39. Miguel Nuñez ¿Cuál es el Estados Unidos que la administración de Obama dejó?

No es tan simple como parece

39. Miguel Nuñez ¿Cuál es el Estados Unidos que la administración de Obama dejó?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Episodio 51 – Cómo leer la Biblia y Predicarla

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 51 – Cómo leer la Biblia y Predicarla

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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¿El Dios del Antiguo es el mismo Dios del Nuevo Testamento?

No es tan simple como parece

38 –  ¿El Dios del Antiguo es el mismo Dios del Nuevo Testamento?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

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¿‘Yo te bendigo’ o ‘Dios te bendiga’? Una extraña costumbre que nos debe preocupar

Alimentemos El Alma

¿‘Yo te bendigo’ o ‘Dios te bendiga’? Una extraña costumbre que nos debe preocupar

Por Juan Stam-

En los últimos años, amplios sectores de la comunidad evangélica vive pasando de una novedad sensacional a la siguiente, como un borracho que anda a caballo, al decir de Martín Lutero. Entre esas modas recientes está la costumbre de decir “Yo te bendigo” en vez del tradicional “Dios te bendiga”.

Aunque eso ya es muy común, y no dudo de la sinceridad y buena voluntad de las personas que me lo dicen, tengo que confesar que me entran dudas cada vez que alguien proclama esa solemne bendición sobre mi existencia. Me pregunto exactamente qué puede significar, o qué estará pensando esa persona. ¿Será simplemente una versión evangélica de “Buena Suerte”? Para ser sincero, esa invocación solemne no parece haber traído ningún beneficio concreto en mi vida (que de por sí es maravillosamente bendecida por Dios). Me cuesta tomar con seriedad una bendición puramente verbal y formal, por un desconocido o una desconocida que pronto se olvidará de mí y desaparecerá de mi vida, como yo de la vida suya.

Me confunde aún más el otro lado de este nuevo fenómeno, y es que el flamante “Yo te bendigo en el nombre del Señor” ha desplazado casi totalmente la invocación de la bendición divina. Ya se oye muy poco “Dios te bendiga”, y algunos hasta lo entienden como una falta de fe, una timidez en asumir la autoridad que Dios ha puesto en las manos nuestras y por ende ya no en las manos de él.

Parece que esta “renovación” nace de una enseñanza que nos trajo el famoso pastor coreano, Yonggi Cho. Yo mismo escuché su sermón en Costa Rica cuando nos explicó que si Cristo nos ha entregado las llaves del cielo a nosotros, entonces ya no las tiene él. ¿Podría haber algo más obvio que eso? Después de su sermón, el reverendo asiático dividió a todos los presentes según las provincias del país para ejercer el poder de las llaves sobre sus respectivos territorios y proclamar bendición sobre sus provincias. Después, unos pastores alquilaron una avioneta para echar aceite, en el nombre del Señor, sobre las ciudades y campos, montañas y valles, de todo el país. La fuerza mística de la “bendición” taumatúrgica, reforzada por la fuerza mística del aceite bendecido, debía asegurar avivamiento en nuestra patria y una notable transformación.

De hecho Costa Rica cambió mucho después, pero de mal en peor en pésimo. Y aunque la nueva doctrina de Yonggi Cho es lógicamente irrefutable, no es bíblica y de hecho es peligrosa para la iglesia. Lo que Cristo comparte con nosotros, no lo pierde él. El sigue siendo Señor de la iglesia y de la historia; las llaves todavía están en sus manos. Inferencias doctrinales, aun cuando son lógicamente válidas, pueden llevarnos a herejías. Muchas enseñanzas de los Testigos de Jehová y los Mormones son rigurosamente lógicas, pero gravísimos errores doctrinales. Como escribí en un artículo anterior, sobre el púlpito evangélico, “los heréticos son muy lógicos, pero nada bíblicos. No toda inferencia lógica del texto es fiel al sentido de él y al mensaje que el Espíritu Santo inspiró”.

A menudo me pregunto, “¿En qué cree este hermano que él (o ella) me puede bendecir? ¿Qué autoridad cree tener para declararme bendecido?”. Creo que no exagero al ver aquí un vestigio del catolicismo tradicional, entre las muchas cosas poco bíblicas del catolicismo que los evangélicos hoy vamos incorporando en nuestra práctica religiosa en vez de otras cosas buenas de ellos. Cuando alguien me pronuncia una bendición de ésas, me digo, “Sólo falta que me bendijera el santo padre en Roma”. ¿Pero creemos los evangélicos en la fuerza espiritual de “una bendición papal”? Personalmente, y con todo respeto, no creo que el Papa ni nadie más me puede declarar bendecido; eso sólo Dios puede hacer. Lo que pasa es que entre los evangélicos, no creemos en el Papa pero muchos queremos ser pequeños “papitos” y repartir bendiciones papales.

Me parece que el fenómeno bajo consideración es síntoma de un problema más general. El “cristianismo lite” de nuestra época ha acentuado al extremo el individualismo, y en muchos casos el egoísmo, que son típicos de nuestra sociedad modernaContra las palabras de Jesús, vamos a la iglesia para lo que nos puede servir a nosotros. Para parafrasear una consigna de John F. Kennedy, “No preguntes lo que la iglesia puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer para el reino de Dios”. Hoy los líderes de la iglesia se aferran a sus títulos, y en muchos casos lucran con el evangelio. A menudo hay un culto a la personalidad del líder y admiramos más al ser humano por quien Dios actúa que a Dios mismo. Y en la mayoría de estos casos, son los mismos apóstoles, profetas, evangelistas, sanadores y conferencistas que cultivan celosamente este culto a su propia personalidad.

En esa subcultura individualista los creyentes comunes y corrientes merecen también su cuota de auto-gratificación numinosa, su propia tajada de poder espiritual. No quiero juzgar mal, pero sospecho que el poder pronunciar bendiciones bajo su propia autoridad, con un “Yo te bendigo”, da cierta satisfacción personal a estos hermanos y hermanas “bendecidores”, que un humilde “Dios te bendiga” no ofrecería. Aunque no sean apóstoles ni profetas, ni predican ni cantan ni curan, por lo menos pueden andar repartiendo solemnes bendiciones a diestra y siniestra..

El culto a la personalidad, esta religión de gratificación egoísta que permea nuestra comunidad evangélica hoy, es muy cuestionable bíblicamente. En el Nuevo Testamento, por ejemplo, un “don de sanidad” es el acto de Dios de dar salud a un enfermo, no alguna fuerza supernatural de curación que poseyera algún ser humano. Hoy día, si Dios en su gracia sana a un enfermo, mañana el milagro aparece en televisión y el sanador es famoso. Parecido pasa con evangelistas, conferencistas y salmistas. La gloria y la honra van al agente humano y no al Actor divino que sanó y que bendijo. Me parece que algo parecido pasa con la nueva moda de “Yo te bendigo, hermano”.

Es muy aleccionador el ejemplo de Pedro y Juan en los Hechos 4. Después de la curación del cojo, con el hombre sanado agarrado de sus brazos, los apóstoles rechazan todo mérito por lo que había ocurrido. “Varones israelitas, ¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” (Hch 3:12). ¡No dirigen sus miradas hacia nosotros, decían Pedro y Juan; queremos desaparecer para que sólo se contemple el rostro de Cristo! Hoy día parece lo contrario, que algunos sanadores dicen en efecto, “Miren estas manos; estas manos tienen poder para sanar”.

En otro sentido, es cierto que todos debemos ser de bendición unos a otros. En su sentido bíblico, “bendición” significa vida, salud, bienestar (Dt 30:19-20). Las lluvias y los pozos, los buenos partos y buena lactancia (Gén 49:25) son bendiciones que sólo Dios puede dar, pero nosotros podemos colaborar con Dios en realizarlas. Dios prometió bendecir a Abraham para que él fuera de bendición a todas las familias de la tierra. Esa promesa introduce el tema central del libro de Génesis: ¿cómo ser de bendición a los demás? Abraham bendijo a Lot, y hasta a los reyes de Sodoma y Gomorra, no por pronunciar fórmulas sobre ellos sino por defender su bienestar integral. Igual con Isaac, Jacob y especialmente José. José cumplió a cabalidad la promesa a Abraham, reorganizando la economía de Egipto para defender la vida, no sólo de Egipto ni sólo de los hebreos, sino de todas las naciones vecinas.

Amado hermano, amada hermana, si quieres bendecir al pobre, dale algo que le puede ayudar en su necesidad. Si quieres bendecir al enfermo, no añada a su sufrimiento con frases piadosas o fórmulas vacías, sino tomarle la mano y orar por su salud, su paz y su bienestar integral. Si quieres bendecir a un matrimonio en crisis, o con hijos drogadictos, acompáñalos en su dolor y lucha y busca maneras de ayudarlos. Si quieres bendecirme a mí, regálame tu sonrisa cálida y tu amor sincero, y ora por mí con un buen “Dios te bendiga, amado hermano”.

¡Eso sí es una excelente manera de bendecirnos unos a otros!

¿POR QUÉ CELEBRAMOS EL ADVIENTO?

Coalición por el Evangelio

Noticias de gran Gozo

¿POR QUÉ CELEBRAMOS EL ADVIENTO?

La palabra «Adviento» no es una con la que crecí en la iglesia evangélica. Cuando la conocí, me sonó como algo que más bien creía la Iglesia católica romana. Luego me llevé una sorpresa al aprender que, a lo largo de la historia del cristianismo, el Adviento es visto como uno de los momentos más especiales en todo el año, solo comparable en importancia a la conmemoración de lo que Jesús hizo en la Semana Santa.

¿Por qué es tan especial el Adviento? La palabra viene del latín adventus Redemptoris, que significa «venida del Redentor». Eso es exactamente lo que se busca celebrar y recordar en este tiempo. Siempre ha sido visto por los creyentes como una temporada especial para meditar en el misterio de la encarnación de Jesús y gozarnos en lo que significa, y así preparar nuestros corazones para gozarnos más en Dios.1

Esta realidad, que el Hijo de Dios se hizo hombre para redimirnos y darnos vida eterna junto a Él, lo cambia todo. Nos muestra hasta qué punto el Dios infinito en gloria fue capaz de descender por nosotros para luego elevarnos junto a Él. Nos muestra que el regalo más grande que Dios decidió darnos, cuando más bien merecemos el castigo eterno por nuestros pecados, es Él mismo.

El Adviento es una época para recordar el amor de Dios, un amor que corazones distraídos como los nuestros tienden a olvidar con facilidad. Este es un amor que nos llena de consuelo, paz y esperanza cuando hemos fallado o cuando estamos en medio del dolor. Un amor que también nos lleva a darle toda la gloria a Dios en nuestros momentos de alegría, y a compartir de su gracia con un mundo que la necesita desesperadamente.

Todo esto está en el corazón del evangelio. Por eso los grandes líderes de la Reforma protestante del siglo XVI promovieron la celebración del Adviento con fervor. Si la salvación es por gracia sola, por medio de la fe sola, y por medio de Cristo solo, entonces tenemos el mayor de los motivos para gozarnos en Dios en respuesta a su salvación.

Así que el Adviento es un tiempo para buscar conocer más profundamente a Jesús a la luz de su encarnación, mientras también nos identificamos con las personas que en tiempos del Antiguo Testamento aguardaban la llegada del Mesías prometido, tratando de ponernos en sus zapatos mientras esperamos que llegue el día de celebración de la Navidad. Sin embargo, no somos llamados a mirar únicamente al pasado, sino también al futuro, preparándonos para aquel día en que veremos al Señor regresar para consumar su reinado.

Oramos que las siguientes meditaciones te ayuden a crecer más en tu amor por Dios y desear con más fervor el segundo adviento del Rey que nos redimió por su gracia.

Josué Barrios

Editor General

Acompáñanos por un viaje de veinticinco días de reflexión que nos lleve a través de algunos de los pasajes bíblicos más significativos sobre el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo y lo que Él vino para realizar.

http://www.coalicionporelevangelio.org

EL EVANGELIO DE HOY ¿AUTÉNTICO O SINTÉTICO?

Lumbrera

Walter J. Chantry 

Walter J. Chantry presenta un libro corto pero de gran contenido que usted no debe dejar de leer.

El evangelio de hoy ¿Auténtico o sintético? es una obra magistral que le ayudará a presentar el evangelio, como lo presentó Jesús. Voy a compartir con ustedes algunas pinceladas de este libro para su edificación.

¿Qué le pasa al evangelismo de hoy?

Verdad y unidad

Los evangélicos saben que hay problemas en sus iglesias y misiones. Tras la fachada de los entusiastas informes y de las grandes estadísticas, hay una conciencia profunda de que la iglesia tiene poco poder en la evangelización. Los dirigentes eclesiásticos, mientras intentan con ardor crear un aura de gozo y victoria entre seguidores, se encuentran inquietos y profundamente insatisfechos por su situación actual por el resultado de sus esfuerzos.

Se siguen haciendo las mismas preguntas: ¿Qué le pasa a nuestro evangelismo? ¿Qué hace falta para ganar al mundo para Cristo? ¿Dónde está el poder de un Jonathan Edwards o de un George Whitefield?

En esta búsqueda sincera para que el poder de Dios vuelva a la predicación de hoy, los evangélicos han cometido algunos errores cruciales. A pesar de ser creyentes en la Palabra de Dios, han recurrido a las mismas soluciones superficiales que han adoptado los liberales. Lo pertinente, lo respetable (sea intelectual o social), y sobre todo la unidad, han venido a ser los objetivos del pueblo de Dios, en la esperanza de que estas cosas revitalizarán a una debilitada iglesia.

Al haber aceptado la teoría de que la unidad es absolutamente necesaria para la evangelización mundial, tanto la iglesia como el individuo deben rebajar la estimación del valor de la verdad. Por ello, en un gran congreso sobre evangelización no podríamos hacer hincapié en alguna verdad de la Palabra de Dios que pudiera ofender a un hermano evangélico. Así es necesario encontrar el mínimo denominador común que todos los cristianos nacidos de nuevo puedan aceptar. Las organizaciones misioneras tacharían de “no esencial” al resto de la Biblia. Después de todo, la unidad (entre cristianos) se considera más importante que le precisión doctrinal.

Es precisamente por esta razón que las sociedades misioneras no se han mostrado dispuestas a examinar cuidadosamente la raíz del problema en la predicación. Los consejos de administración de las misiones vacilan para contestar a la pregunta: “¿Qué es el evangelio?”

El contestar a esta pregunta a fondo supondría condenar lo que predican muchos de sus misioneros. Destruiría la sociedad misionera que depende de una cooperación de iglesias que tienen distintas respuestas a esa pregunta. El adoptar el criterio de una iglesia significaría perder la ayuda de las otras. Todo el sistema construido sobre la base de la unidad y la generalidad se derrumbaría. Tampoco la iglesia local puede ser muy específica respecto a la verdad. Podría afectar a su armonía con la denominación o la asociación. La definición escrupulosa del evangelio provocaría también conflictos con las organizaciones que trabajan entre adolescentes. Promovería irritantes problemas con las juntas directivas de las misiones y embarazosos desacuerdos con misioneros que han sido apoyados durante muchos años. Podría asimismo condenar el programa entero de la Escuela Dominical. El prestar mucha atención al contenido del evangelio produciría fricción con otros evangélicos. ¡Y la unidad es la clave del éxito!

La tradición en el evangelismo

Los evangélicos aman la herencia de la Reforma. Estamos en línea de Lutero y de aquellos que rompieron las cadenas de la superstición papista. La Biblia, la Palabra Santa de Dios, es nuestra guía en todas las cosas. No nos doblegamos ante ninguna autoridad religiosa humana. Esa declaración fluye de un correcto espíritu de suprema lealtad a Dios. Sin embargo, el grito “Sola scriptura” es con frecuencia más una indicación de buenas intenciones que un hecho. El ala evangélica de las iglesias protestantes está saturada de doctrinas y prácticas que no tienen fundamento bíblico. Muchas enseñanzas y costumbres referentes al evangelio son tan invención y tradición humana como lo fueron las indulgencias de Tetzel. Y ciertas doctrinas que hay entre nosotros son igual de peligrosas.

En la cuestión central del camino de la salvación, amplios sectores del protestantismo están entregados al neotradicionalismo. Hemos heredado un sistema de predicación evangelística que no es bíblica. Y esta tradición no es antigua. Nuestro mensaje y forma de predicar el evangelio no se remontan a la Reforma y a sus credos. Son innovaciones mucho más recientes.

Peor aún: no se encuentran en las Escrituras. Es evidente que han surgido de una exégesis superficial y de una descuidada mezcla del racionalismo del siglo XX con la revelación de Dios.

El producto resultante es un conglomerado peligroso -exactamente de la clase que Satanás usa para engañar a los pecadores. ¿Que secta es la que no ha aprendido a emplear versículos de la Biblia y verdades a medias para establecer sus mentiras? Esa ha sido la estrategia del Diablo desde principio (Génesis 3:5). Mediante la venta de otro evangelio a esta generación, Satanás ha estado utilizando a muchos hombres sinceros para predicar un Cristo destronado. La gloria del Salvador queda oculta incluso para sus servidores por causa de que los predicadores no dan la debida atención al evangelio de la Palabra de Dios sola.

Los productores del evangelismo moderno son, con frecuencia, tristes ejemplos de cristianismo. Son personas que hacen una profesión de fe y luego continúan viviendo como el resto del mundo. Las “decisiones por Cristo” significan muy poco. Sólo una pequeña proporción de los que “se deciden” presentan la evidencia de la gracia de Dios en una vida transformada. Cuando la excitación de la última campaña de evangelización se ha esfumado, cuando el coro ya no canta emocionantes himnos, cuando ya no se reúnen las grandes multitudes y cuando la conmovedora esperanza de la “invitación” del evangelista se ha trasladado a otra ciudad, ¿qué queda de real y duradero? Cuando ya sea ha visitado cada casa del pueblo de misión, ¿qué se ha conseguido? Un corazón sincero responderá: “Muy poco”. Se ha hecho mucho ruido y ha habido una conmoción espectacular, pero Dios no ha descendido con su terrorífico poder y su gracia regeneradora.

Todo esto está relacionado con el uso de un mensaje no bíblico en el evangelismo. La verdad necesaria para dar vida ha quedado oculta por la cortina de humo de las invenciones humanas. Sobre la base superficial de la lógica humana se ha inducido a muchos a creer que tienen un derecho a la vida eterna y se les ha dado una seguridad que no les pertenece. Los evangélicos están engrosando las filas de los engañados con un evangelio pervertido. Muchos de lo que han tomado “decisiones” en las iglesias modernas, y se les ha dicho que sus pecados han sido perdonados, se sorprenderán al oír -como los clientes de Tetzel– “Nunca os conocí; apartaos de mí.” (Mateo 7:23).

Muchos del los que leen estas páginas habrán heredado costumbres y enseñanzas que asumirán como la forma correcta del evangelismo. Nunca habréis visto una iglesia viva evangelizar activamente de otra manera, de modo que les habréis puesto en duda. Ya se que hay algunos que afirman tener la teología de la evangelización más exacta, y que no hacen nada para ganar pecadores para Cristo. Por una parte, la ausencia de celo evangelizador es una situación terrible; pero también existe el peligro de un evangelismo no conforme a ciencia. ¿Podrías estar desviando almas o dirigiendo mal las labores de otros cristianos? ¿Has examinado tu mensaje de tus métodos a la luz de la Palabra de Dios?

Pastores, esta no es una pregunta ociosa: ¿Nunca os habéis extrañado de esos “convertidos” que son tan carnales como siempre? ¿Y qué decir de aquellos que “se han decidido por Cristo” y no se puede saber lo que han decidido? No son piadosos como el Salvador en el que profesan creer, ni celosos por su causa. No estudian la Palabra y no se preocupan si están ausentes cuando es predicada. En consecuencia se puede saber que no dan una evidencia de verdadera conversión. ¿Has considerado la posibilidad que nunca fueron evangelizados? ¿Acaso han sido tu predicación y tus métodos los que les ha guiado a sentirse a gusto con Cristo?

A menos que nuestras iglesias se repiensen lo que es el camino de la salvación mediante una sincera búsqueda en la Palabra de Dios, el protestantismo evangélico se asfixiará en la ciénaga de las tradiciones humanas, como le sucedió a Roma mucho tiempo atrás. Ya hay muchos evangélicos que se ven tristemente maniatados como lo están los ignorantes vasallos del Papa. No se puede pretender la unidad a expensas del evangelio.

Muchos casos concretos del evangelismo personal de nuestro Señor y muchos sermones apostólicos servirían muy bien para definir lo que es el evangelio. Hemos elegido la entrevista de Jesús con el joven rico porque es un ejemplo vivo de los elementos esenciales de la predicación del evangelio, según encontramos por todo el Nuevo Testamento. Las palabras de Marcos 10:17-27 resaltan en claro contraste con la doctrina prevalente de los evangélicos de hoy. La diferencia entre el evangelio actual y el evangelio de Jesús no consiste en pequeños detalles sino en la esencia de la cuestión. Las desviaciones modernas son lo bastante graves como para entristecer al Espíritu y dar como resultado unas redes vacías. Son tan peligrosas que pueden desviar a las almas por toda la eternidad.

Algunos irán a refugiarse de inmediato tras el cómodo escudo del relativismo. La excusa de que “solo es una cuestión de énfasis” se utilizará para eludir un autoexamen profundo de la luz de la Palabra de Dios. Pero los contrastes que resultan de la comparación del Evangelio de Cristo y el “evangelio” popularizado de nuestro tiempo, son cruciales y no periféricos. En el contraste entre estos dos mensajes pueden estar la diferencia entre la vida y la muerte para un alma, y la diferencia entre la vitalidad y la esterilidad para una iglesia.

Ningún cristiano sincero tiene la intención de engañar a los pecadores. Por su amor a las almas, los evangélicos sinceros presentan algunas verdades profundas en su testimonio. Y sin embargo, a causa de la omisión inconsciente de ciertos ingredientes esenciales del evangelio, son muchos los que fracasan en comunicar incluso aquella parte de la Palabra de Dios que intentan explicar. Cuando media verdad se presenta como si fuera toda la verdad, se convierte en falsedad.

Aunque las soluciones pueden ser dolorosas, debes preguntarte si tu iglesia, tus misioneros, tus evangelistas, tus maestros de Escuela Dominical y tú mismo, estáis predicando el evangelio de nuestro Señor. Aunque la respuesta pueda provocar incomodidad, conflictos, malentendidos y pérdida de amigos, no puedes deshonrar a Dios haciendo caso omiso a su verdad. Si no estás dispuesto a estar firme acerca del contenido del evangelio, entonces nunca más hables de celo, el sacrificio y la actividad. Si no estás dispuesto a exigir que la historia que hay que contar a las naciones tiene que ser exactamente la historia de Jesús, ¿para qué continuar con el “evangelismos” y con las “misiones”?

Observa atentamente al Maestro Evangelista de todas las edades. Escucha su mensaje, examina sus motivos y toma nota de sus métodos. Y luego refléjalo en tu propio ministerio. En aquel joven del año 30 d.J.C. verás el rostro de los jóvenes de nuestros tiempos. Para llegar a ellos debes decir lo que el Señor dijo. Para agradar a Dios debes trabajar como Cristo trabajó. ¡Arroja las cadenas de las tradiciones evangélicas! rechaza el tener que pagar la unidad externa con las monedas de la verdad fundamental. En el evangelismo, aprende a seguir al Cristo de la Escritura. Echa mano del evangelio auténtico y desecha el sintético.

Índice

1. La predicación del carácter de Dios

* Las ventajas del joven rico

* La reprensión de Jesús

* El motivo de Jesús

* El mensaje de Jesús

2.- La predicación de la Ley de Dios

* Los primeros nueve mandamientos

* El décimo mandamiento

3.- La predicación del arrepentimiento

4.- La predicación de la fe en el hijo de Dios

5.- La predicación de la confianza de ser aceptado por Dios.

6.- La predicación dependiente de Dios

Conclusión

Bibliografía de interés

ARTÍCULO TOMADO DE: https://lumbrera.me/

Por qué «Abba» no significa «papito»

Coalición por el Evangelio

Por qué «Abba» no significa «papito»

JUSTIN TAYLOR

En ocasiones se nos ha dicho que la palabra Abba en arameo (Ro 8:15Gá 4:6) indica que debemos llamar a Dios Padre «papito», como una expresión de intimidad relacional reverente.

Murray Harris, el estudioso del Nuevo Testamento quien ha sido llamado una de las más grandes mentes griegas de nuestros días, nos dice por qué esto no es cierto.

A continuación comparto un extracto de su libro Navigating Tough Texts: A Guide to Problem Passages in the New Testament (Navegando por textos difíciles: Una guía de pasajes problemáticos en el Nuevo Testamento).


Es cierto que en el Talmud judío y otros documentos judíos encontramos declaraciones tales como: «cuando un niño experimenta el sabor del trigo (esto es, cuando es destetado), aprende a decir ‘abbā ‘immā» (en el Talmud babilónico Berakot 40a) (= nuestro «dada» y «mama»).

Sin embargo, aun si el término abba comenzó como un balbuceo infantil (y esto no está muy claro), en los tiempos de Jesús era una palabra de adultos que significa «Padre» o «mi Padre» (como un vocativo) o «el Padre» o «mi Padre» (como una referencia).

Es decir, abba no es un término infantil de guardería comparable a «papito». Era un término cordial y serio, pero también coloquial y familiar, usado con regularidad por hijos e hijas adultos al referirse a su padre. Unida a esta palabra familiar de confianza y obediencia infantil están las nociones de simplicidad, intimidad, seguridad y afecto. Entonces, para evocar la sensación de intimidad cálida y confiada que pertenece a la palabra, podríamos parafrasearlo de manera apropiada como «querido padre».

Si Pablo hubiese querido expresar el sentido de «papito», él pudo haber usado una palabra en griego que él sin duda conocía: papas pappas que quiere decir «papá» o «papito», la primera palabra que un niño dice para «padre».

Estas son cuatro razones por las que «papito» no es una traducción apropiada para Abba.

Primero: En los tres pasajes del Nuevo Testamento donde la palabra abba aparece (Mr 14:36Ro 8:15Gá 4:6), es traducido de manera inmediata con el término «Padre» (ho patēr, el nominativo articular griego usado en un sentido vocativo).

Segundo: Jesús mismo indicó a sus seguidores que llamarán a Dios como «nuestro Padre», pater hēmōn (Mt 6:9).

Tercero: Cada una de las diecisiete oraciones de Jesús (no contando los paralelos) registradas en los Evangelios comienzan con «Padre», posiblemente Abba en cada caso.

Cuarto: Es totalmente inapropiado que los cristianos, jóvenes o mayores, llamen a Dios «papito», ya que el término usado en español es muy casual, ligero y modesto como para ser usado para llamar al Señor Dios Todopoderoso, el creador y sustentador de todas las cosas, sin mencionar el hecho de que «papito» se abrevia comúnmente como «papi».

Es posible que un sentido inadecuado de familiaridad con Dios por parte de algunos cristianos llevó a Pedro a decir: «Y si invocan como “Padre” a Aquel que imparcialmente juzga según la obra de cada uno, condúzcanse con temor durante el tiempo de su peregrinación» (1 P 1:17).

Es decir, llamar a Dios como «Padre nuestro que estás en los cielos» en el Padre Nuestro es recordar que Él es el Juez Supremo, omnisciente e imparcial de cada persona, que debemos acercarnos a Él con reverencia, no como si fuera simplemente otro «papito».


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Justin Taylor es el vicepresidente y editor general de libros en Crossway. También escribe en su blog Between Two Worlds. Lo puedes seguir en Twitter.

¿Cómo puedo tomar control de mis pensamientos?

Got Questions

¿Cómo puedo tomar control de mis pensamientos?

Muchos cristianos luchan con este tema, sobre todo en nuestro mundo altamente tecnológico, sin embargo, es esencial tomar el control de nuestros pensamientos. Proverbios 4:23 dice, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”. El «corazón» incluye la mente y todo lo que procede de ella. Alguien dijo que cada pecado que cometemos, lo cometemos dos veces, una vez en nuestros pensamientos y otra vez cuando actuamos sobre esos pensamientos. Es más fácil librar nuestras vidas de pecado si lo atacamos en este nivel fundamental de pensamiento en vez de esperar que sea arraigado en nuestras vidas por nuestras acciones, y luego intentar sacarlo.

También hay una diferencia entre ser tentado (un pensamiento que entra en la mente) y pecar (meditar sobre un mal pensamiento y revolcarse en ello). Es importante entender que cuando un pensamiento entra en nuestra mente, lo examinamos basado en la Palabra de Dios y determinamos si debemos continuar por ese camino, o rechazamos el pensamiento y lo reemplazamos con otro. Si ya hemos permitido que se forme un hábito en nuestros pensamientos, es más difícil cambiar el rumbo de nuestros pensamientos, tal como es difícil sacar un auto de un profundo bache y ponerlo sobre una nueva pista. Aquí hay algunas sugerencias para tomar control de nuestros pensamientos y deshacernos de malos pensamientos:

1. Estar en la Palabra de Dios para que cuando un pensamiento pecaminoso entre en nuestra mente (la tentación), podamos reconocerlo por lo que es y saber qué rumbo tomar. Jesús en el desierto (Mateo 4) respondió a cada una de las tentaciones de Satanás con una Escritura que tuvo aplicación a la dirección que Él supo que Su mente debería tomar en vez de empezar por el camino del pensamiento pecaminoso. Cuando fue tentado a suplir Su necesidad física (convertir las piedras en pan), Él recitó el pasaje sobre la importancia de confiar en Dios. Cuando fue tentado a servir a Satanás con el fin de obtener la gloria del mundo, Él sacó hasta el pasaje que dice que estamos para servir y adorar solo a Dios, y hablar de la gloria que pertenece a Él y a los que son Suyos.

Cuando fue tentado a probar a Dios (para ver si Dios realmente estaba allí y cumpliría Sus promesas), Jesús respondió con pasajes que hacen hincapié en la importancia de creer a Dios sin tener que verlo demostrar Su presencia. Citando las Escrituras en un momento de tentación no es un talismán, sino más bien sirve al propósito de enfocar nuestras mentes en una dirección bíblica, pero necesitamos conocer la Palabra de Dios ANTES de ese momento para lograrlo. Por lo tanto, es esencial un hábito diario de estar en la Palabra de una manera significativa. Si somos conscientes de un área determinada de tentación constante (la preocupación, la lujuria, la ira, etc.), tenemos que estudiar y memorizar pasajes claves que traten esos temas. Buscar tanto lo que debemos hacer para evitar (lo negativo) y cómo responder correctamente (lo positivo) a situaciones y pensamientos tentadores — antes de que estén sobre nosotros — nos dará una gran victoria sobre ellos.

2. Vivir en dependencia del Espíritu Santo, principalmente a través de la búsqueda de Su fuerza a través de la oración (Mateo 26:41). Si nos basamos en nuestra propia fuerza, fracasaremos (Proverbios 28:26; Jeremías 17:9; Mateo 26:33).

3. No alimentar nuestras mentes con aquello que promueve los pensamientos pecaminosos. Esta es la idea de Proverbios 4:23. Debemos guardar nuestros corazones — lo que permitimos en ellos y en lo que meditamos. Job 31: 1 dice, “Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” Romanos 13:14 dice, “…vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Por lo tanto, debemos evitar periódicos, videos, páginas web, conversaciones y situaciones que nos llevarán a una caída. Además, debemos evitar pasar tiempo con aquellos que nos animarían a andar por esos caminos equivocados.

4. Buscar intensamente a Dios, sustituyendo una cosmovisión bíblica y búsquedas piadosas por los pensamientos pecaminosos. Este es el principio de la sustitución. Cuando tentados a odiar a alguien, reemplazamos esos pensamientos odiosos con acciones piadosas: les hacemos el bien, hablamos bien de ellos y oramos por ellos (Mateo 5:44). En lugar de robar, debemos trabajar duro para ganar dinero, y luego buscar oportunidades para dar a otros en necesidad (Efesios 4:28). Cuando somos tentados a codiciar a una mujer, quitamos nuestra mirada, alabamos a Dios por la manera que Él nos ha hecho — masculinos y femeninos — y oramos por la mujer (por ejemplo: ‘Señor, ayuda a esta joven a conocerte, si no te conoce, y a experimentar la alegría de caminar contigo’), y luego pensamos en ella como una hermana (1 Timoteo 5:2). La Biblia habla a menudo de “despojarse de” pensamientos y acciones malos y luego de “vestirse de» acciones y pensamientos piadosos (Efesios 4:22-32). Simplemente buscando despojarse de esos pensamientos pecaminosos sin reemplazarlos con pensamientos piadosos deja un campo vacío para que Satanás venga y siembre su cizaña (Mateo 12:43-45).

5. Utilizar el compañerismo con otros cristianos en la manera que Dios lo quiso. Hebreos 10:24-25 dice, “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Los hermanos cristianos que nos animarán en los cambios que deseamos (es mejor un compañero del mismo género), que orarán por y con nosotros, que nos preguntarán en amor cómo estamos, y que nos pedirán cuentas en evitar las viejas costumbres, son valiosos amigos de verdad.

Una cosa final, y la más importante: estos métodos no serán de valor alguno si no hemos puesto nuestra fe en Cristo como Salvador de nuestros pecados. ¡Esto es absolutamente donde debemos empezar! Sin esto, no puede haber victoria sobre pensamientos pecaminosos y tentaciones, y las promesas de Dios y el poder del Espíritu Santo disponibles para Sus hijos no son para nosotros.

Dios bendecirá a aquellos que busquen honrarlo con lo que más le importa: lo que somos por dentro y no solo lo que aparentamos ser a los demás. ¡Qué Dios haga válida la descripción de Jesús de Natanael — un hombre [o mujer] en el cual no hay engaño (Juan 1:47)!

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¿Cómo evito la infidelidad emocional?

Aviva Nuestros Corazones

¿Cómo evito la infidelidad emocional?

Betsy Gómez

Habéis oído que se dijo: “ No cometerás adulterio .” Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Mateo 5:27-28

Para ajustar esta enseñanza a nuestra realidad como mujeres podemos concluir que, “Toda mujer casada que mire a un hombre para satisfacer en él sus necesidades o fantasías emocionales, ya cometió adulterio en su corazón.”

Ser presa de la infidelidad emocional es más fácil de lo que nos imaginamos, muchas nos creemos incapaces de cometer adulterio, sin embargo posiblemente no estemos haciendo nada para guardar nuestras mentes y corazones.

En mis años de empleada mi trabajo requería mantener un contacto constante con compañeros de trabajo y en ocasiones me vi tentada a “engancharme” emocionalmente, a darle espacio emocional a otro hombre en mi corazón. Si paso revista de cuáles fueron las razones, estoy convencida que se debió primordialmente a que mi relación con el Señor estaba muy deteriorada en esos años y me creía muy buena e incapaz de desenfocarme o de vincularme emocionalmente a otro hombre que no fuera mi esposo.

Cuando empiezas a recibir el reconocimiento y apreciación de otras personas, cuando te ves en largas jornadas de trabajo y en ocasiones compartiendo en escenarios fuera de la casa, ese corazón engañoso, que por causa del pecado nos traiciona, es capaz de llevarnos a un adulterio emocional.

Ninguna mujer está exenta de sentirse atraída por otro hombre, las tentaciones están a la orden del día y el enemigo no tiene compasión. Somos bombardeadas con mentiras que nos hacen dudar y ponen a prueba nuestras convicciones. Es por esto que quiero compartirles algunos consejos que aún me son útiles:

No te creas mejor de lo que eres

Eres una pecadora. No te engañes a ti misma pensando que nunca vas a caer. Tener una mayor expectativa de ti genera autosuficiencia e independencia de Dios.

Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. 1 Corintios 10:12

Ninguno tenga más alto concepto de sí que el que debe tener. Romanos 12:3

No te expongas a materiales que alimentan
fantasías en tu mente y atenten contra tu pureza

Es muy sutil cómo la mente de la mujer puede ser envenenada al hojear revistas, leer o ver novelas románticas. El efecto en el corazón de la mujer de las historias románticas son muy parecidos a los de la pornografía. Tenemos que cuidarnos de todo lo que cree lazos con un mundo ficticio, ya que lo único que experimentaremos es frustración e insatisfacción.  Es importante que recordemos también que la exposición a contenido impuro erosiona el dominio propio.

Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. Efesios 5:3

Ten expectativas realistas de tu esposo

No hagas a tu esposo esclavo de expectativas irreales, acéptalo y amálo como es. Resalta sus cualidades positivas, aquellas de las cuales te enamoraste. No busques en tu esposo las características de los esposos de tus amigas o los personajes de las telenovelas. 

Se abierta con tu esposo acerca de tus necesidades

Los hombres no son adivinos y no pueden saber todo lo que hay en nuestra mente y corazón. El hombre, mientras esté viendo que las cosas andan “bien”, no se detendrá a preguntar. Trata de comunicarle aquellas cosas que necesitas y no asumas que él debe de darse cuenta. Comunícalas en amor sin reprocharle el hecho de no darse cuenta.

No escojas a otro hombre como tu mejor amigo

El enganche emocional se cultiva con la cercanía y la confianza. Aunque no lo creas, tu engañoso corazón puede conectarse con cualquier hombre con el que compartas muy a menudo. Sí, aún ese que estimas como un hermano. No tengas confidentes del sexo opuesto, no acostumbres compartir tus luchas con otros hombres. Tu confidente debe ser tu esposo. Es probable que él no sea de mucho hablar, como es normal en muchos hombres. Sin embargo, mientras dependa de ti, aprovecha oportunidades para fortalecer tu vínculo de amistad y transparencia con el. Pero recuerda que en una amistad no solo se habla de problemas y quejas. 🙂

No hagas viajes al trabajo, universidad o de regreso a casa en
compañía exclusiva de otro hombre que no sea tu esposo.

Cuando abrimos espacios de confianza con otros hombres, se va creando una afinidad o “química” que puede resultar en sentimientos engañosos. Aunque parezca muy radical, acostúmbrate abrir espacios que generen un vínculo con una persona del sexo opuesto.

Dale acceso a tu esposo a tus redes sociales, correo y teléfono.

El llamado a ser una sola carne no se limita a las redes sociales. Vivimos en la era digital, pero eso no nos da derecho a tener una doble vida, sé consistente con lo que eres en las redes y lo que eres en tu hogar. No debe existe «privacidad» entre una pareja de esposos, nada escondido puede prosperar.

Nutre tu relación con el Señor.

Tu fidelidad a tu esposo fluirá de tu fidelidad con el Señor. Los consejos anteriores solo pueden ser llevados a cabo si nutres tu relación con Dios. Sé diligente en exponerte a la Palabra de Dios y en cultivar las disciplinas espirituales. 

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5

Arrepiéntente y confiesa tu pecado

Si en este momento reconoces que has cometido adulterio emocional entonces es tiempo de que te arrepientas y confieses tu pecado a Dios. También ora por el corazón de tu esposo, confiésale y dile por que estás arrepentida. Sé que encontrarás mil razones para no hacerlo, pensarás que al final de cuentas no «hiciste» nada, pero no permitas que tu corazón te engañe. Uno de los beneficios de la confesión es que te protege de no caer más bajo, cuando saques a la luz tu pecado ya no tendrás nada que esconder y podrás caminar en libertad. Genera el hábito de manterner tus cuentas claras con Dios y con tu esposo. Si es necesario busca ayuda de tus pastores o hermanas maduras en tu iglesia local.

El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Prov. 28:13

Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. Santiago 5:16a

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Betsy Gómez tiene una gran pasión por inspirar a otras mujeres a atesorar a Cristo en lo ordinario de la vida. Ella dirige el área de creatividad de Aviva Nuestros Corazones y las iniciativas de alcance de Joven Verdadera. Nació en la República Dominicana, y ahora vive en Irving, Texas, donde su esposo, Moisés, sirve como pastor hispano en la iglesia First Irving. Tienen dos niños y una niña.

¿Murió Cristo por todos los pecados exceptuando el de la incredulidad?

Got Questions

¿Murió Cristo por todos los pecados exceptuando el de la incredulidad?

Jesus carries his cross. Woodcut engraving after a drawing by Julius Schnorr von Carolsfeld (German painter, 1794 – 1872), published in 1877.

«Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Juan 2:2). Cuando la Biblia dice que Cristo fue la ofrenda por todos los pecados, no significa que todos los pecados hayan sido automáticamente perdonados. Sólo significa que se ha hecho la ofrenda para asegurar el perdón de todo el mundo; si esa ofrenda en realidad tiene como resultado el perdón de algún individuo es otra cosa, ya que se debe aceptar la ofrenda por fe. Nuestro camino de regreso a Dios ha sido preparado por Cristo; la pregunta ahora es, ¿aprovecharemos la oportunidad?

Cristo murió por todos los pecados, es decir, Su sacrificio fue suficiente para pagar por los pecados del mundo entero. Sin embargo, el perdón sólo llega a una persona cuando se arrepiente y cree (ver Marcos 1:15). Hasta que aceptemos (por fe) la provisión de Dios en Cristo, todavía estamos en nuestros pecados. Los que mueren en la incredulidad mueren en todo su pecado — serán mentirosos, asesinos, adúlteros, etc., que no han sido perdonados. (Apocalipsis 21:8). Los que confían en Cristo para su salvación no mueren en pecado; mueren en Cristo, y sus pecados ya han sido perdonados. Somos justificados por la fe (Romanos 5:1); sin fe, somos condenados (Juan 3:18). El perdón se recibe a través de la fe en Cristo y viene con la promesa de una eternidad en el cielo; la falta de fe nos mantiene sin perdón y destinados a una eternidad en el infierno.

En la Biblia, creer o tener fe, es algo más que pensar que algo es un hecho. La fe tiene que ver más con la confianza y la aceptación personal, los actos intencionados de nuestra voluntad. Así que, en las Escrituras, el pecado de la incredulidad no es simplemente la ignorancia, sino que es rechazar voluntariamente el don gratuito de Dios de perdonar el pecado, que incluye el pecado de la incredulidad.

Cuando Dios ofrece perdonar el pecado de un hombre cuando él cree, la lógica determina que su respuesta ya no puede ser: «No, me niego a creer en ti, pero de todos modos perdona mis pecados». El perdón es una oferta condicional: si se cumple la condición requerida (la fe), entonces se produce el resultado prometido (el perdón). La fe en Cristo es la forma en que las personas responden correctamente a la oferta de la salvación de Dios.

La Biblia habla mucho sobre la necesidad de tener fe en Cristo y los resultados de la incredulidad. Cristo anhelaba atraer hacia Él a los pecadores habitantes de Jerusalén, sin embargo, ellos permanecieron en su pecado; la condenación de Jesús recae directamente sobre ellos: «No quisiste» (Lucas 13:34). Su incredulidad los mantuvo alejados de Cristo, su única salvación.

Sobre la lógica de la necesidad de creer: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan» (Hebreos 11:6).

En cuanto a la incredulidad como un acto de la voluntad, una elección deliberada: «Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él» (Juan 12:37).

En cuanto a por qué no hay excusa para la incredulidad: «Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa» (Romanos 1:18-20).

Respecto al daño espiritual de la incredulidad: «¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte» (Romanos 6:21) «Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso» «el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Corintios 4: 2, 4).

Sobre la justicia del castigo por la incredulidad: «Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Juan 3:19).

Por último, para estar seguro de lo que un verdadero creyente debe creer para ser un cristiano perdonado, aquí hay un resumen.

La Biblia afirma claramente que la única manera de entrar en el cielo perfecto de Dios es ser tan perfecto (puro y sin pecado), como Dios mismo (Mateo 5:20, 48; Lucas 18:18-22). Incluso si pecas una sola vez en toda tu vida, has violado toda la ley de Dios, lo mismo que si rompieras un solo eslabón de una cadena, se rompe toda la cadena (Santiago 2:10). La justicia perfecta de Dios implica que todo pecado debe ser castigado. Ese castigo es la muerte que se traduce en una eterna separación de Dios para siempre en el infierno (Éxodo 32:33).

Ningún ser humano puede cumplir con el estándar perfecto de Dios, por lo que sin un Salvador sobrenatural que nos rescate, estamos completamente perdidos como pecadores (Hechos 15:10; Romanos 3:9-23). Dios te ama y quiere rescatarte del infierno (Juan 3:16; 2 Pedro 3:9). Por eso envió a Su propio Hijo perfecto para llevar tu castigo sobre sí mismo — Su vida por la tuya — pagando completamente tu deuda con Dios al morir en la cruz, y liberándote para siempre de la justa condenación de Dios. Cada uno de tus pecados -pasados, presentes y futuros — está perdonado si eliges aceptar el regalo del perdón por la fe (creyendo y confiando en que Dios cumplirá Su promesa), cuando te arrepientas (te alejes) de tus pecados (Lucas 24:47; Hechos 11:18; 2 Corintios 7:10) y le pidas que te salve (Joel 2:32; Hechos 2:21). La sangre de Jesús cubre tus pecados para que Dios te vea tan perfecto como Su propio Hijo (Isaías 53:4-6; 2 Corintios 5:21).

En el momento que aceptas el don gratuito de Dios por la fe, cambias: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). Te conviertes en el hijo amado de Dios (1 Juan 3:1), una relación eterna que nunca puede romperse (Romanos 8:38-39; Efesios 1:13-14). Dios, como Padre, Hijo y Espíritu, habita en ti y hace su «morada» contigo (Juan 14:17, 23). Puedes ver por qué el Evangelio de Cristo se llama Buenas Nuevas (Lucas 2:10; Hechos 5:42, 14:15). Al aceptar este regalo, aceptas que perteneces a Dios (1 Corintios 6:19-20). Ya no eres dueño de ti porque Él te compró (redimió) con la preciosa sangre de Su Hijo (1 Pedro 1:18-19).

Este maravilloso regalo gratuito de la salvación eterna no se puede ganar con ninguna cosa buena que hagas (Juan 3:16; Romanos 3:21-25; Efesios 2:8-9). De hecho, tratar de ganarlo por tus propios esfuerzos, como si pudieras complacer suficientemente a Dios para ganarte Su aceptación, es severamente condenado en la Biblia (Gálatas 1:6-9). Esa es la diferencia entre el cristianismo y prácticamente todas las demás religiones del mundo, con sus reglas establecidas por el hombre sobre lo que la gente debe o no debe hacer en el intento desesperado de ganar el favor de Dios y obtener la vida eterna para sus almas.

Tu salvación es gratuita, un regalo invaluable de Dios que es mucho más valioso que el mundo entero (Mateo 13:44; 16:26). Así que el autor de Hebreos pregunta, «¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?» (Hebreos 2:3). «Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones» (Hebreos 3:7-8). «He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación» (2 Corintios 6:2).

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