La fidelidad de Cristo en las cosas pequeñas

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

La fidelidad de Cristo en las cosas pequeñas

Sinclair B. Ferguso

Nota del editor: Este es el quinto y último capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

Es un principio en el Reino de Cristo que, quien «es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho» (Lc 16:10). Pero en ese Reino, el Señor Jesús también practicó lo que predicó. Toda Su vida ilustró «la fidelidad en las cosas pequeñas». El tema merece ser tratado en un libro, y este breve ensayo pretende simplemente animarnos a reconocer algunas de las pequeñas cosas que hemos tendido a pasar por alto en la vida del Salvador. Aquí hay cinco de ellas.

Jesús fue «humilde de corazón» en Su atención a los «pequeños»: los pobres, los enfermos y, sí, también los niños.

  1. Jesús fue un niño conforme a Éxodo 20:12: Él observó el mandato de «[honrar] a tu padre y a tu madre». Sabemos que esto ya era cierto de Él cuando tenía solo doce años, como vemos en Lucas 2:41-52. Cuando José y María lo llevaron a la fiesta de la Pascua en Jerusalén ese año, ellos en realidad lo «perdieron». «Y al regresar ellos, después de haber pasado todos los días de la fiesta, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran Sus padres… y comenzaron a buscarle» (vv. 43-45). Cuando finalmente lo encontraron en el templo, los nervios de María se irritaron un poco: «¿Por qué nos has tratado de esta manera?… tu padre y yo…» (una frase que la mayoría de los niños reconocen como una fuerte reprimenda). Ella culpó a Jesús a pesar de que Él era su responsabilidad (v. 48). Pero observa a Jesús: Él explicó amablemente que había ido al único lugar en la ciudad donde ellos debían haber sabido que lo encontrarían («¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de Mi Padre?»). Y luego fíjate en lo que Lucas añade: «Y descendió con ellos… y continuó sujeto a ellos» (vv. 49-51). Sí, aunque lo habían culpado injustamente, Jesús honró el quinto mandamiento de Su Padre al obedecer a Sus padres terrenales. Ciertamente, prestó atención de manera detallada a todos los mandamientos de Su Padre.
  2. Jesús fue también un hombre conforme a Deuteronomio 8:3: Él «no solo [vivió] de pan…, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (ver Mt 4:4). De toda palabra. Jesús no solo creyó en la «inspiración verbal y plenaria» sino en la obediente «alimentación verbal y plenaria». Cada palabra de Su Biblia fue vital para Él. Se deleitó en la fidelidad minuciosa: quería conocer, amar y obedecer cada palabra que Dios había espirado.
  3. Por otra parte, Él fue un orador conforme a Proverbios 16:23-24: Él valoró y usó «palabras agradables», que son como «panal de miel… dulces al alma y salud para los huesos» (v. 24). Y por eso, la gente se maravillaba de las «palabras agradables» que hablaba. Según Proverbios 16:24, tal discurso tiene tanto la dulzura como las propiedades medicinales de la miel. Pablo se hace eco de ese comentario y nos insta a seguir el ejemplo de Jesús (Col 4:6). Jesús prestó atención a la forma en que hablaba. Su discurso da la impresión de un pensamiento profundo y cuidadoso y una preocupación por los demás. Además, nunca parece haber desperdiciado una palabra. ¿Cómo es esto? Es porque Él tenía «lengua de discípulo» y sabía cómo «sostener con una palabra al fatigado» (Is 50:4); Sus palabras agradables hicieron eso.
  4. Nuestro Señor fue también un ejemplo conforme a Isaías 42:2-4 (Mt 12:20): en particular «no quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que humea». Observa Su reacción cuando Marta, llena de tensión, lo confronta y se queja porque María no está ayudando con la comida y que Jesús no está haciendo nada al respecto. «Marta, Marta,» Él dice (Lc 10:41). Sí, vendrán palabras de corrección, pero primero están las palabras de profundo afecto para dar seguridad y calmar a Su amiga.
  5. Entonces, Jesús fue —según Su propia declaración— un Salvador conforme a Mateo 11:28-30: Él fue, ciertamente, «manso y humilde de corazón». Trató a los enfermos como si fueran Su propia familia; fue «manso» en la forma en que se acercó a las viudas como si fueran Su madre; Él fue «humilde de corazón» en Su atención a los «pequeños»: los pobres, los enfermos y, sí, también los niños. Estas no son cosas de «gran escenario» sino pequeños detalles. Es ciertamente significativo que un hombre que lo «injuriaba» se convirtiera al ver la forma en que murió (Mt 27:44; Lc 23:42-43) y quizás no menos importante por la forma en que cuidó a la madre que lo había amado (Jn 19:26-27).

¿Hay una explicación para esto? La encontramos, al menos en parte, donde Jesús mismo la encontró, en Isaías 50:4: «Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos». Aunque no poseía una Biblia hebrea propia, la había escondido en Su corazón. Él escuchaba la Palabra de Dios cada día y meditaba en ella; eso significa algo más que simplemente leerla. Él estaba reflexionando en ella, asimilándola, digiriéndola.

Los padres de Jesús debían haber sabido que si lo iban a encontrar en algún lugar de Jerusalén, sería en el templo. ¿No le habían enseñado a desear una cosa, es decir, a «[habitar] en la casa del SEÑOR… para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en Su templo» (Sal 27:4)? Eso fue exactamente lo que estaba haciendo cuando Su «padre y… madre [lo abandonaron] (v. 10).

La fidelidad de nuestro Señor en las cosas pequeñas, entonces, fue simplemente el reflejo de la perfecta belleza que Él vio en el rostro de Su Padre mientras escuchaba ansiosamente lo que Él tenía que decir. Que eso también sea así para nosotros.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

Pruebas y tentación – 3

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Santiago

3 – Pruebas y tentación

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

Cuando los Cuentos de Hadas No Tienen el Final Esperado – 14

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

14 – Cuando los Cuentos de Hadas No Tienen el Final Esperado

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org​

Texto: Job 15-17.
Intuitivamente tenemos la idea de que, siempre y cuando nos portemos bien y sigamos el libreto de nuestras vidas, todo debería salir bien. Sin embargo, Job había hecho todas las cosas bien y, aún así, su cuento de hadas estaba saliéndose de control. ¿Qué debemos hacer y pensar cuando nos encontramos en este tipo de situación? Descubrámoslo al estudiar los capítulos 15 al 17 del libro de Job. .

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Fieles en las cosas pequeñas donde somos llamados

Ministerios Ligonier

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Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

Fieles en las cosas pequeñas donde somos llamados

Por David Mathis

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

Henry tenía un padre negligente que se distraía a sí mismo con la caza y la pesca. En su pereza e irresponsabilidad, envió al joven Henry a un internado y dejó que el director se hiciera cargo de él; llegó hasta el punto de firmar sus cartas como «Tío» en lugar de «Papá». Sin embargo, para Henry Francis Lyte (1793-1847), quien llegaría a convertirse en un buen pastor y un poeta célebre, el evangelio de Cristo redimió su entendimiento de lo que significa tener un Padre, trabajar ante Su cálida sonrisa, llamarle «Abba» y anhelar verle cara a cara.

Tal gozo estabilizante inspiró a Lyte a escribir: «Cristo, mi cruz he tomado», un poema que fue tan conmovedor y centrado en Dios que se le puso música para cantarlo en la congregación. Y a pesar de las dificultades de sus inicios, cuando Lyte estuvo a punto de morir, sus últimas palabras fueron: «¡Paz! ¡Gozo!».

Gozo en cada llamado

En una de las líneas más memorables del himno, Lyte llama a los cristianos a «[hallar] gozo en cada estación»:

Alma mía, eres salva,
deja el miedo y el pecar.
Halla gozo en cada estación
aunque haya más que soportar.
¿O qué Espíritu en ti habita
y qué Padre has de gozar?
Si Jesús vino a salvarte,
¿qué más puedes desear?

En otras palabras, Dios es lo suficientemente grande como para ayudarnos hasta en nuestras tareas más insignificantes. Él es lo suficientemente santo como para santificar nuestros momentos más banales. Él es lo suficientemente grandioso como para darle importancia a las cosas pequeñas de nuestras vidas. Y en ellas, darnos un gozo precioso y peculiar. En Cristo, por medio de Su Espíritu, hay «gozo en cada estación», no solo en los destellos brillantes y públicos de nuestras diferentes vocaciones, sino en los momentos más pequeños, más banales y aparentemente insignificantes de nuestras vidas.

¿En cuáles «cosas pequeñas» de tus estaciones aún no has descubierto el gozo que las acompaña?

Las cosas pequeñas importan. Y nuestros fracasos en ellas muestran cómo subestimamos la grandeza de nuestro Dios. Independientemente de qué tan pequeño sea el asunto, el Dios del Salmo 139 ve, sabe y se preocupa. «¿Adónde me iré de Tu Espíritu, o adónde huiré de Tu presencia?» (Sal 139:7).

Los pequeños hábitos

J. C. Ryle (1816-1900), el obispo anglicano evangélico, publicó una serie de sermones para niños titulada Stories for Boys and Girls [Historias para niños y niñas], en la cual escribe: «Oh, queridos hijos míos, ¿quién puede medir el poder que tienen los pequeños? ¡El poder de los pequeños es maravilloso! Nadie sabe lo que se puede lograr con un poco, y otro poco, y otro poco». Ryle continúa: «Oh, ¡la importancia de los pequeños hábitos! Hábitos de lectura, hábitos de oración, hábitos de alimentación, pequeños hábitos a lo largo del día… todas estas cosas son pequeñas. Pero conforman el carácter, y son de suma importancia».

Cada llamado particular en la vida, en cada etapa específica, nos presenta oportunidades únicas para ser fieles en las cosas pequeñas, con sus respectivos gozos. ¿Has considerado tus llamados y las distintas oportunidades que te ofrecen? Ya sea en el trabajo, en casa o en la Iglesia, ya sea como padre o madre, ya sea como esposo o esposa, ya sea como amigo o vecino, Dios quiere que conozcamos el placer de agradarle; no solo en los momentos grandes y públicos que tendemos a enfatizar, sino también (y especialmente) en los hábitos secretos y aparentemente insignificantes que «conforman el carácter» y «son de suma importancia».

¿En cuáles «cosas pequeñas» de tus estaciones aún no has descubierto el gozo que las acompaña?

En el trabajo

Crecí siendo hijo de un dentista, y solía escuchar a los pacientes de mi padre elogiándolo efusivamente por su trabajo. Más de uno lo llamaba «el doctor indoloro». Otros comentaban alegremente sobre lo agradable que eran las consultas, a diferencia de las experiencias miserables que habían tenido en otros consultorios. En múltiples ocasiones, escuché a los pacientes de mi padre decir cómo podían ver por sí mismos la calidad de los empastes (cosas pequeñas) al mirarse en el espejo comparándolos con empastes hechos por otros dentistas, quienes simplemente «llenaban el hueco».

Muchos de nosotros dedicamos la mitad de nuestras vidas al trabajo, e incluso las ocupaciones públicas más glamurosas están llenas de cosas pequeñas. Así que no debería sorprendernos que, al hablar específicamente acerca de nuestro trabajo, el apóstol Pablo enfatice los aspectos que solemos pasar por alto. «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Col 3:23); «Servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres» (Ef 6:7). En dos ocasiones enfatiza la «sinceridad de corazón» y habla de servir «no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres» (Ef 6:5-6; Col 3:22).

Las cosas pequeñas acaban sumando mucho a lo largo del tiempo, como la manera en que tratamos la propiedad y los recursos de nuestro empleador, si trabajamos con diligencia cuando no nos están viendo, si animamos constantemente a nuestros empleados y compañeros de trabajo y si estamos dispuestos a sacrificar nuestra productividad con tal de escuchar. ¿Dedicaremos unos minutos extra a limpiar un espacio común? ¿Honraremos el tiempo de los demás llegando a tiempo (o incluso más temprano) o no convocando reuniones innecesarias o dejando que se prolonguen más allá del punto en que los rendimientos disminuyen?

Tal fidelidad en las cosas pequeñas suele comenzar cuando somos estudiantes. La vida universitaria está llena de momentos pequeños y aparentemente insignificantes en los cuales nos entrenamos para una carrera de trabajo diligente y energético, o nos acostumbramos a ceder a la pereza y a preferir el camino fácil. En la universidad, los cristianos pueden honrar a Dios practicando la honestidad académica y estudiando, tal como Pablo exhortó a Timoteo: «… como obrero que no tiene de qué avergonzarse» (2 Tim 2:15).

En Efesios 6 y Colosenses 3, Pablo no solo nos insta a ser industriosos en nuestras labores sino que promete una recompensa. Él quiere que recordemos la bendición y que la anhelemos (Hch 20:35). Nos dice que debemos trabajar duro «sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia» (Col 3:24) y «sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor» (Ef 6:8).

En el hogar

De manera particular, el hogar nos recalca la importancia de lo que no se ve y de lo que no tiene glamur. Para la mayoría de nosotros, el hogar es, por naturaleza, más privado que el lugar de trabajo. Así que es probablemente en nuestras vidas domésticas donde más vemos secuencias de muchas cosas pequeñas.

Para aquellos que trabajan fuera del hogar, estar en él puede ser una sorprendente tentación a la pereza. Si salimos «a trabajar», podríamos asumir que vamos a casa solo para descansar. No hay duda de que el descanso, tanto en las noches como en el día de reposo, suele suceder en casa, pero el hogar no es solamente para descansar. Y eso es especialmente cierto cuando hay niños a tu alrededor.

Aquí los momentos que no se ven son los que más importan. Para los esposos y las esposas, podría tratarse de esas pequeñas consideraciones cuando la otra persona no está cerca. ¿Qué tan dispuestos estamos a hacer las tareas domésticas para evitar que se le acumulen a nuestro cónyuge? ¿Qué tan rápido nos remangamos la camisa para lavar los platos o nos metemos al baño para darle una limpieza que sea verdaderamente cristiana? Cuando estoy cansado, ¿me muestro dispuesto a agotarme para resolver un desastre del cual mi esposa ni se daría cuenta a menos que yo lo deje ahí? ¿Y qué tan dispuesto estoy a invertir la energía extra que se necesita luego de un largo día para pensar y comunicar palabras de afirmación en vez de solo expresar frustraciones?

Las cosas pequeñas de la vida en el hogar también incluyen a nuestros vecinos: saludarlos, detenernos para escuchar, cuidar de sus casas, ofrecerles una mano y ayudarles con un gozo contagioso.

En la Iglesia

Considera cómo todas las cualidades de los ancianos en la Iglesia son cosas pequeñas. Tal como ha observado Don Carson, es significativo ver lo insignificantes que son, en un sentido, los requisitos para servir en la Iglesia (1 Tim 3:1-13; Tit 1:5-9). Son cosas pequeñas que se van sumando. Lo que necesitamos de nuestros pastores, y de toda la Iglesia, no es un intelecto de clase mundial, sino el tipo de fidelidad en las cosas pequeñas que es fundamental para la madurez cristiana y que sirve de ejemplo para el rebaño (1 Tim 4:12; 1 Pe 5:3).

En la vida de Iglesia, las cosas pequeñas son muy útiles (como llegar unos minutos antes al servicio de adoración y quedarse unos minutos más al final para saludar y relacionarse con los demás). Cuando llegas tarde y sales desde que hacen la oración final, no permites que ocurran algunas de las interacciones humanas más importantes de toda la semana, tanto para ti como para otros. Y cada Iglesia local necesita voluntarios para llevar a cabo varios ministerios. Estos voluntarios tienen que presentarse tal y como lo prometieron y cumplir con responsabilidades que no suelen ser celebradas, ya sea cuidando o enseñando a niños, sirviendo como ujier, dando la bienvenida en la puerta o ayudando con el estacionamiento; aparte de orar regularmente por la Iglesia y por sus líderes, y de buscar formas de cuidar tangiblemente a familias que estén pasando por temporadas difíciles.

Entra en el gozo

Mi padre, el dentista indoloro, casi cumple setenta años y pronto llegará al final de su vida laboral. Uno puede ver el fruto de décadas de fidelidad en las cosas pequeñas al ver a tantos levantándose y llamándolo bienaventurado. Como un hijo que ama profundamente a su padre, oro que pasen muchos años más antes de que concluyan sus días en el hogar y en la Iglesia. Pero cuando lleguen a su fin, tanto para él como para el resto de nosotros, cuán increíblemente dulce será escuchar el elogio de nuestro Señor por ser fieles en las cosas pequeñas: «Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (Mt 25:21).

Hasta ahora, han sido muchas las veces que hemos pasado por alto el gozo escondido en las cosas pequeñas de cada estación. Vamos a encontrarlo mientras podamos. Muy pronto llegará el gozo de la estación final, uno que nunca dejará de madurar, de profundizar ni de expandirse.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David Mathis
David Mathis

David Mathis es editor ejecutivo de desiringGod.org, pastor de Cities Church en Minneapolis/Saint Paul, Minn., y autor de Habits of Grace: Enjoying Jesus through the Spiritual Disciplines [Hábitos de gracia: Disfrutando a Jesús a través de las disciplinas espirituales].

De la duda a la fe en el Cristo resucitado | Juan 20:24-31

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Sermones: IBSJ

De la duda a la fe en el Cristo resucitado | Juan 20:24-31

Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

88 – Las Redes Sociales

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

88 – Las Redes Sociales

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 7ma. parte

Ministerios Ligonier

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Serie: Fidelidad en las cosas pequeñas

La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 7ma. parte

Robert Rothwell

Nota del editor: Esta es la séptima y última parte del tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

En la primera parte de este artículo, nos enfocamos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era primitiva. En la segunda parte vimos algunos ejemplos bíblicos durante la era patriarcal. En la tercera parte, tratamos algunos ejemplos durante la era del éxodo. En la cuarta parte, nos enfocamos en la era de Josué y los jueces. Luego, en la quinta parte, vimos algunos ejemplos bíblicos desde la era de los reyes y los profetas hasta el retorno del pueblo de Israel del exilio. En la sexta parte, vimos algunos ejemplos durante los albores del nuevo pacto. Para cerrar con este articulo, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era apostólica.

La era apostólica

Consideramos mayormente el Evangelio de Lucas al ver a algunas de las personas que fueron fieles en las cosas pequeñas durante el ministerio de Jesús. Pero no nos olvidemos del mismo Lucas. Tenemos el Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos porque Lucas el médico fue fiel en las cosas pequeñas. Él fue minucioso al consultar las diferentes fuentes respecto a la vida de Cristo y el ministerio apostólico, rastreando los detalles menores, asegurándose de registrar correctamente las palabras de las figuras claves, revisando y volviendo a revisar su obra para darnos un relato ordenado del ministerio de nuestro Salvador y de la labor de los apóstoles después de la ascensión de Cristo (Lc 1:1-4; Hch 1:1-3). Además, Lucas viajó con Pablo y sirvió fielmente al apóstol donde fuera que Pablo lo requiriera. Lucas incluso estuvo con Pablo al final de su vida, sirviéndole fielmente (Col 4:14; 2 Tim 4:11). De seguro no estamos especulando excesivamente si decimos que Lucas fue fiel como amigo y doctor en el cuidado de las cosas pequeñas ligadas al ministerio de Pablo, prescribiéndole varios tratamientos sencillos y asistiendo a Pablo para aliviar sus cargas cuando podía hacerlo: colocándole y extrayéndole puntadas para cerrar sus heridas, buscándole medicinas, tomando notas de los sermones del apóstol, etc.

Dios continuará llevando a cabo Sus propósitos hasta llegar a la consumación de Su Reino cuando Jesucristo regrese.

Priscila y Aquila también se destacan como personas fieles en las cosas pequeñas durante el período apostólico. El discipulado puede ser una tarea ardua. Hacerlo bien requiere de un gran compromiso y de una perseverancia constante para enseñar a tiempo y fuera de tiempo, aprovechando los pequeños momentos y conversaciones, así como deben hacerlo los padres cuando están enseñando la ley de Dios a sus hijos. Priscila y Aquila discipularon fielmente a Apolos en las cosas pequeñas, pues él «enseñaba con exactitud las cosas referentes a Jesús» —los fundamentos del evangelio—, pero necesitaba ayuda para entender los asuntos que no eran centrales en cuanto a lo que es necesario creer para ser salvo (Hch 18:24-28).

Los apóstoles nombran a muchos individuos que les sirvieron fielmente mientras desarrollaban su ministerio apostólico. Ya hemos mencionado a Lucas, pero las salutaciones finales de las epístolas enumeran a muchos otros hombres y mujeres. Hay otro ayudador que se destaca: Epafrodito, quien sirvió a Pablo como asistente y mensajero, llevando obsequios de la iglesia de Filipos para apoyar al apóstol mientras estaba encarcelado en Roma. La tarea de llevar estos fondos ciertamente involucraba aspectos para nada glamurosos: era necesario hacer planes de viaje y prestar atención a detalles pequeños como la preparación del equipaje. Sin embargo, Epafrodito fue fiel en todas las cosas necesarias para llevar a cabo la labor, tanto en las grandes como en las pequeñas. Incluso casi murió en el proceso, pero eso no aminoró su fervor por ser fiel en las cosas pequeñas (Flp 2:19-30; 4:18).

Por último, pero no menos importante, el elogio que Pablo hace de la fe de Loida y Eunice, la abuela y la madre de Timoteo respectivamente, es un testimonio de la importancia de la fidelidad en las cosas pequeñas. Aquí tenemos a dos mujeres más en la comunidad pactual que siguieron los mandamientos de Deuteronomio 6:4-9 e imprimieron la ley de Dios en los corazones de sus hijos. ¿De qué otra manera habría Timoteo conocido desde la niñez «las Sagradas Escrituras» que nos dan «la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Tim 1:5; 3:15)? La fidelidad de estas mujeres al enseñar la Palabra de Dios en los pequeños momentos cotidianos de la formación de Timoteo le dio a la Iglesia un siervo de Dios dedicado y un pastor fiel.

La fidelidad importa

Hemos podido resaltar solo algunos ejemplos de cómo la fidelidad en las cosas pequeñas fue clave en la historia de la salvación. Desde los casos de las figuras bien conocidas (como Jacob, David y María) hasta los de las menos conocidas (como Puá, Eunice y los padres israelitas que no fueron nombrados), la fidelidad en los asuntos pequeños, en los detalles, ha sido usada por Dios para edificar Su Reino. Sin embargo, Dios continúa contando Su historia; Él continuará llevando a cabo Sus propósitos hasta llegar a la consumación de Su Reino cuando Jesucristo regrese. Como hemos visto, no necesitamos ser líderes famosos ni magníficos para desempeñar papeles importantes en esta historia. Necesitamos ser fieles en las cosas pequeñas que Dios nos ha llamado a hacer.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell

Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.

El Tesoro y la Perla – 19

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

19 – El Tesoro y la Perla

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El testimonio de Dios (1 Jn. 5:6-11) – 21/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

21/29 – «El testimonio de Dios» (1 Jn. 5:6-11)

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Necesidad de médico – 1

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: La necesidad del hombre

1 – Necesidad de médico

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco