La oveja y la moneda de plata (dracma)

Martes 5 Abril
Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido… Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.
Lucas 15:6, 9
La oveja y la moneda de plata (dracma)
A menudo contamos a los niños la parábola de la oveja perdida (Lucas 15:3-7). El pastor deja a las demás ovejas y va en busca de la perdida. Cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros muy gozoso y la lleva al redil. Luego llama a sus amigos y se goza con ellos por haberla encontrado. Ese pastor es Jesús, el Salvador: dio su vida para salvar a los hombres, y ahora busca a los que están perdidos.

A menudo los cristianos han representado al Señor Jesús como el buen Pastor. Así lo vemos en algunas pinturas de las catacumbas romanas.

Justo después en ese capítulo 15 de Lucas Jesús emplea otra ilustración: la moneda de plata perdida (v. 8-10). En este caso no es un animal que se siente perdido y pide ayuda mediante sus balidos, sino un objeto de metal insensible, que ignora su propia situación, totalmente incapaz de señalar su presencia al que lo está buscando.

El que vive sin Dios es como esta moneda perdida, es decir, no es consciente de su estado. La Biblia dice que para Dios está muerto (Efesios 2:1). Por ejemplo, encontramos personas que afirman no tener ninguna necesidad espiritual, como algunos enfermos que creen tener buena salud. ¿Quizás usted se pregunte si este es su caso? Pues bien, incluso en este estado, aunque no tenga ningún deseo de ir a Dios, esta parábola muestra que el Señor lo está buscando sin que usted lo sepa. Lo está llamando, quizá mediante esta hoja, para que vaya a él ahora mismo.

“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

Isaías 10 – Gálatas 6 – Salmo 39:7-13 – Proverbios 13:1

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La obediencia por medio de la meditación

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La obediencia por medio de la meditación

Charles Stanley

La Biblia es necesaria porque ilumina la verdadera naturaleza de Dios y enseñarnos sus principios y mandamientos.

Salmos 119:9-16
Bet
9 ¿Con qué limpiará el joven su camino?

Con guardar tu palabra.

10 Con todo mi corazón te he buscado;

No me dejes desviarme de tus mandamientos.

11 En mi corazón he guardado tus dichos,

Para no pecar contra ti.

12 Bendito tú, oh Jehová;

Enséñame tus estatutos.

13 Con mis labios he contado

Todos los juicios de tu boca.

14 Me he gozado en el camino de tus testimonios

Más que de toda riqueza.

15 En tus mandamientos meditaré;

Consideraré tus caminos.

16 Me regocijaré en tus estatutos;

No me olvidaré de tus palabras.

Algunos cristianos tratan de vivir dentro de la voluntad de Dios mientras abren sus Biblias solo en la iglesia. Esta práctica es similar a jugar al baloncesto sin conocer las reglas; lo cual genera errores y frustración. Para obedecer al Señor, primero hay que saber lo que Él ha dicho.

Una vez me salté la lectura de la Palabra de Dios durante una semana como una especie de experimento. En el transcurso de solo siete cortos días mi pensamiento pareció nublarse, mi actitud sufrió y podía sentir que mi corazón se enfriaba para con el Señor. Esa semana me confirmó que la Biblia no es solo para los domingos. Ella es necesaria porque ilumina la verdadera naturaleza de Dios y enseñarnos sus principios y mandamientos.

Solo después de leer la Biblia, podemos comenzar a meditar en sus versículos y dejar que ella nos transforme. Al mantener nuestro enfoque en el Padre celestial y su Palabra, la meditación diaria nos ayuda a transformar el conocimiento bíblico en obediencia activa. Mientras meditamos en un pasaje, el Espíritu lo usará para enseñarnos la manera correcta de vivir, enderezar nuestro rumbo cuando nos desviemos, y capacitarnos para obedecer los mandamientos bíblicos. Él no solo nos revelará cómo aplicar la verdad a nuestra vida, sino que también nos dará su poder para hacerlo.