Orientación para maestros de adolescentes y jóvenes

La formación espiritual del niño

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Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 17

Orientación para maestros de adolescentes y jóvenes

a1La etapa de la adolescencia es un tiempo caracterizado por los cambios físicos, sociales y cognoscitivos en el desarrollo de la persona. Durante esa fase de la vida, el adolescente tiene como tarea principal la de formar y consolidar su identidad. Con su capacidad de ir independizándose, el adolescente enfrenta el nuevo desafío de tomar decisiones que van a afectar su vida de adulto. Tiene que construir su propia escala de valores, sus identificaciones con lo que espera llegar a lograr, y una definición de sí mismo. No es una tarea fácil, pero le es mucho más leve si puede contar con el respaldo y soporte de adultos cercanos que lo aman y que le ofrecen modelos de vidas íntegras.

La adolescencia es también una etapa muy importante en el desarrollo espiritual. En medio de todos los cambios en su vida, el adolescente puede abrirse a Dios de una forma nueva y genuina, experimentando una relación personal y comprometida con el Señor. Pero la vida del adolescente puede también llevarlo a muchos altibajos en sus emociones y generalmente tiene que enfrentar nuevas dudas, desilusiones y tentaciones. Por eso es importante que la familia y la iglesia estén preparados para guiar al adolescente en una vida auténtica y dinámica en el Señor.

La serie Adolescentes está preparada como herramienta para el desafío de acompañar al adolescente en su vida. Los libros tienen como objetivo que los alumnos puedan conocer personalmente a Jesucristo y crecer en él. Los temas tratados en cada libro apuntan a la vida real del adolescente y le ofrecen una base bíblica para ir tomando decisiones y formando su identidad en Cristo. El adolescente mismo descubre por sí mismo los principios bíblicos mientras aprende a estudiar e investigar la Palabra.

En cada lección hay actividades que procuran que el alumno adquiera conocimientos bíblicos. Se busca confrontar lo que la Biblia enseña con la práctica de la sociedad o con la opinión personal. Las Escrituras tienen un mensaje para hoy, el que en muchas ocasiones contradice la enseñanza popular. Es necesario que el adolescente descubra el mensaje de Dios y que, de esta manera, sea transformado por las Escrituras.

Una característica importante del adolescente es el valor que tiene para él la pertenencia a un grupo. Las lecciones están escritas para que los alumnos puedan crecer también como grupo y compartir sus experiencias, ideas y pensamientos. Pueden ser usadas tanto para el discipulado como para la enseñanza de una clase. Las lecciones son participativas y prácticas, enfocadas a las necesidades y a la vida del adolescente.

Las partes de la clase

La incentivación o introducción

Ésta es la primera y, según algunos expertos en educación, la parte más importante de la clase, ya que del éxito de esta actividad depende que el resto de la clase tenga algún afecto en la vida de los alumnos. En la incentivación se busca atraer la atención de los alumnos. Pero, por otro lado, una buena incentivación predispone al alumno a integrar los conocimientos adquiridos en el desarrollo de la lección con su vida diaria. El maestro, entonces, preparará esta parte de la clase con mucho cuidado y atención, utilizando los distintos métodos sugeridos.

El desarrollo de la lección o los tiempos de estudio y reflexión

Esta sección hace hincapié en la adquisición de conocimientos bíblicos. Se busca que el alumno conozca nuevas verdades de la Palabra de Dios. El mensaje de las Escrituras siempre es pertinente a nuestra situación, pero debemos encontrar formas nuevas para aplicar estas verdades bíblicas a la vida. Para cumplir correctamente la Palabra de Dios, debemos conocer la realidad en la cual estamos inmersos; por ello, en casi todas las actividades, el alumno deberá reflexionar acerca de su situación y su entorno.

En las lecciones se utiliza una Hoja de Trabajo (HT) que se fotocopia para cada alumno. El maestro funciona como una guía para lograr que cada pequeño grupo de trabajo, analice y descubra por sí mismo cuáles son las enseñanzas bíblicas. Todos los alumnos deben tener la oportunidad de participar en clase. Una persona aprende mucho más cuando descubre las cosas por sí misma. Por otra parte, el adolescente necesita interactuar con el grupo y confrontar sus ideas y creencias con los demás. De esta manera, va definiendo y afirmando sus valores y su fe en Dios. Además, las lecciones sirven para fortalecer el sentido de grupo y lograr que ellos tengan un lugar para ser escuchados y aceptados mientras comparten el crecimiento espiritual.

La aplicación y conclusión

No es suficiente conocer las verdades de Dios, hay que vivirlas. Esta sección apunta a la aplicación práctica de estos principios. El alumno descubre cómo ponerlos en práctica en su vida. Usando varios métodos, la conclusión engloba los elementos manejados durante la clase, llevando al alumno a un compromiso de vida con el Señor Jesús.

Bibliografía recomendada

Benson, C. A. El arte de enseñar. Miami, Editorial Caribe, 122 páginas.

Benson, C. H. La escuela dominical en acción. San José, Editorial Caribe, 1971. 122 páginas.

Bolton, Barbara. Ayudando a los pequeños. Terrassa, Editorial CLIE, 1982. 202 páginas.

Bolton, Barbara y Charles Smith. Trabajando con los niños. Terrassa, Editorial CLIE, 1982. 202 páginas.

Campbell, Ross. Si amas a tu hijo. Caparra Terrace, Editorial Betania, 1986. 144 páginas.

Dobson, James. Atrévete a disciplinar. Miami, Vida, 1976. 223 páginas.

——— Cómo criar a un niño especial. Terrassa, Editorial CLIE, 1979. 250 páginas.

——— La felicidad del niño. Miami, Editorial Vida, 1978. 206 páginas.

——— El amor debe ser firme. Miami, Editorial Vida, 1990. 288 páginas.

Drescher, John. Siete necesidades básicas del niño. El Paso, Editorial Mundo Hispano, 1983. 112 páginas.

Gangler, Kenneth. 24 Ideas para mejorar su enseñanza. Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1992. 166 páginas.

Hancock, Maxine. Vidas en formación. Los años preescolares. Miami, Editorial Vida, 1979. 222 páginas.

Haytead, Wesley. No se puede empezar demasiado pronto. Terrassa, Editorial CLIE, 197. 144 páginas.

Hendricks, Howard G. Enseñando para cambiar vidas. Editorial Unilit, 1990. 142 páginas.

Larson, Jim. Disfrute enseñando. Terrassa, Editorial CLIE, 1978. 118 páginas.

LeBar, Lois y Miguel Berg. Llamados a enseñar. Miami, Editorial Caribe, 1977. 159 páginas.

LeBar, Lois. Rosita asiste a la clase de prepárvulos. Puebla, México, Ediciones Las Américas, S/F. 223 páginas.

Martin, William. Fundamentos para el educador evangélico. Miami, Editorial Vida, 1987. 112 páginas.

Mijares, L. y V. Campbell. Manual para el departamento cuna. El Paso, Casa Bautista de Publicaciones, 1960. 100 páginas.

Mow, Anna. Tu hijo, del nacimiento al nuevo nacimiento. Terrassa, Editorial CLIE, 1975. 109 páginas.

Pearmar, Myen. Enseñando con éxito en la escuela dominical. Miami, Editorial Vida, 1991. 127 páginas.

Perez, Humberto. El maestro y la forma de la verdad. Editorial Caribe, 1995. 240 páginas.

Somoza, Ana. Aprendiendo a enseñar la Biblia. Buenos Aires, Publicaciones Alianza, 1990. 174 páginas.

Strauss, Richard. Hijos confiados y cómo crecen. Caparra Terrace, Editorial Betania, 1977. 183 páginas.

Stuckland, Jenell. Cómo guiar a los preescolares. El Paso, Casa Bautista de Publicaciones, 1988. 240 páginas.

Town, Elmar. La escuela dominical dinámica. Miami, Editorial Vida, 1979. 175 páginas.

Willis, Wesley R. La enseñanza eficaz, Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1993. 119 páginas.

Zuck, Roy B. Poder espiritual en la enseñanza. Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1973. 126 páginas.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 165–170). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

11. LA SOLEDAD

11. LA SOLEDAD

David Logacho
2016-04-22

a1Saludos cordiales amable oyente. Es motivo de gran gozo para mí darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada Gigantes al Acecho. Cuando hablo de gigantes no me refiero a alguna raza de superhombres sino a cosas contra las cuales todos tenemos que luchar en nuestra vida cristiana. Estas cosas pueden ser el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad, los celos. Todas estas cosas son como poderosos gigantes que si llegan a dominarnos nos causarán gran aflicción. En nuestros estudios bíblicos anteriores sobre este mismo tema, ya hemos visto como podemos librarnos de al menos los gigantes que he mencionado. El problema es que existen más de esos gigantes y es así como en el estudio bíblico de hoy vamos a hablar acerca de otro poderoso gigante que se llama soledad.

Otro poderoso gigante es la soledad. Casi a cualquier lugar donde dirijamos nuestra mirada encontramos personas solitarias. Millones de personas sufren de aislamiento, pensando que nadie les ama, o peor aun pensando que no tienen ningún valor. Personas así viven atormentadas porque se encuentran completamente solas en el mundo a pesar que probablemente tengan a mucha gente a su alrededor. Alguien que trabaja con jóvenes ha dicho que probablemente un 95% de ellos se encuentra en un estado de soledad. Quizá esto explique el alto índice de suicidios entre la juventud. La soledad es un gigante terrible, puede hacer que nos sintamos tan miserables, deprimidos y desanimados que pensamos que lo mejor sería morir. Quizá valga la pena pensar en cómo una persona puede quedar atrapada en las temibles garras de ese gigante llamado soledad. Existen varias puertas que este poderoso gigante utiliza para entrar a nuestra vida y arruinar nuestra existencia. La primera se llama rechazo. Si por algún motivo hemos sufrido algún tipo de rechazo en el pasado, es posible que sintamos que no valemos nada, lo cual nos conducirá al desconsuelo y a la autocompasión. Con una mentalidad así marcada, evitaremos el contacto con la gente para evitar el tan temido rechazo. La soledad aunque sea dolorosa será una especie de autoprotección para evitar mayores heridas. La segunda puerta por donde puede entrar el gigante de la soledad se llama burla. Si alguien se burla de nosotros, ya sea de lo que somos o de lo que hacemos o de lo que decimos, nos sentiremos profundamente heridos en nuestro amor propio. Para evitar seguir siendo heridos echaremos mano de la soledad como mecanismo de autodefensa. Los padres somos muy propensos a burlarnos de nuestros hijos. Al hacerlo estamos abriendo una gran brecha en su amor propio, por la cual perfectamente podría entrar el gigante de la soledad. La tercera puerta por la cual puede entrar el gigante de la soledad es la separación. Un cambio de casa nos puede separar de nuestros mejores amigos y potencialmente nos puede sumir en la soledad. La muerte de un familiar puede separarnos de la persona que tanto hemos amado y arrojarnos a una terrible soledad. Un divorcio puede separar a dos personas que han estado juntas por años y conducir al profundo abismo de la soledad. La cuarta puerta por la cual puede penetrar el gigante de la soledad a nuestra vida es el pecado no confesado. Un pecado no confesado crea un fuerte sentimiento de culpa. En el huerto de Edén, la desobediencia no sólo erigió una barrera entre Dios y el hombre, sino entre el hombre y su mujer. Una vez que cayeron en pecado se convirtieron en seres egoístas y corruptos. Su maldad creció a partir de ese acto y continuó separándolos. El pecado separa, aísla, conduce a la soledad. Si la soledad ya ha entrado a su vida, debe haber atravesado por alguna de estas puertas. Quizá usted podría identificar por cuál de esas puertas entró ese poderoso gigante llamado soledad. Pero en realidad, lo que más le interesa a usted es saber como sacar a ese poderoso gigante de su vida. Bueno, permítame sugerir estas ideas. Primero, establezca o fortalezca su relación personal con Dios. Si usted no es creyente, está separado de Dios y eso puede ser la fuente de su soledad. Pero Cristo murió en la cruz del Calvario para que usted no continúe separado de Dios. Si quiere estar unido a Dios, lo único que debe hacer es recibir a Cristo como su Salvador. Si usted ya tiene a Cristo como su Salvador y aún así sigue sintiéndose solo, necesita fortalecer su comunión con el Señor. A lo mejor existe algún pecado no confesado en su vida. Algo que solamente usted y Dios lo saben. Si ese es el caso, confiese ese pecado al Señor y apártese del mismo. A lo mejor siente amargura contra los que le han rechazado o contra los que se han burlado de usted, o aún contra Dios por haber permitido cosas que le han causado tanto dolor. Si es así, decídase a perdonar a los que le han causado daño y si su amargura es contra Dios, recuerde que él no puede fallar. Si Dios permitió aquello que le ha causado tanto sufrimiento es porque de alguna manera que tal vez no pueda entender por ahora, eso es para su propio bien. Segundo, procure establecer relaciones significativas con otros. ¿Por qué no puede hacer amistades con facilidad? Quizá está ahuyentando a otros por sus actitudes y sus acciones. Nadie desea relacionarse con una persona amargada, enojada, egoísta y centrada en sí misma. Evalúe cuáles son sus motivaciones a la hora de entablar una amistad con alguien. ¿Busca amistad para obtener algún provecho personal? Si es así, está mal motivado y eso puede ser la causa de su soledad. La amistad no es para sacar algo sino para dar algo. Tener amigos significa correr riesgos, como vernos traicionados o desilusionados, pero no hay otra manera de disfrutar de sus recompensas. Debemos estar listos a tender puentes de amistad y caminar sobre estos puentes confiadamente. Encontraremos que es muy satisfactorio pues el proceso llena nuestras necesidades sociales. Tercero, identifique si su soledad está de alguna manera relacionada con la amargura. Si ha sido lastimado de alguna manera en el pasado, probablemente no desee arriesgarse buscando otra amistad. Pero si persiste en actuar de esta forma negativa, estará impidiendo el proceso sanador que necesita llevarse a cabo. Si continúa abrigando sus resentimientos, quedará incapacitado para actuar con la honestidad y apertura que requieren para llenar sus vacíos sociales. Confiese este sentimiento a Dios y confíe en que él permitirá que tenga buenas relaciones con otros. Cuarto, no se abandone a la autocompasión. Si se pasa la vida sintiendo lástima de usted mismo, nunca saldrá de su soledad. Entre más tiempo se pase lamentando su desdicha, más profundas se harán sus heridas emocionales. La autocompasión es el recurso de los débiles. Deje de mirar hacia el pasado. Cúbralo con la sangre de Cristo y mire el futuro con esperanza. Quinto, evite recluirse en la soledad. Si es una persona con tendencia a la soledad, minimice el tiempo que pasa solo o sola. Busque la comunión con otras personas. Aunque sus emociones le aconsejen a quedarse en su cama todo el día, no se deje dominar de este sentimiento. Fortalézcase en el Señor y busque la compañía de otros. Sexto, busque maneras de ayudar a otros. No hay mejor terapia para salir de la soledad que el ocuparse en el servicio a otros. Cuando está sirviendo a otros, dejará de mirarse a usted mismo y estará forzado a poner su mirada sobre otros. Esto le ayudará a vencer su soledad. Séptimo, busque promesas en la palabra de Señor, que le motiven mirar a Dios como un ser personal, interesado aún en los detalles más insignificantes de su vida. Si Dios conoce aun el número de cabellos de nuestra cabeza, ciertamente que nuestra soledad no le será desconocida. La palabra infalible de Dios le mostrará que en realidad no está solo o sola, a pesar que usted así lo sienta. Note por ejemplo lo que dice la palabra del Señor en relación con su pueblo escogido Israel. Leo en Isaías 43:1-5 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.

Isa 43:2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Isa 43:3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.

Isa 43:4 Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.

Isa 43:5 No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.

Si Dios cuida así de su pueblo Israel, ¿Piensa que lo hará menos con nosotros que somos sus hijos?

«EL MAL DE DON QUIJOTE»

22 abr 2016

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«EL MAL DE DON QUIJOTE»

por Carlos Rey

(Día Internacional del Libro y del Autor y Aniversario de la Muerte de Miguel de Cervantes)

a1«Fue llevado un día ante el doctor X…, [psiquiatra] notable de Río de Janeiro, un curioso enfermo, víctima de una singular manía….

»—Es preciso extraerlo —raciocinaba el loco—. El corazón es una víscera absolutamente tonta… No pasa de ser un estúpido fuelle, que sopla sangre por las arterias, en lugar de aire… La ciencia puede cambiarlo por un aparato cualquiera, que lo sustituya en su función de centro circulatorio, evitando, con todo, las regalías morales de que disfruta la tal víscera que he mencionado.

»”… Si el corazón se contentara con su papel fisiológico de fuelle, de bomba de compresión, y se estuviese allá, modestamente, en el fondo de su cárcel de costillas, trabajando oscuro y honrado en sus diástoles y sístoles, no exigiría que se me extrajese, como un obstáculo que me corrompe el organismo y la vida; pero el intruso olvida que nació para fuelle; se mete en los dominios de la existencia moral, en plena competencia con el sensato cerebro, y comete, entonces, cuanta estupidez logre hacer….

»”En la familia, el corazón produce al enamorado: un tonto; en la sociedad, al héroe: otro tonto; en la literatura, al sentimental: otro tonto; en la filosofía, al melancólico: un tonto más…

»”Ridículo, miserable, profundo, es lo propio de las víctimas del corazón….

»”Poner término a este mal me parece un deber elemental de la ciencia. Se sabe que el origen del mal está ahí, palpitando, a la altura de la cuarta y la quinta costilla…

»”Sí, mi querido doctor. ¡Ya es hora de echar mano a los frenos de la fatigada cabalgadura de don Quijote, quien va paseando desastradamente la gesticulación huesuda de su entusiasmo caballeresco por entre el escarnio de las generaciones!

»”¡Ya es hora de que termine este espectáculo del caballero de la Mancha, eternamente bueno, pero eternamente estúpido!…

»El médico, que asistía extasiado a la extraña disertación del loco, reflexionó un momento y luego dijo:

»—Esté usted tranquilo, amigo mío; no piense más en eso; voy a extirparle el corazón… voy a curarlo.1

De ahí que a este insólito cuento, que escribió en 1883 cuando tenía veinte años, el autor brasileño Raúl Pompeia le pusiera por título «El mal de Don Quijote». Curiosamente Pompeia mismo habría de fallecer doce años después, a escasos treinta y dos años de edad, en Río de Janeiro, donde había ocupado los cargos de director del Diario Oficial de la República y director de la Biblioteca Nacional.

Si bien sobra decir que al necio de este cuento de Pompeia no le convenía que ningún psiquiatra le extirpara el corazón, no está por demás señalar que sí le hubiera convenido conocer la verdad de los siguientes proverbios, escritos por el sabio Salomón, que aclaran que el corazón humano no es necesariamente ni tonto ni malo: «En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona.» «El corazón entendido va tras el conocimiento; la boca de los necios se nutre de tonterías», ya que «en el corazón de los sabios mora la sabiduría, pero los necios ni siquiera la conocen.»2

1- Raúl Pompeia, «El mal de Don Quijote», reproducido en Cuentos brasileños del siglo xix, trad. Elkin Obregón (Bogotá: Editorial Norma, 1992), pp. 181‑87.

2- Pr 27:19; 15:14; 14:33

http://www.conciencia.net/

10. LOS CELOS

ESTUDIO BÍBLICO GIGANTES AL ACECHO

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10. LOS CELOS

David Logacho
2016-04-21

a1Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Gracias por dispensarnos su sintonía. Continuamos tratando el tema de los gigantes en nuestra vida. Me refiero a esas cosas que cómodamente se ha instalado en nuestra vida y nos han llegado a dominar de tal manera que echan a perder todo lo que podríamos ser o hacer para el Señor. Estos gigantes pueden ser el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad y algunos otros que los conoceremos a medida que progresamos en esta serie. Todas estas cosas son como poderosos gigantes que si se lo permitimos nos causarán gran aflicción. Gracias a Dios que los que somos creyentes hemos recibido el poder para conquistar a cada uno de estos gigantes. Eso lo hemos visto en nuestros estudios bíblicos anteriores. En el estudio bíblico de hoy, vamos a hablar de otro gigante, tan poderoso como los otros, llamado celos.

Se dice con justa razón que los celos están en cada uno de nosotros desde que nacemos hasta que morimos. Mi esposa y yo, hemos traído al mundo tres preciosos hijos. Cuando el mayor tenía tan sólo dos años nació su hermanita. Usted a lo mejor dirá: Qué bueno, así el hermano mayor ya tuvo compañía. Pues… nosotros también pensamos así. Pero a decir verdad, no resultó del todo de esa manera. ¿Sabe por qué? Pues por ese poderoso gigante llamado celos. Lamentablemente el hermanito mayor se sintió celoso por la llegada de su hermanita. Claro, las atenciones de los padres y los halagos de la familia ya no eran sólo para él. Tenía que compartir no sólo la atención y los halagos, sino muchas cosas más con aquella intrusa que de pronto apareció dando alaridos en la casa. Y no estamos hablando de un viejo pecador empedernido. Estamos hablando de una criatura de tan sólo dos años. Pero he allí, los celos estaban ya causando problema en él. Con el correr del tiempo, este gigante de los celos ya no causará solamente un lloriqueo constante como en el caso de un niño celoso, sino un comportamiento totalmente extravagante, en el caso de un adulto. Por los celos, el ser humano es capaz de causar terribles desastres. Tanto usted como yo, podemos citar caso tras caso de personas destruidas por haberse entregado al implacable gigante de los celos, hogares destruidos por los celos, iglesias destruidas por los celos. Con sobrada razón, Santiago dice en su libro, en el capítulo 3 versículo 16: Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.

Este es un axioma inviolable. Donde usted vea a un hombre celoso o a una mujer celosa, allí habrá peleas, vocabulario soez, intrigas, malos pensamientos, calumnias, chismes y rumores. Cuánto problema puede causar los celos. Los celos, amable oyente, son esas emociones negativas que experimentamos cuando tememos que cualquier afecto o bien que disfrutamos o pretendemos disfrutar, llegue a ser logrado por otro. Dicho en otras palabras, los celos tienen que ven con la incomodidad que sentimos cuando vemos amenazados los afectos o bienes que consideramos como de nuestra exclusiva propiedad. Es por eso que si alguien recibe cierto reconocimiento que nosotros estábamos dándolo como nuestro, casi inmediatamente comenzamos a pensar: Vaya, por qué a él y no a mí. Yo merecía más que él. Lo que pasa es que a nadie le importo. Nadie se fija en mí. Es el gigante de los celos que ha atacado. Una esposa podría pensar: Mi esposo ya no me ama. Debe haber otra mujer en su vida. Presa de este pensamiento esta esposa celosa tejerá una serie de episodios fantásticos. Si su esposo no llega a casa a la hora que se supone, pensará: Seguramente debe estar con esa otra mujer, por eso no llega a tiempo. El gigante de los celos ha atacado a esta esposa. Los celos pueden provocar verdaderos desastres amable oyente. Proverbios 6:34 dice: Porque los celos son el furor del hombre,Y no perdonará en el día de la venganza.

Muy bien, con todo lo que hemos dicho, estoy seguro que habrá reconocido cuan peligroso es este gigante llamado celos. Ahora viene lo bueno. ¿Qué hacer para conquistar a este poderoso gigante? Primero, es necesario reconocer que los celos son pecado. Como leímos ya en Santiago 3:16 los celos son la fuente de una serie de conductas pecaminosas en el ser humano, perturbación y toda obra perversa, dice el texto. Además note lo que dice Gálatas 5:19-21 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, Gal 5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, Gal 5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

En este pasaje bíblico vemos que los celos están en el mismo plano que el adulterio, la fornicación, los homicidios, las borracheras y todo lo demás. Por tanto los celos son un pecado que ofende la santidad de Dios. Si usted es una persona celosa, no justifique sus celos diciendo: Es que me provocan, o es que tengo suficientes motivos para ser celoso o celosa. Lo aconsejable es ir al Señor en oración para decirle: Señor, soy un celoso o una celosa, me he dejado dominar del gigante de los celos, reconozco que es pecado y no quiero seguir viviendo de esta manera. Luego de confesar los celos como pecado, en segundo lugar, debe apartarse de los celos. No es algo sencillo se lo aseguro y por eso usted necesitará aferrarse con todas sus fuerzas al Señor. Pida al Señor en oración la ayuda necesaria para vencer a este poderoso gigante. Cada vez que surja ese sentimiento de celos, reconózcalo inmediatamente, y una vez detectado, no deje que su mente se ocupe más en eso. Destierre inmediatamente ese pensamiento. No piense que los celos le van a ayudar a resolver los problemas que tenga, cualquiera que estos sean. Si por ejemplo, se siente celoso de un compañero de trabajo, pensando que a lo mejor él va a recibir una promoción y no usted, piense y razone que esta actitud es fruto de sus celos e inmediatamente sáquela de su mente.

Tercero, jamás actúe motivado por los celos. El gigante de los celos insistirá que usted haga algo en contra de la persona contra quien se siente celoso o celosa. Si se trata de su esposo, el gigante de los celos insistirá que usted inicie una pelea, o lo que se llama una escena de celos, ante la más mínima provocación, no importa si se trata de una situación real o creada en su imaginación. Si es su compañero de trabajo, el gigante de los celos insistirá que usted busque maneras para hacer quedar mal a su compañero de trabajo ante sus superiores, de modo que su propia imagen se vea bien. Usted sabe, el viejo truco de hacer quedar mal a otros para quedar bien nosotros. No actúe motivado por los celos. Lo único que obtendrá es fortalecer a ese gigante que le tiene dominado y que se llama celos y ciertamente, en algún momento se arrepentirá de eso. Recuerde lo que pasó con el celoso rey Saúl cuando David apareció en la escena como el ungido futuro rey. Los celos de Saúl le llevaron a perseguir a David para matarlo, pero en el intento, Saúl mismo fue víctima de la violencia que causó. Por algo afirma el popular dicho: Quien siembra vientos cosechará tormentas.

Cuarto, procure compartir su problema de celos con alguna persona madura espiritualmente hablando. De esta forma, el peso de los celos se hará más ligero. No esconda ese pecado de celos que ya ha detectado en su vida. Confróntelo y pida consejo a hombres y mujeres de Dios para derrotarlo. Es interesante que según la ley Mosaica, si un marido se sentía celoso de su mujer, no debía quedarse en casa alimentando a ese gigante llamado celos, por medio de sospechas sobre su mujer y haciéndole la vida imposible. Según el libro de Números, capítulo 5, lo que debía hacer es ir al sacerdote y allí, ante él, tratar el asunto para terminar de una vez por todas con esos celos tan funestos. Definitivamente, amable oyente, Dios no quiere que vivamos saturado de celos. Los celos nos quitan el gozo de vivir para Dios, y lo que es peor nos conducen al pronunciado barranco de hacer o decir cosas totalmente fuera de lugar. Debemos confrontar este pecado y desterrarlo de nuestra vida. Por último, si usted es una persona celosa, debe como nunca confiar en la suficiencia de Dios para satisfacer cualquiera de nuestras necesidades. Dios sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros. Puede ser que nosotros pensemos que tal o cual cosa nos hará felices y por eso lo buscamos con tanto ahínco y sentimos celos ante todo lo que amenace con privarnos de aquello que esperamos. Pero solamente Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Busquemos lo que deseamos con dedicación, pero si no lo conseguimos, no pensemos que fue porque otros fueron mejores que nosotros, sino simplemente porque aquello que buscábamos no fue lo mejor y Dios no nos lo dio porque él busca lo mejor para nosotros.

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Soy discípulo”

La formación espiritual del niño

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Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 16

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Soy discípulo”

a1Cristo nos dejó a nosotros, sus seguidores, la misión de hacer discípulos de él. No hay una edad mínima para comenzar la gran aventura de conocer a Dios y crecer en él. Dios mandó a su pueblo que instruyeran a sus hijos en los caminos de él, para que lo honraran y lo obedecieran (Deuteronomio 6:1–9). Samuel, quien llegó a ser un gran profeta, estaba dedicado a Dios y lo servía desde su niñez (1 Samuel 2:18). Jesús llamó a los niños para que se acercaran a él, los bendijo y declaró que el reino de Dios es de quienes son como ellos (Marcos 10:13–16). El apóstol Pablo dice que su hijo espiritual Timoteo, desde su niñez, había conocido las Sagradas Escrituras. Y que las mismas le daban la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15).

El niño puede ser discípulo de Jesús y no hay mejor regalo que ayudarlo a conocer al Señor y seguir madurando en él. Es cierto que los niños escolares no han desarrollado todavía su capacidad para analizar ideas abstractas. Sin embargo, en la misma etapa cuando comienzan a leer, ellos inician su habilidad de manipular pensamientos. En ese período, los niños empiezan a razonar de una forma sencilla y pueden pensar en posibles consecuencias de sus acciones.

En los últimos años, están descubriendo que los niños pueden hacer más de lo que originalmente habían pensado en el siglo pasado, acerca del desarrollo del niño. Para potenciar sus habilidades, se les debe proveer de las herramientas para aprender a través de sus propias acciones e investigaciones. Otro factor muy importante en cuanto a los cambios de los niños escolares es su nueva habilidad social; pueden compartir sus experiencias y aprender de los demás.

La serie Soy Discípulo de los libros VIVIR LA BIBLIA contiene estudios participativos para ayudar a los niños escolares a conocer a Jesús personalmente y crecer como discípulo de él. Los seis libros investigan qué es seguir a Jesús y cómo hacerlo. Son lecciones que tienen como meta ayudar en el discipulado del niño y lograr transformaciones en las actitudes, los valores y las conductas de ellos. La base bíblica de las lecciones son los libros del Nuevo Testamento desde Juan a Apocalipsis. Cada estudio trata un principio básico del conocimiento de Jesús y la vida en él.

Las lecciones preparan al niño desde una edad temprana a formar conceptos bíblicos y le capacitan con herramientas para crecer en su propia vida espiritual como el estudio de la Palabra, la oración, el servicio, el apoyo entre el grupo y la práctica de las enseñanzas. Esta serie toma en serio la misión de discipular a los niños para que ellos puedan discipular a otros, quienes puedan discipular a otros…

Es preciso reconocer la dependencia en el Señor para hacer la tarea que él ha encomendado y con la confianza plena en el poder del Espíritu Santo para hacer la obra. El instrumento principal del discipulado es la vida del discipulador o del maestro, la persona guiada por el Espíritu Santo, nutrida por la Palabra de Dios y fortalecida por la oración. Es por esto que cada lección tiene una sección especialmente dedicada para la vida y el ministerio del maestro, El rincón del maestro, que contiene pequeños devocionales. El pasaje bíblico y el tema no tienen una relación directa con la lección de los niños; son pensamientos bíblicos para edificar, animar y alentar la vida personal del maestro. Quien da constantemente, necesita recibir también. El deseo es que el Señor fortalezca a cada maestro en su ministerio.

Secciones de las lecciones

Hoja de presentación

Para ayudar al maestro en su preparación, la primera página de cada lección resume todo el desarrollo de la clase. En la misma, se ven los objetivos, los métodos y recursos necesarios. Además, se agrega una pequeña evaluación para realizar después de la lección.

Los objetivos

Un objetivo es la afirmación de lo que el maestro espera alcanzar en la clase. Es una herramienta útil, ya que dirige y orienta el proceso de enseñanza-aprendizaje llevado a cabo en el aula. Con el objetivo, el maestro aspira a lograr un cambio en la vida de cada uno de sus alumnos. Además, brinda la posibilidad de evaluar los resultados y saber si se ha logrado la meta propuesta o no. Es importante que el maestro tenga los objetivos en mente para no perder el sentido de la enseñanza.

El bosquejo de la lección

El bosquejo presenta el desarrollo de la clase, pero de una manera esquemática. En el mismo consta: el tiempo estimado para cada momento, los métodos y los recursos que se requieren. Se puede usar para tener una idea general de la lección y como último chequeo para estar seguro de contar con todos los elementos necesarios.

La evaluación del maestro

Después de cada clase es importante hacer una evaluación para descubrir las necesidades de los niños y realizar los cambios necesarios en las siguientes lecciones.

En la evaluación, el maestro considera si se cumplieron los objetivos, cómo fue la participación de los niños y las necesidades que él haya detectado. La evaluación también ayuda a observar cuáles fueron las dificultades que se presentaron para aprender de ellas y mejorar la tarea docente. Por eso es recomendable tener un cuaderno y anotar allí todas las observaciones

Marco de la clase

La preparación

Preparación personal

Ayuda al maestro a centrar su mirada en el propósito de la clase. Además, contiene una reflexión para que el maestro piense si él vive o no la enseñanza bíblica que va a transmitir a sus niños o no.

Preparación de las actividades

Explica con más detalles los recursos que se necesitan para cada momento de la clase. Es importante que el maestro preste atención a las indicaciones, ya que son elementos que debe preparar con anticipación y, de esta manera, tenerlos listos en el encuentro con sus alumnos.

Contexto para el maestro

En esta sección se le da al docente un panorama más amplio de la historia bíblica que deberá narrar a sus alumnos. En la misma aparecen datos que no es necesario que conozca el alumno, pero que son importantes para que el maestro tenga un conocimiento bíblico más completo. Además, permite responder verazmente cualquier pregunta de los niños.

Desarrollo de la clase

Los niños aprenden haciendo; por eso la metodología de estas lecciones es participativa y activa. Cada lección en la serie Soy Discípulo comienza con una actividad que realizan los niños. En cada clase se utilizan varios métodos de enseñanza para que los niños estén activamente involucrados y motivados en la clase. Algunos métodos son juegos, simulacros, dramatizaciones, narraciones, proyectos e ilustraciones.

La incentivación

Las lecciones contienen una incentivación. La misma tiene el propósito de despertar el interés de los niños y prepararlos para la enseñanza bíblica. En cada lección se utiliza un método diferente, de tal manera que los niños sean sorprendidos de clase en clase y no pierdan la motivación.

La enseñanza bíblica o el contenido bíblico

La parte central de la lección es la enseñanza bíblica. En esta sección el maestro debe ir llevando a sus alumnos a investigar una nueva verdad bíblica. Los mismos niños aprenden a usar sus Biblias y descubrir los principios de Dios, usando técnicas como pregunta-respuesta, grupos de investigación, comparaciones y dibujos. Los niños, y adultos, se acuerdan muy poco de lo que escuchan, pero se acuerdan mucho de lo que hacen y experimentan.

Para hacer más vivencial la enseñanza también se incluyen láminas. Si el maestro desea variar esta técnica, las láminas pueden hacerse en transparencias y mostrarse con un retroproyector.

La aplicación

La clase termina con actividades para que el niño aplique lo aprendido en la lección. Este momento tiene como propósito que el niño transfiera lo aprendido a su propia vida. Se utiliza la Hoja de Apoyo, proyectos, oraciones, prácticas, roll-play, la memorización de textos y otros métodos para que el niño incorpore el principio bíblico a su vida.

La memorización

Es importante guardar la Palabra de Dios, porque es viva y poderosa, ya que juzga los pensamientos e intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Ella puede ayudarnos en momentos de mucha necesidad y de ahí la importancia de memorizar los textos bíblicos. Se pueden utilizar varios métodos para ayudar a los niños en la memorización de versículos, que sin duda es un gran beneficio en la capacitación de todo discípulo.

Es conveniente que en cada clase haya un repaso del texto anterior. El maestro puede hacerles preguntas a los alumnos para asegurarse de que hayan captado el significado y entendido la esencia del mismo. Además, el diálogo proporcionará el clima adecuado para la aplicación del texto a la vida cotidiana del niño.

El aula y la creatividad

El maestro puede enriquecer cada una de las lecciones con ideas propias, pues él es quien conoce los gustos y las necesidades de los niños de su clase. Y, sin duda, las manualidades favorecen la creatividad y colaboran con efectividad en el momento de la aplicación de la enseñanza presentada. Por esta razón es bueno tener a su alcance materiales que puedan ayudarlo a realizar diferentes propuestas.

Siempre es bueno contar con una lista de los elementos que utilizará con mayor frecuencia durante el año.

Si se cuenta con un aula disponible, entonces se puede decorar para favorecer un ambiente cálido y acogedor. Se pueden usar pósteres cristianos y cuadros alegres. También se puede preparar un cartel en donde figuren los cumpleaños de los niños y de los maestros. Los niños pueden hacer dibujos que representen las lecciones y los textos memorizados. ¡No hay límite para la creatividad del maestro y sus alumnos!

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 159–164). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

«TIENE MI APELLIDO»

21 abr 2016

«TIENE MI APELLIDO»

cr

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Soy un hombre de treinta y siete años. Tengo dos hijos de distintas relaciones. El mayor tiene dieciocho, y la menor trece. Actualmente vivo con la menor y la mamá de ella.

»Con el mayor no he tenido comunicación alguna. Él sabe que yo existo, y tiene mi apellido. Estoy arrepentido, pero no sé por dónde comenzar a pedirle perdón. Nos hemos visto frente a frente… y sólo nos saludamos con gestos. Quisiera [abrazarlo] y pedirle perdón, pero no sé cómo reaccionaría él.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»… Usted quisiera saber cómo reaccionaría su hijo si le pidiera perdón, pero usted debe comprender que no importa cómo él reaccione. Es usted a quien le corresponde hacer lo debido, ya sea que él responda de forma negativa o positiva. Sin embargo, el hecho de que él lo saluda con un gesto cuando se cruzan y no desvía la mirada pudiera ser señal de que quisiera relacionarse con usted. Aunque él lo rechazara al principio, de todos modos le corresponde a usted tomar la iniciativa.

»Para tener una idea de lo que siente su hijo por usted, ingrese en Internet a conciencia.net y lea los Casos 63 y 244. Si bien su hijo pudiera pasar por un tiempo de enojo a causa de los sentimientos de abandono, es casi seguro que superará ese enojo en uno o dos años, y tarde o temprano lo perdonará. A usted le corresponde ser paciente y comprensivo, aun cuando él arremeta con ira. Recuerde que él tiene una razón válida para estar enojado, y que usted hizo que él creciera huérfano de padre. Deje de preocuparse por su propio temor de ser rechazado. ¡Es usted quien lo rechazó a él, y no él a usted!

»Comience haciendo el arreglo de encontrarse con su hijo en un lugar público como un restaurante, una cafetería o una heladería. Hágale saber lo mucho que siente el no haberse comunicado antes, y que usted quiere cultivar una relación con él. Dígale que, aunque usted no merece su perdón, le pide que lo perdone. Si él se niega a perdonarlo o siquiera a responder, manténgase calmado y en silencio. Recuerde que él ha sentido el rechazo de usted por dieciocho años, así que usted debe estar dispuesto a esperar todo ese tiempo también.

»Pídale a Dios que lo perdone por los errores que usted ha cometido. Pídale que haga de usted la clase de hombre que pueda ser motivo de orgullo para sus hijos. Resuelva que va a leer la Biblia todos los días a fin de aprender a tomar buenas decisiones a favor de su familia. Si usted sigue el ejemplo de Dios como nuestro Padre celestial, puede llegar a ser un gran padre para sus dos hijos.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 385.

http://www.conciencia.net/

«SÍMBOLO DE PAZ Y ALEGRÍA»

20 abr 2016

«SÍMBOLO DE PAZ Y ALEGRÍA»

cr

por Carlos Rey

(Aniversario de la Muerte de Mario Moreno «Cantinflas»)

a1Todo el Barrio Latino de Nueva York estuvo alborotado ese día. Hubo desfiles populares, marchas militares tocadas por magníficas bandas, banderas, confeti, cohetes y pancartas. Era el 4 de mayo de 1983.

Ese día, por iniciativa de las Naciones Unidas, Cantinflas, el popular comediante mexicano, fue declarado «Símbolo de paz y alegría de las Américas». Entre los maestros de ceremonias que animaron la celebración estuvieron otros dos grandes actores hispanos: Ricardo Montalbán y José Ferrer. Si hubieran decidido postergar la celebración diez años, habrían tenido que referirse a Cantinflas en el pretérito, ya que falleció el 20 de abril de 1993. Menos mal que aprovecharon la vida del genio artístico para celebrarla.

«No deja de tener su nota inspiradora este homenaje a Mario Moreno “Cantinflas” —comenta el Hermano Pablo algún tiempo después en un mensaje a la conciencia—…. Porque es aleccionador celebrar a un hombre que sabe hacer reír y que encarna la sencillez, la bondad, la resignación del pobre, el desinterés y el altruismo.

»Indica que todavía se aprecian en el mundo las virtudes de Cantinflas. Y como Mario Moreno también en la vida real es un hombre generoso, altruista, filántropo, humilde y desinteresado —señala el Hermano Pablo—, el homenaje tiene doble significado.

»Ya he mencionado más de una vez a este famoso actor hispano —sigue disertando acerca de Cantinflas aquel admirador suyo, conocido también por su nombre artístico y no por su apellido—. Me gusta destacar que él siempre ha encarnado al hombre del pueblo, al hombre sufrido, resignado, paciente, no exento de alguna picardía pero siempre de un gran corazón con un gran desinterés.»

Y de ahí el Hermano Pablo pasa a definirlo de un modo escueto, totalmente opuesto al estilo que hizo famoso al actor:

«En una sola palabra, Cantinflas es el hombre manso. Y la Biblia dice en uno de sus pasajes más notables: «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.»1Palabras del Señor Jesucristo mismo en el Sermón del Monte.

»No son los generales prepotentes, ni los políticos astutos, ni los financistas sin más alma que el dólar, ni los eclesiásticos altaneros, quienes encarnan la paz y la alegría, sino los mansos….

»Jesús alabó a los mansos, a los humildes, a los pacificadores, a los resignados y a los que sienten hambre y sed de justicia, y los llamó bienaventurados», concluye el Hermano Pablo. Si queremos contar con la aprobación de Dios, más vale que nos esforcemos por imitar, al igual que Cantinflas, estas virtudes de los bienaventurados.2

Mt 5:5 (RVR-1960)

Mt 5:3-10

http://www.conciencia.net/

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Héroes de Antiguo Testamento”

La formación espiritual del niño

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Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 15

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Héroes de Antiguo Testamento”

a1El rostro del niño de diez años reflejaba su deseo intenso de asimilar la información que recién había entendido.

—¿Cómo? —preguntó al maestro—. ¿Es el mismo país que hoy se llama Israel?

El maestro le aseguró que el mapa que estaban mirando de la “tierra prometida” de los tiempos de Josué era casi igual al que se usa hoy día y que identificaba lugares que llevan el mismo nombre y que se mencionan en los diarios casi todos los días. El niño volvió a su actividad de aprendizaje bíblico con nuevo empeño. De repente la Biblia había dejado de ser algo remoto de su mundo porque veía la relación con sus estudios de ciencias sociales en el colegio.

Este pequeño incidente ayuda a entender un poco el privilegio especial que goza el maestro de niños escolares. Esta edad representa un enorme desafío para la enseñanza porque son éstos los años cuando en el niño se ve el despertar de su intelecto, demostrado por su hambre de saber y sus incipientes capacidades de razonamiento y lógica. Todos los días el mundo a su alrededor le presenta innumerables interrogantes. Sus preocupaciones son múltiples y giran alrededor de las presiones que siente de su hogar, de sus compañeros y amistades, de sus estudios en el colegio, de su participación en los deportes y de lo que ve en la televisión. El niño de esta edad es sumamente sensible a las muestras de justicia o injusticia que recibe en el trato con sus padres, maestros u otro adulto. Se preocupa por los grandes interrogantes que le plantean el crimen, el sexo, la droga, las guerras y la lucha por la paz mundial.

El niño latinoamericano vive también otras tensiones. El deterioro en la economía en los países del hemisferio ha producido tremenda tensión en el núcleo familiar. Cada vez más los niños vuelven de la escuela a una casa vacía porque “mamá trabaja”. Otros se encierran en sus angustias particulares al vivir las incertidumbres causadas por la falta de dinero. Muchos conocen lo que es el hambre crónico. Las crisis causadas por estas realidades muchas veces estallan con violencia en el hogar y el niño, a menudo, se ve como el objeto del abuso verbal, físico y sexual. El niño ya no se siente protegido porque en alguna medida él recibe la descarga de todas estas tensiones vividas por los adultos.

Además, la desintegración del hogar causado por el abandono, la separación y el divorcio trae increíble dolor a la vida del niño. Igualmente, ese dolor es sentido por el niño que viene de un hogar donde él es un hijo de crianza o hijo de madre soltera. Niños que viven estas realidades se sienten indefensos, desprotegidos y vulnerables y casi siempre viven con una angustia apenas disimulada por otros males que les pueden llegar.

Una vez escuché decir a una maestra: “Yo quisiera tener alguna vez una clase de niños normales.” ¿Qué maestro alguna vez no ha tenido ese pensamiento? Pero, ¿qué es normal? Supongo que todos quisiéramos creer que una familia “normal” sería aquella donde el padre tiene un trabajo estable y bien pago, donde hay evidencias de amor entre los padres y los hijos, donde el trato mutuo entre padres e hijos es respetuoso y consistente y donde, como consecuencia, el niño da muestras de ser una persona contenta, segura y confiada. Gracias a Dios, hay niños así en nuestras iglesias pero han llegado a ser casi la excepción.

Sobre la base de mi experiencia, es mi convicción de que hoy el entorno que rodea al niño contiene uno o más elementos de tensión. El niño escolar que entra en una clase los domingos para “aprender de la Palabra de Dios” trae consigo todos las tensiones que son propias de su hogar y de su mundo. Él necesita recibir una enseñanza que admita y trate estas realidades. Aunque no lo dice, él busca a alguien que pueda amarlo sin condiciones y escucharlo sin reservas. Necesita soluciones basadas en la certeza de la Palabra de Dios, consuelo que la fe en Dios puede darle y las fuerzas que la oración le puede proveer.

Consciente de esta realidad, junto con mis colaboradores hemos tratado de estructurar lecciones que enfocan la problemática del niño a través de las verdades bíblicas y que, aplicadas correctamente, pueden transformar su vivencia. El niño escolar tiene una inmensa capacidad de pensar, aprender y memorizar, pero necesita sentirse protagonista en el proceso de su aprendizaje. Por eso en las lecciones se da prioridad a las actividades de aprendizaje donde el niño puede analizar, discutir, sugerir y dramatizar; actividades donde él es un participante activo en el proceso de descubrir las verdades de la Palabra de Dios que afectan su vida.

¿Cuáles son los elementos que componen las lecciones de los materiales VIVIR LA BIBLIA? Miremos cada uno por separado.

Notas al maestro

Para la preparación básica del maestro hemos provisto un recurso al comienzo de cada manual que se llama Notas al Maestro. Esta sección tiene como finalidad proveer un contexto histórico y cultural del período bíblico que abarcan las lecciones de la unidad. A veces hay un bosquejo que ayuda a tener una vista panorámica de los incidentes que aparecen en las lecciones. También hay mapas y diagramas para que el maestro adquiera un concepto de la geografía o del orden cronológico de los eventos.

Muchos maestros no tienen recursos propios para ampliar su estudio de la Palabra de Dios. Estos apuntes se han escrito como un intento de suplir, en una pequeña medida, esta necesidad. Sus autores son personas con estudios teológicos que ejercen su ministerio como pastores o profesores de teología. Han escrito estas notas con la esperanza de que por medio de ellas toda persona que use estos materiales ha de verse enriquecida en su vida personal y en su tarea como maestro de escuela dominical.

El maestro debe entender que la información contenida en estas notas no debe ser enseñada a la clase de niños ni incorporada como parte de las lecciones. Sirven esencialmente para capacitar mejor al maestro y darle un conocimiento más cabal del material que está enseñando.

¿Por qué son importantes? A veces el maestro es una persona que hace poco ha comenzado su vida en el Señor y su conocimiento de la Biblia es limitado. O posiblemente es una persona que nunca ha tenido la oportunidad de realizar un estudio sistemático de la Biblia. Esto hace que su comprensión de la totalidad de la revelación de Dios en la Biblia sea sumamente limitada y que, a su vez, sus conceptos acerca del accionar de Dios con relación al hombre estén condicionados a sus escasas experiencias espirituales. También es probable que el maestro que es nuevo en la fe todavía guarda en su mente conceptos distorsionados recogidos por experiencias religiosas antes de convertirse. Estos conceptos se transmiten a los niños en forma inconsciente durante las clases y pueden establecer bases erróneas que afectarán la vida cristiana del individuo en su niñez y quizás durante toda su vida. Como ejemplo, basta con citar apenas dos creencias: el tema de la confesión de los pecados y el ganar mérito ante Dios por las buenas obras. Si uno ha tenido un trasfondo religioso católico romano, ambos de estos temas deben ser reacomodados a la luz de la Palabra de Dios.

Otra razón por la importancia de estas notas es porque ayudan al maestro a madurar en su vida espiritual. En muchas iglesias, lamentablemente, se usan adolescentes para la enseñanza de los niños. Generalmente, estos jóvenes no tienen madurez personal ni una definición propia como para hacerle justicia a su tarea. Las notas de alguna forma pueden ayudar en el proceso de crecimiento espiritual. Las actitudes de Jesús hacia los niños nos obligan a asumir la tarea de la enseñanza a los niños con toda seriedad y preocuparnos siempre para lograr un amplio conocimiento personal de las Escrituras.

La preparación personal

Como primer paso en la preparación para enseñar una clase, el maestro debe entregar su vida al Señor mediante la oración. Debe orar pidiendo que el Espíritu Santo haga de él un instrumento limpio y digno de transmitir la Palabra de Dios a los niños. A la vez, debe orar por su clase, nombrando individualmente a cada niño y pidiendo que el Señor le ilumine para discernir cuáles son las necesidades espirituales de cada uno. En su oración pide que el Espíritu Santo le haga entender correctamente la lección y aplicarla primero a su propia vida.

Después de orar, el maestro debe leer cuidadosamente el pasaje cuya cita se da al comienzo de la lección donde dice Base Bíblica. Esta porción bíblica es el fundamento de la lección. Pero no se debe leer el pasaje bíblico a los niños en la clase. La razón de esto es que ellos recibirán el contenido y la enseñanza de esa porción bíblica a través de los diferentes elementos de la lección que han sido cuidadosamente preparados para su edad.

Después de haber leído el pasaje bíblico que corresponde, el próximo paso es leer la lección en su totalidad que se encuentra en el manual. Esta primera lectura debe hacerse en forma rápida, sin detenerse en las partes de la lección, para tener una comprensión cabal de lo que se quiere lograr en cuanto a la enseñanza.

Los objetivos

La primera cosa que se define en cada lección son los objetivos. Éstos se definen por tres niveles: lo que el niño debe entender, lo que el niño debe sentir, lo que el niño debe hacer. Son de especial importancia porque establecen la importancia de todas las actividades que forman parte de la lección. Uno de los errores más frecuentes que se comete en la enseñanza bíblica es el de dar importancia únicamente al primer nivel de los objetivos, es decir, la enseñanza de la Biblia como información, enfatizando los datos y hechos históricos, sin que esa información tenga relevancia para la vida de los alumnos. Formamos como si fueran “cabezones bíblicos”, personas con mucha información pero poca habilidad de ponerlo en práctica. ¿Será ésta la causa de que en las iglesias haya tantas personas que habría que calificarlas como “cristianos inmaduros”, sin un compromiso coherente o profundidad espiritual?

Los materiales VIVIR LA BIBLIA están diseñados con la finalidad de ayudar al maestro a llevar la enseñanza bíblica a la vida diaria de sus alumnos, ayudándoles a lograr cambios en sus actitudes y conductas. Por supuesto, los cambios que se quieren lograr en la vida del alumno no son obra del maestro ni el resultado automático de las lecciones. El único que puede transformar la vida en forma profunda y duradera es el Espíritu Santo. El maestro que desarrolla correctamente el proceso de la enseñanza bíblica con su clase está abriendo el camino para que el Espíritu obre, nada más. Las partes de la lección que están estructuradas especialmente para facilitar esos cambios son las que se denominan Transferencia a la Vida (Aplicación) y Momento de Compromiso (Conclusión).

La incentivación

Esta parte inicial de la clase tiene como finalidad despertar el interés del alumno en el tema de la lección y la relación del tema con su propia vida. El maestro debe asegurarse que entiende bien cómo llevar a cabo las actividades sugeridas para captar el interés de sus alumnos. Es probable que sea necesario hacer algunas adaptaciones de las actividades pensando en el medio ambiente cultural de su clase y las experiencias vividas por sus alumnos. Me refiero, por ejemplo, a las diferencias que existen en una clase de niños de la ciudad y una clase de niños que viven en el campo. Cuanto más conocimiento tenga el maestro de la vida de sus alumnos, más eficaz será su enseñanza. Las preguntas que se utilizan en esta parte de la lección son especialmente importantes porque ayudan a los alumnos a pensar en sus propias necesidades, que luego serán respondidas por el contenido de la lección. Conviene que el maestro memorice estas preguntas.

Otra parte importante de esta sección es la frase de transición que se utiliza para pasar de la incentivación a la Historia bíblica. Esta frase de transición (que aparece al final de la incentivación y que se introduce con la palabra “decir”) es el puente que abre la mente del alumno al aprendizaje que se encuentra en la historia bíblica. También es necesario que el maestro aprenda esta frase de memoria para asegurar que se pase de esta actividad a la próxima con toda naturalidad.

La historia bíblica

Cada lección incluye una narración de los incidentes bíblicos seleccionados para esa clase. La historia bíblica está escrita en la forma en que el maestro la debe narrar, puesto que los autores han seleccionado los datos pertinentes y eliminado los que no lo son. Cada narración está elaborada para resaltar el objetivo de la lección. Por eso, el maestro debe cuidarse en no agregar otros detalles. Tampoco, el maestro no debe leer la historia bíblica del manual a la clase. Debe estar tan bien compenetrado del contenido de manera que lo pueda narrar casi de memoria, mirando a los ojos de los niños. Debe fijarse especialmente en las instrucciones que indican cuándo se muestran y cuándo se quitan las láminas y figuras durante el desarrollo de la historia.

El maestro debe recordar que su propósito en la narración de la historia bíblica no es el de entretener a los niños. Desde luego, si la historia está bien narrada, ellos estarán atentos e interesados. Pero la meta final de la historia bíblica es impartir a los niños verdades de eterno significado. Dada la importancia de la historia bíblica, es aconsejable que el maestro se capacite en las técnicas de la narración, utilizando la imaginación, el drama y el suspenso, elementos que son esenciales en comunicar eficazmente cualquier anécdota de la vida real. Éstos son:

La expresión del rostro

Es obvio que la cara del maestro debe reflejar lo que está narrando. Si el relato comienza con un incidente o emoción triste, el rostro del maestro debe expresar tristeza. Si los personajes tienen miedo o están cansados o enojados, el rostro debe expresar esas actitudes. La cara es un poderoso instrumento para reforzar la narración, especialmente para con los niños, porque puede transmitir la realidad del sentimiento con más fuerza que las palabras. Pero ¡cuidado! Hay algo que el maestro NO debe mostrar con su cara: disgusto con algún alumno revoltoso o rechazo por uno antipático. El maestro no debe demostrar su cansancio o desánimo. Las emociones reflejadas por el maestro tienen un efecto inmediato sobre los niños.

Los gestos

Toda persona utiliza ciertos gestos habituales cuando conversa con otros. Pero no toda persona se siente cómoda ante la necesidad de usar gestos para relatar una historia. Quizás esto se deba a que en alguna ocasión hemos tenido que aprender ciertos gestos en relación con una declamación formal donde los gestos parecían exagerados. Para darle vida a un relato, se tienen que usar gestos, pero éstos deben ser naturales y sueltos. Es decir, el gesto tiene que corresponder con la acción que se relata.

El buen narrador es la persona que sabe “meterse en los zapatos” del personaje, es decir, imaginar lo que el personaje está sintiendo y expresar lo que es la probable reacción o acción corporal. Todos tenemos emociones comunes: el miedo, el susto, la preocupación, el enojo, la vergüenza, la felicidad. Y todas estas emociones son, y pueden ser, expresadas con gestos espontáneos y naturales.

Cambios en el tono de voz

El uso correcto de la voz es otro elemento que crea interés en la narración. Por medio de las variaciones en la voz los alumnos perciben las emociones y vivencias de los diferentes personajes. Por ejemplo, se susurra para crear suspenso; se habla fuerte para expresar autoridad; bajito y pausado para expresar timidez; lento para expresar cansancio, triste para expresar pena. Estos cambios de voz no son difíciles y con un poco de práctica el maestro podrá enriquecer la narración en forma significativa.

El ritmo de la narración

El hecho de acelerar o disminuir el ritmo de la narración se llama “marcar el paso” y es otro elemento utilizado para crear interés. Hay varias formas de marcar el paso: utilizando pausas para dar mayor énfasis; silencios para crear suspenso; hablando en forma pausada para denotar tristeza o cansancio; hablando rápido para mostrar sorpresa o felicidad. Estos cambios introducen el elemento dramático en la más sencilla historia y deben ser utilizados en toda narración.

La imaginación

Aunque el uso de la imaginación es un elemento positivo para agregar vitalidad y emoción a la historia, en el caso de las historias bíblicas hay que tener cautela para no agregar detalles que pudieran distorsionar la verdad. Es cierto que la Biblia no nos da muchos detalles que quisiéramos saber. Pero eso no nos da libertad para inventar y agregar detalles a nuestro antojo. Una regla básica es que todo detalle imaginario debe ajustarse a las realidades histórico-culturales de los tiempos bíblicos. Por ejemplo, el alumno debe entender que Abraham viajaba en una caravana de camellos y no en un tren. El maestro de la Biblia está restringido por los límites que imponen los personajes y los acontecimientos en el relato. En otras palabras, hay que tener cuidado de no inventar personajes que no estén en el relato bíblico. No obstante, sí podemos usar la imaginación para darle vida a las emociones y expresar actitudes que serían lógicas dentro del contexto del incidente vivido. El narrador se “pone los zapatos” del personaje y le da emoción a lo que dice y hace.

La conversación dramatizada

Este elemento puede transformar un relato aburrido en uno que tiene emoción y vida. El maestro trata de decir las palabras que probablemente hubiera expresado el personaje, utilizando el tono de voz adecuado y la correcta expresión en el rostro. Por ejemplo, en lugar de decir: “Dios dijo que Abraham tendría que salir de su país para ir a otro que él le mostraría”, el maestro cuenta el incidente como una conversación dramatizada:

—¡Abraham! —dijo Dios—. Quiero que prepares todas tus cosas para viajar.

—¿Cómo? —preguntó Abraham—. ¿Adónde debo ir, Señor?

—A un lugar que yo te mostraré —respondió Dios.

Con cara preocupada Abraham se fue a su casa. Al entrar por la puerta, llamó:

—Sara —le dijo a la esposa—, tenemos que preparar todas nuestras cosas para salir de viaje.

—¿Qué? —respondió Sara sorprendida—. ¿Adónde vamos a ir?

—Eso no lo sé —respondió Abraham.

—¡No te entiendo! —exclamó Sara—. Si me dices que tenemos que viajar, supongo que debes saber adónde vamos a ir, ¿verdad?

—Bueno —respondió Abraham inseguro—, esta vez no sé adónde tenemos que viajar, pero Dios me ha dicho que él nos mostrará el lugar cuando fuere necesario.

Es evidente que, al emplear este elemento de conversación dramatizada, el maestro tiene que usar su imaginación para atribuirles palabras y actitudes a los personajes. En este sentido, como se ha dicho arriba, hay que tener cuidado de no expresar actitudes y reacciones que no estén implícitas en el pasaje. Por ejemplo, hay una diferencia importante entre decir que Abraham estaba preocupado por las instrucciones que Dios le había dado, y decir que por eso estaba enojado con Dios. En la primera instancia el maestro está agregando el elemento natural (preocupación por lo desconocido), que es probable y lógico. Pero en el segundo caso (una reacción de enojo) el maestro estaría agregando algo que la Biblia no dice y dando por ello una interpretación errónea.

Las ayudas visuales

Las láminas y figuras provistas en estos materiales pueden servir de ayuda o pueden ser un estorbo. ¿Por qué digo esto? Uno pensaría que las láminas siempre van a ser un elemento positivo para reforzar la narración. Pero las láminas pueden ser un estorbo en este sentido: el fluir de la narración es el aspecto más importante de la historia bíblica. Pero a veces la narración se interrumpe mientras el maestro, por no tener todo en orden, busca una lámina o figura. En otros casos el maestro tiene una lámina en una mano y la mueve de un lado para otro, como si fuera un abanico, y con la otra mano hace diversos gestos. En estos casos las ayudas visuales se transforman en un estorbo, porque los niños se distraen.

La solución para este problema es tener un lugar donde apoyar las láminas. Este puede ser un tablero o un pizarrón plegado que esté a la altura de los ojos de los niños, por lo general sobre una mesa baja. Entonces el maestro fácilmente coloca y saca las láminas del pizarrón plegado en su secuencia correcta en la historia, sin interrumpir la narración. Esto deja sus manos libres y fija la atención de los niños en un solo lugar.

¡Practicar, practicar y practicar!

El maestro con verdadera vocación dedicará tiempo a perfeccionarse en el método narrativo para que su enseñanza cree interés en sus alumnos. Esto se hace leyendo la historia bíblica varias veces antes de la clase. Conviene que el maestro haga sus propias anotaciones en un papelito aparte, para recordar los detalles importantes en su orden correcto. No está mal ensayar la narración en voz alta con alguien o a solas, a veces frente a un espejo, antes de ir a la clase. Esto demanda trabajo y tiempo, pero no hay otro camino fácil para lograr destreza en el arte de narrar.

Quiero insistir sobre algo. Siempre hay que guardarse de la tentación, lamentablemente bastante común, de leer el relato del manual. Si el maestro cae en este hábito, perderá contacto visual con los alumnos y le quitará el elemento de drama de la historia. El resultado será que enseguida logrará aburrir a los niños.

La transmisión de un concepto de Dios

Es necesario señalar que, además de los objetivos delineados para la lección, el maestro está enseñando otro elemento no especificado. Está transmitiendo al niño en forma indirecta, aunque quizás sin darse cuenta, su concepto de Dios. Lamentablemente, la mayoría de las personas tienen conceptos distorsionados en cuanto a Dios y su obrar con el hombre. Hemos encasillado a Dios dentro de las limitaciones de nuestro modo de pensar y reaccionar ante las experiencias que hemos vivido en el contexto religioso. Si esas experiencias religiosas han sido negativas, frecuentemente llevamos arraigado un resentimiento contra ciertas doctrinas, o contra cierta iglesia o contra algún siervo de Dios. Esta cortina de resentimiento distorsiona nuestro concepto de Dios. De la misma forma, por no tener una amplia comprensión teológica del obrar de Dios entre su pueblo, caemos en el error de interpretar a Dios según nuestro estado anímico o las experiencias vividas la semana pasada. A lo mejor, el Dios que “manejamos” es un Dios que se complace o se enoja según nuestra conducta o según el cumplimiento de ciertos ritos y obligaciones impuestos por la iglesia.

Un ejemplo nos puede ayudar a captar esta realidad. Un maestro contó a su clase la historia de Job. El objetivo de esa lección, de acuerdo con los materiales que usaba, era mostrar que, a pesar de su sufrimiento, Job aprendió que nada podía separarlo del amor de Dios. Sin embargo, por ciertas experiencias de sufrimiento propio en su pasado, el maestro dejó bien en claro en su lección que Dios hace sufrir a sus hijos, no sólo una vez sino muchas veces. Sus resentimientos no resueltos, que venían de una niñez llena de abuso físico de parte de su padre, condicionaban negativamente su enfoque en cuanto al sufrimiento. Para él, dada su historia personal y su falta de madurez espiritual, Dios era un Dios castigador.

Tristemente, una presentación así puede causar mucho daño en el desarrollo espiritual de un niño. Como él no tiene experiencia ni vocabulario para hacer preguntas ni mucho menos para plantear grandes interrogantes teológicos, las ideas sembradas en su mente en esta etapa crucial de su desarrollo espiritual afectarán en el futuro su modo de pensar acerca de Dios. Por eso, no se puede enfatizar demasiado la enorme responsabilidad que tiene el maestro cuando está interpretando y enseñando la Palabra de Dios a los niños. Cae sobre él la responsabilidad de ser sumamente claro y sencillo en sus presentaciones, cuidando de transmitir verdades bíblicas acerca de Dios y no opiniones personales. Esto obliga al maestro a examinar cuidadosamente su propia vida, admitiendo y examinando actitudes arraigadas que pueden afectar su vida espiritual. Debe reconocerlas, confesarlas y experimentar la transformación que obra el Espíritu Santo en los hijos de Dios: “…cambien su forma de pensar para que así cambie su manera de vivir” (Romanos 12:2, VP). Ese proceso continuo es nuestra única seguridad contra el error.

La transferencia a la vida

En los materiales de VIVIR LA BIBLIA, la parte de la lección que se llama La transferencia a la vida, tiene una importancia fundamental. El nombre que le damos a esta parte de la lección refleja esto. Las actividades delineadas en esta sección son las que trasforman los objetivos originales de enseñanza en pasos concretos de aplicación a la vida. Las actividades han sido elegidas y planificadas con cuidado para hacer fácil la transferencia de la enseñanza a la realidad de la vida del niño. Con la finalidad de que el alumno participe plenamente en este aspecto del aprendizaje, se proveen elementos visuales como figuras y láminas, se hacen dramatizaciones con títeres, rol-plays, estudios de casos, trabajos en grupos y juegos diversos.

Es importante reconocer que este proceso ha de lograrse mejor cuando el maestro se haya esforzado por conocer la vida cotidiana de sus alumnos. Con esa información podrá adaptar las actividades sugeridas en la lección a la realidad de sus alumnos o podrá agregar otras que se apliquen más directamente a su situación. Es bueno recordar que estas actividades de aplicación, aunque estén diseñadas para niños, deben ser procesadas primeramente en la vida del maestro antes de que los utilicen con los niños. Podemos llamar este proceso “auto-aplicación” de la verdad.

Igualmente es necesario señalar que la meta del maestro para esta parte de la lección es obtener la máxima participación de todos sus alumnos. La mayoría de los niños tiene una capacidad especial de cerrar sus oídos a cualquier consejo que suena a ser una predicación, un discurso o una moraleja. Por eso el maestro debe “escucharse” continuamente para ver si está predicando (“ustedes tienen que…”, hábito muy común en maestros y predicadores) o si está realmente guiando a los niños a descubrir por sus propios medios la relación entre las verdades bíblicas y sus propias vidas. Una buena pregunta de evaluación para el maestro es ésta: ¿tuve que decirles lo que Dios quiere que hagan o ellos mismos lo descubrieron?

La conclusión

La conclusión es la parte de la lección donde se busca el compromiso personal del niño ante Dios. Esto se hace por medio de la reflexión personal y la oración. Es aquí cuando el alumno puede reconocer nuevamente que Dios, y no el maestro, es el autor de las enseñanzas que acaba de recibir. Recordemos que desde temprana edad el niño aprende que los adultos son personas que saben todas las cosas y que su deber es aprender de ellos. El peligro que esta actitud puede crear en una clase de enseñanza bíblica es que el niño se sienta motivado a responder solamente por obedecer al maestro. Esto es especialmente cierto en la iglesia, ya que muchas de las enseñanzas recibidas tienen que ver con conductas. Es muy fácil, entonces, que el niño mida su obediencia en términos de lo que le pidan sus padres o sus maestros. Por eso, en el tiempo de compromiso es muy importante hacer entender al niño que él está respondiendo a Dios únicamente y no a la voluntad de su maestro.

El compromiso se hace por medio de la oración. El hecho de terminar la clase en oración ayuda al niño a formar el hábito de depender de Dios para lograr los cambios deseados en su vida. El maestro debe utilizar este momento en la clase para orientar y animar al niño a expresar con sus palabras lo que desea de Dios, es decir, aprender a usar palabras y frases propias en sus oraciones. Esta expresión individual es una tarea difícil, porque los niños tienden a orar imitando frases que han escuchado en las oraciones de los adultos, sea en la iglesia o en el hogar. Lo hacen sin entender ni siquiera el significado de las palabras. Un niño oró fervientemente: “Te suplicamos, oh Cordero de Dios, que cubras nuestras transgresiones con tu sangre.” Luego miró a la maestra y con orgullo dijo: “Mi padre ora así.” Es evidente que esa frase, y otras aprendidas de los adultos, no son expresiones genuinas de un niño. El maestro tiene la importante tarea de guiar a los niños a expresar en sus oraciones lo que realmente sienten, utilizando palabras sencillas y acordes con sus experiencias.

En la mayoría de los casos las lecciones traen una sugerencia específica en cuanto a la forma de oración que se debe utilizar para concluir la lección. No obstante, aquí señalo algunas formas de oración que el maestro puede usar.

La oración silenciosa

El maestro dice a los niños el motivo por el cual deben orar y ellos lo expresan a Dios en silencio. Ejemplo: “Ahora vamos a pedirle ayuda al Señor para alguna tarea difícil que tengamos que cumplir esta semana. Cada uno piense en una tarea difícil que le va a tocar. Vamos a orar en silencio y sólo Dios nos escuchará.” Después de un tiempo breve, el maestro ora diciendo: “Gracias por escuchar nuestras oraciones, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.” Para ayudar a los niños a definir el elemento que van a pedirle a Dios en oración, se puede tomar unos minutos antes de orar para que cada alumno diga la tarea difícil que le toca hacer y por la cual necesita la ayuda de Dios.

La oración guiada

El maestro explica que van a orar todos juntos repitiendo las frases que él dice primero. Ejemplo: “Vamos a orar y ustedes van a repetir las frases que yo digo. Querido Dios… te pido ayuda… para ser honesto en la escuela esta semana… “, etcétera.

La oración cantada

El maestro explica que van a orar pero que la oración será una canción. Hay canciones que se prestan especialmente para esto. Algunos ejemplos: “Enséñame a hacer tu voluntad”, “Mi corazón, oh examina hoy”, “Padre, te adoro”, “Con mis labios y mi vida”, etcétera. También se pueden usar las canciones que acompañan la serie de lecciones.

La oración memorizada

La clase aprende algún versículo bíblico que es a la vez una oración, y lo repiten al unísono en actitud de oración. También el maestro puede escribir de antemano una breve oración y hacer que los alumnos la aprendan para luego repetirla juntos. Este método es especialmente útil con un grupo de niños nuevos que no tienen la costumbre de orar. A veces es útil tener una breve oración modelo que se repite en todas las clases.

La oración susurrada

Los alumnos y el maestro oran juntos pero cada uno expresa sus palabras en voz baja. A veces es conveniente arrodillarse para lograr una participación más concentrada. El maestro puede terminar el tiempo de oración con una oración en voz alta. Ejemplo: “Gracias, Señor, porque siempre nos escuchas cuando venimos a ti en oración. En el nombre de Jesús. Amén.”

La oración en grupos

Esta forma de oración se presta especialmente para ocasiones cuando los niños han compartido varias peticiones. Los niños se forman en grupos de dos o tres y oran el uno por el otro o cada grupito ora por una de las peticiones.

La oración conversacional

Este tipo de oración requiere algo de práctica pero puede ser sumamente eficaz. El maestro explica que juntos van a conversar con Dios en oración. Les recuerda que Dios está en medio de ellos y que pueden expresar lo que sienten sin usar frases especiales. Explica que deben ser frases breves y que no hace falta decir “Padre celestial” o terminar diciendo “en el nombre de Jesús. Amén”. En las primeras experiencias con este tipo de oración conviene usar una frase incompleta que los niños van terminando en su oración: “Te amo porque…”, “Hoy quiero darte gracias por…”, “Gracias por ayudarme con…” Explicarles que pueden volver a decir una frase una o varias veces, según como sientan hacerlo. Si esta forma de oración no resulta la primera vez, no hay que desanimarse. Es una de las mejores formas de hacer que la oración sea espontánea.

No quisiéramos dejar la consideración del momento de compromiso sin recordarle al maestro que él es meramente el instrumento a través del cual el Espíritu Santo puede traer bendición a la vida del niño. Esta bendición será proporcional al hecho que la vida del maestro esté en correcta relación con Dios.

La memorización de los textos bíblicos

Todas las lecciones de los materiales VIVIR LA BIBLIA incluyen un texto para memorizar. En las lecciones para niños de siete a once años a veces se incluye un pasaje “lema” de varios versículos que encierran la enseñanza principal de toda la serie. El maestro notará que todos los versículos han sido tomados de la Versión Popular de la Biblia (identificados como DHH, Dios Habla Hoy) o de la Traducción La Biblia en Lenguaje Actual (identificados como BLA). La razón para esto es que estas versiones son más claras para el entendimiento del niño. Considero que la memorización de la Biblia es un elemento indispensable para el desarrollo espiritual del niño. La finalidad no es hacer una competencia en cuanto a las habilidades de los niños, ni tampoco es buscar la aprobación de los adultos. Este ejercicio sirve para proveerle al niño un tesoro de promesas y mandatos expresados por Dios mismo, que tendrán incalculable valor en su crecimiento espiritual actual y en su vida futura. Para lograr esto, es imprescindible que el niño comprenda lo que está memorizando.

Hay diferencias entre los niños en cuanto a la capacidad para la memorización. Generalmente, los de nueve a once años tienen mucha facilidad para ello; los de seis a ocho años tienen menos. En los casos donde hay un pasaje lema, sugerimos que se use con los niños de nueve a once años, pero esto queda al criterio del maestro ya que siempre hay niños más pequeños que lo pueden hacer. Para llevar a cabo la memorización de textos bíblicos en una manera eficiente, es necesario reconocer ciertas características de los niños.

El niño memoriza con facilidad cosas que no entiende en absoluto

El maestro debe recordar que el simple hecho de que un niño repita una frase no significa necesariamente que lo comprenda. Él puede memorizar una frase en chino si se la enseña. Repetir frases como un loro no significa que el niño entiende lo que está diciendo. No hay nada mágico en los versículos bíblicos que se memorizan como para creer que automáticamente tengan significado para el niño. Es por eso que no siempre el texto para memorizar contiene todas las palabras del versículo. Se han seleccionado las frases bíblicas que tengan relación directa y clara con la enseñanza de la lección.

El niño tendrá mayor grado de comprensión si el texto es enseñado mostrando el significado que tiene para él

Hay muchas maneras de lograr esto. Una forma es señalar cómo el texto es parte de las palabras dichas por Dios en la historia bíblica. Por ejemplo, si el texto a enseñar es Génesis 17:1, el maestro puede decir algo así durante la narración bíblica:

“Dios habló con Abraham y le dijo: —Abram, te voy a bendecir grandemente. Tendrás un hijo y tus descendientes serán muchísimos. Porque yo soy el Dios todopoderoso. Anda delante de mí y sé perfecto.”

Otra forma es usar el texto como uno de los momentos de la adoración, con los niños repitiendo la frase al unísono. Por ejemplo, el texto a enseñar es Salmo 104:24. El maestro tiene en sus manos láminas de diferentes aspectos de la creación y dice:

“Vamos a mirar esta láminas y quiero que ustedes me digan qué cosas ha creado Dios en cada una de ellas (permitir que los niños comenten). Ahora vamos a repetir todos juntos estas palabras de la Biblia: ¡Cuántas cosas has hecho, Señor! Todas las hiciste con sabiduría.”

También el texto se puede presentar en forma personalizada. Cada niño piensa en algo propio que puede agregar en el lugar indicado en el texto. Por ejemplo, si el texto a enseñar es Romanos 8:38, 39, el maestro dice:

“Vamos a repetir el texto, pero cada niño va a agregar una frase que representa algo personal. Estoy convencido de que nada  (ni que me haya salida mal la prueba de matemática) me puede separar del amor de Dios.”

El niño memoriza mejor cuando hay un ambiente ameno para hacerlo

El maestro quiere que el niño perciba en este aprendizaje el gozo y el privilegio que es suyo al memorizar la Palabra de Dios. Este ejercicio, entonces, es muy diferente a las tareas que se dan en el colegio de memorizar datos de una lección de geografía o historia. La memorización de la Biblia tiene una motivación más elevada. Las lecciones VLB sugieren métodos específicos para lograr que la memorización del texto sea amena y alegre.

El niño memoriza con facilidad, pero no lo retiene a menos que haya mucho repaso

Esta característica es normal en el niño y hace necesario repasar constantemente lo que haya sido memorizado antes. Cuando se hace el repaso en forma sistemática a través de muchas semanas, el niño ha de retener lo memorizado por un tiempo casi ilimitado. De allí la importancia de repasar y repasar y seguir repasando.

Las lecciones de repaso

Las series para escolares de VIVIR LA BIBLIA incluyen una o dos lecciones de repaso por unidad. Estas lecciones, que cubren el repaso de las lecciones de la serie y de los textos que han sido memorizados con relación a estas lecciones, se han estructurado sobre la base de juegos, trabajos artísticos y actividades dramáticas. Estas lecciones son distintas a todas las demás porque proveen actividades en las cuales el niño se divierte mientras repasa los elementos de las lecciones. No se puede enfatizar demasiado la importancia de estas dos lecciones. El niño escolar es muy apto para aprender, pero también es propenso a olvidar lo estudiado. Hacen falta muchas actividades de repaso para que los conceptos adquiridos queden grabados en su mente.

En estas lecciones hay instrucciones especiales para el maestro de niños de seis a ocho años. Esto se debe a que su capacidad para memorizar y su desarrollo intelectual no es tan avanzado como los niños mayores. Eso lo limita en lo que pueda aprender. El niño de seis a ocho años no captará, por ejemplo, la cronología de las lecciones ni los elementos histórico-culturales que pueden interesar a los niños más grandes. Los trabajos con mapas les serán difíciles. No tendrá el mismo interés en las competencias, el puntaje y los premios que les encantan a los niños de nueve a once. Se podrá observar, entonces, que las actividades para los más pequeños se basan en juegos mientras que para los más grandes se basan en competencias. El maestro debe ser consciente de estas diferencias, especialmente si tiene niños de ambas edades en una sola clase. Si sigue las indicaciones, podrá resolver este problema.

En los domingos en que corresponde la lección de repaso, el aula debe tener un ambiente diferente, casi de fiesta. El maestro puede llevar algo para tomar y una torta o masas para compartir. De este modo los niños tendrán gratos recuerdos de esas clases.

La manualidad

Las manualidades hacen posible que el niño tome parte activa en el aprendizaje bíblico, trabajando con sus manos para crear algo. A veces la manualidad tiene una relación estrecha con la aplicación de la lección. Otras veces tendrá más relación con la historia bíblica. En algunos casos es un trabajo relacionado con el texto para memorizar. En cualquiera de estas tres opciones, la manualidad tiene como finalidad profundizar las lecciones espirituales que se han enseñado.

Como en las otras partes de la lección, la relación de la enseñanza con la actividad tiene que ser hecha por el maestro. El niño no hará esa relación por sí mismo. El maestro tendrá que dar una explicación clara sobre esa relación, haciendo el puente entre las dos cosas. Aún más, el maestro no debería ni siquiera repartir las hojas de la manualidad a los alumnos hasta no crear primero en ellos cierta expectativa en cuanto al trabajo que van a hacer. Siguen algunos ejemplos de cómo el maestro puede hacer este puente entre la lección y la manualidad:

Ejemplo 1: Decir: “El trabajo que vamos a hacer hoy nos ayudará a entender mejor la maravillosa variedad en la creación de Dios. Mientras están haciendo el trabajo, vamos a pensar juntos en todas las distintas clases de árboles, flores y plantas que conocemos. A ver, ¿quién me puede nombrar una?” Mientras los alumnos trabajan, pueden compartir algo de lo que saben sobre distintos elementos de la naturaleza y también aprender algo más.

Ejemplo 2: Decir: “Al terminar de hacer el trabajo de hoy, cada uno de nosotros tendremos un recuerdo de cómo Dios provee para nosotros en darnos padres y hermanos que forman nuestras familias. Vamos a estar hablando sobre familias que conocemos que son diferentes al ideal que Dios planeó para todos pero que también tiene su ayuda para vivir en amor y armonía. Podemos pensar también en los cambios que nos gustaría ver en nuestras propias familias.” De esta forma el maestro estimula a los niños a hablar de sus situaciones en familia y las de vecinos o amigos.

Ejemplo 3: Decir: “El trabajo que haremos hoy es para ayudarnos a no olvidar los problemas que puede traer el pecado del orgullo. Quiero que ustedes piensen en personas que conocen que son orgullosas y por qué les molesta su conducta y sus actitudes. También podemos pensar en las cosas que hace una persona orgullosa. Esto nos ayudará a saber si nosotros somos orgullosos o no, y si lo somos, pedirle perdón a Dios.” De esta manera se utiliza el tiempo de la manualidad para que los niños piensen y reaccionen ante el orgullo de otros o del suyo propio.

Estos ejemplos ilustran cómo el maestro puede crear un vínculo entre la lección y la manualidad, dándole un significado espiritual y ayudando a que no sea meramente un trabajo para llenar la hora. El maestro debe aprovechar el tiempo de la manualidad para dialogar con los niños mientras ejecutan sus trabajos.

Copias de la manualidad

En el Suplemento de Ayudas Visuales hay un solo ejemplar de la hoja de la manualidad. El maestro debe hacer las fotocopias necesarias de antemano, según el tamaño de su clase. ¡Ojo! Debe hacer una copia de más para usarla de muestra. Además, recuerde guardar el original en el archivo para usarlo nuevamente en el futuro.

Tiempo proporcionado

Es necesario recordar que la manualidad es solamente una parte de la enseñanza. El entusiasmo de los niños cuando se acostumbran a hacer los trabajos manuales creará una tentación de parte del maestro de acortar las otras partes de la lección para dedicar más tiempo a la manualidad. ¡Esto nunca se debe hacer! Es mejor que el niño lleve su trabajo a casa sin terminarlo y no que el maestro pase por alto la aplicación o la conclusión de la lección.

Preparación de la muestra

Es absolutamente imprescindible que el maestro haga una muestra de la manualidad antes de llegar a la clase. Para este fin, usará una hoja de las fotocopias hechas para la clase. Los trabajos no son complicados, pero los niños seguirán mejor las instrucciones si ven una muestra ya terminada. Es preferible que la muestra no esté coloreada, ya que la tentación del niño es hacer exactamente lo que hizo el maestro. Al armar la muestra, el maestro sabrá de antemano cuáles son los elementos que hacen falta para la realización de la manualidad y no pasará un mal momento delante de su clase por no haberse preparado adecuadamente.

Para que los niños disfruten plenamente de estos trabajos, es necesario que la clase disponga de una mesa, lápices de color, marcadores, crayones de cera, cola vinílica y tijeras suficientes para cada niño. En ciertas circunstancias donde la iglesia no ha provisto estos elementos, el entusiasmo de los niños en hacer la manualidad los ha obligado a trabajar agachados en el piso, con un solo lápiz de color cada uno, y una tijera para toda la clase. Pueden trabajar así pero no deben hacerlo. Como hemos dicho repetidas veces, el niño aprende participando y haciendo. Debe tener los elementos básicos para poder hacerlo correctamente. La iglesia, por medio de su tesorería, o la escuela dominical por la suya, deben hacer la inversión necesaria para asegurar que el maestro tenga los elementos que necesita para trabajar correctamente con sus alumnos.

Refuerzo en el hogar

Los trabajos de manualidad son para el alumno. Lo ideal es que lo lleve directamente a su casa cada domingo después de concluida la escuela dominical. Si el niño tiene su trabajo manual a la vista en su casa, éste le servirá de refuerzo de la enseñanza recibida. Además, sirve como un excelente eslabón entre la escuela dominical y los padres del alumno. El deseo natural del niño es mostrar a los padres lo que ha hecho y también explicar su significado. Más de una vez, estos pequeños trabajitos de papel han ocupado un lugar de honor adornando algún ambiente de la casa donde quizás el niño sea el único que conoce al Señor.

Oportunidad para la creatividad

El maestro necesita recordar que la finalidad de las manualidades es proveerle al niño una experiencia agradable en una actividad creativa. Por lo tanto, el niño no está obligado a producir obras de arte ni cumplir ciertas normas de prolijidad o de capacidad. El maestro debe permitirle libre expresión de sus gustos en cuanto a colores y formas y dejar que su trabajo sea completamente original. Tampoco se le debe exigir al niño hacer una copia exacta de la muestra. Recordemos que el niño expresa con sus manos lo que sus ojos ven. Nunca tendrá la misma prolijidad ni destreza del adulto. Pero una palabra de felicitación o elogio de parte del maestro sobre el trabajo realizado puede hacer mucho para crear esa sensación de logro que tanto necesita para adquirir un sano concepto propio.

Expresión afectiva

Existe un beneficio secundario del tiempo de la manualidad. La experiencia demuestra que el ambiente creado en una clase donde todos los niños están trabajando con alegría le permite al maestro expresar su cariño hacia el alumno en forma individual. Hay oportunidades naturales para una expresión afectiva mientras uno admira cómo se realiza el trabajo. Se pueden dar pequeños abrazos de felicitación y palabras personales de aliento cuando el niño viene a hacer una pregunta. Toda la dinámica de la clase cambia y provee para el maestro maravillosas oportunidades para acercarse a un niño con evidente necesidad de consuelo, aliento o afecto y asegurarle que realmente es una persona importante para el maestro y para Dios. La demostración afectiva del maestro hacia los niños hará de estos momentos algo realmente significativo y precioso.

La dedicación y el compromiso del maestro frente a estos procesos de formación espiritual en la vida del niño escolar produce grandes satisfacciones. Uno tiene el privilegio de ver cómo el niño crece en su relación con el Señor, en su amor por la Palabra de Dios y en su sensibilidad a lo que Dios desea para él. Uno puede ver cómo el niño va formando hábitos y actitudes que traerán la bendición de Dios por el resto de su vida. Muchos niños de esta edad hacen la entrega por primera vez de sus vidas al Señor. Otros sienten el llamado para ser pastores o misioneros o para realizar algún ministerio especial cuando sean grandes. Por eso, sin lugar a dudas, podemos decir que la edad de seis a doce años son los años cruciales en la formación espiritual del niño. Es un privilegio singular ser usado por Dios para instruir y guiar a estos niños. Sólo él sabe el resultado de nuestra inversión en estas vidas.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 135–159). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

CUANDO EL RÍO SE DESBORDA

19 abr 2016

CUANDO EL RÍO SE DESBORDA

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por el Hermano Pablo

a1El cielo se encapotó sobre Tijuana, México. Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer. Era una tormenta que venía desde el sur, originada en el Pacífico. En pocas horas cayeron 120 milímetros de agua.

El río Tijuana, por lo general tranquilo y de poca agua, se convirtió en un torrente arrollador. Doce personas murieron en el torrente. Un vecino dijo, llorando ante las cámaras de televisión: «Lo he perdido todo: mi casa, mis muebles, mi camión. El río se lo llevó todo.»

¡Qué terrible es la fuerza de un río que se desborda! Esto ocurre en ríos de valles estrechos, cuyas aguas nacen entre montañas. La lluvia que se descarga torrencialmente en el embudo de las montañas corre por el estrecho canal con fuerza arrolladora. Sobrepasando la capacidad del río, el agua se desborda e invade campos y terrenos, casas y pueblos, causando grandes desastres.

Los habitantes de Tijuana se valieron de un recurso. Amarraron una cuerda larga a un lugar en tierra firme, se agarraron de la otra punta, y uno a uno se fueron salvando. Tijuana nunca olvidará esa amarga tragedia.

Si bien la cuerda fue la salvación para muchos en Tijuana, ¿qué cuerda hay para las tormentas de la vida? El padre de familia, cuando todo va bien, es como un río manso que corre lentamente, al lado del cual da gusto vivir. Pero si toma un par de tragos de más, ese alcohol se mete en su cerebro y comienza a correr con la violencia de un río desbordado, causando estragos, destrucción y aun muerte. ¿Y de qué cuerda se agarra la esposa que sufre a causa de él?

El hijo, orgullo y esperanza de sus padres, comienza a faltar a la escuela. Llega muy tarde a la casa. Por momentos, sin motivo alguno, se enloquece y golpea a cuantos están a su lado. Cuando por fin todo sale a la luz, se descubre que es drogadicto, y cuando se quiere detener el mal, es ya un río violento que arrasa con todo lo que tiene por delante. ¿Y de qué cuerda se agarran los confundidos padres?

¿Habrá algún remedio contra el dominio del alcohol o de las drogas? ¿Habrá alguna cuerda que salve al que se hunde en el río de la desesperación?

Sí la hay. Es Jesucristo. Él tiene poder para dominar las fuerzas primitivas que bullen en el corazón humano. Y tiene poder para salvar a todo el que en Él cree. Cristo es la cuerda salvadora. Busquémoslo. Entreguémosle nuestra vida. Él quiere y puede ser nuestro Salvador.

http://www.conciencia.net/

Orientación para maestros de niños preescolares

La formación espiritual del niño

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Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 14

Orientación para maestros de niños preescolares

a1Es mi observación que una de las áreas más olvidadas de la educación cristiana en las iglesias evangélicas de América Latina es la que corresponde a la enseñanza espiritual del niño preescolar. Esta indiferencia se demuestra en los lugares generalmente designados como “aulas” para ellos: la cocina de la iglesia, un pasillo con acceso a oficinas o baños públicos, detrás de algún biombo en un rincón del templo o un cuarto utilizado como lugar de almacenamiento pero donde se le encuentra un lugar estrecho e incómodo para la clase de estos niñitos.

Es curioso observar las diversas maneras que tienen los adultos de tratar a los preescolares. Hay quienes los miran aprehensivamente por no saber qué hacer con ellos. Otros están convencidos de que lo más importante es mantenerlos fuera de las reuniones generales en algún lugar donde “no molestan”. Hay otros que los tratan como objetos de diversión llenándolos de caramelos y riéndose por las cosas graciosas que dicen. Son los menos aquellos que los consideran como individuos hechos a la imagen de Dios y merecedores del mismo respeto y consideración que reciben los adultos. Entre aquellos pocos hay personas que, gracias a Dios, responden al llamado de ser sus maestros. Al ir tratando con estas pequeñas vidas, estos maestros van descubriendo el privilegio incalculable de guiar a estos niños en sus primeros aprendizajes acerca de Dios. A estas personas que saben brindarles amor, aceptación y respeto, así como lo manifestó Cristo en su trato con todos los niños, se les concede el deleite de observar sus etapas fascinantes de desarrollo y su asombrosa capacidad de aprender.

En este capítulo quiero dar una orientación general para las personas que trabajan con esta edad. Es una orientación relacionada con los materiales VIVIR LA BIBLIA, de la editorial Publicaciones Alianza, que tiene una línea de libros específicamente escritos para la edad preescolar. Estos libros han sido diseñados tomando en cuenta las características y las necesidades muy particulares del niño de tres a cinco años. Es posible que la maestra que use correctamente estos materiales tendrá que ir modificando su filosofía de enseñanza con relación al preescolar, para ir aprendiendo una nueva metodología y adoptando técnicas que antes no formaban parte de su enseñanza habitual. Aunque es cierto que en el comienzo todo cambio es incómodo y problemático, la modificación de formas de enseñanza para con esta edad traerá recompensas a medida que los niños van respondiendo al Señor mediante las vías naturales que Dios mismo puso en su pequeña persona.

Elementos que afectan el aprendizaje del niño preescolar

Un elemento que la maestra debe tener presente siempre es que estos niños aprenden por medio de sus sentidos. Necesitan ver, oír y tocar. Su necesidad de explorar y descubrir es fundamental y no puede dejar de ser así. Esto hace que él esté aprendiendo siempre y no solamente cuando se le esté tratando de enseñar algo. Por ejemplo, aprende por todos los elementos que forman su medio ambiente. Entonces, si está incómodo en el lugar donde se desarrolla su clase, querrá escaparse por más esfuerzo y buena voluntad que ponga la maestra en captar su interés. ¿En qué forma se puede sentir incómodo? Para empezar, si el lugar donde le hablan de Dios y que le dicen ser “la casa de Dios” es casi como una celda por lo estrecho y feo que es, con paredes manchadas y donde las únicas sillas que hay son grandes y que le cortan la circulación de las piernas, el niño pensará que ir a “la casa de Dios” es incómodo y que él allí no es importante. Pero si hay un aula bien acondicionada donde se encuentra con experiencias agradables que le permiten usar sus sentidos, moverse, hablar, cantar, jugar y participar en muchas actividades, asociará todo ese ambiente de estímulo y felicidad con “la casa de Dios”. Entonces sus primeras experiencias espirituales serán positivas y agradables.

Lecciones que enfatizan actividades

También la maestra debe tener presente las características propias del niño preescolar al desarrollar la lección. En esta edad no es tan importante la adquisición de conocimientos intelectuales, sino más bien las experiencias vividas. Las lecciones se deben estructurar con muchas actividades que respondan a las necesidades de los niños. La lección entera es un vehículo de enseñanza que provee una serie de experiencias dirigidas hacia el desarrollo espiritual del niño. Para enfatizarlo en otra forma, la maestra evalúa la lección viendo si los pequeños alumnos han podido disfrutar de la gran mayoría de las actividades y no si ella ha podido terminar con todas las actividades que la lección ha sugerido. En los materiales VIVIR LA BIBLIA hay ocasiones cuando una actividad dura apenas unos minutos. Hay otras cuando la actividad puede ocupar casi todo el tiempo de la clase. Durante la clase la maestra debe tener la flexibilidad de guiarse por el interés que demuestran los niños a las diferentes actividades. Esto se mide por si los niños se aburren enseguida o si quieren seguir repitiendo la actividad. Mientras están participando con entusiasmo y agrado, la maestra puede estar segura de que están aprendiendo. Ese aprendizaje puede mostrarse nada más que por una sensación de alegría y bienestar al estar ellos unidos haciendo algo agradable en la “casa de Dios”. El aprendizaje también puede medirse al reconocer que los niños vienen con agrado a la clase con deseos de participar en las actividades. El entusiasmo que demuestra el niño puede responder a que se siente aceptado porque percibe el amor que le demuestra su maestra. Las lecciones, entonces, iniciarán las primeras experiencias de niño en la formación de actitudes correctas con relación a Dios, la iglesia y el compañerismo cristiano. No debemos desestimar su gran importancia.

La importancia de los objetivos

Cada lección para preescolares empieza con la especificación de los objetivos para esa lección. Los objetivos vienen a ser como un semillero desde el cual brotan todas las actividades de la lección. Se pueden visualizar de la siguiente manera:

El gráfico ilustra el conjunto de actividades que componen la hora de clase. Los objetivos son el punto céntrico de la lección porque definen las metas que se quieren lograr a través del desarrollo de la clase. Supongamos que el objetivo de una clase fuese: “Que el niño sienta gratitud a Dios por sus ojos.” Para alcanzar esa meta, la lección tendrá tres o cuatro actividades que le brindan al niño la posibilidad de reconocer y gozar de su vista. Pero será por el conjunto de las actividades y el énfasis repetido en cada una que finalmente se logrará en el niño la actitud de agradecimiento a Dios por sus ojos. Por eso vuelvo a decir que la lección tiene como finalidad ser más que una herramienta de enseñanza para la maestra. La lección es la puerta que abre para el niño varias experiencias que le proporcionarán nuevos entendimientos y actitudes.

El propósito primordial de las lecciones es que el niño disfrute del proceso de su aprendizaje espiritual. Para asegurar esto, la maestra no debe sentirse apurada por terminar cierta cantidad de actividades dentro de la hora de clase. En los materiales VLB sugerimos que cada lección sea enseñada en dos domingos, si es necesario, para dar todo el tiempo posible para repetir las actividades, porque los niños de esta edad aprenden mejor por la repetición. Para los maestros que quieren organizar así el programa de enseñanza, en la introducción de cada manual se encuentra un plan detallado explicando cómo enseñar las lecciones en dos partes.

La prioridad de las actividades

Al iniciar la preparación de una nueva lección, la maestra debe comenzar leyendo el pasaje identificado en el manual como Base bíblica. Luego debe familiarizarse bien con los objetivos en sus tres enfoques. Los objetivos establecen las metas que se persiguen en cuanto a lo que uno quiere que el niño aprenda. Luego se deben seguir leyendo todas las partes de la lección hasta el final para conocer todo su contenido y, si se quiere, sustituir una actividad por otra.

En muchas de las actividades de motivación y aplicación hay ciertos elementos que demandan una preparación previa. Es decir, las actividades sugeridas requieren tener ciertos elementos a mano cuando se da la clase o preparar previamente algo que se necesitará en el desarrollo de la misma. Si se hace esto como corresponde, la maestra se encontrará llevando a la clase muchos artículos diferentes. Se puede decir que la maestra eficaz es la que siempre llega a la iglesia “cargada” de cosas: bolsas, papeles, cajas, lápices, crayones, cola de pegar, tijeras, etcétera., que son los elementos necesarios para desarrollar las actividades en forma correcta. Si uno reconoce que la enseñanza eficaz requiere esto, lo hará con buen gusto.

La importancia del diálogo

El mundo del niño preescolar está definido y limitado por lo que él puede entender. Por eso es sumamente importante que el maestro fomente un diálogo activo con él para hacerle preguntas y escuchar sus respuestas. En los materiales VIVIR LA BIBLIA la maestra va a encontrar frecuentemente la palabra “decir”. Es importante que la maestra repase con cuidado todas estas partes porque sugieren el diálogo sencillo que la maestra puede usar con los niños para dirigir su atención hacia la actividad que se está por realizar. Recuerde que el vocabulario limitado del niño preescolar hace que muchos de los conceptos nuevos que se le presentan verbalmente sean interpretados en forma distorsionada. Por lo general la maestra no se da cuenta de que los niños, o por lo menos algunos de ellos, han interpretado incorrectamente lo que dijo. La maestra podrá percibir sus errores y corregirlos únicamente si escucha con paciencia y mucho discernimiento los comentarios de los niños. Por eso vuelvo a insistir que uno de los principios fundamentales en la enseñanza de los preescolares es la necesidad de que la maestra escuche y dialogue con ellos constantemente.

En una ocasión una maestra había contado la historia de la alimentación de los cinco mil, haciendo mención en varias oportunidades de “Jesús, el Hijo de Dios”. Su narración fue acompañada de una serie de láminas. Cuando terminó el relato, un niño de cinco años quiso volver a mirar las láminas.

—¡Quiero ver al Hijo de Dios! —dijo, acercándose. La maestra le mostró la figura de Jesús.

—¡No! —exclamó insistente el niño—. ¡Quiero ver al hijo de Dios!

La maestra dialogó un poco con él para tratar de entender lo que buscaba.

—Quiero ver al hijo —insistió el niño—. Debe ser chiquito como yo, porque yo soy hijo de Eugenio.

Aclarado el asunto, la maestra pudo explicarle que Jesús había sido chiquito una vez pero que después creció y aun de grande seguía siendo el Hijo de Dios. Satisfecho, el niño se unió con los compañeros para la siguiente actividad. Gracias al paciente diálogo de la maestra con el niño, una pequeña piedra más había sido quitada del camino en la comprensión espiritual de un niño.

Aquí debo hacer algunas observaciones sobre las formas de hablar con los niños pequeños.

• La maestra debe aprender los nombres de los niños de su clase y usar sus nombres cuando está conversando con ellos.

• La maestra siempre debe mostrar respeto hacia los niños cuando está dialogando con ellos. Esto lo hace mirándolos a los ojos cuando conversa con ellos. Debe usar un tono de voz natural y no artificial, como se escucha a veces de parte de los animadores de programa de niños en la televisión. Tampoco no son sordos como para estarles gritando.

• La maestra debe hacer un esfuerzo consciente de conversar con todos sus alumnos. Es fácil ignorar al niño tímido o antipático. El niño de esta edad mide su valor como persona por el trato que recibe de los demás, especialmente por los adultos que forman parte de su vida. El problema es que no tiene la capacidad de hacerse querer por otros. Por lo general, el niño difícil está reaccionando al rechazo que siente de parte de las personas que componen su mundo. La maestra que es amable y cariñosa con todos sin excepción ayudará hasta a los niños antipáticos a sentirse mejor consigo mismos. A la vez, la maestra no debe darle más atención al niño problemático, tratando por ello de corregir su mala conducta. Ni tampoco debe forzar una relación afectiva con un niño que se muestra tímido y desconfiado, como para tratar de ganárselo. Lo importante es ser equitativo en el trato con todos, especialmente cuando se van acercando para hablar o para querer recibir la atención de la maestra.

• Nunca se debe hablar con otra persona adulta acerca de un niño estando él presente, y actuando como si no lo estuviera. No hay cosa que lo denigre tanto como eso, especialmente si el adulto está señalando sus defectos o criticando sus conductas. Si una madre empieza a hacerlo, la maestra debe mirarle a los ojos del niño y decir algo así: “Tu madre me está hablando de ti. ¿Le contamos lo bien que te portaste hoy en la clase?” A veces es necesario pedirle a los padres que no hagan críticas ni hablen de cosas negativas acerca de su hijo estando presente el niño.

• La maestra le hace un daño al niño si hace elogios de elementos sobre los cuales él no tiene ningún control, especialmente aspectos físicos. Por ejemplo, en vez de decir “¡Qué lindos ojos tienes!” se debe decir algo como “¡Qué linda sonrisa tienes! Me siento bien cuando te veo contento.” Nunca se debe llamar la atención a diferencias físicas de los niños. Uno hace el esfuerzo siempre de hacerles sentir de valor por lo que son y no por lo que tienen.

La importancia de los juegos

Las lecciones que afectan positivamente a la vida del niño preescolar han de incorporar diferentes tipos de juegos. Casi todas las lecciones en los materiales VIVIR LA BIBLIA contienen juegos. Para algunas maestras éstos pueden parecer como una pérdida de tiempo o una falta de seriedad en el estudio de la Biblia. A veces se piensa así sobre la base de las experiencias que uno mismo vivió en su niñez en la escuela dominical, donde las clases se llevaban a cabo en un contexto tradicional de bastante rigidez. Necesitamos cambiar criterios, sin embargo, para poder lograr nuestras metas. La forma de mejorar nuestra enseñanza es aprovechar la característica más sobresaliente del niño de esta edad, que es aprendizaje por actividad. Aprenden participando en el juego. La mayor parte de sus días la pasan en juegos inventados por ellos mismos. Más que ser una diversión, sus juegos son una forma de dar orden y significado a la multitud de estímulos que reciben diariamente. Por esta razón, la maestra ha de guiar a sus alumnos en muchos juegos, aquellos que están incluidos en las lecciones y otros que ella misma inventará.

El aprendizaje por las canciones

En las lecciones para preescolares, a veces la maestra encontrará que una de las actividades se hace sobre la base de la enseñaza de una canción. Es un hecho comprobado que uno de los elementos más duraderos en el aprendizaje del preescolar es el canto. El niño pequeño se olvida rápidamente de los textos que memoriza en la clase pero las canciones quedarán en su mente para siempre. Las canciones se utilizan para reforzar los conceptos de la clase. La maestra debe aprovechar las canciones para usarlas en momentos apropiados a través de toda la clase, no solamente en el tiempo fijado para aprenderlas y cantarlas. Por ejemplo, la maestra puede acercase a un niño que está trabajando enérgicamente con masa y cantarle suavemente en su oído: “Por mis manos lindas, Dios, gracias doy.” Luego le comenta el buen trabajo que está haciendo con sus manos. Con está acción se recalcan dos conceptos importantes: que Dios creó nuestras manos y que estamos agradecidos por ellas.

No se puede pasar por alto el efecto del canto en el manejo de una clase de preescolares. Muchas maestras comentan que es como un “toque mágico” para calmar el ambiente alborotado o menguar la energía desbordante que tienen los niños de esta edad.

La maestra puede confeccionar su propio cancionero, ilustrando las canciones con dibujos y figuras que ayudan al niño a recordar la letra. Estas canciones ilustradas se usan durante el tiempo de canto pero también sirven para que los niños las miren a su gusto a solas, tarareando la canción. Si los conceptos expresados en la canción son difíciles de ilustrar, es probable que sean conceptos demasiado abstractos como para que los niños los entiendan. Por eso, las canciones que forman parte de los manuales VLB han sido escritas y elegidas tomando en cuenta ese hecho. La meta de las canciones es poner en la boca del niño preescolar expresiones coherentes con su vocabulario y entendimiento.

Los niños aprenden fácilmente las canciones que se usan en los cultos habituales, pero existen muchísimos ejemplos graciosos de canciones mal entendidas por los niños preescolares. Un ejemplo clásico es el de la niña que cantaba con entusiasmo “Vine a lavar a Dios.” Nos reímos, pero tenemos que admitir que la culpa la tenemos nosotros por no darle una explicación clara de palabras abstractas que no entiende como, por ejemplo la palabra “alabar”.

Al introducir una nueva canción en la clase, la maestra debe hacer algunas cosas para que la canción tenga un significado desde el primer momento. Mientras los niños miran la ilustración de la canción, es fundamental dialogar sobre los conceptos expresados en las palabras y escuchar cualquier comentario que pueda surgir de ellos. Al enseñar la canción por primera vez, la maestra debe cantarla sola cinco o seis veces mientras señala los elementos ilustrados, sin esperar que los niños se unan con ella en el canto. La repetición es muy importante para que aprendan bien la canción. Si la canción tiene ademanes, esto ayudará a que los niños capten las palabras y el ritmo. Sin embargo, los niños de tres y cuatro años generalmente seguirán los ademanes sin cantar la letra, o cantarán únicamente la última palabra de cada compás. Los de cinco años tendrán más facilidad para unir las dos cosas.

Se puede hacer la repetición de la canción en formas divertidas. Por ejemplo:

—Esta vez la cantamos sentados en el piso… esta vez arrodillados… esta vez se paran los que tienen puesto algo rojo… esta vez cantamos caminando al ritmo de la música, etcétera.

Está demás decir que la maestra debe saber entonar correctamente la melodía de la canción. Si no tiene habilidad en el canto, debe buscar algún ayudante que sepa cantar bien. En los materiales VLB todas las canciones se encuentran en un casete (Canciones para niños preescolares), donde de un lado se escuchan las canciones cantadas por niños, y del otro lado se encuentra la orquestación. Recuerde que los niños preescolares imitan todo, y si la canción se enseña mal entonada, así la aprenderán.

Cómo ilustrar los cantos para preescolares:

1. Seleccionar figuras que ilustren la letra de la canción, buscando en revistas sobre la familia, libros escolares en desuso, calendarios viejos, etcétera. Los niños en las ilustraciones deben ser de edad preescolar.

2. Cortar una hoja de cartulina en cuatro partes iguales. Cada una de estas partes, doblada por la mitad, forma las páginas del “libro” para los cantos. Unir las partes usando cinta de papel.

3. Usar pegamento en barra para pegar las figuras o ilustraciones a las hojas de cartulina, en el orden en que aparecen en la canción.

4. Escribir en cada hoja el texto de la canción que corresponde a la figura, usando letras de molde. Usar letra chica, ya que lo escrito es para la maestra. El niño no lo puede leer pero se fija mucho en la ilustración.

Diversidad en la oración

El niño preescolar puede aprender a orar en forma natural. El contenido de sus oraciones será mayormente expresiones sencillas de gratitud. Es importante que la maestra le ayude a aprender distintas formas de expresar esa gratitud a Dios. Lo ideal es que en cada lección haya un momento estructurado para la oración. Se pueden utilizar varios métodos de oración: la oración cantada; la que se repite frase por frase; la que se repite al unísono y la que es espontánea. Lo importante es que el niño comience a cultivar el hábito de hablar con Dios durante estos primeros años de su desarrollo espiritual.

La historia bíblica

En los materiales VIVIR LA BIBLIA las historias bíblicas vienen escritas en un lenguaje sencillo que el niño pueda entender. La maestra debe narrarlas tal cual se encuentran en el manual. El niño de esta edad necesita escuchar la historia bíblica en un vocabulario sencillo. Sin embargo, la maestra ¡no debe LEER el relato a los niños! Los niños necesitan el contacto directo con los ojos de la maestra mientras ella va narrando la historia. Para poder hacer esto, la maestra tendrá que leerla de antemano muchas veces en su casa como parte indispensable de su preparación. Como se ha dicho antes, la maestra debe empezar preparando la lección con la lectura de la Biblia siguiendo la lectura que se sugiere en la parte que dice: Base Bíblica. Luego debe leer el relato en el manual tantas veces como sea necesario hasta familiarizarse perfectamente con su contenido y desarrollo. Todas las lecciones de las series VLB vienen acompañadas con ayudas visuales para ilustrar las historias bíblicas. La maestra debe tenerlas a mano, en su orden correcto, para ir mostrándolas durante el desarrollo de la historia. Las láminas son sumamente importantes para esta edad, porque su vocabulario y experiencia son tan limitados que los conceptos bíblicos se distorsionan fácilmente si no tienen el respaldo visual. Después de narrar la historia bíblica, la maestra debe dejar las láminas y figuras a la vista para que los niños las vayan mirando individualmente. Algunas maestras protegen los visuales forrándolos con alguna película adhesiva transparente. Es importante que en la transición entre la Incentivación y la Historia Bíblica, la maestra abra su Biblia. Esto informa visualmente al niño que lo que se va a relatar viene de la Biblia y que no es una historia inventada cualquiera.

Se debe aclarar que las historias para esta edad son cortas a propósito porque es limitada la capacidad de los niños de mantener la atención. Por supuesto, los visuales ayudan a captar la atención. También sugiero que, para distinguir la Historia Bíblica de las otras actividades, se haga un cambio de lugar dentro del aula. Por ejemplo, cuando se está por narrar la historia, se pide que los niños vayan al rincón del aula donde pueden sentarse en el piso sobre una alfombra, o una manta gruesa. La maestra se sienta en un banquito o silla baja con los niños a su alrededor. Con el visual en la mano ella va mostrando las láminas en el momento indicado, asegurando que todos los niños lo puedan ver. Recuerde que el reclamo del niño: “¡Quiero ver!” es realmente: “¡Quiero tocar!” Este momento acogedor, de estar todos juntos escuchando lo que Dios dice en su Palabra, deja un recuerdo muy grato en el niño.

El uso de los títeres

Una ayuda didáctica sumamente útil en la enseñanza de preescolares es el empleo de títeres. Las lecciones VLB proveen muchas oportunidades donde la enseñanza se canaliza a través de títeres. El niño de cuatro y cinco años tiene una imaginación sumamente fértil pero que frecuentemente tiene dificultad en distinguir entre la fantasía y la realidad. Un ejemplo de esto se observa por el hecho de que muchos caracterizan al niño de cuatro años de ser un mentiroso. Pero lo que en realidad está pasando es que el niño está expresando en forma verbal los frutos de su imaginación. Mucho de lo que inventa no lo hace por mentir sino porque vive sus fantasías como si fueran reales. Esta área nebulosa para el niño entre fantasía y realidad nos obliga a utilizar los títeres con cierto cuidado.

Por ejemplo, no es conveniente hacer que títeres representen a personajes bíblicos porque la enseñanza bíblica se basa en personajes e incidentes verídicos. La Biblia no es un libro de cuentos inventados. Tampoco nunca se deben atribuir capacidades espirituales a títeres que representan animales. A los títeres no se les debe hacer orar ni hablar con Dios porque son figuras representativas. La oración es algo concreto, real; expresamos la comunión con Dios por medio de la oración. En ese sentido, entonces, el títere sí puede decirles a los niños que ellos deben hablar con Dios en oración. Los títeres más útiles para niños de esta edad son los que representan a los miembros de la familia o a otros niños.

Las dramatizaciones

La participación que se logra cuando un grupo de niños dramatiza una historia bíblica puede traer muchos beneficios. En algunas lecciones de las series VLB, una de las actividades de aplicación es la dramatización de la historia bíblica. En esto no se pretende una complicada producción teatral sino algo sumamente sencillo que dé lugar a la participación de todos los niños en algún rol. La maestra tiene que guiar a los niños en recordar el orden de las escenas y los diálogos de la historia. Esta actividad se hace más divertida cuando se utilizan disfraces sencillos: toallones, pañuelos, palos de escoba, etcétera. A veces la dramatización se hace más fácil cuando se hace por partes, es decir, cuando se divide la historia bíblica en dos o tres segmentos y se dramatizan las acciones que se acaban de narrar. Ocurre a veces que hay niños que no quieren participar en la dramatización. En estos casos es mejor no insistir sino decir simplemente: “Jorgito prefiere mirar mientras hacemos esto.”

A veces la maestra puede hacer un juego de la dramatización. Toma una parte de la historia y pide la participación de los niños en alguna acción. Por ejemplo, puede decir: “Ahora vamos a formar parejas como los animales que entraron en el arca de Noé y vamos a caminar alrededor del aula imaginando que estamos llegando al arca. El arca será la mesa donde al llegar se van a subir sobre ella (si es una mesa baja) o se van a meter debajo de ella (si es una mesa regular)” Para la maestra que sabe usar creativamente la dramatización, nunca habrá falta de interés de parte de los niños.

El trabajo manual

Los niños de todas las edades aprenden mejor cuando pueden participar en actividades que utilizan sus sentidos. Por eso, en cada lección de los materiales VLB hay un trabajo manual relacionado con la enseñanza de la lección. No es una actividad que se agrega para divertir al niño, sino otro elemento participativo adicional para reforzar lo aprendido. Algunos de los trabajos son más complicados que otros y requieren algo de preparación de antemano por parte de la maestra. Siempre conviene que la maestra arme una muestra de la manualidad para saber cómo funciona y cómo explicar su confección a los niños. (Nota: no debe colorear la muestra, porque los niños la van a querer copiar.) La manualidad debe ser llevada por los niños a sus casas el día en que la completen. Es un elemento visible para ellos y sus padres de lo aprendido en su clase de escuela dominical.

Es importante que la maestra recuerde que la meta del trabajo manual es la participación del niño en su propia expresión artística. No es una clase de dibujo y no se debe exigir que el niño copie cierto modelo. Debe tener la libertad de usar los colores que a él le agraden y colorear como él desee. Si aún le cuesta manejar bien la tijera, no es una tragedia. La maestra hace un remiendo rápidamente con cinta transparente, sin mayores comentarios.

Uno de los beneficios mayores de esta parte de la clase es que le otorga a la maestra la oportunidad de relacionarse individualmente con los niños, comentando sus esfuerzos, animándolos a seguir con lo que están haciendo y dándoles un abrazo o caricia como expresión de cariño genuino. Nunca se deben hacer comparaciones entre el trabajo de un niño y el de otro. Las diferencias en capacidad artística se deben a las experiencias vividas, destreza física y al estímulo que hayan recibido en el hogar. Lo importante es respetar el logro personal del niño, sea o no desprolijo y mal hecho. Hay maestras que quieren que los niños copien fielmente un trabajo que ellas han hecho. Hay otras que quieren hacer el trabajo por el niño. Esto anula el beneficio de la manualidad y le roba originalidad y logro al niño.

Está demás decir que la manualidad tendrá relación con la enseñanza solamente si la maestra explica esa relación. El niño la verá como una actividad para llenar el tiempo si no recibe una explicación adecuada. La maestra le ayuda a entender la relación mediante diálogo, conversación guiada y, a veces, una demostración de cómo se maneja el objeto confeccionado. La maestra se sienta un momento al lado del niño, toma su trabajo en la mano y dice: “¡Qué lindo trabajo has hecho! Si mamá te pregunta qué es, ¿qué le vas a decir? A ver. Primero le muestras esta parte y le dices…” En esta forma sencilla se graba la esencia de la lección y se le ayuda con palabras para explicar lo que ha aprendido.

La memorización de los textos

Cada lección de las series VLB contiene un texto para memorizar. El texto es, generalmente, una frase de un versículo más largo y resume la enseñanza principal de la lección. La meta de la memorización en el ámbito preescolar es comenzar a familiarizar al niño con palabras que vienen directamente de la Biblia. Las frases han sido seleccionadas pensando en las limitaciones de vocabulario y experiencia de esta edad. Por esta razón se utiliza siempre la Versión Popular Dios Habla Hoy o la Traducción La Biblia en Lenguaje Actual, y la Nueva Versión Internacional. Consideramos que el niño pequeño tiene la necesidad y el derecho de entender la Palabra de Dios para su propia vida espiritual.

Las lecciones incluyen actividades y juegos específicamente destinados para ayudar en la enseñanza del texto. Estas actividades tienen como finalidad dar un significado a las palabras que se memorizan. Aunque los niños pequeños pueden memorizar frases y palabras sin entenderlas en absoluto, esto no debe ser el caso cuando se trata de la Palabra de Dios. El niño de tres o cuatro años probablemente no recordará las frases enseñadas más allá de la hora de la clase. El de cinco años puede recordarlas si se hacen repasos adecuados. A veces el texto bíblico forma parte de la manualidad y entonces los padres pueden repasar la frase con sus hijos durante la semana.

Instrucciones para la maestra

En el comienzo de cada manual de los materiales de VLB hay una parte titulada Instrucciones para la Maestra. Se incluyen en estas páginas algunas ideas para ampliar el conocimiento de la maestra sobre la enseñanza espiritual del preescolar. Las ideas sugeridas tienen que ver con la decoración del aula, la confección de un títere, el control de la asistencia o algún otro método para incentivar la enseñanza. Estas ideas pueden ser aprovechadas y aplicadas sin demandar mucho tiempo o esfuerzo y por eso hacemos una fuerte recomendación para su uso. ¡Siempre es oportuno enriquecer la enseñanza!

El desafío de la enseñanza espiritual de los niños pequeños es muy grande. Requiere mucha paciencia y dedicación, además de un compromiso firme con el Señor para amarlos como él los ama. Sin embargo, las satisfacciones de enseñar a esta edad son múltiples. En una ocasión estaba hablando con una maestra de preescolares que se encontraba desanimada con su tarea. Le pregunté si había observado algún cambio en la vida de sus alumnos.

—Casi nada— me dijo —, aunque hoy Luisito oró en voz alta por primera vez.

—¿Y te parece poca cosa? —le pregunté —.Míralo así. Hay una persona que se llama Luis que el resto de su vida podrá decir: “Yo aprendí a hablar con Dios en oración porque una maestra llamada Mariela me enseñó.” ¿Qué podemos saber nosotros sobre el futuro de Luisito? Puede llegar a ser un gran evangelista o pastor de renombre. Puede llegar a ser el presidente de la república o un destacado empresario o un científico famoso. Sin embargo, dudo que alguien alguna vez le enseñará algo más importante de lo que tú le enseñaste, como hablar personalmente con Dios.

El desafío de la enseñanza espiritual del niño preescolar nos otorga este tipo de satisfacciones.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 119–134). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.