Para mantenerse joven y fructífero

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Para mantenerse joven y fructífero

Charles Stanley

Salmo 92.12-15

Nuestro mundo está obsesionado con la juventud. El mercado está inundado de productos que prometen más salud, menos arrugas y mejores cuerpos. Sin embargo, a menos que la muerte intervenga, envejecer es inevitable. Pero vivir como si fuéramos viejos es una opción. Podemos ser jóvenes en alma y espíritu, no importa cuál sea nuestra edad cronológica.

El pasaje de hoy nos dice que cuando un hombre justo está plantado con firmeza en el Señor (Sal 92.13), llegará a ser fructífero en las cosas que durarán por la eternidad. Los creyentes nunca debemos dejar de dar fruto; debemos permanecer en Cristo para hacer la obra que nos ha encomendado (Jn 15.4Ef 2.10).

Incluso cuando caminamos con Cristo, nuestros cuerpos pueden debilitarse; sin embargo, podemos tener la confianza y la estabilidad que vienen solo de crecer fuertes en la fe. Cada año es una oportunidad para confiar más en Dios y apoyarnos por completo en su Palabra.

Mantenerse joven mientras se envejece comienza con la mente. Nunca deje de escuchar al Padre y aprender de su Palabra. Permita que el pensamiento piadoso moldee su actitud. Sea agradecido, no deje de reír y regocijarse en el Señor. Por encima de todo, siga creyendo y amándolo con todo su corazón.

Detrás de la máscara

Miércoles 6 Abril
El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón.
1 Samuel 16:7
Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.
Lucas 12:2
Detrás de la máscara
Un notario vivía en la opulencia desde hacía diez años… con el dinero de sus clientes. Una mañana los policías llegaron y lo esposaron. Aunque en esa pequeña ciudad era conocido como una persona honesta, había engañado a todo el mundo: a sus clientes, sus vecinos, sus amigos, quienes disfrutaban de su generosidad, ¡e incluso a su mujer e hijos! Era amable, elegante, e inspiraba confianza. Sin embargo, con su hermosa apariencia y su cuello blanco, había arruinado a muchas personas robándoles sus ahorros. Pero un día el fraude fue descubierto y el ladrón fue llevado a la cárcel.

La justicia de los hombres es incapaz de descubrir a todos los culpables, y a veces condena a gente inocente. Pero hay alguien a quien nunca se le puede engañar con una apariencia correcta y honesta: Dios. Sea cual sea la imagen que demos ante nuestros semejantes, Dios conoce al ser humano y no se hace ninguna ilusión respecto al hombre. Dios conoce los pensamientos y los corazones.

¿Y qué ve en usted y en mí? ¿Una buena opinión de nosotros mismos, nuestras faltas a la verdad, nuestra falta de compasión? ¿O el arrepentimiento y la fe?

No temamos esa mirada de Dios, al contrario, ¡busquémosla! Como el rey David, pidámosle continuamente: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).

Isaías 11-12 – 1 Tesalonicenses 1 – Salmo 40:1-5 – Proverbios 13:2-3

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