfacción sexual. Lo haré a mi manera. Lo tendré ahora.”

Luego el deseo se ha convertido en un dios; se ha convertido en un ídolo. Se ha convertido en una exigencia. Y el deseo se hace tan fuerte que nos encontramos a nosotras mismas cediendo a la tentación para satisfacer este deseo de una manera ilícita.

¿Qué sucede una vez que cedemos a la tentación, una vez que nos encontramos atraídas y enredadas? Cuando Satanás nos tiró ese anzuelo, era nuestro deseo. Así que lo mordisqueamos, y mordimos el anzuelo. Luego somos atraídas una y otra vez. Lo que originalmente fue una decisión de un momento de decir “sí” para satisfacer ese deseo a mi manera, se convierte en un hábito. Se convierte en una atadura, en una esclavitud.

Pensamos que esto, lo que sea, va a satisfacer nuestros deseos, cuando en realidad lo que hace es que termina destruyéndonos. Eso es lo que sigue diciendo Santiago capítulo 1. Somos atraídos y seducidos por nuestros propios deseos. Luego dice: “Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte”. (Versículo 15).

Ahora bien, no habríamos mordido el anzuelo, no lo habríamos hecho, si cuando estábamos siendo atraídos hubiésemos pensado que nos conduciría a la muerte. Pensamos que nos llenaría. Pero al final termina destruyéndonos.

Pensamos que esta cosa, esta comida, esta compra, este medicamento, esto que estamos haciendo para anestesiar y medicar el dolor en nuestras vidas en nuestras almas, pensamos que nos hará libres. Pero en realidad termina haciéndonos todo lo contrario. Termina encarcelándonos.

Leí un testimonio en un programa cristiano sobre reducción de peso en un portal de internet. Esta participante hablaba sobre su aventura amorosa con la comida. Ella decía: “Era adicta a la comida, a su olor, a su sabor, a la idea de la comida. La comida me tenía atrapada, y no había escape.”

Ella no se hizo adicta a la comida pensando que la comida la convertiría en una prisionera, que pondría un lazo alrededor de su cuello. Ella pensó que la llenaría, que la liberaría. Pero ella dice: “La comida me gobernaba a mí en lugar de yo gobernar sobre ella.”

Recientemente hablé con una alcohólica en recuperación, quien me habló de cuando el deseo en su vida era tan fuerte que decía: “Cada vez que pasaba por ese bar, tenía que pararme y entrar”. Las mujeres que estaban sentadas escuchando la charla, que también habían estado lidiando con la adicción al alcohol, todas asintieron. Sabían exactamente de lo que ella estaba hablando.

Ahora bien, yo no he tenido esa experiencia con relación al alcohol, pero sí con relación a la comida y a comer en exceso. Lo he experimentado con relación a otras tentaciones a las cuales he cedido. Luego me encuentro que me está llamando por mi nombre, y siento que me tendieron una trampa, me siento cautiva. Piensas que te va a liberar, pero en realidad te encarcelará.

Hay diferentes deseos. Puede que para ti no sea el alcohol, Puede que sea, como mencioné anteriormente, el ansia del placer de comer; no puedes decirle que no a ese postre, aunque no tengas nada hambre; o a un intenso deseo de compañía o de afirmación. Y te encuentras atrapada, capturada, esclavizada. Estás adicta.

Puede que seas soltera o casada, y ansíes sensaciones sexuales. Dices: “Yo sé que no debo hacer esto, pero como quiera lo hago”. Y sigues volviendo una y otra vez a la auto estimulación.

Tantas jóvenes, y también mujeres de más edad, casadas y solteras, nos han escrito de cómo se sienten esclavizadas de hábitos inmorales personales. Pensaron que serían libres, “pero el deseo cuando fue concebido, dio a luz el pecado y el pecado engendró esclavitud y como consecuencia muerte”.

Es por eso que Pedro dice en su 2da carta de Pedro, capítulo 2: “Pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido” (versículo 19). Y él está hablando de ser dominados por nuestras pasiones. Pensamos que estas cosas nos harán sentir mejor, no las haríamos si no pensáramos que nos harían sentir mejor. Pero en realidad terminan enfermándonos y haciéndonos sentir miserables.

Pienso en el versículo de Proverbios capítulo 25 que dice: “¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites, no sea que te hartes y la vomites” (versículo 16). Te enferma, es demasiado.

Ves, eso es lo que sucede cuando cedemos a las tentaciones y se convierten en un hábito, en una adicción, en una atadura. Pensamos que inicialmente nos harán felices, pero al final nos enferman y nos hacen sentir miserables. Así que empezamos a odiar esa cosa que tanto deseábamos y que pensábamos que no podíamos vivir sin ella. Y eso nos conduce a vergüenza, culpabilidad y temor, a tener secretos y entramos en un ciclo entre esperanza y desesperación, esperanza y desesperación, esperanza y desesperación.

Nos sentimos culpables. Prometemos que no lo haremos más. Tratamos de no hacerlo más. Y fracasamos. Volvemos a hacerlo de nuevo. Y hay más sentido de culpa. Y el ciclo sigue una y otra vez. Y en esto consiste la esclavitud.

Romanos capítulo 7 describe esa batalla interna, ese sentido de esclavitud, derrota y desesperanza. El apóstol Pablo dijo:

Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino lo que aborrezco, eso hago porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. (Versículos 15, 18-19).

Continúa con una descripción de su lucha, y finalmente dice:

¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Versículo 24).

¡Soy cautivo! ¿Te identificas con esta descripción? ¿Hay alguna área de tu vida que, mientras oías o leías esto, dijiste?: “Sí, esa soy yo. Sigo haciéndolo una y otra vez. Sigo siendo seducida.”

Bueno, Pablo sigue diciendo: “¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!” (Versículo 25). Hay libertad. Hay liberación. En la próxima sesión, vamos a hablar sobre cómo encontrar liberación. Pero déjame decirte que nunca encontrarás verdadera libertad separada de Cristo.

Mencioné algunas mujeres que entrevistamos recientemente con relación a su adicción al alcohol. Una de ellas describió tener dos años y medio sobria. Pero dijo: “Fue una batalla constante”. Ella no era libre. No estaba bebiendo, pero no era libre. Dijo que dependía totalmente de su propio esfuerzo.

Pero luego vino a la fe en Jesucristo y empezó a tener el poder del Espíritu Santo dentro de ella. Y dijo: “A través de Cristo y el cambio que ha producido en mis deseos, ya no ansío el alcohol.” Fue Cristo quien la libertó por completo de la esclavitud y de la adicción.

Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32). Satanás te esclavizó a través de mentiras y de engaños, pero la verdad te hará libre. ¿Quién es la verdad? Es Cristo. Cristo es la verdad. El poder de Cristo y el poder de Su cruz pueden hacerte libre. Hablaremos más sobre eso en la próxima sesión.

Carmen: El poder de la cruz es mayor que cualquier adicción. No importa si la adicción involucra alcohol o drogas o si la adicción representa algo más sutil. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando el peligro de cualquier tipo de adicción.

El poder de la cruz puede rescatarte de la adicción. También puede transformar tu matrimonio, la crianza de tus hijos y tu iglesia. El poder de la cruz puede ser demostrado en tu vida en formas únicas y femeninas.

Aprende sobre el poder de Dios para ti como mujer. Deja que ese poder se haga evidente a través de la atractiva belleza de tu vida.

En los últimos programas hemos venido hablando sobre el problema de la adicción. En la siguiente entrega, Nancy hablará de manera práctica sobre la solución para la adicción, mirando a la Biblia para encontrar el camino hacia la libertad. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

1/3 – La Soberanía de Dios 

Para mi el vivir es Cristo

Serie: La Soberanía de Dios

1/3 – La Soberanía de Dios

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

15/42 – Lee la Biblia: Isaías cap. 1-39

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

15/42 – Lee la Biblia: Isaías cap. 1-39

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre los primeros 39 capítulos del libro de Isaías, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. Isaías anuncia que el juicio de Dios purificará a Israel y preparará a su pueblo para la llegada del rey mesiánico y de la nueva Jerusalén.

#BibleProject #VideosDeLaBiblia #Isaías

Episodio 40 – Quiero que Jesús sea mi tesoro ¿Es suficiente el deseo?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 40 – Quiero que Jesús sea mi tesoro ¿Es suficiente el deseo?

 

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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M1 – El poder de Dios sobre la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M1 – El poder de Dios sobre la adicción

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Angeline: Ni siquiera sentía dolor o resentimiento por lo que estaba haciendo ya. Esa parte se murió.

Carmen Espaillat: Una joven llamada Angeline creció en una familia donde la permisividad con el consumo de alcohol y la violencia abrieron puertas para que el poder restaurador de Dios fuera manifestado en su vida.

Angeline: Lo hacía muy normalmente, muy comúnmente; como la gente podía tomarse un vaso de agua o comer una comida que le gustara. Empecé solo así, pero luego se convirtió en un infierno.

Un día me levanté y me di cuenta que todos esos caminos que yo había andado no habían funcionado. Entonces ese día definitivamente me vino a la mente que me quería morir. Pensé: “Pero esto… tiene que haber otra vida, otra forma de hacerlo… porque realmente no me gusta tener que usar una sustancia para poder sentirme bien o mal, o como sea.”

Cualquier cosa en mi vida necesitaba de algún tipo de sustancia para yo hacerla.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

No seas esclavo del vino. El apóstol Pablo ofreció este consejo a las mujeres en el libro de Tito. Nancy ha comenzado a desempacar lo que para nosotras hoy en día significa este principio. Ayer escuchamos algunas historias impactantes sobre el poder de la adicción y el poder aún mucho más grande del Espíritu de Dios. En el día de hoy continuaremos con ese tema escuchando a una mujer que ha vivido esa situación.

Nancy: Angie, gracias por estar con nosotros en este programa. Quiero comenzar hablando un poco acerca de tu familia. Cuéntanos cómo creciste, cuál fue el ambiente en el cual tú creciste.

Angeline: Gracias por invitarme. Yo me crié en una familia común. Soy la mayor de una familia de cuatro hermanas, mi padre y mi madre. Mi madre era una mujer fuerte, dedicada a darnos todo lo que nosotros necesitábamos. Pero mi padre, un hombre un poco más tranquilo a la hora de enseñarnos y de decirnos qué hacer; inclusive de proveernos, familiarmente hablando.

Desde pequeña —desde que yo tengo uso de razón— mi padre bebía mucho. Inclusive yo creo que lo puedo catalogar como un alcohólico. Y mi madre tenía una actitud ante eso un poco como… podríamos decir que sumisa, ante la idea de que mi papá bebiera tanto. Pero a medida de que fueron pasando los años, eso —de alguna manera— frustró a mi madre. La decepcionó mucho como pareja. Familiarmente esto hizo mucho daño porque él constantemente bebía. Y lo hacía naturalmente, o sea, como lo que pasa en la sociedad, que el alcohol es algo tan natural, tan normal, que ni siquiera lo ven como una droga. Como lo que es.

Nancy: En tu casa estaba la presencia del alcohol constantemente.

Angeline: Constantemente. Inclusive, de parte de mis padres y de la familia de mi padre, era algo que yo me crié viendo.

Nancy: Y ustedes, tú y tus hermanas, estuvieron expuesta a beberlo, o ellos te permitían beber alcohol a temprana edad, o ustedes tomaban…

Angeline: Realmente no lo bebimos temprano, pero sí, siempre estuvo la puerta abierta de que, en el momento en el que tuviéramos la edad suficiente, ya podíamos hacerlo.

No había ningún tipo de límites con relación a eso, en el sentido de hablarnos, “Mira esto es bueno, esto…”, excepto cuando se trataba de quizás salir a la calle con una botella de alcohol en la mano. Ahí sí había un límite. Pero lo que era dentro de la casa, realmente era algo muy común.

Nancy: Pero tú nos compartías que tu problema mayor no fue el alcohol sino el uso de drogas. ¿Cuál fue la primera vez, o cómo llegaste por primera vez al uso de las drogas?

Angeline: Sí. Por ese mismo límite que se rompió durante mi niñez —el hecho de no tener algo, como un control— yo no descubrí temprano que también, igual que mi padre, yo tenía un problema de adicción; o sea, un comportamiento adictivo. Que se manifestaba en diferentes cosas en mi vida como: obsesión por cosas, por personas… a corta edad.

O sea ya con 15, 16 años yo me comportaba de una manera como obsesiva con la gente, ¿entiende? Quería estar con una misma persona todo el tiempo, tenía comportamientos agresivos. Recuerdo en la adolescencia tener ese tipo de comportamientos. Pero luego, fue cuando fui a la universidad —cuando estuve por primera vez sola— que empecé a investigar, quería saber diferentes cosas. Empezó como una búsqueda en mí. Yo… tenía un vacío tan grande, y lo quería llenar, quería investigar. Yo quería hacer cosas que no había hecho en mi casa.

Entonces empecé a juntarme con personas que no debía —malas compañías— a oír mensajes y cosas que de alguna manera me empezaron a influenciar sobre la sociedad y sobre lo que estaba bien o lo que estaba mal. Entonces me encontré primero con la marihuana. Ese fue mi primer encuentro con un tipo de droga.

Recuerdo que la primera vez que la usé no pasó nada conmigo emocionalmente. Pero luego, la segunda, recuerdo haber pensado y dicho a la persona con quien estaba que “había encontrado lo mío”. Eso fue exactamente lo que le dije ese día.

Nancy: Y tú me decías que, creciendo, tú manifestaste comportamientos que te mostraban que había algo que iba mal; que tú tenías una tendencia a obsesionarte, una tendencia a enfocarte sobre una persona—vamos a decir como a deificarla en tú interior, a ir tras eso. ¿Tú pudieras decir, o recordar, si hubo algo más en tu entorno familiar—en tu crianza— tú que piensas que te afectó?

Angeline: Sí, claro que sí. La violencia. Yo recibí mucha violencia, podríamos llamarle “abuso”. No recuerdo un solo día de mi niñez donde yo no me levantara con un boche, una pelea, o con una pela, o una palabra ofensiva hacia mí. Era algo muy normal—la violencia intrafamiliar. No solamente hacia mí, sino también hacia mis hermanas y entre mi padre y mi madre.

Nancy: Tú conectas la violencia con la adicción al alcohol de tu papá, con todo lo que te fue llevando—ya cuando tú sales y vas a la universidad que estás, como dicen, libre de esa influencia paterna…

Angeline: Los vacíos que traía por esa deficiencia familiar, obviamente, fueron de las cosas que me motivaron a empezar a buscar lo equivocado.

Hay personas que han vivido lo que yo he vivido familiarmente y no necesariamente han usado drogas. Pero, en mi caso, al yo tener una tendencia adictiva tanto genética como emocional, se dio esa búsqueda por ese lado.

Nancy: Y tú dices que la primera vez no te hizo nada, pero la segunda vez habías encontrado—te gustó lo que encontraste. ¿Alguna vez tú te dijiste a ti misma: “No debería estar haciendo esto”?

Angeline: Todo el tiempo, todo el tiempo. Había un sentimiento de inadecuación con relación a donde yo estaba: a los espacios y las personas. Me sentía mal e incómoda todo el tiempo. Y es algo que ahora yo identifico como el Espíritu Santo que se manifestaba en mí, pues yo no quería estar, y quería estar. Siempre tenía una lucha y decía—me preguntaba. Había algo que se despertaba en mi consciencia, en mi sano juicio. Y yo decía: “Pero, ¿qué es lo que yo hago aquí?” Eso me pasó mucho.

Nancy: El uso de la marihuana, ¿te llevó progresivamente a usar otras drogas o simplemente te quedaste usando marihuana?

Angeline: Duré un tiempo que solamente usaba marihuana, e inclusive duré un tiempo que ni siquiera la compraba, sino que era ocasional cuando iba a lugares y la consumía. O cuando alguien, de alguna manera me la regalaba o alguna cosa, yo la consumía. Pero entonces empezó eso a ser progresivo y empecé a querer comprarla y mi adicción creció al punto de yo coger y “auto robarme”, como yo le llamo y querer comprar. Darles dinero a personas para que me compraran. Y progresivamente estando en esos espacios —y con las personas equivocadas, también— empecé a usar otro tipo de drogas.

Recuerdo que la primera vez que usé específicamente crack, que fue lo que empecé a consumir, di un salto grandísimo porque realmente nunca usé cocaína, sino que pasé de marihuana a crack, que es algo bien fuerte. El primer “fumo” fue por un engaño. Me pasaron un habano de marihuana y yo lo fumé pensando que era solamente marihuana, y cuando sentí la reacción de mi cuerpo, me di cuenta que tenía algo que no era solamente marihuana. Ahí comenzó mi adicción a otro tipo de drogas y ahí duré más o menos un promedio de seis meses usando solamente crack.

Nancy: Y es cierto, Angie, que, para encontrar el mismo nivel de satisfacción, ¿necesitas cada vez usar más droga?

Angeline: Sí. El nivel de adicción —el deseo por ella— va aumentando, obviamente, porque el consumo de drogas es un deseo de llenar algo emocional y luego se hace físico. Entonces, al ser la parte física, te pide más.

Mi cuerpo se hace más resistente a ese tipo de droga, entonces obviamente voy a desear más y más y aumentar la cantidad. En mi caso, yo le tenía mucho miedo y yo creo que eso me reprimió para no hacer muchas cosas que pude haber hecho en mayor cantidad.

Nancy: ¿Alguna vez odiaste ese estilo de vida? ¿Alguna vez pensaste: “Esto es un asco, yo quiero dejar esto”? O, ¿se convirtió en algo normal para ti?

Angeline: La primera etapa era normal. Ni siquiera sentía dolor o resentimiento por lo que estaba haciendo ya. Esa parte se murió. Lo hacía muy normalmente, muy comúnmente, como una gente podía tomarse un vaso de agua o comer una comida que le gustara.

Empecé a hacerlo así, pero luego se convirtió en un infierno. Pensé: “Pero esto… esto… tiene que haber otra… otra vida, otra forma de hacerlo, porque realmente no me gusta tener que usar una sustancia para poder sentirme bien o mal, o como sea.” Cualquier cosa en mi vida necesitaba de algún tipo de sustancia para yo hacerla: si quería estar feliz, tenía que usar; si quería bailar, tenía que usar; si quería ir a la universidad, tenía que usar; si quería hablar, tenía que usar; si quería enamorarme, tenía que usar.

O sea que se convirtió realmente en una codependencia—una dependencia demasiado fuerte, y me ató. Y eso no me gustaba.

Nancy: Y, ¿te veías a ti misma como una adicta?

Angeline: No, no, no. Para nada. Yo no… Yo no entendía… yo no me entendía como una adicta. En mi mente decía que en cualquier momento lo podía dejar. Estaba convencida por momentos, que sí, que lo dejaría, que iba a llegar un momento—inclusive había momentos de consumo que decía: “Esta es la última vez.” Y me lo determinaba, pero volvía y lo hacía. Y pasaba una semana, y llegué a pasar un mes, dos meses, tres meses limpia; pero volvía.

Nancy: Y, ¿qué estaba pasando en tu vida en términos espirituales mientras pasabas por todo este tiempo? ¿Qué conocías tú de Dios? Y, si conocías de la existencia de Dios, ¿tú habías puesto esa parte de tu vida como en un segundo plano?

Angeline: Es interesante, pero yo pienso que sí, Dios estaba ahí. Yo conocí del Señor… o sea, conocía de Él, había escuchado de Él, ya tenía encuentros, había escuchado Su Palabra, había gente que me había predicado, me había mostrado al Señor. Pero no había entendido todavía lo que significaba el amor de Dios. Para mí era difícil porque yo no fui… yo no me sentí amada en mi casa, entonces no entendía cuando me decían que Dios me amaba. Entonces era difícil comprender lo que Él me estaba ofreciendo.

Pero sí sabía que Él estaba. Había momentos que yo oraba y que utilizaba un poquito el Dios —lo que yo le llamo “el Dios bombero”— que es cuando yo lo necesitaba. Pero… pero sabía que aun así, Él estaba. Y yo, yo sentía que Él estaba diciéndome: “Yo estoy aquí”, “Yo estoy por aquí”.

Nancy: Y, ¿hubo algún punto en el que tocaste fondo, hasta ese punto como de llegar a la desesperación para entonces clamar a Él?

Angeline: Yo entré a recuperación, traté de salir de las drogas por mí misma, por diferentes vías. Y cuando vi que ninguna vía me funcionaba —porque simplemente yo estaba buscando amor y no encontraba—, entonces me iba por recuperación; que si una iglesia, que si esto, que si aquello. Y nunca llegaba a esa llenura—realmente—que yo estaba buscando. Entonces llegó un momento en que recaía.

Duré más o menos unas tres semanas en consumo, y en ese tiempo dormía todo el tiempo. Y un día me levanté y me di cuenta que todos esos caminos que yo había andado no habían funcionado. Entonces ese día, definitivamente, me vino a la mente que me quería morir. Y que… y le hablé a Dios sobre ese deseo que tenía. Decidí abrirle mi corazón sobre… decirle: “Señor, yo no… yo sé que Tú estás ahí, que Tú me estás viendo, pero haz algo, porque yo ya no puedo más, o sea, si Tú estás ahí, si Tú me estás escuchando de verdad, yo necesito que Tú intervengas, porque este es el tiempo para hacerlo y yo estoy dispuesta a hacer lo que Tú me digas para que se dé.”

Y recuerdo algo… simplemente me paré y estaba determinada no sé a qué, y me paré, y algo me dice: “Ponte tus chancletas y sal.” Y yo salí a la puerta de mi casa, y cuando me paré ahí, pasó una guagua y se devolvió un carro, y ese carro traía todo un grupo de gente que había estado conmigo en un programa de recuperación en el que yo había intentado entrar. Y se devolvieron y me dijeron: “¡Pero mírala aquí!” Y me llevaron a ese programa. Y ese fue el inicio de mi recuperación.

Nancy: O sea que ese día llegaste finalmente —como pudiéramos decir— al final de ti misma.

Angeline: Exactamente.

Nancy: Y, ¿cómo… cuándo fue como que sentiste que tu corazón empezó a volverse hacia Cristo? Porque ahí ok, “Señor, yo te clamo, yo me quiero morir, yo no quiero esta vida”; pero, ¿cuándo la luz de Cristo comienza a resplandecer y te salva?

Angeline: Sí, en mi deseo por estar limpia empecé a asistir—estaba en un programa de recuperación, ya tenía cuatro meses limpia y me sentía… pero empecé a flaquear nuevamente, a sentirme que— ¡guau!—turbulenta. Entonces en esa búsqueda me encuentro con alguien que me invita a una iglesia y me dice: “Yo creo que tú lo que necesitas es otra cosa fuera de recuperación.”

Y comienzo a asistir a una iglesia, y en esa iglesia me comienzan a hablar de un Jesús, de Dios, de un Dios de amor que está ahí pendiente y que Él sabía de antemano que yo lo necesitaba, y que Él estaba ahí desde mi inicio y desde que yo estaba en mi casa, y que supo de los abusos. Y así fue que yo empecé una relación con Él, personal, a escucharlo, Él… a darme ese cariño poco a poco. Y el tiempo pasó hasta que simplemente lo recibí y empecé una relación personal con Él de manera estrecha y amorosa.

Nancy: Pudiste arrepentirte de tus pecados, entendiste que habías sido pecadora y que en Cristo había perdón, que Él los echa a lo profundo del mar y que en Él hay nueva vida. Dice la Palabra que, “si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.”

¿Y cómo fue ese proceso, entonces, de liberarte de la adicción? Hasta ahí tú tenías unos meses limpia pero sentías que podías flaquear. Ahora con Cristo en tu corazón, ¿cómo fue ese proceso?

Angeline: Fue difícil realmente. Fue un proceso de mucho dolor, de morderme los dedos. Pero ya era diferente porque yo ni siquiera quería estar limpia por mí, sino que yo quería estar limpia por Él, por Su gracia, porque yo quería estar limpia por seguirlo para hacer Su voluntad, entiende?. Estar limpia para hacer lo que Él quería para mí y de agradarle a Él por encima de cualquier cosa, inclusive sobre mis propios deseos.

Y Él empezó a darme un amor que yo no había recibido hasta ese momento. Un amor de padre, un amor de hermano y todo. Fue… ha sido maravilloso realmente.

Nancy: O sea que aún tú puedes decir que ha sido largo y difícil pero a su vez maravilloso.

Angeline: ¡Sí! Ha sido difícil, pero maravilloso también porque en ese proceso he conocido personas que me han dado apoyo—amigos, hermanos que han estado conmigo en ese tiempo cuando yo me siento sola o cuando yo necesito que oren por mí, cuando he tenido tentaciones—porque las tengo y las he tenido—. Pero Él ha provisto una serie de recursos que son importantísimos en mi vida.

A través… no sólo de Su Palabra, también los amigos, la iglesia, lugares donde yo puedo ir y recurrir para pedir ayuda cuando lo necesito; espacios, familia nueva. Me he hecho también parte de grupos donde yo puedo servir y ayudar a otras mujeres que están en lo mismo—que han pasado por la misma situación.

Nancy: Sí, son medios de gracia que Dios pone a nuestra disposición. Yo te quería hacer una pregunta sobre eso, eso de rendir cuentas. Hemos oído que es un proceso importante o sea— tener una persona a quien llamar, con quien estés conectada. Para eso mismo, para que ore contigo, para que te ayude, para que te acompañe, para la misma lectura de la Escritura, inclusive memorización, la asistencia—como tú dices—a la iglesia; las familias que te acogen en esa nueva familia, que es la familia de la fe.

Angeline: Sí.

Nancy: Tú tienes esa persona —o esas personas— a quienes tú les rindes cuentas de quienes estás cerca—específicas—no como un grupo general de la iglesia, sino personas específicas.

Angeline: Sí. Definitivamente. Yo tengo gente a la cual yo debo llamar cada cierto tiempo, y si no la llamo hay problemas. Y tengo personas que me mostraron otro patrón de familia, donde yo llego ahí y soy parte de su casa. Gente que yo debo llamar a diario también para contarle en qué estoy, cómo me siento, y me dan seguimiento.

Yo creo que eso fue fundamental —ha sido fundamental— en lo que es mi recuperación y mi encuentro con el Señor. Oraciones; yo en particular recuerdo una oración que se hizo conmigo cuando comencé también mi recuperación. Esa oración diciendo que las puertas estaban abiertas para que todo lo que se diera, llegara con relación a eso—a la recuperación. Y yo recuerdo esa oración con muchísimo cariño porque realmente sentí el poder de Dios que sí, que las puertas se abrieron a partir de ese momento. Nada fue coincidencia a partir de ese día, de esa oración.

Y muchísimas personas que en momentos han salido corriendo cuando yo lo necesitaba, fueron a mi casa inclusive hasta en las noches. O sea que ese tiempo y esa gente tienen que estar ahí. Yo debo ser intencional en buscar ayuda. O sea, no es ni siquiera esperar que llegue a mí, sino yo ser intencional si quiero realmente hacer un cambio y cambiar mi vida.

O sea, pedirle a Dios que, si no las tengo, que esa gente llegue. Pedirla a Dios y buscarla. Y si la primera persona no funciona, buscar la segunda. Y ser parte de ese proyecto que Dios quiere para mí, accionando también.

Nancy: Sí, porque esa es la forma en que Cristo provee esa ayuda.

Angeline: Claro que sí.

Nancy: Es a través… Él usa todos esos medios que tú mencionaste y las personas son claves.

Angeline: Es imposible hacerlo solo. Eso es imposible. La persona que dice que está en recuperación, pero que lo hizo solo, realmente no está en recuperación, porque eso es imposible. La compañía es fundamental para ver un cambio. Inclusive, Dios nos manda a eso—a estar en comunidad y ser parte de una comunidad activa.

Nancy: Exactamente.

Angeline: Y a través de la comunidad es que Él se manifiesta en mi vida.

Nancy: Por eso la Escritura dice, “Mejor son dos que uno, porque hay del solo que cuando cae, no tiene al lado quién lo levante.”

Angeline: Así mismo.

Nancy: Y también me viene a la mente el texto que habla de cuando nosotros hacemos algo por uno de estos más pequeños, el Señor dice, “A mí me lo hiciste.” O sea que el Señor, cuando uno extiende esa mano, es realmente del Señor y al Señor. Es un medio de gracia que Él dispone para nosotros.

Angie, ¿cuánto tiempo tienes sin usar drogas?

Angeline: Doce años.

Nancy: Doce años… eso es mucho tiempo. Y cuando hablábamos de que el proceso ha sido difícil—que no es un proceso fácil—, ¿tú qué pudieras decir acerca de las recaídas? ¿Cómo pudiera ser de aliento el hecho de saber que hay un camino en que uno falla pero sigue adelante?

Angeline: La recaída—yo entiendo—es parte de lo que es el mismo proceso de recuperación. Si una persona tiene la intención, el deseo de mantenerse limpio y está buscando cambios en su vida, debe entender que en algún momento puede ser que falle.

Pero la diferencia está en continuar, por encima de tú caer. Primeramente buscar a Dios por encima de todas las cosas, y pedirle que te dé las fuerzas, el deseo y las herramientas para el siguiente paso. La recaída puede convertirse en una bendición cuando te pasa la primera vez, y tú sabes qué hiciste mal en la primera y la segunda no te pasa, porque ya tienes las herramientas adecuadas.

Voy a ponerte un ejemplo: si yo tengo la experiencia de que hay algunos lugares que yo no puedo visitar porque esos lugares me hacen daño y me llevan a una recaída, obviamente, la segunda vez yo no voy a estar en ese sitio. Yo voy a buscar la manera de alejarme de esos lugares, porque a mí me afecta y me lleva a una recaída.

Entonces, la misma experiencia es la que te va haciendo… En el adicto eso es algo muy común, pero poco a poco, si él se mantiene dentro de lo que es la recuperación, él puede llegar a tener otra vida y a mantenerse firme.

Nancy: Angie, gracias por haber estado con nosotros, por estar dispuesta a ser abierta, a compartir tu testimonio para bendición de otros y de muchas a quienes Dios, quizás a través de este programa, está llamando a la libertad que tú encontraste en Cristo.

¿Qué otra cosa tú quisieras dejarnos como mensaje final ahora que estamos terminando este programa?

Angeline: Sí, quisiera decirles que una de las cosas que más agradezco es la apertura que tuvo la iglesia al recibirme—la iglesia a la cual yo asisto. Que me dio la oportunidad de estar y ser parte de su comunidad. Me dieron apoyo, me abrieron las puertas, hicieron todo lo que fuera necesario que yo necesitara para que se diera ese cambio. Eso lo agradezco mucho.

También ahí conocí a un Dios que… Él puede llenar cualquier tipo de vacío. Que todas mis ansiedades, cualquier tipo de afecto que yo necesité de mi niñez, de mi presente, Él los llena. Que no hay adicción que pueda con Él, que realmente en Él yo recibo todo lo que yo quiero y necesito—está en Jesús; en Su gracia, en Su perdón. A través de Él yo he podido ser otra persona, pero no solamente “otra persona”, sino alguien que Él está moldeando y que Él puede transformar, y que Él ha convertido en lo que Él ha querido.

Yo le doy las gracias al Señor —realmente— por esa… por todo eso que Él ha hecho por mí, que ha dado para mí… le doy las gracias.

Nancy: Amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado hablando con una mujer llamada Angeline acerca de la oscuridad de la adicción y el poder restaurador de Dios. Los programas de esta semana nos han ofrecido un buen balance para entender los sólidos principios bíblicos acerca de las adicciones y las historias que ilustran estos principios. Nancy retomará la enseñanza de Tito 2 en el próximo programa y continuará explorando la naturaleza destructiva de las adicciones.

Si necesitas ver más recursos de este y otro tipo te invitamos a visitar nuestra página web, www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Incluso, si nunca has probado el alcohol o las drogas, lo cierto es que necesitas saber sobre este tema y ser cuidadosa. Hay más adicciones sutiles que podrían causarte problemas. Hablaremos sobre esto en nuestro próximo programa. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Nancy está de regreso para terminar con una oración.

Nancy: Señor, qué bueno que en Cristo tenemos un poderoso Salvador. Gloria sea a Tú Nombre, Señor, porque Tú perdonaste todos nuestros pecados; nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Gracias porque así como está de lejos el oriente del occidente, así has hecho alejar de nosotros nuestras transgresiones.

Gracias, Señor, porque Tú has hecho una obra maravillosa en la vida de Angie y Tú puedes repetir esa obra Señor en la vida de tantas mujeres que están escuchando este programa; que están esclavas, Señor, a distintas y diversas adicciones. No solamente a las drogas Señor, sino también al alcohol, a los hombres, a las compras, a tantas y tantas cosas tras las cuales nuestros corazones se van Señor.

Que Tú seas el único Señor a quien nosotros adoremos, el único a quien nosotros servimos. Que busquemos primeramente Tu gloria, Tu reino y Tu justicia. Y todo esto, Señor, te lo presentamos en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

4/6 – “CINCO PASOS HACIA LA SALUD MENTAL”

El Amor que Vale

Serie: “CÓMO CAMBIAR SU FORMA DE PENSAR”

4/6 – “CINCO PASOS HACIA LA SALUD MENTAL”

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

http://www.lwf.org/eaqv

 

A30 – Verdaderamente libre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A30 – Verdaderamente libre

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Verdaderamente-libre/

Marsha : Me desperté y estaba en la cárcel.

Carmen Espaillat: El alcoholismo llevó a Marsha—literalmente—a la esclavitud cuando se vio en la cárcel y atada a la adicción.

Marsha: Estaba saliendo con mi actual esposo en ese tiempo. Él me preguntaba, “Te vas directo a la casa después del trabajo, ¿verdad?”, “Por supuesto.” “¿Sin hacer ninguna parada?” “No, ninguna”.

Salía del trabajo a las 5:00 p.m.. Llegaba a la casa como a las 5:30 p.m. . Por lo que a eso de las 6:30 p.m., él iba al bar y me decía, “Pensé que habías dicho que te ibas directo a la casa.” No podía ver el bar y pasar de largo. No podía. Bebía cerca de mi casa para no tener que manejar.

Carmen: Luego encontró esperanza.

Marsha: Recuperé la consciencia en la cárcel. “¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo llegué aquí?” Claro, los golpes… tenía todo un lado de la cara amoratado. Recuerdo cuando él golpeó mi cabeza contra el trampolín de la piscina. Pensé que me iba a ahogar. Recuerdo que fue en ese tiempo que traté de buscar de Dios.

He sido totalmente liberada de todas mis adicciones. Dios entra en tu corazón y llena el gran vacío que has estado llenando con las drogas y el alcohol. Él sustituye todo eso, hace desaparecer las adicciones y sientes Su plenitud.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta; no calumniadoras ni esclavas de mucho vino…” (Tito 2:3). Durante las últimas semanas hemos estado viendo versos de Tito 2 en la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer.

En nuestro programa anterior Nancy hizo énfasis en esta frase: “Ni esclavas de mucho vino.” Vamos a hacer una pausa en esa enseñanza y vamos a escuchar de mujeres que conocen lo que es estar bajo la esclavitud del alcohol.

Nancy habla con Ruby, Lisa y Marsha.

Nancy Leigh DeMoss : Marsha, ¿te acuerdas la primera vez que probaste alcohol?

Marsha: En realidad no me acuerdo cuándo fue la primera vez que lo probé.

Nancy: ¿Serías una niña o una adolescente?

Marsha: Debí haber sido pequeña. Idolatraba a mi hermano, quien es cinco años mayor que yo, y por ende, hacía todo lo que él hacía; iba a todos lados con él. Por lo cual cuando él tenía 14 ó 15 años y estaba experimentando con drogas y alcohol, yo también lo hice. Fumé hierba por primera vez cuando tenía 9 años.

Nancy: ¿Te pareció divertido? ¿Lo disfrutaste?

Marsha: La verdad es que no sentí nada la primera vez que probé la hierba.

Nancy: Cuando dices hierba, ¿te refieres a marihuana?

Marsha: Sí, un cigarrillo de marihuana.

Nancy: ¿Y tú, Lisa? ¿Qué tan joven empezaste?

Lisa: La primera vez que bebí tenía 14 años y me acuerdo como si hubiese sido ayer. Tenía un novio que me llevaba cinco años. Creo que, en ese tiempo, parte de mí buscaba un hombre que me cuidara como lo debió haber hecho mi padre. Me fijé en un hombre de 20 años (bueno, yo tenía 14 y él 19 en ese momento).

Fuimos a una fiestecita y brindaron vino. Lo probé. Sabía más o menos bien porque tenía sabor a fresas. Me cayó mal. Bebí y me cayó aún peor. Terminaron lavándome la ropa antes de que me pudieran llevar a mi casa. Así de mal me sentía.

Nancy: Y si te cayó mal y no fue una experiencia grata, ¿qué te hizo hacerlo de nuevo?

Lisa: …aceptación. Sientes que eres aceptada.

Marsha: Pienso que mi mayor motivo —y el de muchos alcohólicos con los que he hablado— fue la forma en que me sentí. Los efectos secundarios eran mínimos en comparación con la sensación de ser invencible, de tener confianza, es…

Nancy: Es como ser aceptada, sientes que como decía Lisa eres aceptada.

Marsha: Absolutamente. Esos sentimientos son primordiales. Son tu foco primario ya que, después de unos tragos, todas las inhibiciones se esfuman. Yo no bailo. Nunca bailo. Me tomo un par de tragos y no pueden sacarme de la pista de baile. Odio bailar, pero pierdes todas las inhibiciones. Es una alergia para la mayoría de los alcohólicos. Es, de hecho, una alergia al alcohol donde algunas personas dicen “Oh, lo estoy sintiendo. Debo parar de beber ahora”, y el alcohol responde “Oh, lo estoy sintiendo. ¡Dame otro!”

Nancy: ¿Y cómo te das cuenta si estás borracha o si estás bebiendo y lo toleras bien?

Ruby: Yo nunca me enteré si estaba borracha o no. Cuando llegué al punto de beber todos los días, la única forma de saber si había bebido mucho era cuando, al otro día, me sentía enferma y tenía que tomar un Alka-Seltzer aun para poder beber un sorbo de agua.

Pero fuera de eso, llegué a un punto en que prefería beberme un trago (no, mejor dicho, una botella de alcohol) y fumarme de tres a cuatro cajas de cigarrillos en lugar de comer porque quería verme de cierta manera. Tú sabes, me mantenía en mi peso, tenía todo lo que pensaba que necesitaba y era popular. Todos sabían cuál era mi trago, cuando entraba a una discoteca ponían un vaso grande frente a mí porque “oh, ella tiene buena resistencia”. Por lo que piensas que eres importante, cuando en realidad lo que eres es una borracha.

Nancy: Lisa tú mencionaste algo acerca de sentirse aceptada… ¿Podrías abundar un poco?

Lisa: Bueno, la razón por la que me sentía aceptada era porque todos mis amigos estaban en eso y quería ser parte de eso. Había tenido un bebé a los 16, me casé a los 16 y quería ser aceptada por… Nunca me sentí lo bastante buena y quería sentirme aceptada, entonces escogí esto. De hecho, estás como ciega porque estás escogiendo las cosas equivocadas, los amigos equivocados, haciendo lo mal hecho y piensas que todo está bien. Te ves bien y estás haciendo lo correcto, pero no lo estás. Me alejé de todo, escogí la botella y me vi tomando malas decisiones: me divorcié más de una vez. He pasado por muchas cosas y por muchas decisiones equivocadas porque recurrí al alcohol y las drogas.

Nancy: ¿Marsha, te sientes identificada con este sentimiento de ser aceptada?

Marsha: Definitivamente. Los niños con los que crecí en el vecindario empezaron a experimentar. Todos nosotros lo hicimos. Por eso nos parecía natural y común. Cuando no lo hacías, te decían “¿Y por qué no?”, eso era cuando no te habían aceptado.

Nancy: ¿Y qué tan lejos te llevó? ¿Tocaste fondo?

Marsha: Bueno, como dije, no me acuerdo de la primera vez que probé alcohol. Si recuerdo una experiencia. Había planeado pasar la noche con algunas amigas, pero fuimos a pasar la noche en la casa de otra. Su mamá nos iba a llevar al cine y no sé qué más. Ese era el plan. Eso fue lo que les dije a mis padres cuando salí de la casa. No pasó así.

Llegué a su casa y ella dijo, “Bueno, vienen unos muchachos para acá y nos vamos juntos para el cine.” Mi mente registró un “Ay-ay-ay”, pero esos muchachos eran muy buenos mozos y, entonces, nos fuimos. Tenía 13 años. Luego la película resultó no ser una película. Resultó ser un solar vacío desde donde se podía ver la ciudad. Los muchachos bebieron mucho. Yo me bebí media cerveza, ni siquiera me acuerdo de haber terminado una.

Nancy: ¿Y quién llevó el alcohol?

Marsha: Los muchachos. No estoy segura de sus edades, pero ninguno llegaba a los 21. Es más, ninguno tenía la edad suficiente para haberlo comprado.

Nancy: ¿Piensas que bebiste menos de una lata?

Marsha: Estoy segura porque no me gustó el sabor. Creo que ya había probado cerveza, pero no me importó tampoco. De nuevo, era aceptación. Si no estabas bebiendo, ¿por qué no bebías? y ese tipo de cosas. Bueno, como es de suponer, las cosas se salieron de control y me violaron.

Me llevaron a la casa después. Cuando entré por la puerta, mis papás ya sabían que las cosas no habían pasado como ellos pensaban (habían hablado con la mamá de la otra muchacha). Fueron las únicas nalgadas que me dio mi papá. Fue por la mentira. Por lo que, enseguida, me tragué la otra experiencia de esa noche, y no se lo dije a nadie. Tenía que adormecer el dolor. Tenía que adormecer ese secreto. No se lo pude decir a nadie.

Nancy: ¿Y cómo lo adormeciste?

Marsha: Con el alcohol. Era la única manera de soportar ese dolor. Era la única forma en la que podía alejarme de eso.

Nancy: ¿Empezaste entonces a beber mucho?

Marsha: Sí, empecé a beber, no mucho, pero probablemente un par de veces al mes, durante los fines de semana, cuando me iba de fiesta, con amigos, ese tipo de cosas.

Nancy: Y si alguien te hubiese preguntado en esos tiempos, cuando llevabas esa vida, “¿Tienes algún problema con el alcohol? ¿Eres alcohólica? ¿Estás borracha?” ¿Qué habrías contestado?

Marsha: Jamás.

Ruby: Le hubiese dicho que “NO”.

Lisa: Ningún problema.

Nancy: ¿Entonces, todas están de acuerdo?

Ruby: Sí, no tenía ningún problema.

Lisa: Yo me iba a trabajar. Era una persona responsable.

Marsha: Yo también.

Ruby: Yo pagaba mis cuentas.

Marsha: Ganaba, legalmente, mucho dinero para una adolescente.

Lisa: Solo vivía mi vida como yo quería. Nunca pensé en tratar de hacer lo correcto. Estaba en lo mío y eso es lo más triste de todo. Estás encantada de hacer tu voluntad. Llegué al punto donde (justo antes de celebrar mi recuperación) bebía en casa. Siempre había escuchado que una vez empezabas a beber en tu casa, comprando tu alcohol, consumiéndolo y escondiéndolo… Mi mamá decía “Yo sabía que estabas bebiendo”. Quería beber todos los días. Llegué a un punto en mi vida en que me sentí miserable en lugar de feliz, y sin embargo lo anhelaba.

En ese punto fue cuando comencé a recurrir a Dios. Le dije, “Señor, necesito que me liberes. Tengo que ser libre. Necesito ser libre.” Fumaba demasiado y bebía todos los días. Les digo: Él es el único que me ha ayudado. Él ha cambiado mi vida por completo.

Nancy: Ruby, sé que —en tu caso— la bebida te llevó a otras cosas y terminaste en prisión.

Ruby: Sí.

Nancy: Me dijiste, hace un ratito, que no fuiste a la cárcel por beber alcohol, pero si te llevó a hacer las cosas que te llevaron a prisión.

Ruby: Sí.

Nancy: ¿Puedes darnos una idea de lo que pasó?

Ruby: Es un estilo de vida y —una vez que empiezas con ese estilo de vida— empiezas a conocer cierto tipo de personas. Cuando llevaba esa vida, me presentaban hombres que traficaban drogas. “Oh, puedes hacer dinero.” Porque era cosmetóloga. “Puedes lavar dinero de esta forma.” Me levantaba, en la mañana bebía. Me iba a dormir, bebía; todo esto me parecía sensato.

“Bueno, ni siquiera tengo que trabajar, porque mientras pague mis impuestos, puedo hacer dinero.” Por lo que empecé a vender drogas. De hecho, pensé que estaba bien. Todavía me acuerdo del día de la redada. Me levanté esa mañana y bebí todo el día. Acababa de llegar a la casa para descansar unos minutos y estaba tan borracha que, cuando los policías patearon mi puerta, solo me paré.

El hombre dijo, “Acuéstese en el suelo.” Le dije, “Estoy muy borracha para acostarme en el piso. Si lo hago voy a vomitar, por favor no me obliguen a acostarme en el piso. Dispárenme o hagan lo que vayan a hacer, pero no puedo acostarme en el piso.” Estaba fuera de control. Había botado a mi marido de la casa. Tenía un novio más joven viviendo conmigo. Yo solo hacía lo que pensaba quería hacer porque el alcohol me daba el poder para hacerme pensar que podía hacer “lo que se me viniera en gana”.

Nancy: Lisa, ¿habías hecho intentos de dejar la bebida antes de dejarlo de manera definitiva? Alguna vez dijiste, “¿Voy a dejarlo?”

Lisa: La verdad es que lo dejé por un tiempo. Era cuando iba a la iglesia con mi segundo esposo. Iba a la iglesia, oraba y trataba de hacer las cosas bien. Mi marido… bueno, hubo infidelidad en nuestro matrimonio. Cuando no aguanté más, me fui y me salí de la iglesia también. Ahí fue cuando empecé a consumir drogas, he consumido cocaína y drogas parecidas a esa.

Nancy: Habla de lo que es una adicción. ¿Es física? ¿Emocional? ¿Qué significa ser adicta?

Lisa: En cuanto a mí, no sabía que era una adicción física. Ahora, como les dije —antes de dejarla por última vez— la anhelaba. Suena a locura, pero de camino a casa, me paraba en la gasolinera y compraba cerveza. No podía irme al supermercado sin haberme parado a comprar una cerveza primero. Estaba furiosa conmigo misma porque tenía que hacerlo. De ninguna manera podía ir a la gasolinera y no comprar alcohol. Por lo que, llegado ese punto, supe que algo no estaba bien.

Nancy: ¿Te sentiste avergonzada?

Lisa: Sí.

Marsha: Absolutamente.

Nancy: Marsha, ¿escondiste cosas, mantuviste secretos, mentiras y engaños?

Marsha: Sí, sí y sí. Estaba saliendo con mi actual esposo en ese tiempo. Él me preguntaba, “Te vas directo a la casa después del trabajo, ¿verdad?”, “Por supuesto.” “¿Sin hacer ninguna parada?” “No, ninguna”.

Salía del trabajo a las 5:00pm. Llegaba a la casa como a las 5:30pm. Por lo que a eso de las 6:30pm, él iba al bar y me decía, “Pensé que habías dicho que te ibas directo a la casa”. No podía ver el bar y pasar de largo. No podía. Bebía cerca de mi casa para no tener que manejar. Si algo serio pasaba estaba a pocas cuadras, no era gran cosa. También era conveniente para nuestros hijos —que iban en bicicleta a buscar dinero si necesitaban ir al supermercado— o si necesitaban que los ayudara con sus tareas.

Nancy: ¿Iban al bar?

Marsha: Sí.

Nancy: Tus hijos, ¿eran adolescentes para ese tiempo?

Marsha: Preadolescentes. Eran preadolescentes. Ellos podían ir en bicicleta al bar porque el bar tenía un lado que era restaurante y ellos podían ir a ese lado y hacer sus tareas en lo que yo tiraba dardos y bebía tragos de tequila. Por alguna razón nunca se me ocurrió pensar que había algo de malo en ello.

Nancy: ¿Qué recuerdas de cuando tocaste fondo?

Marsha: Me desperté y estaba en la cárcel. Mi relación con Lane estaba en picada. Estaba muy mal. Bebíamos los dos y consumíamos drogas para poder beber por más tiempo, quedarnos despiertos más tiempo e ir al trabajo en la mañana, ese tipo de cosas. Tuvimos un altercado violento y fui a la cárcel.

Recuperé la consciencia en la cárcel. “¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo llegué aquí?” Claro, los golpes… tenía todo un lado de la cara amoratado. Recuerdo cuando él golpeó mi cabeza contra el trampolín de la piscina. Pensé que me iba a ahogar. Recuerdo que fue en ese tiempo que traté de buscar de Dios.

Nancy: ¿Cuál fue tu momento más bajo, Ruby?

Ruby: El 29 de abril del 1999, cuando me sentenciaron por 30 años. Me llevaron a una celda y me di cuenta de que tenía que cumplir mi condena. Iba a tener que hacerlo. La corte así lo había decido. Ellos querían que cumpliera un 50% al inicio. No podía creer hasta qué punto había abusado mi cuerpo y —más que todo— no podía creer que había decepcionado a Dios.

Nancy: Lisa, te dejamos hace un rato. ¿Podrías contarnos del momento en que empezaste a conocer a Dios y del trayecto que te llevó a ese punto?

Lisa: Creo que fue el amor y la gracia de Dios que me llevaron al punto de sentirme cansada; de sentirme cansada y enferma. Me sentí cansada de los antidepresivos, de beber todos los días y fue cuando empecé a buscarlo. Empecé pidiéndole que me cambiara, que me quebrantara. De hecho, le pedí que me quebrantara, que quebrara mi voluntad. Me hacía falta tener una relación con Él y Él me fue guiando hasta que pude sentir Su presencia. Pienso que una vez empiezas una relación con Él, Dios empieza a llenar el vacío, Él empieza a quitar todos esos deseos.

Tuve un novio al que siempre le decía: “Ni siquiera quiero hacer lo correcto. No sé qué me pasa. No quiero hacer las cosas bien”. Ahora le dije, “Quiero hacer lo correcto y deseo hacer las cosas bien”. Solo estoy muy, muy agradecida por la misericordia, la gracia y el amor de Dios.

Marsha: Me acerqué a Dios —por primera vez— cuando desperté en la cárcel. Cuando hablo de mi camino de sobriedad es muy distinto a mi camino de recuperación. Son dos cosas distintas.

Nancy: Explica lo que quieres decir con eso.

Marsha: La sobriedad consiste solamente en abstenerse de alcohol, drogas o cualquiera de esas cosas. No hay libertad. Es una batalla continua. Mientras que, desde que he estado en recuperación a través de “Celebrate Recovery” (Celebrando la Recuperación) y a través del regalo de Jesucristo, no he vuelto a anhelar nada de aquello. Los programas de recuperación reforman, solo Jesucristo transforma. Estoy en recuperación. He sido totalmente liberada de mis adicciones. Dios entra en tu corazón y llena el gran vacío que has estado llenando con las drogas y el alcohol. Él sustituye todo eso, hace desaparecer las adicciones y puedes sentir Su plenitud.

Nancy: Marsha, ¿qué tan importante es la rendición de cuentas? ¿Has estado sobria por cuánto tiempo?

Marsha: . . .Seis años.

Nancy: Seis años. Estaba hablando con un amigo nuestro —creo que han sido ocho años para él— y me decía que todavía hace la llamada para rendir cuentas cada noche. Y le dije, ¿Es porque todavía luchas a diario? ¿Estás luchando con la tentación? Me contestó: “No realmente, pero si no tuviese ese apoyo, tendría que luchar.” ¿Te identificas con eso?

Marsha: Sin duda. Es vital saber que hay otras personas que están pasando por lo mismo, quienes luchan con las mismas cosas que tú. Solo el hecho de que estén ahí, lo hace mucho más fácil para ti. Ni siquiera tienes que hablar solamente de recuperación. No tienes que hablar de adicciones y todas esas cosas. Es vital saber que siempre están ahí durante el proceso de recuperación, no solo en el de sobriedad.

Nancy: Sé que están en etapas distintas en su caminar, de semanas hasta años. ¿Tienen límites, parámetros que deben seguir y que les proporcionen protección? Están asintiendo las dos que tienen años en el proceso. Dígannos. ¿Cómo se salvaguardan de caer, reconociendo que es la gracia de Dios la que nos protege?

Ruby: Sí. La mía empieza con un pensamiento. Si medito en algo por demasiado tiempo, cojo el teléfono y llamo, usualmente, a Stacey porque…

Nancy: Y para aquellas que no lo saben, Stacey es una amiga mutua que pasó 12 años en la misma prisión de mujeres en la que pasaste 7 años. Ella ha regresado para ministrar a las mujeres en esa prisión… Decías que tienes un pensamiento y llamas a Stacey. ¿De qué clase de pensamiento hablas?

Ruby: A pesar de que era alcohólica, mi droga eran los hombres y el dinero. El alcohol me condujo a los hombres porque los hombres tenían dinero. Esa es una adicción de la que no están al tanto la mayoría de las personas. Por lo que si pienso en que “quiero un marido” porque soy viuda, tengo que llamar a Stacey y decírselo. Tengo que decírselo a alguien: “Esto es lo que me está pasando hoy.” Es solamente una medida de protección. “… en la multitud de consejeros está la sabiduría” (Proverbios 11:14b). Creo que Dios usa a las personas, incluso personas que no saben que Dios está obrando a través de ellas —porque no confío en la persona; yo confío en Dios.

Nancy: Marsha, ¿Recomendaciones? ¿Consejos prácticos para guardar el corazón? ¿Qué haces?

Marsha: Tienes que ser selectiva con las personas con las que te codeas, los lugares a donde vas, las actividades en las que estás envuelta. Cosas así. Cambias muchos patrones de conducta. Yo solo quiero rodearme de gente cristiana, gente que ame al Señor como yo lo amo.

Nancy: Quiero agradecerles por haber compartido con nosotras sus historias. Estoy aquí sentada pensando en estas palabras de Jesús: “En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado (que está en todas nosotras por naturaleza) es esclavo del pecado.” Y luego dice, “Y el esclavo no queda en la casa para siempre. El hijo sí permanece para siempre. Así que, si el Hijo os hace libres seréis realmente libres.” (Juan 8: 34-36).

Estoy mirando las caras de tres mujeres que fueron esclavas de sí mismas, del pecado y el alcohol, pero el Hijo las ha libertado y, ustedes mujeres, están verdaderamente libres. Veo lágrimas en los ojos de Lisa.

Lisa: Porque sé de dónde vine y sé que quiero hacer mucho más. Me siento emocionada.

Carmen: Hemos estado escuchando acerca de la oscuridad en la que nos sumerge la adicción al alcohol y de la libertad que Dios nos ofrece. Los testimonios de hoy ilustran de forma poderosa la enseñanza —basada en Tito 2— que Nancy Leigh DeMoss nos ofreció recientemente. El apóstol Pablo les dice a las mujeres de más edad que no se dejen seducir por el vino. Si no escuchaste ese programa lo puedes escuchar visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Convertirse en esclava del alcohol incapacita a la mujer para ejercer su rol y crear un ambiente sano en su casa. Ahora bien, la adicción no es el único factor destructor del hogar. Aunque no bebas, puedes tomar decisiones perjudiciales para la familia. Espero que aprendan el poder que tiene la mujer para nutrir la vida en su hogar.

En el próximo programa escucharás el testimonio de otra mujer que por la gracia de Dios encontró perdón de sus pecados y sanación de su adicción. Esperamos que nos sintonices en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Mi Vida Es Cristo

Sovereign Grace Music

Eres Dios ℗ 2012 Sovereign Grace Music

Voces adicionales:
– Marsha, en la voz de Xiomara Marmolejos
– Lisa, en la voz de Monina de Reyes
– Ruby, en la voz de Odette Carranza

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A29 – La ley del amor

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A29 – La ley del amor

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ley-del-amor/

Carmen Espaillat: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: La gracia de Dios debe hacer que las personas salvas sean diferentes en su manera de pensar, en su manera de actuar, en su manera de hablar, en la manera de vestir, en la forma de comer, y en su forma de beber. Todo sobre nosotros debe estar informado y moldeado por la gracia de Dios.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

En las últimas semanas Nancy ha estado en una serie llamada El hermoso diseño para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 A través de esta serie hemos podido ver lo prácticas que realmente son las Escrituras, y hoy continuamos.

Nancy: Estamos ahora en una sesión de nuestro estudio de Tito 2 donde estaremos hablando de un tema que hasta los ángeles temen abordar. Este es un tema que nunca había enseñado pero debido a que las Escrituras lo enseñan, es importante que lo abordemos—es sobre el tema del uso y abuso del alcohol.

No se escucha mucho sobre este tema dentro del contexto de la iglesia. Pero está aquí mismo en nuestro pasaje de Tito capítulo 2, así que entiendo que es importante que nosotros lo estudiemos y que hablemos sobre esto.

Ahora bien, estoy consciente de que estoy hablando a grupos diferentes de personas que están escuchando esto. Algunas de las que me escuchan a través de la radio o del internet practican la abstinencia total. No beben para nada en lo absoluto.

Pero hay otras, conscientes o no, que tienen un problema con el alcohol. No lo controlan: el alcohol las controla a ellas.

Y luego hay un tercer grupo. Hay otras que disfrutan lo que muchas veces llamamos “la bebida social.” Y dicen, “Yo bebo sin peligro. Yo bebo de manera legal. Y bebo responsablemente. Yo no me emborracho. El alcohol no es un problema para mí.” Y en algunos casos esa debe ser realmente la situación.

Pero en días recientes he estado hablado bastante con alcohólicos en recuperación para darme cuenta de que hay muchas personas que están en grave peligro con respecto al alcohol, y que están diciendo, “No tengo problemas con esto”.

Pero he aprendido que hay algunos que realmente pueden beber, manejarlo y hacerlo sin peligro, legal y responsablemente.

Así que tenemos todo un espectro de personas con relación a este tema. Hay una gran gama de opciones sobre el mismo asunto. Así que queremos hablar sobre esto: “¿Está bien para los cristianos beber alcohol? ¿En qué debemos basar nuestra decisión y nuestro pensamiento con relación con a este tema?”

Sé que cualquier cosa que diga sobre este tema, siempre habrá algunas personas en este salón que no estén de acuerdo conmigo. De manera que voy a tratar de separar mi opinión y mi aplicación de lo que entiendo que dicen las Escrituras de lo que creo que claramente enseñan. Y quiero animarte a que hagas lo mismo.

Como dijimos en la última sesión, la Biblia no prohíbe de manera general el tomar bebidas alcohólicas. Y debemos ser muy cuidadosos de no imponerle a nadie reglas sobre este tema u otros temas; reglas que vayan más allá de las Escrituras.

Debemos ser cuidadosos de no juzgar la espiritualidad de otras personas o su relación con el Señor sobre la base de nuestra lista—cualquiera que esta sea. Y algunos de nosotros tenemos listas bastantes largas.

Y aún así yo diría lo siguiente: En un esfuerzo de evitar un espíritu legalista (uno que añade a la gracia de Dios y que hace que nuestra relación con Dios se torne más en lo que nosotros hacemos por Dios en vez de lo que Él ha hecho por nosotros) en esta y en muchas otras áreas hoy, muchos cristianos han caído en la otra —igualmente peligrosa— trampa de la permisividad.

Lo que dicen es, “Estamos viviendo bajo la gracia.” Ahora lo que no dicen —y que aparentemente es la implicación— es, “Por lo tanto, como estamos viviendo bajo la gracia, somos libres de hacer cualquier cosa que nuestra carne quiera hacer.”

Este no es el concepto bíblico de vivir bajo la gracia. Claro, la mayoría de la gente no lo diría de esa manera, pero esa la es forma en que hoy vemos a muchas personas vivir su vida cristiana.

Contrariamente a esto, si estuviésemos estudiando el libro completo de Tito, estaríamos empleando tiempo en este maravilloso pasaje que viene justo un párrafo o dos más adelante en Tito capítulo 2 comenzando en el versículo 11. Es dado después de todas estas instrucciones a las mujeres ancianas, a las mujeres más jóvenes, a los hombres ancianos, a los hombres más jóvenes, a los servidores y dice, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres”.

Por cierto, nada más que la gracia de Dios que te puede salvar —no hay nada que tú puedas hacer para ganarte la salvación de Dios. Es el regalo de la gracia de Dios.

Pero ¿qué hace la gracia de Dios por nosotros mientras nos trae salvación? Versículo 12:

[Nos enseña] que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús, quien se dio a Sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras (versículos 12-14).

¿Ves ahí el corazón de lo que la gracia hace en tu vida? La gracia no te hace querer vivir igual a como viviste antes de ser cristiano. En la medida de lo posible, te hace querer ser parecido a Cristo.

La gracia de Dios debe hacer a las personas salvas únicas en:

● La manera en la que pensamos.

● La manera en la que actuamos.

● La manera en la que hablamos.

● La manera como vestimos.

● La manera como comemos.

● La manera como bebemos.

Todo sobre nosotros debe ser informado y moldeado por la gracia de Dios para que todo sea para Su Gloria y todo para el avance de Su reino y de Su dominio y reinado en esta tierra.

Te quiero presentar cuatro preguntas que debes hacerte a la hora de determinar si eres libre para beber bajo el Señorío de Jesucristo —en cuanto si puedes o debes ingerir alcohol.

Número uno , y creo que debes hacerte esta pregunta. ¿Es dañino para tu cuerpo físico? Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo. ¿Es dañino el alcohol?

Ahora tú no puedes investigar el tema del alcohol sin encontrarte con una gran cantidad de riesgos potenciales de salud. Déjame señalarte algunos de ellos.

● El alcohol es una toxina que daña el hígado.

● Aún pequeñas cantidades de alcohol pueden destruir las células del cerebro.

● En cuanto al uso del alcohol entre mujeres, se sabe desde hace años que tomar alcohol durante el embarazo puede causar defectos físicos y mentales de nacimiento. Ningún nivel de uso de alcohol durante el embarazo es considerado seguro para el bebé y aun tomar moderadamente aumenta el riesgo de aborto espontáneo.

● Unas semanas atrás salió a la luz un nuevo estudio donde se estudiaron 70,000 mujeres durante dos décadas aquí en los Estados Unidos. Y el titular era: “El alcohol aumenta el riesgo de cáncer del seno —independientemente del tipo de bebida.”1

● El uso del alcohol puede aumentar también el riesgo de desarrollar cáncer de colon, esófago, boca y garganta.2

Ahora siempre habrá alguien que te diga, “Bueno, ¿y qué hay de esos doctores que están diciendo que el vino tinto es bueno para tu corazón?”

El Dr. Ira Goldberg es un miembro de la Asociación Americana del Corazón. Es un profesor de medicina de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. Él dijo— y cito:

“Los mismos antioxidantes encontrados en el vino —y sin los riesgos relacionados con el alcohol— pueden ser encontrados también en el jugo de uva no fermentado.”

Así que la sugerencia de que el alcohol puede ser beneficioso para tu salud es —desde mi punto de vista— muy opacada por los muchos estudios que indican los riesgos potenciales de salud a través del consumo de alcohol.

Pero primero hazte la pregunta, “¿Puede ser esto dañino para mi cuerpo físico el cual es el lugar donde habita el Espíritu Santo? Yo debo usar mi cuerpo para glorificar a Dios”.

Número dos: ¿Te podría esclavizar el uso del alcohol? ¿Te podría convertir en una prisionera? Se nos dice en este pasaje de Tito 2 que las mujeres no deben ser “esclavas de mucho vino” (versículo 3). Esa palabra significa “ser atrapado y controlado o contra de la voluntad”.

Y es interesante para mí que muchas personas admitan estar usando el alcohol como una forma de escape, y sin embargo terminan esclavizadas en muchos casos. Estaban tratando de liberarse, pero en muchos casos encuentran que están prisioneras.

Y creo que a esto es que hace referencia Efesios capitulo 5 cuando habla del concepto de estar esclavizadas por el alcohol; el Apóstol Pablo dice, “Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución.” [Esa palabra simplemente significa indulgencia excesiva.] “Sino sed llenos del Espíritu” (versículo18).

Se compara estar borracho con vino con estar lleno del Espíritu. No puedes tener ambos al mismo tiempo. No puedes estar bajo el control de Dios y bajo el control de otra sustancia. No puedes servir a dos amos.

Así que Pablo dice en 1 Corintios capítulo 6, al citar lo que algunas personas estaban diciendo: “Todas las cosas me son lícitas.” Pero Pablo agrega, “Pero no todas son de provecho” (versículo 12).

Y algunos estaban diciendo, “Todas las cosas me son lícitas”. “Estoy bajo la gracia,” esa es la implicación aquí. Pero Pablo les dice, “No me dejaré dominar por ninguna. Puede que no esté prohibida, pero ¿acaso te puede esclavizar?” En el contexto de ese texto, él está hablando sobre la inmoralidad sexual y la borrachera, entre otras cosas.

Así que al considerar la bebida social, casual o moderada, también debes considerar el riesgo potencial de convertirte en borracha o adicta.

Lo que encuentro interesante es que al hablar con aquellos que han luchado con la adicción al alcohol o con el pecado de la borrachera, me han dicho, “El problema es que tú no sabes cuánto tu puedes manejar hasta que no has pasado ese punto. Ese es el peligro. Ese es el reto”.

Y digo esto con certeza. Cada caso de adicción o de abuso de alcohol comenzó con un primer trago. Nadie ha llegado a ser un alcohólico, ni se ha embriagado, ni se ha intoxicado, ni se ha vuelto adicto —o lo que sea— usa la palabra que más te guste si no se toma el primer trago.

Así que pregúntate, “¿Esto me esclaviza, o me podría llegar a esclavizar?” Y considera el potencial para la adicción y la borrachera.

Y aquí una tercera pregunta: ¿Es esto un ídolo en mi vida?

“¿Que quieres decir con eso?”, te preguntas. “Yo no le rindo culto al alcohol”.

¿Lo estás usando o lo pudieras estar usando como un sustituto, como un reemplazo para Dios? ¿Estás tratando de llenar un lugar que fue creado para Dios? ¿O estás tratando de escapar del dolor, la presión, los problemas, o las cosas que Dios quiere usar en nuestras vidas para atraernos hacia Él?

A veces escuchamos sobre personas que han sido llevadas hacia la bebida. ¿Qué los llevó a la bebida? Fue una discordia matrimonial o un problema en el trabajo o un asunto de salud. Ellos dicen, “Fuimos empujados hacia la bebida.”

Bueno esas cosas están supuestas a llevarnos al corazón de Dios, llevarnos a permitir que Él llene nuestras necesidades y consuele nuestros corazones y nos motive, nos consuele y nos de gracia.

¿Estás tratando de llenar un lugar que fue creado para Dios? ¿Estás buscando el alcohol o cualquier otra cosa en este planeta para proporcionarte alivio, para proporcionarte respuestas a los problemas de la vida tales como la ansiedad, la culpa, el aburrimiento, el rechazo o la soledad?

Si es así, puede ser que el alcohol o esa otra sustancia o esa otra cosa se hayan convertido en un dios falso en tu vida y pregúntate, “¿Es esto un ídolo en mi vida? ¿Es esto un sustituto? ¿Lo estoy usando para sustituir a Dios en mi vida?”

Número cuatro: ¿Pudiera ser que tú uso del alcohol —y pudieras aplicar esto a muchas otras prácticas o hábitos— cause daño espiritual a otras personas o los lleve a pecar? Cause daño a otras personas o los lleve a pecar.

Y aquí es donde el apóstol Pablo habla sobre la ley del amor en el Nuevo Testamento. La ley del amor a Cristo y a los demás debe coartar cualquier libertad que podamos tener. Si para ejercitar nuestra libertad tenemos que dejar de amar a los demás, entonces necesitamos estar deseando echar a un lado nuestra libertad de manera que podamos practicar la ley del amor.

Y quiero que veamos tres pasajes que se relacionan con este tema de ocasionar daño espiritual a otra persona. Vamos primero a 1ra a los Corintios capítulo 8.

En este pasaje de 1ª a los Corintios capítulo 10 —y en uno que está justo dos capítulos más adelante y que vamos a ver en unos instantes— el apóstol Pablo está tratando específicamente con la pregunta que surgió en la iglesia primitiva sobre si estaba bien comer carne que había sido ofrecida como un sacrificio a los ídolos. Esto no es algo que nos preocupa en el día de hoy; era un asunto del primer siglo.

Y Pablo dice en esencia, “Los ídolos no son dioses. Sabemos eso. Solamente Dios es Dios. Solamente hay un Dios, y lo que comemos no nos hace más o menos espirituales”. Sin embargo, él reconoce que debido al trasfondo de idolatría de algunas personas, si ellos comieran de esta carne sacrificada a los ídolos, eso podría causar que su consciencia fuese contaminada. Ese es el antecedente que Pablo ofrece.

Entonces él retoma en el versículo 9 de 1ra de Corintios capítulo 8. Y les dice, “Mas tened cuidado no sea que vuestra libertad,” [esa libertad que tienes de comer esta carne que ha sido ofrecida a los ídolos… El ídolo es insignificante; la carne está bien.]

Pero él dice, “Mas tened cuidado, no sea que esta vuestra libertad de alguna manera se convierta en piedra de tropiezo para el débil”.

¿Quiénes son los débiles? Aquellos cuyas consciencias serían afectadas si fueran a comer esta carne debido a sus antecedentes.

Y él dice en el versículo 10,

Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no será estimulada su conciencia, si él es débil, a comer lo sacrificado a los ídolos? Y por tu conocimiento [tú que te estás tomando esta libertad] se perderá el que es débil, el hermano por quien Cristo murió.

Jesús murió por esta persona. ¿Acaso no estarías dispuesto a limitar tu libertad dejando de comer esa carne?

Y así, al pecar contra los hermanos y herir su conciencia cuando ésta es débil, pecáis contra Cristo. Por consiguiente, si la comida hace que mi hermano tropiece [si le causa que su consciencia sea contaminada o si le hace pecar], no comeré carne jamás, para no hacer tropezar a mi hermano.

Pablo dice, “Estoy dispuesto a someter mi propio derecho y mi propia libertad a la más alta y grande ley del amor”.

Y vayan a 1ra a los Corintios capítulo 10, y verán un principio similar aquí. Aquí él está tratando con los mismos temas, el comer carne ofrecida a los ídolos. Y en el versículo 23 de 1ra a los Corintios capitulo 10 algunas personas están diciendo.

“Todo es lícito.” Pero [Pablo dice] no todo es de provecho.

“Todo es lícito,” algunas personas dirían. “Pero,” Pablo dice, “No todo edifica. Nadie busque su propio bien, sino el de su prójimo”.

Versículo 31:

Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis motivo de tropiezo ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios, así como yo también procuré agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos (versículos 31-33).

Ahora bien, Pablo no está diciendo, “Porque tengo miedo de lo que otros pudieran pensar, no haré esto”. Él está dirigido por el amor por Cristo y amor del Evangelio y por el deseo de no causar el tropiezo o el pecado de nadie.

Así que él dice, “No solamente me considero a mí mismo. Considero a otros.” Mientras decides si Dios te da o no te da la libertad de beber con sobriedad, moderadamente, responsablemente, y legalmente, necesitas preguntarte, “¿Pudiera yo en el proceso estar causando que alguna otra persona peque o tropiece en su caminar?”

Vamos a Romanos capítulo 14 y otro pasaje que está dirigido a este tipo de pregunta. Romanos capítulo 14: el contexto aquí es que Pablo está lidiando con temas que no están claramente especificados o abordados en la Escritura. Algunos creyentes sienten que tienen libertad en esta área. Otros dicen, “No puedo hacer eso con una buena consciencia”.

¿Cómo tratamos con estos temas? ¿Y cómo mantenemos la unidad en el Cuerpo de Cristo?

Bueno, Pablo dice en Romanos capítulo 14, “Hay dos principios básicos que necesitamos observar. Y ambos son aplicaciones de la ley del amor—amar a otros más de lo que nos amamos a nosotros mismos y más de lo que amamos nuestra propia libertad”.

Y en los versículos 1-12 él nos da el primer principio el cual es: No rechaces a otros que no estén de acuerdo contigo y no pases juicio sobre ellos.

Versículo 2:

Uno tiene fe que puede comer de todo, pero el que es débil sólo come legumbres. El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie. (Versículos 1-4).

Versículo 10:

Pero tú ¿Por qué juzgas a tu hermano? O también, tú ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios. . . Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros. (Versículos 10 y 13).

De manera que el primer principio, la ley del amor, es no pases juicio sobre otros con relación a cosas que no están específicamente escritas en las Escrituras. Ahora bien, en las Escrituras si aparece escrito que la borrachera es pecado. No dice que el consumo de alcohol es pecado bajo toda circunstancia.

Al prepararme y estudiar para esta serie, una de las cosas con la que Dios me ha confrontado es que he pasado juicio sobre otros creyentes que sienten una libertad en esta área donde yo no la siento personalmente. Y ese es el primer principio.

El segundo principio lo encuentras en los versículos 13-23.

[Más bien, no] ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano.

Versículo 14,

Yo sé y estoy convencido en el Señor Jesús que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es. Porque si por causa de la comida [o por implicación; lo que tú bebes] tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida o con tu bebida a aquel por quien Cristo murió.

Versículo 19,

Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. En realidad, todas las cosas son limpias, pero son malas para el hombre que escandaliza a otro al comer. Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tú hermano tropiece.

Así que Pablo está diciendo, “Mira tú puedes ser capaz de manejar el alcohol.” O puedes aplicar esto a otros temas también. “Puede que no te emborraches. Pero ¿pudiera ser que el ejercicio de esa libertad lleve a otro creyente a pecar? ¿Pudiera ser piedra de tropiezo para otros?”

Y yo siento esto en muchas áreas de mi vida donde me doy cuenta que las personas están observando mi vida. Están examinando no solamente lo que yo digo en mis libros o por la radio, sino que están observando las elecciones que yo hago.

Así que hay algunas áreas donde yo he elegido voluntariamente limitar mi libertad porque no quisiera que otros creyentes más jóvenes o más débiles, menos maduros que no han pensado sobre algunos de estos asuntos… No quisiera que siguieran mi ejemplo y que quizás lo lleven a un extremo pecaminoso… me sentiría muy triste al pensar que yo les he llevado con mi ejemplo hacia ese pecado, aunque para mí el haber hecho ciertas cosas no haya sido un pecado.

Así que tengo que elegir limitar mis libertades. Tú dices, “Bueno, yo estoy ciertamente muy contenta que no tengo un ministerio nacional como Aviva Nuestros Corazones. No me tengo que preocupar sobre esto”.

Tú tienes un ministerio. La gente mira tu vida como un ejemplo. Y te voy a mencionar algo clave que debes preguntarte si tienes hijos, “¿Cómo puede mi consumo de alcohol influenciar las vidas de mis hijos?”

Se ha hecho la correcta observación de que lo que los padres toleran con moderación, muchas veces sus hijos terminan excusándolo en exceso. Al pensar sobre las estadísticas de la bebida y la ebriedad entre los adolescentes, pienso que la generación adulta debe tomar algunas responsabilidades que son enormes por nuestras vidas, para servir como ejemplos.

De nuevo te digo, no te estoy diciendo lo que Dios tiene para ti. Pero solamente te quiero decir, “Piensa sobre estas cosas. Considéralas”.

La Biblia no requiere abstinencia total. Pero yo estoy persuadida personalmente —y esto es entre el Señor y yo— que la elección mejor y la más sabia es no beber en lo absoluto particularmente en nuestra cultura y en nuestra época donde el alcohol está trayendo consigo tanta destrucción y un daño tan generalizado.

Ahora, si piensas sobre esto, y oras al respecto, y vas donde el Señor, lo buscas a Él y tú crees que Dios te da la libertad de beber dentro de los límites bíblicos, entonces no voy a pasar juicio sobre ti porque las Escrituras dicen que no debo. Debo vivir dentro de los límites de la ley del amor hacia ti y así lo haré.

Pero quiero retarte a que no solamente sigas la cultura, no simplemente hagas lo que resulta más cómodo para ti, no hagas simplemente lo que se hace en tu sociedad o entre tus amigos, en tu grupo o tu familia, sino que consideres la razón por la que harías cualquier elección y que te preguntes: “¿Es lo mejor? ¿Es sabio? ¿Será acaso que el camino más excelente, el camino de la ley del amor, será el tomar la decisión de no beber en lo absoluto?”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss te ha estado desafiando: ¿Cuál es la elección más útil que puedes hacer cuando se refiere al alcohol tanto para ti como para las generaciones venideras?

La enseñanza práctica de Nancy del día de hoy fluyó de nuestro estudio sobre Tito 2. En Tito 2 Pablo le dice a las mujeres mayores que enseñen a las mujeres más jóvenes. Hoy Nancy presentó un fundamento bíblico para pensar sobre el alcohol. En el próximo programa escucharás de tres mujeres que han tenido que lidiar con esta pregunta en formas prácticas. Escucha sus conmovedoras historias de esclavitud y libertad en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

27/41 – Filipenses 27 – El Apostador

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

27/41 – Filipenses 27 – El Apostador

Stephen Davey

Texto: Filipenses 2:19,23-24 Frecuentemente, la vida va en direcciones muy distintas a las que planeamos o aún queremos. En este programa aprenderemos el balance entre hacer planes para nuestra vida y descansar en los planes de Dios. Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

https://www.sabiduriaespanol.org