El plan de Dios y las naciones – 2/7

Iglesia Evangélica de la Gracia

El Evangelio según Daniel

El plan de Dios y las naciones – 2/7

David Barceló

 

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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1/6 – ¿Cómo criar hijos devotos?

El Amor que Vale

Cómo Fortalecer a su Familia

1/6 – ¿Cómo criar hijos devotos?

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

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https://www.youtube.com/channel/UCZzYpoVHFyZ3GKddF9YGZ1A

16 – El Divorcio

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada – Programa 16

El Divorcio

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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La caída de un héroe

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La caída de un héroe

R.C.Sproul

Estaba sentado en una mesa de la biblioteca del Seminario Teológico de Pittsburgh a inicios de los 60, haciendo un trabajo final; si han estado alguna vez en la biblioteca de un seminario, universidad o cualquier biblioteca, sabrán que hay una regla universal o protocolo de biblioteca y esa regla es: silencio.

Bueno, yo estaba ahí preparando un trabajo. Todos estaban muy callados; el único sonido audible era cuando alguien volteaba la página de un libro; de pronto, alguien entró y en medio del lugar dio un anuncio tan fuerte que me desconcentró totalmente de todo lo que estaba realizando.

De hecho, todo el mundo en la biblioteca dejó de hacer lo que estaba haciendo hasta ese momento, debido al anuncio. La persona que entró a dar el anuncio ese día de noviembre dijo fuertemente: “Han disparado al Presidente.”

Y nos quedamos ahí inmóviles sin poder creerlo, pero solo por un segundo hasta que salimos volando de la biblioteca, fuimos a la oficina del decano donde había una radio en el mostrador y estábamos escuchando atentamente el anuncio de que el Presidente Kennedy había muerto.

Había sido declarado muerto en un hospital de Dallas. Creo que todo aquel en ese lugar, suficientemente mayor para entender lo que estaba pasando en ese momento, puede recordar al día de hoy lo que estaba haciendo en el preciso momento del anuncio.

Yo puedo recordar dónde me encontraba y qué estaba haciendo en el momento que escuché la noticia de la muerte de Franklin Delano Roosevelt. Creo que solo tenía 5 años, pero la impresión del trauma de ese momento que presencié junto con todos los adultos que estaban alrededor mío reaccionando al anuncio, marcaron permanentemente mi memoria. La gente muere todos los días, pero los presidentes no son asesinados todos los días.

Y los reyes no perecen todos los días. Cuando un líder de una nación muere, esa experiencia es una experiencia traumática para toda la nación. En el capítulo 6 del libro del profeta Isaías, Isaías nos da un detalle de las circunstancias de su llamado sagrado al oficio de profeta.

Les mencioné, en la primera sesión, que cada uno de nosotros experimentamos momentos de crisis en nuestras vidas que van a definir el resto de nuestro futuro. Cambian el rumbo de nuestro camino. Nos desvían de un rumbo y nos ponen en uno nuevo del cual nunca debemos desviarnos.

En el Antiguo Testamento, quizá, nada sería más traumático para un hombre que ser llamado directa e inmediatamente por Dios para ser convocado a un santo oficio y vocación; ser ungido por el Espíritu Santo y ser apartado para el rol y oficio de profeta.

Desde el momento en que Jeremías, o Amós o Ezequiel fueron llamados por Dios, investidos por Su espíritu para esa vocación, sus vidas nunca fueron las mismas, porque ser un profeta era uno de los oficios más demandantes y difíciles que cualquier humano pudiera realizar en el Antiguo Testamento.

Porque hablar de parte de Dios exigía, una y otra vez, hablar en contra de sus semejantes. Estar de parte de Dios siempre ha significado lo inevitable de los momentos tensos en los que debemos enfrentar a nuestros amigos, incluso contra nuestras familias, tal como lo dijo Jesús.

Así que un profeta del Antiguo Testamento jamás olvidaría la crisis de ser llamado a ese oficio. Moisés pensó en rechazar el llamado; Jeremías protestó contra su oficio. Es un testimonio uniforme de aquellos que fueron seleccionados para esta tarea ingrata en el Antiguo Testamento, el tratar de evitarlo, pero una vez hecho el llamado, no había salida.

Realmente no había opción cuando Dios ungía a una persona en Israel para ser profeta. No había vuelta atrás. Ese llamado debía ser obedecido. Era habitual que los profetas del Antiguo Testamento relataran a las naciones los términos, las circunstancias, el tiempo de su consagración. Su principal credencial para hablar con Dios fueron las circunstancias de su llamado.

En el Nuevo Testamento vemos, por ejemplo, que uno de los puntos más debatidos entre la comunidad cristiana primitiva era la autoridad del apóstol Pablo. ¿Por qué? Porque Pablo no fue uno de los 12 discípulos originales y solo fue a ese grupo selecto que Jesús consagró inicialmente como apóstoles. Solo una persona que no estaba entre ese grupo fue finalmente seleccionada para ser incluida en las filas de los apóstoles.

Ahora, noten que un apóstol en el Nuevo Testamento es el equivalente a un profeta en el Antiguo Testamento. Y Pablo fue seleccionado como apóstol a los gentiles. Y la gente lo desafió. Dijeron: este es el hombre que sopló fuego, que fue a la comunidad cristiana arrastrando a la gente de sus camas, echándolos a la prisión, persiguiendo a Cristo y su iglesia. ¿Cómo podemos confiar en él?

Y en varias ocasiones, en el libro de los Hechos y en el mismo testimonio de Pablo en sus epístolas, las circunstancias de su llamado se repiten.. o se repitieron. Son las credenciales del apóstol. Entonces, tenemos esta tradición a través del Antiguo y Nuevo Testamento, que toda persona que es colocada en esa posición y que tiene la gran responsabilidad de hablar con veracidad la Palabra de Dios, cuentan con la credencial de un llamado sagrado.

El capítulo 6 de Isaías es el registro del llamado de Isaías al oficio de profeta. Él nos dice del trauma que experimentó con ese llamado y que lo acompañaría por el resto de su vida. Él dice al inicio de ese capítulo que fue en el año en que el rey Uzías murió.

Así que el escenario para la consagración de Isaías en Israel, y algunos han dicho que Isaías, si podemos medir en tales términos, fue el profeta más grande del Antiguo Testamento. Él fue quien se relacionó con reyes, a quien buscaron como consejero en asuntos diplomáticos. Era un estadista y también un profeta.

Y es significativo que su llamado tuvo lugar no solo en un momento de crisis personal, sino que tuvo lugar en un momento donde la nación estaba experimentando una tremenda crisis. Fue el año en que el rey Uzías murió. Piénsenlo. El anuncio que llegó a Israel—el rey está muerto.

Si leen la historia del Antiguo Testamento, verán que no es un anuncio inusual. Algunos reyes solo duraban un par de semanas, esta realidad era más frecuente en el reino del Norte particularmente.

A menudo la lista de reyes del. Norte y del sur que los niños de la escuela dominical, a veces, se ven obligados a memorizar, se ve como galería de villanos. Muchos de los reyes de Israel eran corruptos e impíos y llevaron a toda la nación a exponer los términos de su pacto con Dios.

Pero en el ámbito de la historia judía se destacan cuatro o cinco reyes que eran diferentes, solo unos cuantos reyes fueron bendecidos por Dios y sus reinos estuvieron marcados por cierta rectitud y piedad. El mejor de todos, por supuesto, fue David. El mejor guerrero, el mejor administrador, el mejor poeta, el mejor rey: el rey que se convirtió en el modelo del Mesías que había de venir.

Pensamos en Ezequías, quien también fue notable por su justicia y piedad. Pensamos en otros reyes del Antiguo Testamento que fueron buenos reyes, pero a pesar de que se menciona poco de Uzías, tiene que ser incluido ciertamente entre los cinco mejores reyes de Israel.

Ahora, cuando ese rey murió, dejó un hoyo. Dejó un vacío. Dejó una sensación de incertidumbre y miedo entre el pueblo de Israel. ¿Quién nos guiará? Ellos no dijeron simplemente: el rey está muerto, viva el rey. ¿Por qué? Bueno, cuando John Kennedy murió, lo repentino de esto, la desilusión de la pérdida de Camelot, arrojaron un manto de tristeza en todo Estados Unidos.

Cuando Roosevelt murió, sufrimos la muerte de un líder que había reinado, por así decirlo, durante más tiempo que cualquier otro presidente antes o después. Franklin Delano Roosevelt fue elegido por cuatro periodos como presidente de los Estados Unidos. Él fue el presidente que nos guió durante el tiempo de la depresión y durante la mayor parte del conflicto de la Segunda Guerra Mundial. Amado por muchos, odiado por otros, pero aún así su reinado fue menos de 15 años.

Uzías llegó al trono en Jerusalén cuando tenía 16 años y reinó sobre la nación, amado por 52 años. Imagínense, 52 años con el mismo monarca, con las mismas reglas. Un niño nacía en Israel y Uzías era el rey. Ese niño pasaría por el bar mitzvah a los 13 años y Uzías era el rey. El niño se casaría y el rey era Uzías. Ahora casado, esta persona tendría hijos y en lo que van creciendo sus hijos, el rey seguía siendo Uzías.

Había gente que nacía, tenían familia, tenía hijos, tenían nietos y morían, y durante todo ese período de tiempo, el rey de la nación seguía siendo la misma persona. ¿Se dan cuenta de la estabilidad que eso daba a la gente?

Veamos lo que las Escrituras nos dicen acerca de la naturaleza del reinado del rey Uzías. En 2 Crónicas leemos que Uzías tenía 16 años, esto está en el capítulo 26 de 2 Crónicas, “,,, cuando comenzó a reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Jeconías, de Jerusalén. E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Amasías su padre. Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él lo prosperó”.

Son pocos los reyes de Israel de los cuales podía decirse que buscaron al Señor. Pero se dice de Uzías que en esos días en que buscó a Jehová, Dios derramó sus bendiciones sobre él, sobre su casa y sobre toda la nación.

Ahora, brevemente resumiré lo demás que dice 2 Crónicas con respecto a él: “Y salió y peleó contra los filisteos, y rompió el muro de Gat, y el muro de Jabnia, y el muro de Asdod; y edificó ciudades en Asdod, y en la tierra de los filisteos. Dios le dio ayuda contra los filisteos”. “Su fama se extendió hasta la frontera de Egipto”.

Asimismo edificó torres en el desierto, y abrió muchas cisternas; porque tuvo muchos ganados, así en la Sefela como en las vegas, y viñas y labranzas, así en los montes como en los llanos fértiles; porque era amigo de la agricultura.

Tuvo también Uzías un ejército de guerreros, los cuales salían a la guerra en divisiones, de acuerdo con la lista hecha por mano de Jeiel…” y así continúa… “Mas cuando ya era fuerte, dice la Biblia, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso”.

Esto es como una tragedia de Shakespeare, donde la única mancha del gran héroe causa su caída y oscurece la ilustre carrera con una vergüenza permanente. Por cincuenta y dos años fue rey, y por casi cada uno de esos años, él buscó a Dios con rectitud y diligencia. Sus políticas demuestran justicia, pero se llegó a intoxicar con su propio poder, con su propio estatus a tal punto que él tomó una decisión que lo llevó a la permanente destrucción de sí mismo y de la nación.

Él no estaba satisfecho con ser el rey. Él quería ser un sacerdote también. Y por eso entró al lugar sagrado donde aun el rey no estaba permitido pisar, y él mismo decidió ofrecer allí el incienso por las oraciones. Ahora, cuando los sacerdotes vieron esto, lo reprendieron.

Y leemos, “Y entró el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes, y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario…”

¿Pueden imaginarlo? Los ministros del santuario se interponen al rey y le dicen, “rey, no te está permitido estar aquí. Estás violando la ley de Dios. Solo aquellos que son de la tribu de Leví, solo los hijos de Aarón, que han sido apartados y ungidos por Dios para esta tarea están permitidos de realizarla. Sal de aquí. “… porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios.

Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso… y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová le había herido.

Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada”. El trágico final para una monarquía gloriosa, pero así como fue tan trágico como vergonzoso y tan deshonroso como fue el comportamiento del rey al final de su vida, cuando él murió hubo un tremendo sentimiento de duelo en toda la tierra.
Y el sentimiento de que si este rey podía caer de forma tan miserable, ¿En quién se puede confiar? ¿En quién se puede descansar? ¿Quién podría ser el rey en quien se puede confiar total y absolutamente?

Y es en este contexto de tal pregunta en el que Isaías ve a Dios en su trono. El rey terrenal estaba muerto, pero el Rey de reyes estaba vivo, estaba bien, y estaba ahora llamando a Isaías a ser su profeta.

 

CORAM DEO

Mientras pensamos en las consecuencias prácticas de lo que hemos aprendido hoy, en nuestro segmento de Coram Deo quisiera preguntarles los siguiente,

¿Cuánto de tu confianza, cuánto de tu seguridad, cuánto de tu estabilidad está depositada en tus líderes terrenales y tus héroes? ¿Qué pasa cuando los héroes caen? ¿Qué pasa cuando los líderes pecan? ¿Hay alguien en quien se pueda confiar totalmente? Esa era la pregunta con la que luchaba el pueblo de Israel cuando el buen rey Uzías cayó.

Hubo un enorme vacío de liderazgo en la nación, y fue durante esa crisis que Isaías se encontró con el Dios y Rey de Israel, quién era totalmente santo, que no tenía ni una sombra de variación, ninguna posibilidad de caer, ninguna posibilidad de desilusionarnos. Él está todavía en su trono.

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Los resultados del descontento – 3/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Los resultados del descontento – 3/5

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: La vida es dura, y nos da muchas oportunidades para estar descontentas. Pero el corazón satisfecho, el corazón contento, dice: «Reconozco que aun en medio de estas circunstancias dolorosas y difíciles,  hay un Dios que sigue siendo bueno.»

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia  de Saladín.

Nancy continúa la serie, Cultiva contentamiento en el corazón.

Nancy: Hemos estado hablando de este tema del descontento —murmuraciones, quejas, lamentos. Muchas de nosotras vivimos en el mundo de «y si tan solo». Si tan solo tuviera esto, o si solo no tuviera esto. Si solo me hubiera pasado esto a mí, o si solo no me  hubiera pasado esto a mí.

Creo que fue Elisabeth Elliot, quien definió el sufrimiento como tener lo que no queremos y querer lo que no tenemos, y realmente esto podría aplicarse también a todo este asunto del descontento.

¿Cuáles son algunas de las cosas acerca de las que nosotras como mujeres estamos descontentas, sobre cuáles cosas  murmuramos? Las  Posesiones—no son suficientes o no son suficientemente agradables, demasiado viejas o no están al día. Podemos aplicar esto a la ropa, a la casa, a los muebles, a  los electrodomésticos. Algunas de nosotras estamos apenas terminando de redecorar una habitación antes de querer comenzar con la siguiente, solo para mantener todo siempre luciendo actualizado.

Algunas de nosotras ni siquiera tenemos espacio para lo que tenemos, así que construimos espacios para almacenamiento, más closets, o conseguimos una casa con más armarios para poder guardar estas cosas que ni siquiera  usamos.

Es fácil quejarse y lamentarse acerca de nuestra ubicación geográfica, sobre el clima, donde nos ha tocado vivir, acerca de la comunidad en que vivimos, el tamaño de la ciudad.

Muchas de nosotras murmuramos acerca de asuntos relacionados con nuestra situación familiar, nuestro estado civil. Las mujeres solteras se quejan de que desean casarse, y he escuchado tantas mujeres casadas que se quejan de que desearían no estar casadas, o estar casadas con un tipo diferente de marido.

He oído numerosas mujeres expresar descontento con maridos que no son muy expresivos, que son poco comunicativos, a los que no les es fácil expresar afecto físico.

¿Y qué acerca del asunto de los niños? Demasiados niños, o los niños no son suficientes. ¿Ves?, la tendencia es que, no importa lo que tengamos, pensamos que nos sentiríamos más felices si tuviéramos algo diferente.

He tenido una especie de resfriado durante las últimas semanas. Se me acaba de quitar. Y probablemente no pueda contar el número de veces que me detuve a expresarle a alguien lo mal que me sentía. Me encontré murmurando y quejándome incluso de los problemas del resfriado.

Otra son las cuestiones de la apariencia física nos dan material para quejarnos. Características que no cambian— yo mido  5’1”. Mi altura no ha variado desde que tenía doce años. Hay desventajas en ser pequeña, hay algunas ventajas, pero también hay desventajas. Cualquier cosa que compres tendrás que hacerle ruedo o subirle las mangas, y eso se convierte en algo de lo que puedo quejarme. Entonces veo a las mujeres que son muy altas, y tienen problemas diferentes que también son motivos de queja.

Tal vez sea una cuestión de tu trabajo, de tu trabajo o del trabajo de tu marido,  el deseo de un trabajo, o el deseo insatisfecho de tener un trabajo en particular. Quejas relacionadas con: el pago, o las personas con las que trabajamos, la carga de trabajo, las exigencias o las expectativas.

Cada etapa tiene sus retos la madre que tiene como algunas de ustedes niños pequeños  en edad preescolar pero luego como otras que están en la temporada del nido vacío, cuando sus hijos ya están grandes dispersos y en la que desearían poder verlos más.  Algunas de ustedes tal vez están cuidando a sus padres ancianos con problemas físicos difíciles.

En cada una de estas etapas de la vida podemos llegar a estar descontentas e infelices podemos empezar  a murmurar y a quejarnos y el peligro es que siempre vamos a estar buscando algo distinto a lo que tenemos y que siempre estaremos esperando la próxima etapa de la vida.  

Para algunas de ustedes en este momento la vida es una sucesión constante de recoger juguetes y de cambiar pañales y para algunas de ustedes en esta etapa de la vida sus maridos están viajando mucho, algunas de ustedes pueden estar deseando que sus maridos viajaran un poco más y espero que esto no sea cierto de ninguna de las que están aquí.  El peligro es que siempre estaremos “pensando si tuviera algo diferente, si algo cambiara,  podría ser una persona feliz.» Como vimos con los hijos de Israel en las últimas sesiones, murmurar tiene consecuencias serias, graves y a veces mortales.

¿Qué  hace la  murmuración? Cuando miramos a los hijos de Israel, vemos también algunas de las consecuencias que podemos experimentar. Como hijos de Dios, la murmuración nos mantendrá fuera de la Tierra Prometida, como  hizo con los israelitas. Toda una generación nunca entró en la tierra que “fluye leche y miel” que Dios había preparado para ellos, porque no podían estar contentos con el lugar donde se encontraban. Dios no les permitió experimentar lo que realmente querían.

El descontento les robó a ellos el gozo, y nos roba a nosotros el gozo. Hace que la  conciencia de la presencia de Dios se aparte, que huya de nosotros. Uno de los ejemplos de las murmuraciones de los hijos de Israel que no tomamos en cuenta, tiene lugar en el libro de Números, cuando Miriam y Aarón, los hermanos de Moisés, murmuraron contra Moisés.

Y uno pensaría que si había alguien que podría tener  derecho a quejarse a murmurar, serían el hermano de Moisés y su hermana. Pero las Escrituras dicen que cuando se quejaron, la ira del Señor se encendió  contra ellos y  Dios se alejó.  La nube de la gloria de Dios Shekinah se apartó del tabernáculo.

¿Quieres la presencia de Dios en tu casa? ¿Quieres  el sentido de cercanía de Dios en tu vida? ¿En el ambiente en que te mueves? Dios dice: «Yo no me voy a quedar en un lugar donde hay quejas». Perdemos el sentido de la conciencia de la presencia de Dios cuando nos quejamos.

El descontento y la murmuración llevan al desaliento, a la depresión, a la desesperación. Creo que, en muchos casos, la depresión crónica es el fruto de un corazón ingrato, descontento, quejoso y alimentamos nuestra propia desesperación y nuestro propio desaliento murmurando sobre lo que no tenemos o lo que tenemos que nos hubiera gustado no tener.

Entonces, como hemos visto con los hijos de Israel, cuando murmuramos esto no solo nos afecta a nosotros, sino que envenena a todos los que nos rodean. Afecta  todo el entorno que nos rodea. Es contagioso. Como resultado, hace que sea difícil para los que están en  nuestro entorno. Otras personas quizás no nos digan esto, pero cuando nos andamos quejando, la gente no va a querer estar cerca de nosotros. Le haremos la vida difícil o miserable a todo el que nos rodea.

Todos hemos conocido personas así, pero me pregunto si alguna de nosotras se mirara en el espejo o tuviéramos amigos cercanos que sean lo suficientemente honestos con nosotras me pregunto si encontraría que nos hemos convertido  en quejosos  igual que la persona de la que no queríamos estar cerca.

Hemos visto que la murmuración nos hace vulnerables a otros pecados— incluso pecados tan graves como la inmoralidad, la rebelión. Porque cuando estamos insatisfechos,  nos encontramos justificando otros pecados —pecados, como el comer en exceso, o el gastar en exceso. Muchas veces  un corazón insatisfecho es el que nos lleva a estos  excesos.

Y al ver a los hijos de Israel, hemos visto que cuando murmuramos quizás terminemos con lo mismo que veníamos exigiendo en nuestros momentos de  murmuración. Las Escrituras dicen que Dios les dio a los hijos de Israel lo que ellos pedían, pero envió fragilidad a sus almas. Otras traducciones dicen que Él envió una enfermedad devastadora entre ellos. Así que ten cuidado con lo que dices cuando  murmuras porque Dios  puede decir: «Voy a dejar que  tengas lo que  insistes en tener».

Y vimos también que la murmuración tiene graves consecuencias no solo en nuestras vidas, sino en la de nuestros hijos, en la de la siguiente generación. Dios dijo a los hijos de Israel: «No solo van a morir en este desierto, sino que sus hijos se verán obligados a vagar en este desierto durante cuarenta años a causa de su infidelidad.»

Detente y piensa acerca de eso por un momento. Si no estás satisfecha con la provisión de Dios, pudieras estar de alguna manera dándole  forma a las circunstancias de tus hijos en el futuro. Dios les dará gracia para responder y hacerle frente a esas circunstancias, pero podrías estar creando un clima y un ambiente que conducirá a tus hijos a ser culpables de los mismos pecados, y los conducirá a sufrir las  consecuencias  como resultado de tu insatisfacción con Dios.

John Wesley dijo que nuestro trabajo consiste en darle al mundo una opinión correcta de Dios. Cuando murmuramos le damos al mundo una opinión equivocada de Dios. Guiamos al  mundo a creer que Dios no es realmente bueno y que Él no es suficiente.

Jeremías Burrows era un pastor puritano del siglo XVII. Él escribió un libro maravilloso llamado “La rara joya del contentamiento cristiano”. Y me encanta ese título. En ese libro él da esta definición de contentamiento. Él dice, «El contentamiento cristiano es ese espíritu lleno de gracia, dulce, reflexivo, callado, que libremente se somete, y se deleita en la sabia paternidad de Dios en cualquier condición.»

Es una frase larga pero déjenme repetirla «El contentamiento cristiano es ese espíritu lleno de gracia, dulce, reflexivo, callado, que libremente se somete, y se deleita en la sabia paternidad de Dios en cualquier condición.»

Ahora, eso no quiere decir que las circunstancias o las condiciones en las que nos encontremos sean necesariamente de por sí buenas o fáciles. Lo que significa es que confiamos en que Dios es soberano, que Él es un Padre sabio y amoroso, y que Él se preocupa por nosotros, y que incluso cuando nos enfrentamos a estas circunstancias difíciles o dolorosas, Él sigue siendo bueno.

Pienso en algunas amigas que tengo que en este momento están pasando por dificultades matrimoniales increíbles, difíciles,  mujeres que viven con maridos muy difíciles. Pienso en unos amigos que están enfrentando  algunas situaciones importantes en relación con sus hijos. Pienso en una pareja que se acaba de enterar que su hijo de dos años de edad tiene una enfermedad terminal importante, y es posible que en cuestión de años vean a este niño morir. La vida es dura y la vida nos da muchas oportunidades de estar descontentos.

Pero un corazón que ha cultivado el contentamiento, dice: «Reconozco que aún en medio de estas circunstancias dolorosas y difíciles hay un Dios que sigue siendo bueno. Él sigue siendo soberano. Él todavía está en control.»

Leemos en el libro del Deuteronomio que Dios causó hambre a los hijos de Israel, que los condujo a veces a lugares donde las aguas eran amargas. ¿Esto ocurrió porque Dios era malo, vengativo o descuidado con  sus hijos? ¿Se quedó dormido en medio de su trabajo? No, nunca. «El que te guarda nunca se adormecerá nunca dormirá». Él está despierto. Él está atento. Él te está escuchando. Él te está mirando. Él te está cuidando.

Pero Dios tiene un plan en mente que es más grande que nosotros. Porque, verás, no se trata de nosotros. No se trata de nuestra felicidad, en última instancia. Se trata de la gloria de Dios. Se trata de darle al mundo una opinión correcta de Dios. Para que Dios cumpla Sus propósitos, hay momentos en los que Él nos permite pasar por situaciones que no podemos entender, que no tienen sentido para nosotros, y que hacen que nuestros ojos se llenen de lágrimas. Tú has estado allí.

Y mientras hablo de estas circunstancias quizás algunas de ustedes en este salón estarán pasando por estas situaciones de las que estamos hablando hoy en día. Algunas de ustedes  han pasado por ellas en el pasado reciente. Hay una imagen que les viene a la mente. Quizás hay un individuo. Hay una circunstancia, y  dicen: «Es muy difícil atravesar por esto». Pero el contentamiento cristiano es ese espíritu interno, dulce, reflexivo, tranquilo, lleno de gracia, que libremente se somete y se deleita en la sabiduría paternal de Dios en cada situación.

Y ahora quiero que veamos por encima en las próximas sesiones, cinco características de un corazón satisfecho. Vamos a tomarlos una a la vez. Quiero que veamos, en primer lugar, que un corazón satisfecho, un corazón contento,  es un corazón agradecido.

A medida que los hijos de Israel se preparaban para entrar en la Tierra Prometida, Moisés les recordó todo lo que Dios había hecho por ellos a través de sus años en el desierto. En Deuteronomio capítulo 2, Moisés mira hacia atrás. Él reflexiona. Les recuerda lo que Dios ha hecho. Y él les dice: » Por cuarenta años el SEÑOR tu Dios ha estado contigo; nada te ha faltado» (v. 7).

Eso era cierto. Sus zapatos ni siquiera se desgastaron durante cuarenta años. Tenían comida que comer todos los días. Contaron con la presencia de Dios para conducirlos, para guiarlos. Sí, ellos andaban errantes. Sí, estaban dando vueltas en círculos, pero Dios estaba allí. Dios estaba satisfaciendo sus necesidades. Dios proveyó para dos millones de judíos— mujeres, hombres y niños—en ese desierto. No había centros comerciales. No había supermercados. ¡Durante cuarenta años!  ¡Todo fue milagroso!

Pero te das cuenta al leer los pasajes del Antiguo Testamento, una cosa que brilla por su ausencia. Nunca oyes a los hijos de Israel, diciendo: «Gracias». No les oímos decirlo. Cuando Dios les dio, lo daban por sentado. Y la próxima vez que tuvieron una necesidad, vuelven a murmurar y a quejarse. Insistieron en murmurar acerca de lo que no tenían más que estar agradecidos por lo que tenían. De manera que un corazón satisfecho es un corazón agradecido.

Necesitamos  aprender a expresar gratitud por las bendiciones de Dios. Creo que este es uno de los grandes remedios para la depresión, para la desesperación, el desaliento, la frustración, uno de los remedios más grandes para un corazón descontento.

No se puede murmurar y dar gracias al mismo tiempo. Simplemente no puedes hacerlo. Yo  encuentro, básicamente, que en cada circunstancia y situación de la vida, tengo una de dos alternativas. Puedo adorar o puedo quejarme, pero no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo.

Que hago para aprender a reconocer las bendiciones—bueno contarlas,  nombrarlas una por una. Contar mis muchas bendiciones y nombrarlas una por una es una gran cura para tantas luchas emocionales crónicas y mentales que tenemos como hijos de Dios. Aprender a decir «gracias».

Ahora, a veces nos duele, cuando haces cosas por los demás, cuando haces cosas por tus hijos, y ellos no te lo agradecen. Ellos no se dan ni cuenta de todas esas cosas que estás haciendo detrás de la escena sólo para que la vida se les mantenga en marcha. Hay veces que, como mamá, sientes, «si alguien por aquí expresara agradecimiento, eso haría mi trabajo un poco más fácil.»  Veo que algunas sonríen y  algunas asienten.

Pero a medida que me encuentro siendo herida a veces por la ingratitud de los demás, Dios me lleva de nuevo a esta pregunta: «¿Me diste las gracias por las cosas que he estado haciendo tras bambalinas para ti?»  Me parece que muchas veces Dios ha hecho decenas y decenas y tal vez cientos de cosas por mí que no me he detenido a reconocer y mucho menos a apreciar.

¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a contar tus bendiciones? A nombrarlas una por una. Algunas de esas bendiciones son obvias. Es fácil dar gracias a Dios cuando se tiene dinero en el banco, cuando el sol está brillando, cuando tus hijos están locos por ti, cuando tu marido piensa que eres maravillosa. Pero también hay algunas otras cosas difíciles de agradecer a Dios.

Una mujer escribió y me dijo: «He aprendido cuán grave es murmurar contra Dios. Me he quejado de no tener una lavadora y una secadora, me he quejado de mi pelo (que era rizado antes del embarazo y ahora es lacio), me he quejado sobre mis estrías, etc. Pero he aprendido a dar gracias a Dios porque tengo ropa, tengo pelo, y un bebé hermoso. Me ha dado una perspectiva celestial y eterna para sustituir lo temporal”.

Fue en 1820, por un error por un descuido médico dejó a una bebé de seis semanas de edad ciega de por vida. Durante los años siguientes, sin embargo, se hizo evidente que a pesar de su discapacidad, tenía una capacidad inusual para escribir poesía y  música. Desde el principio, su vida y su poesía revelaban la belleza y la fragancia de un corazón lleno de contentamiento, de un corazón agradecido.

Su primer poema, escrito a los ocho años de edad, decía así. Ella dijo:

¡Oh, qué niña tan  feliz soy, aunque no puedo ver! Estoy decidida que en este mundo contenta estaré. ¡Cuántas bendiciones disfruto que otras personas no tienen!  ¡Llorar o suspirar porque soy ciega, no podré, ni lo haré!

Puede que no sea una gran poesía, pero es una gran teología. Esa niña, como muchas de ustedes saben, se llamaba Fanny Crosby. Ella creció y se convirtió en la compositora amada de los Estados Unidos. Escribió más de 9,000 himnos.  Y más tarde en su vida Fanny escribió en su autobiografía, «parecía destinada por la providencia del Dios bendito que yo fuera ciega toda mi vida, y le doy gracias por la dispensación».

El médico que le destruyó la vista nunca se perdonó. Se mudó lejos de la zona, pero Fanny se negó a  sentir amargura hacia él. Ella escribió esto de nuevo en su autobiografía. Ella dijo:

Si pudiera encontrarlo ahora, le diría: «Gracias, gracias», una y otra vez por convertirme en ciega. A pesar de que pudo haber sido un error por parte del médico,  no fue un error de Dios. Sinceramente, creo que era Su intención que debía vivir mis días en la oscuridad física con el fin de estar mejor preparada para cantar sus alabanzas e incitar a otros a hacerlo.

Un corazón agradecido.

Y es que, el no dar gracias a Dios  lleva a una serie de otros pecados y problemas. De hecho, creo que el pecado de la ingratitud es el primer paso para muchos otros pecados más graves.

Si vamos al libro de Romanos al capítulo 1, donde tienes esta larga lista de características de una cultura caída de una cultura  depravada (y gran parte de ella  describe nuestra cultura de hoy en día, con su exceso moral o inmoralidad excesiva), y si lees a través de esta larga lista de grandes pecados, ¿sabes qué pecado encabeza esa lista? Ellos se olvidaron de ser agradecidos. Se olvidaron de ser agradecidos.

El olvidarnos de dar gracias a Dios conducirá a la amargura, a la desesperación y a la esclavitud. Pero el dar gracias a Dios conducirá a la libertad, al gozo y a una  mayor bendición.

¿Tienes tú un corazón agradecido? ¿Has dado las gracias a Dios por las bendiciones obvias que están a tu alrededor día tras día, que tendemos a dar por sentadas? ¿Hay algunas cosas en tu experiencia que requieran dar un sacrificio de alabanza, algo por lo que Dios está esperando que tú puedas decir: «Gracias, recibo esto, yo te presento esto,  lo recibo de tu amor y de tu mano»? Cultivar una actitud de gratitud creo que  realmente es el primer paso para desarrollar un corazón con contentamiento.

Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss. Ella ha te ha estado invitando a reemplazar la queja por la gratitud. Esta es una manera eficaz de dar ese primer paso: obtener una copia del libro Sea Agradecido de Nancy: Tu camino al gozo. Puedes realmente aprender a dar gracias en todas las situaciones. Eso es lo que las mujeres han aprendido al leer este libro. Nancy ha oído de una mujer tras otra que ha sido afectada por este libro.

Nancy: Una mujer escribió y nos dijo: «Tu libro me estaba mirando directamente a la cara cuando entré en la librería.» Ese libro fue Sea Agradecido. Ella compró un ejemplar y dijo: «Tengo 63 años y he aprendido mucho de tu libro. He sido desafiada con temas que nunca antes había considerado.

Bueno, tal vez tú al igual que esta mujer  nunca has considerado lo importante que es el tema de la gratitud. Realmente creo que todo el mundo luce diferente cuando  lo ves a través de los ojos de la gratitud. La actitud de gratitud puede transformar tu perspectiva y tus relaciones.

Permítanme decirles «gracias», «gracias» por su apoyo a este ministerio. Significa personalmente mucho para mí, y eso significa mucho para aquellos cuyas vidas se verán afectadas en los próximos días como resultado de su generosidad.  Muchas gracias.  Te invitamos a conseguir una copia de este libro Sea Agradecidoque tenemos en españoles un libro que podrá cambiar tu vida y tu perspectiva desarrollando en ti un corazón agradecido.

Leslie: ¿Ya visitaste nuestra página de www.AvivaNuestrosCorazones.com? Allí podrás encontrar recursos, leer e interactuar en el blog y escuchar algunos programas que aún no  has escuchado.  Entra a la página y dinos cómo te están ayudando estos programas de radio.  También puedes seguir nuestra página de Facebook, Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss y mantenerte al tanto de noticias del ministerio, así como ser edificada con las publicaciones.  Y recuerda, comparte con otras sobre este programa y ayúdanos a propagar el mensaje de esperanza, libertad, abundancia y plenitud que encontramos en  Cristo.

No se puede abrazar totalmente el contentamiento a menos que confíes en el Señor para  todo. Descubre el  porqué cuando Nancy continúe con la serie Cultiva contentamiento en el corazón. Eso será mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Cultiva contentamiento en el corazón

Reyes y Reinas de la Creación

DÍA 10


Salmo 8

Reyes y Reinas de la Creación

Amor Eterno

 

“¡Oh SEÑOR, soberano nuestro, ¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra! ¡Has puesto tu gloria sobre los cielos!” (Salmo 8:1) (NVI)

Hay noches que son más luminosas que otras, cuando la luna está llena y el cielo resplandece de estrellas. ¿Te has deleitado contemplándolo? David lo hizo muchas veces y en una de esas ocasiones compuso este salmo como uno de los más preciosos himnos que glorifican a Dios describiendo su grandeza y majestad.

Pero, ese mismo Señor y dueño de todo el universo es también el Señor de nuestras vidas. Al contemplar la grandeza y las maravillas de la creación, David se mira a sí mismo como hombre y encuentra un gran contraste con la pequeñez del ser humano: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste: Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

¿Te has hecho la misma pregunta?: “Señor, ¿Quién soy yo para que te fijes en mí? ¿Quién soy yo para que me escuches? ¿Quién soy yo para que me bendigas?” Amada, somos la especial creación de Dios, reflejamos su imagen y fuimos formadas para tener comunión con Él. Dios tuvo un plan creador maravilloso. Si lees el relato de Génesis 1 descubrirás una secuencia a través de los días, cada uno es una preparación para lo que va a ocurrir al día siguiente. Dios crea primero el escenario y luego llega al clímax de la creación al formar al hombre y a la mujer en un acto creativo diferente a todos los anteriores. Hombres y mujeres somos el objeto de su amor. En eso consiste nuestra grandeza.

David lo descubrió en una noche estrellada y prorrumpió en júbilo: “Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas, y bueyes, todo ello; Y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos, y los peces de la mar; Todo cuanto pasa por los senderos de la mar. ¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!”

En estos días, cuando vuelvas a observar la grandeza de la creación ¡maravíllate! Alaba a Dios por la dignidad que nos ha conferido, piensa en la responsabilidad que nos ha dado de señorear sobre esa creación, en la responsabilidad ecológica que tenemos en nuestras manos de cuidar la naturaleza. Y mírate a ti misma, redescubre tu belleza. ¡Agradécele el privilegio de tener comunión con Él y reflejar su imagen!

Amada, te invito esta noche a contemplar juntas las estrellas.

Oración: Señor, gracias por haber hecho de mí tu especial tesoro. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 25). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Cómo vivir en Babilonia – 1/7

Iglesia Evangélica de la Gracia

El Evangelio según Daniel

Cómo vivir en Babilonia – 1/7

David Barceló

 

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.e

15 – «Hasta que el Dinero nos separe» – Testimonio de vida 3/3

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada – Programa 15

“Hasta que el Dinero nos separe”

Testimonio de Vida 3/3

 

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

El lugar Santo

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

El lugar Santo

R.C.Sproul

Continuamos con nuestro estudio de la Santidad de Dios. Recuerdan que en nuestro primer segmento de esta serie les conté acerca de una experiencia personal que fue un momento crítico en mi vida, allá, en mis tiempos universitarios, donde escuché una clase sobre los escritos de San Agustín.

Mencioné cómo Agustín abrió mi entendimiento a una dimensión completamente nueva del carácter de Dios y que me asombró escuchar cómo Agustín explicó el poder y la majestad y la santidad de Dios. Bueno, el mismo Agustín escribió un pasaje interesante sobre su propia experiencia personal con la presencia de Dios. Esto es lo que dijo: “¿Qué es eso que fulgura a mi vista y hiere mi corazón sin lesionarlo? Me siento horrorizado y enardecido: horrorizado, por la desemejanza con ella; enardecido, por la semejanza con ella.”

Bueno, Agustín tenía una gran habilidad para articular sus más íntimos pensamientos y sentimientos, y aquí él se refiere a la pregunta: “¿Qué es lo que hiere mi corazón sin lastimarlo?” ¿Notan el contraste entre estas imágenes? Algo que lo atraviesa, algo que lo azota, algo que lo golpea con una tremenda fuerza y, aun así, no lo lastima, no lo hiere, no le deja marcas.

Pero cuando Agustín reflexiona sobre esta pregunta, él expresa una actitud de ambivalencia al respecto. Hay algo que le atrae de este tema y que hiere su corazón, pero al mismo tiempo hay algo que lo atemoriza. Él dice: “Al mismo tiempo me siento horrorizado y enardecido”. ¿Qué quiere decir con horrorizado? Que es una experiencia estremecedora, una experiencia que lo hace temblar.

Imaginen el momento de la cruz, están clavando las manos de Jesús y como la vieja canción decimos, “¿Estuviste allí cuando ellos crucificaron a mi Señor?” y el coro continúa diciendo, “Esto me hace temblar, temblar y temblar”. Y el percibir esto es algo con lo que podemos identificarnos, ¿no? Esos son momentos en nuestra propia experiencia cuando contemplamos el misterio de Cristo, la grandeza de Dios, los secretos de las obras y las operaciones del Espíritu Santo que nos produce temblor. Hay algo atemorizante en eso.

A inicios del siglo XX, un teólogo alemán, quién también era un experto en el campo de la sociología y la antropología, escribió un pequeño libro que tuvo un enorme impacto en el pensamiento de su generación. Su nombre era Rudolph Otto. Y su libro, cuando fue publicado originalmente, tenía un título corto y tajante que en alemán era, Das Heilige, que literalmente significa “El Santo”. Cuando fue traducido al inglés, el título en inglés para este libro fue cambiado a “La Idea de lo Santo”.

Ahora, Otto no tenía relación con el cristianismo evangélico conservador tradicional. Él no estuvo simplemente examinando algo acerca de Dios, sino que quizás estaba aún más interesado en la gente. Su análisis era un estudio de cómo los seres humanos reaccionan y responde a lo que ellos consideran como santo.

Esto podría ser los sentimientos y las reacciones de la gente en tribus primitivas a espíritus animistas que los atemorizaban. Esto podría ser una sacerdote en el templo. Podría ser un cristiano en oración. Él habló de cómo la gente responde de forma emocional, intelectual y sicológica a esa sensación de la presencia de lo santo.

Él básicamente dijo que la respuesta humana normal a lo santo es ambivalente. Que lo que es sagrado atrae y repele al mismo tiempo. Que hay algo en lo santo que nos lleva a desear ponernos aún más cerca de ello para descubrir de qué se trata, y todavía hay algo que es, de alguna manera, misterioso, tan diferente que queremos huir de ello.

Otto usó un término técnico para describir esa sensación de lo santo, a la cual él llamó usando la frase en latín, “mysterium Tremendum”, Misterio Tremendo, o el misterio que produce estremecimiento, temblor dentro de nosotros. ¿Te has dado cuenta cómo en nuestros días y en nuestra propia cultura la gente pareciera sentir fascinación por lo oculto? Se llenan los cines para ver películas como El Exorcista.

Hay interés en reportajes acerca de la adoración a Satanás y aún así hay algo horrible en esas cosas que es grotesco y por lo que quisieran huir. Pero no estamos completamente seguros, estamos fascinados. Queremos acercarnos. Y pareciera como que seguiremos todo lo que nos da alguna esperanza de penetrar la barrera de lo secular y de lo profano, algo que abrirá una puerta que nos permita entrar al terreno de lo sobrenatural. Atemoriza y fascina al mismo tiempo.

Recuerdo que cuando era niño acostumbrábamos escuchar la radio. Todavía no había aparecido la televisión. Con lo dicho me estoy avejentando yo mismo. Pero la diferencia entre la radio y la televisión es que estábamos restringidos a seguir nuestros programas favoritos a través de la radio, lo que significaba solo oír la historia.

Escuchábamos el diálogo y las descripciones que nos eran dadas por el narrador. No veíamos nada, excepto el dial de estaciones de nuestra radio de esa época. Y esto permitía que llenáramos el vacío con la imaginación. Visualizaríamos con los ojos de nuestras mentes a Superman o al Llanero Solitario.

De hecho, puedo encontrar ciertas ventajas con esto para desarrollar la creatividad. Fuimos forzados a usar la imaginación. Bueno, hubo diferentes clases de programas, radionovelas durante el día, historias de aventuras durante la noche, historias de héroes del Oeste como Roy Rogers y el Llanero Solitario y muchos más.

Sin embargo, uno de los géneros más populares de los programas de radio en los 40s eran las historias de misterio o las de detectives como cazadores de pandillas o encontrando personas perdidas. La radio tenía un programa que era sumamente tenebroso llamado “Suspenso”. Pero el programa de radio más escalofriante de todos los que yo recuerdo cuando niño era uno que se transmitía de noche.

El sonido de apertura era el ruido del rechinar de un ataúd abriéndose en el cementerio. La puerta de una cripta abriéndose, y nosotros siempre hablábamos de la puerta rechinante. Y ese sonido particular era la apertura de ese programa. Y la puerta rechinaba, y tiritaríamos de miedo como niños pequeños. Luego la voz del narrador anunciaría el programa—“Inner Sanctum”. Así lo decían, “Inner Sanctum”. Y nos quedábamos petrificados.

Y lo que me tiene más fascinado ahora cuando reflexiono en ese tiempo es que cuando era niño no sabía que significaba Inner Sanctum. Ahora sé que las palabras significan “Dentro de lo Santo”. Cuando pienso en eso, creo que es sorprendente que los productores de programas de radio en el mundo del entretenimiento, cuando estaban buscando algo que mantenga a las familias fascinadas y que invoque sentimientos de terror en ellos, ellos no pudieron pensar en nada más misterioso, nada más aterrorizante para el ser humano que estar cerca, tan cerca, que estás virtualmente dentro de lo santo.

Esa es la clase de reacción que Rudolph Otto examinó al mirar a varias civilizaciones y culturas. Y él dijo que cuando estamos hablando de lo santo, estamos hablando de algo que es uno de los asuntos más difíciles en la experiencia humana para definir con precisión y con claridad.

De hecho, Otto dice que con respecto a lo santo, estamos lidiando con lo que él llama un tal “más” una palabra extraña este “más”, ¿no es cierto? Cuando usamos la palabra “más” la usamos en aritmética o en matemáticas. Es una forma que indica algún tipo de adición. Algo que se añade con un “más”. Algo que es extra.

Una de las películas más populares vista en los Estados Unidos tiene, quizás, el título más corto que ha tenido cualquier película. Hubo una película que vi cuando era un niño y se titulaba “Ella” E-L-L-A. Ese es un título bien corto, pero al que me refiero no es siquiera una palabra, sino dos iniciales, E.T. E.T. Todo el país se enamoró con este extraño visitante del espacio exterior. ¿Qué significa E.T.? Extra Terrestre. E.T. es la abreviación que le damos al que es un alienígena, uno que viene de fuera de nuestra experiencia y nuestro ambiente, uno que es diferente, uno que es “extra”, que está aparte, extraño, extranjero.

Uno pensaría que el título E.T. sería más adecuado aplicarlo a Dios, quién está arriba y más lejos que la esfera terrestre, este planeta y ambiente que está compuesto por esta tierra en la que vivimos, en la que Dios es el Supremo Extraño, aquel que está supremamente “extra”.

Y así a lo que Otto estaba llegando es que cuando hablaba acerca de la santidad de Dios como comunicando un cierto “más”, estaba hablando de un sentido en el que Dios está arriba y más allá de todo lo que experimentamos en la tierra.

Podemos haber sido hechos a su imagen. Podemos disfrutar cierta semejanza o similitud con nuestro Hacedor, pero más allá de esa semejanza y más allá de tal similitud existe una enorme diferencia, la disimilitud entre quién es Dios y quiénes somos nosotros.

Una vez más, déjenme volver a la declaración que leí sobre San Agustín cuando él hizo la siguiente pregunta, “¿Qué es eso que fulgura a mi vista y hiere mi corazón sin lesionarlo? Me siento horrorizado y enardecido…horrorizado, por la desemejanza con ella; enardecido, por la semejanza con ella.”

Así Agustín fija esta ambivalencia de la que Rudolf Otto habla. En el hecho de que hay un sentido en el cual nosotros somos como Dios, hechos a Su imagen. Y debido a que somos hechos a su imagen y hechos para su gloria, y hechos originalmente para disfrutar de comunión con Él,.

Agustín, como recordarán, empezó su libro, su famoso libro Confesiones, con una oración en la que dice, “Oh Dios, tú nos has hecho para ti, y nuestros corazones no encontrarán descanso hasta encontrarlo en ti”.

E.T. quería volver a casa y respondemos a eso. Él quería volver a su residencia celestial. Eso lo podemos entender porque hay un sentido, al haber sido diseñados en nuestra propia naturaleza como criaturas hechas a la imagen de Dios, de anhelo por nuestra residencia en su presencia.

Es como si hubiera algún tipo de vacío dentro de nosotros, un abismo que nos obsesiona en la profundidad de nuestras almas hasta que podamos alcanzar y abrazar en una relación armoniosa al Dios que nos hizo. Y, sin embargo, debido a nuestro distanciamiento de Dios y debido a la disimilitud entre quién es Él y lo que somos nosotros, permanecemos temblando cada vez que se entromete en nuestra presencia. Ante tal intrusión, esos momentos preciosos, esos momentos significativos donde sentimos la presencia de Dios están llenos con la ambivalente reacción de atracción y temor.

Permítanme leerles brevemente lo que Otto dice para describir ese terrible misterio. Él dice: “Este sentimiento podría a veces venir como un barrido de una marea suave que impregna la mente con un sentimiento tranquilo de la más profunda adoración. Puede pasar como una actitud más estable y duradera del alma que continúa emocionalmente vibrante y resonante hasta que, finalmente, se disipa y el alma retoma su ánimo profano y no religioso de la experiencia diaria”.

¿Se identifican con esto? Todos hemos tenido esas experiencias de profunda emoción que son electrizantes, pero es inevitable que se disipen, y que retornemos a nuestra profanidad apegada a esta tierra.

Él dice: “Podría estallar en una erupción repentina desde las profundidades del alma con espasmos y convulsiones o llevarnos a la más extraña de las agitaciones o al frenesí intoxicado que lleva al éxtasis. Tiene sus formas salvajes y demoníacas y se hunde en un llanto de horror y estremecimiento.

Este tiene sus antecedentes barbáricos y más tempranas manifestaciones y, una vez más, podría ser desarrollado en algo hermoso, puro y glorioso. Puede convertirse en la humildad silenciosa y temblorosa de una criatura en la presencia de quién o qué, en la presencia de lo que es un misterio indescriptible que está más allá de todas las criaturas”.

Lo que él está describiendo aquí es lo que llamo la experiencia humana de pavor santo, un escalofrío penetrante, la sensación de estremecimiento que asociamos con el estar cerca del Dios viviente. Necesitamos explorar esto y hacerlo profundamente, lo que haremos en los próximos días.

 

CORAM DEO

R.C.Sproul

El pensamiento para hoy del Coram Deo, del vivir delante del rostro de Dios. Quisiera dejarles esta pregunta para que ustedes, espero, se la pregunten a ustedes mismos. ¿Cómo sientes; cómo respondes cuando tienes ese sentido de la presencia de Dios?

Si tú piensas en esos momentos en tu vida en donde has sentido Su Presencia, ¿Deseabas más? ¿o querías menos? ¿Querías ir aún más cerca, o querías< retroceder y retirarte?

¿Te identificas con ese sentido de ambivalencia del que Rudolf Otto habla en su libro? ¿La presencia de Dios te hace brillar o te hace estremecerte, o quizás, como en la mayoría de nosotros, hace ambas cosas? Piensa en eso.

http://www.ligonier.es

 

Tú puedes cultivar el contentamiento en el corazón – 2/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Tú puedes cultivar el contentamiento en el corazón – 2/5

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/tu-puedes-cultivar-el-contentamiento-en-el-corazon/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss dice que quejarse es una condición grave del corazón.

Nancy Leigh DeMoss: Cuando me quejo, estoy diciendo que rechazo la voluntad de Dios,  la autoridad  de Dios y el derecho de Dios a gobernar mi vida.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Si hay algo que conduce a una madre a la locura, es escuchar a sus hijos  quejarse. Es fácil para los adultos decirle a los niños que cultiven el contentamiento,  y luego, empezar a quejarse  ellos mismos.

Este problema nos afecta  casi a todas. Nancy está aquí para ofrecernos  una perspectiva bíblica que nos será de gran utilidad.

Nancy: Estamos examinando la forma como respondemos a los problemas, a los desafíos y decepciones de nuestras vidas y a la forma en que tendemos a murmurar y quejarnos, cuando Dios no hace las cosas como entendemos que creemos que debería hacerlas.

La  última vez que estuvimos  juntas,  revisamos  cuatro ocasiones en la vida del pueblo de Israel, justo después que salieron de Egipto.  Dos meses después de haber sido redimidos de Egipto, vimos cuatro casos en los que se enfrentaron con obstáculos, donde encontraron una situación difícil o imposible.

Después de que los hijos de Israel habían pasado por esas cuatro ocasiones que leemos en el libro del Éxodo, Dios guió los hijos de Israel al Monte Sinaí. Si sabes la historia del Antiguo Testamento, sabrás que se establecieron allí durante once meses. Ahí fue donde Dios les dio la Ley. Pero cuando llegamos al libro de  Números, comenzando en el capítulo 11, nos encontramos con que los hijos de Israel no han sido sanados de la murmuración y de la queja.

Para que no seamos demasiado duras con ellos, ¿Qué tiempo se necesita para curarnos? Justo cuando pensamos que realmente deberíamos tener confianza en la bondad de Dios, cuando debíamos ser capaces de alabarle por  fe, algo más sucede, y nos agarra con la guardia baja, y nos encontramos una vez más quejándonos, murmurando, y dudando de Dios.

En los primeros cuatro casos, Dios ha sido muy misericordioso. En todas las ocasiones realizó un milagro. Vamos a ver, que a partir de Números 11, Dios comienza a responder de manera diferente a sus murmuraciones y a sus quejas. A partir de este momento, casi cada vez que murmuran, Dios enviaba  juicio.

Y dices: «¿Por qué la diferencia? ¿Por qué en los primeros cuatro casos Él hizo un milagro,  como si Él ignorara sus murmuraciones? ¿Y por qué, de repente, a partir de Números capítulo 11, luego de que llegaron al Monte Sinaí…? ¿por qué de repente Dios responde con ira y juicio ante sus murmuraciones?»

Al meditar en estos pasajes, me parece que en esos primeros meses, al salir de Egipto, Dios sabía que eran inmaduros. Dios sabía que en realidad no le conocían, y Dios quería darles la oportunidad de llegar a conocerlo. Ahora habían visto la obra de Dios, habían visto Sus milagros, habían experimentado Su gracia, Su poder, Su bondad y Su amor. Ahora en este punto, ellos sabían más, y eran más responsables.

Quiero decirle estas palabras a aquellas de nosotras que hemos estado caminando con el Señor, tal vez por algunos  años—somos más responsables por lo que hacemos en la medida que conocemos lo que Dios puede hacer, cuando lo vemos actuar a nuestro favor.  Pero ahora verás una respuesta de Dios muy diferente a sus murmuraciones.

Las Escrituras nos dicen en Números capítulo 11, que «el pueblo se quejó.» En este caso, no nos dice de qué se quejó, y es casi como si no importara. Siempre podemos encontrar algo de qué quejarnos. No da ninguna razón.

Al parecer enfrentaban algún tipo de dificultad.  Y a pesar de que no nos señalan ninguna razón para esa murmuración, hay una vívida descripción de la respuesta de Dios a sus quejas. Las Escrituras dicen:

Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento.  Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. (vv. 1, 3 RV)

Esa palabra, Tabera, significa «quemar». Dios envió una plaga.  Puedes imaginarte a los hijos de Israel—que de alguna manera se habían acostumbrado a murmurar, y se habían acostumbrado a que Dios viera sus murmuraciones—y ¡de repente! Hay una plaga, hay fuego,  hay llamas.

Uno se pregunta si estarían pensando: “¿Qué tiene  Él? ¿Qué provocó a Dios?” Dios había oído sus murmuraciones todo el tiempo, pero ahora Dios está diciendo: «Mira, sabes mucho. Has estado a mí alrededor lo suficiente.  Has visto mis obras.  Has visto mi gracia. Quiero que sepas que tomo en serio tus murmuraciones. »

Números capítulo 11, continuando en este pasaje, comenzando con el versículo 4, dice que había una multitud mixta entre los israelitas. Estos eran extranjeros, no-israelitas que salieron de Egipto junto con los Israelitas en el éxodo, y comenzaron a anhelar otros alimentos. Algunas de sus traducciones dicen que eran el «populacho».

Ellos eran quejosos, de esos que siempre hay en algunos grupos, en cualquier iglesia y en cualquier familia. A menudo hay un quejón, alguna llorona y observa cómo infectan a todos los demás a su alrededor. Cuando esta multitud mixta comenzó a exigir otro tipo de alimentos, afectó—e  infectó— a todos los demás.

Y la Palabra dice que, de nuevo, los israelitas comenzaron a lamentarse, y dijeron: “¡Si al menos tuviéramos carne para comer! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de forma gratuita.” ¿Quién les estaba cobrando ahora? No era como que ahora  tuvieran  que pagar por la comida.

Están comparando su situación actual con la que tenían en Egipto. «Recordamos los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y el ajo.» Eso no suena muy apetitoso para mí, y puede que para ti tampoco. Pero estaban recordando los alimentos exóticos que habían tenido en Egipto, y dijeron: “y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos” (vv. 4-6).

Tenían comida, pero se aburrían con el tipo de comida que tenían. «Queremos variedad, queremos especias, queremos algo diferente.» El pasaje continúa  diciéndonos que el Señor se enojó mucho, y Moisés también estaba disgustado y le dijo a Dios: «No puedo yo solo soportar a todo este pueblo.»  ¡Dios, tienes que hacer algo! Y Dios de hecho lo hizo; Él hizo algo.

En el versículo 18, Moisés dijo a los hijos de Israel (estamos en Números capítulo 11),

El Señor les escuchó cuando se lamentaron: «¡Si sólo tuviéramos carne para comer! ¡Estábamos mejor en Egipto!»  Ahora el Señor les dará carne, y se la comerán. No la van a comer por un día, dos días, cinco, diez o veinte días, sino durante un mes entero —hasta que les salga por las narices y la detesten— porque  han rechazado [algunas traducciones dicen que  «han despreciado»] al Señor, que está entre vosotros, y se han lamentado ante Él diciendo: “¿Por qué salimos de Egipto?”(vv. 18-20).

El pasaje continúa diciéndonos que Dios envió codornices en abundancia, más codornices que las que podían manejar, pero escucha esta descripción, comenzando en el versículo 33 —es muy gráfica.

Mientras la carne estaba todavía entre sus dientes y antes de que pudiera ser consumida [antes siquiera de que hubieran tragado una mordida] la ira del Señor se encendió contra el pueblo, y los hirió con una plaga muy grande. Por lo tanto, el lugar fue llamado Kibrot-hataava (vv. 33-34).

Ahora bien, quizás el nombre no significa nada para ti, pero es una frase hebrea que significa literalmente «tumbas del deseo.» Terminaron muriendo y siendo enterrados, algunos de ellos, debido a su codicia, debido a sus exigencias de que Dios cumpliera sus deseos.  

«Allí sepultaron a la gente que había anhelado otros alimentos» dice el versículo 34.

Siguiendo adelante, hayamos  otro caso en Números capítulo 14, y vemos de nuevo un patrón muy similar. Ahora llegamos a un lugar llamado Cades-barnea, y se enfrentan con un reto imposible. Los espías han sido enviados a verificar la salida de la tierra de Canaán, y de los doce que entraron, diez regresaron y dijeron: «No podemos hacerle frente a esto. Hay gigantes en la tierra. Esto es demasiado difícil para nosotros.”

Las Escrituras dicen en el capítulo 14 versículo 1,

Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada? «(Vv. 1-3).

¿Te suena familiar? Es solo la estrofa siguiente, de la misma canción.

Nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa. . .  Y se dijeron unos a otros: «Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.» (v. 3).

Treinta y ocho años más tarde, Moisés estaba revisando el incidente con los hijos de Israel, con estos quejosos, mirando hacia atrás.  Y así fue que comentó sobre esta situación. Él dijo, «Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: «Porque el SEÑOR nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos» ( Dt. 1:27).

¿Ves cómo atacaron el carácter de Dios? Ellos dijeron: «¡Dios nos odia! Y es por eso que Él nos ha hecho esto a nosotros.» ¿Puedes imaginarte llegar a un punto en nuestras vidas donde fijemos la vista en un Dios que nos ha mostrado misericordia increíble, amor, bondad, lo miremos a la cara y le digamos: «Tú nos odias. Es por eso que nos has ocasionado esto”.

Pero ¿no es eso lo que el enemigo nos lleva a hacer, a dudar del amor y de la bondad de Dios? El Señor le dijo a Moisés (¿cómo responde Dios a esto?).

El Señor le dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo me desdeñará este pueblo? ¿Y hasta cuándo no creerán en mí a pesar de todas las señales que he hecho en medio de ellos? Los heriré con pestilencia y los destruiré.” (Num 14:11-12).

A medida que leemos, encontramos que Moisés intercedió por ellos y Dios perdonó a los hijos de Israel, pero habría algunas consecuencias bastante graves. El pasaje continúa—y todavía estamos en Números capítulo 14—Dios dice:

¿Hasta cuándo tendré que sobrellevar a esta congregación malvada que murmura contra mí? He oído las quejas de los hijos de Israel, que murmuran contra mí. Diles: Vivo yo—declara el SEÑOR—que tal como habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros (vv. 27-28).

¿Qué habían dicho ellos? «¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiéramos muerto en este desierto!» Y dijo Dios: «¿Quieres morir? Te voy a dar lo que has pedido. Así dice Dios,

En este desierto caerán vuestros cuerpos —cada uno de ustedes de veinte años de edad o más que se contó en el censo y que ha murmurado contra mí. Ninguno de ustedes va a entrar en la tierra. . .  Sus cuerpos caerán en este desierto. Tus hijos serán pastores aquí por cuarenta años, sufriendo por su infidelidad (vv. 29, 32-33).

En algunas  traducciones la palabra infidelidad se traduce como «tus fornicaciones.» Así de serio tomó Dios esto.

Sus hijos van a sufrir por su [adulterio espiritual] por su infidelidad, hasta que el último de sus cuerpos sea encontrado en el desierto. . . Ustedes van a sufrir por sus pecados, y sabrán lo que se siente  tenerme en su contra.

Ciertamente esto haré a toda esta perversa congregación que se ha juntado contra mí. En este desierto serán destruidos, y aquí morirán (vv. 33-35). 

Así vemos, que la raíz del pecado que causó consecuencias increíbles en los hijos de Israel fue el pecado del descontento. . . descontento con Dios, con Su presencia, con Su provisión, y con Su plan.

Quiero que veamos algunas de las características de un corazón descontento o insatisfecho, porque hemos visto que el apóstol Pablo dijo: «Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros.» Fueron escritas para advertirnos. «No murmures», dice Pablo en 1 a los  Corintios capítulo 10  “como algunos de ellos murmuraron y perecieron en el desierto» (v. 10).

¿Cuáles son algunas de las características del descontento? En primer lugar, quiero que veas que el descontento es una condición del corazón. Es un asunto del corazón. Ahí es donde comienza. No empieza al ser expresado verbalmente—comienza con un corazón internamente descontento con Dios. Es la actitud de un corazón insatisfecho con lo que Dios ha provisto.

Dios ha suplido nuestras necesidades, pero dentro de cada uno de nosotros, hay una parte que dice: «Yo quiero más.» Hay un anhelo de más, el anhelo por lo que Dios no ha provisto. Dios proveyó maná y los hijos de Israel, dijeron: «Queremos más variedad en nuestro menú.»

Cuando Dios provee, la inclinación de nuestro corazón, es decir, «Dame más.» Es natural a nuestra carne. Frecuentemente, nuestro descontento se centra en lo  temporal y no en lo eterno. Mira las cosas por las cuales los hijos de Israel murmuraron. Tenían que ver con el agua, con la comida, con los egipcios.

Eran  visibles, reales. Ellos perdieron de vista las realidades invisibles y eternas.  Tenían sus ojos puestos en lo que podían ver, lo que podían tocar, y estaban siempre anhelando  más de lo temporal, pero perdieron la perspectiva de lo eterno.

¿Qué es eterno?  El carácter de Dios, el corazón de Dios, la bondad de Dios, el plan de Dios,  pero es verdad que en este mundo en el que vivimos,  tiende a enfocarse en la ropa, en lo  temporal, en la provisión física. En el tipo de casa en que vivimos, en el trabajo que tenemos, en las personas que nos rodean.

Nos fijamos y obsesionamos con las cosas que podemos ver. Cuando hacemos eso, cuando nos estamos enfocando en las realidades visibles y temporales, perdemos de vista las grandes realidades eternas. Perdemos la perspectiva.

Pero el descontento generalmente implica comparación. Nos comparamos con la manera en que solíamos ser. Nos acordamos de cómo era Egipto. Teníamos todos aquellos alimentos estupendos para comer. Se habían olvidado de que habían sido siervos miserables de Faraón, esclavos de Faraón  todos esos años.

Pero se acordaron de las pocas cosas buenas acerca de la manera en que solían ser, y  compararon. Nos comparamos con la manera en que les va a otros, las cosas que otros tienen que nosotros no tenemos—las experiencias que otros son capaces de disfrutar que no llegamos a experimentar.

Todo este pecado del descontento en mi propia vida, me resulta  muy fácil alimentarlo por cosas como catálogos, centros comerciales. . . Estoy satisfecha con lo que tengo. Estoy contenta con la ropa que tengo. Tengo algo que ponerme todos los días. Solo en Estados Unidos  podemos  ir a un armario lleno y desbordado y decir: » No tengo nada que ponerme».

Mientras me quede en mi casa y en mi pequeño círculo, me conformo con lo que tengo, hasta que entro en una tienda por departamentos, y empiezo a ver todas las cosas nuevas que no sabía yo que no  tenía, que  no sabía que necesitaba hasta que las vi anunciadas.

Somos alimentados por la publicidad, la televisión, otras personas pasan a ser nuestro estándar de lo que necesitamos. Creemos que lo que tenemos está bien, pensamos que el coche que conducimos está bien, creemos que el trabajo que tenemos está muy bien, hasta que nos fijamos en lo que otras personas tienen, y empezamos a comparar. El corazón descontento duda de la bondad de Dios,  pone en duda el amor de Dios, duda de Sus promesas, duda de Su poder y el corazón descontento duda que la presencia de Dios sea suficiente para mí. Cuando tenemos un corazón descontento, nos encontramos como los hijos de Israel: empezando a creer las mentiras acerca de Dios. Empezamos a creer cosas que no son ciertas acerca de Dios, y sabemos que no son ciertas.

Porque el descontento también nos hace irracionales. No nos deja pensar con claridad, y nosotros hacemos también lo que los hijos de Israel  hicieron. Leemos en Deuteronomio capítulo 1 que los hijos de Israel, dijeron: «Dios nos odia. Él nos quiere destruir”.

¿Puedes  imaginar  que seamos capaces de mirar a los ojos de nuestro amoroso Padre celestial para decirle, «Yo sé que no me quieres de verdad. Sé que me odias.  Sé que  me quieres destruir?» Nunca podrías decir esas palabras en voz alta, pero ¿alguna vez has tenido la tentación de sentirte de esa manera, como cuando te encuentras en una situación imposible, sintiendo que Dios no te ama, que Dios te odia?

Así que nos encontramos a nosotras mismos creyendo cosas acerca de Dios, y tal vez incluso en última instancia, diciendo cosas acerca de Dios que no son ciertas. Cuando tenemos un corazón insatisfecho, nos olvidamos de la provisión anterior de Dios. Nos olvidamos de lo que Él ha hecho. Es por eso que es tan importante,  lo he podido ver en mi propia vida, el mantener un registro de las bondades de Dios, para anotarlas con regularidad: «¿Qué ha hecho Dios por mí?»

En el último par de años, he estado más o menos regularmente llevando un diario de agradecimiento, de gratitud  y hago  el ejercicio—no lo hago cada mañana—pero muchas mañanas comienzan con sólo anotar cinco cosas por las que estoy agradecida.

No todas son cosas grandes o inmensas.  Agradezco a Dios por mi salvación y por algunas otras cosas realmente increíbles; le doy gracias a Dios cuando sale el sol de la mañana porque que es un recordatorio de su fidelidad, y de que Él cumple Sus promesas.

Le doy gracias a Dios que tengo que comer hoy. Le doy gracias a Dios por una almohada, por una cama, por mantas cuando hace frío, por el calor en el invierno, o por el aire acondicionado en el verano.

Entonces, cuando me siento tentada a murmurar,  a pensar que no tengo lo que necesito, puedo volver atrás y revisar este registro de la provisión anterior de Dios. Pero cuando tenemos un corazón insatisfecho, estamos tentadas a olvidar lo que Dios ha hecho en el pasado.

Cuando tenemos un corazón insatisfecho, dudamos que Dios proveerá en el futuro. Dudamos de que Él proveerá lo que necesitamos en el camino. Cuando tenemos un corazón descontento, rechazamos lo que Dios está ofreciéndonos ahora mismo—Su provisión actual.

Eso fue lo que los hijos de Israel le dijeron a Dios: «¡Nosotros detestamos este miserable alimento!» Olvidaron  cómo Él les había provisto en el pasado,  pusieron en duda que Él les proveería en el futuro, y  dijeron: «En cuanto a lo que tenemos ahora, lo detestamos. No nos gusta. Nosotros no lo queremos”.

Cuando tenemos un corazón insatisfecho, no somos capaces de ver los propósitos de Dios, y no somos capaces de aceptar los designios de Dios,  de ver  que Dios tiene un plan en el que Él está trabajando, que Él está cumpliendo. Él está queriendo mostrarnos Su grandeza, Su poder, Su misericordia y Su amor. Él está queriendo conformarnos y moldearnos. Él está queriendo hacernos verdaderos creyentes. Él está queriendo edificar nuestra fe, pero cuando tenemos un corazón insatisfecho, rechazamos los propósitos de Dios. Decimos, en efecto, «No me importa cuál es Su plan. Yo quiero lo que quiero y lo quiero ahora.» Cuando tenemos un corazón insatisfecho, nos encontramos invariablemente siendo conducidos a otros pecados. No se limita al corazón.

Terminamos expresando nuestro descontento por medio de la murmuración, verbalizamos nuestro descontento, expresándolo a Dios y a los demás. Y tal vez no somos tan rápidas en expresárselo a Dios como lo somos en expresárselo a  los demás. Así que nos encontramos a nosotras mismas expresando nuestros lamentos a los demás—y es increíble todas los motivos que podemos encontrar para quejarnos.

Ya hablaremos en las próximas sesiones sobre algunas de las cosas por las que nos quejamos. El pecado del descontento en última instancia conduce al pecado de la murmuración, a expresar nuestro descontento con Dios. El pecado de descontento va mano a mano con otro pecado muy grave. Y ese pecado es el pecado de rebelión.

En Deuteronomio, Moisés le dice a los hijos de Israel, como se reflejó en esos años la murmuración, él les dice, «se rebelaron contra Dios.» Cuando me quejo, estoy diciendo: «Yo rechazo las elecciones de Dios, la autoridad de Dios y el derecho de  Dios a gobernar  mi vida. No quiero Su plan para mi vida. Me rebelo contra esto”.

Pero esa es una batalla que no podemos ganar. Dios hará Su voluntad en nuestras vidas, pero podemos ir pateando y gritando, o podemos ir en  sumisión,  entrega y  fe.

Leslie: Es tan fácil caer en la queja, pero como Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando,  no tienes que dejarte controlar por el descontento. ¿Quieres explorar con Nancy. . . escudriñar con ella en la Biblia sobre el tema de la gratitud? Obtén una copia de su libro Sea Agradecido: Tu camino al gozo. Explora este tema con Nancy, y reemplaza las actitudes del descontento. Nancy, es alentador saber cuántas mujeres se han visto profundamente afectadas por este libro.

Nancy: Sí, Leslie, ha sido una alegría increíble ver como Dios ha usado las sencillas verdades de este libro para impactar las vidas de las personas de maneras realmente transformadoras. Una mujer de Wisconsin escribió después que su pequeño grupo en la iglesia comenzó a estudiar “Sea Agradecido”. Ella dijo: «Nunca pensé que era una ingrata hasta que empecé a leer este libro.» Y entonces  dijo, «Sonó en mi vida como un violín. Diagnosticar el problema es la mitad de la solución. Muchas gracias por este libro.»

“Sea Agradecido” no solo diagnostica el problema,  muestra cómo caminar agradecidos día por día, sin importar la temporada o las circunstancias difíciles que puedan ser parte de tu vida en este momento.

Quiero aprovechar esta oportunidad para dar las más  sinceras «gracias» a todos nuestros amigos, que hacen posible este ministerio con sus oraciones y su fiel apoyo financiero. Dios está usando su inversión para hacer una diferencia eterna en la vida de muchos. Muchas gracias.

Leslie: Puedes donar cualquier cantidad a Aviva Nuestros Corazones llamando al 1-800-569-5959, o has tu donación en www.AvivaNuestrosCorazones.com, o simplemente visítanos para que te beneficies de los recursos que allí podrás encontrar.

¿Cuáles son las causas del descontento? Mañana le echaremos un vistazo. Por favor, acompáñanos en  Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.