«ME HA HECHO QUEDAR MAL»

12 mar 2016

«ME HA HECHO QUEDAR MAL»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:

«Conocí a una señora, la cual era mi vecina, y le [dejé usar] mi nombre en varias ocasiones para que le prestaran plata…. La cuestión es que me ha hecho quedar mal. Me han dejado de hablar ella, su esposo y su hija, y yo me he ganado un problema con el dueño de la plata. Me han formado escándalo. ¡Estoy desesperada; no sé qué hacer!»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»Su vecina es una estafadora y usted dejó que ella la engañara. Casi de seguro ha hecho lo mismo con otras personas, y por eso no podía pedir dinero prestado a nombre propio…. Ella la engañó al convencerla de que era una verdadera amiga necesitada. Y de la bondad de su corazón, usted quiso ayudarla.

»Jesucristo mismo enseñó que, si bien el mandamiento más importante es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, el segundo mandamiento es amar al prójimo como a uno mismo.1 Amar al prójimo significa ayudarlo de cualquier modo que podamos, así que usted pensó que estaba haciendo algo bueno. ¿En qué se equivocó?

»Al autorizar a la mujer a que usara el nombre suyo, usted estaba dando su aprobación a la falta de honradez. Ella mintió, y usted dejó que lo hiciera. Usted le dio permiso para engañar al prestamista.

»Ahora tiene miedo de dar parte a la policía porque sabe que procedió de forma ilegal cuando permitió que ella usara su nombre. De ahí que la policía pudiera acusarla a usted de un delito al mismo tiempo que la acusen a ella. Mi consejo es que usted necesita contratar a un abogado para que la ayude a determinar cómo proceder.

»A no ser que el abogado pueda hallar una forma legal de obligar a la mujer a que pague la deuda, me temo que sea usted quien tenga que pagarla. El abogado le dirá si le conviene tratar de llegar a un acuerdo con el prestamista.

»Lamentablemente ha aprendido por las malas que nunca es aconsejable permitir que otra persona use el nombre suyo para obtener un préstamo. Amar al prójimo no quiere decir pedir dinero prestado ni mentir a petición de él, como tampoco prestarle dinero si uno no está en condiciones de perder lo que ha prestado.

»Hay muchas personas buenas que creen que se justifica mentir o engañar con tal de hacerlo por lo que consideran una buena razón. Hasta emplean la expresión «mentira piadosa» para describir una de esas mentiras. Sin embargo, el mandamiento que Dios le dio a Moisés no contempla ninguna excepción.2 … De seguro que Dios la perdonará si se lo pide. Ojalá que el prestamista sea tan misericordioso como Dios.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 242.

http://www.conciencia.net/

SALVOS DESPUÉS DEL JUICIO FINAL

SALVOS DESPUÉS DEL JUICIO FINAL

¿A dónde van a vivir los salvos después del Juicio Final?

David Logacho
Programa No. 2016-03-11
a1Asumo que cuando Ud. habla del juicio final, se está refiriendo a lo que se llama el Juicio del Gran Trono Blanco, porque ciertamente acontece al final de la historia de la humanidad en la presente tierra tal como la conocemos en la actualidad, antes de que Dios cree los cielos nuevos y la tierra nueva.

Apocalipsis 21:1 dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.”

Lo que relata este texto cronológicamente ocurre inmediatamente después del Juicio del Gran Trono Blanco. La presente creación será deshecha por fuego, a fin de que sea purificada de todos los efectos del pecado.

Esto es lo que podemos apreciar en 2ª Pedro 3:10 que dice: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”

A todo esto, los salvos que habiten la tierra en ese momento, cuando llegue el final del reino milenial, serán puestos por Dios a buen recaudo, conforme a la promesa de 1ª Pedro 3:13 que dice: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.”

Tenemos entonces, que los salvos del milenio, se unirán a los salvos del Antiguo Testamento, a los salvos de la iglesia y a los salvos de la tribulación en la morada de Dios o el cielo o la nueva Jerusalén. Pero note lo que sucede después.

Apocalipsis 21:2-3 dice: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán sus pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.”

Lo que estamos contemplando es una fusión de los cielos nuevos y la tierra nueva con la nueva Jerusalén y el resultado de esa fusión es lo que se llama el estado eterno, que no es otra cosa sino el cielo, la morada de Dios. Todo este razonamiento para llegar a la conclusión que los salvos en la tierra durante el milenio, pasarán a morar en el cielo por la eternidad.

http://labibliadice.org/pregunta-del-dia/salvos-despues-del-juicio-final/

MÁS EJEMPLO, MENOS PALABRAS

MÁS EJEMPLO, MENOS PALABRAS

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-11
a1Nuestro mundo cada vez está más repleto de palabras, palabreros, discursos, órdenes, mensajes y huecos profesionales de la oratoria. Pero escasean los ejemplos. Esas vidas genuinas que transmiten su mensaje silencioso pero efectivo. Alguien dijo que las palabras mueven, sí, pero son los ejemplos los que influencian y arrastran. Si hubo una persona que logró más con su ejemplo que con sus palabras ese fue Jesús. Tal es así que en los tramos finales de su vida terrenal se despedía de sus discípulos y lo hizo con un discurso que abarca tres capítulos del evangelio de San Juan comenzando con el 14.  Pero en el número 13 deja atónitos a los suyos cuando, en medio de la última cena, la de la pascua,  le ven agacharse y lavar los 24 pies sucios de cada uno de ellos y, de una forma silenciosa pero natural, acaba su  didáctica, vuelve  a la mesa y sigue comiendo. Recién entonces les explica lo que había hecho como para que no quede duda alguna de lo que les quiso comunicar. Así de sencillo, así de natural, sin palabras, pero con un fuerte ejemplo de amor y servicio que sería la materia prima que encendió el corazón de aquellos jóvenes discípulos para dar vuelta el mundo de aquel entonces con la llama del evangelio. Él no buscaba ejemplos que agregar a sus palabras, sólo le ponía algunas palabras a sus propios ejemplos. Tenemos que aprender  a transmitir más lecciones  con nuestro ejemplo que con nuestras palabras.

El principio básico de la educación es el encontrar situaciones en nuestras vidas que grafiquen las verdades que intentamos transmitir y aprovechar al máximo esas situaciones. De lo contrario sólo estamos informando pero nunca educando y la educación sin formación produce deformación. Jesús fue un educador modelo. Su cátedra ambulante durante los tres años que duró su ministerio fueron justamente esas situaciones cotidianas donde Él era siempre el ejemplo  a seguir y esas situaciones fueron el púlpito desde el cual impartía sus enseñanzas.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Educar es mucho más que informar, es formar desde tu propio ejemplo.

HASTA LA BASURA SIRVE PARA ALGO

11 mar 2016

HASTA LA BASURA SIRVE PARA ALGO

por el Hermano Pablo

a1Mirar desde la ventana de ese sexto piso era ver un paisaje gris y sombrío. Porque la ventana de ese apartamento daba a un oscuro callejón del barrio de Harlem, Nueva York. Y el callejón era, en sí mismo, un enorme depósito de basura infestado de ratas.

Fue por esa ventana, a treinta metros de altura, que cayó el pequeño Ramal Gentry, de dos años de edad, hijo de Rhonda Gentry. Pero la basura lo recibió blandamente, como los brazos mismos de su madre, y el pequeño no sufrió más que el susto. «Dios y la basura —declaró después la madre— hicieron el milagro.»

Es interesante cómo aquello que tenemos por inservible viene a veces a salvarnos de algún desastre. Se supone que la basura no sirve para nada. Por eso la quitamos de la casa, la metemos en bolsas plásticas o de papel y la llevamos a un basurero. O la dejamos en el sitio indicado para que la recoja la municipalidad.

Las grandes ciudades del mundo recogen cada día millones de toneladas de basura y la llevan lejos, para que no ofenda a nadie. Pero con esa basura se rellenan terrenos baldíos, o se pone la base para nuevos caminos, o se quema y se saca de ella energía.

En el caso del pequeño Ramal, la basura sirvió para salvarle la vida y para que su madre elevara una oración de gratitud a Dios.

En la célebre parábola del hijo pródigo relatada por Jesucristo, se cuenta del joven que vivió perdidamente derrochando toda su herencia. Lo gastó todo hasta que se vio pobre y derrotado, cuidando cerdos y comiendo basura. Pero esa miserable situación sirvió para que el pródigo tuviera una reacción moral, que lo hizo regresar a la casa de su padre y al albergue de la familia.

¿Será posible que nos hallemos hoy en medio de lo que consideramos un montón de basura? Es más, ¿nos consideramos nosotros mismos basura? Quizá la vida nos haya vencido. Quizá los vicios nos tengan derrotados. Quizá nos hallemos quebrantados, amargados, desalentados. Quizá hayamos perdido toda esperanza de recuperación y aun todo deseo de vivir.

Ha llegado entonces el momento de reaccionar. Ha llegado el momento de pedir socorro divino. Ha llegado el momento de confesar, como el hijo pródigo: «He pecado contra el cielo y contra ti» (Lucas15:21). Y clamar: «¡Ayúdame, Señor!» Jesucristo puede sacar a todo ser humano de cualquier basurero, no importa lo grande o maloliente que sea. Basta con que clame a Dios en medio de su dolor. Él sólo espera oír su clamor.

http://www.conciencia.net/

«MUCHO RENCOR EN CONTRA DE MI PADRE»

10 mar 2016

«MUCHO RENCOR EN CONTRA DE MI PADRE»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de una mujer que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue:

«Guardo mucho rencor en contra de mi padre, pues él ha sido el hombre más cruel que he conocido. Hiere a mi madre tanto física como psicológicamente. Es alcohólico, y usa palabras hirientes y obscenas. Toda mi vida le he tenido odio y rencor por todo lo que nos ha hecho, llegando al punto de querer atentar contra su vida para que este sufrimiento pare.

»Mi madre es creyente en Dios, y yo he asistido a la iglesia desde pequeña. Creo que eso ha evitado que [yo trate de matar a mi padre]. Quisiera que me aconsejaran para poder perdonar y sacar todo esto que siento en mi corazón.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»Su caso nos entristece mucho. ¡Con razón que siente tanto odio y rencor! …

»Ese deseo de hacerle daño a su padre ha sido el único modo que se le ha ocurrido a usted para actuar conforme a la angustia que ha sentido. Pero como usted ha asistido a una iglesia, sin duda ha estudiado la Biblia y sabe que el apóstol Pablo enseñó: “No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios”.1 Sin embargo, es muy difícil desprenderse de todo ese rencor y dejar que Dios mismo se encargue del castigo.

»Debido a que el rencor y el resentimiento son casi exclusivamente internos, nos hacen daño de adentro hacia afuera…. Los sentimientos de rencor rondan una y otra vez en nuestra mente, haciendo cada vez peor nuestro estado emocional. El guardar rencor puede resultar en depresión y ansiedad. Puede privarnos del gozo aun en momentos que debieran ser alegres. Y hasta puede ser la causa de síntomas físicos tales como la presión arterial alta.

»… Si bien el padre suyo tiene la opción de portarse bien o mal y de hacerles daño o no a otras personas, usted y su mamá tienen así mismo la opción de sacarlo de la casa o alejarse de él. Dios promete protegernos, pero Él espera que cada uno de nosotros haga lo que esté a su alcance para protegerse. Él nunca quiere que ninguno de nosotros permanezca en una situación peligrosa si podemos evitarlo.

»El perdón es un acto sobrenatural. Usted debe pedirle a Dios que le dé la capacidad de perdonar a su padre. Determine, cada día, varias veces al día, decirle a Dios en oración: “Señor, yo lo perdono y estoy dispuesta a ceder el derecho que tengo de odiarlo y de guardarle rencor.” Siga orando de esa manera, y luego confíe en que Dios se encargará de su padre.

»Recuerde que el perdón no absuelve lo que ha hecho su padre, ni quiere decir que usted deba darle la oportunidad de seguir hiriéndola. Así que haga lo necesario para alejarse de él.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 380.

TOMAR LA VIDA EN VERSO

9 mar 2016

TOMAR LA VIDA EN VERSO

por el Hermano Pablo

a1Los versos estaban mal compuestos, pero de todos modos, eran versos. Es difícil lograr la rima y la cadencia de un Rubén Darío o de un Guillermo Valencia. Los versos decían así: «No debiste matar de noche / ni debiste matar de día. / Ahora debo sentenciarte / a prisión por toda tu vida. / Mataste a tu dulce esposa, / que tanto amor te tenía. / Ahora te han castigado: / ¡era lo que merecías!»

Los versos los compuso el juez Robert Fitzgerald para condenar a cadena perpetua a David Schoenecker, de cincuenta y un años de edad. Schoenecker había matado a su esposa. Es la primera sentencia en verso que se conozca.

Parece que el criminal había escrito también unos versos cuando mató a su esposa. Y aun después de oír la sentencia, escribió una cuarteta más: «Cuando yo escribí mis versos, / me encontraba muy enfermo. / Cuando el juez escribió los suyos, / no sufría de mal alguno.»

No tomar uno en serio sus ofensas, no sentirse avergonzado de sus agravios, no sentir remordimiento ante el daño que uno provoca, es añadirle mal al mal. Ponerle nombres bonitos a las cosas feas no las mejora en nada. Y escribir versos para constatar un asesinato no cambia en nada el horrendo acto. Incluso, los versos del juez, de amargo buen humor, no alivian tampoco la sentencia. Con todo y versos, el hombre habría de pasar el resto de su vida en la cárcel.

No hay que prodigar elogios al delito. No hay que cantarle loas a la muerte. No hay que pronunciar alabanzas al pecado. Algunos quieren hablarle con sarcasmo a la vida y proferir insultos al destino, pero no son más que pobres recursos del despecho que en nada aminoran el crimen.

Las palabras del rey David, confrontado por su pecado de tomar como mujer a Betsabé, esposa del soldado Urías, y de enviar a Urías al frente de batalla para que lo mataran, no eran palabras de un rey arrogante. Eran las de un pecador contrito y humillado. «Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor…. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu» (Salmo 51:1,10).

Y cuando Cristo quiso enseñarnos cómo debe un malhechor responder ante sus delitos, lo hizo poniendo una oración en labios de un desgraciado recaudador de impuestos. Las palabras son éstas: «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!» (Lucas 18:13).

No miremos con impudencia nuestro pecado. No hay ni gracia ni perdón para el que no confiesa su mal. Reconozcamos nuestra rebeldía, admitamos nuestra indocilidad, confesemos nuestro pecado, y Dios en un instante nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.

LA MUERTE COMO UN AGUIJÓN

LA MUERTE COMO UN AGUIJÓN

a1Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Hablando de los momentos difíciles que todos enfrentamos en la vida, nos estamos refiriendo al valle de la muerte. En esta oportunidad, hablaremos de la muerte como un aguijón. Que Dios utilice su palabra para nuestra edificación espiritual.

La Biblia nos habla de la muerte en forma de metáforas con la finalidad de que podamos entender su real significado. Ya hemos visto que la muerte es vista en la Biblia como un lazo. A no ser que el Señor venga por su iglesia muy pronto, es muy posible que usted y yo seamos atrapados en el lazo de la muerte. Si somos del Señor, por haber recibido a Cristo como Salvador, no debemos temer ser tomados por sorpresa en el lazo de la muerte. La palabra de Dios nos habla de que el temor de Jehová es manantial de vida. También hemos visto que la muerte es vista en la Biblia como una ligadura. Una ligadura que oprime y produce aflicción y dolor. Muchos de nosotros hemos vivido esta realidad cuando ha muerto un ser querido. Es indescriptible el dolor que se siente, aunque es necesario señalar que también está a la mano el consuelo de saber que la persona amada está disfrutando de rica bendición en el cielo. Esto último, por supuesto, en el caso de los que hemos confiado en Cristo como nuestro Salvador únicamente. Lo último que vimos fue que la muerte es considerada en la Biblia como una sombra. La sombra, aunque existe, es como si no existiera. Así es la muerte para el creyente. La muerte en el caso de los creyentes ha perdido ese sabor a derrota, a que todo ha terminado, como normalmente se presenta. La Biblia nos promete que aunque andemos en valle de sombra de muerte, no debemos temer mal alguno, porque Jehová está con nosotros. A decir verdad, es Jehová con todo su poder a disposición, quien hace que la muerte sea nada más que una sombra para los creyentes. En esta oportunidad vamos a tratar sobre otra metáfora de la muerte. La muerte es vista en la Biblia como un aguijón. En 1 Corintios capítulo 15, el apóstol Pablo recuerda a los creyentes de Corinto que algún día, sus cuerpos mortales se transformarán en cuerpo inmortales, cuerpos incorruptibles, cuerpos incontaminados, cuerpos inmarcesibles, cuerpos glorificados. Esto sucederá cuando seamos levantados de los muertos y seamos revestidos de cuerpos glorificados, a semejanza del cuerpo glorificado de Cristo. Estos serán cuerpos diseñados para la eternidad, cuerpos que no envejecen, cuerpos que no enferman, cuerpos que no sufren dolor, cuerpos que nunca se cansan, cuerpos que no tienen ningún vínculo con el pecado. Al meditar en esto, el apóstol Pablo prorrumpe en una doxología que brota de lo más profundo de su ser. 1 Corintios 15:54, al final, dice: Sorbida es la muerte en victoria. Luego mira a la muerte como un enemigo derrotado y pronuncia las palabras que tenemos en 1 Corintios 15:55-57. La Biblia dice: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

1Co 15:56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.

1Co 15:57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

1Co 15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

Sí. La muerte es como un aguijón. El aguijón es la púa que tienen en el extremo del abdomen el escorpión y también otros insectos, como las abejas y las avispas, y con lo cual pican. Yo nunca he sido picado por el aguijón de un escorpión, pero recuerdo muy bien, cuando siendo niño, una abeja hundió su aguijón en mi pie cuando estaba caminando descalzo sobre el pasto fresco. Qué dolor. Mi pie se hinchó tanto, pero tanto, que no podía usar zapatos por un par de días. Lo peor fue que era en época de vacaciones de la escuela y justo esos días estaba por acompañar a mi papá en uno de sus viajes. Por culpa de ese aguijón hincado en mi pie me tuve que quedar en casa casi inmóvil. Me imagino que será mucho más dolorosa la picadura de un escorpión. He oído que algunas especies de escorpión inyectan un veneno tan poderoso al picar, que aunque no producen la muerte en las víctimas, el dolor es tan intenso que las víctimas quisieran morirse. Pero mucho más grave y severo es el aguijón de la muerte amable oyente. Este aguijón de la muerte, puede arrojar a una persona incrédula a su eterna condenación. Pero cuan diferente es el caso de los que somos creyentes. En este caso, el aguijón de la muerte se clava, causa dolor, angustia y sufrimiento, pero nada más. Los creyentes estamos inmunizados contra el veneno del aguijón de la muerte. Esta inmunización la logramos cuando confiamos en Cristo como nuestro Salvador personal, porque fue él, quien con su muerte y resurrección ganó para nosotros la victoria sobre la muerte. Por eso dijo Pablo: Sorbida es la muerte en victoria. Jesús conquistó a la muerte. Jesús privó a la muerte de su aguijón y Jesús hace posible que nosotros también podamos conquistar la muerte. ¿Significará esto que la muerte ya no causará ningún dolor a nosotros que somos creyentes? De ninguna manera. La muerte no es natural al ser humano en general y por tanto, la muerte seguirá siendo un lazo, una ligadura, una sombra, tal como lo hemos descrito anteriormente, pero aún así, la muerte para los creyentes ya no es lo que solía ser. La muerte ya no es el fin de todo. La muerte ha sido derrotada por la nueva vida que tenemos en Cristo. Es justamente esta nueva vida que tenemos en Cristo, lo que nos capacita para soportar bien sea nuestra propia muerte o bien sea la muerte de algún ser querido. Todos nosotros hemos probado el aguijón de la muerte. Todos nosotros hemos experimentado el dolor y la angustia de la pérdida. En el proceso de salir del valle de la muerte, en el proceso de recuperarnos la pérdida causada por la muerte, tenemos la tendencia a describir a la muerte con frases llamativas para minimizar su lacerante tragedia. Pero nunca debemos dejar de lado las metáforas que la Biblia utiliza para describir a la muerte. Dios dice en su palabra que la muerte es un lazo, es una ligadura, es una sombra y es un aguijón. Sin embargo de esto, para los que somos creyentes, la muerte ha sido sorbida en victoria. Dios ha derrotado a este poderoso enemigo por medio de la muerte y resurrección de su Hijo amado, el Señor Jesucristo. Si ha recibido a Cristo como Salvador, puede mirar a la muerte de frente y reconocer que su aguijón no tiene ya el poder para causar destrucción. Usted puede salir victorioso del valle de la muerte, pero no será sin que antes haya confiado totalmente en Dios quien le ama tanto que dio a su Hijo unigénito para que muera en lugar de usted. Si está experimentando el dolor por la muerte de uno de los suyos que confió en Cristo, recuerde la letra del himno que se cantó en la ceremonia fúnebre de Carlos Spurgeon. La letra del himno fue escrita por Sarah Doudney bajo el título: Las buenas noches del cristiano. Una parte de la letra dice así: Duerme, amado, duerme y toma tu descanso. Inclina tu cabeza sobre el pecho de tu Salvador. Te amamos mucho, pero el Señor Jesús te amó más. Buenas noches, buenas noches. Pensar así no resulta de la nada, amable oyente. Resulta de una dependencia total hacia aquel que derrotó a la muerte, por medio de su muerte y resurrección. Si usted se siente indefenso ante la muerte bien sea la suya propia o la de alguien que quiere y aprecia mucho, es probable que no conozca personalmente al único que puede darnos victoria sobre la muerte, al Señor Jesús. Si ese fuera el caso, no siga más a merced del temor a la muerte. Hoy mismo reconozca que es pecador, porque la Biblia dice que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. Luego reconozca que está en peligro de recibir castigo eterno a causa de su pecado. La Biblia dice que la paga del pecado es muerte. Después reconozca que Dios ama al pecador. Dios le ama, amable oyente y por ese amor, Dios envió a su Hijo unigénito a este mundo para que muera en la cruz por usted, tomando sobre sí el castigo que usted merece. Y no olvide que el Señor Jesús venció la muerte, porque la Biblia dice que resucitó al tercer día. Habiendo reconocido todo esto, dé un paso de fe recibiendo a Cristo como su Salvador. La Biblia dice: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Cuando tome la decisión de recibir a Cristo como su Salvador, se terminará el temor a la muerte. La muerte ya no será el aguijón que pone fin a todo y usted también podrá decir como muchos ya lo decimos: ¿Dónde está, oh muerte tu aguijón? Que Dios le bendiga.

LO QUE TU MUNDO NECESITA.

LO QUE TU MUNDO NECESITA.

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-08
a1«No puedo creer lo que hacen nuestros funcionarios del gobierno. ¡Si estuviera en su lugar, yo haría…!» «Nuestras escuelas andan mal. ¡Alguien debería hacer algo!…» Es fácil analizar, escudriñar, y hablar acerca de los problemas del mundo. Abundan los criticones, los quejumbrosos, los que se han nombrado a sí mismos juez y abogado. Sin embargo, lo que en realidad necesitamos son personas que no sólo discutan una situación, ¡sino que hagan algo al respecto! Se necesitan hombres maduros que, en vez de quejarse y revolcarse en la autocompasión y en el sufrimiento, actúen. Personas que organicen, administren, supervisen y alienten, que se enfrenten a la oposición, confronten la injusticia, y se mantengan así hasta cumplir las metas propuestas. ¡Un hombre de acción! Al estilo de Jesús, de Pablo, de Gedeón, de Moisés. Quizás tú pienses que no encajas en ese tipo de listas. Te sientes muy cómodo en la banca de los suplentes o en el sillón de tu sala viendo como otros transpiran la camiseta. Suspiras profundamente recluido en el anonimato y simplemente dices: “Esto no es para mí”. Permíteme decirte que la lista que te presenté recién no fue una lista de súper hombres o súper dotados, fueron hombres comunes que no se quedaron de brazos cruzados esperando que alguien haga lo que ellos, guiados por su Dios, eran capaces de hacer.

Mira, Dios no busca a aquellos que se sienten capaces para la tarea sino aquellos que, en actitud sincera, le dicen a Dios como Pablo: Soy inútil sin su fortaleza, todo lo que hago lo hago por la gracia de Dios en mí, o como Gedeón que tuvo que poner a prueba a Dios varias veces hasta estar seguro que era Dios el que le hablaba y no hacer el ridículo frente al pueblo, o Moisés: “Te equivocaste, Señor, envía al que debes enviar”. ¡Esas son las personas que Dios está buscando! Es de entender que justamente esas personas sinceras son las que se resistirán inicialmente al encargo, pero luego de que Dios perfeccione Su obra en sus vidas serán los factores de cambio que el mundo necesita.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Cuando Dios te encargue un asunto acéptalo, Él no se equivoca.

«YO… ME CASO CON CUALQUIERA»

8 mar 2016

«YO… ME CASO CON CUALQUIERA»

por Carlos Rey

(Día Internacional de los Derechos de la Mujer)

¡Caramba!, quiero casarme,
aunque mi mamá lo sienta;
porque paso de los treinta
y yo no quiero quedarme.
Yo estoy ya por colocarme;
pero de cualquier manera,
sin andar con más espera
ni más vuelta al pensamiento,
yo estoy ya por casamiento
y me caso con cualquiera.

Cansada estoy de esperar
y me moriré de vieja
esperando esta pareja
con quien me quieren casar,
que del cielo ha de bajar:
blanco, noble y millonario,
de un talento extraordinario,
buen mozo, muy elegante,
que toque el piano y que cante
más bonito que un canario.

Mi mamá culpa ha tenido
que llegara yo a esta edad
sin esa felicidad
de tener un buen marido;
porque a ella le ha cogido
con que debo ser casada
con ministro o embajada
de Alemania o [de] Inglaterra
cuando aquí en nuestra tierra
no valemos casi nada.
. . . . . . . . . .
No quiere que tenga amores,
ni quiere que al parque vaya,
porque no falta canalla
entre los visitadores,
ni por los alrededores
de casa pisa varón;
porque dizque todos son
unas aves de rapiña
que se llevan a las niñas
como a paloma un gorrión.
. . . . . . . . . .
Envidia me causa ver
miles mujeres casadas,
que están muy bien colocadas
por no ponerse a escoger,
pues el mucho pretender
y ese orgullo mal fundado
no da ningún resultado;
pero ni luce ni cabe
donde todo el mundo sabe
del pie [del] que uno ha cojeado.
. . . . . . . . . .
Así es que quiero casarme
con el hombre que me cuadre,
y no con el que mi madre
por esposo quiera darme;
pues yo no quiero quedarme
como otras que están penando,
que por estar esperando
casarse con un sultán,
vistiendo santos están
y en las iglesias cantando.1

a1Por algo será que estas simpáticas décimas escritas en Santiago de los Caballeros el 29 de septiembre de 1904 las dedique el autor cibaeño Juan Antonio Alix a la juventud alrededor del mundo. Es que, como bien dice el refrán que cita el dominicano Alix en su dedicatoria, «en todas partes se cuecen habas».

Vale la pena aclarar que Alix sin duda exagera a propósito al representar a la mujer de estas décimas como quien está dispuesta a casarse con cualquiera. En realidad, lo que apasiona a la tal mujer es casarse con el hombre que quiera ella misma y no con el que quiera su mamá. De modo que no se trata de mofarse de la condición de la mujer sino de considerarla, reconociendo que Dios la creó con libre albedrío para que ella, cuando alcanzara la madurez necesaria, dirigiera su propio destino.

Pero más vale que toda mujer se valga de esa libertad no sólo para resolver su estado civil, determinando así su destino matrimonial, sino también para resolver su estado espiritual, determinando así su destino eterno. Pues la relación que podamos o no tener con un cónyuge es transitoria, mientras que la que tengamos o no tengamos con Dios es permanente, y por eso tiene consecuencias eternas. Lo paradójico del caso es que Dios, mejor que nadie, sabe «del pie del que uno ha cojeado», y sin embargo quiere tener una relación íntima con cada uno de nosotros. Y a diferencia del anhelado marido de la mujer de estas décimas de Alix, Dios sí bajó del cielo, enviando a su Hijo Jesucristo a fin de mostrarnos su amor incondicional para que, con sólo buscarlo, pudiéramos comenzar a disfrutar de una feliz relación con Él para siempre.

LA SOMBRA DE LA MUERTE

LA SOMBRA DE LA MUERTE

a1Es un gozo estar nuevamente junto a usted amable oyente, para compartir nuestro estudio bíblico de hoy. Estamos tratando el tema de los sinsabores de la vida. Los hemos llamado valles. Ya hemos hablado del valle de la duda, del valle de la depresión, del valle de la calamidad y estamos en proceso de tratar el tema del valle de la muerte. Para salir victoriosos del valle de la muerte es necesario reconocer a la muerte tal cual como la Biblia lo presenta. La muerte es en esencia consecuencia del pecado en el hombre y por tanto no es natural al hombre. Por eso, hemos visto ya que la muerte es como un lazo que atrapa por sorpresa a sus víctimas. También es como una ligadura que causa dolor y aflicción a los que son apretados en ella. En esta oportunidad hablaremos de la muerte como una sombra. La sombra de la muerte.

Una parte del hermoso y popular salmo 23 dice textualmente: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. En esta porción bíblica, se compara a la muerte con una sombra. La sombra es una metáfora de la muerte amable oyente. De esto podemos aprender algunas cosas sobre la muerte. En primer lugar la sombra se presenta pero es como si no fuera real. Permítame explicarlo. Usted ve la sombra, está allí, pero es lo mismo que si no estuviera. No ocupa lugar en el espacio. La sombra puede entrar al agua y no se ahoga, al fuego y no se quema, puede ser pisoteada y golpeada y ni se inmuta. Es como si no existiera. Bueno, la muerte es igual. La muerte está presente, pero no es real. Es como la sombra. En segundo lugar, la sombra nos sigue dondequiera que estemos en un día soleado. Igual es con la muerte, nos sigue dondequiera que estemos a la luz de la vida. Si no hubiera vida no habría muerte. En tercer lugar, la sombra es inofensiva. Esto es una lección que los niños aprenden muy rápido en alguna etapa de su crecimiento. Cuando son muy tiernos tienen miedo de la sombra. Pero cuando crecen aprenden que la sombra es inofensiva. Así es con la muerte. Está presente, pero es inofensiva. Si pretendemos salir victoriosos del valle de sombra de muerte debemos mirar a la muerte como una sombra. Así es como se ve a la muerte en la Biblia. Permítame citar algunos textos donde esto se hace evidente. Isaías 9:2 dice: El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.

Esto se refiere al efecto de la presencia de Jesús en el mundo. Sin Jesucristo, el mundo estaba sumido en sombra de muerte, pero cuando Jesucristo vino, resplandeció la luz y se disipó la sombra. Jeremías 13:16 dice: Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga venir tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis luz, y os la vuelva en sombra de muerte y tinieblas.

Una vez más, este texto nos habla de sombra de muerte. En los Salmos, se nos habla también de la muerte como una sombra. Salmo 44:19 dice: Para que nos quebrantases en el lugar de chacales,

Y nos cubrieses con sombra de muerte.

Job fue alguien que tuvo a la muerte en su familia y muy cerca de él mismo. Una persona con autoridad para hablar sobre la muerte. Mire lo que dice una parte de su libro. Job 3:5 Aféenlo tinieblas y sombra de muerte;

Repose sobre él nublado Que lo haga horrible como día caliginoso.

Está claro entonces que la Biblia nos muestra a la muerte como una sombra. Algo que está presente, pero es como si no estuviera. Algo inofensivo. Algo que no se debería temer. Así es como lo consideró David cuando escribiendo el Salmo 23 dijo aquellas magistrales palabras: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. La muerte es una sombra. No hay motivo para temer. La presencia augusta de nuestro Padre celestial desvanece el temor que produce la sombra de la muerte. Sólo así se explica que por ejemplo Susana Wesley, la madre de Juan y de Carlos, dijera antes de morir: Hijos, cuando me vaya, canten un himno de alabanza al Señor, o que Lady Glenorchy dijera: Si esto es morir, es la cosa más placentera imaginable. O que John Pawson dijera: Sé que estoy muriendo, pero mi lecho de muerte es un rosal. El cielo ya ha comenzado para mí. La muerte no es más que una sombra mi amiga, mi amigo. Es real pero es inofensiva. Pero a lo mejor, amable oyente, usted ha considerado a la muerte como el más peligroso adversario. Si ese es su concepto de la muerte, es probable que no tenga a Cristo como su Salvador. Porque si este es su caso, entonces allí si, la muerte es lo peor que le podría sobrevenir, porque la muerte en este caso significa el fin de su oportunidad para recibir a Cristo como su Salvador y usted saldrá de este mundo directo a su eterna condenación. Cuando el filósofo ateo Voltaire estaba en su lecho de muerte dirigiéndose a su médico de cabecera le dijo: Me siento abandonado de Dios y del hombre. Le daré la mitad de mi fortuna si me concede seis meses más de vida. El médico respondió: Señor, usted no va a vivir ni seis semanas. Voltaire contestó: Entonces me iré al infierno, y usted irá conmigo. Poco tiempo después expiró. Esta es la realidad para los que no conocen a Cristo como Salvador amable oyente. Pero en cambio para los que conocemos a Cristo como Salvador, la muerte es sólo como una sombra. Está pero es inofensiva. Cuando Juan Knox estaba por expirar dijo: vivan en Cristo, vivan en Cristo y la carne no tendrá por qué temer a la muerte. Martín Lutero dijo al morir: Nuestro Dios es el Dos de quien viene la salvación. Dios es el Señor por quien escapamos de la muerte. ¿Quiere usted mirar a la muerte como una sombra, así como lo presenta la Biblia, así como lo vieron Job, David, Isaías, Jeremías? Entonces necesita primero mirar al Salvador Jesucristo. Necesita mirarlo muriendo en la cruz en lugar de usted. La Biblia dice que usted es pecador y que por tanto está separado de Dios y condenado a una eterna perdición tan pronto salga de este mundo. Pero Dios le amó tanto, que dio a su Hijo unigénito para que creyendo en él tenga no sólo la salvación de su alma, sino también la paz de saber que la muerte es sólo una sombra. Esta es la esperanza que tenía D. L. Moody.

Sabiendo que pronto se iría de este mundo, Moody dijo a un amigo: Algún día, leerás en los periódicos que D. L. Moody de Northfield ha muerto. No creas una palabra de ello, porque en ese mismo momento, yo estaré más vivo que lo que estoy ahora. Habré ido lo más alto posible. Estaré fuera de esta vieja y deteriorada habitación de barro a una casa que es inmortal, a un cuerpo que no puede ser tocado por el pecado, un cuerpo que no puede ser manchado por el pecado, a un cuerpo a semejanza del cuerpo glorioso de Cristo. Yo nací en la carne en 1837, nací en el Espíritu en 1856. Lo que nació de la carne debe morir, pero lo que nació del Espíritu vivirá para siempre. Ah, amable oyente, qué seguridad que tenía este hombre. Qué confianza en cuanto a que la muerte es sólo una sombra. ¿Tiene usted esta seguridad? Si no la tiene, ¿le gustaría tenerla? Si es así, entonces es necesario que hoy mismo llegue a tener vida eterna. La vida eterna amable oyente es Cristo morando en el ser humano. Para eso, es necesario que delante de Dios se vea a usted mismo como un pecador imposibilitado de cumplir con las demandas de Dios para obtener la salvación. Es necesario también que se vea en el peligro de ser condenado en el infierno de fuego por la eternidad y finalmente es necesario que vea a Cristo Jesús recibiendo sobre sí mismo el castigo que como pecador merece. Cuando tome conciencia de esto, es imprescindible que reciba a Cristo como su Salvador personal. Para ello, solamente hable con Dios como hablara a su mejor amigo y en la dulce quietud de la conversación con él, reciba el regalo que él le ha hecho en Cristo. Sólo así, podrá considerar a la muerte como la consideraron personajes como Job, David, Isaías. Es decir, considerará a la muerte como una inofensiva sombra.