Las Mujeres y la Tentación Sexual: Aprendiendo a Hablar Sobre la Lujuria

Evangelio Blog

Las Mujeres y la Tentación Sexual: Aprendiendo a Hablar Sobre la Lujuria

Por Kelly Needham

Durante el tiempo que he estado en la iglesia, he sabido que el pecado sexual es la lucha de un hombre. Lujuria, fantasías sexuales, pornografía, masturbación. Éstas eran todas cosas comunes al hombre, no comunes a la mujer. Entonces, ¿qué iba a hacer cuando el catálogo Victoria’s Secret de mi mamá llegara, y me escondiera en secreto sobre las fotos deseando verme como esas mujeres? ¿O cuando reproduje las escenas íntimas y sexuales del Titanic en mi cabeza? ¿O cuando descubrí que ciertas partes de mi cuerpo se sentían muy bien cuando eran tocadas de cierta manera? Una niña cristiana no debe ocuparse de tales cosas.

Pero la verdad es que la lujuria es una tentación común a la humanidad, no sólo a los hombres. La lujuria es un deseo de algo que no es del tuyo tener. Y un montón de mujeres, yo incluida, han codiciado la búsqueda y la intimidad de un marido antes de que fuera nuestro para tener. Podríamos no luchar de la misma manera que nuestros hermanos, pero cada uno de nosotros conoce la atracción de las tentaciones lujuriosas. Para la mayoría de las mujeres, la batalla lujuriosa nace en las emociones. Danos una comedia romántica efusiva o un libro sensual como The Notebook, y se puede hacer en nosotras. Para las mujeres, la idea de la intimidad emocional y la sensualidad puede ser mucho más tentadora que un cuerpo desnudo.

Pero, independientemente de donde surja la tentación, entregarse a la lujuria es pecado. Y como todo pecado, tenemos que confesarlo y recordar la sangre de Jesús derramada por ello. Pero me temo que demasiadas mujeres dejan el pecado sexual sin tratar porque creen la mentira de que la lujuria es la lucha de un hombre. Esta es mi motivo, incluso de surgir un tema tan sensible y algo controvertido: el pecado no confesado inhibe la curación que nuestras almas necesitan y nos aleja de una realidad experimental de nuestro perdón en Cristo ( Santiago 5:16 ; 1 Juan 1:9).

Iniciar la Conversación

¿Cuándo fue la última vez que alguien en su grupo de oración confesó mirar pornografía? ¿O la masturbación? ¿O entretener las fantasías sexuales? O repetir ciertas escenas sensuales románticas una y otra vez? Garantizado, estas luchas por el pecado están sucediendo en tu iglesia. (Yo sé que están en la mía.) Pero cuando no hablamos de ello, un mensaje sutil se transmite: Los pecados sexuales son inaceptables entre las mujeres.

Mi esposo y yo lideramos el grupo de la universidad en nuestra iglesia. Cada año hago un punto de abordar los problemas del pecado sexual cuando apenas las damas están juntas. Comparto mi esperanza de que nuestro grupo de origen sea un lugar seguro para que ellas lleven el pecado a la luz, incluso los “desordenados” como la masturbación, las fantasías o la pornografía. Comparto brevemente que luché en silencio con la masturbación y las fantasías durante años. Aprender a confesar mis pecados a Dios y a los demás fue el comienzo de mi victoria a través de la Buena Noticia de todo lo que Jesús ha hecho por mí. Les recuerdo a nuestras chicas universitarias que todos llevamos las sucias manchas del pecado y que Cristo puede limpiarlas a todas.

Cada año muchas mujeres jóvenes confiesan sus pecados sexuales ocultos y batallas con la lujuria por primera vez. Algunas comparten que esa lujuria se convirtió en una lucha después de haber sido abusadas. Algunos eran simplemente niños curiosos cuando descubrieron las partes de su cuerpo que se sentían bien cuando se tocaban. Algunas fueron expuestas a películas y libros que abrieron la puerta a la lujuria demasiado temprano en la vida. Algunas eran sexualmente activas antes de ser salvadas y, aunque ahora permanecen abstinentes, todavía luchan un intenso deseo de intimidad sexual. Otras habían sido tan abrigadas que no sabían que las cosas extrañas que hicieron en la ducha tenía un nombre. Todas estas mujeres sabían que estas cosas estaban mal pero no sabían cómo parar o con quién hablar.

La conversación franca y directa puede quitar el “poder” que estos pecados sexuales parecen tener. Estas conversaciones abren las puertas para que el diluvio purificador del evangelio se lave sobre todas nuestras manchas sucias. Hasta que no sienta la gloriosa verdad de que no hay condenación para los que están en Cristo, no encontramos la confianza para correr a nuestro Salvador por la victoria sobre los pecados sexuales.

Ya sea que usted misma ha luchado con estos deseos sexuales usted o no, usted puede ayudar a comenzar la conversación que muchas de sus hermanas en Cristo necesitan tener. Comparta su propia historia o mencione brevemente cómo el pasaje de la Escritura que están estudiando juntas se aplica a la lujuria o, a la tentación sexual. Y cuando la lujuria se menciona, no lo discuta como sólo una lucha de un hombre.

Ayudando a las Mujeres a Luchar Contra la Lujuria

Debido a mi lucha oculta con la lujuria a través de los años, entré en matrimonio con un muro de vergüenza en torno a mi sexualidad. No tenía categoría de una buena sexualidad que fuera parte del diseño de Dios. Sí, sabía que era bueno en el matrimonio, y sabía que quería experimentarlo. Pero como nunca había oído a otras mujeres luchar con tales luchas, el hecho de que anhelaba experiencias sexuales me hacía sentir sucia y grosera. Así que ahora, como una mujer casada, ¿cómo se supone que aborde esto sin vergüenza, para buscar la sexualidad libremente?

Combatir el pecado sexual debe comenzar con la comprensión del propósito y el lugar de nuestra sexualidad. Lo mismo es cierto para entender el propósito de los alimentos en la lucha contra la glotonería. O el propósito del dinero en la lucha contra la codicia. La comida, el dinero y el sexo no son malos en sí mismos. Pero el uso indebido de ellos, por las razones equivocadas o en los caminos equivocados, es pecado.

Entonces, ¿cuál es el propósito y el lugar de nuestra expresión sexual? El Jardín del Edén es el lugar del primer momento de expresión sexual pura y desvergonzada. En Génesis 1, Dios ordena la expresión sexual: “Sed fecundos y multiplicaos.” Y en Génesis 2 vemos que es natural y normal que un hombre y una mujer sean sexualmente íntimos, “y serán una sola carne. 25 Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.” y eso no conlleva vergüenza alguna, “Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.” Esto nos recuerda dos importantes verdades:

  • El sexo es bueno.
  • El sexo es para un hombre casado y su esposa.

Debemos tener esas dos verdades en nuestro marco mientras luchamos contra el pecado sexual. Aquí está el porqué: La mayoría del pecado sexual no es un deseo de algo malo sino el deseo de algo bueno expresado prematuramente o en un contexto inapropiado. No podemos llamar mal al deseo de tener sexo en el matrimonio. Este es un buen deseo. Pero si Dios no ha proporcionado al cónyuge, entonces Su clara respuesta es todavía no, no ahora.

Cuando hablo con mujeres solteras que luchan con su deseo de ser sexy, de ser románticamente deseadas, primero les recuerdo: “¡Si Dios te da un marido tal regalo será para él y para tu matrimonio!” Esto evita el apego de la vergüenza innecesaria al deseo de sexo y le mantiene como regalo de Dios para los matrimonios. Conocer estas verdades puede dar a las mujeres el valor de hablar con Dios acerca de sus deseos y luchas y luchar contra el pecado sin vergüenza innecesaria.

La discusión bíblica sobre la sexualidad también puede impedir que las mujeres lleven la vergüenza al matrimonio. Puede prepararlas para que sean esposas sexualmente confiadas que entiendan el propósito y lugar del sexo y lo disfruten apropiadamente en el buen diseño de Dios. Pueden entonces usarlo para servir a su esposo y vivir en una unidad sana con el hombre que Dios les ha dado.

Persiga el Mayor Bien

Dios es la fuente de todos los buenos dones. Si el sexo en el matrimonio es algo que usted ve como deseable, ¡cuánto mayor es el Dador de ese buen regalo! Es suficiente para la longanimidad de los deseos insatisfechos. Él es el bien mayor. El sexo, como el alimento, está apuntando a la mayor realidad de El mismo. Jesús dijo que Él es el pan de vida. A Él es lo que la buena comida está señalando. Pablo dijo que el misterio del sexo está hablando de la unidad que tenemos con Cristo. La unión con Cristo es a lo que apunta el buen sexo.

Vuelva su energía para buscar a Cristo con todo lo que tiene. Mientras tanto, siga creando un espacio seguro para que las mujeres confiesen su lucha con el pecado sexual, para que las hijas de Dios puedan encontrar arrepentimiento, sanidad y restauración en esta área. Y que a través del poder del evangelio, podamos llegar a ser siervas más equipadas de nuestro Único y Verdadero Amor.

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Kelly Needham espera persuadir a tantas personas como sea posible que nada se compara con simplemente conocer a Jesús. Está casada con el cantante y compositor cristiano Jimmy Needham, cuyo ministerio de compartir el evangelio a través de la canción lo lleva a todo el mundo. Después de pasar muchos años viajando con su marido como su director y violinista, Kelly salió de la trayectoria para ser una madre de tiempo completo a sus dos jóvenes hijas.

¿Cómo evito la infidelidad emocional?

Aviva Nuestros Corazones

¿Cómo evito la infidelidad emocional?

Betsy Gómez

Habéis oído que se dijo: “ No cometerás adulterio .” Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Mateo 5:27-28

Para ajustar esta enseñanza a nuestra realidad como mujeres podemos concluir que, “Toda mujer casada que mire a un hombre para satisfacer en él sus necesidades o fantasías emocionales, ya cometió adulterio en su corazón.”

Ser presa de la infidelidad emocional es más fácil de lo que nos imaginamos, muchas nos creemos incapaces de cometer adulterio, sin embargo posiblemente no estemos haciendo nada para guardar nuestras mentes y corazones.

En mis años de empleada mi trabajo requería mantener un contacto constante con compañeros de trabajo y en ocasiones me vi tentada a “engancharme” emocionalmente, a darle espacio emocional a otro hombre en mi corazón. Si paso revista de cuáles fueron las razones, estoy convencida que se debió primordialmente a que mi relación con el Señor estaba muy deteriorada en esos años y me creía muy buena e incapaz de desenfocarme o de vincularme emocionalmente a otro hombre que no fuera mi esposo.

Cuando empiezas a recibir el reconocimiento y apreciación de otras personas, cuando te ves en largas jornadas de trabajo y en ocasiones compartiendo en escenarios fuera de la casa, ese corazón engañoso, que por causa del pecado nos traiciona, es capaz de llevarnos a un adulterio emocional.

Ninguna mujer está exenta de sentirse atraída por otro hombre, las tentaciones están a la orden del día y el enemigo no tiene compasión. Somos bombardeadas con mentiras que nos hacen dudar y ponen a prueba nuestras convicciones. Es por esto que quiero compartirles algunos consejos que aún me son útiles:

No te creas mejor de lo que eres

Eres una pecadora. No te engañes a ti misma pensando que nunca vas a caer. Tener una mayor expectativa de ti genera autosuficiencia e independencia de Dios.

Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. 1 Corintios 10:12

Ninguno tenga más alto concepto de sí que el que debe tener. Romanos 12:3

No te expongas a materiales que alimentan
fantasías en tu mente y atenten contra tu pureza

Es muy sutil cómo la mente de la mujer puede ser envenenada al hojear revistas, leer o ver novelas románticas. El efecto en el corazón de la mujer de las historias románticas son muy parecidos a los de la pornografía. Tenemos que cuidarnos de todo lo que cree lazos con un mundo ficticio, ya que lo único que experimentaremos es frustración e insatisfacción.  Es importante que recordemos también que la exposición a contenido impuro erosiona el dominio propio.

Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. Efesios 5:3

Ten expectativas realistas de tu esposo

No hagas a tu esposo esclavo de expectativas irreales, acéptalo y amálo como es. Resalta sus cualidades positivas, aquellas de las cuales te enamoraste. No busques en tu esposo las características de los esposos de tus amigas o los personajes de las telenovelas. 

Se abierta con tu esposo acerca de tus necesidades

Los hombres no son adivinos y no pueden saber todo lo que hay en nuestra mente y corazón. El hombre, mientras esté viendo que las cosas andan “bien”, no se detendrá a preguntar. Trata de comunicarle aquellas cosas que necesitas y no asumas que él debe de darse cuenta. Comunícalas en amor sin reprocharle el hecho de no darse cuenta.

No escojas a otro hombre como tu mejor amigo

El enganche emocional se cultiva con la cercanía y la confianza. Aunque no lo creas, tu engañoso corazón puede conectarse con cualquier hombre con el que compartas muy a menudo. Sí, aún ese que estimas como un hermano. No tengas confidentes del sexo opuesto, no acostumbres compartir tus luchas con otros hombres. Tu confidente debe ser tu esposo. Es probable que él no sea de mucho hablar, como es normal en muchos hombres. Sin embargo, mientras dependa de ti, aprovecha oportunidades para fortalecer tu vínculo de amistad y transparencia con el. Pero recuerda que en una amistad no solo se habla de problemas y quejas. 🙂

No hagas viajes al trabajo, universidad o de regreso a casa en
compañía exclusiva de otro hombre que no sea tu esposo.

Cuando abrimos espacios de confianza con otros hombres, se va creando una afinidad o “química” que puede resultar en sentimientos engañosos. Aunque parezca muy radical, acostúmbrate abrir espacios que generen un vínculo con una persona del sexo opuesto.

Dale acceso a tu esposo a tus redes sociales, correo y teléfono.

El llamado a ser una sola carne no se limita a las redes sociales. Vivimos en la era digital, pero eso no nos da derecho a tener una doble vida, sé consistente con lo que eres en las redes y lo que eres en tu hogar. No debe existe “privacidad” entre una pareja de esposos, nada escondido puede prosperar.

Nutre tu relación con el Señor.

Tu fidelidad a tu esposo fluirá de tu fidelidad con el Señor. Los consejos anteriores solo pueden ser llevados a cabo si nutres tu relación con Dios. Sé diligente en exponerte a la Palabra de Dios y en cultivar las disciplinas espirituales. 

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5

Arrepiéntente y confiesa tu pecado

Si en este momento reconoces que has cometido adulterio emocional entonces es tiempo de que te arrepientas y confieses tu pecado a Dios. También ora por el corazón de tu esposo, confiésale y dile por que estás arrepentida. Sé que encontrarás mil razones para no hacerlo, pensarás que al final de cuentas no “hiciste” nada, pero no permitas que tu corazón te engañe. Uno de los beneficios de la confesión es que te protege de no caer más bajo, cuando saques a la luz tu pecado ya no tendrás nada que esconder y podrás caminar en libertad. Genera el hábito de manterner tus cuentas claras con Dios y con tu esposo. Si es necesario busca ayuda de tus pastores o hermanas maduras en tu iglesia local.

El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Prov. 28:13

Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. Santiago 5:16a

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Betsy Gómez tiene una gran pasión por inspirar a otras mujeres a atesorar a Cristo en lo ordinario de la vida. Ella dirige el área de creatividad de Aviva Nuestros Corazones y las iniciativas de alcance de Joven Verdadera. Nació en la República Dominicana, y ahora vive en Irving, Texas, donde su esposo, Moisés, sirve como pastor hispano en la iglesia First Irving. Tienen dos niños y una niña.

Los Años de Rebeldía

Gracia Verdad y Vida

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Ruben Sarrion

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Ruben Sarrion

Gracia, Verdad y Vida es un ministerio radial con una visión radicalmente bíblica, reformada, no-ecuménica, calvinista, enamorada de la Gracia Soberana de Dios.


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106 – Mujer Verdadera

Entendiendo los Tiempos

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

106 – Mujer Verdadera

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

105 – Maltrato a la Mujer, feminicidios

Entendiendo los Tiempos

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

105 – Maltrato a la Mujer, feminicidios

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

HAZ QUE LOS HOMBRES VUELVAN A SER MASCULINOS

Lumbrera

HAZ QUE LOS HOMBRES VUELVAN A SER MASCULINOS

Make Men Masculine Again presentado por Allie Stuckey

Violación, asesinato, guerra, todos tienen una cosa en común: los hombres.

La agresión, la violencia, la ambición sin control de la conciencia, todo lo relacionado con la “masculinidad tóxica”, ¿verdad?

Y la solución es obvia: hacer que los hombres sean menos tóxicos.

Haz que los hombres sean menos masculinos.

Haz que los hombres se parezcan más a las mujeres.

Pero estoy aquí para decirte que esta forma de pensar no solo está mal, es peligrosa.

He aquí por qué: Cuando tratas de hacer que los hombres se parezcan más a las mujeres, no obtienes menos “masculinidad tóxica”, obtienes más.

¿Por qué? Porque los hombres malos no se vuelven buenos cuando dejan de ser hombres; se vuelven buenos cuando dejan de ser malos. La agresión, la violencia y la ambición desenfrenada no se pueden eliminar de la psique masculina; solo se pueden aprovechar. Y cuando se aprovechan, son herramientas para el bien, no para el daño.

Los mismos rasgos masculinos que traen destrucción también derrotan la tiranía. Los rasgos que fomentan la codicia también construyen economías. Los rasgos que impulsan a los hombres a tomar riesgos tontos también impulsan a los hombres a asumir riesgos heroicos.

La respuesta a la masculinidad tóxica no es menos masculinidad; es mejor masculinidad. Y sabemos cómo se ve eso.

Es un joven que abre la puerta a una chica en su primera cita. Es un padre que trabaja largas horas para mantener a su familia. Es un soldado arriesgando su vida para defender su país.

El problema creciente en la sociedad actual no es que los hombres sean demasiado masculinos; es que no son lo suficientemente masculinos. Cuando los hombres abrazan su masculinidad de una manera saludable y productiva, son líderes, guerreros y héroes. Cuando niegan su masculinidad, huyen de las responsabilidades, dejando destrucción y desesperación a su paso.

Las consecuencias se pueden ver en todas partes.

Uno de cada cuatro padres ahora vive separado de sus hijos. Y los niños que crecen sin un padre generalmente están más deprimidos que sus compañeros que tienen una madre y un padre. Están en mucho mayor riesgo de encarcelamiento, embarazo adolescente y pobreza. El 71 por ciento de los que abandonan la escuela secundaria son huérfanos.

“De todas las rocas sobre las que construimos nuestras vidas… la familia es la más importante. Y estamos llamados a reconocer y honrar lo crítico que es cada padre con esa fundación”.

Eso dijo el entonces senador Barack Obama en 2008.

“Si somos honestos con nosotros mismos”, continuó, “admitiremos que… demasiados padres están… desaparecidos de demasiadas vidas y demasiados hogares”.

Por mucho que tratemos de negar la necesidad de una fuerza real y masculina en la sociedad, no se puede negar su necesidad. Las familias sanas y las comunidades fuertes dependen del liderazgo y la valentía de los hombres buenos.

Sin embargo, la tendencia actual es feminizar a los hombres jóvenes con la esperanza de lograr alguna noción utópica de igualdad y paz. Y comienza a las edades más tempranas. En el aula de la escuela, los niños son invariablemente “el problema”. En el patio de recreo, los juegos agresivos como el dodgeball han sido desterrados durante mucho tiempo. Le decimos a los jóvenes que su deseo intrínseco de competir es incorrecto. Todo el mundo recibe un trofeo. No suba la puntuación. Esta inclinación anti-masculina continúa a través de la educación superior y en el lugar de trabajo. Ha creado millones de hombres tentativos, mujeres infelices y niños y niñas confundidos.

Aquí hay un secreto que todas las mujeres saben: las mujeres quieren hombres de verdad, hombres con los que puedan contar y, sí, mirar hacia arriba. Ninguna cantidad de teoría feminista cambiará eso. No conozco a ninguna mujer, a ninguna edad, que se sienta atraída por un hombre pasivo que la mira como su proveedora, protectora y líder. Cada mujer que conozco quiere un hombre fuerte y responsable. Eso no es una consecuencia de una construcción social o presión cultural, es innato.

La devaluación de la masculinidad no terminará bien porque los hombres femeninos y pasivos no detienen el mal. Los hombres pasivos no defienden, protegen ni proporcionan. Los hombres pasivos no conducen. Los hombres pasivos no hacen las cosas que siempre hemos necesitado que los hombres hagan para que la sociedad prospere.

En su libro, The Abolition of Man, el filósofo social inglés C.S. Lewis escribe sobre este problema. Describe la tensión “entre el hombre cerebral y el hombre visceral”. “Por su intelecto”, explica Lewis, el hombre “es mero espíritu y por su apetito mero animal”.

Necesitamos ambas cosas. Quítate uno y te quedarás con un hombre que es débil o malo. Y en un mundo de maldad, los hombres débiles no son más que facilitadores de hombres malvados.

Violación, asesinato, guerra: todos tienen dos cosas en común: hombres malos que violan, asesinan y pelean; y hombres débiles que no los detienen. Necesitamos hombres buenos que lo hagan.

No es la masculinidad lo que es tóxico. Es la falta de ella.

Violación, asesinato, guerra – todo eso tiene una cosa en común: los hombres. La solución parece simple: hacer a los hombres menos tóxicos – hacer a los hombres menos masculinos. En este video, Allie Stuckey, presentadora de “Alli” en CRTV y el podcast “Relatable”, explica porque satanizar la masculinidad no es la solución sino el problema. ¡Haga su donación hoy a PragerU! ttp://l.prageru.com/2eB2p0h

¿Acaso la homosexualidad es un pecado peor?

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

¿Acaso la homosexualidad es un pecado peor?

Josiah Grauman

1. Cualquier pecado es capaz de condenar al infierno

Adán y Eva desobedecieron al mandamiento de Dios al comer del árbol que Dios había prohibido. Como resultado, billones de personas terminarán en el infierno, lo cual nos da una idea de la santidad de Dios y cómo es que él ve el pecado.

Uno de los pasajes más claros que demuestra la realidad que cualquier pecado nos condena es Santiago 2:10-11, en donde podemos observar cómo el pecado coloca a todos en una misma categoría: por naturaleza y por decisión, todos merecemos el infierno.

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley (Santiago 2:10-11).

Sin embargo, observe como el texto no afirma que todos los pecados son iguales, ni que uno ha cometido un pecado que también ha cometido todos los demás pecados. El libro de Santiago no está afirma que “si usted no comete adulterio, pero mata, entonces también ha adulterado.” Lo que sí está enseñando es que todo pecado, no importa que cual sea, automáticamente nos pone en la corte de Dios como criminales, criminales siendo enjuiciados y condenados por quebrantar la ley.

2. No todo pecado es igual de abominable delante de Dios

Muchas personas citan el Sermón del Monte para decir que delante de Dios la ira es igual al asesinato, y la codicia igual que el adulterio. Quisiera animarlo a leer Mateo 5:21-30 más detalladamente. Las palabras: “Cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio” y “cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”, no afirman que el uno sea igual de abominable en la mente de Dios. Jesús no está afirmando que el cometer adulterio en su corazón es tan detestable y atroz a los ojos de Dios como cometerlo con su cuerpo, el cual, si eres un cristiano, es “el templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:18-20).

Estos pasajes carecen de sentido si el infierno fuese igual de terrible para toda persona que termine allí

Dios es un juez justo, el cual juzgará a toda persona sin parcialidad—y esto significa—de acuerdo con su propio pecado. Romanos 2:6 nos dice que Dios “pagará a cada uno conforme a sus obras”. Juan nos dice en Apocalipsis que los libros serán abiertos y los muertos juzgados “cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20:13). Estos pasajes carecen de sentido si el infierno fuese igual de terrible para toda persona que termine allí.

Pasajes como estos  demuestran claramente que existen ciertos pecados los cuales son más horrendos delante de Dios. Otro ejemplo aún más claro se encuentra en Ezequiel capítulo 8. Yo le recomendaría que lea todo el capítulo si tiene dudas al respecto. Pero en sí, Dios está describiendo qué tan profundo Israel ha caído en pecado, así que va de un pecado a otro más feo, cada vez repitiendo a Ezequiel: “verás abominaciones mayores que hacen éstos”. Todo pecado es una abominación y capaz de condenar al fuego eterno, pero algunos pecados ofenden más a Dios que otros.

3. La homosexualidad es un pecado especialmente perverso

Romanos 1 demuestra que la homosexualidad es un pecado que se llega a cometer después de que uno ha tocado el fondo de su depravación. Los que lo cometan continúan tanto en su rebeldía en contra de Dios que él “los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos” (Romanos 1:24-27). Ya que va en contra del plan perfecto de Dios para el matrimonio, los cristianos hacen bien al ver la homosexualidad como un pecado especialmente vil y perverso. No sólo eso, sino que la homosexualidad jamás podrá reflejar el propósito por el cual existe el matrimonio: representar la relación de Cristo a la iglesia (Efesios 5:31).

4. Tu pecado es peor que la homosexualidad si no te arrepientas

Desafortunadamente, muchos cristianos caen en la trampa de creer que las personas que practican la homosexualidad están más allá de la gracia de Dios, sucios, y que no merecen amor ni compasión. Pero observe las palabras de Pablo en Romanos 2:1. Justo después de haber descrito la homosexualidad como un pecado completamente vil, declara: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” Usted también ha quebrantado la ley; usted no es el juez, así que cuidado.

Pero todavía más impactantes son las palabras de Cristo. Después de haber predicado las buenas nuevas y haber hecho milagros en Galilea, dijo a los religiosos: “Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (Mateo 11:24).

El punto de Jesús es que algunos pecados son peores que otros, y por lo tanto, Dios los castigará de manera más severa, pero Dios no necesariamente los cataloga como nosotros lo haríamos. Cuando una persona escucha el evangelio y lo rechaza, en la mente de Dios su pecado es mucho mayor que el de la persona indocta que practica la homosexualidad.

Usted, mi querido lector, está en mayor peligro de un juicio mucho más severo que la persona que está viviendo en la homosexualidad, pues usted también peca, pero lo hace bajo más luz, es decir, ha recibido un mayor conocimiento de Dios.

Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá (Lucas 12:47-48).

5. ¿Cuál debería de ser nuestra respuesta?

No importa el pecado, sea chico o sea grande, la solución es siempre la misma: el evangelio, pues es el poder de Dios para salvación (Romanos 1:16-17). Asegúrese que lo entiende, que lo vive y que lo proclama.

Finalmente, recuerde que la persona que desobedece a Dios al practicar la homosexualidad necesita el evangelio tanto como usted y yo lo necesitábamos antes de conocer a Cristo. Y al convertirse más popular en nuestra generación (y aún más en la generación de nuestros hijos), debemos asegurarnos que vemos a los que practican la homosexualidad, no como personas raras que debemos temer y odiar, sino como un campo misionero.

Lo que ellos necesitan no es una retórica de cómo es que nuestra nación ha decaído tanto al abrazar la maldad, pues sabemos que ningún movimiento político puede salvar. Al contrario, lo que debemos hacer es confrontar su pecado y compartir el evangelio. Esto es amor. Porque sólo así Dios los ofrece que aunque sus pecados fuesen rojos como el carmesí, podrán ser limpios y hechos blancos como la nieve a través de la sangre del Cordero.

“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11).

Josías Grauman tiene una licenciatura en idiomas bíblicos por The Master’s College y una Maestría en Divinidad (M.Div.) por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como un capellán en el Hospital General de Los Angeles, California. Después de lo que fue como misionero a la Ciudad de México. Actualmente se encuentra completando sus estudios del Doctorado en Ministerio (D.Min.). Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos


Josiah Grauman

Josiah Grauman is the Dean of Spanish Education and Professor of Bible Exposition. He is a graduate of The Master’s University and Seminary (B.A., M.Div., D.Min.). He was ordained at Grace Community Church, where he currently serves as an elder in the Spanish ministry, alongside his wife and three children.

Pornografía, Masturbación y Otras Prácticas Perniciosas: Perversión de la Intimidad

Alimentemos El Alma

Dinero y posesiones en Proverbios

Pornografía, Masturbación y Otras Prácticas Perniciosas: Perversión de la Intimidad

Por Jeffrey S. Black sobre Sexualidad
Una parte de la serie Journal of Biblical Counseling
Traducción por Ana Villoslada

Una vez, un abogado me mandó a una persona que había estado implicada en una serie de delitos sexuales. Para cuando lo conocí, ya había sido arrestado y acusado. Se trataba de un creyente de más de 50 años, viudo con varios hijos que vivían en otro estado. Cuando cometió los delitos sexuales su esposa hacía unos 10 años que había fallecido.

El matrimonio había sido muy problemático; había peleas y a él lo habían echado de casa. Su esposa había sido hospitalizada en numerosas ocasiones. Desde un punto de vista clínico, había sufrido depresión. Durante esas épocas, la pareja no había mantenido relaciones sexuales y el esposo me reveló que se había involucrado en varias relaciones extramatrimoniales cuando su mujer había estado hospitalizada y sexualmente indispuesta. A su parecer, eso lo hacía menos censurable.

Este hombre también me contó que desde la adolescencia hasta los veinte, había tenido varias citas homosexuales preliminares antes de su matrimonio. Durante su matrimonio y después de la muerte de su esposa, había tenido una relación muy estrecha con su hija, tanto que pensé que quizás había habido algo incestuoso pero me dijo que no. No obstante, estaba claro que su hija había actuado de otro modo como sustituta de su esposa. Cuando cumplió treinta decidió irse de casa. Un año después aproximadamente, el hombre comenzó a tener relaciones sexuales con dos jóvenes adolescentes.

Este caso ejemplifica dos aspectos del pecado sexual que los consejeros tienen que tener en mente: la inmoralidad es una forma de “engaño” y expresa un modelo de “deriva”.

La inmoralidad sexual es un “engaño”.

¿Qué queremos decir describiendo la inmoralidad sexual como un “engaño”? Normalmente, solemos pensar en un engaño en términos de tener una aventura con alguien que no es su cónyuge. Mi intención aquí es un poco distinta. Efesios 5:31-32 dice:

“Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido”.

Las Escrituras son muy claras cuando dicen que el matrimonio tiene la intención de “tipificar” la relación del creyente con Cristo. Ya que Dios es el que crea la relación matrimonial y el que revela las verdades sobre la redención y nuestra relación con Cristo, el significado de la metáfora es de autoridad. Dios mismo crea la semejanza en vez de articular una semejanza que ya existe. Los principales temas de la metáfora (la naturaleza del vínculo matrimonial y la unión del creyente con Cristo) interaccionan de un modo que cambia o enriquece nuestra comprensión de los mismos. Mi experiencia con Cristo en mí me ayuda a comprender que clase de esposo tengo que ser. En cambio, mi experiencia de estar en un mismo sentir en el matrimonio me ayuda a captar algo de la unión espiritual (Gálatas 2:20). Como resultado de la experiencia de mi unión con Cristo (Efesios 4:1-20,21; 5:1), estoy obligado a hablar verdad (Efesios 4:25), a edificar (Efesios 4:29), a morir a mí mismo (Efesios 5:1) y a no ser controlado por el egoísmo, las pasiones o la ira (Efesios 4:31) en las relaciones, especialmente en el matrimonio.

¿Dónde encaja el sexo en este ejemplo? Creo que está destinado a estar al final de la cadena de la intimidad. Pablo señala que el sexo es el producto o expresión (1 Corintios 7:3-4) de la unión. El sexo nunca crea la unión. Como es lógico, el mundo nos dice exactamente lo contrario. La sexualidad tal y como se la retrata en los medios de comunicación conduce o crea intimidad o está totalmente separada del “problema” de la intimidad. De hecho, a menudo se insinúa que el mejor sexo es el sexo anónimo.

Si el matrimonio está destinado a retratar la relación sexual como una expresión de compañerismo e intimidad intensos, entonces cualquier expresión sexual, incluso en el contexto del matrimonio que no expresa dicha unión no alcanza el diseño de Dios. Las Escrituras dicen que dos se vuelven uno y Dios dice que la sexualidad en el matrimonio debe ser la expresión de ese compañerismo, la expresión y consecuencia de esa intimidad. Si ese es el caso, entonces hay decenas de esposos y esposas en la iglesia que son ateos funcionales.

¿Qué suele caracterizar un matrimonio en el que hay problemas sexuales? La esposa se queja: “mi esposo llega a casa, no he tenido ningún tipo de relación con él, no hay comunicación”. “Me dice: cariño… Lo miro y dice ¿Quién eres? ¡Déjame solo!”. “Pero quiere arreglarlo acostándonos; piensa que eso hará que me sienta más cerca de él”. Aunque aquí no hay implicada ninguna inmoralidad flagrante, hay “engaño”, sexo sin intimidad.

Al comportamiento de mi delincuente sexual lo denominé “engaño” porque toda su vida sexual (su matrimonio, sus aventuras extramatrimoniales e incluso el comportamiento sexual desviado que mostró) era una expresión de su deseo por tener sexo sin intimidad. Era un perezoso. No quería esforzarse en su relación con su esposa, de ahí el adulterio. Después encontró la intimidad en una oportuna relación con su hija para la que Dios dijo que no había lugar. Este hombre era un tramposo. Dios había diseñado un plan y él se lo había saltado para hacer las cosas a su modo.

Mientras lo aconsejaba, le pregunté sobre la posibilidad de volverse a casar y me contestó: “Bueno, es que no quiero otro matrimonio para que acabe como el primero”. Eso era comprensible, ¿pero qué estaba diciendo en realidad? Me estaba diciendo: “no quiero entrenar la intimidad. Quiero el resultado de la sexualidad pero no quiero alcanzarlo como Dios lo ha diseñado”. Después de que su hija se marchase, este hombre se agarró a dos chicos que vivían cerca que comenzaron a servirle para el propósito de engaño de su vida.

Cada vez que vea a una persona envuelta en un comportamiento sexual ilícito, puede estar seguro de que esa persona es una tramposa, quiere gratificación sexual sin intimidad. Lo que quiere decir que cuando se aconseja a alguien que tiene problemas con la pornografía, un problema sexual en el matrimonio o incluso esté metido en formas extrañas y pervertidas de sexualidad, en la raíz esta persona no quiere experimentar el sexo en el contexto para el que Dios lo ha creado. Esta persona tiene que enfrentarse al plan de Dios, y ese plan es intimidad.

Engaño y egocentrismo.

Cuando aconseje a personas que tengan problemas con la pornografía, hay que entender que la pornografía tiene un fin muy sencillo: la masturbación. Cuando alguien produce una película o una revista pornográfica (en una industria claramente dirigida al hombre), el objetivo de la pornografía es la masturbación. Aparte de esto, el objetivo de la pornografía y la masturbación es crear un sustituto de la intimidad.

Masturbarse es tener sexo con uno mismo. Si estoy teniendo sexo conmigo mismo, no quiero invertirme en otra persona. Las personas que son “adictas” a la pornografía, no son tan adictas a cosas morbosas como lo son al egocentrismo. Están comprometidas a servirse a ellas mismas para hacer cualquier cosa con el fin de encontrar una manera apropiada de no morir a ellos mismos, que es la naturaleza de la compañía en una relación.

El egocentrismo se pone de manifiesto de muchas formas. Cuando hable con personas que son pedófilos (pederastas), una de las cosas más interesantes de las que se dará cuenta es su tendencia a mirar a los niños como una pareja sexual adulta. Ellos no piensan: “estoy teniendo sexo con un niño”; intentan ver al niño como un igual físico, emocional y sexual. Lo contrario sería desplazarse del centro, ver las cosas a través de otra lente distinta a sus propios deseos y experiencias. Eso es morir a uno mismo, intimidad, compañía, eso es amar a otra persona, que es precisamente lo que no están dispuestos a hacer.

Las Escrituras ofrecen el mejor modelo para comprender este tipo de pecado sexual. Los libros de psicología ofrecen un sin fin de explicaciones para estos comportamientos con la intención de dejarlo preocupado por su caso, su experiencia y su madre, pero no tendrá que enfrentarse consigo mismo ni con sus decisiones.

En oposición, las Escrituras siempre se centran en el corazón. Ya que Dios diseñó la sexualidad para ser una expresión de un mismo sentir, cualquier forma de perversión sexual también lo es de perversión del plan de intimidad de Dios. Ya sea que esté aconsejando a alguien cuyo comportamiento sexual le da asco o a alguien con problemas sexuales comunes en el matrimonio, el problema siempre vuelve a la intimidad y al origen de la intención de Dios de la sexualidad. Génesis 2:18 (“no es bueno que el hombre esté solo”) significa que su intervención más esencial como consejero es enseñar a esta persona a morir a sí misma y a amar a los demás más que a sí misma.

Una interesante separata en este estudio de caso muestra la divergencia entre las explicaciones teológicas de la Biblia y las ideas seculares comunes sobre perversión sexual. Mientras aconsejaba a este hombre, recibí una llamada de su abogado. Quería que su cliente acudiese a una clínica de rehabilitación para adictos sexuales creyendo que esto sería favorable ante la sentencia del juez. Accedí a mi pesar ya que no pensaba que esta persona continuase siendo una amenaza; parecía estar bien centrado en ese momento y yo no quería que fuese a la cárcel. Creía que se había arrepentido y que estaba haciendo un buen progreso en las charlas. Pero accedí.

¡Qué gran error! Mi paciente no está en la cárcel pero para poder obtener una sentencia favorable, tenía que denominarse a sí mismo adicto sexual y aceptar apartarse de cualquier relación hasta que estuviese curado. Lo irónico, por supuesto, era que yo lo estaba retando a buscar la intimida legítima en el contexto del matrimonio por primera vez en su vida, pero a cause de la denominación de adicto sexual, el objetivo del tribunal fue mantenerlo apartado de cualquier relación significativa, la misma raíz del problema.

La inmoralidad sexual como “deriva”.

El segundo aspecto de la inmoralidad sexual es la “deriva”, que es lo que yo llamo los antecedentes del corazón. Le voy a dar un ejemplo.

Cuando tenía 17 años, decidí comprarme mi primera revista pornográfica. Esto fue algo temible para mí. Recuerdo cómo fui a la tienda del barrio que tenía una sección de revistas. Esperé y me aseguré de que nadie me veía, tomé una revista y la enrollé para que nadie pudiese ver qué era. Entonces me quedé ahí y me paseé de arriba abajo hasta que reuní todo el valor suficiente para pagarla. Justo cuando caminaba hacia la caja, el hombre se fue y una mujer lo reemplazó. Me giré rápidamente. Debí pasar cuarenta y cinco minutos en esa tienda intentando comprar esa revista, hasta que conseguí comprarla. Conforme pasó el tiempo, compré algunas más.

Entonces me di cuenta de algo. Ya no enrollaba la revista. Ya la tomaba, caminaba hacia la caja y ¡la compraba! De hecho, comencé a comprar dos. Todavía las compraba sólo cuando el hombre estaba allí pero después de un tiempo, no me importaba quién estuviera detrás de la caja. Al final era capaz hasta de charlar con la mujer cuando compraba las revistas.

Las personas empiezan con lo que yo llamo “el área cómoda de la línea de fondo” por la manera con la que tratan con su pecado. Dios dice que así es la naturaleza del pecado mientras continuamos pecando y apagamos el Espíritu, mientras quemamos nuestra consciencia; lo que antes era algo muy desagradable ahora se vuelve agradable. Comenzamos a ir a la deriva conforme nos comprometemos. Con frecuencia, el pecado sexual comienza como una experiencia terrible y que provoca ansiedad, pero esta reacción se desvanece después de un tiempo a causa de nuestra lujuria, nuestro deseo, nuestro corazón opuesto a Dios. Nos encontramos en una nueva área de comodidad y cuando pasa un tiempo, si no nos arrepentimos nos vamos aún más a la deriva.

Cada vez que aconsejo a alguien con un problema sexual, en concreto algo considerado extraño o desviado, presupongo que voy a encontrar una pauta o historia que predispone al problema actual. Nadie se levanta por la mañana y dice: “como no tengo nada que hacer hoy, ¡creo que voy a exponerme!”. Las personas nunca saltan de cabeza a formas extremas de pecado, se “derivan” a ellas. Cuando aconseje a alguien con un patrón de desviación sexual, asuma que él o ella tiene un largo y pesado historial de inmoralidad que es poco probable que se revele sin que usted lo investigue constantemente. Normalmente, cuando le pregunte a esas personas lo que hicieron, se lo dirán, pero cuando pregunte “qué más hicieron, qué los condujo a eso”, responderán que no hicieron nada más. Persista en la búsqueda. Siempre que pase tiempo con esas personas, comenzará a ver un caso de compromiso que lleva al final con un pasito y no con un salto. En términos de pecado sexual, la persona ya se ha alejado muy a la deriva de los criterios de Dios.

La “deriva” del pecado es como ir a la playa y quedarse dormido en una balsa en el mar. De repente, el silbato de un socorrista interrumpe su sueño. Mientras se despierta ante el continuo y molesto sonido agudo del silbato, se pregunta: “¿A qué está silbando ese idiota?” Levanta la mirada y ¡es a usted! No lo había planeado pero de repente todas las personas de la playa parecen puntitos porque usted se ha ido a la deriva en el mar. El pecado funciona así, el pecado siempre tiene unos antecedentes. Pero recuerde que Dios también tiene antecedentes con nuestros corazones.

La solución de Dios contra la “deriva”.

Este antecedente se llama santificación. La santificación es completa llegada a un punto y progresiva de manera dinámica. El salmo 119:9-11 dice: “¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti”. En Juan 17:14-19, Jesús ora al Padre “Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad”.

La persona que va a la deriva vive con un corazón lleno de compromiso e inmoralidad. Siempre está pensando en sus propios pensamientos, intrigando sus intrigas. Pero el creyente está llamado a santificarse a sí mismo meditando en la Palabra de Dios. Esta es la solución de Dios a los pecados sexuales que dan problemas y atormentan a muchos.

La Biblia no tiene que decir nada específico para la masturbación porque no es necesario. El problema de la masturbación no es la masturbación sino la condición del corazón de la persona. Las Escrituras no son insuficientes, como dirían muchos, porque no articule un mecanismo de comportamiento para tratarlo. Dios dice que si mi corazón se mantiene puro meditando continuamente en su Palabra en el contexto de la obra santificadora de Dios, tendré el poder de vencer las tentaciones que conducen a la satisfacción, pornografía y masturbación.

Muchas personas piden consejo porque tienen un problema de centrismo. Piden una técnica para no involucrarse en cierto comportamiento. Están deseando recibir un curso intensivo que les permita utilizar a Dios para vencer un pecado concreto. Su deseo por una solución rápida es comprensible pero no existe técnica o mecanismo (psicológico, espiritual, etc) que les impida satisfacerse en la pornografía o la masturbación.

Los pacientes no han puesto a trabajar sin cesar la Palabra santificadora de Dios, por lo que en momentos de crisis descubren que no están equipados para tratar con el pecado. Esperan encontrar rápidamente una solución que eluda el trabajo constante de la Palabra mediante el Espíritu. Lo que dicen básicamente es: “¡deprisa! ¡Necesito un poco de Dios! ¡Estoy en un gran problema aquí!”

Como consejero no puede darles algo que Dios perfecciona lentamente un día tras otro. Lo único que puede ofrecerles es información de la Biblia. Lo que realmente necesitan es sabiduría, pero la sabiduría es lo que llega cuando Dios aplica Su Palabra en sus vidas. En medio de una crisis, lo único que el consejero puede hacer es promover el comienzo de este proceso.

“Diferenciarse” de Dios o del mundo.

Mientras tratamos con el problema del pecado sexual, es importante que reconozcamos otro factor que está obrando. Lo que la Biblia llama “el mundo” es un sistema de valores y creencias que con agresividad buscan tomar el control de nuestros corazones. El mundo también tiene (si se me permite usar esta expresión) un influencia “santificadora” con la que el mundo buscar diferenciarnos para sí mismo en contraposición al deseo de Dios de diferenciarnos para Él mismo. Una persona que pide consejo sobre pecados sexuales es una persona a la que el mundo ha “diferenciado”, a la que constantemente le ha permitido satisfacerse en las cosas que el mundo le presentaba.

Debemos volver a la realidad bíblica de que la sexualidad es un acto espiritual, no fundamentalmente físico. Siempre implica al espíritu del hombre, ya sea con la voluntad de Dios conjuntamente en comunión con el Espíritu Santo o en rebelión contra esa voluntad, intentando echar al Espíritu Santo del camino. El mundo quiere ignorar esa dimensión y presenta el sexo como un acto biológico caracterizado por el acumulamiento y necesaria liberación de la tensión sexual. Cuando se acumula la presión, el mundo implica que no tenemos poder para resistir. Incluso hombres cristianos piensan así cuando citan erróneamente 1 Corintios 7:1-9 para reafirmar el argumento de que el matrimonio es una provisión para la pasión: “Pablo dice que es mejor casarse que quemarse”.

Sin embargo, como muchos hombres casados han descubierto, la carne es insaciable. No opera bajo el principio de reducción de la tensión; el corazón del hombre busca insaciablemente lo malo. Como resume Jeremías 17:9: “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio”. Este es el problema que revela el pecado sexual y al que se dirige la Palabra de Dios.

En ese sentido, en cada parte que leo de las Escrituras, veo cómo tratar el tema de la pornografía, la masturbación, la perversión sexual, la pederastia, pedofilia y otras cosas en las que se involucran las personas. La Biblia tiene mucho que decir al respecto pero no desde un punto de vista técnico, no se trata de técnicas psicológicas. El tema es que Dios concibió el sexo para ser una expresión de comunión e intimidad. Es una metáfora de nuestra relación con Cristo. Parece que nosotros buscamos todas las maneras posibles de eludir esta realidad.

El sexo es un acto espiritual, no biológico. No se trata de un problema para tratar con nuestros impulsos sino de santificar nuestros corazones. Cuando aconseje, mantenga eso al frente de sus pensamientos. A menudo, cuando las personas piden consejo se decepcionan muchísimo porque quieren una solución que no los obligue a sujeta su voluntad al Espíritu Santo. Dicho de una manera sencilla, su aproximación al problema es el problema. Cuando trabaje con ellos, tendrá éxito si consigue ayudarlos a reconocer que la única solución es lo que dice el salmista, que si guardo la Palabra de Dios en mi corazón, no pecaré contra Él.

Jeff Black es miembro de la facultad en CCEF, Glenside, Pennsylvania.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

¿Por qué es una cuestión tan grave el pecado sexual?

Got Questions

¿Por qué es una cuestión tan grave el pecado sexual?

La cultura moderna ha intentado redefinir la sexualidad como un derecho personal que se puede ejercer de la manera que el individuo desee. El comportamiento sexual se considera una elección personal, al igual que la decisión de comprar una casa o alquilar un apartamento. Al mismo tiempo, la opinión popular prácticamente ha eliminado la palabra pecado del vocabulario de nuestra cultura. La única expresión sexual que se considera “mala” es la que la persona que la define considera desagradable. Sin embargo, la aceptación social varía tanto que incluso el más vil de los actos sería considerado legítimo por muchos. Por lo tanto, antes de poder determinar por qué el pecado sexual es tan importante, tenemos que definir el pecado sexual.

Afortunadamente, el hombre nunca ha tenido el privilegio de definir el pecado. Aquel que creó la sexualidad también tiene el derecho de establecer los límites de la misma, y la Biblia es clara en cuanto a las directrices. Cuando Dios creó al primer hombre, Adán, y le trajo a la primera mujer, Eva, los unió en matrimonio y lo declaró “muy bueno” (Génesis 1:31; 2:18, 24). En ese momento, Dios introdujo la sexualidad y estableció los límites para su expresión. Dios creó una unión entre marido y mujer que llamó “una sola carne” (Génesis 2:24; Mateo 19:6; Marcos 10:8; Efesios 5:31). Luego definió cualquier actividad sexual fuera de la relación marido-esposa como una violación de Su don. La fornicación, la homosexualidad, la pornografía y la lujuria son todas violaciones de la intención de Dios cuando creó el acto sexual (1 Corintios 6:9,18; Gálatas 5:19-20; Judas 1:7; Mateo 5:28; Hebreos 13:4).

Entonces, ¿por qué es tan importante la violación de esos límites? La primera pista está en Génesis 2:24 con las palabras “una sola carne”. Hay un gran poder unificador en la unión sexual. Dios la diseñó para involucrar no sólo a los cuerpos, sino también a los corazones y a las vidas. El sexo fue diseñado para consumar la unión de por vida entre un hombre y una mujer. Jesús dijo: “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:6; Marcos 10:9). Él diseñó los cuerpos del hombre y de la mujer de manera diferente para que pudieran unirse en un acto de intimidad física que los une de por vida. “Así que no son ya más dos, sino uno” (Marcos 10:8). El acto de convertirse en uno crea una nueva entidad: una familia. Esta poderosa fuerza también da lugar a una nueva vida (Génesis 4:25). La raza humana sólo se puede propagar mediante la unión de un hombre y una mujer. Y, dentro del matrimonio, Dios lo bendice (Génesis 1:28; 9:27; Salmo 17:3). El sexo es un regalo para el marido y la mujer que hace que su relación sea única entre todas las demás relaciones.

Sin embargo, lo que Dios crea como bueno, Satanás lo pervierte. Satanás comenzó su insidiosa profanación en el Jardín del Edén con las palabras “¿Conque Dios os ha dicho?” (Génesis 3:1). Y ese desafío a la autoridad de Dios continúa todavía. Cuando usamos la sexualidad como entretenimiento o para satisfacer la lujuria, rebajamos la belleza de este poderoso don y desafiamos a Aquel que lo diseñó. También cosechamos las consecuencias de nuestro pecado. Nuestra desobediencia sexual ha producido un mundo que se tambalea bajo el peso de la enfermedad, el aborto, la perversión, el abuso de menores, la adicción y la explotación sexual. Dios creó los límites para nuestro bien, para que pudiéramos disfrutar de Su regalo como fue diseñado para ser disfrutado.

La electricidad es algo poderoso y útil si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa mal o se abusa de ella, la electricidad puede ser mortal. Lo mismo ocurre con la sexualidad. Si se usa mal, el sexo también es mortal. Abusar del don de Dios produce problemas como el aborto, la pobreza, la violación, el adulterio, el divorcio y la pornografía. El pecado sexual comienza con la tentación, como todo pecado. Cuando nos negamos a reconocer los límites de Dios, permitimos que la lujuria determine nuestras decisiones. Y la lujuria nunca conduce en la dirección correcta. Santiago 1:13-15 dice: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.

Otra razón por la que el pecado sexual es tan importante es que destruye la imagen del pacto inquebrantable que Dios tiene con Su pueblo. La Biblia utiliza el matrimonio como una metáfora para describir la relación de pacto que Jesús tiene con Su “novia”, aquellos que ha comprado con Su propia sangre (Apocalipsis 19:7; 2 Corintios 11:2). En el Antiguo Testamento, Dios frecuentemente comparaba al rebelde Israel con una esposa rebelde, utilizando el adulterio como imagen del más atroz de los pecados (Jeremías 3:6). Dios creó el acto sexual para que fuera la consumación de una relación de alianza, una alianza en la que Dios ha participado (Malaquías 2:14; Mateo 19:6; Marcos 10:9). El pacto matrimonial ilustra el pacto inquebrantable de Dios con nosotros. Mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio viola la intención de Dios y acarrea graves consecuencias.

El pecado sexual contamina mucho más que nuestros cuerpos físicos (1 Corintios 6:18). Tiene un significado espiritual. Casi todos los libros de la Biblia rechazan la inmoralidad sexual, indicando que Dios la considera un pecado grave. Cometer un pecado sexual se opone directamente a la voluntad de Dios de santificarnos (1 Tesalonicenses 4:3).

Romanos 13:13-14 esboza la vida que Dios desea que vivamos: “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. El pecado sexual es una forma más de gratificar la carne en lugar de caminar en el Espíritu (Gálatas 5:16). Jesús dijo que los “puros de corazón” “verán a Dios” (Mateo 5:8). El pecado sexual sin arrepentimiento contamina el corazón, haciendo imposible experimentar el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas. Si deseamos ser puros de corazón, no podemos involucrarnos en el pecado sexual.

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El ministerio oculto de las labores domésticas

Alimentemos El Alma

El ministerio oculto de las labores domésticas

Por Michele Morin 

Traducción por Yura Gonzalez

Lo que aprendí de Elisabeth Elliot

Hoy realicé las tareas domésticas que imagino que mujeres más hacendosas y dedicadas al hogar hacen todo el tiempo: la limpieza que requiere separar los muebles de la pared, pasar la aspiradora debajo de las camas y aplicar ferozmente un paño a los travesaños de las sillas y los recovecos de los estantes.

Las rutinas hogareñas son la música de fondo detrás de todo lo que hago. El estudio ministerial va acompañado del sonido de la lavadora y de la cadencia de la preparación continua de la comida. En invierno, hay que alimentar la estufa con abundante leña y; en verano, es necesario ocuparse del jardín.

Este ritmo constante de actividad es lo que mantiene unido un hogar, y sorprendentemente he descubierto que es posible encontrar una existencia plena y significativa en medio de una tediosa rutina. En la vida no es más importante lo qué haces sino porqué lo haces. Nadie me enseñó esa lección mejor que Elisabeth Elliot.

Escritora y ama de casa

Hace veintisiete años, empaqué mi taza de café favorita, archivos personales, algunas muestras de trabajo y abandoné mi carrera en recursos humanos. Cuatro bebés en ocho años, la escuela en la casa, el ministerio de la iglesia y un enorme huerto dejaban poco tiempo para el estudio profundo. Pero desde el principio me sumergí con fervor en los libros de Elliot y encontré una mentora en ella.

Pronto descubrí que Elliot se apresuró en encontrar la conexión entre las rutinas de la vida doméstica y los misterios de la práctica espiritual. Aunque se convirtió en una oradora pública muy solicitada, y sus palabras llegaron (y aún llegan) a millones a través de los ministerios de la radio y la prensa; afirmó que disfrutaba mucho más las tareas domésticas, porque sabía cómo hacerlo y (a diferencia de escribir un libro) sabía cuáles serían los resultados.

Su minuciosidad fue fomentada en parte por su directora de internado, que decía: “No andes con una Biblia debajo del brazo si aún no has barrido bajo la cama” (Becoming Elisabeth Elliot, 34). No quería escuchar hablar de espiritualidad a alguien con el suelo sucio.

Con su dicción perfecta, humor irónico y su expresión sensata y nítida de la palabra de Dios, Elliot ha influido en mi forma de enseñar y cómo criar a mis hijos como nadie. Además ha transformado enormemente mi actitud hacia las tareas domésticas.

Mezcla de gracia y valentía

Aunque no llego al nivel de Elliot, me motiva su afirmación de que la autodisciplina, en el hogar o en cualquier otro sitio, es una alegre entrega, un “gran sí al llamado de Dios” que ante todo encuentra su camino en una vida a través del fiel desempeño de pequeñas tareas invisibles (Joyful Surrender, 16).

Ella me ayudó a ver las tareas domésticas en analogía con nuestra vida espiritual en general. Así como quitar las migajas de la mesa del comedor nunca será asunto de una vez (al menos en mi casa), tampoco lo son las prácticas de formación espiritual. Al ocuparnos de la salud e integridad de nuestras almas, todos los días habrá “migajas” que retirar, lo que es bueno, porque nos mantiene conscientes de nuestra dependencia de Dios.

La fuerte base evangélica de Elliot me ha ayudado a mantenerme alejada de una mentalidad autosuficiente, porque ella me recuerda que “la disciplina no es mi reclamo sobre Cristo, sino la evidencia de Su reclamo sobre mí”(Joyful Surrender, 28). Practicamos el autocontrol en la tierra por milagro de la gracia, según las pautas de las Escrituras y a través de la inspiración y el poder del Espíritu de Dios. Nuestra propia voluntad es lo que ofrendamos a Dios, un “sacrificio vivo” (Romanos 12: 1).

Poseía Elliot una mezcla de valentía y gracia tal que es imposible determinar (e inútil preguntarse), dónde termina una y comienza la otra. Hablaba con la certeza de alguien que siempre ha elegido el camino de la obediencia y la fe, para aprender que el gozo y la profunda intimidad con Dios no tienen precio, incluso cuando obedecer se siente como una acción pequeña e invisible.

Compromiso diario con la fe

En una vida marcada por grandes dificultades y oportunidades tanto para la gloria como para el dolor, es evidente que Elliot se convirtió en alguien impresionante al establecer un compromiso diario con la fe en lugares invisibles. Una fe brutalmente práctica y claramente mística la llevó al ministerio de decir la verdad con audacia, forjada en un crisol de soledad y admiración por los caminos de Dios. Apoyándose en sus dudas, encontró la lealtad de Dios y lo acogió al mismo tiempo “como viaje y destino” (Becoming Elisabeth Elliot, 253).

En diversas etapas de su vida la estuvo escribiendo idiomas no escritos, actuando como madre soltera, planchando las camisas de su marido, recibiendo visitas en su casa de Nueva Inglaterra, viajando por todo el mundo como oradora y luchando con la tecnología para producir más de dos docenas de libros. Ella volcó fielmente su vida al servicio de Dios, convencida de que todo era parte de su llamado. Nunca le otorgó mayor importancia a las “tareas ministeriales” sobre las tareas domésticas.

Ella sabía (y me ha enseñó a ver) que el ministerio de la mantención y cuidado siempre fue parte del buen plan de Dios para la humanidad. Desde el principio, Adán y Eva fueron los colaboradores designados por Dios y, como portadora de su imagen, imito a Dios cuando me dedico a la tarea que mantiene a mi familia alimentada, vestida, y estoy en el lugar correcto a la hora correcta. Por lo tanto, todas las tareas mundanas que se repiten en esta vida maternal tienen significado.

Imitamos a Dios al realizar tareas ordinarias y organizar el desorden. Arreglar un armario desordenado, desinfectar la bandeja de una silla de bebé , distribuir la ropa limpia y doblada por toda la casa son tareas tan discretamente rutinarias como el trabajo que Dios hace en nuestro tiempo para regar sus árboles con lluvia o, en la historia, para preparar el maná que alimentó a una generación de israelitas (Éxodo 16).

Los quehaceres domésticos y la Gran Obra

La misericordia, la justicia y la preparación de sándwiches comparten el mismo territorio en el sistema de valores del cielo, porque el Dios que trabaja y ha trabajado en nuestro nombre nos invita a unirnos a él en la Gran Obra.

Manifiéstese tu obra a tus siervos,
y tu majestad a sus hijos,
y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros.
Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos;
sí, la obra de nuestras manos confirma. (Salmo 90: 16-17)

Dejemos que continúe el trabajo de las tareas domésticas y que encontremos satisfacción en la más pequeña tarea realizada con el mayor amor en una vida enfocada en ganar lo que nunca podemos perder.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.