3 – Cristo, tu lugar de descanso

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Él es, el Cristo que predicamos

3 – Cristo, tu lugar de descanso

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

41 – El gobierno ¿un ministro de Dios? | Romanos 13:3-7

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

41 – El gobierno ¿un ministro de Dios? | Romanos 13:3-7

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org

1/6 – CONOZCA SU BIBLIA

Alimentemos El Alma

Serie: Cómo estudiar la Biblia para enseñarla

1/6 – CONOZCA SU BIBLIA

Evis Carballosa

Cómo Estudiar la Biblia para Enseñarla con el Dr. Evis Luis Carballosa.

Nuestro profesor desarrolla en seis lecciones temas muy importantes como Iluminación, Inspiración, Hermenéutica, Interpretación y Exégesis Bíblica. También aprendemos sobre el origen, los escritores, los manuscritos, las divisiones y la singularidad de la Biblia. ¡Esta es una serie que necesita escuchar para ser un buen estudiante y maestro de la Palabra de Dios!

Tienes 6 lecciones en este curso: MATRICULATE GRATUITAMENTE EN EL INSTITUTO BÍBLICO DE BBN

https://www.bbnradio.org/wcm4/bbnbisp…https://bbn1.bbnradio.org/spanish/

2 Corintios 4:5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.

Alimentemos El Alma

https://alimentemoselalma.com/

37 – 3 Cualidades de un Fariseo

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

37 – 3 Cualidades de un Fariseo

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Una era crucial

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

Una era crucial

Por John D. Hannah

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

Fue un siglo extraordinario. Lo que inició como la «Era de los mártires» bajo Diocleciano, culminó con el surgimiento del cristianismo como religión del Imperio. El futuro de la Iglesia pasó rápidamente del ámbito de lo marginado y perseguido a lo victorioso, de no tener estatus legal a ser la hegemonía religiosa. Y así comienzan catorce siglos de dominio de la fe cristiana en el mundo occidental

El triunfo del cristianismo

Como creía que el Imperio estaba en decadencia, Diocleciano se dispuso reformar el Estado. La historia ha demostrado que, a menudo, los dictadores vienen disfrazados de libertadores, apelando a las necesidades de las masas; y este fue el caso aquí. Diocleciano creó una monarquía absoluta engrandeciendo al senado y declarándose a sí mismo como monarca semidivino. Sus talentos organizacionales resultaron ser beneficiosos a medida que el Imperio era asegurado y se extendía geográficamente. Sin embargo, en el año 303 desató una brutal persecución contra los cristianos por no ofrecer sacrificios a los dioses. Los persiguió quemando iglesias y destruyendo libros cristianos. Esto alcanzó al clero en el 305, lo que trajo encarcelamiento, tortura y muerte.

Constantino intentó unir a la Iglesia y al Estado; la Iglesia fue concebida como una institución de utilidad pública. Se hicieron reparaciones por la destrucción de la propiedad cristiana durante las persecuciones; al clero le fueron dadas concesiones tributarias y autoridad judicial para decidir en litigios privados. El culto al emperador cesó, los dioses desaparecieron de las monedas y a los funcionarios públicos les fue prohibido presidir ritos paganos. Constantino destruyó templos paganos, recompensó a las ciudades que suprimieron la adoración pagana y prohibió los juegos de gladiadores. Se adoptó un calendario cristiano con el domingo como día santo.

La explicación del cristianismo
En la nueva era del dominio de la Iglesia por medio del apoyo del Estado, surgieron obispos poderosos. Muchos de los avances organizacionales de Diocleciano, como la división del Imperio en doce diócesis, fueron incorporados a la Iglesia, añadiendo complejidad y eficiencia a su estructura de gobierno. En este siglo surgieron obispos poderosos tales como Ambrosio de Milán (340-97), quien fue conocido por sus habilidades retóricas que tuvieron gran influencia en Agustín, en la música de la Iglesia y en el ideal monástico. Ambrosio también condenó la persecución de paganos cometida por Teodosio I en Tesalónica (390) y lo excomulgó. Jerónimo fue un gran erudito bíblico y monje (fundó un monasterio en Belén). Es mayormente conocido por su traducción de la Biblia desde las lenguas originales, bajo la dirección de Dámaso, obispo de Roma; la Vulgata Latina, la Biblia de la Edad Media. Juan Crisóstomo (345-407), que fue una vez patriarca de Constantinopla, fue un predicador elocuente y un reformador moral; ha sido llamado el expositor cristiano más grande de su época. Eusebio (c. 263-340), obispo de Cesarea, aunque manchado por su posición moderadamente arriana, fue un erudito y clérigo. Su Historia eclesiástica, la fuente principal de nuestro conocimiento de la Iglesia en los primeros siglos, le ha hecho merecedor del título de «Historiador de la Iglesia». Cirilo de Jerusalén (c. 315-86) fue un destacado pastor, escritor y catequista.

Uno de los mayores beneficios del nuevo protagonismo de la Iglesia en el Imperio fue que los asuntos teológicos podían ser discutidos con una base más extensa que en siglos anteriores. De hecho, los emperadores jugaron un rol para resolver asuntos que amenazaban la tranquilidad del Imperio. Los obispos a lo largo del Imperio podían reunirse a discutir y formular respuestas a preguntas complejas. Los académicos hablan de la «era ecuménica», un período de varias reuniones mundiales de obispos para desenredar problemas y redactar credos. Como resultado, los clérigos ayudaron a definir la fe ortodoxa. Ellos no inventaron la fe, sino que pudieron explicarla de manera que fuera recibida por todas las iglesias.

Una vez que la paz llegó a las iglesias, el emperador se interesó profundamente en el bienestar del cristianismo; los asuntos religiosos se convirtieron en preocupaciones para el Estado. El tema que dominó el siglo, la deidad de Jesucristo, se encuentra en el corazón de la fe cristiana. Los clérigos se habían empeñado por un tiempo en explicar la relación del Padre con el Hijo. ¿Cómo podría la Iglesia proclamar de manera creíble que Jesucristo es Dios y, al mismo tiempo, declarar que «Dios, el Señor uno es» (Dt 6:4)? Al extender la deidad al Salvador, el monoteísmo parecía estar bajo amenaza.

Cuando en el siglo IV cierto presbítero buscó explicar la relación del Padre con el Hijo, negando su igualdad absoluta, el escenario quedó preparado para una resolución. Arrio de Alejandría (c. 250-336) se enfrentó a su obispo. Fue condenado en un concilio local en el año 321, pero su visión dividió a los obispos y amenazó la armonía del mundo de Constantino. En consecuencia, Constantino convocó al primer concilio ecuménico, o mundial, de obispos de la Iglesia en Nicea (una residencia de verano cerca de la, aún por terminar, nueva capital Constantinopla). El emperador favoreció la posición de Atanasio (c. 296-373), reciente sucesor de Alejandro. Esto ayudó a determinar las conclusiones del concilio. Arrio negó la igualdad del Padre con el Hijo para evitar el modalismo (la posición que él pensaba que Atanasio sostenía); Atanasio negó la desigualdad entre el Padre y el Hijo (posición que él acusaba a Arrio de defender). Más de trescientos obispos se reunieron y condenaron las enseñanzas de Arrio. Atanasio y Constantino, entre otros, sintieron que la frase «de una sustancia con el Padre» expresaba la coigualdad del Padre y del Hijo.

En parte, las continuas tensiones fueron el resultado de diferencias lingüísticas. El occidente latino hacía una distinción entre los términos «persona» y «sustancia». Se podía hablar, tal como lo hizo Tertuliano el siglo anterior, de dos personas y una sustancia. El oriente griego veía ambos términos como sinónimos y acusaba al occidente de apoyar el modalismo. El apoyo aumentó para la visión adopcionista de Arrio (una visión que afirmaba la deidad del Salvador a costa de Su eternidad).

La obra monumental de los tres obispos de Capadocia (Basilio de Cesarea [c. 330-97]; Gregorio de Nacianzo [c. 329-89]; y Gregorio de Nisa [c. 330-95]), al desenredar la confusión lingüística, abrió el camino a un segundo concilio ecuménico. Convocado por Teodosio I en Constantinopla (381), este concilio afirmó y amplió el Credo Niceno. Se distinguieron los términos «sustancia» y «personas». El primero, se refiere a los atributos de Dios que son igualmente compartidos por el Padre y por el Hijo; el segundo, se refiere a funciones que destacan las distinciones no en tipo sino en función. Las distinciones dentro de la Deidad se relacionan con la redención de la creación.

Un corolario a la discusión de la relación entre el Padre y el Hijo fue la comprensión del Espíritu Santo. La pregunta que dominaba la insistencia de Atanasio en que Jesús es Dios era: «¿Cómo podría un ser inferior a la divinidad absoluta proveernos de la redención divina, la vida de Dios para el alma?». La pregunta concerniente al Espíritu Santo era: «¿Cómo podría un ser inferior a Dios traernos la santidad de Dios?». En Constantinopla, la Iglesia pudo articular la doctrina de la tri-unidad de Dios. Hablar de la Trinidad apropiadamente es hablar de Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios Espíritu Santo, el gran tres en uno. La doctrina de la Santísima Trinidad continuó sin ser cuestionada en las iglesias cristianas por más de un milenio. Este fue el mayor logro de la Iglesia del siglo IV. Los obispos no inventaron la doctrina de la igualdad del Padre y del Hijo, sino que nos dieron una explicación importante de lo que la Iglesia siempre confesó. Dios es uno y Jesucristo es Dios.

El concilio también abordó un tema que se resolvería en el siglo V en el Concilio de Calcedonia (451). En Nicea y en Constantinopla, la Iglesia luchó por explicar la relación preencarnada del Hijo con el Padre. Un tema relacionado con eso fue el siguiente: ¿Cuál es la relación entre la deidad y la humanidad de Cristo cuando Cristo se encarnó? La lucha por explicar estas cosas comenzó aquí, pero la explicación final llegaría más tarde.

Apolinar (c. 310-90), obispo de Laodicea, afirmó que Cristo fue siempre completamente Dios, pero estuvo dispuesto a denigrar Su humanidad para preservar la unicidad de Cristo. Él argumentaba que Cristo no poseía una mente o un alma humana; sino que en su ausencia, moraba la deidad. Cristo era verdaderamente Dios pero no verdaderamente hombre. Su visión acerca de Cristo fue condenada, pues se entendió que podía ser tan destructiva como la de Arrio.

Intemporalidad y cambio
¿Qué podemos aprender del siglo IV como ciudadanos del siglo XXI? Para los santos que soportaron las aterradoras purgas de Diocleciano, es importante estar consciente de que Dios es soberano tanto en los momentos más oscuros como en los momentos más agradables. Él está obrando Su gran e inalterable plan incluso cuando no podemos ver qué cosas buenas podrían salir de una tragedia. ¿Quién hubiera imaginado que la ira de Diocleciano era el último respiro del paganismo y que la Iglesia estaba siendo preparada para una era completamente nueva? Es bueno saber que las apariencias pueden no ser la realidad.

Sin embargo, hay un factor constante en el siglo IV que provee continuidad para todos los cristianos. El común denominador es la pasión de la Iglesia por definir y defender las doctrinas de los apóstoles. Cuando las persecuciones terminaron y la Iglesia se encontró en un ambiente favorable, se propuso inmediatamente a explicar las maravillas de su proclamación: la deidad absoluta de Jesucristo, la belleza del Salvador encarnado. ¿Por qué? En el corazón de la fe cristiana están las buenas nuevas de redención del pecado por medio de Uno que tomaría el lugar del pecador, cargando su culpa y satisfaciendo la deuda de la justa y eterna ira de Dios. Solo Dios podía hacer esto; el gran Juez de la humanidad fue juzgado por nosotros. Sin embargo, solamente un ser humano debía estar en lugar de los humanos; y a la vez tenía que ser perfecto. ¿Quién podía hacer eso? Aquel que es Dios y, al mismo tiempo, un hombre perfecto, el Señor Jesucristo.

Lo que debe estar en el centro o ser la preocupación de la Iglesia es siempre Cristo y Sus misericordias. Somos deudores de hombres y mujeres, clérigos y laicos, de este maravilloso siglo por modelar eso para nosotros. Nuestra oración es que Él se convierta en la preocupación central de la Iglesia en el siglo XXI.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John D. Hannah

El Dr. John D. Hannah es profesor y presidente del departamento de teología histórica del Seminario Teológico de Dallas, Texas.

¿Quién decís que soy yo?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

¿Quién decís que soy yo?

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

En el principio existía el Verbo. Y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios».

El segmento introductorio del prólogo del Evangelio de Juan fue el texto más cuidadosamente examinado del Nuevo Testamento durante los primeros tres siglos de la historia cristiana. De todos los temas teológicos y preguntas que enfrenta la Iglesia primitiva, ninguno fue más agudo que el entendimiento de la Iglesia de la persona de Jesucristo.

El Nuevo Testamento dedica mucha atención a la persona y obra de Jesús: lo que dijo, lo que hizo, de dónde vino y adónde fue. Pero nada cautivó tanto las mentes de los líderes intelectuales de la Iglesia primitiva como la pregunta: «¿Quién era Él?».

La pregunta «¿quién era Jesús?» obligó a prestar atención al concepto juanino del logos. Este término griego, simplemente traducido como «verbo», era la idea más profunda sobre Jesús presentada en el Nuevo Testamento.

Notamos la distinción que hace Juan cuando escribe: «El Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». En el peor de los casos, Juan cae en una horrible contradicción entre dos afirmaciones hechas acerca del Logos con apenas un suspiro entre ellas. Cuando decimos que alguien o algo está con otro, eso normalmente indica una distinción entre ellos. Notamos una diferencia obvia entre distinción e identidad. Cuando afirmamos que dos cosas son idénticas, generalmente queremos decir que no hay diferencia o distinción entre ellas. Sin embargo, aquí Juan hace dos cosas: por un lado, distingue entre el Logos y Dios, mientras que, por el otro, identifica al Logos con Dios.

¿Contradicción? No necesariamente, aunque vivimos en una época en la que los teólogos, tanto liberales como conservadores, no solo se contentan, sino que se deleitan en las contradicciones. Sin embargo, si queremos conservar la cordura teológica, debemos rechazar la idea de que estas afirmaciones son de hecho contradictorias. Tampoco deseamos sucumbir a la noción popular pero mortal, que ahora es popular en los círculos anteriormente reformados, de que las verdaderas contradicciones pueden resolverse en la mente de Dios. Este nuevo irracionalismo nos da un Dios irracional con una Biblia irracional y una teología irracional; todo esto defendido por una apologética irracional. Este movimiento se basa en la falsa premisa de que la única alternativa al irracionalismo es el racionalismo. Pero uno no necesita ser racionalista para ser racional. Los vuelos a lo absurdo pueden deleitar a los filósofos existenciales, pero calumnian al Espíritu Santo de la verdad.

Tampoco podemos resolver la tensión en Juan apelando a la ausencia del artículo definido (como lo hacen los mormones y los testigos de Jehová) y traducir el texto: «Y el Verbo era un Dios». Este débil intento de resolución solo produce politeísmo.

Este fue el tipo de pregunta que impulsó a la Iglesia a examinar y probar las formulaciones cristológicas durante tres siglos. La confesión decisiva  del Credo Niceno del siglo IV no saltó de repente a la escena como Atenea de la cabeza de Zeus. La formulación de la doctrina de la Trinidad fue codificada en el siglo IV, pero de ninguna manera nació en ese momento. La Tri-unidad en la Deidad tuvo sus raíces en el suelo fértil del texto bíblico del primer siglo.

La cuestión del monoteísmo estuvo presente desde el principio. Se discutió en términos de la idea del monarquianismo. Estamos familiarizados con las palabras monarca o monarquía en una conversación normal, ya que las usamos con respecto a las mariposas y los gobernantes. En griego, el término tiene un prefijo y una raíz.

Irónicamente, la raíz de monarca «arc» aparece en Juan 1. El apóstol escribe: «En el principio…,» y la palabra traducida «principio» es archè. Esta palabra también significa «jefe» o «gobernante». En español hablamos de arcángeles, archienemigos, arquitectos (jefes de construcción), arzobispos, etc. En todas estas palabras, archè significa «jefe» o «gobernante». Por lo tanto, cuando agregamos el prefijo «mono» a la raíz archè, obtenemos la idea de «un gobernante». Un monarca, entonces, es un único gobernante sobre cualquier reino (generalmente un rey o una reina).

En los primeros siglos, la Iglesia tuvo que mantener la noción claramente enseñada del monoteísmo, con la igualmente clara afirmación de la deidad de Cristo. La forma en que el monoteísmo pudo mantenerse mientras se afirmaba la deidad de Cristo alcanzó proporciones de crisis en el siglo III y IV.

El tercer siglo fue testigo del fuerte asalto contra el cristianismo por diversas formas de gnosticismo que engendraron una especie de monarquianismo llamado «monarquianismo modalista». Para entender esto debemos comprender algo del significado del término «modo». Un modo era un «nivel» o «manifestación» particular de una realidad dada. La idea popular entre los gnósticos era que Dios es la realidad suprema. Su Ser irradia o emana del núcleo de Su Ser. Cada radiación o emanación representa un nivel de Su ser. Cuanto más lejos esté la emanación, o nivel, del núcleo del Ser divino, menos «puro» es su Ser divino.

El hereje Sabelio enseñó tal concepto. Comparó la relación del Logos con Dios como análoga, como lo es un rayo de sol con el sol. El rayo de sol es de la misma esencia o ser del sol, pero puede distinguirse del sol. En términos modernos, decimos que el sol está a ciento cincuenta millones de kilómetros de nosotros y, sin embargo, nos calientan los rayos que están cerca. Sabelio argumentó que Jesús era de la «misma esencia» (gr. homo-ousios) que Dios, pero era menos que Dios. Sabelio y su monarquianismo modalista fueron condenados como herejía en Antioquía en 267, y la Iglesia utilizó la expresión «de esencia similar» (homoi-ousios) para referirse al Logos. Aquí la idea era que el Logos, aunque se distinguía del Padre, compartía plenamente «de manera similar» con el Padre en Su Ser divino.

Poco después de la derrota de Sabelio y el monarquianismo modalista, surgió una nueva y más virulenta forma de monarquianismo. Irónicamente, su cuna fue Antioquía, el mismo lugar donde Sabelio fue condenado. La nueva herejía ha sido llamada «monarquianismo dinámico» y, a veces, «adopcionismo». La escuela antioqueña de Luciano, Pablo de Samósata y otros produjeron su representante más formidable: Arrio. Fue la enseñanza de Arrio y sus seguidores lo que provocó el crítico Concilio de Nicea y el Credo Niceno en 325.

Ya que esto será discutido más adelante en esta serie de Tabletalk, restringiré mis comentarios aquí para indicar que Arrio claramente negó la deidad eterna del Logos. Se defendió a sí mismo, irónicamente, apelando a la frase ortodoxa «esencia similar» (homoi-ousios). El Logos es solo «similar» a Dios; Él no es Dios mismo. La mayoría de los herejes como Arrio intentaron enmascarar su herejía utilizando lenguaje ortodoxo para transmitirla. La amenaza arriana fue tan grande que la Iglesia retrocedió en su elección de términos para definir la relación del Logos con el Padre. El término que la Iglesia había rechazado previamente en la disputa del siglo III con Sabelio, homoousios («de la misma esencia») fue elevado a la ortodoxia. Por supuesto, el término ahora no fue usado para volver al modalismo de Sabelio; más bien, se usó para afirmar que el Logos es de la misma esencia divina que Dios: coeterno, coesencial, no creado.

La importancia de la elección de esta palabra subraya en rojo cuán seriamente la Iglesia tomó la amenaza del arrianismo y cuán resuelta fue la Iglesia para mantener su confesión de la deidad plena de Cristo. Este fue el momento decisivo del cristianismo del siglo IV.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

06 – Mi experiencia con Dios – Dios habla (II)

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Mi experiencia con Dios

06 – Mi experiencia con Dios – Dios habla (II)

Juan Marcos Vázquez

JUAN MARCOS VÁZQUEZ

Ha sido profesor de teología en los Centros de Educación Teológica de Catalunya y Galicia, presidente de la Unión Evangélica Bautista de España, presidente de la Unión Bautista do Noroeste y presidente del Consello Evanxélico de Galicia. En el año 2014 realizó un viaje misionero a Guinea Ecuatorial, donde estuvo durante 5 meses colaborando en la dirección del Colegio Buen Pastor y la iglesia Bautista de Malabo. En la actualidad es miembro de la Junta Directiva de la U.E.B.E.

El discipulado en la iglesia local

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 5

El discipulado en la iglesia local

Introducción

Durante las últimas cuatro semanas hemos reflexionado mucho acerca del tema del discipulado. Hemos hecho la pregunta «¿qué es el discipulado?» y hemos concluido consiste en relacionarse deliberada e intencionalmente con otro cristiano con el fin de hacerle un bien espiritual. Hemos preguntado «¿por qué participar en el discipulado?» y concluimos que es algo crítico para el bien de los demás, para nuestro gozo y para la gloria de Dios. Consideramos varias «barreras y excusas del discipulado» y prescindimos de ellas basado en el razonamiento lógico y la enseñanza de la Escritura. Finalmente, consideramos el objetivo y la meta de nuestras relaciones de discipulado y concluimos que el mayor objetivo de esta maravillosa obra es motivar a nuestro amigo a crecer en santidad, según lo evidenciado por una mayor obediencia a la voluntad revelada de Dios.

Hay una pregunta más que debemos responder antes de ir a asuntos específicos y prácticos que ocuparán el resto de esta clase. Nuestras últimas preguntas generales son: «¿qué lugar es mejor para establecer relaciones de discipulado?» y «¿cómo comenzamos?» Hoy hablaremos del razonamiento práctico, pero basado más que todo en el modelo de la Escritura de que el lugar principal para las relaciones de discipulado debe ser la iglesia local dondequiera que seamos miembros.

Ahora, primeramente quiero establecer que con esto NO estamos diciendo que es un error tener relaciones intencionales espiritualmente motivadoras con personas que no son de tu iglesia local. Eso no es lo que estamos diciendo. Y no estamos diciendo que está mal iniciar ese tipo de relaciones con un amigo de la escuela o el trabajo.

Lo que estoy diciendo es que el mejor lugar para tener relaciones de discipulado es en tu iglesia local. Eso parece ser una idea muy sencilla, pero aclaremos lo que quiero decir con ello. Lo que NO estoy diciendo es que todo discipulado debe tener lugar en el local de la iglesia, o que solo los líderes reconocidos de la iglesia local deben discipular, NI TAMPOCO pretendo decir que está mal invertir en personas que no son miembros de tu iglesia, como son los amigos cristianos del trabajo o la escuela.

Lo que ESTAMOS diciendo es que es bíblicamente sabio que la mayoría de nosotros tenga la mayor parte de nuestras relaciones de discipulado en el contexto de la iglesia local. Debemos tener una relación de discipulado con alguien que también es miembro de la misma iglesia, donde comparten la misma enseñanza y la misma comunidad cristiana.

¿Por qué discipular en el contexto de la iglesia local?

Comencemos con diez razones por las que debemos discipular en nuestra iglesia local, y luego presentaremos algunas ideas sobre cómo puede ser hecho esto. Esta lista no es exhaustiva ni tampoco se encuentra en orden de importancia.

Hacer que tu iglesia sea la plataforma primaria para las relaciones de discipulado individuales tiene sentido y es una implicación necesaria de la enseñanza general de la Escritura con relación a la iglesia.

¿Por qué discipular en tu iglesia local?

Razón #1: porque Dios ha llamado a la iglesia a ser pura.

Considera el discipulado en tu iglesia local porque Dios ha llamado a la iglesia a ser pura. Leemos en Tito 2:14 que parte de la razón por la que Jesús vino al mundo fue para llamar y crear un pueblo puro para sí mismo conocido como la iglesia.

Pablo escribe: Tito 2:11-14 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. (RVR60)

Es en parte a través de las relaciones de discipulado que ayudamos a los demás cristianos a crecer en conocimiento y en santidad personal. Esta es una gran parte de lo que Jesús vino a hacer al mundo. Cuando trabajamos en relaciones de motivación especialmente entre aquellos que están en la iglesia, fomentamos el testimonio corporativo de la iglesia como cuerpo.

Este debe ser nuestro deseo para nuestra propia iglesia local, que sea un ejemplo radiante de la santidad y el poder transformador de Dios en la vida de su pueblo.

Razón #2: porque no tienes todos los dones espirituales. (Ver 1 Co. 12)

Debemos considerar el valor de la iglesia estableciendo el discipulado como una manera de equilibrar nuestra propia debilidad y falta de ciertos dones. Ser una fuente de motivación espiritual para los demás es mandatorio para la vida cristiana, pero tenemos áreas de debilidad y ceguera espiritual que también pueden limitar nuestra utilidad en el discipulado. Cuando nuestras relaciones de discipulado son establecidas en la comunidad de una iglesia local, hay otros en la mezcla relacional que ayudan a equilibrar la diferencia.

¿Dudas sobre participar en relaciones de discipulado porque eres tímido? ¿Estás dudando sobre participar en relaciones deliberadas de discipulado porque sientes que te falta capacidad y sabiduría para la tarea?

Bueno, tengo buenas nuevas: Dios sabe que no eres suficiente para esta gran tarea. En su bondad Dios nos la ha dado a nosotros la iglesia, y la iglesia es suficiente para la obra que pretende darle. Cuando discipulas en una relación de experiencia de iglesia compartida estas reconociendo que no tienes toda la sabiduría y exhortación que tu amigo necesita, pero te das cuenta de que a la iglesia como un cuerpo le es dada toda cosa buena que es necesaria para la tarea de evangelismo y discipulado. Dios no ha prometido darte todos los dones necesarios para exhortar y edificar a otros. Esa es una promesa que Él le ha hecho a toda la iglesia. No tienes todo lo que tu amigo necesita-por tanto tu amigo necesita una iglesia.

Tercero, debemos darnos cuenta de que en el contexto de relaciones de discipulado la iglesia provee una mejor y mayor rendición de cuentas que solo la de nuestro amigo. En la iglesia encontramos una red de relaciones con personas que nos conocen de una manera diferente y que ven nuestra relación con una perspectiva o preocupaciones diferentes. Esta red de relaciones significativas forma una «red de protección» espiritual que ayudará a tu amigo en los momentos difíciles más que solamente en tu relación.

Entiende que en parte la iglesia existe con el único propósito de aumentar la rendición de cuentas. La iglesia está formada no solo por el amor de Cristo sino también por su autoridad correctiva. Mateo 18 es Jesús dirigiendo a la iglesia sobre cómo actuar con alguien que no se arrepiente de su pecado.

Debemos darnos cuenta con toda humildad que un grupo de personas de una comunidad puede conocer a una persona mucho mejor de lo que puedes hacerlo a solas. Si te reúnes con un amigo del trabajo una vez a la semana para un café y discipular, hay limitaciones importantes en la manera que puedes conocer la vida de esa persona, pero en el contexto de una comunidad de iglesia hay por lo menos una mejor oportunidad de que la mezcla de relaciones provea una profundidad y textura de visión que produzca una mejor rendición de cuentas y protección.

Razón #4: porque tienes una cantidad de tiempo limitada. (Ver Efesios 5:16 y 1 Corintios 7:29)

Cuarto, todos somos desafiados por el hecho de que la vida es corta y nuestro tiempo es precioso. Para muchos de ustedes espero que sientan una gran presión tratando de equilibrar las demandas de su trabajo, parejas, hijos, familiares, ministerios de iglesia, evangelismo de vecindario y el deseo de tener relaciones de discipulado significativas. Piensa en algunas de las maneras en que el ministerio de la iglesia puede expandir tu ministerio de discipulado. Por ejemplo, hablamos acerca del uso previo de los momentos de enseñanza regular de la iglesia como el contenido de tus relaciones de discipulado—esto puede ser una manera de maximizar tu tiempo y ser fructífero en la vida de los demás en tu iglesia. Por tanto, considera reunirte con alguien de esta iglesia y hacer que el sermón del domingo en la mañana, o la conversación del domingo en la noche, o la clase del seminario de fundamento sea el contenido de tu relación de discipulado. Pueden hablar juntos sobre aplicación—como el sermón, la conversación o la lección aplican para sus vidas. No necesitan planificar y preparar un estudio bíblico ustedes mismos, en lugar de eso porque no permitir que la enseñanza pública de esta iglesia ayude a crecer y darle forma a ese hermano o hermana en Cristo aun cuando tu tiempo es muy limitado.

Razón #5: porque Dios es glorificado cuando el cuerpo crece unido. (Ro. 14:191 Co. 14:3-512)

Quinto, el cristianismo individualista es una contradicción. No fuiste hecho para vivir la vida cristiana solo. Si sientes que estas creciendo en madurez como cristiano mientras ignoras a los que están a tu alrededor, te desafío en lo que se refiere a la madurez que tienes. ¿En qué punto estas madurando si el cuerpo de Cristo no está reflejando su carácter con mayor claridad? Dios busca que nosotros le glorifiquemos primeramente a través de nuestra vida juntos como iglesia, por tanto debemos esforzarnos en crecer juntos en Él.

Independientemente de que te guste o no, cuando vives en el contexto de la comunidad tu vida está llamada a estar conectada con los demás. Mi hijo – amo verlo crecer. ¿No sería extraño si solo sus pies crecieran, pero su espalda y cuerpo permanecieran del mismo tamaño? Él se vería desproporcionado. El cuerpo de Cristo está llamado a crecer juntos. Mientras creces esto es recibido por los demás, quienes también crecen. Dios espera que nosotros maduremos juntos como comunidad, creciendo juntos hacia un mayor parecido a Cristo.[PAUSA PARA PREGUNTAS]

Razón #6: porque edificar la iglesia es para lo que fuiste dotado.

Sexto, debemos darnos cuenta de que este tipo de iglesia fundamentada en el discipulado está cerca del enfoque de lo que el Espíritu Santo buscaba cuando se te otorgaron los dones espirituales. Tus dones están destinados a bendecir el reino de Dios, si, pero especialmente a bendecir y edificar la iglesia local.

Pablo escribe acerca de esto en 1 Corintios 12:4-7 donde dice: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (RVR60)

De la misma manera, en 1 Corintios 14:12 Pablo nos dice: Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia. (RVR60)

Existen muchos debates entre los evangélicos acerca de como exactamente pensar sobre estos dones espirituales. En la mayoría de los debates el propósito de estos dones es muchas veces pasado por alto. Los dones espirituales no son para tu satisfacción personal sino para la edificación de la iglesia.

Razón #7: porque discipular es una manera fundamental de mostrar amor por Cristo y por su iglesia.

Siete, si estás buscando una forma de mostrar amor por la iglesia de Dios, si estás agradecido por la manera en que Dios ha usado esta iglesia para impactar tu vida, entonces no puedo pensar en algo mejor que establecer hacer un bien intencional a otro miembro de tu iglesia local.

Tal y como consideramos anteriormente en este curso, Juan 15:12-15 nos dice como Jesús nos amó al entregar su vida y revelarnos la verdad del Padre. Podemos mostrar nuestro amor a aquellos que Dios a puesto en nuestra iglesia haciendo lo mismo. Puedes mostrar amor por este cuerpo local estableciendo hacer un bien intencional a otros miembros al motivarles y guiarles hacia una consideración más profunda y personal de la Palabra de Dios.

De la misma manera considera 1 Juan 4:19-21 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. (RVR60)

Demostramos nuestro amor por Dios cuando amamos a los demás. Juan nos dice «quien ama a Dios debe amar a su hermano.» Lo segundo es una implicación necesaria de lo primero. Asimismo, Juan dice que si amas a Dios y odias a tu hermano, eres un mentiroso. Este lenguaje fuerte expresa que el amor por Cristo y por su pueblo está interrelacionado y no se separa fácilmente. Tu discipulado en la iglesia local es un manera de demostrar a los demás que realmente amas a Dios.

Razón #8: porque el discipulado fundamentado en la iglesia parece ser la hipótesis de todo el Nuevo Testamento.

Ocho, cuando observamos a lo largo del Nuevo Testamento vemos cristianos reunidos en la iglesia con el propósito de la edificación mutua.

Considera Hebreos 10:23-15 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. (RVR60)

Nota: cuando el autor nos dice que consideremos como podemos motivarnos unos a otros al amor y las buenas obras, su próximo pensamiento es que no debemos dejar de congregarnos como algunos tienen la costumbre de hacer.

Prácticamente cada epístola del Nuevo Testamento fue escrita para iglesias locales específicas con el fin de motivar el crecimiento espiritual mutuo. 1 y 2 de Corintios fueron escritas a los cristianos de Corinto para  oponerse a las situaciones entre los miembros, para motivar la pureza sexual, para exhortarles a tener un orden en la adoración congregacional, y para aclarar la importancia de la resurrección de Cristo. Los gálatas ayudaron a los creyentes de Galacia a luchar contra el legalismo y la vida de fe. Las cartas pastorales fueron escritas a Timoteo y Tito para ayudarles a enseñar y motivar mejor a los creyentes en el contexto de las iglesias locales de Creta y Éfeso. Cada epístola establece que el discipulado y el crecimiento tienen lugar en el contexto de la iglesia local.

Razón #9: porque el discipulado fundamentado en la iglesia refleja unidad en medio de la adversidad. (Ver Ap. 5:9-10)

Nueve, el discipulado fundamentado en la iglesia refleja unidad en medio de la adversidad. En su libro titulado «The Disciple-Making Church» [La Iglesia que hace Discípulos], el autor Bill Hull establece que fácil formar un ministerio para-eclesiástico de discipulado de personas similares con intereses similares. En las entrevistas de membresía, muchas veces le digo a las personas que no solo se compartan con personas que son igual a ellos. En la iglesia vemos la gloria y el valor del evangelio reflejado cuando las personas que no son iguales se relacionan amándose con un amor que está enfocado en el evangelio. Fortalecemos nuestro testimonio cristiano cuando mostramos unidad en medio de nuestra diversidad.

Por tanto considera cuanto de tus amigos se parecen a ti—tienen más o menos la misma edad, los mismos intereses, el mismo estilo de vida, los mismos pasatiempos, la misma etapa de vida? ¿O has dejado eso para cultivar relaciones con personas muy diferentes a ti? Pienso que compartir con personas que son como tú es una señal de egoísmo; y aprender a amar a otros que no son como tu es un buen indicador de alguien que está creciendo a la imagen de Cristo.

Razón #10: porque la iglesia es más sana cuando tiene una «cultura de discipulado.» (Ver Dt. 11:18-21)

Finalmente, debemos retroceder y tomar una visión panorámica de como luce el discipulado en el contexto de una iglesia local. Ciertamente, esto puede tomar la forma de un programa pero eso no es lo que la Escritura busca. Parece ser que en el cuerpo de una iglesia local la naturaleza de las relaciones de discipulado es más orgánica, intencional pero no necesariamente estructurada, deliberada pero no definida claramente. El lenguaje de la Escritura no gira alrededor de la teoría de la organización o la administración sino del amor. El amor de Dios por nosotros y nuestro amor por los demás.

Eso es lo que los ancianos de esta iglesia desean motivar y puedes gozarte de ser parte de ello. De no ser un programa de discipulado sino una cultura de discipulado—una red amorosa de relaciones donde es normal que los miembros de CHBC determinen hacerse un bien espiritual unos a otros.

  1. Donde las personas no necesitan inscribirse para nada, o ser reclutados, o buscar un permiso antes de establecer una relación de discipulado de motivación mutua.
  2. Donde los miembros simplemente entienden que es bueno para ellos reunirse a almorzar o tomar un café para hablar acerca de cosas espirituales.
  3. Donde la motivación mutua es vista como un ministerio normal y básico en la iglesia.
  4. Donde la rendición de cuentas y la transparencia son estratégicas y un deleite como buenos dones de un Dios amoroso y sabio.
  5. Eso es lo que queremos motivar en CHBC y esperamos que Dios te ayude a ser parte de ello. Queremos que de manera instintiva defiendas y aumentes esa cultura a través de tu propia iniciativa amorosa de motivar espiritualmente a otros miembros de CHBC.

¿Cómo hacemos que esa cultura crezca? Cuando hacemos que los líderes la modelen. No creando barreras estructurales que la inhiban. Motivando a las personas a tomar una responsabilidad personal en ello. Enseñándolo desde el púlpito y en nuestros seminarios de fundamentos.

Cómo comenzar

Una vez que decidimos hacia dónde vamos a enfocar nuestro esfuerzo por construir relaciones de discipulado, necesitamos abordar la pregunta práctica de cómo comenzar. Algunos de ustedes han sido anteriormente parte de ministerios de discipulado que estaban muy bien estructurados, como un ministerio para-eclesiástico universitario. Puede que te identifiques con esta idea de utilizar la iglesia como una plataforma para el discipulado, pero encuentras más difícil la idea de cómo llevarlo a cabo. Para considerar esto podríamos dividir la discusión restante en tres partes sencillas—quien, cuando, que.

¿En quién invertirás tu tiempo? ¿Cuándo se reunirán? ¿Qué harás durante el tiempo de reunión? Hablaremos más profundamente de esto más tarde en el curso, pero hablemos brevemente de estos 3 elementos ahora.

Quién

¿En quién debes invertir tu tiempo? Existen varias consideraciones importantes que debes tomar en cuenta. ¿A quién conoces aquí en CHBC? ¿A quién piensas que estarías más dispuesto a motivar? ¿Cuáles son las mayores necesidades de la iglesia? Todas estas son buenas preguntas para hacer.

Gran parte del enfoque de esta lección es ayudarte a ver más del beneficio de invertir en la vida de otras personas aquí en tu iglesia local. Una de las mejores cosas que puedes hacer es simplemente trabajar deliberadamente en establecer relaciones con personas aquí en CHCB. Puedes pasearte alrededor del puesto de libros y buscar nuevos hermanos que aun no tengan personas con quien hablar el domingo en la mañana e iniciar una conversación. Puedes conocer las personas que están trabajando contigo en el ministerio o están en tu grupo pequeño.

Una de las ventajas de estar en una iglesia transicional es que constantemente tiene nuevos miembros que están dispuestos a conocer a otros. Si estás teniendo un tiempo difícil tratando de conocer a otros, entonces deja de tratar de «forzar» los encuentros sociales. Los nuevos miembros están más dispuestos a conocer a otros.

Puedes decirle al personal que estás interesado en reunirte con otra persona para exhortación mutua. Es probable que ellos tengan sugerencias y personas que puedes contactar.

En realidad no existe una respuesta a la pregunta quién. Solo necesitas decidir que quieres comenzar a reunirte para tener conversaciones espiritualmente motivadoras y hacerlo.

Cuándo

¿Cuándo debes reunirte con esta persona? Bueno, eso puede en gran medida ser parte de tu propia agenda. Ciertamente, debe ser lo suficientemente frecuente como para permitir una rendición de cuentas útil y significativa. Si solo ves a alguien cada 2 ó 3 meses, eso no permitirá el tipo de contacto con sus vidas que pueda ser más útil para su crecimiento espiritual. La mayoría de las personas encuentran útil reunirse por lo menos cada dos semanas, o como mínimo una vez al mes.

Qué

Para muchas personas es una de las preguntas más difíciles de responder para comenzar a bendecir a otros en una relación de discipulado. Como mencioné hace un momento, lo que queremos cultivar es una cultura y no un programa. Queremos modelar y motivar una cultura de vivir juntos con un enfoque en hacernos un bien espiritual unos a otros. Por tanto, lo que haces no es tan importante como el hecho básico de que se encuentre enfocado en la Biblia y sea espiritualmente edificante. Lee un libro. Discute un sermón. Oren juntos por el directorio de CHBC. No existe un programa específico o libro a seguir. Tienes muchas buenas opiniones, así que es tu responsabilidad escoger una.

Conclusión

Que bendición tan maravillosa es la iglesia local para nosotros. Vivir juntos como iglesia ofrece una oportunidad de ser fructífero en la vida de los demás. Aquí en Capitol Hill Baptist estás rodeado de cientos de otras personas que se han comprometido a buscar tu bienestar espiritual y permitir que otros los motive a ellos también. Cuando nos convertimos en miembros firmamos un pacto que dice que trabajaremos por el bienestar de los demás miembros.

Por tanto y en resumen, no estamos afirmando que otros lugares de discipulado son equivocados sino que no es la perspectiva que vemos en la Escritura. La manera principal que Dios parece habernos dado para ser fructíferos en el discipulado es a través de la red de relaciones de la iglesia local.

Aparte de nuestro amor por Cristo y su iglesia, este debe ser tu enfoque principal para el discipulado. Las personas con las que hemos pactado son un enfoque maravilloso para manifestar nuestro amor y preocupación por el discipulado.

Recuerda que la iglesia existe en parte para ayudarte a discipular, así que valórala como tal.

Cierro con 1 Tesalonicenses 5:9-11 Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. (RVR60)

Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

¿Cuándo debo SALIR de una IGLESIA?

Teología Express

¿Cuándo debo SALIR de una IGLESIA?

 Giancarlo Montemayor

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Dios les bendiga.

Soli Deo Gloria

El siglo IV: un tiempo trascendental

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

El siglo IV: un tiempo trascendental

Por Sinclair B. Ferguson

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

El siglo IV fue uno de los períodos más significativos durante los primeros mil quinientos años de la existencia de la Iglesia. En él ocurrieron una serie de eventos que marcaron la trayectoria de la Iglesia hacia el futuro.

El siglo comenzó con dos acontecimientos importantes.

PERSECUCIÓN

Los cristianos son llamados a vivir en paz con los demás en la sociedad (ver Rom 12:18). Pero a pesar del deseo de la Iglesia de contribuir a la sociedad y vivir en paz, la persecución continúa. Los emperadores o dictadores casi nunca comprenden el hecho de que los cristianos serán sus mejores ciudadanos. Trágicamente, los gobernantes suelen preferir el totalitarismo por encima de la gracia y sus efectos.

Cuando inició el siglo, Diocleciano (245-313) ya llevaba una década y media siendo emperador romano. Nacido en el anonimato, ascendió entre los rangos militares y fue declarado emperador en 284. Era un organizador y administrador extraordinariamente talentoso y, a su manera, un reformador del ahora inestable Imperio. Durante la mayor parte de su reinado, los cristianos disfrutaron de una paz relativa. Pero Diocleciano se convenció de que la única forma de fortalecer el Imperio romano era mediante un gobierno virtualmente totalitario. Esto a su vez requería un compromiso por parte de cada ciudadano a ver a su autoridad «divina» como sacratissimus Dominus noster (nuestro más sagrado Señor). Todo lo que se interpusiera en el camino de este gran plan era reprimido.

En el 303, la persecución estalló y las iglesias fueron destruidas. Al darse cuenta de que el cristianismo era una fe anclada en libros, Diocleciano también trató de destruir los libros de los cristianos, especialmente las Escrituras. Luego trató de destruir a los líderes de la Iglesia, y más adelante a los cristianos en general, si se negaban a inclinarse ante su decreto de que todos los ciudadanos del Imperio debían hacer sacrificios a los dioses de Roma. Por la gracia de Dios, muchos cristianos tuvieron el valor para permanecer firmes.

Diocleciano abdicó en el 305 y vivió los últimos años de su vida retirado en lo que ahora es Split, Croacia. Pero la persecución continuó.

Cuando leemos relatos de martirios, a veces es difícil distinguir la verdad de la exageración. En ocasiones, parecen exagerados. Pero tal vez la exageración surgió del deseo de establecer un contraste con otros cristianos que fueron intimidados, algunos de los cuales entregaron copias de las Escrituras que fueron quemadas. Esto hizo que la Iglesia tuviera otro problema: los cristianos fracasados, los traditores. ¿Qué pasaría si en tiempos posteriores de relativa calma quisieran regresar al redil?

Diocleciano se quitó la vida en el 313. Dos años antes, el Edicto de Nicomedia (311) había puesto fin a la persecución.

EL CULTO A LA SUAVIDAD

Los sufrimientos soportados por tantos cristianos resaltaron una segunda tendencia: una sensación creciente de calma y consuelo en aquellos que profesaban ser seguidores del Crucificado.

En la fe cristiana hay misterios y doctrinas que retan nuestras mentes. Pero a veces lo que más nos desafía no son las enseñanzas complejas, sino las más claras y sencillas. Confiamos en un Salvador crucificado que resucitó de entre los muertos, y le seguimos. En consecuencia, nuestras vidas estarán marcadas por la cruz. El camino a la vida es el camino de la muerte.

Puesto que nos alejamos instintivamente del sufrimiento, no debería sorprendernos que la misma reacción haya estado presente a principios del siglo IV.

La respuesta de unos cuantos al «amor sutil por suavizar las cosas» fue rechazar al mundo, abandonar la sociedad y vivir como ermitaños, distanciados del mundo y separados de los cristianos mundanos. Este movimiento ganó fuerza especialmente en Egipto, donde los hombres se mudaron al desierto para vivir vidas totalmente solitarias, anhelando contemplar las glorias de Dios y buscando Su presencia y poder para vencer la tentación. Sin embargo, muchos de ellos descubrieron que el desierto no está fuera del alcance del diablo.

ANTONIO

El más influyente de estos ermitaños fue Antonio (251-356), quien nació en Coma, Egipto. Mientras estaba en un servicio de su iglesia poco después de la muerte de sus padres, fue sobrecogido por las palabras de Jesús al joven rico cuando le dijo que vendiera todo y le siguiera. Tomando las palabras literalmente, se comprometió con un estilo de vida ascético en el desierto más o menos desde el 285 hasta el 305, donde formó a un grupo de monjes. Más adelante, regresó al desierto. Era ampliamente admirado, especialmente cuando Vida de Antonio (escrita por Atanasio) se hizo popular.

Paradójicamente, ambas influencias —la persecución y la vida monástica— tenían el potencial para destruir el testimonio de los cristianos. Si la oscuridad vence a la luz o la luz es eliminada del mundo, el mundo se oscurece. Si sacamos la sal del mundo, la decadencia moral y espiritual es inevitable. Así que las vidas de estos monjes del desierto, a pesar de su notable ascetismo, nos advierten que Cristo nos ha llamado a no abandonar el mundo, sino a vivir sacrificialmente en él.

Además de estos movimientos, debemos tomar nota de tres eventos importantes que tuvieron lugar durante el siglo IV.

CONSTANTINO

El primero fue que Constantino se convirtió en emperador. Según el autor cristiano del siglo IV llamado Lactancio, mientras Constantino luchaba por el control del Imperio romano, tuvo un sueño notable justo antes de la Batalla del Puente Milvio. Como resultado, luchó bajo el signo de la cruz, el cual se convirtió en el famoso monograma chi-rho (por las dos primeras letras de la palabra “Cristo” en griego). Cualquiera que sea la verdad, Constantino ganó la batalla y atribuyó su victoria al poder de Cristo. Inmediatamente comenzó a relajar las leyes penales contra los cristianos, y con el tiempo logró que el cristianismo fuera la religión oficial del gran Imperio romano.

Eran buenas noticias: el fin de la persecución. Pero también eran malas noticias. Era bueno en el sentido de que los cristianos ahora eran libres de adorar a Cristo sin obstáculos físicos. Pero era malo en el sentido de que, por primera vez, el cristianismo se había convertido en la religión del Estado. Los ciudadanos del Imperio romano ahora se verían a sí mismos como cristianos de facto. La distinción bíblica básica entre nacimiento natural y nacimiento espiritual se había perdido. Constantino hizo mucho para ayudar a la Iglesia. Pero este error fatal estorbó a la Iglesia a largo plazo al minimizar la diferencia entre un ciudadano de este mundo y un ciudadano del mundo venidero. La Iglesia en Occidente nunca ha sido la misma desde entonces.

NICEA

El segundo evento importante del siglo IV fue el Concilio de Nicea en el 325. Resolvió de manera oficial (pero no final) un amargo debate en la Iglesia sobre la identidad de Cristo.

Las semillas de este debate se pueden encontrar en la forma en que los primeros escritores cristianos respondieron la pregunta: ¿En qué sentido es Cristo completamente divino? El problema llegó a un punto crítico a través de la enseñanza de un presbítero (ministro) llamado Arrio, quien había argumentado que si el Hijo fue, como confesaba la Iglesia, «engendrado del Padre», entonces «hubo un tiempo en el que el Hijo no existió».

Frente a Arrio estaba la heroica figura de Atanasio. Este argumentó poderosamente que si el Hijo no es completamente Dios, entonces Él no puede reconciliarnos con Dios ya que Su muerte no tendría un poder infinito para salvarnos del pecado contra un Dios infinito y santo. Cristo solo puede reconciliarnos con Dios si es completamente divino. Además, Atanasio argumentó que si Cristo no es verdaderamente Dios (y, por implicación, lo mismo sería cierto acerca del Espíritu Santo), entonces los cristianos son bautizados en el nombre de un Dios y de dos de Sus criaturas. En otras palabras, el rito cristiano inaugural del bautismo en el único nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo requiere la plena deidad del Hijo para que tenga sentido.

Por su obstinada fidelidad, Atanasio (apodado «el enano negro» por su color y altura) fue exiliado en no menos de cinco ocasiones. Pero aun si el mundo entero hubiera estado en su contra, él estaba decidido a defender la deidad completa de su Salvador (de ahí la expresión Athanasius contra mundum, «Atanasio contra el mundo»). El concilio que convocó Constantino en Nicea en el 325 confirmó la convicción neotestamentaria de Atanasio sobre la deidad absoluta de nuestro Señor Jesucristo.

AGUSTÍN

Un tercer evento importante del siglo IV tuvo lugar en la vida de un individuo cuyos escritos lo han convertido en el pensador más influyente de la Iglesia desde los días de los apóstoles. El evento fue, por supuesto, la conversión de Agustín.

Aurelius Augustinus nació en el 354 en Tagaste, África del Norte (Annaba en la Argelia moderna), hijo de un padre pagano y una madre cristiana, Mónica (a cuyas oraciones Agustín luego atribuyó en parte su conversión). Las nuevas formas de pensar y las experiencias vanguardistas le fascinaban. A la edad de dieciocho años, tomó una concubina con la que vivió durante los siguientes quince años. Parecía haber intentado todo, incluyendo una nueva religión y hasta dietas extraordinarias (en un momento perteneció a una secta que creía que uno debía comer tantos melones como fuera posible).

No halló satisfacción. Al escribir sobre su experiencia en su obra más famosa, Confesiones, señala que por mucho que buscara lo que pensaba era la verdad, realmente estaba huyendo de ella y de la gracia de Dios en Jesucristo.

Años después, Agustín tomó un prestigioso trabajo como profesor de retórica en Milán, Italia. Comenzó a escuchar la predicación del gran Ambrosio, obispo de Milán. Un día, mientras estaba sentado en un jardín, escuchó a un niño en un jardín vecino gritar algunas palabras que pensó eran parte de un juego: tolle lege (toma y lee). Eso desencadenó algo en su mente. Tomó una copia del Nuevo Testamento que yacía sobre una mesa y la abrió en Romanos 13:14: «Antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Sintió que Dios le había hablado con la misma claridad con que había escuchado la voz del niño. Hizo exactamente lo que decía el texto. Confió en Cristo. Su antigua manera de vivir había llegado a su fin. Había hallado descanso en Dios, y en ese momento supo que había sido creado para descansar en Él. De ahí en adelante, fue un servidor devoto de Jesucristo. Su pensamiento y escritura determinaron de muchas maneras el curso de la historia de la teología cristiana, hasta los tiempos de la Reforma.

Una de las declaraciones más fascinantes de Confesiones es un comentario que hizo Agustín sobre Ambrosio. Estaba describiendo el momento de su vida en que llegó a Milán. ¿Qué fue lo que le impresionó del obispo? Él nos dice en su soliloquio de oración a Dios: «Empezó a agradarme, no como maestro de la verdad, porque al principio no tenía absolutamente ninguna confianza en Tu Iglesia, sino como un ser humano que fue amable conmigo… Sin embargo, gradualmente, aunque no me daba cuenta, me estaba acercando».

Justino Mártir conoció a Cristo por medio de un cristiano anciano mientras caminaba tranquilamente por la costa; Agustín llegó a la fe a través de la bondad de un obispo elocuente y de las oraciones de una madre. El nombre de Justino sigue vivo en la historia de la Iglesia, pero el anciano que le predicó a Cristo fue olvidado. Muchos cristianos están familiarizados con el nombre de Agustín. Pocos saben el nombre de su madre o el nombre de su ministro, Ambrosio.

Aquí hay un patrón y una lección. Al leer sobre las vidas de hombres y mujeres que han sido utilizados estratégicamente por Cristo para construir Su Reino, notamos que los nombres de aquellos que los condujeron a la fe en Jesucristo tienden a olvidarse o a perderse. Pero su importancia es incalculable. Dios se deleita en usar a personas corrientes y a los que han sido olvidados.

Esto es, sin duda, un gran estímulo para los que vivimos nuestras vidas cristianas en cierto anonimato. No esperamos encontrar nuestros nombres en ningún libro de historia de la Iglesia. Y, sin embargo, pudiera ser que alguien con quien seamos amables, porque amamos a Jesús, sea adoptado y usado extraordinariamente por Dios para construir la Iglesia de Jesucristo.

Cuando Jesús está construyendo Su Iglesia, la fidelidad es mucho más significativa que la fama.

Extracto adaptado de In the Year of Our Lord [En el año de nuestro Señor] por Sinclair B. Ferguson, © 2018, pp. 41-46.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.