Las críticas y los elogios

Renovando Tu Mente

Serie: El matrimonio íntimo

Las críticas y los elogios

R.C.Sproul

Una vez más quisiera darles la bienvenida a esta serie de sesiones sobre el matrimonio cristiano. La última vez estuvimos hablando de los problemas en la armonía y ajustes sexuales dentro del matrimonio, y en esa ocasión mencioné que según las últimas encuestas y sondeos que se han realizado entre los investigadores, la razón número uno, dada en los Estados Unidos, para la ruptura del matrimonio, ha sido el problema del sexo. En esa ocasión dije que desafiaría ese argumento en algún momento de nuestras discusiones, y ese momento ha llegado. 

Antes de decir y proponer el desafío, permítanme darles todas las razones que se dan. La razón número uno que nos dan los investigadores es el sexo. El segundo problema más grande, según los investigadores, que destruye la armonía en el hogar, es el dinero; y la tercera razón que se da con frecuencia es el problema de la interferencia de los suegros. Ahora, ciertamente reconozco y concedo que esos tres problemas han causado estragos en los matrimonios en este país. Pero creo que hay algo que es aún más grave en su alcance para herir y destruir matrimonios. 

Yo diría que el problema número uno en los matrimonios es la lengua humana. Es lo que nos decimos el uno al otro, lo que creo que contribuye más que cualquier otra cosa a la ruptura de la confianza, la ruptura del amor y la ruptura del respeto entre dos personas en la relación matrimonial. Ese problema puede manifestarse sexualmente, o en el área del dinero; podemos entender cómo esos problemas ocurren, así como la intrusión de suegros; pero no hemos aprendido a dialogar, no solo el uno con el otro a través de la comunicación, sino que a menudo hemos sido crueles y desconsiderados, haciéndonos daño el uno al otro con comentarios imprudentes.

Por el contrario, permítanme leerles una breve sección del Antiguo Testamento que implica una celebración del amor, que se encuentra en el Cantar de los Cantares.  El capítulo 4 de Cantar de los Cantares comienza así, el autor dice, «Cuán hermosa eres, amada mía. Cuán hermosa eres. Tus ojos son como palomas detrás de tu velo; tu cabellera, como rebaño de cabras que descienden del monte Galaad». Ahora, puede que no suene a cumplido decir que tu cabello me recuerda a un rebaño de cabras que se pasean por la ladera montañosa de Galaad, pero en la antigüedad eso, por supuesto, era una expresión romántica, de hecho, era una expresión poética de la belleza. 

Luego dice, «Tus dientes son como rebaño de ovejas trasquiladas que suben del lavadero, todas tienen mellizas». No dirían eso de mí, no hay dos como tú iguales, pero aquí se describe a la persona como que tiene dientes, así como los mellizos que cada uno es idéntico e igual el uno con el otro. «Y ninguna de ellas ha perdido su cría», es decir, no hay huecos entre los dientes. «Tus labios son como hilo de escarlata, y tu boca, encantadora. Tus mejillas, como mitades de granada detrás de tu velo. Tu cuello, como la torre de David edificada con hileras de piedras; miles de escudos cuelgan de ella, todos escudos de los valientes. Tus dos pechos, como dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios. Toda tú eres hermosa, amada mía, y no hay defecto en ti». 

Ahora, la tradición dentro de los grupos cristianos dice que lo que encontramos en Cantar de los Cantares es una forma simbólica de expresión extendida, una alegoría del amor perfecto de Cristo por Su iglesia, que lo que tenemos aquí es un canto espiritual que celebra el amor que Cristo tiene por Su novia. Queridos amigos, creo que eso representa más de lo que podría señalar, la distorsión y la intrusión en la fe cristiana de la postura griega de la que les hablé, la cual ve la atracción y el amor físico como algo que es intrínsecamente malvado. Yo diría, solo de paso, pues no hay tiempo para defender eso desde una perspectiva académica. Es simple, no hay justificación alguna para interpretar Cantar de los Cantares solo como una alegoría del amor de Cristo por la iglesia. Lo que tenemos aquí es una canción de amor divinamente inspirada, donde el Espíritu Santo está celebrando el romance entre dos personas. Creo que eso es fantástico. 

Ahora, debido a que este tema nos incomoda, tenemos que reinterpretarlo y sacar de ahí una lección espiritual. Pero piensa en esto: para que esto pudiera calificar como una alegoría del amor espiritual, primero tendría que ser aceptable a Dios por el contenido que tiene. Así que, ¿por qué no lo tomamos por lo que dice?  Pero lo que quiero que veamos aquí, es que, en esta expresión de amor divinamente inspirada, la relación verbal entre el hombre y la mujer es de cumplidos. No escuchas en esta canción de amor, en esta celebración del romance, al hombre diciéndole a la mujer, «¿Por qué no haces esto?» o la mujer diciéndole al hombre, «Siempre llegas tarde, nunca lograrás nada por ti mismo». En otras palabras, la lengua está siendo usada para honrar a la pareja. 

En el Nuevo Testamento se nos dice que la lengua es un pequeño miembro que se jacta de grandes cosas y tiene la capacidad de, con solo una chispa, incendiar bosques enteros, que la lengua es el miembro más destructivo del cuerpo humano. Con ella alabamos a Dios, pero con ella también traemos maldiciones el uno al otro.  Recuerdo cuando era niño que había un chico en nuestra comunidad que era un hostigador y él solía burlarse de mí.  Solía ir a la calle a jugar con los chicos y él decía, «Aquí viene el dientón». Así se burlaba de mis dientes, eso me afectó mucho. Él era mayor que yo y yo, quería ser aceptado por los niños mayores, poder jugar con ellos. Cada vez que yo aparecía, este mismo chico seguía hablando de mis dientes grandes. 

Un día llegué a casa llorando y mi madre me encontró en la puerta posterior. Me dijo, «¿Qué pasa?»  Y yo le dije, «Esto y el otro y me volvió a decir dientón». Mi madre sintió lástima por mí, ella intentó ayudarme a lidiar con este tipo de cosas que le sucede a todos en la vida. Ella me dice, «Hijo, déjame decirte cómo responder cuando alguien te dice algo que no es muy agradable.  Solo diles: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Yo dije: «Ok, eso suena bien». Así que volví a salir, llegué a la calle y aquí viene el mismo chico, me dijo: «Aquí vienen los dientes gigantes otra vez». Lo miré y le dije: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Y yo pensaba en mi cabeza, «Esa es una mentira, porque sí me duele» y descubrí que lo que mi madre me dijo no era verdad.  

Una vez me rompí la cabeza en una roca. Había sangre por todas partes. Llegué a casa, pensé que iba a morir.  Vino el doctor y tomó unos sujetadores y los apretó en la parte superior de mi cabeza y en un par de días, yo estaba bien. En otra ocasión, un tipo viene, me rompe el brazo, me ponen un yeso y seis semanas después mi brazo está bien.  Pero un insulto, una palabra desconsiderada, puede penetrar donde ninguna piedra puede llegar, o donde ningún palo puede tocar, porque puede llegar al alma.  Tuve una experiencia en consejería, la cual es mi ilustración favorita sobre esto. 

Una mujer vino a verme porque su matrimonio estaba en problemas. No pude evitar notar, cuando esa mujer entraba a mi oficina, que era una mujer extraordinariamente atractiva. Ella realmente lo era. Y comenzó a contarme sobre los problemas que estaba teniendo en su matrimonio y luego me contó toda su historia y dijo que no podía responderle a su marido porque sabía que no era atractiva. Pensé, «Oh, no. Aquí estoy otra vez. Igual que mi madre». Mi madre solía ir a comprar su ropa en una tienda en el centro y en un centro comercial y luego iba al salón de belleza y luego entraba en la casa con el aspecto de Lady Di, recién salida de la revista ¡Vanidades! o algo así, y decía: «Ay, me veo horrible esta noche». Y nosotros decíamos siempre, «Ay, ¿vas a insistir con eso, mamá?», porque ella estaba buscando cumplidos. Porque mi respuesta se suponía que debía ser, «Ay, no mamá, te ves increíble. Eres la madre más hermosa del vecindario». 

Entonces, cuando esta mujer me dijo eso en el salón de consejería, que no podía responder a su marido porque sabía que no era lo suficientemente atractiva, quería decirle: «Basta, señora. No juegue conmigo». Pero esta vez me di cuenta de que ella hablaba en serio.  Así que empecé a explorar su pasado y esto es lo que dijo. Ella dijo que cuando era una joven adolescente, entrando a la adolescencia, luchó con su apariencia por varias razones. Lo primero que le afectó fue el acné adolescente, acné de jovencita, granos, bien, y tuvo que ponerse una crema en la cara todas las noches. Además de eso, cuando le salieron sus dientes adultos le salieron todos torcidos y por lo tanto sus dientes se veían raros, y ella era una de las primeras chicas de su clase en tener que usar lentes, su medida era tan fuerte que sus lentes eran como el fondo de una botella. 

Así que aquí está esta chica andando, con frenillos en los dientes, crema para los granos, lentes de fondo de botella con los que va mirando a su alrededor mientras está caminando, no es muy bonita, ¿cierto? Sin embargo, al mismo tiempo, la naturaleza la dotó de un cuerpo muy hermoso. Ella fue una de las primeras en desarrollarse y los chicos se dieron cuenta. Un día ella estaba caminando por el patio de la escuela cuando tenía 13 o 14 años y el joven que era el súper atleta y el chico famoso en el campus la vio venir, él se rio y le dijo a otro dentro de su grupo: «Miren a fulanita si pones una bolsa sobre su cabeza, ella sería genial». 

¿Qué pasó en los años siguientes? Los frenillos hicieron su trabajo, sus dientes se enderezaron, superó al acné adolescente, los lentes de contacto reemplazaron los lentes de botella de vidrio y el patito feo emerge como una hermosa joven. Todos los que la vieron notaron su belleza, excepto ella. O sea, 25 años después, todavía estaba convencida de que todo lo que le faltaba para ser una buena esposa, era una bolsa sobre su cabeza. La lengua humana puede devastar a otra persona.  

Una vez estuve en un aeropuerto y buscaba algo para leer, estaba viendo los libros de bolsillo y vi este libro que me llamó la atención y el título del libro simplemente fue Crítica. Lo tomé del estante, lo miré y no pude reconocer el nombre del autor, y la editorial nunca la había oído. Abrí las páginas, el papel era papel barato y la impresión estaba en líneas onduladas y pensé: «Esta es una imprenta sencilla, alguien lo imprimió en su sótano», pero como no tenía nada más que leer, entonces compré el libro y lo llevé al avión. El libro comenzó con una historia en la que este hombre contaba sobre su visita a la ciudad de Nueva York, ese fue su primer error y decidió conocer la ciudad de noche. Ese fue el error número dos. Pero la verdadera sorpresa llegó cuando decidió entrar por un callejón por la noche, en la ciudad de Nueva York. 

Entonces, así empieza caminando por este callejón en la noche, en Nueva York, cuando llega a la mitad del callejón y hay luna llena, ve a dos tipos salir por detrás de la basura con cuchillos brillando a la luz de la luna y empiezan a caminar hacia él. En este punto, el autor interrumpió su propia narrativa y le dice al lector: «¿Qué crees que hizo este hombre en esa circunstancia? ¿Qué harías tú?» Si fueras algo inteligente, ¿qué harías? ¡Corre, corre tan rápido como puedas! Quiero decir, si vieras a dos tipos caminando hacia ti, con cuchillos, en la ciudad de Nueva York, en un callejón y pudieras salir corriendo de ahí, eso es lo que harías, ¿verdad? La auto preservación, es un instinto natural. Dijo, sabemos que tenemos que huir de eso, pero no sabemos cómo huir de esto. 

¿Qué haces cuando alguien se te acerca y te dice: «Me gustaría hacerte algunas críticas constructivas?». La Biblia nos dice, y es parte de la introducción a este programa, que debemos decir la verdad en amor. Cuántas veces has tenido a un amigo cristiano que se acerca y te dice: «Hermano o hermana, quiero decirte algo en amor». El mejor consejo que puedo darte es que si alguien se te acerca y te dice que quiere decirte algo en amor, lo mejor que puedes hacer 95 veces de 100 es dar la vuelta y correr, corre por tu vida. Existe tal cosa como la crítica constructiva, lo sé y no sé cuáles son los porcentajes exactos, pero mi mejor apuesta es que al menos 95 de cada 100 críticas que recibes y oyes de la gente, son críticas destructivas y no se hacen en amor. 

Pero se nos ha enseñado toda la vida que aceptemos las críticas con gratitud. Le damos a la gente licencia para criticarnos. Cuando alguien se acerca y te dice, «Hermano quiero decirte algo en amor», y te clavan el cuchillo, como cristianos, esto es lo que se supone que tenemos responder, «Ay, gracias. Necesitaba escucharlo. Eso realmente va a ayudarme en mi santificación y si realmente me amas, hazlo de nuevo. Húndelo todavía más para que yo pueda crecer en el Espíritu», mientras te matan. Cuando si tuviésemos un poco de cerebro, nos daríamos la vuelta y correríamos. Una vez más, hay formas y maneras de experimentar críticas constructivas y todos las necesitamos.  

Recuerdo que cuando escribí un libro hace unos años para la editorial Harper and Row, se lo entregué a mi editor y me lo devolvieron después de que él lo editó y conté más de diez mil correcciones que había que hacer. Eran cambios menores, una coma aquí y allá, pero miré y – mi manuscrito regresó con tanta tinta roja en él, que parecía un árbol de Navidad. Yo estaba tan deprimido, y luego recordé algo que alguien me había dicho, una señora me había dicho una vez, «R.C., nunca dejes que nadie te diga que no puedes escribir».  Una experiencia que tuve allí sucedió así, un consultor vino a mí y me dijo, «R.C., quiero que escribas en un pedazo de papel los 5 elogios más significativos que hayas recibido en tu vida». 

Entonces dije, «Bueno, ese es un ejercicio divertido, ¿no? Es decir, puedo sentarme aquí, recostarme y tratar de recordar cosas bonitas que la gente dijo de mí». Me esforcé por recordar. Todo el mundo ha tenido al menos 5 cumplidos en su vida, entonces escribí los primeros 5 que vinieron a mi mente… y me sorprendió mucho lo que vi. Si ese hombre hubiera venido y me hubiera dicho, «R.C., anota en un papel, las 50 personas que han tenido la influencia más positiva en tu vida», no sé qué nombres habría escrito para completar esas 50 personas, pero sé que nunca hubiera soñado con incluir a esta mujer, cuyo nombre apareció dos veces en esa primera lista de 5 cumplidos. 

Era mi profesora de inglés de 8vo grado. Nos había dado una tarea, la más memorable; , nos había dado la tarea de escribir un ensayo descriptivo. Fue nuestra primera experiencia con la escritura creativa. Así que escribí este pequeño ensayo que inventé sobre una montaña, lo entregué, ella llevó los papeles a su casa. Cuando los calificó, los trajo de vuelta. Los iba a entregar a toda la clase y repartirlos cuando dijo, «Alumnos, ahora vamos a repartir estos papeles, pero antes de hacerlo, quiero leer uno a toda la clase» y leyó mi artículo a toda la clase, y luego, cuando terminó fue a la pizarra de anuncios que estaba por encima de la pizarra negra, tomó un alfiler y puso mi ensayo en la pizarra de anuncios. 

Tienes que entender que este era el 8vo grado y por lo general lo único que subió en ese panel de anuncios en nuestro salón de clases fueron obras de arte, y yo sólo obtenía D’s en primer grado. Fui terrible. Sé que fui el único chico de toda esa clase que nunca tuvo ningún trabajo de arte en esa pizarra. O sea, era realmente malo y me daba cuenta de ello. Pero ahora en 8vo grado, no fue algo que dibujé, sino algo que escribí fue lo que llegó a la pizarra de arte. En ese papel decía, «A+, no dejes que nadie te diga que no puedes escribir». ¿Tienen idea de cuánta gente ha intentado decirme que no puedo escribir? ¿Saben cuántas personas han tratado de disuadirme de hacer lo que quería hacer artísticamente con un lapicero? Me he aferrado hasta el alma, algunas veces hasta he tomado con mis uñas aquella amable declaración que esa mujer me hizo porque creía en su cumplido. 

Sé que lo dijo en serio y confié en su autoridad. Ese sería un buen ejercicio para ti. Es decir, si realmente quieres averiguar sobre ti mismo, vete a casa y haz lo mismo. Anota los 5 elogios más significativos que crees haber recibido. Luego, cuando termines, si quieres hacer un ejercicio de terror, dale vuelta a la hoja y anota las 5 críticas más dolorosas que hayas recibido y quién las ha dicho. Eso te dará acceso directo al centro de tu propio dolor emocional, el lugar donde estás sufriendo y te sorprenderás, estoy seguro, al ver lo que aún estás cargando en tu vida; comentarios que la gente hizo hace años, años, años y años y que todavía te paralizan y todavía te duelen. Entonces, recién empezarás a ver el poder de la lengua humana. Tenemos que entender eso, porque lo que nos decimos el uno al otro en el matrimonio es lo que crea el ambiente de confianza, de intimidad y de amor.  

Cuando me casé con mi esposa, juré cuidarla. Sé que las mujeres de hoy no quieren que las pongan en un pedestal, porque sienten que así son cosificadas; son objetos y cosas así. No estoy seguro de entender todo eso porque soy un hombre y no estoy seguro de que entienda a las mujeres. Nunca entenderé a las mujeres. ¿Ok? Pero nunca he conocido a una mujer que no quisiera ser apreciada. Nunca he conocido a un hombre que no quiera ser apreciado, y lo que digo con mi boca es lo que comunica cuánto aprecio a mi esposa. Por supuesto que lo que hago también comunica, pero nada puede destruir más rápido, su sentido de ser apreciada, que un comentario cruel, desconsiderado y cortante que sale de mi boca.  

La Biblia nos dice una vez más, que en cualquier tipo de relación saludable, no solo entre esposo y esposa, sino también con amigos y compañeros, es que estamos llamados a edificarnos unos a otros, a fortalecernos unos a otros, a no separarnos unos a otros. Pero lo que pasa en un matrimonio es que nos enojamos el uno con el otro y tú me dices algo que duele. 

¿Cuál es mi respuesta natural? Fuego con fuego, herida por herida, represalias, contraatacar y muy pronto se convierte en una guerra y luego decimos estas terribles palabras, «Cariño, no quise decir eso» y ella desea decir, «¿Entonces por qué lo dijiste?».

¿Saben qué? La Biblia dice que hay ciertas cosas a las que no puedes dar marcha atrás: la flecha lanzada, una vez tiras hacia atrás el arco y sueltas esa cuerda y la flecha comienza a volar, no puedes llamarla de vuelta. E incluida en esa lista de la Biblia está la palabra hablada. Una vez lo digo, puedo disculparme por ello, puedo fingir que exageré, pero lo dije y ella lo escuchó y ahora está almacenado; podría estar haciendo daño por otros 30 años. Pero donde hay amor, hay bondad. Y cuando hay bondad, hay un deseo de hacer lo que Cristo nos ha dicho que hagamos, presentar a nuestras novias a Él sin mancha, estar dispuestos a dar nuestra vida para honrar a quien amamos.  

Soy un hombre que está en el ojo público y tengo mujeres que se me acercan de vez en cuando, mueven sus pestañas y me dicen «Ay, eres tan lindo» y todo eso.  Me miro al espejo, sé que eso no es cierto. Pero empiezan a jugar estos juegos, entonces puedo responder en una de dos maneras. Puedo responder y dejarme halagar por eso y, por lo tanto, ser tentado; o puedo verlo como una amenaza a lo que amo. La adulación es vana. Incluso tenemos la expresión, de halagos no se vive. Con esto no le estoy diciendo a las parejas que se mientan unas a otras sobre sus talentos y sus fortalezas. Decirle a tu esposa que es una gran cocinera cuando es una pésima cocinera no es de lo que estoy hablando. Ella sabe que es una pésima cocinera y no confiará en ese cumplido si le dices que es una buena cocinera cuando no es una buena cocinera.  

Pero cuando un cumplido es auténtico, es creíble; cuando te tomas el tiempo para encontrar algo de valor en tu pareja y cristalizarlo, ponlo en palabras y dile – dile – de lo que te has dado cuenta. Cuando nos honramos unos a otros de esa manera, podemos sanar el daño que nos hemos hecho. Los psicólogos nos dicen que se necesitan 9 cumplidos auténticos para superar el dolor de una crítica. Así que tenemos que ser lentos para hablar y herir, y mantener nuestra ira a raya, para que esa lengua no le prenda fuego al bosque.

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