14/32 – 2 Corintios

El Proyecto Biblia

Serie: Nuevo Testamento

14/32 – 2 Corintios

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de 2 Corintios, que desglosa el diseño literario del libro y su línea de pensamiento. En 2 Corintios, Pablo soluciona su conflicto con los corintios mostrándoles como el escándalo de la crucifixión pone al revés nuestros sistemas de valores.

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36 – ¿Eres Luz o Tinieblas?

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

36 – ¿Eres Luz o Tinieblas?

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El largo camino a casa

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

El largo camino a casa

Por Robert Drake

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo III

Del 249 al 260 d. C., muchos cristianos negaron la fe para escapar de la persecución. Pero cuando las persecuciones cesaron, algunos de los infieles quisieron ser readmitidos en la Iglesia. Novaciano de Roma dijo que a nadie se le debería permitir regresar. Novato de Cartago dijo que a todos se les debería permitir volver. Cipriano de  Cartago dijo que solo aquellos que mostraban señales de verdadero arrepentimiento debían ser readmitidos.

Cuando nos preguntamos cómo deberíamos responder a los que han sido excomulgados por varias razones pero que quieren volver, podríamos usar el planteamiento «cipriano» de la restauración de la fe, luego de preguntarles qué piensan ellos que es la fe. Para Jesús, el paradigma de la fe era el mártir. Él dijo, «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mat 16:24). Este era el único entendimiento de la fe que podía preparar a los primeros cristianos para enfrentar la muerte. Pero esa fe no estaba reservada solo para aquellos que perderían sus vidas sino que tenía la intención de caracterizar a cada creyente. Seguir a Jesús al tomar la cruz, o como escribió Pablo, para estimar «como pérdida todas las cosas» (Fil 3:8), era convertirse en un mártir en entrenamiento.

Podríamos usar la fe de los mártires que siguieron a Jesús como una guía para definir cuatro categorías comunes de personas de hoy en día que han sido excomulgados de la iglesia pero que quieren regresar.

1. Algunos negaron a Cristo y estaban involucrados en la inmoralidad. 

Esta es la peor situación pero la más fácil de manejar para la iglesia. La confesión debe reemplazar la negación; la moralidad debe reemplazar la inmoralidad. Una confesión renovada de fe puede ser instantánea, porque la persona ya ha confesado previamente a Cristo y sabe lo que ha de ser afirmado. Sin embargo, ya que la persona abandonó la fe, es necesario algún período de instrucción para discernir si la persona ahora asimila (o si en algún momento asimiló) que el paradigma de la fe es el mártir. 

Por supuesto, en la misericordiosa providencia de Dios, es probable que una persona que vuelve no tenga que morir físicamente por la causa de Cristo. Sin embargo tendrá que abandonar su inmoralidad, y el motivo del corazón para dicha auto-negación fluye de la auto-negación básica que toma la cruz. Se necesita tiempo para ver si el viejo patrón de conducta ha sido abandonado y para mantener en observación el nuevo patrón de seguir a Jesús.

2. Algunos negaron a Cristo pero no estaban involucrados en la inmoralidad.

Ya que no hay patrón inmoral a vencer, el período de restauración puede ser más rápido. 

3. Algunos estaban involucrados en la inmoralidad pero alegaban que nunca negaron a Cristo. 

En esta categoría encontraremos probablemente a algunos que insisten en que su pecado fue simplemente un asunto de debilidad. Se ven a sí mismos como el hermano-creyente en Lucas 17:4, quien peca repetidamente pero cuyo estatus como hermano arrepentido debería traer restauración inmediata. Si la iglesia se resiste y requiere tiempo, por lo general la persona considera la iglesia como inmisericorde.

No obstante, tal persona no comprende bien la diferencia entre lo que es relacionado a individuos y lo que es relacionado al tribunal de la iglesia. El arrepentimiento del ofensor en Lucas 17 es lo que evita que su pecado no llegue al tribunal de la iglesia. La situación es paralela al primer paso en Mateo 18, donde el arrepentimiento concluye el asunto. Si un pecado es traído ante el tribunal de la iglesia para un veredicto, el alegato del ofensor de ser un hermano viene a ser irrelevante. En ninguna parte en el proceso de Mateo 18 la fe profesada de la parte culpable se toma en consideración. Del mismo modo, en 1 Corintios 5, cuando Pablo pide la expulsión del hombre que vivía con su madrastra, el hombre estaba en la iglesia en ese momento y supuestamente todavía profesaba fe.

En nuestros días, la insistencia misma del pecador de que nunca abandonó la fe, viene a ser la razón por la cual el proceso de restauración tiene que tomarse tiempo. Tanto el tribunal de la iglesia como el ofensor necesitan saber cuál es esa fe que clama la negación del yo y el estimar todas las cosas como pérdida a fin de enfrentar la fosa de los leones del martirio, y aún así gratifica el yo con inmoralidad. 

4. Algunos alegaban que ni negaron a Cristo ni se involucraron en la inmoralidad. 

Estos alegan que el tribunal de la iglesia les malentendió y que la sanción contra ellos es una injusticia que debería ser revocada. Si esto significa que la iglesia no ha seguido Mateo 18, entonces es una situación terrible y los líderes responsables de la iglesia deben arrepentirse y reincorporar a la persona. Sin embargo, lo que a menudo sucede es que la persona acusada de negar a Cristo o de involucrarse en inmoralidad rehúsa participar en el proceso de Mateo 18. Un tiempo después, la persona podría decir que no entendió la importancia del proceso, que estaba demasiado enferma para comparecer, que estaba demasiado ocupada, que no era de fácil palabra, que quería poner la otra mejilla, que quería proteger a su acusador quien era realmente la parte culpable, o que estaba convencida de que su acusador había logrado prejuiciar a los líderes de la iglesia contra ella. Cada una de estas excusas suena razonable. Pero el verdadero asunto es que la persona falló en someterse al proceso que el Señor dio a Su Iglesia para procurar justicia. El Señor apoyó este proceso cuando dijo, «y si también [el acusado] rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos» (Mat 18:17). La razón de la expulsión no es solo la acusación original sino también la resistencia a escuchar la iglesia. Entonces, el asunto de la restauración viene a ser si hay evidencia de que la persona escuchará a la iglesia. En el lenguaje de los mártires, podríamos preguntar por qué una persona que dice haberse negado a sí misma y haber tomado su cruz no acató lo que Jesús ordenó.

Los líderes de la Iglesia antigua quizá se preguntaron cómo podían estar seguros de una persona hasta que vieran su reacción bajo la próxima persecución. La respuesta podría ser, en aquel entonces y ahora: «¿La ves negándose a sí misma por la causa de Cristo? Si es así, esa es la fe de los mártires. Démosle la bienvenida a casa».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Drake
Robert Drake

El reverendo Robert Drake es el pastor principal de la Friendship Presbyterian Church en Black Mountain, N.C.

2 – Sois la luz del mundo

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: El sermón del monte

2 – Sois la luz del mundo

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

24 – DRAGONES & DINOSAURIOS

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

24 – DRAGONES & DINOSAURIOS

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org

Texto: Job 40:15 – 42:6
¿Sabía que en la Biblia se mencionan dragones y dinosaurios? Dios está a punto de presentarle a Job a dos animales extraordinarios, el Leviatán y el Behemot – unos animales que ilustrarán y demostrarán el gran poder y la maravillosa providencia de Dios.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Fuera de este mundo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

Fuera de este mundo

Por W. Robert Godfrey 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo III

Toma y lee». Agustín escribió en sus Confesiones (400 d. C.) que había escuchado tales palabras detrás de la pared de su jardín mientras estaba sentado allí leyendo. Tomó una copia de la carta de Pablo a los Romanos que tenía a la mano y sus ojos se fijaron en este texto: «Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne» (Rom 13:13-14).

Agustín estaba convencido intelectualmente de la verdad del cristianismo antes de este famoso incidente en su vida. Pero se dio cuenta que no tenía dominio propio sobre sus deseos sexuales. Sabía el tipo de cristiano que quería ser, pero sentía que su voluntad no cooperaba. Dijo que al leer las palabras de Pablo en Romanos, se convirtió moralmente y fue capacitado para vivir como cristiano a partir de ese momento.

Esta parte de la conversión de Agustín es bien conocida. Lo que no es tan conocido es el título del libro que estaba leyendo cuando escuchó la voz. Él leía la Vida de San Antonio (c. 360) de Atanasio. Este libro ilustra el concepto de la santidad que Agustín persiguió y que en gran medida llegó a influir en el cristianismo.

Demasiado enfoque en la santificación puede llevar al legalismo.

Antonio Abad (c. 251-356) fue uno de los primeros defensores y ejemplo de la vida ascética1 en Egipto, uno de los primeros centros de ascetismo. Antonio Abad abrazó la visión ascética del cristianismo alrededor del año 269. Lo practicó rigurosamente, viviendo como un ermitaño por cerca de 20 años (285-305) y luego formando una comunidad monástica poco organizada.

Antonio Abad creía que su vida ascética era la vida que Cristo y sus apóstoles vivieron. Su autonegación era una nueva forma de martirio por Cristo. Atanasio resume de esta manera el consejo que Antonio Abad le dio a otros ascetas: «Para todos los monjes que vinieron a él, él siempre tuvo el mismo mensaje: tener fe en el Señor y amarlo; para protegerse de los pensamientos lascivos y los placeres de la carne, y, como está escrito en Proverbios, no ser engañados por «la alimentación del vientre», huir de la vanidad y orar constantemente, cantar canciones santas antes y después de dormir, y tomar en serio los preceptos de las Escrituras; tener en cuenta las obras de los santos, para que el alma, siempre consciente de los mandamientos, pueda ser educada por su ardor».

¿Cuál fue la visión ascética del cristianismo que surgió en Egipto e influiría en la mayoría de los cristianos serios, no solo a finales de la Antigüedad sino también a través de la Edad Media y en los tiempos modernos? El cristianismo ascético deriva su nombre de la palabra griega askeo, que significa «entrenar» o «ejercitar». Su significado original se refiere al entrenamiento de los atletas. La visión ascética del cristianismo que encontramos en Antonio Abad, Atanasio y Agustín representa un compromiso radical con la santidad. Querían más que la vida cristiana ordinaria. Querían la vida disciplinada de un atleta espiritual. Querían perseguir la perfección.

Los ascetas hablaron de ir más allá de los mandamientos de Dios que se aplicaban a todos los cristianos. Trataron de cumplir lo que llamaban «los consejos de la perfección» o «los consejos evangélicos». En otras palabras, creían que Jesús había dado consejos que no eran vinculantes para todos los cristianos, pero que ayudarían a aquellos que querían ser especialmente serios en su búsqueda de la santidad. Llegaron a resumir esos consejos en tres puntos: pobreza, castidad y obediencia a los superiores eclesiásticos. Se negaron a sí mismos la propiedad y la familia para vivir una vida siguiendo las prácticas ascéticas de sus comunidades.

El apasionado deseo por la santidad llevó a muchos de los primeros ascetas a buscar la vida solitaria del ermitaño. Vivían solos la mayor parte del tiempo, a menudo en lugares remotos donde creían que luchaban contra demonios. A veces, su abnegación era tan extrema que arruinaban su salud o se volvían locos. Estos extremos de la vida eremita llevaron a muchos a creer que los ascetas estarían mejor en algún tipo de comunidad. Antonio Abad estableció un tipo de visión de comunidad: una comunidad con mucho espacio para las devociones y la disciplina individuales. Pero pronto empezó a surgir otra forma de comunidad mucho más organizada.

Nuevamente, Egipto fue pionero en la forma de vida monástica llamada cenobítica (de una palabra griega que significa «vivir juntos»). El egipcio más influyente en el establecimiento de esta forma de vida ascética fue un hombre llamado Pacomio (c. 290-346). Pacomio fue un soldado antes de adoptar la vida ascética, por lo que llevó al monasticismo la cuidadosa y detallada organización de un campamento militar. A partir de alrededor del año 320 comenzó a establecer monasterios con este modelo y este tipo de monasticismo se volvió dominante tanto en las iglesias de Oriente como en las de Occidente. Estas comunidades estrictamente estructuradas dejaron poco espacio para la individualidad. El día a menudo se dividía en momentos para la oración y el culto comunitarios, para trabajar en apoyo de la comunidad y para dormir. Tomaban las comidas juntos y con frecuencia un monje leía la Biblia mientras los demás comían en silencio.

La Reforma del siglo XVI rechazó la visión ascética del cristianismo de manera tan decisiva que a muchos protestantes de hoy les resulta difícil entender qué pudo haber tenido de atractiva. Tendemos a descartarla como legalista, farisaica, negadora de la creación y antibíblica. Creo que esas críticas son precisas. Sin embargo, aquellos que adoptaron el ascetismo, lo vieron como la vida cristiana más devota y disciplinada en la búsqueda de Dios y la santidad. A veces pienso que lo que hace que la vida ascética sea tan incomprensible es nuestra actual indiferencia a la santidad.

Los cristianos han seguido la vida cristiana entendiendo que buscan vivir para Cristo en un mundo en el que los efectos del pecado se manifiestan de tres maneras distintas. Primero, el pecado nos hace culpables ante Dios y nos exige una vida en la que el veredicto de culpabilidad pueda revertirse. Segundo, el pecado nos deja corruptos en nosotros mismos y nos exige una vida renovada para la búsqueda de la santidad. Tercero, el pecado nos deja en un mundo de miseria y nos exige que busquemos aliviar a los demás de esa carga de miseria. El pecado nos lleva a buscar la justificación en respuesta a nuestra culpa, la santificación en respuesta a nuestra corrupción y la transformación en respuesta a la miseria del mundo.

La dificultad que los cristianos han enfrentado ha sido el hallar un equilibrio adecuado para estos asuntos. El peligro está en que uno tienda a dominar a los demás de una manera poco sana. Demasiado enfoque en la justificación puede llevar al antinomianismo. Demasiado enfoque en la transformación puede llevar al liberalismo. Demasiado enfoque en la santificación puede llevar al legalismo. El tipo de ascetismo que surgió en Egipto constituyó una seria preocupación por la santificación que fue demasiado lejos y que utilizó métodos no bíblicos. Pero el deseo de los ascetas por la santidad debería inspirarnos.

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1 El ascetismo es la enseñanza de que la espiritualidad se alcanza mediante la renuncia a los placeres físicos y los deseos personales mientras se concentra en asuntos «espirituales». (Stanley Grenz, David Guretzki, and Cherith Fee Nordling, Pocket Dictionary of Theological Terms (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1999), 16.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
W. Robert Godfrey
W. Robert Godfrey

El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.

La Importancia de la Santidad

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 4

La Importancia de la Santidad

Introducción: Breve reseña de las 3 primeras semanas

Comencemos con un pequeño recordatorio de lo que hemos estado haciendo hasta ahora.

Semana 1 – comenzamos estableciendo una definición de discipulado, lo cual definimos como: la exhortación intencional de los cristianos bajo el fundamento de relaciones amorosas deliberadas y entrenamiento en la Palabra de Dios. Intencional o deliberado es la palabra operativa aquí, y esto no sucede pasivamente. También hablamos acerca de como serás un instrumento de la verdad, comunicando a los demás lo que Dios te ha dado.

Semana 2 – Reflexionamos acerca de las razones por las que debemos discipular – para tu gozo y para la gloria de Dios. Estuvimos sorprendidos de la primera razón porque habíamos asumido que tener gozo en hacer esto podía ser egoísta, pero vimos el ejemplo de Pablo de como él sentía un gran gozo por el fruto del discipulado fruto de su obra y de ministrar a los demás. También quisimos ser cuidadosos al no decir que esto se trata de nosotros, sino de enfocarnos en lo correcto—la gloria de Dios. Él es el único que sembrará la semilla en el corazón de las personas, y por tanto es quien también producirá la cosecha. Nosotros simplemente tenemos el privilegio de ser un medio que Dios utiliza para ayudar a otros.

Semana 3 – Reflexionamos acerca de las barreras, excusas y temores del discipulado. Recuerda algunos ejemplos: «no quiero estar en una posición de autoridad» o «no tengo tiempo.» En cada caso, vimos como la Biblia elimina nuestras excusas y temores y nos lleva nuevamente a vivir sin excusas.

Durante las próximas semanas comenzaremos a reducir nuestro enfoque un poco mientras estudiamos aspectos específicos del discipulado, como estudiar la Escritura juntos, leer un buen libro juntos, ministrar a personas heridas, etc. Sin embargo, hoy queremos ver como el discipulado puede producir santidad personal en la vida de las personas involucradas en una relación de discipulado.

Mi objetivo para nuestro tiempo juntos es que entendamos el lugar que la santidad tiene en una relación de discipulado y que reflexionemos de manera práctica sobre cómo podemos motivarnos a la santidad personal.

EL OBJETIVO FINAL DEL DISCIPULADO – OBEDIENCIA

Comencemos reflexionando acerca de la importancia de la obediencia en la vida cristiana. Sobre todas las cosas, el discipulado finalmente nos lleva a la obediencia las palabras y mandatos de Cristo. Ese es el gran objetivo del discipulado. Una persona puede leer todos los libros cristianos del mundo u orar con otro cristiano de mayor edad todos los días, pero si no hay un verdadero cambio en su vida marcado por una obediencia en aumento hacia Cristo entonces esa persona es muy probable que no sea un discípulo. El discipulado no se trata simplemente de un cambio de conducta, sino de corazones cambiados que llevan vidas cambiadas.

Existen dos razones por las que la obediencia es un objetivo importante de cualquier relación de discipulado.

Primero, la obediencia es importante porque Dios es glorificado en la manera en que vivimos. Dios es glorificado en nuestras vidas conforme reflejamos su carácter al mundo que nos rodea, no sólo a través de lo que decimos sino de la forma en que vivimos. Si nos llamamos cristianos pero vivimos de una manera que es claramente contraria al carácter de Dios, entonces estamos haciendo que los que nos rodean tengan una mala interpretación de Dios.

Otro versículo, Filipenses 1:9-11« Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.» ¿Por qué Pablo desea tanto que su amor por Cristo crezca/abunde? Fíjate en la palabra que los une «a fin» – denota que el propósito viene después. A fin de que puedan «discernir (aprobar) lo que es mejor» (para que puedan decir no al pecado) y «sinceros e irreprensibles» (es decir, que puedan ser santos). ¿Y ese es el objetivo supremo de estas cosas? «¡Para la gloria y alabanza de Dios!» Una vez más, vemos que mucho amor tiene como resultado mucha obediencia. Ambas tienen una relación muy estrecha.

Si la manera en que vivimos alaba el evangelio que profesamos, entonces daremos gloria a Dios y un poderoso testimonio de la verdad del evangelio. La regeneración se trata finalmente de glorificar a Dios.

Segundo, la obediencia es importante porque es una marca de los verdaderos cristianos. La obediencia se manifiesta en aquellos que aman a Dios.

Jonathan Edwards pasó mucho tiempo considerando todas las marcas de la conversión que asistieron la obra del Espíritu durante el gran avivamiento. Al final concluyó diciendo que el crecimiento en santidad personal con el tiempo era la mayor y más confiable evidencia de una verdadera obra del Espíritu. Es lo mismo para nosotros hoy en día.

Un cambio interno (por ejemplo, un amor por Cristo) debe manifestarse a través de un cambio externo de vida (por ejemplo, mayor obediencia). Piensa en Juan 14:15, «si me amáis, guardad mis mandamientos.» Existe una relación inevitable entre nuestro amor por Cristo y nuestra obediencia a Cristo. Nuestro amor por Cristo produce en nosotros un deseo de agradarle. Si verdaderamente hemos sido regenerados y tenemos al Espíritu Santo morando en nosotros, nuestro mayor deseo será hacer la voluntad de Cristo.

1 Juan 1:3-6«lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad.»

¿Cómo sabemos que estamos en Cristo? ¡Es por medio de nuestra obediencia! ¿Qué dice Juan acerca de la persona que dice, «conozco a Cristo» y no obedece sus mandatos? ¡Esa persona es mentirosa! ¡Eso puede sonar como una declaración dura, pero es importante para nosotros entender que la prueba final del cristianismo en una vida cambiada marcada por un aumento de la santidad personal!

Esto significa que una razón por la que queremos ayudar a alguien a vivir una vida que se caracterice por una gran obediencia, es que la obediencia le dará una oportunidad de mostrar el amor que tienen hacia Dios proveyendo así la seguridad de su salvación. Obviamente, esa obediencia no les hace creyentes sino que nos muestra lo que hay en su corazón.

Entonces, ¿suena esto al revés? Si veo un campo de flores y quiero agrandarlo y hacer que brille más, no hago eso masajeando las hojas y pintándolas de colores más brillantes. Claro que no. Le echo agua a las plantas y las cuido, sabiendo que si las plantas están saludables los colores de las flores serán más brillantes. Así como los nutrientes y el agua son necesarios para producir flores más grandes y brillantes, la fe es la fuente de la obediencia. Y si la fe es la fuente de la obediencia, ¿por qué hablamos tanto acerca de la santidad y la obediencia? ¿No deberíamos en su lugar hablar acerca de la fe?

Si alguien es cristiano, entonces obedecerá a Dios. Eso es verdad parte de tu responsabilidad como discipulador es ayudarles a crecer en su obediencia a Dios. Y dices, «¿Cuál es el punto?» Ellos lo harán de todos modos si son cristianos. Es verdad, Dios hará que sus verdaderos hijos produzcan fruto, sin embargo, ¿tal vez Dios puede usarte para ayudar a producir ese fruto de obediencia? Tú puedes ser un medio que Dios utilice para ayudar a promover una mayor obediencia en su vida.

Además, es importante para nosotros darnos cuenta de que no solo buscamos cambios externos ni conocimiento teológico interno. Buscamos motivar un crecimiento y conocimiento interno que dé lugar a una vida más piadosa, un mayor amor por los cristianos y los perdidos, y una vida de santidad que muestre evidencias de un corazón cambiado y maduro. La verdad no es buena si vive en una torre de marfil. Debe mostrar evidencia a través de la manera en que cambia la forma en que vive, promoviendo así un corazón renovado y una vida redimida.

Existe una paradoja aquí que es importante abrazar si vamos a ser efectivos y útiles en discipular a otros. Reconocemos que el verdadero arrepentimiento y la obediencia es algo que solo Dios puede producir. Y por tanto nos llama a ayudar a motivar la santidad en nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

Recuerda, eres el canal de la obra de Dios en la vida de esa persona. Por tanto, no debe ser una sorpresa que te encuentres ante todo ayudando a promover algo en ellos que Dios ya ha prometido hacer. El gozo del discipulado es ver a Dios cumplir su obra prometida a través de ti, no hacer algo que Dios nunca podría hacer cumplir por sí mismo sin tu ayuda. Pero permíteme recordarte también que tu objetivo no es el cambio de comportamiento sino la madurez en Cristo. Si una persona cambia su comportamiento simplemente para agradarte, entonces no has tenido éxito en glorificar a Dios, ni le has mostrado como expresar amor por Cristo a través de la obediencia, ni le has ayudado a alcanzar la verdadera seguridad de su salvación. Pero si puedes ayudarles a identificar áreas de su vida que necesitan aumento de obediencia, y si puedes ofrecer motivación y sabiduría en esa tarea, entonces le has ayudado en una manera que será útil para ellos.[PAUSA PARA PREGUNTAS]

MOTIVANDO LA SANTIDAD EN EL DISCÍPULO

Por tanto, ¿cómo es que podemos motivar la santidad en la vida de alguien que estamos discipulando? Comencemos por diferenciar entre lo que sucede inmediatamente y lo que llegar a ser un proceso gradual cuando alguien se convierte en cristiano.

La Biblia habla acerca de diferentes cosas que cambian inmediatamente luego de la conversión de una persona. (haz que varias personas busquen estos versículos)

Juan 5:24«De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.» Jesús dice que la condición de la persona cambia inmediatamente. Existe un cambio de perspectiva en la vida y una nueva esperanza en la promesa de salvación de Dios. Eso puede hacer una gran diferencia en la manera como una persona maneja las dificultades casi de forma inmediata (ver también Ef. 5:8Ro. 6:18He. 12:18-24).

Marcos 1:8«Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Una de las cosas luego de la conversión es que el Espíritu Santo hace morada en nosotros. Como resultado, tendremos una mayor convicción del pecado; nuestras consciencias serán más sensibles. (ver también Ro. 8:13-141 Co. 3:16Gá. 5:16-26).

Marcos 2:5, «Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.» Nuestros pecados son perdonados de manera inmediata, lo cual es otro efecto instantáneo de la conversión. Esa verdad puede ser la fuente de un nuevo optimismo acerca de la vida, o una gratitud hacia Dios (ver también Ro. 8:11 Jn. 1:9He. 10:12-14).

Cuando una persona se convierte su identidad cambia. Es un recién justificado, recién convertido discípulo de Cristo. Ya no es más lo que era sino que ahora tiene una nueva condición, una nueva vida y un nuevo gozo en Cristo. Sin embargo, esto no significa que todos sus malos hábitos y deseos desaparecerán de forma mágica. Observa en algún momento a Romanos 6. Es un pasaje maravilloso acerca del poder del cristiano sobre el pecado. No obstante, es interesante ver que Pablo nunca dice una palabra acerca de que la tentación es quitada. La misma idea es expresada en Gálatas 5:16-17. Aún después que somos cristianos, la naturaleza pecadora continúa luchando contra nosotros. Aunque como cristianos tenemos el poder del Espíritu Santo para ayudarnos a vencer cada vez más el pecado.

Los discipuladores frecuentemente hacen las cosas al revés. Muchas veces queremos ver los malos hábitos y deseos desaparecer inmediatamente en aquellos que estamos discipulando. ¡No esperes eso! Espera ver el Espíritu de Dios obrar efectivamente para quitar esos deseos y hábitos durante un período de tiempo. Los teólogos se refieren a esta santificación progresiva como nuestra conformidad gradual y en aumento hacia la imagen de Cristo. Puede que el cambio sea rápido y dramático o puede que sea lento y con interrupciones. Dios no promete que siempre será de una u otra manera, pero promete que sucederá así que no te rindas o desanimes si no sucede inmediatamente.

Más bien, lo que buscas en un discípulo de Cristo es un carácter en formación que puede ser definido como fortaleza moral o formación. Romanos 5:3-4 nos dice como es desarrollado el carácter. «Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.» En nuestros sufrimientos y luchas aun con el pecado, Dios está desarrollando carácter en nosotros. ¿Y por qué el carácter produce esperanza? Porque cuando vemos la fidelidad inquebrantable de Dios sosteniéndonos a través del sufrimiento, aprendemos a depender de Él más y más. Recuerda, el objetivo aquí no es un cambio de comportamiento porque eso nunca alcanzará las metas que tenemos de darle gloria a Dios y ofrecer seguridad de salvación. Tu objetivo es trabajar gentil y amorosamente en ayudar a fortalecer el carácter moral de la persona que estas discipulando para que en por sí misma pueda vivir una vida de gozo para el deleite y la gloria de Dios.

Por tanto, de manera práctica, ¿cómo motivamos la santidad en las vidas de aquellos que discipulamos?

Primero y ante todo, ora para que Dios te de conocimiento de sus luchas con el pecado y sabiduría sobre como puedes ser de ayuda para ellos.

Segundo, asegúrate de discutir modelos de obediencia en la Escritura o varios mandatos bíblicos en los que discutas como comparar sus vidas. La Biblia es la mejor herramienta diagnóstica que tienes para ayudar a esa otra persona a ver el pecado en su vida. Utilízala.

Tercero, no dejes de compartir las preocupaciones que puedas tener acerca de diferentes aspectos de su vida. Algunas veces, el pecado está claro y es tu trabajo confrontar a tu amigo con la realidad de lo que está haciendo. «¿Entiendes de la Escritura que mentir es pecado?» «¿Pero sigues mintiéndoles a tu jefe?» «¿Estas en la disposición de cambiar y dejar de vivir de esa manera?

Sin embargo, es caso más frecuente es que las cosa no están tan claras. Algunas veces, puedes sospechar que hay una actitud pecaminosa detrás de alguna acción pero nunca puedes estar seguro. Aunque sea incómodo, y aunque puedas estar equivocado, como hermano o hermana en Cristo con una relación estrecha con esta persona, es tu responsabilidad hacerle preguntas difíciles y estar dispuesto a hablarles acerca de ello. No obstante, mientras haces eso recuerda que no conoces sus motivos o ni tampoco tiene una imagen perfecta como vive su vida. En humildad, explica que aunque solo Dios conoce el estado de su corazón ante Él, desde tu perspectiva la manera en que describe una situación en particular o la respuesta a los demás con relación a una acción específica te ha hecho preocuparte de que puede haber una actitud pecaminosa oculta. Luego discute con ellos si llegan a la misma conclusión mientras son honestos acerca de su corazón ante Dios.

Algunas veces, el asunto no es que el estado de su corazón no está claro, es que su actitud no es necesariamente pecaminosa sino simplemente imprudente. Esto parece presentarse mucho en relaciones de pareja y asuntos de finanzas. Tal vez están empleando mucho tiempo solo y se están tentando sexualmente. Tal vez gastan mucho en cosas que parecen necias. Obviamente, no eres su padre ni tampoco la policía del pensamiento pero como alguien en quien también mora el Espíritu de Dios, pienso que es bueno compartir con ellos la sabiduría y experiencia que Dios te ha dado. Recuérdales que nuestro objetivo como cristianos no es simplemente evitar el pecado sino buscar obediencia y sabiduría. Y adviérteles sobre las consecuencias potenciales de seguir en el camino en que están.

Cuarto, en la medida en que Dios hace cosas buenas en tu vida, no dejes de mantenerte como un ejemplo. Sabemos que no eres perfecto, pero tu vida puede ser muy útil como modelo para desarrollar los principios de la Escritura en un formato muy práctico. Dale el crédito a Dios por la cosas buenas que ha hecho en ti, y permítele utilizar esas buenas obras para motivar a otros cristianos. Cuida siempre de darle la gloria y el honor a Dios.

Quinto, asegúrate lo más que puedas de que cualquier persona que discipules se encuentre bajo la autoridad de una iglesia local (preferiblemente la tuya).

Brian Fujito, uno de los ancianos de Capitol Hill Baptist Church escribió lo siguiente acerca de la importancia de la iglesia local en el discipulado:

En dos ocasiones en mi vida he discipulado individuos que se envolvieron en pecados escandalosos e impenitentes. En una situación, la persona en primera instancia no estuvo de acuerdo en que lo que hacía era pecaminoso. Tuvimos largas conversaciones juntos y con uno que otro amigo cristiano que sabía que él respetaba. En última instancia y debido a que no era miembro de una iglesia local, al final del día, todo lo que pude ofrecer fue mi opinión sobria. En la segunda situación, la persona nuevamente no estuvo de acuerdo en que lo que hacía era pecaminoso, por lo menos no inicialmente. Pero yo no estaba solo porque era miembro de mi iglesia. Por tanto, recibí ayuda de otras personas de la congregación, de los ancianos, y finalmente de la iglesia como cuerpo mientras ejercía la disciplina de iglesia [excluyéndolo de la membresía.] Esa fue una experiencia desalentadora y difícil, pero sabía que donde terminaban mis esfuerzos era respaldado por la fuerte autoridad de toda una comunidad de creyentes cristianos. La disciplina de iglesia es un respaldo importante mientras motivas a las personas hacia la santidad personal. – Brian Fujito

Con esto no estoy sugiriendo que debes verte como el policía de la santidad o que tu trabajo es reunir y escoger cada detalle. Para algunos de ustedes, puede ser una gran tentación ejercer un control arbitrario de la vida de alguien, y para ti esto es algo que necesitas abordar en tu propia vida para no hacer daño a otros. Recuerda que el autor de los Hebreos nos dice que consideremos como motivarnos unos a otros hacia el amor y las buenas obras, sin exasperarnos o criticarnos unos a otros hacia la santidad.

LA SANTIDAD EN EL DISCIPULADOR

Una manera clara en que puedes evitar tener una actitud no saludable en el discipulado, es que tú también debes estar creciendo en santidad. Y mientras lo haces, Dios te usará como un ejemplo beneficioso en la vida de aquellos a quienes estas discipulando.

Después de todo, ¿cómo es que un discípulo aprende como luce ser santo? Observa Juan 13:15. Cristo le dice a sus discípulos, «Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.» Jesús modeló todo lo que los discípulos necesitaban saber acerca de la santidad. Él no solo les dijo como ser santos, sino que les mostró como hacerlo.

De la misma manera, nosotros como discipuladores debemos también ser santos para establecer un ejemplo a aquellos que estamos discipulando. Observa estos pasajes:

  • 1 Corintios 11:1, «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.»
  • Filipenses 3:17, «Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.»
  • 1 Tesalonicenses 1:6«Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo.»
  • 2 Timoteo 1:13«Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús.»

Todos estos pasajes hablan acerca del ejemplo de Pablo hacia los creyentes. Pablo esperaba que los demás siguieran su ejemplo. ¿Es eso algo único de un apóstol? No. Lee Tito 2:7 – aquí Pablo le dice a Timoteo que sea un ejemplo para los hombre jóvenes. Ahora leemos 1 Timoteo 4:12 – una vez más le dice a Timoteo, un hombre joven, que sea un ejemplo para los creyentes. Ser un ejemplo para los demás es el deber de cada cristiano y una de las maneras más importantes en que enseñamos y aprendemos acerca de la santidad.

¿Cuáles son algunas maneras en que aseguramos que permanecemos santos en nuestra propia vida?

  • Asistencia regular a la iglesia
  • Tiempo personal regular con el Señor
  • Lectura regular acerca del carácter de Dios en su Palabra
  • Rendición de cuentas regular a otros cristianos de tu iglesia
  • Esfuerzo regula por servir a otros (especialmente tu iglesia)
  • Etc.

Ser ejemplo no significa que siempre haremos lo correcto. Después de todo, todos seguimos estando en pecado. ¡El proceso de ser hechos santos continúa sucediendo aun en el discipulador! Sin embargo, significa que aun cuando pecamos los cristianos más jóvenes ven la manera como manejamos ese pecado. ¿Nos reímos de esto, o es un asunto serio? ¿Hacemos cambios, o esperamos que nadie diga nada? Es seguro que esto nos hace vulnerables, pero no existe una mejor manera para un cristiano joven aprender que vernos luchar para ser santos.

Conclusión

Pablo escribe en 1 Corintios 9, «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado» (24-27). Él quiere que nosotros lleguemos al final.

No sé si alguna vez has escuchado a aquellos que han cuidado bien de otros, han sido fructíferos en discipular a otros, y aun así ellos (al final de la historia) no terminan la carrera.

No permitas que ese seas tú. Aunque su santidad es importante, la tuya también lo es.

Resumen

  • Crecer en santidad personal es un objetivo primario de nuestra exhortación en las relaciones de discipulado.
  • Un discipulador fiel motivará de manera específica una mayor santidad en cualquier amigo que se encuentre discipulando.
  • Crecer en santidad es esencial para todos los cristianos… el discipulado y el discipulador por igual.

Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

05 – Mi experiencia con Dios – Dios habla (I)

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Mi experiencia con Dios

05 – Mi experiencia con Dios – Dios habla (I)

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

Desenmascarando la herejía

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

Desenmascarando la herejía

Por John D. Hannah

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo III

Nuestros predecesores se habrían ahorrado mucho tiempo, esfuerzo y dolor si Dios nos hubiera dado un glosario de términos cuando se reveló a nosotros a través de las Escrituras. La Biblia no es una teología sistemática, con todas las preguntas difíciles, que nosotros podríamos exigirle, claramente respondidas en oraciones completas formando un bosquejo perfecto. En ciertas maneras, no es un libro fácil de entender.

Hay varias razones para esto. Primero, en el libro que nos dio, Dios se describe como incomprensible, más allá de nuestro entendimiento. Si bien Dios verdaderamente se ha revelado a Su pueblo, Él no ha querido revelarse completamente. Segundo, y estrechamente relacionado con la idea anterior, si bien Dios en Su gracia ha condescendido a hablarnos en símbolos lingüísticos que podemos entender, el lenguaje finito no es capaz de captar con precisión la realidad infinita. En tercer lugar, las mentes de los redimidos están deterioradas por el pecado remanente que se adhiere a todas nuestras facultades y lo continuará haciendo hasta que recibamos nuestros cuerpos nuevos en la resurrección final. Cuarto, el diablo y su séquito batallan contra la verdad, aprovechando cada instancia posible para pervertir nuestras mentes, distorsionar nuestros afectos y desviar nuestras voluntades.

Aceptamos muchas cosas porque Dios se ha revelado a nosotros por Su Espíritu, dando testimonio de la viva Palabra de Dios, Cristo, a través de las páginas de la Biblia. Si bien es difícil para la mente humana comprender estas cosas, afirmamos que es irracional creer lo contrario. Entre las verdades que son difíciles para los que no han conocido al Salvador es la naturaleza trinitaria de la Deidad, la Trinidad. Sin embargo, esta visión es la base sobre la cual se levanta el cristianismo. Si Dios no es trino, Él no es el Redentor, ya que la Biblia es clara en que uno solo es salvo a través de la obra trina de Dios (el Padre redimiendo, el Hijo comprando y el Espíritu aplicando por medio de Su morada; Ef 1:3-14). La verdad de que Jesucristo es Dios (Jn 1:1) es parte integral del mensaje del evangelio.

Pero ¿cómo puede alguien con coherencia racional creer la verdad de Deuteronomio 6:4 («El SEÑOR uno es») y la verdad de que Dios es tres (Mt 28:192 Co 13:14)? ¿Cómo expresar la singularidad de Dios y al mismo tiempo afirmar la pluralidad de Dios, Su unidad y Su trinidad? O, para exponer el problema con el que luchó la Iglesia primitiva, ¿cómo puede alguien confesar que Dios es uno y, sin embargo, confesar que Jesucristo es Dios? No es una pregunta fácil. Y aun así, los padres de la Iglesia primitiva entendieron que era esencial el encontrar una respuesta. Ignacio de Antioquía, un discípulo de Juan el apóstol, se refirió a Cristo con palabras tales como «Dios encarnado», «nuestro Dios» y «Dios manifestado como hombre» (Ignacio de Antioquía, «Carta a los efesios», caps. 7:2 y 19:3). Y Tertuliano (c. 160-225) acuñó el término trinidad al hablar de la Deidad de esta manera: «Si bien yo siempre mantengo una única sustancia en tres (personas) coherentes e inseparables, sin embargo estoy  obligado a reconocer… que Aquel que ordena es diferente de Aquel que ejecuta» (Contra Práxeas, 12).

Tomó tres siglos de discusión, avivada por críticos fuera de la Iglesia (que usaron el aparente dilema para atacar su credibilidad) y por maestros dentro (que enseñaron el error mientras pretendían defender la verdad) hasta llevar a la Iglesia a los concilios de Nicea (325) y de Constantinopla (381). En esas reuniones, nuestros antepasados resolvieron el problema al eliminar formas erróneas de definir la relación entre el Padre y el Hijo y al declarar la verdad en un credo.

La aparición de dos intentos erróneos de explicar la diversidad y la unidad en la Deidad condujo las cosas a una resolución. Una de ellas fue la enseñanza llamada adopcionismo o monarquianismo dinámico (este último término, acuñado por Tertuliano, se refiere a la singularidad de Dios, que Dios es uno). Esta visión planteaba la solución subordinando el Hijo al Padre. Los defensores del modalismo, como Pablo de Samósata y, más tarde, los arrianos, los socinianos y figuras del actual movimiento liberal dentro de la cristiandad, argumentaron que Jesucristo no posee una igualdad absoluta con el Padre. Más bien, debido a las habilidades, la moral y las ideas únicas de Jesús, Dios escogió honrarlo con el título «Hijo de Dios» (una designación no ontológica).

La influencia del modalismo presentó un peligro igual o incluso mayor para la salud de las iglesias porque varios obispos de Roma (papas) lo adoptaron en el siglo III. En un intento por preservar la verdad de la unidad de Dios, varios eclesiásticos enseñaron que los nombres de Dios expresan múltiples manifestaciones de Dios. Dios es uno y se revela a Sí mismo, no en varias personas, sino que se metamorfosea en la apariencia de uno o de otro, ya sea como Padre, como Hijo o como el Espíritu Santo. Tertuliano resumió la visión de Práxeas, declarando: «Es imposible creer en un solo Dios a menos que se diga que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son la mismísima persona» (Contra Práxeas, 2).

La persona cuyo nombre en la práctica se identificó con el modalismo fue Sabelio de Pentápolis. Gregorio Nazianceno, el obispo de Constantinopla del siglo IV, criticó a Sabelio diciendo: «Porque tampoco el Hijo es el Padre, porque el Padre es Uno, pero el Hijo es lo que el Padre es; tampoco el Espíritu es el Hijo porque Él es de Dios, porque solo hay un Hijo: el Unigénito; pero el Espíritu es lo que el Hijo es. Los tres son Uno con respecto a la Divinidad, y el Uno es tres respecto a Sus características» (Los cinco discursos teológicos, 5.9).

Mientras la posición adopcionista, que fue condenada en el Sínodo de Antioquía en el año 269 d. C., parecía preservar la unidad de la Divinidad denigrando la deidad de Cristo, la visión modalista exageró la unidad de la Divinidad, destruyendo el carácter distintivo de las personas en Ella.

La persecución romana del cristianismo terminó a principios del siglo IV. La defensa del cristianismo y la tranquilidad en el imperio se volvieron tan importantes que el emperador Constantino convocó al primer gran consejo en la historia de la Iglesia para resolver la controversia sobre la relación entre el Padre y el Hijo. De los obispos que se reunieron en Nicea, cerca de Constantinopla, tres partes se hicieron evidentes: los que temían el adopcionismo, los que temían el modalismo y una mayoría que no parecía haber comprendido la gravedad de los problemas.

El Credo Niceno del 325 no acabó con el acalorado conflicto. Atanasio sintió que era un golpe mortal para cualquier intento de subordinar el Hijo al Padre pero otros pensaron que permitía el error del modalismo. En consecuencia, la controversia continuó en la Iglesia durante décadas, hasta el Concilio de Constantinopla (381 d. C.). Allí, con las definiciones cuidadosamente elaboradas por los eclesiásticos, la relación de las tres personas divinas fue finalmente aclarada. Se estableció que la Divinidad era una en esencia, una comunidad compartida de características a las que llamamos los atributos de Dios. Además, tres personas distintas comparten este fondo de atributos comunes y lo comparten por igual. Por lo tanto, es apropiado hablar de la Deidad como compuesta por Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.

Aun así, la explicación modalista de Jesucristo no se extinguió con el rechazo por parte de la Iglesia en el siglo IV. El «padre del liberalismo moderno», Friedrich Schleiermacher (1768-1834), explicó la Trinidad como una manifestación múltiple de la conciencia de Dios; él rechazó la noción de distintas personas en la Deidad. Incluso hoy en día, la Iglesia Pentecostal Unida niega la existencia de las tres personas en la Deidad.

En última instancia, los enfoques modalistas de la Trinidad de Dios convierten la Biblia en un caos. El uso de frases tales como «Hagamos» en la narrativa de la creación indica la pluralidad de número en la Divinidad. Además, en el bautismo de Cristo, Dios habla desde el cielo y dice: «Este es mi Hijo amado». No dijo: «Me estoy hablando a Mí mismo». El modalismo hace a Dios un esquizofrénico furioso. Sin embargo, una lectura cuidadosa de tales pasajes de la Biblia nos lleva a creer que hay distintas personas en la Deidad. Este entendimiento de las Escrituras es un precioso legado de nuestros padres de la Iglesia primitiva.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John D. Hannah
John D. Hannah

El Dr. John D. Hannah es profesor y presidente del departamento de teología histórica del Seminario Teológico de Dallas, Texas.

102 – «La Lectura, ¿sabes lo que vas a leer en el año?»

Entendiendo los Tiempos

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

102 – «La Lectura, ¿sabes lo que vas a leer en el año?»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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