Grace en Español

Nuestro Sumo Sacerdote

Josías Grauman

 

 

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

https://www.gracechurch.org/espanol

M6 – Viviendo de manera intencional

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M6 – Viviendo de manera intencional

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Viviendo-de-manera-intencional/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss ha leído el pasaje en Tito 2 que habla de cómo las ancianas deben enseñar a las mujeres más jóvenes. Ha sido de mucha convicción.

Nancy Leigh DeMoss : De manera que me hago la pregunta: Si las mujeres a las que me dirijo a través de este ministerio de Aviva Nuestros Corazones y las mujeres con las que me relaciono si esas mujeres hablaran como yo hablo, si compraran como compro, si comieran lo que yo como, u oraran como yo oro, si confiaran como yo confío ¿cómo lucirían sus vidas?

Si sus vidas no superan el ejemplo de mi vida, ¿qué clase de discípulos estoy produciendo? ¿Qué clase de discípulos estas produciendo tú?

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Es tan fácil dejarse llevar por la vida. Hoy les invitamos a ser intencionales, invirtiendo en actividades y relaciones realmente duraderas. Este es el último mensaje práctico de la serie que hemos llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy : Durante las últimas sesiones, hemos estado viendo el perfil que Pablo nos da en Tito capítulo 2 sobre cómo debe lucir una mujer cristiana de edad madura una anciana; hemos visto algunas de las cualidades de carácter que debe manifestar en su vida.

Decíamos que no debemos comenzar a pensar en estas cosas cuando ya somos ancianas —independientemente de cuándo esto sea— sino que es algo que debemos considerar desde nuestra juventud.

Hemos estado estudiando sobre Tito 2. Permítanme tomar el comienzo del capítulo para recapitular. Pablo ha dicho a Tito, “Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (versículo 1).

En esos tiempos las personas no se preocupaban por la sana doctrina y sus pensamientos estaban confundidos y sus estilos de vida eran desastrosos —eso es lo que leemos en Tito capítulo 1— una época muy parecida a la nuestra de hoy.

De manera que él dice que así es como luce la sana doctrina (versículo 2) para los hombres mayores: “Los ancianos deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia.”

Y en el versículo 3, dice que así es como luce la sana doctrina que deben lucir las ancianas: “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas del mucho vino”.

Hemos pasado un poco de tiempo en este versículo en este asunto de ser esclavas de mucho vino; de las adicciones, del abuso de sustancias, y de cómo vivir vidas que no sean auto- indulgentes, sino que estén bajo el control del Espíritu Santo.

Entonces la primera parte del versículo 3 nos habla acerca de quién es esa anciana esa mujer mayor, como luce, su carácter, su vida, su ejemplo, el modelo de su vida.

Mientras nos adentramos en este pasaje bíblico veremos que tu vida –tu ejemplo, tu carácter como una mujer mayor una mujer anciana— es lo que te da la plataforma y la credibilidad para poder influenciar la vida de mujeres más jóvenes. Es exactamente hacia allá que Pablo se dirige porque él dice que no solo es importante quién ella es. Ese es solo el fundamento. Esa es la plataforma.

Pero ahora él se referirá a lo que ella hace, cual es su ministerio —no solo ella como modelo— sino también su ministerio.

Así que él nos dice hacia la mitad de ese versículo en los versículo del 3 al 5

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.”

Esto es quien ella es —su carácter.

● Ella es reverente en su comportamiento.

● Ella no es calumniadora.

● Su lengua esta bajo el control del Espíritu de Dios.

● Ella no es dada a los excesos o a la auto-indulgencia o al abuso en relación al alcohol o a cualquier otra cosa.

● Ella busca a Cristo para satisfacerse y no a los placeres de este mundo.

● Ella no es esclava de pasiones y placeres.

● Ella es una esclava de Cristo.

Esto es quien ella es.

Pero ahora veremos lo que ella hace. ¿Y qué hace ella? Ella es una maestra. Ella enseña a otros. Ella está para “enseñar lo que es bueno y para entrenar a las mujeres más jóvenes”.

Enseñar lo que es bueno. En realidad, esa frase en español viene de una extensa palabra griega la cual no trataré de pronunciar y que significa maestros de buenas cosas. Es una larga palabra compuesta. Esto es lo que ella hace. Ella es una maestra de buenas cosas.

Ella enseña lo que es bueno en oposición a enseñar cosas que están corrompidas o que son inútiles. Encontramos personas que enseñan eso también en nuestra cultura. La mujer cristiana debe distinguirse por enseñar a los demás algo con un contenido y un mensaje que es bueno, sano saludable; un mensaje que edifica y ayude, en lugar de algo corrompido e inútil.

Aquí veo un contraste. A ella se le acaba de decir, en unas frases anteriores, que ella no debe ser una calumniadora. Ella no debe usar su lengua para difundir mentiras. Sino por el contrario, en cambio, ella debe enseñar lo que es bueno.

Ella debe difundir y proclamar la verdad. Ella no debe usar su lengua para destruir a otros, sino para edificar a los demás. Ella no debe hablar cosas corrompidas o inútiles, sino que debe hablar lo que es bueno y lo que ministra gracia a otros.

Mientras medito en este texto de la Escritura pienso en Proverbios capítulo 31 especialmente en el versículo 26 donde Dice que la mujer virtuosa —la sabia, la mujer piadosa, la mujer que teme al Señor—“abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de bondad en su lengua”. O como lo expresa la Nueva Versión Internacional: “la ley de clemencia está en su boca.”

Entonces cuando nos vamos a un pasaje como el que nos referimos hace varias semanas atrás acerca de no calumniar —y he empleado un largo tiempo meditando en este pasaje— es fácil pensar: “bien pues, no abriré mi boca; sencillamente no diré nada.”

Pero Dios dice “no, debes decir ciertas cosas”. Debes usar tu boca —no para calumniar— sino que debes usarla para enseñar lo que es bueno; debes abrir tus labios con sabiduría y tener la enseñanza de clemencia en tu lengua.

Esta enseñanza que Pablo nos da a través de Tito para las mujeres mayores nos sugiere que como mujeres mayores –y esto se refiere a nosotras—debemos ser intencionales. Esto no se trata solo de sentir si lo quieres hacer o no, o de si quieres ser una mujer que tiene el llamado de enseñar o si has sido entrenada en un seminario.

Esto es algo en lo que todas debemos tener la intención de hacer en la medida que vamos creciendo. Tú siempre estás enseñando. Siempre estás enseñando con tu vida. A través de tu ejemplo siempre siempre estás enseñando algo. Tus palabras, tus conversaciones siempre están enseñando algo.

La pregunta aquí es: ¿estás enseñando lo que es bueno o estás enseñando cosas que no son buenas? Estás enseñando. Debes enseñar lo que es bueno con intencionalidad.

Aquí lo vemos otra vez, vemos que esta mujer enseña de dos maneras. Ella enseña a través del ejemplo de su vida y ella enseña con sus palabras de exhortación.

Un poco más adelante en este capítulo Pablo le dirá a Tito “Muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras” (versículo 7).

Un modelo. La palabra en español para modelo viene de una palabra griega. Es una palabra que significa “un tipo, un patrón”.

Ustedes las que saben coser sabrán lo que es un patrón. Es un retrato. Es como una plantilla. Es como quieres que luzca esa pieza que estás cortando. Ese patrón te da una idea.

Te estoy diciendo más de lo que realmente se sobre costura. Pero cuando ves la foto en el patrón tú dices “ese es el modelo; ese es el patrón, así es como quiero que esto luzca.”

Pablo le dice a Tito, ‘tu vida debe ser un modelo’. Debe ser una plantilla. Debe ser una foto de cómo las vidas de los demás deben lucir. Pablo le dice lo mismo a las ancianas. Tú enseñas con el ejemplo de tu vida.

Al ser reverente en tu conducta, mientras refrenas tu lengua de la calumnia y del hablar malicioso, mientras mantienes el dominio propio, mientras eres controlada por el Espíritu en tus apetitos y en tus pasiones y no eres indulgente con tu carne, estarás enseñándole a las más jóvenes que vienen detrás y que siguen tus pasos.

Es el corazón del apóstol Pablo cuando le decía a los corintios, “Sean imitadores de mi como lo soy de Cristo.” (1 Cor 11:1). En la medida que envejecemos, nuestra meta es que las mujeres jóvenes vean nuestras vidas y puedan seguir el patrón que ven. Si pueden hacer esto, estarán asemejándose a Jesús, porque nosotras mismas estamos luciendo como Él.

De manera que me hago la pregunta: Si las mujeres a las que me dirijo a través de este ministerio de Aviva Nuestros Corazones y las mujeres con las que me relaciono si estas mujeres hablaran como yo hablo, si compraran como yo compro, si comieran lo que yo como, si oraran como yo oro, sin confiaran como yo confío… ¿cómo lucirían sus vidas?

Si sus vidas no superan el ejemplo de mi vida, ¿qué clase de discípulos estoy produciendo? ¿Qué clase de discípulos estas produciendo tú?

No es algo pequeño si eres auto-indulgente, por ejemplo, o si eres suelta de lengua, si hablas demasiado o si tienes un espíritu crítico. No es algo pequeño. No solo estás pecando sino que estás influenciando a las mujeres más jóvenes que te siguen y les provees un ejemplo a seguir.

Enseñamos por el ejemplo de nuestras vidas y luego también enseñamos exhortando con nuestras palabras. No debemos ser calumniadoras. Es así como debemos usar nuestras lenguas. Debemos usar nuestras lenguas para enseñar lo que es bueno.

Es interesante ver que a Tito, quien era pastor de las iglesias en la isla de Creta, no es a quien se le encarga el enseñarle a las mujeres jóvenes. A él se le dice que enseñe doctrina y que de instrucción a la iglesia. ¿Pero quién debía enseñar a las mujeres más jóvenes? Las ancianas. Esa labor se le manda a las mujeres ancianas de la iglesia.

Tito era un hombre joven también. Aparentemente Pablo se había dado cuenta de que la mejor forma de transmitir la verdad en el día a día no era a través de un joven pastor a las mujeres jóvenes de la iglesia —como vemos que sucede en nuestras iglesias de hoy. En lugar de ello, Tito debía estar instruyendo doctrina e instruyendo a las mujeres mayores, quienes a su vez entrenarían las más jóvenes, siendo ellas las responsables de discipular a las jóvenes en las materias prácticas cotidianas.

Y cuando las mujeres mayores enseñan a las más jóvenes a vivir la sana doctrina ¿qué deben estar haciendo las más jóvenes? Estarán enseñando sus hijos. Ellas estarían pasando estas enseñanzas a la próxima generación.

Algún día esas mujeres jóvenes serán a su vez ancianas quienes también continuarán el ciclo enseñando a las más jóvenes mientras que estas enseñan a sus hijos. Y así vamos pasando el bastón de la verdad a la siguiente generación; una generación instruyendo a la siguiente.

Esas mujeres ancianas a las que Pablo está haciendo referencia presumiblemente habrían criado y habrían entrenado sus propios hijos. Y ahora debían enseñar a aquellas que estaban en años reproductivos.

Las Escrituras nos enseñan que la capacidad de reproducir vida espiritual y verdad en otros es una señal de madurez espiritual. A nivel físico, es una evidencia de madurez si tú tienes la capacidad de reproducirte.

Los niños de tres años no pueden tener bebés. Pero cuando ya tienes 23 años, por ejemplo, —a menos que tengas algún problema o alguna enfermedad o algún mal funcionamiento de tu cuerpo— debes ser capaz de tener hijos.

La capacidad de reproducción es una señal de madurez. De eso se trata la verdadera espiritualidad. Si has conocido al Señor desde hace muchos años y aún no has llegado a reproducirte espiritualmente en la vida de otros, ahí hay algún problema. Debes ser capaz de enseñarle a otros si realmente eres madura en la fe.

Esto es lo que el autor de Hebreos dice en el capítulo 5: “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya debierais ser maestros [ya has estado en el Señor por largo tiempo; deberías estar enseñando a otros].

Pero el problema es, según lo que continúa diciendo Hebreos capítulo 5 versículo 12, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido.”

¿Qué está diciendo? Aún estás en una guardería espiritual. Nunca has crecido. Si hubieras crecido no necesitarías que alguien te esté llevando de la mano, espiritualmente hablando. Estarías en un lugar donde pudieras tomar la mano de otros. Esa es la señal de haber crecido espiritualmente.

Eso es lo que Pablo él dice a los Colosenses en el capítulo 1 “A Cristo nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. Y con este fin también trabajo, esforzándome según su poder que obra poderosamente en mí” (versos 28-29).

Pablo dice “te voy a pasar a ti lo que Dios me ha dado a mí para que puedas crecer espiritualmente.” Luego la implicación es que tú también serás capaz de ayudar a otros a crecer espiritualmente.

Dios no deja que simplemente te sientes y te empapes y alimentes tu propio yo espiritual por años, pensando que solo debes engordar y satisfacerte a ti misma espiritualmente. La intención de Dios es que des de ti misma, que te multipliques en otros, que te reproduzcas. El envejecer no es una oportunidad para salirte de la carrera de la vida y dejar que otros hagan el ministerio. Esos son los años en los que estas supuesta a ser más fructífera y pasar la verdad a otros.

De manera que Pablo dice en la 2da carta a Timoteo en el capítulo 2: “lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (v. 2).

De manera que aprendes, recibes, pero no lo guardas para ti sola. Aprendes para poder enseñar a otros, con la meta de que ellas pasarán estas verdades a otros que también continuarán reproduciéndose.

Para poder enseñar a otros, alguien debe haberte enseñado a ti. No puedes ser una buena maestra o una maestra de lo bueno si no eres una buena estudiante. Si no te has sometido a las autoridades ordenadas por Dios y al ministerio de la Palabra de Dios a través de tu vida, entonces no vas a ser una líder muy efectiva ni podrás enseñar adecuadamente a otras mujeres.

En la medida que has aprendido a escuchar a Dios, en la medida que has escuchado Su Palabra a través de Sus siervos; en la medida que tienes un espíritu enseñable, un corazón y un espíritu humilde —en la medida que recibes, meditas y respondes humildemente y mansa y sumisamente a la Palabra de Dios que ha sido proclamada— llegarás a tener una reserva creciente de verdad que podrás usar para pasar más adelante y enseñar a otros.

Allí veo a Kim, en el fondo del salón. Mi querida amiga ella ha estado con nosotras en varias ocasiones para los programas de panel en Aviva Nuestros Corazones y Kim está en la misma estación de vida que estoy yo. Ella se acerca a la etapa del nido vacío. Sus hijos están por salir pronto del hogar. Ella ha estado estudiando la Palabra de Dios por años, ha estado caminando con el Señor, viviendo la sana doctrina en el contexto de su matrimonio, de su familia y de su iglesia local.

Ahora Dios la está usando de maneras hermosas para ministrar las vidas de las mujeres de su iglesia; mujeres que ella está discipulando, mujeres más jóvenes, madres más jóvenes. Ella está tomando esa Palabra que ha estado aprendiendo por años y la está invirtiendo en la vida de las demás.

Eso es lo que se supone que ella debe estar haciendo. Se supone que eso lo haga yo también. Y eso es lo que tú también estás supuesta a hacer. Eso es lo que se supone que debes hacer en la medida que te conviertes en una mujer mayor.

Esta enseñanza toma lugar en el contexto de las relaciones. Las implicaciones de la sana doctrina —de esa manera se vive el Evangelio— se comunica de manera primaria de una vida a otra. Ese es el poder de las relaciones, el poder que tiene la comunidad.

Hace poco tiempo escuché un mensaje del pastor Tommy Nelson, quien es pastor de la iglesia Bíblica de Denton en Texas. El uso una ilustración maravillosa de cómo las mujeres mayores deben ser maestras de lo bueno y enseñar de vida a vida. Lo que sigue es una pequeña sección de ese sermón:

Quiero que escuches esta ilustración sobre una mujer mayor muy especial. Creo que esto te retará a ti tal y como me retó a mí.

Joy tenía —bueno, ella tiene 94 años. Y cuando ella era una “jovencita”, hace 20 años, le pregunté, “Joy, ¿estás haciendo discípulos?”

Bueno, me dijo, “No sé si estoy lista.”

Joy se graduó de la universidad John Brown. Se podría decir que Joy vino a Cristo casi antes de nacer. Ella confió en Cristo desde la matriz de su mamá. Fue una maravillosa esposa. Es una gran madre. Es una gran amiga.

Para este tiempo ella había escrito un libro que ella misma había publicado, titulado “La Gloria de Dios”. Ella amaba la Biblia. Pasaba mucho tiempo en la Biblia. Había escuchado todos los grandes predicadores—había escuchado a Lewis Sperry Chafer, había escuchado a Harry Ironside… Joy lo había hecho todo.

Volví a peguntarle, “Joy, ¿estás haciendo discípulos?”

“No sé si estoy lista.” Esa fue su respuesta

Ella había estado, recibiendo, recibiendo por casi tres cuartos de siglo. Ahora —en sus setenta años— ella se había olvidado mucho más de lo que nosotros sabemos sobre de Dios.

Me acerqué a la hermana que estaba dirigiendo nuestro ministerio de mujeres y les dije, «No quiero que Joy Brown asista a más estudios bíblicos. Ella sabe más que todo el mundo allí. Todo lo que hace es tomar más notas y más notas. Y —sin importar quién esté enseñando— seguramente ella ha escuchado a otras personas que lo enseñan y lo hacen mejor aun. Yo quiero que Joy Brown sea quien imparta clases.»

Le dije, “Joy, prepárate. Estás a punto de entrar al ministerio.”

Uf Joy se volvió loca. Empezó a preparar esto como si fuera un gran evento. Y buscó un grupo de muchachas —todas las que ella enseñaba podían ser sus biznietas— Y Joy —les digo, se pasaba todo el tiempo estudiando. Ella lo tenía todo preparado. Tenía todas las citas listas, todas las notas—ella estaba lista.

Cuando comenzó el estudio con estas chicas ni siquiera tuvo la necesidad de tocar las notas por los próximos seis meses. Estas chicas solamente tenían preguntas acerca del matrimonio, acerca de sus maridos, sobres sus hijos, sobre la vida, sobre el dinero, sobre los padres—en fin, sobre toda la vida. Y Joy simplemente se sentaba allí y ofrecía, no solo verdades bíblicas, sino que también ofrecía aquellas cosas que ella había sufrido y había vivido desde los tiempos en que Truman era presidente de los Estados Unidos.

Y esto fue algo que ella descubrió: “No solo estaba yo preparada para hacer discípulos, ¡sino que estaba preparada para hacerlos desde hace sesenta años!” Pero que pasaba todos seguían enseñándola. Nadie la puso a trabajar.

Bueno, después de un tiempo, a esas pequeñas muchachas que recibían clases de Joy les llamábamos las muchachas de Joy Brown. Le llamábamos “Brownies”. Y la seguían como patitos a su mamá, por todos lados. Se convirtieron en sus niñas en sus hijas.

Y hasta el día de hoy —y todavía ese es el mayor deleite para Joy— ella toma todo lo que sabe como si fuera una semilla, y la siembra en los corazones de la siguiente generación. Y estos son sus sacrificios. ”

Nancy : ¿Y tú? ¿Acaso has estado tomando, recibiendo y recibiendo? ¿Qué le ha dado Dios a tu vida durante todos estos años en los que has caminado con Él y que ahora necesita ser sembrado como una semilla en el corazón de la siguiente generación? Es una responsabilidad enorme. No es una opción. Es una responsabilidad. Pero también es un gran privilegio. ¿Y tú?

● ¿Eres una mujer mayor?

● ¿Quiénes son tus niñas?

● ¿Quiénes son ellas?

● ¿Cómo estas invirtiendo en sus vidas?

Tú dirás, «Pero yo no sé todo lo que Joy Brown sabía. He cometido muchos errores en mi vida. La he desperdiciado.»

Quizás fracasaste en tu matrimonio. Quizás fracasaste con tus hijos. Quizás ni siquiera conocías al Señor durante esos años. Pero,

● ¿Qué has aprendido sobre Su gracia?

● ¿Cómo ha restaurado Dios los años que la langosta ha devorado?

● ¿Qué te ha enseñado Él sobre el fracaso y que has aprendido por los fracasos?

Sé honesta y sé humilde. Y sumérgete en la Palabra junto con las mujeres más jóvenes y diles “Dios me ha enseñado algunas cosas buenas y quiero ser una maestra de lo bueno para ti.”

Carmen: El ser mentora de alguien solo requiere iniciativa. Aprende por qué es tan importante empezar este proceso en el próximo programa deAviva Nuestros Corazones. También puedes aprender mucho leyendo los artículos que están publicados en nuestra página www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Aquí esta Nancy para orar que seamos el tipo de mentoras que escuchamos hoy en el programa.

Nancy : Padre, cómo agradezco por las mujeres mayores que invirtieron en mi vida a través de los años, empezando con mujeres como Murielle Gregory cuando estaba en tercer grado de primaria. Ella era una profesora de escuela dominical y ella me enseñó muchas cosas buenas. Y todas las mujeres que Tú has traído a mí vida a lo largo de toda mi vida y que me han pasado su bastón de la fe.

Señor, ahora como mujer mayor yo quiero ser fiel en pasar buenas cosas a la generación que viene.

Ayúdanos a todas, oh Señor, a ser fieles —a entregarnos vida a vida en el contexto de las comunidades y de la iglesia y de las relaciones— a encomendarle a otros aquello que Tú nos has dado a nosotras por tu gracia, que no estemos solo tomando, tomando y recibiendo. Ayúdanos a dar, dar y a dar. Te lo pido en nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voces adicionales:  Pastor Tommy Nelson, en la voz de Moisés Gómez.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

M5 – Liberada de la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M5 – Liberada de la adicción

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Liberada-de-la-adiccion/

Carmen Espaillat: Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss : Si estas buscando satisfacción en algo o alguien aparte de Cristo, inicialmente podrá parecer que todo está funcionando, pero invariablemente vas de camino a sufrir decepción, desilusión, y estarás conformándote con menos de lo que Dios desea darte.

Debemos mantenernos recurriendo a Cristo; a Su cruz, a Su Espíritu y Su gracia.

Carmen: Estas escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Hemos estado compartiendo un estudio muy útil llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Este pasaje contiene mucha sabiduría práctica para la mujer. Esta semana nos enfocamos en lo que el pasaje nos dice acerca de la adicción y el alcoholismo.

Hoy Nancy nos habla sobre cómo encontrar libertad de todo tipo de adicción.

Nancy: recibí ayer un correo electrónico de una señora que escribió solicitando ayuda a Aviva Nuestros Corazones para una amiga que está luchando con la adicción a las drogas y a la prostitución.

La señora que escribió decía: “Mi amiga está desesperada por cambiar pero no puede. Ahora está más confundida porque después de un largo tiempo sin consumir drogas, recientemente tuvo una recaída. Ella tan solo desea morirse.”

Así que esta amiga — ¡y doy gracias a Dios por las amigas!— esta acudiendo a nosotras rogando: “¿Podrían ayudarme a darle una mano a mi amiga que está luchando con la adicción y la prostitución?”

Y pensé que, aunque la drogadicción y la prostitución no son cosas que he experimentado personalmente, mientras leía eso me podía identificar con el hecho de tener un pecado que te acosa y pasar un buen tiempo pensando que estas caminando en victoria y de repente, algo te provoca, o bajas la guardia, o eres tentado de una forma diferente y caes de nuevo, y te sientes confundida, frustrada, decepcionada contigo misma y a veces tan solo te quieres morir.

Mientras leía esto, pensé que eso es precisamente lo que tengo que hacer. No quiero decir ‘morir’ literalmente, sino que espiritualmente debo llegar a ese punto donde pueda reconocer que no soy yo, “sino Cristo que vive en mí” (Gálatas 2:20). No puedo vivir esta vida yo sola.

Así que ya puede ser que sean las drogas, la prostitución, el alcohol, el helado, o cualquier otra cosa que consideremos que no es en esencia pecaminosa — algo que quizás es inocuo, pero que se ha convertido para nosotras en un dios, en un ídolo….hoy deseamos hablar de la frustración que a veces nos embarga cuando tratamos de alcanzar la victoria sobre nuestra carne, cuando tratamos de ser libertados de la adicción.

Esto viene en el contexto de Tito capítulo 2, donde se instruye a las mujeres ancianas a cómo deben vivir, el tipo de vida que deben llevar. Debemos darnos cuenta que todas somos esclavas. Somos o esclavas del pecado, o esclavas de la justicia.

O somos esclavas de nosotras mismas, de la influencia de Satanás y del engaño en nuestras vidas, o somos esclavas de Dios y de Su justicia.

Cuando el apóstol dice que las mujeres no deben ser esclavas del mucho vino, utiliza una palabra que usualmente se traduce como siervo en algunas de las traducciones. Está relacionada a esa palabra, y se refiere a una persona que está atada, que se encuentra controlada por, o bajo la voluntad y el dominio de otra persona.

En Tito capítulo 3 versículo 3 Pablo nos dice, “Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos”. Así era cuando no éramos cristianas. Ahora que somos cristianas, Pablo dice, que no debemos ser esclavas del mucho vino o de cualquier otra cosa que nos aparte de la intimidad con Cristo y de nuestra relación con Él.

Un pasaje maravilloso para memorizar y para meditar con relación a la adicción y a la esclavitud —la esclavitud al pecado o a la justicia-— se encuentra en Romanos capítulo 6.

No vamos a pasar mucho tiempo en esto; quizás en otra oportunidad enseñe sobre ese pasaje completo, pero es un pasaje con el que ustedes deben estar familiarizadas. Deben memorizarlo; deben meditar en él. Permítanme tomar unas pocas frases de ese capítulo para mostrarles lo que quiero decir.

En Romanos capítulo 6 versículo 6 Pablo dice que, “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él (con Cristo)… a fin de que ya no seamos esclavos del pecado.” Aquí encontramos una palabra similar; es una especie de “familia de palabras” —esclavos, esclavitud, esclavizados— todas son palabras similares en el griego.

Él dice que fuimos crucificados con Cristo para que no estuviésemos esclavizados más al pecado. Por cierto este debería ser un mensaje de esperanza para todas aquellas de nosotras que hemos sentido esas cadenas y esa esclavitud del pecado o de hábitos pecaminosos y carnales, y sobre los cuales hemos pensado: “no puedo liberarme. Tan solo deseo morir. “

Pablo dice que has muerto. Fuiste crucificada en Cristo para que esas cadenas fueran rotas.

Luego en el versículo 17 dice: “Erais esclavos del pecado,” Ustedes eran esclavas del pecado. Todas éramos esclavas del pecado. Nacimos así.

Pero más adelante en el versículo18 dice: “Habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia.” Así que aún somos esclavas pero de un amo muy diferente. Ya no somos más esclavas del pecado sino de la justicia.

Versículo 20, “Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia.”

Versículo 22, “Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios.”

Verás, si deseas ser liberada de las pasiones y de los placeres pecaminosos y de las adicciones, creo que la clave es reconocer que en Cristo somos libres de aquellas cosas para venir a ser esclavas de Cristo. Tenemos un Amo.

No podemos tener dos señores. No puedes ser esclava de los placeres y pasiones de la carne, y ser esclava de Cristo; pero puedes ser liberada de las adicciones pecaminosas y convertirte entonces en una esclava de la justicia.

En última instancia la adicción es un asunto de adoración. Somos esclavas de aquello que adoramos. Ya sea el alcohol, las drogas, el helado o cualquier otra cosa —o como alguien dijo hoy en uno de los recesos: “He sido esclava de los hombres, adicta a los hombres.” Claro, no lo decía en el sentido sexual o moral; esta es una mujer que ha vivido una vida muy pura y que está comprometida con la pureza. Pero ella dijo: “Me he dado cuenta que estoy obsesionada con el matrimonio.”

La forma de enfrentar eso es reconociendo que hemos estado adorando eso o esa adicción, ese hábito, ese placer; reconociendo que ese deseo se ha convertido en un dios en nuestras vidas. Somos libertadas reemplazando ese dios con el verdadero Dios viviente, y adorando a Cristo.

Hace algunos años entreviste al Dr. Ed Welch en Aviva Nuestros Corazones acerca del tema de la adicción. El escribió un libro sobre el tema y en esta entrevista dijo que la causa más profunda para la adicción se reduce, esencialmente, a una cuestión de quien gobierna nuestro corazón.

● ¿A quién honrarás?

● ¿A quién servirás?

● ¿Quién será tu amo?

● ¿Quién será tu señor?

Cuando Dios le habla a Su pueblo en el Antiguo Testamento, Él dice en Jeremías capítulo 2 versículo 13:

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua.

¿Qué nos está diciendo Él? Ustedes han permitido que las cosas de este mundo sustituyan su relación con Dios. Han puesto sus ojos en ellas para satisfacerse, cuando en verdad solo Dios puede satisfacer las necesidades los deseos más profundos de nuestro corazón.

El problema es que pensamos que esas cosas en las que ponemos la vista pueden satisfacernos pero esas cosas son temporales. Nos proporcionan algo de placer, pero nada duradero.

Me recuerda aquella mujer que Jesús encontró en el pozo en Samaria. Ella había tratado de encontrar el amor en los lugares equivocados.

¡Ella sí que era una mujer con adicciones! Ciertamente existe una cierta adicción a los hombres—una adicción al matrimonio. Y el agua de ese pozo se convirtió en el símbolo que Jesús utilizó para mostrar la naturaleza de las cosas de las que ella estaba dependiendo para satisfacer su sed.

Así que Jesús le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed” (Juan 4:13). La implicación es que todos aquellos que buscan la felicidad en el hombre, en el matrimonio, el alcohol, o en las drogas, o en cualquier otra cosa de este mundo no encontrarán satisfacción. En eso consiste precisamente la naturaleza de la adicción.

“Pero” Jesús dijo “el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás”. ¿Cuál es esa agua que Jesús nos da? Es Él mismo. Él es el Agua Viva, el Agua de Vida.

Así que Jesús dice; “¿Está tu alma cansada y cargada? Ven a mí, y yo te daré el verdadero descanso para tu alma.”

¿Estás sedienta? Jesús te dice: “Ven a Mí, y desde tu interior fluirán ríos de agua viva.”

Si has puesto tus ojos en algo o alguien aparte de Cristo para encontrar satisfacción, podría funcionar inicialmente, pero invariablemente estarás encaminándote hacia la desilusión, hacia la decepción, y estarás conformándote con menos de lo que Dios desea darte.

Me encanta el versículo 11 del Salmo 16, que dice: “Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra (Señor Jesús), deleites para siempre.” Dios desea llenarnos. Él desea satisfacernos.

El salmo 107 versículo 9 dice: “Él ha saciado al alma sedienta, y ha llenado de bienes al alma hambrienta.”

Dios dice: “Yo, el SEÑOR, soy tu Dios… abre bien tu boca y la llenaré” (Salmos 81:10). “Yo te alimentaría con lo mejor del trigo y con miel de la peña te saciaría” (Salmos 81:16).

Él quiere satisfacernos. Él quiere llenarnos, pero no podemos buscar sustitutos. Si lo hacemos nos daremos cuenta de que esas cisternas están rotas. Tienen filtraciones. Es necesario regresar a ellas a llenarlas de nuevo. solo Cristo nos satisface verdaderamente y de manera duradera.

Quiero que recordemos que existen muchas promesas que nos dejan saber que las adicciones y las cadenas en nuestras vidas, esas áreas que nos esclavizan, pueden ser vencidas. Es algo que necesitamos creer, pues si crees que siempre estarás esclavizada, entonces así será.

Si crees que no puedes ser liberada, entonces no serás libre. Este es un engaño que utiliza el diablo para mantener a muchas de nosotras en la esclavitud , creyendo, “Yo no puedo librarme de esto. Tengo que ser una prisionera.”

No tienes que ser una prisionera. La Palabra de Dios dice en 1 Corintios capítulo 10 versículo 13,

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.

No obstante, una cosa es saber que podemos ser liberadas, una cosa es saber que no tenemos que ser esclavas del pecado, que hemos sido salvas para ser esclavas de la justicia. Creo que algunas de nosotras no nos damos cuenta que hay una batalla involucrada. No hay atajos.

Muchas de nosotras quisiéramos ser liberadas instantáneamente. A las personas les encantan los ministerios de liberación. Sabes, tan solo pasas adelante, o alguien ora por ti y abracadabra, de repente no tienes más deseos de aquello que te tenia esclavizada.

Ahora, algunas veces Dios liberta a las personas de esa manera, milagrosamente. Pero lo que sucede más a menudo es que debemos transitar un camino largo y duro, mortificando (haciendo morir) esos viejos deseos carnales, y fijando nuestros afectos en Jesucristo, renovando nuestras mentes. No hay atajos en el proceso de santificación.

Los deseos que tenemos no son tan solo deseos físicos, es una batalla espiritual. Cualesquiera que sean estas adicciones, ya sean estas del alcohol, las medicinas recetadas, la televisión, los juegos de computadora, los juegos de azar o las compras, no se trata tan solo de antojos físicos. No son tan solo vínculos emocionales; existe una batalla espiritual.

En 2da a los Corintios capítulo 10, Pablo las llama fortalezas. Él dice:

Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne; porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Luego habla acerca de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Aquí Pablo se está refiriendo a una batalla espiritual, se está refiriendo a sujetar nuestras mentes, nuestros afectos y nuestros deseos, sometiéndolos al dominio de Cristo.

En la última sesión hice referencia a Romanos capítulo 7, donde Pablo describe esta batalla que hace estragos en la vida de los creyentes, una batalla entre la carne y el espíritu. Si eres una hija de Dios, tu deseo es obedecer a Dios. Pablo dice:

Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero adicto de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado. (Romanos 7:22-25).

Así que, ¿qué hacemos? Pues vayamos a Romanos 8, el próximo capítulo, el versículo 1,

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.

Ven, es el Evangelio el que nos salva, el que nos liberta del dominio del pecado, del control y del poder del pecado en nuestras vidas. Pero es el Evangelio también que nos mantiene salvos, que continúa salvándonos en medio de esa guerra diaria entre la carne y el espíritu. Para continuar caminando en esa libertad de las cosas que nos mantienen esclavizadas, debemos mantenernos recurriendo a Cristo, a Su cruz, a Su Espíritu, y Su gracia.

Hay una imagen preciosa en Lucas capítulo 4, empezando en el versículo 16. Si tienen sus Biblias les voy a pedir por favor que busquemos ese versículo.

Dice así,

(Jesús) Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre, entró en la sinagoga en el día de reposo, y se levantó a leer. Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 1EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACION DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS PARA PROCLAMAR EL AÑO FAVORABLE DEL SEÑOR.

Versículo 20,

Cerrando el libro, lo devolvió al asistente y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis oído. (Lucas 4:16-21).

¿Qué les está queriendo dejar dicho Él? Por supuesto que ellos sabían que ésta era una profecía mesiánica. Él les estaba diciendo: “Yo soy el Mesías; yo soy el Enviado.”

Pero, ¿que más nos está diciendo Él? Este es un momento poderoso El Espíritu del Señor esta sobre Mí, y Dios me ha ungido para proclamar las buenas nuevas —este es el Evangelio— para aquellos que lo necesitan.

“Dios me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos. He venido a decirles, son libres. Ya no tienen que seguir siendo esclavas del pecado. No tienen que someter los miembros de sus cuerpos como instrumentos de maldad.”

“Son libres. Son libres para ser esclavas de la justicia y siervas de Dios. He venido a devolver la vista a los ciegos y a libertar a los oprimidos.” Él declaró: “Están viendo a Aquel que vino a libertarlos.”

La liberación viene a través de Cristo y de Cristo solamente. Podrás romper malos hábitos con tu fuerza de voluntad y con disciplina, pero no serás libre. No serás libre hasta que no te enamores de Cristo y te comprometas con Él, sirviéndole agradecida y gozosa como tu Señor. Solo entonces serás libre.

Sobre pecado y tentación victoria te dará,

Su sangre limpia al ser más vil, gloria a Dios soy limpio ya.

Unos amigos tienen una hija de veinte años que escribió un poema acerca de algunos de los asuntos que ha tenido que enfrentar en la vida. Me dio permiso para compartirlo con ustedes. Se llama “Encontré la vida”. Permítanme compartir con ustedes. Lo que ella escribió:

“Tengo una adicción. La he tenido por 12 años. Lo único que sé es que esa adicción ha tomado de mi vida. Ha transformado mis deseos puros en oscuros placeres carnales, para satisfacer mis deseos inmediatamente—gratificación instantánea.

Me ha vencido la carne. No puedo tomar recesos o tener vacaciones. Este monstruo me ha perseguido por años.”

[Me alegro que ella no especificara cual era su adicción porque así puedes llenar el espacio en blanco con cualquiera que sea ese monstruo que tú estás enfrentando.]

Sigue diciendo “Enfrentar esta adicción de frente me ha puesto de rodillas. De rodillas—ante la cruz. Me ha permitido darme cuenta de que necesito ser sanada, de cómo buscar sanidad. Me ha permitido saber lo que significa tomar mi cruz—tomar la autosuficiencia y todo aquello que va en contra de mí misma. Y cargar mi cruz al monte de la crucifixión, a ese lugar donde puedo rendirme completamente, para crucificar mi carne y todos sus deseos, y colocarme en mi cruz de culpabilidad y vergüenza, sentir penetrar los clavos en mis manos, y el maligno ser echado fuera.

No yo, sino Cristo que vive en mí… “Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierde su vida por Mí la salvará.”

Luego ella menciona el versículo de Santiago capítulo 1 versículo 5 (Nueva Versión Internacional): “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría (en cuanto a cómo recibir esta vida), pídasela a Dios, y Él se la dará (vida abundante), pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.”

Me pregunto si durante esta serie sobre la esclavitud y las adicciones, y al postrarnos delante de Dios, si Él te ha estado hablando a tu corazón. Quizás puedas reconocer delante de Él: “Existe un área de esclavitud en mi vida. Tengo una adicción.”

¿Podrías identificar cuál es esa área de esclavitud? ¿Podrías confesarle a Dios que has permitido que eso gobierne sobre tu vida, y que has hecho elecciones que te han hecho esclava de eso?

Luego, ¿podrías pedirle a Dios que te liberte por el poder de Cristo y de Su cruz?

Confiesa: “Señor, lo que sea necesario, cualquiera que sea el proceso, lo que sea que esto involucre o implique, deseo ser libre. Me has creado para ser libre del pecado, y para ser esclava de la justicia, y quiero ser libre de esas cadenas. Me pongo de acuerdo contigo de que a través de Cristo y de Su cruz, hay esperanza. No tengo que seguir siendo una esclava. Puedo caminar en libertad.”

Exprésale al Señor que deseas abrazar, disfrutar y experimentar la libertad que Él vino a darte.

Luego pídele al Señor que te de nuevos deseos y que te ayude a que los deseos que te llevaron hacia el comportamiento adictivo encuentren su satisfacción, no en cosas, no en sustancias, sino en Cristo y solamente en Cristo.

Así que Dios, decimos, ¡Aleluya! Te hemos encontrado a Ti, Aquél que por tanto tiempo ha anhelado nuestra alma. Ponemos nuestra vista en Ti y decimos: Gracias Señor Jesús. Llénanos. Llena nuestra copa. Llena nuestros corazones. Complétanos y que seamos totalmente tuyas. En el nombre de Jesús oramos, amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss le ha estado infundiendo esperanza a cualquiera que se encuentre atrapada en un comportamiento adictivo. Dios es mucho más poderoso que cualquier tipo de esclavitud en la que te puedas encontrar.

Si has visto las consecuencias de tus malas acciones desbaratar tu hogar y tu familia, el programa de hoy encontraras como detener este comportamiento negativo. Pero en lugar de simplemente dejar de hacer elecciones equivocadas que puedan destruir tu hogar, necesitamos hacer buenas elecciones que construyan nuestro hogar, que edifiquen a aquellos que nos rodean, que edifiquen las vidas de los demás de maneras específicamente femeninas.

Continúa con Nancy a través de esta serie en nuestra próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

56 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 4

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

56 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 4

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

https://play.google.com/store/apps/details?id=net.nowyouseeme.radioeternidad&hl=es_EC

 https://apps.apple.com/us/app/radio-eternidad/id1053755428

M4 – La anatomía de la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M4 – La anatomía de la adicción

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/La-anatomia-de-la-adiccion/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que la adicción eventualmente significa llegar a odiar aquello sin lo cual piensas que no puedes vivir.

Nancy Leigh DeMoss: Eso es lo que sucede cuando cedemos a las tentaciones y se convierten en hábitos, en un patrón, una adicción, en una atadura. Pensamos que inicialmente nos hará felices, pero en realidad nos enfermará, deprimirá y nos hará miserables.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

A principios de semana, Nancy nos ofreció consejos útiles sobre si es sabio beber de manera moderada o si es mejor no empezar a beber del todo. Esa discusión fluyó de nuestro estudio sobre Tito en la serie de El hermoso diseño de Dios para la mujer.

Ahora bien, aun si nunca has probado el alcohol, no significa que no seas susceptible a la adicción aquí esta Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Estamos viendo una frase en Tito capítulo 2 que dice que las mujeres mayores, las ancianas —y a esto es que deben aspirar y lo que deben perseguir las mujeres más jóvenes— las mujeres ancianas no deben ser “esclavas del mucho vino” (versículo 3). La Nueva Versión Internacional dice que no deben ser “adictas al mucho vino”.

En los últimos programas hemos abordado el tema del uso y el abuso del alcohol en particular. Pero creo que el principio que Pablo está exponiendo aquí abarca mucho más que el uso y el abuso del alcohol. Quisiera tomar algunas sesiones para abordar el tema de las adicciones en general.

La palabra adicción es un término moderno. En realidad no es el término que prefiero, ya que la forma en que se usa hoy en día tiende a implicar que no tenemos responsabilidad ni culpabilidad, que es algo que no podemos evitar.

Y no estamos diciendo eso. Estamos diciendo que tomamos decisiones que conducen a la esclavitud y a tener ataduras en nuestras vidas. El concepto bíblico es el de esclavitud, de esclavizarnos. Por eso dice que no sean “esclavas de mucho vino” en la traducción que utilizo.

En esta sesión quiero hablar sobre la anatomía de la adicción o de la esclavitud e identificar algunas adicciones comunes y cómo y por qué nos esclavizamos a estas cosas. Luego, en la próxima sesión, quiero hablar sobre cómo romper las ataduras de las adiciones.

Probablemente no hay ninguna persona que esté escuchando esta enseñanza, incluyéndome a mí, que no necesite crecer en discernimiento y en entendimiento sobre cómo tratar con las ataduras en nuestras vidas. Y si no tienes ninguna, o si no puedes identificar ninguna, tienes muchos amigos o amigas que sí las tienen.

Así que medida que te vayas haciendo mayor, no solo vas a querer vivir una vida libre de adicciones y de excesos, sino que vas a querer ser el tipo de mujer que puede ayudar a otras mujeres más jóvenes a lidiar con estas cosas.Vivimos en una cultura altamente adictiva. Pensamos que somos tan libres, especialmente desde la revolución sexual de los años 60. Pero en realidad es que nos hemos esclavizado profundamente.

Hemos estado hablando sobre el ejemplo de estar esclavizada al alcohol. Los investigadores dicen que más de cuatro millones de personas en los Estados Unidos necesitan tratamiento por abuso de sustancias.La categoría de abuso de sustancia que más rápidamente crece entre las mujeres es el abuso de los medicamentos recetados, por ejemplo, los estimulantes, los calmantes, los sedantes, los tranquilizantes, etc.

Quisiera cubrir brevemente, empezando con las medicinas y los analgésicos recetados, una serie de áreas que son características de nuestra cultura adictiva. Primero está el tema de las medicinas recetadas; de los analgésicos.

En el año 2003, la Encuesta Nacional de Estados Unidos sobre el Uso de Medicamentos y la Salud, arrojó que 6.3 millones de personas hacían uso indebido de los medicamentos recetados, lo cual, a propósito, es más del doble de las personas que usan cocaína. En los últimos años se ha registrado un aumento significativo en el uso no médico, es decir, no recetado, de los analgésicos. Usualmente, las personas que usan analgésicos en formas que no son médicamente recetadas también están involucradas con varios medicamentos y alcohol. Tienen la tendencia de ir juntos.

Y por supuesto, con relación a todo este asunto de las medicinas recetadas, hay millones de mujeres dependientes de medicamentos psicoterapéuticos solo para poder funcionar hoy en día. Se han convertido en una esclavitud, en una adicción, para muchas personas.

Luego hay toda un área relacionada con la comida y el comer en exceso. Tú dirás que ahora me estoy entrometiendo, que estoy hablando de algo con lo cual luchan las mayoría de las mujeres, de una forma o de otra.

El desorden alimenticio más común en los Estados Unidos es el comer compulsivamente lo que llamamos glotonería o gula . Afecta a una de cada 35 mujeres, tres veces más común que la anorexia nerviosa. CNN llama a este tipo de comer compulsivamente “una forma de adormecer los sentimientos.” Eso es lo que vamos a ver mientras examinamos estos diferentes comportamientos, estilos de vidas y decisiones adictivas; con frecuencia, son una forma de medicar el dolor del corazón.

No solo estamos hablando de las personas fuera de la iglesia sino también a las que asisten a las iglesias, por otro lado Los juegos de azar y las apuestas son otra área, ahora más accesible que nunca pues hay más puntos de acceso. Se hace abiertamente. Ya hay poco estigma asociado al juego. El juego en línea lo ha convertido en algo totalmente diferente. Los juegos de azar están disponibles en cualquier momento, de día o de noche, a través de la Internet.

Me quedé impresionada cuando supe que el 55 por ciento de los jugadores son mujeres. Leí en Internet un par de historias de mujeres que contaban cómo se involucraron en los juegos de azar. Una de ellas dijo:

“Empezó como una diversión, compré algunas boletas de las que se rayan. Me sentí con suerte cuando gané $1,000 dólares. Pensé que era una forma fácil de ganar dinero adicional para hacerles regalitos a los niños. Pero pronto estaba comprando boletas todos los días. Estaba gastando el poco dinero que teníamos. Los niños quieren saber por qué ya nunca tenemos comida ni nos divertimos.”

Otra mujer dijo:

“Después de que mi esposo murió, unos amigos me llevaron una noche a un casino. Me encantaron las máquinas tragamonedas, el ruido, el trato tan especial. Me ayudó a olvidar mi pena y a llenar las horas solitarias.” [Ahí es donde vemos la anatomía, el corazón, de las adicciones.]

“Empecé a ir sola y me moví de las máquinas tragamonedas de 25 centavos a las de un dólar. ¿Cómo puedo decirles a mis hijos que he perdido todo el dinero que su padre ahorró con tanto trabajo? Estoy tan avergonzada. Me alegro de que mi esposo no esté aquí para ver lo que hice.”

Vemos que no son solo estadísticas. Son vidas, son familias. Son corazones impactados a través de estos comportamientos adictivos.

Otros son los juegos de computadora o de video : Uno de los grupos de más rápido crecimiento en internet son las mujeres adultas que juegan versiones cibernéticas de juegos familiares de cartas como “gin” y otro juego de naipes que se llama “cribbage”.

Luego está el área de la pornografía. Se ha registrado un rápido crecimiento en la adicción a la pornografía entre los evangélicos en las últimas décadas. Un nuevo estudio muestra que el 50 por ciento de los hombres que asisten de manera regular a la iglesia en los Estados Unidos y un 20 por ciento de las mujeres que asisten a la iglesia son adictos a la pornografía. Uno de cada dos hombres y una de cada cinco mujeres que asisten con regularidad a la iglesia reconocen estar adictos a la pornografía.

Y probablemente eso es cierto en tu iglesia también. Los números pueden variar un poco, pero si en tu iglesia es la mitad de eso, es algo serio de todas formas.

Y luego está el asunto de las novelas románticas, a las que algunos llaman “pornografía de chicas”. Algunas ciertamente encajarían en esa descripción. Leí un artículo llamado “Yo era una adicta al romance”. La autora decía:

“Me sentía atrapada, y escapaba leyendo novelas románticas. Las historias convencionales, los lugares exóticos y la tensión entre un hombre y una mujer cuando se enamoran, eran a la vez estimulantes y relajantes.

Como trabajaba solamente en las mañanas, pasaba las tardes leyendo una o dos novelas antes de que los niños regresaran de la escuela. En las noches, después que los niños se iban a acostar, podía leer hasta una tercera.

Pero leer los romances apasionados no me llenaban ni me ayudaron en mi matrimonio. Después de un tiempo, no era suficiente con solo leer un romance. Largas y solitarias caminatas o paseos en carro enterraban la vida real, permitiéndome conjurar mis propias fantasías.”

En esta historia podemos ver algo contundente, y es el hecho de que cuando pruebas y participas de cosas que son de naturaleza adictiva, la tendencia es que solo un poco no te satisface. Quieres más y más y luego necesitas más. Lo que tienes no es suficiente; quieres más. Te empuja. Es un portal, una entrada hacia otros tipos de comportamientos adictivos.

También están la televisión y las telenovelas : Estudios indican que la televisión permanece encendida más de siete horas por día en el hogar promedio americano. Eso significa que durante el transcurso del día, las familias en esos hogares están expuestas a 135 comerciales por día.

Eso significa que en el transcurso de un año, la persona promedio está expuesta a 2,500 horas de televisión, incluyendo cerca de 50,000 comerciales promoviendo cosas que no necesitas, promoviendo consumismo, materialismo, avaricia, extravagancia y todo tipo de estilos de vida excesivos.

Telenovelas : Algunas de ustedes están familiarizadas con los nombres de actores e inclusive escritores de libros para mujeres que tratan con asuntos morales y no es de extrañar que si pones esas cosas en tu mente y en tu corazón, no solo se harán adictivas, sino que formarán y moldearán tus pensamientos, tus emociones, tus relaciones y básicamente tu comportamiento. Como pensamos en nuestros corazones, así seremos.

Oigan otra adicción: gastar e ir de compras. Algunas de ustedes estarán pensando: “Bueno, realmente no habías tocado nada que me afectara hasta que llegaste a este tema.”

CNN dice que las compras compulsivas afectan hasta un ocho por ciento de la población de Estados Unidos, y el 90 por ciento de los “adictos a las compras” son mujeres, lo cual no es sorprendente. No hace mucho la revista Money Magazine publicó un artículo llamado “Confesiones de una compradora compulsiva”. La autora de este artículo contó una historia sobre otra mujer. Decía: “en la cima de su adicción, esta mujer estima que gastó $400 por semana y pasó de 8 a 10 horas por día cada día comprando atuendos en una tienda de ropa infantil en la red”.

Esta mujer dijo: “Sentía una gran emoción; una gran euforia. Era tan intenso que solo de pensar en compras, empezaba a temblar.”

Para algunas de ustedes, esto es inconcebible. Pero no empezó así. Empezó probando, cediendo; empezó por un exceso que gradualmente se convirtió en una compulsión.

La autora siguió diciendo de la misma mujer que “tenía tarjetas de crédito hasta el tope”, “más de $50,000 dólares en deudas de compras, y el darse cuenta lentamente de que hablaba más con otras madres obsesionadas con la misma tienda que con su propia familia, finalmente convencieron a esta mujer de que necesitaba salir de su hábito”.

A propósito, todo este asunto de la deuda tiene a la gente muy atada. Si dices que no es una adicción, no importa lo que sea, te daré un pequeño reto: Déjalo por 30 días. Si no puedes, es posible que sea una adicción.

Quiero que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Cómo se desarrollaron estas adicciones? Porque No empiezan como adicciones. No te levantas un día y de repente te encuentras esclavizada al juego o a las novelas románticas o al alcohol o a los calmantes.

La semana pasada estuve hablando con diferentes personas, haciéndole preguntas, escuchando, observando y tratando de descubrir algo sobre la anatomía de las adicciones. Mis observaciones fueron las siguientes.

En muchos casos, las personas están tratando de mitigar o anestesiar el dolor. Están tratando de lidiar con el dolor. Están buscando alivio, alivio de la soledad, alivio del dolor. Están buscando consuelo y un escape.

¿De qué están tratando de escapar? De todo tipo de cosas. Algunas están tratando de escapar de su pasado, ya sea de sus fracasos, del abuso, del rechazo, o están tratando de escapar de problemas, ya sea en el matrimonio, presiones financieras, problemas con los hijos. De alguna forma están tratando de mitigar el dolor, tratando de escapar, de buscar consuelo.

En algunos casos, las adicciones son el resultado de la ira o el enojo que no se está manejando de una manera bíblica. La vida no ha funcionado. Ha habido desencantos; ha habido dolor. De modo que para algunas, el envolverse en comportamientos adictivos es una forma de enfrentar el mundo y a sí mismas, a otras personas o hasta a Dios, diciendo: “Dios no hizo lo que tenía que hacer, así que me voy a hacer sentir bien a mí misma. Voy a justificar algo que sé que no es saludable o provechoso como medio de expresar mi ira.”

En otros casos, y probablemente en la mayoría, estas personas están tratando de satisfacer anhelos insatisfechos o incumplidos. Están tratando de llenar lugares que están vacíos en sus corazones. Y eso porque todos tenemos lo que la Biblia llama deseos.

En Santiago capítulo 1 nos dice: “Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión” (versículo 14). Algunas de sus traducciones usan la palabra “deseos”. Somos atraídos a la tentación por deseos que habitan en nuestros propios corazones. Puede ser un deseo de placer, de reconocimiento, de aprobación, de compañía, de importancia o de control o de alivio.

Escucha atentamente: El deseo en sí mismo puede que no sea malo. Puede ser un deseo legítimo. El problema es cuando ese deseo se convierte en una exigencia, cuando yo digo: “tengo que tener esto. Yo voy a tener esto. Lo voy a tener ahora. Lo obtendré a mí manera”. La tentación que enfrentamos es satisfacer nuestros deseos naturales que son simplemente neutros, que no son ni buenos ni malos, en muchos casos, de satisfacerlos en una forma que es contraria a la manera de Dios o al tiempo de Dios.

Por ejemplo, el deseo de compañía. Dios nos hizo para estar en compañía; nos hizo para relacionarnos. O el deseo de satisfacción sexual, no tiene nada de malo ese deseo.

Lo que está mal es si digo: “Tengo que tener esto ahora, aunque sea soltera, aunque sea fuera del matrimonio. Tengo que tener esta compañía o esta satisfacción sexual. Lo haré a mi manera. Lo tendré ahora.”

Luego el deseo se ha convertido en un dios; se ha convertido en un ídolo. Se ha convertido en una exigencia. Y el deseo se hace tan fuerte que nos encontramos a nosotras mismas cediendo a la tentación para satisfacer este deseo de una manera ilícita.

¿Qué sucede una vez que cedemos a la tentación, una vez que nos encontramos atraídas y enredadas? Cuando Satanás nos tiró ese anzuelo, era nuestro deseo. Así que lo mordisqueamos, y mordimos el anzuelo. Luego somos atraídas una y otra vez. Lo que originalmente fue una decisión de un momento de decir “sí” para satisfacer ese deseo a mi manera, se convierte en un hábito. Se convierte en una atadura, en una esclavitud.

Pensamos que esto, lo que sea, va a satisfacer nuestros deseos, cuando en realidad lo que hace es que termina destruyéndonos. Eso es lo que sigue diciendo Santiago capítulo 1. Somos atraídos y seducidos por nuestros propios deseos. Luego dice: “Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte”. (Versículo 15).

Ahora bien, no habríamos mordido el anzuelo, no lo habríamos hecho, si cuando estábamos siendo atraídos hubiésemos pensado que nos conduciría a la muerte. Pensamos que nos llenaría. Pero al final termina destruyéndonos.

Pensamos que esta cosa, esta comida, esta compra, este medicamento, esto que estamos haciendo para anestesiar y medicar el dolor en nuestras vidas en nuestras almas, pensamos que nos hará libres. Pero en realidad termina haciéndonos todo lo contrario. Termina encarcelándonos.

Leí un testimonio en un programa cristiano sobre reducción de peso en un portal de internet. Esta participante hablaba sobre su aventura amorosa con la comida. Ella decía: “Era adicta a la comida, a su olor, a su sabor, a la idea de la comida. La comida me tenía atrapada, y no había escape.”

Ella no se hizo adicta a la comida pensando que la comida la convertiría en una prisionera, que pondría un lazo alrededor de su cuello. Ella pensó que la llenaría, que la liberaría. Pero ella dice: “La comida me gobernaba a mí en lugar de yo gobernar sobre ella.”

Recientemente hablé con una alcohólica en recuperación, quien me habló de cuando el deseo en su vida era tan fuerte que decía: “Cada vez que pasaba por ese bar, tenía que pararme y entrar”. Las mujeres que estaban sentadas escuchando la charla, que también habían estado lidiando con la adicción al alcohol, todas asintieron. Sabían exactamente de lo que ella estaba hablando.

Ahora bien, yo no he tenido esa experiencia con relación al alcohol, pero sí con relación a la comida y a comer en exceso. Lo he experimentado con relación a otras tentaciones a las cuales he cedido. Luego me encuentro que me está llamando por mi nombre, y siento que me tendieron una trampa, me siento cautiva. Piensas que te va a liberar, pero en realidad te encarcelará.

Hay diferentes deseos. Puede que para ti no sea el alcohol, Puede que sea, como mencioné anteriormente, el ansia del placer de comer; no puedes decirle que no a ese postre, aunque no tengas nada hambre; o a un intenso deseo de compañía o de afirmación. Y te encuentras atrapada, capturada, esclavizada. Estás adicta.

Puede que seas soltera o casada, y ansíes sensaciones sexuales. Dices: “Yo sé que no debo hacer esto, pero como quiera lo hago”. Y sigues volviendo una y otra vez a la auto estimulación.

Tantas jóvenes, y también mujeres de más edad, casadas y solteras, nos han escrito de cómo se sienten esclavizadas de hábitos inmorales personales. Pensaron que serían libres, “pero el deseo cuando fue concebido, dio a luz el pecado y el pecado engendró esclavitud y como consecuencia muerte”.

Es por eso que Pedro dice en su 2da carta de Pedro, capítulo 2: “Pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido” (versículo 19). Y él está hablando de ser dominados por nuestras pasiones. Pensamos que estas cosas nos harán sentir mejor, no las haríamos si no pensáramos que nos harían sentir mejor. Pero en realidad terminan enfermándonos y haciéndonos sentir miserables.

Pienso en el versículo de Proverbios capítulo 25 que dice: “¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites, no sea que te hartes y la vomites” (versículo 16). Te enferma, es demasiado.

Ves, eso es lo que sucede cuando cedemos a las tentaciones y se convierten en un hábito, en una adicción, en una atadura. Pensamos que inicialmente nos harán felices, pero al final nos enferman y nos hacen sentir miserables. Así que empezamos a odiar esa cosa que tanto deseábamos y que pensábamos que no podíamos vivir sin ella. Y eso nos conduce a vergüenza, culpabilidad y temor, a tener secretos y entramos en un ciclo entre esperanza y desesperación, esperanza y desesperación, esperanza y desesperación.

Nos sentimos culpables. Prometemos que no lo haremos más. Tratamos de no hacerlo más. Y fracasamos. Volvemos a hacerlo de nuevo. Y hay más sentido de culpa. Y el ciclo sigue una y otra vez. Y en esto consiste la esclavitud.

Romanos capítulo 7 describe esa batalla interna, ese sentido de esclavitud, derrota y desesperanza. El apóstol Pablo dijo:

Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino lo que aborrezco, eso hago porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. (Versículos 15, 18-19).

Continúa con una descripción de su lucha, y finalmente dice:

¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Versículo 24).

¡Soy cautivo! ¿Te identificas con esta descripción? ¿Hay alguna área de tu vida que, mientras oías o leías esto, dijiste?: “Sí, esa soy yo. Sigo haciéndolo una y otra vez. Sigo siendo seducida.”

Bueno, Pablo sigue diciendo: “¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!” (Versículo 25). Hay libertad. Hay liberación. En la próxima sesión, vamos a hablar sobre cómo encontrar liberación. Pero déjame decirte que nunca encontrarás verdadera libertad separada de Cristo.

Mencioné algunas mujeres que entrevistamos recientemente con relación a su adicción al alcohol. Una de ellas describió tener dos años y medio sobria. Pero dijo: “Fue una batalla constante”. Ella no era libre. No estaba bebiendo, pero no era libre. Dijo que dependía totalmente de su propio esfuerzo.

Pero luego vino a la fe en Jesucristo y empezó a tener el poder del Espíritu Santo dentro de ella. Y dijo: “A través de Cristo y el cambio que ha producido en mis deseos, ya no ansío el alcohol.” Fue Cristo quien la libertó por completo de la esclavitud y de la adicción.

Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32). Satanás te esclavizó a través de mentiras y de engaños, pero la verdad te hará libre. ¿Quién es la verdad? Es Cristo. Cristo es la verdad. El poder de Cristo y el poder de Su cruz pueden hacerte libre. Hablaremos más sobre eso en la próxima sesión.

Carmen: El poder de la cruz es mayor que cualquier adicción. No importa si la adicción involucra alcohol o drogas o si la adicción representa algo más sutil. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando el peligro de cualquier tipo de adicción.

El poder de la cruz puede rescatarte de la adicción. También puede transformar tu matrimonio, la crianza de tus hijos y tu iglesia. El poder de la cruz puede ser demostrado en tu vida en formas únicas y femeninas.

Aprende sobre el poder de Dios para ti como mujer. Deja que ese poder se haga evidente a través de la atractiva belleza de tu vida.

En los últimos programas hemos venido hablando sobre el problema de la adicción. En la siguiente entrega, Nancy hablará de manera práctica sobre la solución para la adicción, mirando a la Biblia para encontrar el camino hacia la libertad. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

1/3 – La Soberanía de Dios 

Para mi el vivir es Cristo

Serie: La Soberanía de Dios

1/3 – La Soberanía de Dios

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

Inicio

15/42 – Lee la Biblia: Isaías cap. 1-39

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

15/42 – Lee la Biblia: Isaías cap. 1-39

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre los primeros 39 capítulos del libro de Isaías, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. Isaías anuncia que el juicio de Dios purificará a Israel y preparará a su pueblo para la llegada del rey mesiánico y de la nueva Jerusalén.

#BibleProject #VideosDeLaBiblia #Isaías

Episodio 40 – Quiero que Jesús sea mi tesoro ¿Es suficiente el deseo?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 40 – Quiero que Jesús sea mi tesoro ¿Es suficiente el deseo?

 

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

¡Recuerda Compartirlo!

Sitio Internet: somossoldados.org
Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
YouTube: https://www.youtube.com/user/sdejesuc…
SoundCloud: https://soundcloud.com/sdejesucristo

M1 – El poder de Dios sobre la adicción

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M1 – El poder de Dios sobre la adicción

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-poder-de-dios-sobre-la-adiccion/

Angeline: Ni siquiera sentía dolor o resentimiento por lo que estaba haciendo ya. Esa parte se murió.

Carmen Espaillat: Una joven llamada Angeline creció en una familia donde la permisividad con el consumo de alcohol y la violencia abrieron puertas para que el poder restaurador de Dios fuera manifestado en su vida.

Angeline: Lo hacía muy normalmente, muy comúnmente; como la gente podía tomarse un vaso de agua o comer una comida que le gustara. Empecé solo así, pero luego se convirtió en un infierno.

Un día me levanté y me di cuenta que todos esos caminos que yo había andado no habían funcionado. Entonces ese día definitivamente me vino a la mente que me quería morir. Pensé: “Pero esto… tiene que haber otra vida, otra forma de hacerlo… porque realmente no me gusta tener que usar una sustancia para poder sentirme bien o mal, o como sea.”

Cualquier cosa en mi vida necesitaba de algún tipo de sustancia para yo hacerla.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

No seas esclavo del vino. El apóstol Pablo ofreció este consejo a las mujeres en el libro de Tito. Nancy ha comenzado a desempacar lo que para nosotras hoy en día significa este principio. Ayer escuchamos algunas historias impactantes sobre el poder de la adicción y el poder aún mucho más grande del Espíritu de Dios. En el día de hoy continuaremos con ese tema escuchando a una mujer que ha vivido esa situación.

Nancy: Angie, gracias por estar con nosotros en este programa. Quiero comenzar hablando un poco acerca de tu familia. Cuéntanos cómo creciste, cuál fue el ambiente en el cual tú creciste.

Angeline: Gracias por invitarme. Yo me crié en una familia común. Soy la mayor de una familia de cuatro hermanas, mi padre y mi madre. Mi madre era una mujer fuerte, dedicada a darnos todo lo que nosotros necesitábamos. Pero mi padre, un hombre un poco más tranquilo a la hora de enseñarnos y de decirnos qué hacer; inclusive de proveernos, familiarmente hablando.

Desde pequeña —desde que yo tengo uso de razón— mi padre bebía mucho. Inclusive yo creo que lo puedo catalogar como un alcohólico. Y mi madre tenía una actitud ante eso un poco como… podríamos decir que sumisa, ante la idea de que mi papá bebiera tanto. Pero a medida de que fueron pasando los años, eso —de alguna manera— frustró a mi madre. La decepcionó mucho como pareja. Familiarmente esto hizo mucho daño porque él constantemente bebía. Y lo hacía naturalmente, o sea, como lo que pasa en la sociedad, que el alcohol es algo tan natural, tan normal, que ni siquiera lo ven como una droga. Como lo que es.

Nancy: En tu casa estaba la presencia del alcohol constantemente.

Angeline: Constantemente. Inclusive, de parte de mis padres y de la familia de mi padre, era algo que yo me crié viendo.

Nancy: Y ustedes, tú y tus hermanas, estuvieron expuesta a beberlo, o ellos te permitían beber alcohol a temprana edad, o ustedes tomaban…

Angeline: Realmente no lo bebimos temprano, pero sí, siempre estuvo la puerta abierta de que, en el momento en el que tuviéramos la edad suficiente, ya podíamos hacerlo.

No había ningún tipo de límites con relación a eso, en el sentido de hablarnos, “Mira esto es bueno, esto…”, excepto cuando se trataba de quizás salir a la calle con una botella de alcohol en la mano. Ahí sí había un límite. Pero lo que era dentro de la casa, realmente era algo muy común.

Nancy: Pero tú nos compartías que tu problema mayor no fue el alcohol sino el uso de drogas. ¿Cuál fue la primera vez, o cómo llegaste por primera vez al uso de las drogas?

Angeline: Sí. Por ese mismo límite que se rompió durante mi niñez —el hecho de no tener algo, como un control— yo no descubrí temprano que también, igual que mi padre, yo tenía un problema de adicción; o sea, un comportamiento adictivo. Que se manifestaba en diferentes cosas en mi vida como: obsesión por cosas, por personas… a corta edad.

O sea ya con 15, 16 años yo me comportaba de una manera como obsesiva con la gente, ¿entiende? Quería estar con una misma persona todo el tiempo, tenía comportamientos agresivos. Recuerdo en la adolescencia tener ese tipo de comportamientos. Pero luego, fue cuando fui a la universidad —cuando estuve por primera vez sola— que empecé a investigar, quería saber diferentes cosas. Empezó como una búsqueda en mí. Yo… tenía un vacío tan grande, y lo quería llenar, quería investigar. Yo quería hacer cosas que no había hecho en mi casa.

Entonces empecé a juntarme con personas que no debía —malas compañías— a oír mensajes y cosas que de alguna manera me empezaron a influenciar sobre la sociedad y sobre lo que estaba bien o lo que estaba mal. Entonces me encontré primero con la marihuana. Ese fue mi primer encuentro con un tipo de droga.

Recuerdo que la primera vez que la usé no pasó nada conmigo emocionalmente. Pero luego, la segunda, recuerdo haber pensado y dicho a la persona con quien estaba que “había encontrado lo mío”. Eso fue exactamente lo que le dije ese día.

Nancy: Y tú me decías que, creciendo, tú manifestaste comportamientos que te mostraban que había algo que iba mal; que tú tenías una tendencia a obsesionarte, una tendencia a enfocarte sobre una persona—vamos a decir como a deificarla en tú interior, a ir tras eso. ¿Tú pudieras decir, o recordar, si hubo algo más en tu entorno familiar—en tu crianza— tú que piensas que te afectó?

Angeline: Sí, claro que sí. La violencia. Yo recibí mucha violencia, podríamos llamarle “abuso”. No recuerdo un solo día de mi niñez donde yo no me levantara con un boche, una pelea, o con una pela, o una palabra ofensiva hacia mí. Era algo muy normal—la violencia intrafamiliar. No solamente hacia mí, sino también hacia mis hermanas y entre mi padre y mi madre.

Nancy: Tú conectas la violencia con la adicción al alcohol de tu papá, con todo lo que te fue llevando—ya cuando tú sales y vas a la universidad que estás, como dicen, libre de esa influencia paterna…

Angeline: Los vacíos que traía por esa deficiencia familiar, obviamente, fueron de las cosas que me motivaron a empezar a buscar lo equivocado.

Hay personas que han vivido lo que yo he vivido familiarmente y no necesariamente han usado drogas. Pero, en mi caso, al yo tener una tendencia adictiva tanto genética como emocional, se dio esa búsqueda por ese lado.

Nancy: Y tú dices que la primera vez no te hizo nada, pero la segunda vez habías encontrado—te gustó lo que encontraste. ¿Alguna vez tú te dijiste a ti misma: “No debería estar haciendo esto”?

Angeline: Todo el tiempo, todo el tiempo. Había un sentimiento de inadecuación con relación a donde yo estaba: a los espacios y las personas. Me sentía mal e incómoda todo el tiempo. Y es algo que ahora yo identifico como el Espíritu Santo que se manifestaba en mí, pues yo no quería estar, y quería estar. Siempre tenía una lucha y decía—me preguntaba. Había algo que se despertaba en mi consciencia, en mi sano juicio. Y yo decía: “Pero, ¿qué es lo que yo hago aquí?” Eso me pasó mucho.

Nancy: El uso de la marihuana, ¿te llevó progresivamente a usar otras drogas o simplemente te quedaste usando marihuana?

Angeline: Duré un tiempo que solamente usaba marihuana, e inclusive duré un tiempo que ni siquiera la compraba, sino que era ocasional cuando iba a lugares y la consumía. O cuando alguien, de alguna manera me la regalaba o alguna cosa, yo la consumía. Pero entonces empezó eso a ser progresivo y empecé a querer comprarla y mi adicción creció al punto de yo coger y “auto robarme”, como yo le llamo y querer comprar. Darles dinero a personas para que me compraran. Y progresivamente estando en esos espacios —y con las personas equivocadas, también— empecé a usar otro tipo de drogas.

Recuerdo que la primera vez que usé específicamente crack, que fue lo que empecé a consumir, di un salto grandísimo porque realmente nunca usé cocaína, sino que pasé de marihuana a crack, que es algo bien fuerte. El primer “fumo” fue por un engaño. Me pasaron un habano de marihuana y yo lo fumé pensando que era solamente marihuana, y cuando sentí la reacción de mi cuerpo, me di cuenta que tenía algo que no era solamente marihuana. Ahí comenzó mi adicción a otro tipo de drogas y ahí duré más o menos un promedio de seis meses usando solamente crack.

Nancy: Y es cierto, Angie, que, para encontrar el mismo nivel de satisfacción, ¿necesitas cada vez usar más droga?

Angeline: Sí. El nivel de adicción —el deseo por ella— va aumentando, obviamente, porque el consumo de drogas es un deseo de llenar algo emocional y luego se hace físico. Entonces, al ser la parte física, te pide más.

Mi cuerpo se hace más resistente a ese tipo de droga, entonces obviamente voy a desear más y más y aumentar la cantidad. En mi caso, yo le tenía mucho miedo y yo creo que eso me reprimió para no hacer muchas cosas que pude haber hecho en mayor cantidad.

Nancy: ¿Alguna vez odiaste ese estilo de vida? ¿Alguna vez pensaste: “Esto es un asco, yo quiero dejar esto”? O, ¿se convirtió en algo normal para ti?

Angeline: La primera etapa era normal. Ni siquiera sentía dolor o resentimiento por lo que estaba haciendo ya. Esa parte se murió. Lo hacía muy normalmente, muy comúnmente, como una gente podía tomarse un vaso de agua o comer una comida que le gustara.

Empecé a hacerlo así, pero luego se convirtió en un infierno. Pensé: “Pero esto… esto… tiene que haber otra… otra vida, otra forma de hacerlo, porque realmente no me gusta tener que usar una sustancia para poder sentirme bien o mal, o como sea.” Cualquier cosa en mi vida necesitaba de algún tipo de sustancia para yo hacerla: si quería estar feliz, tenía que usar; si quería bailar, tenía que usar; si quería ir a la universidad, tenía que usar; si quería hablar, tenía que usar; si quería enamorarme, tenía que usar.

O sea que se convirtió realmente en una codependencia—una dependencia demasiado fuerte, y me ató. Y eso no me gustaba.

Nancy: Y, ¿te veías a ti misma como una adicta?

Angeline: No, no, no. Para nada. Yo no… Yo no entendía… yo no me entendía como una adicta. En mi mente decía que en cualquier momento lo podía dejar. Estaba convencida por momentos, que sí, que lo dejaría, que iba a llegar un momento—inclusive había momentos de consumo que decía: “Esta es la última vez.” Y me lo determinaba, pero volvía y lo hacía. Y pasaba una semana, y llegué a pasar un mes, dos meses, tres meses limpia; pero volvía.

Nancy: Y, ¿qué estaba pasando en tu vida en términos espirituales mientras pasabas por todo este tiempo? ¿Qué conocías tú de Dios? Y, si conocías de la existencia de Dios, ¿tú habías puesto esa parte de tu vida como en un segundo plano?

Angeline: Es interesante, pero yo pienso que sí, Dios estaba ahí. Yo conocí del Señor… o sea, conocía de Él, había escuchado de Él, ya tenía encuentros, había escuchado Su Palabra, había gente que me había predicado, me había mostrado al Señor. Pero no había entendido todavía lo que significaba el amor de Dios. Para mí era difícil porque yo no fui… yo no me sentí amada en mi casa, entonces no entendía cuando me decían que Dios me amaba. Entonces era difícil comprender lo que Él me estaba ofreciendo.

Pero sí sabía que Él estaba. Había momentos que yo oraba y que utilizaba un poquito el Dios —lo que yo le llamo “el Dios bombero”— que es cuando yo lo necesitaba. Pero… pero sabía que aun así, Él estaba. Y yo, yo sentía que Él estaba diciéndome: “Yo estoy aquí”, “Yo estoy por aquí”.

Nancy: Y, ¿hubo algún punto en el que tocaste fondo, hasta ese punto como de llegar a la desesperación para entonces clamar a Él?

Angeline: Yo entré a recuperación, traté de salir de las drogas por mí misma, por diferentes vías. Y cuando vi que ninguna vía me funcionaba —porque simplemente yo estaba buscando amor y no encontraba—, entonces me iba por recuperación; que si una iglesia, que si esto, que si aquello. Y nunca llegaba a esa llenura—realmente—que yo estaba buscando. Entonces llegó un momento en que recaía.

Duré más o menos unas tres semanas en consumo, y en ese tiempo dormía todo el tiempo. Y un día me levanté y me di cuenta que todos esos caminos que yo había andado no habían funcionado. Entonces ese día, definitivamente, me vino a la mente que me quería morir. Y que… y le hablé a Dios sobre ese deseo que tenía. Decidí abrirle mi corazón sobre… decirle: “Señor, yo no… yo sé que Tú estás ahí, que Tú me estás viendo, pero haz algo, porque yo ya no puedo más, o sea, si Tú estás ahí, si Tú me estás escuchando de verdad, yo necesito que Tú intervengas, porque este es el tiempo para hacerlo y yo estoy dispuesta a hacer lo que Tú me digas para que se dé.”

Y recuerdo algo… simplemente me paré y estaba determinada no sé a qué, y me paré, y algo me dice: “Ponte tus chancletas y sal.” Y yo salí a la puerta de mi casa, y cuando me paré ahí, pasó una guagua y se devolvió un carro, y ese carro traía todo un grupo de gente que había estado conmigo en un programa de recuperación en el que yo había intentado entrar. Y se devolvieron y me dijeron: “¡Pero mírala aquí!” Y me llevaron a ese programa. Y ese fue el inicio de mi recuperación.

Nancy: O sea que ese día llegaste finalmente —como pudiéramos decir— al final de ti misma.

Angeline: Exactamente.

Nancy: Y, ¿cómo… cuándo fue como que sentiste que tu corazón empezó a volverse hacia Cristo? Porque ahí ok, “Señor, yo te clamo, yo me quiero morir, yo no quiero esta vida”; pero, ¿cuándo la luz de Cristo comienza a resplandecer y te salva?

Angeline: Sí, en mi deseo por estar limpia empecé a asistir—estaba en un programa de recuperación, ya tenía cuatro meses limpia y me sentía… pero empecé a flaquear nuevamente, a sentirme que— ¡guau!—turbulenta. Entonces en esa búsqueda me encuentro con alguien que me invita a una iglesia y me dice: “Yo creo que tú lo que necesitas es otra cosa fuera de recuperación.”

Y comienzo a asistir a una iglesia, y en esa iglesia me comienzan a hablar de un Jesús, de Dios, de un Dios de amor que está ahí pendiente y que Él sabía de antemano que yo lo necesitaba, y que Él estaba ahí desde mi inicio y desde que yo estaba en mi casa, y que supo de los abusos. Y así fue que yo empecé una relación con Él, personal, a escucharlo, Él… a darme ese cariño poco a poco. Y el tiempo pasó hasta que simplemente lo recibí y empecé una relación personal con Él de manera estrecha y amorosa.

Nancy: Pudiste arrepentirte de tus pecados, entendiste que habías sido pecadora y que en Cristo había perdón, que Él los echa a lo profundo del mar y que en Él hay nueva vida. Dice la Palabra que, “si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.”

¿Y cómo fue ese proceso, entonces, de liberarte de la adicción? Hasta ahí tú tenías unos meses limpia pero sentías que podías flaquear. Ahora con Cristo en tu corazón, ¿cómo fue ese proceso?

Angeline: Fue difícil realmente. Fue un proceso de mucho dolor, de morderme los dedos. Pero ya era diferente porque yo ni siquiera quería estar limpia por mí, sino que yo quería estar limpia por Él, por Su gracia, porque yo quería estar limpia por seguirlo para hacer Su voluntad, entiende?. Estar limpia para hacer lo que Él quería para mí y de agradarle a Él por encima de cualquier cosa, inclusive sobre mis propios deseos.

Y Él empezó a darme un amor que yo no había recibido hasta ese momento. Un amor de padre, un amor de hermano y todo. Fue… ha sido maravilloso realmente.

Nancy: O sea que aún tú puedes decir que ha sido largo y difícil pero a su vez maravilloso.

Angeline: ¡Sí! Ha sido difícil, pero maravilloso también porque en ese proceso he conocido personas que me han dado apoyo—amigos, hermanos que han estado conmigo en ese tiempo cuando yo me siento sola o cuando yo necesito que oren por mí, cuando he tenido tentaciones—porque las tengo y las he tenido—. Pero Él ha provisto una serie de recursos que son importantísimos en mi vida.

A través… no sólo de Su Palabra, también los amigos, la iglesia, lugares donde yo puedo ir y recurrir para pedir ayuda cuando lo necesito; espacios, familia nueva. Me he hecho también parte de grupos donde yo puedo servir y ayudar a otras mujeres que están en lo mismo—que han pasado por la misma situación.

Nancy: Sí, son medios de gracia que Dios pone a nuestra disposición. Yo te quería hacer una pregunta sobre eso, eso de rendir cuentas. Hemos oído que es un proceso importante o sea— tener una persona a quien llamar, con quien estés conectada. Para eso mismo, para que ore contigo, para que te ayude, para que te acompañe, para la misma lectura de la Escritura, inclusive memorización, la asistencia—como tú dices—a la iglesia; las familias que te acogen en esa nueva familia, que es la familia de la fe.

Angeline: Sí.

Nancy: Tú tienes esa persona —o esas personas— a quienes tú les rindes cuentas de quienes estás cerca—específicas—no como un grupo general de la iglesia, sino personas específicas.

Angeline: Sí. Definitivamente. Yo tengo gente a la cual yo debo llamar cada cierto tiempo, y si no la llamo hay problemas. Y tengo personas que me mostraron otro patrón de familia, donde yo llego ahí y soy parte de su casa. Gente que yo debo llamar a diario también para contarle en qué estoy, cómo me siento, y me dan seguimiento.

Yo creo que eso fue fundamental —ha sido fundamental— en lo que es mi recuperación y mi encuentro con el Señor. Oraciones; yo en particular recuerdo una oración que se hizo conmigo cuando comencé también mi recuperación. Esa oración diciendo que las puertas estaban abiertas para que todo lo que se diera, llegara con relación a eso—a la recuperación. Y yo recuerdo esa oración con muchísimo cariño porque realmente sentí el poder de Dios que sí, que las puertas se abrieron a partir de ese momento. Nada fue coincidencia a partir de ese día, de esa oración.

Y muchísimas personas que en momentos han salido corriendo cuando yo lo necesitaba, fueron a mi casa inclusive hasta en las noches. O sea que ese tiempo y esa gente tienen que estar ahí. Yo debo ser intencional en buscar ayuda. O sea, no es ni siquiera esperar que llegue a mí, sino yo ser intencional si quiero realmente hacer un cambio y cambiar mi vida.

O sea, pedirle a Dios que, si no las tengo, que esa gente llegue. Pedirla a Dios y buscarla. Y si la primera persona no funciona, buscar la segunda. Y ser parte de ese proyecto que Dios quiere para mí, accionando también.

Nancy: Sí, porque esa es la forma en que Cristo provee esa ayuda.

Angeline: Claro que sí.

Nancy: Es a través… Él usa todos esos medios que tú mencionaste y las personas son claves.

Angeline: Es imposible hacerlo solo. Eso es imposible. La persona que dice que está en recuperación, pero que lo hizo solo, realmente no está en recuperación, porque eso es imposible. La compañía es fundamental para ver un cambio. Inclusive, Dios nos manda a eso—a estar en comunidad y ser parte de una comunidad activa.

Nancy: Exactamente.

Angeline: Y a través de la comunidad es que Él se manifiesta en mi vida.

Nancy: Por eso la Escritura dice, “Mejor son dos que uno, porque hay del solo que cuando cae, no tiene al lado quién lo levante.”

Angeline: Así mismo.

Nancy: Y también me viene a la mente el texto que habla de cuando nosotros hacemos algo por uno de estos más pequeños, el Señor dice, “A mí me lo hiciste.” O sea que el Señor, cuando uno extiende esa mano, es realmente del Señor y al Señor. Es un medio de gracia que Él dispone para nosotros.

Angie, ¿cuánto tiempo tienes sin usar drogas?

Angeline: Doce años.

Nancy: Doce años… eso es mucho tiempo. Y cuando hablábamos de que el proceso ha sido difícil—que no es un proceso fácil—, ¿tú qué pudieras decir acerca de las recaídas? ¿Cómo pudiera ser de aliento el hecho de saber que hay un camino en que uno falla pero sigue adelante?

Angeline: La recaída—yo entiendo—es parte de lo que es el mismo proceso de recuperación. Si una persona tiene la intención, el deseo de mantenerse limpio y está buscando cambios en su vida, debe entender que en algún momento puede ser que falle.

Pero la diferencia está en continuar, por encima de tú caer. Primeramente buscar a Dios por encima de todas las cosas, y pedirle que te dé las fuerzas, el deseo y las herramientas para el siguiente paso. La recaída puede convertirse en una bendición cuando te pasa la primera vez, y tú sabes qué hiciste mal en la primera y la segunda no te pasa, porque ya tienes las herramientas adecuadas.

Voy a ponerte un ejemplo: si yo tengo la experiencia de que hay algunos lugares que yo no puedo visitar porque esos lugares me hacen daño y me llevan a una recaída, obviamente, la segunda vez yo no voy a estar en ese sitio. Yo voy a buscar la manera de alejarme de esos lugares, porque a mí me afecta y me lleva a una recaída.

Entonces, la misma experiencia es la que te va haciendo… En el adicto eso es algo muy común, pero poco a poco, si él se mantiene dentro de lo que es la recuperación, él puede llegar a tener otra vida y a mantenerse firme.

Nancy: Angie, gracias por haber estado con nosotros, por estar dispuesta a ser abierta, a compartir tu testimonio para bendición de otros y de muchas a quienes Dios, quizás a través de este programa, está llamando a la libertad que tú encontraste en Cristo.

¿Qué otra cosa tú quisieras dejarnos como mensaje final ahora que estamos terminando este programa?

Angeline: Sí, quisiera decirles que una de las cosas que más agradezco es la apertura que tuvo la iglesia al recibirme—la iglesia a la cual yo asisto. Que me dio la oportunidad de estar y ser parte de su comunidad. Me dieron apoyo, me abrieron las puertas, hicieron todo lo que fuera necesario que yo necesitara para que se diera ese cambio. Eso lo agradezco mucho.

También ahí conocí a un Dios que… Él puede llenar cualquier tipo de vacío. Que todas mis ansiedades, cualquier tipo de afecto que yo necesité de mi niñez, de mi presente, Él los llena. Que no hay adicción que pueda con Él, que realmente en Él yo recibo todo lo que yo quiero y necesito—está en Jesús; en Su gracia, en Su perdón. A través de Él yo he podido ser otra persona, pero no solamente “otra persona”, sino alguien que Él está moldeando y que Él puede transformar, y que Él ha convertido en lo que Él ha querido.

Yo le doy las gracias al Señor —realmente— por esa… por todo eso que Él ha hecho por mí, que ha dado para mí… le doy las gracias.

Nancy: Amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado hablando con una mujer llamada Angeline acerca de la oscuridad de la adicción y el poder restaurador de Dios. Los programas de esta semana nos han ofrecido un buen balance para entender los sólidos principios bíblicos acerca de las adicciones y las historias que ilustran estos principios. Nancy retomará la enseñanza de Tito 2 en el próximo programa y continuará explorando la naturaleza destructiva de las adicciones.

Si necesitas ver más recursos de este y otro tipo te invitamos a visitar nuestra página web, www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Incluso, si nunca has probado el alcohol o las drogas, lo cierto es que necesitas saber sobre este tema y ser cuidadosa. Hay más adicciones sutiles que podrían causarte problemas. Hablaremos sobre esto en nuestro próximo programa. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Nancy está de regreso para terminar con una oración.

Nancy: Señor, qué bueno que en Cristo tenemos un poderoso Salvador. Gloria sea a Tú Nombre, Señor, porque Tú perdonaste todos nuestros pecados; nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Gracias porque así como está de lejos el oriente del occidente, así has hecho alejar de nosotros nuestras transgresiones.

Gracias, Señor, porque Tú has hecho una obra maravillosa en la vida de Angie y Tú puedes repetir esa obra Señor en la vida de tantas mujeres que están escuchando este programa; que están esclavas, Señor, a distintas y diversas adicciones. No solamente a las drogas Señor, sino también al alcohol, a los hombres, a las compras, a tantas y tantas cosas tras las cuales nuestros corazones se van Señor.

Que Tú seas el único Señor a quien nosotros adoremos, el único a quien nosotros servimos. Que busquemos primeramente Tu gloria, Tu reino y Tu justicia. Y todo esto, Señor, te lo presentamos en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com