Pecado mortal (1 Jn. 5:14-17) – 23/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

23. «Pecado mortal» (1 Jn. 5:14-17)

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Audacia y claridad para ser luz en el mundo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Audacia y claridad para ser luz en el mundo

Rosaria Butterfield

En este mundo poscristiano, nuestra teología se exhibe en todo lo que hacemos y decimos. Tomemos, por ejemplo, la puerta del ático que colgaba de una bisagra rota en la casa de los Butterfield el miércoles 9 de noviembre de 2016, y a Phil, el manitas del vecindario que vino a repararla. Cuando Phil aceptó el trabajo y vino a casa, le di la bienvenida, le mostré la puerta del ático, me aseguré de que supiera que el café en la cafetera era para él, y luego seguí con las lecciones de mis hijos, a quienes educo en casa.

Pero en un rato lo escuché. Alguien estaba llorando.

Phil estaba en lágrimas. Había terminado el trabajo y estaba sentado en mi cocina, con la cara entre sus manos callosas, sollozando. Pregunté por qué, y me dijo sin rodeos que los cristianos son personas peligrosas, y que las elecciones pasadas en los Estados Unidos lo habían demostrado. Se preguntaba cómo podíamos seguir siendo amigos si no estábamos de acuerdo en cuanto a los valores básicos, y cómo yo podía creer las cosas que creía.

Phil y yo hemos sido vecinos por años. Vamos a las mismas barbacoas, a los mismos funerales y a las mismas fiestas vecinales. Nos hemos prestado jaulas para perros, devuelto las bicicletas de nuestros niños y compartido bulbos de iris. Pero al día siguiente de ir a las urnas, las líneas fueron trazadas. La pregunta de Phil era clave: ¿Podemos confiar en personas que tienen una cosmovisión diferente a la nuestra? ¿Hacia dónde nos dirigimos a partir de ahora? Si ni siquiera podemos conversar con otros, ¿cómo vamos a compartirles el evangelio? 

Acerqué un taburete a la mesa de la cocina y lloramos juntos. A veces no hay otra cosa que hacer ante un mundo tan dividido. 

Estos tiempos se caracterizan por la intolerancia en la sociedad, y esto hace que seamos tentados a suavizar las verdades difíciles de la fe, a temer que nuestra opinión pública nos dé una mala reputación, a volver a trazar las líneas dadas por Dios para no tener que amar ni hablar con la audacia del evangelio. Somos tentados a tratar de «equilibrar» la gracia y la verdad.

Para vivir con audacia y claridad de modo que seamos luz para el mundo, tenemos que amar a nuestro prójimo sacrificialmente y vivir nuestras vidas con una transparencia evangélica.

Muchos critican a las iglesias confesionales fieles y a sus pastores y ancianos, desconcertados porque estos no se postran ante los ídolos gemelos de la cultura actual: la orientación sexual (la creencia de que tu deseo sexual te define ontológicamente) y la interseccionalidad (la creencia de que tu identidad en realidad se mide en función de cuántos estatus de víctima puedes reclamar, con una dignidad humana que solo se acumula a través de la intolerancia al desacuerdo de cualquier índole). ¿Qué hacemos entonces? 

Podemos aprender de la Iglesia primitiva, que en el segundo siglo enfrentó oposición en dos frentes: persecución desde afuera y falsa doctrina desde adentro.

La persecución llegó a la Iglesia del segundo siglo cuando los cristianos se negaron a confesar a César como Señor. Es útil saber que a los cristianos del segundo siglo que vivían en Roma no se les pedía que negaran a Jesús directamente. Jesús podía simplemente ser uno más entre los muchos dioses. Pero Roma veía la profesión de la exclusividad de Cristo como una traición, y eso era una ofensa capital. Cristianos jóvenes y ancianos fueron ejecutados por profesar la exclusividad del señorío de Cristo. Y en medio de la persecución, la Iglesia creció en gracia y en tamaño, y el evangelio se extendió hasta los confines de la tierra.

La falsa doctrina siempre viene de dos formas: una es antagónica, estableciéndose como una clara oposición a la verdad del evangelio; la otra es canibalística, queriendo comerse vivo al poder del evangelio al afirmar falsamente que este último resalta lo que la cultura ya sabe que es verdad. Nuestra propia cultura, al igual que la del segundo siglo, presenta una falsa doctrina canibalística, una que quiere promover la gracia del evangelio sin la sangre de Cristo o sin Su poder de resurrección. Un ejemplo de la falsa doctrina canibalística de nuestros días sería el eslogan del movimiento LGBTQ: “El amor gana”. La misma palabra; diferente cosmovisión.

¿Qué podemos aprender de los cristianos del segundo siglo? Primero, ellos sabían que si la verdad del evangelio no estaba acompañada de una gracia diaria, sacrificial y hospitalaria, sería ineficaz. Es importante que estemos dispuestos a compartir la verdad bíblica que creemos, y también a sufrir por ella. Segundo, ellos sabían que la falsa doctrina es mucho más peligrosa que la persecución. Nosotros, los cristianos occidentales del siglo XXI, con frecuencia creemos todo lo contrario. Y debido a que le tememos más a la persecución que a la falsa doctrina, muchas veces somos ineficaces al ofrecer la enseñanza bíblica que mejor comunica la verdad y la gracia del evangelio.

Para vivir con audacia y claridad de modo que seamos luz para el mundo, tenemos que amar a nuestro prójimo sacrificialmente y vivir nuestras vidas con una transparencia evangélica. Debemos arriesgarnos y amar a nuestros prójimos lo suficiente como para que sepan qué dice Dios acerca de nuestro pecado y nuestro sufrimiento. Nuestro prójimo necesita saber quiénes somos realmente y a quién servimos. No para que podamos estar de acuerdo en que estamos en desacuerdo, sino para que podamos estar en desacuerdo y aun así cenar juntos, y al final de la cena abrir la Palabra de Dios y discutir lo que allí se encuentra. Necesitamos ser transparentes al compartir las Escrituras, algo que Dios ha ordenado a Su pueblo. Es en estos lugares incómodos y honestos, estos lugares donde vemos la imagen de Dios en los demás a pesar de los abismos que nos separan, que el evangelio puede comunicarse con integridad. Pero esto solo sucederá si nos atrevemos a arriesgarnos. Porque para reflejar la imagen de Dios en conocimiento, justicia y santidad, necesitamos hacer más que simplemente asentir y sonreír. En nuestro mundo poscristiano, nuestras palabras no pueden ser más fuertes que nuestras relaciones. Esto significa que debemos prepararnos para la ardua labor de construir relaciones sólidas y para enfrentar los peligros de hablar la verdad del evangelio. Debemos aprovechar los conflictos y no ser demasiado sensibles a lo que las personas nos digan o a lo que digan de nosotros. Debemos proclamar a Cristo crucificado, y aprovechar cada oportunidad para hacerlo. Esto es lo que significa ofrecer a nuestro mundo poscristiano una verdad cristiana que es auténtica y audaz. 

No estamos llamados a equilibrar la gracia y la verdad, algo que resulta en una miserable ecuación donde solo queda el 50 por ciento de cada una. Estamos llamados a practicar el 100 por ciento de la gracia y el 100 por ciento de la verdad. El amor a Dios y el amor al prójimo no exigen menos. Y es que en nuestro mundo poscristiano, necesitamos hacer más que simplemente asentir y sonreír. A veces tenemos que comenzar llorando juntos, sabiendo que en la batalla espiritual hay que derribar antes de reconstruir.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Rosaria Butterfield
Rosaria Butterfield

La Dra. Rosaria Champagne Butterfield es esposa de pastor, madre, maestra de sus hijos en casa y autora de of The Secret Thoughts of an Unlikely Convert [Los pensamientos secretos de una convertida improbable] y Openness Unhindered [Transparencia sin restricciones].

«Bienaventurados los humildes» – Mateo 5:3-5

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Las Bienaventuranzas

«Bienaventurados los humildes» – Mateo 5:3-5

Salvador Gómez Dickson

Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.

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«El infierno Bajo Fuego» – 89

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

89 – «El infierno Bajo Fuego»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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Teología reformada clásica y la defensa de la fe

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Teología reformada clásica y la defensa de la fe

J.V. Fesko

C.S. Lewis escribió una vez que los libros antiguos traen la fresca brisa del pasado, que pasa por nuestras mentes para recordarnos verdades olvidadas desde hace mucho tiempo. Leer libros antiguos, por lo tanto, ayuda a la Iglesia a recuperar el enfoque reformado clásico para la defensa de la fe, es decir, la apologética. Los teólogos reformados clásicos dicen cosas diferentes a las que dicen muchos de nuestros contemporáneos en la actualidad. Karl Barth, por ejemplo, dijo que no hay punto de contacto entre el creyente y el incrédulo; por tanto, la apologética es innecesaria. El apologista reformado conservador Cornelius Van Til escribió en una carta a Francis Schaeffer que ninguna forma de teología natural habla de Dios con precisión. Sin embargo, la teología reformada histórica revela algo diferente. Esta diferencia de opinión entre la teología reformada contemporánea y la clásica merece una breve investigación para comprender por qué debemos leer libros teológicos reformados antiguos para defender la fe. 

Las obras reformadas de los siglos XVI y XVII hablan regularmente de dos ideas que pocos teólogos reformados contemporáneos mencionan: nociones comunes y el orden de la naturaleza. Primero, ¿qué son las nociones comunes? Las nociones comunes son aquellas ideas que todos los seres humanos poseen de forma innata en virtud de haber sido creados a imagen de Dios. Históricamente, los teólogos reformados han recurrido a las nociones comunes en sus interpretaciones de varios pasajes de Romanos. 

Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos (Rom 2:14-15). 

El apóstol Pablo escribe sobre aquellos gentiles incrédulos que no recibieron la ley de Dios que fue particularmente revelada en el Sinaí. Aun así, estos incrédulos tienen las obras de la ley escritas en sus corazones. Los incrédulos conocen el bien y el mal, como vemos en la declaración de Pablo de que sus «sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan» (Rom 2:15 NVI). 

Ya que Dios ha escrito dos libros, la Escritura y la naturaleza, ¿no deberíamos usar ambos cuando defendemos la fe? ¿Por qué dejaríamos la mitad del arsenal revelador de Dios esperando en el estante?

Hay varios pasajes más a los que apelan las obras teológicas reformadas clásicas, como cuando el pagano Abimelec mostró más moralidad que Abraham. Abimelec amonestó a Abraham por mentir sobre su relación con Sara (Gn 20:9-11). Los teólogos reformados clásicos también apelaron a la interacción de Jonás con los marineros paganos, quienes al principio se negaron a arrojarlo por la borda durante la tormenta porque sabían que eso estaba mal (Jon 1). También se cita 1 Corintios 5:1, donde Pablo reprende a los corintios por aprobar un tipo de inmoralidad sexual que ni siquiera se tolera entre los paganos. En otras palabras, los no creyentes en algunos casos tenían estándares morales más altos que los cristianos corintios. 

En segundo lugar, los teólogos reformados clásicos creían que las nociones comunes eran una parte de un todo mayor, es decir, del orden de la naturaleza. El orden de la naturaleza es la forma en que la creación refleja quién es Dios. Dios diseñó a los seres humanos para que encajen de manera integral dentro de Su creación más amplia. El conocimiento de las obras de la ley, que es innato de todos los seres humanos, está conectado a la creación en general. Un pasaje típico al que apelan los teólogos es Romanos 1:19-20

Porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa. 

Otro es el Salmo 19: 

Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de Sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz (vv. 1-3).

La gente puede observar la creación y ver los trazos de pincel y la firma del Artista Maestro. Ya sea que uno mire a la creación en general y discierna el poder eterno de Dios y Su naturaleza divina o sea que estudie cosas particulares del mundo como los insectos y vea reflejos de la sabiduría de Dios (Pr 6:6), todo el orden creado y los seres humanos reflejan al Dios que los hizo a ambos. 

En la teología reformada clásica, se pueden encontrar referencias a las nociones comunes y al orden de la naturaleza en los escritos de Heinrich Bullinger, Martin Bucer, Juan Calvino, Francis Turretin, Girolamo Zanchi, Richard Baxter, John Owen, Franciscus Junius y otros. Pero el lugar más destacado donde aparecen estos conceptos es en la tradición confesional reformada histórica. La Confesión francesa (1559), escrita principalmente por Calvino, declara: «Dios se revela a los hombres… en Sus obras, en Su creación, así como en Su preservación y control» (artículo 2). Mucha gente sabe que la Confesión de Fe de Westminster (1647) comienza con un capítulo sobre la Escritura. Pero debemos notar que la línea de apertura de ese capítulo se refiere a algo diferente: «Aunque la luz de la naturaleza, las obras de la creación y la providencia manifiestan la bondad, la sabiduría y el poder de Dios…» (1.1). La luz de la naturaleza es una rúbrica general para las nociones comunes y la revelación general de Dios en la creación. De hecho, la Confesión de Westminster hace cuatro referencias más a la luz de la naturaleza como algo por lo cual la Iglesia ordena ciertos aspectos de la adoración (4.6), como aquello que permite a los no creyentes enmarcar sus vidas moralmente (10.4), y como testigo, junto a la Escritura, que revela si cierta conducta es moral o inmoral (20.4). La quinta referencia a la luz de la naturaleza en el capítulo de la confesión sobre la adoración es una de sus declaraciones más completas sobre el conocimiento natural de Dios: 

La luz de la naturaleza demuestra que hay un Dios, que tiene señorío y soberanía sobre todo, que es bueno y que hace bien a todos, y por lo tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado, creído, servido y en quien se debe confiar, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (21.1). 

Uno de los símiles más memorables de la luz de la naturaleza proviene de la Confesión belga (1561): 

Lo conocemos… por la creación, preservación y gobierno del universo; que está ante nuestros ojos como el libro más elegante, en el que todas las criaturas, grandes y pequeñas, son como muchas letras que nos llevan a contemplar las cosas invisibles de Dios (Artículo 2). 

Estos datos bíblicos y confesionales conducen a dos puntos clave: (1) la importancia del libro de la naturaleza, y (2) la necesidad de usar en conjunto los libros de la naturaleza y la Escritura para defender la fe. En el siglo XX, los teólogos reformados hicieron un uso vigoroso del libro de la Escritura, y eso es encomiable. Pero al mismo tiempo, el buen libro de la naturaleza de Dios se ha quedado en el estante y ha acumulado una buena capa de polvo. Ya que Dios ha escrito dos libros, la Escritura y la naturaleza, ¿no deberíamos usar ambos cuando defendemos la fe? ¿Por qué dejaríamos la mitad del arsenal revelador de Dios esperando en el estante? Los teólogos contemporáneos han defendido su renuencia a usar el libro de la naturaleza con un conjunto de justificaciones: Dios está por encima de la prueba; apelar a la teología natural somete la verdad al juicio de la razón pecaminosa; ninguna cantidad de evidencia ni de argumentación puede convertir al incrédulo. Aquí es donde entra en juego el segundo punto; a saber, debemos siempre usar en concierto la revelación general y la Escritura. El salmista ensalza la belleza y el poder revelador de la creación y luego pasa a la ley especialmente revelada de Dios (Sal 19:7). Cuando Pablo enfrentó a los filósofos incrédulos en el Areópago, se conectó con su audiencia a través de su conocimiento natural, aunque distorsionado, de Dios y corrigió su comprensión con el evangelio especialmente revelado de Cristo y Su resurrección (Hch 17:232830). La Escritura y la teología reformada histórica transmiten la idea de que el Dios sobre el que leemos en las páginas de la Sagrada Escritura es el mismo Dios que ha creado el mundo que nos rodea. 

Al usar los dos libros de Dios, debemos reconocer sus distintas funciones. Solo la revelación especial de la Escritura habla de la persona y obra de Cristo y la salvación que viene a través del evangelio. Además, solo el poder regenerador soberano del Espíritu Santo puede convertir a los pecadores y trasladarlos del reino de las tinieblas al reino de la luz; solo a través del don de fe dado por el Espíritu, las personas pueden aferrarse al evangelio de Cristo. Como escribe Pablo: «El hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente» (1 Co 2:14). Esto no significa que el libro de la naturaleza sea superfluo. Más bien, desde el fundamento de la autoridad de la Escritura, podemos apelar al libro de la naturaleza como un testigo corroborante creado por un autor divino. Podemos interactuar con los no creyentes y saber que podemos comunicar la verdad escritural porque Dios ha creado a todas las personas a Su imagen y ha escrito Su ley en sus corazones. 

Busca libros antiguos reformados de los siglos XVI y XVII y deja que la brisa fresca del pasado te recuerde verdades olvidadas desde hace ya mucho tiempo. Usa los libros de la naturaleza y la Escritura de Dios para defender la fe que fue una vez entregada a los santos.

Este articulo fuepublicado originalmente en Tabletalk Magazine.
J.V. Fesko
J.V. Fesko

El Dr. J.V. Fesko es decano académico y profesor de Teología Sistemática y Teología Histórica en el Seminario Teológico Reformado en Jackson, Misisipi, Estados Unidos de América. Es autor de numerosos libros, incluyendo Reforming Apologetics [Reformando la apologética] y Word, Water, and Spirit [Palabra, agua y Espíritu].

«Las bienaventuranzas» – Mateo 5:1-12 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Las Bienaventuranzas

«Las bienaventuranzas» – Mateo 5:1-12 

Salvador Gómez Dickson

Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.

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¿Hay vida después de la muerte?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de Teología

¿Hay vida después de la muerte?

Josías Grauman

Josías Grauman

Josías Grauman

Josías Grauman es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

Seguridad de vida eterna (1 Jn. 5:12-13) – 22/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

22/29 – Seguridad de vida eterna (1 Jn. 5:12-13) 

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

La fidelidad de Cristo en las cosas pequeñas

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

La fidelidad de Cristo en las cosas pequeñas

Sinclair B. Ferguso

Nota del editor: Este es el quinto y último capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

Es un principio en el Reino de Cristo que, quien «es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho» (Lc 16:10). Pero en ese Reino, el Señor Jesús también practicó lo que predicó. Toda Su vida ilustró «la fidelidad en las cosas pequeñas». El tema merece ser tratado en un libro, y este breve ensayo pretende simplemente animarnos a reconocer algunas de las pequeñas cosas que hemos tendido a pasar por alto en la vida del Salvador. Aquí hay cinco de ellas.

Jesús fue «humilde de corazón» en Su atención a los «pequeños»: los pobres, los enfermos y, sí, también los niños.

  1. Jesús fue un niño conforme a Éxodo 20:12: Él observó el mandato de «[honrar] a tu padre y a tu madre». Sabemos que esto ya era cierto de Él cuando tenía solo doce años, como vemos en Lucas 2:41-52. Cuando José y María lo llevaron a la fiesta de la Pascua en Jerusalén ese año, ellos en realidad lo «perdieron». «Y al regresar ellos, después de haber pasado todos los días de la fiesta, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran Sus padres… y comenzaron a buscarle» (vv. 43-45). Cuando finalmente lo encontraron en el templo, los nervios de María se irritaron un poco: «¿Por qué nos has tratado de esta manera?… tu padre y yo…» (una frase que la mayoría de los niños reconocen como una fuerte reprimenda). Ella culpó a Jesús a pesar de que Él era su responsabilidad (v. 48). Pero observa a Jesús: Él explicó amablemente que había ido al único lugar en la ciudad donde ellos debían haber sabido que lo encontrarían («¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de Mi Padre?»). Y luego fíjate en lo que Lucas añade: «Y descendió con ellos… y continuó sujeto a ellos» (vv. 49-51). Sí, aunque lo habían culpado injustamente, Jesús honró el quinto mandamiento de Su Padre al obedecer a Sus padres terrenales. Ciertamente, prestó atención de manera detallada a todos los mandamientos de Su Padre.
  2. Jesús fue también un hombre conforme a Deuteronomio 8:3: Él «no solo [vivió] de pan…, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (ver Mt 4:4). De toda palabra. Jesús no solo creyó en la «inspiración verbal y plenaria» sino en la obediente «alimentación verbal y plenaria». Cada palabra de Su Biblia fue vital para Él. Se deleitó en la fidelidad minuciosa: quería conocer, amar y obedecer cada palabra que Dios había espirado.
  3. Por otra parte, Él fue un orador conforme a Proverbios 16:23-24: Él valoró y usó «palabras agradables», que son como «panal de miel… dulces al alma y salud para los huesos» (v. 24). Y por eso, la gente se maravillaba de las «palabras agradables» que hablaba. Según Proverbios 16:24, tal discurso tiene tanto la dulzura como las propiedades medicinales de la miel. Pablo se hace eco de ese comentario y nos insta a seguir el ejemplo de Jesús (Col 4:6). Jesús prestó atención a la forma en que hablaba. Su discurso da la impresión de un pensamiento profundo y cuidadoso y una preocupación por los demás. Además, nunca parece haber desperdiciado una palabra. ¿Cómo es esto? Es porque Él tenía «lengua de discípulo» y sabía cómo «sostener con una palabra al fatigado» (Is 50:4); Sus palabras agradables hicieron eso.
  4. Nuestro Señor fue también un ejemplo conforme a Isaías 42:2-4 (Mt 12:20): en particular «no quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que humea». Observa Su reacción cuando Marta, llena de tensión, lo confronta y se queja porque María no está ayudando con la comida y que Jesús no está haciendo nada al respecto. «Marta, Marta,» Él dice (Lc 10:41). Sí, vendrán palabras de corrección, pero primero están las palabras de profundo afecto para dar seguridad y calmar a Su amiga.
  5. Entonces, Jesús fue —según Su propia declaración— un Salvador conforme a Mateo 11:28-30: Él fue, ciertamente, «manso y humilde de corazón». Trató a los enfermos como si fueran Su propia familia; fue «manso» en la forma en que se acercó a las viudas como si fueran Su madre; Él fue «humilde de corazón» en Su atención a los «pequeños»: los pobres, los enfermos y, sí, también los niños. Estas no son cosas de «gran escenario» sino pequeños detalles. Es ciertamente significativo que un hombre que lo «injuriaba» se convirtiera al ver la forma en que murió (Mt 27:44Lc 23:42-43) y quizás no menos importante por la forma en que cuidó a la madre que lo había amado (Jn 19:26-27).

¿Hay una explicación para esto? La encontramos, al menos en parte, donde Jesús mismo la encontró, en Isaías 50:4: «Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos». Aunque no poseía una Biblia hebrea propia, la había escondido en Su corazón. Él escuchaba la Palabra de Dios cada día y meditaba en ella; eso significa algo más que simplemente leerla. Él estaba reflexionando en ella, asimilándola, digiriéndola.

Los padres de Jesús debían haber sabido que si lo iban a encontrar en algún lugar de Jerusalén, sería en el templo. ¿No le habían enseñado a desear una cosa, es decir, a «[habitar] en la casa del SEÑOR… para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en Su templo» (Sal 27:4)? Eso fue exactamente lo que estaba haciendo cuando Su «padre y… madre [lo abandonaron] (v. 10).

La fidelidad de nuestro Señor en las cosas pequeñas, entonces, fue simplemente el reflejo de la perfecta belleza que Él vio en el rostro de Su Padre mientras escuchaba ansiosamente lo que Él tenía que decir. Que eso también sea así para nosotros.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

Pruebas y tentación – 3

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Santiago

3 – Pruebas y tentación

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es