Motivando la Oración Bíblica

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 7

Motivando la Oración Bíblica

Hoy vamos a hablar acerca de: (1) la importancia de la oración; (2) ayudar a otros a orar regular y fielmente; (3) motivar a otros a orar de manera efectiva y según la voluntad de Dios; (4) ayudar a otros a entender como Dios responde a las oraciones.

  1. La oración es importante

Necesitamos recordar que el objetivo principal del discipulado es exhortar a nuestro amigo a una mayor comunión con Dios y santidad personal que glorifique a Dios. Necesitamos enseñar a los demás a conocer, amar y obedecer a Dios, y esto no será alcanzado sin la oración.

1 Corintios 3:5-9 ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. (RVR60)

El punto destacado aquí es que si no hay oración, hay muchas probabilidades de que tus esfuerzos de discipulado fracasen. Lo primero que hago por alguien que estoy discipulando es orar por ellos diariamente. Si hoy olvidas todo lo demás pero recuerdas esto, consideraré que la clase fue un éxito.

Se nos dice en Juan 17:3: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (RVR60) Así como podemos conocer a otras personas cuando hablamos con ellos, la oración es una de las maneras principales en que podemos llegar a conocer a Dios, y una de las maneras claves en que glorificamos a Dios y decimos que amamos glorificar. Por tanto, necesitamos motivar a nuestros amigos a orar de forma regular.

Hablándoles de nuestro Señor como nuestro ejemplo más importante, vemos que Jesús apartó tiempo para orar.

En Mateo 14:23 y Marcos 1:35, vemos a Jesús yendo hacia un lugar solitario. Todo el capítulo 17 del libro de Juan habla de la oración que Jesús hizo a Dios antes de ser traicionado y arrestado.

Jesús también instruyó a sus discípulos a orar repetidas veces.

En Mateo 6:5-15, Jesús da instrucciones específicas sobre la oración, incluyendo la oración del Señor como un ejemplo para ellos. Jesús comunica la parábola de la viuda y el juez injusto en Lucas 18:1-8 reflejando la importancia de la oración insistente a un Dios justo. Presta una  atención especial al versículo 8; la oración insistente muestra tu fe porque la oración es un acto de fe.

A lo largo de todas las epístolas del Nuevo Testamento, somos motivados a orar.

En Filipenses 4:6Colosenses 4:2 y Tesalonicenses 5:17, por ejemplo, somos exhortados a orar y presentar nuestras peticiones a Dios, a ser dedicados a la oración y a orar sin cesar.

La oración es muy importante. Sin ella el crecimiento es atrofiado, la fe es débil y la santificación es obstaculizada.

La oración en el discipulado

Si reconocemos que la oración es importante, ¿cómo la podemos motivar en el discipulado?

Motiva a la oración a través del ejemplo (Lucas 11:1)

Una de las maneras más naturales y efectivas es simplemente a través del ejemplo. Si realmente pasas tiempo orando, tu amigo escuchará la manera en que oras. Al igual que nosotros como congregación podemos aprender a orar cuando escuchamos las oraciones de los domingos en la mañana y la noche (AM: tipos de oración – HECHOS; orando por otras iglesias, personas en autoridad, la expansión del evangelio hacia otros países; PM: cambios de vida; evangelismo), ¡podemos transmitir la oración apropiada y efectiva a nuestros amigos simplemente orando con ellos!

Lucas 11:1 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. (RVR60) Vemos en Lucas 11:1 la manera en que Jesús dio ejemplo de la oración frente a sus discípulos y como ellos respondieron a este ejemplo.

Motiva la oración a través de la instrucción (Lucas 11:2)

Además, debemos ayudar a nuestros amigos de manera intencional enseñándoles cómo orar. Con esto NO me refiero a darle a alguien las palabras exactas para sus oraciones («Bob, haz esta oración después de mí… ̒Yo, Bob, me arrepiento de mis pecados y le pido a Cristo que entre a mi corazón.̓ )

En lugar de eso, puedes enseñarles cómo orar:

  1. Comparte peticiones de oración y acuerden orar uno por el otro. Recuérdense el pacto de la iglesia[1] y motiven la comunidad de la iglesia.
  2. Den ejemplo de una buena oración al darle seguimiento a tu amigo durante la semana. Envía peticiones de oración.
  3. Para ir un paso hacia adelante, desafía a tu amigo a apartar tiempo para orar cada día.
  4. Cuando él se encuentre enfrentando decisiones importantes, motívalo a orar por ellas.

Utilizando un libro para enseñar a orar: A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], Don Carson, IVP.

Más que eso, lleva a cabo algunas discusiones acerca de la oración, o utiliza algún tiempo para estudiar libros o Escrituras relacionados con la oración. Durante el resto de la clase de hoy hablaremos acerca de como orar de manera efectiva y regular. ¡Piensa acerca de como transmitir estas ideas! ¡Un buen libro que puedes consultar es el de D. A. Carson titulado A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], que utilicé mucho para la clase de hoy! (Busca una copia del libro para mostrarla a la clase. Comunica que está disponible en la librería de CHBC).

  1. Ayudando a los demás a orar regular y fielmente

Planifica orar

Es muy probable que no oremos a menos que planifiquemos orar. Aparta tiempo durante el día para orar y motivar a tu amigo a hacerlo. Periódicamente, pregúntales cómo lo están haciendo y comparte como están tus tiempos de oración. Ejemplo para DVR: comenzando la oración primero en QT.

Maneras de evitar la desviación mental

Adopta algunas maneras prácticas para evitar la desviación mental. Algunas ideas útiles: habla en voz alta las palabras y ten un diario (donde escribimos el contenido de nuestras oraciones de cada día). Ora las oraciones escritas por otras personas utilizando un libro como El Valle de la Visión. Ora a través de la Escritura, utilizando el enfoque en un pasaje como un resumen de lo que orarás O utilizando las palabras, frases e ideas bíblicas del pasaje en tus oraciones. Ora por el directorio de la membresía. Cuando oras una página o dos por día, estás dándole forma a tus motivos de oración.

Ora con otro cristiano

Desarrolla relaciones de oración. Aparta tiempo para reunirte con personas simplemente para orar. Haz que cada uno rinda cuentas de la oración regular. ¡Esto funciona de maravilla en un discipulado!

Dale seguimiento a las oraciones y las respuestas

Desarrolla un sistema de seguimiento de tus oraciones. Considera escribir notas de las peticiones de oración en una mascota de espiral o una hoja de Excel. Recuérdate darle seguimiento a la persona acerca de peticiones específicas de oración. ¡Puedes ser muy motivado cuando tomas tiempo para revisar y darte cuenta de cómo Dios ha respondido tus oraciones!

Ora hasta que ores

Ora hasta que realmente comiences a orar. Cuando comenzamos a orar nuestra mente muchas veces lucha para calmarse y enfocarse en nuestras oraciones. Cuando comiences a orar toma tiempo para que tu mente se calme y se enfoque en Dios.

Este es solo un ejemplo rápido de algunos puntos útiles acerca de la oración que pueden ser discutidos en el contexto de una relación de discipulado. Habla acerca de algunos de estos temas en tus relaciones de discipulado. Decide que vas a mostrar amor a tu amigo cuando le preguntes acerca de sus tiempos de oración de forma específica y hablen sobre maneras en las que pueden crecer en la oración. [PAUSA PARA PREGUNTAS]

Venciendo las excusas de la falta de oración

¿Qué haces si la persona con la que estás reuniéndote no pasa mucho tiempo en oración y tiene una razón o excusa que te comunica para justificar su falta de fidelidad en la oración? Durante los próximos minutos consideraremos algunas excusas para la falta de oración y cómo responder a ellas.

Estoy muy ocupado para orar (Lucas 10:38-42)

¿Es el trabajo diario más importante que la oración? En Lucas 10:38-42, ¡la historia de María y Marta muestra que Dios debe estar en primer lugar! Nuestro trabajo nunca debe reemplazar nuestra relación con Dios. Si estás muy ocupado para orar, considera cómo tu vida necesita cambiar para orar de manera más consistente.

  1. ¿Ayudaría comenzar tu día con oración?
  2. ¿Necesitan dejar de hacer algo para tener más tiempo en tu agenda? (Ejemplo: yo tenía un amigo que leía religiosamente el periódico cada mañana durante el desayuno, pero nunca leía la Biblia ni oraba. Él dejó de leer el periódico para tener tiempo para leer la Escritura y orar).
  3. ¿Qué harías para hacerlo una parte integral de todo el día? En 1 Tesalonicenses 5:17 Pablo nos pide que «oremos sin cesar.»

Estoy muy frío espiritualmente para orar

Cuando estás frío, la última cosa que quieres hacer es leer u orar. Este es el momento cuando necesitas considerar vivir de forma obediente aún cuando no tengas deseos de orar. Estás permitiendo que tus acciones (tu obediencia) dirijan tu corazón.

Durante estos tiempos de frialdad espiritual, es bueno orar de manera específica para que Dios renueve tu corazón y vida. Ver Ez. 37:1-10.

No siento la necesidad de orar

Algunas veces, durante las crisis de nuestra vida, puede haber arrogancia y orgullo que nos llevan a abandonar la oración.

Cuando nos sentimos suficientes en nosotros mismos por la tarea que tenemos y realmente no creemos que es Dios quien está haciendo el trabajo, caemos en la falta de oración. Richard Sibbes habla de dos pecados más peligrosos todos los demás: el orgullo y la seguridad espiritual.[2] Necesitamos aprender a confrontar nuestro orgullo y crecimiento en nuestro sentido de dependencia de Dios. Ver Santiago 4:6 y Salmo 127:1-3.

Estoy muy amargado para orar

La amargura, los rencores y tener algo en contra de alguien, puede ser un obstáculo para tu vida de oración. En Mateo 6:14 vemos que la falta de perdón hacia los demás perjudica tus oraciones. No seas como el siervo ingrato de Mateo 18, no puedes devolver la deuda (v. 26) y perdonas porque Cristo te perdonó (v. 33) no porque se lo merezca. Cuando perdonamos a los demás, demostramos que realmente deseamos el perdón de Dios.

Me siento muy avergonzado para orar

La vergüenza nos lleva a escondernos de Dios porque no queremos que las partes pecaminosas de nuestra vida sean expuestas. Sin embargo, el nosotros actuar como si estuviéramos escondiéndonos de Dios es falso. Hebreos 4:13 dice que cada parte de nuestra vida es vista claramente por Dios. Debido a que Dios ya conoce tu vida, es bueno no ser alejados por la vergüenza sino confesar regularmente tu pecado a Dios y pedir misericordia. Ver Salmo 51:4 y Proverbios 28:13

Dios parece no responder a mis oraciones

Dios no siempre responde a nuestras oraciones con un «sí.»

Algunas veces oramos con motivaciones equivocadas y Dios muestra bondad cuando no nos concede nuestros deseos egoístas (Santiago 4:3). La oración no se trata de nosotros obtener lo que queremos. Hay asuntos más importantes disponibles—como la gloria de Dios, el cumplimiento de la voluntad de Dios, la proclamación del evangelio (para mencionar algunos).

Algunas veces necesitamos esperar la respuesta de Dios, porque su tiempo de respuesta es muy diferente del nuestro. Tus expectativas harían una gran diferencia en la manera en que oras y lo que esperas de tus oraciones. Estarías decepcionado de las expectativas equivocadas. Alinea tus expectativas con Dios y no contigo mismo. Espera que Dios sea fiel, pero en su tiempo y no en el tuyo. Recuerda que Dios quien está a cargo y no tú.

  1. Motivando a otros a orar efectivamente

Otra tarea del discipulador es enseñar a las personas a orar efectivamente.

Una tendencia de los cristianos jóvenes es orar según su propia voluntad y deseos. Es muy fácil citar versículos como Mateo 7:7-11 (pide, busca, halla), Mateo 21:21-22 (si crees, puedes mover montañas), y Santiago 1:5-8 (Dios le da sabiduría a los que piden) y clama para que podamos obtener cualquier cosa que pidamos de Dios. En dicho caso, nos estamos poniendo ante Dios. La oración nunca debe ser un conjuro persona para obtener las cosas que queremos. DA Carson escribe: «la oración efectiva es fruto de una relación con Dios, no una técnica para la adquisición de bendiciones» (A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], Carson, Pág. 33)

Para enseñar a las personas a orar efectivamente debemos enseñarles a orar según la voluntad de Dios. Enseñarles a orar con las motivaciones correctas, para que puedan acercarse a Dios correctamente.

1 John 5:14-1 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Nuestras peticiones deben estar alineadas con la voluntad de Dios, es decir sus prioridades en las cosas específicas y en el enfoque general de nuestras oraciones.

Por tanto, ¿cómo seguimos la voluntad de Dios en nuestras oraciones? ¿Cómo sabemos si lo que pedimos está de acuerdo con la voluntad de Dios? ¡La Escritura! Estúdiala, y obtén entendimiento de lo que Dios ha hecho. La manera más segura de orar conforme a la voluntad de Dios es orar a través de la Escritura. Después que lees un pasaje que te desafía en cierta manera, hay varias formas en las que puedes responder a ese pasaje. Lo más simple que puedes hacer es orar utilizando el pasaje, haciendo que las palabras de la Escritura se conviertan en tus propias palabras. Puedes también orar para que Dios te ayude a crecer y cambiar según lo que has visto en el pasaje. Puedes ofrecer una oración de acción de gracias por una verdad que leíste. Puedes también revisar tus motivaciones. ¿Están glorificándote a ti o a Dios? ¿Los intereses de quien estás tratando de promover? De la misma manera, habla con otras personas. Haz que oren por ti. ¡Haz que oren para que ores por las cosas correctas!

Cuando estudias la Biblia, presta una atención especial a las oraciones que encuentras en la Escritura. Podemos aprender a orar efectivamente cuando estudiamos las oraciones de Jesús y Pablo y vemos como las prioridades de sus oraciones reflejan claramente la voluntad de Dios. Ver 1 Ts. 3:11-13. Examina las oraciones de la Biblia en tu propio tiempo. Aun mejor, ¡examina estas oraciones con las personas que discipulas! Puedes comenzar con la oración del Señor en Mateo 6. El libro de D. A. Carson titulado A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual] es un gran libro para ti y tu amigo discípulo examinar juntos. Analiza las oraciones de Pablo en la Escritura y destaca las prioridades que debemos tener en la oración.

Mateo 7:7 promete buenos dones para los hijos de Dios que los pidan a Dios. Como discipuladores que verán diferentes respuestas a diferentes oraciones, debemos reconocer que independientemente de la petición, la voluntad de Dios es prioritaria. Dios sabe lo que es mejor para nosotros, aun cuando pensemos que lo que nos sucede es malo. La fe cree que Dios es bueno y es galardonador de los que le buscan. (Marcos 10:18Hebreos 11:16).

A pesar de todo nuestro estudio de la Escritura, habrá ocasiones en que no siempre sabremos cual es la voluntad de Dios. Pero afortunadamente, el Seño nos ayuda. Romanos 8:26-27 habla de la manera en que el Espíritu Santo intercede por nosotros en oración.

  1. Entendiendo cómo Dios responde a la oración

Finalmente, esto nos lleva al asunto importante de entender como Dios responde a nuestras oraciones. Nosotros podemos pensar en 3 respuestas de Dios en términos de espera, sí o no.

Algunas veces Dios nos tiene esperando,  y es en esos casos en que Él nos llama a perseverar. Como discipuladores, necesitamos motivar a nuestros amigos a perseverar en oración. Recuerda esa parábola de la viuda y la persistencia de la viuda en procurar al juez (Lucas 18:2-8). Continúa apoyando a tu amigo en la oración y motivándole a continuar orando acerca de ello semanalmente. Trata de ayudarle a reconocer su dependencia total de Dios durante dichos momentos.

Algunas veces vemos a Dios responder con un «sí.» Como discipulador, deléitate con tu amigo, y motiva a tu amigo a hacer una oración de acción de gracias allí mismo en el acto. ¡Graba este recuerdo en su mente para que más tarde puedan recordar lo que Dios ha hecho por ellos!

¿Pero qué sucede si tu amigo ha orado sincera y desinteresadamente, pensado que oraba según la voluntad de Dios, pero al final ve que Dios responde con un «no?» Como discipulador, parte de tu trabajo es estar presente para ayudar. Recuérdale que Dios es bueno y confiable. Algunas veces no conocemos sus planes y sus caminos (Romanos 11:33-36). Oramos para que Dios sane al enfermo, y sin embargo el amigo querido muere y no sabemos porque. Existen muchas otras maneras en que podemos orar por un cambio de circunstancias (por ejemplo, queremos ver cambios en nuestro trabajo, en personas que conocemos, u otros cambios en el mundo que nos rodea), y aun así esos cambios no suceden. Al final, independientemente de cuál sea nuestra oración necesitamos confiar en Dios.

Hablaremos más detalladamente sobre esto dentro de varias semanas, acerca de ayudar a las personas a manejar el dolor. Por ahora, me gustaría leer una cita que nos motiva a perseverar y someter totalmente nuestra voluntad a la de Dios:

«Independientemente del gigante espiritual en que te conviertas, habrá días cuando la respuesta de Dios a tus oraciones será no. A pesar de tu petición, búsqueda y derramamiento de tu alma, tu Padre celestial ha decidido responder de tu petición de forma contraria. Cuando esto sucede tu actitud se convierte en un factor importante. ¿Estás dispuesto a entregar tu herida, decepción, tal vez hasta tu dolor a Cristo quien murió por ti… y luego comenzar a orar nuevamente? Los problemas con la oración son muchas veces intelectuales y no de la voluntad. Cuando oras efectivamente, la sumisión de tu voluntad está directamente relacionada con encontrar la voluntad de Dios. La oración que Dios responde es ofrecida con una actitud de sumisión. ¿Estás dispuesto a decir lo siguiente cuando la respuesta de Dios a tu oración urgente no sea la que quieres: ̒ Señor, haz tu voluntad ̓ ?»[3]

En conclusión:

  • La oración es una parte importante de la vida cristiana. Necesitamos ayudar a las personas a mirar dentro de sí mismos, para que vean cuales son los pecados que los han hecho dejar la oración y ayudarles a buscar la Escritura para ver cómo orar bíblica y efectivamente.
  • Motivar una vida de oración bíblica puede ser uno de los mejores dones que podemos darle a amigo cristiano que amamos.

[1] Caminaremos juntos en amor fraternal cuando nos convertimos en miembros de una iglesia cristiana, ejercemos un cuidado y vigilancia afectiva unos con otros, y amonestamos y rogamos fielmente unos por otros según la ocasión lo requiera.

[2] Richard Sibbes, The Bruised Reed [La Caña Cascada],(Carlisle, PA:  The Banner of Truth Trust, publicado primeramente en 1630) Pág. 95.

[3]W. Bingham Hunter, The God Who Hears [El Dios que Escucha], (Downers Grove, IL:  IVP Books, 1986) Pág. 65.

Mark Deve

La Regla benedictina

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VI

La Regla benedictina

Por W. Andrew Hoffecker

Nota del editor: Este es el séptimo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VI

esde que las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritas, los cristianos han recibido consejo sobre cómo deben vivir la vida cristiana. ¿Cuánto debemos orar? ¿Cuán lejos podemos llegar en el logro de la santidad bíblica en esta vida? ¿Es la perfección un objetivo alcanzable? ¿Acaso el cristianismo se vive mejor en circunstancias normales de familia, matrimonio y vocación, o en un aislamiento ermitaño de los demás, o en comunidades formadas específicamente con el propósito de fomentar la oración, la adoración y el trabajo?

Estas sociedades tribales —ya sean europeas, africanas o americanas— solían ser gobernadas por «jefes» locales (a los cuales los europeos llamaban «reyes») junto con un consejo de guerreros. Solían tener religiones que contemplaban el culto a la naturaleza, lazos familiares complejos y una serie de costumbres primitivas. Si por ejemplo tienes sangre irlandesa, tus antepasados vivieron hace mucho tiempo en chozas hechas con piel de animales, se pusieron pinturas de guerra y coleccionaron cráneos humanos. Si tienes sangre alemana, tus antepasados pudieron haberse ganado la vida saqueando a sus vecinos y probablemente practicaron el sacrificio humano.

Surgieron dos tipos de vida monástica. Antonio Abad (fallecido c. 356), amigo cercano de Atanasio, el famoso oponente del arrianismo, fundó el monaquismo en Egipto al retirarse al desierto y renunciar a las comodidades materiales a fin de mantener una vida austera de autodisciplina. Modeló la vida cristiana como una especie de existencia ermitaña, una búsqueda solitaria de la santidad por medio del ayuno, la oración y la lucha contra las fuerzas demoníacas. Atanasio ayudó a diseminar este modelo ermitaño a través de su muy popular libro La vida de San Antonio Abad. Inspirados por el ejemplo de Antonio Abad, miríadas de individuos huyeron de las ciudades, vivieron en cuevas, en la cima de columnas o pilares (estilismo) y en otros lugares aislados.

Por otro lado, Pacomio, un exsoldado, comenzó el primer monaquismo comunal a principios del siglo IV. Fundó diez monasterios y adoptó una regla o código de disciplina donde los monjes no vivían en aislamiento sino en comunidades. Siguiendo el ejemplo de la Iglesia primitiva, los monjes trabajaban, oraban y comían juntos compartiendo sus posesiones, todo bajo la supervisión estricta del abad, el encargado del monasterio. La motivación detrás de ambas formas de monaquismo fue el deseo de una santificación personal manifestada por medio de tres votos austeros: de pobreza (deshacerse de los bienes mundanos), de castidad (abstenerse del matrimonio y la vida familiar) y de obediencia (vivir de acuerdo a las estrictas normas de la orden).

En la parte oriental del Imperio, el monaquismo se institucionalizó bajo la Regla de Basilio de Capadocia (316-397) y asumió una forma mística. Tomando a 2 Pedro 1:4 como su modelo, los monjes en el monaquismo oriental estaban dedicados a la oración, la meditación, el ayuno y otras disciplinas ascéticas con el objetivo específico de «ser partícipes de la naturaleza divina». La teosis o deificación —alcanzar la unión con Dios— asumió una importancia primaria. Atanasio resumió este principio en su frase célebre: «El Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios». Él no quiso decir que nos convertiremos en Dios de manera ontológica (es decir, en nuestro ser), sino que por medio de la comunión con Cristo, los creyentes pueden estar «en Cristo» y ser conformados a Su imagen. 

El monaquismo en el Occidente asumió un patrón más práctico. Jerónimo, por ejemplo, al traducir la Biblia al latín y escribir varios comentarios, unió la erudición con la vida comunal. Él influyó a muchos aristócratas romanos para que distribuyeran sus riquezas a los pobres y convirtieran sus magníficas casas en monasterios. Juan Calvino elogió estas formas primitivas de monaquismo en sus Instituciones (4.8-10) por la devoción rigurosa que fomentaban y por el hecho de que funcionaban como «universidades monásticas», preparando a hombres para el ministerio pastoral. Al suministrar clero para las iglesias, produjeron «grandes y destacados hombres de su época». Él contrastó la defensa de Agustín de la vida simplista del siglo IV con la proliferación de los reglamentos y la corrupción que impregnaron las órdenes monásticas en el siglo XVI.

Con este trasfondo, estamos listos para considerar a quien pudiera ser el proponente más prominente del monaquismo occidental, Benito (480-547) de Nursia, un pueblo al norte central de Italia. Bajo su influencia, el monaquismo asumió una forma más práctica y se convirtió en el patrón universal en Europa. Benito (también conocido como Benedicto) es de tal importancia que dieciséis papas, incluyendo el anterior pontífice, han asumido su nombre y han intentado replicar su labor en el ejercicio de su papado. Benito comenzó como estudiante en Roma pero huyó de lo que consideraba la vida degenerada de la ciudad para vivir como un ermitaño en una gruta desolada en Subiaco. Al igual que Antonio, luchó poderosamente contra las tentaciones de las fuerzas demoníacas y luchó por controlar sus pasiones.

Sin embargo, abandonó su vida solitaria después de tres años convencido de que, aunque algunos pudieran buscar la perfección por sí solos, el creyente ordinario necesitaba una comunidad disciplinada. La severidad de su devoción y la fama de su predicación, la alimentación de los pobres y la sanidad de los enfermos resultaron en la eliminación del paganismo local, la conversión de muchos al cristianismo y la formación de doce monasterios habitados por aquellos atraídos por su ejemplo.

Finalmente, en 529, fundó el famoso monasterio de Montecasino, la sede central de la Orden benedictina ubicada en el sureste de Roma. Su mayor logro fue la redacción de la Regla que lleva su nombre, la cual se basó en las reglas anteriores de Basilio y Agustín. Benito intentó capturar en su Regla los principios y prácticas fundamentales enseñadas en la Biblia como un estilo de vida; esto unió a individuos de mentes afines en un contexto comunitario. 

En setenta y tres breves capítulos, la Regla crea una comunidad en la cual el culto y el trabajo funcionaban como focos gemelos de la vida cristiana bajo la supervisión del abad. Puesto que los monjes se apegan a las reglas de la Orden, todas las propiedades se tienen en común y cada uno es tratado con igualdad sin importar su rango terrenal. La Regla une a todos sus miembros como una familia y regula virtualmente cada aspecto de su vida juntos. Para asegurar que una disciplina estricta y la cooperación armoniosa impregnen la vida comunitaria, Benito une la humildad con la obediencia: «Un monje deberá, no solo en su corazón sino también con su cuerpo, siempre mostrar humildad delante de todos, es decir, en el trabajo, en el oratorio, en el monasterio, en el jardín, en el camino, en los campos». Dividió el día de los monjes en varios segmentos: adoración colectiva, canto de salmos, meditación y oración (siete horas a causa de una interpretación literal del Salmo 119:164: «Siete veces al día te alabo…»), trabajo manual (seis o siete horas) con una comida (sin carne) al medio día. 

La adoración estaba en el centro de la vida. Once de los setenta y tres capítulos regulan su oración pública. A pesar de que no quería reducir la oración a un sistema rígido, Benito estableció algunos parámetros claros. Todo el Salterio, por ejemplo, era recitado semanalmente para que la oración permeara su vida diaria. Para protegerse de un celo desbalanceado, la Regla dice: «…en comunidad abréviese la oración en lo posible». Con el fin de incorporar la oración a la vida completa de sus monjes, Benito ideó un esquema de oración que se conoció como «los oficios diarios» o «las horas canónicas» que formaba el «Oficio divino» (hoy denominado «liturgia de las horas»): distintas horas de oración intercaladas a lo largo del día para que no existiera ningún gran intervalo sin oración colectiva. La devoción diaria del monje comenzaba con las Nocturnas temprano en la mañana, seguido por el Laudes antes del amanecer, la Prima a las seis de la mañana, la Tercia a media mañana, la Sexta antes del mediodía, la Víspera en la tarde y la Completa antes de retirarse por el día. 

El estilo de vida en el monasterio era simple y libre de medidas extremas. La semana tenía dos días de ayuno. Las labores de los monjes en las mañanas y tardes asumían una variedad de formas que abarcan tareas domésticas, trabajo manual en los campos, la formación de los niños (este fue el comienzo de las escuelas monásticas), iniciativas literarias y la predicación a la gente de la comunidad en general. Al no exigir tareas específicas, la Regla de Benito permitía una libertad considerable a los monjes siempre y cuando el trabajo fuera consistente con su vida comunal y la observación de los oficios diarios. Al ordenar el trabajo, la Regla buscaba seguir el mandato de Pablo de trabajar para evitar la ociosidad. Dos ancianos hacían rondas para asegurarse que los hermanos se ocuparan de sus respectivas labores. Esto originó el dicho laborare est orare, «trabajar es orar». 

Así que el monaquismo comenzó como un medio por el cual individuos y grupos cumplían las demandas bíblicas de una vida santa. Para el siglo VI, a través de la Regla de Benito, la vida monástica se esparció por toda Europa. A pesar de que los ideales de pobreza, castidad y obediencia se institucionalizaron y fueron considerados incorrectamente como mayores en valor y efectividad que las vocaciones ordinarias, la integración de la adoración y el trabajo como medios igualmente importantes por medio de los cuales los creyentes sirven y glorifican al Señor, sigue como un vívido recordatorio de las demandas sociales de la vida neotestamentaria. Las órdenes monásticas cayeron en diversos tipos de corrupción a medida que transcurría la Edad Media y fueron reformadas con el surgimiento de nuevas órdenes e interpretaciones más estrictas de la Regla benedictina original. Pero en su mejor momento, el monaquismo continuó proporcionando modelos para la vida cristiana por medio de los cuales figuras posteriores como Bernardo de Claraval mantuvieron la luz del evangelio ardiendo. 

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
W. Andrew Hoffecker
W. Andrew Hoffecker

El Dr. Andrew Hoffecker es profesor de historia de la Iglesia en Reformed Theological Seminary en Jackson, Mississippi. Él es el autor de Revolutions in Worldview.

De regreso a la barbarie

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VI

De regreso a la barbarie

Por Gene Edward Veith

La Era de las Tinieblas

Nosotros, los cristianos occidentales, hemos estado enviando misioneros a diferentes culturas alrededor del mundo para difundir el evangelio. A menudo olvidamos que, a menos que tengamos un trasfondo judío, nuestras propias culturas fueron originalmente evangelizadas por misioneros. Y esto es especialmente cierto para aquellos que tenemos ancestros ingleses, celtas, germanos, franceses, escandinavos o de cualquiera de las otras tribus europeas que los romanos solían denominar «bárbaros». Aquellas sociedades tribales antiguas eran muy parecidas a las de África o a las de los nativos de los Estados Unidos.

Estas sociedades tribales —ya sean europeas, africanas o americanas— solían ser gobernadas por «jefes» locales (a los cuales los europeos llamaban «reyes») junto con un consejo de guerreros. Solían tener religiones que contemplaban el culto a la naturaleza, lazos familiares complejos y una serie de costumbres primitivas. Si por ejemplo tienes sangre irlandesa, tus antepasados vivieron hace mucho tiempo en chozas hechas con piel de animales, se pusieron pinturas de guerra y coleccionaron cráneos humanos. Si tienes sangre alemana, tus antepasados pudieron haberse ganado la vida saqueando a sus vecinos y probablemente practicaron el sacrificio humano.

Pero entonces llegaron los misioneros trayendo las buenas nuevas de Cristo. Frecuentemente, la primera oleada de misioneros a las tribus sería martirizada, pero los misioneros continuaron llegando hasta que finalmente el cristianismo se afianzó cambiando no solo a los creyentes, de manera individual, sino a la cultura completa.

De hecho, muchas de estas tribus vinieron adonde estaban los cristianos. Cuando Roma sucumbió a manos de los bárbaros en el 476 d. C., se dio inicio al periodo conocido como la «Era de las Tinieblas», llamado así debido a la desintegración de la civilización clásica, el colapso del orden social a gran escala y el dominio de las tribus bárbaras. Sin embargo, la Era de las Tinieblas llegó a su fin cuando esas tribus bárbaras aceptaron el cristianismo. Esto dio inicio a una nueva civilización, conocida como la Edad Media.

Los eruditos ahora saben que la Era de las Tinieblas no fue tan oscura como se había pensado inicialmente, pues hubo mucho aprendizaje y vitalidad cultural entre las diversas tribus europeas. Pero la luz en la Era de las Tinieblas se hizo visible bajo la influencia del cristianismo, el cual frenó la cultura de violencia de las tribus, estableció un estado de derecho e introdujo la educación. 

El final de la Era de las Tinieblas y el comienzo de la Edad Media es considerado generalmente como el reinado de Carlomagno (742-814), quien reconstituyó un Sacro Imperio Romano y convirtió a la última de las mayores resistencias germánicas: los sajones. Esto lo hizo derrotándolos en batalla y obligándolos a bautizarse, lo cual es una técnica de iglecrecimiento que, como otras, puede tener sus desventajas teológicas, pero que parece haber sido utilizada con los sajones. Esa tribu de tercos resistentes al evangelio nos daría más tarde a Martín Lutero y a la Reforma. 

Gracias a Beda el Venerable y a su Ecclesiastical History of the English People [Historia eclesiástica del pueblo inglés], tenemos el relato detallado de cómo fue llevado el evangelio a Inglaterra. Tal parece que allá en Roma (que continuó existiendo incluso después de que el último emperador fuera depuesto), un joven cristiano llamado Gregorio observaba el mercado de esclavos. Él notó que habían esclavos de pelo rubio y ojos azules, rasgos que él, como italiano, no había visto antes. Al preguntar quiénes eran, le dijeron: «son anglos». Gregorio respondió que el nombre le parecía acertado ya que parecían ángeles. El juego de palabras funciona tanto en latín como en inglés, es decir, anglosajón; pues estos esclavos habían sido tomados de la tierra de los anglos, es decir, de Inglaterra.

Más tarde, este Gregorio llegaría a ser papa, Gregorio Magno, lo que lo dejó en una posición desde la cual podría hacer lo que había estado en su corazón desde aquel día que estuvo en el mercado de esclavos: enviar misioneros para llevar el evangelio de Cristo a la tierra de los anglos. 

De modo que, en el año 596 d. C., envió un grupo de misioneros a cargo de un hombre llamado Agustín —el cual no debe confundirse con el gran teólogo del norte de África, Agustín de Hipona— que se dio a conocer desde su campo misionero como Agustín de Canterbury. Él no fue martirizado; más bien, su mensaje fue recibido con alegría.

Beda relata cómo Agustín le predicó al rey de Northumbria, el cual consultó con su concilio si debían aceptar o no esta nueva religión. El principal sacerdote pagano le confesó que sus dioses nunca le habían hecho ningún bien, y uno de los hombres del rey le dijo que la vida le parecía como un gorrión que vuela a través de la sala de banquetes, entrando por una puerta y saliendo por la otra. El ave sale de la oscuridad, a un lugar de luz —donde arde el fuego y la gente celebra— pero ese breve momento de placer es fugaz, mientras el ave vuela de regreso a la oscuridad. «Así que la vida de los hombres aparece por un breve espacio», concluyó, «pero de lo que ocurrió antes o de lo que sucederá después somos ignorantes. Por lo tanto, si esta nueva doctrina contiene algo más de certeza, entonces merece ser seguida».

El gorrión volando a través de la sala de banquetes, desde y hacia la oscuridad, capta muy bien la cosmovisión de nuestros tiempos, quince siglos más tarde. C. S. Lewis dijo que si definimos la Era de las Tinieblas como el período en el cual el aprendizaje clásico había sido olvidado, entonces estamos en una nueva era de las tinieblas. Y a juzgar por nuestro arte, nuestra educación, nuestras costumbres y nuestra moralidad, pareciera que ciertamente vamos de regreso a la barbarie.

No obstante, así como en la primera Era de las Tinieblas, dependerá de los cristianos mantener vivos el aprendizaje y la civilización y traer luz a aquellos que están en oscuridad. 

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Gene Edward Veith
Gene Edward Veith

El Dr. Gene Edward Veith es director del Instituto Cranach en el Concordia Theological Seminary en Fort Wayne, Indiana. Es autor de varios libros, entre ellos God at Work y Reading between the Lines.

El Cordero y el León

Soldados de Jesucristo

Agosto 31/2021

Solid Joys en Español

El Cordero y el León

John Piper

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107 – Sombras tenebrosas de Grey

Entendiendo los Tiempos

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

107 – Sombras tenebrosas de Grey

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

Gregorio «el Grande»

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VI

Gregorio «el Grande»

Por Tom Nettles

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VI

Una revisión sincera de los logros de Gregorio I, conocido también como «Magno» o «el Grande», debe mover al protestante evangélico a reflexionar detenidamente sobre esta designación tan elevada. No se puede negar que fue un conservador de la ortodoxia, un misiólogo eficaz y un eclesiástico celoso e inteligente; pero mientras corregía y disciplinaba a los herejes en ciertos aspectos doctrinales, con esa misma seguridad bautizaba en un evangelio que no era evangelio. 

Nacido alrededor del 540 en Roma, Gregorio fue criado como un «santo entre santos». Su padre fue un cristiano devoto mientras que su madre Silvia (en su viudez) y dos tías paternas vivieron la austera vida monástica. Gregorio ejerció una ocupación secular por nombramiento del emperador Justino II y como tal vistió de seda, gemas brillantes y una trábea con rayas moradas. Aún en ese tiempo, buscó vivir para Dios, pero se dio cuenta de que era difícil. A la muerte de su padre, decidió dedicarse a la vida religiosa. Utilizó la riqueza que heredó para ayudar a los pobres y establecer varios claustros. Se dedicó a la oración y a la contemplación, al estudio de la Escritura en latín y a estudiar detenidamente los escritos de Agustín, Jerónimo y Ambrosio. Su austeridad lo debilitó y le provocó sufrimientos de gota, indigestión y malestar general que lo acompañaron de por vida.

El entrenamiento legal de Gregorio y sus comprobados talentos administrativos frustraron sus planes de aislamiento personal. Benedicto I lo obligó a ser uno de los siete diáconos de Roma. Pelagio II, necesitando de la confirmación imperial de su elección como obispo y de la ayuda militar contra los lombardos, lo envió a Constantinopla. Gregorio logró lo primero pero, en lo segundo, no pudo conseguir ayuda contra los lombardos. Mientras estuvo allá, se dedicó junto a sus amanuenses en escribir Moralia, un «comentario» sobre Job, una sucesión de meditaciones morales y espirituales elaborada como una ingeniosa alegoría.

Cuando regresó a Roma en el 585, Gregorio se retiró a su monasterio, San Andrés, donde pasó los cinco años más tranquilos y felices de su vida. A la muerte de Pelagio II en el 590, Gregorio fue elegido obispo. Su sincera preferencia por la vida contemplativa y su creencia de que la reticencia, nacida del temor piadoso, mostraba una verdadera humildad, llevaron a Gregorio a desistir de la posición hasta que el populacho de Roma lo obligó a asumirla. Las dificultades que enfrentaba la Iglesia y toda la cultura occidental podrían haber ahogado a un hombre de menos talento con una serie de trágicos fracasos; Gregorio convirtió la situación en un triunfo para la iglesia de Roma.

Gregorio sentó las bases para la expansión del romanismo de varias maneras. En primer lugar, su visión misionera y su metodología práctica virtualmente garantizaron la sumisión de Europa a Roma. Stephen Neill comenta: «Su proceder fue fresco y notable, ya que, en contraste con la manera desorganizada en que por lo general las iglesias habían crecido, este fue casi el primer ejemplo, desde los días de Pablo, de una misión cuidadosamente planificada y calculada». En el 596, Gregorio envió a Inglaterra un monje benedictino, Agustín, junto con otras treinta personas, para convertir a los anglos. Se desalentaron y Agustín regresó a Roma buscando alivio de tal misión. Gregorio, impertérrito, lo envió de vuelta con una amonestación: «Puesto que hubiera sido mejor no comenzar lo que es bueno que abandonarlo una vez comenzado, deben, hijos muy amados, completar la buena obra que, con la ayuda del Señor, han comenzado». Asimismo, lo abasteció de cartas que le garantizaban la ayuda estratégica que necesitaba. Habiendo enviado a Agustín «para ganar almas», Gregorio asumió con decisión el proveer la ayuda y el socorro que necesitaran los misioneros con tal de asegurar el éxito. Cualquiera que los ayudara, sin duda compartiría su gloria espiritual. Las cartas subsiguientes a Agustín se constituyeron en una misiología para las incursiones futuras. Finalmente Inglaterra, en el Sínodo de Whitby en el 662, entró en la órbita de la autoridad eclesiástica de Roma (hasta la década de 1530).

En segundo lugar, Gregorio contribuyó a que la Regla benedictina (o Regla de Benito) dominara la vida monástica. Siendo el primer monje en convertirse en papa, Gregorio alimentó y fomentó la vida contemplativa al considerar que la postura de Benito era la más práctica y enérgica. Incluso los Diálogos de Gregorio preservan la hagiografía benedictina. Fueron monjes que huyeron de Montecassino los que trajeron la Regla y la tradición a Roma, y Gregorio comenzó a usarla en San Andrés. La misión de Agustín la extendió a Canterbury y los esfuerzos misioneros benedictinos posteriores, en particular los de Bonifacio, garantizaron la difusión de la Regla benedictina y la sumisión de los convertidos a Roma.

En tercer lugar, la habilidad y el celo de Gregorio en el trabajo administrativo, político y caritativo sentaron las bases para los Estados Pontificios. A medida que el trabajo de los agentes imperiales disminuía, el trabajo de la Iglesia, en particular el del obispo de Roma, aumentaba. Mientras el Imperio en Occidente se desmoronaba, las rocas que cayeron fueron usadas por Roma para edificar la cristiandad. El obispo reparó los acueductos, garantizó el suministro de maíz, libró la guerra, firmó tratados y acuerdos, rescató a los cautivos, alimentó a los pobres y negoció el pago de un tributo anual para aliviar a la ciudad devastada de las atrocidades de los rapaces lombardos. Los fondos de la Iglesia, procedentes de las crecientes posesiones de la Iglesia romana, financiaron todos estos proyectos. Gregorio no tuvo más remedio que hacerse cargo.

En cuarto lugar, del mismo modo, afirmó su autoridad sobre las iglesias. La oposición no impidió que asumiera la autoridad. A pesar de que despreciaba el ostentoso título reclamado por el obispo de Constantinopla, de Sacerdote Universal, y trabajó fervientemente para que el emperador lo denunciara, el rechazo de Gregorio hacia el título no encontró el correspondiente rechazo hacia el poder que este representaba. La adscripción era la de un «título orgulloso y profano», un «título tonto», un «nombre frívolo», el «precursor del anticristo»; que aquel que lo reclamara, aunque fuera doctrinalmente ortodoxo, cometía el «pecado de la soberbia». Pero así, con la misma seguridad, procuró llevar a todos los que se resistían a su autoridad, por cualquier medio a su alcance, a un punto de arrepentimiento por su orgullo y rebelión. A través de más de 850 cartas que aún se conservan, Gregorio instruyó en temas morales, eclesiásticos, pastorales, monásticos, administrativos y doctrinales a príncipes, obispos, diáconos, monjes y abades. El arzobispo de Dalmacia, después de una prolongada controversia, se arrepintió acostado boca abajo sobre los adoquines de Ravenna llorando durante tres horas: «He pecado contra Dios y contra el bienaventurado papa Gregorio».

Para su crédito y para felicidad de los cristianos en todas partes, Gregorio Magno mantuvo una ortodoxia estricta. Afirmó de la manera más clara y agresiva la teología de los primeros cuatro concilios ecuménicos y condenó rotundamente todos los errores que estos condenaron.

En adición, Gregorio amaba la Escritura. Había memorizado grandes porciones de ella e instaba a otros, incluso a los laicos a leer, sí, a saturarse con sus palabras. Le advirtió a un médico, Teodoro, que no se dejara dominar por las actividades seculares hasta el punto de que no le permitieran «leer diariamente las palabras de su Redentor». Sobre estas, debería meditar diariamente para conocer el corazón de su Creador y «suspirar más fervientemente por las cosas eternas, para que tu alma pueda ser encendida con mayores anhelos de gozos celestiales». Él rechazó la ordenación de un obispo porque era «un ignorante de los Salmos».

Gregorio también mostró gran sabiduría en asuntos de teología pastoral y mostró un discernimiento notable en su comprensión del carácter y la motivación humana. Su libro Regula pastoralis contiene mucha buena información sobre las calificaciones pastorales y el ministerio, basada en un conocimiento profundo de los cuatro Evangelios, las cartas de Pablo, los profetas y muchas interpretaciones alegóricas extrañas del material histórico. Sus recomendaciones sobre cómo amonestar a los diferentes tipos de personas en la Iglesia no tienen precio y deben ser estudiadas por todo ministro. Un ministro debe enseñar de manera que se «adapte a todas y cada una de las diversas necesidades y, sin embargo, nunca desviarse del arte de la edificación común». El maestro debe «edificar a todos en la sola virtud de la caridad» y debe «tocar el corazón de sus oyentes con una sola doctrina, pero no siempre con la misma exhortación».

Sin embargo, mucho en Gregorio manchó su ortodoxia y la dulzura de su instrucción. Como se ha indicado, su alegoría por momentos supera los límites de lo escandaloso. La interpretación medieval sufrió; la formalización de su método cerró la Escritura a los laicos. Su crédula aceptación de las historias de milagros hechas por medio de las reliquias de los santos, a veces de proporciones cómicas y en ocasiones como los trucos de una película de horror, ayudó a crear la pesada carga del sistema medieval de penitencias. Añade a esto su aceptación de la intercesión de los santos difuntos, su creencia en la eficacia de las misas para los muertos, su exposición anecdótica sobre el estado del purgatorio y su creencia en los méritos de las obras piadosas, y lo que resulta es un brebaje completamente ajeno al evangelio bíblico. Si durante siglos Agustín de Hipona fue leído a través de los ojos de Gregorio Magno, no es de extrañar que el redescubrimiento del Agustín evangélico creara tal consternación en el siglo XVI.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Tom Nettles
Tom Nettles

Tom sirvió por muchos años como profesor de teología histórica en el Southern Baptist Theological Seminary.

5 – “El bautismo del Espíritu Santo 3/3”

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: Hablando del Espíritu Santo

5 – “El bautismo del Espíritu Santo 3/3”

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco

6 – Cristo frente al poder político y religioso

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Él es, el Cristo que predicamos

6 – Cristo frente al poder político y religioso

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

44 – ¿Cómo luce vestirse de Jesús? | Romanos 13:14 – Colosenses 3:12-14

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

44 – ¿Cómo luce vestirse de Jesús? | Romanos 13:14 – Colosenses 3:12-14

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org

36 – ¿Cuáles son las debilidades mayores de la iglesia Latinoamericana?

No es tan simple como parece

36 – ¿Cuáles son las debilidades mayores de la iglesia Latinoamericana?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

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www.integridadysabiduria.org