Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
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Ser cabeza del hogar, más que un privilegio, es una responsabilidad
95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy
Miguel Núñez
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
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En nuestra última sesión vimos la enseñanza del Nuevo Testamento sobre el papel de Satanás en la vida del cristiano y vimos a Satanás como el tercero de los tres obstáculos para el crecimiento cristiano. Aprendimos que hay muchas personas que no toman a Satanás muy en serio en estos tiempos. Recuerdo cuando estaba en la escuela de posgrado en los Países Bajos con mi profesor, el profesor Berkouwer. Él hizo un comentario, fue solo un comentario de improviso, un día, en una clase que me quedó grabada para siempre. Alguien estaba haciendo una pregunta sobre este tipo de cosas, sobre demonios y ángeles y Satanás y otros y él simplemente hizo una pausa y dijo, «Caballeros», dijo, «sin demonología, no puede haber teología». Lo que él quiso decir con eso, simplemente fue que, la misma fuente que usamos, de la cual sacamos nuestra comprensión de Cristo, de Dios Padre, del Espíritu Santo es la misma fuente que nos habla de la realidad de Satanás.
Ahora, mencioné en nuestra última sesión que, a mi juicio, uno de los papeles más tremendos de Satanás en la vida del cristiano está en el trabajo de acusación. Hice una distinción de eso con la tentación. La tentación es a dónde vas, «¿No te gustaría involucrarte en esto? Esto es lo que realmente te haría feliz, si tan solo comprometes tu ética en este momento» y así por el estilo. Así es la tentación. La acusación es esa situación por la cual Satanás atormenta la conciencia del creyente. Ahora, estamos viviendo en una cultura que está prácticamente obsesionada con los remedios de la psicología pop de autoayuda para hacernos felices. Ve a cualquier librería y verás una gran sección de la librería dedicada a cómo lograr una buena autoimagen.
Ahora, creo que es muy peligroso volverse tan introspectivo y tan egocéntrico, que este tipo de cosas son las únicas con las que lidiamos, es como dar masajes a nuestros egos a lo largo de la vida. Pero lo que estoy descubriendo aquí en el mundo secular es que la psicología secular ha descubierto que hay un nervio sensible que está clamando por atención en la humanidad contemporánea, que tiene que ver con lo que llamamos «autoimagen». No es casual que estos libros y profesores que enfatizan una buena imagen de sí mismos y así por el estilo tengan tanto éxito. Es porque somos gente llena de culpa, y a menudo le digo a las personas que no son cristianas, les digo: «No son cristianos, pero déjenme preguntarles esto, ¿Qué hacen con su culpa?» Es una pregunta muy compleja. No les digo, «¿Tienen culpa?». Asumo que tienen culpa. Todavía no he tenido a alguien que me diga, «No tengo culpa». Les digo, «¿Qué hacen con su culpa?» y ellos se identifican con eso, que incluso aquellos que no son particularmente religiosos tienen conciencias intranquilas a las que llamamos «culpa».
He tenido psiquiatras que me dicen que el problema número uno con el que tienen que lidiar en su práctica médica, es el problema de la culpa no resuelta, y descubrimos que el problema de la culpa no resuelta no es algo que afecte a una persona durante un día o durante una semana o durante un año, sino que puede moldear y dar forma e inhibir a la personalidad durante toda la vida. Así que lo que quiero que veamos aquí es por qué, en el corazón del mensaje bíblico, de forma muy práctica, está el anuncio del perdón. Porque en el corazón de nuestra lucha por la santificación, que es lo que ya hemos visto, está el hecho de que mientras trato de ser obediente, mientras trato de agradar a Dios, mientras trato de crecer en mi experiencia cristiana, estoy siendo agobiado y cargado con toda la carga de la culpa que he añadido a mi experiencia. Todos los días de cierta forma le agrego algo a esa carga porque no hay un día que pase sin que yo peque. ¿Y tú? Yo no puedo. Entonces todos los días tengo que lidiar con el problema de la culpa.
Ahora sabemos por psiquiatría y psicología que la culpa es una de las fuerzas más poderosas que hay para paralizar el espíritu humano. El miedo puede paralizarnos. La gente dice: «Estoy paralizado de miedo», pero también la culpa puede hacer que una persona esté prácticamente bloqueada e inmóvil. Ahora, si hay algo como Satanás, y Satanás puede llevarte a la ruina causando un escándalo porque caíste en tentación, esa es una manera de destruir las obras de Cristo. Otra forma es simplemente paralizar al pueblo de Dios, para que su influencia sea igual a cero. Ahora, quiero, si es posible, ver un ejemplo de esta actividad de acusación satánica que encontramos en el Antiguo Testamento, en su libro favorito, el libro de Zacarías. Todo el mundo lee eso para sus devocionales diarios, ¿verdad?
El libro de Zacarías, comenzando en el capítulo 3, Zacarías capítulo 3. «Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del Señor; y Satanás estaba a su derecha para acusarlo». El escenario es este. Aquí está el que ha sido elegido y llamado por Dios para el ministerio – es un ministro – y este ministro está de pie en presencia de un ángel. Ahora, uno pensaría, hasta ahora, que esa imagen, esa escena, es una muy positiva e inspiradora; pero justo a su lado, al otro lado de aquel donde el ángel está, está el ángel caído – el ángel malévolo, el ángel malicioso – quien estaba parado ahí acusándolo. Ahora, ¿de qué lo acusa? «Y el ángel del Señor dijo a Satanás: El Señor te reprenda, Satanás. Repréndate el Señor que ha escogido a Jerusalén. ¿No es este un tizón arrebatado del fuego? Y Josué estaba vestido de ropas sucias, en pie delante del ángel». ¿Ves lo que está pasando aquí? El sacerdote aparece en la presencia de Dios y su ropa está sucia.
La gente me pregunta, ya saben, si me pongo nervioso antes de hablar frente a un grupo. Y digo, ya saben, por cortesía se dice que debemos decir que no hay tal cosa como una pregunta tonta, pero esa pregunta es tonta. Eso es como Claude Harmon, en el evento previo al Torneo Master, hace varios años, él tenía varios hoyos-en-uno consecutivos en el campo de golf – (dije que dejaría de contar estas historias de golf, pero tenía que guardar una) hoyos-en-uno consecutivos; y después, en la conferencia de prensa un reportero de un periódico levantó la mano y le dijo, «Señor Harmon, ¿es la primera vez en su carrera que ha tenido un hoyo-en-uno consecutivo?» Esa es una pregunta tonta.
Pero vemos a Josué y su ropa está sucia. Eso indica que hay una mancha o algo que está quitándole la pureza de su cargo y de su misión. Es eso lo que Satanás ve y en lo que se enfoca, y ¿qué es básicamente lo que está haciendo? Le está diciendo al Ángel, le está diciendo a Dios, «Mira a este hombre. Él no está en condiciones de ser un ministro en Tu presencia. Su ropa está sucia». He tenido ese tipo de sueños. Dije que me ponía nervioso antes de pararme frente a un grupo. Me pongo tan nervioso que a veces tengo pesadillas y sueño –esto es el tipo de cosas que sueño, sueño que debo hablar en una iglesia el domingo y llego a la iglesia y es hora de que empiece el servicio y no tengo zapatos o no tengo camisa blanca o no tengo corbata. En otras palabras, no estoy vestido adecuadamente.
Ahora, me imagino que un psiquiatra podría tener un día de trabajo con eso, estoy seguro. No es que, nunca sueño que olvido lo que iba a decir y eso es lo que me preocupa antes de ir. Me refiero a que realmente me preocupa eso, «¿Voy a tener algo que decir? ¿Me voy a olvidar de una parte? ¿Qué le voy a decir a esta gente?». Así que nunca me preocupo conscientemente, «¿Voy a aparecer allí sin un par de zapatos o sin corbata o sin camisa blanca?» Pero cuando duermo, esas son las cosas con las que sueño. Creo que sería tan vergonzoso pararme frente a 2000 personas y no tener la ropa adecuada puesta. Somos muy conscientes de ese tipo de cosas, ¿no? Pero imagina a un sacerdote siendo conducido a la presencia de Dios. Y recuerden que las ropas sacerdotales en el Antiguo Testamento fueron ordenadas y decretadas por prescripción detallada de Dios mismo.
Dios dijo: «Esto es lo que quiero que los sacerdotes usen» y se nos dice en el Antiguo Testamento que las ropas del sacerdote fueron diseñadas con belleza y gloria, para que Dios fuera honrado por la magnificencia de las ropas del sacerdote; y he aquí que el sumo sacerdote viene a la presencia de Dios con suciedad en todas sus ropas; y Satanás reacciona a eso. «¿Qué estás haciendo aquí? ¡No perteneces aquí! Este no es un lugar para gente sucia, esta es la presencia de Dios», y en medio de la acusación Dios abre Su santa boca y habla y dice: «¡Satanás, cierra la boca! ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?» Cómo amo ese pasaje. Me fascina esa declaración de Dios, ¿a ustedes no? Es decir, piénsenlo. ¿Alguna vez han estado acampando en el bosque y han calentado malvaviscos? Consigues un palo y lo pones en el fuego.
Haces una pequeña fogata en base a ramas y al final te aseguras de apagarla muy bien de tal manera que no des inicio a un incendio forestal y luego tengas que lidiar con el guardabosques del Oso Yogui y te de un gran discurso y pases un mal rato y te ganes una multa. Cuando sacas el palo con malvaviscos, después de comerlos quieres limpiarlo, ¿alguna vez has tratado de mover algunos de esos palos que han sido carbonizados por el fuego? Prácticamente, esos palos – si sacas un palo del fuego antes de que sea consumido por el fuego, si quieres salvar ese palo y evitar que se destruya, lo sacas y lo más probable es que te manches con el carbón y te quedes con toda la mano sucia. Si no usas guantes y te vas con la mano desnuda para sacar un palo o un tizón y tratas de mantenerlo fuera del fuego, tus manos se van a ensuciar. Así es como Dios describe no solo a Josué, damas y caballeros, sino que los está describiendo a ustedes. Me está describiendo a mí. Un tizón que ha sido arrebatado del fuego.
Entonces cuando Dios te redime, cuando Dios te rescata y te saca de las llamas, Él ensucia Sus manos; cuando Él te rescata eres un tizón arrebatado del fuego. Eso significa que estás cubierto de creosota. Estás cubierto de carbón. Eres un desastre sucio. Dios no espera que una persona sea pura e intachable antes de que Él lo redima. Ese es el Evangelio, ¿cierto? –que mientras estamos sucios se nos da la vestimenta de la justicia de Cristo para ser recibidos en una relación con Dios. Así que todo cristiano es un tizón arrebatado del fuego; lo que eso significa, damas y caballeros, es que cada uno de nosotros tiene ropas sucias. Hay suciedad en tu vida. Hay suciedad en mi vida. No queremos estar dando vueltas y desfilar toda esta basura frente a todos los demás en el mundo. De hecho, hacemos todo lo que está en nuestras manos para ocultarlo.
Pero hay dos personas que conocen todos los trapos sucios en nuestros armarios. Por un lado está Dios y por el otro está Satanás. Satanás es un hurgador de roperos. Le encanta abrir el armario y remover todo, y luego viene delante de Dios y le dice, «Mira esa ropa sucia». «El Señor te reprenda, Satanás. ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?». Ahora Josué estaba vestido con ropas sucias y se paró ante el Ángel y este respondió y dijo a los que estaban delante de él diciendo, «Quitadle las ropas sucias. Y él le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestiré de ropas de gala. Después dijo: Que le pongan un turbante limpio en la cabeza. Y le pusieron un turbante limpio en la cabeza y le vistieron con ropas de gala; y el ángel del Señor estaba allí». ¿Ves lo que está pasando aquí? Es que cuando Dios redime a ese hombre del fuego, la persona todavía tiene ropas sucias. Pero Dios no se detiene. Dios pasa por el proceso de reemplazar esas ropas sucias por prendas limpias y Él promete hacer lo mismo por cada uno de ustedes. Él pone un nuevo turbante en tu cabeza, una nueva vestimenta en tu cuerpo que está libre de todas esas imperfecciones.
Pero mientras tanto, mientras vivimos nuestra vida en presencia de Dios, tenemos que escuchar a ese enemigo que constantemente nos recuerda nuestros pecados para acusarnos, quitarnos la paz y nuestra comunión. Ahora, sé que los cristianos debaten para conocer si es posible o no saber con certeza que son redimidos. Hay algunas personas que tienen la posición de decir que nunca podemos estar realmente seguros si tenemos la redención. De hecho, recuerdo que cuando estaba en el seminario, hicimos una encuesta y el 50% de los estudiantes de último año del seminario, no solo dijeron que no pensaban que alguien pudiera saber si una persona había sido redimida, sino que asumir que habías sido redimido era un acto de arrogancia indescriptible.
Ahora, mi posición es que no solo puedes saber si tienes la redención, sino que es tu deber saberlo porque Dios nos manda a asegurarnos de cuál es nuestra condición ante Él y personalmente creo, damas y caballeros, que una de las doctrinas más importantes que un cristiano puede aprender y aprenderla temprano en su caminar, es la doctrina de la seguridad de nuestra salvación. Necesitas saber si estás en un estado de gracia o no estás en un estado de gracia; porque si no lo sabes, eres totalmente vulnerable a la parálisis producto de la acusación del enemigo. Recuerda que Josué estaba escuchando esta conversación. Josué estaba allí con sus ropas sucias y él oye la acusación de Satanás. Satanás dice: «Él está sucio». ¿Qué crees que le habría pasado si esa hubiera sido la única voz que escuchara? Pero gracias a Dios, Dios habló y dijo, «Cierra ahora la boca Satanás. Este es un tizón arrebatado del fuego».
Vemos que los primeros frutos de la justificación según Pablo es esto, «que siendo justificados, nosotros tenemos paz con Dios, acceso a Su presencia». La persona con una conciencia atribulada, la persona que está bajo el peso de esta acusación no tiene paz. Las personas que están en paz con Dios, que saben dónde están, que saben que son redimidas, tienen una libertad que les permite vivir su vida cristiana de tal manera que los convierte en personas de poder en el mundo. Pero es la persona que no está segura, la que tambalea, paralizada entre dos opiniones, movida de aquí hacia allá por cada viento de doctrina, esa persona está discapacitada en su peregrinación espiritual. Es por eso que es de vital importancia que definas en tu vida a qué grupo perteneces y si has sido redimido.
Ahora, lo que es tan sutil acerca de la acusación de Satanás, es que Satanás se llama, a veces, el «calumniador» y ¿qué es un calumniador? Un difamador es alguien que te acusa de cosas de las que eres inocente. Cuando alguien me acusa de algo que no he hecho, eso es calumnia y esa persona me ha infligido una injusticia. Satanás hace eso. Satanás está tan interesado en paralizar a la gente y perturbarla, que dirá mentiras sobre ellas. El perjudicará sus reputaciones con acusaciones falsas. Pero, damas y caballeros, esa no es la única forma en la que lo hace. A veces nos acusa cuando sí somos culpables. La ropa de Josué estaba realmente sucia, ¿no es así? No era que Satanás venía diciendo: «Oh, él tiene la ropa sucia», cuando en realidad tenía la ropa limpia. No, él estaba diciendo la verdad.
Ahora, es aquí donde se pone muy difícil resolver la experiencia cristiana. En nuestro estudio del Espíritu Santo repasamos esto, que el Espíritu Santo, uno de los ministerios del Espíritu Santo en la vida del cristiano y en la santificación es convencernos de pecado. Si pecamos y no nos sentimos culpables al respecto, no debe alegrarnos, porque eso es como tener una enfermedad y no sentir ningún dolor. Podemos pensar que es un beneficio, pero a la larga es muy, muy destructivo. Sentir culpa es algo saludable si es que realmente somos culpables y si no sentimos culpa entonces el Espíritu viene y nos convence de pecado para que podamos apartarnos de él. Pero ¿cuál es la diferencia entre la convicción del Espíritu Santo y la acusación de Satanás? Supongamos que peco y trato de no lidiar con eso, Satanás viene y dice, «Lo hiciste. Sabemos que lo hiciste. ¿Qué clase de persona eres que haría algo así?» El Espíritu Santo viene y me inquieta con lo mismo. ¿Cómo puedes notar la diferencia?
Bueno, ¿cuál es el propósito del Espíritu en la convicción del pecado? Cuando el Espíritu viene a convencerte del pecado, si es que has recibido convicción de pecado, sabes que, aunque es doloroso que nos hagan conscientes del pecado que uno comete, aún así hay algo muy dulce en ello. De cierta forma, cuando el Espíritu Santo nos confronta con nuestro pecado, al mismo tiempo que nos dice que somos culpables, Él nos asegura que somos perdonados al volvernos a Él, Él viene a nosotros no como alguien que intenta destruirnos. Pero la acusación de Satanás no está diseñada para redimirnos, sino para destruirnos, en eso hay una completa diferencia. Sabes la diferencia entre la persona que viene a ti y te dice: «Quiero decirte esto en amor» y luego ¡PUM! Realmente te clava el cuchillo. Ahí es cuando quieres decir, «¡Fuera de aquí Satanás!». Y la persona que realmente te dice que está de tu lado, el Espíritu siempre te dice que está de tu lado cuando Él te convence por tu pecado. Esa es la respuesta a las acusaciones debilitantes de Satanás.
En otras palabras, Satanás nos atacará cuando realmente somos culpables y— y tenemos que saber que existe tal cosa como la culpa verdadera, y el único remedio que conozco para la culpa verdadera, es el verdadero perdón. Yo tengo una ilustración favorita sobre este tema. Tenía una estudiante en la universidad, que en una ocasión se me acercó y estaba muy inquieta. Ella era cristiana y me dijo, «Tengo que hablar con usted». Le dije: «¿Qué pasa?» Ella me dijo, «Bueno, estoy comprometida para casarme, y mi prometido y yo hemos estado involucrados sexualmente y me he sentido terriblemente culpable. Así que fui a ver al capellán de la universidad y le hablé de mi problema y el capellán me dijo: «El problema contigo es que tienes una conciencia muy sensible y te has convertido en víctima de un tabú victoriano, de una ética puritana de tu sociedad. Solo tienes que entender que las cosas han cambiado. No estás llevando una vida promiscua. Estás involucrada sexualmente con alguien con quien estás comprometida, y te vas a casar; y este es el siglo XX. Esta es la ética sexual de nuestros tiempos, y tienes que entender que para ser libre de esta culpa que te paraliza, tienes que entender que no eres culpable de nada».
La chica me miró, ya saben, ella dijo, «Pero Dr. Sproul, todavía me siento culpable». De inmediato estábamos en medio del gran misterio de la culpa, aquí está la diferencia entre lo que yo llamo «objetivo» y «subjetivo». Era la diferencia entre la culpa y los sentimientos de culpa. La culpa se define legal y teológicamente como una transgresión de la ley de Dios. Si una persona cruza esa línea y viola la ley de Dios, es culpable a la vista de la justicia de Dios. Ahora, esa persona, cuando viola la ley de Dios, puede sentirse terrible al respecto, o puede no sentir nada. Cómo se siente no tiene nada que ver con la realidad o la no realidad de la culpa verdadera. ¿Te das cuenta de eso? Pero el perdón, una vez más, es algo que Dios hace y cuando lo hace es una realidad objetiva, no depende de mis sentimientos. Eso es lo que Satanás hace. Se concentra en tus sentimientos. Él trata de hacerte un cristiano sensible, de modo que solo estés tan seguro de su perdón, dependiendo de cómo te sientes en un determinado momento.
Por eso la fe, damas y caballeros, viene de escuchar y oír la Palabra de Dios. Es por leer las promesas de Dios y abrazarlas en nuestra vida que llegamos a ser libres y podemos leer con el apóstol Pablo, «¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» Entendemos que Cristo es nuestra justicia y la única manera en la que lo vamos a agradar es viviendo diariamente en dependencia de Su gracia, sin temas pendientes, confesando nuestros pecados a medida que vivimos, pero no estando paralizados por la culpa en que incurrimos en el camino, sino confesándola, siendo limpios de ella y avanzando en el alto llamamiento que es nuestro, en Cristo.
Una vez más quisiera darles la bienvenida a esta serie de sesiones sobre el matrimonio cristiano. La última vez estuvimos hablando de los problemas en la armonía y ajustes sexuales dentro del matrimonio, y en esa ocasión mencioné que según las últimas encuestas y sondeos que se han realizado entre los investigadores, la razón número uno, dada en los Estados Unidos, para la ruptura del matrimonio, ha sido el problema del sexo. En esa ocasión dije que desafiaría ese argumento en algún momento de nuestras discusiones, y ese momento ha llegado.
Antes de decir y proponer el desafío, permítanme darles todas las razones que se dan. La razón número uno que nos dan los investigadores es el sexo. El segundo problema más grande, según los investigadores, que destruye la armonía en el hogar, es el dinero; y la tercera razón que se da con frecuencia es el problema de la interferencia de los suegros. Ahora, ciertamente reconozco y concedo que esos tres problemas han causado estragos en los matrimonios en este país. Pero creo que hay algo que es aún más grave en su alcance para herir y destruir matrimonios.
Yo diría que el problema número uno en los matrimonios es la lengua humana. Es lo que nos decimos el uno al otro, lo que creo que contribuye más que cualquier otra cosa a la ruptura de la confianza, la ruptura del amor y la ruptura del respeto entre dos personas en la relación matrimonial. Ese problema puede manifestarse sexualmente, o en el área del dinero; podemos entender cómo esos problemas ocurren, así como la intrusión de suegros; pero no hemos aprendido a dialogar, no solo el uno con el otro a través de la comunicación, sino que a menudo hemos sido crueles y desconsiderados, haciéndonos daño el uno al otro con comentarios imprudentes.
Por el contrario, permítanme leerles una breve sección del Antiguo Testamento que implica una celebración del amor, que se encuentra en el Cantar de los Cantares. El capítulo 4 de Cantar de los Cantares comienza así, el autor dice, «Cuán hermosa eres, amada mía. Cuán hermosa eres. Tus ojos son como palomas detrás de tu velo; tu cabellera, como rebaño de cabras que descienden del monte Galaad». Ahora, puede que no suene a cumplido decir que tu cabello me recuerda a un rebaño de cabras que se pasean por la ladera montañosa de Galaad, pero en la antigüedad eso, por supuesto, era una expresión romántica, de hecho, era una expresión poética de la belleza.
Luego dice, «Tus dientes son como rebaño de ovejas trasquiladas que suben del lavadero, todas tienen mellizas». No dirían eso de mí, no hay dos como tú iguales, pero aquí se describe a la persona como que tiene dientes, así como los mellizos que cada uno es idéntico e igual el uno con el otro. «Y ninguna de ellas ha perdido su cría», es decir, no hay huecos entre los dientes. «Tus labios son como hilo de escarlata, y tu boca, encantadora. Tus mejillas, como mitades de granada detrás de tu velo. Tu cuello, como la torre de David edificada con hileras de piedras; miles de escudos cuelgan de ella, todos escudos de los valientes. Tus dos pechos, como dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios. Toda tú eres hermosa, amada mía, y no hay defecto en ti».
Ahora, la tradición dentro de los grupos cristianos dice que lo que encontramos en Cantar de los Cantares es una forma simbólica de expresión extendida, una alegoría del amor perfecto de Cristo por Su iglesia, que lo que tenemos aquí es un canto espiritual que celebra el amor que Cristo tiene por Su novia. Queridos amigos, creo que eso representa más de lo que podría señalar, la distorsión y la intrusión en la fe cristiana de la postura griega de la que les hablé, la cual ve la atracción y el amor físico como algo que es intrínsecamente malvado. Yo diría, solo de paso, pues no hay tiempo para defender eso desde una perspectiva académica. Es simple, no hay justificación alguna para interpretar Cantar de los Cantares solo como una alegoría del amor de Cristo por la iglesia. Lo que tenemos aquí es una canción de amor divinamente inspirada, donde el Espíritu Santo está celebrando el romance entre dos personas. Creo que eso es fantástico.
Ahora, debido a que este tema nos incomoda, tenemos que reinterpretarlo y sacar de ahí una lección espiritual. Pero piensa en esto: para que esto pudiera calificar como una alegoría del amor espiritual, primero tendría que ser aceptable a Dios por el contenido que tiene. Así que, ¿por qué no lo tomamos por lo que dice? Pero lo que quiero que veamos aquí, es que, en esta expresión de amor divinamente inspirada, la relación verbal entre el hombre y la mujer es de cumplidos. No escuchas en esta canción de amor, en esta celebración del romance, al hombre diciéndole a la mujer, «¿Por qué no haces esto?» o la mujer diciéndole al hombre, «Siempre llegas tarde, nunca lograrás nada por ti mismo». En otras palabras, la lengua está siendo usada para honrar a la pareja.
En el Nuevo Testamento se nos dice que la lengua es un pequeño miembro que se jacta de grandes cosas y tiene la capacidad de, con solo una chispa, incendiar bosques enteros, que la lengua es el miembro más destructivo del cuerpo humano. Con ella alabamos a Dios, pero con ella también traemos maldiciones el uno al otro. Recuerdo cuando era niño que había un chico en nuestra comunidad que era un hostigador y él solía burlarse de mí. Solía ir a la calle a jugar con los chicos y él decía, «Aquí viene el dientón». Así se burlaba de mis dientes, eso me afectó mucho. Él era mayor que yo y yo, quería ser aceptado por los niños mayores, poder jugar con ellos. Cada vez que yo aparecía, este mismo chico seguía hablando de mis dientes grandes.
Un día llegué a casa llorando y mi madre me encontró en la puerta posterior. Me dijo, «¿Qué pasa?» Y yo le dije, «Esto y el otro y me volvió a decir dientón». Mi madre sintió lástima por mí, ella intentó ayudarme a lidiar con este tipo de cosas que le sucede a todos en la vida. Ella me dice, «Hijo, déjame decirte cómo responder cuando alguien te dice algo que no es muy agradable. Solo diles: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Yo dije: «Ok, eso suena bien». Así que volví a salir, llegué a la calle y aquí viene el mismo chico, me dijo: «Aquí vienen los dientes gigantes otra vez». Lo miré y le dije: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Y yo pensaba en mi cabeza, «Esa es una mentira, porque sí me duele» y descubrí que lo que mi madre me dijo no era verdad.
Una vez me rompí la cabeza en una roca. Había sangre por todas partes. Llegué a casa, pensé que iba a morir. Vino el doctor y tomó unos sujetadores y los apretó en la parte superior de mi cabeza y en un par de días, yo estaba bien. En otra ocasión, un tipo viene, me rompe el brazo, me ponen un yeso y seis semanas después mi brazo está bien. Pero un insulto, una palabra desconsiderada, puede penetrar donde ninguna piedra puede llegar, o donde ningún palo puede tocar, porque puede llegar al alma. Tuve una experiencia en consejería, la cual es mi ilustración favorita sobre esto.
Una mujer vino a verme porque su matrimonio estaba en problemas. No pude evitar notar, cuando esa mujer entraba a mi oficina, que era una mujer extraordinariamente atractiva. Ella realmente lo era. Y comenzó a contarme sobre los problemas que estaba teniendo en su matrimonio y luego me contó toda su historia y dijo que no podía responderle a su marido porque sabía que no era atractiva. Pensé, «Oh, no. Aquí estoy otra vez. Igual que mi madre». Mi madre solía ir a comprar su ropa en una tienda en el centro y en un centro comercial y luego iba al salón de belleza y luego entraba en la casa con el aspecto de Lady Di, recién salida de la revista ¡Vanidades! o algo así, y decía: «Ay, me veo horrible esta noche». Y nosotros decíamos siempre, «Ay, ¿vas a insistir con eso, mamá?», porque ella estaba buscando cumplidos. Porque mi respuesta se suponía que debía ser, «Ay, no mamá, te ves increíble. Eres la madre más hermosa del vecindario».
Entonces, cuando esta mujer me dijo eso en el salón de consejería, que no podía responder a su marido porque sabía que no era lo suficientemente atractiva, quería decirle: «Basta, señora. No juegue conmigo». Pero esta vez me di cuenta de que ella hablaba en serio. Así que empecé a explorar su pasado y esto es lo que dijo. Ella dijo que cuando era una joven adolescente, entrando a la adolescencia, luchó con su apariencia por varias razones. Lo primero que le afectó fue el acné adolescente, acné de jovencita, granos, bien, y tuvo que ponerse una crema en la cara todas las noches. Además de eso, cuando le salieron sus dientes adultos le salieron todos torcidos y por lo tanto sus dientes se veían raros, y ella era una de las primeras chicas de su clase en tener que usar lentes, su medida era tan fuerte que sus lentes eran como el fondo de una botella.
Así que aquí está esta chica andando, con frenillos en los dientes, crema para los granos, lentes de fondo de botella con los que va mirando a su alrededor mientras está caminando, no es muy bonita, ¿cierto? Sin embargo, al mismo tiempo, la naturaleza la dotó de un cuerpo muy hermoso. Ella fue una de las primeras en desarrollarse y los chicos se dieron cuenta. Un día ella estaba caminando por el patio de la escuela cuando tenía 13 o 14 años y el joven que era el súper atleta y el chico famoso en el campus la vio venir, él se rio y le dijo a otro dentro de su grupo: «Miren a fulanita si pones una bolsa sobre su cabeza, ella sería genial».
¿Qué pasó en los años siguientes? Los frenillos hicieron su trabajo, sus dientes se enderezaron, superó al acné adolescente, los lentes de contacto reemplazaron los lentes de botella de vidrio y el patito feo emerge como una hermosa joven. Todos los que la vieron notaron su belleza, excepto ella. O sea, 25 años después, todavía estaba convencida de que todo lo que le faltaba para ser una buena esposa, era una bolsa sobre su cabeza. La lengua humana puede devastar a otra persona.
Una vez estuve en un aeropuerto y buscaba algo para leer, estaba viendo los libros de bolsillo y vi este libro que me llamó la atención y el título del libro simplemente fue Crítica. Lo tomé del estante, lo miré y no pude reconocer el nombre del autor, y la editorial nunca la había oído. Abrí las páginas, el papel era papel barato y la impresión estaba en líneas onduladas y pensé: «Esta es una imprenta sencilla, alguien lo imprimió en su sótano», pero como no tenía nada más que leer, entonces compré el libro y lo llevé al avión. El libro comenzó con una historia en la que este hombre contaba sobre su visita a la ciudad de Nueva York, ese fue su primer error y decidió conocer la ciudad de noche. Ese fue el error número dos. Pero la verdadera sorpresa llegó cuando decidió entrar por un callejón por la noche, en la ciudad de Nueva York.
Entonces, así empieza caminando por este callejón en la noche, en Nueva York, cuando llega a la mitad del callejón y hay luna llena, ve a dos tipos salir por detrás de la basura con cuchillos brillando a la luz de la luna y empiezan a caminar hacia él. En este punto, el autor interrumpió su propia narrativa y le dice al lector: «¿Qué crees que hizo este hombre en esa circunstancia? ¿Qué harías tú?» Si fueras algo inteligente, ¿qué harías? ¡Corre, corre tan rápido como puedas! Quiero decir, si vieras a dos tipos caminando hacia ti, con cuchillos, en la ciudad de Nueva York, en un callejón y pudieras salir corriendo de ahí, eso es lo que harías, ¿verdad? La auto preservación, es un instinto natural. Dijo, sabemos que tenemos que huir de eso, pero no sabemos cómo huir de esto.
¿Qué haces cuando alguien se te acerca y te dice: «Me gustaría hacerte algunas críticas constructivas?». La Biblia nos dice, y es parte de la introducción a este programa, que debemos decir la verdad en amor. Cuántas veces has tenido a un amigo cristiano que se acerca y te dice: «Hermano o hermana, quiero decirte algo en amor». El mejor consejo que puedo darte es que si alguien se te acerca y te dice que quiere decirte algo en amor, lo mejor que puedes hacer 95 veces de 100 es dar la vuelta y correr, corre por tu vida. Existe tal cosa como la crítica constructiva, lo sé y no sé cuáles son los porcentajes exactos, pero mi mejor apuesta es que al menos 95 de cada 100 críticas que recibes y oyes de la gente, son críticas destructivas y no se hacen en amor.
Pero se nos ha enseñado toda la vida que aceptemos las críticas con gratitud. Le damos a la gente licencia para criticarnos. Cuando alguien se acerca y te dice, «Hermano quiero decirte algo en amor», y te clavan el cuchillo, como cristianos, esto es lo que se supone que tenemos responder, «Ay, gracias. Necesitaba escucharlo. Eso realmente va a ayudarme en mi santificación y si realmente me amas, hazlo de nuevo. Húndelo todavía más para que yo pueda crecer en el Espíritu», mientras te matan. Cuando si tuviésemos un poco de cerebro, nos daríamos la vuelta y correríamos. Una vez más, hay formas y maneras de experimentar críticas constructivas y todos las necesitamos.
Recuerdo que cuando escribí un libro hace unos años para la editorial Harper and Row, se lo entregué a mi editor y me lo devolvieron después de que él lo editó y conté más de diez mil correcciones que había que hacer. Eran cambios menores, una coma aquí y allá, pero miré y – mi manuscrito regresó con tanta tinta roja en él, que parecía un árbol de Navidad. Yo estaba tan deprimido, y luego recordé algo que alguien me había dicho, una señora me había dicho una vez, «R.C., nunca dejes que nadie te diga que no puedes escribir». Una experiencia que tuve allí sucedió así, un consultor vino a mí y me dijo, «R.C., quiero que escribas en un pedazo de papel los 5 elogios más significativos que hayas recibido en tu vida».
Entonces dije, «Bueno, ese es un ejercicio divertido, ¿no? Es decir, puedo sentarme aquí, recostarme y tratar de recordar cosas bonitas que la gente dijo de mí». Me esforcé por recordar. Todo el mundo ha tenido al menos 5 cumplidos en su vida, entonces escribí los primeros 5 que vinieron a mi mente… y me sorprendió mucho lo que vi. Si ese hombre hubiera venido y me hubiera dicho, «R.C., anota en un papel, las 50 personas que han tenido la influencia más positiva en tu vida», no sé qué nombres habría escrito para completar esas 50 personas, pero sé que nunca hubiera soñado con incluir a esta mujer, cuyo nombre apareció dos veces en esa primera lista de 5 cumplidos.
Era mi profesora de inglés de 8vo grado. Nos había dado una tarea, la más memorable; , nos había dado la tarea de escribir un ensayo descriptivo. Fue nuestra primera experiencia con la escritura creativa. Así que escribí este pequeño ensayo que inventé sobre una montaña, lo entregué, ella llevó los papeles a su casa. Cuando los calificó, los trajo de vuelta. Los iba a entregar a toda la clase y repartirlos cuando dijo, «Alumnos, ahora vamos a repartir estos papeles, pero antes de hacerlo, quiero leer uno a toda la clase» y leyó mi artículo a toda la clase, y luego, cuando terminó fue a la pizarra de anuncios que estaba por encima de la pizarra negra, tomó un alfiler y puso mi ensayo en la pizarra de anuncios.
Tienes que entender que este era el 8vo grado y por lo general lo único que subió en ese panel de anuncios en nuestro salón de clases fueron obras de arte, y yo sólo obtenía D’s en primer grado. Fui terrible. Sé que fui el único chico de toda esa clase que nunca tuvo ningún trabajo de arte en esa pizarra. O sea, era realmente malo y me daba cuenta de ello. Pero ahora en 8vo grado, no fue algo que dibujé, sino algo que escribí fue lo que llegó a la pizarra de arte. En ese papel decía, «A+, no dejes que nadie te diga que no puedes escribir». ¿Tienen idea de cuánta gente ha intentado decirme que no puedo escribir? ¿Saben cuántas personas han tratado de disuadirme de hacer lo que quería hacer artísticamente con un lapicero? Me he aferrado hasta el alma, algunas veces hasta he tomado con mis uñas aquella amable declaración que esa mujer me hizo porque creía en su cumplido.
Sé que lo dijo en serio y confié en su autoridad. Ese sería un buen ejercicio para ti. Es decir, si realmente quieres averiguar sobre ti mismo, vete a casa y haz lo mismo. Anota los 5 elogios más significativos que crees haber recibido. Luego, cuando termines, si quieres hacer un ejercicio de terror, dale vuelta a la hoja y anota las 5 críticas más dolorosas que hayas recibido y quién las ha dicho. Eso te dará acceso directo al centro de tu propio dolor emocional, el lugar donde estás sufriendo y te sorprenderás, estoy seguro, al ver lo que aún estás cargando en tu vida; comentarios que la gente hizo hace años, años, años y años y que todavía te paralizan y todavía te duelen. Entonces, recién empezarás a ver el poder de la lengua humana. Tenemos que entender eso, porque lo que nos decimos el uno al otro en el matrimonio es lo que crea el ambiente de confianza, de intimidad y de amor.
Cuando me casé con mi esposa, juré cuidarla. Sé que las mujeres de hoy no quieren que las pongan en un pedestal, porque sienten que así son cosificadas; son objetos y cosas así. No estoy seguro de entender todo eso porque soy un hombre y no estoy seguro de que entienda a las mujeres. Nunca entenderé a las mujeres. ¿Ok? Pero nunca he conocido a una mujer que no quisiera ser apreciada. Nunca he conocido a un hombre que no quiera ser apreciado, y lo que digo con mi boca es lo que comunica cuánto aprecio a mi esposa. Por supuesto que lo que hago también comunica, pero nada puede destruir más rápido, su sentido de ser apreciada, que un comentario cruel, desconsiderado y cortante que sale de mi boca.
La Biblia nos dice una vez más, que en cualquier tipo de relación saludable, no solo entre esposo y esposa, sino también con amigos y compañeros, es que estamos llamados a edificarnos unos a otros, a fortalecernos unos a otros, a no separarnos unos a otros. Pero lo que pasa en un matrimonio es que nos enojamos el uno con el otro y tú me dices algo que duele.
¿Cuál es mi respuesta natural? Fuego con fuego, herida por herida, represalias, contraatacar y muy pronto se convierte en una guerra y luego decimos estas terribles palabras, «Cariño, no quise decir eso» y ella desea decir, «¿Entonces por qué lo dijiste?».
¿Saben qué? La Biblia dice que hay ciertas cosas a las que no puedes dar marcha atrás: la flecha lanzada, una vez tiras hacia atrás el arco y sueltas esa cuerda y la flecha comienza a volar, no puedes llamarla de vuelta. E incluida en esa lista de la Biblia está la palabra hablada. Una vez lo digo, puedo disculparme por ello, puedo fingir que exageré, pero lo dije y ella lo escuchó y ahora está almacenado; podría estar haciendo daño por otros 30 años. Pero donde hay amor, hay bondad. Y cuando hay bondad, hay un deseo de hacer lo que Cristo nos ha dicho que hagamos, presentar a nuestras novias a Él sin mancha, estar dispuestos a dar nuestra vida para honrar a quien amamos.
Soy un hombre que está en el ojo público y tengo mujeres que se me acercan de vez en cuando, mueven sus pestañas y me dicen «Ay, eres tan lindo» y todo eso. Me miro al espejo, sé que eso no es cierto. Pero empiezan a jugar estos juegos, entonces puedo responder en una de dos maneras. Puedo responder y dejarme halagar por eso y, por lo tanto, ser tentado; o puedo verlo como una amenaza a lo que amo. La adulación es vana. Incluso tenemos la expresión, de halagos no se vive. Con esto no le estoy diciendo a las parejas que se mientan unas a otras sobre sus talentos y sus fortalezas. Decirle a tu esposa que es una gran cocinera cuando es una pésima cocinera no es de lo que estoy hablando. Ella sabe que es una pésima cocinera y no confiará en ese cumplido si le dices que es una buena cocinera cuando no es una buena cocinera.
Pero cuando un cumplido es auténtico, es creíble; cuando te tomas el tiempo para encontrar algo de valor en tu pareja y cristalizarlo, ponlo en palabras y dile – dile – de lo que te has dado cuenta. Cuando nos honramos unos a otros de esa manera, podemos sanar el daño que nos hemos hecho. Los psicólogos nos dicen que se necesitan 9 cumplidos auténticos para superar el dolor de una crítica. Así que tenemos que ser lentos para hablar y herir, y mantener nuestra ira a raya, para que esa lengua no le prenda fuego al bosque.
Vamos a analizar el problema que las investigaciones muestran como la razón número uno que la gente da para el quiebre y ruptura del matrimonio; y como ustedes lo imaginarán, el problema número uno en Norteamérica para los pleitos y la disolución de los matrimonios en Estados Unidos es: el sexo –la falta de armonía, la falta de comunicación, la falta de intimidad y la adaptación a las dimensiones sexuales del matrimonio. Eso puede parecer como una sorpresa para nosotros, dado que en las últimas décadas hemos pasado por una explosión, no solo en el interés, sino en la literatura de las relaciones sexuales y su armonía.
Pueden ir a cualquier tienda de libros, a la sección de autoayuda de la librería, o incluso a secciones separadas sobre sexo y matrimonio, y encontrar docenas de manuales de matrimonio, libros de instrucciones y consejería sobre cómo tener una gran vida sexual en tu matrimonio. Pero aún así, todavía estamos experimentando problemas graves de armonía sexual en el matrimonio. También tengo que decir en este punto, que aunque la investigación indica que esta es la razón número uno para la ruptura de los matrimonios en nuestro país, personalmente no creo que sea la razón número uno. Creo que es la razón número uno que la gente dice, pero creo que hay una razón subyacente más profunda aún que la dimensión sexual, la cual veremos en otra sesión. Pero como esta es una que tiene a la gente muy, muy preocupada, creo que tenemos que pasar un poco de tiempo en eso.
Uno de los mayores problemas, por supuesto, que enfrentamos al adaptarnos a la dimensión sexual del matrimonio, en especial como cristianos, es hacer la transición de vivir en una condición de vida en la que hasta llegar al matrimonio, Dios nos decía: «No», y luego, de repente, se espera que entremos en una relación donde lo que una vez estaba prohibido, ahora no solo está permitido, sino que, en términos bíblicos, se nos ordena. Eso es muy difícil de entender para muchas personas, que lo que está prohibido en un contexto está ordenado por Dios de manera absoluta dentro del vínculo del matrimonio. Ahora, la iglesia ha luchado durante siglos con esa dimensión. La semana pasada, por ejemplo, estaba leyendo un ensayo del gran teólogo, San Agustín, que es uno de mis escritores y teólogos favoritos de todos los tiempos.
En ese ensayo, en particular, estaba argumentando que la única justificación moral para el matrimonio –para las relaciones sexuales dentro del matrimonio– es con un propósito específico de concebir y tener hijos. Es decir, Agustín no vio lugar dentro del matrimonio y la relación matrimonial para el disfrute del sexo como un vínculo físico, que implica placer físico entre un esposo y una esposa. En otras palabras, era una especie de mal necesario por el que uno tenía que pasar para propagar la especie. Ahora, estoy convencido de que ese punto de vista, que incluso el gran San Agustín defendió, es uno que no se encuentra en la Escritura, sino que tiene sus raíces en antiguas creencias griegas y orientales que depreciaron el valor de cualquier cosa física.
Sabemos cuál es el pecado del materialismo en este mundo, donde las personas buscan toda la vida y todo su significado a través de cosas físicas, a través del dinero, la comida, el vino, mujeres y música, a través de la satisfacción del cuerpo, y llamamos a eso materialismo. Sabemos que eso es una distorsión de la realidad que Dios ha hecho y a veces al contrarrestarlo nos vamos al otro extremo y caemos en el error de lo que se puede llamar espiritualismo, donde lo único que tiene valor es la dimensión espiritual, el alma. Pero creemos en un Dios que hizo un mundo físico, que hizo al hombre, no solo como un espíritu desencarnado, sino como una persona que tiene un alma y un cuerpo; y el Nuevo Testamento, por ejemplo, en la enseñanza de Jesús, muestra una profunda preocupación por el bienestar material del hombre, estamos llamados a dar de comer al hambriento, a vestir al desnudo, a dar refugio al que no tiene hogar.
Esas son preocupaciones físicas y entonces, aún el apóstol, nos dice que el cuerpo del hombre le pertenece a la mujer en el matrimonio y el cuerpo de la mujer le pertenece al hombre; y no debemos privarnos el uno al otro. Así que, no encontramos esta visión negativa de la dimensión física de nuestra humanidad en las Escrituras. Pero Dios es muy claro sobre el contexto en el que el sexo se puede disfrutar. Recuerdo, no hace mucho, que hice un estudio de cómo el Nuevo Testamento aborda el tema del sexo y simplemente aislé esos pasajes en el Nuevo Testamento donde Jesús y los apóstoles hablan sobre el sexo; y en mis estudios, fui a lo que se llama el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, que fue producido por un grupo de estudiosos alemanes que no tienen nada de cristianos evangélicos y no son para nada conservadores en su forma de ver las cosas.
Y el estudioso específico que había hecho su análisis de la postura del Nuevo Testamento sobre el sexo, llegó a esta conclusión, a pesar de que él mismo no adoptó la posición: «No podemos negar que el Nuevo Testamento enseña claramente que a la vista de Dios, el sexo premarital y el sexo extramatrimonial, son ofensas graves contra Su santidad», de modo que el apóstol, por ejemplo, nos dice que nunca, nunca, nunca; debemos ser hallados en fornicación. Si lees a los apologistas del siglo I, a finales del siglo I y hacia inicios del siglo II, cuando tratan de defender la fe cristiana contra los ataques provenientes de círculos paganos, no solo defienden filosóficamente las afirmaciones de la verdad del cristianismo, sino que dicen: «Si realmente quieres ver de qué se trata el cristianismo, mira nuestras vidas» y él dijo: «Examina el comportamiento moral de los cristianos. Examina nuestra comunidad. Ve si encuentras adulterio. Ve si encuentras fornicación». Imaginen eso.
Nunca me enfrentaría hoy a un secularista del siglo XX y le diría: «Si quieres ver pruebas de la fe cristiana, mira el comportamiento sexual de los cristianos», porque los cristianos están tan atrapados en el adulterio y la fornicación, en algunos casos, tanto como los incrédulos. Pero si vemos el Nuevo Testamento, encontramos esa prohibición. Es tan severa, que forma parte de los Diez Mandamientos. «No cometerás adulterio». Ahora, esto no se debe a que Dios esté en contra del placer o que Dios esté en contra de la realización humana, sino que, Dios entiende la santidad de esa intimidad, que se da cuando dos personas pueden estar desnudas y sin vergüenza dentro del contexto del matrimonio.
Así es que Dios no está diciendo que el sexo está mal. Él lo crea. Él lo ordena, pero Él lo regula. Él dice, «En esta circunstancia no es bueno. No lo permito aquí. Es destructivo. En esta circunstancia es hermoso. Es expresivo. Es parte de lo que he hecho para tu disfrute». Así es como los cristianos tenemos ese problema al hacer la transición. Bueno, ahora que la transición ya pasó. Entonces, ¿qué problemas descubrimos en términos de satisfacción sexual en el matrimonio? Los dos mayores problemas que encontramos en el matrimonio con respecto al sexo son, en el caso de los hombres, la impotencia – ¿lo deletreé bien? – y en el caso de las mujeres, usamos términos como frigidez. Esos términos me molestan porque ninguno de ellos es preciso en términos absolutos. Nadie es absolutamente impotente y nadie tiene absoluta frigidez.
Estos términos representan una gama, grados que se refieren a cuán libres nos sentimos para expresarnos sexualmente en la unión matrimonial, por lo que tenemos que pensar en términos de grados de impotencia o grados de frigidez. Ahora la impotencia, por supuesto, solo significa una falta de fuerza o una falta de poder. La palabra frigidez es un término interesante porque sugiere frialdad. Sugiere que alguien está congelado. Lo que ambos términos están describiendo es un cierto nivel de parálisis en la actividad sexual. Lo que hemos estado pasando por alto en matrimonios saludables es el problema de la parálisis sexual, y se ha vuelto tan significativo que ahora vemos clínicas que surgen en todo Estados Unidos, dirigiendo la atención médica a una investigación científica de lo que se llama disfunción sexual, con el fin de ayudar a quienes tienen problemas que están destruyendo sus matrimonios.
El problema es serio, lo tengo que decir, son pocas, si es que hay, las clínicas cristianas notables que investiguen la disfunción sexual, porque si alguien debe ser consciente de lo grave que es esto en los matrimonios, esa debe ser la iglesia. El pastorado tiene que lidiar con eso todos los días y tenemos muy pocos recursos a los que podamos orientar a las personas que tienen problemas serios como ese y que puedan asistir sin comprometer sus propios sistemas de valor y ética cristiana. Pero necesitamos ayuda para hacer frente a estas formas de parálisis. Ahora, cada vez que encuentro una forma de parálisis, busco de inmediato una de dos cosas. Hay dos cosas en nuestras experiencias emocionales que contribuyen una y otra vez a todo tipo de parálisis y son – las escribiré en la pizarra – miedo y culpa y estas dos, por cierto, a menudo están muy relacionadas.
Solemos decir que alguien está paralizado de miedo, congelado de miedo. Se detiene en su andar. No puede moverse. No puede gritar. Duda. El miedo paraliza, por lo que descubrimos que en problemas sexuales hay una enorme cantidad de miedo en el dormitorio cristiano. ¿En qué consisten esos miedos? ¿A qué le tememos? Bueno, hay muchas cosas. Creo que, tanto en el caso de la impotencia como de la frigidez, uno de los elementos más significativos del miedo es el miedo a cómo nos desempeñamos. Esta es una de las consecuencias al problema de la explosión de la literatura sexual, donde ahora abunda el mito de que para que alguien sea sano y normal, tiene que ser capaz de tener súper sexo, tanto la mujer como el hombre. Tenemos todas estas imágenes, que son imágenes mitológicas, que Hollywood muestra, del súper atleta sexual masculino y la mujer que es una modelo de pasarela, ya saben. Simplemente no es cierto, pero no se le puede decir eso a esa persona cuando está entrando en la relación y están sintiendo la presión para desempeñarse bien.
El año pasado vi una lista de las diez fobias más comunes de los estadounidenses. ¿Sabes cuál era la fobia número uno en los Estados Unidos? No sé dónde estaba la muerte. El miedo a la muerte llegó 4 o 5, en algún lugar de la lista. Me sorprendió. ¿Sabes cuál era la fobia número 1 en los Estados Unidos de América? Miedo a ponerse de pie frente a un grupo y hablar. Eso es lo que asusta a más gente que cualquier otra cosa, damas y caballeros, puedo identificarme con eso. Todos ustedes han vivido la situación en la que alguien se levanta para hablar y abre la boca, pero nada sale porque han sido paralizados por su miedo. Cuando siento miedo a hablar no es porque voy a enseñar lo incorrecto o porque voy a olvidarme las palabras, sino es por la presión para hacerlo bien. Uno pensaría que cuanto más hables, más fácil se le hace a uno hablar.
En cierto sentido, sí; pero cuanto más hablas, alcanzas una reputación por cómo hablas y mayor es la expectativa del público, y mientras mayor sea la expectativa, más presión hay sobre ti y más presión, de hecho, creo que pararé ahora mismo y saldré de aquí porque no lo soporto. Saben, casi estoy ahogado. Hablamos de ahogarnos y ahogarse es una parálisis del cuello traída y provocada por el miedo. Lo vemos con los atletas bajo estrés porque tienen miedo de no rendir al nivel de la expectativa que se espera de ellos. Bueno, nuestra relación sexual no está en exhibición. Nadie está llevando la cuenta. Es para la intimidad de dos personas que están involucradas y debe afianzarse sobre la base del amor; eso no significa solo un sentimiento emocional. Eso significa un fundamento donde el sexo no es arrancado de la relación de amor, sino que el sexo se convierte en una expresión del amor. Escucho a la gente decir, «Tuvimos sexo dos veces la semana pasada», como si el sexo fuera algo distinto al amor. El sexo fue simplemente una actividad física.
Bueno, para los hombres – parece más fácil – separar el sexo del amor. Eso es lo que las investigaciones indican, que los hombres pueden disfrutar del sexo sin amor. Es por eso que existen las prostitutas y es por eso que es la profesión más antigua, para que los hombres puedan tener placer sin amor y cada mujer lo sabe. Cada mujer duda cuando el hombre dice: «Te amo», porque al traducirse, la mujer escucha: «Quiero sexo contigo y para tener sexo contigo, tengo que decirte que te amo». Se espera que la mujer, entonces, muestre su amor por su marido, no dándole amor, sino dándole sexo y eso acumula resentimientos y mala comunicación que estrangula y paraliza la relación.
Pero si el sexo es una expresión de amor, y entiendo que mi esposa está comprometida conmigo y ella entiende que la amo, entonces la presión para desempeñarse disminuye. Mientras más demuestro mi amor, más libre se sentirá mi esposa para relajarse sexualmente. Mientras más me demuestre amor mi esposa, más podré vivir sin miedo porque es el perfecto amor, dice la Biblia, el que echa fuera el temor. ¿Qué otras cosas están involucradas en el temor al sexo? Una de las cosas que cada vez son más evidentes en nuestra sociedad, en especial para la mujer, es el miedo a ser lastimada físicamente. El maltrato a la mujer no es solo una rara incidencia en nuestra sociedad. No puedo decirles cuántas mujeres he tratado en consejerías que han sido maltratadas como esposas o cuando eran niñas. Han sido abusadas sexualmente. Han resultado heridas. Los hombres han utilizado su fuerza para obligar a las mujeres a someterse a sus insinuaciones y ellas tienen miedo de ser lastimadas físicamente.
También oímos hablar del hombre que es tosco, pero no tierno. Juntas a mujeres y les preguntas: «¿Cuáles son las cualidades que quieres en un esposo?» Sí, quieren que sean seguros; sí, quieren que tengan confianza; pero también ponen muy alto en la lista, la sensibilidad. Uno de los mayores problemas de madurez sexual en nuestra nación es la falta de sensibilidad masculina en el acto del amor. Él tiene que probar su hombría viviendo el viejo mito cavernícola, el cual lastima físicamente a la mujer. No es de extrañar que ella no quiera estar involucrada en el sexo más a menudo, dado que es una experiencia dolorosa para ella en lugar de algo tierno y amoroso. Tenemos que recordar que el miedo al dolor puede ser una fuerza paralizante.
Bueno, hay otros miedos. Hay miedo a ser descubiertos, ese es uno muy real. He hablado con innumerables parejas donde la mujer dice, por ejemplo, que disfruta mucho más de la relación sexual, disfruta de la relación sexual con su esposo cuando están lejos de su casa, cuando están de vacaciones en un hotel o algo así, donde estén solos. Empiezas a explorar eso, empiezas a ver que ella tiene miedo, o puede ser que él; podría ser el hombre, que tiene miedo de que los niños entren, o los escuchen, o lo que sea. Así que una de las mejores inversiones que puedes hacer en tu matrimonio es una cerradura a la puerta de tu dormitorio. Una vez más, este es el lugar donde puedes estar desnudo y sin vergüenza, pero no vas a estar desnudo y sin vergüenza si en cualquier momento entra alguien, porque tu hija no es tu esposa, el vecino de al lado no es tu esposo; y si la gente tiene miedo de que alguien los vea, entonces están inhibidos. Y luego la pareja toma eso como un acto de rechazo personal.
El miedo al embarazo es otro temor importante y podríamos seguir enumerando estos temores que la gente tiene y que los inhibe. Es aquí donde necesitamos comunicación, donde el esposo y la esposa necesitan hablar, tenemos que expresarnos el uno al otro ¿a qué le tienes miedo? ¿Tienes miedo de algo? ¿Cómo puedo ayudar? No voy a ayudar a mi esposa obligándola a hacer cosas a las que ella teme. Ahora el segundo es el que casi nadie habla: la culpa. Me gustaría expresar un patrón que me resulta familiar en la consejería matrimonial. Cuando un hombre entra a mi oficina y me dice, ya saben, «Quiero divorciarme de mi esposa. Nuestra relación se ha deteriorado, ella ya no me responde sexualmente y todo eso», le hago la siguiente pregunta directamente, directo y sin titubear, «Dime, aquí en la privacidad de la oficina, ¿tenías relaciones sexuales con tu esposa antes de casarte?»
Ahora, mi experiencia en consejería no puede ser una prueba suficiente de todo el universo, como para darte un porcentaje que cubra toda la nación, pero te contaré mi experiencia. No sé a cuántos hombres les he hecho esta pregunta, ¿cien? A cada hombre que he aconsejado sobre esta pregunta, le he preguntado, «¿Tenías relaciones sexuales con tu esposa antes de casarte?», cada uno de ellos me dijo que sí. Todos. El esposo virginal es casi inexistente, así como la esposa virginal. Así que, después de que me dijeran esto, que sí tuvieron relaciones sexuales con su esposa antes de casarse, les hago esta pregunta: «En tu opinión, ¿tu esposa era más receptiva sexualmente o menos receptiva sexualmente antes de casarse?» Sus ojos se iluminan y dicen, «Ella era más receptiva antes de casarnos» y me mira como si yo fuese un médico brujo que hace vudú. Él dice, «¿Cómo sabías eso?», «Lo sé porque lo he oído tantas veces, por eso estoy haciendo la pregunta».
¿Por qué tantos hombres dicen que sus esposas fueron más receptivas hacia ellos, les correspondían, antes de casarse que después de casarse? ¿Es porque simplemente han idealizado los viejos buenos tiempos? Puede ser. ¿Es porque el sexo era más emocionante como novedad de lo que se ha vuelto ahora a lo largo de los años? Esa es otra posibilidad y hay una tercera posibilidad, de que la mujer solo puede responder cuando se encuentra en una situación tabú, cuando le es permitido desenvolverse sexualmente se aburre y no le importa. Hay todo tipo de razones que explicarían por qué los hombres dicen que sus esposas fueron más receptivas antes, pero un factor que tenemos que considerar aquí: es que puede ser cierto. De hecho, sí puede ser que la mujer fuese más receptiva y de repente sea menos receptiva, puede que lo sea porque llevó al matrimonio toda carga de culpa y resentimiento, porque el marido la manipulaba y persuadía para hacer lo que estaba tratando de no hacer antes de casarse.
Ahora ella lleva ese resentimiento, pero lo que es peor, sigue cargando la culpa. ¿Qué haces en un caso así? Bueno, de nuevo, podemos recibir todo tipo de terapia médica del mundo, de consejeros seculares y de ministros, y la terapia habitual en nuestros días es algo como lo siguiente: Tienes que entender que lo que hiciste antes de casarte estaba bien. Todo el mundo lo hace. El Informe Kinsey, el Informe Chapman indican que la abrumadora mayoría de la gente lo hace y dado que la abrumadora mayoría de la gente lo hace, eso indica que es normal y si es normal, es saludable. Y esto es solo parte de tu proceso de maduración para convertirte en un ser humano responsable. Hemos oído esa frase un millón de veces.
Hice que una mujer que estaba a punto de casarse viniera a verme. Ella había estado comprometida durante más o menos, un año; cuando vino, ella se sentía con mucha culpa y me dijo: «¿Qué voy a hacer?» me dijo, «Me siento tan culpable». «He estado teniendo relaciones sexuales con mi prometido». Ella me dijo: «Y fui a ver a mi ministro y mi ministro me dijo: «Mira, la manera de superar esto, es entender que la razón por la que te sientes culpable es que has sido víctima de esta cultura estricta, rígida, victoriana, puritana con sus tabúes y ahora- tienes que crecer, madurar y entender que no eres promiscua. Tú solo has sido un adulto responsable. » Y ella dijo: «He intentado eso, pero todavía me siento culpable».
Entonces le dije, «Bueno, la razón por la que todavía te sientes culpable es porque eres culpable». Le dije: «La prohibición de las relaciones sexuales prematrimoniales no fue inventada por Jonathan Edwards o por la reina Victoria. Fue Dios quien dijo que no, y tú has ofendido a Dios. Has transgredido Su ley. No importa el hecho de que todos los demás lo estén haciendo. La ley no viene de los psiquiatras. No viene de los ministros. No viene de los consejeros. Viene de Dios y Dios dijo que no, aún así lo hiciste de todos modos.
Así que eres culpable y lo único que sé es que no lo curará la racionalización. Tu culpa es real y si quieres sanarte, tienes que ser realmente perdonada. La única manera que sé cómo conseguir eso, es que vayas a tu casa, te pongas de rodillas, le digas a Dios lo que has hecho y confieses tu pecado. Entonces, «Dios te perdonará de eso. ¿Entiendes que puedes ser virgen de nuevo a la vista de Dios?» De modo que necesitamos limpiar el matrimonio, lidiando con la culpa no resuelta. Y Dios nos hará libres.